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UNIDAD 1

INTRODUCCIÓN AL TRABAJO EN GRUPO.

Terapia de grupo
UNIDAD I

INTRODUCCIÓN AL TRABAJO EN GRUPO.

1.1 Aumento en el uso de grupos.

1.2 Metas y ventajas de los grupos.

1.3 Tipos de terapias de grupos

1.4 Terapia de grupos para niños.

1.5 Terapia de grupos para adolescentes.

1.6 Terapia de grupos para estudiantes.

1.7 Terapia de grupos para ancianos.

1.8 Psicoterapia de grupos.

1.9 Grupos estructurados.

1.10 Grupos de autoayuda.


EL AUMENTO EN EL USO DE GRUPOS

En la medida que mis colegas y yo hemos dirigido talleres y seminarios a lo largo de todos los Estados Unidos,
hemos encontrado un aumento del interés por el trabajo en grupos. Los terapeutas profesionales están creando
una creciente variedad de grupos para satisfacer las necesidades especiales de su diversa clientela. De- hecho,
los tipos de grupos que pueden diseñarse sólo están limitados por la imaginación propia. Este amplio desarrollo
no ha considerado suficientemente la necesidad de la formación y entrenamiento global en la teoría y práctica
de la terapia de grupo. Este libro trata de proporcionarle una base de conocimiento fundamental aplicable a la
mayoría de los tipos de grupos que usted pueda dirigir.

Se pueden emplear los grupos tanto con propósitos terapéuticos como educativos o para la combinación de
ambos. Algunos grupos tratan de ayudar a las personas a ejecutar cambios fundamentales en sus formas de
pensar, sentir y comportarse. Otros grupos, con una orientación más educativa, enseñan a sus miembros
habilidades específicas de manejo. En este capítulo encontrará una breve revisión de diversos tipos de grupos y
las diferencias principales entre ellos. En el área de los servicios humanos o sociales, se esperará que usted se
halle preparado para aplicar enfoques grupales a diversos clientes con multitud de propósitos. En un hospital
psiquiátrico, por ejemplo, pueden solicitarle que diseñe y dirija a grupos de pacientes con diferentes problemas,
algunos que van a ser dados de alta y reinsertados en la comunidad o para los familia-res de los pacientes.

METAS

Teóricamente, los miembros deciden por sí mismos las metas específicas de su experiencia grupal. Algunas
metas generales que comparten los miembros de terapias de grupo son:
* Aprender a confiar en sí mismo y en los demás.
* Lograr un auto-conocimiento y desarrollar la sensación de una identidad propia única.
* Reconocer las similitudes de las necesidades y los problemas de los participantes y desarrollar una sensación
de universalidad.
* Aumentar la auto-aceptación, la auto-confianza y el respeto a une mismo para lograr una nueva imagen propia.
* Buscar formas alternativas para manejar los aspectos evolutivos norma les y resolver ciertos conflictos.
* Aumentar la auto-dirección, autonomía y responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás.
* Ser consciente de las posibilidades propias y actuar en consecuencia.
* Elaborar planes específicos para modificar algunas conductas y obligar se a uno mismo a mantener dichos
planes.
* Aprender habilidades sociales más efectivas.
* Sensibilizarse ante las necesidades y sentimientos de los otros.
* Aprender a enfrentarse a los otros directamente con cautela, cuidado y honestidad.
* Superar la mera búsqueda de las expectativas ajenas y aprender a vivir con expectativas propias.
* Clarificar los valores propios y decidir si se modifican y cómo hacerlo.

VENTAJAS
La terapia de grupo cuenta con muchas ventajas a su favor como vehículo para ayudar a las personas a ejecutar
modificaciones en sus actitudes, opiniones sobre sí mismos y sobre otros, sentimientos y conductas. Una
ventaja es que los participantes pueden explorar su estilo de relación con los demás y aprender habilidades
sociales más efectivas. Otra consiste en que los miembros pueden comentar las percepciones que tienen de los
otros miembros del grupo y recibir un valioso feedback sobre cómo están siendo percibidos por ellos.

La terapia de grupo proporciona la reproducción del mundo cotidiano de los participantes de múltiples formas,
especialmente si los miembros son diversos con respecto a las variables edad, intereses, medio cultural, nivel
socioeconómico y tipo de problema. Como microcosmo de la sociedad, el grupo proporciona una muestra de la
realidad porque los conflictos y problemas de los miembros hallados en el grupo no difieren de los
experimentados fuera de él. La diversidad que caracteriza a la mayoría de los grupos proporciona a los
participantes un feedback inusualmente rico pues pueden verse a sí mismos a través de los ojos de una amplia
variedad de personas. El grupo ofrece comprensión y apoyo lo cual motiva el deseo de los miembros a explorar
los problemas con que llegan al grupo. Los participantes generan la sensación de pertenencia y mediante la
cohesión que se produce, aprenden formas de comportarse íntimamente, atentamente, etc. En esta atmósfera
protectora los miembros pueden experimentar conductas alternativas. Pue-den poner en práctica estas
conductas en el seno del grupo, donde reciben el ánimo y las sugerencias para aplicar sus aprendizajes en el
mundo exterior.

Finalmente, corresponde a los miembros decidir qué modificaciones desean. Pueden comparar las percepciones
de sí mismos con las percepciones de los otros y decidir qué hacer con esta información. En esencia, los
miembros consiguen una idea del tipo de persona que les gustaría llegar a ser y consiguen comprender lo que
les está impidiendo conseguirlo.

TERAPIA DE GRUPO PARA NIÑOS.

La terapia de grupo para niños puede perseguir objetivos preventivos o curativos. En las escuelas se sugieren
terapias de grupo para los niños que muestran conductas o atributos como la dificultad para relacionarse con
los compañeros, peleas excesivas, explosiones de violencia, cansancio crónico, falta de supervisión en el entorno
familiar y apariencia de abandono. Los grupos reducidos pueden proporcionar a los niños la oportunidad de
expresar sus sentimientos sobre los aspectos anteriores o los problemas que de ellos se derivan. Es muy
importante identificar a niños que estén desarrollando problemas emocionales o conductuales. Si estos niños
pueden recibir asistencia psicológica en una edad temprana, disponen de mejores oportunidades para manejar
con efectividad las tareas evolutivas con las que deberán enfrentarse posteriormente.

TERAPIA DE GRUPO PARA ADOLESCENTES.

Los años adolescentes pueden ser de extremada soledad y no es extraño que un adolescente sienta que nadie
quiere ayudarle. La adolescencia es también una época de grandes preocupaciones y de decisiones importantes
que pueden afectar al curso de la propia vida. Son parte de esta época las dudas, la dependencia/independencia,
los conflictos de aceptación/rechazo, las crisis de identidad, la búsqueda de seguridad, las presiones de
conformismo y la necesidad de aceptación. Muchos adolescentes están presionados para que actúen y
obtengan éxitos y con mucha frecuencia experimentan grandes presiones para satisfacer estas expectativas ex
temas.

La terapia de grupo está especialmente indicada para los adolescentes por-que les proporciona un lugar donde
expresar los sentimientos conflictivos, explorar sus dudas sobre sí mismos y llegar a comprender que comparten
estas preocupaciones con sus iguales. El grupo permite a los adolescentes cuestionarse abiertamente sus
valores y a modificar los que deben ser cambiados. En el grupo, los adolescentes pueden aprender a
comunicarse con sus iguales, pueden beneficiarse del modelo proporcionado por el terapeuta y pueden
experimentar con la realidad sin riesgos y examinar así sus límites. Otro valor específico de la terapia de grupo
para los adolescentes es que les ofrece la oportunidad de ser instrumentales en el proceso de crecimiento
mutuo. La interacción grupal posibilita a los participantes expresar sus problemas y ser escuchados y pueden
ayudarse mutuamente en el camino hacia la auto-comprensión y la auto-aceptación.

