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PRÁCTICA 4

ENTRE VISILLOS, CAPÍTULO 13

Grupo 1. Equipo 1.1

Marina Abad Máñez


Laura Agulló Juan
Adriana Bermejo Lozano
Miriam Blanco Beviá
Celia Callejas Moreno

Redactora: Laura Agulló Juan


El texto que se analizará a continuación es el capítulo número trece de la obra de

la escritora española Carmen Martín Gaite (1925-2000) Entre visillos (1957). Gaite fue

una de las escritoras más importantes de las letras españolas del siglo XX, y con esta

novela recibió el Premio Nadal en 1957. En plena redacción de la novela tiene un

embarazo y su marido goza de un gran éxito con la novela El Jarama (1955). De estas

circunstancias personales hay muchos ecos en la obra: su intensidad vital llega de manera

directa a su producto estético final: Entre visillos.

La novela tiene como antecedente un cuento que la autora monta como relato, El

germen, texto embrionario de Entre visillos. Además, el texto primigenio de la novela es

uno que en principio tituló Cárcel de visillos, pero que está desaparecido. Sin embargo,

sí existe un manuscrito de la evolución de este primer texto que se titula La charca.

Pero la aportación realmente importante que realiza Gaite es la narración desde

una perspectiva femenina verdadera y real, ya que desde siempre esta visión había venido

dándose desde una perspectiva masculina. Martín Gaite escribe desde la verdad y sin

pedantería, escribe desde su propia voz de mujer y es, entre otras cosas, lo que dota a esta

obra de una gran importancia y distinción.

El análisis se centrará en el capítulo trece, un capítulo donde por fin confluyen los

relatos vitales de los personajes que articulan las diferentes tramas internas, como son

Pablo Klein, Natalia y Elvira. Natalia y Elvira se conocen por primera vez en este

capítulo, aunque pareciera que, a modo de reminiscencia platónica, ella ya la conociera:

A la puerta nos separamos y me volvió a decir: —¿Vendrás a verme? Y me extrañaba


la insistencia, porque no comprendo que pueda tener nada de interés mi amistad para una
chica mayor. Me besó. (pp: 209)

Según su estructura externa, Entre visillos se divide en dos partes, de once y siete

capítulos respectivamente, y el capítulo en el que nos centramos pertenece a la segunda

parte. En lo que se refiere a la estructura del capítulo XIII, cabe hacer varias divisiones,

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según el criterio que sigamos. Si atendemos al modo de narrar, podemos distinguir entre

la parte narrada en estilo indirecto por Natalia, la protagonista, y la parte dialogada.

Atendiendo a su estructura interna, cabe destacar que los acontecimientos del

capítulo transcurren cronológicamente y de manera lineal, lo que es un rasgo

característico de las novelas de su época. Además, podemos estructurar el capítulo en

cuatro partes, que a nuestro parecer serían las siguientes: la primera parte sería la llegada

de Natalia al instituto tras su enfermedad y su vuelta a casa con Alicia pasando por la

iglesia; en la segunda parte Natalia narra el día de Todos los Santos, con la visita al

cementerio a la tumba de su madre; en la tercera parte, Natalia nos cuenta la vuelta a casa

con Alicia tras la tercera clase de alemán. Por el camino se encuentran con el profesor

Pablo Klein, pero Natalia, nerviosa, apenas es capaz de mantener una conversación con

él. Pablo Klein invita a Natalia a tomar un café, a lo que ella le dice que no, pero más

tarde se arrepiente. En la cuarta y última parte del capítulo, Natalia busca sin éxito al

profesor, pasea por el río y llega hasta casa de Alicia, a quien ayuda con unos ejercicios.

Por tanto, es un capítulo donde se sucede de manera vertiginosa todo un abanico de

espacios: el patio del instituto, el cementerio, el centro de la ciudad (la Plaza Mayor, el

Puente Viejo, etc.), la casa de Alicia Sampelayo.

En cuanto a los métodos narrativos, Entre visillos se basa en el perspectivismo. A

lo largo de la novela se alternan de manera equitativa la narración en primera persona de

Pablo y Natalia y la narración extradiegética que Marina Mayoral ha acertado en calificar

como «omnisciente selectiva» (Marina Mayoral, 2016, pp: 16). Todo ello junto con una

importantísima predominancia de los diálogos, que dan un ritmo excepcionalmente

dinámico a la novela, lo que también facilitará la adaptación cinematográfica, como se

verá más adelante.

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El capítulo trece pertenece a Natalia ‘Tali’ Ruiz y en él predomina la veta narrativa

en primera persona, aunque con salvedades excepcionales donde lo dialógico y la

interacción directa entre personajes se vuelven protagonistas (nos referimos, por ejemplo,

a las páginas 213 y 216 en MARTÍN GAITE, Carmen, Entre visillos, Marina Mayoral

[ed.], Austral, Barcelona, 2016).

