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APELACIÓN DIFERIDA

Dr. Jorge López González

Introducción

El recurso de apelación, como todos sabemos, es el medio que ha


establecido la doctrina y las legislaciones para impugnar resoluciones que no
están firmes. Una de las características fundamentales de ese tipo de recurso,
es que el expediente se remite a una segunda instancia superior jerárquica, para
que revise lo resuelto por la persona juzgadora de primera instancia.
En relación con el recurso de apelación la doctrina ha tenido dos grandes
preocupaciones: garantizar la idoneidad de las resoluciones y disminuir los
efectos negativos que produce, en el procedimiento y en la celeridad de la
justicia, el trámite de una apelación.
Durante la vigencia del sistema de la escritura esas eran las dos
preocupaciones de la doctrina y de los legisladores. Hoy con la introducción de
la oralidad se introduce una tercera inquietud: ¿Cómo garantizar el derecho a la
segunda instancia, cuando es necesario, sin afectar el desarrollo de las
audiencias orales? Hay que reconocer que sería muy dañino para la celeridad
del procedimiento y para hacer realidad el principio de justicia pronta y cumplida,
que cada vez que una de las partes esté en desacuerdo con una resolución
judicial, en la audiencia oral, pueda establecer recurso de apelación.
Aún más grave sería, que como consecuencia de ese recurso se abra una
segunda instancia, con remisión del expediente a otro órgano jurisdiccional de
superior categoría. Con la finalidad de superar esa dificultad surge la institución
de la apelación diferida que tiene como antecedente el artículo 340 del Codice
Di Procedura Civile italiano.

Concepto de apelación diferida

Siempre que se expone sobre un instituto científico se intenta dar una


definición. Tengo la idea, de que el ensayo de conceptos debe tener como
finalidad darle al lector o al oyente una ubicación primaria y básica sobre lo que
se va a tratar. Es así, porque el conocimiento de un instituto solo se logra una
vez que se han estudiado todas sus características. Yo prefiero no dar ninguna
definición. Tampoco encontré un concepto emitido por algún procesalista
tradicional y reconocido.
Para dar una idea, cito textualmente lo que dice el Código General del
Proceso de Uruguay, que conceptúa al diferimiento como un efecto de cierto tipo
de apelaciones:

“Con efecto diferido, limitado a la simple interposición del recurso, en cuyo


caso y sin perjuicio del cumplimiento de la resolución impugnada, se reservará
fundamentarlo conjuntamente con el de la eventual apelación de la sentencia
definitiva. En este caso, se conferirá traslado de ambos recursos a la contraparte
y se resolverán los mismos conjuntamente.” “La apelación tendrá efecto diferido
en los casos expresamente establecidos en la ley.”1

Naturaleza jurídica de la apelación diferida

Hay que precisar que, desde nuestra perspectiva, la apelación diferida no


tiene ninguna relación con los efectos de la apelación como suele creer alguna
doctrina, criterio que se adopta en legislaciones como la Uruguaya citada.
Los efectos suspensivos y no suspensivos de la apelación se refieren a la
posibilidad de ejecutar o no una resolución impugnada, lo que no tiene relación
con la naturaleza de la apelación diferida. Lo anterior lo digo, para sustentar mi
criterio, de que la apelación diferida es solo otra modalidad de apelación, como
la adhesiva y la apelación por inadmisión, que tiene finalidades específicas,
requisitos de admisibilidad y efectos diferentes.

La apelación diferida como instituto indispensable en un sistema


influenciado por la oralidad

1
Artículos 251 inciso 3) y 252.3 respectivamente.
La introducción de la oralidad en un sistema procesal obliga a configurar
un procedimiento diferente al que existía durante la vigencia del sistema de la
escritura.
La inclusión de una audiencia oral en el procedimiento exige plantearse
una realidad inobjetable: durante la audiencia oral no se pueden admitir
apelaciones, que tengan como consecuencia la suspensión de la audiencia y la
remisión del expediente a un superior. Aceptar esa posibilidad, implicaría la
suspensión de la audiencia por un lapso de tiempo inconveniente para la vigencia
de los principios de inmediación y concentración consustanciales a la oralidad.
La apelación diferida, entonces, se constituye en un mecanismo que
pretende garantizar la revisión de aspectos del litigio por parte de una instancia
superior, sin suspender la audiencia oral, por eso se entiende que se trata de un
instituto indispensable para el funcionamiento de un sistema influenciado por la
oralidad.

