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1.

-CONCEPTOS DE GÉNERO

Según la OMS -2010, “El género se refiere a los conceptos sociales de las
funciones, comportamientos, actitudes y atributos que cada sociedad considera
apropiados para los hombres y las mujeres”. Las diferentes funciones y
comportamientos pueden generar desigualdades de género, es decir, diferencias
entre hombres y mujeres que favorecen sistemáticamente a uno de los dos grupos.
A su vez, estas desigualdades pueden crear inequidades entre ellos y ellas en
muchos aspectos de la vida.

En otras palabras podemos afirmar que el concepto género, hace referencia a una
construcción social donde los estereotipos, roles, condiciones, posición adquirida,
comportamientos, actitudes y atributos que cada sociedad en particular construye y
asigna a hombres y mujeres, llevándoles a desigualdades que a su vez, pueden
causar inequidad entre hombres y mujeres, en sus derechos como seres humanos.

No podemos confundir el género con el sexo de las personas, el sexo define las
características biológicas y fisiológicas de hombres y mujeres, mientras que el
género hace referencia a comportamientos, normas, roles, creencias, obligaciones,
relaciones y construcciones sociales que sitúan a hombres y mujeres en
condiciones diferentes en la sociedad; siendo en la mayoría de los casos favorables
para ellos y negativo para ellas porque se les impone un papel de desventaja en los
diferentes ámbitos sociales; situación está, en la que cobra importancia el enfoque
de género y derechos humanos, por hacer relación al reconocimiento pleno que
deben tener los grupos poblacionales como ciudadanas y ciudadanos actuantes,
participantes en las decisiones que afectan la calidad de vida. El siglo XXI intenta
marcar la diferencia por el interés que ha puesto en la búsqueda de un universo más
equitativo, con igualdad de derechos, que dé cumplimiento a las políticas públicas
de equidad de género, promulgadas por los gobiernos del mundo que suscitan un
conjunto de acciones, planes, programas, proyectos y presupuestos, para
responder a necesidades de hombres y mujeres con intereses generales.

Hablar de igualdad entre hombres y mujeres es hablar de derechos humanos,


partiendo de esta aclaración, haremos un breve recorrido por nuestra historia, los
movimientos de mujeres, grupos feministas y avances en la lucha por la igualdad
de derechos y la equidad de género, tomando los de mayor relevancia a lo largo
de los tiempos, tenemos:
• A través de la historia, encontramos que algunas personas defendieron los
derechos de las mujeres, pretendiendo igualdad y equidad de género, pero
no fue sino hasta el siglo XVIII que un movimiento que abogaba por el
derecho de las mujeres a tener derechos legales tomó forma. Fue Mary
Wollstonecraft en Inglaterra, quien publicó la Vindicación de los Derechos
de las Mujeres, en 1792 y en la que argumenta que las mujeres no son
inferiores a los hombres, sino que no cuentan con las mismas condiciones
educativas y, Olympe de Gouges en Francia, quien escribió, en 1791 la
Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, basada en los
principios encontrados en la Declaración francesa de los Derechos del
Hombre y el Ciudadano que se referían en exclusiva a los hombres como
los únicos con carta (derecho) de ciudadanía (Gouges, 1791).

• Otra proclamación temprana sobre los derechos de las mujeres fue la


Declaración de Séneca Falls, escrita en 1848, en el contexto de los
movimientos de mujeres estadounidenses por el acceso al voto. Por
supuesto que otras mujeres que vivieron mucho antes que Mary y Olympia
hablaron y lucharon contra la subordinación y explotación de las mujeres,
pero no se conoce que lucharan o hablaran específicamente sobre los
“derechos” de las mujeres (Romero, L. 2012). Esta declaración establece
que las mujeres y los hombres, al haber sido creados como iguales, tienen
igual derecho a disfrutar del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de
la felicidad. Específicamente afirma: “Que todas aquellas leyes que sean
conflictivas en alguna manera con la verdadera y sustancial felicidad de la
mujer, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y no tienen validez,
pues este precepto tiene primacía sobre cualquier otro.” (Miyares, 1999).

