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© 2003 Instituto de Libre Empresa


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Website: www.ileperu.org

© 2006 Segunda edición ampliada

Derechos Reservados © Instituto de Libre Empresa,

Lima, diciembre de 2006.

Prohibida la reproducción parcial o total de las características graficas de este libro.


Ningún párrafo de esta edición puede ser reproducido, copiado o transmitirlo sin
autorización expresa del instituto.

Este libro es vendido bajo la condición de que por ningún motivo, sin mediar expresa
autorización del instituto, será objeto de utilización económica alguna, como ser
alquilado o revendido.

Diseño de carátula y diagramación: Wilson Carpio Tejada

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú No. 2006-11533

Tiraje: 1,000 ejemplares Impreso en el Perú


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Indice
Dedicatoria
Reconocimientos
Prólogo de Álvaro Vargas Llosa

01 PROPÓSITOS DEL LIBRO: “La Salida” en síntesis


La salida no es por el Aeropuerto
Para quiénes es este libro
¿... es “neoliberal”?
Tres opciones para nuestro futuro ...
... El futuro de Ud., mío y de todos los peruanos
LA SALIDA en 12 puntos
¿”Reglas claras y estables”?
¿La inversión privada tiene que ser necesariamente extranjera?

14 INTRODUCCIÓN: ¿Qué está pasando en el Perú?


Diagnóstico económico y político
Los tres sectores de la economía peruana
¿Hay un diagnóstico político?

PARTE I: LIBERALISMO EN ESENCIA

19 CAPÍTULO I : Conceptos Básicos


Libertad y otros valores
Liberalismo económico y político; democracia y Estado de Derecho
Democracia liberal
Fundamento moral del liberalismo
Los tres pilares del liberalismo
Gobiernos limitados
Mercados libres
Instituciones privadas separadas del Estado
Algunas reflexiones filosóficas
Opciones y estilos de vida e intereses
Neutralidad y prescindencia del Gobierno
Filosofía realista
¿Qué es estatismo?
Cómo se justifica la privatización
Causas y consecuencias del estatismo
Mercantilismo, socialismo, y “terceras vías”

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CAPÍTULO 2: La Riqueza se Produce 44
Liberalismo económico, la fórmula de crear riqueza
¿Quién reparte la riqueza en un orden liberal?
¿Y la “justicia social”?
4 razones por las cuales el estatismo genera pobreza
9 razones por las cuales el liberalismo no es adoptado
El estatismo es inmoral
Empleo, inversiones, corrupción
¿Cómo aplicar el remedio? ¿De forma gradual?

CAPÍTULO 3: Objeciones y Confusiones 59


Economía “social” de mercado
“Subsidiariedad”
Imperialismo, “fase superior del estatismo”
“Gobernabilidad” y “macroeconomía”
Liberalismo y “libertinaje”
Neutralidad, pluralismo y tolerancia
Anarquía y anarquismo, derecha e izquierda
Liberalismo para el Perú: ¿qué va a pasar con los pobres?
Distribución del ingreso y desigualdades
Explosión productiva, “Shock de Oferta con Deflación”
El liberalismo y los ricos
Principios y valores liberales
“Explotación”
Servicio a los demás y Estado “promotor”
Filosofía liberal
Liberalismo: casos históricos y más actuales de aplicación
Naciones divididas
¿Es viable la salida liberal?

PARTE II: ESTATISMO VERSUS LIBERALISMO

CAPÍTULO 4: Capitalismo 88
Liberalismo y capitalismo
“Manual del Buen Gobernante” escrito por la izquierda
Capitalismo: buen sistema, mal defendido
Empresa y mercado
Eficiencia, justicia, moralidad
Discriminaciones
Moralidad y cristianismo
“Poder económico”
EEUU, Europa y los mal llamados “fallos” del mercado
Monopolios
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Interés público e intereses privados
Libre comercio
Miscelánea de leyendas negras

114 CAPÍTULO 5: Sabio Consejo


Consejo de Dios a las Naciones
¿Modelo bíblico de Gobierno?
“Venga a nosotros tu Reino ...”
La experiencia de la historia universal de las naciones
Más normas de Dios
La desobediencia al Consejo de Dios y sus consecuencias

128 CAPÍTULO 6: Precisando Conceptos


Política económica
La crisis actual y cómo salir
Falsas salidas: educación, PYMEs, etc.
Inversiones, tecnología, globalización ...
Estatismo disfrazado: “Neoliberalismo” y reformas de los ‘90
Despejando malentendidos sobre recursos naturales, empleo, crédito,
gasto corriente, etc.
Preguntas sobre la transición: tiempo de duración, los pobres, la
educación, los gremios

PARTE III: EL CAMINO AL ORDEN LIBERAL

149 CAPÍTULO 7: Liberales al Congreso


La Política y el Estado
Democracia, Estado de Derecho, “consenso”, etc.
Reforma Judicial, Constitución, Gobiernos locales
Partido liberal
¿La gente vota por ideas en una campaña electoral?
La Salida: Derogar Las Leyes Malas

166 CAPÍTULO 8: Zonas Económicas Especiales


¿Gradualismo o shock?

169 CAPÍTULO 9: Valores, Argumentos y Estrategias Liberales


La razón, el mercado, el Derecho y la democracia
Individualismo, colectivismo, laissez faire
Adjetivos calificativos
Argumentos liberales
Defensa integral del liberalismo

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PARTE IV: ESPECIAL DE LA SEGUNDA EDICIÓN

I. Etnocacerismo (Tres partes) 178


II. Liberalismo de base: Revisando grietas en el piso 196
III. Un liberalismo impotente (Más grietas en el piso) 211
IV. De vuelta a los básico: fórmula práctica..... 221
V. El capitalismo es femenino y el socialismo es machista 235
VI. La salida es el liberalismo: cambio de sistema, el cambio para 246
mejor
VII. El liberalismo, ¿es una tercera posición? 254
VIII. Vivir sin robar (por qué no somos demócratas) 257
IX. ¿Un liberalismo social? Y el problema con los demócratas 274
X. ¿Puede un liberal ser demócrata? Seis preguntas sobre democracia 284
XI. Homo estatismo: ¿Casamiento homosexual, estatal o contractual? 289
por la privatización del matrimonio
XII. Cuba (I y II) 297
XIII. La Salida = Liberalismo Clásico + Autonomías Regionales 310
XIV. Liberalismo autonomista: La alternativa al chavismo 322
XV. Sigue secuestrado, mutilado e impotente el liberalismo clásico 329
XVI. 95 preguntas y respuestas sobre la libertad 339
XVII. Ideología y empresarialidad 383
XVIII. El primer socialista 421
XIX. El sabio ignoto de una ciudad sitiada 423
XX. ¿Hay algo peor que un mal gobierno? 424
XXI. República: la forma mixta y equilibrada 426
XXII. Consejo de Dios a las Naciones 433
XXIII. La Fórmula del Buen Gobierno 434
XXIV. Categorías metafísicas se buscan 435
XXV. ¿Qué se nos hizo la inteligencia? 449
XXVI. Raíces cristianas del liberalismo y católica del capitalismo 455

Epílogo especial: “No hay Receta Mágica” 466

APÉNDICE

Proyecto Real. Región autónoma y libre 473


Manifiesto de la I Conferencia Liberal Hispanoamericana: La carta de 486
los 11 derechos
Declaración de Objetivos de la Conferencia Liberal Hispanoamericana 493
Acta de Guayaquil. Proyecto de Declaración 501
Ética en los Negocios: Decálogo de Moralidad Empresarial 508

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CONCLUSIÓN

511 Lista de Leyes Malas


Actividades económicas
“Proteccionismo”, subsidios, profesiones y oficios
Trabajo y relaciones laborales
Moneda, banca y finanzas, seguros
Actividades denominadas “sociales”
Criminalidad y justicia
Impuestos

532 Resumiendo para Concluir


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LA SALIDA
o la solución a los problemas económicos y
políticos del Perú, Venezuela y América Latina

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Dedicatoria

A Barry Conner, Alejandro Chafuén, Enrique Ghersi, Myriam Ortiz, José


Luis Sardón, Álvaro Vargas Llosa y Ian Vázquez, con afectuoso
agradecimiento. Y a Carlos Begazo, agricultor arequipeño emigrado a
Francia.

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Reconocimientos

Este libro ha visto la luz gracias a invaluables contribuciones y aportes de


todo género, brindadas por muchas personas, con generosidad y
desprendimiento. Entre otras: Carlos Adrianzén, César Alfaro, Obed
Álvarez, Paulino Anticona, Luis Arri, Fernando Barrios, Manuel Calloquispe,
Julio Camino, Fernando Cantuarias, José Luis Casabonne, Daniel Córdova,
Luis García Corrochano, Gilberto Hurtado, Vicky Imata, Favio León, Manuel
Liccien, Miguel Linares, Carlos y Hugo Roberto Mansueti, Santos Mercado,
Malaquías Navas, Juan Carlos Palacio, Carlos Pastor, Humberto Pérez,
Walter Puelles, Francisco Rovalo, José Manuel Saavedra, Federico Salazar,
Jan Paul Tenazoa, Álvaro Valdez, Ricardo Valenzuela, Carlos Valles,
Mamerto Vega, Demetrio Villacorta, Daniel Vizarraga.

Muy especialmente: familias Tapia Rocha y Vizarraga Robles.

Pero los juicios y apreciaciones vertidos corren por cuenta exclusiva del
autor.

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Prólogo

Alberto Mansueti se equivocó de siglo, de país y de género. Debió ser un


profeta bíblico, un jesuita salamantino, un calvinista helvético, un filósofo
escocés o un constitucionalista fundador de los Estados Unidos. Como no
fue ninguna de esas cosas, este argentino afincado durante mucho tiempo
en Venezuela para el que no fue inventado el pasaporte nos ofrece un
libro, “La Salida”, resultado de los meses que acaba de pasar observando
–absorbiendo- el Perú. Con la colaboración de José Luis Tapia y el Instituto
de Libre Empresa, brinda a los peruanos su convicción de que “la salida”
no es por el aeropuerto, sino por una ruta mucho más transgresora. No
se trata de una “revolución” sino de una “devolución” liberal que pone de
cabeza todos los supuestos sobre los que está construido el sistema que
rige –que sofoca- a los peruanos. Propone “apoderar” a todos los
ciudadanos, hoy víctimas del despojo, a manos del Estado y sus satélites
privados, de esos derechos que, restituidos a sus propietarios, serán
nuestra carta de triunfo.

El diagnóstico es sugerente. La economía ha sido tasajeada en algo así


como tres segmentos: el “informal”, que goza de libertad porque elude
las reglas, pero carece de capital porque el costo de acceder a él es
privativo; el “formal”, que sí posee capital pero no libertad porque se
somete a las reglas; y el “estatal”, único que goza, gracias a los impuestos
y el monopolio de la fuerza, tanto de libertad como de capital, habiendo
despojado de ambos a quienes informan la economía privada.

El resultado es el empobrecimiento general. Las empresas formales no


pueden crecer más y por tanto no pueden pagar altos salarios a muchas
más personas para que a su vez adquieran los bienes y servicios de las
empresas pequeñas y medianas, y éstas, ante la ausencia de un mercado
con capacidad adquisitiva, se dedican en muchos casos a venderles sus
productos a los empleados públicos. El segmento “formal”, que constituye
sólo 2 por ciento de las empresas privadas, produce el 60 por ciento de
la riqueza, mientras que el otro 98 por ciento exhibe una productividad
agónica.

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La solución no está en atacar los síntomas, por ejemplo otorgando títulos
de propiedad a los “informales” o créditos a las PYME, sino en derogar,
una a una, todas las leyes y normas mediante las cuales el Estado ha
desbordado su ámbito natural: la protección del ciudadano contra la
violencia o el fraude, y la ejecución de algunas obras de infraestructura
pública. Todas las otras leyes –que cobran diversos impuestos, exigen
licencias, confieren monopolios o crean barreras contra el libre acceso,
“regulan” mercados mediante una defensa del consumidor y de la
competencia que logra lo contrario, discriminan entre oficios y profesiones,
interfieren el contrato de trabajo- deben ser eliminadas. El resultado será
un “shock de oferta”, es decir la producción vertiginosa de bienes y
servicios, el aumento de la capacidad adquisitiva de la gente y la
acumulación de capital.

Lo mismo ocurrió en la Roma republicana, la España de las tres culturas,


las Provincias Unidas holandesas al independizarse de Felipe II, la Escocia
del XVIII, las Trece Colonias o la Inglaterra del XIX. Y si alguien cree que
la diversidad cultural del Perú es un “hábitat” inadecuado para tanta
maravilla, ofrezco, además de los ejemplos de “La Salida”, éste otro:
durante su exilio inglés en el siglo XVIII, Voltaire apuntó con asombro, en
sus famosas “Cartas Filosóficas”, cómo la Bolsa de Valores era el agente
de la convivencia pacífica entre cristianos, judíos y musulmanes.

Mansueti desmonta el mito de que las reformas de los años 90 fueron


“liberales”, mostr ando cómo las tres premisas –gobierno limitado,
mercados libres, instituciones privadas autónomas- no se dieron. De allí
la resaca de nuestros días. “Nos hemos dejado llevar –aúlla- hasta las
últimas líneas de defensa porque no supimos mantenernos firmes en las
primeras”.

Destaco otros aportes de “la Salida”. Primero, la invocación de la antigua


raíz liberal hispánica, desde los reyes visigodos limitados por los Fueros
hasta Ortega y Gasset, pasando por las “Siete Partidas” de Alfonso el
Sabio, los teólogos de la Escuela de Salamanca y la Constitución de 1812,
que dio al mundo la palabra “liberalismo”. No hay, pues, nada enajenante,
sino todo lo contrario, en esta visión que es uno de los afluentes de
nuestro propio río cultural.

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También asoma el liberalismo bíblico, en especial el de aquellos libros –
Deuteronomio, Samuel, Josué, Jueces, Rut, etc.- que narran aquella
sabiduría, hecha de gobierno limitado, de la que fluyeron el éxito creador
y la convivencia pacífica de las Doce Tribus de Israel. La decadencia –
como lo indica el libro de Reyes- se inicia con el estatismo.

Bebiendo en éstos y otros abrevaderos –por ejemplo, la filosofía realista


de estirpe aristotélica que muere en cierta forma con Descartes- “La
Salida” fija el liberalismo sobre bases morales antes que económicas.
Armado con semejante panoplia, el libro, heredero de la vieja tradición
panfletaria de la libertad, desemboca en un llamado a la acción. La
convocatoria incluye, además de la idea de copar el Congreso de tribunos
dispuestos a derogar las malas leyes, la propuesta de crear unas “zonas
especiales” liberales en determinadas provincias para que podamos
comparar sus resultados con el resto del país, de modo que el ejemplo
lleve a la población a reclamar para el conjunto lo que la clase dirigente
elude por temor, ignorancia o interés.

Y adiós, aeropuerto.

Alvaro Vargas Llosa

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1

PROPÓSITO DEL LIBRO:

LA SALIDA en síntesis
La salida no es por el Aeropuerto

Hartos estamos todos de recesión y desempleo, huelgas y protestas,


pobreza, criminalidad -terrorista y común-, escándalos, confusión política
e incertidumbre. Al punto que muchos jóvenes piensan en irse del Perú:
“¡Paren el país; yo me bajo!” Los descendientes de inmigrantes revisan
amarillos certificados de sus ancestros para cruzar el Atlántico, aunque
su porvenir europeo es muy incierto, dada la escasa recuperación de la
economía en el Viejo Mundo, víctima todavía de la “euroesclerosis” por
su porfiada insistencia en el socialismo democrático.

Hace unos 100 años, la salida aparentemente era emigrar, pero el


movimiento era exactamente inverso: en Europa, ¡se formaban largas
colas ante Embajadas y consulados peruanos y otros latinoamericanos!
Así llegaron millones de europeos a nuestras tierras, llenas de promesas
y esperanzas para el futuro, y concretaron sus sueños.

¡Qué contraste! ¿Qué pasó?

Que entre 1880 y 1930 aproximadamente -medio siglo-, nuestras naciones


progresaron. Porque practicaron un sistema más o menos liberal, sin
interferir la legislación o los Gobiernos en las actividades de los particulares.
Casi sin más leyes que los Códigos Civil, de Comercio, Penal -y de
procedimientos respectivos-, que los tribunales aplicaban juiciosamente
en defensa de la vida, libertad y propiedades de las personas. Los
Gobiernos eran muy limitados en funciones, atribuciones, tamaño y gastos;
sin reglamentaciones, ni tantos impuestos. Cada tanto pagaban los
Gobiernos sus deudas. Y salvo alguna que otra desafortunada guerra, se
dedicaban principalmente a construir caminos y carreteras, puentes,
puertos, ferrocarriles, y otras obras públicas de infraestructura en
comunicaciones, y a colectar moderados impuestos para financiarlas. No
gozaban de tantos poderes y atribuciones como ahora. Y excepto por la
2

educación estatal y algunos hospitales, no incursionaban en actividades


privadas por naturaleza. Hasta el dinero era emitido por bancos privados
en muchos países, con ortodoxo respaldo metálico. Tuvimos:
Gobiernos limitados, en funciones -orden, seguridad, justicia,
infraestructura-, y por ende en poderes y recursos;
mercados libres;
e instituciones privadas separadas del Estado.

Las cosas no eran perfectas; pero cuanto más liberales y prescindentes


los Gobiernos, más abundaban las oportunidades de inversión, y florecían
los negocios y la economía. Por eso los inmigrantes llegaban a quedarse
-entre ellos, el abuelo Mansueti-, y los capitales a invertirse. (Cuando la
gente desconfía del liberalismo y pregunta “¿en cuál país se aplicó?”,
vale responder: “En el nuestro. No busques en la Geografía lo que está
en la Historia.”)

Sin embargo, a partir de 1930 nuestras naciones se fueron apartando de


esta senda, cada vez más lejos. Y comenzaron problemas y dificultades
cada vez más graves. Porque las autoridades se arrogaron la atribución
de tomar por los ciudadanos muchas decisiones que antes les estaban
reservadas. Los Congresos dictaron leyes intervencionistas o estatistas,
de tipo laboral y profesional, para cada oficio o quehacer, y cada una de
las actividades económicas: agricultura, industrias, banca y comercio,
transporte, seguros, etc.; y no económicas también: educativas y
culturales, médicas, artísticas, etc. Extensas y poco claras, estas leyes
se fueron reformando cada tanto, para hacerse cada vez más largas,
confusas y entrometidas. En aplicación de ellas hubo reformas agrarias,
empresas estatales, y “proteccionismo económico” con punitivos
aranceles. Los Gobiernos se hicieron enormes, y muy gastadores. Para
sufragar sus gastos crecientes, se generalizó el sistema bancocentralista
de dinero puramente fiduciario, y con él, la inflación, por la cual los
Gobiernos se financiaron imprimiendo billetes, que encarecieron los bienes
y servicios por reducción del poder adquisitivo de la moneda. Los
Gobiernos cercenaron libertades privadas con selváticas reglamentaciones
-legislativas o ejecutivas-, y recortaron los presupuestos particulares con
crueles inflaciones y devaluaciones, y/o confiscatorios impuestos. Y se
acostumbraron a vivir endeudados, incitando a empresas y familias a
seguir su mal ejemplo.

¿Resultados? A la vista. Y de allí los deseos de emigrar.


3

Para quiénes es este libro

Menos Impuestos.
LA SALIDA Leyes generales, en lugar de regulaciones.
Poner al estado en su lugar.

Para quienes deseen saber sobre liberalismo, la salida para el Perú, y


América latina:
La salida es política antes que económica, ya que son legales,
gubernativos y políticos los escollos que entraban la economía y nos
empobrecen. El estatismo se concreta y encarna en las leyes
intervencionistas o “leyes malas”. Derribando y quitando de en medio
estos obstáculos se liberan las fuerzas productivas. La salida: revertir
el estatismo.
Pasa por la formación de una opinión y un partido liberales,
¡imprescindibles para tener congresistas liberales!
Y se basa en valores morales más que utilitarios, incluso valores
cristianos.

El libro reproduce apuntes y cuadros sinópticos empleados en las clases


de la Escuela Liberal del ILE, y en la Escuela Bíblica de Gobierno. Sus
participantes son jóvenes y no tan jóvenes de toda condición social,
procedencia geográfica y educación, que se forman para incursionar en
la política, o simplemente para entender lo que pasa. “La Salida” no tiene
notas bibliográficas como los textos universitarios; es sólo estímulo e
introducción a otras lecturas. Pero es un libro vivo: en partes tiende a
reescribirse con cada edición, gracias a las maravillosas posibilidades
abiertas por la informática, y a las inquisitivas -y a veces terribles-
preguntas de los lectores. Y para quienes han pensado o piensan salir del
Perú, el libro contiene un mensaje: “No se vayan, Europa también es
socialista. Desandemos la vía estatista, derogando sus leyes, y regresemos
así al progreso.”

No es fácil conseguir textos liberales, y menos en español. Nadie los pide


a los libreros, y éstos no los encargan. Los profesores de Economía,
Derecho y Ciencias Políticas deberían al menos exponer la orientación
liberal, pero lamentablemente no la conocen, y por eso no la transmiten,
o lo hacen de manera tendenciosa y/o distorsionada. Los textos
obligatorios en la enseñanza son todos estatistas y antiliberales. Escasean
lectores interesados en seguirle la pista al liberalismo. Así el liberalismo
4

es ignorado, incluso por estudiantes y egresados universitarios, y sin


quererlo se hace un saber arcano, legado a los iniciados casi
clandestinamente, como el ocultismo. E igual pasa en el resto del mundo.
¿Por qué ...?

En primer lugar, porque se alzan numerosas objeciones contra el


liberalismo, sin fundamento. No obstante se han generalizado y
popularizado, y se toman por válidas y concluyentes. Se hace por ej.
sabiduría convencional que el liberalismo “favorece a los ricos”.
Y en segundo lugar, porque además de las objeciones, están las
confusiones y malentendidos, también numerosos. Ejemplo: el
“neoliberalismo”, tremenda confusión, madre de otras confusiones.

No se puede responder a las objeciones si las confusiones no se aclaran.


Por eso el libro consta mayormente de preguntas y respuestas. Y siendo
las objeciones y confusiones muchísimas, resultó un poco más extenso
de lo previsto. Muchos temas son tratados varias veces, en sucesivas
aproximaciones: primero se introducen, de modo escueto y sintético; y
más adelante se van desarrollando, en siguientes capítulos.

¿... es “neoliberal”?

Depende, ¿qué se considera “neoliberal”? ¿Las “reformas” de los ’90?


Eso no es liberalismo, no tiene nada que ver. Lo que las izquierdas de
todo el mundo llaman “neoliberalismo” -de modo entre acusador y
despectivo-, en realidad es seudoliberalismo, estatismo disfrazado, o
continuación del estatismo por otros medios. “Neoestatismo”.

Conviene comenzar por deslindar nítidamente liberalismo y “neo”.


Liberalismo es lo contrario a estatismo.

Estatismo es el desborde del Estado sobre las esferas privadas, y


consecuente control del Gobierno sobre toda actividad. Viene en tres
modalidades: mercantilista, socialista y “neoliberal”. La tercera es la
que más se aplica, sobre todo desde los ’90.

Liberalismo es el respeto a la libertad individual, y en consecuencia la


estricta separación de lo público y lo privado. Se traduce en tres
principios: Gobiernos limitados, mercados libres e instituciones
privadas separadas del Estado. Y no se aplica!, desafortunadamente.
5

ENFOQUE NEOLIBERAL LIBERALISMO


8 Temas
Quitaron Pusieron “Debieron Hacer”

Reducción de Gastos,
Cuentas Fiscales Déficit Ingresos
No lineal y Funcional

Privatizaciones Monopolios estatales Monopolios Privados Competencia abierta

Dirigismo Planificación Regulación Libre mercado

Impuestos +
Moneda Inflación Curso libre
Dolarización Forzada

Leyes de Defensa
Comercial, Pro Precios y Empresas
Precios Controles
Competencia y Libres
Regulaciones

Derechos Libre comercio sin


Importaciones Aranceles antidumping y aduanas y acuerdos
Salvaguardas comerciales

Crecimiento Hacia
Exportaciones Cepalismo Neutralidad
Afuera

Equilibrios
Intervencionismo Políticas Sectoriales Shock de oferta
Macroeconómicos

En los pasados ’90, los Gobiernos -llamados (por sus adversarios)


“neoliberales”-, acabaron por lo general con dos de las manifestaciones
más tradicionales, groseras y evidentes del estatismo: inflación y empresas
estatales. Pero en lugar de la inflación, no decretaron Gobiernos limitados
-y austeros-, sino enormes impuestos para pagar sus enormes gastos; y
en lugar de las empresas estatales, no decretaron mercados libres -
desregulación-, sino que nos metieron monopolios privados y agencias
“reguladoras”. Y en vez de aranceles, pusieron derechos “antidumping”.
Y salvo estos pocos cambios, en todo lo demás, el estatismo quedó más
o menos como estaba: el Estado siguió como maestro y profesor, médico,
mecenas cultural, deportivo y científico; y por supuesto, ductor y
“promotor” de actividades económicas. No hubo seria reforma del Estado,
con recorte de funciones estatales; y por consiguiente, de poderes y
recursos. Por ello el estatismo sigue, algo más modernizado y sofisticado.
6

Pero ahora es etiquetado “neoliberalismo” -injustamente, porque de liberal


no tiene nada-, lo cual origina mucha confusión. Con el mal llamado
neoliberalismo, el estatismo cambió nada más en los medios o
instrumentos empleados; en su manera de financiarse, y en su forma de
intervenir en la economía y las finanzas. Por eso las reformas de los ’90
fueron en realidad neo estatistas antes que neo liberales.

Tres opciones para nuestro futuro ...

¿Cómo será nuestro mañana?

Los peruanos sólo tenemos tres opciones:


Seguimos como vamos: el status quo más o menos “neoliberal”;
Retrocedemos a la variante primitiva del estatismo: la salida hacia el
pasado populista y estatista tradicional -sea mercantilista o socialista-
Avanzamos con el liberalismo de verdad: Gobiernos limitados y
mercados libres. La salida hacia el futuro.

Liberalismo Gobiernos limitados


(clásico) Mercados libres
Instituciones privadas separadas del Estado

... El futuro de Ud., mío y de todos los peruanos

¿Por qué precisamente YO (lector, lectora) debo interesarme en el


verdadero liberalismo?

Ideología
Ideología Política
Política Leyes
Leyes Economía
Economía

Porque los ingresos de cada uno de nosotros -incluyendo los tuyos-,


dependen de la situación económica general, y no sólo de lo que tú y
cada quien podamos hacer o no individualmente.
Y porque el comportamiento de la economía -bueno o malo- depende
de la calidad de las leyes. El crónicamente pobre desempeño de la
economía peruana se debe a la defectuosa legislación.
Y a su turno las leyes dependen del clima político reinante en el país:
en el Gabinete, los partidos, y muy especialmente en el Congreso,
encargado de hacer (o deshacer) las leyes. Sin leyes buenas no
tendremos economía sana.
7

Y a su vez, en una democracia el clima político depende del clima


ideológico: las ideas predominantes en la opinión pública. Porque los
líderes, grupos y sectores políticos son seguidores demasiado
obedientes de la multitud. Hasta que la opinión predominante en la
masa del pueblo no cambie, no tendremos cambio político.

Y si la cultura de izquierdas termina por imponerse otra vez en el Perú -


como en los años ’70 y ‘80-, poca esperanza cabe. El mañana del Perú
será como el hoy de Venezuela, Ecuador o Argentina: más populismo e
izquierdas en el poder. Si no queremos que ocurra, hay una sola salida:
reformas verdaderas de mercado libre, y completas. Porque de otro modo,
fracasan. Y las frustraciones y descontentos impulsan a equivocaciones a
los pueblos, cuando no han aprendido a votar.

La pregunta crítica es: los conceptos, juicios y valores socialmente


predominantes en el Perú -más allá de cierta retórica “mercadista” muy
a la moda-, ¿van a favor o en contra de la productividad, la creación de
riqueza, las inversiones privadas y las empresas e instituciones plenamente
libres? Y si se mencionan estos conceptos, ¿es liberalismo real, o es sólo
lenguaje retórico ...? No confundir: mucho político populista y socialista
“reciclado” usa palabras aparentemente muy “liberales”: globalización,
eficiencia, competencia, y apertura, pero alterando a su conveniencia los
significados de estos conceptos. (Hoy el colectivismo ya no habla como
antes -de proletariado, plusvalía o materialismo dialéctico e histórico-;
ha cambiado, pero sigue siendo piso filosófico del estatismo. Y los liberales
no podemos combatir el estatismo de hace 20 o 30 años, porque es el
mismo en esencia, mas no así en sus modalidades y formas.)

Necesitamos reformas de libre mercado de verdad. Y para ello, profundizar


y extender las ideas de libre mercado. No hay otra salida para el Perú. Y
tampoco para los otros países latinoamericanos, muy parecidos todos en
sus problemas.

LA SALIDA en 12 puntos

La solución inmediata a los problemas de nuestro país es el liberalismo


verdadero, que nunca ha sido aplicado en el Perú, ni en América latina.
En una presentación escueta, puede resumirse como sigue: consiste en
concretar, conjunta y simultáneamente, el siguiente conjunto consistente
de medidas y/o procesos.

1. Reforma del Estado, que lo redireccione a sus funciones esenciales


propias: seguridad interna y externa, orden público, administración
judicial, y obras de infraestructura material.
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2. Liberación y flexibilización de los mercados, eliminando obstáculos y


rigideces artificiales. El Congreso debe derogar las leyes malas -las
estatistas-, que imponen trabas y confieren privilegios a grupos de
intereses especiales, gremialistas o mercantilistas.

3. Rebaja sustancial de impuestos y deuda pública, consiguientes a la


reducción de gastos del Estado.

4. Reforma judicial: justicia honesta y capaz, imparcial y diligente, para


aplicar las antiguas normas de los Códigos Civil, de Comercio y Penal,
una vez recuperada su plena y universal vigencia como leyes generales.
Son las únicas “reglas de juego” requeridas por un país civilizado
para proteger jurídicamente las vidas, propiedades y libertades de
sus habitantes.

5. Alto a la criminalidad desbordada. Incluyendo la corrupción y otros


abusos de poder, que con el Estado sólo ocupado en lo suyo, se reducen
a niveles judicialmente tratables.

6. Acciones difundidas entre el público para privatizar la titularidad de


las empresas aún propiedad del Estado.

7. Recuperación y desarrollo de la economía por la vía de mercados y


contratos libres. Así los empleados y trabajadores liberados de las
oficinas estatales pueden ser ocupados por un sector privado en plena
expansión, y con mejores sueldos y salarios. Lo propio ocurre con el
capital, comenzando por la repatriación del nacional, y siguiendo por
las inversiones extranjeras. Con menos impuestos, hay dinero en el
bolsillo, y ahorros privados; y sin reglamentaciones, hay libertad para
asociarse, alquilar, comprar y vender, etc., anudando nuevas relaciones
productivas. Deviene un súbito crecimiento y multiplicación de
empresas, y puestos de trabajo más eficientes y competitivos. No
hay “costo social”. Los ahorros atraviesan el sector financiero -el cual
se profundiza-, y se reinvierten; así el proceso se hace sostenido y
creciente.

8. Crecimiento empresarial. Multiplicadas las inversiones, las más


eficientes empresas pequeñas ascienden al rango de medianas, y de
éstas, las mejores suben a grandes. Algunas cambian de ramo, otras
no. Algunas se orientan a la exportación, y otras al mercado nacional,
pero según los costos relativos comparados, y no los dictados de un
9

Ministerio o Junta de Planificación. Los vacíos dejados por las empresas


ascendentes son ocupados por nuevas empresas. Los impuestos y
costos de la legalidad son bajos. No hay informalidad.

9. Descenso en el costo de la vida. Resultado: todos los costos se rebajan,


incluyendo los del Gobierno y las tarifas de los servicios públicos. Las
empresas compiten por empleados y trabajadores, y por servicios, lo
que empuja los salarios reales al alza. Con freno a la emisión de
dinero, los precios también descienden. Acabados los “sobrecostos”
por ineficiencias, los productores ya no necesitan “protecciones” contra
la competencia -interna o externa-, ni subsidios para mitigar
ineficiencias.

10.Reducción considerable e inmediata de la pobreza, cuando se producen


y ofrecen más bienes y servicios, mejores y más baratos: los ingresos
reales -poder adquisitivo- crecen, y se incrementan tanto el consumo
como el ahorro.

11.Revolución en la educación, salud y previsión. Mediante la transferencia


de los institutos educativos estales a sus profesores y maestros, y a
los padres de familia. De igual modo, los hospitales a sus médicos,
enfermeras y administradores; y las cajas previsionales a sus
empleados y trabajadores. Así se satisfacen obligaciones y
compromisos pendientes, y cesan los pleitos por salarios y beneficios.
Se corrige el error de atribuir al Estado funciones que no le
corresponden. Siendo privados, los centros son plenamente
autónomos, compitiendo libremente en calidad, variedad y precios,
sin rígidas y uniformes imposiciones ministeriales. Transitoriamente
el Estado puede financiar a los usuarios más pobres, pero de modo
directo, con cupones reembolsables en dinero a las instituciones
escogidas por sus beneficiarios. Y de igual manera puede hacerse con
gastos de comida y transporte, mientras sea necesario.

12.Finiquito a los males políticos: corrupción sin medida, desviaciones y


abusos de poder, ineficiencia estatal, confusión y desorden en
Congresos y Gabinetes, querellas personalistas y partidos
ideológicamente v aciados. Todas estas son consecuencias del
estatismo, que es lo que proponemos eliminar de raíz.
10

En resumen:

PROSPERIDAD Y BIENESTAR, ARMONÍA SOCIAL, JUSTICIA, ORDEN Y


PAZ.

Esta es la solución. Muy distinta al “neoliberalismo” que se aplica desde


los ’90. Esta es la única salida verdadera; porque no hay otra. Mediante
la explosión productiva llamada “Shock de oferta con deflación”, la solución
liberal a la recesión, al subdesarrollo y a la pobreza, desafortunadamente
desconocida o injustamente desacreditada por la mayoría de nuestros
economistas y políticos. No requiere “esperar mucho tiempo”. Es
básicamente la solución “austríaca” al subdesarrollo y a la pobreza,
desconocida por la mayoría de nuestros economistas. Se llama así por la
Escuela austríaca de Economía, liderada en sus comienzos por autores
de esa nacionalidad; el más brillante: Ludwig von Mises (1881-1973).

¿”Reglas claras y estables”?

Los “neoliberales” dicen que la salida son las “reglas de juego claras y
estables, para atraer inversión extranjera”. Pero para ser claras y estables,
las reglas -leyes y decretos- deben ser justas. Y para ese fin, deben
deben comenzar por ser generales o comunes, estableciendo reglas de
“comportamiento justo” para todos. Esto es, apenas unas pocas
obligaciones, iguales y universales -sin excepciones ni privilegios-, dirigidas
a hacer respetar la vida, propiedad y libertad de los individuos. De esta
manera, vida, propiedad y libertad se convierten también en derechos -
pocos, iguales y universales-, como contrapartida o contracara de las
mencionadas obligaciones.

Recomendaba Friedrich Hayek -Premio Nobel de Economía 1974, y


discípulo de Mises-, que las leyes no han de inhibir los procesos creativos
que natural y espontáneamente se desencadenan en libertad; para que
la sociedad pueda aprovechar plenamente sus frutos, las personas han
de someterse a relaciones más contractuales que legales. Los Códigos
de antes no eran muchos, y establecían un marco legal amplio, dentro
del cual actuaban las personas y las empresas. Sus normas eran
abstractas, o sea indeterminadas: para cualesquiera, no específicas y
aplicables a determinadas categorías de personas, empresas o
actividades: transportistas, banqueros, locutores, maestros, deportistas,
etc. No había una ley distinta para cada quien. Sólo así las leyes pueden
ser justas, como lo mostrara el jurista liberal Bruno Leoni -otro maestro
de Hayek-, en “La libertad y la Ley”. Y por consiguiente, ser “claras y
estables”. Dentro de esos límites legales bien definidos, conocidos y
11

permanentes, las partes involucradas concertaban contratos privados de


compraventa, alquiler, sociedad, trabajo, servicios, etc., más concretos y
específicos, a la medida de sus particulares necesidades, deseos y
propósitos. Establecían sus propios derechos y obligaciones. Los tribunales
-y no las agencias del Ejecutivo-, aplicaban los Códigos en cuestiones de
orden público o en defecto de cláusulas contractuales; y en lo demás,
aplicaban los contratos celebrados entre las partes.

Del modo estatista en cambio, las normas son más reglamentos que
leyes, monopolizando el Estado la creación de reglas obligantes. Hoy se
quiere que todos los derechos, beneficios y obligaciones sean establecidos
por la ley, no por el contrato. Y que sean juzgados por las agencias
“reguladoras”, y no por los jueces ordinarios. Pero así se abre paso a la
concesión de injustos beneficios y privilegios. “Concertación” llaman al
perverso proceso por el cual ciertos intereses especiales establecidos
obtienen por ley:
generosos subsidios o ayudas, a cuenta de la Caja Fiscal;
o la imposición de obligaciones caprichosas e individualizadas, diseñadas
de modo que sólo ellos están en condiciones de cumplir -a manera de
un “retrato hablado”-;
u otras restricciones a la libre concurrencia de los competidores, como
por ej. impuestos discriminadores -sobretasas punitivas para unos,
generosas excenciones para otros-; o reglamentaciones igualmente
discriminantes, de las cuales algunos son exceptuados, otros no.

Subsidios y restricciones son privilegios especiales, inaceptables en una


economía justa. Sin embargo, se llega al extremo de medir la “eficacia y
productividad” de un Parlamento, ¡por el número de “leyes” (injustas,
costosas y entrabantes reglamentaciones) que engendra en un año! Las
leyes estatistas se hacen demasiadas, y orientadas no por criterios de
justicia para todos sino para satisfacer intereses especiales, a costa del
erario público o del bolsillo del consumidor, o de otros intereses especiales
opuestos. Por eso no son claras sino muy engorrosas, enrevesadas y
oscuras. Y no son estables, permanentes y previsibles, sino muy inestables
-y difícilmente pronosticables-, porque no resisten las presiones y
contrapresiones para ser cambiadas de continuo: se reescriben cada tanto,
al compás de los caprichos de los poderosos de turno y sus amigos
influyentes. En inglés esto se llama “crony capitalism” = “capitalismo de
amigotes”. Es precisamente lo que hay en el Perú, y en los países
subdesarrollados, tercermundistas o ex comunistas.
12

¿Debe aplicarse “análisis costo-beneficio” a los proyectos de Ley?

Este es un ejemplo típico de “neo” liberalismo, consustancial con el estrecho


utilitarismo que le sirve de endeble piso filosófico. Los neo liberales
acostumbran a introducir métodos y conceptos propios de la empresa
privada en los negocios públicos, que no siempre son aplicables ni hacen
sentido. El análisis costo beneficio es una herramienta indispensable en
los proyectos de inversión, de las empresas: los gastos incurridos y los
retornos esperados en el tiempo se cuantifican y evalúan, para decidir
racionalmente por un proyecto, entre otras opciones alternativas de
inversión para los recursos. Sin embargo, considerando la Ley como
“norma general y abstracta de comportamiento justo” -en lugar de un
instrumento para favorecer determinados intereses especiales-, no tiene
mucha cabida el “costo-beneficio” ... (¿contra cuáles alternativas se
compararía?) excepto tal vez como un último recurso para tratar de frenar
en alguna medida las manifestaciones estatistas más groseras, una
especie de “última línea” de defensa. Y como tal puede ser válida. Pero
cabe preguntar: ¿por qué siempre está el liberalismo en la última línea
de defensa? ¿no hemos dejado ganar demasiado terreno al estatismo?

La pregunta lleva a esta otra: si los liberales tenemos razón -y los criterios
liberales clásicos son justos y razonables-, ¿por qué siempre perdemos,
y somos tan poquitos y casi sin influencia? Esta precisa pregunta desató
hace algunos años en ciertos círculos liberales (del Perú y América latina)
un proceso de reflexión crítica que llevó -entre otros proyectos- a este
libro que Ud. tiene en sus manos. Es una pregunta sobre la poca eficacia
de los liberales para la defensa de su doctrina. Una respuesta es: nos
hemos dejado llevar hasta las últimas líneas de defensa porque no
supimos mantenernos firmes en las primeras. Si queremos recuperar
terreno, y hacer retroceder al estatismo, es obvio que debemos volver a
las primeras líneas de defensa del liberalismo, restaurando
conceptualmente las bases del pensamiento liberal en toda su prístina
pureza y originalidad, y con toda la fuerza concluyente de sus argumentos,
políticos y morales antes que económicos (o economicistas). ¿Cómo?
Partiendo desde los conceptos básicos, cuestionando al estatismo desde
sus supuestos y hasta en su lenguaje. Y el concepto más básico de todos
es el de las funciones del Estado.
13

¿La inversión privada tiene que ser necesariamente


extranjera?

Las leyes justas, pocas y generales, son las más atractivas para toda
inversión, y no sólo extranjera. Harto repetido es el estribillo de las
“inversiones extranjeras”. ¡Bienvenidos los inversionistas privados del
mundo que traen sus capitales!; pero, ¿qué pasa con la inversión privada
nacional, peruana? ¿acaso no la necesitamos? ¿o es indeseable ...? Toda
inversión debe ser bien recibida, pero tratada igualmente, con el mismo
rasero, sin discriminar a ninguna clase en favor o en contra. ¿No hay
inversión interna o es insuficiente? ¡Pues que los Gobiernos rebajen los
impuestos y eliminen reglamentaciones, y se verá como surgen ahorros
e inversiones nativas!

¿Se puede resumir “La Salida” en un Programa mínimo y entendible por


la gente corriente, por ej. de 5 puntos ...?

La exposición anterior -12 puntos- ya es un resumen. Pero si lo quiere


más apretado, vea:

1. Reducción general de impuestos, multas, tasas, etc.


2. Eliminación de trámites y exigencias burocráticas ante Municipios,
Ministerios y otras agencias estatales.
3. Consecuencia: rebajas de costos y precios, incluyendo tarifas de
servicios públicos ...
4. más ventas, por mayor poder adquisitivo de la población, y más empleo
privado creado por los empresarios libres.

Pero para esto se requiere:

5. Seguridad, justicia y obras de infraestructura como funciones


esenciales del Estado, eliminando otras partidas del Presupuesto Fiscal.

Para que las ideas y propuestas puedan entenderse, requieren cierto


espacio en el papel, y de tiempo, para ser expuestas y captadas. No hay
más remedio: las posibilidades de resumir tienen sus límites. Por eso, si
quiere Ud. entenderlo mejor, tendrá que siga leyendo. Muchas gracias.
14

INTRODUCCIÓN:

¿Qué esta pasando en el Perú?


Diagnóstico económico y político

Comencemos con nuestro diagnóstico. “Hay demasiados diagnósticos,


todos muy buenos”, se repite. Pero no todo lo que se repite es cierto. En
este caso es verdad que hay diagnósticos por toneladas, pero no que
todos sean muy buenos. Ensayemos el diagnóstico del ILE sobre el mal
comportamiento de la economía peruana.

Los tres sectores de la economía peruana

¿Qué pasa con la economía?

Trancada, en recesión crónica. Muchas empresas se encuentran sin


ventas, endeudadas, y al borde de la quiebra. El desaliento cunde. Casi
todos los Ministros y congresistas repiten hasta el cansancio el mismo
libreto, dictado por los especialistas y “expertos” que salen de las
Universidades atiborrados de estatismo -antiguo o neoliberal-,
desconociendo la salida.