Apelación diferida y resoluciones apelables

Siendo como lo es la apelación diferida, un instituto indispensable para el


funcionamiento de un sistema procesal influenciado por la oralidad, en su
configuración se plantean varias interrogantes: ¿Cuáles resoluciones son
apelables mediante el sistema de apelación diferida? ¿Son apelables todas las
que se dicten en la audiencia? ¿Solo son recurribles por este medio las que el
legislador establece como apelables? ¿El legislador debe distinguir entre
resoluciones de apelación directa y resoluciones de apelación diferida?
La respuesta a estas interrogantes tiene muchas aristas. La mayoría de la
doctrina procesal tiene la idea de que es necesario limitar el número de
resoluciones apelables; el denominado sistema de apelación limitada. En otras
palabras, que hay que mantener la posibilidad de apelar solo de las resoluciones
indispensables para garantizar el debido proceso. Desde esa perspectiva, todo
parece indicar que el legislador debe, en primer lugar, determinar cuáles
resoluciones son de tanta trascendencia para que merezcan conservar la
posibilidad de recurrirlas. La idea, entonces, es que, solo en esos supuestos se
pueda establecer un recurso de apelación.
La diferencia de si a la apelación se le da tratamiento como directa o diferida,
se da por la circunstancia de que se plantee durante la audiencia o fuera de ella.
Si la resolución es apelable y se dicta fuera de audiencia la apelación no será
diferida, porque no se afecta a los principios de inmediación y concentración. Si
es apelable y se dicta en audiencia, la apelación será diferida para no afectar el
desenvolvimiento de la comparecencia oral.
Pero, además, para que la apelación sea directa y no suspensiva, es
indispensable que el aspecto sobre el que se impugna tenga efectos
suspensivos, es decir, que no sea posible continuar sin resolver al respecto. Por
esa razón la tarea del legislador es no concederle apelación directa a
resoluciones que se dicten en audiencia sobre aspectos que tienen efecto
suspensivo.
No parece conveniente establecer una lista de resoluciones apelables en
forma directa y otra lista de resoluciones apelables en forma diferida, porque una
distinción de esa naturaleza sería contraria a la naturaleza y finalidad de ese tipo
de apelación. Tampoco parece saludable para el sistema de justicia que se
establezca una lista de autos apelables en forma directa y que todos los demás
sean apelables en forma diferida. Una disposición de esa naturaleza tendría
como consecuencia la interrupción constante de la audiencia.

La apelación diferida en el proyecto de Código Procesal Civil

El proyecto de Código Procesal Civil, está influenciado por la oralidad. En el


procedimiento de los procesos ordinarios se introducen dos audiencias orales,
una preliminar y otra complementaria. En los demás procesos se prevé una
audiencia oral, sin perjuicio de que ésta se fraccione y se realice en días
consecutivos.
En esta propuesta, para superar el desorden existente actualmente, se
establece una única lista de resoluciones apelables. En esa enumeración se
contienen las resoluciones apelables en todo el procedimiento y en todos los
procesos. En otras palabras, las resoluciones que no aparezcan en esa lista no
se pueden impugnar mediante el recurso de apelación, en ningún proceso. Rige,
un sistema de apelación limitada estricta.
Para estructurar el sistema se hizo un cuidadoso trabajo de selección de
resoluciones trascendentes, respecto de las cuales no se consideró pertinente
eliminar la posibilidad de una segunda instancia.

El artículo 67.4. del Proyecto de Código Procesal Civil dispone:

“Cuando la apelación de autos o de sentencias anticipadas, se formulare en


la audiencia de pruebas, no se suspenderá el procedimiento, salvo que la
resolución apelada le ponga fin al proceso. Si el aspecto recurrido no tiene
efectos suspensivos, la apelación se tendrá como interpuesta en forma diferida
y condicionada a que la parte impugne la sentencia, reitere la apelación y que el
punto tenga trascendencia en la resolución final, en cuyo caso, será resuelto al
conocer de la sentencia. Si la parte que interpuso el recurso no figura como
apelante de la sentencia por haber resultado victoriosa, y con motivo de la
procedencia del recurso de cualquiera otro litigante la objeción recobra interés,
la apelación diferida deberá ser considerada.”