• Otro paso hacia la igualdad y la equidad entre los sexos, fue la aceptación
de la idea de que las personas individuales pudieran tener derechos frente
al estado bajo las leyes internacionales. Este cambio conceptual se dio en
el siglo XIX, por medio de Tratados Internacionales que otorgaban derechos
a las personas contra los Estados con respecto a la esclavitud y la guerra.
Una vez establecido esto, las organizaciones no gubernamentales de
mujeres pudieron cabildear a favor de otros Tratados concernientes
explícitamente a ellas, como fueron las Convenciones de 1904 y 1910,
destinadas a combatir el tráfico de mujeres. Estas Convenciones, no eran
aún consideradas tratados de derechos humanos (de hecho los derechos
humanos no aparecen hasta 1948) y por supuesto, no garantizaban a las
mujeres la igualdad ni la equidad, ya que estos conceptos vinieron mucho
después. Pero, al proteger a las mujeres de una de las formas de violencia
y violación más antiguas de sus derechos humanos, estaban sentando las
bases para la posterior aceptación de igualdad de derechos que las mujeres
debían tener, y ser protegidas contra violaciones diferentes a las que
padecían los hombres. Son los cimientos, así, de la distinción entre la
igualdad formal y la “igualdad sustantiva”, en términos de la feminista Alda
Facio (2000).

• Que hombres y mujeres podían tener iguales derechos, al menos en


algunos campos fue un concepto que se desarrolló primero en las esferas
civil y política por la Unión Panamericana (antecesora de la Organización
de Estados Americanos). Reunida en 1923 en Santiago de Chile y luego en
1928 en La Habana, los delegados crearon la Comisión Interamericana de
la Mujer, cuyo mandato fue la de examinar la realidad de las mujeres en
América Latina como un paso preliminar hacia la adquisición de la igualdad
de las mujeres en los ámbitos político y civil. En 1933, bajo la
responsabilidad de esa comisión se logró que Naciones Unidas adoptara la
Convención de la Nacionalidad de la Mujer Casada, primer tratado
internacional que proclamó la igualdad de los sexos en relación a la
nacionalidad (a pesar de esto, hay que recordar que aún muchos Estados
niegan a las mujeres casadas la nacionalidad de origen si se unen a
hombres de una nacionalidad distinta).

• Consecuentes con exitosas experiencias en la construcción y adopción de


instrumentos de derechos de las mujeres en América Latina, los esfuerzos
por el reconocimiento y protección internacional de los derechos de las
mujeres ven su fruto en 1979 con la creación de la Convención sobre la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
(CEDAW) por parte la Asamblea General de la ONU y ratificada por nuestro
país (UNICEF, 1995).
1.1 Sistema Sexo – Género. El Género en Latino América

“El término sistema sexo-género surge en los años 70 en los estudios de la mujer
que comenzaron a desarrollarse en las universidades anglosajonas en esa década”.
(INMUJER, 2008). A través de este concepto se buscaba explicar algo que hasta
ese momento estaba por definir, relacionado con el sexo biológico y los
comportamientos socialmente aceptados. Partiendo de la concepción que el sexo
es natural, pero marca o define roles, atributos y construcciones sociales específicas
que le son asignadas a cada ser humano desde el momento que nace, en lo que
llamamos género. Por lo tanto, se puede explicar el género como una construcción
sociocultural, definida por el sexo biológicamente natural con el que se nace. Esto
quiere decir que al ser una construcción socio cultural, condiciona la educación y/o
formación que se recibe desde la primera infancia y a lo largo de la vida, mientras
que el sexo lo componen las diferencias biológicas que tenemos mujeres y hombres.
El Sistema Sexo- Género es una categoría de análisis y herramienta que aporta al
estudio de las relaciones humanas.

