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GUÍÍA DE CELEBRACÍÓÍ N DE LA SEMANA SANTA EN AUSENCÍA DEL SACERDÓTE

CÓNVÓCACÍÓÍ N

 En algúú n lúgar conveniente se convoca a la gente, se indica la hora de bendicioú n de la


s palmas y el inicio de la procesioú n hacia la capilla para la celebracioú n de la
palabra de Dios.
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 Se avisaraú a todos: hombres, mújeres y ninñ os qúe lleven palmas o cúalqúier ramo
de flores y hojas verdes.

MATERÍALES NECESARÍÓS

Agúa bendita y ramos

Un mantel rojo o blanco

Misal mensúal con las lectúras propias de este tiempo

Un crúcifijo qúe serviraú como crúz alta

Velas o veladoras qúe se útilizaraú n como ciriales

3 Copias de la lectúra de Pasioú n del Senñ or de manera dialogada

Un monitor para la celebracioú n (púede ser algúien del eqúipo)

Dos mesas: úna grande y otra peqúenñ a

PREPARACÍÓÍ N

 En el lúgar previsto se tendraú preparada úna mesa qúe serviraú de altar, cúbierta con
ún mantel rojo o blanco.

 En otra mesa maú s peqúenñ a, tener lista el agúa bendita y los ramos qúe llevaraú el
celebrador y los ayúdantes.

 Llevar: crúz alta, dos ciriales o veladoras y el misal.

 El coro tendraú listos los cantos de la procesioú n y de la Celebracioú n de la Palabra.


 Tener ún amboú n provisional para la proclamacioú n del Evangelio.

 Se ensayaraú la lectúra de la Pasioú n del Senñ or de manera dialogada: C (Cronist


a), + (Jesúcristo) y S (la sinagoga, los discíúpúlos y otros personajes).

REALÍZACÍÓÍ N

PRÍMERA FÓRMA: Procesioú n


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El celebrador y dos ayúdantes se acercan al altar, mientras se entona ún canto a


propiado: Júntos como hermanos, Hacia ti morada santa, Púeblo de reyes ú
otro apropiado.

En segúida, el celebrador salúda al púeblo y el monitor hace úna motivacioú n a


participar con alegríúa.

RÍTÓS ÍNÍCÍALES

(Antes de iniciar la procesioú n)

Ministro:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíúritú Santo.

El púeblo responde: Ameú n.

Monitor:

Qúeridos hermanos:

Despúeú s de habernos preparado desde el principio de núestra Cúaresma con núestra p


enitencia y núestras obras de caridad, hoy nos reúnimos para iniciar, únidos con tod-a
la Íglesia, la celebracioú n de cada anñ o sobre los misterios de la Pasioú n, Múerte y Res-
úrreccioú n de núestro Senñ or Jesúcristo, míústerios qúe empezaron con la entradade Jes-
úú s en Jerúsaleú n. Acompanñ emos con fe y devocioú n a núestro Salvador en sú entrada triú
-nfal a la ciúdad santa para qúe, participando ahora de sú crúz, podamos participar
ún díúa de sú gloriosa resúrreccioú n y de sú vida.
Para la Bendicioú n de las palmas el celebrador, con las manos júntas dice:

Monitor:

Aúmenta, Senñ or, la fe de los qúe tenemos en ti núestra esperanza y concede a qúiene
s agitamos estas palmasen honor de Cristo victorioso, permanecer únidos a El
para dan frútos de búenas obras. Por Jesúcristo núestro Senñ or.

El púeblo responde: Ameú n.


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El ministro, en silencio, rocíúa las palmas y los ramos con agúa bendita. En segúi
-da el ministro de la manera acostúmbrada, hace la lectúra del Evangelio
de la entrada del Senñ or a Jerúsaleú n segúú n algúno de los cúatro evangelistas.

CÍCLÓ A Lectúra del santo Evangelio segúú n san Mateo 21,1-11.

CÍCLÓ B Lectúra del santo Evangelio segúú n san Marcos 11, 1-10

CÍCLÓ C Lectúra del santo Evangelio segúú n san Lúcas 19, 28-40

Despúeú s del Evangelio, si se cree oportúno, púede leerse la homilíúa escrita por e
-l paú rroco o compartir úna breve reflexioú n.

En segúida el monitor invita a iniciar la procesioú n hacia la capilla donde se haraú la cele
-bracioú n de la Palabra de Dios.

El orden seraú el sigúiente:

 Va adelante qúien lleva la crúz alta

 A los lados dos ciriales o veladoras


Sigúen los qúe van a participar en las lectúras, el monitor, los qúe van a proclamar el E
vangelio júnto con el Ministro y detraú s de ellos, los demaú s fieles con ramos en manos.

El monitor púede hacer úna exhortacioú n con estas palabras ú otras parecidas.
Monitor:

Qúeridos hermanos: como la múchedúmbre qúe aclamaba a Jesúú s, acompanñ emo


s tambieú n nosotros, con júú bilo, al Senñ or.

Mientras se va en procesioú n hacia la capilla, se entona algúú n canto apropiado:

Tú reinaraú s, Qúe viva mi Cristo, Caminareú , etc. Para esto se deben


repartir las copias de canto a los participantes.
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Al llegar a la capilla se entona ún canto alúsivo a la entrada del Senñ or en Jerúsaleú n:

Qúe alegríúa cúando me dijeron o algúú n otro, se hace reverencia al altar.

En segúida el Ministro, con las manos júntas o sin extenderlas da fin a la procesioú n
diciendo la oracioú n colecta.

ÓRACÍÓÍ N CÓLECTA

Dios Todopoderoso y Eterno, qúe has qúerido entregamos como ejemplo de hú-
mildad a Cristo, núestro Salvador, hecho hombre y clavado en úna crúz, conceú denos v
-ivir segúú n las ensenñ anzas de sú pasioú n, para participar con EÍ l, ún díúa de sú gloriosa Re
-súrreccioú n. Por núestro Senñ or Jesúcristo, tú Hijo, qúe vive y reina contigo enla únidad
del Espíúritú Santo y es Dios, por los siglos de les siglos.

El púeblo responde: Ameú n.

LÍTURGÍA DE LA PALABRA

Se leen las lectúras teniendo listo a los lectores:

PRÍMERA LECTURA Ísaíúas 50,4-7

SALMÓ RESPÓNSÓRÍAL Salmo 21

SEGUNDA LECTURA Filipenses 2,6-11

Aclamacioú n antes del Evangelio

R. Honor y gloria a ti, Senñ or Jesúú s.

Cristo se húmilloú por nosotros, y por obediencia aceptoú inclúso la múerte y úna múert-
e de crúz. Por eso Dios lo exaltoú sobre todas las cosas y le otorgoú el nombre
qúe estaú sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Senñ or Jesúú s.

El Evangelio de de la Pasioú n del Senñ or se púede hacer de manera dialogada: +


Jesúú s; S: Sinagoga (discíúpúlos, púeblo y otros personajes); C:
Cronista. Cúando se hace por tres lectores, debe reservar alcelebrador la parte corres
pondiente a Cristo. No se hace al principio el salúdo acostúmbrado para la
lectúra de la Pasioú n del Senñ or. Se púede hacer de rodillas frente al altar o de pie.
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Para la lectúra de la Pasioú n se debe elegir la forma qúe corresponda al ciclo segúú n
el anñ o en qúe nos encontremos:

- Ciclo A: 2008, 2011, 2014, 2017, 2020

- Ciclo B:2009, 2012, 2015, 2018, 2021

- Ciclo C:2010, 2013, 2016, 2019, 2022

CÍCLÓ A

PASÍÓÍ N DE NUESTRÓ SENÑ ÓR JESUCRÍSTÓ SEGUÍ N SAN MATEÓ 26, 14-27, 66

C. En aqúel tiempo, úno de los Doce, llamado Júdas Íscariote, fúe a los súmos
sacerdotes y les propúso:

S. -« ¿Cúaú nto me dan si les entrego a Jesúú s?»

C. Ellos qúedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento and-
aba búscando úna oportúnidad para entregaú rselo. El primer díúa de fiesta de los
panes AÍ zimos, los discíúpúlos se acercaron a Jesúú s y le pregúntaron:

S. -« ¿Doú nde qúieres qúe te preparemos la cena de Pascúa?»

C. EÍ l respondioú :

+ - Vayan a la ciúdad, a casa de Fúlano, y díúganle: "El Maestro dice: Mi hora estaú ya c-
erca; voy a celebrar la Pascúa con mis discíúpúlos en tú casa "»

C. Ellos hicieron lo qúe Jesúú s les habíúa ordenado y prepararon la cena de Pascúa. Al at-
ardecer, se sentoú a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo:

+ -«Yo les asegúro qúe úno de ústedes va a entregarme.»

C. Ellos, se púsieron múy triste y comenzaron a pregúntarle úno por úno:


S. -« ¿Acaso soy yo, Senñ or?»

C. EÍ l respondioú :

+ -«El qúe moja sú pan en el mismo plato qúe yo, eú se va a entregarme.

Porqúe el Hijo del hombre va a morir, como estaú escrito de eú l; pero, ¡ay de

aqúel por qúien el Hijo del hombre va a


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ser entregado! Maú s le valiera a ese hombre no haber nacido.»

C. Entonces pregúntoú Júdas, el qúe lo iba a entregar:

S. -« ¿Acaso soy yo, Maestro?»

C. Jesúú s le respondioú :

+ -«Túú lo has dicho.»

C. Dúrante la cena, Jesúú s tomoú ún pan, y pronúnciada la bendicioú n, lo partioú y lo dio


a sús discíúpúlos, diciendo:

+ -«Tomen y coman. Este es mi cúerpo.»

C. Lúego tomoú en sús


manos úna copa de vino, y pronúnciada la accioú n de gracias, la pasoú a sús
discíúpúlos, diciendo:

+ -«Beban todos de ella, porqúe eú sta es mi Sangre, Sangre de la núeva

alianza, qúe seraú derramada por todos, para el perdoú n de los pecados. Les digo qúe ya
no bebereú maú s del frúto de la
vid, hasta el díúa en qúe beba con ústedes el vino núevo en el Reino de mi Padre.»

C. Despúeú s de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Ólivos. Entonces
Jesúú s les dijo:

+ -«Todos ústedes se van a escandalizar de míú esta noche, porqúe estaú

escrito: “Herireú al pastor y se dispersaraú n las ovejas del rebanñ o”. Pero despúeú s de qúe
yo resúcite, ireú delante de ústedes a Galilea.»

C. Entonces Pedro le replicoú :

S. -«Aúnqúe todos se escandalicen de ti, yo núnca me escandalizareú .»

C. Jesúú s le dijo:
+ -«Yo te asegúro qúe esta misma noche, antes qúe el gallo cante, me habraú s ne
gado tres veces. »

C. Pedro le replicoú :

S. -«Aúnqúe tenga qúe morir contigo, no te negareú . »

C. Y lo mismo dijeron todos los discíúpúlos. Entonces Jesúú s fúe con ellos a ún lúgar llam-
ado Getsemaníú, y dijo a sús discíúpúlos:
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+ -«Qúeú dense aqúíú mientras yo voy a orar maú s allaú .»

C. Se llevoú consigo a Pedro y a los hijos de Zebedeo y comenzoú a sentir


tristeza y angústia. Entonces les dijo:

+ -«Mi alma estaú llena de úna tristeza mortal. Qúeú dense aqúíú y velen conmigo.»

C. Se adelantoú únos pasos maú s, se postroú rostro en tierra y comenzoú a orar, diciendo:

+ -«Padre míúo, si es posible, qúe pase de míú este caú liz; pero qúe no se haga como yo qúi
ero, sino como qúieres túú .»

C. Volvioú entonces a donde estaban los discíúpúlos y los encontroú dormidos. Dijo
a Pedro:

+ -« ¿No han podido velar conmigo ni úna hora? Velen y oren, para no caer en la

tentacioú n, porqúe el espíúritú estaú pronto, pero la carne es deú bil. »

C. Y alejaú ndose de núevo, se púso a orar, diciendo:

+ -«Padre míúo, si este caú liz no púede pasar sin qúe yo lo beba, haú gase tú

volúntad.»

C. Despúeú s volvioú y encontroú a sús discíúpúlos otra vez dormidos, porqúe teníúan los ojo
-s cargados de súenñ o. Los dejoú y se fúe a orar de núevo, por tercera vez, repitiendo
las mismas palabras. Despúeú s de esto, volvioú a donde estaban los discíúpúlos y les
dijo:

+ -«Dúerman ya y descansen. He aqúíú qúe llega la hora y el Hijo del hombre va a

ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levaú ntense! ¡Vamos! Ya estaú aqúíú el qúe me
va a entregar.»

C. Todavíúa estaba hablando Jesúú s, cúando llegoú Júdas, úno de los


Doce, segúido de úna chúsma númerosa con espadas y palos, enviada por los súmos
sacerdotes y los ancianos del púeblo. El qúe lo iba a entregar les habíúa dado
esta senñ al:

S. -«Aqúel a qúien yo le deú ún beso, eú se es. Apreheú ndanlo.»

C. Al instante se acercoú a Jesúú s y le dijo:

S. -« ¡Búenas noches, Maestro!»

C. Y lo besoú . Jesúú s le dijo:


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+ -«Amigo, ¿es esto a lo qúe has venido?»

C. Entonces se acercaron a Jesúú s, le echaron mano y lo apresaron. Uno de los qúe estab
-an con Jesúú s, sacoú la espada, hirioú a ún criado del súmo sacerdote y le cortoú
la oreja. Le dijo Jesúú s:

+ -«Vúelve la espada a sú lúgar, púes qúien úsa la espada, a espada moriraú .

¿No crees qúe si yo se lo pidiera a mi Padre, eú l pondríúa ahora mismo a mi

disposicioú n maú s de doce legiones de aú ngeles? Pero, ¿coú mo se cúmpliríúan

entonces las Escritúras, qúe dicen qúe asíú debe súceder?»

C. Ensegúida dijo Jesúú s a aqúella chúsma:

+ -« ¿Han salido ústedes a apresarme como a ún bandido, con espadas y palos?

Todos los díúas yo ensenñ aba, sentado en el Templo, y no me aprehendieron. Pero todo e
sto ha súcedido para qúe se cúmplieran las predicciones de los profetas.»

C. Entonces todos los discíúpúlos lo abandonaron y húyeron. Los qúe aprehendieron a

Jesúú s lo llevaron a la casa del súmo sacerdote Caifaú s, donde los escribas y los ancianos
estaban reúnidos. Pedro los fúe sigúiendo de lejos hasta el palacio del súmo sacerdote.
Entroú y se sentoú con los criados para ver en qúeú paraba aqúello. Los súmos sacerdotes
y todo el sanedríún andaban búscando ún falso testimonio contra Jesúú s, con aú nimo de d
-arle múerte; pero no encontraron múchos testigos falsos. Al fin llegaron dos,
qúe dijeron:

S. -«EÍ ste dijo: "Púedo derribar el templo de Dios y reconstrúirlo en tres díúas."»

C. Entonces el súmo sacerdote se levantoú y le dijo:

S. -« ¿No respondes nada a lo qúe eú stos atestigúan en contra túya?

C. Como Jesúú s callaba, el súmo sacerdote le dijo:


S. -«Te conjúro por Dios vivo a qúe nos digas si túú eres el Mesíúas, el Hijo de Dios.»

C. Jesúú s le respondioú :

+ -«Túú lo has dicho. Ademaú s, yo les declaro qúe pronto veraú n al Hijo del hombre,

sentado a la derecha de Dios, venir sobre las núbes del cielo.»

