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ALUMNA: SULMA CONSTANZA ACEVEDO JAIME

CODIGO: 201520527
ETICA Y POLITICA – GRUPO 8

CAPÍTULO VII
EL GENIO DE LAS MUJERES
Taller
1. Claramente en el ensayo “El genio de las mujeres”, Victoria Camps problematiza los
discursos feministas existentes. ¿Cuáles son y qué plantea cada uno?

2. De acuerdo con Victoria Camps, el “genio” de las mujeres consiste en una especial o
específica visión de:
2.1. El trabajo
2.2. El poder
2.3. Su propia identidad
¿Cuál ha sido históricamente el papel de las mujeres, en relación con las anteriores
cuestiones?

3. En qué sentido el “genio” de las mujeres podría ser considerado una Virtud Pública
4. Explique la crítica que Victoria Camps le hace a la Carta Pastoral del Papa Juan Pablo
II
5. Reflexione sobre el papel de la mujer colombiana en la vida pública o vida política.

DESARROLLO
1. Claramente en el ensayo “El genio de las mujeres”, Victoria Camps problematiza
los discursos feministas existentes. ¿Cuáles son y qué plantea cada uno?
Tenemos pues un primer escalón de competentes, un segundo de eruditos, un tercero de
sabias y un cuarto de genias, cada uno de ellos, por lógica, más escaso y selecto que el
anterior. El lugar último se ocupa muy raramente, pero existe, su término lo denota. Hay
genias en todas las esferas, en las ciencias, las humanidades, la filosofía, genios
científicos, artísticos, políticos forman el canon que se traslada de unas generaciones a
otras; los nombres que hay que recordar, el Olimpo propio de la Humanidad. Si apenas
puede emplearse la palabra sabia, es empírico que no tenemos ninguna ocurrencia
lingüística del término genia. Frente a la noción común desde la nueva cultura ilustrada
que la expresión República de las Letras señala, Schopenhauer afirma que los genios
forman una república propia, de gigantes, que se hablan entre sí a través de los siglos; y
de eso, la humanidad corriente, los pigmeos normales, nada entienden. Por último, otra
característica: la genialidad tiene sexo.
Hay algunas mujeres competentes y algunas, menos, eruditas. Sabias no aparecen y
genias ni están ni se las espera. Cantan las cifras. Pero ¿por qué hay que fijarse en las
cifras? Estamos picando alto, en la excelencia, que se supone puramente cualitativa, ¿qué
pintan aquí las marcas cuantitativas? Me temo que bastante. Habrá que ir poniéndolo
claro. Las cifras y sus explicaciones son impresionantes por lo que toca a las
autonombradas cumbres del saber. En honores, medallas y academias las mujeres no
alcanzan un mísero cuatro por ciento cuando las cosas van bien y en algunos de esos
círculos simplemente no hay ninguna mujer. A las mujeres no les está permitido mostrar
ninguna de tales condiciones, si es que las tienen. En consecuencia no hay peligro de que
nos sumemos y, si el saber y la justicia se resienten, en cambio el reposo (varonil)
aumenta. Así que el estatuto de presencias amigas se concede con benevolencia a
quienes, ni por pienso, se desea en el de competidores. Para las mujeres el saber, que
con todo se les niega en el fondo, sigue siendo como mucho ornato y en ellos vida vivida.
Por lo visto al territorio impresionante de esa isla sólo se puede acceder si ya se ha estado
antes, condición que, por género, seremos siempre incapaces de cumplir. ¿Cabe pensar
que nos estemos agobiando demasiado pronto? Si imagináramos la emergencia del
talento de las mujeres con una imagen tectónica, a medida que por debajo entraran más,
no habría otra que ver aparecer una cada vez más sólida cima. Pero como eso no ocurre,
sino que, bien al contrario, el número de mujeres en las altas cumbres hace una década
que, si ya era ridículo, todavía disminuye, hemos de suponer que en las tales cumbres hay
mucho y continuado desgaste producido por algún otro factor. La lluvia, el viento, el hielo,
en fin, una exagerada erosión levanta a casi todas las mujeres que afloran. Debería
estudiarse de cerca ese proceso, porque ahora tenemos los números, pero no el método
por el que se producen. Ahí permanece un interesante análisis para la microfísica del
poder: por cuáles procedimientos es apartado el talento femenino; cómo aún sucede que
los genios que tienen la imprevisión de nacer mujer se pierden para la humanidad.
Tenemos un resultado cualitativo, la excelencia, que depende estrechamente de
maniobras cuantitativas, la sistemática abrasión. ¿Será, después de todo, la paridad, no
únicamente un objetivo deseable, sino un remedio a tener en cuenta? A la vista de lo que
se va percibiendo, nadie puede descartar el uso de acciones positivas en esos ámbitos,
ya que parecen poco proclives a solventar por sí mismos las inercias de poder heredadas.