Es importante aclarar que el género es modificable, así que la subordinación


femenina no se hereda biológicamente, no se recibe de manera genética; por lo
tanto las expresiones que naturalizan los cuidados como parte exclusiva de las
mujeres, como: “mejor dotadas para el cuidado” “con instinto materno” son solo
estereotipos dominantes los cuales hay que rechazar, porque no se puede continuar
culturalmente recargando un pesado lastre en los hombros de las mujeres, por el
solo hecho de haber nacido mujeres, lastre que trae consigo desigualdad,
discriminación y violencias. Ni siquiera la maternidad puede seguirse viendo y
asumiendo, como el destino por haber nacido mujer o un regalo por el que deben
sentirse complacientes y afortunadas le guste o no, sin libertad para decidir. Las
teorías, investigaciones y estudios realizados desde un enfoque de género o con
una perspectiva feminista han realizado y siguen realizando importantes aportes
que demuestran la contribución histórica de las mujeres y promueven la igualdad
entre mujeres y hombres (INMUJERES, 2010).

• Estereotipos:

Los estereotipos no son necesariamente un reflejo de la realidad social, pero sí


clichés que otorgan una serie de particularidades a un grupo de personas. En el
caso que nos ocupa, se trata de estereotipos relacionados con las mujeres, pero
también con los hombres, aunque ellas se llevan la peor parte. Muchos de estos
estereotipos, a pesar que no aportan a un contexto, son defendidos por el nivel de
arraigo que representan en sus habitantes, por lo tanto aunque no se consideren
racionalmente importantes o ciertos, los hacen necesarios y normativos en sus
vivencias. Los estereotipos de género, que se adquieren desde la infancia,
contribuyen en una visión de desigualdad entre niños y niñas, reforzados además
por modelos y comportamientos patriarcales, discriminatorios y violentos que
aprecian de las personas adultas que les rodean. Esos estereotipos tienen como
función reforzar una ideología patriarcal, consolidar y realimentar la subordinación
de la mujer, fomentando que se produzcan relaciones jerárquicas que se
manifiestan en actitudes y comportamientos de abuso de poder que dividen,
destruyen aniquilan. Una de las consideraciones que ha perpetuado las
desigualdades y la discriminación hacía las mujeres a lo largo de los tiempos es
creer que las mujeres son inferiores a los hombres en algo, o que biológicamente
están menos dotadas intelectualmente o con menos capacidades físicas y
emocionales, despojándoles hasta de los derechos básicos más elementales.

• El Lenguaje: Instrumento de Cambio Sociocultural

Un vehículo clave a tener en cuenta, si queremos frenar la profundidad emanada


por la desigualdad de género es el lenguaje, dado que es a través del lenguaje y la
comunicación que seguimos reproduciendo refranes, expresiones y mensajes
androcéntricos, sexistas y excluyentes, que destruyen, dividen y matan. Por lo tanto
hacer buen uso del lenguaje es un compromiso, porque el lenguaje incluyente y
respetuoso hacia el género construye realidades más dignas de ser vividas,
efectividad e igualdad de derechos entre mujeres y hombres en diferentes espacios
y ámbitos sociales de la humanidad. También es importante tomar posición justa
frente a las relaciones, a través del uso eficiente de mecanismos democráticos que
posibiliten compartir, enseñar y expresarnos de forma agradable, erradicando
patrones androcéntricos y sexistas que vienen interiorizados desde la infancia, a
pesar que no es fácil, es posible lograr visibilizar la mujer, el trabajo femenino, los
derechos y la igualdad de oportunidades.

Un lenguaje comprometido tiene en cuenta que usar un lenguaje equivocado es


irresponsable frente a la reivindicación de derechos femeninos y la equidad de
género, porque una palabra sugiere otras, rememoran imágenes y recuerdos,
construye o destruye mundos. Una forma de aportar desde nuestro quehacer
profesional, es el uso responsable de la comunicación humana. Teniendo en cuenta
la urgente e inaplazable necesidad de sensibilización en las personas de nuestro
entorno, frente a lo que podemos posibilitar herramientas que ayuden a evidenciar
las expresiones sexistas, patriarcales y estereotipadas, ofreciendo alternativas de
mejor uso. La invitación es a promover un proceso de reflexión sobre la apremiante
necesidad de un cambio de actitud, interiorizando la equidad desde la práctica del
lenguaje, y en cada accionar entre mujeres y hombres, posibilitando un cambio
estructural en la sociedad.

