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ALAN MOORE: ANARQUÍA Y ARTE PARA REVIVIR LA MAGIA

Fernando Escobar Páez (www.eltelegrafo.com.ec, 24 de agosto de 2015)

“El fascismo, que se basa en conceptos místicos como la sangre y el volk, se


entiende mejor como religión que como postura política, dado que toda
política se basa en una forma de razón, aunque sea una equivocada y brutal.
Esa idea común de que hay que estar todos unidos en una sola fe, en una sola
creencia, de que en la unidad (y por tanto en la uniformidad) está la fuerza,
parece la antítesis misma de la magia, que si algo es, es claramente personal,
subjetiva y perteneciente al individuo, a la responsabilidad que tiene toda
criatura con uso de razón de alcanzar el entendimiento de sí mismo y, por
tanto, de hacer las paces con Dios, con el universo y con todo. Así pues, si
podemos afirmar que el fascismo es el equivalente político más cercano a la
religión, ¿acaso no se podría decir que la magia tiene un parentesco más
natural con la anarquía, que es lo opuesto al fascismo?”
Ángeles Fósiles, Alan Moore

Tradicionalmente vilipendiada por disciplinas y tradiciones


hegemónicas de Occidente, la magia ha encontrado en el
novelista gráfico Alan Moore a uno de sus principales
ideólogos y -muy probablemente- al único escritor
contemporáneo capaz de transmitir de forma amena y
didáctica los saberes arcanos al gran público. Es
apresurado considerar a este británico de larga melena y
barba bíblica como un gran maestro de la magia a la
usanza de John Dee, científico y ocultista británico del
siglo XVI, pero los trabajos escritos y espirituales de
Moore han aportado más al mundo de la magia que la
parafernalia de ilusionistas pop estilo David Copperfield
o Steven Frayne, cuyos espectáculos televisivos son
diseñados para enriquecer a empresarios adictos al neón,
quienes han vaciado de significado al acto mágico.
Portada del libro Ángeles Fósiles de Alan Moore

El leitmotiv de su obra Ángeles Fósiles es que la única opción para que la magia
sobreviva en la actualidad es abandonar sus pretensiones victorianas de convertirse en
religión absolutista o en ciencia racionalista, pues desde un inicio estuvo ligada al arte y
hacia allí debe regresar.

Ángeles Fósiles surgió en 2002 como un ensayo para la revista Kaos, pero esta dejó
de publicarse y Moore se quedó con el texto en las manos. Lo cedió gratuitamente a
varios fanzines de contracultura, pero jamás había sido publicado en formato libro,
hasta 2014, cuando la editorial española La Felguera asumió el riesgo de dar a luz este
texto polémico y a ratos hilarante, en el que Moore condensa su pensamiento mágico y
filosófico, sin excluir de sus páginas apuntes sobre diversas inquietudes políticas y
estéticas, además de cargar con furia contra los masones

“desharrapados, perroflautas de Pan y su hinchada hermética, proletarios pro-


lémures, aspirantes a wiccanos y el Templo de los Cuarentones Psíquicos”,

a quienes considera como lastimosos y nocivos seres más cercanos a la franquicia


Disney que a los misterios del ocultismo.
El enigmático título de Ángeles Fósiles, proviene de un cuadro pintado por la actriz
Marjorie Cameron, quien apareció en la película Inauguration of the Pleasure Dome
-dirigida por Kenneth Anger-, en el papel de Mujer Escarlata, personaje que al
mantener contubernio carnal con un príncipe-sacerdote llamado La Bestia, dará paso a
un nuevo Eón o era de Conciencia Absoluta. La contradicción que encierra el nombre de
la pintura de Cameron dio pie a esta reflexión de Moore sobre la postración de la
magia contemporánea, la cual se encuentra calcificada pese a su naturaleza prodigiosa.

Con danza, jeroglíficos, disfraces, música y, sobre todo, la palabra, el chamán


transforma la conciencia de su pueblo al obtener la sabiduría de la naturaleza.
Los bisontes dibujados en las cuevas de Altamira anuncian que la zona era rica
en recursos; la Venus de Valdivia fue diseñada con formas turgentes para
incitar al coito y que la tribu crezca en número.

Para sus detractores, la magia de Moore es un mero juego intelectual y basada en la


provocación en cuanto reniega de la vertiente dominante inspirada en rituales tomados
de la masonería. Esto le ha valido ser tachado despectivamente como chamán
mainstream y dibujante mistagogo, pero la compleja obra de Moore, cargada de humor
y un profundo conocimiento filosófico e histórico, basta para echar por tierra dichas
afirmaciones.