¿Por qué tan pobre desempeño de la economía? Veamos. Como muy


bien mostraron Hernando de Soto y Enrique Ghersi en “El Otro Sendero”,
la economía peruana cuenta con dos sectores privados insuficientemente
productivos: el de arriba y el de abajo o subterráneo, llamados formal e
informal.

(2)
(2)
PRIVADO
FORMAL
FORMAL
Regulaciones (GE)
(GE)
(1)
(1)
ESTATAL Con K, sin LL
Con
ESTATAL
Acapara la
Acapara la
mayor parte de
mayor (3)
(3)
KyL PRIVADO
Impuestos INFORMAL
INFORMAL
ME)
(P y ME)
Con L,
Con L, sin
sin K
15

1) Sector informal

El de abajo es poco productivo porque tiene libertad pero no capital.


Tiene libertad porque elude la infinidad de reglamentos existentes,
administrativos (por ej. TUPA), o legales. Hay demasiadas leyes y decretos
especiales en el Perú, para cada profesión, oficio, tipo de negocio, empresa
o actividad. Están llenas de prohibiciones, restricciones y
condicionamientos, muy costosos y entrabantes. Son un obstáculo para
quienes han de establecerse, y un privilegio para los ya establecidos o
formales. Un mito popular afirma que “todas las leyes son buenas, sólo
que no se aplican o se aplican mal.” No es así: son malas, y por eso -
¡gracias a Dios!- no pueden aplicarse.

Las empresas informales o clandestinas sortean exitosamente estas vallas,


y por eso gozan de libertad de movimientos. Pero no pueden crecer. No
tienen capital porque -contra lo que cree otro mito, popular incluso entre
académicos- no es cierto que no pagan impuestos; ¡pagan demasiados!,
y no sólo los suyos. No es verdad que los informales eluden impuestos:
como “tomadores de precios” no pueden escapar al impacto difuso de la
presión tributaria, escondido en las cadenas de precios. Por eso el sector
informal es pobre. Los economistas deberían recordar que todos los
impuestos se trasladan, siguiendo una fuerza como la gravitatoria: hacia
abajo (en la escala social). Y no sólo hablamos de impuestos indirectos
como el IGV: un empresario y gran capitalista que compra un yate por
ej., paga impuesto directo al lujo o sobretasa, pero este costo entra en su
cálculo económico, a la hora de evaluar su tasa de retorno o beneficio. Y
de una u otra manera es incorporado al precio del bien o servicio que
produce. ¡Cuando Ud. compra una gaseosa o una cerveza, paga el
impuesto al yate del embotellador! Y si un empresario decide absorber
su carga tributaria, es peor: ¡deja de crear empleos!

En su mayoría los informales son microempresa o PYME, y constituyen el


98 % del universo empresarial. Debido a la general pobreza reinante -los
impuestos impiden la capitalización-, la población empresarial en el Perú
sigue un patrón distorsionado: no hay suficientes empresas grandes y
medianas. Porque las pequeñas no pueden crecer; y porque en nuestro
empobrecido mercado tampoco hay más espacio para las multinacionales.
16

Patrones de Distribución de la Población de Empresas

Normal Distorsionado

Casi no hay
Grandes
Empresas
GE

ME ME

PE Mype

Contra otro mito popular, los microempresarios informales son muy


laboriosos y autoconfiados, serviciales, creativos, diligentes, y con gran
espíritu empresarial. Sin embargo ya no tienen casi clientela, por
insuficiencia de poder adquisitivo. No es por falta de capacitación ni de
“autoestima”. Es porque en Economía hay realidades ineluctables, por ej.
curvas de costos (unitarios, medios y marginales); y actividades
productivas que sólo son económicas a determinada escala. Sin gran
empresa no hay desarrollo. Sólo las grandes empresas -y el Estado-
pagan un alto volumen de sueldos y salarios, para gastar en bienes y
servicios de las más pequeñas. Pero en ausencia de grandes empresas
suficientes, hoy en día gran parte del sector informal en el Perú depende
exclusivamente del estatismo: ¿a quiénes sirven todos esos pequeños
restaurantes y kioscos cercanos a los Ministerios, sino a sus burócratas y
empleados ...? Y esta situación se pretende institucionalizar con leyes
que obligan al Estado a comprar su producción a las PYME. Esa no es la
salida.

La salida para las empresas informales no es coacionarles a formalizarse,


sino rebajar los costos de su formalización: impuestos y reglamentos, a
fin de no impedirles capitalizarse. Tampoco es el recurso al crédito, pese
a que hoy los “expertos” animan a las empresas informales a tomar
préstamos, sugerencia que sabiamente tienden a rechazar. En lugar de
endeudarse, debería serles permitido a sus propietarios conservar sus
ganancias, sin obligación de compartirlas con el Estado. ¡Que gasten ellos
mismos, en los mercados, el dinero de los impuestos que hoy se lleva el
Estado!

La titularización de sus derechos de propiedad -que propone Hernando


de Soto en “El misterio del capital”- es condición necesaria, pero muy
lejos de ser suficiente. También escribe de Soto que los informales deben
legalizar sus actividades y propiedades para pagar impuestos y ser sujetos
17

de crédito. Pero si los informales tienen tanto capital y dinero suficiente


para pagar impuestos, ¿para qué necesitarían crédito ...?

2) El sector formal

Es poco productivo porque tiene capital, mas no libertad. Porque no pueden


eludir los sofocantes reglamentos, que como se dijo, son un privilegio
para los ya establecidos, pero no obstante comporta sus cargas: actuar
dentro de los estrechos límites impuestos por las autoridades, e informar
constantemente a los organismos supervisores, llenando papeles y
haciendo trámites y gestiones. Estas cargas agotan la atención, el tiempo
y el personal de la gran empresa, y asfixian sobremanera la imaginación
y creatividad. Sin embargo son aceptadas porque le libran de la
competencia: representan barreras de acceso a los mercados decretadas
a los ingresantes, y a veces subsidios y otros privilegios monopolistas o
ventajas concedidas por el Estado y no por el mercado.

Por su estrecha dependencia del poder, cabría llamarle semiprivado a


este sector. Sin embargo, siendo “fijadores de precios”, los formales pagan
impuestos pero eluden su impacto, y así operan con un alto nivel de
capitalización. Por eso son mucho más eficientes que los informales: siendo
apenas el 2 % de la población empresarial, producen no obstante el 60 %
de la riqueza, con apenas un 23 % de los trabajadores y empleados.

No obstante las empresas formales -transporte, banca y finanzas, seguros,


servicios públicos (teléfono, gas, agua, electricidad, etc.)-, no son todo lo
eficientes que podrían potencialmente, sobre todo bajo comparaciones
internacionales. Porque deben sujetarse a los dictados de los sectores
políticos y/o de los organismos burocráticos “reguladores”. Ellos prefieren
lo segundo a lo primero; pero no es posible satisfacerlos: en el mundo
político, los burócratas son ¡simples fusibles destinados a quemarse en la
primera crisis! De todos modos, los formales responden menos a
demandas, incentivos y oportunidades de los mercados, y más a las
exigencias de las reglamentaciones o contratos de concesión. Esto les
quita agilidad y velocidad de respuesta, y les suma costos. Los impuestos
que pagan son muy altos, y por ellos sus precios se ponen muy en
desproporción con el poder adquisitivo. Ocurre con las tarifas de teléfonos
y otros servicios llamados públicos -como si no lo fueran los prestados
por restaurantes, peluquerías y boticas-, prestados por monopolios
privados. Estas grandes compañías se hallan hoy entrampadas entre un
techo de estrictas regulaciones y condiciones contractuales de los
Gobiernos, y un piso de menguante poder de compra de sus clientes y
usuarios.
18

3) Sector estatal

El tercer sector es el estatal: tiene capital de sobra, y plena libertad.


Acapara capital mediante los impuestos, y los ingresos de sus empresas.
Y toma para sí toda la existente libertad o autonomía -capacidad de
decisión-, mediante potestades omnímodas, que ejerce ¡demasiado
libremente! Pero cuanto más poderes gubernamentales, menos libertad
privada; y cuanto más impuestos y recursos detraen los Gobiernos, más
pobres somos los particulares.

Más poder ~
= Menos libertad

Más impuestos ~
= Menos riqueza

En tanto no cumple ninguna de todas las funciones que se arroga, el


Estado peruano es por completo improductivo. Es parasitario, porque
consume riqueza, y en principio no la produce ni contribuye a su
producción; y peor aún, impide a los otros dos sectores privados producirla
cabalmente. Esto es típico del estatismo. La solución no es acabar con el
Estado sino con el estatismo -no se confunde el hígado con la hepatitis-
devolviendo a los particulares los poderes y recursos confiscados.

¿Qué pasa en la economía? Que hace tiempo llegamos a los colmos del
estatismo. Hay que girar 180 grados. ¡Es urgente “remar para el otro
lado”!

¿Hay un diagnóstico político?

Sin duda. Más adelante volveremos sobre el punto, pero es observable a


simple vista, al menos en sus peores manifestaciones: corrupción,
escándalos y acusaciones, huelgas por doquier, terrorismo, ineficacia del
Estado ante la criminalidad desbordada; y generalizada, incapacidad de
los líderes y sectores políticos -pese a sus extensos discursos- para
encontrar la salida. Pero todos estos fenómenos -y otros que puede Ud.
añadir-, son consecuencia del estatismo, al igual que la recesión de la
economía, la subcapitalización, los bajos salarios, el desempleo, la
informalidad y la pobreza.

Este libro casi podría terminar aquí mismo, excepto por la necesidad de
responder a las innumerables e infundadas objeciones argumentadas
contra la solución liberal -tanto por las izquierdas y estatistas tradicionales,
como por los llamados “neoliberales”-; y aclarar confusiones.
19

PARTE I: LIBERALISMO EN ESENCIA

cap 1 Conceptos Básicos


Libertad y otros valores

¿El liberalismo es la filosofía de la libertad?

Sin duda: los liberales reivindicamos para los ciudadanos todas las
libertades que los Gobiernos se han tomado. Son nuestras las libertades
para decidir lo que producimos, consumimos, ganamos y ahorramos, lo
que importamos y exportamos. Para decidir lo que nuestros hijos aprenden
en las escuelas o ven en la TV. Para resolver sobre la edad de nuestro
retiro. Para conservar nuestros ingresos sin impuestos confiscatorios, y
dirigir nosotros mismos nuestras actividades, económicas y no económicas,
sin pedir permisos y licencias previas. Y para ahorrar, invertir, y
enriquecernos, por medios no criminales. Exigimos que todas esas
libertades -que son individuales-, nos sean devueltas a los individuos;
por eso, más que revolución, ¡el liberalismo reclama una “devolución”!

Pero en el concepto liberal, libertad no es la capacidad factual de lograr


ciertos objetivos, sino la ausencia de restricciones o constricciones
externas impuestas por violencia o fraude, sea que procedan de otros
individuos o del Estado. La condición económica, familiar, educativa, de
residencia o de salud, puede impedirle a una persona el deseado logro
de objetivos; eso NO es falta de libertad, sino de medios conducentes. Si
en cambio se lo impide un asaltante o secuestrador -pistola en mano-, o
el Gobierno, eso sí es un atentado contra la libertad. En este sentido, es
cierto que el liberalismo defiende un concepto “puramente negativo” de
la libertad, entendido como la mera ausencia de restricciones impuestas,
y no como la presencia de condiciones económicas, educativas, de salud
o lo que sea. El estatismo -polo opuesto al liberalismo- abraza el erróneo
concepto “positivo” de libertad, que le lleva a imponerles restricciones a
unos, con el supuesto fin de mejorarles condiciones a otros, pero con ello
pervierte y arruina el buen orden espontáneo que hay en la economía y
en la sociedad cuando los Gobiernos se mantienen dentro de sus límites
propios, y nos empeora a todos.
20

El pensamiento liberal no es una “cosmovisión” o visión integral del mundo;


sin embargo en buena medida se compromete también con otros valores
además de la libertad, y que le sirven de fundamento o la completan o
perfeccionan. Algunos:

La verdad, o el ajuste de los conceptos, juicios y razonamientos a las


realidades. En el Evangelio de San Juan, afirma Jesucristo que sólo
“el conocimiento de la verdad hace libres” a las personas. Porque el
error y la mentira esclavizan, la verdad libera.
La justicia, o el reconocimiento de lo suyo o propio de cada quien. La
justicia es parte de la verdad; faltar a la segunda equivale a negar la
primera, y “es de justicia” admitir toda verdad, como que la libertad
es cosa propia del ser humano.
El orden, o la disposición de las cosas -y sus partes- apropiada para
cumplir sus funciones y aplicaciones. El orden liberal es el propio del
Estado, del Gobierno, las empresas, las familias, etc.
La paz, que es una consecuencia de todos los valores anteriores: la
violencia los contradice, y por lo general aparece cuando no se
verifican.
La seguridad, pero la que puede garantizar el Estado: apenas contra
ataques o amenazas a la vida, propiedad y libertad; no una cobertura
blindada contra todo riesgo, peligro o azar de la vida.
La prosperidad, que posibilita el logro de ciertas comodidades, y
confiere alguna seguridad. Ni más, ni menos.

Un orden gubernativo respetuoso de la libertad -política tanto como civil,


económica, de culto, de expresión, etc.-, es el más propio y eficaz al
logro de la prosperidad, seguridad, buen orden y paz; y es el más moral.
Sin embargo, caben precisiones:

1) El liberalismo es nada más una concepción acerca del Gobierno y la


Economía Política, y como tal no prejuzga ni toma partido por una
determinada “cosmovisión” o visión integral del mundo y de la vida.
Por eso se puede ser al mismo tiempo liberal y cristiano, o judío -o
ateo, agnóstico, indiferente- etc., y sin contradicciones; y por eso hay
liberales de todas las creencias y persuasiones. Los liberales sí
desconfían de las religiones seculares totalitarias -nazismo o
comunismo-; pero de hecho creer en Dios ha guardado a muchas
personas de abrazar alguna de estas monstruosas creencias
endiosadoras del Estado. Desde luego: creer en Dios no equivale a
negar la razón, como piensan equivocadamente muchos, incluso
algunos creyentes; y de hecho, ¡muchísimo ayuda la irracionalidad
para tener fe en el estatismo!
21

2) Los valores atañen a los individuos en particular, y no deben ser


impuestos colectivamente. Mal puede el Estado -que actúa por medios
compulsivos- arrogarse el derecho a elegir y decidir por las personas
en materia de valores. Porque los valores sólo deben ser predicados
con el ejemplo y la persuasión -encaminados a lograr una comprensión
racional, y plena convicción-; no con la fuerza o coacción.

Liberalismo económico y político; democracia y Estado de


Derecho

Cabe distinguir los sistemas económicos de los políticos.

a) El liberalismo económico, o “capitalismo” -etiquetado así originalmente


por sus adversarios-, equivale a libre mercado. Pero el libre mercado
es una consecuencia del Gobierno limitado.

o En funciones: seguridad,
Gobierno
Limitado

justicia, infraestructura
o En poderes, atribuciones
y competencias
o En gastos y recursos

b) Liberalismo político, equivale a “Gobierno limitado”; y no debe


confundirse con democracia, que es “Gobierno mayoritario” o elegido
por la mayoría. Liberalismo no es igual a democracia. En el Perú
tenemos democracia; mas no liberalismo. Liberalismo tampoco es
coextensivo con Estado de Derecho, si esta expresión significa “imperio
de la legalidad” y no de la justicia. Porque las normas legales -leyes y
decretos-, aún dictadas con arreglo a las formalidades constitucionales,
y cumplidas estrictamente por funcionarios y magistrados, pueden
ser injustas en su contenido, lo cual ocurre en el estatismo.

La gente también se ilusiona que democracia “no es sólo el voto”,


pero en realidad, ¡democracia es voto universal, y voluntad de la
mayoría, y nada más! La democracia no es mala; es insuficiente.
Según el concepto de Karl Popper, más allá de las ilusiones, la
democracia es sólo un medio incruento de reemplazar unos elencos
de Gobierno por otros, de acuerdo a la voluntad y criterio de la mayoría.
Sin embargo mucha gente le exige a la democracia resultados
económicos -empleo, altos ingresos, prosperidad, etc.-, que obviamente
son frutos de un régimen económico; y ningún sistema político -menos
estatista- es capaz de brindar. Para que haya desarrollo y prosperidad
en una democracia, debe sumarse el liberalismo a la combinación. En
22

otras palabras: la democracia debe ser liberal; o sea, conjugarse con


el libre mercado.

Democracia liberal

Una democracia no liberal podría dictar una ley manifiestamente injusta,


estableciendo penalidades por ej. para todas las personas de baja estatura,
o que se dediquen al comercio, o devotas de cierta religión, bastando tan
sólo que la mayoría estuviese de acuerdo. En una democracia liberal,
sería impensable, aún concordando la mayoría.

a) Una democracia liberal es limitada: los derechos individuales a la


vida, propiedad y libertad -en su integridad-, constituyen un límite a
la voluntad de la mayoría, una materia que no está sometida a
votación. Son derechos más allá de las elecciones, y no deben ser
restringidos o limitados, aún con aprobación mayoritaria. La mayoría
no tiene derecho a establecer restricciones injustas, como por ej.
leyes discriminatorias contra los comerciantes, los importadores, los
banqueros, los residentes de tal o cual región geográfica o los
miembros de la iglesia o congregación religiosa X o Z. De otro modo
la mayoría se hace tiránica, y la democracia deviene “totalitaria” porque
pretende dirigir y controlar la totalidad de la vida de las gentes, y
“autoritaria”, por el uso de la compulsión.

b) En una democracia no liberal, la voluntad de la mayoría no reconoce


límite, y decreta penas de muerte, confiscación, confinamiento o
inhabilitación para personas o categorías de pacíficos ciudadanos o
residentes no criminales, como bajo el nazismo y el comunismo.

En pocas palabras: en un sistema liberal, los ciudadanos limitan al


Gobierno; en una sistema no liberal, es al revés.

¿Qué es el Estado?

Hoy en día no se acepta el concepto de Gobierno limitado, por el implícito


y erróneo -aunque muy difundido y popular-, supuesto del Estado proteico,
que se cree capaz de asumir cualquier forma, misión y tarea, sea esta
económica, financiera, educativa, médica o artística. Es el “Estado para
todo propósito” -esencia del estatismo-, bueno para invertir en proyectos
de desarrollo, educar, administrar fábricas y hospitales, promover la
música culta -o popular- y el deporte en los niños y los jóvenes ... y un
sinfín de acciones y actividades, todas consideradas “buenas” e
“importantes”, por supuesto.
23

Sin embargo, lo cierto es que todo Gobierno representa a un Estado, que


es solamente el monopolio legal de la violencia, para reprimir la violencia,
a la cual se asimilan el fraude y el daño con dejación de responsabilidades.
El Estado es la instancia represiva de una sociedad, para ocuparse de las
conductas intrínsecamente criminales. Y es muy reducido el rango de
cosas que pueden hacerse por la fuerza. El Gobierno no hace sino cumplir
las funciones del Estado, las cuales son acordes a su naturaleza. No puede
hacerlo todo. El filósofo liberal español José Ortega y Gasset se burlaba
mucho de la ingenua creencia hoy imperante, que atribuye propiedades
como mágicas al Estado -y por tanto al Gobierno-, casi poción milagrosa
capaz de curar todo mal y dolencia, y resolver cualquier problema, de la
naturaleza o índole que sea. Esa idea de los Gobiernos multipropósito -
tan falsa pero tan activa, operante y destructiva-, está en la esencia y
base misma del estatismo, la ideología contraria al liberalismo. (“Ideología”
es simplemente un conjunto de ideas, relacionadas de manera consistente,
y que no son necesariamente son falsas, como afirma el marxismo.) En
nuestro mundo estatista vemos Gobiernos harto desbordados y
colapsados, quebrados e insostenibles, como consecuencia inevitable del
estatismo. No puede ser de otro modo. Pero, aparentemente nadie ve, ni
oye razones. Nadie parece creer que las realidades humanas tienen una
definida naturaleza, causas, efectos, potencialidades; todo lo cual
necesariamente les limita en sus funciones y actividades. Tampoco se
cree que las mismas causas producen los mismos efectos, en todas partes.

Fundamento moral del liberalismo

Como vimos, el liberalismo abraza valores como la libertad, la verdad, la


justicia, el orden y la paz. Sin embargo no es una “cosmovisión” integral.
Se define por un conjunto de tres valores o principios, más instrumentales
y subalternos -Gobiernos limitados, mercados libres, e instituciones
privadas separadas del Estado-, los cuales se ordenan a permitir la
realización de valores de rango superior, pero decididos libremente por
cada uno de los individuos particulares que hacen una sociedad.

¿Por qué?

Todas las decisiones humanas entrañan opciones sobre valores, y son


ineludibles. Hasta en la actividad más nimia, incluso jugando cartas entre
amigos por ej., es inescapable que debemos hacer algunas opciones:
hacer trampas o jugar limpio; jugar por sólo entretenimiento o por algún
dinero -mucho o sólo unas monedas para darle interés a la partida-;
pasar nada más un rato o gastar muchas horas en la mesa, etc., etc. Y
mucho más en actividades de mayor trascendencia. Son elecciones
24

morales; y es la capacidad de hacer ese tipo de elecciones la que nos


califica a los individuos como sujetos morales: a los seres humanos
individuales nos cabe la libertad de decidir por una u otra de las opciones
que encaramos en la vida -en lo personal, familiar, económico, político,
etc.-, ya que ninguna persona debe decidir por otra u otras. Por eso sólo
las personas individuales somos sujetos morales: porque las elecciones
valorativas son individuales.

Existen distintos y opuestos y contradictorios cartabones para las


elecciones valorativas. Son escalas de valores. Unas personas tienen
como de rango superior tales o cuales valores estéticos o artísticos por
ej. muy arriba en su escala jerárquica de preferencia, por sobre estos u
otros valores científicos, deportivos, religiosos, políticos, comerciales,
lúdicos, hedonistas u otros; y otras tienen diferentes escalas de valores.
Los valores difieren ampliamente entre los humanos, y por consiguiente
también las actividades en que se involucran, los motivos que las guían y
los resultados que alcanzan. Son materias de elección personal. Y los
resultados -como los valores, motivos y actividades-, son de
responsabilidad individual, incluso por las equivocaciones o errores no
perjudiciales a la vida, propiedad y libertades de terceros. Si le damos a
un colectivo cualquiera -tribu, clase, nación, mayoría-, la facultad de
decidir en alguna medida, entonces en esa misma medida se la quitamos
a los individuos. Este es el fundamento moral -férreamente individualista-
del liberalismo, el cual sin embargo no prejuzga en materia de elecciones
valorativas, excepto las relacionadas con los tres principios.

Los estatistas restringen las libertades individuales porque cuestionan


severamente los valores, motivos y actividades que las gentes por sí
mismas emprenden de ordinario, y los resultados logrados. Por ej. les
parece que las personas por lo común somos demasiado “comerciales”,
materialistas, egoístas e insolidarias. Y que de ello resultan las
desigualdades económicas. A este respecto vale distinguir:
A criticar tienen pleno derecho como personas, en su libertad de
opinión.
No a emplear la fuerza, intimidación y presión estatal para alterar los
resultados, las actividades, y hasta los motivos y valores no criminales
de los otros. Esta razón -exceso de poder- hace al estatismo injusto e
inmoral.
25

Los tres pilares del liberalismo

Son tres principios instrumentales porque posibilitan resolver las de otro


modo insolubles contradicciones entre diferentes preferencias o elecciones
de valores, actividades y resultados. (Pero no por ser instrumentales
dejan de ser importantes.) Proceden de la rica tradición del pensamiento
liberal. Son estos, en lo político, económico y social respectivamente:
1) Gobiernos limitados -el de mayor importancia-;
2) mercados libres;
3) e instituciones privadas autónomas.

“Social” es lo relativo a toda la sociedad, no a sus sectores más pobres


exclusivamente. Y “Gobierno limitado” es expresión mucho más justa,
certera y precisa que esa otra de Gobierno “mínimo”.

Estatismo es lo contrario a liberalismo:


Gobiernos sin límites,
mercados reprimidos,
instituciones privadas aunadas y sometidas al Estado.

Gobiernos limitados

El primer principio es el del Estado y los Gobiernos limitados, comenzando


por sus funciones, que son tres, en orden de prioridad decreciente:

1) Función seguritaria o represiva. El Estado representa la colectivización


del derecho individual de autodefensa. Los Gobiernos existen primero
y principalmente para proporcionar “orden público” en términos de
seguridad interna y externa, defendiendo las vidas, propiedades y
libertades de los ciudadanos pacíficos, frente a cualesquiera ataques
o amenazas, internas o externas. Esta función de orden público
comprende la policía y defensa nacional, ejercidas por los servicios
armados, y es la que en principio justifica la existencia del Estado. Se
llamaba antes función “constabularia”, por el policía de bastón o
“gendarme” (en inglés, “constable”); y de allí el concepto de “Estado-
gendarme”. Los servicios diplomático y consular se incluyen entre los
que sirven a esta función, pero centrados en la defensa y protección
de los ciudadanos en el extranjero, antes que en las relaciones “Estado
a Estado”, típicas del estatismo.

2) Función judicial. En segundo lugar, siguiente en orden de importancia.


La rama judicial del Gobierno se encarga de encausar a los
malhechores -función accesoria a la anterior-; y también de ayudar a
26

las personas a resolver sus pleitos pacíficamente cuando no pueden


hacerlo por sí mismas. Esta función -antes llamada “arbitral”-, incluye
además lo relativo al registro de la propiedad y sus garantías. Pero
los tribunales liberales brindan una justicia restitutiva o compensatoria
antes que punitiva: más que en el victimario, se centra en la víctima,
y en su derecho a restitución. O a compensación equivalente, si no es
posible restituir, por lo irreversible del daño (como describe por ej. el
libro bíblico de Deuteronomio). Los liberales distinguimos las conductas
intrínsecamente criminales de los delitos -sancionados y penados por
el Estado-, porque los Gobiernos no necesariamente las hacen coincidir.
Proponemos el encausamiento de los criminales -a fin de que restituyan
o compensen a las víctimas- y no su castigo; tampoco su
“regeneración”, “rehabilitación” o su “reinserción en la sociedad”, etc.,
funciones que caben a organizaciones de voluntariado, financiadas
con donaciones y no con impuestos. (Encausar es instruirles causa a
los criminales; no equivale a “encauzar”.) Si un criminal no es peligroso
para víctimas potenciales -no hay razones para temer reincidencia-,
a todo lo que los jueces y alguaciles pueden obligarle es a pagar
indemnización a las víctimas reales, y tampoco habría motivos para
encerrarle entre rejas y privarle de su libertad ambulatoria.

3) Función de obras públicas: construcción y mantenimiento de


infraestructura para comunicaciones -mediante concesiones licitadas-
; y tal vez salubridad, que es algo muy distinto al concepto estatista
de “Salud”: tiene que ver con epidemias y focos infecciosos, no con la
prestación de servicios médicos.

Se acostumbra a financiar la seguridad, la justicia y las obras públicas de


este tipo con impuestos y no con precios, pero no porque sea imposible
producir y comprar estos bienes en los mercados, ya que de hecho se
compran y venden diariamente servicios privados de defensa y protección
-de la vida, propiedad y libertades-, arbitraje, caminerías, peajes, etc.
Pero si se desean aprovechar las economías de escala, y hacerlos menos
costosos, deben proveerse para todos; y siendo bienes indivisibles, es
imposible excluir de su provecho a los usuarios renuentes, sobre todo en
el caso de la seguridad y justicia, menos en el de las obras públicas. El
ejemplo típico es el del policía de cuadra, de cuya presencia disuasiva
todos los vecinos se benefician, incluso quienes rehusasen pagar. O
también la defensa y seguridad nacional, ¿cómo impedir que se beneficie
de la presencia disuasiva de las Fuerzas Armadas alguien no dispuesto a
pagar su cuota parte o contribución voluntariamente? Los tributos o
impuestos (contribuciones “impuestas”) evitan entonces el “efecto del
27

polizón” (free-rider effect), los usuarios renuentes a pagar por bienes


indivisibles, que de todos modos pueden aprovechar.

La única justificación para el Estado -y los impuestos- son las funciones


que cumple: el tipo de servicios que presta. Y no hay justificación para
financiar con impuestos y atribuir a los Gobiernos otras funciones y servicios
que no sean los descritos. Racional y moralmente no se justifica un Estado
que no sea limitado a ellos. Y si los Gobiernos son limitados en fines y
funciones, lo son también en poderes y atribuciones, y por consiguiente
en gastos y recursos.

Todos los problemas del estatismo devienen en última instancia de la


negación, olvido o desconocimiento de las funciones propias del Estado.
Abrumado de otras funciones, descuida las propias; y se recarga de
atribuciones y potestades, y de recursos, con lo cual nos empobrece -en
libertades y en dineros- a los ciudadanos particulares.

Mercados libres

El segundo principio es el de los mercados libres, de violencia y fraude;


conservarlos así es la función primera y principal del Estado limitado, que
los Gobiernos cumplen mediante sus militares y sus diplomáticos, sus
policías, y sus jueces y auxiliares de justicia. Pero los mercados también
deben ser libres de indebidas interferencias o intromisiones estatales; es
decir, de violencia y fraude proveniente del Estado mismo, instancia
supuesta a prevenirlos y remediarlos.

Instituciones privadas separadas del Estado

El tercer principio es el de las instituciones privadas separadas del Estado,


y por consiguiente independientes del poder. Esto aplica no sólo a empresas,
sino también a gremios, partidos, iglesias y congregaciones religiosas, y
también a las escuelas, hospitales y consultorios médicos, centros
culturales, científicos, clubes deportivos, asociaciones filantrópicas o de
otro tipo. Deben ser todos entes privados y autónomos, operando en el
sector voluntario de la economía: sostenidos con precios o con donaciones,
nunca con impuestos.

¿Y los Gobiernos liberales no protegen la agricultura o la industria?

Es una falacia estatista confundir nación con Estado, y adjudicar a los


“países” las conductas de sus Gobiernos. Así el lenguaje estatista dice
por ej. “Francia protege su agricultura”, aludiendo al Gobierno francés; y
28

“el Perú protege su industria”, aludiendo al peruano. Significa que los


respectivos Gobiernos privilegian injustamente a los productores no
eficientes -agropecuarios o manufactureros-, encareciendo la vida de
sus ciudadanos con aranceles o derechos antidumping, a veces muy
elevados. Los estatistas conceden a determinados sectores privilegios
que les reportan ventajas reales y tangibles. Las consecuencias para los
demás son perjudiciales, pero menos visibles e identificables, y por lo
común a más largo plazo.

El lenguaje falaz ayuda al estatismo; y mostrar la verdad y desnudar las


falacias es primera tarea de los liberales. “La verdad” significa muchas
veces la verdad completa, incluso la parte que no se ve, lo menos
transparente: las consecuencias perjudiciales ocultas del estatismo, menos
evidentes o de largo plazo. Y si hay ciertos problemas reales tras las
falacias, la segunda tarea es mostrar la solución. En este caso hay un
problema real: los productores nacionales no son suficientemente
competitivos y eficientes; pero no por culpa suya, sino por los enormes
costos envueltos en el estatismo. La solución no es el “proteccionismo”,
sino eliminar los sobrecostos, y permitirles ser más eficientes y competir,
sin que sea necesario “proteccionismo” alguno.

¿Y los derechos del consumidor y del ahorrista? ¿Y los problemas


ambientales?

En un orden liberal, los jueces -auxiliados por los peritos-, son los
encargados de resolver litigios y pleitos. Fallan o sentencian según y
conforme las leyes generales o Códigos, y tomando en cuenta las
decisiones judiciales precedentes; pero sólo cuando estos conflictos se
presentan a sus estrados -caso por caso-, y no con anterioridad. Por ej.
problemas de consumidores que alegan abusos de comercios, ahorristas
que dicen ser abusados por los bancos, o propietarios que alegan
contaminación ambiental de industrias. Problemas todos -reales o
supuestos- aducidos como justificación al estatismo. Sin embargo, las
actuales reglamentaciones que tratan de resolverlas “preventivamente”
o de antemano, es decir, en forma hipotética -y las agencias ejecutivas
que las aplican-, no son capaces de hacerlo. A los jueces cabe decidir,
examinando caso por caso las evidencias, y decidiendo sobre los mejores
derechos.
29

Algunas reflexiones filosóficas

Concepciones del mundo y de la vida

En el estatismo, las autoridades políticas se autoasignan la atribución de


decidir por las personas los fines y objetivos a perseguir en la vida, y los
resultados que logran, y hasta las actividades dirigidas a producirlos, y
sus motivos. En el liberalismo, somos las personas individuales quienes
tomamos esas decisiones en función de nuestros valores y juicios sobre
lo que es bueno o malo, regular, mejor o peor. Por eso los Gobiernos
liberales se desentienden de los resultados y actividades, excepto para
vigilar que no se cometan infracciones o transgresiones muy elementales:
violencia o fraude. En este sentido los Gobiernos son sólo árbitros de
faltas, no jugadores.

En el estatismo en cambio, se considera que los Gobiernos tienen


facultades para decidir qué bienes o servicios han de producirse con
preferencia a otros -o comerciarse, importarse y exportarse-, a qué costos
y qué precios. Y cuál educación o pedagogía vaya a aplicarse o no; y los
tratamientos médicos y sicológicos que la población requiere; los
programas de TV o películas que es o no conveniente que vean los
adolescentes y jóvenes -incluso su conducta sexual-; ¡y hasta la edad
apropiada para que las personas se jubilen! Y hay más: Gobiernos como
el de China deciden desde el número de empleados que un comercio o
una finca agropecuaria puede contratar, y de hijos que las parejas pueden
procrear o adoptar. Bajo el estatismo es más fácil div orciarse
unilateralmente de un cónyugue que despedir a un empleado o a un
inquilino. Y por la vía de la eutanasia que llaman “muerte asistida”, las
autoridades pretenden decidir hasta cuando podemos vivir. En estas y
muchas otras materias los Gobiernos estatistas nos imponen sus opciones
y opiniones, a veces por la fuerza desnuda o la coacción, y otras veces
mediante una propaganda abusiva, lindante con la intimidación o presión
psicológica.

¡Todo ello implica elecciones en materia de valores!

En un régimen liberal, el Gobierno es neutral y prescindente en actividades


económicas, y entre las distintas concepciones del mundo y de la vida. Es
decir: un Gobierno limitado carece de poder para favorecer los intereses
de los agricultores en detrimento de los industriales y comerciantes o
banqueros, y viceversa. De igual modo, tampoco puede otorgar privilegios
especiales a los católicos en desmedro de los evangélicos, musulmanes,
ateos, agnósticos o indiferentes, y viceversa. En otras palabras: creencias
30

diferentes pueden coexistir pacíficamente, así como distintos oficios y


ocupaciones, si un Estado neutro a todos trata por igual. No de otro
modo. Por esta razón los tres pilares son los principios básicos del
liberalismo. ¿El resto? Aplicaciones. Los tres pilares son los únicos
principios de convivencia social compatibles con diferentes conceptos y
estilos de la vida. Veamoslo más detenidamente.

Opciones y estilos de vida e intereses

El registro histórico más completo y antiguo de un sistema liberal está en


la Biblia: Deuteronomio 17:14-20; 1 Samuel 8; y varias decenas de
episodios y pasajes concordantes, tanto de las Escrituras Hebreas como
de las Griegas. El sistema de Gobierno limitado tiene también otras raíces
históricas, especialmente en Grecia clásica (el filósofo Aristóteles) y en
Roma republicana, pero sin duda la Biblia es la más antigua. El libro
bíblico de los Jueces muestra un tipo liberal de Gobierno. ¿Por qué? Porque
era el único posible en una nación que era más bien una confederación
de 12 tribus diferentes, cada cual con su propia cultura, intereses e
idiosincracia. Posteriormente la monarquía israelita hizo negación y
dejación de los principios de Gobierno limitado, y se transmutó en un
Reino absolutista similar a cualquiera de sus vecinos, Egipto o Babilonia.
La Biblia muestra que ese fue el comienzo de las desgracias y calamidades
sin cuenta para el pueblo de Israel.

En tanto enseña sobre política, el Antiguo Testamento favorece clara,


explícita y consistentemente el Gobierno limitado; y el Nuevo confirma
esta enseñanza. Abundantes capítulos y pasajes bíblicos tratan sobre
asuntos de Economía política; y todos abonan la idea de mercados libres
con Gobierno limitado. Es lo que desde antiguo se conoce como “Consejo
de Dios a las Naciones”, cuya versión secular el mundo comenzó a llamar
“liberalismo” en el siglo XIX.

Por eso lo torcido y arbitrario de las pretensiones interpretativas de las


izquierdas, cristianas o no. Y por ello la influencia genuinamente bíblica
en la cultura ha sido liberal, y determinante para el liberalismo. Así lo
verificó el historiador francés Fustel de Coulanges en “La ciudad antigua”.
Y el sociólogo alemán Max Weber en “La ética protestante y el espíritu del
capitalismo”. Y también el escritor católico Michael Novak en “La ética
católica y el espíritu del capitalismo”. Novak sigue los pasos de Alejandro
Chafuén en “Ética y Economía” -libro que en inglés se titula “Cristianos
por la libertad”-, donde se recopilan antecedentes católicos del
libremercadismo, entre los cuales destacan San Bernardino de Siena y
31

San Antonino de Florencia, del santoral de la Iglesia Católica.


Históricamente hablando, todos los cristianos (católicos, ortodoxos,
protestantes o evangélicos) heredamos de los judíos el concepto de
Gobierno limitado, y lo pasamos a los musulmanes, aunque naciones
identificadas con estas creencias no siempre lo han practicado fielmente.

Neutralidad y prescindencia del Gobierno

También es verdad que judíos, cristianos -católicos o no-, musulmanes,


agnósticos, ateos y devotos de otras religiones, deben convivir en sociedad
pese a sus diferentes creencias. Y pueden convivir. Pero ¡sólo si se ponen
de acuerdo en tres puntos, muy concretos, que son precisamente los tres
pilares del liberalismo: Gobiernos limitados, mercados libres, e
instituciones privadas separadas del Estado. Y lo mismo pasa con los
intereses especiales, las piezas del tremendo rompecabezas que las
complejas sociedades modernas plantean al estatismo, y ante el cual los
estatistas no tienen solución: en cuanto dan acomodo al interés X, se les
desacomoda el interés Z. Por eso la vida política bajo el estatismo es
incurablemente conflictiva, amarga, tormentosa y miserable: han
transformado al Estado en una maquinaria de dar o negar privilegios y
tratos de favor a los intereses especiales. Es un “juego de suma cero”; lo
que unos ganan en el reparto y la carrera de poder, amistades e influencias,
otros lo pierden.

Es básico para toda sociedad buscar algún tipo de acuerdo para evitar los
favoritismos entre sectores, grupos de creencias afines, tribus o aldeas,
regiones, intereses, etc., si quiere coexistencia en paz.
— Pero un acuerdo social debe ser un acuerdo mínimo sobre unas pocos
premisas generales, no puede ser un larguísimo acuerdo sobre una
extensa y detallada lista de asuntos. Ese es precisamente el tipo de
“Acuerdo nacional” o “Pacto social”, voluminoso y kilométrico, que los
políticos estatistas siempre pretenden; y la prensa diaria nos informa de
lo irrealista de su pretensión.
— Y hay un único tipo de acuerdo posible para evitar que un Gobierno
pueda favorecer a unos sectores en desmedro de otros: que Gobierno e
instituciones estatales sean neutrales y prescindentes en asuntos vitales,
económicos y de otra índole, donde hay o pueda haber disparidad. Asuntos
como por ej. trabajo, comercio, empresas, previsión para el futuro, etc.;
pero asimismo matrimonio y familia, educación, religión e iglesias,
asociaciones voluntarias. Estas materias deben mantenerse privadas. Sólo
así los magistrados gubernativos NO podrán favorecer a los agricultores
en desmedro de los comerciantes, a los importadores en perjuicio de los
exportadores, o dar ventajas a los casados contra los solteros -o viceversa
32

en todos los casos-, o a los de una tribu o aldea en especial, o a los


adeptos a un particular estilo de vida. Es decir: que los Gobiernos sean
limitados, para que no discriminen; que no hagan “acepción de personas”,
como dice la Biblia. Así de esta manera, diversos credos pueden coexistir,
aún difiriendo en otros tópicos, como si hay Dios o no, o si el mundo ha
sido creado o procede por evolución, etc.; y sean en su vida particular
hedonistas, estoicos, ascéticos, conformistas o lo que sean. Y lo mismo
aplica con los intereses económicos. El tipo de Gobierno que hizo posible
la convivencia de las 12 tribus israelitas, la posibilita en una sociedad
compleja actual; no hay otro.

¡Por favor: no crea que la tecnología ha cambiado un ápice este problema,


para el cual no hay solución tecnológica, porque no es un problema
tecnológico. Tampoco hay solución económica, porque no es un problema
económico. Es un problema político. Y la solución de un problema es de
su misma naturaleza, salvo excepciones.

Digamos que la solución es así:


a) Distintos grupos no podrían coincidir en otros puntos, dadas sus
naturales diferencias.
b) Y deben coincidir en ellos, porque si se le atribuye al Estado el poder
de intervenir en asuntos privados, favoreciendo a un sector o a otro,
la convivencia social sería imposible o extremadamente conflictiva.

Por eso el liberal es el único sistema o régimen gubernativo posible, en


una sociedad justa y armoniosa. Como convivieron por más de 800 años
los judíos, cristianos y musulmanes en la España medieval, entre los
siglos VIII y XV. Por cierto, en esta “España de las tres culturas” hubo un
gran florecimiento científico, cultural y económico. Y el fin de las reglas
liberales fue el fin de la convivencia pacífica en España. Análogos son los
casos de las Provincias Unidas (Holanda), los cantones suizos, las 13
Colonias de los EEUU. Por cierto: el liberalismo siempre ha ido de la
mano con el federalismo, o el respeto a las esferas autonómicas de los
Gobiernos locales, los cuales también deben ser limitados.

Un contraejemplo: ¿por qué los países más pobres -y violentos- del mundo
son los africanos? Respuesta: por ser los menos liberales. Cada tanto la
prensa informa de feroces y sangrientas luchas tribales, por lo cual no
son de extrañar las hambrunas y pestilencias. ¿Cuál es la causa de tanto
encono? No es la etnicidad, no es el clima, no es el tribalismo; es el
estatismo. En África el Estado no está separado de la vida privada, y por
ello, sus medios naturalmente compulsivos pueden ser empleados por
determinadas tribus y clanes para dar o negar favores y privilegios, o
33

para imponer unos puntos de vista -económicos o ideológicos- en


desmedro de otros. Es obvio que los discriminados negativamente por la
fuerza y la coacción, reaccionan también con la violencia. Las tribus
africanas no se comportan como las antiguas tribus israelitas. Y no es por
la raza, sino por el sistema de Gobierno.

Filosofía realista

¿Hasta qué punto el liberalismo es compatible con cualquiera concepción


del mundo y de la vida?

Muchas Filosofías son compatibles con el liberalismo, mas no todas. La


limitación es el sustrato realista del liberalismo, y racional: las realidades
-y eso incluye a los Gobiernos, las empresas, los mercados, etc.-, tienen
una naturaleza y un carácter propios; los cuales son accesibles al
conocimiento -son racionales, comprensibles-; y constituyen un orden
que debe ser respetado, si se desea que cumplan sus funciones y alcancesn
sus fines. El lberalismo implica una filosofía de respeto a las leyes naturales
de las realidades, incluyendo las económicas y políticas, que como todas,
tienen estructuras y límites propios.