En Latino América el sistema sexo-género, como en todas las regiones está


permeado de estereotipos y miradas culturales de acuerdo a lo especifico de sus
contextos, por lo que no todos los países siguen los mismos patrones a la hora de
construir políticas de Estado; de acuerdo a algunos análisis realizados se puede
decir que, en políticas de género de la reestructuración económica se han visto
seriamente afectadas las mujeres, por razones de privatización de algunos
servicios de bienestar social (seguro social, pensiones, algunos servicios de salud
y de educación), además de la eliminación de la mayoría de los subsidios, la
privatización de empresas públicas y algunas medidas para asegurar el balance
fiscal. La tendencia de la pobreza en América Latina digna de especial atención,
para la región completa en la década del 90.

1.2 Breve recorrido histórico en el reconocimiento de los derechos de las


mujeres en América Latina y el mundo

Múltiples conferencias, pactos y compromisos internacionales, lideradas por


Naciones Unidas, han planteado procedimientos para la incorporación del
enfoque o perspectiva de género y la reivindicación de los derechos de las
mujeres en los planes de acción de los Estados Miembros, que se manifiestan a
través de políticas públicas, como retos para superar la pobreza, alcanzar la
igualdad y garantizar justicia social e integralidad de los derechos humanos.
Entre estos intentos, se pueden mencionar los Objetivos de Desarrollo del
Milenio, amparados por las Naciones Unidas en el 2000 asumidos y trabajados
en pro del cumplimiento frente a la superación de la pobreza, la inequidad, las
muertes maternas, la educación, entre otros aspectos importantes y necesarios
para poder hablar de igualdad, como también para afirmar desarrollo humano -
planteado dentro de los objetivos y políticas públicas de las últimas décadas, con
especial atención en la obtención de la equidad de género en Latino América y
el Mundo. A estos objetivos se añade el Consenso de Brasilia, de 2010, acogido
por la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe 1
afirmado también por el Estado Colombiano.

Retomando antecedentes importantes, encontramos que desde 1945, las


Naciones Unidas, notificó su compromiso de trabajar por la igualdad entre
mujeres y hombres, mientras constataba el aumento y empeoramiento de la
desigualdad de las mujeres con respecto a los hombres. La Asamblea General
de las Naciones Unidas declaró 1975 como AÑO INTERNACIONAL DE LA
MUJER. También la Asamblea proclama al período comprendido entre 1976 y
1985 como DECENIO DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA MUJER.

Fue en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing en


1995, que se habló verdaderamente del inicio de un nuevo capítulo en la lucha
por la igualdad entre los géneros. Antes de esta conferencia, en algunos casos,
y posteriormente, en otros, las Naciones Unidas aprobaron los principales
instrumentos internacionales en derechos humanos, entre ellos: la Convención
Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial
(1965); el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966); el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966); la
Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes (1984); la Convención sobre los Derechos del Niño (1989); la
Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los
Trabajadores Migratorios y de sus Familiares (1990); el Protocolo facultativo a la
Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Contra la
Mujer (1999); y la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad (2006) . Todos ellos han sido redactados con el objetivo principal
de proteger y garantizar efectivamente los derechos humanos de las mujeres y
de los hombres. Cuando un país los ratifica, adquiere carácter jurídicamente
vinculante, como es el caso del Estado Colombiano. Otras conferencias
mundiales no exclusivamente dedicadas a la situación de desigualdad y
desprotección de las mujeres fueron celebradas a los largo de estos años. A
pesar de ello, sí abordaron las desigualdades de género estructurales que las
afectan. Entre ellas cabe destacar la Conferencia Mundial sobre Educación de
Jomtien, Tailandia (1990).

1
Organismo de las Naciones Unidas.
Por su parte, el Consenso de Brasilia, antes mencionado, contiene los acuerdos
para la acción adoptados en la XI Conferencia Regional sobre la Mujer de
América Latina y el Caribe (Brasilia, 2010) así como ratifica instrumentos
anteriores como la Conferencia Mundial sobre Población y Desarrollo (El Cairo,
1994); la Cumbre Mundial de Desarrollo Social (Copenhague, 1995); la Cumbre
del Milenio (New York, 2000); y la Conferencia contra el Racismo, la
Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia
(Durbán, 2001) entre otros (Alta Consejería Presidencial para la Equidad de la
Mujer, 2012).

La Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe,


perteneciente a la CEPAL, antes citada, está conformada por personas
relevantes de la vida pública y política de la región. Su labor principal está
orientada a impulsar políticas de igualdad de género en los países miembros y a
desplegar procesos encaminados a la desactivación de los mecanismos de
inequidad. Entre sus actividades principales se encuentran las 11 Conferencias
realizadas hasta el momento, siendo la más reciente la de Brasilia, en 2010.
Durante la misma se aprobaron acuerdos para la consecución de la autonomía
de las mujeres. También se han dado 3 Conferencias Iberoamericanas centradas
en distintas problemáticas derivadas de las desigualdades de género, con
especial atención a las distintas formas de violencia contra las mujeres, en Chile
(2007), El Salvador (2008) y Paraguay (2011) (Alta Consejería Presidencial para
la Equidad de la Mujer, 2012).

1.3 El enfoque de género y la cultura en Colombia y el Caribe.

Hablar de enfoque de género y cultura caribeña en un país como Colombia, es un


tanto complejo, por la densa existencia de violencias, desigualdades y
discriminaciones en contra de las mujeres, afirmadas en imaginarios sociales
heredados por la cultura, revelado en estudios, investigaciones, estadísticas e
indicadores que reflejan un aumento sistemático de feminicidios o muertes
sistemáticas a mujeres por el hecho de ser mujeres, agresiones y todo tipo de
violencias de género que por lo común, se han venido naturalizando en nuestro
contexto; así como también se normalizaron socialmente desde siglos atrás las
relaciones jerárquicas de poder entre los sexos. “Las brechas existentes en
condición y posición entre mujeres y hombres son indicadores de la desigualdad
que se expresan en la vida privada y pública” (UniAtlántico, 2010). Pese a la
normatividad vigente en materia de derechos humanos en Colombia, incluso
específica para la protección de los derechos de las mujeres, la mayoría de mujeres
en el país desconocen esas leyes, las instituciones, rutas de atención, políticas,
proyectos y programas de protección que las amparan. Los miedos les sobrecogen
con sólo pensar en denunciar las violencias de las que son víctimas diariamente,
por el riesgo al que se ven expuestas cuando el sistema de justicia en el país en
general está colapsado y la impunidad imperante fortalece día a día el patriarcado
dominante. Como expresan indignadas las feministas Ángela Robledo y Angélica
Lozano, en denuncia pública el pasado 12 de agosto de 2015; al conocer cifras
escalofriantes de medicina legal “que indican que 2.115 mujeres están en riesgo de
ser asesinadas por sus parejas o ex parejas,…es que la violencia en la casa está
cobrando más víctimas que la misma guerra. Durante el 2014 Medicina Legal realizó
75.939 peritazgos por violencia intrafamiliar que incluye violencia contra los niños,
niñas y adolescentes, violencia contra los viejos y violencia de pareja, frente a la
cual, las mujeres y niñas llevan la peor parte con un 85% de los casos” (Robledo,
2015)

Lo más aterrador del asunto es que sea en hogar y que sean los esposos quienes
constituyen un peligro inminente para las mujeres. “De acuerdo con Medicina Legal
son los esposos, ex esposos, novios, compañeros o ex compañeros permanentes
los principales agresores. La frase de “te voy a matar” se ha convertido en una
expresión cotidiana que aniquila a las mujeres, las paraliza y las inunda de miedo
para denunciar y movilizarse” (Robledo, 2015).