TERAPIAS DE GRUPO PARA ESTUDIANTES.

Los grupos de terapia son un vehículo valioso para satisfacer las necesidades evolutivas de muchos estudiantes
que sienten que el instituto o universidad sólo se preocupa de su desarrollo intelectual excluyendo su
crecimiento emocional o social. Durante los años que estuve trabajando como consultor en dos universidades
me per-caté de la necesidad de grupos en los campus. En estas universidades los grupos existentes estaban
diseñados para estudiantes relativamente sanos que estuvieran experimentando crisis evolutivas. El principal
objetivo de estos grupos consistió en ofrecer a los participantes una oportunidad para el crecimiento y una
situación donde pudieran manejar sus problemas relacionados con sus estudios, con las relaciones
hombre/mujer, problemas de identidad, planes educativos, sentimientos de aislamiento en un campus
impersonal y otras preocupaciones vinculadas al hecho de llegar a ser una persona autónoma.

En la actualidad, muchos consultores de universidades y centros de estudios ofrecen diversas modalidades de


grupos estructurados para satisfacer las diferentes necesidades de los estudiantes algunos de los cuales son
grupos de asertividad, grupos para las minorías, grupos de incapacitados físicos, grupos para reducción del
estrés, grupos de adultos que vuelven a ser estudiantes y que se están cuestionando el cambio de su carrera y
de su estilo de vida o grupos de reducción de la ansiedad a los exámenes. En el siguiente apartado se
examinarán brevemente estos grupos estructurados.

TERAPIA DE GRUPO PARA LOS ANCIANOS.

Los grupos terapéuticos pueden ser muy útiles para los ancianos al igual que para los adolescentes. A medida
que las personas van envejeciendo experimentan soledad y muchos de ellos careciendo de la esperanza de un
futuro significativo, se resignan a una vida inútil. Como los adolescentes, los ancianos se sienten a menudo
improductivos, innecesarios y no queridos. Otro problema es que muchos ancianos alimentan mitos sobre el
envejecimiento que posteriormente se con-vierten en profecías autocumphdas. Un ejemplo de ellos es la falsa
idea de que los ancianos no pueden cambiar y que una vez jubilados están abocados a la depresión. Los grupos
terapéuticos pueden ayudar a los ancianos a desafiar estos mitos y a manejar los aspectos evolutivos que ellos,
como cualquier otro grupo de edad, deben encarar de forma tal que mantengan su integridad y respeto hacia sí
mismos. La situación de grupo puede ayudar a las personas a salir de su aislamiento y a ofrecer a los ancianos el
coraje necesario para encontrar significado en sus vidas, pudiendo disfrutar de una vida completa y no limitada
a la mera existencia.

PSICOTERAPIA DE GRUPO

Una diferencia importante existente entre la psicoterapia de grupo y la terapia de grupo reside en las metas de
una y otra. Mientras que la terapia de grupo se centra en el crecimiento, desarrollo, potenciación, prevención,
auto-consciencia y superación de los obstáculos que impiden el crecimiento, la psicoterapia de grupo se centra
normalmente en el tratamiento y la reconstrucción personal. La psicoterapia de grupo es un proceso de
reeducación que incluye tanto la percepción consciente como la inconsciente y ambas tanto en el presente
como en el pasado. Algunos grupos de psicoterapia se diseñan originalmente para corregir trastornos
emocionales y conductuales que impiden el buen funcionamiento de la persona. La meta puede ser un cambio
mayor o menor de la estructura de la personalidad, dependiendo de la orientación teórica del terapeuta del
grupo. A consecuencia de este tipo de meta, la duración de estos grupos suele ser prolongada. Las personas que
integran el grupo pueden estar sufriendo problemas emocionales, conflictos neuróticos profundos o estados
psicóticos y algunos pueden mostrar conductas socialmente desviadas. Por lo tanto, muchos de estos individuos
se hallan más necesitados de tratamientos terapéuticos que de trabajo evolutivo o preventivo.

Los terapeutas de los grupos de psicoterapia son normalmente psicólogos clínicos, psiquiatras y asistentes
sociales. Emplean multitud de modalidades verbales (comunes también a los consultores de los grupos) y
algunos emplean técnicas para inducir la regresión a experiencias tempranas, para hacer surgir dinámicas
inconscientes y para ayudar a los miembros a reexperimentar situaciones traumáticas de tal forma que se
produzca una catarsis. En la medida que se reviven estas experiencias en el grupo, los miembros se hacen
conscientes y logran el insight de las decisiones pasadas que interfieren en su funcionamiento cotidiano. El
terapeuta ayuda a los miembros del grupo a desarrollar una experiencia emocional correctiva y a adoptar
nuevas decisiones sobre el mundo, los otros y sobre uno mismo. Una de las principales características de la
psicoterapia de grupo es el trabajo a través de los asuntos inconclusos que tienen sus raíces en el pasado
inconsciente. Este centro de interés en el material pasado, la dinámica inconsciente, la reconstrucción de la
personalidad y el desarrollo de nuevos patrones de conducta basados en los insights requiere también una
duración más prolongada que la terapia grupal.

GRUPOS ESTRUCTURADOS

Los grupos estructurados, o grupos caracterizados por un tema central, parecen estar adquiriendo mucha
popularidad. Cuando mis colegas y yo hemos dirigido seminarios, hemos encontrado profesionales muy
creativos para la organización de grupos de tiempo limitado que versan sobre unos temas concretos o dirigidos
a una población en particular. Estos trabajadores de grupos perciben necesidades en la comunidad y dirigen
estas necesidades mediante la creación de grupos. Tales grupos persiguen diversos propósitos: impartir
información, compartir experiencias comunes, enseñar a resolver problemas, ofrecer apoyo y enseñar a las
personas a establecer sus propios sistemas de apoyo fuera del entorno grupal.

Es obvio que los grupos estructurados, en oposición a la terapia de grupos o a los grupos de crecimiento
personal, están asentándose en multitud de entornos. Parecen tener una buena acogida en los centros públicos
y en los centros escolares. Muchas universidades y centros de estudios ofrecen una variedad de grupos
especiales dirigidos a una población en particular además de los grupos no estructurados de crecimiento
personal y las terapias de grupo. Por ejemplo, los grupos estructurados ofertados por el Centro de Servicios
Psicológicos de la Universidad de Texas en Austin incluyen los siguientes: Transiciones de la mitad de la vida:
valores y decisiones vitales; Control sobre el propio estilo de vida y "estilo de trabajo", manejo del estrés;
Entrenamiento en el manejo de la depresión; Manejo de relaciones/Finalización de relaciones; Estrategias para
construir la auto-confianza de mujeres graduadas; Aprender a manejar la ansiedad para hablar en público;
Desarrollo de conductas asertivas; Perfeccionismo: La espada de dos filos; Estudiantes con un familiar alcohólico
y algunos otros.

