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HISTORIA DEL DINERO

por Jozsef Robert


HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

INDICE
Página

CAPITULO PRIMERO

ORIGEN DEL DINERO 4


Trueque mudo 4
¿Dónde comienza el intercambio de mercancías? 6
¿Qué es mercancía? 9
¿Cómo se determina el valor de la mercancía? 10
Una mercancía original 11
Pieles, lanzas, conchas 14
“La carrera” del oro 16
Origen de la moneda acuñada 18

CAPITULO SEGUNDO

¿ORO O PAPEL? 20
¿Dinero cómodo? 20
Los papelillos de John 22
Planes aventureros para la salvación del mundo 25
El secreto del papel moneda 30
Papel y oro 34

CAPITULO TERCERO

EN BUSQUEDA DEL DINERO 36


“Los precios son establecidos por Dios” 36
Por los senderos del comercio 40
Usureros, banqueros 42
En el umbral de los nuevos tiempos 46

CAPITULO CUARTO

EL PODER DEL DINERO 49


¿Puede el dinero engendrar más dinero? 49
La fuerza de trabajo como mercancía 51
¿Cómo se enriquece el capitalista? 53
Apetito canino 56
Magnates de las finanzas 58
Reyes de reyes 60

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

La lucha por el reparto de las colonias 66

CAPITULO QUINTO

¿ES POSIBLE VIVIR SIN DINERO? 70


Derrocamiento del dinero de su trono 70
Los sueños se convierten en realidad 72
¿Es eterno el dinero? 73
La muerte del dinero 74

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

NOTA PRELIMINAR

Dólar, libra esterlina, marco, peso, yen, corona, zloty, leu, franco, libra, etc., etc. ¡Dinero, dinero y
más dinero! ¿Oro? ¿Plata? No, nada de esto. Simplemente papeles, ora estropeados y sucios, ora
frescos y crujientes, o discos deslustrados de aluminio o níquel.

En la heladería, a cambio de un pequeño disco niquelado en el cual este escrito “50 centavos”, es
posible recibir un delicioso helado. También, por unos cuantos papeles multicolores en el comercio
le darán a usted una muñeca pizpireta de ojos azules y cabellos estropajosos, un balón de futbol o
una bicicleta. El panadero le dará pan, el carnicero, carne y el zapatero un par de zapatos cuando
menos. Y encima le dirán a usted “muchas gracias”. A cambio de un pedazo de papel, ellos están
dispuestos a darle a usted cosas a cual más bonitas y útiles, y no se dan por estafados en la
transacción. Pero es más: se sienten afligidos cuando la mercancía se les queda en los aparadores
o cuando perciben por ella poco dinero. La razón de esto reside, en que el zapatero no trabaja para
darse el gusto de hacer crujir en sus bolsillos los billetes de banco obtenidos a cambio de los
zapatos, o para hacer tintinear los disquillos de marras, sino para “vivir” con este dinero.

¿Qué es el dinero, estas cosas menudas y singulares de las cuales depende la suerte, el futuro y,
con no poca frecuencia, la felicidad de los hombres? ¿Quién le dio al dinero tal poder? ¿De qué
propiedad maravillosa está dotado, que en aras de ella, millones de hombres entregan los mejores
frutos de su penoso trabajo? ¿Por qué el dinero da poder a quienes lo acumulan en sus arcas?
¿Sera posible concebir el día en que el poder del dinero e inclusive el mismo dinero desaparezca?
Es posible, naturalmente. Solo hace falta derrocarlo de su trono, donde se siente omnipotente y
reducirlo a la inutilidad.

Desde cuándo, cómo y por qué domina el dinero, y si es posible vivir sin él, son cuestiones a las
que trataremos de dar respuestas en este pequeño libro.

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HISTORIA DEL DINERO
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CAPITULO PRIMERO

ORIGEN DEL DINERO

Trueque mudo

En uno de los claros y soleados días de la primavera de 1947, una expedición muy bien equipada se
puso en marcha con destino a las selvas del Brasil Central, donde se hallan las tierras de la tribu
indígena de los xavantes.

Acerca de esta tribu excepcionalmente guerrera, era muy poco lo que sabía el mundo civilizado,
inclusive a mediados del siglo XX.

Esto se debía a que los jefes de la tribu de los xavantes se habían cuidado de conservar y difundir
una antigua creencia que se sostenía, que si su tierra era hollada por el pie de un blanco, toda la
tribu sucumbiría irremediablemente. De ahí que los xavantes en el transcurso de varios siglos,
auxiliados con armas primitivas, opusieron tenaz resistencia al empuje colonizador de los
europeos, con lo cual obstaculizaron la tarea “civilizadora”. Así tenemos, que no obstante los
esfuerzos del mundo civilizado, a esta tribu le cupo la suerte de conservar sus antiguas costumbres y
su organización tribal, conservando casi en estado virgen las relaciones propias de la sociedad
humana primitiva.

Precisamente esta circunstancia despertó el interés del sabio italiano Metarosso, jefe de la
expedición. Él tenía la esperanza de que su expedición lograra hacer amistad con los xavantes,
estudiar sus costumbres, forma de vida, y de esta manera enriquecer las investigaciones históricas
sobre las sociedades primitivas con nuevos hechos científicos.

La expedición de Metarosso dio comienzo al cumplimiento de su tarea, pertrechada con un


excelente equipo de investigadores y un plan excepcionalmente ingenioso. El enorme transatlántico
de la expedición anclo a una considerable distancia del litoral; luego fue bajado un bote en el que
tomaron asiento los miembros de la tripulación, no llevando consigo más que algunas baratijas de
uso doméstico, que, según opinión de la tripulación, podían ser de utilidad para los moradores de la
jungla del Brasil Central: utensilios de cocina, abigarradas telas de algodón, collares multicolores,
etc. El bote se dirigió hacia un lugar inhabitado de la costa. Cuando ya se aproximaban, los
ocupantes de la pequeña embarcación comenzaron a hablar animada y ruidosamente, se enseñaban
mutuamente los abalorios y bromeaban, haciendo todo lo posible por destacar sus fines pacíficos.
Poco más tarde, dejaban sobre los peñascos de la costa, en lugar despejado, las cosas traídas, y sin
dificultad alguna regresaban al barco.

A los dos días, atisbando la costa a través del catalejo, los marinos advirtieron, que los objetos allí
dejados habían desaparecido. Al tercer día, en lugar de ellos, sobre la roca desnuda aparecieron
otros objetos. El bote inmediatamente se puso en marcha hacia la costa. Resulto, que las baratijas
dejadas allí tres días atrás habían sido tomadas por los indios y en su lugar habían depositado

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HISTORIA DEL DINERO
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objetos de uso corriente entre ellos: frutos silvestres, armas, etc., en cantidad que, al parecer habían
juzgado equivalente a las mercancías dejadas por la expedición.

Al otro día la pequeña embarcación llevaba hacia la costa nuevos artículos, en lugar de los cuales, a
la mañana siguiente, encontraron otros objetos dejados por los indios. Entre la expedición y la tribu
–a mediados del siglo XX- se había establecido el así llamado trueque mudo, una de las formas
más antiguas de las relaciones pacíficas de cambio entre diferentes hordas y grupos humanos en la
sociedad primitiva. En este caso, sin embargo, solamente de un lado se encontraban hombres que
aún vivían en un régimen comunal primitivo, los indios de la tribu de los xavantes. Sus socios, por
el contrario, eran representantes de la sociedad contemporánea de producción mercantil. El feliz
desenvolvimiento del “trueque mudo”, fue el comienzo de la aproximación entre los miembros de la
expedición y los xavantes, y más tarde la clave del éxito total de la expedición.

Metarosso tomó la idea para la organización de esta expedición, de las siguientes líneas, escritas
por Heródoto, llamado el “Padre de la Historia” (hacia 484-425 a. de N.E.):

“Los cartagineses aseguran, que acaso en Libia o en alguna parte tras las columnas de Hércules 1,
existe un lugar en donde viven hombres con estas costumbres: si les traen mercancía, es preciso
colocar en orden estas mercancías en la ribera, regresar a la nave y desde allí lanzar señales de
humo. Los aborígenes al advertir el humo se llegan a la orilla del mar, colocan al lado de las
mercancías el oro destinado por ellos para su pago y se van.

Al punto, los cartagineses vuelven a la costa, tasan el oro dejado por los aborígenes, y si lo
consideran suficiente para el pago de sus mercancías, lo llevan a la nave y se hacen a la mar. Si el
oro es poco, regresan a la nave y siguen esperando. Entonces los aborígenes se llegan nuevamente a
la ribera y añaden a la cantidad inicial de oro, otra suplementaria, y así hasta que los mercaderes
cartagineses queden satisfechos. Ninguna de las partes se permite injusticia alguna en relación con
la otra. Los cartagineses no toman el oro, hasta que no juzgan su cantidad aceptable en relación con
sus mercancías, y los aborígenes no tocan las mercancías, hasta que los cartagineses no se llevan el
oro”.

1 Estrecho de Gibraltar (N. del A.)

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HISTORIA DEL DINERO
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¿Dónde comienza el intercambio de mercancías?

Los resultados de la expedición de Metarosso vinieron a confirmar de manera brillantísima las


posiciones teóricas de la economía científica, acerca de que en los albores de la sociedad humana,
en el transcurso de decenas de miles de años, el dinero fue una noción absolutamente desconocida.
El hombre de la sociedad comunista primitiva vivió y se desarrolló sin tener la menor idea acerca
del dinero.

Esto significa, que el dinero no es eterno. Apareció en un periodo determinado de la historia,


cuando su intermediación fue necesaria para el desarrollo de la sociedad, y de la misma manera
desaparecerá cuando esta necesidad haya perdido su valor histórico.

Pero volvamos a nuestros indios xavantes. Las investigaciones realizadas por la expedición
demostraron, que su organización social es el arquetipo de las relaciones comunales primitivas. Sus
armas y medios de producción –la flecha, la lanza, el cuchillo, el hacha, la canoa, etc.- son
primitivos, rudimentarios. Por esta circunstancia, precisamente, el trabajo colectivo es para ellos
una necesidad imperiosa, como único medio para poder hacer frente con relativo éxito a las fuerzas
desencadenadas de la naturaleza. Por consiguiente, trabajan conjuntamente, y los medios de
producción son, naturalmente, de propiedad común: la tierra, en la cual cazan y recogen la cosecha,
las canoas y las redes para la pesca. Lo obtenido con el trabajo colectivo se distribuye
equitativamente entre los miembros de la tribu, es decir, trabajan para conseguir los bienes
indispensables, que les aseguren la subsistencia a los miembros de la comunidad.

Desde luego, que en tales condiciones, sería un absurdo hablar acerca del intercambio de
mercancías o de la existencia del dinero en tal comunidad. El producto del trabajo colectivo
pertenece a todos y su distribución se efectúa directamente entre los miembros de la tribu. Al mismo
tiempo, cada uno recibe justamente lo que necesita para subsistir.

En consecuencia, el intercambio de mercancías comienza allí donde termina la comunidad: en los


puntos de contacto con otras comunidades, por ejemplo en el momento del contacto de los xavantes
con la expedición de Metarosso o de los mercaderes cartagineses con las tribus africanas. Este tipo
de intercambio que tuvo lugar en los albores del desarrollo humano, tiene un carácter casual. En la
mayoría de los casos se produce como consecuencia de los rasgos específicos del medio natural en
que habita cada una de las diferentes comunidades. Las materias que tenían igual importancia para
todas las hordas, como por ejemplo la sal, algunas clases de frutos y animales y ciertas piedras y
maderas que se empleaban en la fabricación de armas, se encontraban solamente en el territorio de
esta o aquella horda, de tal manera que las restantes solo podían obtenerlas a través del trueque. Por
consiguiente, el trueque tuvo ocurrencia en primer lugar entre comunidades, es decir, entre
pequeñas colectividades.

No obstante, para que el trueque fuera posible era necesario que se dieran ciertas premisas,
verbigracia, que algunas comunidades produjeran ciertas cosas a cambio de las cuales y en vista de
su utilidad, otras comunidades estuviesen dispuestas a dar una parte del excedente de lo producido
por ellas. De esta manera, tuvo comienzo la producción destinada al trueque sistemático.

En el curso de este proceso, la comunidad adquirió una gran pericia en la fabricación de ciertos
productos, la producción se desarrolló, se perfeccionaron los instrumentos de trabajo, el hombre se
enriqueció con nuevas y múltiples experiencias, y la colectividad fue elevando consecuencialmente
su nivel de vida.

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HISTORIA DEL DINERO
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Con el tiempo, algunas tribus de las hordas se destacaron en el laboreo de la tierra, y otras en el
pastoreo de ganados. Esta fue la primera gran división social del trabajo, que aconteció cuando
diferentes colectividades (y más tarde ciertos individuos) se dedicaron a determinadas actividades
en el campo de la producción. Si antes, todos los productos elaborados por la comunidad eran
consumidos por ella misma, ahora en las tribus ganaderas, por ejemplo, apareció un excedente de
cueros, lanas, etc., pero al mismo tiempo tuvieron necesidad de los productos de la tierra. En las
tribus agrícolas, por el contrario, apareció un excedente de grano, pero carecían de los productos
propios de la ganadería.

Más tarde, comenzaron a desarrollarse los oficios: tejeduría, herrería, alfarería, etc. Gradualmente,
las personas que practicaban algún oficio –oficiales- se fueron separando de la comunidad. Es
entonces, cuando tiene ocurrencia la segunda gran división social del trabajo: los oficios se
desarticulan de la economía rural. De esta manera, la esfera del intercambio de mercancías se
amplió considerablemente.

Al comienzo el intercambio era realizado por los jefes de las tribus o los ancianos del clan. Ellos
representaban a la comunidad en las transacciones bajo la forma de trueque. Todo aquello que
cambiaban era de propiedad de la comunidad.

Pero con el ahondamiento llevado a cabo en la división del trabajo y el desarrollo logrado en la
producción, como también con el perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, se hizo
posible el empleo de un menor número de personas para el cumplimiento de las faenas de la
comunidad. Una familia, por ejemplo, podía labrar una parcela o cuidar y mantener un rebaño, o
atender el trabajo de un taller. El trabajo colectivo cedió el puesto al trabajo individual, la propiedad
social comenzó a transformarse en propiedad privada, y el intercambio de mercancía paso
gradualmente a manos de los jefes de familia. Es entonces cuando tiene comienzo la
descomposición del régimen comunal primitivo. Aquellas familias, cuyos miembros tenían en su
poder parcelas más fértiles u ocupaban en la comunidad la dignidad de jefes, militares o sacerdotes,
aprovechaban su posición para su enriquecimiento personal. Se apoderaron entonces, de una parte
considerable de la propiedad social y de los medios de producción, a consecuencia de lo cual la
mayoría de los miembros de la comunidad, quedaron, al fin y a la postre, sumidos en la indigencia,
pues eliminada la propiedad social, no adquirieron propiedad privada.

El enriquecimiento, sin embargo, fue más rápido para aquellos que traían esclavos como producto
de las campañas militares. Además, los ricos reducían a la esclavitud no solo a los prisioneros de
guerra, sino también a sus paisanos, empobrecidos y endeudados. Como ahora con su trabajo el
hombre podía producir mayor cantidad de bienes que los que necesitaba para su manutención,
entonces era posible apropiarse de este sobrante, amén de que prevalidos en los privilegios
otorgados por el poder económico, los ricos forzaban a los venidos a menos económicamente a
trabajar cada vez más. La pasada igualdad, la propiedad del régimen común y el trabajo colectivo
habían desaparecido. En lugar del régimen comunal había hecho su aparición la sociedad esclavista,
en la cual se oponían por primera vez dos clases fundamentales: la de los esclavistas y la de los
esclavos. Desde entonces data la época de las sociedades clasistas. La historia de esta época es la
historia de la lucha de clases –que se extiende incluso hasta la creación de la sociedad socialista-, y
al mismo tiempo la historia del surgimiento y desarrollo del dinero.

Sin embargo, en este periodo el dinero aún no había hecho su aparición: los diferentes productos
elaborados especialmente para el intercambio se trocaban no por dinero sino por otros productos

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elaborados también exclusivamente para ser cambiados. Por lo tanto, un artículo (mercancía) se
permutaba por otro (Mercancía por Mercancía: M – M).

En nuestro ejemplo, entre los miembros de la expedición de Metarosso y los indios xavantes, tuvo
lugar el proceso del trueque de mercancías. La expedición dio a los indios artículos de gran utilidad
para ellos, producidos con este fin, y los indios a su turno, dieron a la expedición artículos, que
según su opinión, eran de utilidad para la tripulación, y que habían sido producidos también con
este fin.

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¿Qué es mercancía?

Desde el punto de vista del origen del dinero, mercancía es una noción esencial. Por tal
comprendemos, un producto de utilidad, que sirve para satisfacer necesidades humanas, producido
para la venta o intercambio, no para el uso del productor.

A aquella propiedad de la mercancía, que puede aprovecharse para satisfacer necesidades humanas,
se llama valor de consumo o de uso. Por ejemplo, el valor de consumo de la comida está en que
sirve para mitigar el hambre; el del abrigo, en que nos protege del frio; el del balón, en que sirve
para jugar; el de la maquinaria, en que con su ayuda se puede llevar a efecto la producción de
mercancías. Si un producto cualquiera no posee valor de consumo, es decir, si no satisface ninguna
necesidad humana, no puede ser mercancía, naturalmente. ¿Quién compra algo innecesario, sin
utilidad (valor de uso)?

Mercancía, empero, no es solo un objeto útil sino también un objeto que puede ser cambiado. Por
ejemplo, un vestido puede ser cambiado por dos pares de zapatos; un compás, por doce lápices de
colores; una goma de borrar, por dos panes, etc. La proporción en que un valor de consumo se
cambia por otro, se llama valor de cambio de la mercancía.

Al punto surge la siguiente pregunta: ¿en razón de que se efectúa el intercambio de dos artículos?
Quizás se compara la utilidad de los artículos, es decir, ¿su valor de consumo? De ninguna manera.
¿Cómo podríamos comparar la utilidad de una goma de borrar con la de un pan, cuando con la
primera podemos hacer desaparecer lo escrito sobre el papel, y con el segundo calmar el hambre?
La utilidad de los artículos es aquella propiedad que los diferencia unos de otros; precisamente esta
es la razón por la cual efectuamos el cambio, porque cada uno de nosotros tenemos necesidad de
diferentes objetos. El dueño del vestido necesita los zapatos y viceversa, el que posee los zapatos
tiene necesidad del vestido. Para diferentes personas la utilidad de un mismo artículo es también
diferente, a consecuencia de lo cual la utilidad no puede ser base para la comparación. Al comparar
dos cosas, debemos buscar en ellas algo común.

Si queremos determinar la cantidad de mercancías que debemos dar a cambio del artículo que
necesitamos, es preciso comparar aquello común, inherente a todos los objetos de comercio. Que es
aquello inherente a todos los objetos de comercio y que admite la mensuración? Sin excepción
alguna, todos los artículos son el producto del trabajo humano (¿?). Como productos del trabajo son
iguales, consistiendo su única diferencia en la cantidad de trabajo que ha sido necesario incorporar
en este o aquel producto.

Si por un vestido dan dos pares de zapatos, esto indica que en el primero se ha invertido tanto
trabajo como el invertido para la confección de dos pares de zapatos. La propiedad de la mercancía
para incorporar trabajo humano se llama valor de la mercancía.

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HISTORIA DEL DINERO
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¿Cómo se determina el valor de la mercancía?

Como el valor de la mercancía es creado por el trabajo, es posible medir la magnitud de este valor a
través de la cantidad de trabajo, del tiempo socialmente útil que ha sido necesario emplear en su
producción.

La mercancía, consiguientemente, puede ser de mayor o menor valor en función de la mayor o


menor cantidad de trabajo invertido en ella. Claro, que si Pedro trabaja diez veces más que Pablo
para fabricar exactamente los mismos zapatos, esto no significa en absoluto, que los zapatos de
Pedro valgan diez veces más. El hecho de que en la confección de artículos iguales se gaste
cantidades de tiempo diferentes, solo evidencia que Pedro y Pablo no poseen igual diligencia ni
habilidad o que los instrumentos empleados no son de la misma calidad. En consecuencia, no se
debe medir la magnitud del valor de la mercancía teniendo en cuenta el tiempo empleado por
productores aislados, ya que en ese caso el valor de artículos iguales podría ser diferente. En la
realidad artículos iguales tienen igual valor, así pues que es poco probable encontrar a algún
voluntario que desee pagar a Pedro por sus zapatos más de su valor, solo porque él trabajó en su
confección más tiempo que Pablo.

Pero, ¿cómo es posible que el valor de artículos iguales, en cuya producción se han invertido
cantidades de tiempo diferentes, sea igual? Sucede, que la magnitud del valor de artículos iguales
se establece teniendo en cuenta el promedio de las horas de trabajo empleado por los productores –
todos los productores que elaboran el mismo artículo-, es decir, la cantidad de tiempo hábil
necesario, por término medio, para la elaboración de un producto dado.

Pero, ¿acaso alguna vez han escuchado ustedes, que un par de zapatos valga 15 horas de trabajo?
No, ya que el valor del artículo no se puede expresar directamente en horas de trabajo. No se
puede, aunque solo sea, porque un productor no sabe, cuánto tiempo gasto otro productor en la
fabricación del mismo artículo. El valor de un artículo se puede expresar solo a través de la
comparación con otro artículo. En el ejemplo anotado arriba, esto resulta de la siguiente manera: 1
vestido = dos pares de zapatos, o un vestido = $400,00; de donde 1 par de zapatos = $200,00.

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Una mercancía original

Los indios de la tribu de los xavantes efectuaron el intercambio con la expedición de Metarosso de
esta manera:

1 Pieza de percal = 100 cocos


1 Collar = 2 lanzas

En cierta época, hace mucho tiempo, miles y miles de años atrás, esta era la forma corriente de
expresar el valor. Esta forma del valor se la conoce con los nombres de simple, individual o casual.

A lo largo del periodo histórico en que predomino esta forma del valor, un producto era cambiado
directamente por otro. Decían por ejemplo, que

1 oveja = 50 kilogramos de trigo

Así tenemos, que el valor de una oveja era expresado en trigo. ¿Cómo puede el trigo expresar el
valor de una oveja? Ya sabemos, que en la creación de estas dos mercancías se hizo una inversión
de trabajo. Cincuenta kilogramos de trigo se igualaban a una oveja, precisamente porque se suponía
que la producción de 50 kilogramos de trigo demandaba tanto trabajo, como el que se necesitaba
para la cría de una oveja.

No obstante, con el desarrollo de la producción, la división del trabajo y el incremento del trueque,
esta forma de valor ya no respondía adecuadamente a las condiciones de vida. Imagínense, por
ejemplo, el siguiente caso: usted quiere cambiar una oveja, pero por otro lado, usted no necesita
trigo sino sal o una lanza. Sin embargo, el valor de la oveja solo puede ser comparado con el valor
de un artículo determinado, por ejemplo el trigo.

¡Cuán fácil sería el trueque, si el valor de un artículo dado pudiera ser comparado con el de muchos
otros artículos y no con el de uno solo!

Por ejemplo, si pudieran compararse los artículos de la siguiente manera:

= 10 hachas
= 5 sacos de grano
1 cabeza de ganado vacuno ← = 20 lanzas
= 10 flechas
= 8 cestas de sal

Al fin y a la postre se fue desarrollando también esta forma de valor, cuya particularidad consistía
en que el valor de un artículo determinado, fabricado exclusivamente para efectos del cambio,
gradual y sistemáticamente se fue expresando a través de una gran diversidad de artículos. Empero,
al mismo tiempo se conservó el trueque inmediato de productos, lo que vino a ser la falla
fundamental de esta forma de valor. El que deseaba permutar un artículo se veía precisado a buscar
a la persona que deseara adquirir precisamente este artículo y diera en cambio otro que a su vez
fuera requerido por el primero.

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Un conocido investigador africanista, describe de la siguiente manera las dificultades propias de


esta forma de trueque: “Para efectos de la excursión que había programado por el lago de
Tanganyika, tenía necesidad de un bote. Al principio quise tomarlo en alquiler en la tienda de Cide
ibn-Habib, pero el exigía en calidad de pago cierta cantidad de marfil que yo no poseía;
afortunadamente tenía noticias acerca de que Mohammed ben Zalib poseía tan preciada substancia
ósea. Empero, resultó que el provecho de esta información fue harto menguado, ya que Mohammed
deseaba obtener en cambio tejidos de algodón, de los cuales yo carecía. Pero aquí mismo supe, que
Mohammed ibn-Harib tenía telas de algodón y que deseaba cambiarlas por alambre. Para fortuna
mía, yo tenía una buena cantidad de alambre. Así pues, hice entrega de la cantidad correspondiente
de alambre a Mohammed ibn-Harib, Mohammed iben-Harib al punto entregó a Mohammed ben
Zalib las telas de algodón, y éste, a su turno, entregó a Cide ibn-Habib la correspondiente cantidad
de marfil, lo cual, por fin, me permitió tomar el bote”.