C. Entonces el súmo sacerdote rasgoú sús vestidúras y exclamoú :


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S. -«Ha blasfemado. ¿Qúeú necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oíúdo
la blasfemia. ¿Qúeú les parece?»

C. Ellos respondieron:

S. -«Es reo de múerte.»

C. Lúego comenzaron a escúpirle en la cara y a darle de bofetadas. Ótros le golpeaban,


diciendo:

S. -«Adivina qúieú n es el qúe te ha pegado»

C. Entretanto, Pedro estaba fúera, sentado en el patio. Una criada se le acercoú y le dijo:

S. -«Túú tambieú n estabas con Jesúú s, el Galileo.»

C. Pero eú l lo negoú ante todos, diciendo:

S. -«No seú de qúeú me estaú s hablando.»

C. Ya se iba hacia el zagúaú n, cúando lo vio otra criada y dijo a los qúe estaban ahíú:

S. -«Tambieú n eú se andaba con Jesúú s, el Nazareno.»

C. El de núevo lo negoú con júramento:

S. -«No conozco a ese hombre.»

C. Poco despúeú s se acercaron a Pedro los qúe estaban allíú y le dijeron:

S. -«No cabe dúda de qúe túú tambieú n eres de ellos, púes hasta tú modo de hablar
te delata.»

C. Entonces eú l comenzoú a echar maldiciones y a júrar qúe no conocíúa a aqúeú l hombre.


Y en aqúel momento
cantoú el gallo. Entonces se acordoú Pedro de qúe Jesúú s habíúa dicho: «Antes de qú-
e cante el gallo, me habraú s negado tres veces.» Y saliendo de ahíú, se soltoú a llorar
amargamente.
Llegando la manñ ana, todos los súmos sacerdotes y los ancianos del púeblo celebraron
consejo contra Jesúú s paradarle múerte. Despúeú s de atarlo, lo llevaron ante el procúrad
-or, Poncio Pilato, y se lo entregaron. Entonces Júdas, el qúe lo habíúa entregado, viendo
qúe Jesúú s habíúa sido condenado a múerte, devolvioú arrepentido las treinta monedas d-
e plata a los súmos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:

S. -«Peqúeú , entregando la sangre de ún inocente.»

C. Ellos dijeron:
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S. -« ¿Y a nosotros qúeú nos importa? ¡Allaú túú !»

C. Entonces Júdas arrojoú las monedas de plata en el templo, se fúe y se ahorcoú . Los sú-
mos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:

S. -«No es líúcito júntarlas con el dinero de las limosnas, porqúe son precio de sangre.»

C. Despúeú s de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepúltar ahíú a
los extranjeros. Por eso aqúel campo se llama hasta el díúa de hoy “Campo de sangre”. A
síú se cúmplioú lo qúe dijo el profeta Jeremíúas: «Tomaron las treinta monedas de plata e
n qúe fúe tasado aqúel a qúien púsieron precio algúnos hijos de Ísrael, y las dieron po-
r el Campo del alfarero, segúú n lo qúe me ordenoú el Senñ or»

C. Jesúú s comparecioú ante el procúrador, Poncio Pilato, qúien le pregúntoú :

S. -« ¿Eres túú el rey de los júdíúos?»

C. Jesúú s respondioú :

+ -«Túú lo has dicho.»

C. Pero nada respondioú a las acúsaciones qúe le hacíúan los súmos sacerdotes y los
ancianos. Entonces le dijo Pilato:

S. -« ¿No oyes todo lo qúe dicen contra ti?»

C. Pero eú l nada respondioú , hasta el púnto de qúe el procúrador se qúedo múy extranñ ad-
o. Con ocasioú n de la fiesta de la Pascúa, el procúrador solíúa conceder a la múltitúd l
a libertad del preso qúe qúisieran. Teníúan entonces ún preso famoso, llamado
Barrabaú s. Dijo, púes, Pilato a los ahíú reúnidos:

S. -« ¿A qúieú n qúieren qúe les deje en libertad: a Barrabaú s o a Jesúú s, qúe se dice el
Mesíúas? »

C. Pilato sabíúa qúe se lo habíúan entregado por envidia. Estando eú l sentado en el


tribúnal, sú mújer mandoú decirle:
S. -«No te metas con ese hombre jústo, porqúe hoy he súfrido múcho en súenñ os por
sú caúsa.»

C. Mientras tanto, los súmos sacerdotes y los ancianos convencieron a la múchedúmbr


e de qúe pidieran la libertad de Barrabaú s y la múerte de Jesúú s. Asíú, cúando el
procúrador les pregúntoú :

S. -« ¿A cúaú l de los dos qúieren qúe les súelte?»

C. Ellos respondieron:
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S. -«A Barrabaú s. »

C. Pilato les dijo:

S. -« ¿Y qúeú voy a hacer con Jesúú s, qúe se dice el Mesíúas?»

C. Respondieron todos:

S. -«Crúcifíúcalo.»

C. Pilato pregúntoú :

S. -«Pero, ¿qúeú mal ha hecho?»

C. Maú s ellos segúíúan gritando cada vez con maú s fúerza:

S. -« ¡Crúcifíúcalo!»

C. Entonces Pilato, viendo qúe nada consegúíúa y qúe crecíúa el túmúlto, pidioú agúa y se l
-avoú las manos ante el púeblo, diciendo:

S. -«Yo no me hago responsable de la múerte de este hombre jústo. Allaú ústedes»

C. Todo el púeblo respondioú :

S. -« ¡Qúe sú sangre caiga sobre nosotros y sobre núestros hijos!»

C. Entonces Pilato púso en libertad a Barrabaú s. En cambio a Jesúú s lo hizo azotar y lo en


-tregoú para qúe lo crúcificaran. Los soldados del procúrador llevaron a Jesúú s al pretori
o y reúnieron alrededor de eú l a todo el batalloú n. Lo desnúdaron, le echaron encima ún
manto de púú rpúra, trenzaron úna corona de espinas y se la púsieron en la cabeza; le p
-úsieron úna canñ a en sú mano derecha, y arrodillaú ndose ante eú l, se búrlaban diciendo:

S. -« ¡Viva el rey de los júdíúos!»

C. Y le escúpíúan. Lúego, qúitaú ndole la canñ a, lo golpeaban con ella en la cabeza. Despúeú s
de qúe se búrlaron de eú l, le qúitaron el manto, le púsieron sús ropas y lo llevaron a crú-
cificar. Al salir, encontraron a ún hombre de Cirene, llamado Simoú n, y lo obligaron a lle-
var la crúz. Al llegar a ún lúgar llamado Goú lgota, es decir: «Lúgar de la Calavera», le die
-ron a beber a Jesúú s vino mezclado con hiel; eú l lo proboú , pero no lo qúiso beber. Los qú
-e lo crúcificaron se repartieron sús vestidos, echando súertes, y se qúedaron sentados
ahíú para cústodiarlos. Sobre sú cabeza púsieron por escrito la caúsa de sú condena: “E-
ste es Jesúú s, el rey de los júdíúos”. Júntamente con eú l, Crúcificaron a dos ladrones, úno a
sú derecha y el otro a sú izqúierda. Los qúe pasaban por ahíú lo insúltaban moviendo
la cabeza y gritaú ndole:
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S. -«Túú , qúe destrúyes el templo y en tres díúas lo reedificas, saú lvate a ti mismo; si eres e
l

Hijo de Dios, baja de la crúz.»

C. Tambieú n se búrlaban de eú l los súmos sacerdotes, los escribas y los ancianos,


diciendo:

S. -«Has salvado a otros y no púede salvarse a síú mismo. Si es el rey de Ísrael, qúe baje
de

la crúz y creeremos en eú l Ha púesto sú confianza en Dios, qúe Dios lo salve ahora, si es


qúe de verdad lo ama, púes eú l ha dicho: “Soy el Hijo de Dios”»

C. Hasta los ladrones qúe estaban crúcificados a sú lado lo injúriaban. Desde el mediod
-íúa hasta las tres de la tarde, se oscúrecioú toda aqúella tierra. Y alrededor de las tres,
Jesúú s exclamoú con fúerte voz:

+ -«Elíú, Elíú, ¿lemaú sabactaníú?»

C. Qúe qúiere decir: «Dios míúo, Dios míúo, ¿por qúeú me has abandonado?». Algúnos
de los presentes, al oíúrlo, decíúan:

S. -«Estaú llamando a Elíúas.»

C. Ensegúida úno de ellos fúe corriendo a tomar úna esponja, la empapoú en vinagre y

sújetaú ndola a úna canñ a, le ofrecioú de beber. Pero los otros le dijeron:

S. -«Deú jalo. Vamos a ver si viene Elíúas a salvarlo.»

C. Entonces Jesúú s, dando de núevo ún fúerte grito, expiroú .

(Todos se arrodillan, y se hace úna paúsa)

C. Entonces el velo del templo se rasgoú en dos partes, de arriba a abajo; la tierra tembl-
oú y las rocas se partieron. Se abrieron los sepúlcros y resúcitaron múchos jústos qúe h-
abíúan múerto, y despúeú s de la resúrreccioú n de Jesúú s, entraron en la ciúdad santa y s-
e aparecieron a múcha gente. Por sú parte, el oficial y los qúe estaban con eú l c-
ústodiando a Jesúú s, al ver el terremoto y las cosas qúe ocúrríúan, se
llenaron de ún gran temor y dijeron:

S. -«Verdaderamente eú ste era Hijo de Dios.»

CÍCLÓ B
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PASÍÓÍ N DE NUESTRÓ SENÑ ÓR JESUCRÍSTÓ SEGUÍ N SAN MATEÓ 14,1-15,47

C. Faltaban dos díúas para la fiesta de Pascúa y de los panes AÍ zimos. Los súmos
sacerdotes y lo escribas andaban búscando úna manera de apresar a Jesúú s
a traicioú n y darle múerte, pero decíúan:

S. “No dúrante las fiestas, porqúe el púeblo podríúa amotinarse”

C. Estando con Jesúú s sentado a la mesa, en la casa de Simoú n el leproso, en Betania, lleg-
oú úna mújer con ún frasco de perfúme múy caro, de nardo púro; qúebroú el frasco y der
-ramoú en perfúme en la cabeza de Jesúú s.

Algúnos comentaron indignados:

S. “¿A qúeú viene este derroche de perfúme? Podíúa haberse vendido por maú s de trescien
tos denarios para daú rselos a los pobres”.

C. Y criticaban a la mújer; pero Jesúú s replicoú :

+. “Deú jenla. ¿Por qúeú la molestan? Lo qúe ha hecho conmigo estaú bien, porqúe a

los pobres los tienen siempre con ústedes y púeden socorrerlos cúando qúieran pero
a míú no me tendraú n siempre. Ella ha hecho lo qúe podíúa, Se ha

adelantado a embalsamar mi cúerpo para la sepúltúra. Yo les asegúro qúe en cúalq


úier parte del múndo donde se prediqúe el Evangelio, se recordaraú

tambieú n en sú honor lo qúe ella ha hecho conmigo”.

C. Júdas Íscariote, úno de los Doce, se presentoú a los súmos sacerdotes para entregarle-
s a Jesúú s. Al oíúrlo, se alegraron y le prometieron dinero; y el andaba búscando úna búe-
na ocasioú n para entregarlo. El primer díúa de la fiesta de los panes AÍ zimos, cúando
se sacrificaban el cordero pascúal, le pregúntaron a Jesúú s sús discíúpúlos:

S. “¿Doú nde qúieres qúe vayamos a prepararte la cena de Pascúa?”

C. EÍ l les dijo a dos de ellos:


+. “Vayan a la ciúdad. Encontraraú n a ún hombre qúe lleva ún caú ntaro de agúa;

síúganlo y díúganle al dúenñ o de la casa en donde entre: “El maestro manda

pregúntar: ¿Doú nde estaú la habitacioú n en qúe voy a comer la Pascúa con mis

discíúpúlos?”
EÍ l les ensenñ araú úna sala en el segúndo piso, arreglada con divanes. Prepaú rennos allíú la
cena”
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C. Los discíúpúlos se fúeron, llegaron a la ciúdad, encontraron lo qúe Jesúú s les


habíúa dicho y prepararon la cena de Pascúa. Al atardecer llegoú Jesúú s
con los doce y estando a la mesa cenando, les dijo:

+. “Yo les asegúro qúe úno de ústedes, úno qúe estaú comiendo conmigo, me va
a entregar”.

C. Ellos, consternados, empezaron a pregúntarle úno tras otro.

S. “¿soy yo?”

C. EÍ l respondioú :

+ “Uno de los Doce; algúien qúe moja sú pan en el mismo plato qúe yo. El hijo del hom
bre va a morir, como estaú escrito: Pero, ¡ay del qúe va a entrega al Hijo del hombre! ¡Maú
s le valiera no haber nacido!”

C. Mientras cenaban, Jesúú s tomoú ún pan, pronúncioú la bendicioú n, lo partioú y se lo dio


a sús discíúpúlos, diciendo:

+. “Tomen: esto es mi cúerpo”.

C. Y tomando en sús manos úna copa de vino, pronúncioú la accioú n de gracias, se la dio,
todos bebieron y les dijo:

+. “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, qúe se derrama por todos. Yo

les asegúro qúe no volvereú a beber del frúto de la vid hasta el díúa
en qúe beba el vino núevo en el reino de Dios”.

C. Despúeú s de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Ólivos y Jesúú s les dijo:

+. “Todos ústedes se van a escandalizar por mi caúsa, como estaú escrito: “Herireú al past
or y se dispersaraú n las ovejas”; pero cúando resúcite, ireú por delante de

ústedes a Galilea”.

C. Pedro replicoú :
S. “Aúnqúe todos se escandalicen, yo no”.

C. Jesúú s le contestoú :

+. “Yo te asegúro qúe hoy, esta misma noche, antes de qúe el gallo cante

dos veces, túú me negaraú s tres”.

C. Pero eú l insistíúa:
20

S. “Aúnqúe tenga qúe morir contigo, no te negareú ”.

C. Y los demaú s decíúan lo mismo. Fúeron lúego a ún húerto, llamado


Getsemaníú, y Jesúú s les dijo a sús discíúpúlos:

+. “Sieú ntense aqúíú mientras hago oracioú n”.

C. Se llevoú a Pedro, a Santiago y a Júan; empezoú a sentir terror y angústia, y les dijo:

+. “Tengo el alma llena de úna tristeza mortal. Qúeú dense aqúíú, velando”.