Esa propuesta normativa comienza identificando en términos generales


cuales resoluciones son apelables en forma diferida y claramente señala que
pueden serlo los autos y las sentencias anticipadas. Pero no serán apelables
todos los autos, sino los que la normativa expresamente identifica como
apelables.
Cuando el artículo habla de sentencias anticipadas, se refiere a aquellas
resoluciones que se pronuncian sobre cuestiones de fondo, pero que se dictan
antes de la finalización del procedimiento. Un ejemplo sería, que en la audiencia
de pruebas se dicte una resolución que declare improponible la demanda por
falta de legitimación evidente.
Para que la apelación reciba tratamiento de diferida, dice la norma, es
indispensable que se formule en la audiencia de pruebas. Recordemos que en
el proceso tipo, el ordinario, el procedimiento está previsto para dos audiencias:
una preliminar y otra complementaria. La audiencia de pruebas es en realidad la
audiencia complementaria.
Es impensable dar tratamiento de diferida a una apelación que se formule en
la audiencia preliminar. Tal procedimiento solo es dable en la audiencia
complementaria, cuando haya iniciado la práctica de la prueba. Si se trata de un
proceso de una sola audiencia, el tratamiento diferido, solo se debe dar una vez
que haya iniciado la práctica de la prueba. Lo que vengo diciendo solo encuentra
explicación, si el tema se analiza en el contexto de un proceso influenciado por
la oralidad y en el marco que ofrecen los principios de inmediación y
concentración. Diferir la apelación solo tiene sentido para garantizar que no se
afecten los principios de inmediación y concentración. Si se tiene claro que tales
principios tienen como finalidad mantener la unidad del procedimiento, que no
transcurra mucho tiempo entre el momento en que se practica la prueba y aquel
en que se dicta la sentencia, se concluye que el tratamiento diferido solo es
procedente cuando ha iniciado la práctica de la prueba. Solo a partir de ese
momento es posible que se corra el riesgo de que por el transcurso del tiempo
la persona juzgadora olvide lo percibido en la audiencia. Es por esa razón que
ese artículo dice que si la apelación se formula en la audiencia de pruebas no se
suspende la audiencia, salvo que la resolución le ponga fin al proceso y si el
aspecto recurrido no tiene efectos suspensivos la apelación se tendrá por
interpuesta en forma diferida. La redacción de la norma es correcta, si la
resolución que se dicta le pone fin al proceso y se formula apelación, lo que se
produce es una suspensión de la audiencia, al menos hasta que se resuelva la
apelación, porque si esa resolución es confirmada lo que se da es la terminación
del litigio, pero tal terminación es una eventualidad. Si la resolución no tiene
efectos suspensivos, lo que se da es tratamiento de apelación diferida, pues el
proceso puede continuar a pesar de la existencia de la impugnación.
No sobra decir, porque la legislación parte de esa base, que aún la apelación
diferida, debe ser fundamentada al momento de su interposición, bajo sanción
de rechazo de plano ante esa omisión.2
Tratándose de procesos en los que la sentencia no tiene apelación, no es
procedente la apelación diferida. Si la sentencia no tiene apelación lo que tendrá
es casación, en cuyo caso, la propuesta legislativa le permite a la parte afectada
que al impugnar la sentencia mediante el recurso de casación, haga valer la
inconformidad, si lo alegado constituye motivo de casación. 3 El disímil

2
Hay sistemas como el Uruguayo, en el que apelante solo anuncia la apelación diferida y al
reiterarla, al apelar de la sentencia, la fundamenta. El legislador costarricense no adoptó ese
procedimiento.
tratamiento se justifica en que los procesos que gozan del recurso de casación
serán conocidos por tribunales colegiados, respecto de los cuales se entiende
que constituyen mayor garantía de observancia del debido proceso.