Con el desarrollo de la producción mercantil el cambio directo se tornó cada vez más complicado y
difícil. Para la realización del trueque fue, entonces, preciso encontrar cierto artículo, a cambio del
cual fuera posible obtener cualquier otro. Este artículo debería encontrarse siempre en el mercado, y
cualquiera debería estar dispuesto a aceptarlo.

De la gran cantidad de artículos, en consecuencia, se señalaría uno, por ejemplo, el ganado vacuno,
en relación con el cual se cambiarían todos los demás. Esta forma de valor se conoce con el nombre
de valor general o equivalencial.

10 hachas
5 sacos de trigo
20 lanzas → 1 cabeza de ganado vacuno
10 flechas
8 cestas de sal

A primera vista solo había ocurrido un cambio de lugar entre los dos miembros de la ecuación, y
por las matemáticas sabemos, que la trasposición de los dos miembros de una ecuación a ambos
lados del signo de igualdad no conlleva ninguna modificación. ¡Pero esto es solo en matemáticas!
Otra cosa muy distinta ocurre en economía. En este caso, el cambio de lugar de los miembros de la
ecuación provocó una considerable modificación: el cambio directo de los artículos llego a su fin.
Ahora un artículo único expresa el valor de todos los demás artículos, y cualquiera hace entrega de
sus mercancías a cambio de este artículo, que viene a ser algo así como un “equivalente universal”2.
Por intermedio de este equivalente universal es posible adquirir los objetos necesarios más diversos.

Con el tiempo, cuando este papel en el transcurso de muchos años fue cumplido por un artículo
único, surgió la forma dinero del valor.

10 hachas
5 sacos de trigo
20 lanzas → X unidades de la mercancía dinero
10 flechas
8 cestas de sal
1 cabeza de ganado vacuno

2 Marx lo denomina “equivalente general”. (N del T.)

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HISTORIA DEL DINERO
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Como resultado de un prolongado desarrollo histórico de las formas de cambio y de valor, surgió,
consiguientemente, un artículo específico: el dinero. Desde entonces el mundo de las mercancías se
dividió en dos partes. En un lado se encuentran todos los artículos corrientes, en el otro, una
mercancía específica, que hace el papel de equivalente universal.

Ahora el valor de todas las mercancías se expresa a través del articulo-dinero, que viene a ser la
personificación del valor. Con él se puede pagar cualquier artículo y satisfacer de esta manera todas
las necesidades materiales.

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HISTORIA DEL DINERO
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Pieles, lanzas, conchas…

En periodos históricos diferentes, y debido a las características de la producción de cada país, el


papel del dinero lo vinieron cumpliendo diferentes artículos.

En la antigüedad, las tribus de los Ugros, por ejemplo, que poblaron los territorios de la actual
Hungría, utilizaron las pieles en calidad de dinero. Acerca de esto, testimonian algunas palabras
ugras conservadas en el húngaro actual, y que se relacionan con las nociones de mujer y
matrimonio. Las palabras “nuera”, “nupcias” y otras resultaron inscritas en un mismo círculo de
ideas debido a que el valor de compra de una mujer era saldado con piel de comadreja 3.

En escritos antiquísimos que cuentan con una antigüedad de más de mil años, se lee acerca de las
costumbres nupciales de los antiguos húngaros. En ellos se menciona, que “el padre de la joven
enseña al pretendiente toda su hacienda: cuantas pieles de comadreja tiene, cuantas de marta,
cuantas de Chinchilla, de cebellina, cuantos vestidos de cuero… de piel…”. De lo anterior se
deduce, que los húngaros, al igual que sus vecinos los eslavos, consideraban a los cueros y pieles de
animales como valores constantes. Cueros y pieles constituyeron para ellos la primera forma de
dinero.

No obstante, en el siglo XI y más tarde durante el transcurso de varios siglos, el papel de dinero lo
cumplió el ganado vacuno. Acerca de esto testimonian los antiquísimos cantos de los rapsodas, y,
más tarde, los monumentos literarios.

Cuando los antiguos magiares querían decir de alguien que era rico, entonces decían: “tiene mucho
ganado”.

En el idioma húngaro, durante muchos años, se empleó la expresión “el ganado es oro”, lo cual es
testimonio de aquella época en que aun el dinero andaba en cuatro patas.

En la antigua Roma también se empleó el ganado vacuno en calidad de dinero. En latín la palabra
“pecus” significa ganado y “pecunia” dinero. Es más, ya Homero (2.700 – 2.800 años atrás) en sus
cantos épicos menciona al ganado en calidad de dinero.

En la isla de Sumatra empleaban en calidad de dinero anillas de cobre rojo o amarillo. En la de


Ponapi (islas Carolinas) se usó, por ejemplo, petates, pulseras, gargantillas, ballenas, chucherías
brillantes elaboradas con madreperlas, diversas conchas, etc. En las Islas de Micronesia se emplean
(aun hoy, con mucha frecuencia) brazaletes, sartas de conchas, petates y piedras planas circulares,
parecidas a muelas de molino con un diámetro que va de los 5 centímetros hasta los cuatro metros y
con un peso de cincuenta gramos hasta una tonelada. En la vecina Melanesia se emplean sartas de
dientes y colmillos de perro, dientes de canguro, de cerdo y delfín y plumas de papagayo,
enhebradas en un cordón de 7 a 8 metros de largo.

En algunos lugares de América el haba de cacao, guardada en pequeños sacos, hizo el papel de
dinero. En las costas, entre los pescadores, especialmente en África, es muy difundido el uso de

3 En húngaro estas palabras tienen un sonido similarMeny nuera


Menyegzo nupcias
Menyetprem piel de comadreja (N.del T.R.)

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

ciertas conchitas menudas y brillantes con puntos blancos y visos rosados, llamadas cauris.
Hallarlas representa un enorme trabajo, bien que en estas regiones llego a ser adorno muy común.

En Norteamérica, antes de la aparición del dólar, inclusive los colonos europeos, durante mucho
tiempo, emplearon en calidad de dinero las conchitas cauris, que ellos cosían a cinturones de
cuero. Es interesante anotar, que consumidos por el deseo de enriquecimiento, los colonizadores
europeos intentaron falsificarlas. Sin embargo, las hicieron muy delgadas y las pulieron hasta tal
punto que la población indígena no tuvo dificultad alguna en reconocer el engaño.

Así pues, hemos visto, que como regla general, en calidad de dinero se emplearon los objetos más
usuales, más comunes y de más fácil cambio, cuyo valor se consideraba constante. El desarrollo de
los oficios, fue convirtiendo en dinero nuevos y nuevos objetos. Es casi imposible enumerar la
cantidad infinita de artículos que en cierto tiempo se empleó en calidad de dinero . Dinero fueron las
hachas, los anzuelos, los tejidos, diversas pieles y cueros, cuchillos, espadas, lanzas, puntas de
flechas, picas, piezas de vestir, barras metálicas, alambres, etc., etc., etc.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

“La carrera” del oro

Entre los objetos del comercio que cumplieron el papel de dinero, los metales gozaron de mayor
aceptación, pues en virtud de sus propiedades naturales eran los más aptos para ser usados en
calidad de dinero. Antes que otros metales, el hombre conoció el cobre, el oro y la plata. En el
transcurso de un periodo histórico muy prolongado, el oro no alcanzo la dignidad de dinero, debido
a que su extracción exigía un trabajo ingente y además se encontraba en manos de muy pocas
personas. Por esta razón, en Roma, por ejemplo, emplearon pequeñas barras de cobre no acuñadas y
valoradas según el peso. Más tarde aparecieron con el peso marcado, lo cual vino a ser el comienzo
del dinero acuñado y contrastado.

Pasado algún tiempo, se empezó a emplear la plata y, más tarde, durante el imperio Romano, el oro.
Su propagación fue extraordinariamente rápida. Cada vez lo usaban más y más países y con el
desarrollo del comercio entre los pueblos, la circulación de mercancías comenzó a efectuarse con la
ayuda del oro. Así pues, después de un desarrollo histórico que abarcó un enorme periodo, el oro se
convirtió en dinero.

¿Por qué precisamente el oro se convirtió, al fin y a la postre, en la materia pecuniaria universal?

Aunque el “culto” al dinero, especialmente al oro –por otras razones- es un fenómeno muy
difundido, en el hecho de que los hombres hayan empleado el oro en calidad de dinero no hay nada
extraordinario.

El asunto está, en que el mismo desarrollo de la producción provocó la necesidad del surgimiento
del dinero, es decir, exigió que de los millones de artículos diversos se destacara uno, por el cual
fuera posible cambiar todos los demás artículos. Que como resultado de un desarrollo histórico
prolongado, el papel de dinero le cayera en suerte precisamente al oro, se explica fácilmente, ya que
el oro es también un producto del trabajo humano y como tal, tiene un valor al igual que el resto de
las mercancías. Además, en virtud de determinadas características naturales resultó ser el más apto
para desempeñar este papel.

¿Cuáles, precisamente, son estas características naturales?

En una pequeña cantidad de oro se encierra gran cantidad de trabajo, en consecuencia, el oro
representa un elevado valor. Además, se transporta fácilmente, no se disuelve en los ácidos y no se
oxida, es decir, es un material estable. Su brillo y bello color hacen de él el símbolo del lujo, del
esplendor y de la belleza, y su valor, el de la riqueza. En calidad de un artículo de consumo, por lo
general casi nadie lo requiere o lo requiere solo en escasa cantidad. La mayor parte del oro extraído
se destina para fines del cambio. La calidad del oro puro es siempre la misma y no depende del
lugar en donde haya sido extraído, razón por la cual una misma cantidad de oro tiene el mismo
valor en cualquier parte. Se puede fraccionar fácilmente y su punto de fusión es relativamente bajo.
Su valor se reduce proporcionalmente al grado de fraccionamiento. Esta propiedad es de suma
importancia. Comparemos el oro, a guisa de ejemplo con otra forma de dinero muy difundida entre
los pueblos nómadas: el ganado. Si una cabeza de ganado vacuno es igual por su valor a una onza
de oro, esto no quiere decir en absoluto, que medio animal valga media onza de oro, para no hablar
ya de las dificultades, que para efectos de fijar el valor de cambio de cada fracción del precioso
metal traería la desmembración de la bestia.

Sin embargo, al examinar la conversión del oro en materia pecuniaria de uso universal, se hace
preciso tomar en cuenta, los cambios históricos del desarrollo social, y en particular el hecho de que

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

hacia aquella época en la vida social ya señoreaba el régimen esclavista. En comparación con el
régimen comunal primitivo, el esclavista significaba un escalón más elevado en el desarrollo social,
ya que llevó a un crecimiento considerable de la riqueza y de la cultura.

El trabajo forzado de las innumerables muchedumbres de esclavos permitió la fundación de grandes


talleres, la explotación de minas, la construcción de caminos, de canales y sistemas de irrigación, de
represas y ciudades, el desarrollo de la agricultura, etc. En manos de los esclavistas se acumularon
inmensas riquezas. Durante las guerras esclavistas, primero los griegos y más tarde los romanos
conquistaron muchos países y se apoderaron de sus riquezas. La dirección de la guerra y el logro de
las victorias demandaban fuertes sumas de dinero. También la amplia circulación lograda por las
mercancías, el gobierno de las apartadas provincias y la vida de lujo y disipación de la clase
esclavista hacía necesario el empleo de una moneda estable y de gran valor. A todas estas exigencias
respondía precisamente el oro, el cual podría obtenerse mediante el trabajo forzado de los esclavos.

Ahora las existencias de este metal se acusaban en cantidades suficientes como para asegurar que su
empleo obtuviera una difusión universal.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Origen de la moneda acuñada

Al comienzo el oro y la plata, que también cumplió el papel de dinero, se emplearon en forma de
pequeñas barras fundidas. Sin embargo esto dificultaba la circulación de mercancías. Cada vez que
se efectuaba una transacción se hacía preciso verificar la ley y el peso de las barras. Para evitar estas
incomodidades los ricos y los notables en el mundo de los negocios comenzaron a proveerse de
barras acuñadas y contrastadas, garantizando de esta manera el peso y la ley del oro que entraba en
la liga de la barra.

Esta tarea muy pronto fue acaparada por los gobernantes, quienes se abrogaron el derecho exclusivo
de acuñar el dinero en forma de monedas. Algunas fuentes testimonian que en Asiria, cuatro mil
años atrás, ya conocían el oro acuñado, es decir la forma primitiva de las monedas. Empero, esta
acuñación de moneda fue un experimento aislado y de escasa duración.

Según fuentes más autorizadas el primero que comenzó a acuñar monedas de oro fue Creso, rey de
Lidia, aproximadamente en el año 550 a. de N.E. Cien años más tarde, en el siglo IV a. de N.E., los
Persas y la colonia Griega de Tarento, acuñaron monedas de oro.

Como ya tuvimos oportunidad de decirlo, los pueblos de escasos recursos, no podían emplear el oro
en calidad de dinero, para efectuar la circulación de sus mercancías. La verdadera “fiebre del oro”
del mundo antiguo comenzó cuando Alejandro de Macedonia (356-323 a. de N.E.) comenzó su
campaña contra el Asia Menor y la India. A sus manos vinieron a parar los tesoros legendarios de
Darío III, el último rey de los persas. Pero esto solo fue el comienzo. Su campaña abarcó todo el
Oriente fabuloso y por doquier los soldados de Alejandro de Macedonia saquearon con el fin de
apoderarse del oro. Todos estos tesoros incalculables del Oriente se vertieron por los confines del
Mar Mediterráneo en donde se incorporaron a la circulación mercantil.

A Roma el aflujo de grandes cantidades de oro, comenzó después de la toma de Tarento (año 272 a.
de N.E.). Pero en el año 268 a. de N.E., acuñaron monedas de plata, llamadas denarios. De una libra
Romana de plata pura (en unidades actuales de peso equivale a 327,45 gramos) acuñaban 72
denarios. La cantidad de plata pura en un denario era equivalente a 4,548 gramos. Las primeras
monedas de oro fueron emitidas en el año 217 a. de N.E.

Los diferentes Emperadores variaron constantemente el peso de las monedas de oro, lo cual sumió a
la circulación mercantil en una confusión permanente. El Emperador Constantino intento poner
orden en este caso, lanzando a la circulación los célebres solidus de oro, con los cuales pagaban
salarios a los mercenarios alemanes, que se encontraban al servicio de Roma, (de aquí procede la
palabra soldado, cuyo sonido es muy similar en muchos idiomas).

Cuando la mayor parte de Europa se encontró bajo el poder de Roma, junto con muchos progresos
de la cultura antigua penetro también a los países europeos el sistema monetario romano.

Con todo, después de la caída del Imperio y en el transcurso de unos 1.500 años –del siglo IV al
XIX-, el oro en calidad de dinero apareció solamente en algunas partes y de manera temporal junto
con la plata.

Hasta mediados del siglo VIII aún había en circulación denarios de plata y solidus de oro, que
quedaban de la época del Imperio Romano, aunque el antiguo valor del solidus había bajado
considerablemente, pues la dinastía de los Merovingios, que reinó sobre los franceses desde la caída

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

del Impero Romano hasta el año 751, mediante la falsificación sistemática del dinero minó su
estabilidad.

A consecuencia de los diferentes pesos y leyes de las monedas de oro, durante las transacciones
comerciales surgían tantas situaciones equivocas, que fue preciso pasar nuevamente del cálculo a la
tasación por peso, lo que significó en realidad un retorno al dinero metálico no acuñado.

El continuo y prolongado deterioro del valor del dinero y la depresión económica, llevaron a
mediados del siglo VIII a la apremiante necesidad de una reforma monetaria radical. Los primeros
Carlovingios (Pipino el Breve y Carlomagno –Carlos el Grande- que sustituyeron a los
Merovingios, pusieron fin al oro acuñado y pasaron a las divisas de plata; en vez de la libra romana
lanzaron a la circulación una nueva unidad de peso: la libra de los Carlovingios, con un peso de 408
gramos. Su origen se debe buscar, según todas las probabilidades en Arabia, durante el gobierno del
Califa árabe Harun al-Raschid, emplearon la libra de Bagdad, cuyo peso era de 408 gramos.
Carlomagno tuvo relaciones con el Califa, era versado en su sistema monetario y empleé muchas de
sus particularidades en la formación del sistema monetario de su Estado. La libra de los
Carlovingios fue dividida en 20 solidus o 240 denarios. Desde la época de Carlomagno en Europa
se conservó válido por mucho tiempo este equivalente: 1 libra = 20 solidus = 240 denarios, bien que
bajo otros nombres. Por ejemplo, 240 denarios –independientemente del peso- en algunos lugares
los llamaban libras, en otros, talento. En Inglaterra, este sistema de medida fue válido hasta hace
poco. Una libra esterlina inglesa era igual a 20 chelines o a 240 peniques.

En el siglo X después de la extinción de la dinastía de los Carlovingios, los gobernadores generales


de las provincias podían acuñar su propio dinero, ya que el dinero oficial del imperio había llegado
a su fin.

Este fenómeno llevo nuevamente al deterioro general del valor del dinero.

Mucho más tarde las ciudades-estados del Norte de Italia, pusieron en circulación dinero estable
acuñado en monedas de oro. Florencia por ejemplo, en el año de 1.250 emitió los florines de oro. Lo
propio hizo Génova y Venecia.

Siguiendo los pasos de las ciudades-estados italianas, a fines del siglo XIII algunas ciudades
alemanas retornaron al sistema de la moneda de oro. De estas, las que adoptaron la mensura por el
peso, ponían su sello o marca (Marke, en alemán). Este sello o marca garantizaba la pureza y el
peso del oro.

Años más tarde la moneda de oro más conocida y popular fue la acuñada en Colonia cuyo peso era
de 23,3 gramos. Esta moneda sobrevivió a la Edad Media e incluso hasta 1857 permanecía como
base del sistema monetario alemán.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

CAPITULO SEGUNDO

¿ORO O PAPEL?

“Dinero Cómodo”

En China, país de cultura milenaria, en la época del reinado de la poderosa dinastía Tan (años 618-
907), estaba en circulación una moneda de cobre llamada “iuan-pao”, cuyo peso era de 3,8 gramos.
Sin embargo, algún valor considerable solo podía representarlo una enorme cantidad de estas
menudas monedas de cobre. Con el desarrollo de la producción y el intercambio, el transporte,
custodia y muy a menudo el recuento de las moneditas necesarias para el cierre de alguna cuantiosa
transacción se convirtió en empresa enojosa. Para facilitar la circulación mercantil en el año 650 el
emperador emitió, impreso en papel de excelente calidad, papel moneda, llamado “pao-tsao”, con
un valor de 10.000 “iuan-pao” cada uno. Este papel moneda se puede considerar como el primero
en la historia. No existía moneda fraccionaria, por esto el “pao-tsao”, se empleaba solamente para
transacciones de gran cuantía. Entre otras ventajas tenía la de poder ser cambiado libremente en
cualquier momento por la moneda metálica que estuviera en circulación, además era muy fácil de
transportar, y al tiempo que representaba gran valor, ocupaba poco espacio, por lo cual no precisaba
contratar gente especial para su custodia. Como consecuencia de esto, el papel moneda se hizo
rápidamente popular entre los mercaderes.

Cada vez mayor número de personas conservaba su dinero en forma de “pao-tsao”, y apenas si se
presentó el caso en que un billete fuera cambiado por monedas de cobre. Para los poseedores de
estos billetes era suficiente la seguridad de que en cualquier momento podían convertirlos en
metálicos, para no hablar ya de las comodidades que en la vida cotidiana representaba la
circunstancia, de que por un “pao-tsao” se podía comprar realmente una cantidad de mercancías,
equivalente por su valor a 10.000 “iuan-pao”.

Sin embargo, después de la derrota sufrida frente a los árabes en el año 751 y de las guerras contra
los tibetanos el “pao-tsao” comenzó a desvalorizarse. Los crecidos impuestos ya no eran suficientes
para cubrir los gastos que demandaba la guerra. Por disposición del emperador se dio comienzo a
una emisión masiva de papel moneda sin su correspondiente respaldo en mercancía o cobre. Los
mercaderes llevados por el pánico comenzaron a deshacerse del papel moneda que se encontraba en
su poder. Cierto, es que uno de los emperadores hizo el último intento por salvar el “pao-tsao”
decretando en el año 806 la pena de muerte para todo aquel que tuviera en su poder más de 50.000
“iuan-pao”, pero ya era tarde. El “pao-tsao” y ya había perdido el prestigio de otros días. Aquellos,
que habían invertido su fortuna en papel moneda, quedaron en la ruina.

De lo anterior, podemos concluir que el papel moneda, mientras sirvió a los fines para los cuales
había sido creado –facilitar la circulación de mercancías-, fue un instrumento necesario y de gran
utilidad. Pero desde el momento en que emitieron más del que era estrictamente necesario para
realizar la circulación de mercancías, el “pao-tsao” se convirtió ni más ni menos que en un pedazo
de papel sin valor fiduciario alguno.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

En el año 1370 la dinastía Sun emitió nuevamente papel moneda: el “pen-tsen”, o “dinero cómodo”.
Para garantizar la total “comodidad”, desde el mismo comienzo fue establecida la obligatoriedad de
su uso bajo la amenaza de muerte para los contraventores. Al mismo tiempo, el emperador prometió
bajo juramento asegurarle un valor estable. Sin embargo, las leyes que rigen la circulación del
dinero no están subordinadas a los juramentos imperiales. La escasez de mercancías y por
consiguiente la reducción de su circulación como consecuencia de nuevas guerras, llevaron al
crecimiento de los medios de pago, a la inflación, a la brusca caída de su valor, vale decir, a la
desvalorización del dinero. Todos los esfuerzos tendientes a salvar la situación fueron infructuosos,
hasta que por fin en el año 1488 en China, por mucho tiempo, suspendieron la emisión de cualquier
clase de papel moneda.

Por este mismo tiempo, sin embargo, en otros países se hicieron algunos intentos por emitir papel
moneda. En el año 1294, el papel moneda paso de los chinos a los persas, y en 1337 a los japoneses.

Un método muy curioso para mantener la circulación monetaria fue el elegido por el emir Yusuf de
Mauritania en el año 1357. Encontrándose su fortaleza asediada por los enemigos, con carácter
provisional puso en circulación papel moneda. En pedazos de papel de forma cuadrangular escribió
de su puño y letra, que él, el emir de Mauritania prometía, que después de ser levantado el sitio y la
situación normalizada cambiaria los papeles por dinero en metálico.

La historia conoce otros casos semejantes, que tuvieron lugar en los Países Bajos a lo largo de su
lucha independentista. Durante el sitio de Midelburgo en el año 1573 fue emitido con carácter
provisional papel moneda. Lo mismo y en circunstancias similares aconteció en Leyden en el año
1574, y en Kampen en 1595.

En consecuencia, ¿se podría deducir de estos primeros intentos y fracasos que el dinero en metálico
no puede ser sustituido por el papel moneda?

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Los papelitos de John

…Apenas hacia un instante, que un típico bosque escocés aun resplandecía a la luz del sol, cuando
de un momento a otro se ensombreció. Varios niños y niñas de doce a catorce años, con ojos
alarmados miraron hacia el cielo. “Habrá tormenta – dijo alguien. ¡Salgamos presto de aquí!”. Los
niños se arracimaron en grupo y a todo correr se pusieron camino a casa. Pero ya era tarde. No
habían tenido tiempo de recorrer medio kilómetro cuando ya la tormenta se les había venido
encima.

Espantados hasta la desesperación a causa de los truenos, rayos y crujidos de los arboles abatidos
por el vendaval, los niños, calados hasta los huesos, se guarecieron del mal tiempo en una
minúscula posada del bosque. El gustoso vino tinto, la comida caliente, la ropa secada en el hogar
de la cocina y, especialmente, el cielo, ahora limpio y sereno, les hicieron olvidar las emociones
sufridas apenas hacia unos instantes atrás.

Solo un puñado de chicos, los mayores del grupo, reunidos en círculo cuchicheaban con visible
preocupación. ¿Con que iban a pagar la cuenta? ¿Quién llevaba dinero consigo? Cierto, que todos
eran hijos de ciudadanos acaudalados, pero, ¿Dónde se ha oído, que en la Escocia de 1684 los
chicos tomaran consigo dinero al salir de excursión? Sin él ya no eran pocos los fardos que tenían
que llevar: comida, bebida, etc. Sería el colmo tener que arrastrar también con dinero.

El hostelero, ojo avizor, ya se había plantado frente a ellos.

- Caballeros, por favor, he aquí vuestra cuenta.

Los chicos se miraban unos a otros con aire de impotencia. De pronto, el penoso silencio fue roto
por una voz segura:

- Dádmela, buen hombre.

Al instante, todas las cabezas se volvieron en dirección a la voz.

Un chico enjuto, de fino y bello rostro, un rubiecito, que aparentaba unos doce años, John Law, hijo
de un célebre joyero, había actuado con seguridad y decisión.

En una hoja de papel había escrito: “Vale por medio soberano” 4, firmó y pidió al hostelero,
presentarlo al almacenista principal de su padre, quien le haría entrega del dinero inmediatamente.

Pero la sorpresa pasó de raya, cuando los muchachos vieron que le hostelero absolutamente
satisfecho, doblo cuidadosamente el papel y lo guardo en su bolsillo. John puso cara de no haber
advertido las miradas llenas de asombro que se habían posado sobre él, y en general se condujo
como si nada extraño hubiese acontecido. Se despidió cortésmente del hostelero y propuso a la
pandilla continuar el camino.