C. Se adelantoú ún poco, se postroú en tierra Y pedíúa qúe, si era posible, se alejaraú de eú l


aqúella hora. Decíúa:

+. “Padre, túú lo púedes todo: aparta de míú este caú liz. Pero qúe no se haga lo qúe

yo qúiero, si no lo qúe túú qúieres”.

C. Volvioú a donde estaban los discíúpúlos, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

+. “Simoú n, ¿estaú s dormido? ¿No has podido velar ni úna hora? Velen y oren, para qúe n
o caigan en la tentacioú n. El espíúritú estaú pronto, pero la carne es deú bil”.

C. De núevo se retiroú y se púso a orar, repitiendo las mismas palabras. Volvioú y otra vez
los encontroú dormidos, porqúe teníúan los ojos cargados de súenñ o, por eso no
sabíúan qúeú contestarle. EÍ l les dijo:

+. “ya púeden dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren qúe el Hijo

del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levaú ntense! ¡Vamos! Ya est
aú cerca el traidor”.

C. Todavíúa estaba hablando, cúando se presentoú Júdas, úno de los doce y con eú l, gente c
-on espadas y palos, enviada por los sacerdotes, los escribas, los ancianos, el traidor
les habíúa dado úna contrasenñ a, dicieú ndoles:

S. “Al qúe yo bese, eú se es. Deteú nganlo y lleú venselo bien sújeto”.
C. Lúego, se acercoú y le dijo:

S. “Maestro”

C. Y lo besoú . Ellos le echaron la mano y lo apresaron. Pero úno de los presentes desenv-
ainoú la espada y de ún golpe le cortoú la oreja a ún criado del súmo sacerdote. Jesúú s
tomoú la palabra y les dijo:

+. “¿Salieron ústedes a apresarme con espadas y palos, como si se tratara de ún bandid


o? Todos los díúas he estado entre ústedes, ensenñ ando en el templo y no me han
20

apresado, pero asíú teníúa qúe ser para qúe se cúmplieran las Escritúras”

C. Todos lo abandonaron y húyeron. Lo iba sigúiendo ún múchacho envúelto nada maú -


s con úna saú bana y lo detúvieron; pero eú l soltoú la saú bana y se les escapoú desnúdo.

Condújeron a Jesúú s a casa del súmo sacerdote y se


reúnieron todos los pontíúfices, los escribas y los ancianos. Pedro lo fúe sigúiendo de le
jos hasta el interior del patio del súmo sacerdote y se sentoú con los criados, cerca de la
lúmbre, para calentarse.

S. “Nosotros lo hemos oíúdo decir: Yo destrúireú este templo, edificado por hombr-
es, y en tres díúas constrúireú otro, no edificado por hombres”.

C. Pero ni aúú n en esto concordaba sú testimonio. Entonces el súmo


sacerdote se púso de pie y le pregúntoú a Jesúú s:

S. “¿No tienes nada qúe responder a todas estas acúsaciones?”

C. Pero eú l no respondioú nada. El súmo sacerdote le volvioú a pregúntar:

S. “¿Eres túú el Mesíúas, el hijo de Dios bendito?”.

C. Jesúú s contestoú :

+. “Síú lo soy. Y ún díúa veraú n coú mo el Hijo del hombre estaú sentado a la derec
ha del Todopoderoso y coú mo vienen entre las núbes del cielo”.

C. El súmo sacerdote rasgoú las vestidúras exclamando:

S. “¿Qúeú falta hacen ya maú s testigos? Ustedes mismos han oíúdo la blasfemia. ¿Qúeú les
parece?”

C. Y todos lo declararon reo de múerte, algúnos


se púsieron a escúpirle, y tapaú ndole la cara, lo abofeteaban y le decíúan:

S. “Adivina qúieú n fúe”.


C. Y los criados tambieú n le daban bofetadas. Mientras tanto, Pedro estaba abajo, en el
patio. Llegoú úna criada del súmo sacerdote, y al ver a Pedro calentaú ndose, lo
miroú fijamente y le dijo:

S. “Túú tambieú n andabas con Jesúú s Nazareno”

C. EÍ l lo negoú , diciendo:

S. “Ni seú ni entiendo lo qúe qúieres decir”


20

C. Salioú afúera hacia el zagúaú n, y ún gallo cantoú . La criada, al verlo, se púso de núevo
a decir a los presentes:

S. “Ese es úno de ellos”

C. Pero eú l lo volvioú a negar. Al poco rato, tambieú n los presentes dijeron a Pedro:

S. “Claro qúe eres úno de ellos, púes eres Galileo”

C. Pero eú l se púso a echar maldiciones y a júrar:

S. “No conozco a ese hombre del qúe hablan”

C. Ensegúida, cantoú el gallo por segúnda vez, Pedro se acordoú entonces de las palabras
qúe le habíúa dicho Jesúú s; “Antes de qúe el gallo cante dos veces túú me habraú s
negado tres” y rompioú a llorar.

CÍCLÓ C

PASÍÓÍ N DE NUESTRÓ SENÑ ÓR JESUCRÍSTÓ SEGUÍ N SAN LUCAS 22, 14-23, 56

C. Llegada la hora de cenar, se sentoú Jesúú s con sús discíúpúlos y les dijo:

+. “Cúaú nto he deseado celebrar esta Pascúa con ústedes, antes de padecer, porqú
e yo les asegúro qúe ya no la volvereú a celebrar, hasta qúe tenga cabal

cúmplimiento en el Reino de Dios”.

C. Lúego tomoú en sús manos úna copa de vino, pronúncioú la accioú n de gracias y dijo:

+. “Tomen esto y repaú rtanlo entre ústedes, porqúe les asegúro qúe ya no volvereú a beb
er del frúto de la vid hasta qúe venga el Reino de Dios”
C. Los discíúpúlos se fúeron, llegaron a la ciúdad, encontraron lo qúe Jesúú s les
habíúa dicho y prepararon la cena de Pascúa. Al atardecer llegoú Jesúú s
con los doce y estando a la mesa cenando, les dijo:

+. “Yo les asegúro qúe úno de ústedes, úno qúe estaú comiendo conmigo, me va
a entregar”.

C Tomando despúeú s ún pan, pronúncioú la accioú n de gracias, lo partioú y se lo


dio, diciendo:
20

+ “Esto es mi cúerpo, qúe se entrega por ústedes. Hagan esto en memoria míúa"

C. Despúeú s de cenar, hizo lo mismo con úna copa de vino, diciendo:

+. “Esta copa es la núeva alianza, sellada con mi sangre, qúe se derrama por

ústedes". "Pero miren: la mano del qúe me va a entregar estaú conmigo en la

mesa. Porqúe el Hijo del hombre va a


morir, segúú n lo decretado; pero ¡ay de aqúel hombre por qúieú n seraú entregado!"

C. Ellos empezaron a pregúntarse únos a otros qúieú n de ellos podíúa ser el qúe lo iba a
traicionar. Despúeú s los discíúpúlos se púsieron a discútir sobre cúaú l de ellos
deberíúa ser considerado como el maú s importante. Jesúú s les dijo:

+. “Los reyes de los paganos los dominan, y los qúe ejercen la aútoridad

se hacen llamar bienhechores. Pero ústedes no hagan eso, sino todo lo

contrario: qúe el mayor entre ústedes actúú e como si fúera el menor, y el qúe

gobierna, como si fúera ún servidor. Porqúe, ¿qúieú n vale maú s, el qúe estaú a la

mesa o el qúe sirve? ¿Verdad qúe es el qúe estaú la mesa? Púes yo estoy en

medio de ústedes como el qúe sirve.

Ustedes han perseverado conmigo en mis prúebas, y yo les voy a dar el Reino, como
mi Padre me lo dio a míú, para qúe coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente c
ada úno e-n ún trono, para júzgar a las doce tribús de Ísrael”.

C. Lúego anñ adioú :

+. “Simoú n, Simoú n, mira qúe Satanaú s ha pedido permiso para zarandearlos como

trigo; pero yo he orado por ti, para qúe tú fe no desfallezca; y túú , úna vez conve
rtido, confirmara tús hermanos"
C. EÍ l le contestoú :

S. “"Senñ or, estoy dispúesto a ir contigo inclúso a la caú rcel y a la múerte”.

C. Jesúú s le replicoú :

+. “Te digo, Pedro, qúe hoy, antes de qúe cante el gallo, habraú s negado

tres veces qúe me conoces”.


20

C. Despúeú s les dijo a todos ellos:

+. “Cúando los envíúe sin provisiones, sin dinero ni sandalias, ¿acaso les faltoú algo?”.

C. Ellos contestaron:

S. “"Nada”.

C. EÍ l anñ adioú :

+. “Ahora, en cambio, el qúe tenga dinero o provisiones, qúe los tome; y el qúe
no tenga espada, qúe venda sú manto y compre úna. Les asegúro qúe conviene
qúe se cúmpla esto qúe estaú escrito de mi: Fúe contado entre los

malhechores, porqúe se acerca el cúmplimiento de todo lo qúe se refiere a mi".

C. Ellos le dijeron:

S. “" Senñ or, aqúíú hay dos espadas”.

C. EÍ l les contesto:

+. “¡Basta ya!”.

C. Salioú Jesúú s, como de costúmbre, al monte de los Ólivos y lo acompanñ aron los
discíúpúlos. Al llegar a ese sitio, les dijo:

+. “Óren, para no caer en la tentacioú n”.

C. lúego se alejoú de ellos a la distancia de ún tiro de piedra y se púso a orar de rodillas,


diciendo:

+. “Padre, si qúieres, aparta de mi esta amarga prúeba; pero qúe no se haga mi volúnta
d, sino la túya”.

C. Se le aparecioú entonces ún aú ngel para confortarlo; eú l, en sú angústia mortal, oraba c-


on mayor insistencia, y
comenzoú a súdar grúesas gotas de sangre, qúe caíúan hasta el súelo. Por fin terminoú sú
oracioú n, se levantoú , fúe hacia sús discíúpúlos y los encontroú dormidos por la pena.
Entonces les dijo:

+. “¿Por qúeú estaú n dormidos? Levaú ntense y oren para no caer en la tentacioú n”.

C. Todavíúa estaba hablando, cúando llegoú úna túrba encabezada por Júdas, úno de los
doce, qúien se acercoú a Jesúú s para besarlo. Jesúú s le dijo:

+. “Júdas, ¿con ún beso entregas al hijo del hombre?”.


20

C. Al darse cúenta de lo qúe iba a súceder, los qúe estaban con eú l dijeron:

S. “ Senñ or, ¿los atacamos con la espada?”.

C. Y úno de ellos hirioú a ún criado del súmo sacerdote y le cortoú la oreja derecha. Jesúú s
intervino, diciendo:

+. “¡Dejen!, ¡Basta!”

C. Le tocoú la oreja y lo cúroú . Despúeú s dijo Jesúú s a los súmos sacerdotes, a los encargad
-os del Templo y a los ancianos qúe habíúan venido a arrestarlo:

+. “Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fúera ún bandido. Todos l
os díúas he estado con ústedes en el Templo y no me echaron mano. Pero eú ste es
sú hora y la del poder de las tinieblas”.

C. Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del súmo sa-


cerdote. Pedro los segúíúa desde lejos. Encendieron fúego en medio del patio, se sent
-aron alrededor y Pedro se sentoú tambieú n con ellos. Al verlo sentado júnto a la lúmbre,
úna criada se le qúedoú mirando y dijo:

S. “Este tambieú n estaba con eú l”.

C. Pero eú l lo negoú diciendo:

S. “No lo conozco mújer”

C. Poco despúeú s lo vio otro y le dijo:

S. “Túú tambieú n eres úno de ellos”

C. Pedro replicoú :

S. “Hombre, no lo soy”

C. Y como despúeú s de úna hora, otro insistioú :

S. “Sin dúda qúe eú ste tambieú n estaba con eú l, porqúe es Galileo”


C. Pedro contestoú : S. “ ¡Hombre, no seú de qúeú me hablas!”

C. Todavíúa estaba hablando, cúando cantoú ún gallo. El Senñ or, volvieú ndose, miroú a Pedr-
o. Pedro se acordoú entonces de las palabras qúe el Senñ or le habíúa dicho: Antes de qúe c
-ante el gallo, me negaraú s tres veces, y saliendo de allíú se soltoú a llorar amargamente”. L
-os hombres qúe sújetaban a Jesúú s se búrlaban de eú l, le daban golpes, le tapaban la car
a y le pregúntaban:

S. “¿Adivina qúieú n te ha pegado?”.


20

C. Y proferíúan contra eú l múchos insúltos. Al amanecer, se reúnioú el consejo de ancianos


con los súmos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesúú s ante el
sanedríún y le dijeron:

S. “Si túú eres el Mesíúas, díúnoslo”

C. EÍ l les contestoú :

+. “Si se lo digo, no lo van a creer, y si les pregúnto, no me van a responder. Pero ya des
de ahora, el Hijo del hombre estaú sentado a la derecha de Dios todopoderoso”.

C. Dijeron todos:

R. “Entonces, ¿túú eres el Hijo de Dios?”

C. EÍ l les contestoú :

+. “Ustedes mismos lo han dicho: síú los soy”.

C. Entonces ellos dijeron:

S. “¿Qúeú necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos


oíúdo de sú boca”

C. El consejo de ancianos, con los súmos sacerdotes y los


escribas, se levantaron y se llevaron a Jesúú s ante Pilato.

Entonces comenzaron a acúsarlo, diciendo:

S. “Hemos comprobado qúe eú ste anda amotinando a núestra nacioú n y oponieú ndose a q
-úe se pagúe tribúto al Ceú sar y diciendo qúe es el Mesíúas rey”.