2. De acuerdo con Victoria Camps, el “genio” de las mujeres consiste en una


especial o específica visión de:
2.1. El trabajo
2.2. El poder
2.3. Su propia identidad
¿Cuál ha sido históricamente el papel de las mujeres, en relación con las anteriores
cuestiones?
2.1 El trabajo de las mujeres se ha visto, durante siglos, limitado a la casa y a los hijos, a
la relación como escribe el Papa de esposa y madre. Ese supuesto trabajo doméstico,
paradigma de la miseria femenina donde la haya, implica una experiencia que no tiene
por qué ser únicamente negativa. Al verse forzada a la proximidad dela realidad
cotidiana, la mujer ha podido desarrollar no quiere decir que todas lo hayan hecho, ni
que lo hayan hecho sólo ellas relaciones más afectivas y más pragmáticas, un lenguaje
más concreto, claro y preciso, menos abstracto, una aproximación a las cosas más
intuitiva. Son tópicos, sin duda, que se han repetido hasta la náusea, pero los tópicos
no son falsos; tienen una base real que los sustenta. La liberación del trabajo
doméstico, no remunerado y más esclavo, por lo mismo, que cualquier otro, ha ido
dirigida a la búsqueda de otro trabajo más público, remunerado, y opcional, dentro de
los límites que ya conocemos. Pues bien, ese segundo trabajo no ha acabado ni acaba
de perder el carácter de un trabajo adicional. No sólo porque no es posible atender a
tantas cosas, sino porque tampoco se quiere renunciar a ninguna de ellas. Las mujeres
no han querido o no se han atrevido, pero habría que analizar si no es lo mismo
renunciar a nada: ni a los hijos ni a dejar de tenerlos, ni a llevar las riendas de la familia
ni a soltarlas. El resultado, en verdad, es poco halagüeño: la llamada «doble jornada»
no parece muy liberadora. Pero, preguntémonos, ¿lo es para el varón una jornada
única cargada de rutina o destres? El trabajo dignifica sólo en la medida en que no se
vuelve servil y agobiante. Y ¿quién es más vulnerable al servilismo del trabajo? Dejo
así la pregunta pues volveré a ella más adelante.

2.2 El poder, las mujeres han gozado de un poder minúsculo y ridículo, pero real: el poder
doméstico. En las familias, el varón representa, de puertas afuera, la autoridad, pero
quienes disponen y deciden son las mujeres. Si ellas quieren, por supuesto. Pues bien,
esa experiencia del poder doméstico, el menos lucido de los poderes lo reconozco, ha
sido suficiente, sin embargo, para ensayar y conocer el lado mísero y triste que tiene
cualquier forma de poder. Veo en ello una de las explicaciones de algo que, hoy por
hoy, parece indiscutible: que la mujer no ambiciona el poder con mayúscula, el político.
Lo acepta si se lo ofrecen, pero se resiste a buscarlo. Por lo menos, no lo busca con la
insistencia y el tesón con que lo hace su contrincante masculino. ¿Por qué razón? Por
una suerte de escepticismo y hastió respecto a las ventajas de todo aquello que exige
«dedicación exclusiva» o que demanda una cierta voluntad de servicio. Porque quien
tiene algún poder ha de renunciar a muchas otras cosas, y las mujeres no acaban de
estar dispuestas a ello.

2.3 Según Celia Amorós: la única identidad inequívoca de las mujeres es la de ser mujeres.
¿Pero es eso un defecto? Quiero decir, ¿es más satisfactoria la identificación con una
profesión, que es la otra posibilidad? La necesidad o la voluntad de compartir
responsabilidades múltiples, de estar al mismo tiempo en muchos sitios, de representar
diversos papeles, hace que la función de la mujer sea más inespecífica que la del
varón. A esa forma de vida, de la que salen las hoy llamadas supe mujeres, suele
llamársele esquizofrenia, y esa patología es el lado negativo del asunto. Pero hay un
lado positivo: la «autonomía», la libertad o la autosuficiencia que consiste en no
identificarse con la propia obra hasta el punto de perder el control sobre uno mismo.
La menor profesionalidad de las mujeres, su distancia respecto a lo que hacen, su
tendencia a estar más dispuestas a tirar la toalla si los imperativos del trabajo se
vuelven agobiantes, no son, a mi juicio, muestras de flaqueza o de vulnerabilidad, sino
de un mayor dominio de sí y de una distinta valoración de las identidades y
jerarquizaciones sociales. Si el yo es esa medida crítica que no debería confundirse
con sus distintas representaciones, antes mantenerse alejado de todas ellas, es
evidente que las mujeres saben y pueden preservar ese yo mejor que los varones.