“Para 2014, Forensis reportó que 41.802 mujeres sufrieron violencia de pareja.
Medicina Legal indicó que muchas de las mujeres que fueron valoradas en
exámenes médico legales “regresaron luego muertas”, por lo que decidieron aplicar
un cuestionario que permite valorar el riesgo de la violencia mortal contra las
mujeres y que arrojó estas cifras” (UniAndes, 2015). Es triste que en Colombia haya
un atraso enorme en materia de género; a pesar que se ha avanzado en aspectos
normativos, la victimización y re victimización de tantas mujeres sigue en aumento.
Haciendo un rápido recorrido por la leyes colombianas tenemos:

La lucha por los derechos femeninos tiene un importante recorrido de más de 80


años. Es sobre todo a partir de los años 30 que las mujeres alcanzan el derecho de
estudiar hasta la enseñanza media o bachillerato. Desde ese momento la
promulgación de leyes, decretos y normas no han dejado de crecer con el fin de
reconocer, en primer lugar, y hacer valer en segundo lugar, los derechos de las
mujeres. Por supuesto, es la norma de normas, la Constitución Política de 1991 la
que reconoce la igualdad inherente a todos los seres humanos en derechos y
oportunidades, además de acogiendo los derechos humanos bajo su paraguas, se
convierte en referente para el avance de las mujeres (Domínguez, 2006).

La Constitución Política de Colombia de 1991 instituye en su Artículo 13 que todas


las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato
de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades
sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar,
lengua, religión, opinión política o filosófica y en su Artículo 43, expresamente, que
las mujeres y hombres gozamos de los mismos derechos y oportunidades.

Como también es cierto que se han publicado cerca de 12 leyes, incluyendo


reformas constitucionales, ordenanzas, sentencias y actos legislativos referentes a
diversos espacios de acción a favor de las mujeres; algunas buscan evitar las
violencias generalizadas en contra de las mujeres, otras se manifiestan en contra
de las violencias intrafamiliares o al interior del núcleo familiar, otras contra las
violencias sexuales, unas en busca de la equidad y la igualdad laboral, mientras
otras promueven la participación igualitaria en el ejercicio político y público. Normas
todas con muy buena intención, pero al analizarlas pueden estar quedando como
letra muerta frente a la realidad de las mujeres en Colombia, como expresa Nancy
Castillo (El Heraldo, 2012).

Desde ámbitos nacionales como la Alta Consejería Presidencial para la Equidad de


la Mujer, donde se promovió la política de equidad de género; la cual difiere mucho
de la realidad, porque en materia de erradicar, sancionar y frenar las violencias hay
mucho que desear, y si se habla de la protección de las mujeres víctimas, la
información y efectividad de derechos que actualmente se observa es muy precario;
viéndose una vez más que la realidad cotidiana difiere mucho de lo que pronuncian
las leyes, las cuales descansan en los estantes del Congreso (Priego, 2013). La
precaria condición de la mujer en Colombia, refleja un sistema judicial insuficiente
“…anualmente los despachos judiciales y entidades encargadas de hacer valer los
derechos de ciudadanía reciben miles de quejas y denuncias de mujeres,
relacionadas con discriminación, acoso laboral, acoso sexual, violencia intrafamiliar,
o la negación del aborto en los términos permitidos por la ley. La gran mayoría de
estos reclamos demoran en ser resueltos, se concilian o se falla en muchas
ocasiones negándoles el derecho que les asiste a las mujeres, solo por el hecho de
ser mujeres”. Castillo (2014).

Si analizamos la Ley 1257, encargada de sancionar diferentes tipos de violencias


contra las mujeres, es deseable que se elimine del Código de Procedimiento Penal
la figura que la querella, para que la víctima no renuncie ni desista, una vez
interpuesta la denuncia, ya que son muchos los casos en los que interviene la pareja
o victimario haciéndole abandonar el proceso, poniendo en juego el supuesto
bienestar de sus hijas/os, apoyo económico que no es asumido como un
compromiso sino como un acto de apoyo voluntario por falta de castigos severos al
incumplimiento, sumando a todo el andamiaje cultural, moral y que rodea a la
víctima, quien termina desistiendo de la demanda y evitando así un posible castigo
al agresor.

En relación con el derecho a la Interrupción Voluntaria del Embarazo – IVE, para las
tres causales específicas avaladas por la Corte Constitucional, tampoco es claro el
panorama y muy incierto para muchas mujeres que deciden hacer efectivo ese
derecho por motivo de una de las causales ratificadas. De hecho un importante
número de profesionales de salud, así como centros sanitarios, hospitales o clínicas
se oponen a dar cumplimiento a la sentencia C-355 de 2006, incluso poniendo en
grave peligro la vida de la madre, pronunciamiento que por muchas personas aún
se desconoce o se ignora, haciendo caso omiso y desinteresándose por cumplirlo
al ser un derecho de mujeres víctimas de las causales mencionadas.