C. Pilato le pregúntoú a Jesúú s:

S. “ ¿Eres túú el rey de los júdíúos?”

C. EÍ l le contestoú :
+. “Túú lo has dicho”

C. Pilato dijo a los súmos sacerdotes y a la túrba:

S. “No encúentro ningúna cúlpa en este hombre”

C. Ellos insistíúan con maú s fúerza, diciendo:

S. “Solivianta al púeblo ensenñ ando en toda Júdea, desde Galilea hasta aqúíú”
20

C. Al oíúr esto, Pilato pregúntoú si era Galileo, y al enterarse de era de la júrisdiccioú n de H


erodes, se lo remitioú , ya qúe Herodes estaba en Jerúsaleú n precisamente por aqúellos díú
as. Herodes al ver a Jesúú s, se púso múy contento, porqúe hacíúa múcho tiempo
qúe qúeríúa verlo, púes habíúa oíúdo hablar múcho de eú l y esperaba presenciar algúú n
milagro
súyo. Le hizo múchas pregúntas, pero eú l no le contestoú ni úna palabra. Estaban a
híú los súmos sacerdotes y los escribas, acúsaú ndolo sin cesar. Entonces Herodes, con
sú escolta, lo tratoú con desprecio y se búrloú de eú l, y le mandoú poner úna vestidúra blan-
ca. Despúeú s de lo remitioú a Pilato. Aqúel mismo díúa se hicieron amigos Herodes y Pilat
o, porqúe antes eran enemigos. Pilato convocoú a los súmos sacerdotes, a las
aútoridades y al púeblo y les dijo:

S. “Me han traíúdo a este hombre, alegando qúe alborota al púeblo; pero yo lo he interr-
ogado delante de ústedes y no he encontrado en eú l ningúna de las cúlpas de qúe lo acú
-san. Tampoco Herodes, porqúe me lo ha enviado de núevo. Ya ven qúe ningúú n delito d
i-gno de múerte se ha probado. Asíú púes, le aplicareú ún escarmiento y lo soltareú ”

C. Con ocasioú n de la fiesta, Pilato teníúa qúe dejarles libre a ún preso. Ellos
vociferaron en masa diciendo:

S. “¡Qúita a eú se! ¡Súeú ltanos a Barrabaú s!”

C. A eú se lo habíúan metido en la caú rcel


por úna revúelta acaecida en la ciúdad y ún homicidio. Pilato volvioú a dirigirles
la palabra, con la intencioú n de poner en libertad a Jesúú s; pero ellos segúíúan gritando:

S. “Crúcifíúcalo, crúcifíúcalo””

C. EÍ l les dijo por tercera vez:

S. “¿Púes qúeú ha hecho de malo? No he encontrado en eú l ningúú n delito qúe merezca la


múerte; de modo qúe le aplicareú ún escarmiento y lo soltareú ””

C. Pero ellos insistíúan, pidiendo a gritos qúe lo crúcificara. Como iba creciendo el griter
-íúo, Pilato decidioú qúe se cúmpliera sú peticioú n; soltoú al qúe le pedíúan, al qúe habíúa sido
encarcelado por revúelta y homicidio, y a Jesúú s se lo entregoú a sú arbitrio. Mientras lo l
-levaban a crúcificar, echaron mano a ún cierto Simoú n de Cirene, qúe volvíúa del campo,
y lo obligaron a cargar la crúz, detraú s de Jesúú s. Lo iba sigúiendo úna gran múltit-
úd de hombres y mújeres, qúe se golpeaban el pecho y lloraban por eú l.
Jesúú s se volvioú hacia las mújeres y les dijo:

+. “Hijas de Jerúsaleú n, no lloren por míú; lloren mas bien por ústedes y por sús

hijos, porqúe van a venir díúas en qúe se diraú : ¡Dichosas las esteú riles y los

vientres qúe no han dado a lúz y los pechos qúe no han criado! Entonces diraú n a los m
ontes: Desploú mense sobre nosotros, y a las colina: Sepúú ltennos, porqúe si
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asíú tratan al aú rbol verde, ¿qúeú pasaraú con el seco?

C. Condúcíúan ademaú s, a dos malhechores, para ajústiciarlos con eú l. Cúando llegaron al l


-úgar llamado “la Calavera”, lo crúcificaron allíú, a eú l y a los malhechores, úno
a sú derecha y el otro a sú izqúierda. Jesúú s decíúa desde la crúz:

+. “Padre, perdoú nalos, porqúe no saben lo qúe hacen”

C. Los soldados se repartieron sús ropas, echando súertes. El púeblo estaba mirando. L
-as aútoridades le hacíúan múecas, diciendo:

S. “A otros ha salvado; qúe se salve a síú mismo, si es el Mesíúas de Dios, el elegido”

C. Habíúa, en efecto, sobre la crúz, ún letrero en griego, latíún y hebreo, qúe decíúa: Este es
el rey de los júdíúos, úno de los malhechores crúcificados insúltaba a Jesúú s, dicieú ndole:

S. “Si túú eres el Mesíúas, saú lvate a ti mismo y a nosotros”

C. Pero el otro le reclamaba, indignado:

S. “¿Ni siqúiera temes túú a Dios estando


en el mismo súplicio? Nosotros jústamente recibimos el pago de lo qúe hicimos. Pero
eú ste ningúú n mal ha hecho.

C. Y le decíúa a Jesúú s:

S. “Senñ or, cúando llegúes a tú Reino, acúeú rdate de míú”

C. Jesúú s le respondioú :

+. “Yo te asegúro qúe hoy estaraú s conmigo en el paraíúso”

C. Era casi el mediodíúa, cúando las tinieblas invadieron toda la regioú n y se oscúrecioú el
sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgoú a la mitad. Jesúú s,
clamando con voz potente, dijo:

+. “¡Padre, en tús manos encomiendo mi espíúritú!”


C. Y dicho esto, expiroú :

(Aqúíú todos se arrodillan y gúardan silencio por únos instantes)

C. El oficial romano, al ver lo qúe pasaba, dio gloria a Dios


diciendo: “Verdaderamente este hombre era jústo”.

C. Toda la múchedúmbre qúe habíúa acúdidito a este espectaú cúlo, mirando lo qúe ocúrr
-íúa, se volvioú a sú casa daú ndose golpes de pecho. Los conocidos de Jesúú s se manteníúan
adistancia, lo mismo qúe las mújeres qúe lo habíúan segúido desde Galilea,
20

y permanecíúan mirando todo aqúello.

A continúacioú n; el ministro comparte úna reflexioú n a la comúnidad segúú n el sentido d-


e las lectúras qúe se han proclamado, o bien, se lee lo sigúiente:

Reflexioú n

Hermanos: con esta conmemoracioú n del Domingo de Ramos, estamos iniciando l-


a celebracioú n de la Semana Santa, asíú renovamos lo qúe súcedioú hace ya maú s de dos mi
-l anñ os en la ciúdad de Jerúsaleú n, donde núestro Senñ or Jesúcristo es recibido entre
aclamaciones y ún gran ambiente de entúsiasmo.

En este díúa qúe es conmemorado desde tiempos múy antigúos comprende el triúnfo re
-al de Cristo y el anúncioú de sú Pasioú n. Es el cúmplimiento de sú Misterio Pascúal.

Hoy, nosotros, para celebrar este acontecimiento de fe y devocioú n, hemos traíúdo


ramos y palmas para imitar las aclamaciones y gestos de alegríúa qúe hicieron lo-
s ninñ os hebreos cúando salieron al encúentro del Senñ or y fervorosamente cantaban:
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el qúe viene en nombre del Senñ or!

Por eso la bendicioú n de los ramos de este domingo, es ún signo de aclamacioú n


y de
reconocimiento a Cristo como Dios qúe salva al hombre con sú triúnfo desde la
crúz; aúnqúe el verdadero triúnfo del Senñ or se veraú cúando resúcite al
tercer díúa despúeú s de sús padecimientos.

Las maldades de nosotros lo han llevado a la múerte en la crúz pero Dios no permitiraú
esto múcho tiempo.

Núestra participacioú n en estos momentos nos debe ayúdar a reconocer qúe segúido p-
ecamos y qúe continúamente nos alejamos del búen camino; todo esto se ve con clarid
-ad cúando cometemos delitos, cúando cornos injústos conlos maú s peqúenñ os, cúando
n-os calúmniamos y nos levantamos falsos, cúando damos malos ejemplos o nos d
ej-amos llevar por los vicios, cúando no trabajamos como es debido o bien cúando
olv-idamos núestras responsabilidades con la familia, los amigos, el trabajo, etc., enton
ces como personas individúales o como púeblo estamos apartaú ndonos del camino qúe
llev-a a la victoria con Jesúcristo.

Mejor caminemos con Jesúú s hacíúa la núeva Jerúsaleú n, la ciúdad de Dios, donde reinare
mos con El, allaú donde ya no habraú maú s crúz ni súfrimiento.

Terminada la meditacioú n el ministro invita a la gente a profesar la fe de la Íglesia como


sigúe:
20

Ministro:

¿Creen en Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra?

Todos: Síú, creo

Ministro:

¿Creen en Jesúcristo sú úú nico Hijo, Senñ or núestro, qúe nacioú de Maríúa Virgen, qúe entr-
oú triúnfante en Jerúsaleú n, múrioú , fúe sepúltado, resúcitoú de entre los múertos y estaú se-
ntado a la derecha del Padre?

Todos: Síú, creo

Ministro:

¿Creen en el Espíúritú Santo, en la Santa Íglesia Catoú lica, en la comúnioú n de los santos, e
-n el perdoú n de los pecados, en la resúrreccioú n de los múertos y la vida eterna?

Todos: Síú, creo

Ministro:

Esta es núestra fe, esta es la fe de la Íglesia qúe nos gloriamos de profesar, en Jesúcrist-
o núestro Senñ or.

Despúeú s continúú a la oracioú n de los fieles


Óracioú n Universal

Ministro:

Como Jesúcristo oroú al Padre en el momento de sú maú ximo súfrimiento, oremos


tambieú n nosotros con toda confianza ante Dios, núestro Padre, pidiendo especialment-
e por los hombres qúe maú s comparten el
súfrimiento de Jesúú s, diciendo: Te rogamos Senñ or

Monitor:
20

Dios se reveloú sobre todo en el amor


de Jesúú s, en sú súfrimiento, en sú húmillacioú n hasta morir en la crúz. Pidamos qúe la Íg
-lesia y los cristianos no búsqúemos la gloria y el poder, sino el servicio húmilde, atent
ocomprometidos con los maú s necesitados, con los maú s pobres. Rogúemos al Senñ or.

R. Te rogamos Senñ or.

Jesúú s, en la crúz, clamoú al Padre con el grito del hombre qúe se siente abandonado. Pid
-amos
por las mújeres y los hombres, los ninñ os, joú venes o ancianos, qúe se sienten sol-
os, perdidos, abandonados, para qúe sepamos portarnos
con ellos como hermanos. Rogúemos al Senñ or. R.

Jesúú s fúe júzgado y condenado por los poderosos. Pidamos por todos los qúe tie
-nen algúú n poder en la sociedad, para qúe lúchen de verdad por la paz y la jústicia par
atodos los hombres, múy especialmente para los maú s menospreciados
y oprimidos. Rogúemos al Senñ or. R.

En este Domingo de Ramos, en este díúa en qúe los ninñ os aclaman con alegríúa al
Senñ or, oremos por ellos, para qúe Dios bendiga sú inocencia. Rogúemos al Senñ or. R.

Y por todos nosotros, para qúe celebremos


de tal modo estos díúas santos qúe progresemos en núestro camino de segúimiento de

Jesúcristo. Rogúemos al senñ or. R.

Ministro:

Padre, túú nos has revelado la inmensidad de tú amor a traveú s del camino qúe si
-gúioú Jesúú s hasta la múerte. Haz qúe contemplando sú pasioú n y múerte, compart
amos maú s sú vida núeva: aqúella vida núeva qúe túú qúieras para todos los
hombres. Por Jesúcristo núestro Senñ or.

El púeblo responde: Ameú n


Monitor:

Hemos recibido múchas bendiciones de parte de Dios, nos heme reúnido a e


-scúchar sú Palabra, hemos recordado y celebrado júntos el triúnfo de Jesúcristo
núestro Rey. Profesamos núestra fe, nos hemos alimentado creíú pan del Cielo. Po-
r todo esto demos gracias al Padre por tantos beneficios.

El monitor invita a la gente a ponerse de pie para la oracioú n final.


20

Ministro:

Óremos.

Túú qúe nos has alimentado con esta Eúcaristíúa y por medio de la múerte de tú hijo nos
das la esperanza de alcanzar lo qúe la fe nos promete, conceú denos, Senñ or, llegar,
por medio de sú re-súrreccioú n, a la meta de núestras esperanzas. Por
Jesúcristo, Núestro Senñ or.

Todos: Ameú n.

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportúnos anúncios o


advertencias al púeblo.

- Sobre los horarios de las celebraciones de la Semana Santa

- Sobre el horario de las plaú ticas

- Ótros avisos convenientes

Despúeú s el celebrador invoca la bendicioú n de Dios y se santigúa, diciendo:

El Senñ or nos bendiga, nos gúarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Se entona el canto de salida. Despúeú s el


celebrador, hecha la debida reverencia, se retira.
Júeves Santo

CÓNVÓCACÍÓÍ N

 A la hora maú s oportúna de la tarde se convoca previamente


a la gente en la capilla o templo del lúgar.
20

 Se avisaraú el horario de la celebracioú n de este díúa.

MATERÍALES NECESARÍÓS

 Misal con las lectúras propias del díúa

 Agúa, jaboú n, toalla, úna jarra y úna bandeja

 Mantel blanco

 Lectores para las lectúras

 2 Veladoras

 Materiales para la adoracioú n

 Hojas de cantos para este díúa

 12 apoú stoles

 Tela morada ú oscúra para cúbrir las imaú genes.

 Mesa y sillas para los apoú stoles

 El eqúipo de personas qúe cúbriraú las imaú genes.

 Pan y júgo de úva (ú otra bebida qúe simúle el vino)

PREPARACÍÓÍ N

 Se búscaraú , a las personas qúe van a ayúdar en las lectúras y en los cantos. El altar d
-ebe estar cúbierto con ún mantel blanco, dos ciriales o veladoras. Preparar ún am
-boú n para las lectúras de la Palabra de Dios.
 Se búscaraú n a doce personas (de preferencia adúltos qúe qúieran comprometerse)
qúe seraú n los apoú stoles en la ceremonia del lavatorio de los pies.

 Se tendraú ún lúgar especial y visible para los apoú stoles desde el inicio
de la celebracioú n.

 Tener listos: agúa, jaboú n y toalla.


20

REALÍZACÍÓÍ N

 El celebrador y los ayúdantes entran en procesioú n, hacen reverencia al altar, mientr-


as se entona ún canto apropiado: Júntos como hermanos, Hacia ti morada santa, etc.

 El celebrador inicia con el salúdo litúú rgico y el monitor hace sú motivacioú n a


participar con gozo y alegríúa de la celebracioú n.

RÍTÓS ÍNÍCÍALES

Monitor:

Hermanos, en este díúa del Júeves Santo, los cristianos de todo el múndo nos reúnimos
para celebrar y recibir
tres ensenñ anzas de Jesúcristo qúe son como el testamento qúe dejaraú a sú Íglesia ante
s de padecer y morir por
nosotros. Nosotros soú lo celebraremos el primero, pero sin dejar de tener presente los
otros dos. Los invito a qúeú participemos con múcha alegríúa y disposicioú n del corazoú n.

Ministro:

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíúritú Santo.

El púeblo responde: Ameú n.

Despúeú s se realiza el acto penitencial

Ministro:

Hermanos: Para participar


con frúto en esta celebracioú n, reconozcamos núestros pecados. Se hace úna breve paú-
sa en silencio. Despúeú s, hacen todos en comúú n la confesioú n de sús pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ústedes, hermanos, qúe he pecado m-
úcho de pensamiento, palabra, obra y omisioú n. Por mi cúlpa, por mi cúlpa, por mi gran
cúlpa. Por eso rúego a Santa Maríúa, siempre Virgen, a los aú ngeles, a los santos, y a úste-
des, hermanos, qúe intercedan por míú ante Dios, núestro Senñ or.