Alan Moore (Northamptom, Inglaterra, 1953) hizo de la rebeldía una forma de vida.
Desde su adolescencia, siendo expulsado del colegio en repetidas ocasiones, a fines de
los ‘60, empieza a colaborar con viñetas para publicaciones musicales con el seudónimo
de Curt Vile. Al poco tiempo gana relevancia como dibujante, pero prefiere centrarse en
la escritura de guiones iconoclastas y dejar el trabajo artístico en mano de diversos
dibujantes de su confianza.

Ya a mediados de los ‘80 es contratado por la gigante estadounidense DC Comics, con


quienes mantendría una tensa relación de trabajo: la empresa se apropiaba de los
derechos de autor y regalías de su trabajo. Un factor no menos importante en esa
relación fue la constante censura que sufrían algunas de sus historias, que eran vistas
por los ejecutivos como obras poco comerciales que abordaban temas polémicos o eran
demasiado innovadoras en aspectos formales. Moore trabajaba varios proyectos de
forma simultánea y en su actividad febril de los ‘80 surgieron dos de sus obras icónicas:
Watchmen y V for Vendetta. La lista de proyectos de Moore es larguísima, y el
espacio no alcanza para enumerarla, pero a propósito de Ángeles Fósiles, vale
destacar dos obras de finales de los noventa: Promethea, heroína de un universo
paralelo que a través de sus aventuras recibe una introducción hacia la magia, y The
League of Extraordinary Gentleman (La liga de los caballeros extraordinarios),
cuyos personajes son extraídos de novelas clásicas de autores como H.G. Wells, Julio
Verne o Robert Louis Stevenson

Negarse a abandonar su Northampton natal, sus continuas disputas con editoriales y las
subsecuentes rupturas de contratos millonarios, así como su intento por formar una
especie de sindicato junto a otros artistas gráficos británicos, lejos de cerrarle las
puertas motivó a Moore a tomar el control total sobre su trabajo, asumiendo al
anarquismo como único posicionamiento político posible.

Según Moore, la anarquía no es una patente de corso para el caos y el individualismo,


por el contrario, anarquismo implica asumir la responsabilidad de nuestros propios actos
para dejar de depender de un Estado opresor que no respeta la diversidad de
pensamientos. En contraposición al anarquismo mooreano, tenemos al
judeocristianismo y al que Moore considera el principal heredero del monoteísmo: el
fascismo clásico, que bajo la muletilla de “la unión hace la fuerza” cometió las mayores
atrocidades del siglo XX. El anarquismo es entendido como evolución y fuerza natural,
tal como Moore lo expresa en una entrevista publicada en 2007 en un fanzine, un texto
recuperado en el brillante prólogo que realiza el escritor Servando Rocha para la
primera edición en español de Ángeles Fósiles:

“La anarquía, casi empieza con el principio de ‘en la diversidad, está la fuerza’,
que tiene mucho más sentido desde el punto de vista del mundo natural. La
Naturaleza, y las fuerzas de la evolución -por supuesto, si te ha tocado vivir
en un país donde aún se siga creyendo en la evolución- en realidad no
considera necesaria la idea de ‘en la unidad y lo uniforme está la fuerza’. Si
quieres hablar sobre especies que han conseguido el éxito, entonces hablemos
de los murciélagos y las cucarachas. Hay miles de variedades diferentes de
murciélagos y cucarachas. Ciertos tipos de árboles y arbustos se han ido
diversificando de forma tan espléndida que tienes a miles de ejemplos de esas
especies básicas. Si lo contrastamos con los caballos o los humanos, sólo
tendremos un tipo básico de humano y dos o quizá tres de caballos. Bajo
términos del árbol evolutivo estamos demasiado al descubierto, con las ramas
al desnudo. El programa al completo de la evolución parece ser la
diversificación, porque en la diversidad está la fuerza”.
Alan Moore, entrevistado en
Strangers in a Tanlges Wilderness (fanzine), 2007

Alan Moore considera que los cómics son herederos de los ideogramas y jeroglíficos
que en la antigüedad eran usados para registrar las epopeyas de líderes tribales y
dioses, idea compartida entre otros por el celebérrimo experto en mitología y religión
comparada Joseph Campbell. Ergo, no sorprende que desde los ‘90 gran parte de la
obra y actividades de Moore tengan a la magia como hilo conductor.

El devenir místico de este artista que se autodefine como un “traficante de ficciones y


realidades” inició al cumplir los 40 años, cuando anunció formalmente que había
decidido convertirse al caoísmo, escuela heterodoxa de la magia posmoderna, basada
en el uso libre y pragmático de cualquier sistema de creencias de los practicantes. Con
el tiempo, abandonó esta corriente por considerarla insuficiente para responder a sus
inquietudes espirituales y artísticas. Pero cuando Moore se proclamó Mago del Caos,
también anunciaba que había decidido adorar a Glycon, un extraño dios serpiente con
cabeza vagamente humana y desordenada melena -muy similar a la que lleva el propio
escritor-, cuyos únicos rastros se han encontrado en las costas del Mar Negro y en
escritos de Luciano de Samosata, quien afirmaba que dicho “dios” no es más que un
títere del hereje Alejandro de Abonuteicos.