La necesidad de reiterar la inconformidad

Una característica especial con importantes efectos procedimentales y


sustanciales de la apelación diferida, es que queda condicionada a que la parte
que apeló en la audiencia reitere el recurso al apelar de la sentencia. En otras
palabras, que si se apela en la audiencia y el recurso quedó diferido, al apelar
de la sentencia el recurrente debe reiterar la inconformidad. Si no lo hace, el
Superior omitirá todo pronunciamiento sobre ese aspecto. Es interesante, porque
el que obtuvo sentencia totalmente estimatoria no va a poder recurrir. No puede
hacerlo, porque le falta el interés desde que resultó victorioso. Ahora, si el
apelante diferido resultó parcialmente ganancioso y quiere apelar por lo no
concedido, deberá reiterar las apelaciones diferidas para que el superior las
analice.
Pero no basta con que el afectado total o parcialmente por la sentencia reitere
las apelaciones diferidas, es indispensable que lo que es motivo de
inconformidad tenga trascendencia en la resolución final. En otras palabras que,
aunque sean reiteradas, si lo que motiva las apelaciones diferidas, no tiene
implicaciones en lo que es motivo de recurso, el superior las rechazará. No es
que no las analiza, es que las rechaza, porque para el rechazo tiene que
estudiarlas, fundamentalmente, desde la perspectiva de su trascendencia en
relación con la apelación de la sentencia.
Si las apelaciones diferidas son reiteradas y tienen trascendencia en la
resolución final, sobre ellas se emitirá pronunciamiento en la sentencia de
segunda instancia.
Una situación especial se puede dar con la parte que llega a la segunda
instancia ganando, por apelación de la contraria. En ese caso, quien va ganando
no apela, porque no tiene interés en hacerlo. El problema se presenta si el
superior revoca la sentencia y quien venía ganando va a terminar perdiendo. En
ese caso, para garantizar el derecho de contradicción, el legislador exige que se
analicen de oficio las apelaciones diferidas de quien venía ganando.
En todo caso, si la apelación diferida se sustenta en un vicio del procedimiento
que cause indefensión, se impone la nulidad de la sentencia para que el inferior
subsane los defectos y emita nuevo pronunciamiento. Tal efecto solo se daría,
se repite, si existiera indefensión.

Apelación por inadmisión por denegación de una apelación diferida

Si en el curso de la audiencia se deniega una apelación diferida, es posible


interponer apelación por inadmisión contra la denegatoria del recurso de alzada
diferido. Dice el proyecto de Código Procesal Civil4 que la gestión deberá
realizarse ante el mismo tribunal que denegó el recurso, expresando con claridad
las razones por las cuales se estima ilegal la denegatoria. En tal caso el tribunal
de primera instancia se limita a tener por interpuesto el recurso de apelación por
inadmisión, el que quedará reservado para ser resuelto y tomado en
consideración en el momento en que el superior se pronuncie sobre el recurso
interpuesto contra la sentencia, siempre que subsista el interés del apelante en
la apelación por inadmisión.
Si la apelación por inadmisión diferida es procedente, el superior revoca el
auto denegatorio, admite la apelación y se pronuncia sobre el fondo de lo
apelado.

La apelación diferida en la Leyes de Cobro Judicial y Ley de Monitorio


Arrendaticio

La Ley de Cobro Judicial y la Ley de Monitorio Arrendaticio, que son


extracciones del Proyecto de Código Civil tienen una norma idéntica. No
obstante, en relación con el Proyecto de Código Procesal Civil, se cambió la
redacción y en algunos aspectos se cambió el sentido de la apelación diferida.
Dice el artículo 6 de la Ley de Cobro Judicial y el 7 de la Ley de Monitorio
Arrendaticio:

4
Artículo 68.2.
“Cuando la apelación de autos o de sentencias anticipadas se formule en la
audiencia de pruebas, el procedimiento no se suspenderá, salvo que la resolución
apelada le ponga fin al proceso. Si el aspecto recurrido no tiene efectos
suspensivos, la apelación se tendrá como interpuesta en forma diferida y
condicionada a que la parte impugne la sentencia, reitere la apelación y que esta
tenga trascendencia en la resolución final, en cuyo caso, será resuelta al conocer
la sentencia de segunda instancia. Si la parte que interpuso el recurso no figura
como apelante de la sentencia, la apelación diferida recobrará interés y deberá ser
considerada, siempre que el recurso de otra de las partes resulte admisible.”

Dicha disposición está prevista para funcionar en procesos monitorios,


hipotecarios y prendarios. Desde esa perspectiva, la referencia a sentencias
anticipadas no es concordante con este tipo de procesos, cuyo procedimiento se
limitará a una única audiencia y a una única sentencia. Evidentemente, el artículo
quedó casi igual, no idéntico a lo que dice el numeral 67.4 del Proyecto de Código
Procesal Civil. El Código Procesal Civil prevé la posibilidad de que se dicten
sentencias anticipadas, cuando hay allanamiento sobre parte de la pretensión, lo
que no parece viable en un proceso monitorio, que se caracteriza por contener
pretensiones muy reducidas.
Mientras que el Proyecto de Código Procesal Civil dice que sobre la apelación
diferida se resolverá al conocer de la sentencia, en ambas leyes se introdujo una
incorrección. Se establece que la apelación diferida se conocerá al conocer de
la sentencia de segunda instancia, lo que es imposible. La sentencia de un
proceso como los que regulan estas leyes no tienen ulterior recurso.
En el proyecto se condiciona el conocimiento de las apelaciones diferidas de
quien no apeló, al hecho de que haya resultado victorioso. Esa condición se
eliminó en las leyes que comentamos. Desde esa perspectiva, se propicia el
contrasentido de que basta que una parte no figure como apelante, sin importar
la razón, quizá hasta porque no quiso, para que se le conozcan las apelaciones
diferidas que no reiteró. Este es un ejemplo, de cómo pretendiendo mejorar la
redacción se varía el sentido de una norma.