3. En qué sentido el “genio” de las mujeres podría ser considerado una Virtud
Pública
El genio de las mujeres, pretende mostrar que la propuesta de una ética de las virtudes es
muy afín a la sensibilidad femenina. No defiendo una ética de las mujeres, distinta de la
ética de los varones eso no sería una novedad. Sí creo, en cambio, que la tradición o la
cultura femenina, tradición propia y singular porque ha consistido en un mundo separado
del de los hombres, ha producido en las mujeres una serie de actitudes y un peculiar estilo
de ver las cosas que no es del todo despreciable y que favorece el desarrollo de ciertos
valores.

4. Explique la crítica que Victoria Camps le hace a la Carta Pastoral del Papa
Juan Pablo II
La lectura de la Carta Pastoral nos deje, como es usual en los mensajes de Woytila,
perplejas y decepcionadas, no me parece justo desdeñarla sin más como una nueva
muestra de pensamiento retrógrado. Es cierto que el mensaje global da la impresión de
un querer dorar la píldora un tanto cínico, reconozcámoslo. Tras reafirmar con bellas
palabras la casi superioridad de la mujer sobre el hombre, el Papa la invita suavemente a
quedarse donde está y a no meterse en asuntos que nunca fueron de su incumbencia. La
lectura podría ser ésta, y quizá deba serlo, pero cabe otra más innovadora, aunque
seguramente menos fiel a las intenciones de su autor. En unos momentos en que la no
discriminación sexual está teóricamente aceptada y los derechos e igualdad de las
mujeres también teóricamente suscritos, cuando el feminismo busca nuevos desarrollos
porque los primeros pasos ya están dados, el Pontífice viene a decir que empeñarse en
ocupar e imitar incluso los papeles masculinos no sea tal vez la mejor opción. No sólo hay
otras muchas cosas que hacer, sino que el mundo necesita visiones y orientaciones más
originales y menos trilladas. Posiblemente, sobren argumentos a favor del sacerdocio de
las mujeres. Por mi parte, sin embargo, no es esa la cuestión que me interesa. Prefiero
entender las palabras de Juan Pablo II como muestra de un cierto discurso feminista o
femenino, que invita a no repetir lo ya hecho y a intentar sendas menos usuales. Pues
estoy convencida y es lo que quiero defender aquí que el discurso de la mujer, en un
mundo de igualdades aún vacilantes y recién descubiertas, es cierto, pero igualdades al
fin, debería ser otro. Esto es: no sólo igual al del varón, sino original, innovador y distinto
con respecto a él.
5. Reflexione sobre el papel de la mujer colombiana en la vida pública o vida
política.
El rol de las mujeres en la historia como líderes públicas y como potenciadoras del
desarrollo de los países, fue por mucho tiempo relegado a un segundo lugar. Sin embargo,
muchas mujeres se hicieron oír e influyeron de manera contundente en decisiones de
alcance social y económico, a través de su posicionamiento en los espacios de poder que
tradicionalmente ocuparon los hombres. Durante la Revolución Francesa las mujeres
jugaron un papel fundamental al encargarse de impulsar los ánimos revolucionarios de la
sociedad para superar la opresión en la que vivían y demandar públicamente derechos
básicos para ellas y sus familias. Sin el rol activo y participativo que ellas desempeñaron,
es muy probable que esta época fundamental en la historia de la reivindicación de los
derechos humanos no se hubiere dado o no hubiese tenido la preponderancia que la
caracterizó. Es de desatacarse el papel de Olympe de Gouges, quien escribió y publicó la
Declaración sobre los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Aunque en esa época las
mujeres no ejercían ni siquiera el derecho al voto, ella reivindicó su voz a través de un
instrumento normativo que visibilizaba por primera vez a las mujeres como sujetos de
derechos humanos. Ya en el siglo XX diferentes mujeres accedieron a cargos de poder y
de decisión: Margaret Thatcher, entre otras, fue una de las primeras mujeres en llegar a
presidir un país con un influjo tan poderoso en la escena internacional como el Reino
Unido. El liderazgo de esta Primera Ministra permitió que su país emergiera como uno de
las economías más fuertes de Europa en su momento, así como su elección por tres
períodos consecutivos.