El viejo Mason, almacenista de William Law no era la primera vez que pagaba un vale “por orden”
de John. También esta vez, pago sin discusión alguna.

4 Soberano – moneda de oro equivalente a la libra esterlina (N. del A.).

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

En cuanto a lo que concierne a John, hay que decir que por amor a la comodidad, casi nunca llevaba
dinero consigo, y como a él, al hijo del famoso joyero, le aceptaban con gusto los papelillos
avalados con su firma, entonces llego a la conclusión de que los vales podían reemplazar el dinero.

John se aficionó a esta manera de pago. Sin embargo, había una idea que no lo dejaba en paz: ¿Por
qué lo recibían de tan buen grado como si se tratase de dinero en efectivo?

Estas preguntas ocupaban su atención desde hacía mucho tiempo. Últimamente había sabido por
intermedio del viejo Mason, cosas muy interesantes. Sobre la mesa del viejo almacenista se alzaba
una montaña de monedas de oro. Habían sido compradas a mercaderes llegados a Liverpool, y era
preciso comprobar el peso y pureza de cada moneda por separado. A John le pareció este un trabajo
excesivo e inútil, pero el experto almacenista le explicó su importancia.

Estas monedas de oro llevaban mucho tiempo en circulación. Habían pasado por muchas manos a
consecuencia de lo cual se hallaban gastadas, deterioradas.

A más de esto, cada uno de los poderosos del mundo (reyes, príncipes y a veces hasta los ricos
latifundistas), acuñaban nuevas monedas empleando en la aleación cada vez menos oro y mayor
cantidad de metales de escaso valor. En otras palabras: acuñaban moneda falsa. En su propio país el
bajo valor de las monedas no obstaculizaba la circulación de mercancías. El dueño de la mercancía
no se preocupa por la pureza de la moneda: dentro de un par de horas o de días este dinero iba a dar
a otras manos. Pero yendo más allá de las fronteras, esta cuestión – cantidad de oro en cada moneda
– se torna muy importante, pues el país comprador paga en su moneda una suma equivalente a la
cantidad de oro contenida en la moneda del país vendedor.

Los razonamientos del viejo Mason vinieron a confirmar los pensamientos del chico. Vale decir,
¡que la circulación de las mercancías se puede realizar con la ayuda de dinero envilecido! Por
ejemplo, hoy cuando mamá le pago al modisto dos soberanos por un vestido, al modisto le fue
absolutamente indiferente, saber cuántos gramos de oro contenía la moneda. A él solo le importaba
recibir a cambio de ella, tejidos, productos para la alimentación, etc., en una palabra, obtener otros
artículos por el valor del vestido.

Por consiguiente, el dinero como medio circulante no necesitaba de un valor real. Así, pues, desde
el punto de vista del modisto, por ejemplo, para él es absolutamente indiferente recibir por su
mercancía una moneda de oro envilecida o un pedazo de papel. Lo único importante para él, es que
este pedazo de papel le dé derecho a adquirir otras mercancías.

John tuvo el presentimiento de que había llegado a descubrir algo muy importante…”Esto quiere
decir, que… si se escribe en un papel, que este es un bono por valor de un soberano, lo podemos
poner en circulación en calidad de dinero, de la misma manera que si se tratara de una moneda de
oro. En resumidas cuentas, ¡este papel que viene a reemplazar el oro no será otra cosa que papel
moneda!”.

John lleno de gozo habló a su padre acerca de su descubrimiento. El viejo Law miro al chico con
orgullo, sin embargo, consideró sensato moderar su entusiasmo, no dejarlo caer en ese nuevo y
peligroso mundo de “ideas subversivas”, que a la sazón flotaban por ahí.

- Hijo mío – le dijo en tono protector - , si crees que eres el primero en pensar en ello, te
equivocas de medio a medio. En verdad, has expresado muchas ideas nuevas interesantes,
sin embargo hazte cargo de que el papel moneda fue inventado hace ya algunos siglos atrás.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Muchas veces han intentado revivirlo, incorporarlo a la vida, hacerlo realidad, sin embargo
todos los esfuerzos han ido a dar al traste. El dinero es oro, y a este no lo podemos
reemplazar por mucho tiempo. ¡Reflexiona acerca de esto, hijo mío! Confió en que ya
habrás comprendido, que es necesario devanarse los sesos no pensando en la manera de
reemplazar el oro por papel, sino en cómo es posible incrementar cada día más sus
reservas.

¿Tenía razón el viejo Law? En realidad, ¿será posible que el oro sea irremplazable?

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HISTORIA DEL DINERO
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PLANES AVENTUREROS PARA LA SALVACION DEL MUNDO

Han transcurrido diez años. El favorito del gran mundo londinense, el héroe de celebérrimas
batallas libradas en el mundo de las cartas y la ruleta, John Law, iba y venía con pasos nerviosos por
su apartamento espléndidamente amoblado. Tres días atrás había dejado su última bolsa con oro en
la mesa de juego y desde entonces había girado a sus compañeros de juego 18 “bonos” por un valor
total de 2.500 libras esterlinas.

En realidad su preocupación no era causada por el dinero perdido. Su madre, desde luego, le haría
llegar en esos días la suma necesaria deducida de los ingresos provenientes de las grandes
propiedades heredadas de su padre. Lo que ocurría era que nuevamente el viejo problema torturaba
el pensamiento del joven libertino: ¿Por qué sus compañeros de juego aceptaban gustosos, en vez de
dinero, los papeles firmados por él? ¿Pensaran, acaso, que tarde o temprano le sonreirá de nuevo la
suerte? ¿O, quizá, no querrán desairarlo? ¿O lo harán simplemente porque ya le han ganado todo el
dinero? Con arreglo a ciertos presupuestos era posible excluir todas estas variantes. Conocía muy
bien a sus amigos de juego y tenía razones para no creer en su delicadeza y generosidad.

Horas, días enteros reflexiono sobre el problema antes de llegar a la única solución posible; los
papeles firmados por él eran aceptados en calidad de dinero solo porque era poseedor de rica
hacienda. Es decir, cada bono era considerado por sus acreedores como dinero, solo por la
circunstancia especial de que en cada pedazo de papel ellos veían nada menos, pero tampoco nada
más, que sus propiedades. Por consiguiente, él podría girar bonos por una suma total, igual al valor
de su hacienda. Sus reflexiones fueron aún más lejos. Esto quería decir, que cualquier hacendado o
poseedor de casas, fábricas o minas podría hacer lo mismo. ¡Desde luego! Ahora, si se diera el caso,
en que todos los bienes de una persona estuviesen totalmente cubiertos por bonos, ¿no sería posible
girar bonos falsos? ¿No podría darse el caso, de que una persona expidiera bonos por una cuantía
mayor al valor total de sus bienes? Sin ninguna duda. Sin embargo, hay que tener en cuenta que
nadie puede obligar a otro a aceptar bonos en lugar de dinero. Pero ¿el Estado? ¿El Rey? ¡Esto ya es
otra cosa! El Rey tiene riquezas incalculables. A él pertenecen castillos, fortalezas, palacios, tierras,
tribunales, etc., etc. Si todas esas riquezas sirvieran para garantizar los bonos, el Estado podría
promulgar una ley sobre la obligatoriedad de la circulación del papel moneda y la pena de muerte
para los falsificadores.

John saltó de su sitio: ¡Claro, en esto reside todo el secreto! Y en la medida en que esto era cierto, se
encontraba cerca de la solución del viejo problema. Efectivamente, esto constituyó el primer paso
en el camino que debería llevar al derrocamiento del oro de su trono.

Transcurrieron aun veinte años más, Ahora, Francia es el escenario de los acontecimientos.

En el reinado del “Rey Sol”, Luis XIV (1638-1715), Francia se encontraba al borde de la
bancarrota, del total fracaso financiero. La deuda externa alcanzó una cuantía fantástica: tres mil
millones de libras esterlinas. Fenelon (1615-1715), escritor y notable filósofo francés, exclamo: “Es
un milagro que aun estemos con vida”.

En una sala de recibo del palacio de Versalles, suntuosamente amoblada y cubierta con felpudas
alfombras, el regente de Francia, el duque Felipe de Orleans, que gobernaba al país en nombre del
príncipe heredero, Luis XV, que a la sazón contaba con cinco años de edad, sostenía una charla con
un hombre enjuto, vestido todo de negro.

26
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

- ¿Quién es ese hombre? – preguntó una dama elegante vestida, que hacia parte de un grupo
de cortesanos.
- ¿Es posible que no lo conozca usted? Es John Law, conocido aventurero escocés,
apasionado jugador y banquero audaz. En Inglaterra fue condenado a muerte por haber
tomado parte en un duelo que arrojo un trágico resultado, pero logró escapar. Sus planes de
reforma financiera fueron ridiculizados en Escocia y Austria. El “Rey Sol” lo deportó de
Paris por tramposo. Dicen, que ahora está empeñado en hacernos felices con sus planes para
la salvación del mundo.

Pudo pensarse, que tanto a los oídos del duque como a los del banquero no había llegado ni una
palabra dicha por los circunstantes. No era para menos. La conversación giraba en torno a
cuestiones de vital importancia para el país.

- Entonces, ¿sostiene usted, que se compromete a poner en orden las finanzas de Francia?
- ¡Me comprometo, Vuestra Alteza! Si mi sistema es aprobado por usted, yo, sin nuevos
impuestos a la población, le proporcionaré tanto dinero, que dentro de pocos años el erario
nacional quedara libre de toda deuda externa. Permítame usted exponerle a la luz de un
ejemplo la esencia de mi sistema.

Imagínese usted una isla, perteneciente a una persona determinada. Supongamos, por un momento,
que esta isla está dividida en cien pequeñas parcelas, las cuales se encuentran en arriendo. Cada una
de estas parcelas es trabajada por una familia. Además, en la isla hay trescientos campesinos pobres.
Ellos viven de la caridad pública. Los arrendatarios venden por oro sus cosechas al dueño de la
tierra y con el oro obtenido pagan los derechos de aparcería.

Bien, ahora introducimos en esta isla mi sistema. El propietario de la isla emite papel moneda,
distingue a cada billete con un número ordinal y una inscripción que certifique que cada uno de
ellos reemplaza a un gramo de oro en la circulación. Supongamos, también, que solamente posee
10.000 gramos de oro, por consiguiente emite 10.000 billetes de banco, con los cuales compra la
cosecha a los aparceros. Estos a su vez, pagan con este dinero los derechos de aparcería, como es
natural. Todos convendrán de buen grado con la introducción de papel moneda, toda vez que este
facilitará la circulación de mercancías y en cualquier momento podrá ser convertido en oro; además
para todos será; cosa sabida que solo con este dinero podrán ser liquidados todos sus egresos. De
esta manera, el oro quedara en completa disponibilidad del dueño de la isla, pues sería poco
probable que todos desearan al mismo tiempo la conversión de su papel moneda en oro. Por ello
será suficiente y necesario tener en caja una suma por el orden de 2.000 – 3.000 gramos de oro. Con
el oro restante, el dueño de la tierra podrá comprar ahora máquinas y materias primas, organizar una
empresa industrial y dar trabajo a los campesinos pobres de la isla, los cuales, de esta manera, se
convierten en obreros asalariados. Huelga decir, Vuestra Alteza, que el pago por su trabajo lo
obtendrán en papel moneda y con este dinero tendrán que comprar a los aparceros los productos
alimenticios, los cuales a su turno, y con este mismo dinero, adquirirán artículos industriales. Como
es natural, para esto ya se hace necesaria mayor cantidad de dinero. El dueño de la isla, entonces,
hace una nueva emisión de papel moneda en cantidad que corresponda al valor de sus bienes, toda
vez que estos tienen un valor equivalente al del respaldo en oro. De esta suerte, en la isla habrá
permanentemente una cantidad suficiente de dinero. La industria se desarrolla, toma gran
incremento. Aparece, entonces, un excedente de productos industriales, que se vende por oro a los
pueblos continentales. Entonces se da comienzo a una fuerte inmigración, aparecen nuevos
hombres, crece el poderío económico de la isla y consecuentemente la riqueza de su dueño. Estas
son las ventajas inmediatas de mi sistema, Vuestra Alteza.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

…En junio de 1716 en el edificio de un viejo hotel, fue fundado el primer banco emisor de Francia,
como dependencia privada, el “Banque General”. Su garante, el duque Felipe de Orleans, su
director, John Law. La patente real concedida a la institución bancaria, otorgaba a John Law
derecho para la emisión de papel moneda y obligaba a las cajas del Estado a cambiar los billetes de
banco por oro y a aceptarlos para la liquidación de los impuestos. Al mismo tiempo, la patente
determinaba los fines del banco: “Aumentar la circulación monetaria, poner fin a la usura, liquidar
el traspaso de dinero entre Paris y las provincias, conceder a los extranjeros la posibilidad de un
deposito seguro para su dinero en nuestro país, facilitar a los súbditos la venta de sus mercancías y
el pago de los impuestos”.

Al banco fluyeron en torrente los metales preciosos. Cada vez era mayor la cantidad de oro y plata
que llegaba a la caja del banco para ser cambiados por papel moneda. El entusiasmo no tenía
límites. Un rico comerciante en sedas de Lyon le dice a John Law: “¡Señor, esta ha sido una idea
maravillosa, genial! Antes, el valor de la moneda fluctuaba con mucha frecuencia. Todo mundo se
negaba a concedernos préstamos, pues en realidad nadie estaba seguro de recibir el dinero con
igual contenido de oro o plata. Los extranjeros se negaban a cerrar con nosotros cualquier
transacción. Ahora, de nuevo confían en nosotros”.

…Corría el año de 1718. La agencia bancaria Law se transforma en el banco real, bajo el nombre de
“Royal Bank”. Director, John Law. El acta real constituyente obliga a todos los ciudadanos a
aceptar el papel moneda y prohíbe la falsificación bajo la amenaza de la pena de muerte. El duque
de Noailles, ministro de finanzas, dimite. Es reemplazado por el ministro de policía, quien nada
entiende en el campo de las finanzas. La única autoridad financiera en el país: John Law.

El Regente cita a su despacho al director del Banco Real:

- Usted prometió liquidar la deuda externa del país. Espero que sabrá cumplir la palabra.

Así, pues, a John Law le había llegado la hora de cumplir su promesa sin socavar la confianza que
el papel moneda había alcanzado. ¿Qué hacer? Por el momento aún no podía disponer del dinero
depositado en las arcas del Banco Real. Solo quedaba una salida: Disminuir el contenido de metal
precioso en el dinero metálico y en consecuencia su valor.

Al día siguiente fue promulgado un nuevo decreto financiero. El Regente de Francia, el duque
Felipe de Orleans, anunciaba la emisión de una nueva moneda y la obligatoriedad de cambiar la
antigua moneda de oro de cien libras por una nueva, cuyo valor era de 140 libras. Esta nueva
moneda era acuñada empleando la antigua. Así, pues, en gracia a un decreto correspondía cambiar
la vieja moneda por una nueva con menor contenido de oro.

Gracias a esta medida, John Law, con un medio circulante de tres mil millones de libras,
representado en moneda metálica, en un dos por tres disminuyo la deuda externa en mil millones
doscientas mil libras (1.000.200.000). De los tres mil millones de libras iníciales (3.000.000.000),
había acuñado 3x14, es decir, cuatro mil millones doscientas mil nuevas libras (4.000.200.000).
Tres mil millones de libras habían sido devueltas a sus dueños y mil millones doscientas mil habían
sido consignadas para amortizar la deuda externa. La confianza depositada en el papel moneda
creció de manera ostensible, ya que estas operaciones financieras no habían afectado – al menos
aparentemente – el valor de la moneda. Nuevos sectores de la población se convencieron de las
ventajas del papel moneda y acudieron al banco con el fin de cambiar por él sus reservas de oro.

28
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Con todo, Law se había ganado un poderoso y terrible enemigo: los mil millones doscientas mil
libras, al fin y al cabo, habían sido cubiertos por un grupo de potentados, poseedores de enormes
cantidades de oro.

En la mansión señorial del duque Conti tuvo lugar una reunión secreta. Además del duque Conti,
presidente de la sesión, tomaron parte importantes financieros de Francia: Samuel Bernard, los
hermanos Paris y Crouse, jefe de la banca.

- ¡Habría que retorcerle el pescuezo a ese aventurero escocés! – grito fuera de si el duque.
¡Nos llevara a todos a la catástrofe!

…Y hete aquí que un buen día fue presentada ante la caja del Banco Real una inaudita cantidad de
papel moneda acompañada con la demanda de ser cambiada por su equivalente en moneda metálica.
El cajero general, con voz trémula, informo al director, que el oro Salía del banco por carretadas.

- ¿Quiénes son los demandantes? – interrogó Law con aire ausente.

- El duque Conti y los banqueros.

- Comprendido. Esto quiere decir que ya han iniciado la ofensiva general contra los billetes
de banco. Lo esperaba. Puede retirarse…

Horas más tarde, cuando las operaciones de caja estaban en pleno apogeo, John Law en persona
anunciaba una nueva devaluación de la moneda metálica (menor contenido de oro).

Al día siguiente, John Law, desde la sala contigua, observaba con una sonrisa de satisfacción, como
el oro, al igual que un torrente, tornaba al banco. El cajero no tenía tiempo de tomar aliento. No solo
el duque Conti y los banqueros reembolsaron el oro al banco: todo el mundo trataba de
desembarazarse de las monedas de oro desvalorizadas para obtener en cambio el seguro papel
moneda.

La victoria obtenida por John Law era completa, sin embargo no se dio por satisfecho. Se lanzó a
una grandiosa empresa: fundó la “Compañía de la India”, tomando a su cargo las fracasadas
empresas de la corona, dirigidas al aprovechamiento de los territorios de Francia, allende los mares.
Llevado por el deseo de corresponder a la confianza y apoyo permanentes del Regente, mediante
sucesivas emisiones de papel moneda, canceló el resto de la deuda externa. Además, cuando el
Regente necesitaba dinero, John Law ordenaba nuevas emisiones.

Los siguientes datos reflejan fielmente la emisión desenfrenada de papel moneda: el 5 de enero de
1719, el medio circulante alcanzaba la suma de 18 millones de libras, representados en papel
moneda, el 31 de diciembre del mismo año ya había ascendido mil ciento veintiocho millones
novecientas cincuenta mil libras (1.128.950.000), y el 23 de diciembre de 1720 a tres mil setenta
millones setecientas cincuenta mil libras (3.070.750.000). Al mismo tiempo, con el fin de sustituir
definitivamente el dinero metálico, John Law fue disminuyendo paulatinamente la cantidad de
metal noble en las monedas. En el periodo comprendido entre septiembre de 1719 y diciembre de
1720 el valor de las monedas de oro había disminuido 28 veces y el de las de plata, 35. Como
secuela lógica de todas estas medidas financieras, apareció una espiral alcista sin precedentes. Cada

29
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

día el poder adquisitivo del papel moneda, emitido sin control alguno, era menor. El pan, que antes
costaba 60 céntimos de libra, ahora se adquiría por 200 libras; el kilogramo de carne, por 500. El
oro salía del país por quintales métricos.

John Law hizo un esfuerzo desesperado, el último, por salvar su criatura. En presencia de
representantes de ciertos círculos comerciales de la ciudad, ordenó entregar para su pública
incineración, todo el papel moneda, que, en billetes de 1.000 y 10.000 libras se encontrara en ese
momento en las arcas del banco. La espiral alcista se detuvo. Todo parecía indicar, que el orden se
restablecía, cuando inopinadamente sobrevino el golpe de gracia.

El 15 de julio de 1721, cediendo a los ruegos del Regente, y con el fin de aliviar temporalmente las
dificultades financieras del gobierno, procedió a la emisión de 500 millones de nuevas libras.
Apenas si se había difundido el rumor acerca de la nueva emisión de papel moneda, cuando ya ante
la entrada del Royal Bank se detenían dos inmensas carretas cargadas hasta los topes con billetes de
banco, para ser cambiados por su equivalente en oro. El dinero pertenecía a tres conocidos
banqueros de Paris. Al amanecer del 16 de julio ante la entrada del banco se alineaba una cola de
más de 16.000 personas, a cuál más ansiosas de cambiar el papel moneda que se encontraba en su
poder. En la noche del 17 de julio ya eran 200.000 los demandantes. El papel moneda había perdido
todo su prestigio y el banco emisor se encontraba insolvente, toda vez que sus arcas no contenían la
cantidad de oro suficiente para cambiar el papel moneda en circulación. De manera febril, todo
mundo trataba de desembarazarse de él. Millones de personas se convirtieron de la noche a la
mañana en miserables. El 17 de julio por un billete de banco de 100 libras aún daban una libra en
oro, el 18 por una libra era necesario dar un saco lleno de billetes. En la ciudad comenzaron los
disturbios; ciudadanos totalmente arruinados buscaban por todas partes al banquero en quiebra.

Mientras tanto, el oficial de guardia en el puesto fronterizo de Valencia reportaba al comandante:

- Un hombre de origen escocés, que dice llamarse John Law, desea abandonar el país. Porta
pasaporte oficial. Por equipaje solo lleva consigo una caja con 800 monedas de oro.

La respuesta no se hizo esperar demasiado.

- Dígale que puede continuar su camino. En cuanto a la caja, decomísela. Si protesta, puede
darle en cambio algunos sacos de papel moneda ¡Tenemos demasiados!

30
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

EL SECRETO DEL PAPEL MONEDA

¿Quiere decir esto, que a pesar de todo John Law se equivocó lamentablemente? Es decir, ¿Qué de
ninguna manera es posible sustituir el oro por papel? No, John Law tenía razón al pensar, que en la
compra-venta cotidiana, en el proceso de la circulación el oro puede ser sustituido por cualquier
objeto relativamente carente de valor, inclusive por un billete de papel. Como en el proceso de la
circulación monetaria el dinero pasa solamente a través de las manos de ciertos poseedores, que al
recibirlo a cambio de su mercancía en seguida lo entregan por otras mercancías, entonces la
circunstancia de si el dinero tiene en si algún valor o no, es de poca importancia.

La gente, por regla general, vende su mercancía no para guardar después el dinero obtenido, sino
para comprar con él otras mercancías. Así, por ejemplo, supongamos que un campesino ha
comprado un abrigo donde un sastre. Con el dinero obtenido el sastre compra unos zapatos; con este
dinero el zapatero salda sus cuentas con el curtidor que lo abastece de material; el curtidor a su vez
con el dinero recibido compra al campesino la piel del buey que acaba de sacrificar. Es claro a todas
luces, que tanto para el sastre, como para el zapatero, curtidor o campesino le es absolutamente
indiferente saber cómo se ha producido este intercambio de mercancía: si fue mediante una moneda
de oro de peso normal o mediante un pedazo de papel relativamente carente de valor.

Por consiguiente, la circulación de mercancías se puede llevar a cabo perfectamente con la ayuda de
papel moneda, el cual, como es fácil advertir, no tiene un valor intrínseco elevado, pero puede
actuar en lugar del oro si se observa rigurosamente una condición de suma importancia: si la
emisión de papel moneda se hace en una cantidad que no sobrepase a la estrictamente necesaria
para llevar a cabo la circulación de mercancías. En este punto, precisamente, se le deslizó a John
Law un error en sus cálculos. Y fue apenas natural que así aconteciera.

John Law no comprendía la ley que rige la circulación monetaria, no sabía qué cantidad de dinero
era necesaria para llevar a cabo la circulación de mercancías. El partía del presupuesto de que era
posible emitir toda la cantidad de papel moneda, que estuviera respaldada por la cantidad de oro
depositado en el banco; además estimaba también como garantía de los billetes de banco a todos los
bienes de la corona.

Al punto surge la siguiente pregunta: ¿Cuánto papel moneda es posible emitir? Examinemos
detenidamente el ejemplo de la isla, que John Law presentó al Regente de Francia para explicar con
él la esencia de su sistema.

Supongamos, que en el término de un año en la isla se vendió una cantidad de productos


industriales y agropecuarios por un valor total de 120.000 gramos de oro. Entonces, ¿esto
quiere decir que para comprar toda esta mercancía sea necesario disponer de 120.000
gramos de oro? De ninguna manera. Los aparceros venden su cosecha al dueño de la tierra
por papel moneda y compran con él artículos industrializados 5. Las fábricas, a su turno,
compran con este dinero insumos y productos alimenticios para sus obreros. En el caso
dado, cada unidad monetaria circula tres veces, es decir, sirve de instrumento para que se
opere la circulación de tres clases de mercancía. Por consiguiente para llevar a cabo la

5 El proceso de cambio de la mercancía se opera, por tanto, mediante dos


metamorfosis antagónicas que se complementan recíprocamente:
transformación de la mercancía en dinero y nueva transformación de éste en
mercancía. M-D-M. Carlos Marx, El Capital, I parte (N. del T.).

31
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

circulación de mercancías en la isla no se necesitan 120.000 gramos de oro sino solamente


40.000.