El liberalismo no es compatible con filosofías que endilgan a los Gobiernos


funciones impropias -producción de bienes y servicios, educación,
medicina, previsión, orientación a la juventud, etc.-, sin límite, asumiendo
que puede cumplirlas a voluntad. O que suponen que la economía responde
dócilmente a las intenciones y designios declarados de las intervenciones
estatales. La realidad no es totalmente maleable ni moldeable al capricho
del hombre, como si fuese barro o arcilla. En este sentido, la visión
“creacionista” de la Biblia es ampliamente compatible con el realismo
liberal; y de hecho durante toda la Edad Media los maestros bíblicos de
tres religiones (judía, cristiana e islámica), enseñaron que la razón humana
nos da una primera revelación “natural” de Dios -mediante la realidad
creada-, siendo la Escritura una “segunda revelación”, complementaria
de la primera. Esta doctrina de las dos revelaciones dio gran impulso a la
especulación intelectual y a la investigación científica.

La filosofía realista entiende las realidades como dotadas de estructura y


rasgos propios: lo sustancial y lo accidental, el modo de ser en acto y en
potencia, la materia y la forma, las causas y los efectos, los medios y los
fines. El contenido y los límites. Antiguamente estas características se
llamaban “categorías“, propiedades o predicados del ser, y durante la
Edad Media, la Filosofía escolástica las consideraba vías de acceso al
conocimiento de la realidad de las cosas. “Escolástica” aplica a la Filosofía
cristiana medieval, pero también al pensamiento judío y musulmán de
34

esa época; y las tres vertientes combinaron filosofía aristotélica con la


igualmente realista visión del mundo y de la vida contenida en sus
Escrituras Sagradas. Pero andando el tiempo, esta filosofía fue progresiva
e injustamente desacreditada, sobre todo a partir de Descartes, y ha ido
perdiendo influencia en Occidente. Dicha mengua es una de las causas
de la pérdida de vigencia del liberalismo en el pasado. Faltaron a las
gentes de pensamiento claras referencias para orientar al público en
materias de Gobierno y Economía política. Si a ello añadimos que la
Biblia fue interpretada cada vez más alegóricamente o dejó de leerse,
tenemos un par de explicaciones muy poderosas para entender el
abandono de la doctrina liberal. El progreso material y tecnológico no se
detuvo en Occidente porque muchos postulados liberales como el de
libertad de empresa se siguieron practicando casi por hábito -hasta la
Primera Guerra mundial-, aún olvidada la Filosofía general que les prestaba
fundamento. Pero ya entrado el siglo XX, también estos hábitos fueron
difamados y abandonados. Y fuera de Occidente, las naciones accedieron
muy parcialmente y de prestado a algunos de los frutos del progreso
material, desconociendo en absoluto tanto los postulados liberales como
la Filosofìa realista.

El realismo marca límites al rango de filosofías compatibles con el


liberalismo. Por esta razón no congenia con filosofías idealistas,
racionalistas extremas o irracionalistas, en sus versiones académicas o
populares. Es el caso por ej. del Posmodernismo, que relativiza y descalifica
cualquier “relato” o discurso racional como el marxismo, pero también el
liberalismo. Y asimismo la filosofía irrealista que subyace en cierta
literatura muy popular de “autoayuda”, la cual confiere a la mente poderes
mágicos, capaces de convertir en realidad cualquier cosa que uno imagine
y desee con suficiente fervor. ¡Eso no es realista! El liberalismo sí se lleva
bien en cambio con la filosofía realista implicada en las tres grandes
religiones monoteístas, o en sistemas de pensamiento de raigambre
aristotélica. Y la prueba en favor de la verdad del realismo es que judíos,
cristianos y musulmanes han prosperado cuando han sido consecuentes
con esta filosofía, y con el concepto de Gobierno limitado que ella encierra.

Desde luego que la Biblia no contradice para nada el uso de la razón,


sino todo lo contrario, pese a lo que creen -en extraña coincidencia-
tanto los ateos racionalistas más recalcitrantes, como muchos de los
creyentes más devotos pero mal enseñados. Pero seguiremos más
adelante con los fundamentos filosóficos. Para avanzar es preciso alternar
temas económicos y no económicos -jurídicos, políticos, filosóficos, etc-
, íntimamente relacionados, que deben tratarse en paralelo para ser mejor
comprendidos.
35

¿Hay un Marx del pensamiento liberal?

Según Marx y Engels, el comunismo combina Economía clásica inglesa,


socialismo francés y filosofía idealista alemana. Análogamente, el
Liberalismo clásico combina Escuela austríaca de Economía, Escuela del
Derecho natural, y Filosofía realista, todo ello en una doctrina política,
cuyo expositor más brillante ha sido el francés Frederic Bastiat (siglo
XIX), por cierto un convencido cristiano.

En su opúsculo “La Ley”, Bastiat -tal vez el Marx del liberalismo clásico-,
presentó un resumen de sus más importantes lecciones. Se centró en el
concepto de que la Ley puede ser un instrumento civilizatorio y palanca
del bienestar; o convertirse en un arma de saqueo, el “saqueo legalizado”.
Afirmó que el Estado se convierte en “la ficción mediante la cual todos
pretenden vivir a costa de los demás.” De este modo se pierde el respeto
a todas las leyes, incluso las buenas. Por la misma época, los ingleses
Cobden y Bright impulsaron en su país la Liga por la derogación de las
Leyes de Granos, a fin de permitir la importación de comida barata desde
el continente europeo.

o Escuela Austriaca de Economía


Liberalismo
o Doctrina jurídica del derecho natural
Clásico
o Filosofía realista

La Escuela austríaca (Mises, Hayek) enseña el aspecto económico del


liberalismo clásico, destacando el papel de los mercados libres y la
empresarialidad en la coordinación espontánea de factores productivos,
y de la propiedad privada en la formación de los precios, dentro de un
orden natural de la Economía. Otro opúsculo de Bastiat se titula
precisamente “Armonías económicas”, y destaca el orden natural de
la Economía. “París come!”, escribe Bastiat, sin que los Gobiernos lo
ordenen a los agricultores, transportistas, puesteros de los mercados,
propietarios de restaurantes y tantos otros que intervienen anónima
y espontáneamente en la cadena productiva. Los legisladores no
pueden mejorar por Ley los procesos naturales; pero en el intento sí
pueden perturbarlos. El liberalismo clásico no se confunde con la
Economía clásica inglesa (Adam Smith, David Ricardo, ambos Mill), la
cual se distingue netamente de la Escuela austríaca. La primera
desconfía del mercado, y se orienta hacia las intervenciones estatales.
La segunda procede de la Fisiocracia francesa -y ésta a su vez de la
Escuela española de Salamanca-, y por eso a veces se llama
“continental” (europea) a esta línea, más apegada a los mercados. En
esto las vertientes anglosajonas se oponen a las continentales. Los
36

clásicos y neoclásicos (Alfred Marshall) anglosajones son los ancestros


comunes al keynesianismo y al monetarismo “neoliberal” de la Escuela
de Chicago (Milton Friedman), que resultan así como primos hermanos.
La Doctrina iusnaturalista enseña un concepto de Derecho natural, y
que la Legislación debe cuidarse de no violentarlo. Se opone al
positivismo jurídico (Kelsen), para el cual no hay más Derecho que el
positivo o sancionado por el Estado.
Y la Filosofía realista enseña que las realidades tienen una naturaleza
propia, tan específica como las operaciones que les son posibles,
ordenadas al cumplimiento de las funciones requeridas para el logro
de sus fines.

¿Qué es estatismo?

Lo contrario a liberalismo:
En lo político: Gobiernos sin límites, desbordado en funciones, en
poderes y en recursos;
en lo económico: mercados reprimidos y monopólicos, cerrados y
cautivos, empobrecidos;
en lo social: instituciones privadas aunadas y sometidas al Estado,
dependientes del poder.

El estatismo se opone diametralmente al liberalismo: los Gobiernos son


libérrimos, sin límites; e imponen límites a los mercados e instituciones
privadas, cercenando sus facultades, capacidades y recursos. En resumen:
Gobiernos libres y mercados limitados.

o Gobiernos ilimitados
Estatismo

o Mercados reprimidos
o Instituciones sociales penetradas
y sometidas dependientes del
Estado

En el estatismo el Gobierno dirige a toda la sociedad. En el liberalismo, el


Gobierno lo es del Estado más que de la sociedad; porque las grandes
sociedades humanas no requieren “Gobierno” que las oriente, dirija,
supervise y controle, como lo necesitan por ej. las empresas y familias.
Se abusa de la analogía cuando el estatismo dice “un país es una gran
empresa, y como tal debe ser gerenciado”, asumiendo que una nación
necesita unidad de comando, que dirija las actividades y oriente los
recursos hacia los cultivos agrícolas, la cría de ganado, el comercio o la
37

industria, la banca o las exportaciones. Este erróneo enunciado forma


parte de cierta retórica “globalizadora” que sólo aparentemente es liberal.
Así dice por ej. que “las naciones exportan” (o importan), y no es cierto,
exportan las empresas (e importan). Asimismo, “las naciones compiten”,
y tampoco es cierto, compiten las empresas. Otro abuso de la analogía
es decir que una nación es “como una gran familia.” Eso también es falso.
Y es más peligroso, porque da entrada al paternalismo (o maternalismo)
de los Gobiernos adoctrinadores. Que se comportan como padres de
familia o mentores que nos orientan, y nos transmiten valores (¿cuáles?);
ello es típico del Estado totalitario. Un Estado liberal no está para dar
órdenes a las empresas y agentes económicos, ni para transmitir valores.

Los estatistas acostumbran a los abusos de la analogía. Se abusa de una


analogía cuando pretende extraerse de ella conclusiones no autorizadas,
que van más allá de las semejanzas entre el concepto analogado y su
referencia. Debe saberse que hay tres modos de razonamiento: deductivo,
inductivo y analógico; y de ellos el tercero es el más imperfecto, y por
ello cabe emplearse sólo por vía de excepción. Una de las causas del
progresivo abandono del liberalismo es la inclinación a no pensar
correctamente. Por pereza intelectual, la gente quiere más ejemplos que
conceptos; pero muchos “ejemplos” pueden encubrir usos abusivos de la
analogía, u otro tipo de falacias o razonamientos defectuosos e incorrectos.

¡BUENAS NOTICIAS! El estatismo se apoya en un discurso insostenible,


totalmente plagado de falacias; y es fácilmente rebatible con argumentos
lógicos y evidencias concluyentes. Un ejemplo muy ilustrativo: el estatismo
le encomienda siempre al Estado el encargo de ocuparse de aquello que
se considera “muy importante”. Así los estatistas le encargan a los
Gobiernos la “promoción” del deporte, la ciencia, las bellas artes, la cría
de pollos, o la educación de la juventud, ¡porque es “muy importante”! Y
puede serlo, pero, ¿quién decide? Y más grave aún, de la importancia de
una actividad no se sigue necesariamente que deba asumirla el Estado.
Esta es una falacia del tipo “non sequitur”: no se sigue la conclusión. Para
demostrar el error de una falacia, bueno es seguir el razonamiento
equivocado hasta el ridículo; esto se llama “reducción al absurdo”. En
este ejemplo, ¿qué hay más importante que el amor? Sin embargo, a
pocos estatistas se les ha ocurrido encargarlo al Estado, y establecer ¡un
“Ministerio del Amor”! Ud. no lo divulgue mucho por favor, no sea que les
demos malas ideas a los estatistas ...
38

¿Por qué necesitamos Estado?

Sólo porque muchos individuos no respetan la vida, libertad y propiedades


de los demás excepto sean obligados por la fuerza. Para los tales
criminales desadaptados -malhechores o antisociales- se requiere un
aparato coercitivo, con suficientes policías y jueces; pero no para honestos
comerciantes, trabajadores, profesionales, industriales, taxistas, amas
de casa o banqueros. En sus más apretadas y resumidas cuentas, el
liberalismo enuncia una verdad obvia, primitiva y simple: no son los
buenos sino los malos quienes necesitan la vara del Gobierno. De no
haber antisociales, no requeriríamos Estado. ¡Todos podríamos gozar de
los beneficios de una sociedad anarquista, sin impuestos ni leyes! De
hecho no requerimos Estado las personas respetuosas para nosotros,
sino para quienes no respetan. Hoy la situación se ha invertido: como los
criminales andan sueltos por la calle, entonces todos los demás tenemos
que vivir entre rejas y puertas de seguridad.

El olvido por largo tiempo de estas simples y elementales verdades -que


en otras épocas constituían certidumbre tan sólidas como para
considerarse lugares comunes- ha causado todos nuestros presentes
problemas.

Cómo se justifica la privatización

¿Por qué deben privatizarse las empresas estatales?

El liberalismo va siempre de la mano con argumentos lógicos; y se pierde


cuando los abandona. Una vez entendidos y admitidos sus principios, lo
demás son consecuencias en su mayor parte. Un ejemplo tenemos en la
privatización, recomendación consecuente son sus principios. La
privatización de las empresas estatales es aconsejable no porque den
pérdidas, sino porque el Estado no está para producir ganancias. En otras
palabras: no existe para ser propietario o administrador de empresas,
sea que den pérdidas o rindan beneficios. Además las empresas estatales
siempre rinden beneficios, la cuestión es cuáles (económicos o políticos),
a quiénes (al menos a sus administradores y gerentes) y de qué modo
(compatible o no con reglas de justicia). Por otra parte, a los Gobiernos
les es fácil “ayudar” a las empresas estatales para que aparezcan en los
libros contables y registros estadísticos como produciendo ganancias. Y
los estatistas también pueden usar inversamente el argumento de las
pérdidas: si el Estado existe para producir ganancias, pues correspondería
¡estatizar todas las empresas privadas rentables!
39

Lo peor y más dañino de las privatizaciones en los ’90 fueron los pésimos
argumentos, que sin embargo han permanecido en el ambiente. Se
adujeron las pérdidas de las empresas estatales como razón suficiente.
Como todos creen que “un país es una gran empresa”, el público acusa a
los Gobiernos privatizadores como malos administradores, que venden
activos “de todos nosotros, el pueblo”, en lugar de simplemente renunciar
a sus puestos y dar paso a buenos administradores. ¡Los Gobiernos
privatizadores fracasaron miserablemente a la hora de defenderse,
además de privatizar mal!

No se ha explicado al público la justificación y fundamento de las


privatizaciones a la luz del concepto liberal del Estado: corresponde vender
las empresas estatales porque un país NO es una empresa, y el Estado
no está para hacer negocios, ni malos ni buenos. Tampoco se ha dicho
que las empresas estatales no pueden ser vendidas a precios mayores
que los de mercado, y éstos no pueden ser muy altos, dada su pobre y
comprometida situación: deudas, problemas sindicales, equipos obsoletos,
clientes y proveedores favorecidos con privilegios abusivos, etc. Y en los
’90, más que privatizar empresas, se privatizaron monopolios, a fin de
cobrar unos precios astronómicos -muy por encima de los reales valores
de mercado-, y seguir engordando al gigantesco Estado desbordado. Pero
nada de esto es extraño. ¿Cómo van a saber privatizar liberalmente
unos Gobiernos que no son liberales?

El concepto fundamental: lo que es “de todos” no es de nadie. Un bien


colectivo es presa fácil del abuso irracional de cualquier aprovechador,
que lo usa y explota en su beneficio exclusivo e inmediato, sin miramientos
por el futuro, puesto que no tiene interés ni incentivo alguno en su
conservación. Y peor aún si está cubierto y amparado por el manto de la
propiedad estatal y consiguientes ventajas. De allí la ruinosa condición
de las empresas estatales. (Este argumento liberal vale también para los
problemas ambientales, cuya solución radica en profundizar y ampliar
los derechos de propiedad privada sobre los recursos productivos,
incluyendo los naturales.)

Causas y consecuencias del estatismo

¿Por qué se extralimita y desborda el Estado?

Los Gobiernos se salen de sus límites al pretender cumplir funciones que


no son las suyas: producir bienes y servicios económicos y financieros -
o bien promover y/o regular su producción-, educar y curar, sostener el
arte, la cultura, la ciencia, el deporte, etc. Los Gobiernos no pueden cumplir
40

estas funciones; y lo peor es que impide a mercados e instituciones


privadas cumplirlas por sus medios voluntarios. Y que incumplen también
sus tres funciones propias estatales. El Estado es un mandatario de la
sociedad para cumplir ciertas funciones. Pero cualquier mandatario puede
extralimitarse, y tomarse atribuciones que no le corresponden. El filósofo
estadounidense Robert Nozick escribió un libro titulado “Anarquía, Estado
y Utopía”. Lo dividió en dos partes, de igual número de páginas
aproximadamente. La primera parte justifica la necesidad del Estado; y
refuta al anarquismo. La segunda parte justifica la necesidad de mantenerlo
limitado; y refuta al estatismo.

¿No se requiere un Gobierno fuerte? ¿Poderoso?

Fuerte en sus propias funciones, e investido de los poderes suficientes


que son necesarios para cumplirlas. Un Gobierno limitado ha de ejercer
fuerza en el cumplimiento de sus funciones propias y no más allá.
“Limitado” no equivale a débil; todo lo contrario: Gobiernos que mucho
pretenden abarcar, poco aprietan.

¿Cuáles son las consecuencias del estatismo?

Que el Estado no puede cumplir las funciones impropias usurpadas a los


particulares, y tampoco cumple las propias:
Las tres funciones propias del Estado quedan sin cumplir por los
Gobiernos estatistas. Por eso la criminalidad impera en nuestras calles,
y en nuestros campos y fronteras, y la injusticia en nuestros tribunales.
Y no hay carreteras suficientes.
Para cumplir el cúmulo interminable de funciones impropias que se
atribuye, las intervenciones en la economía y los altos impuestos son
supuestamente necesarios. Como consecuencia, la actividad
económica privada es poca, y poco productiva. La educación es pobre
y la salud mengua. Y los ingresos son bajos y hay desempleo,
informalidad y pobreza.

Para colmo, cuando el poder se concentra, no hay freno para la tendencia


a los abusos de toda clase, como la corrupción. Fue un destacado liberal
católico inglés, Lord Acton, quien escribió aquella frase tan conocida y
citada: “Todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe
absolutamente.” Sobre la misma idea, otro liberal católico inglés -J.R.
Tolkien- escribió la famosa trilogía “El Señor de los Anillos”. El poder
estatista es absoluto precisamente porque no reconoce límite.
Concentración de poder y corrupción traen conflictos e inestabilidad. No
son estas desviaciones accidentales; son elementos consustanciales e
41

inevitables, secuelas naturales del estatismo, porque están en su


naturaleza. No deberían extrañar. Y el problema no es que los Ministros y
congresistas “ganan mucho”, sino que nosotros los particulares ganamos
poco, y nos descapitalizamos y depauperamos como consecuencia del
estatismo.

El estatismo oprime y empobrece. Y sus pésimos y duraderos efectos no


se limitan a la política y la economía; también tiene efectos de orden
moral e intelectual, y hasta de salud.
Cautiva con sus promesas falsas, y nos hace mentalmente
dependientes y adictos al Estado. Así socava la responsabilidad
personal -base de la moral-, y nos desmoraliza y envilece. Nos convierte
a todos en mendigos.
Pero también nos degrada intelectualmente, por la pereza mental a la
que induce, asumiendo que en los Gobiernos está la solución y el
remedio, y asimismo el sustento y la previsión: “el Estado piensa y se
preocupa por ti y tu futuro, y el de tu familia y empresa; así que no
necesitas pensar.” Nos convierte a todos en seres mentalmente
descuidados, incapaces de pensar racionalmente y con rigor, única
forma de afrontar los naturales problemas de la vida. Por eso el
estatismo enreda y confunde, y termina embruteciendo a las personas.
Y enferma, ya que con semejantes niveles de pobreza es muy difícil
pagar por atención médica privada, que es la que cuenta al fin y al
cabo.

La gente padece los deplorables resultados del estatismo, pero sin


embargo ignora la causa ... ¡o la atribuye al capitalismo!! Los políticos
estatistas deberían hacer sus campañas electorales con una etiqueta así:
“Advertencia, se ha determinado que el estatismo causa daños a su
economía, a su sentido moral, a su capacidad de pensar y a su salud
física.”

¿El liberalismo no es una solución muy simplista?

Demasiada gente repite que “el problema es muy complejo”, y “no hay
soluciones simplistas”; pero, ¡Ud. no se deje intimidar por los universitarios!
Es cierto que los problemas son muchos, de diversa naturaleza, y algunos
de cierta complejidad, por la presencia de múltiples factores no
homogéneos. Pero la solución ES simple: ¡devolver al Estado a su lugar!

Muchas veces, graves problemas se crean por el olvido de ciertos aparentes


detalles. El mal comportamiento de la economía peruana no se debe a
problema económico alguno sino político, el estatismo: Estado gravemente
42

inflado y fuera de lugar. La solución es en esencia simple, aunque percibirla


no es al principio fácil: acabar con el estatismo, mediante una operación
política que devuelva al Estado a su lugar -¡el detalle!-, y le reduzca a
dimensiones proporcionadas a sus verdaderas funciones. No sin antes
comprender la naturaleza y los fines del Estado.

Mercantilismo, socialismo, y “terceras vías”

Son distintas formas de estatismo. Tradicionalmente - antes del


“neoliberalismo”-, el estatismo ha sido:
Mercantilista si opera en beneficio exclusivo de los ricos -tradicionales
o nuevos-, mediante restricciones a la libre competencia, en detrimento
de los demás.
Socialista si aprovecha a otros grupos -políticos, sindicales-, que dicen
ayudar a los pobres. Pero no hay ningún caso de socialismo que haya
ayudado realmente a los pobres; por eso es francamente asombroso
que mucha gente ingenua aún siga manteniendo tercamente la creencia
de que ese es el verdadero objeto o finalidad del socialismo, y que
sus formas concretas son sólo “perversiones” o distorsiones. Y que
siga pensando que las izquierdas que no ayudan a los pobres “no lo
son verdaderamente”, y que “traicionan sus ideales”. ¿Qué ideales?
No todos los “ideales” declarados constituyen una guía sabia y
conveniente. En temas políticos, tenga Ud. en cuenta esto: casi nada
es lo que parece, y casi todo parece distinto a lo que es. El socialismo
es sólo una coartada para el afán de poder, para enseñorearse sobre
los demás, y vivir improductivamente a costa de los impuestos. ¿Son
esos acaso “ideales”?

Respectivamente, mercantilismo y socialismo se definen también como


“capitalismo oligopólico” y “capitalismo de Estado”. Una economía siempre
es “capitalista”, porque hay capital: no toda la producción se destina al
consumo inmediato, un excedente se ahorra, para ser invertido en
producir bienes que sirven para producir otros bienes, por ej. maquinaria,
equipos, plantas e instalaciones, edificios de oficinas. En este sentido, en
toda economía la producción es indirecta. Esos bienes de segundo orden
-bienes instrumentales o productivos- se llaman “de capital”. Por eso en
toda sociedad hay capital -mucho o poco-, que puede ser propiedad del
Estado o de los particulares. Pero en el segundo caso, el acceso a los
mercados -y por tanto las oportunidades de formar capital- puede estar
más o menos restringido por el poder, como es en el mercantilismo, o
haber libre competencia, como es en el capitalismo liberal. Así como en
política la democracia puede no ser liberal, también en economía hay un
43

capitalismo no liberal, que es el mercantilismo. Y un capitalismo de Estado,


antiliberal también, que es el socialismo.

Advertencia: se ha comprobado que la democracia ilimitada o iliberal


tiende al estatismo. Que será mercantilista o socialista según los grupos
o sectores que emplean la fuerza del Estado en su exclusivo provecho y
beneficio. En una democracia no liberal, los empresarios mercantilistas
obtienen subsidios y/o protecciones contra la competencia; y los agitadores
socialistas, controles de precios y/o leyes salariales y obreras.

¿Y la “tercera vía”? ¿Y los sistemas mixtos? ¿Y el socialismo democrático?

Es lo que tenemos, y siempre hemos tenido, con uno u otro sello o


marbete: estatismo en dosis no demasiado fuertes. Las tendencias
moderadas o democráticas son para muchos “el mal menor”. Pero el
problema es que todo estatismo fracasa, aún en dosis moderadas. Y ante
cada fracaso, las versiones moderadas son sustituidas -a veces con
violencia-, por otras menos moderadas y más radicales, cuando la gente
confunde la enfermedad con el remedio, y quiere “soluciones más
drásticas”. Así se han arruinado muchos países que conocieron tiempos
mejores, como Argentina y Venezuela.

En 1927 Mises publicó un libro definitorio sobre este tema, titulado


“Liberalismo”. En 1944 Hayek siguió sus pasos, y publicó una obra profética,
titulada precisamente “El camino de la servidumbre”, describiendo cómo
las naciones se despeñan gradualmente por la senda de la planificación y
control estatales de la economía, y enseguida de la sociedad y todos los
aspectos de la vida. Para la inmensa mayoría de las personas, el proceso
pasa inadvertido: sólo unos pocos en millones son concientes de su
ocurrencia. El de la servidumbre es un camino cuesta abajo, inercial.
Significa que desandarlo se hace cuesta arriba. Hayek hizo también una
comparación en base a un proverbio chino: “Tan fácil como hacer sopa
de pescado, es difícil deshacer la sopa y rehacer el pescado.” Es fácil
recorrer el camino del estatismo; lo difícil es desandarlo.

“¡Hechos, no doctrinas!”

Mucha gente también quiere “hechos, no palabras”, con lo cual se impide


reflexionar; y pide “medidas concretas” a Gobiernos estatistas, con lo
cual serán medidas estatistas. Una frase muy sabia -citada por el ex
Presidente de Costa Rica Oscar Arias- dice que “alguien tiene que decirle
al pueblo lo que debe saber, y no lo que quiere escuchar”. El pueblo debe
informarse debidamente antes de opinar.
44

Para encontrar la salida, todos debemos investigar y documentarnos.


Este libro trata de hacerlo más fácil para Ud., pero de todos modos, si Ud.
es de los que padecen logofobia (aversión a las ideas y conceptos) más
vale que no siga leyendo ...

La Riqueza se Produce cap 2

Liberalismo económico, la fórmula de crear riqueza

Lo es porque mantiene al Estado dentro de los límites marcados por sus


funciones propias, sin interferir en las otras. El Estado existe y cobra
impuestos para ocuparse de tales actividades, los llamados asuntos o
negocios públicos. Nada más, porque no sirve para otra cosa. Napoleón
Bonaparte lo puso así: “Las bayonetas no sirven para sentarse en ellas.”

Para comenzar, digamos que el liberalismo es el único modo o sistema


conocido que es eficaz para promover la creación de riqueza. Y esto no
es meramente circunstancial ni casual: es porque el orden liberal es el
orden natural de la economía; el estatismo es una imposición artificial y
a la fuerza. El liberalismo es difícil de aceptar hoy en día porque ya casi
nadie cree en leyes naturales de la economía y la sociedad.

¿Cuál es la fórmula de la riqueza?

Individualmente hablando, hay sólo dos maneras alternativas de hacerse


rico: mediante trabajo e inversión inteligentes, bajo el sistema liberal; y
mediante las “apropiadas” conexiones con el poder, bajo el estatismo.

Socialmente hablando en cambio, la fórmula para crear la riqueza es


siempre una y la misma, y no es exclusiva para una época o para el
Perú; es igual en todas partes: el sistema liberal. La riqueza se crea por
lo común a partir de la tierra o algún recurso natural, pero sobre todo con
capital, trabajo inteligente, y leyes generales básicas favorables a los

Clima
Político-Ideológico

R,E = R N + Ti + K + L

DP = IF
IC
45

derechos de propiedad privada y al Gobierno limitado. En cualquier país,


la legislación depende de la política, y ésta del clima ideológico, resultante
de las sumatorias de todas las influencias ideológicas favorables y
contrarias a este sistema; es decir: liberales y antiliberales. La salida
pasa necesariamente por restablecer un equilibrio entre las hoy
desproporcionada influencia de las ideas antiliberales, y la influencia -o a
lo menos la presencia- de conceptos, juicios y valores genuinamente
liberales, hoy prácticamente ausentes del debate público.

¿Cómo la riqueza se crea?

La riqueza se produce, no es algo que existe de antemano, ya hecho,


como los recursos naturales.

En una economía se debe responder a millones de preguntas como ¿cuánto


producir de papas (o importar), y cuánto de salchichas, carros o
computadores? ¿con cuánto de capital y cuánto de mano de obra? ¿cuánto
ofertar en este mercado y cuánto en el otro? Bajo un sistema liberal, son
los empresarios y agentes económicos privados quienes responden
libremente a estas preguntas -sin ser coaccionados o apremiados-, y
toman las decisiones de producción, en lugar de los funcionarios
gubernamentales.

La propiedad privada de los bienes y de los medios de producción garantiza


la plena capacidad de decisión de los propietarios de los recursos
económicos y factores productivos; y que las decisiones de los
consumidores también sean respetadas. Porque a partir de la demanda y
oferta en todos los mercados -de factores y bienes-, se forman los precios
libres, que incluyen información acerca de cuánto valoriza la sociedad los
factores productivos, y también los distintos bienes y servicios de uso y
consumo, a cuya producción pueden ser aplicados. Mediante precios libres
se conjugan las voluntades de consumidores y titulares de factores, que
a fin de cuenta son las mismas personas, unas veces enfocadas “del lado
de la demanda” y otras “del lado de la oferta”. Y observando las dos
series de precios, de bienes y factores, los empresarios se crean
expectativas sobre ganancias y pérdidas, y toman eficientes decisiones
de producción. Este proceso es racional, no porque sea racionalmente
dirigido en su totalidad y desde arriba, y conforme objetivos colectivos
prefijados de antemano. Es racional porque cada agente toma
racionalmente sus decisiones en función de sus objetivos -y de la
información disponible, que se halla dispersa en los mercados-; y hay sin
embargo una coordinación espontánea -la tan denostada “mano invisible”-
que puede comprenderse racionalmente.
46

Los estatistas acostumbran a abusar de la “teoría de sistemas” para


justificarse. Aluden a ella como si todo sistema fuese centralizado, y no
hubiese sistemas descentralizados en la naturaleza y en la sociedad,
tales como el lenguaje, el derecho y la economía, los tres ejemplos
favoritos de Hayek para ilustrar los procesos de coordinación espontánea.
La economía no requiere ser dirigida desde arriba por los Gobiernos, ya
que ella misma tiene complejos “sistemas” naturales de preservación y
cuidado de los factores productivos (derechos de propiedad privada),
instituciones capaces de producir bienes y servicios (empresas y
empresarios privados), medios de transmitir información (precios) y de
brindar incentivos positivos y negativos (ganancias y pérdidas, que son
premios o castigos por satisfacer las necesidades expresadas en los
mercados), y muy eficaces formas de disciplinar los costos (competencia).
Estos sistemas no pueden ser reemplazados por las oficinas
gubernamentales y sus edictos. El estatismo los perturba, distorsiona, y
arruina. Los destruye, o los hace funcionar perversamente: en contra del
interés general, sobre todo de los más pobres. Por eso no sólo es
antieconómico: el estatismo es irracional, y es inmoral.

Cuando estos mecanismos naturales fallan, como consecuencia de las


perturbaciones estatistas, entonces se producen asignaciones menos que
óptimas de recursos, despilfarros y otras ineficiencias. Y las ganancias y
pérdidas se divorcian de las preferencias de la gente reveladas por los
mercados, y se asocian a los vínculos políticos necesarios para conseguir
subsidios, restricciones a la competencia u otros privilegios. De este modo,
beneficios y pérdidas ya no premian o castigan el éxito o el fracaso en
los mercados sino en el juego político. Un “lobbista” eficiente vale más
que un gerente eficiente. (El lobbismo siempre es inmoral, y como toda
inmoralidad, no deja de serlo porque se haga “transparente”. Como el
adulterio, no cambia su naturaleza porque se haga de conocimiento
público.) El estatismo fracasa porque no hay Ministerio o Comisión del
Congreso que tenga la información suficiente para responder los millones
de preguntas que entrañan decisiones de producción. Y aún si la tuviere,
debería resolver millones de ecuaciones simultáneas; pero sin precios,
no podría saber cuánto las cosas son valorizadas comparativamente. Así
es como bajo el estatismo se producen menos bienes de los que la gente
aprecia, de menor calidad, y -con mayores gastos-, mucho más caros.
Eso pasa hoy en el Perú.

La riqueza no sólo se crea: también se consume, constantemente. Por


ello hay que reproducirla, constantemente. De otro modo tenemos
pobreza; mas no por culpa del libre mercado sino de su opuesto, el
estatismo.
47

¿Y cómo se reproduce la riqueza?

Cuando el excedente de riqueza creada por sobre el consumo de


subsistencia puede ser conservado, ahorrando para inversiones
reproductivas, en lugar de ser colectado en impuestos. Y cuando las
inversiones pueden ser decididas con autonomía. Con un Estado en su
puesto, a cargo de sus funciones propias, sin entremeterse en otras
actividades.

La creación de riqueza y empleo depende de las inversiones; y éstas del


ahorro. La generación de riqueza está doblemente asfixiada en el Perú:
directamente a través de las reglamentaciones, que matan inversiones;
e indirectamente, a través de los impuestos, que matan el ahorro.

¿Quién reparte la riqueza en un orden liberal?

Distribución y creación de riqueza forman parte del mismo proceso en un


orden liberal. No hay mamá o papá que parte la torta y sirve las porciones
del pastel, luego de ser horneado. Ninguna autoridad o persona en
especial, o conjunto seleccionado de ellas distribuye la riqueza por medios
políticos, como en el estatismo. Los Gobiernos sólo aparecen en escena
cuando hay agresiones, robos y hurtos, lesiones, heridas y contusiones,
estafas, violaciones, etc. En otras palabras: cuando se cometen graves
infracciones en el proceso, y no para o modificar los resultados alcanzados,
o para imponer metas, dirigir u orientar actividades, cuestionar motivos
y valores. En los deportes, los árbitros sólo castigan las faltas de los
jugadores, pero no les mandan ni sugieren estrategias de juego, tampoco
se preguntan sobre los motivos que les impulsan, ni mucho menos alteran
la tabla que marca los resultados producidos. ¡Ni siquiera conceden
premios!

Bajo un orden liberal, todos los participantes en los mercados, en general,


toman parte en una distribución impersonal. La riqueza es producida por
los agentes productivos o factores de la producción -trabajadores,
capitalistas y empresarios-, y entre ellos mismos la reparten,
naturalmente, por los canales distributivos del mercado: los ingresos
factoriales. Son las compensaciones debidas a cada uno de ellos. Y el
reparto es por adelantado: primero se pagan los sueldos y salarios, y las
comisiones, intereses, cánones de arrendamiento, etc., que son los
ingresos del trabajo y el capital, en sus distintas formas. Y después por
último, si hay ganancias -diferencia positiva entre retornos y pagos-, se
48

cobran los beneficios, ingresos empresariales, que son las ganancias,


utilidades y dividendos. Pero, para el empresario muchas veces hay
pérdidas en lugar de beneficios.

El Mercado Distribuye la Riqueza

Sueldos y Salarios Factor trabajo


Intereses, dividendos, alquileres, etc. Factor capital
Beneficios o utilidad Factor empresarial

A través de estos ingresos de cada factor, los mercados distribuyen la


riqueza. Lo hacen conforme a un criterio económico: el aporte de valor
agregado por cada quien al proceso productivo, expresado en los juicios
impersonales del mercado a través de los precios, y no de los Gobiernos
mediante sus órdenes ejecutivas. Estos juicios del mercado no son
políticos; reflejan las valoraciones y prioridades de la sociedad en cuanto
a producción de bienes y servicios, y empleo de factores. Y las prioridades
sociales proceden de millones de juicios de valor, y apreciaciones de
motivos, y expectativas de resultados en función de objetivos. Y se
concretan y expresan en millones de actividades emprendidas en
consecuencia. O de miles de millones, si consideramos la globalización,
que extiende las fronteras geográficas de los mercados más allá del
Perú.

¿Y la “justicia social”?

Encubre una grave injusticia: la acción “re-distributiva” del Estado, dirigida


a lograr un supuesto “mejor reparto”, a la luz de criterios políticos que en
última instancia descansan en la fuerza electoral comparativa de unos u
otros intereses especiales. Lo hace de dos modos:
Por la vía fiscal, redistribuye las ganancias y pérdidas -impuestos por
un lado, y transferencias o subsidios por el otro-, alterando las
recompensas y castigos de los mercados. Introduce daño en el sistema
de incentivos porque cambia los resultados producidos.
Por la vía de reglamentaciones, interfiere en los arreglos que los
factores productivos acuerdan, dictando los Gobiernos las cláusulas.
Altera las actividades y condiciones de producción, además de los
resultados. El daño es más grave. Aquí ya no espera el resultado,
sino pretende anticiparse.
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De una u otra forma, los agentes económicos se desplazan de una actividad


a otra, y de un empleo a otro. Pero lo hacen ya no buscando empleos y
asignaciones de recursos más eficientes según las señales dictadas por
los mercados -expresivas de preferencias y prioridades sociales-, sino
de acuerdo a lo indicado, ordenado, señalado, prescrito, sugerido
implícitamente, o explícitamente “recomendado” por los Gobiernos.

En un orden liberal en cambio, se respetan los motivos, valores y


decisiones individuales de la gente. Ella tiene derecho a planificar y arreglar
sus actividades por su cuenta. Y a conservar y disponer íntegramente del
fruto de su esfuerzo e ingenio. El Estado no “redistribuye” la riqueza, es
decir, no la reasigna conforme a criterios políticos.

4 razones por las cuales el estatismo genera pobreza

¿Por qué el Estado no sirve para invertir, crear riqueza, educar, etc.?

Pregunta clave, y mucho se ignora la respuesta. Es la siguiente: no sirve


en esas funciones porque para el desempeño de las suyas propias
(represiva, judicial, y de obras públicas) le son funcionales rasgos
distintivos del Estado, derivados del uso de la fuerza, e impuestos por
esta circunstancia. Esas características propias de los negocios y asuntos
genuinamente públicos, son las siguientes:
a) uniformidad;
b) tendencia al monopolio y a la jerarquía centralizada y vertical;
c) aprecio por las formas (incluso solemnes);
d) predominio de soluciones políticas antes que económicas a los
problemas.

# Son las tres primeras unas características muy necesarias a la hora de


organizar la defensa nacional y la policía por ej. O de establecer y
administrar justicia -imponiendo severas penas-; o bien de contratar obras
públicas y recoger impuestos. Tales son las funciones propias del Estado.
Nada de esto puede hacerse a la ligera, o permitirse que cada funcionario
sea “creativo” o experimente a la hora de tomar decisiones. Todo debe
ser hecho del mismo modo, considerando los precedentes y la tradición,
deliberando con paciencia y consejo -con parsimonia-, y atendiendo
cuidadosamente las formalidades. “Los asuntos de palacio van despacio”,
y es natural, propio y bueno que así sea, ya que siempre está involucrada
la violencia. Es lo propio del Estado.

# Pero esos mismos tres rasgos descritos arriba, se transforman en


disfuncionales -y obstáculos insalvables- a la hora de producir alimentos,
50

artículos industriales, transporte, servicios financieros, educar o prestar


atención médica, exportar, etc. Tales son las funciones propias de los
privados. Para hacer todas estas cosas se requiere agilidad, inventiva,
innovación; no la fuerza, en ningún caso. Por eso, en economía, banca,
enseñanza, servicios médicos, seguros, etc., lo mejor es la
descentralización y la competencia, ambientes naturales y propicios para
la experimentación. Es lo propio del sector privado, voluntario o de
mercado libre.

No conviene mezclar. Porque cuando los Gobiernos traspasan sus límites,


llevan consigo sus rasgos distintivos, y contagian a los mercados e
instituciones privadas. Empresas, escuelas y hospitales estatales se
uniformizan, se centralizan y se burocratizan. Así aparecen enseguida
los otros dos elementos constitutivos del estatismo:
los mercados resultan invadidos, oprimidos e impotentes, víctimas de
rígidas formalidades innecesarias;
y las instituciones privadas -empresas, escuelas, clínicas, iglesias,
partidos, gremios, cajas de previsión, etc.-, se funden con las estatales,
copiando sus modalidades. Así pierden autonomía, fuerza, capacidad
para competir, y habilidades.

Y los entes estatales también se politizan. Un cuarto rasgo o característica


propia del Estado es la politización, y su inevitable consecuencia, la
partidización de las actividades estatales. Pero política y partidos no son
cosa mala en sí misma, dentro de su contexto y límites naturales; la
política es cosa de partidos -que le son consustanciales-, sobre todo en
una democracia, que los reconoce, institucionaliza y legitima. Es natural
que los problemas políticos sean resueltos por medios políticos; lo
antinatural es convertir en políticos problemas de otra índole, y tratarles
por medios políticos. Es inevitable que los órganos estatales sean
gobernados por gentes políticas y de partidos, cada cual con sus idearios,
conceptos y puntos de vista. Lo que puede y debe evitarse es la intromisión
de la política y los partidos en funciones y actividades donde estos no
tienen cabida. En instituciones como empresas, bancos, escuelas y centros
médicos, iglesias y congregaciones religiosas, orquestas sinfónicas y
editoriales, cajas de previsión, laboratorios científicos y equipos
deportivos. Debe garantizarse su autonomía e independencia del poder.
¿Cómo? No hay sino una sola manera: funcionando separdas del Estado,
como instituciones privadas. (Vale hasta los partidos políticos inclusive,
que deberían operar como asociaciones privadas, sin fondos estatales ni
reglamentaciones estatales. E igual las ONG).
51

Para saber si una actividad determinada corresponde o no al Estado, hay


que preguntar si se requiere o no la fuerza para cumplirse. Las empresas,
escuelas, centros médicos, cajas previsionales, etc., ¡no requieren de
violencia para funcionar! Son cosas que las gentes hacen voluntariamente,
por gusto, o al sólo impulso de los naturales apremios de la vida. Este
criterio demarcativo permite distinguir y separar correctamente las
funciones estatales, propias del Estado, de aquellas otras, indebidamente
usurpadas a los entes privados, a quienes naturalmente corresponden.

9 razones por las cuales el liberalismo no es adoptado

Si el liberalismo es tan estupendo, ¿por qué persiste el estatismo?

Buena pregunta; los estatistas pueden hacer buenas preguntas, que


merecen buenas respuestas. El estatismo persiste por las siguientes
razones, entre otras:

1) La masiva y asfixiante educación estatista. En las Universidades se


ignoran las corrientes de pensamiento afines al liberalismo, que
constituyen su base y sustento científico e intelectual: Economía
austríaca, Derecho natural y Filosofía realista son objeto de silencio o
burla despreciativa. A partir de su estatización en el siglo XVIII, las
Universidades fueron dominadas por el “cientismo”, simiesca imitación
de los métodos de las ciencias naturales en materias humanísticas,
tan denunciada por Mises y Hayek. Y en consecuencia los centros
académicos se interesaron cada vez más en el cumplimiento de ciertas
formalidades -credenciales, métodos y formatos rígidos para las
monografías, tesis y cursos, etc.-; y cada vez menos en el pensar
rectamente, para adquirir conocimientos ciertos y llegar a conclusiones
válidas. Y si Ud. -lector o lectora- se pregunta: “¿Y qué tiene que ver
esto conmigo, si yo no soy economista (o filósofo)?”, tome en cuenta
lo siguiente:

2) A la educación estatista se debe principalmente esa unánime exaltación


del estatismo, y la todopoderosa y multiforme influencia de esta
corriente en los egresados universitarios y en la política. Tal influencia
se observa entre los “formadores de opinión”, y entre los políticos y
asesores de los Gobiernos y Congresos. Los primeros -periodistas,
comentaristas, entrevistados-, influyen en las opiniones del público;
los segundos, en las de Ministros y congresistas. El estatismo inspira
todos sus pensamientos, comentarios y decisiones. Pero cuando un
congresista o un Ministro está mal asesorado, su bolsillo no sufre -ni
el de su asesor-, sino el suyo de Ud.
52

3) La masiva y asfixiante propaganda estatista. El estatismo reina en la


prensa escrita y electrónica -incluso tiras cómicas y hasta en la
publicidad comercial-; y en el púlpito eclesiástico; y por supuesto, en
todas las formas de arte popular, especialmente la pantalla, grande y
pequeña. Tome Ud. por ej. las series de la TV por cable, desde EEUU:
¿Quiénes son los héroes? Los empleados públicos: bomberos,
paramédicos y enfermeras, fiscales y policías. (En la antigua novela
de misterio, el héroe era un detective privado, que superaba al
policía estatal en inteligencia antes que en fuerza bruta. La literatura
popular ha sufrido muchos cambios desde entonces.)
¿Y los villanos? Los empresarios: caseros, tenderos, comerciantes
y banqueros.
Y esto todos los días, de Lunes a Lunes.