Que Glycon haya sido un fraude o un culto real es secundario para Alan Moore, quien
encuentra en la simpática serpiente a un equivalente válido a Jesucristo. Todos los
dioses no son más que ideas que cobran vida en cuanto nuestra experiencia subjetiva
nos diga que existen en un plano real. Pero toda idea llevada con fanatismo se vuelve
peligrosa, así que Moore escogió a Glycon como deidad tutelar porque, desde su
denostada condición de parodia de un dios, es incapaz de inducirle a creer en absolutos.

Tras este escandaloso ingreso al mundo de la magia se esconde toda una filosofía y un
proyecto que busca reivindicar a esta “ciencia paleolítica” como arte sanador para
nuestra civilización.
“Las doctrinas endebles no podrán escaparse de los argumentos
depredadores, esbeltos y de dientes afilados. Dogmas ancianos y
mastodónticos, descendiendo por la cadena alimentaria, quedándose sin
fuerzas y desplomándose bajo su propio pese para acabar devorados por
viajantes de antigüedades carroñeros, convertidos en lugares donde esas
zumbonas moscas de los chats pueden poner sus huevos” (1).

La propuesta de Alan Moore para la magia del siglo XXI es que se despoje de rituales y
disfraces estrafalarios cuya única función es nostálgica. Conservar la parafernalia
implantada por S. L. McGregor Mathers y deformada por el “fascista mágico” Aleister
Crowley implica que la magia siga estancada en guetos de organización vertical, donde
prima el egoísmo por sobre la creatividad. En el breve repaso histórico de la magia
occidental tampoco sale bien librado el cabalista Eliphas Lévi, cuyos aportes Moore
considera sintéticos pero orientados hacia la mera archivología de saberes.

Cabe mencionar que durante su obra noventera como novelista gráfico, Moore fue
decisivamente influenciado por los trabajos mágicos de Crowley. Sin embargo, la
evolución de su pensamiento hizo que Moore terminara por desechar muchos de sus
aspectos rimbombantes y autoritariamente psicóticos para quedarse solamente con su
faceta de escritor y artista.

Moore considera más vital la magia del científico renacentista John Dee, quien si bien
nunca encontró la ansiada piedra filosofal, realizó aportes concretos al mundo de la
magia como las primeras crónicas detalladas de experiencias mediúmnicas y el
redescubrimiento del “lenguaje de Enoch”, un idioma supuestamente enseñado por los
ángeles Gabriel, Uriel y Rafael a Dee, quien afirmaba que esa era la lengua que hablaba
Adán antes del pecado original.

La necesidad de abandonar estas escuelas caducas no debe conducir al mago ni hacia el


fascismo de la religión organizada -de naturaleza represiva- ni hacia el frío racionalismo
de la ciencia, pues el objeto de estudio de la magia no es cuantificable ni válido dentro
de postulado científico alguno. Además, la magia jamás cumplirá con el requisito de la
neutralidad exigido por la ciencia, tiene una personalidad compleja, trabaja con un
material indócil como es la conciencia y hasta sentido del humor.

Para afrontar esta problemática, Moore afirma que la magia debe regresar a sus
orígenes chamánicos, la época primigenia en la que las artes fueron inventadas como
medio de comunicación entre el chamán y la tribu.

“La literatura, por su parte, está tan intrínsecamente relacionada con la


sustancia misma de la magia que en la práctica las dos se pueden considerar
la misma cosa: conjuros y conjugaciones, ensalmos bárdicos, grimorios y
gramáticas, magia en el sentido de ‘enfermedad del lenguaje’ que es como la
describió sagazmente Aleister Crowley. Odín, Thoth y Hermes: dioses de la
magia y dioses escribas. La terminología de la magia, su simbolismo, sus
conjuros y evocaciones, son casi idénticos a los de la poesía. En el principio
estaba la Palabra” (2)

La danza, los jeroglíficos, los disfraces, la música y sobre todo la palabra fueron creadas
para que el chamán transforme la conciencia de su pueblo para obtener la sabiduría de
la naturaleza. Los bisontes dibujados en las cuevas de Altamira están allí porque a
través de ese dibujo se anunciaba a los cazadores que aquella zona era rica en recursos,
la Venus de Valdivia fue diseñada con formas turgentes para incitar al coito y que la
tribu crezca en número.

La magia fue la madre de las artes, ahora debe integrarse como una rama de estas para
sobrevivir, pues solo dentro del mundo artístico encontrará la libertad para crecer, algo
que le está vedado dentro de los campos de lo religioso y de la ciencia. El mago-artista
debe ser capaz de producir una obra concreta o artefacto que pueda ser compartida con
su comunidad, caso contrario se caerá en el sectarismo que ha desnaturalizado el origen
de su poder.