Citaremos otro ejemplo. Imagínese usted un mercado público en donde se ofrece en venta
un abrigo por valor de doscientos pesos, una mesa por doscientos pesos y un par de zapatos
también por doscientos pesos. ¿Cuánto dinero sería necesario para llevar a cabo la
circulación de estos tres artículos? Supongamos que al mercado llega un campesino y
compra el abrigo por doscientos pesos. Más tarde otro campesino compra la mesa y un
tercero, los zapatos. En este caso seria 200 x 3, es decir, 600 pesos.

Pero puede suceder de otra manera. Por ejemplo, llega al mercado un campesino y compra
por 200 pesos el abrigo. Los 200 pesos del campesino se encuentran ahora en los bolsillos
del sastre. Con estos 200 pesos el sastre compra al zapatero los zapatos, quien a su vez
compra la mesa. Así, pues, vemos que la circulación de las mercancías se llevó a cabo y no
fueron necesarios 600 pesos sino solo 200. ¿Cuántos dueños tuvo cada billete del banco?
¿Cuántas veces circuló? Tres veces, por consiguiente, para llevar a cabo la circulación de
los artículos fue necesario 600 ÷ 3 = 200 pesos.

En conclusión: para llevar a cabo la circulación de mercancías es necesario tanto dinero (cantidad
de dinero – masa - ), como la suma constituida por el precio de todos los artículos que se encuentran
en circulación, dividida por el número de transacciones realizadas por cada unidad monetaria, es
decir, por la velocidad de circulación del dinero.

Volviendo al ejemplo de John Law, por consiguiente, para llevar a cabo la circulación de mercancías
en la isla es necesario 40.000 gramos de oro. ¿Qué ocurriría en el caso de que aparecieran 50.000
gramos de oro en circulación? En realidad nada especial, pues el oro por si es una mercancía, cuyo
valor personifica la riqueza. Si su cantidad es mayor a la que se necesita para llevar a cabo la
circulación de mercancías, entonces ciertos individuos, personas aisladas, lo depositaran en sus
faltriqueras en calidad de bienes particulares. En cambio, si la cantidad en circulación es menor, por
ejemplo si su cuantía es de 30.000 gramos, la circulación de mercancías correspondiente a 10.000
gramos de oro, se llevara a cabo mediante el intercambio espontaneo, sin dinero.

¿Cuál sería la situación en el caso de poner en circulación papel moneda? El papel moneda sustituye
al oro. Independientemente de la cantidad emitida, el papel moneda solo reemplaza la cantidad de
oro indispensable para llevar a cabo la circulación de mercancías. Es decir, si el dueño de la isla
anuncia que una unidad monetaria equivale a un gramo de oro, puede emitir 40.0000 billetes de
banco. Pero, ¿si emite 80.000? De todas maneras, los 80.000 reemplazarían solamente a los 40.000
gramos de oro. Supongamos, que en cada billete se lee: “Equivale a un gramo de oro”, pero como
en circulación se encuentran 80.000, entonces cada billete representa en realidad solo 0,5 gramos
de oro. En vano el dueño de la isla se ha de consolar con la idea de que sus bienes valen 80.000
gramos de oro y que en consecuencia puede emitir papel moneda por esta suma. El papel moneda
solo representa la cantidad de oro indispensable para llevar a cabo la circulación de mercancías y en
ningún momento expresa el valor de las mismas.

32
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

En esto consistió el error fatal de John Law. Inscribió en cada billete de banco un valor arbitrario sin
tener en cuenta la cantidad de oro disponible ni la velocidad de circulación del dinero6 .

Y el papel moneda no tiene ningún valor, salvo el costo insignificante de la fabricación del papel y
del trabajo tipográfico. El papel moneda solo representa al oro y ante todo la cantidad que
reemplaza en el proceso de la circulación. Por eso fue inútil su alegato en el sentido de que todos los
bienes de la corona respaldan al papel moneda emitido. Estos bienes no tomaron parte en la
circulación real de las mercancías, toda vez que el papel moneda no los representaba. Por lo tanto,
estos bienes no se podían considerar como garantía o respaldo del papel moneda. Supongamos, que
en las arcas del dueño de la isla se encuentra loa suma de 80.000 gramos de oro, y que para la
circulación se requieren solamente 40.000 gramos. Independientemente de la cantidad de dinero que
emita, está siempre representara solamente 40.000 gramos de oro. Y por el contrario: si el dueño de
la isla no tiene ni un gramo, pero emite papel moneda en cantidad que corresponde estrictamente a

6 …La masa de los medios de circulación está determinada por la suma de los precios
de las mercancías que han de ser realizadas. Partiendo, además, del supuesto de que
el precio de cada clase de mercancía es un factor dado. La suma de precios de las
mercancías dependerá, evidentemente, de la masa de mercancías que se hallen en
circulación.
(…) Suponiendo que la masa de mercancías permanezca constante, la masa de dinero
en circulación aumenta y disminuye a tono con las fluctuaciones de los precios de las
mercancías.

(…) Para que suba o baje la suma de los precios de todas las mercancías en circulación
que hay que realizar, y, por tanto, para que aumente o disminuya la masa de dinero
puesta en circulación, basta con que suban o bajen, según los casos, los precios de un
cierto número de artículos importantes. El cambio experimentado por los precios de las
mercancías actúa siempre del mismo modo sobre la masa de los medios de circulación,
lo mismo cuando refleja un verdadero cambio de valor que cuando responde a simples
oscilaciones de los precios en el mercado.

Tomemos unas cuantas ventas o metamorfosis parciales sin relación alguna entre si y
que discurren paralelamente en el tiempo y en el espacio, las ventas v.gr. de un
quarter de trigo, 20 varas de lienzo, 1 biblia y 4 galones de aguardiente. Suponiendo
que el precio de cada uno de estos artículos sea 2 libras esterlinas, y, por tanto, la
suma de precios a realizar 8 libras esterlinas, estas transacciones lanzaran a la
circulación una masa de dinero de 8 libras. En cambio, si todas estas mercancías
representan otros tantos eslabones en la cadena de metamorfosis que ya conocemos:
1 quarter de trigo = 2 libras esterlinas; 20 varas de lienzo = 2 libras esterlinas; 1 biblia
= 2 libras esterlinas; 4 galones de aguardiente = 2 libras esterlinas, bastaran 2 libras
esterlinas para poner en circulación sucesivamente las distintas mercancías, realizando
por turno sus precios, y por tanto la suma de estos, o sea, las 8 libras esterlinas, hasta
hacer alto por fin en manos del destilador. Para ello, darán cuatro vueltas. Este
desplazamiento repetido de las mismas piezas de dinero representa el doble cambio de
forma de las mercancías. Es evidente que las fases antagónicas que,
complementándose las unas a las otras, recorre este proceso, no pueden discurrir
paralelamente en el espacio, sino que3 tienen que sucederse las unas a las otras en el
tiempo. Su duración se mide, pues, por fracciones de tiempo, e el número de
rotaciones de las mismas monedas dentro de un tiempo dado indica la velocidad del
curso del dinero.

33
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

los 40.000 gramos, es decir, en la cantidad que se necesita para llevar a cabo la circulación de
mercancías, este papel moneda reemplazará maravillosamente al oro en la circulación por valor de
40.000 gramos.

El fenómeno que consiste en emitir papel moneda en una cantidad superior a la necesaria para llevar
a cabo la circulación, lo cual produce una brusca elevación de los precios, se llama inflación (de la
raíz latina inflatio.). La inflación también puede sobrevenir por la reducción de la oferta de
mercancías, la escasez, o, como sucedió en el caso de John Law, cuando la clase dominante lanza
nuevas y nuevas emisiones de papel moneda para cubrir el déficit del presupuesto nacional,
ocasionado por gastos militares relacionados por lo general con la carrera armamentista. En tales
casos la espiral alcista se eleva velozmente, los trabajadores pueden adquirir en el comercio menor
cantidad de productos con su salario y su nivel de vida desciende consecuencialmente.

El fenómeno inverso, o sea cuando la cantidad de papel moneda se reduce, es decir, cuando se emite
en menor cantidad que la necesaria para llevar a cabo la circulación de mercancías, se llama
deflación (de la raíz latina deflare). Por lo general la deflación se aplica con el fin de evitar la
inflación. En tales casos se observa la falta de dinero o escasez de la demanda, los precios bajan y la
producción se reduce lo cual de nuevo lleva a la desocupación, a la disminución de los salarios y a
la depauperación de los trabajadores.

Supongamos que el proceso circulatorio de aquellas cuatro mercancías dure un día. La


suma de precios a realizar representara 8 libras esterlinas, el número de rotaciones de
estas monedas al cabo de un día será de cuatro y la masa del dinero en circulación
ascenderá a 2 libras esterlinas; es decir, que en una fracción de tiempo determinada el
proceso de circulación puede representarse así:

Suma de precios de las mercancías


------------------------------------------------ = masa de dinero que funciona como medio de
circulación.
Numero de rotaciones de las
monedas representativas de igual
valor.

Esta ley rige con carácter general.

(…) El total de rotaciones de todas las monedas de valor igual que se hallan en
circulación arroja la cifra media de las rotaciones descritas por cada pieza y la
velocidad media del curso del dinero. Carlos Marx, I Tomo Cap.III (N. del T.).

34
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

PAPEL Y ORO

De todos modos la gran aventura financiera de John Law no fue inútil. Los economistas llegaron a
ciertas conclusiones, desarrollaron y perfeccionaron la idea de John Law y la pusieron a prueba en
sus respectivos países. En el transcurso del siglo XVIII en la mayoría de países europeos se
introdujo el sistema del papel moneda. En el imperio Austro-Húngaro, por ejemplo, el papel
moneda fue emitido por primera vez en el año 1759.

En los siglos XIX y XX el papel moneda se difundió por todo el mundo. El sueño dorado de John
Law se había realizado. En verdad, el papel como medio para la circulación había desplazado al
oro, pero mientras exista el dinero no será posible bajarlo de su trono. El medio para la circulación
mercantil entre países es el oro, y además en cada país los billetes de banco cumplen el papel de
sustitutos del verdadero dinero: el oro. Acerca del vínculo que existe entre el papel moneda y el
oro, testimonia la circunstancia, de que cuando en un país cualquiera emite papel moneda, entonces
en cada billete de banco señalan expresamente su respaldo en oro, es decir aquella cantidad de oro
que este billete reemplaza o representa. Por ejemplo, hasta hace poco:

DIVISA GRAMOS DE ORO


Un dólar americano 0,888.671
Una libra esterlina inglesa 2,48.828
Un franco francés 0,1.800.000.150
Un franco suizo 0,2.032.258
Un rublo 0,987.412
Un forint húngaro 0,0757.575

La emisión de papel moneda sobre la base de las reservas de oro tuvo un significado de
excepcional importancia. Esta medida no solo sirvió para confirmar que cada papel estaba
respaldado por una cantidad determinada de oro sino que también al comienzo sirvió para garantizar
que cada billete emitido por la entidad legalmente autorizada por el Estado podía ser convertido en
oro en cualquier momento. Cualquier ciudadano podía exigir en la caja del banco la conversión de
su papel moneda en la cantidad de oro señalada en cada uno de los billetes de banco.

Sin embargo, durante la primera guerra mundial el sistema del papel moneda como signo de oro o
de dinero establecido sobre el principio de la libre convertibilidad sufrió un serio revés. Para cubrir
los gastos militares los gobiernos imperialistas emitieron enormes cantidades de papel moneda, que
fue imposible respaldar con oro. Comenzó la inflación. La libre convertibilidad del papel moneda
en oro que regía en todo el mundo se suspendió.

Por los años 1924-1928, en los países capitalistas se ensayó el último intento encaminado a
restablecer el sistema del papel moneda, aunque concebido, ciertamente, en otra forma. Fue
introducido el sistema de las “barras de oro”, cuya esencia consistía en que el banco emisor,
señalaba en la parte superior del billete de banco una suma determinada y se comprometía a
cambiarlo en cualquier momento por un lingote de oro. Por ejemplo, en Inglaterra era posible
convertir en oro los billetes de banco solo en el caso de que su suma total fuera superior a las 1.400
libras esterlinas (aproximadamente 200.000 pesos). En otras palabras: los poseedores de papel
moneda de poco valor fiduciario no tenían derecho a convertirlo en oro, en cambio los capitalistas
que disponían de gran cantidad de dinero, sí. De esta manera estaban asegurados ante el peligro

35
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

permanente de la devaluación. Con todo y esto, la inflación hizo fracasar estruendosamente el


sistema.

En 1933 también Estados Unidos de Norteamérica renuncio al sistema del papel moneda. A partir
de esta época, el papel moneda prácticamente no era cambiado por oro en ninguna parte, a pesar de
que en cada billete de banco se indicaba su respaldo en oro. De esta manera, los círculos capitalistas
dominantes quedaron con mayor libertad para poner en práctica la política anti-popular de la
inflación. En los años de la segunda guerra mundial la devaluación de la moneda alcanzo tales
límites que dejo muy atrás la fantasía más atrevida de la época. En Hungría, por ejemplo, a
consecuencia de la especulación de los capitalistas durante la guerra, la inflación alcanzo tal
magnitud entre los años 1939-1946, que después de la liberación (1 de agosto de 1946) cuando se
llevó a cabo la reforma monetaria, 400.000 cuatrillones de pengo se cambiaban por un forint. ¡Un
forint equivalía a 400.000 000 000 000 000 000 000 000 000 pengo! ¡Tan bajo había caído el papel
moneda en Hungría inmediatamente después de la guerra!

Así, pues, ya hemos hecho conocimiento con el oro como mercancía universal, es decir como
dinero, y de su secuela lógica: el papel moneda. Ahora ya estamos en condición de decir que
conocemos los rudimentos indispensables acerca del dinero, lo cual nos permitirá seguir paso a paso
su secreto y enigmático camino: la formación de inmensas fortunas a través del pillaje, el despojo y
depauperación de millones de hombres en el periodo inmediatamente anterior al capitalismo, o sea
en el de la acumulación primitiva de capital, es decir, cuando tuvo lugar la despiadada e
implacable carrera por el dinero.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

CAPITULO TERCERO

EN BUSQUEDA DEL DINERO

“Los precios son establecidos por Dios”7

Una vez que ya hemos establecido conocimiento acerca de los orígenes del dinero, podemos decir
que solo hemos dado el primer paso en el camino que conduce a la revelación de su secreto. Lo que
hasta el momento hemos sabido acerca de él, es muy sencillo: el dinero es una mercancía, que hace
el papel de equivalente universal; también supimos que se entiende por mercancía, como se
determina su precio, por qué el oro al fin y a la postre se difundió por todas partes en calidad de
dinero y cómo, por último, es posible reemplazarlo por papel moneda. En todo esto no hay nada que
se resista a nuestra comprensión. Sin embargo, el destino de millones de hombres ha estado
vinculado estrechamente con el dinero; millones de personas se han enfrentado encarnizadamente
por él. ¡Es tan inmenso su poder! Pero, ¿Qué entendemos por poder del dinero, de donde proviene?
Continuemos en la tarea de dilucidar su secreto.

Ya hemos hablado acerca del valor de la mercancía y también hemos dicho que este valor puede ser
expresado mediante la comparación con otras mercancías. Pusimos un ejemplo: 1 vestido de paño =
3 pares de zapatos, o 1 vestido de paño = 600 pesos. Por consiguiente, con esta suma de dinero
($600), es posible comprar tales artículos. Esto es lo que entendemos por valor de la mercancía.
Pero, entonces ¿por qué el valor no es siempre igual?

Traeremos a cuento un ejemplo del remoto pasado.

Juan es un campesino pobre que va al mercado para vender los frutos de su penoso trabajo anual:
unos cuantos sacos de maíz. Pero se encuentra con que el maíz a nadie le interesa. Todos preguntan
por trigo e inclusive ofrecen el doble de su precio, pero la disponibilidad del cereal en el mercado es
limitada. Pasa un año más, Juan nuevamente concurre al mercado, pero esta vez solo trae trigo para
la venta. Agobiado por la amarga experiencia del año pasado resolvió sembrar solamente trigo en su
parcela y obtuvo una cosecha abundantísima de dorados y pesados granos. Según sus cálculos el
dinero que obtendrá por concepto del trigo será suficiente no solo para pagar los impuestos y
liquidar las deudas contraídas en el año anterior, sino que algo habrá de quedar para comprar un par
de zapatos a su pequeño hijo. Todo esto lo trasiega en su cabeza, mientras sentado en el pescante
hace chasquear alegremente el látigo.

Sin embargo, en llegando a la ciudad, Juan ve con sorpresa que el mercado está saturado de trigo.
Todos aquellos que el año pasado cultivaron maíz y con cuya venta no lograron obtener el dinero
suficiente para cubrir los gastos de inversión, ahora ofrecen trigo a dos manos. Bien, ¿mientras tanto
que ocurre con los compradores? Como la cantidad de trigo es enorme y en cambio la de maíz es
pequeña, todos consideran sensato hacer provisiones de maíz, así pues que el dinero salvador al que
con tanta ansia había esperado Juan por concepto de la venta del trigo, no le alcanza, no digamos,
7 Antiguo proverbio (N. del A.)

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

ya, para comprar los zapatos a su hijo, sino tampoco para cancelar los impuestos. El suelo comienza
a tambalear bajo los pies del campesino. Quería ganar mucho dinero, por esto resolvió sembrar trigo
en vez de maíz, pero el valor del trigo cambio para mal y Juan se arruino. El dinero lo hundió.
Después de tal fracaso ¿será sorprendente que tanto Juan como el resto de los pequeños productores
de la Edad Media atribuyeran al dinero una fuerza mágica, un poder divino? No, en absoluto. Sobre
el hombre señoreaba con todo su inmenso poder su propia creación: el dinero. Para su propio mal el
hombre medieval no comprendía la terrible cuestión: ¿de qué depende el precio de la mercancía? Si
el precio de sus mercancías era elevado entonces daba gracias a Dios por su infinita bondad y por el
contrario si era bajo aceptaba con sumisa desesperación el peso de su divina venganza.

Pero, ¿Qué era lo que ocurría en realidad? ¿Por qué el campesino Juan debía arruinarse de manera
irremediable?

Si los compradores para un determinado producto son muchos y su disponibilidad en el mercado es


limitada, entonces su precio se eleva porque hay escasez: por el contrario si el producto que se
ofrece se encuentra en abundancia y los compradores escasean entonces el precio baja de manera
proporcional. He aquí todo el secreto; hasta este punto todo resulta muy sencillo. Sin embargo, esta
explicación todavía está muy lejos de ser una respuesta a la pregunta: ¿Qué determina el precio de
la mercancía, en comparación con que se establece, por ejemplo, que el precio del trigo sea elevado
o bajo?

Efectivamente, las nociones sobre oferta y demanda que hemos bosquejado, nos lanzan alguna luz
para comprender por qué el precio de un producto sube o baja con frecuencia, pero nada nos dice
acerca del valor.

En efecto, cuando la oferta y la demanda en relación con determinada mercancía se encuentran a un


mismo nivel, es decir cuando la proporción de la oferta corresponde exactamente a la de la
demanda, el fenómeno oferta-demanda pierde su poder determinativo sobre el precio. En este caso,
surge la siguiente pregunta: ¿Por qué, de todas maneras, es necesario pagar por ella? Sencillamente,
porque es el producto del trabajo del hombre y como tal tiene valor. Entonces, ¿Cuánto habría que
pagar? Tanto, como haya sido la cantidad de trabajo empleada en su producción. Es decir, en
relación con su valor. Efectivamente, el precio de un producto cualquiera no es otra cosa que su
valor (cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción), expresado en unidades
monetarias.

Por consiguiente, ¿de qué depende el precio de la mercancía?

Si el precio es la expresión del valor en unidades monetarias, entonces podemos asegurar que
depende de dos factores: 1.) del valor de la mercancía, y 2.) del valor del dinero, es decir del oro. Si,
por ejemplo, en la producción de un par de zapatos se emplean 20 horas y en la extracción de dos
gramos de oro también 20 horas, entonces el precio de los zapatos será igual a dos gramos de oro.

Examinemos ahora, que sucede cuando el valor de los zapatos disminuye dos veces debido a que en
su producción se emplea dos veces menos tiempo. En este caso el precio de los zapatos también
disminuye dos veces y se hace igual a un gramo de oro.

Se sobreentiende que el precio de los productos también cambia con la fluctuación que sufra el
valor del dinero, es decir, del oro. Si el valor del oro disminuye dos veces a consecuencia de la
reducción del tiempo de trabajo necesario para su extracción (por ejemplo, después del
descubrimiento de nuevos y ricos yacimientos de oro), el precio de los zapatos aumenta dos veces,

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

es decir se hace igual a cuatro gramos de oro. Por último, si el valor del oro y el valor de las
mercancías cambian en igual medida, los precios de las mercancías se conservan invariables. El
intercambio de las mercancías, por consiguiente, se realiza, en resumidas cuentas, en base de sus
valores.

Y si esto es así, entonces ¿Por qué, a pesar de todo, millares y millares de aplicados y tenaces
productores de artículos se han arruinado en el curso de los siglos al tiempo que otros se han
enriquecido?

Permítasenos una breve digresión por los dominios de la historia.

La sociedad esclavista fue condenada al hundimiento, debió a que llego un momento en que ya no
fue capaz de desarrollar más la producción. Los esclavos no tenían ya ningún interés en ella. Fuese
cual fuese el valor que produjeran, los esclavos recibían por su trabajo estrictamente lo necesario
para no morir de hambre. De esta manera se hizo inevitable el surgimiento de una nueva
organización social en la cual a mayor trabajo, el productor pudiese obtener directamente mayores
bienes materiales. Tal régimen social no fue otro que el feudalismo.

Lo característico del modo de producción feudal residía en que aquí se encontraban dos clases
fundamentales: 1.) La clase de los señores feudales, grandes latifundistas; y 2.) La clase de los
siervos de la gleba. El siervo de la gleba ya no era propiedad absoluta del terrateniente, como el
esclavo. Por ejemplo, el latifundista ya no podía disponer impunemente de su vida. Ciertamente, el
siervo pertenecía al señor feudal junto con la tierra, pero tenía derecho a participar de una parte del
producto de su trabajo. Si producía mucho, debía consecuentemente entregar más a su amo y
explotador, pero al mismo tiempo le quedaba más para su beneficio. De tal suerte él mismo estaba
interesado en el incremento de la producción.

Pero durante el feudalismo, llega un momento en que cada día más y más se va extendiendo la
producción artesanal. ¿Qué significa esto? Sencillamente, que unos artesanos producen para otros.
El sastre confecciona el traje para el zapatero y alfarero, y este último hace un puchero para el
sastre, etc. El tejedor fabrica la tela con la cual el sastre confecciona un traje, que más tarde compra
el mismo tejedor. Por consiguiente, cada artesano produce artículos para la sociedad, que más tarde
pone a la venta. El trabajo de productores aislados se fusiona y viene a constituir una parte del
trabajo de la sociedad tomada en conjunto. Naturalmente, entre esta última y los artesanos se
establece una dependencia recíproca. Hubiera sido, por consiguiente, ideal que hubiese existido una
dirección central del trabajo de los artesanos: de qué, dónde, qué cantidad de trabajo se invierte, con
qué utensilios se trabaja, cuánto se debe producir, etc. Esto, sin embargo, no era posible, pues tal
órgano de dirección central no podía existir en la sociedad feudal. ¿Por qué? Sencillamente, porque
si los resultados del trabajo podían unir a los artesanos, la propiedad personal los desunía.
Precisamente en esto, es decir en las relaciones específicas de la producción mercantil se encierra el
secreto de la gestación de los precios.

Cada productor particular trabaja aisladamente en su taller o en su pedazo de tierra; su relación con
los otros productores es solo casual y tiene lugar por lo general en el mercado. De ahí que los
productores no puedan saber en un momento dado, que cantidad necesita la sociedad de este o aquel
producto, ni tampoco conocer la cantidad que de esos productos están en capacidad de llevar al
mercado otros productores. Secuela lógica de tal estado de incomunicabilidad es la frecuente
superproducción de un artículo determinado y la escasez de otro, es decir, el caos en la producción.

39
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

En tales condiciones la producción solo puede ser controlada a través del precio. Si la producción
de un artículo cualquiera es escasa, consecuencialmente su precio se eleva. Ya que este artículo ha
traído pingües ganancias a sus productores, entonces cada día más y más productores se aplican a
su elaboración. Pero cuando la oferta supera la demanda, los precios comienzan a bajar, lo cual
advierte a los productores acerca del excedente de este artículo. La producción se reduce y este
proceso continua hasta tanto los precios no comiencen a crecer de nuevo. Esta regulación tiene por
consiguiente un carácter eventual, imprevisto, espontaneo y su aparición es postrera al fenómeno.
De tiempo en tiempo es acompañada de fuertes conmociones. Algunos artículos se hacen
incomerciables por la saturación que de ellos tiene el mercado, otros, por el contrario, adquieren
gran demanda y los compradores ofrecen buenos precios debido a su escasez. Entre tanto, ¿Qué
ocurre con los productores?

Los productores particulares no trabajan en igualdad de condiciones. El artesano que emplea


instrumentos rústicos, primitivos, elabora sus artículos con mayor esfuerzo y en un tiempo
considerablemente mayor que aquellos que cuentan con instrumentos más perfeccionados. Pero el
valor y, por consiguiente el precio del articulo está determinado por el tiempo de trabajo
socialmente necesario para su producción y no por la cantidad individual del mismo. El comprador
paga por un artículo cualquiera no en relación con la cantidad de trabajo que un productor dado
haya empleado en su elaboración. ¿Qué interés tiene en pagar más si puede adquirir este mismo
producto por menos dinero? A consecuencia de esto los precios de los artículos se van nivelizando
en el mercado.