El celebrador conclúye con la sigúiente plegaria:

Ministro:
20

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone núestros pecados y nos ll-
eve a la vida eterna.

El púeblo responde: Ameú n.

Terminado el acto penitencial se entona el canto de GLÓRÍA. Mientras se canta e


ste himno, se tocan las campanas. Terminado el canto, las campanas no vúelven a t-
ocarse hasta la Vigilia Pascúal. Esto se debe avisar a la gente.

Sin extender las manos el ministro dice la oracioú n colecta:

Ministro:

Dios núestro, danos fúerza para no cansarnos, gracia y paz para perdonarnos núestras
ofensas, fe y caridad para creer y amar lo qúe Jesúú s nos ha dejado como sú testamen-
to, para bien de toda la Íglesia. Por núestro Senñ or Jesúcristo tú Hijo, qúe vive y
reina por los siglos de los siglos.

El púeblo responde: Amen.

LÍTURGÍA DE LA PALABRA

PRÍMERA LECTURA EÍ xodo 12,1-18.11-14

SALMÓ RESPÓNSÓRÍAL Salmo 115

SEGUNDA LECTURA Primera carta de San Pablo a los Corintios 11,23-26

Aclamacioú n antes del Evangelio

R. Honor y gloria a ti, Senñ or Jesúú s


Les doy ún mandamiento núevo, dice el Senñ or, qúe se amen los únos
los otros, como yo los he amado.

R. Honor y gloria a ti, Senñ or Jesúú s

EVANGELÍÓ Júan 13, 1-15

El ministro proclama el evangelio de la sigúiente manera:

Ministro:
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Hermanas y hermanos les anúncio el santo Evangelio segúú n San Júan… (Mientras se s-
antigúa)

Todos: Gloria a ti Senñ or

Conclúye el Evangelio con estas palabras:

Ministro:

Palabra del senñ or

Todos: Gloria a ti Senñ or Jesúú s

Despúeú s el Celebrador comparte con la gente úna meditacioú n, segúú n el sentido de las l-
ectúras qúe se han proclamado, tomando en cúenta los grandes hechos qúe se rec
-úerdan en esa celebracioú n, es decir; la institúcioú n de la Sagrada Eúcaristíúa, el
orden Sacerdotal y el mandato del Senñ or sobre la caridad fraterna.

Reflexioú n:

El ejemplo qúe realizoú Jesúú s de lavar los pies a sús discíúpúlos, en realidad no es nada f-
aú cil de comprender, ya escúchamos la reaccioú n de san Pedro cúando se acercoú a eú l: "Se-
nñ or, ¿me vas a lavar túú a míú los pies?"

Jesúú s era reconocido como el Maestro, gozaba de úna fama especial, eso lo sabíúa
n los apoú stoles. Lavar los pies era ún oficio qúe desempenñ aban los criados de las casas
de las grandes familias de "alta dignidad social"No era propio de los senñ ores ún trabaj-
o tan "insignificante".
¿Qúeú pensar de Jesúú s cúando lavoú los pies a los apoú stoles? El, siendo Rey, el Hijo de Dio
s, el Maestro. Lo qúe hizo el Senñ or en realidad fúe úna gran ens-enñ anza, porqúe en seg
úida les pregúntoú a los discíúpúlos: "¿Comprendenlo qúe acabo d-e hacer con ústedes?

Ustedes me llaman Maestro y Senñ or, y dicen bien, porqúe lo soy. Púes si yo qúe
soy el Maestro y el Senñ or, les he lavado los pies, tambieú n ústedes deben lavarse los pi-
es los únos a los otros. Les he dado ejemplo, para qúe lo qúe yo he hecho con ústedes, t
-ambieú n ústedes lo hagan" (Jn 13, 12-15).

Y para nosotros ¿qúeú significa lavar los pies a los hermanos? En núestros díúas significa
20

ríúa vivir en disposicioú n de cúltivar la paciencia, perdonar al enemigo, corregir fra-


ternalmente al qúe ha fallado, reconocer Núestra
limitaciones, abrirse a la fraternida-d y a la comúnioú n, ver al otro coú mo es y no bajo
núestros intereses. Significa tambieú -n enriqúecernos conociendo a los demaú s, com
partiendo logros, alegríúas, la lúcha po-r la vida, etc.

Todos los cristianos tenemos la vocacioú n de servir en cúalqúier trabajo o cargo


qúe desempenñ emos.

Hemos de sentir qúe con ello en realidad servimos .a los demaú s. El verdadero se
-rvicio es desinteresado múchas
veces condúce al sacrificio, como donacioú n a los demaú s.

La Eúcaristíúa nos recúerda el servicio de la redencioú n de Cristo a la húmanidad


y núestro compromiso por la vocacioú n cristiana y nos prepara para
úna entrega cada vez maú s generosa y maú s plena al múndo.

El evangelista san Júan no nos narra la institúcioú n de.la Eúcaristíúa, pero en sú lúga-
r nos ha dejado el testimonio del lavatorio de los pies; esto qúiere decir qúe la celebra-
cioú n de la Eúcaristíúa no se púede entender si no nos lleva al servicio generoso y con a-
mor.

La segúnda lectúra del apoú stol San Pablo nos narra el testimonio de la Ultima C
-ena, donde Jesúú s nos dejoú sú presencia permanente entre nosotros- por medio del Pa
-n y del Vino consagrados. Tambieú n institúyoú , el Órden Sacerdotal, de modo qúe los pr
e-sbíúteros cúando absúelven, bendicen, celebran la Eúcaristíúa y predican la Palabra de
D-ios, lo hacen en nombre de Cristo.

Terminada la reflexioú n el monitor invita a la gente a qúe con múcha devocioú n particip-
en en la ceremonia del lavatorio de los pies.

Monitor:

Repitiendo el gesto de Jesúú s en la úú ltima Cena, ahora, el celebrador lavaraú los pies a al-
gúnos
miembros de la comúnidad. Asíú recordaremos el servicio y la entrega de Jesúú s a los ho-
mbres; de esta manera comprenderemos el ejemplo qúe los cristianos debemos segúir
.

A continúacioú n se realiza el rito del lavatorio de los pies.

Los varones designados para el rito van, acompanñ ados por el celebrador, a ocúpar l-
os asientos preparados para ellos en ún lúgar visible. El celebrador se acerca a cada ún
20

o de ellos y les lava los pies y se los seca. Para esto debe estar preparado la toalla, agú-
a, jaboú n, toalla y bandeja.

Se entona el canto “Un mandamiento Núevo” ú otro qúe hable del amor.

Se púede realizar en forma breve la representacioú n de la úú ltima cena.

Terminado el lavatorio de los pies vúelven a sú lúgar y continúú a la oracioú n


úniversal. No se dice el Credo.

Óracioú n Universal

Ministro:

Óremos, amados hermanos, al Padre, por medio de Jesúcristo, qúien antes de entregar
-se a la múerte, nos dejoú en la Eúcaristíúa el memorial de sú Pasioú n diciendo: Te rogamo
-s Senñ or.

Monitor: (Tambieú n púeden ser dichas por varias personas de la comúnidad)

Por la Íglesia, para qúe no deje núnca de celebrar el memorial de la múerte y resúrrecc
-ioú n del Senñ or, y haga presente en el múndo aqúel amor y aqúel servicio por los cúales

Jesúú s lo dio todo.

Rogúemos al Senñ or. R. Te rogamos Senñ or.

Por todos los hombres y mújeres del múndo, para qúe vivan con aqúel amor con el cú-
al Jesúú s los ama. Rogúemos al Senñ or. R.
Para qúe la semilla del amor qúe Dios ha sembrado en el corazoú n de los hombres crezc
-a y de frúto. Rogúemos al Senñ or. R.

Por los pobres, para qúe encúentren en nosotros úna senñ al eficaz de la entrega
de Jesúú s.

Rogúemos al Senñ or. R

Por los sacerdotes, para qúe sean fieles ministros de la Eúcaristíúa y vivan intens
-amente aqúello qúe celebran. Rogúemos al Senñ or. R.
20

Por todos nosotros, para qúe, del mismo modo qúe nos hemos reúnido para par-
ticipar en la cena del Senñ or, vivamos únidos en la caridad fraterna. Rogúemos al
Senñ or. R.

Ministro:

Dios núestro, qúe has hecho del amor a ti y a los hombres la plenitúd de tú ley, escúch-
a la oracioú n qúe con amor te presentamos por los necesitados del múndo entero. Por
Jesúcristo Núestro Senñ or.

El púeblo responde: Ameú n.

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportúnos anúncios o


advertencias al púeblo.

-
Recordar el horario y el lúgar del viacrúcis y la celebracioú n del Viernes Santo y si se- c
onsidera las del Saú bado Santo

- Ótros avisos convenientes

Despúeú s el celebrador invoca la bendicioú n de Dios y se santigúa, diciendo:

El Senñ or nos bendiga, nos gúarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Todos responden: Ameú n.

Lúego el celebrador despide al púeblo:

Glorifiqúen al Senñ or con sú vida. Púeden ir en paz.


Viernes Santo

CÓNVÓCACÍÓÍ N

 Se avisa previamente a la gente qúe se reúú nan en la capilla a la hora acordada. Ha d-


e ser despúeú s del mediodíúa.

 La celebracioú n de la Pasioú n del Senñ or, qúe consta de tres partes. Litúrgia de la Palab-
20

ra, Adoracioú n de la Crúz y Sagrada Comúnioú n

 Por razones pastorales púede elegirse úna hora maú s conveniente para qúe los
fieles púedan reúnirse faú cilmente: por ejemplo desde el mediodíúa hasta el atard-
ecer, pero núnca despúeú s de las núeve de la noche y qúe no deú maú s importanci-
a al Víúa crúcis qúe a esta celebracioú n litúú rgica qúe debe ser lo principal.

 Los horarios de los ejercicios piadosos han de regúlarse con el horario


de la celebr-acioú n de la adoracioú n de la crúz, de tal modo qúe aparezca claro qúe esta a
ccioú n estaú s-obre el viacrúcis, las procesiones de la pasioú n, la marcha del silencio y
el recúerdo de los dolores de la Virgen, qúe tampoco han de ser descúidados
dada sú importancia pastoral.

MATERÍAL NECESARÍÓ

 Crúcifijo para la adoracioú n

 Mantel y corporal

 Tela para cúbrir la crúz

 Lectores para las lectúras (ensayar con anticipacioú n)

 2 Velas o veladoras

 Alcohol y algodoú n o panñ o

 Copias de cantos para este díúa

PREPARACÍÓÍ N
 Fúera de la capilla se tendraú lista úna crúz cúbierta con ún velo, dos ciriales o
veladoras.

 Tener alcohol y ún panñ úelo o algodoú n para púrificar la crúz en el momento de la ad-
oracioú n. Disponer qúien lo va a realizar.

 Tener preparado ún mantel y ún corporal

 Ensayaraú n las personas qúe van a ayúdar con las lectúras y los cantos.
20

 Se ensayaraú n las lectúras de la Pasioú n del Senñ or de manera dialogada: C (Cronista),


+ (Jesúcristo) y S (la sinagoga, los discíúpúlos y otros personajes).

 El altar debe estar desnúdo por completo sin crúz, sin candelabros y sin manteles.

REALÍZACÍÓÍ N

El celebrador y sús ayúdantes se dirigen en silencio al altar. No se canta ningúú n


canto de entrada.

El celebrador se dirige al altar, hecha debida reverencia, se arrodilla,


y todos oran en silencio dúrante algúú n espacio de tempo. En segúida el Monitor invita
a la gente a ponerse de rodillas con las sigúientes ú otras palabras parecidas:

Monitor:

Hermanos, de rodillas y en silencio, con sinceridad de corazoú n, expresemos núestra a


-ctitúd de penitencia y de oracioú n. Pidamos a Cristo núestro Senñ or,
para qúe llegúe a nosotros y a todos los hombres la vida núeva qúe EÍ l nos
ha alcanzado con sú múerte en la crúz.

Permanecen de rodillas
únos momentos y despúeú s el ministro y sús ayúdantes se ponen de pie y van a ocúpar
ún lúgar conveniente dentro del presbiterio.

El monitor explica el sentido de la ceremonia qúe se va a celebrar.

Monitor:
Hermanos, en este díúa la Íglesia contempla el amor misterioso de Dios qúe se nos revel
-a en la crúz. La pasioú n segúú n san Júan nos ayúdaraú a comprender qúe Jesúú s nos
revela el rostro amoroso del Padre fiel y misericordioso, bondadoso y tierno.

La litúrgia qúe celebramos hoy tiene dos partes:

Primera: Litúrgia de la Palabra. Las lectúras de la Pasioú n nos presentan a Jesúú s


qúe
20

padece, pero qúe en realidad, EÍ l es el Hijo de Dios qúe triúnfa sobre la crúz. La oracioú n
úniversal de los fieles seraú núestra respúesta a esta palabra.

Segúnda: Adoracioú n de la Crúz. Es el reconocimiento y núestro compartir con el


Senñ or el camino de la crúz.

Los cristianos hemos de comprender qúe para ser discíúpúlos de Cristo es necesario ac-
eptar los dolores como EÍ l lo hizo, dando sentido asíú a núestros súfrimientos. Jesúú s m
-ismo nos dice: "el qúe qúiera ser mi discíúpúlo, tome sú crúz y síúgame".

La crúz es el paso para el triúnfo, adoremos y veneremos con alegríúa el madero santo d
e la crúz, ya qúe en eú l estaú núestra redencioú n.

Despúeú s el celebrante dice la sigúiente oracioú n. No se dice “Óremos”

Ministro:

Padre misericordioso, santifica y protege siempre a esta familia túya por cúya sa
-lvacioú n derramoú sú sangre Jesúcristo, tú Hijo. El cúal vive y reina contigo, por
los siglos de los siglos.

LÍTURGÍA DE LA PALABRA

PRÍMERA LECTURA Ísaíúas 52, 13-53, 12

SALMÓ RESPÓNSÓRÍAL Salmo 30

SEGUNDA LECTURA Carta a los Hebreos 4, 14-16; 5,7-9

Aclamacioú n antes del Evangelio

R. Honor y gloria a ti, Senñ or Jesúú s

Les doy ún mandamiento núevo, dice el Senñ or, qúe se amen los únos
a los otros, como yo los he amado.
R. Honor y gloria a ti, Senñ or Jesúú s

Se lee la el Evangelio de la Pasioú n del Senñ or segúú n San Júan 18, 1-


19, 42 de manera dialogada de igúal manera como en
el domingo de ramos, sin el salúdo acostúmbrado y de rodillas frente al altar.

Pasioú n de Núestro Senñ or Jesúcristo segúú n San Júan 18,1-19,42


20

C. En aqúel tiempo. Jesúú s fúe con sús discíúpúlos al otro lado del torrente Cedroú n, dond
-e habíúa ún húerto, y entraron allíú, eú l y sús discíúpúlos. Júdas, el traidor, conocíúa tambieú
n el sitio, porqúe Jesúú s se reúníúa a menúdo allíú con sús discíúpúlos.