No todo mago está capacitado para ser artista. Solo sobrevivirán aquellos que tengan
una obra realmente fuerte, capaz de imponerse mediante una suerte de selección
natural artística a aquellas obras carentes de ingenio. Visionarios como William Blake,
H.P. Lovecraft, Marcel Duchamp, los pintores prerrafaelitas, Hieronymus Bosch y
Arthur Rimbaud lo supieron y -actuando como chamanes- con sus obras generaron
una retroalimentación entre ambas disciplinas, propiciando terribles bellezas y una
mejor comprensión del universo por parte de la humanidad.

NOTAS

1. Moore, Alan (2014). Ángeles Fósiles. España: La Felguera Editores, primera


edición. Cita modificada, pág 106.

2. Moore, Alan. Ibídem, pág 129.


ALAN MOORE HABLA DE ANARQUISMO, ETERNALISMO
Y SU NOVELA DEL MILLÓN DE PALABRAS, JERUSALEM
pijamasurf.com (10/24/2014)

A sus 60 años*, Alan Moore es uno de los guionistas de cómic


más respetados de los últimos tiempos. A pesar de su tensa
relación con el mainstream de Hollywood (al que en gran parte
debe su celebridad para con las nuevas generaciones), el autor
de Watchmen, V for Vendetta y From Hell aún tiene muchos
proyectos en puerta.

Uno de ellos es la plataforma Electricomics para distribuir


novelas gráficas directamente en tablets, además de demostrar
sus poderes mágicos en instalaciones, piezas de arte, spoken
word y TV; otro proyecto, tal vez más ambicioso aún, es la
novela Jerusalem, cuyo primer borrador sobrepasa el millón de
palabras, toda una declaración en la era del tuit.

La revista Aeon realizó una fascinante entrevista con Moore en su natal Northampton,
donde ha residido toda su vida y donde tiene lugar gran parte de su universo ficcional,
incluyendo Jerusalem. Y es que en otros momentos de la civilización, nacer y
permanecer toda la vida en un solo punto del globo parecía lo normal; pero en nuestros
días parece una reclusión innecesaria: el mundo es grande y vasto, o al menos así nos
lo parece desde la comodidad de nuestras pantallas. Para Moore, sin embargo, el
mundo se replica en todas partes a través del concepto de eternalismo.

El eternalismo es un concepto filosófico que, a grandes rasgos, es una concepción del


tiempo como unidad inquebrantable. Según Moore, el continuo espacio-tiempo forma
una especie de "gran pelota de vidrio" donde el pasado y el futuro están
interminablemente fijos, y la vida humana es como "pequeños filamentos incrustados en
un juego gigantesco y vasto". Todo es, pues, eterno.

Northampton ha estado poblado desde la Edad de Piedra, fue sede de un emplazamiento


romano y es uno de los condados más poblados de Inglaterra; desde el siglo XX es sólo
un suburbio empobrecido, hogar de un aterrador payaso viral (no, no hablamos de
Moore), fábricas y poco más. Pero para Moore, Northampton es una especie de aleph
que resume, al igual que cualquier otro punto de la galaxia, toda la historia del universo.

Mientras camina por los barrios de Northampton, Moore ilustra su punto:

Cada persona, cada mojón de perro, cada lata de cerveza aplastada,


usualmente hay agujas hipodérmicas y condones y bolsas de mano
desgarradas por aquí también, nada se pierde. Ninguna persona, ninguna
brizna de partícula se pierde. Ningún evento. Todo está ahí por siempre. Y si
cualquier lugar es eterno, entonces el más ignaro de los barrios bajos es la
ciudad eterna [esto es: Jerusalén], ¿no es cierto? La cuádruple ciudad eterna
de William Blake. Todas estas áreas condenadas y desfavorecidas son
Jerusalén, y cada persona en ellas es un ser eterno, digno de respeto.

Anarcomagia

Alan Moore tiene una concepción muy lúcida respecto del anarquismo, y lo considera
un motor importante de su trabajo creativo. Para él, el anarquismo significa que:
no hay líderes, lo que no es licencia para hacer lo que uno quiera: de hecho,
se trata de asumir una enorme cantidad de responsabilidad, porque estás
tomando la responsabilidad de dirigir tu propia vida. Es increíblemente
liberador y poderoso, ser responsable de ella y de todo lo que ocurre en ella.
Sin mencionar, como pude haber hecho en otra vida, que la razón por la que
nunca he sido exitoso es porque vengo de un origen pobre, o de un barrio
desfavorecido. No estoy diciendo que esto no es válido para otras personas,
pero no pudo haber sido válido para mí. Mi origen y mi barrio no tuvieron
nada que ver con que tuviera éxito o no. Eso dependió completamente de mí.