Por consiguiente, el productor que labora en condiciones anti técnicas y emplea en la elaboración de
un artículo mayor cantidad de trabajo que la cantidad media socialmente necesaria, o lleva al
mercado cierto producto del cual hay gran disponibilidad, tiene necesariamente que sufrir pérdidas
que lo llevaran a la pobreza y a la ruina. Al mismo tiempo, el productor que trabaja en condiciones
mejores a las ordinarias, o produce artículos cuya disponibilidad en el mercado es limitada, y por lo
tanto gozan de mayor demanda, tiene necesariamente que enriquecerse. Todo esto tiene ocurrencia
en el juego de las despiadadas condiciones que reglamentan la libre ocurrencia. De esta manera, la
desigualdad económica y de bienes de fortuna se profundiza cada vez más y más.

Los productores que se han enriquecido en la lucha de la libre concurrencia se encuentran en


situación ventajosa frente a los que no pudieron resistirla. De ahí que estos últimos, arruinados,
devengan en obreros de los artesanos ricos.

El poder del dinero, el capitalismo –este monstruo de los nuevos tiempos- ya se palpa, ya se deja
sentir en la época del feudalismo. Cierto es que de manera casi imperceptible, pero su negra sombra
ya comienza a cubrir el cielo.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

POR LOS SENDEROS DEL COMERCIO

Ya en los albores de la sociedad esclavista, durante el desarrollo del intercambio, hizo su aparición
cierta clase de personas que se ocupaban exclusivamente de la compra y venta de artículos: los
mercaderes. Cuando los mercaderes se separaron de los agricultores y artesanos, tuvo lugar la
siguiente gran división social del trabajo.

El mercader compra con su dinero el artículo y lo vende a mayor precio, lo cual trae un inmediato
beneficio para él. Las condiciones propias de la sociedad esclavista y especialmente las guerras
permanentes con el fin de capturar esclavos hicieron del comercio una actividad en extremo difícil y
peligrosa. Durante el transporte de las mercancías los mercaderes eran saqueados muy a menudo,
con peligro de sus propias vidas. Por esto los costos del comercio se hicieron excesivamente altos y
también demasiado altas las ganancias provenientes de este tipo de actividad. Con ganancias tan
elevadas se hizo posible solo la venta de esclavos y de artículos de lujo, usados por los esclavistas.
Por eso antes que todo se desarrolló el comercio de esclavos y junto a él, como algo aleatorio, el
comercio de especias orientales, sedas, piedras preciosas y toda clase de adornos. En sus comienzos
el comercio fue marítimo, puesto que el transporte de la mercadería por mar ofrecía mayores
seguridades que por tierra firme.

Al principio los centros comerciales fueron Fenicia, Cartago y las ciudades-estados de Grecia.
Después de la creación del imperio Romano este papel pasó a Roma. Aquí confluían los tesoros de
los países conquistados, convirtiéndose Roma de esta manera en un verdadero paraíso para los
mercaderes.

Después de la caída de Roma, en los albores del feudalismo, el centro de gravedad del comercio se
trasladó a Bizancio y luego a tierra árabe. Aquí comenzó el rápido desarrollo del comercio terrestre.
Los mercaderes se unían en grandes grupos, contrataban una guardia armada y despachaban sus
mercancías en caravanas.

En la Edad Media el comercio prospero especialmente en las ciudades-estados de Italia: Venecia,


Pissa, Génova y Florencia. Los mercaderes italianos concertaron las más grandes transacciones
comerciales con el Oriente, transportando por los ríos sus mercaderías al Occidente. En defensa de
sus intereses comerciales la Iglesia Católica Romana dio comienzo a las cruzadas. A partir de los
años finiseculares del siglo XI y por espacio de más de ciento cincuenta años libro una guerra
cruenta contra los árabes por los medios de comunicación para el comercio terrestre. La Iglesia
católica en toda Europa envió a centenares de miles de personas hacia la muerte con el pretexto de
reconquistar el Santo Sepulcro del fundador de la religión cristiana, Jesucristo, pero en realidad su
único propósito era el de no perder su señorío sobre los caminos que conducían a los fantásticos
tesoros de Oriente. Sobre lo que significaba para las ciudades-estados de Italia el comercio con
Oriente, testimonia este ejemplo tomado al azar: Marco Polo, por aquel tiempo, trajo de un viaje al
Oriente tanta mercancía, que su valor supero en veinte veces todos los gastos.

Por aquel entonces, el vigoroso desarrollo de las ciudades comerciales alemanas situadas sobre los
mares del Norte y Báltico, suscitaron la activación de la vida económica de la Europa occidental. En

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HISTORIA DEL DINERO
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el siglo XII estas ciudades se unieron en una liga política-económica (Hansa) 8. Las ciudades que
hicieron parte de la Hansa, entre ellas en primer lugar, Lubeck, Hamburgo, Kiel, Bremen y Colonia
lograron inmenso poder. Mantuvieron en sus manos todo el comercio de la Europa Occidental y
Septentrional, emitieron dinero propio, mantuvieron una poderosa escuadra marina y tuvieron
colonias comerciales allende los mares. No obstante, en el siglo XV el poder de las ciudades de la
Hansa comenzó a debilitarse y a fines del siglo XVII la alianza se desintegro. ¿Qué había pasado?
Bueno, en particular, sucedió que los países vecinos se fortalecieron, acrecentaron su potencia
marítima, especialmente Holanda, y la navegación les creó una nueva posición en el mundo.
Hablando con propiedad, a Hansa la destruyo, al unísono, el poder de las ciudades-estados de Italia
y ese grupo de bravos capitanes, de valientes descubridores como Vasco de Gama y Cristóbal
Colon. Así pues, este cambio no ocurrió como consecuencia de campañas militares o de la
competencia comercial sino más bien debido al gran hallazgo geográfico que constituyo el
descubrimiento de la vía marítima para llegar a la India y ante todo al descubrimiento del “Nuevo
Mundo”, América.

Simultáneamente a los nuevos descubrimientos geográficos se establecieron nuevas rutas


marítimas, nuevos rumbos por los cuales se realizaba el comercio, cuyo papel rector lo tomo por
muchos años Holanda, España, Portugal, y más tarde, a partir del siglo XVII, Inglaterra. Las viejas
rutas marítimas se olvidaron, y por las nuevas empezaron a fluir atropelladamente a la Europa
Occidental, inauditas cantidades de oro, fabulosas riquezas, que iban haciendo a un lado todo lo
viejo y caduco, realizando de esta manera la revolución, en primer lugar en el campo de la
producción industrial.

El comercio, que había logrado una grandiosa envergadura, demandaba la disponibilidad de una
enorme cantidad de artículos en el mercado. Anteriormente, los comerciantes compraban a los
pequeños productores sus productos, para venderlos luego a mayor precio. De esta manera se
enriquecían, a la par que los pequeños productores caían en la miseria. Ahora el mismo comerciante
entrega al pequeño productor caído en desgracia, la materia prima y los instrumentos de trabajo, con
la condición de que produzca más. De esta manera, el pequeño productor pierde su independencia
económica. Se convierte, en esencia, en un trabajador asalariado, sin bienes materiales. El siguiente
paso consiste en que el rico comerciante reúne en un local a los pequeños productores
empobrecidos y los obliga a trabajar para él.

Este es un paso más hacia el capitalismo…

8 Liga o hansa de las ciudades comerciales de la Alemania del noroeste, a cuya


cabeza Lubeck. La Hansa o liga hanseática fue fundada en 1241; tenía por
objeto proteger el comercio de las ciudades alemanas contra los piratas del
Báltico y defender sus franquicias contra los príncipes vecinos. Esta
confederación política y comercial, que floreció durante varios siglos y extendió
a lo lejos su comercio contaba, a fines del siglo XV 64 ciudades, poseía flotas,
un ejército, un tesoro y un gobierno particular. La marina de dichas ciudades
tenía el monopolio del comercio del Báltico y la liga tenia establecimientos
desde Inglaterra hasta Nóvgorod, en Rusia. Muy decaída en el siglo XVI, abrió
sus últimos puertos al comercio general en 1723. (N. del T.).

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

USUREROS, BANQUEROS…

En la época en que el comercio comenzaba a tomar auge, una de las actividades del mercader fue
también la del comercio con el dinero: con el oro y con la plata.

En diversos países acuñaban monedas de oro y plata de diferente grado de pureza (cantidad de
metal noble contenido en cada moneda) y diferente tamaño. Durante la expansión del comercio,
como también durante las guerras de conquista las monedas de los diferentes países se
intercambiaban, pero el pago solo se podía efectuar con dinero del país dado. En consecuencia,
dentro de los límites de cada país las monedas extranjeras necesariamente debían ser cambiadas por
dinero de este país. De otro lado, los comerciantes y otras personas adineradas que salían al
extranjero, tenían necesidad de dinero de otros países, el cual compraban con moneda nacional. Con
el correr del tiempo algunos comerciantes llegaron a conocer muy bien las monedas extranjeras, y
se dieron a la tarea de acumularlas en grandes cantidades. De esta manera se dedicaron
exclusivamente a cambiar dinero, es decir al comercio con el dinero. Tuvo lugar, entonces, la
división del trabajo dentro del campo del comercio: paralelamente a los comerciantes que se
ocupaban en el intercambio de artículos comunes y corrientes surgieron los cambistas, o sea
comerciantes dedicados al intercambio de una mercancía especial: el dinero.

En un espacio de tiempo relativamente corto, en las manos de los cambistas ya se había acumulado
fantásticas sumas de dinero. Paulatinamente, y al lado del cambio de monedas se fueron ocupando
en una nueva actividad: guardar y prestar dinero. En aquel entonces, debido a la deficiente
organización en relación con la seguridad social del individuo, no era recomendable a quien no
contara con suficiente guardia armada tener en su casa demasiadas monedas de oro y plata. Estas
personas entregaban su dinero a la custodia del rico cambista, quien lo guardaba y lo devolvía al
dueño cuando éste lo requería. Representémonos a un cambista cualquiera, que de esta manera ha
acumulado en sus arcas inmensa cantidad de dinero. Es apenas natural que en su cabeza surgiera la
siguiente idea: “¿Por qué estas grandes sumas de dinero han de permanecer en mi poder sin ningún
beneficio para mí? Es poco probable, que todos los propietarios a un mismo tiempo y en un mismo
día exijan la devolución inmediata de todo su dinero. Daré parte de este dinero en préstamo a quien
lo requiera, con la condición de que sea devuelto en un plazo determinado. Y como quiera que mi
deudor, durante este periodo empleara el dinero, quizás en transacciones comerciales, es natural que
obtenga algunas utilidades. Por eso, además del dinero obtenido en préstamo deberá entregarme al
vencer el plazo estipulado una suma adicional”.

Así se dio comienzo a las transacciones crediticias. Aquellos que por alguna razón se encontraban
apurados de dinero –comerciantes, señores feudales y no pocas veces el mismo rey o el erario
nacional-, recurrían al cambista quien les prestaba grandes sumas de dinero a intereses
“razonables”. El interés era el pago por el goce del dinero recibido en préstamo o, hablando con
propiedad, “la compensación por el temor” de quien daba el dinero en préstamo y se exponía de tal
suerte a un gran riesgo. Estos intereses, no obstante, alcanzaron en algunos casos cuantías
increíbles: en la antigua Roma los usureros exigían del 50 al 100 por ciento, y en la Edad Media
alcanzo el 100 y el 200 por ciento, y en algunos casos más, en relación directa con la necesidad que
acusaba el solicitante o del monto de la suma. A estos intereses se les dio el nombre –con toda
justicia- de usurarios, el dinero recibido en préstamo, capital usurario y al propio acreedor, usurero.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

El cambista se sentaba a ejercer su profesión en un banco de madera en algún lugar del mercado. De
aquí toman su origen las palabras “banquero” y “banco” (“ban” en latín significa asiento o
banquillo).

Los primeros verdaderos bancos en la historia fueron creados por los sacerdotes. En el mundo
antiguo, entre los egipcios, babilonios y más tarde entre los griegos y romanos estaba ampliamente
difundida la usanza, según la cual los ciudadanos más acaudalados debían confiar su oro a la
custodia de los sacerdotes. El templo de Artemisa o el oráculo de Apolo de Delfos, que daban en
préstamo el dinero recibido para su custodia, percibían por concepto de los intereses sobre estas
sumas, tal cantidad de oro y plata que sobrepasaba en muchas veces la obtenida en gracia a sus
vaticinios que, en honor a la verdad, tampoco era escasa.

La Iglesia cristiana no solo continuó la tradición de las operaciones crediticias de los antiguos
sacerdotes, que, entre otras cosas, consideraban paganos, sino que las desarrolló en gran escala. La
Iglesia católica creó el “El Banco del Espíritu Santo” –que todavía existe- con un fabuloso capital
inicial. Su verdadero propósito era el de hacer más expedita la exacción a los fieles de los llamados
“denarios” (¡ojala de oro!) de San Pedro que estaban destinados a satisfacer las frugalidades del
Papa, y para facilitar el pago de los diezmos e indulgencias, como también, naturalmente, para la
realización de las transacciones relacionadas con empréstitos, en otras palabras, con la usura. Al
mismo tiempo lanzo una anatema y condeno a las mazmorras de la inquisición a los ciudadanos que
prestaban dinero a interés, aunque este interés fuera menor al que ella exigía por su dinero. No
satisfecha con la posesión de un banco particular, la Iglesia autorizó a algunos monasterios y
templos para que comercializaran con dinero, es decir para que se dedicaran a la usura.

La Iglesia prohibía a sus fieles cobrar interés alguno por el dinero que estos dieran en préstamo,
invocando como autoridad a las Sagradas Escrituras, en las cuales se lee: “Amad, pues, a vuestros
enemigos, y haced el bien, y prestad, no esperando de ello nada”. (San Lucas, 6, 35). En realidad
esta interdicción era motivada por un interés económico muy “mundano”: la Iglesia ambicionaba
asegurarse el monopolio absoluto en la exacción de intereses.

Los terratenientes que se encontraban en algún aprieto económico hipotecaban sus haciendas a los
bancos eclesiásticos y si no cancelaban la deuda en el plazo estipulado, todos sus bienes pasaban a
ser propiedad de la Iglesia. De esta manera, la Iglesia Católica Apostólica Romana adquirió a bajo
precio inmensos dominios territoriales que vinieron a sumarse a sus ya incalculables riquezas.

No obstante las maldiciones y amenazas con el fuego eterno, la Iglesia no pudo contener la avidez
de ganancias y de lucro de las gentes, tanto más, cuanto que el mismo desarrollo del comercio
exigía la creación de una amplia red bancaria. Las iniciadoras de esta actividad fueron las ciudades-
estados de Italia, las cuales contaban con un vasto comercio, cuyo radio de acción se extendía a los
más lejanos confines del mundo conocido. El primer banco privado fue fundado por el duque Vitali
en el año 1157 en Venecia. En pos de este, en los siglos XIII, XIV y XV se fue creando toda una
verdadera red bancaria. A la Iglesia no le quedo otro camino que aceptar la realidad de los hechos:
no se encontraba ya sola en el campo de las transacciones crediticias, en el mundo de la usura. Sin
embargo, con el fin de evitar la caída de su prestigio se creyó en la necesidad de fundamentar este
fenómeno desde el punto de vista religioso. Esta vez, tampoco las Sagradas Escrituras, que dan para
todo, la hicieron quedar mal ante los ojos de sus fieles: en el Evangelio de San Mateo se dice que el
dinero proveniente del trabajo humano puede crear más dinero.

El Papa León X en el año 1515 declaro, inclusive, que la exacción de los intereses era admisible y
que quien asegurara lo contrario sería excomulgado.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Después del descubrimiento de América y consecuentemente del impetuoso florecimiento del


comercio en la Europa occidental, surgieron a fines del siglo XVI y comienzos del XVII poderosas
casas bancarias. Entonces hizo su aparición una nueva clase de transacción: la cuenta corriente,
que existe hasta hoy en día. Su esencia reside en lo siguiente: los poseedores de dinero, en primer
lugar los comerciantes, depositan en el banco una determinada suma de dinero, bajo la
denominación “cuenta corriente”. Más tarde, si el comerciante tiene necesidad de efectuar un pago,
entonces llena un formulario expedido por el mismo banco y que se llama cheque. Así tenemos, que
cheque no es otra cosa, que una orden que el depositante da al banco para que este pague al portador
la suma de dinero estipulada en el cheque, deduciéndola de su cuenta corriente, o la transfiera a la
cuenta corriente de otro depositante. Por ejemplo, el comerciante A abastece de mercancías al
comerciante B y recibe de este en vez de dinero un cheque. El comerciante A queda de esta manera
liberado de la necesidad de correr cualquier riesgo, a lo cual estuviera sometido en el caso de tener
que llevar este dinero en efectivo. El comerciante A lleva el cheque al banco, lo deposita, y el banco
se encarga de hacer las operaciones correspondientes para que la suma estipulada en él pase a la
cuenta corriente de A deduciéndola de la de B. A su vez el banco hace igual operación con los
cheques del comerciante A que reciba, firmados por él, a favor del comerciante B o C. De esta
suerte, las grandes transacciones comerciales, se pudieron realizar sin dinero en efectivo.

La segunda rama del comercio fue constituida por las letras de cambio. Por ejemplo, un productor
vende su mercancía a un comerciante por determinada suma de dinero, pero el comerciante no hace
el pago correspondiente de manera inmediata, sino que solicita al vendedor un plazo para hacerlo.
El comprador se obliga ante el vendedor –ahora convertido en su acreedor- a satisfacer con dinero
en efectivo y en un plazo determinado la deuda contraída. Esta obligación es la letra de cambio.

La letra de cambio, por consiguiente, es una carta de crédito, mediante la cual el deudor se
compromete a pagar en un determinado plazo al poseedor de la letra de cambio la suma de dinero
en ella estipulada. Es muy frecuente que el poseedor de la letra de cambio o librador necesite del
dinero antes de que venza el plazo. Entonces entrega la letra de cambio al banco, el cual paga
inmediatamente la suma estipulada, deduciendo de ella naturalmente el interés por el tiempo de
vencimiento. Por ejemplo, el productor A vende mercancías al comerciante B por valor de
$5.000,00 y recibe de él una letra de cambio por $5.250,00, de los cuales $5.000,00 cubren el valor
de la mercancía y $250,00 vienen a representar un recargo o los intereses por la utilización o goce
del dinero en el curso de medio año. Tres meses más tarde el productor entrega al banco la letra de
cambio por $5.125,00. Como quiera que el banco ya haya quedado en calidad de poseedor de la
letra de cambio, a su vencimiento el deudor deberá pagar al banco toda la deuda, es decir $5.250,00.
El interés retenido -$125,00- constituye la ganancia del banco.

De las operaciones con letras de cambio surgió el billete de banco. En la vida comercial cada vez es
más frecuente observar que los pagos no se hacen con dinero en efectivo sino con letras de cambio
u obligaciones. Cuanto más rico y por consiguiente más seguro sea el cliente que firme una letra de
cambio en calidad de librado, tanto más a gusto la aceptan en vez de dinero en efectivo y tanto más
largos son los plazos fijados. Para aceptar la modalidad de la letra de cambio, los hombres de
negocio partieron del convencimiento de que en cualquier momento podían obtener a su
presentación dinero en efectivo, ya que el librado debería disponer de suficientes bienes. Si el
librador goza de la confianza de todo el país, supongamos un banco, entonces sus letras de cambio
serán aceptadas sin recelo, en calidad de dinero. Esta es la esencia del billete de banco.

El billete de banco es en consecuencia una obligación por una determinada suma de dinero, emitida
por un banco autorizado para tal efecto, y el cual se compromete a pagar cumplidamente en dinero

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

en efectivo y en cualquier momento la suma allí estipulada. Aquí podemos observar la diferencia
sustancial que existe entre papel moneda y billete de banco. El papel moneda es emitido por el
Estado, quedando el ciudadano por virtud de las leyes en la obligación de aceptarlo. En cambio, el
billete de banco es aceptado por los ciudadanos no obedeciendo una imposición del Estado sino
porque están seguros de que en cualquier momento existe la posibilidad de cambiarlo por moneda
respaldada en oro.

En el transcurso de más de 100 años durante los cuales se lanzaron sucesivas emisiones de billetes
de banco, este sistema logro en la práctica un gran desarrollo. Los bancos hacían emisiones de
cuantiosas sumas, que podían ser mantenidas en circulación dentro de la población –que confiaba
en la solvencia del banco- en vez de dinero. Esto era muy ventajoso para los bancos, pues daban en
préstamo billetes de banco y el interés lo recaudaban como si se tratara de dinero legal y corriente.
Con todo, a mediados del siglo XIX, el Estado puso un límite a los bancos para la emisión de
billetes. La emisión de tales billetes paso a ser exclusividad de un solo banco, llamado emisor. De
esta manera gran parte de la ganancia obtenida quedaba en manos del Estado. Pero cuando la
carrera armamentista y el crecimiento de los gastos militares provocaron la necesidad de aumentar
los ingresos del tesoro público, el Estado sencillamente ordeno a los bancos “poner a toda marcha
las prensas emisoras”, y la ciudadanía se vio obligada a aceptar billetes de banco desvalorizados.
Esta circunstancia llevo a que los billetes de banco se convirtieran en papel moneda.

Los usureros y los bancos aceleraron en gran medida el proceso de pauperización de los pequeños
productores y enriquecimiento de un reducido círculo de individuos. El productor, que había
recibido un préstamo a altos intereses, debido al envilecimiento de los precios en el mercado o a
cualquier otra eventualidad, se veía abocado al peligro de no poder cubrir la deuda antes de su
vencimiento. En este caso sus bienes eran rematados en subasta pública. Los pequeños productores
arruinados se convertían en obreros y los banqueros continuaban multiplicando sus riquezas.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

EN EL UMBRAL DE LOS NUEVOS TIEMPOS

El proceso descrito arriba que llevo al enriquecimiento de unos y al empobrecimiento de otros, a la


aparición de los obreros asalariados, por un lado, y a la de los capitalistas, por otro, fue un hecho
real y efectivo desde el punto de vista histórico; sin embargo por lo que concierne al apetito canino
de los grandes poseedores de fortuna podemos decir que fue relativamente lento. Por este tiempo las
fuerzas de producción habían crecido inconmensurablemente. Se había desarrollado la agricultura y
la ganadería, pero el crecimiento de la industria se había incrementado de manera particularmente
rápida. Ahora ya se emplean los molinos de viento en las labores de batanadura o enfurtido, en el
desmenuzamiento de los materiales colorantes e inclusive en la forja del hierro. Se perfecciona el
telar, se inventa la imprenta, se levantan los primeros altos hornos y surge la producción de acero.
Este desarrollo hace posible la creación de fuertes empresas que absorben en un mismo lugar la
fuerza de trabajo de grandes ejércitos de obreros. Pero el verdadero cambio tuvo lugar en el siglo
XVIII, durante la gran revolución industrial, con la fabricación de las grandes maquinas con destino
a la industria. Una vez que fue inventada la máquina de hilar y en la industria comenzaron a
emplear las máquinas de vapor, se dio comienzo entonces a la verdadera gran producción de
artículos. Pero el sistema moribundo, el supérstite régimen social del feudalismo frenaba este
desarrollo. ¿De qué manera?

La gran industria necesitaba de muchos obreros para satisfacer su creciente capacidad de


producción. El número de trabajadores dispuestos a desempeñarse en las nuevas actividades
industriales era insuficiente. La gran industria necesitaba que una gran masa de campesinos
emigrara de sus aldeas hacia las ciudades para que trabajaran en los talleres, usinas y fábricas. Pero
acontecía, que los siervos de la gleba no eran libres; sus bienes y vidas dependían de la voluntad de
los señores feudales sin cuyo permiso no podían abandonar su terruño. A más de esto, ellos mismos
no querían marchar a las ciudades, pues ¿Quién les aseguraba que no iban a vivir peor que en el
campo? Nada espontaneo o natural los impulsaba a convertirse en obreros asalariados. ¿Qué hacer?
Se hacía necesario liberar al siervo de la gleba, concediéndole en primer lugar su libertad
individual, para que de esta manera tuviera el derecho de convertirse en obrero asalariado. También
había que liberarlo de sus vínculos ancestrales con la tierra, para que se viera obligado a devenir en
obrero si no quería morir de hambre al ser privado de su medio de producción: la tierra.

El desarrollo de las relaciones capitalistas de producción es detenido por los mismos señores
feudales y por diversos pequeños señores de provincia. Como verdaderos asaltantes hacen del
comercio una ocupación poco sólida, introducen diversos aranceles e impuestos, desvalorizan y
falsifican constantemente el dinero, crean una plena incertidumbre en el mañana y, como si esto
fuera poco, el dinero que queda en la población, después del pago de los numerosos tributos, es
arrebatado violentamente por el señor feudal, empleando en tal empresa medios bandidismos.