Para la configuración del grupo normalmente se pide a los miembros que completen un cuestionario
relacionado con su capacidad para manejar el área particular de interés. Se introducen ejercicios estructurados y
tareas para casa como formas para enseñar destrezas nuevas a los miembros del grupo. Al finalizar las sesiones
se emplea a menudo otro cuestionario para evaluar los progresos de los miembros. Se establecen también
contratos como forma de mostrar a los miembros las metas específicas que guiarán su participación en el grupo
y para motivarles a poner en práctica las nuevas destrezas fuera del grupo. Muchos grupos estructurados se
basan en el modelo de teoría del aprendizaje y emplean procedimientos conductuales.

GRUPOS DE AUTO-AYUDA

En los últimos 20 años se ha producido una gran explosión de grupos de auto-ayuda que permiten a las
personas con un problema o apuro común crear un sistema de apoyo que les proteja del estrés psicológico y les
proporcione el incentivo suficiente para iniciar un cambio en sus vidas. Estos grupos satisfacen en ciertas
poblaciones una necesidad crítica que no ofrecen los profesionales de los centros de salud mental. Los
miembros comparten experiencias, se dan apoyo emocional y social mutuamente, aprenden unos de otros,
ofrecen sugerencias a los miembros nuevos y proporcionan alguna dirección a las personas desesperanzadas.
Normalmente los grupos de auto-ayuda se reúnen en el entorno comunitario como las escuelas o las iglesias. La
esencia del proceso de auto-ayuda consiste en que los miembros se apoyen mutuamente asumiendo
responsabilidades personales y actuando con el propósito de resolver sus problemas en vez de transferir la
responsabilidad o la culpa del problema a otras personas (Borkman, 1991). Los dos términos grupo de auto-
ayuda y grupo de apoyo se emplean indistintamente. Los grupos de auto-ayuda tienden a enfatizar su
autonomía y los recursos internos del grupo (Katz, 1981). En muchos grupos de auto-ayuda la intención original
consintió en emplear un terapeuta como modelo que demostrara la universalidad de la necesidad de los otros
para ayudarse mutua-mente. Los grupos de apoyo, por el contrario están iniciados a menudo por un profesional
o por una organización. Para facilitar la descripción, categorización y comparación de los grupos de auto-ayuda,
Schubert y Borkman (1991) han creado una tipología que facilita el reconocimiento de las similitudes y
diferencias en la estructura organizativa de estos grupos.

Los autores describen los siguientes diez grupos de auto-ayuda:

1. En la calle: un grupo de personas afectadas por una encarcelamiento.


2. Familiares que adoptan niños en cualquier lugar: un grupo que reúne a quienes desean adoptar niños o ya lo
han hecho.
3. Problemas coronarios: un grupo de individuos antes o después de haberse sometido a cirugía coronaria.
4. Trastornos de la alimentación: un grupo guiado por personas con problemas de control o pérdida de peso.
5. Estaciones: un grupo de personas que han perdido a un ser querido por suicidio.
6. Asociación de enfermos mentales: un grupo de sujetos afectados por alguna enfermedad mental que
pretenden educar al público.
7. Nuevos comienzos: un grupo de personas separadas o divorciadas de un cónyuge o amante.
8. Alcanzar la recuperación: un grupo de mujeres que sufren cáncer de mama.
9. Alcohólicos anónimos: un grupo de personas que tratan de superar sus problemas por abuso de alcohol.
10. Centro de asesoramiento educacional de padres: un grupo de padres de
niños con necesidades especiales. Esta lista es sólo un ejemplo de la diversidad de grupos destinados a
compartir un problema común.

ACTITUDES HACIA LOS GRUPOS DE AUYO-AYUDA,

¿Cuál es la actinad de los profesionales de la salud mental hacia los grupos de auto-ayuda?. Riordan y Beggs
(1987) estudiaron el crecimiento de los grupos de auto-ayuda y recomiendan a los profesionales algunas formas
para emplear estos grupos de manera adjunta a sus prácticas. A juzgar por la revisión de la literatura que han
efectuado, es evidente que los grupos de auto-ayuda están desempeñando un rol importante en este sentido.
Según Meissen, Masón y Gleason (1991), dada la reducción de los servicios tradicionales de salud mental al
mismo tiempo que el crecimiento del movimiento de consumidores, es probable que los grupos de auto-ayuda
llegen a ser tan importantes para el sistema de salud mental como los Alcohólicos Anónimos lo fueron en el área
del abuso de sustancias.

Meissen y sus colegas (1991) examinaron las actitudes de estudiantes graduados en trabajos sociales y en
psicología clínica hacia los grupos de auto-ayuda. Encontraron que casi el 40% de los estudiantes había tenido
alguna experiencia con estos grupos. Estos mostraban actitudes más positivas que los estudiantes que carecían
de experiencia alguna. Algunas investigaciones concluyen que los profesionales futuros estarán más dispuestos
a colaborar con los grupos de auto-ayuda. Meissen y sus colegas mantienen que la práctica profesional es
imprescindible en relación a la auto-ayuda. Añaden que será importante prevenir la influencia profesional no
intencionada de los grupos de auto-ayuda. En su opinión, los estudiantes deberían aprender a respetar el rasgo
distintivo de la auto-ayuda y de la autonomía e independencia de tales grupos así como los roles profesionales
apropiados.
UNIDAD 2
FACTORES ÉTICOS Y PROFESIONALES EN LA PRÁCTICA DE GRUPOS.

Terapia de grupo
UNIDAD II

FACTORES ÉTICOS Y PROFESIONALES EN LA PRÁCTICA DE GRUPOS.

2.1 Derechos de los participantes de un grupo.

2.2 Factores de los grupos involuntarios

2.3 Factor de riesgo psicológico en el grupo.

2.4 La ética en la acción del terapeuta.

2. 5 Relaciones personales entre terapeuta y miembros.

2.6 Socialización entre los miembros del grupo.

2.7 Factores éticos en las terapias multiculturales.

2.8 El factor de la competencia del terapeuta del grupo.

2.9 Factores éticos en la formación de terapeutas de grupo.


2.1 DERECHOS DE LOS PARTICIPANTES DE UN GRUPO:

Derechos básicos y sus responsabilidades como participantes. Es función suya como terapeuta del
grupo ayudar a los futuros miembros a conocer sus derechos. Por lo tanto, este apartado incluye un
listado de los derechos de los participantes.

Un Derecho Básico: Consentimiento Informado


Los participantes tenderán a ser más cooperativos y activos si durante la sesión inicial se proporciona
la información básica sobre el grupo. Un terapeuta que hace esto como norma demuestra honestidad
y respeto por los miembros y potencia la confianza necesaria para que los miembros sean abiertos y
activos. El terapeuta obtiene así el consentimiento informado de los participantes. A continuación se
adjunta la información básica que los miem-bros deberían recibir antes de configurar el grupo.
Después añado la lista de aquellos aspectos que los clientes tienen derecho a esperar durante el
transcurso del grupo.

INFORMACIÓN QUE MERECEN LOS CLIENTES ANTES DE CONFI-GURAR EL GRUPO. A continuación se


incluye el listado de los aspectos que los clientes tienen derecho a esperar antes de tomar la decisión
de sumar-se al grupo:

* Una explicación clara relativa al propósito del grupo.