Entonces Júdas tomoú ún batalloú n de soldados y gúardias de los súmos sacerdotes y de


los fariseos y entroú en el húerto con linternas, antorchas y armas. Jesúú s, sabiendo
todo lo qúe iba a súceder, se adelantoú y les dijo:

+ “¿A qúieú n búscan?”

C. Le contestaron:

S. “A, Jesúú s, el Nazareno”

C. Les dijo Jesúú s

+ “Yo soy”

C. Estaba con ellos Júdas, el traidor. Al decirles “Yo


soy”. Retrocedieron y cayeron a tierra. Jesúú s les volvioú a pregúntar:

+. “¿A qúieú n búscan?”

C. Ellos le dijeron:

S. “A Jesúú s, el Nazareno”,

C. Jesúú s contestoú :

+. “Les he dicho qúe yo soy. Si me búscan a míú dejen qúe eú stos se vayan”.

C. Asíú se cúmplioú lo qúe Jesúú s habíúa dicho: “No he perdido a ningúno de los qúe me dist
-e” Entonces Simoú n

Pedro. Qúe llevaba úna espada, la sacoú e hirioú a ún criado del súmo sacerdote y le cortoú
la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesúú s a Pedro:

+. “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el caú liz qúe me ha dado mi Padre?”
C. El batalloú n, sú comandante y los criados de los júdíúos apresaron a Jesúú s, lo ataron y l
-o llevaron primero ante Anaú s, porqúe era súegro de Caifaú s, súmo sacerdote aqúel
anñ o. Caifaú s era el qúe habíúa dado a los júdíúos este consejo: “conviene qúe
múera ún solo hombre por el púeblo”. Simoú n Pedro y otro discíúpúlo iban sigúiendo
a Jesúú s. Este discíúpúlo era conocido del súmo sacerdote y entroú con Jesúú s en el palacio
del súmo sacerdote, mientras Pedro se qúedaba fúera, júnto a la púerta. Salioú el otro di
-scíúpúlo, el conocido del súmo sacerdote, habloú con la portera e hizo entrar a Pedro. La
portera dijo entonces a Pedro:
20

S. “¿No eres túú tambieú n úno de los discíúpúlos de ese hombre?”

C. EÍ l dijo:

S. “No lo soy”

C. Los criados y los gúardias habíúan encendido ún brasero porqúe hacíúa fríúo, y se calen
-taban, tambieú n Pedro estaba con ellos de pie, calentaú ndose. El súmo sacerdote interro
-goú a Jesúú s acerca de sús discíúpúlos y de sú doctrina. Jesúú s le contestoú :

+ “Yo he hablado abiertamente al múndo y he ensenñ ado continúamente en la

sinagoga y en el templo donde se reúú nen todos los júdíúos, y no he dicho

nada a escondidas. ¿Por qúeú me interrogas a míú? Ínterroga a los qúe me han

oíúdo, sobre lo qúe les he hablado. Ellos saben lo qúe he dicho.”

C. Apenas dijo esto. Uno de los gúardias le dio úna bofetada a Jesúú s, dicieú ndole:

S. “¿Asíú contestas al súmo sacerdote?”

C. Jesúú s le respondioú :

+. “Si he faltado al hablar, demúestra en qúeú he faltado; pero si he hablado como se de


be, ¿por qúeú me pegas?”

C. Entonces Anaú s lo envioú atado a Caifaú s, el súmo sacerdote. Simoú n Pedro


estaba de pie, calentaú ndose, y le dijeron:

S. “¿No eres túú tambieú n úno de sús discíúpúlos?”

C. Uno de los criados del súmo sacerdote, pariente de aqúel a qúien Pedro
le habíúa cortado la oreja, le dijo:

S. “¿Qúeú no te vi yo con eú l en el húerto?”


C. Pedro volvioú a negarlo y ensegúida cantoú ún gallo. Llevaron a Jesúú s de casa de Caifaú s
al pretorio, era múy de manñ ana y ellos no entraron en el palacio para no incúrrir
en impúreza y poder asíú comer la cena de Pascúa. Salioú entonces Pilatos
a donde estaban ellos y les dijo:

S. “¿De qúeú acúsan a este hombre?”

C. Le contestaron:

S. “Si eú ste no fúera ún malhechor, no le húbieú ramos traíúdo”.


20

C. Pilato les dijo:

S. “Púes lleú venselo y júú zgúenlo segúú n sú ley”

C. Los júdíúos le respondieron:

S. “No estamos aútorizados para dar múerte a nadie”.

C. Asíú se cúmplioú lo qúe habíúa dicho Jesúú s, indicando de qúeú múerte iba a morir. Ent-
roú otra vez Pilato en el pretorio, llamoú a Jesúú s y le dijo:

S. “¿Eres túú el rey de los júdíúos?”

C. Jesúú s le contestoú :

+ “¿Eso lo pregúntas por tú cúenta o te lo han dicho otros?”

C. Pilato le respondioú :

S. “¿Acaso soy yo júdíúo? Tú púeblo y los súmos sacerdotes te han entregado a míú. ¿Qúeú
es lo qúe has hecho?”

C. Jesúú s le contestoú :

+. “Mi reino no es de este múndo. Si mi Reino fúera de este múndo, mis

servidores habríúan lúchado para qúe no cayera yo en manos de los júdíúos.

Pero mi Reino no es de aqúíú”

C. Pilato le dijo:

S. “¿Conqúe túú eres rey?”

C. Jesúú s le contestoú :
+. “Túú lo has dicho. Soy rey. Yo nacíú y vine al múndo para ser testigo de la verdadTodo e
l qúe es de la verdad, escúcha mi voz”.

C. Pilato le dijo:

S. “¿Y qúeú es la verdad?”

C. Dicho esto, salioú otra vez a donde estaban los júdíúos y les dijo:

S. “No encúentro en eú l ningúna cúlpa. Entre ústedes es costúmbre qúe por Pascúa pon-
20

ga en libertad a ún preso. ¿Qúieren qúe les súelte al rey de los júdíúos?”

C. Pero todos ellos gritaron:

S. “¡No, a eú se no! ¡A Barrabaú s!”

C. (El tal Barrabaú s era ún bandido). Entonces Pilato tomoú a Jesúú s y lo mandoú
a azotar. Los soldados trenzaron úna corona de espinas, se lo
púsieron en la cabeza, le echaron encima ún manto color púú rpúra, y acercaú ndose a eú l,
le decíúan:

S. “Viva el rey de los júdíúos”.

C. Y le daban bofetadas. Pilato salioú otra vez afúera y les dijo:

S. “Aqúíú lo traigo para qúe sepan qúe no encúentro en eú l ningúna cúlpa”

C. Salioú , púes, Jesúú s, llevando la corona de espinas y el manto color púú rpúra. Pilato les
dijo:

S. “Aqúíú estaú el hombre”.

C. Cúando lo vieron los súmos sacerdotes y sús servidores gritaron:

S. “Crúcifíúcalo, crúcifíúcalo”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleú venselo ústedes y crúcifíúqúenlo, porqúe yo no encúentro cúlpa en eú l”.

C. Los júdíúos le contestaron:

S. “Nosotros tenemos úna ley y segúú n esa ley tiene qúe morir, porqúe se ha declarado
Hijo de Dios”.

C. Cúando Pilato oyoú estas palabras, se asústoú aúú n maú s, y entrando otra vez
en el pretorio, dijo a Jesúú s:
S. “¿De doú nde eres túú ?”

C. Pero Jesúú s no le respondioú . Pilato le dijo entonces:

S. “¿A míú no me hablas? ¿No sabes qúe tengo aútoridad


para soltarte y aútoridad para crúcificarte?”

C. Jesúú s le contestoú :

+. “No tendríúas ningúna aútoridad sobre míú, si no te la húbieran dado de lo alto. Por es
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o, el qúe me ha entregado a ti tiene ún pecado mayor”.

C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los júdíúos gritaban:

S. “¡Si súeltas a eú se, no eres amigo del Ceú sar!”

C. Al oíúr estas palabras, Pilato sacoú a Jesúú s y lo sentoú en el tribúnal, en el sitio qúe llam-
an “el Ensolado” (en hebreo Gaú bbata). Era el
díúa de la preparacioú n de la Pascúa, hacia el mediodíúa, y dijo Pilato a los júdíúos:

S. “Aqúíú tienes a sú rey”,

C. Ellos gritaron:

S. “¡Fúera, fúera! ¡Crúcifíúcalo!”

C. Contestaron los súmos sacerdotes:

S. “No tenemos maú s rey qúe el Ceú sar”.

C. Entonces se lo entregoú para qúe lo crúcificaran. Tomaron a Jesúú s, y eú l, cargando con l


a crúz, se dirigioú hacia el sitio llamado “La Calavera” (qúe en hebreo se dice Goú lgota), d
onde lo crúcificaron, y con el a otros dos, úno de cada lado, y en medio Jesúú s. Pilato
mandoú a escribir ún letrero y ponerlo encima de la crúz; en eú l estaba escrito: “

Jesúú s el Nazareno, el rey de los júdíúos”. Leyeron el letrero múchos júdíúos, porqúe est
aba cerca el lúgar donde crúcificaron a Jesúú s y estaba escrito en hebreo,
latíún y griego. Entonces los súmos sacerdotes de los júdíúos le dijeron a Pilato:

S. “No escribas: “El rey de los júdíúos” sino: “Este ha dicho: soy el rey de los júdíúos”

C. Pilato les contestoú :

S. “Lo escrito, escrito estaú ”

C. Cúando crúcificaron a Jesúú s, los soldados cogieron a sú ropa e hicieron cúatro


partes, úna para cada soldado, y apartaron la túú nica. Era úna túú nica sin costúra, teji
-da toda de úna piez-a de arriba abajo. Por eso dijeron:
S “No la rasgúemos, sino echemos súertes para ver a qúieú n le toca”.

C. Asíú se cúmplioú lo qúe dice la Escritúra: “Se repartieron mi ropa y echaron a


súerte mi túú nica” y eso hicieron los soldados. Júnto a la crúz de Jesúú s estaban sú ma
dre, la hermana de sú madre, Maríúa la de Cleofaú s, y Maríúa Magdalena.

Al ver a sú madre y júnto a ella al discíúpúlo qúe tanto qúeríúa, Jesúú s le dijo a sú madre:

+. “Mújer, ahíú estaú tú hijo”.


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C. Lúego dijo al discíúpúlo:

+. “Ahíú estaú tú madre”.

C. Y desde entonces el discíúpúlo se la llevoú a vivir con eú l. Despúeú s de esto, sabiendo

Jesúú s qúe todo habíúa llegado a sú teú rmino, para qúe se cúmpliera la Escritúra dijo:

+. “Tengo sed”.

C. Habíúa allíú ún jarro lleno de vinagre. Los soldados sújetaron úna esponja empapada

en vinagre a úna canñ a de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesúú s proboú


el vinagre y dijo:

+. “Todo estaú cúmplido”,

C. E inclinando la cabeza, entregoú el espíúritú.

(Aqúíú todos se arrodillan y gúardan silencio por únos instantes)

C. Entonces,
los júdíúos. Como era el díúa de la preparacioú n de la Pascúa, para qúe los cúerpos de los
ajústiciados no se qúedaran en la crúz el saú bado, porqúe aqúel saú bado era ún díúa múy
solemne, pidieron a Pilato qúe les qúebraran las piernas y los qúitaran de la crúz. Fúer
-on los soldados, les qúebraban las piernas a úno y lúego al otro de los qúe habíúan sido
crúcificados con eú l. Pero al llegar a Jesúú s, viendo qúe ya habíúa múerto, no le qúebraron
las piernas, sino qúe úno de los soldados le traspasoú el costado con úna lanza e inmedi
-atamente salioú sangre y agúa. El qúe vio da testimonio de esto y sú testimonio es verd
a-dero y eú l sabe qúe dice la verdad, para qúe tambieú n ústedes crean. Esto súcedioú para
q-úe se cúmpliera lo qúe dice la escritúra: “No le qúebraraú n ningúú n húeso”, y en otro lú
g-ar la Escritúra dice: “miraraú n al qúe traspasaron”.

Despúeú s de esto, Joseú de Arimatea, qúe era discíúpúlo de Jesúú s, pero ocúlto por miedo a
los júdíúos. Pidioú a Pilato qúe lo dejara llevarse el cúerpo de Jesúú s y Pilato lo aútorizoú . EÍ l
fúe entonces y se llevoú el cúerpo. Llegoú tambieú n Nicodemo el qúe habíúa ido a verlo de
noche, y trajo únas cien libras de úna mezcla de mirra y aú loe.

Tomaron el cúerpo de Jesúú s y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, segúú n se


acostúmbra enterrar entre los júdíúos. Habíúa ún húerto en el sitio donde lo crúcifi-
caron, y en el húerto, ún sepúlcro núevo donde nadie habíúa sido enterrado todavíúa, y
como para los júdíúos era el díúa de la preparacioú n de la Pascúa y el sepúlcro
estaba cerca. Allíú púsieron a Jesúú s.
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Palabra del Senñ or.

Despúeú s el celebrador comparte úna meditacioú n segúú n las lectúras qúe se han p
-roclamado o bien, lee la sigúiente reflexioú n o la homilíúa escrita por el paú rroco.

Reflexioú n

¿Coú mo entender el final de Jesúcristo? ¿Coú mo entender a ún hombre qúe habíúa vivido
pobre desde el
nacimiento, qúe era amigo de todos y qúe estaba júnto a los enfermos y los deú biles?

Entonces, ¿por qúeú el Senñ or múrioú crúcificado? Una respúesta total núnca la tendremo
-s en
realidad: pero pensemos qúe Jesúú s, como enviado del Padre, vino al múndo a cúmplir
úna misioú n y por la fidelidad al qúe lo envioú le costoú la múerte en la crúz. El anúncio de
l reino de Dios y sú opcioú n por
los maú s pobres fúe lo qúe determinoú sú múerte dolorosa.

El Senñ or fúe acúsado de expúlsar a los demonios con el poder del mismo demo-
nio; se le acúsoú de blasfemo porqúe decíúa qúe teníúa el poder de perdonar los pecados
se le acúsoú de ser ún falso profeta, porqúe denúnciaba las injústicias y defendíúa a l
-os deú biles. Se le acúsoú tambieú n de violar las tradiciones júdíúas, como el hacer mila-
gros en saú bado; vieron con malos ojos sú entrada a Jerúsaleú n y al templo.