Comienza la época de la revolución burguesa. En Inglaterra a comienzos del siglo XV la


servidumbre prácticamente ya había desaparecido, debido a que los campesinos podían comprar en
metálico diversos derechos. La inmensa mayoría de la población estaba constituida por el

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por Jozsef Robert

campesinado. Comoquiera que ya poseía la libertad individual, solo restaba “liberarlo” de sus
medios de producción, que no eran otros que la tierra.

El proceso de la usurpación de las tierras estuvo vinculado con la ampliación de la industria ovina.
En el siglo XV, en Inglaterra comenzó a desarrollarse impetuosamente la industria de paños, y la
demanda de lana creció de manera extraordinaria. La cría de ovejas se convirtió en el negocio más
lucrativo no solo para los terratenientes, como que también para los ricos industriales de paño y
comerciantes de la ciudad. Se da comienzo entonces a la usurpación de las tierras a los campesinos
que se agarraban a la tierra de sus antepasados, de viva fuerza, con ayuda de soldados, eran
arrojados de sus casas, las cuales eran destruidas o incendiadas. Aldeas completas desaparecieron de
la noche a la mañana de la faz de la tierra, provincias enteras eran devastadas de un día para otro.
Fue entonces cuando se hizo famoso en el pueblo el siguiente proverbio: “Las ovejas se
manducaron a los hombres”.

Expulsados de sus lares los campesinos en masa se convirtieron en mendigantes, vagabundos o


bandidos.

A fines del siglo XV y comienzos del XVI fueron adoptadas leyes crueles y despiadadas contra los
mendigantes y vagabundos, con el fin de obligarlos a trabajar en la industria manufacturera. Por
decreto de Enrique VIII, los vagabundos sanos y fuertes eran atados a la parte posterior de un carro
y azotados con un látigo hasta hacerlos sangrar. Si un vagabundo caía en manos de los agentes del
orden por segunda vez, le cortaban una oreja y le repetían el tratamiento arriba descrito. La tercera
vez le correspondía la pena de muerte. Durante el reinado de Enrique VIII, fueron ejecutados en la
horca 72.000 vagabundos; análogos decretos fueron promulgados por sus sucesores. Los métodos
de los reyes ingleses fueron acogidos por toda la Europa Occidental. Por toda Europa se
construyeron reformatorios laborales en donde se recluía a quien sin permiso abandonaba su lugar
de trabajo.

Así, pues, ya contaban con obreros: este fue un lado del proceso, así llamado acumulación
primitiva de capital.

El segundo lado del proceso consistió en que las grandes fortunas crecían más rápidamente, de
manera más impetuosa. Las grandes fortunas se hacían ante todo en el comercio exterior,
principalmente a partir de aquellos tiempos en que comenzó el saqueo de las colonias recién
descubiertas.

Efectivamente, el comercio exterior de esta época difería muy poco del pillaje común o piratería.
No es casual que en Francia, por aquella época, para significar los conceptos de marino y pirata
sirviese una misma palabra. El despojo de las colonias se dio comienzo con el saqueo del oro y la
plata de los ricos países de América y con el constreñimiento de la población indígena a extraer los
metales nobles, trabajo arduo que la fue diezmando rápidamente, a lo cual contribuía el
conquistador con las periódicas degollinas que practicaban entre la población aborigen.
Continuación natural de esta situación fue la exportación de negros africanos y su comercio. Los
negros eran vendidos en calidad de esclavos. Tampoco se puede dejar sin mención especial el

48
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

saqueo de que fue objeto la India. La formación del sistema colonial fue acompañado
indefectiblemente de guerras entre los países europeos por el dominio de las colonias y las vías
comerciales. Estas guerras tuvieron su origen en los intereses económicos del comercio, pero al
mismo tiempo contribuyeron a su prosperidad. Los gastos militares y los créditos concedidos al
Estado significaron ganancias fantásticas para quienes financiaban la guerra.

Como vemos, todas las premisas estaban dadas. La acumulación primitiva del capital, aunque al
precio de lágrimas y sangre, ya se había cumplido.

Las clases explotadoras tuvieron el cuidado de difundir ampliamente en relación con el origen de
sus grandes fortunas la siguiente fabula entre los desheredados: “Hubo en cierta época un puñado de
hombres emprendedores, tenaces y ante todo sobrios y ahorrativos que naturalmente se
enriquecieron. Por otro lado, coexistió con ellos una legión fantástica de hombres perezosos,
ineptos, incapaces y despilfarradores que se empobrecieron. De estos últimos provienen los
indigentes y obreros”. Pero ya hemos visto, que históricamente esto no fue así.

Decenas y centenas de millones de hombres tuvieron que entregar su vida o arruinarse, porque
algunos centenares de miles en su afán de enriquecerse a cualquier precio, destruían, despojaban y
arrasaban lo que hallaban a su paso. Pero la acumulación primitiva del capital había logrado su
objetivo. Ya se disponía de millones de hombres que no tenían nada, excepción hecha de su
capacidad de trabajo. Gozaban de libertad personal y habían sido “liberados” de los medios de
producción. También existían ya los poseedores de inmensas fortunas, listos, como aves de rapiña a
dar el salto, para caer sobre la población desposeída. Cada día imaginaban una nueva estrategia,
cada día tomaban medidas efectivas “dentro de la legalidad”, que les permitía el enganche de mayor
cantidad de obreros para sus fábricas y obtener de esta manera más y más dinero, y más y más
riquezas. Para ellos no existía más que un solo interés: dinero, dinero y más dinero.

Paralelamente al fortalecimiento económico, la burguesía logro el poder político. La primera


revolución burguesa triunfo en Inglaterra 9; desde entonces se dio comienzo a una nueva época en la
historia de la sociedad humana.

El camino hacia el capitalismo, hacia el poder del dinero estaba abierto.

9 La revolución inglesa de 1648 empezó en realidad en 1642, con la ejecución


de Strafford y con la guerra entre el rey Carlos I y los parlamentarios; fue
consagrada por la ejecución del rey en 1649 y la proclama de la república bajo
el protectorado de Cromwell. La restauración de los Estuardo se efectuó en
1660, pero en 1688 fue derribado Jacobo II y la revolución de 1688 hizo subir al
trono a Guillermo III, primer rey verdaderamente constitucional del Inglaterra.
(N. del T.).

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

CAPITULO CUARTO

EL PODER DEL DINERO

¿Puede el dinero engendrar más dinero?

En el capítulo anterior hemos seguido paso a paso el camino que tuvo que recorrer en sus primeras
etapas el nuevo régimen social. Como resultado de la acumulación primitiva del capital, de la
revolución industrial y de la burguesa más tarde, advino el capitalismo, sistema social en el cual el
poder del dinero logra su más alto nivel, en el que todo toma el carácter de mercancía, en el que
todo se compra y todo se vende; sistema social en el cual solo existe un dios, una patria, una ley y
un poder: el dinero

La característica de la sociedad capitalista consiste en que esta se va dividiendo, cada vez más
profundamente en dos grandes clases antagónicas: la clase de los capitalistas o burguesía y la de los
obreros o proletariado.

Los medios de producción se encuentran en manos de la burguesía, de tal suerte que los obreros
asalariados, privados de estos medios, se ven forzados por la necesidad a vender a los capitalistas su
fuerza de trabajo.

Por consiguiente, esta sociedad está fundada en la explotación de los obreros por los capitalistas.
¿Cómo se lleva a cabo esta explotación?

En las sociedades que precedieron al capitalismo la explotación de los desposeídos se realizaba


abiertamente, de tal manera que era un fenómeno que no escapaba a la atención del observador
menos suspicaz. Cuando el siervo de la gleba, por ejemplo, trabaja en su parcela, es claro a todas
luces, que lo está haciendo. La situación es aún más clara en relación con los esclavos, quienes
trabajan exclusivamente para el esclavista, aunque en algunos casos podían gozar de una parte
insignificante de los bienes materiales producidos por ellos.

En el caso del obrero, todo resulta al contrario. Parecería que el trabajase exclusivamente para sí
mismo. Y esto es debido solo a las relaciones dinero-mercancías, que han lanzado sobre el
fenómeno una tenue cortina de humo.

Si observamos la producción artesanal, vemos por ejemplo, que el pequeño productor o artesano va
al mercado, vende su producto o articulo y a continuación compra con el dinero obtenido un nuevo
producto diferente del que ha vendido. Al fin y al cabo, el objeto de este intercambio ha sido
precisamente el de obtener a cambio de un artículo, otro, indispensable para el productor. En
consecuencia, podemos decir, que el fin de esta transacción no ha sido otro que el valor de uso.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

El capitalista también concurre al mercado, pero no con el fin de cambiar artículo por artículo, sino
con el objeto de cambiar dinero por mercancía. Más tarde vuelve a cambiar esta mercancía por
dinero. El fin de este intercambio por consiguiente, consiste no en la satisfacción de ciertas
necesidades sino en la circulación del dinero.

Naturalmente, esta operación (la compra de la mercancía y su venta) tiene sentido solo en el caso en
que al fin del proceso el capitalista tenga más dinero que al comienzo de él. El intercambio, por
consiguiente, se realiza de tal manera, que con el dinero se compra la mercancía, la cual más tarde
se vende por una suma mayor. En esto reside el fin y el sentido de todo el proceso.

El dinero que ha realizado este movimiento (circulación) toma el carácter de capital. El capital no es
otra cosa que las relaciones de producción, las relaciones establecidas entre obrero y capitalistas,
durante las cuales estos últimos poseen el derecho exclusivo a la riqueza mientras los otros,
millones de hombres, están privados de este derecho.

Pero, conviene preguntarnos: ¿de dónde proviene en el proceso del cambio la cantidad de dinero
adicional? ¿Cómo resultado del engaño? Efectivamente, hay casos en que el poseedor del capital
logra engañar a sus clientes, comprando a precios bajos y vendiendo por el contrario a precios
elevados, con lo cual naturalmente obtiene una gran utilidad. Pero este es un caso particular.
Además, si un capitalista engaña a otro, el primero se hará más rico, mientras el segundo disminuirá
su riqueza en la proporción en que fue engañado. Sin embargo, ya hemos podido observar a través
del ligero análisis que hemos hecho de la sociedad capitalista, que en ella se enriquecen por regla
general, todos los capitalistas, aunque ciertamente no en igual medida. Esto significa, que existe
algo que permite el enriquecimiento no solo de ciertos capitalistas, sino de todos los poseedores de
dinero en general.

Supongamos, que todos los compradores están en capacidad, en un momento dado, de comprar
todas las mercancías a un precio inferior a su valor. Sin embargo, cada poseedor de dinero, que
actúa al comienzo del proceso en calidad de comprador, se convierte más tarde en vendedor. Por
consiguiente, ahora le compraran la mercancía a un precio inferior al que él tuvo que pagar. De esta
manera, nuestro poseedor de dinero pierde en la venta lo que ganó en la compra.

Así tenemos, que por el camino del engaño reciproco es imposible que todos los capitalistas se
puedan enriquecer al mismo tiempo.

Si un capitalista compra y vende la mercancía por su mismo valor, ¿entonces de donde sale la
utilidad? Cualquier sociedad solo puede vender el valor que este en capacidad de producir.

En consecuencia en la circulación monetaria es imposible el enriquecimiento si no se cumple una


condición… una sola condición: que el poseedor de dinero o capitalista encuentre en el mercado
una mercancía, la cual es por sí misma productora de valor, una mercancía que dispone de una
propiedad sorprendente como es la de crear en el proceso de su empleo nuevos valores que superan
su propio valor. ¿Existe, realmente, tal mercancía? Si, bajo el régimen capitalista, existe esta
mercancía: la fuerza de trabajo.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

LA FUERZA DE TRABAJO COMO MERCANCIA

Desde aquellos tiempos en que el hombre se separó del medio animal, ha dispuesto de fuerza de
trabajo. Sin embargo, cuando el trabajo era realizado por el esclavo, esta fuerza de trabajo
pertenecía al esclavista que era propietario de la persona misma del trabajador, del cual podía
disponer a su arbitrio y antojo. En el caso del siervo de la gleba, su fuerza de trabajo le era
indispensable para la satisfacción de sus propios deberes, para el laboreo de la tierra, de la cual
sustraían los medios de su subsistencia, como también para dar cumplimiento a las obligaciones
contraídas ante su señor. Tanto el esclavo como el siervo de la gleba no estaban en condiciones de
vender su fuerza de trabajo. Solo más tarde cuando el campesino adquirió la libertad individual y
fue “liberado” de los medios de producción (la tierra), no quedándole otro patrimonio que sus
brazos, acosado por la necesidad se vio obligado a participar en el mercado de mano de obra con el
fin de vender su fuerza de trabajo. ¿De qué manera? Sencillamente entraba a trabajar a una fábrica y
empezaba a trabajar para el capitalista; es decir, el capitalista le había comprado su fuerza de
trabajo. Así tenemos, que en el periodo del capitalismo surgió en el mercado en calidad de
mercancía la fuerza de trabajo.

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo también tiene valor y valor de uso. Su valor,
como el de cualquier otra mercancía se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesaria
para su producción y reproducción.

El valor de la fuerza de trabajo se forma de la suma de los gastos para la subsistencia y


conservación de la capacidad de trabajo del obrero, es decir de aquella cantidad de trabajo,
plasmada en los objetos de uso diario del obrero y su familia, indispensable por término medio para
un determinado país; en otras palabras, en la producción de vestidos, vivienda, calefacción,
productos alimenticios, etc.

El capitalista, por regla general, se ve obligado a pagar este valor de la fuerza de trabajo en forma
de salario, pues en caso contrario el obrero se debilitaría, perdería su capacidad de trabajo, o ya no
estaría en el futuro en condiciones de criar más hijos, lo cual sería funesto para el capitalista, pues a
la vuelta de algunos años habría déficit de mano de obra, es decir de hombres para ser explotados.

De tal suerte, el intercambio –por lo menos a primera vista- tiene lugar en la más completa equidad.
De unas manos pasan a otras, iguales valores. En el momento en que vende su fuerza de trabajo, el

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HISTORIA DEL DINERO
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obrero recibe el valor de esta fuerza de trabajo 10. Sin embargo, la cuestión relacionada con el
intercambio no termina aquí.

La fuerza de trabajo del obrero tiene valor de uso, y es por esto, precisamente, que el capitalista la
compra. ¿En qué consiste el valor de uso de la fuerza de trabajo? Sencillamente, en que realiza un
trabajo, creando con ello valores, es decir es una fuente de valores. Sin embargo, ¿Qué clase de
valor crea la fuerza de trabajo?

A nadie se le escapa, que la sociedad esclavista fue posible debido a que un hombre (esclavo) podía
producir más de lo que era indispensable para su subsistencia. En la sociedad capitalista esto es
posible en grado incomparablemente mayor, debido a que con la amplia división del trabajo y el
perfeccionamiento de las maquinas, el hombre (obrero), por regla general, puede producir muchas
veces más productos que los necesarios para su subsistencia y para la reproducción de la fuerza de
trabajo.

Por consiguiente, el valor de uso de la fuerza de trabajo en su calidad de mercancía se reduce a que
es fuente de valor, muchas veces mayor al suyo propio. He aquí la diferencia que existe entre estos
dos valores. El capitalista se apropia totalmente del valor producido por la fuerza de trabajo, sin
retribuir equitativamente a los obreros.

10 Se sobreentiende, naturalmente, que esto es solo un planteamiento teórico.


En la realidad, entre obreros y capitalistas se libra una batalla permanente: los
trabajadores luchan por asegurarse mejores condiciones de vida; los
capitalistas, por su lado, mediante la disminución de los salarios hacen todo lo
posible por obtener mayores ganancias. Con todo, es frecuente que los
capitalistas logren su objetivo, y esto lo prueba la tasa de mortalidad, la cual es
mayor entre los obreros que entre los capitalistas. (N. del A.).

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

¿Cómo se enriquece el capitalista?

El capitalista va al mercado y compra allí una mercancía especial: la fuerza de trabajo. También
compra, naturalmente, medios de producción. En su empresa el capitalista combina estos dos
factores y obtiene nuevas mercancías. El valor de estas mercancías es varias veces mayor a la
comprada por él, pues en ellas se ha incorporado mayor cantidad de trabajo. Supongamos, por
ejemplo, que el valor de la fuerza de trabajo del obrero pueda ser compensado por el valor
producido por ella en 5 horas de trabajo. Sin embargo, el capitalista dispone de la fuerza de trabajo
de sus obreros por espacio de 10 horas, no de 5. La fuerza de trabajo de un obrero le vale al
capitalista cinco horas diarias de trabajo, pero el valor producido por el obrero excede en cinco
horas al valor desembolsado por el capitalista para comprar su fuerza de trabajo. Durante la venta
de las mercancías, cuyo valor como ya lo anotamos, es mayor, el capitalista obtiene mayor cantidad
de dinero que el invertido por concepto de medios de producción y adquisición de fuerza de trabajo
en el comienzo del proceso de producción.

Así tenemos, que la esencia de la producción capitalista se reduce a lo siguiente: el dinero, que
antes había sido instrumento de intercambio, devino como instrumento de la explotación capitalista,
es decir tomo el carácter de capital, con ayuda del cual y el empleo de la fuerza de trabajo de los
obreros asalariados es posible la creación de nuevos valores. Este excedente, llamado plusvalía se
lo apropia el capitalista, privando de él a los obreros asalariados.

Si se considera en relación con todo el capital invertido en la producción, la plusvalía vendría a ser
el beneficio obtenido por el capital. Por consiguiente, la consecución y aumento de este beneficio es
el único objetivo de la producción capitalista.

Se sobreentiende, que el capitalista no queda contento con recibir la plusvalía una sola vez, por eso
hace todo lo posible por asegurarla para sí de manera permanente, ininterrumpida. Por eso, una y
otra vez renueva y repite la producción. Este proceso de producción reiterada se llama
reproducción.

¿De qué manera se lleva a cabo la reproducción capitalista? Examinaremos esta cuestión
valiéndonos de un ejemplo. Supongamos que un fuerte capitalista colombiano ha fundado una
empresa con un capital inicial de 10.000.000 de pesos. En el primer año la plusvalía logro la cuantía
de 2.000.000 de pesos. Cada año repite la producción conservando invariable el capital y cada año
obtiene una plusvalía de 2.000.000 de pesos. En el curso de 5 años la suma total de la plusvalía (5 x
2.000.000) alcanza un monto igual al capital de inversión inicial. Si nuestro capitalista gasta en la
satisfacción de sus necesidades personales 2.000.000 de pesos al año, en el curso de cinco años
habrá consumido tanto dinero como el capital invertido. Con todo, los 10.000.000 de pesos iniciales
no han sido tocados, es decir transcurridos cinco años el capital inicial no ha sufrido variación
alguna. Pero en realidad, este dinero, ya no le pertenece al capitalista de marras, pues en este tiempo
ya dio buena cuenta de sus 10.000.000 de pesos, tal como lo hemos anotado arriba. Este dinero ya
es la plusvalía creada por el trabajo de los obreros. Y si a los cinco años la empresa ocupa el mismo
edificio y en ella trabajan las mismas maquinas, todo debe pertenecer ya no al capitalista sino a los
obreros, toda vez que expresan solamente la deuda contraída por el capitalista frente a los obreros.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

De aquí ya es fácil concluir, que cualquier capital inversionista en el curso de un determinado


tiempo se transforma, gracias al trabajo del proletariado en valor creado, del cual el capitalista se
apropia en forma de plusvalía sin retribuir por ella a los obreros. Por eso, cuando la clase obrera, en
el curso de la revolución socialista, expropia a los expropiadores, socializa las fábricas y factorías,
no hace otra cosa que restituir en derecho a sus verdaderos dueños, todo aquello creado con el
trabajo de generaciones enteras de proletarios.

Pero volvamos a nuestro capitalista, quien no ha quedado contento con el beneficio obtenido y
quiere elevarlo aún más. ¿Cómo procede? Supongamos que ha destinado para sus gastos personales
“solamente” 1.000.000 de pesos al año (no se apresure a compadecerlo estimado lector, pues, según
estadísticas, los ingresos anuales de una familia obrera colombiana no alcanza a 20.000 pesos) y
con el millón de pesos restante amplia la producción, aumentando el capital inversionista de diez
millones de pesos, a once. Con ayuda de un capital mayor, el capitalista está en capacidad de
explotar a un número mayor de obreros, por consiguiente obtiene mayores beneficios, mayores
utilidades, que vendrían a representar no los 2.000.000 anteriores, sino, digamos, 2.500.000 pesos.

El proceso, durante el cual el capitalista destina parte de la plusvalía a la adquisición de nueva


fuerza de trabajo y nuevos medios de producción se llama reproducción expansionista o
acumulación del capital.

Este nuevo capital es el producto del trabajo no remunerado de los obreros; antes de su adición al
capital inicial era, lisa y llanamente, plusvalía. ¿Qué sucede después de la adición de la plusvalía al
capital? Con este valor –enajenado a los obreros- y mediante la fuerza de trabajo adquirida con él, el
capitalista obtiene nueva plusvalía, que también se apropia. A continuación, parte de la plusvalía
que ha venido en aumento, el capitalista la transforma una y otra vez en capital, y así hasta el
infinito…

“El cambio equivalencial” entre el capitalista y el obrero es, por consiguiente, ni más ni menos, que
una explotación disimulada, toda vez que el trabajo del obrero se ha venido cubriendo ya de tiempo
atrás con el capital, constituido con la fuerza de trabajo no remunerado. Gracias a esta fuerza de
trabajo no remunerada, es posible crear nuevos valores, que a su vez podrán ser expropiados por el
capitalista.

¿Quiere esto decir, que el incremento ininterrumpido de la producción capitalista significa la


reducción de los gastos personales del capitalista? De ninguna manera. Simultáneamente al
crecimiento de la riqueza de la clase capitalista, crece también de manera permanente la cantidad de
dinero disponible para la satisfacción de sus necesidades personales. A guisa de prueba suficiente
para tal acerto nos es útil traer a cuento los gastos fabulosos y la espléndida forma de vida de que
gustan los millonarios norteamericanos. En tanto que los gastos anuales de una familia obrera
norteamericana fluctúa entre 4 y 5 mil dólares, los gastos “de bolsillo” de sus compatriotas
millonarios sobrepasa con frecuencia la suma de 400 mil dólares anuales. Cada uno de ellos es
servido por decenas de lacayos, camareros, criados, cocineros, jardineros, choferes, etc. Es muy
frecuente, que cada uno de los miembros de una familia millonaria posea 2 o 3 automóviles. Tienen
a su servicio aviones particulares y suntuosos yates, cuyo valor supera algunas veces la suma de 2

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

millones de dólares. De un solo golpe un millonario norteamericano gasta tanto dinero, como fuera
suficiente para que una familia obrera constituida por cinco personas pudiera subsistir
perfectamente hasta el fin de sus días. Y mientras que millones de niños de extracción obrera solo a
través del vidrio de los escaparates les son dado tener comunicación emocional con los magníficos
juguetes que allí se exhiben, cualquier capitalista sin gran perjuicio para su bolsi8llo podría comprar
el almacén con edificio y todo.

Desde luego, el capitalismo siempre encuentra a personas dispuestas a romper lanzas en su defensa
siempre y cuando sean bien remuneradas. Tales sostienen, que los capitalistas son merecedores de la
plusvalía aunque solo sea porque, día tras día, se someten a la “frugalidad”, no gastando toda la
ganancia, toda vez que destinan gran parte de ella a la adquisición de nueva fuerza de trabajo. La
acumulación del capital, según dicen, no es otra cosa que el sacrificio de sí mismos, la restricción de
sus gastos con perjuicio de la satisfacción debida a sus necesidades personales. Desde luego, el
capitalista sabe muy bien que su riqueza no depende de la medida en que se someta a la
“frugalidad” y templanza en las costumbres, sino de la manera en que explote el trabajo de los
obreros. ¡Con todo, si el capitalista se considera un mártir por estar obligado a prestar los medios de
producción a los obreros, en vez de poner a su servicio exclusivo las maquinas, ferrocarriles, flotas
mercantes, tierras, etc., etc., para satisfacer sus “frugales” necesidades personales, la filantropía más
elemental obliga a liberar al capitalista del “martirio”, privándolo de los medios de producción!

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

APETITO CANINO

A consecuencia de la reproducción capitalista y de la acumulación ininterrumpida del capital en


manos de un número cada vez más reducido de personas se van creando capitales cada vez más
poderosos. Este proceso se llama concentración y centralización del capital.

La concentración del capital es el proceso durante el cual, en el curso de la acumulación de la


plusvalía, los grandes capitales crecen más rápidamente que los pequeños. Esto sucede, en parte,
porque a mayor plusvalía la parte necesaria para satisfacer las necesidades particulares del
capitalista (así sea suntuosa la forma de vida que lleve) es relativamente pequeña y en parte, porque
con un gran capital en el curso de la gran producción mercantil el capitalista puede permitirse el
empleo de maquinaria moderna, introducir una más amplia división en el trabajo, etc. De tal suerte,
el gran capitalista resulta en una situación ventajosa en relación con el pequeño en el campo de la
producción.