* Una descripción del formato, procedimientos y reglas básicas del grupo.
* Una entrevista previa para determinar si un grupo particular con un terapeuta concreto en el
momento actual es adecuado para sus necesidades.
* Una oportunidad para solicitar información sobre el grupo, plantear cuestiones y examinar los
problemas.
* Una descripción breve de la educación, experiencia y cualificaciones del terapeuta.
* Información sobre los honorarios y costes y si estos incluyen o no una sesión de seguimiento;
información, también, de la duración del grupo, la frecuencia y duración de los encuentros, metas del
grupo y técnicas que serán empleadas.
* Información sobre los riesgos psicológicos implicados en la participación grupal.
* Conocimiento de las circunstancias en las que se quebrantará la confidencialidad por razones legales,
éticas o profesionales. "' Explicación de los servicios que podrán y no podrán proporcionarse dentro
del grupo.
* Ayuda del terapeuta para elaborar las metas personales
* Clarificación breve de la división de responsabilidades entre el terapeuta y los participantes.
* Comentario de los derechos y responsabilidades de los miembros del grupo.

DERECHOS DE LOS CLIENTES DURANTE EL TRANSCURSO DEL GRUPO.


El siguiente listado incluye aquellos aspectos que los clientes tienen derecho a esperar en el transcurso
del grupo:
* Indicaciones sobre lo que se espera de ellos.
* La libertad de abandonar el grupo si no parece ser lo que esperaban, lo que deseaban o necesitaban.
* Información sobre cualquier investigación o grabación que se vaya a realizar durante las sesiones con
los miembros del grupo.
* Si se realiza alguna grabación, el derecho a pararla cuando restringe la participación de los miembros.
* Ayuda del terapeuta para adecuar los aprendizajes del grupo a cada cliente.
* Oportunidades para comentar en el grupo los aprendizajes individuales y para experimentar la
cercanía del grupo, de tal forma que los participantes no queden innecesariamente con asuntos
pendientes.
* Una consulta con el terapeuta si se produce una crisis por efecto directo de la participación en el
grupo o la derivación a otras fuentes de ayuda si el terapeuta no puede proporcionarla.
* Cuidados del terapeuta para minimizar los posibles riesgos del grupo.
* Respeto hacia la privacidad de los miembros en relación con lo que la persona puede revelar y con el
grado de apertura.
* Libertad de la indebida presión grupal para la participación en los ejercicios del grupo, toma de
decisiones, exposición de problemas privados y aceptación de sugerencias de otros miembros.
* Respeto a la confidencialidad por parte del terapeuta y de los miembros restantes.
* Libertad frente a los valores del terapeuta y del resto de los miembros.
* Oportunidad para emplear los recursos del grupo en el crecimiento.
* Derecho a ser tratado como individualidad con la dignidad y respeto merecidos.

El terapeuta debería subrayar que la participación en los grupos conlleva además de los derechos
ciertas responsabilidades. Algunas de estas responsabilidades consisten en asistir con regularidad, ser
activo, adoptar riesgos, tener voluntad para hablar sobre uno mismo, proporcionar feedback a los
otros miembros, respetar la confidencialidad y pedir lo que se necesite.

2.2 FACTORES DE LOS GRUPOS INVOLUNTARIOS:

Los terapeutas deberían especificar sus normas con respecto a la asistencia, compromiso de
permanencia en el grupo durante un número predeterminado de sesiones y el abandono de una sesión
específica si los miembros no están de acuerdo con la marcha del grupo. Si la asistencia es irregular se
dificulta seriamente el desarrollo del grado de confianza y cohesión necesarios. Durante la sesión
inicial debería comentarse el tema de las ausencias y desde el comienzo deberían clarificarse las
actitudes y normas del terapeuta.

En mi opinión, los miembros del grupo tienen la responsabilidad de explicar al grupo y al terapeuta las
razones de su abandono o ausencia. Por una paarte, puede ser nocivo para los miembros abandonar el
grupo sin haber dis-frutado de la opción a comentar los factores que considera negativos o
amenazantes en la experiencia. Si al sentirse incómodos abandonan el grupo, es probable que les
queden aspectos pendientes y lo mismo será vivenciado por el resto de los miembros. La ausencia de
un miembro puede perjudicar a la cohesión y confianza del grupo porque los miembros restantes
pueden sentirse "causantes" de tal abandono. Suele ser conveniente sugerir a los miembros que si
piensan ausentarse, deberían plantearlo en la sesión para su posible análisis en grupo.

Es fundamental que los miembros tengan la oportunidad de comentar su abandono al menos con el
terapeuta. La regla de la ASGW (1989) dice a este respecto:

Los miembros tienen el derecho a renunciar al grupo, pero es importante que sean conocedores de la
importancia de informar al terapeuta y a los miembros del grupo antes de hacerlo. El terapeuta
comenta los riesgos potenciales de la renuncia prematura con el miembro que considere esta opción.
Si un grupo es contraproducente para un individuo, dicha persona debería contar con el derecho a
abandonar el grupo, teóricamente el terapeuta y los miembros trabajarán conjuntamente para
determinar el grado de productivi-dad o contraproductividad de la experiencia grupal. En mi opinión, si
después de un período previamente acordado por los miembros, estos deciden no par-ticipar en el
grupo, entonces deben tener la posibilidad de ausentarse sin ser objeto de la presión del terapeuta ni
de los miembros restantes.

2.3 FACTOR DE RIESGO PSICOLÓGICO EN EL GRUPO:

Como los grupos pueden actuar como catalizadores del cambio personal, conllevan también riesgos
para los miembros del grupo. La naturaleza de estos riesgos - que incluye cambios vitales que originan
rupturas, confrontaciones hostiles y destructivas, socialización dolorosa entre los miembros, etc. - y lo
que el terapeuta puede hacer a este respecto es el objeto de esta sección. Es irreal esperar que un
grupo no conlleve riesgos porque cualquier aprendizaje vital implica arriesgarse. Sin embargo, es
responsabilidad ética del terapeuta asegurar que los futuros miembros del grupo conocen los riesgos
potenciales y adoptan precauciones a este respecto. La ASGW recomienda que el terapeuta subraye
los riesgos personales implicados en cualquier grupo, especialmente los referentes a los posibles
cambios vitales y que ayude a los miembros del grupo a examinar su disposición a encarar dichos
cambios. Como mínimo se espera que el terapeuta comente con los miembros las ventajas y
desventajas de un grupo determina-do, que prepare a los miembros a los temores y reservas que los
miembros puedan tener.

También corresponde al terapeuta disponer de un conocimiento amplio y profundo sobre las fuerzas
que operan en el grupo y sobre el modo de movilizar dichas fuerzas para lograr fines éticos. Si los
terapeutas no proceden corprecaución, los miembros pueden perder los beneficios del grupo e incluso
pueden resultar psicológicamente dañados por el mismo. Las vías para reducir estos riesgos incluyen el
conocimiento de los límites de los miembros, e respeto a sus peticiones, el empleo de un estilo
invitador frente a uno dictador, evitar enfrentamientos insultantes, describir la conducta en vez de
juzgarla y presentar las sospechas de forma sugerente en vez de forzar interpretaciones a los
miembros. El siguiente capítulo describe las destrezas: que emplean los terapeutas de grupo para
manejar los aspectos aquí mencionados.

A continuación se incluyen algunos problemas que el terapeuta y lo miembros pueden comentar y


trabajar para minimizarlos:

1. Los miembros deberían ser conscientes de la posibilidad de desbarata sus vidas por efecto de la
participación en el grupo (o en cualquier otra tare terapéutica). En la medida que los miembros son
más conscientes de sí mismos, pueden provocar cambios en sus vidas, que, a pesar de ser constructo
vos a largo plazo, crean crisis y problemas en el camino. Por ejemplo, lo cambios que introduzca una
mujer por efecto de lo conseguido en el grupo pueden provocar la resistencia o la hostilidad de su
marido con las consecuentes dificultades maritales. Además, el resto de su familia puede desaprcbar
sus cambios y preferir a la persona que era antes de implicarse en la terapia grupal.