En la narración, sin embargo, lejos de los cánones tradicionales donde se

privilegiaba la descripción de espacios o la introspección psicológica de la narradora,

prima, con diferencia, el estilo indirecto e incluso hay ciertas concesiones al estilo

indirecto libre; de esta manera, los personajes y sus aportaciones a la acción se insertan

dentro de la narración o bien a través de verbos de lengua introductores, como es el caso

del estilo indirecto:

Me han preguntado por Gertru, que les ha extrañado que no esté en las listas. Yo les he
dicho que se va a casar pronto. Que con quién. Regina dio un silbido y puso los ojos en
blanco cuando les dije que con un aviador; (...) Que qué suerte, que si el chico era guapo.
(pp: 206)

Dijo que buenas tardes y que si íbamos dando un paseo (...) Dijo que le gustan las clases
como la que hemos dado hoy, con pocas alumnas, pero que le extraña el poco interés que
tienen las chicas de todos los cursos, y más todavía que las que faltan le pongan pretextos
de enfermas, habiendo advertido él desde el primer día que piensa dar aprobado general
y no poner faltas de asistencias (pp: 210).

o bien directamente prescindiendo de estos elementos (estilo indirecto libre):

Le he dicho a Alicia que si ella no encuentra que el profesor de alemán está un poco triste,
pero ella dice que no, que le parece muy simpático. Qué tiene que ver la simpatía; si
además no es que esté triste tampoco exactamente, es que tiene un aire de estar en
otro sitio, algo especial, que dan ganas de saber lo que está pensando. (la negrita es
nuestra; pp: 209-210)

Este conglomerado de técnicas narrativas donde confluye lo dialógico, lo

narrativo e incluso espacios intermedios entre ambos, además de dar cuenta del excelente

dominio por parte de Martín Gaite, encuentra su razón de ser en el hecho de que las partes

narradas por Natalia son parte de su diario personal; de ahí que se emule con perfecta

fidelidad la fluidez de una mano espontánea que escribe sin pensar más allá de los límites

de una libretilla privada: ese flujo de conciencia del que hablaba William James. Y en

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este registro íntimo, donde Tali encuentra ese cuarto propio del que hablaba Virginia

Woolf, se mezclan sin (aparentemente) más criterio que la voluntad de su escritora todo

este conjunto de métodos narrativos y comunicativos, que, realmente, atienden a la

expresividad requerida en cada momento de la acción.

Con todo, la novela se erige como estandarte de la modernidad de su tiempo. El

socialrealismo se puso al servicio de Carmen Martín Gaite como herramienta literaria

para dar cuenta de una realidad inserta en el franquismo (con referencias al no-do, por

ejemplo, cuando van al cine); pero una sociedad que se iba ya abriendo camino entre la

oscuridad. Y esta apertura, que se da en todas las aristas sociales, viene representada en

la novela sobre todo de la mano las hermanas Ruiz que desafían al poder patriarcal -el

padre, no explícito pero presente y determinante- atreviéndose a marchar a Madrid (en el

caso de Julia) y dejando abierta la posibilidad de iniciar una carrera universitaria (en el

caso de Natalia).

Comparativa del libro Entre visillos con la adaptación televisiva de TVE

Esta gran novela de la autora Carmen Martín Gaite fue llevada a la pantalla gracias

a la adaptación televisiva realizada por Miguel Picazo, director de otras grandes

adaptaciones cinematográficas españolas como La tía Tula. En el caso de la novela Entre

Visillos, la adaptación se produjo a través de una serie de 15 capítulos con una duración

media de 25 minutos cada uno que se emitió diecisiete años después (1974) de que la

novela obtuviese el premio Nadal en 1957. Con su emisión en Televisión Española se

logró acercar a una mayor cantidad de público la vida provinciana de los años de la

posguerra civil española desde la óptica femenina. Pero su éxito no solo se debió a esto,

sino a la perfección con la que, según Carmen Martín Gaite, se había seleccionado al

elenco de la serie, compuesto por actores de la talla de Charo López, en el papel de Elvira,

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o Pepe Sancho como Manolo Torre. Tal era la gratificación que la autora sentía al ver el

camino que la creación de la serie estaba llevando, que decidió realizar un cameo en ella

como una amiga del personaje de Yoni en la escena del guateque, y lo mismo ocurre con

el propio director, al que podemos ver en la escena del confesionario de Julia como el

Padre Luis.

Lo primero que debemos comentar al realizar una comparativa entre una novela

y su adaptación es que este cambio no siempre resulta justo, ya que mientras el escritor

no posee límites, el director se encuentra condicionado por el presupuesto, y es por ello

que podemos encontrar algunas distinciones entre las numerosas similitudes entre ambos

trabajos. La diferencia no se halla solo en el número de capítulos que ambas poseen, pues

la novela se encuentra dividida en 18 frente a los 15 que ocupan la serie, sino que

observamos un claro predominio de lo externo en la novela, mediante sus personajes que

poseen aficiones de callejeros, de verbeneros…, que en la serie no se aprecia, no por culpa

de Picazo sino por los precarios medios con los que contaba la televisión española en los

años 70. De esta manera, se nos omiten la mayoría de los exteriores que actuaban como

un espacio de libertad, rebeldía…o incluso la propia imagen de la catedral tan presente

en la obra de Martín Gaite, escenarios que llegan a ser tan importantes como las palabras

por todo aquello que representan. Debido a ese escaso presupuesto, todos los exteriores

deben ser simulados mediante la iluminación y el diseño sonoro que entremezcla las

conversaciones internas con los sonidos de ambiente de fuera. Sin embargo, el lado

positivo de esta ausencia de localizaciones externas podría ser que se logra un aumento

en la sensación de opresión tan presente en la novela.