4) El malentendido con los creyentes. Los Domingos, escuche Ud. la


predicación cristiana de la mayoría de los sacerdotes y pastores. ¡Todos
en contra de la libre empresa y a favor del estatismo! En amplios
segmentos de los sectores populares, esta opinión se toma como si
fuese la Palabra de Dios.

5) El “pensar positivo”. Es una moda fatal:


Por lo general, mente ”positiva” significa mente irracional: equivale
a creer que es lo mismo desear algo con “fe”, imaginarlo, y tenerlo!
Y ser “positivo”, por lo general equivale a ser acrítico. Mas es
propio del liberalismo su espíritu crítico; sin libertad de crítica no
hay solución.

6) El descrédito del “neoliberalismo”. Los neoliberales insisten en que


necesitamos más impuestos y mejores regulaciones. En obediencia a
su consejo, los impuestos se elevan, y las regulaciones se cambian -
y se hacen más intrusivas-, y la solución no aparece. Pero su incansable
y monótona prédica es tomada como liberal, y al liberalismo se imputa
su fracaso.

7) Las falsas esperanzas que las gentes ponen en las promesas y


“soluciones” estatistas, reiteradas cada vez que un nuevo Gobierno
entra en escena, o sale de ella y se convoca a nuevas elecciones. La
gente quiere “soluciones inmediatas”; y por eso aplaude y busca las
reiteradas políticas efectistas que los políticos estatistas les prometen,
pese a su probada ineficacia. Cada comicio es igual: el público cree
erróneamente que las respuestas de mercado no serían eficaces, o
no serían inmediatas. Los poquísimos políticos que saben a lo menos
53

algo de la verdad, temen ser abucheados, y prefieren callar o


esconderse.

8) El tejido de intereses creados alrededor de todas las otras funciones


productivas o controladoras que impropiamente atribuyen al Estado.
En economía y finanzas, educación, medicina, planes de previsión,
cultura, etc., y hasta en deportes y ciencias. Estas actividades le quedan
al Estado enormemente grandes, siendo manifiestamente torpe y no
idóneo en ellas, como un elefante en una cristalería. Y le hacen muy
costoso. Sin embargo, ciertas personas viven de ellas -y algunas viven
muy bien-, y tal vez equivocadamente, creen que no tendrán cabida
en un orden liberal. Y por esa razón, ponen mil y una objeciones para
resistir al liberalismo, pretextos en realidad. Pero son creídos y
repetidos por una opinión pública que simplemente ignora la verdad,
y por eso actúa contra sus mejores intereses.

9) Desconocimiento generalizado. La democracia nos ha dado el voto a


todos; pero no todos sabemos usarlo. Cada vez que surge una opción
liberal, de inmediato es presionada para que “modere” su lenguaje, o
lo haga más “pragmático” o más “técnico” o más lo que sea ... pero
menos liberal! Porque de otro modo -se dice- no va a recibir suficientes
votos. Y en parte es cierto. Las mayorías desconfían del liberalismo,
porque los “formadores de opinión” -egresados de una educación
estatista- les han transmitido información distorsionada. Y pocos tienen
tiempo suficiente como para investigar y documentarse por su cuenta
-buscando fuentes de información alternativas-; y de éstos, muy pocos
se toman el trabajo de hacerlo. Pero así es como poco a poco la
doctrina liberal se va deformando y pervirtiendo, o perdiendo.

¿Cuánto nos cuesta el estatismo?

Los peruanos pagamos en diversos impuestos casi un 40 % de nuestros


ingresos, en promedio ponderado. El Impuesto a la Renta comienza en
15 % y es progresivo; y las empresas tributan 27 y 30 por ciento. El IGV
(nuestro IVA) es de 18 %, y se le añade un 2 % de impuesto “de
solidaridad”. Las importaciones pagan entre 4 y 20 por ciento. Hay infinidad
de impuestos especiales, muy gravosos; y asimismo innumerables multas
y recargos, sin olvidar los altos costos de los muchos trámites exigidos
por las reglamentaciones. Demasiado dinero; todo un botín. ¿No es esa
otra buena razón para explicar la persistencia -o resistencia- del estatismo?
54

Adoptando el liberalismo, los peruanos podremos conservar nuestro dinero


en nuestros bolsillos, a fin de comprar por nuestra cuenta en los mercados,
a cambio de precios, esos mismos bienes y servicios que los Gobiernos
dicen “brindarnos” a cambio de impuestos: educación, servicios médicos
y previsionales, etc. Tendremos pocos impuestos, planos -sin
exoneraciones-, uniformes -no progresivos-, moderados, y establecidos
sólo para el fin y propósito de costear la prestación de las funciones
estatales propias. (Pese a lo que se cree y se repite, el impuesto NO es
una “herramienta de política económica”, sino apenas una contribución
obligatoria al sostenimiento del Estado. Por eso debe ser neutro: no alentar
ciertas actividades en detrimento de otras, ni castigarlas.)

Por otro lado, es imposible calcular cuánto nos cuesta el estatismo en


términos de riqueza no creada , por culpa de los desincentivos
representados en los impuestos, y los desestímulos contenidos en las
reglamentaciones.

El estatismo es inmoral

Sí. Porque es injusto e inmoral intimidar, y accionar medios compulsivos


contra actividades no intrínsecamente criminales. Hay un derecho moral
de las personas a trabajar, producir, comerciar, y a concretar otras
actividades no criminales de su preferencia y elección. Y a conservar y a
disponer libremente de los frutos del trabajo, ingenio y creatividad. Como
otras, la grave inmoralidad del estatismo tiene perniciosas consecuencias
económicas, y es importante que los liberales enjuiciemos al estatismo
sobre bases morales antes que económicas.

No confundir: la ineficiencia, el desempleo, los bajos ingresos, la pobreza


y otras pésimas consecuencias económicas asociadas al estatismo, son
efecto y resultado de la transgresión o violación de normas morales
además de leyes naturales de la economía.

Los argumentos morales en favor del liberalismo tienen mayor peso y


son más entendibles que los meramente económicos, y pueden ser más
atractivos. Para hacerlos más efectivos, conviene alternar unos y otros,
como en las secciones de este libro. El primer y más elemental argumento
moral contra el estatismo es muy simple: implica el empleo de la fuerza
o coacción del Estado para usos impropios, distintos a la defensa contra
conductas intrínsecamente criminales -procedentes de dentro del país o
del exterior-, a enjuiciar a sus responsables, y a decretar la debida
indemnización a sus víctimas, así como recolectar los impuestos necesarios
para financiar estos verdaderos servicios públicos, y algunas pocas obras
55

de infraestructura. La inmoralidad radica usar la violencia para fines


redistributivos, o para favorecer de otro modo a ciertos privilegiados,
asociados al poder.

¿Y el estatismo es irracional?

Por supuesto: pudiendo tener una sociedad justa, próspera y armoniosa,


es irracional preferir una situación de injusticia, pobreza y conflicto. O
conformarse con ella.

Empleo, inversiones, corrupción

¿Por qué no hay empleo?

Porque no hay inversiones. ¿Y por qué no hay inversiones? Porque hay


demasiadas reglamentaciones. Y porque no hay ahorro. ¿Y por qué no
hay ahorro? Porque hay demasiados impuestos.

Los estatistas dicen ocuparse de una infinidad de “políticas públicas” -y


económicas-, entre ellas la de “atraer inversiones”, aludiendo sólo a las
extranjeras, como si no pudiera haberlas nacionales. Y no las hay
suficientes, eso es cierto; pero, ¿por qué razón? Porque la inflación de
funciones estatales invade todas las esferas privadas, derribando naturales
muros y separaciones, y ello dispara una cadena de efectos con un impacto
negativo sobre las inversiones. El de “políticas públicas” es concepto harto
discutible, a menos de significar “acciones de los Gobiernos destinadas a
cumplir sus funciones, con el menor gasto fiscal y empleo de la fuerza
posibles”. ¿Qué otro concepto de “políticas públicas” se justificaría? El de
“políticas económicas” es concepto aún más discutible, a menos de
significar “acciones de los Gobiernos destinadas a mantener bajos los
gastos fiscales”. ¿Qué otro se justificaría?

Los Gobiernos estatistas reclaman:


incontables misiones y tareas (funciones);
atribuciones y competencias (poder), supuestamente necesarias para
cumplir las funciones, dictando regulaciones que disminuyen nuestra
libertad y capacidades de decisión;
y más recursos financieros (dinero), lo que reduce nuestro patrimonio,
afectado por inflación e impuestos excesivos y confiscatorios, y a
futuro por deuda fiscal.

Así la riqueza producida es muy escasa, y los altos impuestos confiscan


buena parte de ella, impidiendo así el ahorro. Por eso constituimos un
56

mercado empobrecido, que por su escasa capacidad de compra, y por su


excesiva dependencia del poder, no es atractivo para empresarios, propios
o extraños. Porque supuestamente para solventar nuestras necesidades
por los medios coactivos propios del Estado, el estatismo nos quita por la
fuerza los poderes y los recursos con los cuales los particulares podríamos
hacerlo por nuestra cuenta, a través de los mercados y otros medios no
violentos.

La solución: que los Gobiernos nos devuelvan nuestras facultades


(libertades) y nuestros recursos (dinero), hoy confiscadas respectivamente
por las reglamentaciones y los impuestos. Así, todos vamos a invertir. Y
por consiguiente, a crear empleo. Pero para que la solución se materialice,
los liberales debemos volver a las primeras líneas de defensa del
liberalismo, partiendo desde los conceptos básicos, cuestionando los falsos
supuestos y conceptos erróneos, los razonamientos falaces, las
distorsiones y tergiversaciones, y las interpretaciones sesgadas. Sólo de
este modo podemos tener a futuro la secuencia: formación liberal -
corriente (de opinión) liberal - partido liberal - Congreso liberal - Perú
liberal.

¿En qué consiste la formación liberal?

En redefinir conceptos cada vez con mayor precisión en materias de


Economía y Gobierno, a fin de ajustar los juicios y razonamientos. Los
conceptos se eslabonan en juicios, y estos se integran en razonamientos.
Las conclusiones válidas se alcanzan a partir de conceptos realistas y
precisos, juicios verdaderos, y razonamientos correctos. El estatismo
descansa en conclusiones erróneas, procedentes de razonamientos
viciados, a su vez originados en juicios falsos, que por su parte provienen
de conceptos vagos o equivocados.

Herramientas para Pensar


Conceptos
Juicios
Razonamientos

Como todo mal de la sociedad, el estatismo se debe en buena parte a


muy graves fallas en la actividad intelectual, que no han sido detectadas
y corregidas a tiempo. La actividad intelectual sana es un proceso vital
para toda sociedad, y debe depurarse, corregirse y perfeccionarse. Si se
desea llegar a una solución verdadera, es preciso quitar de en medio los
estorbos: conceptos imprecisos o inexactos, errores de juicio, cadenas
57

de razonamientos fallados. Y otros obstáculos aún más graves, los factores


contaminantes del pensar, como por ej. las filosofías escépticas, relativistas
o eclécticas, que descreen en verdades concluyentes, o niegan que estas
puedan ser integradas en sistemas coherentes y válidos.

¿Pero el problema no es la corrupción? (o la ineficiencia?)

¿Cómo Ud. cree que tanto poder y tanto dinero concentrado va a


emplearse sólo para los fines declarados? ¿Y cómo cree que todo ese
dinero del Estado va a ser empleado con eficiencia, sin despilfarro de
recursos?

Porque aparte de los robos, también hay ineficiencias, y es difícil saber si


los recursos estatales -siempre insuficientes, pese a los altos impuestos-
, desaparecen por una u otra razón. Cuando Ud. compra por ej. atención
médica privada, su billete pasa directamente de sus manos a las de la
Clínica que le atiende, sin intermediarios. En cambio cuando Ud. paga
impuestos, su billete da una enorme vuelta: de la SUNAT pasa por una
larga serie de departamentos y oficinas gubernamentales, y después va
a un hospital estatal. Atraviesa diferentes dependencias y pasillos -
tesorerías y cuentas bancarias-, y pasa mucho tiempo. Para cuando Ud.
necesite atención médica, es probable que ese billete ya no esté allí para
comprar lo requerido. ¿Por qué? ¿Por deshonestidad, o por simple descuido
y mala administración? A Ud. poco le importará que sea por una u otra
razón.

Al pueblo -sobre todo a los menos educados- se le hace creer que la


corrupción es la causa de todos los males. Pero la corrupción, como la
ineficiencia, siguen inevitablemente al estatismo. No hay estatismo
honesto, ni eficiente. Nadie puede ser eficiente en funciones que no son
las suyas propias. Todo ese poder y dinero en manos del Estado hacen
naturales e inevitables la corrupción y otros abusos y desvíos de poder -
por ej. presiones e intimidaciones a la prensa-, muy denunciados. Hay
una sola salida contra la corrupción y otros abusos: eliminar el estatismo,
separando los negocios públicos -seguridad, justicia, infraestructura-, de
los privados.

Sin embargo, no conviene perder de vista que las “irregularidades” y sus


espectaculares “denuncias” -ventiladas cada tanto con gran aspaviento
en los medios masivos de comunicación-, cumplen importantes funciones:
1) Para los “denunciadores” estatistas son trampolines hacia arriba en la
pirámide del poder. En el estatismo prolifer an los corruptos y
abusadores, sólo que algunos son torpes y dejan huellas y trazos de
58

su paso. Otros son más hábiles, y cubren las huellas. Los primeros
son presa; y los segundos, sus predadores. Bajo el estatismo, los
políticos sin ideas se enfrascan en una caza de brujas interminable,
de un escándalo a otro, con gran despliegue de “pruebas”, cámaras y
titulares de prensa. Y la escena pública se queda vaciada de tesis y
propuestas, como no sean las del recetario único estatista.
2) Para el público, las denuncias son un circo que distrae su atención.
3) Y cuando un Gobierno se muestra persiguiendo a los corruptos y
abusadores -por lo general, del Goberno anterior-, además de librarse
de enemigos, por un tiempo se hace popular, y se renueva la fe en el
sistema (estatista), razón adicional por la cual el liberalismo no es
adoptado.

¿Cómo aplicar el remedio? ¿De forma gradual?

La economía y la política tratan más de conceptos que de cifras. La


diferencia entre estatismo y liberalismo no es de grado sino de naturaleza.
Tiene que ver con funciones estatales propias e impropias; y no es una
cuestión de “más” o “menos” Estado, sino de quitarlo de donde estorba,
y ponerlo en su lugar, a que haga su papel. Lo cual sólo puede hacer un
Congreso o Parlamento, que debe derogar las leyes malas.
Ello difícilmente congenia con una concepción gradualista de este proceso,
si por tal entendemos derogarlas poco a poco. Puede hablarse en este
sentido de una “revolución liberal” -en el sentido político y no cosmológico
del término-, y no de una evolución.
Aunque esta revolución puede comenzar en algunas provincias,
decretando el Congreso las zonas económicas especiales, como se
describe más adelante. En este sentido sí puede hablarse de gradualismo.

Pero de todos modos se necesita un Congreso liberal -a fin de derogar


las leyes malas-; y probablemente una Constitución liberal. Para todo
ello hay necesidad también de una corriente de opinión liberal, que vote
a favor de candidatos liberales a congresistas legislativos o constituyentes.
Y para crear esa corriente de opinión, es probable que sea muy necesario
un partido liberal. De suyo, la corriente y el partido liberal sí pueden
surgir de manera gradual.

Por fin, es importante destacar que los políticos -salvo muy contadas
excepciones- son seguidores de las encuestas, vale decir, de la masa del
pueblo. No son líderes verdaderos. Hasta que los liberales no podamos
crear al menos una corriente de opinión liberal, los Congresos y los
Gobiernos seguirán insistiendo con el estatismo.
59

cap 3 Objeciones y Confusiones


Economía “social” de mercado

¿Liberalismo equivale a “Economía social de mercado”?

No. Hay muchas fórmulas mixtas o terceristas, que son sólo semiestatistas
o casi estatistas, pero no liberales. Mises llamaba “intervencionismo” a
las fórmulas como las que se aplican en Perú: signadas por una
intervención estatal prácticamente ilimitada, que retrocede sólo ante el
extremo socialista.

Un ejemplo de concepto tercerista es la “Economía social de mercado”, o


esa otra todavía más ridícula: “Economía humana”. Son todas expresiones
equívocas, ya que toda economía es social, porque es inter-humana. Y
también es de mercado, porque incluye ofertas y demandas, aún cuando
la economía y el mercado no sean libres, que es lo que importa realmente.
Expresiones como “Economía de mercado”, o “social”, son redundantes,
tautológicas, vacías de contenido. Decir “economía de mercado” solamente
-al estilo neoliberal- es como decir “fútbol con pelota”; ¡porque no se
concibe el fútbol sin la esférica! El concepto “economía de mercado” sin
referencia alguna a la libertad, es al menos poco claro, equívoco,
probablemente tramposo. En la realidad todas estas expresiones
vagamente definidas encubren un socialismo muy mal disfrazado, aunque
sea en dosis moderadas. Equivalen a semisocialismo o semimercantilismo,
es decir, semiestatismo. Mucho más ajustadas para describir al liberalismo
son expresiones como Economía libre, mercado libre, libre competencia
y libre empresa, que podemos tomar como equivalentes. O libre comercio,
en el intercambio con el exterior, sin aranceles ni otras barreras.

Las fórmulas terceristas son defendidas con el argumento de que “todos


los extremos son malos”. Sin embargo el argumento no es aplicable con
sistemas económicos -al menos-, ya que los hay demostrablemente malos,
y demostrablemente buenos. Si es el caso con estatismo y liberalismo,
¿por qué conformarse con algo que es malo sólo a medias, pudiendo
elegir lo bueno? ¿Sólo porque no es “enteramente malo”? Esa no es razón
suficiente.

En el fondo, por “extremos” el argumento entiende “sistemas puros”. Y


en “todos los sistemas puros son malos” subyace una suposición implícita:
que hay “algo bueno y algo malo” en todos los sistemas, y por ello deben
combinarse. En el debate con el estatismo -cuando los estatistas lo
permiten-, este tipo de suposiciones normalmente se implican, y no se
60

mencionan; pero deben ser urgentemente explicitadas para poder


discutirlas. Una vez que se hace explícita por ej. esta suposición, se
puede avanzar en el debate y plantear: “Veamos, ¿qué hay de bueno en
el estatismo, y qué de malo en el liberalismo?” De este modo es posible
alcanzar conclusiones válidas.

Con frecuencia los liberales no tenemos habilidades dialécticas suficientes.


Es una debilidad. Por eso incurrimos inadvertidamente en un lenguaje
cargado de estatismo, descuidandos los términos empleados. Decimos
por ej. Presupuesto “público” y gasto “público”. Pero mejor deberíamos
decir estatal, ya que las partidas presupuestarias del Estado no siempre
se destinan a fines públicos, y el adjetivo “público” así lo presupone, y les
da un aura de santidad, las hace intocables. De esta manera, los liberales
proponemos reducir los gastos “públicos”, y lucimos como enemigos de
la sociedad! Con frecuencia el estatismo abusa de los términos; por ej. al
atribuirle categoría de “funcionarios públicos” a maestros y profesores
por el sólo hecho de ser contratados por el Estado. Si admitimos el lenguaje
estatista, perdimos la partida de antemano.

“Subsidiariedad”

¿La “subsidiariedad del Estado” es liberal?

Se dice que el Estado tiene un rol subsidiario ante el mercado y los


agentes privados. “Subsidiario” quiere decir “en defecto de” o “a falta”
de algo. Significa que el Estado actúa cuando y donde los mercados no
pueden. La cuestión es, ¿cuando y donde los mercados no pueden? ¿cuáles
funciones NO pueden desarrollar los mercados, y se requiere la acción
del Gobierno? Caben dos respuestas alternativas:
Los liberales entendemos que el Estado debe cumplir sus tres funciones
seguritaria, judicial y de obras de infraestructura. En eso, su papel es
subsidiario. Nada más.
Los estatistas entienden e interpretan de otra manera el principio de
subsidiariedad. Ellos creen que si no hay una empresa privada de
transporte que viaje hasta el más remoto confín -es el ejemplo que
siempre ponen-, entonces el Estado debe fundarla, o subsidiarla.

Los estatistas son incapaces de ver que el Estado sólo puede hacerlo
desviando recursos de otras aplicaciones, y alterando con ello las
prioridades dictadas por toda la sociedad. Tal vez el concepto de
“subsidiariedad” se preste a estas interpretaciones demasiado extensiva,
y haya otro mejor. Un destacado político liberal cristiano de principios del
siglo XX, Abraham Kuyper -Pastor calvinista que fue Primer Ministro de
61

Holanda-, propuso otro criterio más firme: “separación de las esferas”,


privadas y pública, respectivamente a cargo de los particulares y el
Gobierno. La diferencia es clara: con la “subsidiariedad” el rol de los
Gobiernos queda indefinido; mientras que con la “separación de las
esferas”, los papeles de cada uno se definen y trazan con mayor precisión,
comenzando por los del Gobierno. Así el Gobierno (limitado) cumple sus
tres funciones; y los mercados y empresas se encargan de producir
bienes y servicios económicos y financieros; las escuelas (privadas)
educan; los centros médicos (privados) se ocupan de lo suyo; y así en
las demás esferas privadas, separadas de la pública.

Imperialismo, “fase superior del estatismo”

¿EEUU no es un paradigma del capitalismo, y sin embargo sus Gobiernos


intervienen en la economía ...?

Claro que intervienen, pues no es un paradigma del capitalismo. Por eso


su economía nunca termina de salir de la recesión, aún cuando los
economistas keynesianos (estatistas) la califican de “suave”.

Los Gobiernos estatistas de EEUU intervienen hasta en el exterior. Son


imperialistas, prueba adicional de que no practican el capitalismo. El
imperialismo NO es la “fase superior del capitalismo”, como lo definió
Lenin; todo lo contrario. El imperialismo es la fase superior del estatismo,
como lo expuso Mises. Porque es obvio que un Gobierno que pretende
dirigir y controlar las vidas y actividades de los residentes dentro de sus
fronteras, llega a su colmo (“fase superior”) cuando no satisfecho con
ello pretende además supervisar y decretar controles sobre las vidas y
actividades de las personas allende sus fronteras. Esto es lo que ocurre
hoy en día por ej. con el narcotráfico, consecuencia de la pretensión de
los Gobiernos de EEUU de imponer a los demás Gobiernos, en materia de
drogas, la misma política represiva que en ese país fracasó rotundamente
con el alcoholismo cuando la “Ley Seca”, allá por los años ’20. La “guerra
a la droga” no ha resuelto el problema; lo ha agravado, enormemente.

Los países ricos -EEUU, Canadá, Europa-, son muy estatistas. Pero
aparentemente no les va tan mal ...

No siempre fueron ricos. Lo son ahora porque en el pasado practicaron el


liberalismo. Tuvieron muchas décadas consecutivas e ininterrumpidas de
acumulación de capital, y riqueza, en un contexto de instituciones
capitalistas liberales. Eso fue aproximadamente hasta la I Guerra Mundial.
Después, ellos pudieron -y pueden- darse el lujo de cometer locuras; sin
62

embargo, no por muchos años: cada tanto debe venir una Margareth
Thatcher o un Ronald Reagan para privatizar, desregular y regresar al
Estado a su sitio.

Pero en EEUU y Europa los liberales son casi socialistas ...

El “liberalismo” en el sentido no clásico del término sino en su acepción


hoy corriente en EEUU y Europa, es apenas una izquierda actualizada. Es
la izquierda “evolucionada”, sofisticada, que ha incorporado a su discurso
todos los puntos de la agenda políticamente “correcta” (aceptable para el
sistema estatista); a saber:
democracia ilimitada, con atribuciones y poderes para satisfacer a
todos los grupos de interés, “legislando” a la medida de cada uno de
ellos, privilegios para sí mismos y restricciones para sus competidores;
concepto infinitamente elástico de los derechos humanos -incluso
vivienda, comida, etc., a cargo del Estado-;
“transparencia”: un pretendido estatismo honesto;
“ecología”: soluciones estatistas para los problemas de contaminación
y ambientales;
“equidad de género”: feminismo puro y simple;
“indigenismo”: congelación y estatificación de la población aborigen;
defensa estatista de los niños, a cargo del Estado y en contra de la
familia;
defensa estatista de los discapacitados, a cargo del Estado y en contra
de las empresas, a las cuales les obligan a cuantiosos gastos a fin de
prevenir hipotéticas situaciones de desventaja.

Y sobre todo ha incorporado el concepto de “Gobernabilidad”.

“Gobernabilidad” y “macroeconomía”

¿Qué es “Gobernabilidad”?

Hay que desmenuzar el concepto:


¿Significa Gobierno sostenible? La realidad demuestra que el estatismo
es inviable, incluso financieramente. Hace del Estado un parásito
insaciable, que termina matando a la sociedad de la cual es huésped.
¿Significa ciudadanos obedientes, cada vez mejor adoctrinados? ¿Que
mansamente se dejan tributar y reglamentar, en la paciente y confiada
espera que el Estado “les brinde salud y educación” y les cumpla sus
reiteradas promesas? En tal caso, esta condición tampoco se verifica:
la popularidad de cada nuevo Gobierno dura cada vez menos tiempo;
63

y en algunos casos, las protestas son ruidosas, aunque mal orientadas


en sus petitorios.

De cualquier modo parece que deberíamos concluir que el estatismo es


“ingobernable”.

¿Y “macroeconomía”?

¿Cómo es posible la mala situación económica particular de la gran mayoría


de nosotros los particulares, siendo tan buenas las “cifras de la
macroeconomía” que exhiben orgullosos muchas veces los neoliberales?
¿Cómo es posible que habiendo “equilibrios macro”, nuestras economías
individuales se hallen tan desequilibradas? Para el común de las gentes
este es el gran misterio de la Economía. Pero la solución es simple:
Con altos impuestos, el presupuesto estatal tiende a equilibrarse, sobre
todo si los deficits son cubiertos con endeudamiento externo. Los
Gobiernos tienen así mucho dinero para gastar; y no necesitan imprimir
biletes -es decir, inflar el dinero-, como antes. Se financian con
instrumentos menos groseros y más ortodoxos: impuestos y
empréstitos externos.
Sin inflación de dinero, la carestía o inflación de precios desaparece,
o se reduce a tasas mínimas.
Sin impresión de billetes, el tipo de cambio puede permanecer estable,
porque ya no se hace necesario cada tanto reconocer que de hecho
una devaluación de la moneda nacional respecto al dólar se ha
producido, como consecuencia de su multiplicación indiscriminada.
Y asimismo, también pueden permanecer estables las tasas de interés,
puesto que tampoco les es necesario a los bancos incrementar cada
tanto la prima por depreciación del poder adquisitivo de la moneda.

En estas condiciones, los préstamos externos fluyen, y las cuentas


externas les cuadran a los Gobiernos.

Pero estas condiciones son todas compatibles con pésimas cuentas


individuales! Que son resultado de la fatídica combinación de altos
impuestos; regulaciones asfixiantes -emitidas en parte para justificar todos
esos funcionarios y empleados estatales, y sus sueldos y otros gastos-; y
ausencia del Estado en su lugar, para encargarse de la represión del
crimen, terrorismo, justicia e infraestructura.

La política neoliberal es resolver los problemas financieros del Estado, a


costa de crearnos problemas a los particulares. Así parecen creer que
van a resolver los nuestros, o al menos eso nos dicen. La Escuela austríaca
64

en cambio parte de otro enfoque, diametralmente opuesto, y recomienda


un tratamiento exactamente inverso: primero y antes que nada
corresponde mejorar nuestra situación particular. ¿Cómo? Mediante las
llamadas “reformas estructurales”: rebajas impositivas; privatizaciones
con acciones difundidas; masivas desregulaciones; y reforma judicial y
del Estado, poniendole a cargo de lo suyo -por ej. infraestructura-, y
quitandole de donde estorba. Estas son las “variables” directamente
relacionadas a nuestros logros económicos, antes que los del Estado.
Sólo así va a mejorar la economía nacional -no otra que las cifras sumadas
de toda la economía-, como consecuencia de nuestras mejoras “micro”,
de todos nosotros los individuos, las familias, las empresas, etc. Y también
del Estado, pero como consecuencia, y ya no a costa nuestra.

Las medidas neoliberales no eliminan los institutos estatales a cargo de


funciones usurpadas al sector privado, ni corrigen los encargados de las
funciones públicas propias. No separan lo privado de lo público. No se
interesan por las causas “micro” de los desequilibrios “macro”; y
análogamente se desentienden de los efectos de sus medidas “macro”
sobre los comportamientos económicos individuales. Lo que hacen es
privatizar a precio carísimo los monopolios, sin alterar su naturaleza de
tales, lo cual implica alzas de tarifas para recuperar lo gastado -y en
ocasiones devolverlo a los bancos-, pero la población sigue empobrecida.
Como ya adelantamos, el mal llamado “neoliberalismo” -las reformas de
los ’90- es la continuación del estatismo por otros medios; un “neo
estatismo”, puramente economicista, que en lugar de ignorar los mercados
los toma en cuenta, pero sólo para tratar de controlarlos mejor. Se resume
así:
más impuestos en vez de inflación;
monopolios privados con agencias reguladoras en vez de empresas
estatales;
derechos “antidumping” en lugar de aranceles;
y lo demás, todo igual, o casi.

¡Estas medidas no son liberales! Se traducen sólo en incrementos de


precios. Son impopulares con justa razón.

Más inspirado en la Escuela monetarista de Chicago que en la austríaca,


el “neoliberalismo” es una versión del estatismo, relativamente nueva, y
a veces más moderada. Es un estatismo “modernizado”, que toma en
cuenta ciertas fuerzas del mercado en lugar de ignorarlas. Por eso este
“neoliberalismo” es fácil de digerir por muchos populistas y estatistas
tradicionales, que rápidamente se “convierten” y comienzan a hablar
retórica “de mercado”. Como toda solución conserv adora, el
65

“neoliberalismo” favorece a los ricos, a los ya establecidos y acomodados,


o a los nuevos que se amparan bajo el poder de los Gobiernos. El
liberalismo en cambio ha sido históricamente la vía para que los pobres
puedan salir de esa su condición. No hay otra.

¿Y los liberales en el Perú?

En el ILE intentamos exponer los argumentos en términos lo bastante


simples y convincentes; y sobre todo de concretar y resumir sus
recomendaciones en una propuesta política atractiva. La receta es decirle
a las gentes las verdades, aunque de modo claro y comprensible, y
haciendo ver las ganancias esperadas con el liberalismo. Así, con nuestros
medios disponibles, explicamos la necesidad de la formación de un gran
partido verdaderamente liberal".

Pero los liberales seguimos sin casa política propia: no tenemos un partido
liberal reconocido en el Perú. Por eso continuamos viviendo “arrimados”
en otros partidos y movimientos políticos. Y naturalmente, heredamos
los pleitos ajenos que separan entre sí a nuestros estatistas anfitriones,
normalmente querellas personalistas por el poder y nada más. Por eso
los liberales estamos separados y muy desunidos.

Liberalismo y “libertinaje”

¿Liberalismo no es “libertinaje”?

El liberalismo enfatiza el valor de la libertad, y de la propiedad privada.


Pero la libertad de cada quien se relaciona con la libertad de los demás,
y con su propiedad, no la de otros.

1) Desde el punto de vista estrictamente legal, “libertinaje” sólo podría


entenderse como un uso abusivo de la libertad, agresivo u ofensivo
para otras personas en sus derechos a la vida, libertad y propiedad.
# ¿“Libertinaje” es irrespetar la libertad de los otros? Bajo un Gobierno
limitado, la libertad de los otros constituye límite infranqueable a la
libertad de cada uno. No vale matar, agredir, robar, amenazar, estafar,
etc., a los otros, o involucrarles en actividades más allá de su
consentimiento informado.
# ¿”Libertinaje” es irrespetar la propiedad de los otros? Bajo un
Gobierno limitado, la propiedad de los otros también es límite y valla
a la libertad de cada uno, que es la de hacer lo que le venga en gana
con lo suyo. La vida e integridad de la persona, y su libertad, son
también sus más importantes propiedades. Y la libertad civil puede
66

definirse como el derecho a hacer la señorial voluntad de cada quien


en lo que es propio suyo, no en lo que es de otro. La propiedad
privada constituye así fundamento de la libertad; y la propiedad ajena,
su límite. Si “libertinaje” es abuso de la libertad, entonces lo es el
irrespetar la propiedad ajena, lo cual hace constantemente el estatismo.
En el concepto liberal, cada quien es señor en su propiedad, que es su
castillo; vive como quiere, sin ser ofendido ni ofender. Y tiene derecho
a ser respetado en su vida, propiedades y libertad, en tanto respete
iguales derechos de los otros. No hay “libertinaje” alguno.

2) Desde el punto de vista ético, las cosas no lucen diferentes. El


liberalismo es nada más que una visión del Gobierno y la Economía
política -basada en supuestos realistas-, según la cual las autoridades
políticas no están para decidir a favor o en contra de intereses
económicos o de sector, ni de opiniones morales, en tanto todos
respeten una Ley igual y universal, que protege las vidas, propiedades
y libertades. En el concepto liberal, el Gobierno está sólo para aplicar
la Ley, y esta es “un mínimo de ética”. Lo demás: asunto privado.

Neutralidad, pluralismo y tolerancia

Hay distintos credos morales y estilos de vida; pero el liberalismo no


toma partido: más que “tolerante” o “pluralista” es neutral o prescindente,
y esa actitud exige a los Gobiernos. No es lo mismo. “Tolerante” implica
que cabe cierto grado de desaprobación para lo que se tolera; y “pluralista”,
lo contrario: un matiz de aprobación. Gobierno que “no toma partido” es
más exacto: significa que no desaprueba ni aprueba. No juzga ni prejuzga.
Porque no se le reconoce competencia para ello. Sólo los particulares
tenemos competencia para enjuiciar conductas morales o inmorales.

Un Gobierno estatista goza de poderes ilimitados para favorecer a unos


y desfavorecer a otros, imponiendo su propia concepción de “lo que es
bueno”. Así es inevitable que desagrade a unos para contentar a otros.
Por ej., puede adoctrinar a la juventud en las escuelas estatales o regidas
por el Estado. Así, quien controla el aparato educativo, puede imponer
sus creencias y puntos de vista a los demás. E igual con el aparato de
“Salud Pública”. Es lo que ocurre actualmente por ej. con la “educación
sexual” impartida en centros médicos del Estado, y con la educación
religiosa impartida en institutos docentes del Estado. Sus contenidos son
contrarios, y con seguridad los primeros ofenden a los partidarios de los
segundos y viceversa. Pero ambos muestran a las claras que el estatismo
toma partido en asuntos morales y otros de índole muy privada. Y la
67

contradicción entre ambos contenidos es ilustrativa: implica que los


Ministerios de Salud y Educación están en manos de sectores antagónicos,
lo cual puede ocurrir o no, siendo de todos modos injusto e inapropiado.

La diversidad de creencias es un hecho, cada cual con su propio código


moral. Admitirlas como realidad significa nada más reconocerlas como
existentes; no significa que deban ser aprobados universalmente todos y
cada uno de dichos credos y estilos. Neutralidad no es relativismo. Nadie
es ni puede ser neutral ante las cuestiones planteadas por las drogas o la
pornografía, por poner dos ejemplos. Y cada quien tiene su posición
diferente. Pero como ya se adelantó, el sistema de Gobierno limitado es
el único bajo el cual pueden convivir civilizadamente personas con distintas
opiniones morales y estilos de vida, bajo el principio de respeto. Cada
cual con su concepción del mundo y de la vida. ¿Y el Gobierno?
Prescindente: reducido y limitado a hacer respetar la vida, propiedades y
libertad. Salvo esto, así como el Estado no debe juzgar sobre intereses
económicos -y conductas y actividades relacionadas-, los Gobiernos no
deben juzgar sobre otros aspectos de moralidad y comportamiento privado.
Juzgamos las personas, los particulares. Las éticas son materias que
quedan -según una antigua fórmula constitucional liberal- “sólo reservadas
a Dios y a la conciencia de cada quien, excentas de la autoridad de los
magistrados.”

¿Quiénes podrían integrar un partido liberal?

Es importante destacar que un partido liberal debe ser un ejemplo de


convivencia. Debe ser constituido por católicos y evangélicos, judíos, y
practicantes de otras religiones -agnósticos y ateos-; no fumadores y
fumadores; bebedores y abstemios ... unidos a estos respectos tan sólo
en el propósito de mantener a los Gobiernos fuera de estos asuntos de
índole privada. Un partido liberal debe ser un adelanto de lo que a futuro
será regla en la sociedad entera.

Por cierto: los 12 puntos que se describen al comienzo de este libro


pueden ser compartidos por personas de las más diversas creencias y
filosofías, así como los 3 pilares del liberalismo.

Por otra parte no hay otra manera de que sea un partido de dimensiones
considerables. En particular, es de suma urgancia aclarar el malentendido
de los liberales y los creyentes. De otro modo, los liberales siempre
tendremos a la mayoría de los creyentes como ahora: en contra.
68

Anarquía y anarquismo, derecha e izquierda

¿Liberalismo no implica desorden, anarquía?

No. Desorden es el estatismo, un atentado contra el orden natural de las


cosas. En la sociedad hay siempre dos clases de orden: espontáneo e
impuesto. Liberalismo implica respeto al orden natural, y un mínimo de
orden impuesto -sólo a los verdaderos antisociales-, con un máximo de
respeto por el individuo y las instituciones sociales espontáneas.

Valen ciertas precisiones sobre el anarquismo, porque mucha gente se


confunde y le aplica el concepto de “utopía”, algo que se supone deseable
pero no posible. La vieja y sabia filosofía realista tenía una buena solución
para este problema: no tiene sentido desear algo que no está en la
naturaleza de las cosas alcanzar. Así por ej. no es “deseable” para los
peces el vuelo, o tener alas. Sin embargo, caída esta filosofía en descrédito,
la gente acostumbra a “soñar” con sistemas que juzga “ideales pero
inalcanzables”, como le parece que es el socialismo por ej.; siendo en
cambio el socialismo algo muy alcanzable mas no “ideal” en sentido alguno.

Anarquismo significa ausencia de Gobierno. ¿Es tal cosa posible? ¿Es


deseable? No puede responderse a estas dos preguntas sin a su vez
repreguntar ¿cuál Gobierno? ¿limitado o sin límites? Porque:
a) La ausencia de estatismo -Gobierno sin límites- es perfectamente
posible, y deseable. Es lo que deseamos los liberales.
b) La ausencia de Gobierno limitado a sus funciones, también es cosa
perfectamente posible: ¡Es lo que tenemos ahora! Por eso hay
inseguridad en calles y campos, no hay justicia en los tribunales, y
viajamos en carreteras que datan de las dictaduras de los años ’50.
Pero ¿es deseable?

De paso vale observar que el colapso del sovietismo en la URSS también


puso de relevancia la futilidad de las pretensiones anarquistas sobre
“agencias privadas” que supuestamente se concertarían para cumplir
funciones de Gobierno. Esas agencias surgieron en Rusia: ¡son las mafias!

¿Derecha o izquierda?

Valen también precisiones sobre el espectro político. Respecto al fascismo


y al nazismo, el marxismo vio en ellos primero posibles aliados, y de allí
el Pacto Nazi Soviético de 1939. Pero después del ataque alemán a Rusia
en 1941, la línea obviamente cambió, y los aliados de la víspera pasaron
69

a ser enemigos irreconciliables. Y todo el aparato de propaganda comunista


enfiló a hacer del fascismo y el nazismo la bestia negra, la “extrema
derecha”. Con lo cual, corrientes hermanas, casi mellizas, pasan a ser
vistas como “extremos opuestos”! Pero lo más increíble es que pasada la
guerra, y la posguerra, hasta hoy semejante sinsentido -producto de un
burdo ardid propagandístico- se repete a pie juntillas por todos los
“comentaristas”, expertos y “especialistas” en Ciencia Política!

Este equívoco nos deja a los liberales en una posición incómoda. El espectro
político convencional acostumbra a identificar a la derecha
aproximadamente con el orden, la tradición, la defensa de los derechos
individuales y la empresa privada, y una democracia limitada. La izquierda
en cambio defiende el concepto ilimitado y redistributivo de la democracia.
Así descrito el espectro, puede admitirse que puestos a elegir, los liberales
somos más afines con la derecha que con la izquierda. Por tanto
compartimos con los conservadores ese lado de este espectro político
convencional. Pero hay diferencias importantes:
los conservadores tienden por ej. en lo económico al proteccionismo,
siendo enemigos del libre comercio; y son amigos de las regulaciones
e intervenciones estatales, sobre todo a favor de intereses afines a
los suyos.
la tiranía mayoritaria no deja de ser tiranía, pero no todos los liberales
admitirían salidas no democráticas a una opresión democráticamente
impuesta, pese a defender el liberalismo un derecho de resistencia a
la opresión. A este respecto no está de más recordar que
tradicionalmente el ejercicio del derecho de resistencia a la opresión
se considera sujeto a ciertas condiciones, como el agotamiento de las
vías legales y pacíficas, y el no causar un daño aún mayor.

Antes se decía que “los liberales proponemos medios de derecha para


lograr ideales de izquierda”. El enunciado es correcto en lo que concierne
a mercados libres, competencia abierta y propiedad privada, los medios
que proponemos los liberales para alcanzar una sociedad próspera, con
menos pobreza. Pero la proposición no se ajusta a la realidad si los ideales
de las izquierdas no apuntan precisamente a una sociedad próspera y
más rica, sino a una pobreza bien repartida. En las últimas décadas las
izquierdas han olvidado de la prosperidad, como también el ateísmo (y al
internacionalismo lo han modificado: ya no es “proletario” sino
burocrático). Y los liberales tenemos nuestro propio ideal de sociedad
justa, próspera, y armoniosa, y no necesitamos tomar prestado otros
muy dudosos y cambiantes. Y nuestro propio medio que proponemos,
eficaz para alcanzarlo: la libertad individual. La expresión “sociedad libre”
70

debe ser aclarada: sólo cabe si alude a la libertad de los individuos que la
componen; de otro modo aludiría más propiamente a la independencia
de la sociedad o la nación. Y de hecho así es como emplean las izquierdas
el concepto de “sociedad libre”, en el sentido de independiente en lo
político, y con frecuencia con la expresión también aluden a la autarquía
económica, otro de los falsos “ideales” acariciados por las izquierdas.

¿Otro espectro político ...?

Para aclarar malentendidos, mejor aún es emplear otro espectro político,


con el anarquismo y el estatismo totalitario en uno y otro extremo
respectivamente.