2. Algunas veces un miembro individual puede singularizarse como la cabeza de turco" del grupo. Los
otros miembros pueden apiñarse y convertir]o en el objeto de hostilidades y otras conductas
negativas. En tales casos, el, terapeuta debe actuar para eliminar estos sucesos.
3. El enfrentamiento o confrontación, un instrumento valioso y poderoso en el grupo, puede ser
malempleado, especialmente cuando se usa para atar a otro de forma destructiva. Las intervenciones
intrusivas, las tácticas excesivamente confrontativas del terapeuta y las presiones a los miembros para
que sobrepasen sus límites producen a menudo resultados negativos. En tales casos, una vez más, los
terapeutas (y también los miembros) deben estar en guardia para evitar conductas que puedan
provocar riesgos psicoló gicos graves en los participantes. Para reducir los riesgos de la confrontación
no constructiva, los terapeutas pueden modelar el tipo de confrontación que se centra en conductas
específicas y evita la emisión de juicios sobre los miembros. Se puede enseñar a los miembros a hablar
sobre uno mismo y sobre las reacciones propias ante cierto patrón de conducta de otro miembro
determinado.

Una forma de minimizar los riesgos psicológicos de los grupos consiste en extender un contrato donde
el terapeuta especifica sus responsabilidades y los miembros explicitan sus obligaciones con respecto a
lo que desean explorar y lograr en el grupo. Estos contratos reducen las posibilidades de que los
miembros sean explotados o que abandonen el grupo sintiendo que han tenido una experiencia
negativa.

Otro modo de evitar los riesgos innecesarios reside en la capacidad del terapeuta para reconocer los
límites de su competencia y restringir su actividad a los grupos para los que se halle debidamente
preparado y experimenta-do. Por último, el terapeuta del grupo es responsable de minimizar los
inevitables riesgos psicológicos asociados a la actividad grupal. Para asumir adecuadamente esta
responsabilidad, el terapeuta debería desarrollar un período de práctica supervisada como se describe
más adelante en el capítulo.

2.4 LA ÉTICA EN LA ACCIÓN DEL TERAPEUTA:

Impacto que los valores o técnicas empleadas puedan producir sobre los mismos es una cualidad
imprescindible de los terapeutas. Ser terapeuta requiere el cono-cimiento de los patrones
comunitarios, de las normas del centro donde se tra-baja y de las leyes que rigen el ejercicio
terapéutico. En las profesiones vinculadas a la salud mental existe una tendencia general hacia la
práctica responsable. Los programas de postgrado relacionados con el ejercicio terapéutico y la
asistencia social solicitan cada vez más contenidos éticos y legislativos. En parte estas tendencias
pueden estar relacionadas con la creciente vulnerabilidad de los profesionales de la salud mental hacia
los abusos.

La mayoría de las organizaciones profesionales recomiendan a sus miembros que sean conscientes de
los patrones comunitarios y del impacto que la conformidad o la desviación de estos patrones ejercen
sobre su práctica. Estas organizaciones manifiestan explícitamente que los profesionales evitarán la
explotación de la relación terapéutica, no perjudicarán la confianza necesaria para que una relación
sea terapéutica y evitarán las relaciones duales si inter-fieren con los objetivos terapéuticos.
Normalmente los códigos éticos reco-miendan prudencia contra los intentos de aunar las relaciones
sociales o personales con las profesionales.

2. 5 RELACIONES PERSONALES ENTRE TERAPEUTA Y MIEMBROS


Personales o sociales con los miembros del grupo son apropiadas o inapropia-das?. Un factor
determinante es el grado en que tal relación social esté interfiriendo sobre la relación terapéutica. La
norma de la ASGW (1989) a este respecto apunta: "Los terapeutas de grupo evitan las relaciones
duales con los miembros del grupo que pudieran dificultar su juicio objetivo y profesional, así como
aquellas que probablemente comprometerán la capacidad de un miembro del grupo para participar
plenamente en el mismo". Uno de los principios derivados de este concepto general recomienda a los
terapeutas no hacer uso indebido de su rol y poder para satisfacer sus necesidades personales. El
factor central de esta norma se refiere ai uso apropiado de la autoridad. Cuando los terapeutas
satisfacen sus necesidades personales de poder y prestigio a expensas de lo mejor para los miembros,
entonces se produce una violación ética. Por ejemplo, si los terapeutas confían en su rol profesional
para encontrar amigos y satisfacer sus necesidades personales y sociales implicándose personalmente
con los miembros del grupo o con miembros de grupos anteriores, el abuso del poder se hace
evidente. Su rol consiste en ayudar a los miembros a lograr las metas de estos y no en establecer
relaciones sociales con los clientes. Otros principios derivados de la misma norma alertan a los
terapeutas sobre los posibles riesgos del establecimiento de relaciones duales - profesionales y
personales - con los miembros:

1. "Los terapeutas no usarán su relación profesional con los miembros del grupo en beneficio
propio ni durante el curso del grupo ni después de la finalización del mismo".
2. "Las intimidades sexuales entre el terapeuta y los miembros no son éticas". Con respecto a las
relaciones íntimas entre el terapeuta y los clientes -tuales o anteriores, el código ético del APA
(1992) señala:

*Los psicólogos no mantienen relaciones sexuales con los clientes o


Pacientes actuales".
* "Los psicólogos no aceptan como clientes o pacientes terapéuticos a las
Personas con quienes han mantenido relaciones íntimas".
* "Los psicólogos no establecen relaciones íntimas con un cliente o
Paciente antiguo hasta bien transcurridos dos años después del cese o finalización de los servicios
profesionales".

Es interesante señalar que en las normas de práctica propuestas por el ACÁ (1993) se prohíben las
relaciones sexuales con los pacientes anteriores independientemente del tiempo transcurrido
desde la finalización: "Los terapeutas profesionales deberán evitar cualquier tipo de intimidad
sexual con clientes actuales o pasados" (p. 15). La justificación de lo que puede parecer un patrón
extremo en relación a las relaciones íntimas con clientes pasados es que una relación sexual tiene
el potencial de minar los resultados positivos que se lograron en la terapia.

2.6 SOCIALIZACIÓN ENTRE LOS MIEMBROS DEL GRUPO:

Un factor paralelo hace referencia al efecto facilitador o limitador de la socialización entre los
miembros del grupo en el proceso grupal. Este ispecto puede convertirse en un problema ético si los
miembros desarrollan clichés y cotilleos sobre los otros miembros o si se reúnen por propia cuen-la y
comentan problemas que deberían ser tratados en las sesiones grupales. Si se desarrollan agendas
ocultas a través de varios subgrupos, es probable que el progreso del grupo llege a una interrupción
abrupta. Salvo que la agenda oculta se clarifique y maneje, parece poco probable que muchos
miembros hagan un uso terapéutico del grupo o que logren sus objetivos personales.
Yalom (1985) señala que una terapia grupal enseña a las personas el modo Je establecer relaciones
íntimas pero no proporciona dichas relaciones. Apunta también que los miembros que se encuentran
fuera del grupo tienen la responsabilidad de mostrar en el grupo la información de dicho encuentro. El
tipo de socialización fuera del grupo que interfiere con el funcionamiento del mismo es
contraproducente y debería de ser evitado. Esto es así en las situaciones donde los participantes
comentan aspectos relevantes del grupo y evitan comentar los mismos aspectos dentro del mismo.
Una de las mejores formas del terapeuta para evitar la socialización inapropiada y contraproducente
entre los miembros del grupo consiste en plantear este tema como motivo de discusión en el grupo. El
momento más adecua-do puede ser aquel en que los miembros del grupo se hallan estancados o
cuando parece que los miembros no hablan sobre las reacciones que se producen entre sí. Se puede
comentar a los miembros que aquellos aspectos no comentados en el seno del grupo pueden impedir
la formación del nivel necesario de cohesión grupal.