La inaplicabilidad de la apelación diferida en los procesos de la Ley de


Cobro Judicial y de la Ley de Monitorio Arrendaticio

De conformidad con lo dispuesto en las Leyes de Cobro Judicial y Monitorio


Arrendaticio solo son recurribles en apelación las siguientes resoluciones: la que
rechaza la demanda, la que declare con lugar excepciones procesales, la
sentencia que se pronuncia sobre la oposición,5 la que apruebe o impruebe la
liquidación de intereses o costas, ordene el levantamiento de los embargos,
deniegue el embargo, ordene el remate, declare insubsistente el remate,
resuelva sobre la liquidación del producto del remate y se pronuncie sobre el
fondo de las tercerías. 6 Con fines argumentativos, tenemos que decir, que solo
en esos supuestos es admisible el recurso de apelación en el curso de un
proceso de los que regulan esas leyes.7
Del análisis de las resoluciones apelables en la etapa de conocimiento en un
proceso regulado por las citadas leyes, se concluye que no existe posibilidad que
ninguna de ellas se dicte en audiencia.
La resolución que rechaza la demanda, salvo algún supuesto excepcional, 8
no se dicta en audiencia, se emite al inicio. Y aún si se pronunciara en audiencia
la apelación no podría diferirse porque para poder continuar con el proceso es
indispensable dilucidar si se mantiene o no el rechazo. En esa tesitura, aún si se
dictara en audiencia, tal resolución sería apelable directamente. 9
La resolución que declara con lugar excepciones procesales es apelable
directamente, es decir, la apelación no se puede diferir. Hay que admitir la
apelación en forma directa e inmediata, porque de lo que se resuelva sobre esa
excepción procesal puede depender la validez y eficacia del resto del
procedimiento.10

5
Artículos 6 de la Ley de Cobro Judicial y 7 de la Ley de Monitorio Arrendaticio.
6
Artículo 31 de la Ley de Cobro Judicial.
7
Se dice en el curso del proceso, porque el artículo 14 de la Ley de Monitorio Arrendaticio remite en lo no
dispuesto (Artículo 14) al Código Procesal Civil. Como esa Ley no dice nada sobre resoluciones apelables
después de la etapa de conocimiento, hay que entender que conforme al Código Procesal Civil sigue el
criterio de gravamen en la etapa de ejecución. Desde esa perspectiva, en ejecución cualquier resolución que
cause gravamen tiene apelación. Eso no es aplicable al monitorio dinerario que tiene disposiciones expresas.
8
Sería excepcional porque en esas leyes no se reguló la demanda improponible.
9
Es decir, que hay que envíarla al superior inmediatamente y no se puede continuar la audiencia.
10
No podría continuar el proceso si existe una excepción de litispendencia acogida y apelada.
La sentencia que se pronuncia sobre la oposición, es la resolución final de la
etapa de conocimiento y sería ilógico que la apelación se admita en forma
diferida.
Finalmente, todas las demás resoluciones apelables, según las leyes que
comentamos (la que apruebe o impruebe la liquidación de intereses o costas,
ordene el levantamiento de los embargos, deniegue el embargo, ordene el
remate, declare insubsistente el remate, resuelva sobre la liquidación del
producto del remate y se pronuncie sobre el fondo de las tercerías), son propias
de la etapa de ejecución, es decir, posteriores a la audiencia. Si la apelación
diferida solo tiene sentido para hacer efectivos los principios de inmediación y
concentración en la audiencia, es inaplicable a esas alturas del procedimiento.

Conclusiones

Este breve estudio nos permite llegar a una serie de conclusiones muy
puntuales.
La apelación diferida no tiene ninguna relación con los efectos de la apelación,
se trata de una modalidad de apelación con principios, finalidades y
características propias.
En la regulación de la apelación diferida, es indispensable contemplar la
apelación por inadmisión diferida.
La forma en que se regula la apelación diferida en las Leyes de Cobro Judicial
y Ley de Monitorio Arrendaticio, es incompleta y presenta inconsistencias que la
alejan de sus finalidades originales.
La apelación diferida, aunque esté regulada, no será de aplicación en los
procesos que regulan las leyes de Cobro Judicial y Monitorio Arrendaticio.