En términos de estatismo y colectivismo crecientes, las propuestas políticas


podrían alinearse a lo largo del siguiente espectro continuo: Anarquismo
- Liberalismo clásico - Fórmulas conservadoras - “Soluciones” mixtas o
terceristas - Socialismo - Estatismo extremo. Dentro de este espectro, el
liberalismo (clásico) se ubica entre el Anarquismo y el “neoliberalismo”,
una expresión conservadora.

Mapa Ideológico

Anarquismo
Liberalismo Clasico
Fórmulas conservadoras
“Soluciones” mixtas o terceristas
Socialismo democratico
Comunismo

Desde el primer extremo, el anarquismo o ausencia de Estado, los


Gobiernos se atribuyen cada vez más funciones, acaparando poderes y
recursos. Así de este modo, libertades y riqueza privada tienden a
desaparecer progresivamente a lo largo del continuo, hasta llegar al otro
extremo: comunismo, nazismo, etc., y otras expresiones del colectivismo,
fundamento filosófico del estatismo. En este otro extremo, estatismo, el
individuo, la familia, empresa, iglesia, etc., se anulan por completo a
favor del colectivo dominante, cualquiera sea: raza, nación, clase, pueblo,
mayoría. Un enorme Gobierno se encarga supuestamente de todo, pero
no se limita a ocuparse de la violencia y el fraude, y éstos predominan,
con complicidad, anuencia o descuido estatales. Pero paradójicamente,
por este camino hacia el “otro extremo” se llega al mismo resultado, a la
misma “solución” que el anarquismo propone en el extremo anterior:
71

bajo el estatismo no hay Gobierno (limitado) y el desorden y la violencia


se imponen. Impera la ley de la jungla, que es la del más fuerte: el
derecho de cada quien llega hasta donde llega su capacidad de emplear
la fuerza. En la selva, la fuerza es la violencia del brazo desnudo o del
arma; en la jungla estatista, es la fuerza “legal” del Estado.

El más contundente argumento contra el anarquismo -o la ausencia de


un Gobierno limitado-, es que ¡ya lo tenemos! El estatismo es la lucha
salvaje de todos (los intereses especiales) contra todos.

Por lo general, los anarquistas extienden a la política su prejuicio contra


el Estado, aún con Gobierno limitado. Tienen por la política y los partidos
la misma irracional aversión que los socialistas abrigan contra la economía,
los mercados y las empresas.

¿Liberalismo es igual a “libertarianismo”?

En el mundo anglosajón, muchos liberales clásicos usan esa expresión,


“libertarianism”, que en español debería traducirse como “libertarismo”.
Pero también la usan muchos anarquistas de derecha, o anarcocapitalistas,
que siguen las enseñanzas de un brillante discípulo de Mises: Murray
Rothbard.

La verdad es que la voz “liberal” es castellana, porque la doctrina del


Gobierno limitado tiene raíces hispánicas más antiguas que las
anglosajonas. El poder de los primitivos reyes visigodos -en la España
medieval- estaba limitado por los “Fueros”, o derechos legalmente
reconocidos a los ciudadanos. Ya entonces se concebía la ley para
constreñir las facultades de los Gobiernos, no de las personas. Esta es
precisamente la vieja concepción liberal, tomada de la Biblia, patente por
ej. en las “Siete Partidas” de Alfonso X el Sabio, y en los “Fueros” de
distintas villas y regiones. En Europa y EEUU, los liberales anglosajones
se han llamado con esta voz castellana sólo a partir de la Constitución
española de 1812; antes se llamaban “whigs”.

Pero los liberales del mundo desarrollado han sido muy descuidados en
la defensa de la doctrina, y la han dejado infiltrarse de colectivismo.
Hasta se han dejado robar el nombre: hoy “liberalism” no significa libertad
sino lo exactamente opuesto. Por eso muchos liberales prefieren llamarse
“libertarios”, aún cuando este nombre pertenece tradicionalmente a los
anarquistas, lo que añade confusión. Parece preferible a los liberales
reivindicar, rescatar y limpiar nuestro viejo apelativo.
72

Liberalismo para el Perú: ¿qué va a pasar con los pobres?

¿Se puede aplicar el liberalismo a condiciones tan específicas y particulares


como las del Perú, un país tan pobre?

En cada país, los estatistas hacen creer que las condiciones son tan únicas
e irrepetibles, que ameritan soluciones propias y originales, igualmente
específicas. Pero a fin de cuentas esos remedios autóctonos no aparecen
jamás, y a todas las naciones terminan imponiendo siempre la misma
camisa de fuerza del estatismo, igual en todas partes.

Y además, hacen creer que el estatismo es la solución al problema de la


pobreza, cuando en realidad es su causa. La más popular de las objeciones
al liberalismo es la pregunta: ¿Y qué pasa con los pobres? En realidad es
una pregunta no pertinente. Asume que el estatismo es la solución a la
pobreza y no su causa; y que el mercado es su causa y no su solución. Es
una asunción o supuesto totalmente falso. Pero si queremos salida, los
liberales debemos aprender a reconocer la lógica de los argumentos y
contraargumentos, o la falta de ella. De otro modo -como ahora nos
ocurre-, llevamos las de perder en el debate, pero no por falta de razón,
sino de habilidad dialéctica para hacerla valer.

La pregunta “¿qué va a pasar con los pobres si hay liberalismo?” no es en


realidad pertinente, porque su situación en tal caso no va a empeorar -
como la pregunta supone, presuntivamente-, sino a mejorar
considerablemente.
Si alguien teme por la suerte de los pobres, muy otra es la pregunta que
cabe formular: ¿QUÉ VA A PASAR CON LOS POBRES SI SIGUE EL
ESTATISMO Y NO HAY SALIDA LIBERAL?

1) La primera pregunta asume la secuencia siguiente: los ricos se hacen


poderosos gracias al capitalismo, y oprimen a los pobres. Y entonces
-como Batman y Robin-, llegan el socialismo y el estatismo en auxilio
de los pobres y desvalidos, víctimas del terrorífico capitalismo. En
otras palabras: la pregunta asume que los pobres gozan ahora de
una situación inmejorable bajo el estatismo. Que son atendidos en
hospitales públicos cinco estrellas, disfrutan de una excelente educación
estatal, y están a cubierto de las inseguridades y albures de la vida
por una eficiente red de seguridad social, y otros servicios y ayudas,
generosamente brindadas por los Gobiernos estatistas, con cargo a
los impuestos y a la deuda “pública”. Dados por ciertos todos esos
supuestos, ¡los liberales somos unos egoístas desalmados, que
queremos quitarles a los pobres todas esas ventajas y beneficios!!
73

2) La segunda pregunta asume una secuencia realista: los poderosos se


hacen ricos gracias al estatismo, y oprimen a los pobres. Y entonces
llega el capitalismo bajo la forma de economía informal, y les posibilita
a los pobres sobrevivir. En otras palabras, la segunda pregunta parte
del supuesto realista: los pobres están muy mal bajo el estatismo.
Sobreviven gracias a un capitalismo muy limitado, muy poco liberal.
Y los liberales queremos regularizar esta situación para que puedan
gozar mucho más plenamente del capitalismo, y prosperar y
enriquecerse en lugar de nada más sobrevivir.

Hay una fundamental asimetría entre pobreza y riqueza: más que


problema, la primera es condición natural del hombre; la riqueza se
produce. El liberalismo económico o libremercadismo no es un problema
sino una solución, a la pobreza, problema de fondo. Es la salida a la
pobreza. Y la pobreza se resuelve de una sola y única manera, igual en
todas partes: creando riqueza. Y más riqueza podemos crear cuanto más
aplicamos la división del trabajo y otras leyes naturales de la economía y
los negocios. Hay menos riqueza cuanto más insistimos con el estatismo.

También hay una fundamental diferencia entre liberalismo y estatismo.


El liberalismo ha sido exitoso, promoviendo la riqueza en los países hoy
desarrollados de Europa y EEUU, entre los siglos XVI y XIX. No ha ocurrido
así en el siglo XX, con las variantes nazistas, socialistas, comunistas,
tercermundistas y todas las otras -muy similares- del estatismo colectivista.
¿Porque? Porque el liberalismo permite actuar plenamente a las leyes de
la oferta y la demanda, las cantidades y los precios, los incentivos y las
recompensas, que son las leyes naturales de la economía. El liberalismo
es el respeto a las leyes naturales de la realidad. Así la riqueza se crea.
El estatismo en cambio las desorganiza y pervierte, e impide la creación
de riqueza abundante.

Distribución del ingreso y desigualdades

¿Mejorará el liberalismo la distribución del ingreso ...?

¿A Ud. qué le preocupa? ¿Que “la torta” (la riqueza) alcance para todos,
o que los pedazos sean iguales? Distingamos:
a) La condición de los pobres en términos absolutos se mide
objetivamente; y comparada con su situación actual, sin duda mejorará
notablemente con el liberalismo. La pobreza disminuirá en número e
intensidad.
b) La distribución del ingreso es otra cosa: implica la situación relativa
de pobres y ricos. Habrá menos pobres y lo serán menos; y habrá
74

más ricos. Pero no podemos saber si los ricos serán mucho más en
número, o si serán varias veces más ricos que los (relativamente)
más pobres. Esto dependerá de los juicios que las personas tengan
acerca de sus necesidades, y del empeño, recursos y capacidades
que pongan en satisfacerlas.

La preocupación por los pobres se llama compasión, y es un noble


sentimiento; pero si es por las disparidades o diferencias entre pobres y
ricos, apenas es un disfraz hipócrita de la envidia, que no es noble para
nada.

¿El liberalismo no fomenta acaso el “consumismo” y el “materialismo”?

Tales conceptos reflejan una obsesiva preocupación por los ricos. Y aluden
a decisiones individuales en materia de preferencias personales y estilos
de vida, no colectivizables, porque los juicios de valor nos corresponden
a las personas, no a los Gobiernos. El mercado le entrega a la gente
exactamente lo que quiere y según lo que produce -sin distorsiones
provenientes de los Gobiernos-; en eso es perfecto y no tiene fallos.
Cada quien desea lo que le parece bueno, y persigue su logro con los
medios a su alcance.

No obstante, la perfección del mercado no garantiza siempre conductas


objetivamente buenas en las personas. No siempre hacemos de nuestra
libertad un uso sabio y prudente, o siquiera medianamente razonable. Y
muchas veces no somos buenos jueces de nuestras propias necesidades,
y hacemos juicios necios y hasta autodestructivos ... Pero ello no implica
que los Gobiernos sean mejores jueces de todos nuestros deseos, más
capacitados que nosotros mismos. El viejo axioma liberal se resume así:
nosotros los humanos somos muchas veces inmorales y estúpidos; pero
nuestros gobernantes no son moral o intelectualmente superiores. Ese
es el fundamento de nuestra libertad, y por eso la queremos plena. No
queremos tutores , porque nosotros no somos perfectos, pero los
Gobiernos no están para calificar la perfección.

Explosión productiva, “Shock de Oferta con Deflación”

¿Cuáles son las medidas auténticamente liberales en lo económico?

Las que “agrandan la torta” (aumentan la riqueza), como ya se adelantó:


explosión empresarial y expansión productiva, con multiplicación del
volumen de bienes y servicios disponible. Acompañado de “deflación” o
75

caída del nivel general de precios. Pero esta deflación será causada por
la multiplicación de la oferta y no por la pobreza y consiguiente depresión
de la demanda -con “ajuste” monetario bancocentralista-, tal como ocurre
a veces bajo el estatismo. Y este efecto muy benéfico para todos sería a
corto plazo. Vale destacar que en el Perú ya hay un antecedente: la
exitosa gestión antiinflacionaria de Pedro G. Beltrán en el MEF -incluyendo
reserva bancaria al 100%-, allá por los años ‘50, en el segundo Gobierno
de Prado.

¿Cómo será? Por liberalización y flexibilización de los mercados mediante


desregulación, y por su enriquecimiento y mediante reducción de
impuestos, y privatización capitalizadora, que capitalice a la gente, y no
a la Caja fiscal. Adicionalmente, regresando al Estado a sus funciones
propias. Los centros docentes, culturales, médicos, etc., y las cajas
previsionales que hoy están en manos del Estado, serán objeto de
transferencia a sus directivos, empleados y trabajadores, para que
compitan con los ahora privados; y los pobres serán atendidos con bonos,
mucho mejor que ahora.

Sus efectos: inmediato y considerable incremento en la cantidad de bienes


y servicios disponible para todos, sin desmejorar su calidad, y a menores
precios. Porque los poderes y atribuciones estatales serán menores y
más razonables, y los tributos moderados, y desaparecerá la deuda fiscal,
y la recurrente tendencia a la inflación. Los Gobiernos resultarán más
baratos, más eficaces y menos exigentes, siendo más fácil la producción.
Y habrá mucha competencia, de demanda por bienes y servicios, y de
factores necesarios para producirlos.

En otras palabras: abundancia y abaratamiento general de las cosas,


bienes y servicios. En este contexto -hipotético mas no irrealista-, las
empresas serán reconvertidas. Muchas hoy pequeñas crecerán, otras
mudarán de rubro, y otras nuevas nacerán. Empresas y factores
cambiarán empleos y asignaciones ineficientes por otros más eficientes.
Así de este modo habrá muchos más empleos privados -de sobra para
reubicar a ex empleados estatales-, y mucho más productivos. La vida
no será tan costosa y difícil, pudiendo la gente trabajar menos y ganar
más. Porque en cuanto el volumen de bienes y servicios por ej. se
duplique, sus precios serán cortados más o menos por la mitad -el BCR
habrá cesado la emisión indiscriminada de dinero-; de este modo no toda
persona se verá (como hoy) ante la apremiante necesidad de trabajar en
exceso para pagarse lo que considera suficiente para sí misma y su familia.
76

¿Trabajar menos y ganar más ...?

Los liberales podemos y debemos hacer pleno uso de este y otros


argumentos atractivos y motivadores; mas para ello debemos alcanzar
mayor familiaridad con nuestra doctrina. Y con los argumentos pro libre
mercado, y con los contraargumentos anti estatismo, en los aspectos
económicos, y en los jurídicos y políticos, morales y filosóficos. De este
modo enriquecemos nuestra capacidad dialéctica, y promovemos el
surgimiento de una oposición liberal. Pero para armar un rompecabezas
hay que unir las piezas. Y las piezas son los conceptos, necesarios para
contestar las objeciones y aclarar confusiones y enredos.

¿Este es el “enfoque austríaco?

Sí. El shock de oferta o productivista es típico de la Escuela Austríaca de


Economía, y se define como de “flexibilización, enriquecimiento y
dinamización de los mercados”. Entre sus proponentes más conocidos
contamos a los economistas Israel Kirzner y Mark Skousen (invitados al
Perú por el ILE) y Jorg Guido Hülsmann. Pero a veces recibe otros nombres:
“Enfoque de la empresarialidad” porque devuelve al empresario el
protagonismo en la economía, usurpado por los Gobiernos.
“Empresario” es quien descubre las oportunidades de optimizar la
producción, y combina a los demás factores de la aventura productiva,
asumiendo el riesgo de sufrir pérdidas. “Productor” -trabajador o
capitalista-. es quien crea valor, aplicando por lo general alguna forma
de trabajo inteligente y/o capital a algún recurso natural o económico.
Y “economía del lado de la oferta” (supply-side economics) porque
cada agente es visto en su dimensión productiva, como oferente de
factores, y no sólo como consumidor o demandante de bienes.
O “reconversión productiva” ... dictada por los mercados libres; no se
confunda con cierto populista “productivismo” antifinanciero, que adora
la economía “real” (aludiendo a la no financiera, como si la financiera
no fuese real también), y que sigue poniendo al Estado como director
de la economía, señalando en cada caso autoritativamente quién va a
producir qué.
A veces también se llama orientación “micro” económica. Pero no por
una cuestión de dimensiones, sino por apuntar a las causas que
oprimen y empobrecen a todos y cada uno de los agentes económicos
individuales, con independencia de su tamaño, y le impiden hacer
toda la contribución productiva de que es potencialmente capaz.
77

O de “ajuste estructural”, para diferenciarle de las propuestas


“neoliberales” de ajuste parcial y superficial, limitadas a aumentar
impuestos, tarifas, etc. -realineando los precios hacia arriba-, y a
“redimensionar” o despedir personal.

El liberalismo y los ricos

¿El liberalismo no beneficia a los ricos exclusivamente?

No; y muy por el contrario, el sistema que beneficia a los ricos


exclusivamente es el estatismo; ¡por eso lo defienden tantos grandes
empresarios, capitalistas, profesionales y gerentes estatistas! Esta es
otra muy poderosa razón adicional entre las que explican la permanencia
del estatismo. Ellos -los estatistas enriquecidos-, se han acostumbrado a
ganar muchísimo dinero con el estatismo. Conocen todos sus meandros
y recovecos, y muy bien saben aprovecharlos. Sus conexiones políticas
son para ellos más importantes que los datos de la oferta y demanda, y
el “decretazo” tiene más valor que las necesidades sociales expresadas
en los mercados. Su objetivo: “Privilegios para mi empresa; obstáculos
para mis competidoras.” Su norma y regla: “Cualesquiera medios son
válidos, especialmente los legislativos”. De allí surgen todos los subsidios
y privilegios; y asimismo todos los aranceles, derechos antidumping, todas
formas “legales” de arruinar a la competencia, establecidas en tantas
leyes malas.

Hoy en día se ha puesto de moda el tema de la ética en empresas y


negocios. Sin duda hay un derecho moral a ganar dinero sin perjuicio de
otros, incluso a enriquecerse con una profesión o negocio. Pero esta
justificación moral es sólo bajo la condición “sin perjuicio de otros”. Bajo
el estatismo esta condición no se verifica en absoluto, porque los
privilegios y los obstáculos establecidos a favor de unos intereses
especiales -y por ende los medios para obtenerlos-, causan perjuicios
ciertos a otros intereses, incluido el interés general en la conservación de
una legislación justa y moral.

Problema: ¿cómo defender el derecho moral a ganar dinero en un contexto


estatista? Los ricos son siempre impopulares. Los estatistas -en especial
los de izquierdas-, viven despotricando contra los ricos y sacan de ello
sus réditos políticos y electorales. Solución: aclarar que defender el derecho
a hacer negocios y fortuna material mediante los mercados y las empresas
no implica justificar la manera estatista de hacer dinero.
78

¿A quiénes beneficiará el liberalismo?

“A los consumidores” es una respuesta convencional, e incompleta,


reveladora de un enfoque unilateral, centrado exclusivamente en el lado
de la demanda. Cierto es que todos somos consumidores, mas también
productores, y por ambos lados saldremos beneficiados: con más bienes
y servicios; y también producidos en condiciones de mayor eficiencia, lo
cual nos aprovechará como oferentes de factores, principalmente trabajo
y capital. A todos nos beneficiará el liberalismo -y en el muy corto plazo-
, especialmente a los más pobres ...

Y vale decir con claridad y valentía que NO beneficiará a los pocos


aprovechados usufructuarios de los privilegios estatistas, que al menos
en el corto plazo saldrán perjudicados. Pero es la única salida, liberal
auténtica. Otra definición de liberalismo: eliminación de los intermediarios
políticos en el proceso productivo. Es obvio que estos intermediarios no
van a salir beneficiados.

Principios y valores liberales

¿Cómo ve el liberalismo el trabajo humano?

El liberalismo se identifica con el trabajo libre y el comercio libre. El


trabajo es condición de la vida humana, por ello es fundamento y base
del sano orden económico. Restringirlo o atentar de otro modo contra la
libertad de trabajo es atentar contra la vida.

La Biblia elogia y alienta el trabajo en todas sus formas, aún las más
humildes. El estatismo en cambio es un régimen parasitario y antilaboral,
que procede del desprecio aristocrático por el trabajo, típico de las
religiones indoeuropeas, que le consideraban actividad no digna o poco
noble, y por eso la llenaban de restricciones y cargas (e impuestos).
Desde siempre, los trabajos manuales, las faenas agrícolas e industriales,
y sobre todo las actividades financieras, han sido sucesivamente
descalificadas por supuestos espíritus “nobles” -consagrados a la política,
o supuestamente a las artes, la ciencia o la religión-, y en consecuencia
hostilizadas y perseguidas. Los empresarios trabajan, siendo parte de su
trabajo el coordinar y organizar el trabajo de otros, a quienes contratan
para trabajar; y a la vez alquilan el uso de un capital, que es un fruto
ahorrado, procedente de un trabajo realizado con anterioridad. La
manifiesta hostilidad de los intelectuales hacia las empresas, los
empresarios y sus actividades, procede de este antiguo desprecio
aristocrático por las actividades laborales de toda especie. En “El
79

capitalismo y los historiadores”, Friedrich Hayek pone de manifiesto cómo


los escritores socialistas europeos heredaron muchos de los prejuicios
de los nobles conservadores.

¿El trabajo es una mercancía?

Mercancía es todo aquello que es o puede ser objeto de comercio. ¡Por


supuesto que desde el punto de vista económico es el trabajo una
mercancía, porque se compra y se vende! Lo cual no implica desconocer
sus otras dimensiones, siendo la principal de ellas el aspecto creativo -
que asemeja al hombre con Dios-, que destaca en toda labor, y de modo
especial en la faena empresarial.

Que el trabajo humano pueda comprarse y venderse libremente conlleva


apreciables ventajas. Lo que no es una mercancía es el trabajador, como
en el caso del trabajo esclavo o servil. Y hay sólo una manera no servil
de trabajar; es el trabajo libre, separado del trabajador como persona.
Trabajo que se da y toma en un contrato laboral privado de locación o
alquiler de servicios. Bajo el socialismo en cambio, el trabajador termina
esclavizado al Estado, tratado más que como mercancía, como propiedad.
Lo opuesto al liberalismo es el “servilismo”, propio de los sistemas
esclavistas. Por eso el liberalismo debería llamarse “servicialismo”.

“Explotación”

¿Y la “explotación” de los trabajadores?

El marxismo nos ha acostumbrado a creer que los bajos salarios y malas


condiciones laborales se deben a la “explotación” de los trabajadores por
los capitalistas, cuando en realidad se deben a la pobreza reinante, y a la
falta de libertad. La teoría de la “explotación” revela una errónea
comprensión del proceso económico y de los factores de la producción,
especialmente el capital. La realidad es la siguiente:
Los empresarios pobres no ofrecen mejores salarios y condiciones a
sus trabajadores porque no pueden.
Otros empresarios sí pueden, pero no lo hacen porque la pobreza
reinante impide que surjan más empresas, y se constituyan en
alternativas viables y disponibles para empleados y trabajadores,
competitivamente. Bajo el estatismo, los trabajadores deben
contentarse con poco.

Pero en otras condiciones, liberales, con menos impuestos, y sin


limitaciones a la libre concurrencia, tendríamos más empresas,
80

compitiendo por contratar mano de obra de toda calificación. Para ello es


obvio que los empresarios ofrecerían mejores compensaciones y salarios.
A su vez, los trabajadores serían más productivos porque laborarían con
un mayor coeficiente de capital -máquinas y equipos, instalaciones,
tecnología-; y generando una mayor cantidad y calidad de producto,
podrían pagarse las mejores conpensaciones. Resumiendo: con libertad
habrá muchísimas más empresas -y más grandes-, y por ello más
alternativas laborales. Los empresarios competirán en los mercados de
trabajo, ofreciendo remuneraciones y compensaciones más atractivas.

Los liberales tenemos que mostrar a las personas que muchos males de
hoy en día no se deben a un libre mercado inexistente, sino a la pobreza,
consecuencia de esa no existencia. Y que otros males y calamidades
como el desempleo y los bajos salarios se asocian a la pobreza; y que la
pobreza y todas sus secuelas y efectos concomitantes se deben a la
ausencia de libertad. No tendremos salida si no demostramos y hacemos
evidentes al público las reales causas de los malos efectos que todos
padecemos y deploramos ; es decir: las cadenas causales que los
engendran. Si es posible, desde las causas remotas, hasta las más
próximas o cercanas a nuestra experiencia diaria, pasando por las
intermedias. Los liberales tenemos que hacernos especialistas en causas
y efectos. Es decir: en lógica.

Servicio a los demás y Estado “promotor”

¿Y cómo ve el liberalismo el servicio a los demás?

Este punto amerita estudiarse con cierto detenimiento, y como otros,


requiere algo de Filosofía para ser correctamente tratado y entendido.
No sólo de Economía trata el liberalismo, que en eso se distingue mucho
del mal llamado “neo-liberalismo”, que es neo estatismo en realidad.
Mucha gente retrocede espantada ante los áridos argumentos económicos;
y es presa fácil y víctima de las apelaciones emocionales y sentimentalistas
de los estatistas, porque los liberales fallamos muchas veces en explicar
ciertas verdades muy sencillas, que no caen estrictamente en el campo
de la Economía.

El servicio al prójimo es la base del liberalismo; pero no como deber


legalmente exigible por los Gobiernos, sino como fundamento de los
mercados. Respeto a la vida, propiedad y libertades es todo lo que los
Gobiernos pueden exigir, y las “contribuciones impuestas” (tributos)
necesarios para sostener los servicios de seguridad, justicia, y ciertas
81

obras públicas. Nada más. Los estatistas hablan de un “Estado promotor”


del desarrollo de la economía; los liberales sostenemos que el único modo
posible y efectivo de promover políticamente la economía es mediante
Gobiernos limitados, cumplidores de sus funciones sin invadir las esferas
privadas. De otro modo, el Estado es muy mal “promotor”!

Porque la convivencia armónica y productiva en sociedad es posible sólo


si no se confunden sus tres pilares:
respeto,
servicio,
amor.

Respectivamente, ellos dan lugar:


al Estado, y los Gobiernos que lo administran (el respeto), donde las
cosas se hacen por obligación legal;
a los mercados, y las empresas que en ellos se desempeñan (el
servicio), donde las cosas se hacen a cambio de un precio voluntario;
y las familias y otras instituciones voluntarias (el amor), donde las
cosas pueden darse en intercambios igualmente voluntarios, mas no
por precios.

Respeto Base del Estado

Base y Fundamento
Servicio Base de los mercados
de las Instituciones
Base de las familia y otras
Amar
instituciones voluntarias

El respeto al prójimo -más aún, al semejante-, es el umbral mínimo. Y le


siguen el servicio -concretado en el trabajo-, y el amor (en ese orden)
que son relaciones de nivel superior. El respeto puede y debe ser
legalmente exigible por las autoridades, mas no así el servicio, y mucho
menos el amor.

Tomando esto en consideración, hay tres clases de servicio:


Forzoso, decretado por el Estado, que puede consistir en una prestación
personal civil o militar, una suma de dinero que la redima, o bien un
tributo o contribución impuesta para sostener a los Gobiernos, pero
nada más;
voluntario por intercambio, trueque o precio, expresado en los
mercados;
voluntario por caridad, filantropía, amor al prójimo o como se quiera
calificar a la generosidad, expresada en la familia, las iglesias y el
voluntariado.
82

Filosofía liberal

¿Cuál es la base o fundamento filosófico del liberalismo?

Los tres pilares: Gobiernos limitados, mercados libres, instituciones


privadas separadas del Estado. Como ya se adelantó, el liberalismo no
es una visión integral del mundo y la vida sino apenas de la política, la
Economía, el Gobierno y las instituciones sociales; y por eso es compatible
con cualquiera Filosofía, siempre que no sea irrealista, y por tanto
irracional.

El liberalismo descansa en un principio muy simple: las relaciones humanas


deben ser normalmente relaciones privadas, y estatales sólo por
excepción. Es decir: relaciones de mercado -servicio a los demás fundado
en el amor propio-; o de amor o caridad, pero no impuesta sino voluntaria,
es decir, privadas. Y las relaciones estatales y políticas, deben ser
excepcionales.
Un corolario: única obligación que los Gobiernos han de imponer es la
de respeto a la vida, propiedades y libertad.
Otro: no toda conducta inmoral debe ser prohibida, ni toda conducta
moral debe ser obligatoria.
Otro más: los medios compulsivos, propios del Estado, han de dirigirse
sólo contra actividades criminales.
Y otro: los impuestos han de servir al único fin de sostener
financieramente las funciones gubernativas propias, y por eso deben
ser moderados, no confiscatorios, y planos o uniformes, no
discriminativos. En lo que exceden de estos límites, los impuestos no
se justifican. Se hacen confiscatorios, equivalentes a un robo
legalizado.

Impuestos confiscatorios y otras arbitrariedades gubernamentales


semejantes -por ej. restringir severamente los derechos a trabajar y a
hacer empresa-, constituyen abuso de poder; y por consiguiente, se
justifica la oposición a los mismos, en términos del derecho de resistencia
a la opresión.

Este concepto de resistencia a la opresión está en la base del liberalismo.


Fue desarrollado por autores cristianos de la Edad Media como San Agustín
y Santo Tomás de Aquino. El pensamiento cristiano medieval a su vez se
origina en los llamados primeros Padres de la Iglesia o primeros autores
cristianos -Justino, Ireneo, Clemente-, que escribieron sobre las leyes
naturales, y contra el endiosamiento de los Emperadores romanos y su
pretensión de exigir sumisión incondicional.
83

No confundir: Edad Media no equivale a oscurantismo. ¡Los medievales


inventaron las Universidades, hacia el siglo XIII! “Edad oscura” fue sólo
la Alta Edad Media, entre la caída del Imperio romano (412) y el
renacimiento carolingio (800). Un principio general como el derecho de
resistencia a la opresión no es perecedero como una fruta; no se invalida
por haberse establecido hace tiempo. “Feudalismo” tampoco es mala
palabra para los liberales: el economista austríaco Hans-Hermann Hoppe
ha demostrado que el orden feudal en sus comienzos se basaba en el
contrato y no en el status legal. Independientemente de su degeneración
posterior en el “guildismo” (gremialismo compulsivo), la primitiva sociedad
feudal fue muy parecida a una sociedad con Gobierno (limitado), pero sin
“Estado”, en el sentido estatista, de monopolio legal del Derecho. No es
para nada extraño que los valores cristianos constituyesen los cimientos
del orden feudal.

¿No tenemos obligación de servir a los demás?

Un deber puede ser legalmente exigible, o moralmente, o tratarse de un


simple hecho de la vida, como la obligación de trabajar para subsistir, de
la cual deviene la obligación de servir a los demás. Cuando deberes
morales y jurídicos se mezclan, y se confunden con los apremios de la
vida, entonces la fuerza se emplea de modo sistemático e innecesario.

¿El bien común prevalece sobre el particular o individual?

Este es un problema corrientemente mal planteado; es un seudoproblema.


Todo depende de cómo se defina el concepto de “bien común” y las
condiciones que lo verifican. Si por tal entendemos algún tipo de reparto
igualitario de todos o algunos de los frutos de la cooperación social, no
puede menos que ser coactivo, y así los estatistas ponen a los Gobiernos
a repartir. En cambio, con Gobiernos limitados, mercados libres e
instituciones privadas separadas del Estado, ¿qué contradicción habría
entre bien común e individual? Si convenimos que en la sociedad no hay
otro interés común o general que la conservación de esas tres condiciones,
no puede haber contradicción alguna entre bienestar común e individual,
interés general e intereses particulares. En el estatismo estas tres
condiciones faltan, y a los Gobiernos toca decidir en los conflictos de
intereses, y tomar partido por los tales o los cuales; y siendo obvio que
no hay base racional ni moral para escoger a unos o a otros, entonces los
conflictos se hacen interminables y sin sentido, muy amargos, y a veces
violentos.
84

El estatismo asume que las gentes no van a hacer -o van a hacer mal-
actividades que naturalmente hacen; entonces les impone miles de
obligaciones y cientos de tributaciones forzosas, acompañadas de
“estímulos” y “promociones”. Un régimen que confiere privilegios y exige
sacrificios individuales obligatorios es injusto, y mal puede promover el
bien común. No asombra que su discurso apele tantas veces al “sacrificio”,
¡porque impone sacrificios humanos de verdad!

Liberalismo: casos históricos y más actuales de aplicación

¿El liberalismo verdadero se ha aplicado en América latina?

Cerca estuvimos entre 1880 y 1930 aproximadamente -tal como se


describe al comienzo del libro-, cuando nos fue mejor como naciones.
Bajo el imperio de los Códigos Civil, Comercial y Penal.

A partir de 1930, generaciones de Presidentes y Congresos estatistas


comenzaron con sucesivas “reformas” agraria, salarial y laboral, educativa,
de salud y seguridad social, monetarias y financieras, etc., mediante
leyes cada cual más intervencionista, larga, engorrosa y dañina que la
anterior. Estas reformas fueron reeditadas varias veces en cada materia,
porque ninguna sirvió, siendo las ediciones posteriores aún peores que
las previas. Son las “leyes malas”.

Después, en los ’50-’60, y en los ’90 se aplicaron ocasionalmente algunos


principios liberales, a título de correctivos; pero sólo de manera muy
parcial, tímida y vacilante, y mezclada con dosis masivas de estatismo,
porque su ejecución y puesta en práctica corrió a cargo de elencos y
partidos muy poco liberales. Y por causa de la tremenda resistencia que
los estatistas oponen. Es obvio que de este modo muy limitado no habrá
buenos resultados netos; pero como esas políticas mixtas o híbridas
(“tercera vía”) son motejadas de “liberales”, el concepto queda
desacreditado. Y dado un fracaso, versiones estatistas más radicales
regresan triunfantes por sus fueros, como en Venezuela, Ecuador y
Argentina.

La solución comienza por deshacer las “reformas” estatistas, derogando


las leyes malas. Pensando en impedir o deshacer “reformas” nefastas, el
Premier holandés Abraham Kuyper bautizó a su partido como
“Contrarevolucionario”, en los albores del siglo XX. Fundó también un
periódico liberal cristiano llamado “El Estandarte”, y una Universidad que
aún existe, aunque ya no con la orientación que su fundador le imprimiera.
85

Y es autor de un libro profundamente esclarecedor, titulado “Lecciones


sobre calvinismo”.

¿Y en el mundo?

Hay numerosos casos históricos indiscutibles de éxito bajo reglas liberales.


La nación judía dispersa ha sido la más rica de la tierra, sin Estado,
Gobierno ni territorio hasta 1948. La España medieval (de las tres culturas)
se hizo un país próspero e ilustrado, al igual que su ex súbdito Holanda
en el siglo XVI, y Suiza y Escocia después, y más tarde Inglaterra y
EEUU.

No es casual que en todos estos casos se aprecie la influencia de las


enseñanzas bíblicas, ya que son consistentemente favorables al sistema
de Gobierno limitado a garantizar la libertad y propiedades de las personas
y empresas privadas (pese a la “Teología de la Liberación”.) En Holanda,
el liberalismo surgió al compás del interés en la Biblia, despertado por la
Reforma Protestante en el siglo XVI. En EEUU por ej., las opiniones
genuinamente liberales desaparecieron cuando la gente dejó de leer su
Biblia con frecuencia, y de interpretarla literalmente en asuntos políticos.
EEUU comenzó a abandonar los principios liberales hacia el año 1913,
cuando se fundó el “Federal Reserve Board” (FED o Banco Central), se
estableció el Impuesto sobre la Renta, se anudaron lazos diplomáticos
comprometedores con potencias europeas, y se emprendió el camino del
imperialismo. Sin embargo en el “Bible belt” o cinturón bíblico (franja que
va desde Florida a California) el estatismo y todas sus manifestaciones
fueron resistidas hasta mucho más tarde, pasada la mitad del siglo XX.

El sociólogo alemán Max Weber ilustró los nexos entre la ética protestante
y el capitalismo. Pero la escuela austríaca de Economía procede de la
fisiocracia francesa del siglo XVIII, que deviene de la muy católica e
hispánica Escuela de Salamanca (XVI y XVII); y esta de la escolástica
medieval, síntesis del realismo bíblico y el aristotélico. A propósito: el
liberalismo no es un invento anglosajón; tiene indiscutibles raíces
hispánicas.
86

Naciones divididas

¿Casos más recientes de éxitos liberales?

El más reciente siglo XX muestra asombrosos casos de naciones divididas,


cuando la “Guerra Fría”, separadas en unas regiones libres o semilibres,
y otras totalmente comunistas. Constituyen casos verdaderos
experimentales:
cubanos en Florida vs. Cuba;
Alemania Federal vs. RDA;
Surcorea vs. Norcorea;
Hong Kong, Formosa, colonias chinas vs. China.

Nos demuestran que raza, lengua, geografía y clima -en particular, los
recursos naturales-, no explican el desarrollo, sino únicamente el sistema.
¿Y acaso las historias paralelas de las dos Américas no es ejemplo
impresionante? Hay otro caso parecido de comparación: Chile y Perú. Si
bien la economía chilena dista mucho de ser totalmente libre, lo es más
que la peruana; y a la vista están los dispares resultados.

¿Hay algún estatismo exitoso?

No hay ejemplo. EEUU ya casi no es un país capitalista, y sus Gobiernos


son estatistas, casi neosocialistas, incluso los “conservadores”, prisioneros
de todopoderosas agencias federales que no se atreven a enfrentar. La
única razón por la cual este socialismo democrático se mantiene en pie,
es porque en el resto del mundo se acepta y demanda la moneda y
Bonos de la deuda Fiscal estadounidenses. Cuando sea de otro modo, el
colapso no se hará esperar.

¿No hay salida dentro del estatismo?

Si la hubiese, algún Gobierno ya la habría encontrado, en algún país del


orbe. Todos la han buscado afanosamente. Pero para hallar la salida hay
que trascender el marco conceptual del estatismo, cosa que no saben. Y
para transitarla, hay que explicarla a la gente, lo que saben menos todavía.
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¿Es viable la salida liberal?

Es la única viable. Y podemos resumirla así:

a) Privatizaciones o desestatizaciones plenamente abiertas y al mejor


postor, con paquetes para difundir el accionariado;
b) eliminar regulaciones y agencias reguladoras;
c) y poner al Estado en su lugar, disminuyendo su personal, gastos y
poderes. La reducción del gasto no debe ser simbólica ni lineal, sino
con el criterio de las funciones estatales propias versus impropias. Y
debe traducirse en eliminación y disminución de impuestos.

¿Cómo reducir los gastos del Estado?

Como ya explicamos: conviene llamarles gastos del Estado antes que


públicos.

Cada vez que se menciona reducir los gastos estatales, salen a reducir
dos criterios:
Simbólico: gastos suntuarios como viáticos y comisiones para viajes
de los políticos, choferes y carros, asesores, etc.
Lineal: un porcentaje igual para todos los Ministerios y dependencias.
El único criterio válido debe ser el de los gastos destinados a funciones
impropias del Estado -no propiamente públicas-, que deben ser
eliminados y no meramente reducidos.

Y hay que hacerlo pronto. Porque cada sector sigue presionando por
volcar en su favor todo el poder y el dinero acumulados por el estatismo.
Por eso, huelgas y conflictos menudean por doquier. Porque hasta ahora,
los males y achaques del estatismo se han pretendido resolver con más
estatismo. Pero los problemas requieren no cualquiera respuesta, sino
sus soluciones o remedios propios. ¡Los problemas del estatismo requieren
liberalismo! De no aplicarse el remedio apropiado, no es raro que un
problema no sólo quede irresuelto, sino que se vea cada vez más
agravado. Es lo que ha pasado en el Perú.
88

PARTE II: ESTATISMO vs. LIBERALISMO

Capitalismo cap 4

Liberalismo y capitalismo

¿Cómo podemos resumir LA SALIDA liberal de modo que impacte a la


gente?

Eliminar regulaciones para dar a las empresas más libertad de producir.


Reducir impuestos para dar a la gente más poder de compra.

Libertad de producir significa más VOLUMEN DE BIENES Y SERVICIOS


Poder de compra significa más CAPACIDAD DE ADQUISICIÓN
Cualquier persona con dos dedos de frente, sólo tiene que sumar
1 + 1 = 2
Es decir:
más bienes y servicios + capacidad de adquirirlos = ABUNDANCIA

Lo que se requiere es una reforma total del Estado, para quitar lo que
sobra -regulaciones e impuestos-, y poner lo que falta: una Magistratura
Judicial honesta, independiente e imparcial, capaz y bien preparada,
diligente, y accesible. Las agencias reguladoras dependientes del Ejecutivo,
son un mal sustituto para esta rama judicial que hoy no existe. Así como
los impuestos y bienes y servicios estatales -incluso educación y medicina-
; y los tantos y tantos empleos estatales poco productivos o improductivos,
son un mal sustituto para esos mercados libres y en expansión -
generadores de riqueza, empleo eficiente y bien remunerado, y bienestar
para todos-, que hoy tampoco existen.

Abundancia es lo contrario a la pobreza, y la solución inmediata para


muchos problemas que son consecuencia de la pobreza, y para los cuales
hoy se reclama atención del Estado, ya que a muchos parece que no
tienen solución de otro modo. CON ABUNDANCIA ...:
... mercados que actualmente no son atractivos para muchas empresas,
pasarán a serlo.
89

... gente que hoy no puede comprar suficiente educación y medicina de


calidad, podrán hacerlo.
... personas que ahora no pueden donar para caridades, obras benéficas
o causas de su preferencia, lo harán.
... empresas que hoy no pueden acceder a los lentos, muy defectuosos y
costosos Tribunales, tendrán justicia.

La solución es la abundancia. El liberalismo es el medio o la vía para


tener abundancia.

¿El liberalismo cuando comenzó?

Es muy antiguo. Sus comienzos datan de mucho antes de 1776, cuando


Adam Smith publicó “La riqueza de las naciones”, el mismo año de la
independencia de EEUU. Y de la llamada Revolución Industrial inglesa,
proceso que se ubica a fines del siglo XVIII, pero que fue más largo y
continuo, menos súbito de lo que normalmente se describe o supone.

Ya las antiguas tribus israelitas practicaron el capitalismo -Gobierno limitado


en lo económico-, por más de 400 años, según el libro bíblico de Jueces,
y conforme a la preceptiva de Deuteronomio. Con posterioridad a las
edades bíblicas, los judíos se hicieron la nación más rica del mundo, y sin
Estado ni Gobierno, ni tampoco territorio, durante su multisecular diáspora,
dispersa en medio de las naciones gentiles, aunque bajo la ley de la
Torah, y testificando su eficacia. También practicó liberalismo la España
medieval, sobre todo con el rey Alfonso X el Sabio, y se transformó en
una gran potencia, declinando después, con el creciente absolutismo. Y
ya en la Edad Moderna, ciudades como las hanseáticas y las lombardas
se enriquecieron sobremanera con el sistema liberal, e igual países como
Holanda, Suiza, y Escocia. E Inglaterra en la “Era victoriana” -el siglo
XIX-, aunque mucho antes destaca el antecedente del rey Alfredo el
Grande, sancionando ciertas normas legales bíblicas como ley del país.
EEUU conoció instituciones de Gobierno limitado desde antes de su
independencia: los súbditos ingleses de las 13 colonias americanas tuvieron
muy en vista el patrón bíblico -América era su Canaán-, sobre todo en
1776, cuando consideraron que el Rey Jorge había transgredido los límites.

Como se ve, haciendo historia de la práctica liberal, pasamos revista a


las biografías de los países ricos, llamados “desarrollados”. Todas naciones
de muy diferente cultura, creencias religiosas, lengua, geografía, recursos
naturales y clima; todas se desarrollaron gracias al liberalismo. Lejos de
ser algo utópico, ¡todo lo contrario!, es muy practicable, y de hecho más
práctico y económico que el engorroso y caro estatismo.
90

¿Y el capitalismo?