Tal vez su noción de éxito deje perplejos a algunos:


después de todo, el trabajo de Moore durante los últimos
30 años ha tenido gran reconocimiento internacional, e
incluso la revista TIME consideró Watchmen como una
de las 100 novelas más importantes de la Historia. Lo que
es cierto es que Moore no ha gozado siempre de éxito comercial: su decisión de romper
con DC Comics y con la industria del cine estadounidense ha evitado que el escritor se
volviera millonario, pero a decir suyo, "Nunca lo he lamentado".

El dinero es el código de todo, ¿no es cierto? De todo lo que posiblemente


necesitaras en la vida o en la muerte. Pero hasta donde sé, no tengo precio.
No se trata de dinero. Se trata de lo que yo siento. Yo estoy a cargo de este
universo, justo como tú estás a cargo de aquel universo. Así que soy la deidad
suprema de este universo, como podría serlo cualquier otro. Y no me voy a
meter con el universo de nadie más, al menos hasta donde pueda, y no es mi
deseo hacerlo, así que más les vale que no se metan con el mío. Este es más
o menos el contrato que he establecido. Mi contrato con la realidad. Ustedes
me dejan en paz y yo los dejo en paz.

pijamasurf.com (10/24/2014)
* El artículo es del 2010
“EL MEDIO DE COMUNICACIÓN MÁS FUERTE ES LA PROSA.”
ENTREVISTA A ALAN MOORE

Por Nelly Kaprièlian

Celebrado como autor de los cómics Watchmen


y V for Vendetta, el gran Alan Moore se
pasó 10 años escribiendo su novela
Jerusalem, magnífico fresco de su ciudad,
su familia y la historia que no tiene todavía
edición en español. Encuentro con un
ser extraño.

Estrella de la contracultura inglesa, guionista


adulado de grandes historietas
como Watchmen, V for Vendetta y From
Hell, respetado porque, como no estaba de
acuerdo con que fueran adaptadas al cine, se
negó a tocar las regalías y a que su nombre
estuviera en los títulos: Alan Moore, de 63
años, es un tipo raro. Y eso se corresponde con
su condición de anarquista y libertario, no solo
en sus obras y en sus palabras (durante mucho
tiempo vivió con dos mujeres que terminaron
por largarse juntas con los hijos).

Marcado por una infancia pobre en The Boroughs, barrios obreros de Northampton,
pequeña ciudad a cincuenta minutos de Londres, de donde nunca se fue, Moore le
dedicó a su lugar de origen las dos novelas que lleva editadas. La primera, La voz del
fuego (1996), pasó inadvertida; la segunda, Jerusalem, se impuso como la obra más
ambiciosa de 2017. Un clásico instantáneo.

“Me robaron Watchmen en 1985 por un contrato complicado y retorcido entre


una sociedad hiperpoderosa y un pibe, yo, que creció sin tener agua corriente en
su casa. Por eso mi desencanto. Hoy pienso que hubiera sido mejor haber
escrito novelas y no Watchmen y V for Vendetta”.

Mezcla de autobiografía, novela fantástica y manual de historia, Jerusalem es también


filosofía, poesía, metafísica, esoterismo, misticismo… A través de la historia de una
familia y de dos hermanos, Michael (inspirado en su propio hermano) y Alma
(“claramente, soy yo en versión drag queen”), Moore hizo de The Boroughs la metáfora
del mundo entero. La locura merodea, los fantasmas aparecen, los ángeles hablan, los
seres surreales viven en los techos. Y el conjunto le permite a Moore hacer cruces
temporales vertiginosos, para poder revisar mejor la historia y mostrar que todo
concuerda perfectamente, que las causas y los efectos engendran otras causas y tejen
una multitud de historias. Compuesta por tres partes, esta obra maestra de más de mil
páginas multiplica los personajes reales (William Blake, Cromwell, Lady Di, Lucia
Joyce, la hija de James internada en el asilo de Northampton), tiene una imaginación
delirante y formas de escritura diversas (del realismo al cuento gótico para chicos), de
un capítulo escrito como Finnegans Wake a otro al estilo Beckett). Bienvenidos al
torbellino Alan Moore.
ENTREVISTA

¿Cómo empezaste Jerusalem?

