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TESIS 23.

TEORIA DEL CONOCIMIENTO

En el desarrollo de esta disciplina se han perfilado algunas posiciones relevantes en


relación al problema de las auténticas posibilidades del conocimiento humano.
EXPLIQUE el contenido de las siguientes posiciones: el REALISMO GNOSEOLÓGICO,
el ESCEPTICISMO y el NOMINALISMO.

REALISMO GNOSEOLÓGICO:

El realismo gnoseológico se confunde a veces con el realismo metafísico, pero tal


confusión no es necesaria; en efecto se puede ser realista gnoseológico y no serlo
metafísico, o viceversa.
El realismo gnoseológico afirma que el conocimiento es posible sin la necesidad de
suponer que la conciencia impone a la realidad – en orden a su conocimiento- ciertos
conceptos o categorías a priori; lo que importa en el conocimiento es lo dado, y en manera
alguna lo puesto por la conciencia o el sujeto. El realismo gnoseológico puede a su vez ser
concebido de dos maneras: o como realismo ingenuo, o natural, o como realismo científico,
empírico o crítico. El realismo ingenuo no se haya influido aún por ninguna reflexión
crítica acerca del conocimiento. El problema del sujeto y del objeto no existe aún para él.
No distingue en absoluto entre la percepción, que es un contenido de la conciencia, y el
objeto percibido. No ve que las cosas no nos son dadas en si mismas, en su corporeidad,
inmediatamente, sino sólo como contenidos de la percepción. Y como identifica los
contenidos de la percepción con los objetos, atribuye a estos todas las propiedades
encerradas en aquellos. Las cosas son, según él, exactamente tal como las percibimos.
El realismo científico, empírico o crítico funda ante todo su concepción de las
cualidades secundarias en razones tomadas de las ciencias de la naturaleza. La física es
quien se las ofrece en primer término. La física concibe al mundo como un sistema de
sustancias definidas de un modo puramente cuantitativo. Nada cualitativo tiene derecho de
ciudadanía en mundo del físico, sino que todo lo cualitativo es expulsado de él; también las
cualidades secundarias. El físico sin embargo no las elimina simplemente.
Advierte que no puede simplemente equipararse lo percibido con lo verdaderamente
conocido, y que es menester someter lo dado a examen y ver (para luego tenerlo en cuenta

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cuando se formulan juicios definitivos) lo que hay en el conocer que no es mera
reproducción.

ESCEPTICISMO:

Según el escepticismo, el sujeto no puede aprehender el objeto. El conocimiento en


el sentido de una aprehensión real del objeto, es imposible según el escepticismo. Por eso
no podemos pronunciar ningún juicio, sino abstraernos totalmente de juzgar.
Mientras, por ejemplo, el dogmatismo desconoce en cierto modo el sujeto, el escepticismo
no ve el objeto. Su vista se fija tan exclusivamente en el sujeto, en la función del
conocimiento, que ignora por completo la significación del objeto. Su atención se dirige
íntegramente a los factores subjetivos del conocimiento humano. Observa como todo
conocimiento está influido por la índole del sujeto y de sus órganos de conocimiento, así
como por circunstancias exteriores (medios, círculo cultural) De este modo escapa a su
vista el objeto, que es, sin embargo, tan necesario para que tenga lugar el conocimiento,
puesto que éste representa una relación entre un sujeto y un objeto.
El escepticismo puede referirse tanto a la posibilidad del conocimiento en general
como a la de un conocimiento determinado. En el primer caso, estamos en un escepticismo
lógico. Se llama también escepticismo absoluto o radical. Cuado el escepticismo se refiere
solo al conocimiento metafísico, hablamos de un escepticismo metafísico. En el terreno de
los valores, distinguimos un escepticismo ético y un escepticismo religioso. Según el
primero, es imposible el conocimiento moral; según el último, el religioso. Finalmente hay
que distinguir entre el escepticismo metódico, y el escepticismo sistemático. Aquel designa
un método; éste una posición de principio. El escepticismo metódico consiste en empezar
poniendo en duda todo lo que se presenta a la conciencia natural como verdadero y cierto,
para eliminar de este modo todo lo falso y llegar a un saber absolutamente seguro.
El escepticismo se encuentra, ante todo, en la antigüedad. Su fundador es Pirrón de
Elis (360-270). Según él, no se llega a un contacto del sujeto y el objeto. A la conciencia
cognoscente le es imposible aprehender su objeto. No hay conocimiento. De dos juicios
contradictorios el uno es, por ende, tan exactamente verdadero como el otro. Esto significa
una negación de las leyes lógicas del pensamiento, en especial del principio del