Lo qúe en realidad agradoú al Padre fúe la obediencia y eú l fúe obediente porqúe


amaba al múndo y a los hombres con qúienes se hizo solidario hasta dar la vida. El pr-
ofeta Ísaíúas dice qúe el Siervo de Dios "soportoú núestros súfrimientos y agúantoú núest-
ros dolores" (Ís 53, 4). Por eso nada escapa a Jesúcristo de lo qúe el hombre púeda súf
rir
como húmano. Por eso ahora pensemos y hagamos algo por los pobres, los maltratado
-s encarcelados, los abandonados, los enfermos, los calúmniados, etc., ¿qúe súfr
i-miento no alcanzaríúa Jesúú s con lo qúe padecioú ? Ójalaú qúe nos esforcemos porqúe
l-a múerte del Senñ or no qúede infecúnda en núestras vidas.
Ójalaú qúe el meú rito de Jesúcristo alcance núestra debilidad. No pensemos qúe ser cri
-stiano es algo coú modo y sin problemas, no. Qúien piense asíú en realidad no es cr
i-stiano. Ser segúidor de Jesúcristo es súfrir como EÍ l súfrioú , ser de Cristo es cargar con
s-ú crúz. Ese es el úú nico camino de la gloria.

Habiendo terminado la reflexioú n se gúardan


únos momentos de silencio. Se inicia la oracioú n úniversal.
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La oracioú n Universal se hace de esta manera: ún ayúdante, júnto al amboú n, dice el invi
-tatorio, en el cúal se expresa la intencioú n. Ensegúida oran todos en silencio dúran
t-e ún breve espacio de tiempo y lúego el celebrador, de pie en sú lúgar o ante el al
t-ar, dice la oracioú n. Los fieles púeden permanecer arrodillados o de pie dúrante todo
el tiempo de las oraciones. Solamente el Óbispo tiene derecho a anñ adir algúna i-
ntencioú n especial a la Óracioú n Universal de este díúa: el celebrador no debe cambiar est
-a Óracioú n Universal. Por tanto aqúíú no habraú lúgar a peticiones particúlares.

Í. Por la Santa Íglesia

Lector:

Óremos, hermanos, por la Santa Íglesia de Dios, para qúe el senñ or le conceda la paz y l-
a únidad, la proteja en todo el múndo y nos conceda úna vida serena, para alabar a
Dios Padre Todopoderoso.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, qúe en Cristo revelaste tú gloria a todas las nacion-
es, conserva la obra de tú amor, para qúe tú Íglesia, extendida por todo el mún-
do, persevere con fe inqúebrantable en la confesioú n de tú nombre. Por Jesúcristo, núes
-tro Senñ or. R. Ameú n

ÍÍ Por el Papa

Lector:
Óremos tambieú n por núestro santo padre el Papa Júan Pablo ÍÍ, para qúe Dios núestro
Senñ or, qúe lo eligioú entre los obispos, lo asista y proteja para el bien de sú Ígle-
sia, como gúíúa y pastor del púeblo santo de Dios.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, cúya providencia gobierna todas las cosas, atiende
a núestras súú plicas y protege con tú amor al Papa qúe nos has elegido, para qú
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-e el púeblo cristiano, confiado por ti a sú gúíúa pastoral, progrese siempre en la


fe. Por Jesúcristo núestro senñ or. R. Ameú n

ÍÍÍ. Por el púeblo de Dios y sús Ministros

Lector:

Óremos tambieú n por núestros obispos, Felipe, Júan y Rafael y por todos los obispos, pr
-esbíúteros, diaú conos, por todos los qúe ejercen algúú n ministerio en la Íglesia y por
todo el púeblo de Dios.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, qúe con tú Espíúritú santificas y gobiernas a toda tú Íglesia
, escúcha núestras súú plicas y conceú denos tú gracia, para qúe todos, segúú n núest-
ra vocacioú n, podamos servirte con fidelidad. Por Jesúcristo, núestro Senñ or R. Ameú n

ÍV. Por los catecúú menos

Lector:

Óremos tambieú n por todos los hermanos qúe creen en Cristo, para qúe Dios núestro S
enñ or les conceda vivir sinceramente lo qúe profesan y se digne a reúnirlos par-a
siempre en ún solo rebanñ o, bajo ún solo pastor.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:
Dios todopoderoso y eterno, qúe sin cesar concedes núevos hijos a tú Íglesia, aúmenta
en los catecúú menos el conocimiento de sú fe, para qúe púedan renacer por el baútismo
a la vida núeva de tús hijos de adopcioú n. Por Jesúcristo, núestro Senñ or. R. Ameú n

V. Por la únidad de los cristianos

Lector:
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Óremos tambieú n por todos los hermanos qúe creen en Cristo, para qúe Dios núestro S
enñ or les conceda vivir sinceramente lo qúe profesan y se digne reúnirlos para siempr-
e en ún solo rebanñ o, bajo ún solo pastor.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, túú qúe reúú nes a los qúe estaú n dispersos y los mantienes e-
n la únidad, mira con amor a todos los cristiano, a fin de qúe, cúantos estaú n co-
nsagrados por ún solo baútismo, formen úna sola familia, únida por el amor y l-
a integridad de la fe.

VÍ. Por los Júdíúos

Lector:

Óremos tambieú n por el púeblo júdíúo, al qúe Dios se dignoú hablar por medio de
los profetas, para qúe el Senñ or le conceda progresar continúamente en el amor a
sú nombre y en la fidelidad a sú alianza.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, qúe prometiste llenar de bendiciones a Abraham y


a sú descendencia,
escúcha las súú plicas de tú Íglesia, y concede al púeblo de la primitiva alianza alca-
nzar la plenitúd de la redencioú n. Por Jesúcristo, núestro Senñ or. /R. Ameú n

VÍÍ. Por los qúe no creen en Cristo

Lector:
Óremos tambieú n por los qúe no creen en Cristo, para qúe, ilúminados por el Espíú
-ritú santo, púedan encontrar el camino de la salvacioú n.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, concede a qúienes no creen en Cristo búscar sincer-


amente agradarte, para qúe encúentren la verdad; y a nosotros tús fieles, conceú d
-enos progresar en el amor fraterno y en el deseo de conocerte maú s, para dar al múnd
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o ún testimonio creíúble de tú amor. Por Jesúcristo, núestro Senñ or. R. Ameú n

VÍÍÍ. Por los qúe no creen en Dios

Lector:

Óremos tambieú n por los qúe no conocen a Dios, para qúe obren siempre con bondad y
rectitúd y púedan llegar asíú a conocer a Dios.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, qúe has hecho a los hombres en tal forma qúe en todo, a
ún sin saberlo, te búsqúen y soú lo al encontrarte hallen descanso, conceú denos qúe en m
-edio de las adversidades de este múndo, todos reconozcan las senñ ales de tú amor y, es
-timúlados por el testimonio de núestra vida, tengan por fin la alegríúa de
creer en ti, úú nico Dios verdadero y padre de todos los hombres. Por Jesúcristo, núestr-
o Senñ or. /R. Ameú n

ÍX. Por los Gobernantes

Lector:

Óremos tambieú n por los jefes de Estados y todos los responsables de los asúnto
-s púú blicos, para qúe Dios núestro Senñ or les inspire decisiones qúe promúevan el
bien comúú n, en ún ambiente de paz y libertad.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:
Dios todopoderoso y eterno, en cúya mano estaú mover el corazoú n de los hombr-
es y defender los derechos de los púeblos, mira con bondad a núestros gobernantes, p
-ara qúe, con tú ayúda, promúevan úna paz dúradera, ún aúteú ntico progreso social
y úna verdadera libertad religiosa. Por Jesúcristo, núestro Senñ or. R. Ameú n

X. Por los qúe se encúentran en algúna tribúlacioú n

Lector:
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Óremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para qúe se libre al múndo de todas s-
ús miserias, de salúd a los enfermos y pan a los qúe tienen hambre, libere a lo-
s encarcelados y haga jústicia a los oprimidos, conceda segúridad a los qúe viaja
n, ún pronto retorno a los qúe se encúentran lejos y la vida eterna a los moribúndos.

Se ora ún momento en silencio. Lúego prosigúe el celebrador.

Ministro:

Dios todopoderoso y eterno, consúelo de los afligidos y fortaleza de los qúe súfr
-en, escúcha a los qúe te invocan en sú tribúlacioú n, para qúe experimenten todos la ale
g-ríúa de tú misericordia. Por Jesúcristo, núestro

Senñ or. R. Ameú n


RÍTÓ DE LA ADÓRACÍÓÍ N DE LA CRUZ

Primera forma: qúitando el velo poco a poco ante el altar

Se lleva al altar la crúz, cúbierta con ún velo y acompanñ ada por dos acoú litos con velas
encendidas. El celebrador, de pie ante el altar, recibe la crúz descúbre ún poco sú extre
-mo súperior, la eleva y comienza a cantar el Ínvitatorio “Mirad el aú rbol de la
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crúz”, cúyo canto prosigúe júntamente con el coro. Todos


responden: “venid y adoremos”

Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, dúrante algúnos in-


stantes, la crúz qúe el celebrador, de pie, mantiene en alto.

En segúida el celebrador descúbre el brazo derecho de la crúz, y elevaú ndola de núevo,


comienza a cantar (en el mismo tono qúe antes) el invitatorio “Mirad
el aú rbol de la Crúz”, y se prosigúe como la primera vez.

Finalmente descúbre por completo la crúz, y volvieú ndola a elevar, comienza por
tercera vez el invitatorio “Mirad el aú rbol de la Crúz”, como la primera vez.

Ensegúida, acompanñ ada por dos acoú litos con velas encendidas, el celebrador llev-
a la crúz a la entrada del presbiterio a otro sitio adecúado y la coloca ahíú, o la entre-
ga a los acoú litos para qúe la sostengan, y se colocan las dos velas encendidas a
los lados de la crúz. Se hace lúego la adoracioú n de la Santa Crúz como
se indica maú s abajo.

Al terminar se avisa a la gente el horario para la celebracioú n de la Vigilia del


Saú bado por la noche:

 Se súgiere qúe todos traigan úna vela (recordar qúe el eqúipo debe llevar por lo
menos úna caja).

 Ponerse de acúerdo para la convivencia Pascúal

Despúeú s el celebrador invoca la bendicioú n de Dios y se santigúa, diciendo:

El Senñ or nos bendiga, nos gúarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Ameú n.

Lúego el celebrador despide al púeblo diciendo:


Glorifiqúen al Senñ or con sú vida. Púeden ir en paz.

Para finalizar, el ministro y sús ayúdantes hacen reverencia al altar.

Todos se retiran en silencio (No hay canto de salida). A sú debido tiempo se desnúda
el altar.
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Saú bado Santo

CÓNVÓCACÍÓÍ N

 Se avisaraú a la gente qúe se reúú nan a la hora maú s


conveniente despúeú s de a púesta del sol.

 El lúgar de la reúnioú n es en la entrada de la capilla. Todas las familias con sús velas.
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 Se avisaraú a la gente qúe en esta noche celebramos la fiesta maú s grande del
anñ o y qúe vale la pena desvelarse.

 En úna cartúlina se avisaraú la hora en qúe va a comenzar la Vigilia Pascúal.

MATERÍALES NECESARÍÓS:

 Agúa bendita

 Flores, globos, adornos para la capilla

 2 cajas de velas partidas a la mitad

 Mantel blanco para el altar

 Lectores ensayados

 Lenñ a para el Fúego Núevo

 Cirio Pascúal arreglado como lo indica el misal

 Todo para la convivencia: pedir a la gente qúe prepare comida, agúa; preparar
cantos, júegos, etc.

PREPARACÍÓÍ N

 Se nombraraú úna comisioú n para adornar la capilla con flores, súficiente lúz, et
-c. de modo qúe se note la grandeza de la fiesta qúe celebramos. El
altar y el amboú n de color blanco.

 Púede hacerse letreros con frases como eú stas: "Cristo resúcitoú , Alelúya", ' Cristo
lúz del múndo", "Felices Pascúas", "La Vida vencioú
a la múerte", "El Senñ or ha resúcitado". "Túú eres el Senñ or de la Vida".
 Fúera de la capilla tener lenñ a súficiente para encender úna fogata.

 Preparar ún cirio o úna vela para la ceremonia del lúcernario.

Preparar a las personas qúe van a leer las lectúras y los salmos responsoriales. Si
las circúnstancias pastorales lo piden, púeden redúcirse el núú mero de lectúras del An
-tigúo Testamento, pero teú ngase en cúenta qúe la lectúra de la Palabra de Dios
es parte fúndamental de la Vigilia de Pascúa.

 Deben leerse, por lo menos, tres lectúras del Antigúo Testamento y, en casos múy ú-
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rgentes, dos. Pero núnca se omita la tercera, tomada del Capíútúlo 14 del EÍ xodo.

 Preparar los cantos de la celebracioú n.

 Tener agúa bendita en algúú n lúgar qúe resalte.

RÍTÓS ÍNÍCÍALES

Primera parte: Lúcernario

Se apagan todas las lúces de la Íglesia. En ún lúgar adecúado, fúera de la capilla, se júnt
-a el púeblo y se enciende el fúego. Llega el celebrador con el cirio pascúal, ya pre
-parado con el anñ o y los clavos como indicado en el misal, y salúda al púeblo:

Ministro:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíúritú Santo.

Hermanos: En esta noche santa, en qúe núestro Senñ or Jesúcristo pasoú de la múerte a la
vida, La Íglesia invita a todos sús hijos, diseminados por el múndo a qúe se reúú n-
an para velar en oracioú n. Conmemoremos, púes, júntos, la Pascúa del senñ or, escúcha
ndo sú palabra y participando en sús sacramentos, con la esperanza cierta de participa
r tambieú n en sú triúnfo sobre la múerte y de vivir con eú l para siempre en Dios.

Monitor:

La celebracioú n de esta noche tiene cúatro partes:

1.
Primera: El rito del fúego. Se enciende ún cirio significando asíú la presencia d-e
Cristo Resúcitado.

2. Segúnda: La litúrgia de la Palabra.


Es la escúcha de las promesas de Dios y las maravillas qúe el Senñ or hizo desde el
principio.
3.
Tercera: la renovacioú n de las promesas baútismales. Significa el anhelo qúe sentimos
de encontrarnos con el senñ or, libres del pecado, renovados y renacidos por el
baútismo.

En esta Noche Santa, en qúe núestro Senñ or Jesúcristo pasoú de la múerte a la vida, la Ígl
-esia invita a todos sús hijos dispersos por el múndo a qúe se reúú nan para velar
en oracioú n. Celebremos, púes, júntos la Pascúa del Senñ or, con la esperanza de p-
articipar tambieú n en sú triúnfo sobre la múerte y de vivir con EÍ l
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para siempre en Dios.

Ensegúida bendice el fúego rociaú ndolo con el agúa bendita:

Ministro:

Óremos: Dios
núestro, qúe por medio de tú Hijo nos ha comúnicado el fúego de tú vida divina, bendi-
ce este fúego núevo y haz qúe estas fiestas pascúales enciendan en nosotros el d
-eseo del cielo, para qúe podamos llegar con ún espíúritú renovado a la fiesta gloriosa
d-e tú Reino. Por Jesúcristo, núestro Senñ or.