Otra Ley que quedó con algunos vacíos jurídicos o corta, frente a las sanciones por
su no cumplimiento fue la llamada Ley de Cuotas, ya que no se cumple a cabalidad
y no existen sanciones severas, “son pocos los organismos del Estado que cumplen
con lo estipulado, que un 30% de sus funcionarios públicos sean mujeres” (Huella,
2013) lo que se ve, es que como no hay ordenanzas que obliguen de manera
contundente al cumplimiento no se cumple, además de ser una ley inequitativa
porque no somos una cuota del 30% de humanidad o de habitantes colombianas,
somos más del 50% de la población y es triste ver que desde las leyes mismas se
sesgue o se limite la participación a una cifra inferior, si se obliga el cumplimiento
de participación equitativa, existirá la necesidad y exigencia de promover, dar
oportunidades y posibilitar el ejercicio de derechos de las mujeres en igualdad de
condiciones que los hombres.
Si se analiza el caso de las mujeres campesinas, indígenas y afro descendientes,
se observa que no existen leyes que pongan punto final a las precarias condiciones
y circunstancias de inequidad en las que viven estas mujeres, es común encontrar
gran desinformación, analfabetismo, subordinación y diferentes tipos de violencias
de género contra ellas. Es una población que no solo está olvidada, sino
abandonada y discriminada, porque se le niega el acceso a la educación, la salud
sexual y reproductiva, la información sobre sus derechos y es nulo para estos
grupos el acceso a la tecnología, siendo su “deber” asumir el rol de reproductoras,
cuidadoras y responsables de la crianza de hijos e hijas. La pregunta que nos
hacemos es dónde queda la función de vigilancia, control y seguimiento al
cumplimiento de los derechos humanos a las mujeres, como se verifica la
efectividad y cumplimiento de tantas Leyes que reposan en documentos legales,
porque en la realidad encontramos desconocimiento de muchas de estas leyes por
la población general, pero también de funcionarios y funcionarias que deberían
conocer, direccionar y orientar al resto de población acerca de sus derechos. “Las
leyes mandan unas señales de decisiones políticas pero si no se ejecutan y además
son ambiguas y confusas para nada sirven”, “todos estamos fallando, la sociedad,
la institucionalidad, la justicia porque no aplicamos ni hacemos valer lo legislado” (El
Heraldo, 2012). Ahora, nosotros desde la academia, ¿estamos haciendo nuestro
mejor aporte a la problemática sentida, que afecta a más de la mitad de la
humanidad, o hemos caído en el desconocimiento legal, la indiferencia o la
naturalización de hechos violatorios de derechos humanos en los diferentes ámbitos
de cada contexto?

Acompañar las leyes específicas promulgadas, y destinadas a hacer realidad la


igualdad de derechos entre hombres y mujeres efectivamente en Colombia, es aún
hoy un imperativo de urgencia. A pesar de tantas Leyes y algunos logros
alcanzados, como los mencionados, además del aumento a la edad de las mujeres
para contraer matrimonio o constituir pareja o la edad para acceder a la maternidad
(facilitado, gracias a la aparición de la píldora anticonceptiva y otros métodos de
planificación familiar), sigue faltando mucho camino por recorrer a la hora de las
mujeres manejar su sexualidad con libertad y autonomía, como debería ser. Otros
logros alcanzados en el país fueron el derecho a la patria potestad en igualdad de
condiciones que los hombres y se ha desvanecido el derecho de potestad marital
del hombre sobre la mujer.
Se puede observar que las mujeres que hoy día en Colombia, han alcanzado su
activa participación en el ámbito político, social, económico, científico y global son
aquellas mujeres que han tenido el acceso a educación de calidad, igualdad de
oportunidades y recursos económicos para su realización personal y proyección
profesional. Es por eso que se considera que una de las mayores barreras que hay
que romper es el acceso a la educación para todas las mujeres en Colombia, porque
la educación y el ejercicio profesional son factores importantes para la configuración
de la identidad de las mujeres en sus contextos sociales, su empoderamiento como
seres políticos y agentes culturalmente activos, aportando a la familia, la sociedad
y la cultura desarrollo social, político, cultural, económico y científico.