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conocimiento. Como no hay conocimiento i juicio verdadero, Pirrón recomienda la
abstención de todo juicio, la 
El escepticismo medio o académico, cuyos principales representantes son Arcesilao
y Carneades no es tan radical como este escepticismo antiguo o pirrónico. Según el
escepticismo académico es imposible un saber riguroso. No tenemos nunca la certeza de
que nuestros juicios concuerden con la realidad. Nunca podemos decir, pues, que esta o
aquella proposición sea verdadera; pero si podemos afirmar que parece ser verdadera, que
es probable. No hay, por tanto, certeza rigurosa sino solo probabilidad. Este escepticismo
medio se distingue del antiguo justamente porque sostiene la posibilidad de llegar a una
opinión probable. El escepticismo posterior marcha de nuevo por las vías del escepticismo
de pirrónico.
También en la filosofía moderna encontramos en escepticismo. Pero el escepticismo
que hayamos aquí, no es las más de las veces, radical, absoluto, sino un escepticismo
especial.
En el filósofo Francés Montaigne se nos presenta, ante todo un escepticismo ético;
en david Hume, un escepticismo metafísico. Tampoco en Bayle podemos hablar apenas de
escepticismo medio. En Descartes, que proclama el derecho de la duda metódica, no existe
un escepticismo de principio, sino justamente un escepticismo metódico.
Es palmario que el escepticismo radical o absoluto se anula a si mismo. Afirma que
el conocimiento es imposible. Pero con esto expresa un conocimiento. En consecuencia,
considera el conocimiento como posible de hecho y, sin embargo, afirma simultáneamente
que es imposible. El escepticismo incurre, pues en una contradicción consigo mismo. La
posibilidad del conocimiento es por ende, afirmada y puesta en duda a la vez por el
escéptico.
La aspiración al conocimiento de la verdad carece de sentido, y valor desde el punto
de vista de un riguroso escepticismo. Pero nuestra conciencia de los valores morales
protesta contra esa concepción. El escepticismo, que no es refutable lógicamente mientras
se abstenga de todo juicio y acto de pensamiento –cosa que, sin duda, prácticamente
imposible-, experimenta su verdadera derrota en el terreno de la ética. Se repugna en última
instancia el escepticismo, no porque podamos refutarle lógicamente, si no porque lo
rechaza nuestra conciencia de los valores morales, que considera como un valor la

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aspiración a la verdad. No podemos nunca tener pretensión de que nuestros juicios sean
varaderos, sino tan solo la de que sean probables. He aquí que el escepticismo añade otra
contradicción, el concepto de la probabilidad supone el de la verdad. Probable es solo que
se acerca a lo verdadero, quien renuncia al concepto de la verdad tiene, pues, que
abandonar también el de probabilidad.
Por errado que el escepticismo sea no se le puede negar cierta importancia para el
desarrollo espiritual del individuo y de la humanidad. En la historia de la filosofía el
escepticismo se presenta el antípoda del dogmatismo. Mientras éste llana a los pensadores e
investigadores de una confianza tan bienaventurada como excesiva en la capacidad de la
razón humana, aquel mantiene despierto el sentido de los problemas. El escepticismo
hunde el taladrante agujón en la duda en el pecho del filósofo, de suerte que éste no se
aquieta en las soluciones dadas a los problemas, sino que se afana y lucha continuamente
por nuevas y más hondas soluciones.