A pesar del inconveniente presupuestario, podemos llegar a la conclusión de que

a modo genérico la adaptación resulta muy fiel en cuanto a la trama central. El primer

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episodio de la serie presenta exactamente los mismos hechos que el primer capítulo del

libro, la única anotación que podemos hacer, y que afecta al resto de la serie de la misma

manera, es que se nos presenta esa narración en primera persona propia de la novela como

la imagen de Tali mientras lee su diario y lo escribe o mediante una especie de voz en off

que se reproduce, mientras en pantalla encontramos otra imagen, como puede ser la del

bar. El resto de los episodios entremezclan distintos capítulos del libro, por lo que resulta

algo caótico, aunque podemos suponer que esto se habrá llevado a cabo para hilar mejor

las acciones separadas que se dan en la novela al alternar las narraciones de los hechos de

Pablo Klein y de aquellos que afectan a las protagonistas femeninas. Sin embargo, a

partir del quinto episodio comprobamos que el orden establecido por la autora en el libro

se restablece hasta el final de la serie, en cuyos dos últimos episodios observamos un

brevísimo resumen de los cuatro últimos capítulos del libro, omitiendo así acciones que

no afectan directamente a la trama central, como puede ser la insistencia en que Tali se

haga amiga de una niña llamada Petrita.

Pero centrándonos en el capítulo 13, que es el que ocupa el foco de nuestro

análisis, diremos que, al igual que hemos comentado anteriormente, resulta ser muy fiel

a la novela, hasta el punto que en los episodios 12 y 13, donde se reproducen las acciones

del decimotercer capítulo del libro, observamos a través de la voz en off de Tali,

previamente comentada, párrafos exactamente iguales a los que podemos leer en la

novela, párrafos que en vez de convertirse en diálogos, como ha ocurrido en otras escenas,

se convierten en reflexiones que la propia protagonista escribe en su diario. Sin embargo,

algo que no se corresponde con la novela es el tiempo en el que se desarrollan las acciones,

pues mientras en el libro este capítulo está dividido en tres únicos días, en la serie se da a

entender que todo ocurre en un periodo de tiempo mayor.

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Para comenzar, el primer día en el libro se nos muestra la vuelta al colegio de Tali

que parece no encontrarse del todo cómoda en ese entorno. No obstante, en la serie

apreciamos cómo Tali es de lo más extrovertida, hasta el punto de que se acerca a hablar

con Alicia como si fuesen amigas de toda la vida, cuando claramente en el libro ella

misma especifica que casi no tiene confianza con ella. El segundo día en el libro, que se

omite totalmente en la serie, comenta la visita de la familia al cementerio el día de Todos

los Santos. Pero es en el tercer día donde apreciamos más cambios, puesto que mientras

en el libro se da el encuentro con Pablo Klein y sus alumnas en el paseo de vuelta a casa,

en la serie observamos cómo se produce un encuentro casual en el parque mientras

meriendan. Además, lo que el libro presenta como un único encuentro en el que el

profesor acompaña a Tali una sola tarde, en la serie se muestra como si fuesen días

distintos, transformando la compañía hasta casa en una rutina. Esto podemos saberlo

gracias al distinto peinado que Tali lleva y a las diversas interrupciones en las que Tali

sale escribiendo en su diario por la noche. Y lo último que podemos comentar de este

capítulo es que en el episodio se añade una escena después de la visita en casa de Alicia.

La escena trata de una conversación entre Julia y Tali en la que hablan de la pena que

sienten hacia Alicia por no tener las mismas posibilidades que ellas y cómo quieren, sobre

todo Tali, ayudarla.

Así que, a pesar de algunas diferencias, se trata de una gran adaptación que capta

la esencia tanto de los personajes como de la trama en sí misma, y que, si se hubiese

poseído un presupuesto como el propio de la década de los 80, se habría logrado una

auténtica obra maestra repleta de exteriores simbólicos y con un episodio que abordase

cada uno de los capítulos sin omitir detalles.

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BIBLIOGRAFÍA PRIMARIA:
MARTÍN GAITE, Carmen, Entre visillos, Marina Mayoral [ed.], Austral, Barcelona,

2016.

BIBLIOGRAFÍA SECUNDARIA:

CORONADA CARRILLO ROMERO, María, Realidad y ficción en la obra de Carmen


Martín Gaite, Universidad de Extremadura, Cáceres, 2008. URL:
http://dehesa.unex.es/bitstream/handle/10662/476/TDUEX_9788477238904.pdf?sequen
ce=1&isAllowed=y Fecha de consulta: 02/04/2019

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