Los conocimientos y manejos de algunos medios de comunicación, los avances


tecnológicos, y la educación definitivamente pueden abrir nuevos horizontes para
todas las mujeres, desde la infancia; así avanzaremos hacia el fin de esquemas
autoritarios basados en el abuso de poder del hombre sobre la mujer, hijos e hijas.
El reto actual está en romper barreras de acceso para que todas las mujeres
accedan a la educación, los medios de comunicación, las tecnologías y la
generación de ingresos económicos, además de las políticas, normas, leyes y
sentencias que promulgan igualdad de derechos, solo así las mujeres podrán
hacer ejercicio de sus derechos, disfrutar de una vida respetuosa, equitativa y en
igualdad de oportunidades.

A pesar de estos avances, luchas y conquistas, la situación de las mujeres en el


mundo sigue siendo de extrema gravedad. Como ejemplo, los datos aportados a
través de un análisis por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD):

Las mujeres representan la mitad de la población mundial, pero poseen una décima
parte del dinero que circula por el mundo y un 1% de todas las propiedades. Las
mujeres realizan el 52% del trabajo mundial, pero solo la tercera parte del mismo es
pagado. Los hombres realizan el 48% del trabajo, pero tres cuartas partes del mismo
son remunerados. Dos terceras partes de los 1.300 millones de personas pobres en
el mundo son mujeres. Más de dos terceras partes de los 960 millones de personas
analfabetas adultas en el mundo son mujeres. Dos tercios de los 130 millones de
niñas y niños que no van a la escuela o desertan prematuramente son niñas. Una
de cada tres mujeres debe proveer alimento y educación para sus hijas e hijos sin
apoyo de sus parejas. Cerca del 80% de las personas refugiadas en el mundo son
mujeres; niñas/os y ancianas/os. Las mujeres representan el 10% en los
parlamentos del mundo, el 6% de los puestos ministeriales y el 14% de los puestos
ejecutivos en la economía. (PNUD, 2014)

En Colombia, si se coloca la atención en el cumplimiento y alcances de los Objetivos


de Desarrollo del Milenio, tenemos que a pesar de los esfuerzos y avances
significativos, siguen existiendo desafíos sobre los cuales es necesario trabajar con
todo el esmero y compromiso posible, como son los indicadores de mortalidad
materna, cobertura bruta de educación media, embarazo en adolescentes,
mortalidad por dengue y coberturas de saneamiento básico y agua potable, factores
que afectan de forma directa a las mujeres y les impactan de manera
desproporcional. Los logros de los ODM promueven cerrar las brechas sociales de
género que han subsistido de manera histórica en el contexto colombiano y
contextos mundiales, pero es visible que los indicadores sociales en Colombia no
solo se han quedado rezagados, sino que se han agravado aún más por la
presencia del conflicto armado que durante las últimas décadas ha golpeado con
ímpetu un gran porcentaje de la población colombiana. “El país debe trabajar para
reducir las brechas poblacionales y territoriales en el logro de los ODM” (PNUD,
2014)

Según informes de Sisma Mujer, en Colombia, durante el año 2013, más de 35 mil
mujeres fueron víctimas de violencias de género, eso quiere decir que cada 13
minutos una mujer fue víctima de su pareja, y terrible que el lugar más inseguro sea
su propia casa, el 72% de los casos de violencias de pareja sucedieron al interior
de la vivienda de residencia de la víctima. Cada tres días se registró un asesinato
de una mujer vinculado a la violencia intrafamiliar en el país, con más de 13 mil
casos de violencias sexuales, sin mencionar que el sub-registro para los diferentes
tipos de violencia contra mujeres en Colombia es enorme. Si mencionamos el
detonante del conflicto armado que convirtió el cuerpo femenino en botín de guerra
y área en disputa entre actores armados, es una de las causas del impacto
desproporcionado que viven muchas mujeres del Caribe y del país. (Sisma Mujer,
2014)