“Capitalismo” es como desde el siglo XIX llaman al liberalismo económico


sus adversarios, con intención denigratoria; pero sin embargo el concepto
“capitalismo” puede ser muy válido, si se aclara que el término “capital”
comprende un “capital humano” (conocimientos y habilidades), además
del capital físico (activos materiales), y del capital financiero (activos
líquidos). La palabra “capital” procede de “cabeza” de ganado, y por
cierto, los animales se tratan como “ganados” porque son una ganancia,
o fruto de un trabajo, aplicado a un capital.

Pero aún en otra y mucha más digna acepción tiene sentido la voz “capital”:
la cabeza o mente humana contiene el mayor activo y capital con el cual
todos contamos -la capacidad cognitiva y racional-, siendo la última fuente
de riqueza.

¿Quiénes son capitalistas?

Siendo capital y trabajo los factores de la producción, capitalistas y


trabajadores son productores, puesto que agregan valor a los bienes en
el proceso de producción de riqueza. Pero capitalistas y trabajadores no
son “clases sociales antagónicas”, como nos enseñó la educación marxista;
ni siquiera son separadas: un trabajador activo que deposita su salario
en el banco y gana intereses, ya es un capitalista. E igual un trabajador
retirado que vive sólo de su capital. Significa que los trabajadores también
son capitalistas, estén o no activos en la población laboral. En cuanto a
los empresarios, constituyen una subclase específica de trabajadores.

Capitalista es quien recibe todo o parte de su ingreso de un bien de


capital, sea saldos en dinero, acciones, títulos o propiedades. Un obrero
por ej., con una cuenta bancaria que le rinde algunos puntos en intereses,
ya es un capitalista. Y un jubilado o pensionado que no trabaja, y en su
retiro vive sólo de intereses o de una pensión, es “capitalista puro”; y
asimismo, también es puramente capitalista un estudiante provinciano
que no es económicamente activo, y recibe mesada de su familia y la
lleva al banco, así como una viuda que renta un cuarto o el garaje de su
casa. Son capitalistas, aunque no por ello ricos ni poderosos.

Todos tenemos un capital, en alguna de sus formas -humano, físico o


financiero-, y todos vivimos de él, al menos en parte. En tanto contamos
al menos con algunos conocimientos e informaciones (capital humano)
todos somos capitalistas; y por supuesto, todos somos productores,
91

aunque no todos seamos trabajadores activos, ni todos somos


empresarios.

Factores de la Producción
Trabajo
Capital
Empresa, que organiza y coordina los dos anteriores

Todo régimen económico es capitalista en última instancia porque no


toda la producción se consume, y siempre hay un excedente destinado a
las inversiones, que realizan los privados o (muchas veces
injustificadamente) el Estado. Aunque así como hay democracia puede
ser o no liberal, también hay un capitalismo no liberal, que es el
mercantilismo.

¿Cómo es el capitalismo liberal?

El capitalismo liberal se distingue tanto del socialismo o capitalismo de


Estado de las izquierdas, como del mercantilismo o capitalismo monopolista
de las derechas, en cualquiera de sus variantes.

El capitalismo liberal o libremercadismo es el aspecto económico del


liberalismo, y se caracteriza por:
pleno respeto a los derechos de propiedad privada;
precios libres (y economía libre en general);
sistema empresarial de beneficio o pérdida en función de la información
económica, la inversión y el riesgo;
competencia libre y abierta en todos los mercados, de bienes y
factores.

Y el capitalismo no liberal o mercantilismo se caracteriza por:


propiedad privada, pero con restricciones: impuestos y regulaciones;
precios mayormente libres, sobre todo de los bienes finales, pero el
resto de la economía no muy libre;
beneficio o pérdida en función de factores políticos, principalmente
información sobre los Gobiernos y sus caprichos;
competencia restringida en los mercados.

Aquí usamos la voz “capitalismo” en sentido liberal, y de otro modo


“mercantilismo” o socialismo.
92

En cuanto al socialismo o capitalismo de Estado, poco difiere del


mercantilismo excepto en sus discursos e intenciones declaradas de servir
específicamente a los pobres antes que a “la nación”; y en los sectores
que realmente lo aprovechan, principalmente grupos políticos y
burocráticos, en lugar de los tradicionales empresarios estatistas.

a) En el socialismo no democrático -comunismo-, no hay propiedad


privada.
b) El socialismo democrático se distingue del mercantilismo en que los
impuestos y regulaciones forman parte de un esquema clasista con
propósito redistributivo, y a veces se imponen controles incluso a los
precios de los bienes finales.

¿Capitalismo o socialismo son responsables de la pobreza?

No es fácil comparar socialismo y capitalismo porque hay asimetrías:


El socialismo pretende ser juzgado por sus intenciones declaradas -
que llama “nobles ideales”-, y no por sus pésimos resultados -en la
URSS y países ex comunistas, y del Tercer Mundo-, asumiendo que
estos fracasos son producto de desviaciones accidentales, no de
elementos consustanciales al sistema.
Por otro lado, las izquierdas juzgan al capitalismo por los malos
resultados de las intervenciones estatales -en los países pobres-, que
constituyen si acaso deformaciones y perversiones del capitalismo, a
las cuales sin embargo, maliciosamente les atribuye el carácter de
consustanciales al sistema, y no su negación.

De este modo, una caricatura de capitalismo es acusada por resultados


de los cuales el capitalismo no es responsable; y por su lado, el verdadero
responsable -el socialismo-, se niega tercamente a asumir su
responsabilidad y la evade.

“Manual del Buen Gobernante” escrito por la izquierda

¿Gobierna el socialismo?

Digamos que ha impuesto e impone sus criterios de Gobierno a las


constelaciones de grupos políticos que se turnan en el poder. Han
introducido todas sus “reformas” -agrarias, educativas, financieras, etc.-
, incluso bajo regímenes mercantilistas.

En los años ’20 y ’30, el socialismo era Programa; hoy es realidad. En


aquella época, eran meras aspiraciones el Banco Central de emisión, la
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Reforma Agraria, la redistribución de la riqueza mediante impuestos


progresivos, la sindicalización obligatoria incluso para profesionales, los
monopolios en los servicios públicos -teléfonos, transportes-, y la
regimentación estatal de la educación privada. En esos años eran apenas
puntos en los Programas, documentos y discursos de los Partidos
Socialistas y Comunistas. No obstante, en las décadas siguientes fueron
“reformas” concretadas y materializadas, introducidas a título de
“conquistas sociales” por los Gobiernos. ¿Cuáles Gobiernos ...? Civiles o
militares, aparentemente de distinta procedencia ideológica y
representatividad social. Sin embargo todos se declaraban más o menos
“centristas”, y tenían algo más en común: aplicaban el “Manual del Buen
Gobernante” escrito por la izquierda.

Todas esas reformas de los ’50, los ’60 y los ’70 -varias generaciones-
aún no han sido removidas en esencia, excepto los cambios introducidos
en los ’90, que fueron muy pocos, y no muy de fondo. Lo peor del caso es
que en la mentalidad que le inculcaron a la gente sus gobernantes -y
políticos, gremialistas, empresarios estatistas, educadores, ministros
religiosos y líderes de opinión-, tales reformas de clara inspiración socialista
aún constituyen el modelo a seguir. ¡Eso es “gobernar para el pueblo”! Es
lo que airadamente reclaman y exigen las mayorías a la hora de votar. Y
eso es lo que quieren escuchar.

Así en Perú -y demás países de América latina- se contempló un curioso


espectáculo, desde mediados del siglo XX hasta ahora. Desfilaron
Gobiernos socialcristianos, populistas, socialdemócratas, radicales
“frentepopulistas”, democristianos, nacionalistas, “desarrollistas”, militares
o lo que sea ... (Últimamente eligen nombres ideológicamente neutros y
de apelación puramente emocional, un tanto cursis.) Pero todos con el
mismo recetario.

Y fracasando, por supuesto. No obstante sus fracasos serán enjuiciados


principalmente por las izquierdas, y según sus criterios. Las izquierdas
hegemonizarán la oposición y la crítica, y reclamarán a los “centristas”
que no saben gobernar, porque no aplican ortodoxa y estrictamente las
recetas del “Manual del Buen Gobernante” que ellas mismas redactaron
allá por los ’20 y ’30. Los socialistas asumirán el rol de maestros
evaluadores; y los “centristas” tomarán el papel de estudiantes reprobados
en el examen, abochornados como practicantes torpes, no bien aprendida
su lección. En cada siguiente turno entonces, cada nuevo elenco -y a
veces no tan nuevo-, tratará de “mejorar” al anterior, y tomará medidas
y acciones -y sobre todo retórica-, aún más a la izquierda. Y el espectáculo
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será reeditado indefinidamente, porque ante cada fracaso de “centro


izquierda” surgirá una “izquierda más radical” (más “revolucionaria”) para
tomar el relevo. Sobre todo ahora, que los estatistas “neoliberales” se
alternan con los más tradicionales.

Si no fuese trágico sería cómico.

¿Son utopías el capitalismo o el socialismo?

Ni uno ni otro. El concepto de “utopía” -un supuesto ideal deseable pero


inalcanzable- no es aplicable, y provoca muchas confusiones. Hay más
asimetrías:

El socialismo no es una utopía porque es alcanzable, mas no deseable.


Promete una cosa y resulta otra.
El capitalismo liberal en cambio resulta exactamente como promete,
siempre y cuando sea practicado a cabalidad y plenamente, sin recortes
ni retaceos, ni mucho menos desfiguraciones que lo desnaturalizan
por completo. Así lo demuestran por ej. las historias de éxito de países
que se desarrollaron en los siglos XVI a XVIII: Holanda, Escocia y
Suiza. Y en el siglo XIX: Inglaterra, y EEUU hasta 1913
aproximadamente. Los casos ya vistos de las “naciones divididas”
(Alemania, China, Cuba y otras) constituyen testimonio irrefutable y
concluyente. En cada caso, una parte de cada nación cayó bajo el
comunismo, una de las más extremas formas de estatismo -otra es el
nazismo-; y al resto se le permitió vivir bajo condiciones más o menos
libres, relativa o comparativamente hablando. Pero aún así, las
comparaciones en todos los casos favorecen ampliamente a la mayor
libertad, y en nada a la opresión.

En el capitalismo no hay disparidad entre promesa y realidad. Más


recientemente casi no se ha podido comprobar porque no se ha permitido
experimentarlo a plenitud, y constituye aún un ideal por lograr. Pero
tampoco es una utopía, porque el ideal también es alcanzable, y a
diferencia del socialismo, deseable. Su concreción aún espera. Es una
tarea para el futuro.

Importante: No confundir capitalismo liberal con el mercantilismo típico


de los países latinoamericanos, ni con el salvajismo actual en la URSS y
países ex comunistas. Europa Oriental no pasó del comunismo al
capitalismo, sino del comunismo a la barbarie, y podría decirse que a la
anarquía, en su acepción de ausencia de Gobierno limitado. En Rusia
gobiernan las bandas mafiosas, cada cual en su “territorio”.
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En todos estos países subdesarrollados o ex comunistas, en el mejor de


los casos se da una “cohabitación dispar”, un sistema “mixto” pero desigual:
estatismo en dosis masivas, mercados libres y empresa privada en dosis
homeopáticas. Es la “tercera vía”, hecha realidad. Esta cohabitación es la
fuente del desempleo, la pobreza, y muchísimos otros problemas típicos
del “Tercer Mundo”, atribuidos por error o mala fe al capitalismo. Sin
embargo se deben al peso del estatismo, y a la escasez y raquitismo de
las instituciones de verdad y típicamente capitalistas, como p.ej. la quiebra
comercial.

Capitalismo: buen sistema, mal defendido

¿Por qué siempre se terminan imponiendo criterios socialistas?

Por el control que ejercen personas con mentalidad socialista en la mayoría


de las universidades y medios de comunicación. No conocen otras ideas
y proposiciones. Se niegan a cambiar. Asustan a la gente desinformada,
agitando el fantasma de un “capitalismo” al que presentan asociado al
hambre, al desempleo y a la miseria.
Y por las debilidades argumentales de muchos sedicentes defensores del
capitalismo; siendo la principal de ellas una escasa consistencia.

El capitalismo es un sistema económico, pero difícilmente separable de


su contexto político y moral. A mediados del siglo XX, la escritora ruso-
americana Ayn Rand, describió muchos de sus fundamentos filosóficos
en un libro sugestivamente titulado “Capitalismo, ideal desconocido”. El
declarado y militante ateísmo de la Rand quizá disguste o perturbe a
muchos creyentes; pero su defensa filosófica del capitalismo es sólida y
consistente, y puede ser independizada de sus creencias personales en
materia religiosa. De hecho la Rand parte de premisas que se encuentran
también en Bastiat, como el derecho de los individuos a conservar la
propia vida aplicando su inteligencia a fines productivos -y a disfrutar de
sus exitosos resultados-, sin ser interferidos, perturbados, molestados,
descalificados o desacreditados por los Gobiernos.

1) El capitalismo se basa en un derecho moral de los individuos: a ejercer


plenamente sus capacidades cognitivas e intelectuales, al servicio de
fines voluntaria y libremente trazados por ellos, sin sacrificar a otros
en este empeño, pero asimismo sin ser sacrificados en aras de los
objetivos de otros individuos. Sin someter ni ser sometidos. Entre
estos fines posibles y legítimos de sus conductas, se incluye el logro
de prosperidad y riqueza. Hay derecho moral a ganar dinero, y a
enriquecerse. Son propósitos que otras personas no tienen derecho a
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cuestionar, como tampoco las acciones destinadas a promoverlos y a


satisfacerlos, o los resultados logrados, en tanto sea respetado iguales
derechos de todos a la vida, propiedad y libertad. En el capitalismo
las acciones productivas son concertadas con otros individuos,
mediante contratos no criminales, dentro de un esquema de
cooperación voluntaria, mucho más justo y al mismo tiempo más
efectivo que cualquier tipo de cooperación impuesta.

2) Consistentemente, en tanto no se violente o engañe a otros, no tienen


derecho moral los Gobiernos a cuestionar los propósitos o motivos de
las personas, a interferir en sus acciones dirigidas al logro de sus
objetivos, o en sus resultados, o a difamarles y desacreditarles.

No ha sido exitosa la defensa del capitalismo basada exclusivamente en


sus innegables méritos en el terreno de la Economía, como pretende el
enfoque utilitarista estrecho que suele predominar. Las bases jurídicas,
políticas y morales del capitalismo liberal deben ser comprendidas. Y a
este fin deben ser integradas en su defensa -desde las premisas
conceptuales-, si se desea que el capitalismo pueda aplicarse a cabalidad,
y rendir plenamente todos los frutos de que es potencialmente capaz. No
es suficiente demostrar la eficacia del capitalismo; sobre todo cuando ya
no se acusa al capitalismo por ineficaz, sino por “inmoral y anticristiano”.

El capitalismo requiere y merece una defensa intelectual, moral y política.


Y es obvio que las bases morales del capitalismo liberal no alcanzan a
justificar al mercantilismo. En consecuencia, el mercantilismo es
moralmente indefendible , además de serlo económicamente. El
mercantilismo niega a otros el derecho a enriquecerse, con lo cual les
condena a la pobreza, porque les vulnera en sus libertades. Pero por la
confusión entre capitalismo liberal y mercantilismo, el primero sufre
inmerecidamente el descrédito del segundo. Este descrédito del
mercantilismo se justifica ampliamente, aunque las verdaderas razones
de su descalificación -económica y moral- no son ampliamente conocidas
por el público, y menos aún su diferencia crucial con el verdadero
liberalismo económico.

¿Cómo cortar esta fatídica cadena de malentendidos?

Aunque más adelante volveremos sobre la labor política liberal, avancemos


ahora una síntesis:
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Apuntando al pacto tácito de políticos, gremialistas, burócratas


estatales, empresarios estatistas, educadores, ministros religiosos
y líderes de opinión en favor del “statu quo”. ¿Son esos sus pilares
más firmes? ¿Sí? Entonces habrá que ir ganando voluntades
individuales en sus propias filas.
Y asimismo en otros sectores como estudiantes y jóvenes, amas de
casa, trabajadores informales, empresarios y profesionales
independientes, laicos creyentes, y probablemente agricultores. En
contra del “statu quo”. También una a una habrá que ganar las
voluntades individuales.
A todos hemos de dirigirnos a través de los medios de comunicación
y persona a persona directamente, para organizar células liberales.

Empresa y mercado

¿Mercado o empresa libres equivalen a empresa privada?

El capitalismo liberal defiende a las empresas libres en mercados libres,


conceptos de los cuales “Empresa privada” no siempre es sinónimo.
Muchos mercantilistas defienden la “empresa privada”, no la libre empresa
o libre mercado.

Empresa y mercado distan de ser análogos. Porque en ejercicio de la


libertad empresarial, las empresas compiten en el mercado, al igual
que los empresarios, y demás agentes económicos. Sin embargo, vale
distinguir:

1) En el mercado las relaciones no son fijas y establecidas, ni


permanentes. Cuando el mercado es libre, una empresa privada
puede contratar hoy a un proveedor y mañana a otro. De igual modo,
un cliente pudo haber seleccionado ayer a una empresa, hoy a otra.
En el mercado libre tampoco hay unidad de comando, con autoridad
reconocida para asignar administrativamente los recursos existentes,
seleccionando entre sus múltiples y alternativos usos o empleos
posibles. No hay relaciones jerárquicas; hay oferta y demanda,
escogencias cambiantes, negociación y regateos permanentes. Hay
oportunidades de ganancia, y las empresas son libres de seleccionar
las de su preferencia. Esta libertad explica la insuperable eficiencia
de los mercados libres: los factores pueden ajustarse
permanentemente, cambiando empleos menos productivos por otros
más productivos. Claro, esta libertad implica ciertos costos, llamados
“costos de transacción”, en que las empresas incurren al tener que
revisar permanentemente sus relaciones externas.
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Esta eficiencia llega a un límite cuando los costos de transacción se


hacen mayores que los de un arreglo fijo (“costos de organización”)
que resultan entonces más atractivos. Cuando se llega a este límite,
las empresas establecidas o existentes crecen, absorbiendo
(internalizando) factores de la producción; o bien se establecen, cuando
no existían.

2) En las empresas sí hay unidad de comando. Y relaciones jerárquicas


en el interior de cada firma o compañía, aunque libremente convenidas,
y mientras duren los contratos de sociedad y alquiler de servicios
entre los socios, y entre estos y sus empleados y trabajadores, de
puertas adentro en la empresa. Dentro del lapso de cumplimiento del
contrato, las relaciones son fijas. Porque ingresando a una empresa,
un factor de la producción abandona temporalmente el mercado y
sus oportunidades, y se sujeta a los términos de una relación
contractual.

Cuando los costos de un arreglo fijo (“costos de organización”) se hacen


mayores que los costos de la libertad (“costos de transacción”), entonces
las empresas contratan factores de la producción externamente, en el
mercado.

Estas razones fueron explicadas en 1937 por Ronald Coase -recibió el


Premio Nobel de Economía mucho más tarde, en 1992-, en una exposición
titulada “Una teoría de la firma”. Enseñó que la empresa privada es “una
isla de planificación centralizada en el océano del libre mercado”. Aún
siendo libre hacia fuera -de cara al mercado-, en el interior de una empresa
privada se planifica centralmente, y no hay libremercadismo: los factores
se amarran por un arreglo contractual, aunque voluntario, en relaciones
permanentes mientras duren sus respectivos contratos.

La diferencia entre mercado y empresa es la base de la distinción entre


economía y administración (o gerencia); que lamentablemente desconocen
muchos sedicentes defensores del liberalismo.

¿Cuándo una empresa privada deja de ser libre?

Siempre una empresa privada se parece un poco a un Gobierno -de


hecho tiene “gobierno corporativo”-; no así un mercado, excepto cuando
el mercado no es libre. Cuando el mercado es interferido por el estatismo,
las empresas no son libres, aún siendo privadas. En tal caso los costos
de transacción son artificialmente elevados, las relaciones de mercado
se llenan de contenido político, y tanto más se parece una empresa a un
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Gobierno. Las empresas son de este modo “menos privadas”, dado que
impuestos confiscatorios y regulaciones relativizan los derechos de
propiedad de sus accionistas o dueños. Estos derechos se vacían de
contenido cuando sus titulares -los propietarios- no son plena e
incondicionalmente libres para conservar sus ganancias, o para vender y
comprar, alquilar o tomar en alquiler, contratar servicios, etc. Lo mismo
pasa con los derechos de propiedad del resto de los agentes económicos
y factores productivos.

En tales casos muchas empresas privadas tienden a convertirse en


apéndices de los Gobiernos, y dejan de ser socialmente útiles; aún cuando
rindan beneficios de corto plazo a sus dueños. Sus ganancias no se
justifican moralmente, en tanto no se logran como contraparte de servicios
prestados y bienes producidos en condiciones mercantiles de libérrima
escogencia. A largo plazo sin embargo, si esta situación se generaliza y
hace duradera, los mercados se empobrecen y la situación general se
hace crítica. Es lo que desde hace muchos años viene ocurriendo en el
Perú. En nuestro medio abunda el empresario mercantilista, presto a
entenderse con los Gobiernos en sus propios términos, antes que someterse
a la férrea disciplina de los mercados libres.

Eficiencia, justicia, moralidad

¿El capitalismo liberal es el mejor sistema económico?

Es el único régimen económico compatible con la dignidad y libertad de la


persona humana. Flaco servicio le rinden los liberales que le defienden
sólo con argumentos de base utilitarista estrecha, o sociológicos de raíz
positivista.

El Capitalismo Liberal
Es el sistema más eficiente
Más justo
Más moral

a) Es el más eficiente porque:


la propiedad privada es mejor que la colectiva o comunal para
explotar, administrar y cuidar los bienes ordenadamente y con
mayor provecho para todos: nadie cuida lo que es de todos, sino
lo propio, y cada quien invierte en su propiedad, para mejorarla y
obtener beneficios;
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la empresa privada es mejor que la oficina gubernamental para


producir bienes y servicios económicos eficientemente;
los precios libres transmiten información sobre necesidades y
preferencias más fielmente que las órdenes y comandos
burocráticos, y así sirven mejor para que trabajadores y
empresarios tomen mejores decisiones en la asignación de recursos
costosos a fines productivos;
la expectativa de beneficio o pérdida funciona mejor que los
premios y castigos políticos como incentivo o estímulo en las
actividades económicas;
la competencia libre y abierta impone a los factores productivos
una disciplina más racional y más inflexible que la puramente
administrativa a la hora de reducir costos, aumentar la cantidad y
mejorar la calidad en la producción de bienes y servicios.

Pero además, es también:

b) El más justo porque se distribuye la riqueza al paso que se crea -


simultáneamente y en todos los mercados-, y por la misma vía: la de
los factores -del lado “de la oferta”-; y a cada cual según y conforme
su contribución productiva, sea como sueldos y salarios, intereses,
cánones de arrendamiento o bien utilidades y dividendos.

c) El más moral porque es rigurosamente impersonal, haciendo a las


personas responsables por las consecuencias de sus acciones. Como
sistema, el mercado no discrimina ni hace “acepción de personas”,
aún cuando los empresarios y demás agentes económicos sí
discriminamos, y hacemos diferencias, lo cual es natural y permisible.

Discriminaciones

¿Hay derecho a discriminar en el capitalismo?

A) En el concepto liberal, las personas tenemos derecho a discriminar;


no las leyes.

Digamos primero que un empresario por ej. siempre discrimina,


porque atiende cierta clase de clientes con preferencia a otros, según
su especialidad. Una clínica veterinaria por ej. puede atender animales
pequeños y no grandes, o bien gatos y no perros. Estas
discriminaciones son consideradas generalmente aceptables. Pero más
aún: en este concepto un empresario puede establecer condiciones
discriminatorias que son o nos parecen inaceptables y hasta
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repugnantes. Por ej. prohibir el acceso de personas de cierta raza o


credo a su establecimiento. O no contratarlas. O declararlas no elegibles
como proveedores. En un mercado libre, un empresario discriminador
no tendrá que enfrentar a los Gobiernos. Las leyes le garantizan plenas
libertades, incluyendo la de discriminar. Paradójicamente las leyes no
discriminan entre discriminaciones aceptables y no aceptables.

Pero este empresario discriminador sí perderá oportunidades. Tendrá


que enfrentar a los mercados. Porque los discriminados -clientes,
trabajadores o proveedores- irán a otro lugar donde sean mejor
recibidos, si los mercados son libres para desarrollarse y crecer. Y sin
duda el discriminador enfrentará la competencia de otros empresarios
y agentes económicos, deseosos de aprovechar estas oportunidades
desperdiciadas, que no discriminen (o que discriminen con orientación
diferente; por ej. animales de otro género; o gente de otra raza o
credo). Los otros empresarios y agentes harán ganacias a costa del
discriminador, quien no será castigado por los Gobiernos, sí por los
mercados. Milton Friedman desarrolla magistralmente este argumento
en “Capitalismo y libertad”, aludiendo precisamente a su condición de
judío, experto en padecer discriminaciones.

B ) El concepto estatista pretende exactamente lo contrario: leyes que


discriminan por nosotros.

Porque las leyes estatistas niegan el derecho individual a discriminar.


Pero, ¿cómo? ¿y a qué costos? Sólo pueden hacerlo discriminando. Y
de hecho así lo hacen. Porque ¿cómo saben si un empresario discrimina
o no? Si de todos los clientes en un día -o de todos los trabajadores en
un año-, la mayoría han sido gatos y no perros, o gentes de una raza
o credo específico, ¿cómo saben los legisladores gobernantes si es
por discriminación, o por las características propias del mercado, v.g.,
el vecindario? ¿Y cómo deciden si una discriminación es o no
aceptable? De una sola manera: mediante cuotas porcentuales. Esto
es: discriminando por nosotros. Tanto por ciento para tal raza o credo,
o sexo, o nacionalidad, etc.; y tal otro tanto porcentaje para tal otra
raza o credo, o sexo, o nacionalidad, etc. Es lo que hacen los Gobiernos
con empleos, visas de inmigración, cupos en las universidades,
escuelas y hospitales, etc. Y no sólo en instituciones estatales, también
en las privadas. Le llaman “discriminación positiva”. En este concepto
las personas NO tenemos derecho a discriminar; sí los Gobiernos.

Pese a ser calificada de “positiva” esta discriminación implica un reparto


que es absolutamente arbitrario e injusto. ¿Quién establece los
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porcentajes y cómo, conforme a cuál criterio? Y en ausencia de la


cuota fija, ¿hubiese resultado un porcentaje superior o inferior?
Pongamos por ej. una cuota fija para mujeres en una Directiva.
Digamos, 30 por ciento.
1) ¿Por qué 30 y no 40 por ciento, 50 o 20? Es arbitrario.
2) Pero supongamos se ha establecido en 30 por ciento, de todos
modos es injusto para los hombres o para las mujeres.
a) Es injusto para los hombres si en ausencia de la cuota fija hubiesen
resultado mujeres en porcentaje inferior al 30 %.
b) Y para las mujeres es injusto si en tal condición su número hubiese
resultado superior al 30 %.

Moralidad y cristianismo

¿Es inmoral la sociedad libre?

Las izquierdas y otros sectores antiliberales ya no suelen acusar de


ineficiente al capitalismo liberal -es obvio que no pueden-, sino de inmoral,
y hasta anticristiano. Los liberales debemos estar preparados para
contestar bien.

Una sociedad es libre cuando lo son los individuos que la componen. De


otro modo la expresión designa una sociedad políticamente independiente,
cuyos Gobiernos son libres del sometimiento a otros Gobiernos de rango
superior.

Cada individuo es libre cuando puede elegir opciones alternativas a su


alcance, sin ser forzado. Y sin emplear la violencia ni fraude, cada individuo
puede elegir entre diferentes opciones, respetando a las demás personas
en sus iguales derechos a la vida, propiedad y libertades. Sólo en este
tipo de sociedad sus acciones y elecciones son pasibles de ser juzgadas
con arreglo a criterios morales. No así en caso de mediar la fuerza. Por
eso una sociedad no libre no es moral; sólo una sociedad libre lo es.

¿Una sociedad liberal puede ser “virtuosa”?

Una virtud es un buen hábito; y sólo a las personas individuales cabe


practicarlos. ¿Qué significa “sociedad virtuosa”? ¿Qué sus ciudadanos
pueden practicar las virtudes, tal y como cada uno de ellos las entienden?
Claro que sí.

Pero ya en pleno dominio de sus facultades de elección, no todas las


elecciones morales de los individuos son o pueden ser catalogadas como
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virtuosas. Debemos admitir el hecho de que en una sociedad libre, muchas


personas escogerán opciones que son o nos parecen éticamente
reprobables. Acciones que repugnan unos u otros cánones morales, aún
mínimos. Por definición una sociedad libre excluye aplicar el uso de la
fuerza -la acción del Estado-, si no hay robos, hurtos, estafas, violaciones
u otras agresiones de igual gravedad. Sólo nos queda el recurso a la
persuasión y al ejemplo, si queremos disuadir a otros de comportarse de
modo contrario a nuestras convicciones y valores.

El Reverendo Edmund Opitz es uno de los más destacados liberales


cristianos del siglo XX. Fue miembro fundador de la Foundation for Economic
Education (FEE), una de las más antiguas sociedades defensoras de la
libertad en EEUU. Opitz es autor de un libro magnífico, titulado “Religión y
Capitalismo; aliados y no enemigos”. Siendo Pastor congregacional, el
autor explica que una de las cosas que más aborrece en este mundo son
los malos pastores y líderes religiosos, los cuales obviamente son pésimos
testimonios para Dios y para el prójimo, y desacreditan a la profesión.
Sin embargo, está plenamente dispuesto a tolerar su presencia -a oponerse
a la acción del Estado-, como parte del costo a pagar por la libertad de
cultos.

Y enseguida Opitz extiende este razonamiento a las demás libertades.


Muchas estaciones de radio y TV por ej., transmiten música estridente y
programas horribles, y la prensa escrita publica artículos muy deficientes;
siendo todo ello parte del costo de la libertad de expresión. Innumerables
comerciantes son deshonestos; y eso es parte del costo de la libertad
comercial. Lo propio pasa con todas las conductas que son o pueden ser
reprobadas como inmorales, no siendo intrínsecamente criminales: a
nosotros -cada quien- nos toca juzgar. Y a Dios. No a los Gobiernos.
Tolerar los vicios -o comportamientos que algunos puedan considerar
como tales- es el costo de la libertad moral, que queremos para poder
elegir libremente nuestras propias opciones.

En una sociedad libre, distintas personas y grupos practican diferentes


códigos de conducta, basados en diversas escalas de valores. Hay
diversidad. Los distintos códigos éticos son sistema de prescripciones
para la conducta personal, sexual, familiar, de negocios, etc. Y con sus
diferentes acciones -poniendo en práctica uno u otro código-, las personas
obtienen distintos resultados. Las acciones de unos y otros tienen
consecuencias. De este modo estos códigos entran en competencia,
porque los resultados pueden ser contrastados unos con otros, y juzgarse
acerca del menor o mayor valor relativo de uno u otro sistema. Quienes
sostenemos los valores asociados a la estabilidad del matrimonio y la
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familia, y al trato honesto en los negocios con la vista en la reputación a


largo plazo, no tenemos nada que temer a la competencia con otros
códigos éticos. Esta competencia no es posible en una sociedad no libre,
donde el Estado es empleado para imponer coactivamente valores y
prescripciones de manera uniforme.

“Poder económico”

¿El capitalismo liberal no favorece a los más fuertes y poderosos?

Las izquierdas nos han acostumbrado a pensar que los capitalistas son
siempre los sectores más fuertes de la sociedad. No es así: en su mayoría
son los más desprotegidos ante la voracidad estatal. A ellos alude la
Biblia cuando reclama por “las viudas y huérfanos”, a lo largo del Antiguo
Testamento. La protección de todos los capitalistas, y muy especialmente
los más débiles -viudas y huérfanos, estudiantes, trabajadores, retirados
y pensionados-, es un objetivo de las medidas antiinflacionarias de los
liberales. Son destinadas a preservar los ahorros de la gente, y el poder
adquisitivo del dinero. En este sentido, se está protegiendo a los más
débiles, de los desmanes estatistas procedentes de los más poderosos,
como la inflación. Los sectores políticamente más fuertes, y los capitalistas
ricos, tienen otros medios para protegerse: pueden invertir en activos
“duros”, movilizar sus fondos a otros países; incluso pueden hasta ganar
dinero con la inflación. No así los capitalistas pobres. En este sentido
puede afirmarse que el capitalismo es un ideal cristiano.

Considerando que las leyes salariales y gremiales crean desempleo,


especialmente entre los obreros menos calificados y no sindicalizados,
también el capitalismo protege a estos trabajadores más débiles cuando
favorece la derogación de estas leyes. Análogamente ocurre con las leyes
inquilinarias: congelando arrendamientos crean escasez de viviendas para
alquilar, y afectan principalmente a quienes carecen de techo propio, por
ej. muchas parejas jóvenes. Muchos “sin casa” comenzaron a aparecer
en grandes ciudades del mundo cuando sus ordenanzas municipales se
hicieron más severas y restrictivas con edificios de alojamiento en malas
condiciones, pero que al menos proporcionaban albergue a quienes no
tenían otro mejor. Alcaldes y ediles municipales les hicieron gran daño a
los pobres, suponiendo les hacían gran bien.

Al proteger los derechos de todos por igual, el capitalismo liberal está


alineado con los mejores intereses de sectores económicos y socialmente
débiles. Pero corresponde siempre preguntarse quiénes defienden
realmente a los más débiles. Para ello debemos saber ¿quiénes son
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exactamente los más débiles? A tal fin es necesario ajustar con precisión
las categorías clasificatorias: productores, trabajadores, capitalistas,
empresarios. Las izquierdas nos hacen pensar que los trabajadores son
únicamente los asalariados, no los empleados de cuello blanco, ni los
independientes, mucho menos los empresarios. Eso no es así. Excepto
los capitalistas puros, todos somos trabajadores. Los empresarios trabajan,
y mucho. Y asimismo, todos somos productores, ya que vivimos de nuestro
trabajo y/o de nuestro capital; incluyendo los estatistas, cercanos al poder,
que también pretenden vivir (o parasitar) de nuestro trabajo y/o de
nuestro capital -sin producir-, pero aprovechando en su favor la fuerza
estatal, y faltando nuestro consentimiento informado.

Y recuerde: todos somos capitalistas, en la medida en que contamos con


algún capital.

Y bajo un capitalismo liberal, ¿qué pasa con países y/o regiones pobres
en recursos naturales?

a) Los recursos naturales no son determinantes. Muchas de las naciones


ricas no tienen abundancia de recursos naturales, como por ej. Suiza.
En las “naciones divididas”, los recursos naturales con frecuencia eran
más abundantes en la parte no libre de cada país (caso muy evidente
en Alemania); sin embargo, la parte más libre se desarrolló y
enriqueció.

b) Por otra parte, los recursos naturales no son tan escasos. Un Manual
de Geografía, o un Almanaque Mundial, nos informa que todo país y
región en el mundo tiene al menos un recurso natural en abundancia,
o varios.
Algunas zonas los tienen en su Geografía. A veces están en la tierra -
su fertilidad-; otras veces debajo de ella, como son los recursos
minerales. A veces en sus aguas (la pesquería) o en sus cielos (el
paisaje).
Algunas zonas lo tienen en su Historia, cuando ciertos sitios históricos
se hacen atractivos al turismo.
Pero todos los recursos naturales deben ser industrializados y/o
comercializados. La riqueza se produce; y los recursos naturales
constituyen apenas un factor. Cada recurso es la base de una actividad
económica. El paisaje, para la industria del turismo -y también los
monumentos del pasado-; y el mar, para la industria pesquera. Por
eso, recurso natural no es riqueza. No confundamos riqueza -
abundancia de bienes y servicios- con profusión de recursos naturales.
106

Muchos países y regiones abundantes en valiosos recursos mineros son


pobres, caso por ej. de muchos países africanos. Porque según la “fórmula”
para producir riqueza, al recurso natural debe sumarse el trabajo
inteligente -incluyendo el talento empresarial-, el capital, y las leyes
comunes o generales que garanticen la propiedad privada y la libertad
en los mercados. Pero no hay inteligencia si el Estado monopoliza la
educación, ni capital si los impuestos se comen los ahorros. Y tampoco
hay inversiones si las regulaciones les quitan a empresarios e
inversionistas los poderes de decisión para invertir autónomamente los
escasos ahorros disponibles. Aunque en todos estos casos puede haber
abundancia de recursos naturales; y también pobreza.

¿El capitalismo favorece la acumulación de poder económico?

Es falsa la dicotomía “poder político” y “poder económico”:

El poder siempre es político, y consiste en última instancia en la


coerción o amenaza de emplear la fuerza o violencia, disimulada o
abiertamente.
No hay “poder económico”; lo que hay es gente rica, que puede
comprar muchas más cosas que los pobres ... pero ni una sola de
aquellas que el dinero no puede comprar. El rico sólo compra aquello
que está a la venta en el mercado. Todo su “poder” es capacidad
adquisitiva. Nada menos, pero tampoco nada más. A diferencia de los
políticos en el estatismo, los ricos en el capitalismo no pueden usar la
fuerza, ni amenazar con emplearla, a menos que se conecten al poder,
y compren a los estatistas las cuotas de poder que éstos ponen en
venta. Pero entonces eso ya no es capitalismo.

El estatismo favorece la acumulación de poder, y la pobreza resultante,


mientras que el capitalismo liberal favorece por el contrario la dispersión
del poder, y la creación de riqueza.

¿El capitalismo favorece la alta especulación financiera?

“Especular” es algo que todos hacemos. Porque todos tomamos decisiones


en provecho propio y de cara al futuro. Para lo cual consideramos la
realidad, según la mejor información disponible acerca del probable curso
esperado de los acontecimientos; y todo ello bajo una luz de análisis
racional. Eso es especular. Y especulación financiera es la que hacemos
respecto a la suerte de nuestros activos. Por ej. cuando sacamos nuestros
ahorros de un banco y los llevamos a otra institución, que nos ofrece una
colocación con mayores intereses y/o garantías de solidez.
107

Los grandes inversionistas hacen igual: trasladan recursos de unas


aplicaciones económicas a otras, buscando mejores perspectivas. P.ej.
sacan recursos del agro y los invierten en la industria o viceversa; o los
llevan de un país a otro. Son “especuladores financieros” que movilizan
sumas millonarias. En este sentido hay dos tipos de especulación financiera.

1) La especulación financiera en mercados libres, es socialmente


beneficiosa, porque traslada recursos financieros desde donde son
más abundantes y menos productivos, hacia donde son más escasos
y más altamente productivos. Su rentabilidad es mayor porque lo es
también su productividad social. Las inversiones tienen un plazo de
maduración, al cabo del cual rinden sus ganancias, según el valor de
aquello que han contribuido a producir.
2) La especulación financiera bajo el estatismo en cambio, es distinta.
Los mercados financieros intervenidos se hacen en extremo
dependientes de bruscos cambios políticos, que ofrecen oportunidades
de ganancia súbita a los especuladores, en muy corto plazo, casi de
un día para otro. Una devaluación o un cambio de leyes -o de Ministros-
y se hacen rendimientos increíbles. La función social de este tipo de
especulación financiera es mucho menos defendible ... pero ello no es
atribuible a los mercados sino a las interferencias gubernamentales,
que crean inmejorables oportunidades de ganancias sin contrapartida
socialmente productiva.

¿Por qué las tasas de interés son tan elevadas ...?

Entre otras razones, porque ¡el capital es escaso! Las tasas de interés
son el precio del capital; y los precios de las cosas tienden a elevarse con
su escasez. Muchas veces tenemos que contentarnos con respuestas
simples a preguntas aparentemente complicadas.

EEUU, Europa y los mal llamados “fallos” del mercado

¿El capitalismo no originó la crisis del ’29?

Los estatistas preguntan seguidamente: ¿no tuvo que intervenir el Estado,


con Franklin D. Roosevelt, para resolver el problema de los “fallos del
mercado” y salvar al capitalismo?

No. La teoría austríaca de los ciclos demostró que no son procesos


inherentes o atribuibles al mercado, sino perturbaciones causadas por
manipulaciones estatales. Especialmente la expansión de la oferta de
dinero, monopolizada por los Bancos Centrales. Y la expansión de la
108

oferta de créditos, a cargo de bancos privados que operan como


apéndices del Central (¿les llamaremos “periféricos”?), bajo el sistema
de reserva fraccionaria, el cual les autoriza a prestar fondos mucho más
allá de sus depósitos. Los ciclos no son “fallos del mercado”, ni producto
de fallos del mercado. Los ciclos tampoco son secuencias de auge real y
depresión. Más exactamente, un ciclo es como sigue:

a) Hay primero inflación de moneda y/o crédito. Se genera así un falso


auge o ilusión de riqueza -totalmente artificial-, signado con alzas en
las bolsas, y espectaculares proyectos de inversión, todo ello provocado
o alentado por los Gobiernos. Ejemplo: los “chaebols” en Surcorea
desde comienzos de los ‘90;
b) Y tarde o temprano hay después la natural e inevitable corrección o
ajuste, que los mercados fatalmente introducen, cuando fantasías y
ensoñaciones se desvanecen, y la realidad toca a las puertas, por ej.
en 1998 cuando la crisis asiática licuó las deudas acumuladas por
préstamos imprudentes. La quiebra es una institución cabalmente
capitalista: no es un problema sino una solución, y de mercado. Cuando
los Gobiernos pretenden “salvar” de la quiebra a empresas ineficientes,
a no muy largo plazo le hacen a la economía un terrible daño.

La teoría austríaca también demostró fehacientemente que las


correcciones del mercado serían mucho más rápidas e indoloras sin
intervenciones de los Gobiernos. La dirección política de la economía no
resuelve sino que agrava las crisis, y las eterniza.

No hay fallos del mercado; hay fallos de las empresas. Y muchos. Las
empresas se equivocan en relación a sus productos, sus precios, sus
componentes, las contrataciones que deben o no hacer, su publicidad,
mercadeo, etc. Yerran en su tarea de interpretar las informaciones y
señales del mercado, en función de sus productos, clientes, proveedores.
Son errores de estimación y valoración acerca de los mercados, por
encima o por debajo de la realidad. Se dan errores de cálculo, tanto del
lado de la demanda (mercados de bienes y servicios), como del lado de
la oferta (mercados de factores). Pero cuando los mercados son libres,
estos errores se reflejan en los resultados contables, y así pueden ser
rápidamente detectados y corregidos, por las mismas empresas en ellos
incursas, o por otras, que las desplazan. En tales casos, las antiguas
empresas tienen que corregirse de todos modos, mediante una
reconversión productiva, y probablemente muchos de sus factores
también.
109

El estatismo encarece, impide u obstaculiza esta suerte de correcciones


automáticas que impulsan los propios mercados.

Y bajo el estatismo por supuesto hay fallos del Estado, mucho más
numerosos y graves, no fáciles de detectar, y muy difícil de corregir. El
capitalismo no necesita este tipo de “salvadores”.

Monopolios

¿No conduce el capitalismo a los monopolios? ¿A la concertación (acuerdos)


de precios?

Conviene no engañarse con el lenguaje corriente, lleno de falacias. Si


una empresa exitosa sirve por ej. al 80 o 90 % de un mercado, no dicen
“sirve”, ni siquiera “abastece”; dicen “controla” o “domina” ... Y así hablan
también muchos supuestos defensores de la libre empresa, por ej.
profesores de gerencia que usan términos militares como “conquistar
una posición”.

¿Qué es un monopolio? No toda concentración es o procede de un


monopolio, ni toda fusión, o empresa de gran tamaño, o solitaria en el
mercado. Estas situaciones pueden explicarse por éxitos empresariales,
que llevan a una firma a una posición de primacía o liderazgo -sirviendo
a un amplio porcentaje del mercado-, como premio a su esfuerzo y buen
rendimiento. Liderazgo comercial no equivale a monopolio; sin embargo
las empresas exitosas suelen ser acusadas de prácticas “monopolísticas”
bajo las leyes respectivas.