Es el punto de convergencia de varios libros que tenía en mente. Quería escribir sobre el
barrio del que vengo, sobre la historia de mi familia, y también sobre una idea que cada
vez me preocupa más: el eternalismo, que cada segundo es eterno, que nuestra vida es
infinita. El problema conmigo es que tiendo a creer que inventé todo, entonces creí que
yo había inventado el eternalismo. Pero me puse a estudiar los trabajos de Einstein y de
Hawking, y descubrí que ellos hablaban de eso. Si el universo tiene al menos 4
dimensiones, quiere decir que es un bloque sólido; y si una de esas dimensiones es la
que percibimos como el paso del tiempo, significa que, en su esencia, es una
hiperdimensión sólida que mezcla tiempo y espacio, que nada se mueve, y entonces
nada cambia. En consecuencia, si todo en este universo es eterno, entonces nuestros
pensamientos, nuestras acciones, también son eternos. Y el barrio pobre en el que crecí
también es eterno. Cuando empecé, sabía que iba a ser un libro largo, ¡pero no tan
largo! También quería escribir un libro para chicos, pero cuando vi lo que produjo el
fenómeno Harry Potter –escritores para adultos escribiendo para cierto mercado–, se me
fueron las ganas.

¿Pensás en las clases sociales cuando escribís?

Siempre. Fui muy consciente de las clases cuando crecí


en The Boroughs, en una familia de clase obrera de
varias generaciones. Rápidamente comprendí que en la
literatura la mayoría de los escritores venían de clases
más acomodadas, lo que les permitía tener acceso a la
educación y no trabajar. Hoy vienen de clase media. Y
esa clase social escribe sobre la clase obrera sólo de dos
formas distintas: o los pobres están caricaturizados y
despreciados por su sentimentalismo y sus ideas de
derecha, o los presentan con lástima. Esos escritores
hasta llegan a ganar premios por sus buenos
sentimientos, sin que sus libros hayan cambiado nada en
la vida de los pobres. Pero la gente de la clase
trabajadora no ve su vida así: son los protagonistas de
su propia historia y sienten todo el abanico de
emociones humanas. La tragedia no es privativa de
reyes y reinas.

Todo tu libro gira en torno a un secreto familiar, una historia de incesto, que
descubriste tarde. ¿La base de la novela es la necesidad de reparar esa
injusticia?

Cuando mencionaban a mi prima Audrey en la familia, siempre me decían que se había


vuelto un poco rara y la habían internado. Esta locura atravesaba mi familia. Hace 15
años –todos nuestros padres estaban muertos–, mi prima Jacky me contó todo. El papá
de Audrey había abusado de ella y sus padres la habían encerrado en un asilo para que
no dijera nada. De repente, me di cuenta de que esta cascada de historias increíbles era
un libro. Los padres de Audrey fueron marginados por la familia, algo que siempre me
intrigó porque todos sabían.
“Hoy pienso que el medio de comunicación más fuerte es la prosa. Sólo con el
lenguaje podés describir todo, lo que se ve y lo que hace sentir. Un escritor
puede transportar tu consciencia a cualquier lugar. Es como la realidad virtual.”

Sin embargo, nadie impidió que Audrey fuera internada…

Me imagino que una familia de clase obrera era impotente frente a las instituciones
psiquiátricas. Era difícil para ellos sacar a alguien de allí, incluso visitarlo. De hecho, si
sos obrero, tenés más posibilidades de ser diagnosticado como esquizofrénico o
psicótico, mientras que si venís de clase media te dicen que estás cansado y te dan
Prozac. No diría que el silencio alrededor de la historia de Audrey es lo que me hizo
escribir Jerusalem, sino más bien la leyenda sobre mi bisabuelo Ginger. Todas las
familias tienen sus rincones sombríos, pero me parece que mi familia y mi barrio tenían
más de lo habitual. Cuando empecé a investigar sobre la historia de The Boroughs, me di
cuenta de que iba más allá de un barrio, e incluso de un país: era también la historia del
mundo occidental, de la industria, del libre mercado, de las cruzadas, de la guerra civil,
de las purgas de la Iglesia inglesa… Todo empezó en Northampton, y especialmente en
esos barrios.

¿The Boroughs podría ser una metáfora de nuestra época?

Sí, cada vez más. Cuando en 1971 nos obligaron a mudarnos, nos dijeron que iban a
demoler nuestra casa. Pero quedó como terreno baldío durante 40 años. Hace poco el
ayuntamiento construyó un edificio, que ellos llaman “vivienda accesible”, lo que plantea
la pregunta: ¿Accesible para quién? ¿Quién compraría una vivienda al lado de las vías del
tren? Intentan obtener ganancias pero sin pensarlo, y eso es un síntoma de esta época.

De Watchmen a V for Vendetta, toda tu obra es política, contestataria.


EnJerusalem, apuntás a la historia del mercado, de las finanzas, que destruye
muchas cosas en las ciudades y en nuestras vidas. ¿Cómo luchar contra eso?

En Jerusalem, un ángel de piedra habla del derrumbe de esas


instituciones, de la economía, de la industria, de nuestras
ideologías… Lo que yo quería mostrar es que tradicionalmente, en
Northampton, si uno nacía en una clase privilegiada no iba a The
Boroughs, porque pensaba que corría el riesgo de que lo atacaran
o robaran. En esos barrios, se sabía qué quería decir la palabra
austeridad mucho antes de la crisis financiera de 2008. Hoy se
está volviendo una condición universal. En Jerusalem, quería
usar esos lugares como un microcosmos que iba a generalizarse.