El sueño político de las mujeres en Colombia ha sido encarnado por cientos de ellas,
quienes a pesar de condiciones adversas tuvieron un papel principal en triunfos políticos
y sociales de gran trascendencia como la independencia. Así, Policarpa Salavarrieta es
una de las mujeres con más significancia en el proceso independentista de Colombia, ya
que con sus actividades y labores contribuyó de manera directa a luchar por la libertad y
la causa patriota. Adicionalmente, como mujer revolucionaria luchó en contra de la
imposición de normas y roles propios de una sociedad profundamente discriminadora del
sexo femenino. Ella representa a las tantas mujeres desconocidas e invisibles para la
historia que participaron activamente en la emancipación de nuestro país. En tiempos más
recientes, el país ha tenido importantes liderazgos femeninos que han contribuido a su
desarrollo y desempeño ejemplar en varios ámbitos: La ex ministra y senadora Martha
Lucía Ramírez, se caracterizó por dirigir de manera exitosa un ministerio, tradicionalmente
masculino, como lo es el Ministerio de Defensa. La actual alcaldesa de Bogotá, Clara
López Obregón, fue una de las primeras mujeres en llegar a la presidencia de un partido
político en Colombia. La ex ministra y candidata a la presidencia de la República, Noemí
Sanín Posada, quien fue la primera mujer Ministra de Relaciones Exteriores en un país de
Latinoamérica, además de contar con la más alta votación que ha tenido una mujer
candidata a la Presidencia de la República en Colombia. María Emma Mejía, ex ministra
y actual Secretaria General de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR); cuya
elección en dicho foro constituye un voto de confianza muy alto en sus capacidades y
habilidades para contribuir al desarrollo de Latinoamérica. Igualmente, es necesario
mencionar a la Fiscal General de la Nación y ex senadora, Viviane Morales, es la primera
mujer del país en ocupar el máximo cargo en la Fiscalía contribuyendo desde sus roles en
lo público al progreso de la participación de las mujeres (fue ponente de la Ley de Cuotas
en el Congreso). No obstante el papel primordial de todas estas mujeres en la historia del
poder político y el desarrollo económico y social de Colombia y de otros países, siguen
existiendo enormes dificultades y retos para alcanzar la representación paritaria (50 y 50)
de mujeres y hombres en los escenarios políticos. Las cifras para Latinoamérica así lo
indican. Con base en los datos del Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, sólo
el 17.5% de mujeres hacen parte de los gabinetes ministeriales de los países de América
Latina y el Caribe en el último periodo presidencial. Únicamente, el 22.4 % de mujeres
conforman el principal órgano legislativo nacional de esos países; por último, de acuerdo
con la misma fuente, tan sólo el 19% de mujeres son magistradas en la Corte Suprema,
máximo tribunal de justicia. La información y las cifras que se muestran en el diagnóstico
contenido en el presente Boletín sobre la situación de la participación política de las
mujeres en Colombia, nos impulsó a elaborar esta publicación con el fi n de fomentar el
cumplimiento y el seguimiento a las acciones afirmativas y legales consagradas en
Colombia para aumentar la participación de las mujeres en los espacios de decisión
política y hacer recomendaciones de política pública al respecto. Entre esas
recomendaciones es importante hacer énfasis en el fortalecimiento y creación de las
escuelas de formación y liderazgo de los partidos políticos, así como de las direcciones de
género. Por su parte, resulta vital que el sector de la educación trabaje desde la primera
infancia en el empoderamiento de las niñas, con el fi n de potenciar su rol como líderes
políticas del futuro; ellas crearán condiciones de desarrollo para nuestros países, tal y
como lo han hecho las mujeres que aquí se han mencionado.
En conclusión, no existe duda alguna de que las mujeres, al alcanzar posiciones de
decisión e influencia, han contribuido de manera fundamental al progreso político, social,
humano y económico de nuestro país. A pesar de esa realidad innegable, sigue siendo
necesaria la aplicación de la ley de cuotas y la implementación de programas para el
aumento de su participación política.