Monopolio es otra cosa. Monopolio es una ventaja no de mercado


concedida por un Gobierno. Puede ser un subsidio, o un “proteccionismo”
o prohibición restrictiva de la competencia. Monopólicas son por ej. las
restricciones al libre comercio; y las leyes de colegiación profesional que
impiden el ejercicio de actividades, y por ende la libertad de trabajo.
También los subsidios entregados a ciertos productores. Si los Gobiernos
no quieren monopolios, todo lo que deben hacer es muy simple: no
concederlos.

En cuanto a los acuerdos de precios entre compañías, digamos que cuando


hay libre mercado y creación sostenida de riqueza, son pronto desacatados
por productores marginales con costos inferiores. En países pobres en
cambio pueden ser más duraderos y obviamente perjudiciales; pero la
causa es el estatismo, así que mal puede ser el remedio.
110

Muchas irregularidades, aún injusticias y otros males presentes, no se


deben a un capitalismo liberal que aún no existe, sino a la pobreza, y en
última instancia al estatismo existente, que es causa de la pobreza.
Ejemplos:
corrupción, privilegios, que son injusticias;
bajos niveles de sueldos y salarios, que no es una injusticia pero sí un
mal. Con el shock de oferta y la deflación consiguiente aumenta el
poder adquisitivo de toda la población, sin duda, en todos sus niveles.
Pero no debe confundirse bajos niveles en los sueldos y salarios con
disparidades entre niveles.

Interés público e intereses privados

Con el capitalismo, ¿el interés individual o privado no prevalece sobre el


público?

En el concepto liberal, es esencial distinguir entre intereses y derechos. Y


por consiguiente, entre conflictos de intereses y conflictos de derechos.
los Gobiernos están para decidir conflictos de derechos, y en los
estrados judiciales.
Los conflictos de intereses deben ser decididos en los mercados,
mediante negociaciones entre ofertantes y demandantes. Estas
negociaciones no tienen que ser colectivas; pero si grupos de ofertantes
y demandantes deciden negociar colectivamente, son libres de hacerlo,
mas no pueden imponer por la fuerza su criterio a los eventuales
renuentes.

Los intereses individuales y de sector son todos dispares, y hasta


contradictorios, y por eso es imposible que los conflictos sean decididos
por los Gobiernos. ¿Qué es lo que ocurre ahora, bajo el estatismo? Si los
Gobiernos van a fijar los precios de los alquileres, son discordantes los
intereses de dueños e inquilinos. Si los Gobiernos van a decidir las tasas
de interés, son dispares los intereses de bancos y prestatarios. Si los
Gobiernos van a decretar las tarifas de la gasolina, son opuestos los
intereses de vendedores y transportistas. De este modo jamás coinciden
intereses de agricultores y comerciantes, industriales, banqueros, etc.
Pero los Gobiernos tratan de “conciliarlos”, buscando intermediarios
gremiales o políticos en el papel de “representantes” de intereses
especiales. ¿Qué resultados se logran? Conflicto, acritud y crispación
permanente. Sobre todo cuando grupos deciden negociar colectivamente,
y pretenden pueden imponer por la fuerza su criterio a quienes rehusan
entrar en los “acuerdos” y “concertaciones”.
111

Y en medio de estas agudas contradicciones, ¿cuál es el “interés público”?


A todos los vendedores de algo por ej. les interesan los precios altos, y
bajos a los compradores. Unos dirán que es de interés público mantener
“precios compensatorios”; y los otros que es de interés público el “precio
accesible”. Porque puesto el Gobierno a fijar los precios, cada quien los
quiere bajos para lo que compra, y altos para lo que vende. ¿Cuál es el
interés público? ¿Precios “compensatorios” o precios “accesibles”? Pues
depende de quiénes tienen más amigos en los Gobiernos.

Aunque muchos no lo perciban, el único interés común en una sociedad


es la constitución y preservación de un sistema de mercados libres de
fraude y violencia. Porque de otra forma la pobreza y la fuerza bruta
terminan adueñadas de la sociedad, y unos sectores -los mejor
“conectados”-, logran ventajas injustas en detrimento de otros. A este
fin, requerimos un Gobierno, pero limitado a sus funciones propias. De
otro modo tenemos privilegios. Y subdesarrollo, corrupción, inestabilidad
crónica (“ingobernabilidad”) e inseguridad. Esta materia a todos interesa
supremamente y por igual. Y no habiendo más intereses comunes, es el
único interés colectivo o “público”, común a todos. No hay otros por que
todos los demás intereses son divergentes.

Actualmente, intereses exclusivamente privados se disfrazan de “públicos”


o colectivos, para reclamar y obtener privilegios:
subsidios, en perjuicio del contribuyente;
“proteccionismo”, en desmedro de los demás agentes económicos,
consumidor y/o productores o factores.

El secreto mejor guardado del estatismo es dar a cada grupo o sector


políticamente fuerte un subsidio o un “proteccionismo” muy visible, a
cambio de pequeñas e invisibles exacciones al contribuyente y/o al
consumidor. Como lo escribe Bastiat: “el Estado termina por ser la gran
ficción, mediante la cual cada quien pretenden vivir a expensas del resto.”

¿Europa, EEUU y otros países capitalistas no protegen a su producción y


la subsidian?

Esos países hace tiempo dejaron de ser capitalistas. Y esas conductas


estatistas tampoco son de los países sino de los Gobiernos; es una falacia
hablar de “países”. ¿Por qué sus Gobiernos lo hacen? Porque son ricos; y
por la ignorancia de la inmensa masa de contribuyentes y agentes
económicos, que se dejan explotar en su inmensa mayoría sin oponer
objeciones -excepto la “resistencia liberal”-, en provecho de los intereses
especiales privilegiados, y los grupos de cabilderos que negocian en su
favor en los pasillos de los Parlamentos.
112

Pero el punto importante es que los peruanos somos muy pobres, y no


podemos permitir a nuestros Gobiernos que abusen de nosotros,
simplemente porque otros Gobiernos -en otros países-, abusan de sus
conciudadanos. Es como si un marido dijese a un juez: “Voy a dejar de
pegarle a mi mujer, cuando el vecino decida dejar de pegarle a la suya.”

Los liberales ofrecemos a los agentes económicos un “shock de oferta”


que incluye una rebaja general de costos, comenzando por los costos del
Estado. Eso va a poner en condiciones de mayor competitividad a quienes
sean realmente productores eficientes. Y quienes no, tendrán que buscar
otra actividad, cosa que no les ha de resultar imposible ni muy difícil, ya
que habrá una multiplicación de oportunidades de empleo y hacer empresa.

Libre comercio

¿Y los acuerdos de libre comercio como Grupo Andino, Mercosur, ALCA,


etc.?

Los liberales somos incondicionales partidarios del libre comercio; pero


tenemos un principio: para el libre comercio no se requieren acuerdos
entre Gobiernos. Al igual que si un Gobierno no quiere monopolios, todo
lo que tiene que hacer es no concederlos; si un Gobierno quiere libre
comercio, todo lo que tiene que hacer es terminar con los aranceles y
otras barreras. Unilateralmente, sin acuerdo o tratado internacional
alguno. La solución es simple: “desarme comercial unilateral”.

Pero por lo general los acuerdos de libre comercio no favorecen el libre


comercio. Porque se sujetan a un sinfín de “cláusulas de salvaguarda”,
“condiciones de reciprocidad”, “casos especiales de productos
considerados muy sensibles” (¿para la sensibilidad de quién ...?), etc.,
etc. Algunos tratados contemplan la posibilidad de imponer restricciones
a las importaciones subsidiadas o consideradas como tales, lo cual da
lugar a interminables conflictos ante las autoridades, para probar la
existencia o no de subsidios, que pueden ser directos o indirectos. De
este modo infinidad de productos se hallan excluidos o exceptuados.
Estas y otras condiciones restrictivas del acuerdo -como los derechos
antidumping”-, suelen aparecer en los interminables anexos; constituyen
la “letra chica”. Aquí aparece borrado con el codo lo que estaba escrito
con la mano en el texto principal del documento.

Problema con solución: ¿Qué pasa con los productores nacionales no son
competitivos en un desarme comercial unilateral? Solución: Es cierto que
muchos productores nacionales no son competitivos; pero la causa son
113

los sobrecostos producidos por el estatismo. Bastará con eliminarlos,


aplicando los puntos descritos como “La Salida”: reducción del Estado
con privatizaciones, eliminación de impuestos, desregulaciones, y poner
al Estado en sus funciones. Otro problema con solución: ¿Y si aún así
siguen no siendo competitivos? Solución: En una economía en expansión,
sin duda podrán modificar su línea de actividad o cambiarla.

Miscelánea de leyendas negras

Por fin, ¿no conduce el capitalismo a la pobreza, sobreproducción, paro


tecnológico, inventos saboteados, etc.?

Sobre el capitalismo hay demasiadas leyendas negras o difamatorias,


inventadas por los mercantilistas y las izquierdas. Curiosamente, al
capitalismo se le acusa de cosas contradictorias:
se le culpa por la pobreza, y al mismo tiempo se le acusa de causar
“sobreproducción”;
se le acusa por el paro que las innovaciones tecnológicas introducidas
supuestamente generan, y al mismo tiempo por supuestos inventos
saboteados que dejan de introducirse porque “a los capitalistas no les
conviene”.

Las contradicciones ya indican que las acusaciones son insostenibles.


a) La pobreza se debe al estatismo, como ya vimos.
b) No existe tal cosa como sobreproducción. Si una empresa produce
algo que demora mucho tiempo en venderse, simplemente ajusta el
precio, y muy probablemente tratará de que eso no vuelva a ocurrir
otra vez. Y si planea producir algo pero anticipa que va a tener pérdidas,
simplemente no produce.
c) Tampoco hay paro tecnológico, supuestamente producto de las
innovaciones. Los cambios tecnológicos destruyen algunos empleos y
crean otros. Por ej. la imprenta dejó sin empleos a los copistas, pero
creó empleos para los linotipistas, compositores y otros obreros
gráficos. Lo mismo ha ocurrido cuando las computadoras desplazaron
a las máquinas de escribir: desaparecieron los empleos ligados a estas
últimas, pero ¿cuántos nuevos empleos han creado las computadoras?
d) Tampoco hay inventos ocultos, que supuestos conjurados capitalistas
ocultan o sabotean; simplemente no son aún económicamente
aprovechables -al tiempo de su invención- por la sociedad, ya que
ésta tiene otras prioridades, y por eso deben esperar. Sin embargo
esta de los inventos supuestamente ocultados a propósito es una de
las tantas “teorías conspiratorias” o fábulas inventadas para difamar
al capitalismo. Última versión: la película “Tucker”.
114

Sabio Consejo cap 5

Consejo de Dios a las Naciones

¿El liberalismo es anti cristiano?

En absoluto, pese a una serie de malentendidos, que es necesario superar.


Hay que tender muchos puentes para cerrar la injustificada brecha entre
liberalismo y cristianismo. Felizmente, ahora hay en muchos países una
fuerte corriente de autores liberales cristianos -católicos y no católicos-,
poniendo otra vez las cosas en su lugar. Históricamente, el “Liberalismo”
es la versión secularizada del modelo bíblico de Gobierno limitado y
prescindente en negocios y asuntos económicos, que ya practicaba el
Israel del Antiguo Testamento, a diferencia de sus vecinos, los imperios
egipcio, babilónico, medopersa.

Ud. puede pensar lo que quiera de la Biblia, aún que es meramente un


documento histórico. Es decir, para Ud. la Biblia puede carecer de valor
como Palabra de Dios. Pero incluso en este caso, como documento histórico
Ud. deberá reconocer dos hechos muy evidentes:

Hecho 1.- El liberalismo es inseparable de la Biblia. Más de 60 pasajes -


conjunto que llamamos “Consejo de Dios a las Naciones”-, proponen de
una manera muy consistente el sistema de Gobierno limitado y mercados
libres. Se le ha llamado “la Fórmula del Buen Gobierno». Algunos de
estos pasajes son muy extensos -comenzando con Deuteronomio 17:14-
20 y 1 Samuel 8-, y todos son muy claros. Otras muchas referencias
indirectas y alusiones en la Biblia confirman esta enseñanza, sin lugar a
dudas, y le dan carácter sistemático. Los “teólogos de la Liberación” deben
recurrir a interpretaciones muy arbitrarias para probar lo contrario. Si
Ud. quiere quitar al liberalismo de la Biblia, deberá arrancarle muchísimas
hojas. Y la Biblia constituye carta fundamental para las tres grandes
religiones monoteístas reveladas: judaísmo, cristianismo e islamismo.
Este Consejo de Dios a las Naciones es la materia propia de nuestra
Escuela Bíblica de Gobierno.

Hecho 2.- La Biblia es inseparable de la historia del liberalismo. Claro, de


su historia completa, y no sólo de los últimos dos o tres siglos. Hablamos
del Talmud, por ej.; y del pensamiento de los períodos patrístico y
escolástico en la historia de la Iglesia cristiana. Y de la Escuela de
Salamanca, madre de la ciencia económica, originada en los hispánicos
115

y muy católicos “Manuales de Confesores y Penitentes”. Fueron pequeños


tratados escritos por sacerdotes dominicos y jesuítas, que consideraban
pecado los exorbitantes impuestos, los monopolios, y la reserva
fraccionaria o sólo parcial de los depósitos bancarios, una de las causas
de la inflación. Y por supuesto, también hablamos las grandes revoluciones
liberales de los protestantes, peleadas con la espada en una mano y la
Biblia en la otra: Holanda independizada de España, calvinista como Suiza
y Escocia, y asimismo Inglaterra “puritana” en 1688, EEUU en 1789. La
Historia del Liberalismo -y sus raíces escriturales- es también materia de
nuestra Escuela Bíblica de Gobierno.

¿El liberalismo cristiano es la “Derecha religiosa” de los EEUU?

No exactamente. Hay muchas diferencias, especialmente en dos puntos:


En EEUU la “Religious Right” suele ser mercantilista en lo económico,
por lo general;
y pretende imponer oraciones y lecturas bíblicas en las escuelas
“públicas” (estatales).

El liberalismo cristiano es en cambio rigurosamente austríaco en su


enfoque de la Economía, y defiende la abolición de las escuelas públicas,
y el cese al monopolio estatal en educación. Obviamente, siendo todas
las escuelas privadas, los padres decidirán individualmente si envían sus
hijos a una Escuela cristiana o de otra orientación, con la misma libertad
que las personas escogerán productos importados o nacionales..

¿Modelo bíblico de Gobierno?

¿Cómo sería un Gobierno de acuerdo a la Biblia?

Suponga Ud. un país en el cual ...


El Gobierno NO se encarga de todo ni se entromete en todo. La actividad
privada predomina ampliamente. El ejercicio de la enseñanza y la
medicina son totalmente privados, así como la economía, banca y
finanzas.
El Gobierno es muy pequeño, a cargo básicamente de magistrados
llamados Jueces, en cada aldea, ciudad y provincia, y a nivel nacional
a título de apelación. La Ley que aplican es breve y sus competencias
son limitadas: en muy pocos casos ellos pueden imponer castigos. Lo
que hacen es arbitrar, ayudando a la gente a resolver sus conflictos
en paz; y eventualmente obligan al causante de los daños a restituir a
sus víctimas, o a compensarles. Llaman a eso «justicia restitutoria o
compensatoria», y la enseñan en sus Escuelas de Derecho.
116

El Gasto Público es muy reducido; un porcentaje ínfimo del ingreso


nacional, destinado mayormente a sostener defensa y policía. Y
algunas pocas obras públicas nacionales, porque cada provincia cubre
los gastos de la judicatura local. A la función de defensa y guarda del
orden público le llaman «constabularia». Junto con la «arbitral», son
las funciones que justifican al Estado. Hay pobres, pero la caridad es
cosa privada.
Se paga un solo impuesto, por persona, y muy moderado: un “diezmo”
de los ingresos netos, descontadas las reinversiones de capital. No
hay impuestos al consumo, ni a las empresas, ni aranceles u otros
tributos punitivos y/o discriminatorios. La gente puede ahorrar e invertir
libremente. La ley protege la propiedad privada.
No hay más reglas. Y esa es una regla.

No hay por ej. Ley del Trabajo, ni de Bancos, ni Agraria, etc. No obstante,
casi todos los habitantes trabajan -y son muy productivos-; los bancos
son muy sólidos y confiables (y no hay Superintendencia); y la agricultura
es floreciente, como la ganadería. No hay Ley de Seguros, sin embargo
las compañías pagan todos los siniestros en horas o pocos días. No hay
Ley de Marina Mercante, pero sus armadores han construido y explotan
una gran flota comercial, muy eficiente. No hay «Ley de Protección al
Consumidor» (ni Superintendencia): si alguien no se siente a gusto con
un comercio, pues se cambia a otro, pues hay muchísima actividad
comercial, y económica en general ...

El secreto del liberalismo, más que las instituciones que hay, son las que
NO hay. Es el tipo de capitalismo puro, hoy mal llamado «salvaje».

¿Y cuáles son los fundamentos bíblicos del sistema de Gobierno limitado?

Los israelitas no inventaron ni descubrieron la fórmula, aunque la


practicaron por más de 400 años, durante el período de los Jueces, tal y
como describe el libro de ese nombre. Dicha fórmula les fue revelada,
nada menos que por Dios mismo, el Altísimo, por boca de sus Profetas.
Se hallan resumidas en el libro de Deuteronomio, del Profeta Moisés.
Fueron dictadas para instrucción y ejemplo de los demás pueblos, porque
Dios se testifica en la sabiduría de sus normas (Deut. Cap. 4).

El Cap. 17 Deut. contiene lo principal de la Constitución política, y algunas


de sus leyes, todas muy escuetas, y simples. (Había pocos abogados,
con lo que se ahorraban mucho dinero, tiempo y salud mental.) El Cap.
28 dice que si los israelitas siguen esas normas les va a ir muy bien; de
lo contrario NO. Y el Cap. 4 es profético: dice que de seguir fielmente y
117

sin desviarse tales normas, Israel servirá de buen ejemplo a las demás
naciones, y de otro modo, de mal ejemplo; ¡pero en todo caso servirá de
ejemplo!

En el libro de Éxodo figuran los ya clásicos «10 Mandamientos». Algunos


de ellos son judicialmente exigibles, por lo que constituyen la Carta de
Derechos Humanos. Por ej. «No matar» consagra el derecho a la vida;
«No robar», a la propiedad privada; y «No levantar falso testimonio ni
mentir», a la buena fe en los tratos y a la verdad en las palabras. No hay
más derechos humanos. El Derecho tiene que ver sólo con el respeto al
prójimo y la justicia en los tratos, no con la rectitud en la vida -objeto
propio de la moralidad-, y por eso no hay «ley antidroga» por ej. Y los
delitos son ofensas contra las víctimas, no contra «la sociedad».

Otro de los libros es llamado «Primero de Samuel», por quien lo escribió.


El Capítulo 8 -igualmente profético-, trae una larga advertencia contra
los Gobiernos que se salgan de esas limitadas normas, describiendo las
pésimas consecuencias de semejante desobediencia, que recaerán sobre
el pueblo.

En general, los 5 libros legales del AT exponen las reglas de convivencia


según los tres postulados de gobiernos limitados, mercados libres e
instituciones sociales independientes de la política. Y los libros de Josué,
Jueces, Ruth y I Samuel, muestran cómo se vive sin «Reyes»: con libertad,
justicia, paz y prosperidad.

¿Y qué pasó?

Enseguida, los siguientes libros históricos cuentan cómo la nación israelita


se hizo grande, pero se fue alejando de esas normas limitativas, al paso
que se apartaba de Dios. Bajo «Reyes», se dieron instituciones opuestas:
mercados cautivos, Gobiernos ilimitados, e instituciones sociales
políticamente dependientes. (Crónicas).

¿Resultados? Desastrosos: los documentos bíblicos informan sobre


despotismo, altos impuestos, reglamentarismo e intromisiones en la vida
privada, irrespeto a la propiedad, pobreza y miseria. Y conspiraciones,
guerra civil y secesión. Y debilidad nacional, amenazas externas, derrotas
militares, deportaciones masivas, exilio y cautiverio. La mayor parte de
los reyes -tanto de Israel-Samaria como de Judá- fueron cayendo
progresivamente en al absolutismo totalitario, al par que adoraban ídolos
y falos dioses extranjeros. Excepciones: unos pocos Reyes siguieron la
dirección de Dios.
118

Por eso todos los Profetas -David incluido (Salmos), pero sobre todo
Jeremías- critican esas desviaciones, en Judea y en Samaria, antes y
después del Exilio. ¿Responsabilizan sólo a los reyes, sus ministros y
consejeros? No: también a los sacerdotes y a los letrados, a los falsos
profetas, y asimismo a la mayoría del pueblo (siempre con excepciones)
cuya voz NO es la voz de Dios.

“Venga a nosotros tu Reino ...”

¿Y el Nuevo Testamento?

Dice que los Gobiernos se toman poderes y recursos que respectivamente


desapoderan y empobrecen a las personas. Así lo dice nada menos que
Nuestro Señor Jesucristo en los tres Evangelios sinópticos. Dice: “quienes
se tienen por gobernantes se enseñorean sobre las gentes, se arrogan
sobre ellas potestades, y se hacen llamar bienhechores». (Mt 20:25; Mr
10:42; Lc 22:25). Juan el Bautista, Jesucristo y sus Apóstoles NO dicen
que esa doctrina ha perdido vigencia o valor para los cristianos. La confirma
San Pablo, por ej. en el famoso Cap. 13 de Romanos.

Por otra parte, en el Nuevo Testamento se manda a los cristianos ser “la
luz del mundo”, y colocando el candil “no en un rincón”, sino para que
alumbre a toda la casa, “en el centro del recinto”. (Mt 5:14; Mr 4:21; Lc
8:16 y 11:33) Si los cristianos consideramos “Gran Comisión” a la tarea
de difundir el Evangelio de Salvación, esta de alumbrar al mundo podría
considerarse una Gran Responsabilidad. La misma que le fue
encomendada al pueblo de Israel en Deuteronomio 4.

¿Cuáles otras enseñanzas bíblicas confirman esta doctrina?

El buen Juez Gedeón, obediente a Dios, no quiso poder real.


Contrastan las figuras de sus hijos: Abimelec, ambicioso de poder -
seguido de “ociosos y vagabundos”-; y Jotam, quien cuenta la historia
de la zarza inútil: ninguno de los árboles productivos podía reinar,
sólo el improductivo.
David y el censo: el libro de Crónicas presenta el censo como un
intento de contabilizar a la gente para controlarla, enviarla a la guerra,
confiscarla mediante impuestos, manipularla, etc. Aparentemente este
pecado político de David desagradó a Dios más aún que sus pecados
“privados”.
Absalón hijo de David. Samuel 2 narra la campaña electoral de este
candidato, apoyado en la ignorancia de las masas, que lo secundan y
vitorean.
119

Roboam. Reyes 1 cuenta sobre cómo este hijo de Salomón, contra la


guianza de Dios reiterada por boca de los ancianos, aumenta los
impuestos y regulaciones.
Nabot y su viña (1 Reyes), y el Rey Acab y Jezabel. Un punto de
inflexión en el camino de una monarquía limitada y constitucional a un
totalitarismo despótico.
Daniel y sus amigos resisten la educación estatal.
Zaqueo (Lucas 19), el jefe de la recaudación de Impuestos, que los
devuelve, arrepentido de su pecado.
San Pablo y los cristianos romanos, que desobedecen a Roma, porque
prefieren obedecer a Dios antes que al Gobierno rebelde a Dios, en
términos del cap. 13 de la Epístola.
La primera Bestia de Apocalipsis 11 y 17: como las 4 bestias de Daniel
7, es un SuperGobierno.

Cuando la Biblia era parte constituyente de la cultura popular en Occidente,


los niños eran educados -como los israelitas-, con historias bíblicas que
confirman e ilustran lo que Dios enseña en materia política: un Gobierno
limitado. Desde niños, las personas eran enseñadas por sus maestros
cristianos (“luz del mundo”) a razonar sobre estas historias. En Levítico
19:17, la Biblia aconseja razonar. También tener fe, pero es una fe no
incompatible con la razón, porque de otro modo no mandaría Dios ambas
cosas.

Pero ¿y lo del camello y la dificultad de los ricos para entrar en el Reino


de Dios?

Esa es una enseñanza sobre Salvación, no sobre Gobierno. ¿Qué dice?


Dice textualmente: “Lo que es imposible para el hombre, es posible para
Dios”. Lo que enseña es que la Salvación es obra de Dios; por eso es por
gracia -de Dios-, y no por las obras propias de las personas. Se
consideraba en Israel que un rico era una persona en extremo cumplidora
de la Ley -incluso moral-, una buena persona, honesta en el cabal sentido
de la palabra; y precisamente, la riqueza era una consecuencia o premio
por su buena conducta. Lo que Jesús enseña es que el cumplimiento de la
Ley enriquece materialmente; pero no salva. Con la acumulación de riqueza
es igual por ej. que con la acumulación de conocimientos: enriquece la
inteligencia; pero no salva.

Todos los cristianos sabemos que la Ley no salva; pero ello no implica
que no tiene ningún propósito. Los propósitos de la Ley son otros:
Las normas bíblicas sobre matrimonio y familia, padres e hijos, etc.,
no salvan, son para construir familias sólidas.
120

Del mismo modo, tampoco salva la aplicación al estudio, el cultivo de


la inteligencia, etc., aunque sirve a otros fines.
Y los consejos bíblicos sobre negocios, empresas, préstamos y deudas,
etc., (mayordomía o administración) no salvan, sólo sirven para
construir empresas prósperas.
Hay también reglas neotestamentarias para los ministros (eclesiásticos)
y diáconos; mas su cumplimiento no les salva.
Así también el Consejo de Dios a las Naciones: no salva (la Salvación,
como el Evangelio, es para los individuos), sólo saca a las naciones
de la pobreza.

De hecho, los preceptos bíblicos sobre matrimonio y familia, las normas


sobre prudencia, sabiduría y rectitud; y los relativos a los negocios,
empresas, préstamos y deudas, conjuntamente con el Consejo de Dios a
las Naciones, constituyen la Teonomía, que es la rama de la Teología
bíblica que se ocupa de la Ley bíblica y sus fines y objeto propios.

¿Hechos de los Apóstoles no dice que los primitivos cristianos poseían


sus bienes en común?

Muchos de ellos, sin duda -como posteriormente los monjes-; pero en


forma voluntaria, en sus comunidades. La Biblia no apoya en ninguna
parte la comunidad de bienes practicada compulsivamente a gran escala
mediante coacción estatal. Es muy distinto.

¿La Biblia no condena el préstamo a interés?

Hay dos clases de préstamos:


Comercial u ordinario; en condiciones de mercado.
Préstamo de caridad, que se da al prójimo necesitado. Es muy distinto.
Este segundo tipo de crédito no debe cargar intereses. No así el primero,
que obviamente carga sus intereses normales, de mercado.

El malentendido surgió cuando la costumbre del préstamo de caridad


cayó en desuso, y esta institución prácticamente desapareció, excepto
entre los judíos observantes o practicantes. Se generalizó la costumbre -
muy cuestionable- de practicar la caridad sólo con limosnas, y no con
préstamos humanitarios. Y el concepto de préstamo se hizo prácticamente
equivalente al préstamo comercial.

Dar una limosna no es igual que dar un préstamo: con el préstamo, el


necesitado puede salir de su problema; la limosna sólo sirve para que el
dador salga del suyo, tranquilizando su conciencia. De todos modos, al
121

desaparecer la costumbre del préstamo de caridad, se cayó en la confusión


de los intereses.

¿Y qué dice Génesis?

La historia arranca algunos milenios más atrás, con un mercader semítico


llamado Abraham, quien comenzó a practicar ciertas normas basadas en
el respeto a la propiedad privada y los contratos celebrados de buena fe,
desviandose así de la tendencia general en su medio. Este comerciante
se hizo muy rico, y su familia, al punto de que su hijo Isaac despertó la
envidia de sus vecinos filisteos. (Gen 26:14). Su descendencia dio origen
al pueblo de Jacob-Israel, para el cual Moisés promulgó una legislación
basada en esos mismos principios abrahánicos. La Ley hebrea es el
legislación liberal más antigua: las competencias de los funcionarios eran
muy limitadas, algo extraño y raro en una región donde las monarquías
y tiranías absolutas y endiosadas eran lo normal ... Y aún lo son.

La Biblia y la arqueología dicen que mientras la confederación de las 12


tribus israelitas siguió las normas de Gobierno limitado y libre comercio,
la nación se enriqueció e hizo grande. Con el sabio rey Salomón llegó a
ser una “gran potencia”. Después, a sus Gobiernos se les subió el poder
a la cabeza, y se alejaron de tales normas. Y tal como estaba escrito en
Deuteronomio 28, comenzó la decadencia, cuando los Gobiernos
transgredieron los límites. Terribles consecuencias se siguieron, incluyendo
guerras civiles y secesiones, sometimiento a imperios extranjeros,
deportaciones masivas y exilios.

¿Y la separación de Iglesia y Estado?

Es un principio bíblico. Desde un principio, sacerdocio y gobernación se


separan en la Biblia. Así por ej. Melquisedec y Abraham, y asimismo
Aarón y Moisés. Los sacerdotes constituyen siempre un grupo aparte de
los funcionarios públicos. Al rey Saúl se le reprende por entrometerse en
los servicios religiosos; e idénticamente al rey Uzías. Siempre se observan
sacerdotes y reyes, cada cual en su puesto. En el Nuevo Testamento
encontramos a Herodes y Caifás, en sus papeles de rey y sumo sacerdote
respectivamente.
122

La experiencia de la historia universal de las naciones

¿Y qué pasó con Israel?

Después, y por siglos ¿cuál ha sido la nación más rica del mundo? Los
judíos de la diáspora, no casualmente los practicantes más devotos del
capitalismo, individualmente y en sus familias, empresas y comunidades.
Y lo lograron sin Estado, territorio ni Gobierno (al menos hasta 1948); lo
cual prueba muy a las claras que los Gobiernos no enriquecen a las
gentes sino al revés.

¿Cuáles países aplicaron la norma bíblica de Gobierno limitado?

El cristiano Rey Alfonso X el Sabio de España siguió el ejemplo en el


siglo XIII: incorporó capítulos enteros de la Biblia en sus “Siete
Partidas”, y mandó a los jueces aplicarlos. La nación se hizo respetuosa,
y se plenó de intelectuales y comerciantes judíos, cristianos, y
musulmanes (algunos árabes, otros no). Hubo prosperidad Y
florecimiento cultural a la vez, lo cual prueba que no están reñidos -
no hay que elegir entre ser rico o sabio-, y pueden fertilizarse
mutuamente. Esa fue la España de “las tres religiones”; de la
recuperación de Aristóteles para la Filosofía; de las innnovaciones
tecnológicas aplicadas a la agricultura, industria y navegación; de la
Universidad de Salamanca y la Escuela de Traductores de Toledo, etc.
La España rica. Llegó a “gran potencia”, y a sus dirigentes se les subió
el poder a la cabeza. Y se alejaron de la fórmula. Así comenzó la
decadencia española, con todas sus terribles consecuencias. La España
que descubre el Nuevo Mundo, aunque país militarmente activo, ya
estaba en decadencia, y profunda.

Holanda era una provincia española. Los cristianos protestantes la


separaron de su madre patria, y el país se volvió a la Biblia, y a las
normas de convivencia que consagra. Fue la primera de las naciones
modernas que siguió la fórmula. Pese a ser hoy uno de los países
más socialistas de la Unión (Socialista) Europea, Holanda fue la primera
nación moderna que prosperó y progresó, después de España.

Suiza es caso análogo y más ilustrativo, ya que no es una “nación”


homogénea. Fue y es más capitalista y por ende más rica que Holanda
incluso hoy. Y no se mezcló en las colonias, ni siquiera en las guerras
europeas. Constituye un rotundo mentís a la afirmación leninista: el
imperialismo no es “fase” o manifestación del capitalismo, sino de su
opuesto, el estatismo.
123

En Inglaterra, la tradición de incorporar normas bíblicas a la legislación


constitucional y ordinaria se remonta a otro rey sabio, Alfredo el Grande
(siglo IX) quien independizó a su país de Dinamarca, y fundó la
Universidad de Oxford. Es la misma tradición política antiabsolutista
de la Carta Magna de 1215 (siglo XIII), y de la gloriosa Revolución
Puritana de 1688 (s. XVII). Ya en el siglo XIX, con la abolición de las
Leyes de Granos, y de otras normas mercantilistas como las Actas de
Navegación, Inglaterra victoriana pudo por fin superar las reservas
de los políticos, economistas, novelistas -y del inmenso ejército de
“expertos” anticapitalistas-, y se convirtió por fin al libre comercio.
Entonces comenzó en firme su camino a la prosperidad y a la riqueza.
Pero con el “Imperio”, el pueblo creyó que podía contar con su almuerzo
gratis, y enseguida los socialistas minaron la confianza de la gente en
la libre empresa.

EEUU comenzó imitando el buen ejemplo de su madre patria. Y fundó


sus normas constitucionales -Declaración de Independencia,
Constitución y Declaración de Derechos (10 Enmiendas)-, en los
principios bíblicos. En pocas décadas se produjo una acumulación de
capital jamás vista, con todos sus benéficos efectos, a plazo tan largo
que muchos aún perduran, pese al avance erosionante de las sucesivas
oleadas de “reformas” socialistas. Pero esas normas han hallado
muchos obstáculos en su cumplimiento; sobre todo cuando pasó lo de
siempre: el status de “gran potencia” marea y atonta a los Gobiernos.
Y a los pueblos, que dejan de mantenerse cautelosos y vigilantes.

Más normas de Dios

¿Y qué pasa ahora con las normas políticas de la Biblia?

Las naciones no siguen hoy el CONSEJO DE DIOS A LAS NACIONES. Para


nada. Hacen exactamente todo lo contrario, y en todas las materias.

Prudencia política. Proverbios y otros libros “sapienciales” aconsejan


a la gente informarse antes de opinar, y aprender a discernir con
cautela. Y a cultivar la sabiduría, a quienes tengan vocación para la
actividad intelectual. Y esto es válido para los asuntos públicos. Sin
embargo todos los Gobiernos aconsejan a las gentes precisamente lo
contrario: “expresar todas las opiniones”. Y los Gobiernos enseñan al
público a fijarse no en el contenido de una doctrina, o en sus frutos,
sino en la certificación (estatal en última instancia) de quien la imparte.
124

Gobierno limitado. Deut 17:14-20 sienta las bases constitucionales


del Gobierno limitado, separado de las empresas y demás esferas y
negocios privados, y encargado de sólo unas pocas funciones públicas.
Sin embargo hoy el Estado en todo se entromete, y no sólo en la
economía sino en la familia, en la “educación y salud”, en el deporte,
la ciencia y el arte, y hasta en la moralidad. El de hoy es un “Estado
edificante” que pretende dictarnos también las normas éticas, desde
luego que a su modo. Casos por ej. de la “guerra a la droga”, “educación
ambiental” (o sexual) , “formación en valores”, etc.

Bajo gasto fiscal. Esas mismas normas aconsejan mantener bajos los
gastos públicos y por tanto los impuestos. Y Proverbios 22:7 aconseja
vigilar préstamos y deudas. Pero sin embargo los Gobiernos hacen lo
contrario: en gastos, impuestos y deudas se han desorbitado. Las
cifras se vuelven inmanejables. Los impuestos excesivos obligan a la
gente a trabajar buena parte de su tiempo a la fuerza para los
Gobiernos, en términos de I Sam 8.

Democracia limitada. I Sam 8 también enseña que la mayoría no


siempre tiene razón. No obstante, se ha terminado por imponer en
todos los países la democracia pura, y desaparecido antiguos límites
como el sufragio calificado y la elección indirecta. ¡Y todavía se exige
“más democracia”!

Dinero sano. Pesa y medida justa demanda la Ley en Levítico 19:35.


Este pasaje se interpreta siempre contra los comerciantes y
empresarios; pero jamás contra los Gobiernos, siendo que el dinero
es una vara de medir el valor económico de las cosas, además de
instrumento de intercambio y de ahorro. Sin embargo a través del
bancocentralismo los Gobiernos se han arrogado el monopolio de
emisión de dinero, y hoy han terminado pervertidas absolutamente
todas las monedas -aunque unas más que otras-, porque la ausencia
de un patrón objetivo de medida que les sirva como respaldo fomenta
su irresponsabilidad en esta materia.

Justicia ecuánime e imparcial, diligente, competente, honesta y


accesible, para todos. Exodo 22:22 y Deut. 10:18 mandan no oprimir
a la viuda y al huérfano, y hacerles justicia. Los contextos indican que
los “opresores” son los Gobiernos y sus impuestos al capital, siendo
que viudas y huérfanos por lo general sólo pueden disponer del capital
heredado para subsistir. No obstante, nadie ve hoy a las viudas y
huérfanos como “capitalistas”, con excepción de la “Economía de la
Oferta” (Supply-side economics).
125

Leyes justas e iguales. La Biblia manda a legisladores y jueces no


hacer acepción de personas; sin embargo hoy se hace exactamente
lo contrario, y la discriminación es la regla. Como consecuencia, las
leyes especiales han terminado por anular a las generales, que casi
han perdido vigencia. Existe prácticamente una Ley para cada
profesión, actividad o condición. ¡Y todavía se reclaman más
“derechos”!

Trato igual. Deut. 24:17 manda igualmente no discriminar contra el


extranjero; eso es precisamente lo que hacen las leyes “proteccionistas”
de hoy en día, dictadas contra personas, empresas o artículos
procedentes del exterior, perjudicando también a usuarios y
consumidores locales.

Levítico 19:15 establece que el derecho no se ha de torcer ni ante el


grande ni ante el pobre, pero resulta que ahora y desde hace tiempo
todas las leyes ya salen torcidas de los Parlamentos, para “proteger”
al supuestamente “más débil”. Como consecuencia de esta flagrante
violación al Consejo de Dios, se causan restricciones a la oferta de los
bienes y servicios afectados, con lo cual se daña especialmente a las
categorías a quienes se dice beneficiar: trabajadores, inquilinos,
usuarios de préstamos medianos y pequeños, etc.

“No retener el jornal del jornalero” repite varias veces la Biblia, lo


cual también es interpretado contra los empresarios y empleadores.
Sin embargo, leyes y Gobiernos (frecuentemente en convivencia con
sindicatos y asociaciones patronales) mandan hacer a los trabajadores
una interminable serie de descuentos y retenciones por nómina, en
concepto de impuestos y otros pagos forzosos, de manera inconsulta.
Esto genera costos a los empleadores y otros agentes económicos
obligados a actuar como agentes de retención, y por lo tanto a trabajos
forzosos para los Gobiernos.

Respeto a la propiedad privada (no confiscaciones). “Al César lo que


es del César” implica que el Emperador no debe exigir más que lo
suyo; sin embargo los impuestos confiscatorios son hoy la regla. Y las
“congelaciones” de depósitos bancarios. Y antes las “nacionalizaciones”
de empresas y activos.

No al mal llamado “Estado de Bienestar”. Todo esto forma parte del


sistema de “enseñorearse”, “arrogarse potestades” y “hacerse llamar
bienhechores” los gobernantes, claramente denunciado por Jesucristo
mismo en los Evangelios. Es el moderno Estado regulador, llamado
“de Bienestar”, que aparece disfrazado de compasivo y piadoso.
¡Muchas veces defendido apelando a la “piedad evangélica”!
126

Obediencia limitada. Si Romanos 13 no se lee a la ligera, resulta claro


que los creyentes debemos obediencia a los Gobiernos obedientes.
De otro modo no se entendería cómo el autor, y muchos de los
destinatarios de la carta, desobedecieron al Gobierno de Roma que
los perseguía, y fueron por ello condenados a muerte.

No al Gobierno mundial. La Biblia desaconseja enfáticamente el


imperialismo -fase superior del estatismo-, y el Gobierno mundial.
Esto es claro en Génesis (episodio de la Torre de Babel), Daniel, y
Apocalipsis de Juan. Sin embargo hoy todas las naciones del mundo
marchan a formas supranacionales de Gobierno, que adrede se
confunden con la globalización de los mercados y la economía
internacional.

¿Hay un Consejo de Dios a las Naciones?

Hay un completo CONSEJO DE DIOS A LAS NACIONES. Contempla


diversos aspectos. Y es muy claro, no ambigüo ni equívoco, si bien no
está expresado en los términos actuales, que hoy usamos.
Sin embargo las naciones no lo siguen. Porque independientemente
de las palabras y expresiones, ellas prefieren seguir todos los
conceptos, ideas y doctrinas contrarias, y en cada uno de los puntos,
ya que las consideran más sabias.

La desobediencia al Consejo de Dios y sus consecuencias

¿Cuáles han sido los resultados de seguir estas otras doctrinas?

Los “frutos” están a la vista: desempleo con inflación; paralización y


recesión de las actividades económicas; ingresos insuficientes;
insatisfacción, disconformidad y disgusto del público con los Gobiernos;
mediatización de actividades privadas en función de la política; múltiples
formas de opresión con desorden; venalidad y corrupción en los
funcionarios; criminalidad en aumento; desintegración familiar;
generalizada degradación intelectual, política, psicológica, cultural,
estética, moral, etc.

En los años ’70 hubo inflación con desempleo, dos hechos que no
podían coexistir, según la ciencia económica convencional por entonces
predominante. Por consiguiente algunos economistas concienzudos
comenzaron a revisar ciertos presupuestos básicos entonces corrientes
en su disciplina, aunque la mayoría se limitó a recomendar “gerencia
económica” a los Gobiernos.
127

En los ’80 hubo dictaduras con desorden, fenómenos que tampoco


podían aparecer simultáneamente según la ciencia política
convencional. Pero sociólogos y politólogos no revisaron sus
presupuestos básicos; simplemente recomendaron “democracia” y
“más democracia”.

Desde los ’90 hay democracia, pero con mucho descontento e irritación
-lo cual llaman “ingobernabilidad”-, otros fenómenos que tampoco
podían aparecer simultáneamente según los “cientistas sociales”.

¿Qué nos dice toda esta experiencia sobre el CONSEJO DE DIOS A LAS
NACIONES?

Note Ud. que la verificación (cumplimiento) es la prueba para discernir la


falsa profecía de la verdadera, conforme a Deuteronomio 18:20-22. El
experimento se ha repetido, y varias veces, y siempre con los mismos
resultados. Vea Ud. la historia de las naciones que prosperan. España,
después Holanda, Suiza, Inglaterra, y por fin EEUU, una tras otra, y
compare con todas las demás, incluyendo Venezuela e Hispanoamérica.
¿Qué evidencias surgen siempre? Dos:
1. Excepcionalmente, algunos Gobiernos siguen la regla del no
intervencionismo (“laissez faire”), acomodados al Consejo de Dios.
Muchas veces asesorados por políticos creyentes y bíblicamente
informados, otras no; pero de todos modos, ¡a la gente le va muy
bien!
2. Por lo general siguen otras reglas. Muchas veces aconsejados por
políticos creyentes aunque bíblicamente mal informados, otras no.
Pero de todos modos, ¡a la gente le va muy mal!

¿Hubo algún Presidente cristiano recientemente?