¿Pensás que el arte puede cambiar las mentalidades?

Sí, realmente. Por eso a los 40 años decidí asustar a mis amigos volviéndome mago.
Después de haber hecho esa declaración, probablemente borracho en mi cumpleaños, al
día siguiente me di cuenta de que tenía que hacerlo. El arte es magia, fue una fuerza
mayor en la sociedad, y si hoy las personas trataran el arte que hacen con respeto (y
quizás con algo de temor), como si llamaran a un demonio, tendría incluso más poder.
Pero si tratás al arte como entretenimiento, como suele suceder, puede ser una
catástrofe. Un chico de 18 años que se lanza en la música y a quien la industria le dice
que es un genio, si se la cree, corre el riesgo de que un su cadáver aparezca lleno de
heroína en la portada de un diario. Porque la consecuencia del entretenimiento es la
celebridad, y como es un fenómeno muy reciente, que apareció en el siglo XX, nadie
entiende todavía sus peligros ni cómo protegerse de ellos.

“Un chico de 18 años que se lanza en la música y a quien la industria le dice que
es un genio, si se la cree, corre el riesgo de que un su cadáver aparezca lleno de
heroína en la portada de un diario. Porque la consecuencia del entretenimiento
es la celebridad, y como es un fenómeno muy reciente, que apareció en el siglo
XX, nadie entiende todavía sus peligros ni cómo protegerse de ellos.”

Te volviste célebre con Watchmen a mediados de los 80. ¿Para vos protegerte
es quedarte a vivir en Northampton?

Cuando empecé a llamar la atención con mis libros, me dijeron: “Entonces, ¿te vas a
mudar a Londres?”. Me sorprendió. Como yo no tenía para nada la intención de ir detrás
de lo mundano y socializar, no veía el interés en irme de ahí. Cuando me volví más
famoso, me dijeron: “¿te vas a mudar a Estados Unidos?”. Eh, sí… ¿Para qué me voy a
quedar en Northampton cuando tengo la oportunidad de desarrollar una adicción a la
cocaína al borde de una pileta o cuando puedo escribir películas para Hollywood?
Tristemente, esa es la manera de pensar de mis ex colegas de la industria de la
historieta. Desde que el cine se interesó en nosotros, dejaron la historieta de lado para
dedicarse a las películas. Yo decidí dedicarme a la magia, y fue una etapa vital. Claro,
preocupó a mis amigos, pero yo no tenía otra opción. La gente pensaba que era
peligroso, pero para mí era al revés: lo peligroso era no hacer magia. La magia es
entender ese maravillloso torbellino de significaciones, es vivir la experiencia de su
humanidad. Y me ayudó con sus reflexiones.

Pero en la práctica, ¿qué es hacer magia?

Cuando tuve mi primera experiencia mágica, pensé que era un poco un problema,
porque yo soy racional. Estaba listo para aceptar el hecho de que sólo era una
alucinación. Pero durante esta primera experiencia, convoqué a una fuerza que me
pareció que era un demonio. Se puso a hablarme, me dijo que se llamaba Asmodeo. La
forma de este demonio no era un cuerpo sino ideas, lenguaje. Esa entidad sabía
matemáticas. Me pareció amable. Cuando verifiqué que estaba ahí, descubrí que era el
demonio de las matemáticas. Hay una frase de Shakespeare que dice que Asmodeo va
a llevarte sobre los techos y que vas a poder ver el interior de las casas. Me sirvió mucho
para Jerusalem. En fin, mi magia me hizo comprender mi imaginación, mientras que la
mayor parte de la gente se mantiene atrapada por fuera de la suya y pasa la vida sin
darse cuenta de nada.

Es cierto que tenés una imaginación genial. ¿Sabés de dónde viene?

Sí, perfectamente. Empezó como una compensación. Me acuerdo de que, cuando era
chico, leí y deseé unos muñecos de personajes de historietas de la vidriera de un negocio
de juguetes, pero mis papás no me los podían comprar. Entonces, cuando volvía a mi
casa agarraba mis soldaditos de plástico y hacía como que eran superhéroes: uno volaba
en el tiempo y tenía poderes chamánicos; a otro lo cubrí de plástico violeta y lo
transformé en un villano, y así… Con un poco de imaginación, creé todo un mundo. Era
mi manera de evadirme de mi vida ordinaria. Si hubiera tenido acceso a todo, como los
chicos hoy, me habría vuelto el receptáculo pasivo de ideas de otros y no el generador
de las propias.

¿Por qué solo escribiste dos novelas?