Al finalizar la oracioú n, el celebrante toma el cirio y con ún púnzoú n, graba


úna crúz en el cirio. Despúeú s traza sobre eú l la letra griega Alfa y, debajo, la letra Ómega
entre los brazos de la crúz traza los núú meros del anñ o en cúrso, mientras dice:

1. Cristo Ayer y hoy

Traza la líúnea vertical

2. Principio y fin

Traza la líúnea horizontal

3. Alfa

Traza la letra Alfa, arriba de la líúnea vertical

4. y Ómega

Traza la letra Ómega, debajo de la líúnea vertical

5. Súyo es el tiempo
Traza el primer núú mero del anñ o en cúrso, en el aú ngúlo súperior izqúierdo de la crúz

6. y la eternidad

Traza el segúndo núú mero del anñ o en el aú ngúlo inferior izqúierdo

7. A eú l la gloria y el poder

Traza el tercer núú mero del anñ o en el aú ngúlo inferior izqúierdo


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8. por los siglos de los siglos. Ameú n

Traza el cúarto núú mero del anñ o en el aú ngúlo inferior derecho.

Despúeú s de haber trazado la crúz y los demaú s signos, el celebrante púede incrústar en
el cirio cinco granos de incienso, en forma de crúz, diciendo al mismo tiempo:

1. Por sús santas llagas

2. gloriosas,

3. nos proteja

4. y nos gúarde

5. Jesúcristo, núestro Senñ or. Ameú n.


El ministro enciende el cirio diciendo:

Ministro:

Qúe la lúz de Cristo Resúcitado y glorioso disipe las tinieblas de núestro


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corazoú n y de núestro espíúritú.

El ministro eleva el cirio y canta (o simplemente recita):

Cristo lúz del múndo.

El púeblo responde: Demos gracias a Dios.

Avanza y se coloca en la entrada del templo y recita o canta de núevo:

Cristo lúz del múndo.

El púeblo responde: Demos gracias a Dios.

Aqúíú se encienden las velas de las personas y van pasando al interior del templo.
Al llegar al altar el ministro dice por tercera vez:

Cristo lúz del múndo.

El púeblo responde: Demos gracias a Dios.

Aqúíú se encienden las lúces de la capilla, pero no se encienden las velas del altar,
esto seraú posteriormente.

Ensegúida el celebrador va al amboú n y hace la proclamacioú n del Pregoú n Pascúal.


PRÓCLAMACÍÓÍ N DEL PREGÓÍ N PASCUAL

Aleú grense, por fin, los coros de los aú ngeles,

Aclamar con núestras voces


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Aleú grense las jerarqúíúas del cielo

Y con todo el afecto del corazoú n,

Y, por la victoria de rey tan poderoso

A Dios invisible, el Padre todopoderoso,

Qúe las trompetas anúncien la salvacioú n.

Y a sú úú nico Hijo, núestro Senñ or Jesúcristo.

Goce tambieú n la tierra, inúndada de tanta claridad,

Porqúe eú l ha pagado por nosotros

Y qúe, radiante con el fúlgor del rey eterno,

Al eterno Padre la deúda de Adaú n

Se sienta libre de las tiniebla qúe cúbríúa el orbe eterno.

Y ha borrado con sú sangre inmacúlada

La condena del antigúo pecado.

Aleú grense tambieú n núestra madre la Íglesia

Porqúe eú stas son las fiestas de Pascúa,

Revestida de lúz tan brillante;

En las qúe se inmola el verdadero Cordero

Resúene este templo con las aclamaciones del púeblo.

Cúya sangre consagra las púertas de los fieles.

Esta es la noche en qúe sacaste de Egipto


M. El Senñ or esteú con Ustedes

F. Y con tú espíúritú

M. Levantemos el corazoú n
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F. Lo tenemos levantado hacia el Senñ or.

M. Demos gracias al Senñ or, núestro Dios.

F. Es jústo y necesario.

A los israelitas, núestros padres,

Y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en qúe la colúmna de fúego Esclarecioú las

tinieblas del pecado.

En verdad es jústo y necesario

Esta es la noche qúe a todos los qúe creen en Cristo

Por toda la tierra,

En esta noche de gracia, acepta Padre Santo,

Los arranca de los vicios del múndo

El sacrificio vespertino de esta l ama,

Y de la oscúridad del pecado,

Qúe la santa Íglesia te ofrece

Los restitúye a la gracia y los agrega a los santos.

En la solemne ofrenda de este cirio,

Óbra de las abejas.


Esta es la noche en qúe,

Rotas las cadenas de la múerte

Sabemos ya lo qúe anúncia esta colúmna de fúego,

Cristo asciende victorioso del abismo

Qúe arde en llama viva para la gloria de Dios.


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¿De qúeú nos serviríúa haber nacido

Y aúnqúe distribúye sú lúz, no mengúa al repartirla,

si no húbieú ramos sido rescatados?

Porqúe se alimenta de cera fúndida

¡Qúeú asombroso beneficio de tú amor por nosotros!

Qúe elaboroú la abeja fecúnda

¡Qúeú incomparable ternúra y caridad!

Para hacer esta laú mpara preciosa.

¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!

¡Qúeú noche tan dichosa,

Necesario fúe el pecado de Adaú n,

en qúe se úne el cielo con la tierra,

Qúe ha sido borrado por la múerte de Cristo.

lo húmano con lo divino!

¡Feliz la cúlpa qúe merecioú tal Redentor!

Te rogamos, Senñ or,

¡Qúeú noche tan dichosa!

Qúe este cirio consagrado a tú nombre

Soú lo el a conocioú el momento

Para destrúir la oscúridad de esta noche,


En qúe Cristo resúcitoú al abismo.

Arda sin apagarse y, aceptado como perfúme,

Esta es la noche de la qúe estaba escrito:

Se asocie a las lúmbreras del cielo.

“Seraú la noche clara como el díúa,


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La noche ilúminada por mi gozo”.

Qúe el lúcero matinal lo encúentre ardiendo,

Ese lúcero qúe no conoce ocaso,

Y asíú, esta noche santa ahúyenta los pecados,

Jesúcristo, tú Hijo,

Lava las cúlpas, devúelve la inocencia a los caíúdos,

Qúe volviendo del abismo.

La alegríúa a los tristes, expúlsa el odio,

Brilla sereno para el linaje húmano

Trae la concordia, doblegada a los potentes.

Y vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Ameú n.

LÍTURGÍA DE LA PALABRA
En esta Vigilia, se proponen núeve lectúras: siete del Antigúo Testamento y dos del ún-
evo (La Epíústola y el Evangelio). Por razones pastorales púede redúcirse el núú mero de l
ectúras del Antigúo Testamento. Deben leerse, por lo menos, tres lectúras del Antigúo
Testamento. Núnca se omita la tercera lectúra, tomada del capíútúlo 14 de EÍ xodo.

Terminado el pregoú n, todos apagan sús velas y se sientan. Antes de comenzar las lectú
-ras, el monitor exhorta a la asamblea con estas palabras ú otras semejantes:
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Monitor:

Hermanos:

Con el
pregoú n solemne de la Pascúa, hemos entrado ya en la noche santa de la resúrreccioú n
del Senñ or. Escúchemos con recogimiento la palabra de Dios. Meditemos coú mo, en
la antigúa alianza.
Dios salvoú a sú púeblo y en la plenitúd de los tiempos, envioú al múndo a sú Hijo para q-
úe nos remidiera.

Óremos para qúe Dios, núestro Padre, condúzca a sú plenitúd esta obra de salva
-cioú n, iniciada con la múerte y resúrreccioú n de Jesúcristo.

Sigúen lúego las lectúras. Un lector va al amboú n y lee la primera lectúra.

Despúeú s del salmista dice el salmo. Ensegúida todos


se levantan, el celebrador dice oremos y despúeú s de qúe todos han
orado en silencio dúrante únos momentos, dice la oracioú n colecta. Lo mismo
se hace en cada lectúra.

En lúgar de decir el salmo responsorial, se púede gúardar ún breve espacio de silencio


para hacer oracioú n.

En este caso se omite la paúsa despúeú s del “oremos”.

Se leen las lectúras, los salmos y la epíústola.

Alelúya y Salmo despúeú s de la Epíústola


Terminada la epíústola, todos se ponen de pie y el celebrador entona el Alelúya, qúe tod
-os repiten. Lúego ún salmista dice el salmo al qúe el púeblo responda. Alelúya.

R. Alelúya, alelúya.

Te damos gracias, Senñ or, porqúe eres búeno, porqúe tú misericordia es eterna. D
iga la casa de Ísrael: “Sú misericordia es eterna”. R.

La diestra del Senñ or es poderosa, la diestra del Senñ or es núestro orgúllo.


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No morireú , continúareú viviendo, para contar lo qúe el Senñ or ha hecho. R.

La piedra qúe desecharon los constrúctores, es ahora la piedra angúlar. Esto es obra

de la mano del Senñ or es ún milagro patente. R.

Ministro:

A continúacioú n se proclama el evangelio correspondiente

CÍCLÓ A Evangelio segúú n San Mateo 28, 2-10

CÍCLÓ B Evangelio segúú n San Marcos 16, 1-7

CÍCLÓ C Evangelio segúú n San Lúcas 24, 1-12

El Ministro púede hacer úna breve meditacioú n acerca de la Palabra de Dios qúe se ha
proclamado o bien leer la sigúiente reflexioú n:

Reflexioú n

El púeblo de Ísrael en úna celebracioú n litúú rgica, recúerda el acontecimiento histoú


-rico de sú liberacioú n de la esclavitúd en Egipto; hacer memoria de ello le ayúda
raú a tomar conciencia de sú pertenencia como púeblo escogido de Dios.

La salida hacia la tierra prometida, la persecúcioú n de los egipcios, el paso por el


Mar Rojo, seraú n los hechos maú s importantes de la historia sagrada del púeblo d-
e Ísrael. Dios les abre ún camino en el mardividiendo las agúas para salvarlos d-
e la persecúcioú n de sús enemigos qúe finalmente múeren ahogados en el mar. De
-sde entonces fúe el centro de la confesioú n de fe del púeblo de generacioú n en gene
-racioú n.

Los antepasados hebreos (israelitas), cúando peregrinaban con sús rebanñ os, celebraba
n cada anñ o la Pascúa del cordero en la primera lúna llena de la primavera, noche
del primer mes qúe marcaba el inicio del anñ o. Al anochecer se inmolaba el
cordero o ún cabrito sin defecto y sin mancha, de ún anñ o, se lo comíúan con panes aú zim
os (sin levadúra) y hierbas amargas.
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El Senñ or Jesúú s celebroú tambieú n la Pascúa. El Senñ or se reúnioú con sús discíúpúlos aparte,
segúú n la tradicioú n júdíúa de aqúel tiempo. "El primer díúa de la fiesta en fúe se comen los
panes sin levadúra, cúando se sacrificaba el Cordero Pascúal, sús discíúpúlos le dijeron"
¿Doú nde qúieres qúe vayamos: a preparar la cena de Pascúa?" (Mt 26, 17).

Renovacioú n de las promesas Baútismales

Terminada la reflexioú n todos se ponen de pie y encienden de núevo sús velas.

Monitor:

Hermanos:

Por medio del baútismo, hemos sido hechos partíúcipes del misterio pascúal de Cristo;
es decir, por medio del baútismo, hemos sido sepúltados con eú l en sú múerte para resú
-citar con eú l a úna vida núeva. Por eso, despúeú s de haber terminado el tiempo de Cúare
-sma, qúe nos preparoú a la Pascúa, es múy conveniente qúe renovemos las promesa
s de núestro baútismo, con las cúales ún díúa renúnciamos a Satanaú s y a sús obr-
as y nos comprometimos a servir a Dios, en la Santa Íglesia catoú lica.

Ministro:

¿Renúncian ústedes al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

Síú, renúncio.

¿Renúncian a todas las sedúcciones del mal para qúe el pecado no los esclavice?

Síú, renúncio.

¿Renúncias a Satanaú s, padre y aútor de todo pecado?

Síú, renúncio.
¿Creen ústedes en Dios, padre todopoderoso, creador del cielo y la tierra?

Síú, creo.

¿Creen en Jesúcristo, sú Hijo úú nico y Senñ or núestro, qúe nacioú de la Virgen Maríúa.

Padecioú y múrioú por nosotros, Resúcitoú y estaú sentado a la derecha del padre?
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Síú, creo.

¿Creen en el Espíúritú Santo, en la santa Íglesia Catoú lica, en la comúnioú n de los santos,

en el perdoú n de los pecados, en la resúrreccioú n de los múertos y en la vida eterna?

Síú, creo.

Qúe Dios todopoderoso, Padre de núestro Senñ or Jesúcristo, Qúe nos liberoú del pecado
Y nos
has hecho renacer por el agúa y el Espíúritú Santo, nos conserve con sú gracia únidos a J
esúcristo núestro Senñ or, y hasta la vida eterna.

Ameú n.

El celebrador rocíúa al púeblo con el agúa bendita, mientras todos cantan ún canto

baútismal: Baútíúzame Senñ or con tú Espíúritú, etc.

Realizado esto, el ministro regresa a sú lúgar, de donde dirige la Óracioú n Universal.

Óracioú n Universal

Ministro:

Óremos confiadamente a Cristo resúcitado qúe vencioú el pecado y la múerte y nos da

la lúz de la vida por


medio de sú resúrreccioú n diciendo confiadamente: Te rogamos, Senñ or
Monitor:

Por la Íglesia, signo de Vida y esperanza en medio de todos los púeblos. Rogúemos al
senñ or.

R. Te rogamos, Senñ or.

Por los núevos baútizados, para qúe confirmen sú núevo nacimiento con la fe y el testi-
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monio de úna vida injertada en Jesúcristo. Rogúemos al Senñ or. R.

Por el anúncio de la Búena Noticia a todos los hombres. Rogúemos al Senñ or. R.

Por la paz, jústicia y la solidaridad entre todos los hombres y todos los púeblos,
frútos de la Pascúa del Senñ or. Rogúemos al Senñ or. R.

Por cúantos celebramos esta Noche Santa con la renovacioú n de núestra fe, de

núestro baútismo, de núestra vida de hijos de Dios y hermanos de Jesúú s. Rogúemos al


Senñ or. R.

Ministro:

Senñ or Jesúcristo, qúe con tú resúrreccioú n renovaste la creacioú n y el hombre, infúnde t-


ú Espíúritú de amor en nosotros, para qúe amando como túú nos amaste, seamos testigo-
s de la vida núeva qúe por el Baútismo hiciste brotar en núestros corazones.

Túú qúe vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Ameú n

No se dice Credo.
RÍTÓ DE CÓNCLUSÍÓÍ N

El ministro invoca la bendicioú n final y hace la senñ al de la crúz sobre síú.

El Senñ or nos bendiga, nos gúarde todo mal y nos lleve a la vida eterna.

El púeblo responde: Amen


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Ministro:

En el nombre del Senñ or, púeden ir en paz, ¡Alelúya, Alelúya!

El púeblo responde: Demos gracias a Dios, ¡Alelúya, Alelúya!

Parar finalizar, el ministro y sús ayúdantes hacen reverencia o genúflexioú n si hay Santíú-
simo, mientras se retiran se entona ún alegre canto de accioú n de gracias.