2.7 FACTORES ÉTICOS EN LAS TERAPIAS MULTICULTURALES:

El reconocimiento por parte de los terapeutas de la realidad de la diversi-iad humana está relacionado
con la cuestión de reorganizar el modo de nfluencia de los valores del terapeuta en el proceso grupal.
Si los terapeutas ignoran algunas diferencias básicas entre las personas, difícilmente se cum-plirán los
mejores intereses de dichos clientes. La regla de la ASGW (1989) señala que "los terapeutas son
conscientes de sus propios valores y presun-ciones y el modo de aplicarlos a los contextos
multiculturales". Si los tera-peutas no entienden cómo influye su entorno cultural sobre su propio
pensamiento y conducta, existen escasas posibilidades de trabajar ética y efectivamente con grupos
integrados por miembros culturalmente diversos.
D.W. Sue, Arredondo y McDavis (1992) han elaborado una muestra com-prensiva de actitudes
específicas, conocimiento y destrezas que ayudan a los erapeutas de grupo a reconocer sus propios
valores culturales.

En el próximo capítulo correspondiente a las habilidades del terapeuta de grupos nos extenderemos
en este punto. Ibrahim (1985) asegura que los terapeutas pueden empezar a comprender los valores y
opiniones de los grupos diversos una vez que hayan reconocido y entendido los propios. La autora
señala que si el terapeuta carece de la comprensión del sistema de valores y visión del mundo propios
y de los clientes, se producirá ansiedad y frustración en ambas partes: "La efectividad de los
encuentros psicoterapéuticos y de consejo psicológico en grupos diversos está determinada por la
conciencia del terapeuta sobre su propia visión del mundo, sólo de esta manera puede entender y
aceptar la ■ isión que el cliente tiene del mundo. Sin estas condiciones no puede gene--arse una
relación terapéutica viable" (p. 633).
Aunque exista una clara tendencia al reconocimiento de la importancia multicultural en la formación
de los terapeutas, los patrones éticos de muchas organizaciones profesionales no especifican este
imperativo. Los códigos tienden a ser generales al referirse a las cuestiones de diversidad cultural y
muchos se limitan a un grado mínimo de funcionamiento ético.

Por ejemplo. en los recientemente revisados Principios Éticos de los Psicólogos y Códig, de Conducta
del APA (1992) se adopta la siguiente posición con respecto a 1 ética del reconocimiento de las
diferencias humanas:
Donde las diferencias de edad, sexo, etnia, nacionalidad, religión, orientación sexual, incapacidad
física, idioma o nivel sociocultural influyan significativamente sobre el trabajo del psicólogo con
determinados individuos o grupos, el psicólogo obtiene la formación, experiencia, consultas
supervisión necesarias para garantizar la competencia de sus servicios o para derivar adecuadamente a
los clientes.

En mi opinión, esta breve declaración de las diferencias humanas es incompleta. Esta posición se
refiere sobre todo a aquellas situaciones donde los psicólogos no pueden trabajar con efectividad a
consecuencia de las dife-rencias que encuentran con un individuo o grupo en particular.
Desafortunadamente el código del APA refleja aún un nivel mínimo de funcionamiento ético y no
promueve un mayor grado de práctica ética. Pedersen (1994) man-tiene que los principios éticos del
APA (1992) y del ACÁ (1988) están cultu-raímente sesgados. Con respecto a la norma del APA arriba
citada sobre la diversidad humana, Pedersen manifiesta que el lenguaje condicional del men-saje
transmite la idea de que las diferencias humanas no siempre son impor-tantes.

El autor se alegra de que los principios del APA incluyan ejemplos de etiquetamiento cultural a través
de presunciones implícitas, inconsistencias y contradicciones cuando estas normas se aplican a
entornos multiculturales Por ejemplo, desaconseja las relaciones múltiples y las permutas con lo
clientes. Pedersen manifiesta que tales reglas descuidan los patrones cultura les en aquellas culturas
que valoran más las relaciones colectivistas que del economía monetaria. Pedersen también señala
que las Normas Éticas de ACÁ (1988) no reflejan la diversidad de clientes con respecto a la raza, cultu-
ra, clase y sexo. Tales normas, manifiesta con desagrado Pedersen, demues-tran las presunciones de la
perspectiva de la cultura dominante y colocan a los grupos minoritarios en situaciones de desventaja al
valorar la conducta ética.

Aunque los patrones del APA y del ACÁ necesitan aún prestar una aten-ción más específica a las
implicaciones éticas del trabajo con grupos cultu-raímente diversos, el Departamento de Asuntos
relacionados con la Minorías Étnicas del APA ha elaborado una muestra útil de reglas que pre-tenden
modificar los patrones en este sentido (APA, 1993). Incluso aunque estas reglas no estén
específicamente diseñadas para los terapeutas de gru-pos, estos pueden usarlas. La siguiente lista
representa una adaptación de dichas reglas:

* Los terapeutas de grupos adquieren el conocimiento y las destrezas que

necesitan para trabajar con efectividad con los diversos tipos de miem-bros que se encuentren en sus
grupos. Si no cuentan con esta base fun-damental, cubren sus limitaciones solicitando supervisión o
recibiendo más formación.
* Los terapeutas son conscientes del modo en que su propio entorno cultu-ral, actitudes, valores,
creencias y sesgos influyen sobre su trabajo y se esfuerzan por corregir los prejuicios que puedan
tener.
* Los terapeutas reconocen que la etnia y la cultura influyen sobre la con-ducta.
' Los terapeutas respetan los roles de las jerarquías familiares y comunita-rias correspondientes a la
cultura del cliente.
* Los terapeutas respetan los valores y creencias religiosas y espirituales de los miembros.
* Los terapeutas ayudan a los miembros a determinar los momentos en que las dificultades tienen su
origen en el racismo o en similares, para no personalizar inadecuadamente los problemas.
* Los terapeutas consideran el impacto de los factores sociales, ambienta-les y políticos adversos al
evaluar los problemas y diseñar las interven-ciones.
* Los terapeutas se esfuerzan por eliminar sesgos, prejuicios y prácticas discriminatorias. En su práctica
desarrollan la sensibilidad a factores como la opresión, el sexismo y el racismo.

Es conveniente que el terapeuta informe a los miembros sobre los valores básicos que están implícitos
en los procesos grupales. Por ejemplo, algunos grupos operan en base a las siguientes presunciones:
arriesgar es fundamental rara el crecimiento y el cambio, es preferible la auto-determinación a vivir
según los patrones ajenos, expresar emociones es más sano que reprimirlas, ser abierto y expresar
vulnerabilidad puede conducir a la intimidad, hablar de uno mismo es la clave para establecer
relaciones sociales, luchar por la inde-pendencia y la autonomía es un objetivo fundamental, se valora
la honestidad en la comunicación de sus deseos y necesidades a otros y la confianza en el gruupo se
obtiene implicándose uno mismo en el grupo. Algunos de estos valores pueden entrar en conflicto con
los valores individuales de los miembros.