Es inútil lamentarse en un universo en el que no tenemos libre albedrío. A veces me digo
que hubiera tenido que empezar a escribir libros y no historietas. Pero quizás digo eso
por la mala experiencia que tuve con la industria, que me quitó mis derechos sobre mis
historietas que tuvieron más éxito: Watchmen, V for Vendetta o Batman; es decir,
las que escribí para DC Comics. Tendrías que leer el libro de Jarett Kobek, I Hate the
Internet: habla de cómo las compañías de Internet han puesto a todo el mundo en la
misma posición que los empleados de las empresas de historietas. Marvel ganó 7 mil
millones de dólares a costa de Jack Kirby, un pequeño obrero judío de Brooklyn con una
imaginación muy loca, que fue a Europa a pelearse con los nazis, que creó los Fantastic
Four, The Avengers, The X-Men, Iron Man, Ant Man… No vio un peso. Kobek señala que
es el primer gran robo a un ser humano por parte de una industria. Habla
de Watchmen, que me la robaron en 1985 por un contrato complicado y retorcido entre
una sociedad hiperpoderosa y un pibe, yo, que creció sin tener agua corriente en su
casa. Por eso mi desencanto. Hoy pienso que hubiera sido mejor haber escrito novelas y
no Watchmen y V for Vendetta.

“Desde los años 90 sólo repetimos lo que ya fue hecho en el pasado. Como si
nos aterrorizara la idea de abrazar el futuro y el nuevo siglo, lo único que
hacemos es reciclar las franquicias del siglo XX, en el pop, en el cine, etcétera.
Es lo que sucede cuando no hay contracultura. Y cuando hay un vacío cultural,
un tirano, o incluso un monstruo, puede aparecer.”

¿Empezaste a escribir novelas porque escribir historietas es frustrante?

No me sentí frustrado. Si no hubiera trabajado tanto tiempo con


historietas, Jerusalem no hubiera sido tan visual. Cuando trabajo, lo hago sobre lo que
no fue hecho, sobre lo que le falta. Es lo que hice con las historietas y la magia: abordar
un medio de comunicación en su particularidad. Por eso siempre me negué a ver las
películas Watchmen y V for Vendetta. Pensé esos guiones para historietas: los
primeros planos de Watchmen solo se pueden hacer en historietas. Hoy pienso que el
medio de comunicación más fuerte es la prosa. Sólo con el lenguaje podés describir todo,
lo que se ve y lo que hace sentir. Un escritor puede transportar tu consciencia a
cualquier lugar. Es como la realidad virtual.

Jerusalem es un poco una performance en la que mostrás todo lo que podés


hacer con la prosa…

Un crítico dijo que yo era el fanfarrón más amable. Eso es porque mi hermano Michael
era más lindo que yo, no tenía mis ojos maléficos. Mis capacidades variadas son
consecuencia del hecho de que quería decirle a mi mamá: “Mamá, mirame”.

¿Qué pensás del Brexit?

Primero, estaba en shock, pero ahora empiezo a verle el lado bueno, sobre todo después
de los resultados de las elecciones en Francia y las últimas elecciones en Inglaterra,
cuando los jóvenes salieron en masa a votar a Corbyn. Temíamos que la política de
derecha tomara poder en el mundo, pero hoy parece estar en retirada. Creo que si
hubiera otro referéndum sobre el Brexit hoy, el voto sería otro. Soy anarquista, así que
no voto. Creo en la acción política directa. O en el arte.

¿Todavía es posible una contracultura?


Sí, y es necesaria. La contracultura es un órgano de la cultura por medio del cual ésta se
renueva. Los gobiernos piensan que la contracultura trae demasiados problemas y
siempre quieren deshacerse de ella, pero sin ella la cultura moriría. De hecho, se puede
ver desde los años 90: sólo repetimos lo que ya fue hecho en el pasado. Como si nos
aterrorizara la idea de abrazar el futuro y el nuevo siglo, lo único que hacemos es reciclar
las franquicias del siglo XX, en el pop, en el cine, etcétera. Es lo que sucede cuando no
hay contracultura. Y cuando hay un vacío cultural, un tirano, o incluso un monstruo,
puede aparecer.

“Con un poco de imaginación, creé todo un mundo. Era mi manera de evadirme


de mi vida ordinaria. Si hubiera tenido acceso a todo, como los chicos hoy, me
habría vuelto el receptáculo pasivo de ideas de otros y no el generador de las
propias.”

¿Cómo ves la política?

Creo que deberíamos tener un mundo sin líderes políticos, ya que pienso que no son
necesarios, que no nos ayudan. Al contrario… Apenas necesitamos una administración
competente, no personas que nos digan qué hacer, ya que una democracia no es eso.
Una democracia quiere decir que la gente dirige. Pero es necesario que la gente esté bien
informada, no solo leyendo los títulos de ciertos sitios web. El problema es que hoy todo
es plataforma. Y los artistas solo son vistos como generadores de contenidos de esas
plataformas.