EL NOMINALISMO:

El Nominalismo es una postura filosófica que se desarrolló en la Edad Media. Dicha


postura surge de una forma determinada de afrontar el tema de los universales. Para los
nominalistas los universales no son más que un "flatus vocis", es decir, meros sonidos,
palabras que pueden denominar a varios individuos. Los universales tienen según los
nominalistas una realidad lógica, no ontológica, como pretendían los realistas.
El Nominalismo modela el concepto sobre el objeto externo, sosteniendo que es individual
y particular. De esta manera niega la existencia de conceptos abstractos y universales, y
rechaza admitir que el intelecto tenga la facultad de engendrarlos. Lo que llamamos ideas
generales son sólo nombres, meras designaciones verbales, que sirven como etiquetas a
colecciones de cosas o a series de acontecimientos particulares. De ahí el término
Nominalismo.
Los nominalistas, que deberían ser llamados más bien anti-realistas, afirman que
sólo existen los individuos, y que los universales son cosas que se hacen reales en el estado
universal en la naturaleza, o subsistentia. Concluyen que los universales son puramente
representaciones intelectuales).

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El nominalismo afirma que los conceptos son nombres. Ve tres diferentes aspectos
relacionados con cada parte de la realidad, el concepto, el nombre y la cosa en sí.
Normalmente los conceptos abstractos incluyen en su contenido (en sus enlaces) muchos
conceptos de nivel menor. Un matemático diría que un concepto abstracto es un conjunto,
conteniendo muchos elementos. Cuando nos referimos a conceptos, tuvimos que
nombrarlos, tuvimos que hablar de ellos, especificando sus nombres. Pero el nombre no es
la cosa en sí, ni tampoco el concepto para la cosa. La palabra "tío" no es un tío, es una
palabra, formada por cinco letras, tampoco es un concepto que designe una relación.
Un nombre es un concepto que contiene el sonido o la representación utilizada para
designar otro concepto. Quiere decir, el nombre es otro número. Bajo este número archiva
los números expresando sonidos o partes de una representación del mundo. Los representa
en la pantalla o los ejecuta en el altoparlantes al comunicarse. "Nero" es el nombre de cierto
perro. Al escribir "Nero", se refiere al concepto de cierto perro. Es una referencia a un
concepto que representa internamente mediante un número. El concepto "Nero" (no el
nombre), junto con aquéllos que se refieren a otros perros, se abstrae entonces en un
número que representa el concepto "perro". Perros y vacas y otros los abstrae en el
concepto "mamíferos", etc.
Es interesante, que tampoco los seres humanos usen nombres para razonar. Muchas
veces razonamos, utilizando un concepto, pero en el momento se nos escapa el nombre.
Tenemos el nombre en la "punta de la lengua". Si razonáramos con nombres, no tendríamos
necesidad de buscar el nombre, porque al mismo tiempo lo estamos utilizando.
Así que estamos de acuerdo; hay nombres para las cosas. Pero estos nombres sólo se
refieren a conceptos. No son los conceptos en sí.
Ni el Realismo exagerado ni el Nominalismo encuentran dificultad en establecer
correspondencia entre la cosa en el pensamiento y la cosa que existe en la naturaleza,
puesto que por caminos diferentes, ambos postulan la perfecta armonía entre las dos. La
dificultad aparece cuando asignamos atributos diferentes a la cosa en la naturaleza y a la
cosa en el pensamiento; si sostenemos que la una es individual y la otra universal. Surge
entonces una antinomia entre el mundo de la realidad y el mundo como se representa en la
mente, y eso nos lleva a investigar cómo la noción general de flor concebida por la mente
es aplicable a las flores particulares y determinadas de la naturaleza.