La práctica ética implica que los miembros sean conscientes de estos valores y de lo que se espera de
ellos. Es útil examinar los posibles valores conflictivos durante las primeras sesiones iniciales
clarificando sus presunciones culturales y los valores y creencias culturales de los clientes. Además, los
terapeutas deberían establecer metas y procesos que coincidan con los • alores culturales de los
miembros del grupo. Un artículo interesante que examina la relevancia de los valores islámicos para el
trabajo grupal, las influencias positivas y negativas en la terapia de grupos y algunos consejos práctico
para los terapeutas que trabajan con miembros musulmanes ha sido escrito por Banawi y Stockton
(1993).

2.8 EL FACTOR DE LA COMPETENCIA DEL TERAPEUTA DEL GRUPO:

Determinar el Nivel Propio de Competencia La norma de la ASGW (1989) señala que "los terapeutas de
grupo no apli-can ninguna técnica salvo que estén formados en su uso o lo hagan bajo la supervisión
de otro terapeuta familiarizado con la misma". ¿Cómo pueden saber los terapeutas si disponen o no de
la suficiente competencia para aplicar una técnica determinada?. Aunque algunos terapeutas
formados en el uso de una técnica pueden dudar sobre su aplicación (por temor á equivocarse), otros
terapeutas muy seguros de sí mismos pero sin formación adecuada pueden sentirse dispuestos a
probar nuevos métodos sin ninguna reserva. Es conve-niente que los terapeutas conozcan las razones
por las que aplican cada una de las técnicas y haberlas experimentado como miembro de un grupo
puede ser muy útil. El factor de la competencia o capacidad para liderar un grupo específico o tipo de
grupo es una de las cuestiones continuas que deben plan-tearse los terapeutas. Usted deberá estar
dispuesto a enfrentarse y responder a preguntas como las siguientes:

* ¿Estoy capacitado por mi educación y formación para liderar este grupo específico?.
* ¿Qué criterios puedo usar para determinar mi grado de competencia?.
* ¿Cómo puedo reconocer los límites de mi competencia?.
* Si no soy un terapeuta tan competente como me gustaría, ¿Qué puedo hacer específicamente?.
* ¿Cómo puedo seguir mejorando mis capacidades de liderazgo?.
* ¿Qué técnicas puedo emplear yo con destreza?.
* ¿Con qué tipo de clientes trabajo mejor?.
* ¿Con cuáles no trabajo tan bien y por qué?.
* ¿Hasta dónde puedo ir con los clientes?.
* ¿Cuándo y cómo debería derivar a los clientes?.
* ¿Cuándo debo consultar a otros profesionales?.

No existen respuestas sencillas para estas preguntas. Cada grupo requiere diferentes cualidades por
parte del terapeuta. Por ejemplo, usted puede ser muy competente para dirigir un grupo de
situaciones de crisis pero incompetente para dirigir un grupo de personas con problemas de trastornos
graves. Usted puede estar bien formado y trabajar bien con grupos de adolescentes y sin embargo no
disponer de las destrezas necesarias para dirigir grupos de niños. Puede tener éxito dirigiendo grupos
cuyos miembros presentan problemas de abuso de sustancias pero sentirse poco preparado para
trabajar satisfactoriamente con grupos de familiares. En resumen, usted necesita la formación
específica y la experiencia supervisada para cada tipo de grupo que pretenda dirigir.

Los grados y las credenciales pueden ser necesarios pero no suficientes; todo lo que muestran es
ciertos antecedentes de contenido y experiencia, lo que normalmente implica que usted ha
completado el número mínimo de cur-sos de formación y experiencia. La amplitud y calidad de la
formación y experiencia que demuestran las credenciales varía notablemente.
La mayoría de los profesionales han superado su formación formal en una de las ramas del área de la
salud mental, como psicología clínica, psicología comunitaria, psicología educativa, terapia marital y
familiar, terapia de reha-bilitación, psiquiatría social, psiquiatría, etc. Sin embargo aquellos que dese-
an ser terapeutas de grupo descubren normalmente que la educación formal, incluso en los niveles del
master o del doctorado, no les proporciona los ante-cedentes prácticos necesarios para dirigir un
grupo con efectividad. Así pues, los terapeutas descubren a menudo que es imprescindible participar
en semi-narios o talleres de formación especializada en terapia grupal.

2.9 FACTORES ÉTICOS EN LA FORMACIÓN DE TERAPEUTAS DE GRUPO:

Los programas de formación difieren cuando la participación es opcional y cuando es obligatoria. Exigir
la participación en un grupo terapéutico como parte de un programa de formación puede plantear
algunos problemas prácticos y éti-cos. Una de las normas éticas del ACÁ (1988) señala que el
aprendizaje centrado en la auto-comprensión o el crecimiento personal debe ser voluntario o si es
imprescindible como parte del programa educativo, los estudiantes deberían saberio antes de
matricularse. Otra norma ética del ACÁ hace referencia a aco-modar a los estudiantes que no desean
participar en las experiencias de crecimien-to personal: "El miembro [terapeuta educador]
proporcionará en todo momento a los estudiantes alternativas claras e igualmente aceptables para las
experiencias de crecimiento y auto-comprensión. El miembro informará a los estudiantes que
disponen del derecho a aceptar estas altemativas sin prejuicio o castigo".

Me cuesta entender la norma anterior del ACÁ. Si un programa educativo exige un grupo terapéutico y
los estudiantes conocen este requisito antes de matricularse, no veo por qué deba ofrecerse una
"alternativa igualmente aceptable". Aunque algunos manifiestan que la participación en los grupos
genera ansiedad, porque se espera que los candidatos relaten aspectos perso-nales, los candidatos
que no desean manejar dicha ansiedad probablemente se preguntan a sí mismos por qué han
seleccionado esta profesión. En definitiva, la mayoría de los programas requieren un curso de
estadística o métodos experienciales y para muchos (entre ellos yo) este obstáculo provoca más
ansiedad que la participación como miembro de un grupo.
Uno de los factores éticos más controvertidos en la formación de los tra-bajadores de grupos implica la
combinación de métodos experienciales y didácticos. Considero que el componente experiencial es
esencial en los cur-sos de formación, admito también que existen problemas inherentes al ense-ñar a
los estudiantes el funcionamiento de los grupos implicándoles en un nivel experiencial. Tal disposición
conlleva la voluntad de auto-apertura, ser participante activo en un laboratorio interpersonal e
implicarse en un nivel cognitivo y emocional al mismo tiempo. Algunas veces, sin embargo, mis
colaboradores y yo hemos oído comentar a los estudiantes y profesionales que participan en nuestros
seminarios de formación de grupos que valoran positivamente la experiencia supervisada donde
tienen la posibilidad de adoptar los roles de miembro y de terapeuta. A través de este tipo de progra-
mas, se vivencian los conceptos del proceso grupal. Los estudiantes experi-mentan en sí mismos lo que
conlleva crear la confianza y cómo se siente la resistencia. A menudo manifiestan que han logrado una
nueva perspectiva de la resistencia de sus clientes.

Al cambiar impresiones con otros educadores del país que también impar-ten cursos grupales, he
descubierto que es corriente combinar los dominios experienciales y didácticos. En estos grupos
donde se enseña didáctica y experiencialmente, la primera mitad de la clase es teórica. El contenido de
las discusiones puede ser muy similar al material presentado en esta obra. Durante la segunda mitad
de la clase varios instructores dirigen un grupo donde los estudiantes tienen la oportunidad de ser
miembros. Algunas veces los estu-diantes codirigen un grupo pequeño junto con otro compañero y
ambos son supervisados por el instructor. Los estudiantes pueden temer que su nota dependa de su
participación (o de la no participación) en la parte experiencial de la clase. Se deberían establecer
normas claras para que los estudiantes conozcan cuáles son sus derechos y sus responsabilidades. Esta
disposición presiona tanto a los estudiantes como al instructor. Exige honestidad, madu-rez y
profesionalidad.