No obstante los capitalistas privados pueden acrecentarse no solo como consecuencia de la


plusvalía, producida en una empresa particular, sino también mediante la absorción de otros
capitales. La empresa mejor equipada y organizada vence a su competidor más débil y con
demasiada frecuencia absorbe a la pequeña empresa que se halle en dificultades. Este proceso
durante el cual “el pez grande se come al chico” y se desarrolla a costa de él, se llama centralización
del capital.

En el curso del desarrollo capitalista estos dos procesos (concentración, centralización) llevan
inevitablemente a que en el campo de la libre concurrencia, gran número de gigantescas y fuertes
empresas hagan morder el polvo a gran cantidad de pequeñas y medianas industrias, las cuales
tienen que contentarse con jugar un papel de dependencia económica cada vez mayor. Miles de
pequeños empresarios se arruinan convirtiéndose en obreros asalariados, al tiempo que un puñado
de capitalistas ve crecer aceleradamente sus riquezas.

En el último tercio del siglo pasado (IXX) el surgimiento de empresas gigantescas hizo posible las
grandiosas revoluciones tecnológicas y posteriormente el desarrollo de la industria. A su turno, la
nueva técnica demandó una ampliación gigantesca del aparato de producción y de las dimensiones
de las empresas. A finales de siglo se creó tal situación, que en ciertas ramas de la industria las
posiciones claves fueron tomadas por algunas grandes empresas, las cuales firmaron convenios en
relación con las condiciones de venta, repartición de mercados, nivelación de salarios, etc., y en
algunos campos de la producción crearon monopolios o concentraciones del poder económico.

Los monopolios son empresas gigantescas que concentran en sus manos una parte tan importante de
la industria o del mercado de esta o aquella rama de la producción, tal que se hallan en capacidad de
restringir o limitar la lucha de la libre concurrencia, establecer precios elevados a los productos y
obtener de esta manera elevados beneficios.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Los monopolios juegan un papel rector en la economía de los países capitalistas. Por ejemplo, el
monopolio más antiguo de los Estados Unidos de América es el consorcio “Standard Oil”, que
explota la riqueza petrolífera de 32 países. El capital de este trust supera muchas veces la renta
nacional bruta de algunos pequeños estados. La mitad de toda la industria siderúrgica de EEUU se
encuentra en manos de los monopolios “United States Steel Corporation” y “Betlehem Steel
Corporation”. En la industria automotora el papel decisivo lo desempeñan tres firmas: “General
Motors”, “Ford” y “Chrysler”. La industria química está controlada por el consorcio “Dupont
Nemours and Company”, la de aluminios por el consorcio “Mellona”. La producción de armas
atómicas y bombas H está en manos de las firmas “General Motors” y “Betlehem Steel
Corporation”.

En Inglaterra el trust “Imperial Chemical” controla el 90% de la industria química y en realidad


toda la producción de substancias explosivas. El monopolio “Royal Dutch Shell” tiene empresas
para extracción y refinación del petróleo en muchos países del Cercano y Medio Oriente, de Sudeste
asiático y de América Latina.

En la República Federal Alemana campea por sus dominios la fábrica de armamentos del consorcio
“Krupp”, el trust del acero “Fereinigte Stahlwerke”, el trust de la industria química “I.G. Farben
Industrie” y el consorcio de aparatos eléctricos “Siemens”.

En Francia, Italia, Japón e inclusive en países tan pequeños como Bélgica, Suecia y Suiza el papel
rector en la economía de estos países lo desempeña la unión monopolista de los capitalistas. La
centralización del capital tiene lugar no solo a través del canibalismo económico de unos
capitalistas contra otros en la lucha de la libre concurrencia, sino también con la unión de
capitalistas o a consecuencia de que pequeñas empresas toman empréstitos y de esta manera, cada
vez más y más, van quedando bajo la dependencia de las grandes empresas o de los bancos que han
concedido tales préstamos.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

MAGNATES DE LAS FINANZAS

En la etapa capitalista el capital usurero de viejo tipo desaparece. Con todo, el sistema de conceder
dinero en préstamo se conserva; es más, adopta proporciones gigantescas. Esta época se caracteriza
en que no recurren a la gracia del préstamo los grandes derrochadores o los pequeños productores
empobrecidos sino, en la mayoría de los casos, los grandes industriales, con el fin de ampliar con
este dinero tomado en préstamo las instalaciones de sus empresas y consecuencialmente su poder
económico. Por lo general, el capitalista contrata con este capital nuevos obreros los cuales con su
trabajo crean plusvalía, parte de la cual se destina a la cancelación de los intereses por concepto del
crédito adquirido. Estos intereses, por regla general, son considerablemente menores a los que se
pagaban en el periodo del capital usurero. Y es más; manifiestan una clara tendencia a su
disminución, toda vez que el desarrollo del capitalismo está caracterizado por el incremento cada
vez mayor de personas deseosas de conceder en préstamo su dinero.

Durante el periodo capitalista surge una agrupación especial de capitalistas, que viven
exclusivamente de los intereses percibidos por concepto de su dinero dado en préstamo. Son los
rentistas. Se sobreentiende que los rentistas también son explotadores como los capitalistas
industriales, toda vez que los intereses percibidos por aquellos provienen de la plusvalía creada por
los obreros asalariados.

Esta agrupación especial de capitalistas conforma la clase económica de los banqueros o dicho en
otras palabras, la agrupación de capitalistas dedicados exclusivamente al préstamo de capitales. En
sus bancos concentran el dinero de miles de depositantes, dinero que más tarde dan en préstamo a
cambio de intereses más o menos elevados. Los depositantes, en la mayoría de los casos, no
perciben interés alguno por sus dineros, solo adquieren el derecho de obtener préstamos por una
cuantía proporcional a la suma depositada. El interés que los deudores pagan al banco constituye el
beneficio o utilidad de los banqueros.

Los bancos, por consiguiente son empresas capitalistas que comercian con la mercancía dinero e
intervienen en calidad de intermediarios entre acreedores y deudores. De una parte, el banco reúne
capitales ociosos que se encuentran fuera de la circulación y de otra concede préstamos a
capitalistas activos, fabricantes, comerciantes, etc.

La mayor parte del capital que se encuentra a disposición del banco no es de su propiedad, y el
banco está obligado a devolver el dinero del depositante en el momento en que éste lo exija. Sin
embargo, la suma depositada por nuevos clientes en la mayoría de los casos no solo equilibra su
balanza sino que inclusive supera los egresos monetarios del día. En condiciones normales el banco
debe retener en sus arcas sumas relativamente pequeñas (encaje bancario) con el fin de realizar el
pago a quienes exijan la devolución de sus depósitos, y la mayor parte del dinero depositado se
destina para las transacciones crediticias. La situación se cambia de manera radical a consecuencia
de alguna conmoción nacional: inflación, crisis económica o estad de guerra. Tales conmociones
significan por lo general quiebra total para el banco.

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Los bancos obtienen el mayor beneficio cuando les cabe en suerte el acaparamiento parcial o total
de las empresas industriales o comerciales.

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REYES DE REYES

Con el crecimiento de la producción capitalista y el desarrollo del crédito se han difundido


ampliamente las sociedades anónimas. Estas son empresas que se encuentran bajo la propiedad no
de uno, sino de varios capitalistas o agrupaciones enteras de capitalistas, cuyo capital se forma de
las cuotas que aporta cada uno de sus miembros. Cada miembro dispone de un número determinado
de acciones en correspondencia con la suma de dinero aportada por él.

Acción es un título o signo de valor que da a su poseedor el derecho de obtener del beneficio
liquido de la empresa una renta proporcional a la suma estipulada en ella. Por ejemplo, cien
capitalistas fundan una sociedad anónima con un capital básico de 50 millones de pesos. Dividen
este capital inicial de 50 millones de pesos en 50 mil acciones con un valor nominal de 1.000 pesos
cada una. La renta que cada capitalista percibe del beneficio líquido de la empresa está en relación
directa al número de acciones que tenga en su poder. Así tenemos, por ejemplo, que el que posea
10.000 acciones, obtendrá la quinta parte del beneficio líquido arrojado por la empresa, habida
cuenta de que cada acción tiene un valor nominal de mil pesos. Los ingresos obtenidos por concepto
de acciones reciben el nombre de dividendos.

Como hemos visto, las acciones producen utilidad a sus poseedores (utilidad que, dicho sea de paso,
no es otra cosa que la plusvalía producida por los obreros), motivo por el cual las acciones se
venden y se compran por un precio determinado. La fluctuación sufrida por el precio de las
acciones se llama curso bursátil. La compra y venta de acciones se lleva a cabo en la Bolsa de
Valores.

Imagínese una enorme sala con adornos dorados y paredes guarnecidas en mármol, bellas columnas
y esculturas, cuyo ornamento más importante y al mismo tiempo el centro de la atención de los
emocionados circunstantes, entre quienes se encuentran hombres y mujeres, es, sin embargo un
enorme tablero negro. La sala es una verdadera torre de Babel. Todos se agitan como posesos;
gritan, fuera de sí, procurando acallar a su vecino: “¡Vendo las Chrysler a 8.20 dólares”, “Ofrezco
500 dólares por un Dupont”! Un empleado, despojado de su chaqueta, con velocidad vertiginosa, va
registrando en el tablero uno tras otro el curso de las acciones que cambia a cada instante. He aquí
la bolsa de Valores de la ciudad de New York, en Wall Street.

¿En que se fundamenta el curso bursátil de las acciones? El capitalista que ha invertido una fuerte
suma en la adquisición de acciones, podría haber colocado este dinero en un banco, supongamos, al
5 por ciento anual. Pero sucede, que este rendimiento no es compensatorio para él, por tanto, en vez
de esto compra acciones. Naturalmente, esta transacción está muy lejos de ofrecer la seguridad del
interés bancario, toda vez que esta clase de especulación a través de las acciones arrastra consigo
grandes riesgos, pero en cambio proporciona la posibilidad de “ganar muchísimo más y de un solo
golpe”.

61
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

Volvamos a nuestro ejemplo precedente. Supusimos que el capital de la sociedad anónima era de 50
millones de pesos, dividido en 50.000 acciones de 1.000 pesos cada una. Supongamos ahora que la
ganancia liquida arrojada por la empresa es de 5 millones de pesos, los cuales se distribuyen entre
los accionistas en forma de dividendos. En este caso cada acción produce al accionista en forma de
dividendos la suma de 100 pesos (5 millones de pesos divididos entre 50 mil acciones), es decir le
produce el 10%, mientras que el banco solo le paga el 5%.

Las acciones se venden por una suma igual a aquella que al ser colocada en el banco rentaría a su
poseedor en forma de intereses un rendimiento igual a los dividendos. Consecuencialmente,
siguiendo nuestro ejemplo, una acción de 1.000 pesos se vendería por 2.000, toda vez que los cien
pesos obtenidos en calidad de dividendos hubiesen sido obtenidos en calidad de intereses bancarios
(5%) por un depósito de 2.000 pesos. Así tenemos, que el valor real de las acciones o curso bursátil
depende por consiguiente del valor de los dividendos y del interés bancario. El curso bursátil se
eleva con el aumento de los dividendos (crece la plusvalía) o con la disminución del interés
bancario. Por el contrario baja cuando los dividendos disminuyen o la tasa bancaria se eleva.

Sin embargo, es frecuente que las acciones que entran a la Bolsa de Valores lo hagan
independientemente de la empresa. Sobre estas acciones los bancos conceden crédito.
Imaginémonos por un instante el recinto de la Bolsa de Valores de un centro comercial cualquiera.
Un verdadero ejército de especuladores y corredores de bolsa se agita febrilmente, el curso de las
acciones cambia a cada instante. Cada nueva operación bursátil, cada nuevo descubrimiento
tecnológico, cada nueva emisión oficial de papel moneda o acontecer político pueden crear de
manera instantánea fortunas fabulosas o convertir en mendigantes a familias enteras, poseedoras de
grandes bienes de fortuna. El gran ejército constituido por los jugadores de la bolsa se divide en dos
campos: los que juegan al alza y los que juegan a la baja. Quienes juegan al alza confían en la
elevación del curso de las acciones, los que juegan a la baja confían en su descenso.

Una transacción bursátil se reduce a lo siguiente: el corredor de bolsa A, que juega al alza, compra
en el mes de enero al corredor de la bolsa B, que juega a la baja, un millón de quintales métricos de
trigo a 300 pesos el quintal métrico con la condición de que le sea entregado en el mes de julio. El
pago lo efectuara en el momento de recibir el cereal. En realidad el corredor A no tiene necesidad
alguna de trigo, aun mas, no tiene ningún deseo de comprarlo. Por otro lado, el corredor B nunca ha
tenido trigo y nunca lo tendrá, luego necio seria suponer que estuviera interesado en vender algo
que no posee. Ambos solo desean ganar en la posible y esperada diferencia de precios que se
registrara meses más tarde. Por consiguiente tras la tal transacción no existe una compra-venta real,
una circulación real de mercancías. Al vencer el plazo determinado los corredores de bolsa se
encuentran y hacen la respectiva verificación en la bolsa del curso bursátil registrado en ese día. Si
el precio del trigo en la bolsa se elevó, supongamos a 310 pesos, entonces el corredor B deberá
pagar al corredor A la suma de 10 millones de pesos de diferencia. Si aquel se niega al pago de esta
suma, el corredor A puede exigir la entrega del trigo. Como quiera que el corredor B no posee ni un
grano de cereal, deberá comprarlo a 310 pesos el quintal métrico y luego vendérselo al corredor A al
precio de 300 pesos. Así tenemos que en cualquiera de los dos casos el corredor B pierde en cada
quintal métrico la suma de 10 pesos. Por el contrario, si en la bolsa se ha registrado una baja en el

62
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

curso bursátil, entonces la diferencia será pagada por el corredor A al corredor B, o de lo contrario
este último comprara un millón de quintales métricos de trigo a bajo precio y se lo venderá al
corredor A al precio convenido retroactivamente. Como quiera que el corredor A no necesita trigo,
preferirá más bien pagar la diferencia sin dilación alguna.

De manera análoga se lleva a cabo la especulación con las acciones. Como ya lo dejamos anotado,
el curso de las acciones depende en primer lugar del valor de los dividendos pagados por las
acciones en cuestión. Por consiguiente, si se supone que los dividendos (utilidades) de alguna
empresa se elevaran, el curso de sus acciones se elevara también. Por el contrario, la amenaza de
baja en los dividendos lleva a la caída momentánea del curso de las acciones.

Los especuladores de la Bolsa recurren a los más variados subterfugios con el fin de influir en el
curso de las acciones. Por mucho tiempo permanecerá en la memoria de algunos pueblos, por
ejemplo, la grandiosa maniobra político-financiera del banco Morgan, con ayuda de la cual este
banco se apodero de la mayor parte de las acciones del trust de artefactos bélicos “United States
Steel Corporation”. En vísperas de la primera guerra mundial, cuando a consecuencia de la carrera
armamentista el curso de las acciones del trust había logrado índices verdaderamente astronómicos,
desde las páginas de todos los periódicos que se hallaban bajo la influencia del banco Morgan,
comenzó de pronto a dejarse oír himnos de paz y vehementes editoriales e intervenciones que
hablaban exaltadamente acerca de la aspiración de los pueblos hacia la paz y el trabajo. Importantes
personalidades de la política mundial sobornados por el banco Morgan hicieron declaraciones
públicas que fueron recogidas en la prensa, acerca de la paz e imposibilidad de una guerra. El alza
en el curso de las acciones del trust “United States Steel Corporation” se congeló de un día para otro
y, más tarde, después de que el ministro de Guerra de los EEUU declara la necesidad de hacer una
gran reducción en los gastos militares como consecuencia del descongelamiento de la tensión
política en las relaciones internacionales, empezó a caer de manera vertical.

En la Bolsa se desató un pánico cerval rayano en la desesperación. Decenas de miles de pequeños


tenedores de acciones quedaron reducidos a la miseria. Literalmente, en contados instantes, miles de
desdichados perdieron hasta el último de sus céntimos, ahorrados tal vez con esfuerzo durante toda
su vida pensando en los días difíciles de su vejez. En el segundo día de pánico el curso descendió
doscientas unidades (200 dólares), lo cual significaba aproximadamente un 40%. Al tercer día al
abrirse las transacciones de la Bolsa se propago un rumor absolutamente increíble: en la Bolsa no
había ni una sola acción del trust “United States Steel Corporation” para la venta; el banco Morgan
las había comprado todas furtivamente a través de sus agentes. Inclusive prestantes agentes de
cambio y jugadores de bolsa quedaron trastornados. La sala, en la cual señoreaba siempre una
especie de torre de Babel, recordaba ahora el recogimiento de una catedral. Reunidos en pequeños
grupos, los corredores de bolsa comentaban a media voz el viraje inesperado que habían tomado los
acontecimientos. La caída del curso de las acciones se congeló; más tarde comenzó a elevarse
lentamente. De pronto el silencio fue cortado por una exclamación solemne: “La monarquía Austro-
Húngara le ha declarado la guerra a Serbia”. Había estallado la primera guerra mundial. Las
acciones del trust “United States Steel Corporation”, cuya mayor parte estaban en poder del banco
Morgan, en un día elevaron su curso en 600 unidades. El banco Morgan en el curso de una semana,

63
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

deduciendo todos los gastos por concepto de propaganda anti bélica y soborno, había obtenido una
utilidad liquida de 1.500 millones de dólares. En las primeras páginas de los periódicos y en grandes
caracteres se informaba sobre el grandioso truco, sobre el triunfo del banco Morgan y solamente
perdida en las últimas páginas aparecía la siguiente información recogida en bastardilla: “Ayer en la
ciudad de New York 84 ex accionista del trust financiero United States Steel Corporation pusieron
fin a sus vidas”.

En las transacciones de la Bolsa el papel de agente principal de cambio, de primer especulador lo


ejercen los bancos.

Cuando se fundan nuevas sociedades anónimas los bancos comienzan a cotizar de manera
instantánea en la Bolsa de Valores las acciones puestas en circulación con un valor nominal según
los dividendos que se propone pagar la nueva sociedad anónima. Si como resultado de la
correspondiente campaña publicitaria el curso de las acciones se eleva considerablemente, el banco
entonces comienza la venta efectiva de las acciones, lo cual realiza no ya al valor nominal sino al
determinado por el alza provocada a través de la propaganda. Este nuevo valor recibe el nombre de
real. La diferencia entre los valores nominal y real de las acciones o, dicho en otras palabras, la
diferencia entre el volumen real del capital básico de la empresa y la suma ganada durante la venta
de las acciones, constituye el beneficio de los fundadores de la sociedad. Esta es una de las fuentes
de ingreso más importantes de los bancos.

Otro de los caminos muy socorrido por los bancos para su enriquecimiento es el de la participación
en las utilidades. Este sistema se fundamenta en el conocimiento de que para dominar a una
empresa cualquiera, para ejercer sobre ella su control, solo es necesario por regla general retener el
30 o 40 por ciento de sus acciones, lo cual constituye el así llamado paquete de control. La
efectividad de tal medida se comprende si se tiene en cuenta que en las reuniones generales de
accionistas, es decir del órgano máximo de las sociedades anónimas, tiene derecho al voto no el
propio accionista sino cada una de sus acciones. Es decir, el voto es ponderado. Así, tenemos, por
ejemplo, que el tenedor de cinco acciones solo dispone de cinco votos y que el que tenga en su
poder, digamos 30.000 dispone consecuencialmente de 30 mil votos. De esta manera, los grandes
tenedores de acciones eligen, se sobreentiende, de entre los suyos la directiva de la empresa que
más tarde será la que decidirá sobre los asuntos de mayor trascendencia en ella.

Ahora los capitalistas pretenden enmascarar la explotación de que hacen victimas a los obreros,
insinuándoles: “Compren acciones de la empresa, ingresen a nuestra sociedad anónima, háganse
copropietarios”.

Pero, realmente, ¿puede un obrero llegar a ser copropietario de una sociedad anónima? ¿Podría
participar en la dirección de la empresa?

Clara luz sobre el lado real de la cuestión nos la arroja el caso relacionado con el conocido y
multimillonario empresario norteamericano Henry Ford, el cual tuvo ocurrencia relativamente no
hace mucho tiempo. El propietario de la gigantesca fábrica automotriz, Mr. Ford, anuncio a sus
obreros, con la solemnidad que correspondía a tal acontecimiento, que aquel de entre ellos, que en

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

el curso de un año se condujera ejemplarmente (es decir, no tomara parte en huelgas ni ingresara a
ningún sindicato de izquierda) podría adquirir cada año 5 acciones de la empresa por su valor
nominal. Mr. Ford en realidad había matado a dos pájaros de un solo tiro: de un lado, distraía a una
parte considerable de los trabajadores de las luchas reivindicativas por la conquista de mejores
salarios, lo cual le permitía mantenerlos en el nivel más bajo; de otro lado, se procuraba algunos
céntimos que utilizaba en la satisfacción de algunas necesidades secundarias de la empresa,
céntimos, dicho sea de paso, obtenidos por los obreros como resultado de un trabajo agotador. ¿Y a
propósito de la participación de los obreros en la dirección de la Empresa? La firma puso en
circulación hasta 1968 cerca de un millón de acciones, de las cuales 700.000 quedaron en poder de
los miembros de la familia Ford.

Hace poco en la República Federal Alemana emitieron las así llamadas “acciones populares”. La
acción tiene un valor de cinco marcos y los tenedores de tales acciones obtienen dividendos
aproximadamente del 5%, lo que viene a superar un tanto el interés bancario. Pero, ¡qué peso puede
tener en una reunión general la palabra de unos cuantos miles de accionistas con cinco, diez o, en el
mejor de los casos, con cien acciones, frente a la del rey de los artefactos bélicos, Alfred Krupp
Von-Bolen, que tiene acciones por una suma cercana a los cinco mil millones de marcos! Con todo,
esta manera de presentar la cuestión permite a los capitalistas hablar largo y tendido en las
reuniones y medios de difusión, acerca de que uno de cada dos ciudadanos del país es tenedor de
acciones, es decir es accionista.

Pero volvamos por un momento al sistema de la participación en las utilidades. Como ya tuvimos
ocasión de mencionarlo, para controlar a una sociedad anónima es suficiente disponer de la mayoría
de sus acciones o sea disponer del “paquete de control”, que lo constituye el 30 o 40 por ciento de la
totalidad de las acciones emitidas.

Por consiguiente, si una empresa adquiere, digamos, el 35 por ciento de las acciones de otra
empresa, aquella ejerce naturalmente el dominio económico sobre la segunda. Pero si esta a su vez
adquiere el 35 o 40 por ciento de las acciones de una tercera empresa, entonces la primera empresa
también tiene a esta en sus manos, es decir la tiene bajo su dominio a través de la segunda.

Esto es lo que se ha venido llamando “sistema de participación en las utilidades”. La esencia de tal
sistema consiste en que un capitalista o grupo de capitalistas mantiene en sus manos a la compañía
central o casa matriz, que por su condición de avanzada administra según su conveniencia a las
“empresas filiales” de segundo orden y así sucesivamente. Como es fácil advertir, este sistema
permite a los magnates de las finanzas disponer de fabulosas sumas constituidas por capitales
ajenos.

De la misma manera que en la industria, en el campo de acción de los bancos también tiene lugar la
centralización y concentración del capital, lo cual da origen a poderosos monopolios bancarios. Los
grandes bancos a través del acaparamiento de las acciones, de la concesión de créditos, etc., van
absorbiendo, sometiendo a su poder económico a los bancos pequeños y medianos. Los grandes
bancos que participan de la condición monopolista concluyen acuerdos entre sí en relación con la
distribución de las esferas de influencia. Se crean entonces las asociaciones monopolistas de los

65
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

bancos. Cada una de estas asociaciones controla decenas y decenas y a veces centenas de pequeños
bancos, los cuales prácticamente se convierten en filiales de los grandes bancos. La amplia red de
sucursales de los grandes bancos concentra en si los medios monetarios de gran cantidad de
empresas. Un grupo poco numeroso de poderosos bancos dispone de la mayor parte del capital de la
clase capitalista y de los ahorros de la población.

A consecuencia de que tanto en el campo de la industria como en el de la actividad bancaria surgen


monopolios, se hace necesario el intercambio de relaciones entre la industria y los bancos. Los
banqueros se ocupan ya no solo de las operaciones diarias relacionadas con las cuentas corrientes
de las empresas industriales y de empréstitos de poca monta. Ahora conceden a las empresas
industriales grandes créditos a largo plazo para la adquisición de equipos y maquinaria moderna.
Más tarde, para garantizar la cancelación del préstamo se convierten en copropietarios de tales
empresas, colocándolas bajo su control. De esta manera los intereses de los bancos y las empresas
industriales se hace cada día más íntimos y estrechos. Los bancos adquieren los paquetes de control
de las empresas industriales, y los grandes capitalistas de la industria, por su parte, hacen todo lo
posible por adquirir acciones que los vinculen a los bancos. A consecuencia de este círculo vicioso
el capital monopolista bancario y el capital monopolista industrial se entrelazan, se fusionan dando
lugar a una nueva forma de capital: el capital financiero.

Capital financiero no es otra cosa que la fusión de los capitales monopolistas bancarios e
industriales. Esta fusión se revela claramente en la unión de dirigentes industriales y bancarios o,
dicho de otra manera, en la circunstancia en que a la cabeza de los grandes monopolios en el campo
de la actividad bancaria, industrial, del transporte y el comercio figuran las mismas personas.

En todos los países capitalistas un grupo cuantitativamente insignificante de grandes banqueros e


industriales tienen en sus manos todas las ramas vitales de la economía y disponen de la mayor
parte de los bienes nacionales. Este grupo de banqueros e industriales recibe el nombre de
oligarquía financiera (oligarquía: del griego oligos, pocos; y arkhé, gobierno).

La oligarquía financiera no solo dirige la vida económica del país sino también la política. La
política tanto interior como internacional de los gobiernos capitalistas sirve los intereses de los
grandes monopolios, cuyos representantes ocupan las posiciones de mando en todos los órganos del
poder y, en caso de necesidad, es cosa corriente que directamente se tomen el poder a través de la
fuerza.

Luego que los monopolios de los países capitalistas de vanguardia repartieron el mercado interno y
fijaron el volumen y tipo de la producción, en corto tiempo se infiltraron en los países
económicamente poco desarrollados, creando los monopolios internacionales, los cuales se
repartieron entre si los mercados mundiales para la venta de sus productos y la adquisición de
materias primas. Los gobiernos capitalistas se apresuraron a legalizar esta situación. Oficialmente se
anexaron económicamente los países vasallos y los declararon sus colonias.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

LA LUCHA POR EL REPARTO DE LAS COLONIAS

Las colonias son países privados de su independencia nacional y que se hallan bajo el dominio de
potencias imperialistas. Además de las colonias, existen también los países semicoloniales y
dependientes, los cuales son objeto de la explotación colonial por parte de los Estados imperialistas,
de los cuales dependen en sus relaciones económicas y políticas, aunque formalmente conservan su
independencia nacional.

Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, España, Portugal y algunos otros países de Europa se
apoderaron en los años treinta de vastas colonias. Un poco antes de la segunda guerra mundial dos
terceras partes del mundo, o sea cerca del 65 por ciento de la población mundial sufrió el yugo de la
opresión colonial.

Por esa época, la población de Inglaterra estaba constituida por unos 47 millones de personas,
mientras que la población de sus colonias superaba los 480 millones. La población de Francia era de
42 millones y sus colonias contaban con 70 millones. Holanda tenía un total de 9 millones de
habitantes y sus colonias superaban los 67 millones. Al mismo tiempo, otros países que habían
tomado un poco más tarde el camino del desarrollo industrial, tales como Alemania, Italia y Japón
se quedaron sin participación en el reparto de colonias. Estos países, una vez que se sintieron
suficientemente fuertes comenzaron la lucha por una nueva repartición del mundo, lo cual vino a
constituirse en la causa fundamental económico-política que generó tanto la primera como la
segunda guerras mundiales.

Los Estados Unidos de Norteamérica y, después de la segunda guerra mundial, la República Federal
Alemana junto con algunos otros Estados eligieron otro camino para explotar los países
económicamente poco desarrollados, durante el cual los métodos del abierto vasallaje colonial se
conservaron parcialmente solo en algunos lugares (Islas Filipinas, Okinawa y las colonias de
EEUU). El método fundamental de la colonización moderna se reduce a que los imperialistas
prevalidos de sus medios económicos toman en sus manos y manejan a su antojo la vida política y
económica de los países dependientes.

Los valederos del sistema colonial sostienen que la colonización ha traído a los pueblos
dependientes la prosperidad y la civilización. Examinemos esta “prosperidad” a la luz de algunos
ejemplos tomados de datos estadísticos:

67
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

País Promedio de vida Número de Cantidad de calorías


(en años) Analfabetos diarias per cápita
%
EEUU 70 3 3.100
Inglaterra 70 0 3.300
Francia 68 4 2.910
Brasil 53 51 2.520
México 38 43 2.380
África 38 85 2.200
Colombia 38 44 2.270
India 32 81 1.890

Si a esto agregamos la inhumana explotación de los pueblos coloniales, su trabajo envilecido y falta
de derechos, el despojo de sus riquezas, queda perfectamente clara la encarnizada lucha de estos
pueblos por su liberación contra los opresores extranjeros.

En la década pasada la lucha nacional de liberación de los pueblos coloniales logro tales éxitos, que
el sistema colonial dejo de existir al menos en su forma original. En la lucha por su liberación, las
antiguas colonias hacen todo lo posible por lograr también su independencia económica y luchan
contra el peligro del neocolonialismo.

Con todo, el imperialismo no tiene la intención de renunciar al poder tan alegremente. Con el
empleo de diversos métodos hace lo imposible por conservar su influencia y no se detiene inclusive
ante el empleo de las armas. A propósito, los capitalistas hacen un doble negocio con la producción
y venta de armas. De un lado, obtienen fabulosas ganancias por concepto del comercio con
artefactos bélicos, de otro, emplean estas armas para mantener su poder, toda vez que las venden
única y exclusivamente a quienes se esfuerzan en ahogar en sangre el movimiento liberador de los
pueblos coloniales y neocoloniales.

Hemos sido testigos de los acontecimientos acaecidos en el Congo, Laos y Vietnam. El dolor del
pueblo congolés aumenta con los años. Lumunba fue asesinado y Chombe y sus cómplices están
vivos, porque los imperialistas necesitan de la ayuda de los traidores de su pueblo. La cuestión se
reduce solo a saber cuál de las potencias imperialistas logra poner a su servicio a uno de estos
traidores y que medio empleara para hacerse al poder en el país.

Este juego despiadado se lleva a cabo en Latinoamérica, en cuyos países se registra, uno tras otro,
pugilatos sangrientos, toda vez que sus dirigentes políticos se disputan el sospechoso honor de
servir más y mejor a los poderosos monopolios norteamericanos. Y mientras el pueblo se debate en
una miseria inconcebible las inmensas riquezas de su suelo fluyen a las manos de los monopolistas
de los Estados Unidos de América.

Los métodos empleados por el imperialismo para apuntalar su poder en los países dependientes son
implacables. Naturalmente, para lograrlo el imperialismo se apoya en las oligarquías nacionales. El
dinero juega en este empeño un papel de primer orden. Su poder lo logra todo. Por ejemplo, en

68
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

1948 caía asesinado por la oligarquía de su país el líder popular colombiano Jorge Eliecer Gaitán.
Pero acerca de este lado nefasto del imperialismo testimonia con mayor elocuencia la historia que a
continuación relataremos. En abril de 1962 en las primeras páginas de los rotativos más importantes
del mundo, desde New York hasta Delhi y desde Tokio hasta Buenos Aires, aparecieron los
siguientes grandes titulares: “Adzhoy Mitra, joven diplomático de la India, encargado de los
negocios de su país ante el gobierno austriaco fue misteriosamente asesinado por manos
desconocidas”.

Efectivamente, el brillante joven diplomático, que se hallaba ya en los umbrales de un futuro


luminoso había sido envenenado, mezclándole al coñac una sustancia extraña. A la investigación,
iniciada por la policía secreta de Viena se incorporó el servicio de inteligencia de la India. Al poco
tiempo se pusieron en claro detalles sensacionales acerca del misterioso asunto. En la caja fuerte
del diplomático los investigadores hallaron en escritura cifrada la lista nominal de todo el estado
mayor de los gánster del oro y sus garantes. El gobierno de la India, había enviado a Mitra a
Austria con una misión especial: esclarecer las circunstancias del contrabando de oro, que
especialmente a través de Berlín Occidental y Viena fluía a la India. Tal asesinato confirmo que
Mitra había cumplido exitosamente su misión.

En el curso de la investigación fueron arrestados un austriaco y un estadounidense, tratantes en oro,


quienes el día del asesinato habían sido huéspedes de Mitra. Los dos gánster, obedeciendo órdenes
de la banda internacional de contrabandistas, adelantaban negociaciones con el joven diplomático,
el cual, por lo visto se había negado categóricamente a colaborar con ellos y por consiguiente a
entregarles la lista encontrada más tarde por los investigadores. El contrabando de oro les producía
naturalmente una ganancia de centenares de millones de dólares, pero tras ella los garantes de los
contrabandistas (entre quienes se mencionaron muy discretamente en el expediente apellidos ya
conocidos por nosotros, como el de Krupp –rey alemán del acero y artefactos bélicos y el de
Morgan, propietario del poderoso consorcio monopolista bancario en América), perseguían
importantes y claros fines políticos.

No se estableció quien vertió el veneno en la copa del joven y audaz diplomático hindú, pero en
cambio se descubrió quien dirigió la mano del asesino.

Después de la segunda guerra mundial la India alcanzo su independencia. Los nuevos dirigentes del
país trazaron una nueva política económica y se lanzaron a la construcción de grandes empresas
industriales. Para lograr este objetivo fue necesario recoger todos los capitales que permanecían
ociosos en el país. Por tal razón el gobierno se vio precisado a prohibir el comercio de oro. De esta
manera ya no fue posible dirigir los capitales ociosos hacia la adquisición de oro y concentrarlos a
título de tesoros del maharajá o señor feudal de antiguo tipo. Sin embargo, estos señores hicieron
todo lo posible por entorpecer la realización de los progresistas planes económicos, resistiéndose
tenazmente a la orden de poner a disposición del gobierno sus capitales. De ahí su afán febril de
comprar oro a toda costa. En poco tiempo, el precio del oro en la India subió el 100% en relación
con el precio que regía en el mercado mundial. Y esta hermosa coyuntura hizo que los intereses de

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

los reaccionarios reyezuelos feudales de la India se encontraran con los intereses de dos reyezuelos
del mundo capitalista: Morgan y Krupp.

La política pacifista que en el plano internacional se había trazado la India, con el propósito de
desenmascarar las intrigas y oscuros designios del imperialismo, entorpecía en grado sumo la
ejecución de los planes americanos encaminados a asegurar su supremacía mundial. Además el
gobierno de la joven república independiente hizo lo imposible para impedir la penetración
económica de los Krupp y Morgan al país. Rechazó los ofrecimientos de empréstitos que éstos le
hicieron, pues aceptarlos significaba, ni más ni menos, que quedar bajo la amenaza de la
dependencia económica. A los imperialistas no les quedo otro camino que recurrir a un medio muy
socorrido por cierto: hacer fracasar los planes económicos del gobierno, para de esta manera forzar
a la India a aceptar los empréstitos y, más tarde cuando el país se encontrara económicamente en
manos de los imperialistas, imponer a su gobierno la política que más conviniera a sus intereses.

El mejor medio para el logro de estos fines resultó ser el contrabando de oro, el cual les auguraba
doble ventaja: de un lado la introducción ilegal de grandes cantidades de oro, cuya venta a elevado
precio aseguraba fabulosas ganancias, de otro, era posible sacar del país el dinero obtenido a
cambio del oro y de esta manera entorpecer la realización de los planes económicos. En función de
este plan fueron fabricados lujosos automóviles y yates en oro puro. En el curso de dos años fue
extraída del país una suma de dinero que superaba los 400 millones de dólares.

Con el propósito de liquidar este inmenso contrabando de oro que consumía su medio circulante,
fue que el gobierno de la India destaco a Viena a Adzhoy Mitra. Los tiburones del contrabando
internacional de oro, intentaron en un principio sobornarlo, luego intimidarlo, pero viendo lo
infructuoso que resultaban sus industrias, decidieron poner fin a su vida.

Adzhoy Mitra cayó víctima en la lucha que libraba la India por su independencia. Pero su vida no se
ofrendó en vano. La lista con los nombres de los contrabandistas y sus garantes cayó en manos del
gobierno de la India y la parte oculta de este oscuro negocio quedó a la vista de la opinión pública
mundial. Esta vez, las intrigas y oscuros designios de todos los Krupp y Morgan sufrieron un duro
revés.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

CAPITULO QUINTO

¿ES POSIBLE VIVIR SIN DINERO?

Derrocamiento del dinero de su trono

¿Cuándo dejara de crecer el poder de ese ídolo llamado dinero?

La historia de la humanidad testimonia acerca de que cualquier régimen social en el cual existen
clases sociales antagónicas, es decir opresores y oprimidos, está irremediablemente condenado a su
hundimiento en el momento en que el grado de su desarrollo alcanza un límite en el cual la clase
dominante al defender sus intereses de clase se convierte en un obstáculo para el desarrollo ulterior
de toda la sociedad tomada en conjunto. La ley del desarrollo social exige entonces la sustitución de
esta estructura social por otra.

El capitalismo, que surgió de las ruinas de la sociedad feudal, constituyo un paso adelante en
comparación con el feudalismo, toda vez que permitió el desarrollo de la producción, de las fuerzas
productivas. La técnica se desarrolló con una velocidad nunca vista. A diferencia de la pequeña
producción, que tenía como fundamento el trabajo individual, las grandes empresas capitalistas
concentraron el trabajo de centenares, millares y decenas de obreros. Se fortaleció la división del
trabajo. Todas las fábricas, todas las ramas de la industria resultaron estrechamente unidas y
dependientes entre sí.

En el capitalismo moderno cada producto tomado separadamente es, ni más ni menos, que el
resultado de la actividad de centenares de empresas que trabajan en estrecha colaboración y
consecuentemente, del trabajo coordinado de miles de obreros. Por consiguiente la producción vino
a ser social. Sin embargo, todas las empresas e inclusive las riquezas del subsuelo son de propiedad
privada, a consecuencia de lo cual los frutos del trabajo social son apropiados de manera individual,
es decir se los apropian los capitalistas. La producción social y la apropiación individual
constituyen la contradicción fundamental del capitalismo, contradicción que cada día se agudiza
más y más. Se crean fabricas cada vez más poderosas, empresas, monopolios, lo cual hace que la
producción se socialice en todos los frentes, pero los frutos de este trabajo social van a parar a las
faltriqueras de un puñado de capitalistas, al tiempo que las masas populares se pauperizan,
viéndose, a la par, en la penosa necesidad de someterse a una explotación despiadada.

La existencia de la producción social impone, que la distribución de los productos de trabajo sea
también social, que los bienes producidos por la fuerza de trabajo de la clase proletaria sean
aprovechados por toda la sociedad, sin embargo la propiedad privada, piedra angular del
capitalismo, no lo permite. Por consiguiente, se hace necesaria la destrucción de la propiedad
privada capitalista, toda vez que entraba la marcha del progreso y el desarrollo de la sociedad.

71
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

El régimen social capitalista ya cumplió con su misión histórica: la creación de poderosas fuerzas
productivas, pero al mismo tiempo engendro dentro de su seno a su propio sepulturero: la clase
obrera. En todos los rincones del mundo se amplia y fortalece con los días la lucha de la clase
obrera contra sus explotadores. Al capitalismo se le acerca la hora cero. Los expropiadores son
expropiados. Estamos asistiendo al derrocamiento del dinero de su trono.

72
HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

LOS SUEÑOS SE CONVIERTEN EN REALIDAD

Luego de una lucha milenaria la Gran Revolución Socialista de Octubre abrió un nuevo capítulo en
la historia de la humanidad: en 1917 los obreros rusos alzados en armas derrocaron al capitalismo y
crearon un nuevo régimen social: El socialismo. De entonces a esta parte el socialismo ha triunfado
en la tercera parte del mundo y en virtud de una necesidad histórica deberá reemplazar al
capitalismo supérstite en todo el globo terráqueo.

El triunfo del socialismo significa que la propiedad privada sobre los medios de producción será
reemplazada por la propiedad socialista, social, por la propiedad de todo el pueblo. Se liquida la
explotación del hombre por el hombre. Se liquida también la perniciosa concurrencia y des
planificación en la economía. La producción se determina según planes económicos y toda la
producción social sirve no al afán de enriquecimiento de una persona sino al deseo de elevar el
bienestar de todo el pueblo. Los beneficios se distribuyen no en razón del capital sino en razón a la
cantidad y calidad del trabajo cumplido. Toma cuerpo y realidad el siguiente principio: “Quien no
trabaja, no come”.

En el socialismo tanto los medios de producción como la fuerza de trabajo no se compran ni se


venden, comoquiera que ya han perdido el carácter de mercancía.

Los medios de producción pertenecen a los mismos trabajadores, por consiguiente la fuerza de
trabajo de estos pierde el carácter de mercancía.

El mismo pueblo está interesado en liquidar lo antes posible la desocupación como también en el
desarrollo de la producción, lo cual constituye para los trabajadores un estímulo que los impulsa al
dominio de la técnica moderna, al perfeccionamiento de sus conocimientos profesionales y
culturales y, consecuentemente, al desarrollo de la ciencia.

Y, por último, en el socialismo el país viene a ser la verdadera patria del pueblo, toda vez que a él
pertenecen las maquinas, fábricas y tierras; en una palabra, toda la belleza y riqueza de su país natal.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

¿ES ETERNO EL DINERO?

Durante el periodo del socialismo el dinero aún se conserva pero su papel cambia radicalmente toda
vez que desaparece su poder. El dinero durante este periodo pierde el carácter de capital y deja de
ser un medio de explotación.

La fuerza motriz que mueve a la economía capitalista es el ansia de obtener ganancias. La finalidad
de la producción socialista es la de satisfacer lo más plenamente posible las necesidades materiales
y espirituales de todos los trabajadores.

Esta circunstancia estimula a los mismos trabajadores y los impulsa hacia el logro de metas más
altas en la producción. Es natural, que este interés material halle su expresión en el dinero,
comoquiera que el mejor trabajo en calidad y mayor en cantidad se hace merecedor a una mayor
remuneración. Además cada obrero obtiene en relación con los éxitos de la empresa cierta
participación en las ganancias de esta, amén de otras ventajas y beneficios.

Los planes económicos de los países socialistas determinan para cada empresa, tomada
aisladamente, lo siguiente: 1. Tipo de producción y cantidad de trabajo empleado en ella; 2.
Cantidad de dinero indispensable para este tipo de producción; 3. Precio de la producción en
unidades monetarias.

Sin embargo, comoquiera que la economía socialista es planificada, las dimensiones de la


producción de este o aquel producto no se determinan por sus precios. Con todo, la formulación de
precios se puede utilizar para incrementar el desarrollo de la producción y su estimulo.

Los intereses económicos del país pueden exigir la venta planificada de ciertos artículos a un precio
menor o mayor al precio de costo. En la sociedad socialista el hombre es lo más valioso, por tal
razón los precios se determinan teniendo en cuenta que los productos básicos de la alimentación
sean accesibles a toda la población en cantidad suficiente. Los precios más bajos rigen, por ejemplo,
para el pan, la leche y todos los productos de primera necesidad; para el alquiler de la vivienda, para
pasajes del transporte urbano e intermunicipal, para el vestuario y calzado infantil. Etc. Por otro
lado, los precios más altos rigen para la producción de artículos suntuarios tales como automóviles
y también para las bebidas alcohólicas y productos del tabaco.

El medio circulante necesario para efectuar la circulación de mercancías está determinado por la
concordancia planificada de la capacidad adquisitiva de la población y la producción global.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

LA MUERTE DEL DINERO

El socialismo y el comunismo son dos etapas o estadios de un mismo orden social. El primer
estadio, el socialismo, se va transformando gradualmente en el segundo o sea en el comunismo.

El hecho de que sostengamos que tanto el socialismo como el comunismo son dos etapas de un
mismo régimen social se confirma si observamos que tanto para la una como para la otra son
comunes ciertos rasgos generales, ¿Cuáles son estos rasgos?

De la misma manera que en la sociedad socialista, en la comunista los medios de producción son de
propiedad social; el objeto cardinal de la producción es el de satisfacer lo más plenamente posible
las necesidades crecientes de los trabajadores; no existe clases explotadoras; cada ciudadano está en
la obligación de entregar a la producción lo mejor de sus capacidades; cada ciudadano está en la
obligación de entregar a la producción lo mejor de sus capacidades; y, por último, los bienes
materiales en cada una de estas dos etapas se distribuyen de manera equitativa entre los miembros
de la sociedad, en conformidad con los intereses de todos los trabajos.

En la sociedad socialista rige el siguiente principio: “De cada cual según sus capacidades, a cada
cual según su trabajo”. En la comunista el principio que ha de informar su concepción humanista es
el siguiente: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

Para el cumplimiento del principio comunista es necesario que para esta etapa de desarrollo social
las fuerzas productivas hayan logrado un nivel de desarrollo muchas veces mayor que el logrado
durante el socialismo. Tales fuerzas deberán estar en capacidad de garantizar tal abundancia de
bienes materiales, o dicho en otras palabras, el desarrollo de la ciencia y la técnica habrán alcanzado
tal envergadura, que estarán en capacidad de satisfacer de manera ininterrumpida y eficiente todas
las necesidades de la población. Además, todo miembro de la sociedad comunista será un hombre
instruido, consciente, culto, multifacéticamente desarrollado.

Por eso es necesario recordar, que ante todo es indispensable el desarrollo de la fuerza productora
más importante: el mismo hombre, que es quien realiza el trabajo.

En el socialismo aún existen algunas diferencias esenciales entre la ciudad y el campo, entre la
producción industrial y la agrícola, entre el trabajo físico y el intelectual. En el comunismo tales
diferencias habrán desaparecido en lo fundamental. El campo, gracias a la completa mecanización
de las labores agrícolas, a la electrificación y al desarrollo cultural asciende hasta el nivel de la
ciudad.

En virtud del desarrollo de la técnica, de la automatización, todos los aspectos de la actividad


humana se irán transformando paulatinamente en trabajo intelectual, que demandara por
consiguiente elevado nivel profesional.

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

La división actual del trabajo social se modificara radicalmente. La división de las esferas de
producción se conservara, pero en cambio se pondrá fin a la filiación de ciertos trabajadores a una
determinada especialidad. Se reducirá de manera considerable la jornada laboral.

Cada miembro de la sociedad tendrá la posibilidad de recibir instrucción multifacética, cada


ciudadano podrá elegir su actividad según sus inclinaciones naturales, actividad que al mismo
tiempo redundara en beneficio de la sociedad. Esto permitirá el pleno desenvolvimiento de las
capacidades que habían permanecido de manera latente en el alma de los hombres.

En el socialismo el trabajo ya es cuestión de honor, sin embargo aún no ha alcanzado la categoría de


necesidad vital. En el comunismo tienen lugar grandes transformaciones entre las cuales es de
mencionar las que se operan en el carácter de la producción, en el del trabajo y en el de las
personas, lo cual da como resultado una actitud nueva del hombre frente al trabajo, que podría
asimilarse a la noción de una necesidad fisiológica propia de un organismo sano. Cada miembro de
la sociedad, por consiguiente se referirá a su trabajo como si se tratara verdaderamente de una
necesidad vital, y lo cumplirá a conciencia sin necesidad de que intervenga estimulo material
alguno, encarnado ya sea en el salario o el control. Desaparecerá la necesidad del control público
sobre la correspondencia que ha de existir entre el trabajo cumplido y la remuneración a que el
ciudadano se ha hecho merecedor por él.

Al mismo tiempo el alto grado de desarrollo logrado por las fuerzas productivas, por la fuerza
creadora del trabajo humano, garantiza tal abundancia de bienes materiales, que permite satisfacer
con largueza las necesidades normales, racionales de cada miembro de la sociedad. Desaparece por
consiguiente la distribución de los bienes materiales según el trabajo y aparece en su lugar la
distribución de estos mismos bienes según las necesidades de cada cual. De esta manera, el
comunismo libera al hombre de terribles preocupaciones que durante milenios lo persiguieron de
manera implacable: ¿Cómo asegurar los bienes materiales, indispensables para el
mantenimiento de su propia vida y la vida de su familia?

Toda vez que en el comunismo la producción se lleva directamente a la sociedad y su producto está
destinado para la distribución social, desaparece el intercambio, es decir desaparece la producción
destinada para la venta, lo cual elimina radicalmente el carácter mercantil de los productos. ¡Y
comoquiera que no existe la producción mercantil, pues no existen mercancías, ni valores, ni
precios, ni dinero!

En este momento termina el camino histórico recorrido por el dinero. Comenzó precisamente
cuando la sociedad se dividió en clases, cuando surgió la propiedad privada y termina cuando se
establece de nuevo la sociedad sin clases, cuando la propiedad sobre los medios de producción se
torna colectiva, social.

El dinero está condenado a desaparecer. Se extinguirá de la misma manera que surgió.

La joven generación actual alcanzara a conocer la época en que cada cual tomara del cuerno de la
abundancia todo aquello que necesite racionalmente para la satisfacción de sus necesidades, cuando

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HISTORIA DEL DINERO
por Jozsef Robert

la palabra “dinero” y “capitalismo” serán escuchadas solamente por los niños en la escuela durante
las clases de historia. En esa época feliz los hombres no podrán comprender fácilmente, como fue
posible que en cierta época relativamente no lejana se hubiera dado el caso de una sociedad loca,
insensata en la cual el bienestar y la autoridad de los hombres, en que la salud y el pan de cada día
dependieran de la cantidad de oro o pedazos de papel que se encontrara en sus faltriqueras…

…Muy difícil les será comprender, que en cierto tiempo existieron los Krupp y los Morgan, que los
diamantes, esmeraldas, el petróleo, etc., desataron guerras, que en la India, África y América Latina
moría la gente de hambre, que al lado de niños multimillonarios existían niños harapientos… Y que
existían poetas, si, muchos poetas, que, llevados por divina ira, no se cansaban de poner en boca del
pueblo las siguientes palabras: “No hay dinero y hay que comer”.

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