Al evaluar a los estudiantes de los cursos grupales, la profesionalidad del instructor es fundamental. El
ejercicio ético exige que el instructor especifi-que con antelación sus criterios de evaluación. Dichos
criterios pueden incluir los resultados de informes escritos, las presentaciones orales, los exá-menes
escritos y las pruebas objetivas. La ejecución de los estudiantes en el grupo experiencial no debería
puntuarse pero se espera que los alumnos asis-tan y participen regularmente en las mismas. La norma
ética de la ASGW (1989) manifiesta a este respecto:

Los estudiantes que participan en un grupo como requisito parcial de un curso de formación no son
evaluados ni puntuados con respecto a su grado de participación como miembro de un grupo. Los
instructores de los cursos de terapia grupal adoptarán las medidas para minimizar el posible impacto
negativo sobre los estudiantes cuando participan en el curso diferenciando la participación en el grupo
de las notas y permitiendo a los - estudiantes determinar qué aspectos desean explorar y cuándo
desean finalizar.

Un grupo de este tipo puede centrarse en las interacciones del aquí y ahora. Incluso si los miembros
deciden no abordar aspectos como la niñez, existe multitud de material objeto de exploración si
seleccionan el análisis de sus reacciones a otras personas en el grupo. Si los estudiantes aprenden a
par-ticipar abierta y honestamente en el grupo, han logrado ya un gran paso en la facilitación de un
grupo.
Habiendo expuesto mi perspectiva personal sobre los aspectos éticos de la formación de terapeutas de
grupo, voy a comentar brevemente la literatura existente sobre este tema. Donigian (1993) considera
que las relaciones dua-les en los cursos de formación son "el factor que no se elimina". Al resumir las
opiniones de un panel de jefes de adiestramiento, Donigian identifica la controversia en relación a lo
que constituye la experiencia grupal y el conte-nido y proceso que debería seguir. Donigian concluye
que la ASGW debería identificar los contenidos, las razones para el aprendizaje de dichos conteni dos y
los criterios de disposición para participar en tales grupos.
Merta y sus colaboradores han investigado los dilemas éticos implicados al introducir grupos
experienciales en los cursos de formación. Merta y Sis-son (1991) manifiestan que el uso de grupos
experienciales ha sido muy criti-cado por la presentación de relaciones duales y por las posibles
prácticas no éticas como la invasión de la privacidad, conflicto de intereses y abusos de poder.
Concluyen que los jefes de adiestramiento deberían considerar las necesidades de los estudiantes, el
programa y la profesión. Los autores consi-deran indispensable la participación en grupos
experienciales para la forma-ción de los terapeutas de grupo y añaden sugerencias para el ejercicio
ético de los trabajadores de grupo.

Una investigación nacional identificó cinco modelos empleados por los jefes de adiestramiento para la
formación de los grupos (Merta, Wolfgang & McNeil, 1993). Esta investigación evaluaba también la
consistencia de los distintos modelos con las normas éticas del ACÁ y de la ASGW. Merta y sus
colaboradores encontraron que aunque la mayoría de los jefes de adiestramiento hacen uso de su
experiencia grupal para la formación de los futuros terapeutas, existía una diversidad significativa en la
forma de emplear los diversos modelos de formación. Los investigadores nos recuerdan que los
dilemas éticos no suelen tener ninguna solución perfecta y concluyen:

Ningún modelo de formación o combinación de garantías es apto para resolver el dilema de la


protección de los estudiantes de las relaciones duales adversas y al mismo tiempo proporcionarles una
formación ade-cuada para proteger a la profesión y al publico de terapeutas indebida-mente
formados. La existencia de la diversidad en el uso de los grupos experienciales es muestra de que los
jefes de adiestramiento se esfuerzan por resolver este dilema; se requiere un mayor conocimiento de
sus posi-bilidades y de la motivación que subyace a las mismas [p. 207].

Pierce y Baldwin (1990) se centran en los aspectos éticos implicados en la protección de la privacidad
de los estudiantes que están obligados a participar en experiencias de crecimiento personal como
parte de la formación de terapeutas de grupo. Manifiestan que es necesaria la participación en una
experiencia de crecimiento personal. Al mismo tiempo sugieren formas para sobrellevar el dilema ético
que deben encarar los formadores y supervisores al evaluar las destrezas de los estudiantes para el
liderazgo de grupos. Sus puntos cJaves se resumen a continuación:

* Los estudiantes deben disponer de ia información suficiente antes de matricularse en el programa. La


justificación escrita en favor de la parti- cipación en las actividades de crecimiento personal mejoraría
probablemente la participación de los estudiantes.
* Los estudiantes podrían disponer de consejos o normas referentes a la utilidad y conveniencia de la
auto-apertura. Es útil formar a los estu-diantes sobre los riesgos y beneficios específicos de la auto-
apertura, usando la combinación de métodos didácticos y del modelado del edu-cador.
* Los formadores deberán mostrarse sensibles a las necesidades de priva-cidad de los estudiantes de
sus grupos. Algunas preguntas de prueba pueden generar material altamente personal que puede ser
irrelevante en el grupo.

* Los formadores pueden proporcionar ejercicios y tareas para que los miembros establezcan objetivos
individuales. Se puede implicar a los miembros en la selección de temas que desearían examinar en el
contex-to grupal. Remley (1992) critica que los profesores de los cursos sean al mismo tiem-po los
terapeutas de los grupos experienciales. El mxtox también coincide en que enseñar en un curso sin la
experiencia concurrente es insatisfactorio. Para evitar el problema ético, combina los enfoques
didácticos y experienciales en sus cursos de terapia grupal pero no es él quien dirige el grupo
experiencial. El se limita a a la mitad didáctica del curso utilizando para ello diversos métodos
educativos. La otra mitad experiencial consiste en un grupo de encuentro diri-gido por un terapeuta
experimentado que no imparte clases. Otros profesiona-les que ocasionalmente lideran los grupos son
graduados que desean obtener créditos adicionales en grupos avanzados de terapia, terapeutas de
centros locales que desean liderar grupos a cambio de los servicios de consulta y pro-fesionales del
centro de psicología de la universidad. Los estudiantes de Rem-ley, sin embargo, revelan información
personal en sus impresos del curso. El autor considera que es útil la naturaleza auto-reflexiva de estos
impresos y recomienda no modificar estas tareas sólo con el fin de evitar que los estudiantes expresen
sin intención información privada. Manifiesta que sus estudiantes y él mismo se hallan satisfechos de
este enfoque del curso. Forester-Miller y Duncan (1990) han identificado algunas guías que en su
opinión podrían reducir los posibles riesgos asociados a la combinación de la experiencia de
crecimiento personal y el curso:

* La experiencia de crecimiento personal no debería relacionarse con el proceso de selección para


matricularse o continuar en el programa.
* Ningún aspecto de la vida personal del estudiante, su sistema de valores o conducta en el grupo, será
tenido en cuenta al evaluar la ejecución del estudiante en el grupo experiencial. Los estudiantes sólo
deberían ser evaluados con respecto a la adquisición de destrezas.