En Guatemala por ej. hubo Presidentes cristianos. Uno de ellos: Efraín


Ríos Montt. Pese a ser cristiano evangélico -el primero en ser Presidente,
en su país y en América latina-, no conocía la historia de Roboam. Como
Roboam, lo primero que hizo llegado al poder, fue aumentar los impuestos
y las regulaciones. O tal vez creyó que la de Roboam era una historia
antigua, no aplicable a nuestros tiempos. Pese a las frecuentes oraciones
de las iglesias por su éxito, Ríos Montt fue derrocado, a pocos meses de
su mandato. Fracasó. Mal ejemplo. Como Roboam.
128

¿Perú y América latina?

Sus pueblos -y los gobernantes escogidos- viven de espaldas al CONSEJO


DE DIOS A LAS NACIONES. Por tanto no debe asombrar el subdesarrollo,
la pobreza, la opresión, ni los otros males que les acompañan, descritos
en Deuteronomio 28.

Ignorando la opinión de Dios, el pueblo reclama vanamente de los


Gobiernos cosas que éstos no pueden darle -educación, atención médica,
vivienda-, puesto que no es función de los gobiernos producirlas. El pueblo
se queja y se lamenta. Protesta y manifiesta. Pero persiste en su rebeldía.
Cuando el pueblo se violenta y saquea, no puede decirse que tiene a
Dios de su lado. Dios no ha autorizado saqueos.

¿Y las oraciones de las Iglesias para que el Señor elija buenos


Gobernantes, y los ilumine ...?

La experiencia es que cada gobernante es peor que el anterior. El pueblo


elige a los gobernantes, no Dios. (Deut. 17, I Sam. 8 y concordantes). Y
si el pueblo desoye lo que Dios ha dicho y establecido, y elige gobernantes
que también lo desconocen, entonces el Altísimo no atiende sus oraciones.
(I Sam. 8:18). Recuerde:
“Obediencia es mejor que sacrificio” (I Sam. 15:22).
“Mi pueblo perece por falta de conocimiento” (Oseas 4:6).

Precisando Conceptos cap 6

Política económica

¿Cuál sería una política económica liberal?

Una que no existe. O en todo caso se describiría con las viejas expresiones
(en francés):
“Laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar), le monde va
de lui mème” (el mundo anda por sí solo).
“¡Arrichissez vous!” (Enriquecéos, mandato que el Rey de Francia
acostumbraba dar a sus súbditos).

En otros términos: mantener limitados a los Gobiernos; libres a los


mercados; y separadas del Estado a las instituciones privadas. Y nada
más. Esas serían todas las “políticas económicas” liberales. Pero la
expresión “política económica” es difícilmente consistente con el concepto
129

liberal de neutralidad del Estado en actividades económicas particulares.


La aspiración liberal para el futuro es que la expresión misma “política
económica” pase a ser cosa del pasado, un arcaísmo, como es hoy el
concepto de “política religiosa”.

En el pasado, los monarcas absolutos practicaban cada cual su política


religiosa. Estas políticas tenían sus objetivos, y sus instrumentos. Los
objetivos se relacionaban con asuntos de las iglesias: la expansión del
protestantismo (o del catolicismo), la sujeción de la jerarquía eclesiástica
o su buena voluntad para con los Gobiernos, etc. Los instrumentos eran
las alianzas y tratados, los matrimonios dinásticos, u otros menos inocentes
como guerras e invasiones. Todo eso quedó atrás, incluyendo las grandes
guerras religiosas del siglo XVII. Hoy el principio de neutralidad de los
Gobiernos se ha llegado a considerar la regla, y la expresión “política
religiosa” carece de sentido excepto el histórico. ¿Porqué no puede ocurrir
lo mismo con la “política económica”? ¿Qué tienen que ver los Gobiernos
con los negocios de la gente? ¿Es de incumbencia de los Gobiernos si Ud.
o compra (o vende) tuercas o gaseosas, o si invierte en frijoles o en la
Bolsa?

Hoy los estatistas quieren incluso una política económica “de Estado”;
quieren decir, no cambiante de Gobierno a Gobierno. Exactamente lo
mismo querían los estatistas franceses del siglo XVII de la política religiosa.
Pero las actividades económicas de las personas no pueden llegar a ser
asunto privado, como hoy lo es su religión.

La crisis actual y cómo salir

¿Por qué la crisis? ¿Por qué es generalizada?

En pocas palabras: porque el Estado no cumple con aquellas funciones


con las cuales no puede por naturaleza -economía, finanzas, educación,
medicina-, pero impide o estorba a los privados para hacerlo; y además,
porque en tal caprichoso, futil y costoso empeño, desatiende e incumple
sus funciones propias naturales. La situación se describe con tres
elocuentes refranes castellanos, alusivos al principio de la división del
trabajo: “Quien mucho abarca poco aprieta”; “Mucho ayuda quien no
estorba”; y “Zapatero a tus zapatos”.

El estatismo no funciona; es intrínsecamente “ingobernable”, y debilita a


cualquier Gobierno democrático, a poco de asumido. Es inviable. Un Estado
desbordado e incapaz no es incluso financieramente insostenible. Por
eso vemos a los Gobiernos sumidos en una “visión de túnel”, centrada
130

nada más que en los impuestos y en el flujo de empréstitos externos.


Preocupados exclusivamente en obtener más ingresos -a la altura de sus
enormes gastos-, para mantener sus cuentas a flote. Decretan
exorbitantes impuestos que ni siquiera pueden cobrar en su totalidad,
porque las regulaciones impiden las actividades económicas que
generarían ingresos como para pagar esos tributos. (En EEUU el estatismo
al menos es algo más coherente: le castiga a Ud. con tremendos
impuestos; pero si quiere producir algo, todavía las regulaciones le
permiten en pocas horas sacar su autorización para el negocio. ¡Le dejan
que produzca para poderle cobrar!)

La crisis persiste y se agudiza ...


a) En lo económico, porque las personas usamos y consumimos servicios
y bienes diariamente. Para reproducirlos, se requiere asignar
eficientemente los factores económicos a usos y empleos productivos,
y a ese fin debe haber suficientes incentivos, y libertad de decisión;
¡pero no las hay!
b) Y en lo político, porque las falsas soluciones no resuelven los problemas.
Así, se suman, multiplican y potencian los peores resultados y
consecuencias del estatismo: desempleo y subempleo, carestía,
pobreza, ignorancia, corrupción y abusos de poder, inestabilidad crónica,
inmoralidad creciente y otros desórdenes. Y la crisis se agrava.

El estatismo no se remedia porque no quieren aplicar el único verdadero


remedio. Es más: ¡no quieren ni discutirlo!

Para colmo, cuando pasa el tiempo y los problemas no se resuelven,


tienen hijos. Y nietos. Son los problemas de “segunda generación”, que a
su vez causan los de tercera ... y así. Con los años, sucesivas generaciones
de problemas se acumulan irresueltos. Y sus dañinos efectos se multiplican
y potencian unos a otros. Pero no obstante la atención del público se fija
sólo en los problemas de reciente aparición por lo general asociados a la
violencia, a la pobreza extrema y a la insatisfacción creciente. Se concentra
no en las causas sino en las consecuencias, y en las consecuencias de las
consecuencias; como por ej. el último escándalo de corrupción. Y las
“soluciones” proceden siempre desde dentro del estrecho perímetro
conceptual del estatismo. Nadie es capaz de recordar al público los
problemas primitivos, de fondo o de raíz, o de trascender los límites del
estatismo a la hora de proponer remedios, excepto quienes conocemos
las secuencias de causas y efectos, y la solución no estatista. ¡Pero somos
tildados de ”radicales”!
Los estatistas señalan “salidas” que no son tales. Y las repiten
obsesivamente en sus discursos.
131

Falsas salidas: educación, PYMEs, etc.

¿Es la educación la salida?

“La educación es la clave del desarrollo, la salida para la pobreza”, se nos


dice. Es un lugar común. Pero en el Perú las universidades y los
universitarios se han multiplicado varias veces y de manera explosiva en
las últimas décadas. Y hubo una tremenda expansión de la educación
elemental y media. ¿Cuántas Universidades e institutos universitarios
había hace 30 años o 15? ¿Cuántos titulados universitarios hay ahora, en
las más diversas disciplinas y ramas científicas y profesionales? Sin
embargo no hay desarrollo; la pobreza persiste. Muchos titulados tienen
que emigrar, conducir taxis, o tratar de vender cualquier cosa por la
calle.

Hay que cuestionar los lugares comunes, aparentes pilares de la sabiduría


convencional. ¿Cómo? Simple: contrastando estos enunciados -tan
reiterados y repetidos-, con la evidencia empírica observable. Y haciendo
preguntas. Un simple paseo por la muy limeña avenida Arequipa sorprende
por el espectáculo de numerosas Universidades y centros universitarios
y parauniversitarios florecidos como hongos en las antiguas mansiones
solariegas. ¡Como en Atenas, la Grecia clásica! Multitudes abigarradas
de jóvenes de clase media y popular concurren a diario, con enorme
sacrificio propio y de sus padres. Dejan de comer para educarse.
¡Multimillonaria inversión educativa! (Y después dicen que no hay inversión
en educación ...) Y en su mayoría se diploman. Son titulados. Pero, ¿y el
desarrollo? ¿Y la creación de riqueza en el Perú? Si la educación fuera la
clave del desarrollo y la palanca para salir de la pobreza, el Perú sería un
país desarrollado y sin pobres.

¿Qué la educación impartida no es de buena calidad? Bueno, pero entonces


hay que cuestionar otro “totem”: el mito del Estado educador -proveedor
de la educación estatal-, y asimismo controlador y regulador de la
enseñanza privada. ¿Cuál es la realidad? Que la educación particular es
apenas un poquito mejor que la estatal, pero no demasiado. No puede
ser de otro modo, ya que el Estado les impone a los docentes privados
los contenidos, objetivos, métodos, programas. ¡Y hasta la manera de
vestir (uniformes) de los colegios! Y en educación -como en otros
productos-, no hay nada mejor que la libre competencia.

De paso hay una noticia para los maestros y profesores estatales, quejosos
de sus magros sueldos: ganan poco por el mito de la “educación gratuita”.
Trabajan en una industria cuyo producto no puede venderse, sino que
132

debe regalarse a sus usuarios y consumidores. Para ganar una


compensación medianamente decente en una actividad, debe ser rentable:
generar un retorno lo suficientemente compensatorio, del cual salen los
dineros para sueldos. Si a los beneficiarios de la actividad (estudiantes),
los profesores no les pueden cobrar por el producto, ¿cómo esperan
sueldos no miserables? Suponga por hipótesis que una ley mandase
distribuir gratis la Inca Kola -“principio de la gratuidad de la Inca Kola”-,
por ser un producto popular, masivo, vital, etc.; y Ud. trabaja en la industria
refresquera. ¿Ud. no preferiría emplearse en Coca Cola!, asumiendo que
puede ser vendida, no regalada? Obviamente Ud. ganaría más. Los
salarios de los enseñantes a sueldo del Estado son bajos por tratar
demasiados bienes privados como si fuesen públicos. La educación no es
como la seguridad y el orden en las calles o la justicia en los tribunales,
verdaderos servicios públicos, por naturaleza, de cuyos beneficios es
imposible o impráctico excluir a beneficiarios renuentes a pagar. Por ello
se costean con impuestos y no con precios. Quien no paga por consumir
educación, puede ser excluido de su disfrute. (Otra cosa es financiar la
demanda -no la oferta- de los más pobres con bonos ...) Lo mismo pasa
con los médicos y enfermeras a sueldo del Estado. Privatizando estos
servicios, sus prestatarios ganarían mucho más. Y así, también podría
pagarse bien a los verdaderos servidores públicos: jueces, policías, etc.,
con el dinero de los impuestos causados en la producción de abundantes
servicios privados por empresas privadas en mercados libres.

Por otro lado, las biografías de los creadores de las grandes fortunas
europeas y estadounidenses a fines del siglo XIX, nos muestran a unos
forjadores de emporios industriales cuya educación era tan pobre como
su patrimonio cuando comenzaron. ¡No tenían diplomas!! Henry Ford no
fue a la escuela siquiera elemental, y el primer Rockefeller apenas la
terminó. La (buena) educación es más consecuencia que precondición
para el desarrollo, como muestra también el caso del Renacimiento
europeo del siglo XV. Lo que se requiere para el desarrollo es libertad. No
caiga Ud. en la trampa de los estatistas, que siempre le imponen supuestas
“pre condiciones” a la libertad: educación, cultura, “autoestima”, actitudes,
etc., etc. Es una lista tan larga, ¡que nunca vamos a llegar a ser libres!

Conclusión: la salida no es la mala educación impartida y controlada por


los Gobiernos. Por otro lado, hay empresarios educativos que lucran no
con la educación -lo cual no sería censurable-, sino con el mito, de la
educación como la salida. Lo censurable es sacar provecho de una mentira,
una esperanza vana, ilusoria y falsa, pregonada a los cuatro vientos por
el estatismo. Al estatismo le interesa que la gente no vea la salida. Por
eso divulga mitos.
133

¿Son las PYMEs la salida?

Otro caso similar de sabiduría convencional. Otro mito. Se le dice a la


gente: “La salida es la PYME. Crea tu propia empresa. Sé tu propio jefe”,
etc., etc. Pues bien, eso es lo que la mayoría ya hizo. Prácticamente cada
peruana y cada peruano tiene siempre una o varias empresas a cuestas
-algunas registradas, otras no, otras a medio registrar-, en uno o varios
rubos o actividades, en las cuales prueba o ha probado suerte; pero por
lo general con resultados que distan mucho del éxito. Las microempresas
y pequeñas firmas han proliferado explosivamente, tanto o más que los
centros de enseñanza. ¡El peruano no carece de espíritu empresarial,
como a veces injustamente se dice! Al contrario. Nuestros empresarios
pobres son muy emprendedores, serviciales y cumplidores. Y sin embargo,
la pobreza permanece. “Microempresario” es un eufemismo por
“empresario pobre”. Cuestione todos los mitos: si la PYME es el motor del
desarrollo, ¡el Perú sería país del primer mundo!

El razonamiento cuestionador es igual con otros problemas. Por ej. el


problema de la droga. Debe cuestionarse el enfoque represivo típico de
la Prohibición que imponen los Gobiernos de EEUU, como cuando la “Ley
Seca”. Hay cada vez más persecuciones, tiroteos y combates, en las
calles y en las selvas. Hay masivos decomisos e incautaciones,
apresamientos y encarcelados. Si la solución fuese la “guerra a la droga”,
el problema ya estaría resuelto, y el “flagelo de la droga” sería inexistente.
Hay algo muy equivocado en ese enfoque represivo. Las “mafias del
licor” de los años ’20 controlaron el comercio de bebidas alcohólicas hasta
que se levantó la Prohibición. Cuando el alcohol volvió a los restaurantes
y licorerías legales, entonces se regularizaron los precios y las ganancias,
y los canales comerciales normales fueron restablecidos. La violencia
desapareció. ¿Por qué no aprender de la experiencia?

Es igual con la PYME: si es la solución, y siendo que abundan, ¿por qué


persiste la pobreza? Los estatistas responden que los Gobiernos no han
“brindado” a las PYMES suficiente capacitación y crédito. Pero veamos:
La capacitación no es otra cosa que la conexión del mito de las PYME
con el mito de la educación. Muchos empresarios educativos lucran
con el mito, ofreciendo una supuesta “capacitación”, muy
discutiblemente necesaria.
Y si son fábricas de riqueza, ¿para qué necesitan crédito?
134

Como ya apuntamos al principio del libro, la realidad es que sin gran


empresa no hay desarrollo. Ciertas actividades económicas -plantas
industriales, fincas agropecuarias, transporte masivo- sólo pueden ser
eficientes a cierta escala, y las firmas y compañías de diversos tamaños
tienden a complementarse, de diversas maneras. Las micro y pequeñas
empresas sólo pueden hacer servicios personales, y ciertos servicios a
las empresas; no más. La empresa propia puede ser para los pobres una
solución individual -a veces un simple paliativo-; pero sin desarrollo, de
todos modos serán empresarios pobres.

Pese a todo, se siguen entonando cánticos de alabanza a las PYMES, y se


les prometen ventajas tributarias y otros privilegios exclusivos -bajo “leyes
de promoción”- que se les desconocen a otras empresas. En el fondo, en
el discurso de la “religión PYME” -como en otros puntos de la agenda
política de las nuevas izquierdas- hay una mal disimulada hostilidad y
animadversión a la empresa, focalizada ahora en la gran empresa. Cuando
es “micro y pequeña”, a la empresa privada le perdonan gentilmente la
vida, asumiendo que es “menos” explotadora. La verdad es que se sigue
satanizando a toda empresa privada como “explotadora”: antes lo era
supuestamente del obrero; ahora se dice que lo es del ambiente, o del
consumidor, o del niño, de la mujer o el discapacitado, o del “pequeño
empresario”.

Inversiones, tecnología, globalización ...

¿No es la inversión privada la salida...?

¡Por supuesto! Pero las inversiones son consecuencia de las libertades


económicas. Y los bueyes tienen que ir delante, y la carreta detrás; por
eso, no hay inversión sin libertades suficientes. Primero se requieren
libertades; después, como consecuencia, vienen las inversiones,
nacionales y extranjeras.

Dos tipos de libertades incentivan las inversiones:


Libertades para decidir sobre tipo de negocios a emprender, actividades
a desarrollar, rubros a cubrir, mercados a satisfacer, recursos a
contratar, etc., etc.
Libertades a las gentes y las empresas para conservar sus ingresos y
ganancias.

En consecuencia, dos tipos de antilibertades desincentivan las inversiones:


Las regulaciones matan estas libertades, porque imponen una serie
de límites, condiciones, prohibiciones y obligaciones.
135

Demasiados impuestos matan estas libertades, al reducir las ganancias


de las empresas, y el poder adquisitivo de la gente: los mercados
pierden su atractivo, porque la demanda carece de poder de compra.

¿No es la inversión extranjera la salida...?

¿Inversiones extranjeras? ¡Bienvenidas!, pero ¿y por qué no también las


nacionales? ¿Qué hay de malo con la inversión peruana? ¿Qué la inversión
nacional es hoy insuficiente? Sí, pero por los impuestos, que se llevan la
mayor parte de nuestros ahorros, y por los demasiados reglamentos y
poca seguridad. La estabilidad jurídica es mínima, porque los criterios
políticos y administrativos son por naturaleza cambiantes. Las leyes sólo
pueden ser estables y claras cuando son justas, generales, y pocas en
número. No incentivan la inversión unas hipotéticas “reglamentaciones
estables” dictadas por los poderosos de turno -una para cada actividad-
, sino la ausencia de reglamentaciones, y la presencia en su lugar de
verdaderas leyes, limitadas a garantizar la vida, propiedades y libertades,
como los Códigos generales.

Hoy la inversión masiva es de origen foráneo. No siempre privada, porque


muchas de las empresas que llegan del extranjero -España y Europa,
China, etc.- son estatales. Y esta inversión es negociada, pactada y
“administrada” por los Gobiernos. De un lado, imponen una gestión muy
constreñida por los reglamentos; y de otro lado, la demanda se encuentra
muy limitada por la pobreza. Perspectivas: negocios excesivamente
reglamentados, y pocos volúmenes de ventas. ¿Quién querría emprender
aventuras productivas en esas condiciones? Lo que generalmente hacen
las empresas que llegan es asegurarse algún tipo de monopolio antes de
invertir. Pero el clima político es muy cambiante, y no siempre son
duraderas estas “seguridades”. Por otra parte, un Estado cuyos Gobiernos
maltratan al inversionista nacional, ¿qué seguridades puede dar al
extranjero?

¿La salida no es innovación tecnológica?

Otra vez el problema de la carreta y los bueyes. Las innovaciones en


tecnología se compran; y para eso hacen falta recursos. A esos recursos
hay que producirlos, ¿cómo? Con libertades.

Se dice que hoy asistimos a una tremenda revolución en la tecnología -


un “salto”-; y que vivimos en “la era del conocimiento”, etc. No se deje
Ud. apabullar con los mitos. Ciencia y tecnología han avanzado siempre
con saltos, ahora como antes. Y siempre hubo tremendos progresos, que
sus coetáneos tendieron a creer únicos e irrepetibles, maravillosos y
136

“revolucionarios”. Y el hombre ha vivido en la era del conocimiento por lo


menos desde que aprendió a hacer hachas de piedra: los conocimientos
siempre han sido su herramienta principal, y su racionalidad. Nada de
esto es novedad.

Pero sólo los mercados libres pueden hacer aprovechables


económicamente las innovaciones, los conocimientos y las habilidades.
En particular, los saltos en las comunicaciones son muy importantes
siempre, porque tienden a reducir distancias, posibilitando más
intercambios, y ampliando los límites de los mercados. Así es ahora,
pero de igual manera lo fue en otras épocas con la navegación
transoceánica, ferrocarril, avión, telegrafía sin hilos, teléfono, fax, etc.
No obstante es imposible incorporar los adelantos a la economía y a la
sociedad sin el marco constitucional y legal brindado por un orden liberal.

¿No es la globalización la salida...?

¿Cuál de ellas? Hay muchas tendencias globalizadoras.

1) Hay una globalización de los mercados, promovida -como toda


expansión comercial- por progresos tecnológicos aplicados a las
comunicaciones. La presente fase de la división del trabajo a nivel
internacional, abre inmensas posibilidades, y por consiguiente lleva a
clamar por la supresión de las barreras creadas artificialmente por
los Gobiernos, en orden a hacer de todo el globo un solo mercado.
¡Estupendo!; pero:
No es algo enteramente nuevo: las corrientes comerciales entre
los pueblos se han estado expandiendo desde el Génesis, primero
al Medio Oriente, después al Mediterráneo, más tarde a la India y
Norte de Europa, después al Atlántico, al Pacífico, etc.
Para acompañar este proceso, y aprovechar plenamente sus frutos,
no se requiere que los Gobiernos “alienten” actividades
tecnológicas, exportadoras, de inversión o de otra clase en la
economía. Sólo se requiere que NO entraben con sus
reglamentaciones las corrientes comerciales, y flujos de capitales
y otros factores; y que NO confisquen las ganancias con enormes
y desalentadores impuestos. Más que hacer, los Gobiernos deben
no hacer, y en todo caso deshacer algunas cosas que hicieron mal
en el pasado. Las mejores condiciones que los Gobiernos pueden
brindar son puramente negativas: cuidar que no haya violencia o
fraude -para eso existen, y en esas funciones se justifican-; y más
allá, no interferir. Claro que este concepto estricto y riguroso de
137

las funciones gubernamentales es denigrado como “puramente


negativo”; y choca frontalmente con la moda “Hay que ser positivo”
hoy predominante.

2) Hay una globalización de la cultura, los valores, símbolos, etc. Se


discute por ej. sobre “valores asiáticos”, y sobre “par adigmas”
valorativos, y sus cambios. Pero los valores son materias que deben
ser de elección y juicio individual. Los Gobiernos están sólo para
reprimir los verdaderos crímenes -homicidios, violaciones, secuestros,
estafas, etc., definidos de modo muy estricto, riguroso y limitativo-; y
en lo demás, no están para hacer juicios de valor sobre conductas.
Hoy se dice que los Gobiernos deben “promover valores”; pero ¿cuáles?
Si un Gobierno decide promover valores, necesariamente tendrán
que ser tales o cuales valores; y sus decisiones hallarán resistencia,
cualesquiera que sean. ¿Por qué este conjunto, sistema o tabla de
valores X, y no este otro Y? Los Gobiernos no deben alentar ni
desalentar valores porque no es su función. Para eso hay familias,
iglesias y congregaciones religiosas, y escuelas, instituciones que deben
ser privadas, y separadas de los Gobiernos. El Estado está para aplicar
la fuerza, y sólo a los malhechores, a fin de obligarles a resarcir a sus
víctimas, y disuadir así de cometer fechorías a los potenciales
agresores; pero no debe emplear la coacción para imponer opciones
valorativas, que siempre serán las de los poderosos de turno.

3) Hay una globalización de los Gobiernos; muy peligrosa, y nada liberal.


Es la última fase del imperialismo; la tendencia que nos está llevando
casi imperceptiblemente -para la mayoría- a un único Gobierno mundial,
hoy perfilado en el sistema de la ONU y sus agencias. Hoy se nos
pretenden imponer “leyes mundiales” de todo género, y con los más
diversos pretextos, algunos muy descabellados: preservar el ambiente;
reprimir el narcotráfico; combatir la corrupción; cuidar de la niñez;
evitar el “dumping social”; etc. Son reglamentos, no leyes. Inspiradas
en la agenda “políticamente correcta”, dan por tierra con instituciones
tradicionalmente asociadas al libre mercado; por ej. libertad de
comercio, secreto bancario, libertad de contratación, etc.
Los liberales adversamos al imperialismo, pero lo definimos no
con Marx y Lenin, sino con Mises y Hayek. Imperialismo es la
etapa superior del estatismo, no del capitalismo. Hay imperialismo
cuando un Gobierno pretende imponerle sus reglamentos y
gravámenes a gentes incluso de otras naciones y no sólo de la
propia.
138

En el pasado los liberales adversamos el concepto de “soberanía


nacional”. Históricamente sirvió a los estatistas para impedir el
libre comercio de nacionales y extranjeros. Pero en el siglo XIX
las fuerzas del mercado procedían del exterior. Y tal fue el caso
hasta el GATT. Pero ahora la situación ha cambiado: las amenazas
al libre comercio proceden del exterior tanto como del interior de
cada país.

Los liberales no aplaudimos la globalización de los Gobiernos sino la de


los mercados; pero no siendo deterministas, no la creemos destino histórico
“fatal e ineluctable”, al modo de Fukuyama.

Estatismo disfrazado: “Neoliberalismo” y reformas de los


‘90

¿Qué es el “neo” liberalismo?

A comienzos de los ’90, pareció llegar “la economía de mercado” al Perú,


y a Latinoamérica. Se pronunciaron discursos sobre globalización y
modernidad -con citas de Fukuyama-, y se dictaron “reformas” y
“paquetes de medidas”. Pero ya desde mucho antes de terminar la década,
los fracasos se hicieron evidentes en todas partes, y se sucedieron las
vacilaciones, ambigüedades y contradicciones, y pronto los retrocesos
netos. Ante el descontento que cundió, las viejas fuerzas desplazadas -
mercantilistas y socialistas-, hicieron sus maletas para el regreso. Y desde
entonces no hemos hecho todavía una apreciación correcta de lo que
pasó, y por esa razón no podemos aún corregir con acierto el rumbo.

¿Qué pasó en los ‘90?

Se puso el foco exclusivamente en la economía y en algunas de las


consecuencias y manifestaciones económicas del estatismo -inflación,
empresas estatales-, sin preguntar por las funciones del Estado. En
consecuencia, muy poco liberales fueron esas “reformas”.

Por eso se buscó como objetivo primordial el cierre de la brecha fiscal,


pero sin reducir el gasto estatal, con arreglo al criterio de las funciones
estatales propias o impropias. De esa manera se estaba tratando de
viabilizar el estatismo, darle un piso o soporte financiero, casi para costear
no inflacionariamente el “gasto social”. Para ello se vendieron las empresas
estatales porque arrojaban pérdidas; pero no por ser impropio del Estado
dedicarse a los negocios. Se privatizaron monopolios sin dejar de serlo,
a precios carísimos. La capitalización de la gente no fue objetivo de la
139

privatización. Así se aumentaron considerablemente los ingresos estatales


-procedentes de tres fuentes: impuestos, privatizaciones fiscalistas, deuda-
, en lugar de reducir los gastos. El tamaño del Estado no se contrajo, ni
se le puso en sus tareas propias, ni cedió el peso opresivo de su poder
omnímodo, ni se redujo la empobrecedora carga tributaria. Estos
neoliberales resultaron ser casi unos socialistas por otros medios.
¿Resultado? Los de abajo pagaron los costos de todas las rigideces e
ineficiencias acumuladas. Regulaciones e impuestos siguieron limitando
severamente el poder creativo y enriquecedor de la empresarialidad en
el mercado. Como Lampedusa: “Todo tiene que cambiar, para que todo
quede como está.”

¿En qué consistieron las “reformas”?

Privatizaciones fiscalistas, para enriquecer más al Estado, no a la gente


(algunas empresas estatales se vendieron a transnacionales
extranjeras ... ¡estatales!) A cambio de unos precios exorbitantes, los
monopolios se hicieron privados pero sin cambiar su naturaleza. No
hubo libre competencia. Hubo privilegios.

Y en vez de Ministerios de Planificación, se nos impusieron agencias


“reguladoras”, a veces a cargo de los mismos funcionarios que
arruinaron las empresas estatales. Siendo el Estado demostradamente
inepto para producir bienes económicos, servicios financieros,
educación, etc., ¿cómo es apto para indicar a los privados cómo hacerlo
...? Eso no es libre mercado.

No se derogó el “curso legal” para pasar al régimen del curso libre y


fluctuante de las monedas, dictado por el mercado. Se nos cambió la
inflación, un impuesto disfrazado, por impuestos legislados
abiertamente -lo cual es quizá un progreso-; pero enormes. (Y en
Argentina p.ej., hubo dolarización a cambio fijo, impuesta por decreto.)

En vez de aranceles hubo derechos “antidumping” -basados en una


ridícula teoría leninista-, mucho más irracionales y arbitrarios, y
potencialmente más elevados aún que las viejas tarifas arancelarias.
No hubo libertad de importar.

El viejo credo cepalista de sustituir importaciones se cambió por la


“moderna” religión de las exportaciones, pero igualmente “fomentada”
por el Estado a través de privilegios, prebendas y otras desigualdades.
No hubo neutralidad del Estado en el comercio exterior.
140

Los controles de precios fueron abolidos, pero en su lugar aparecieron


las leyes “antimonopolio” o de “defensa de la competencia” y del
“consumidor” -confiriendo a las entidades reguladoras estatales un
conjunto de arbitrarios poderes judiciales y cuasilegislativos amén de
ejecutivos-, y el Estado siguió siendo el director y vigilante de la
economía. No hubo empresas libres con precios libres.

¿Aquello no fue liberalismo?

Para nada. Como principio ductor del controlismo estatal, las antiguas
“políticas sectoriales” fueron sustituidas por “el control de los equilibrios
macroeconómicos” -comenzando por el deficit fiscal y los impuestos-,
bajo el erróneo supuesto de que “lo micro depende de lo macro”; y no a
la inversa, como efectivamente sucede. No hubo explosión productiva, ni
“shock de oferta”. Así siguieron los crónicos desequilibrios “micro” -de
empresas, familias e individuos- entre ingresos y gastos, ventas y costos,
activos y pasivos. Y así tampoco hay duradero equilibrio del Estado,
calificado como “macro” por su gran tamaño, siendo técnicamente un
agente individual.

No fueron reformas conducidas por líderes formados en la filosofía y la


economía del libre mercado, sino por Fernando Collor de Mello (Brasil),
Carlos Andrés Pérez (Venezuela), Carlos Saúl Menem (Argentina), Carlos
Salinas de Gortari (México) y Alberto Fujimori. Vestidos de buenas
intenciones algunos, fueron todos muy improvisados, apenas salidos del
populismo y el estatismo, todavía confundidos y entrampados en viejas
ideas y conceptos, presos de arcaicos intereses. Y de maquinarias
partidistas y políticas no nacidas para la tarea que debieron apoyar, sino
para apuntalar aquello mismo que debieron sustituir. Por eso sus partidos
y fuerzas políticas no estuvieron a la altura, como tampoco ellos mismos.

¿Cómo se explica este tremendo equívoco, este tan trágico malentendido?

Por una parte, los enfoques económicos no fueron los mejores y más
adecuados. Se escogieron orientaciones derivadas de la Escuela clásica
inglesa de Economía Política: Malthus, Ricardo, los Mill, Marx, etc., y
sus seguidores los neoclásicos (Alfred Marshall). Pese a ser
erróneamente identificada como la plataforma ideológica del
capitalismo liberal, la vertiente anglosajona no constituye el soporte
intelectual más afín al liberalismo. Y aunque estas diferencias son sin
duda académicas, tienen una profunda trascendencia política y social,
porque la escogencia de una u otra vertiente pude significar para un
141

pueblo la prosperidad o la miseria. Se olvidó o menospreció a la Escuela


Austríaca de Economía. Que no casualmente se inspiró en las ideas
de Quesnay y Turgot, J.-B. Say y Bastiat, mucho más liberales que las
de Malthus y Ricardo, ambos Mill y Carlos Marx. A diferencia de los
franceses, los autores anglosajones son muy pesimistas respecto a
los procesos de mercado. Por eso sus herederos intelectuales siguen
viendo “fallos” en el mercado; y como si el Estado fuera infalible y
perfecto, son los padres de las regulaciones, el rol predominante y
costoso del Estado, y los impuestos injustos y muy elevados.

Por otra parte, predominó un economicismo muy unilateral, de base


utilitarista y positivista. Se perdieron de vista las contribuciones afines
al liberalismo en otras disciplinas : Derecho y Ciencia Política
(jusnaturalismo), Psicología (cognitiva) y Filosofía (realismo). Los
enfoques académicos tienen consecuencias políticas. Sus distintos
resultados son -conforme a su diferente valor de verdad-, prosperidad
o miseria. Orientaciones buenas producen buenos resultados; y lo
contrario ocurre con los malos enfoques, los conocimientos no
verdaderos, las tesis equivocadas e irrealistas, desorientadas y
desorientadoras. En los ’90 fue ignorada la más antigua tradición liberal.
Y no se consideró que el libre mercado requiere un Gobierno limitado
-elemento político que no puede faltar, pero que tampoco debe
excederse de sus límites-; por ello no se hizo la reforma del Estado,
no derogaron todas las malas leyes, ni se encaró una reforma judicial
en serio y a fondo.

Los “neo” liberales de los ’90 pretendieron despojar al Estado de su rol


empresarial, mas no destronarlo de su puesto como director general de
economía y finanzas, ni despojarle de funciones educativas, médicas y
otras. Al parecer, del Gran Estado sólo les preocupaba una cosa: su
financiamiento. El “neo” liberalismo fracasó porque estas reformas en la
práctica se traducen sólo en “paquetazos”: más impuestos, tarifas más
altas, y todo precio sube excepto los salarios. La gente lo rechaza, y en
eso tiene razón, aunque no en apoyar las falsas salidas que le presentan
los demagogos.

Despejando malentendidos sobre recursos naturales,


empleo, crédito, gasto corriente, etc.

¿Cómo podemos crear más empleo?

A un empresario de EEUU visitando China, los funcionarios le mostraron


orgullosos la construcción de una represa. Miles de trabajadores batallaban
142

con pico y pala. “¿Así es en Occidente?”, le preguntaron. “No; así no es”,


respondió el empresario. “Es con máquinas, excavadoras, palas
mecánicas, etc. Los movimientos de tierra se hacen mucho más rápido.”
Y los chinos repreguntaron: “Pero ¿y el empleo?” Y les contestó el
empresario: “Yo creí que querían hacer una represa. Si lo que quieren es
dar empleo, entonces quiten a los obreros los picos y palas, y sustituyanlos
por tenedores y cucharas. Habrá más empleo, para más gente, durante
más tiempo.”

Los entusiastas del Estado empresario y creador de empleo, no caen en


la cuenta de que son empleos improductivos, artificiales y antieconómicos:
cuestan más de lo que rinden, sólo que sus costos (para el contribuyente,
incluso el más pobre) son menos visibles que sus aparentes beneficios.

Lo real es que los humanos no hacemos riqueza para generar empleo,


sino a la inversa: generamos empleos porque los necesitamos para crear
riqueza, que es el fin de la actividad económica, no el empleo. Los empleos
-como las inversiones- son medios, conducentes a la creación de riqueza.
Y eso, son medios eficientes si es que son productivos. Por ej. con
empresas “públicas” (estatales) los Gobiernos pueden “crear muchos
empleos públicos”, improductivos, y pagados con los impuestos, que poco
ayudan a la economía. Como ya vimos antes, riqueza y empleo productivo
dependen ambos de la inversión, y esta a su turno, del ahorro. Pero
ahora la inversión es doblemente asfixiada en el Perú: directamente a
través de las regulaciones, e indirectamente por el tremendo efecto
depresivo de los impuestos sobre el ahorro, y por consiguiente sobre la
formación de capital. Por eso no hay riqueza. Ni empleo.

¿Cómo podemos hacer más accesible el crédito?

Hay una tendencia popular a considerar ciertos fenómenos económicos


en sí mismos, aisladamente, y a apasionarse con ellos y endiosarlos. Así
pasa con las PYMEs, las inversiones, la tecnología, la globalización, las
exportaciones, el empleo, etc. Y así pasa con el crédito también.

Más que crédito, es capital lo que se requiere. La gente dice “crédito”;


pero alude a capital. Como no lo tiene propio, entonces lo busca prestado.
El capital procede del ahorro acumulado. Hay dos formas de obtener
capital:
1. Una es el crédito; y no siempre la más aconsejable, según los casos,
dependiendo de la capacidad de endeudamiento del solicitante, y del
costo de los préstamos. El crédito es un recurso excepcional, para
143

casos excepcionales; y debe ser empleado siguiendo un criterio de


excepción, no de regla. No debe ser lo corriente. No es bueno vivir
permanentemente a crédito; sin embargo, los Gobiernos lo hacen, y
por eso nos aconsejan hacerlo.
2. La otra es el ahorro propio, base de la autocapitalización, de personas,
familias o empresas, que es posible sólo cuando los impuestos
excesivos no lo impiden.

Así como las personas, familias y empresas no deberían abusar del crédito,
los Gobiernos no deberían abusar de la expansión de los créditos bancarios;
lo cual hacen estableciendo un “encaje legal”. Es la disposición que permite
a los bancos prestar dinero mucho más allá de los ahorros depositados,
manteniendo en Caja como reservas sólo una fracción de ellos. El sistema
se llama “de reserva fraccionaria”. Pero en principio no hay crédito sin
ahorro. Para que el banco le preste a Ud. 100 soles, otra persona debe
haber ahorrado 100 soles -mediante un excedente de producción sobre
el consumo, privándose de consumir-, y efectivizado un depósito o
colocación por esa cantidad. Es lo sano. El motor del crecimiento de la
economía no es el crédito sino el ahorro, porque sin ahorro no hay
inversión. Sin embargo, la reserva fraccionaria se salta a la torera estos
principios, límites y normas.

La inflación de crédito tiene efectos análogos a la de moneda, e igual de


perniciosos. Se sabe que cuando “la política monetaria se relaja” -cuando
los Estados abusan del monopolio de emitir dinero-, introducen distorsiones
artificiales en la economía, y dan lugar a decisiones privadas erróneas,
que después requieren de dolorosas correcciones. Pero es mucho menos
conocido que pasa igual cuando se “flexibilizan” las autorizaciones a los
bancos para conceder más préstamos -en exceso de los depósitos-,
pretendiendo “estimular” la economía mediante “inyecciones” de medios
de pago supletorios. Por una u otra vía los Gobiernos incrementan los
medios de pago disponibles, sin aumentarse correspondientemente el
volumen de bienes y servicios. Producen ilusión de riqueza, una euforia
económica irreal, falsamente tomada como “reactivación”. En esta “fase
de auge”, la gente y las empresas gasta e invierte más allá de sus
limitaciones y realidades, y se endeuda, con mucha imprudencia. Ello
contribuye a elevar la decaída popularidad de los políticos -y a ganar
elecciones-, pero tarde o temprano los precios subirán abruptamente, y
la realidad llamará a las puertas. Y la cadena se romperá por el eslabón
más delgado cuando alguien deje de pagar sus deudas y sus cuentas.
Estas políticas -y las de alto endeudamiento “público” (estatal)-, son
alentadas por organismos mundiales como el Banco Mundial, el FMI y el
BID, erróneamente considerados paladines del libre mercado.
144

¿Cómo podemos reducir el gasto corriente del Estado?

Una pregunta muy mal planteada. Casi todo lo que un Estado debe pagar,
son sueldos a sus funcionarios; ¡y eso es gasto corriente! Las preguntas
que deben hacerse son muy otras: ¿quiénes y cuántos funcionarios debe
tener un Estado, y para cuales funciones? ¿Jueces, policías y soldados?
¿O también maestros y profesores, médicos y enfermeras, y bioanalistas,
y promotores culturales, deportivos y un largo etcétera?

Los estatistas siempre se quejan del “exceso de gasto corriente”; pero la


expresión viene del mundo empresarial, y no tiene sentido aplicada al
Estado y Gobiernos. La distinción entre gasto corriente y de inversión
aplica a las empresas privadas: los gastos de inversión se destinan al
crecimiento de las firmas, y los gastos corrientes a mantenerse operativas.
El crecimiento es uno de los mayores objetivos de las empresas privadas;
y está bien que así sea. Buscan servir a porciones cada vez mayores de
sus respectivos mercados; y aún ampliarlos. Pero, ¿Y el Estado? ¿Qué
tipo de crecimiento va a buscar? ¿Va a encarcelar cada vez a más gente?
¿O a combatir más guerras? En todo caso no puede aspirar a otro
crecimiento que el puramente vegetativo, siguiendo al de la población:
más policías y tribunales cuanto más crece la población, y por consiguiente
sus conflictos pendientes ante la justicia. Pero nada más. Por eso no le
aplica al Estado el concepto “gasto de inversión”, excepto en el muy
limitado sentido relacionado con obras viales y de infraestructura, edificios
para los tribunales y juzgados, alcaldías, etc. De resto, el grueso del
gasto estatal es gasto corriente. Pago de sueldos a funcionarios judiciales,
policiales, militares, etc. De las tres funciones estatales propias, las dos
primeras causan puro gasto corriente: sueldos y salarios de policías y
soldados, diplomáticos, y de jueces y oficiales de justicia. Es natural y
lógico; incluso sus pagas son muy bajas con el estatismo, y podrían
aumentarse con el liberalismo. Lo que está mal es que los Gobiernos
emplean y pagan a infinidad de otros profesionales como maestros y
profesores, médicos y enfermeras, y bioanalistas y dentistas, y hasta
agricultores -sin contar la pléyade de supuestos artistas, deportistas,
intelectuales, etc.-, quienes deberían percibir sus ingresos mediante
precios, y no por sueldos y salarios estatales, puesto que sus servicios
no tienen nada que ver con las funciones propias del Estado.

A veces los estatistas llaman “inversión” al gasto estatal en educación,


medicina y comida. Entonces nos insultan, porque los ciudadanos somos
individuos libres, no somos propiedad del Estado para que éste “invierta”
en nosotros. Este insulto se nos disfraza bajo el seudo concepto de una
145

alegada “rentabilidad social”, que supuestamente le encuentran sus


defensores a los proyectos de inversión “pública” (estatal). Estos proyectos
son muy rentables, sí, pero para sus promotores, gerentes y
administradores. No son rentables para el explotado y sufrido
contribuyente. Ni para el consumidor que paga sobreprecios; ni para el
factor de producción -trabajador o capitalista- que soporta competencia
desleal del Estado

Preguntas sobre la transición: tiempo de duración, los


pobres, la educación, los gremios

¿La “explosión productiva” es el llamado shock “micro”?

A veces se llama así. De todos modos, “explosión productiva” o shock


“micro” es el resultado inmediato de las desregulaciones y rebajas
impositivas, volviendo al Estado a su lugar, y reduciendo sus funciones,
atribuciones y gastos. Se traduce y concreta en incrementos rápidos y
significativos en la productividad de cada agente económico, y en su
producción, y por consiguiente en la oferta de bienes y servicios -incluyendo
su componente importado-, con disminución de sobrecostos. Y en la
generación de nuevos empleos privados para todos los factores
productivos, capital y trabajo, y en el enriquecimiento de los actuales
puestos de trabajo. Así los empresarios pagarán ingresos factoriales
suficientes como para adquirir los artículos y rubros producidos.

El shock de oferta suele llamarse “shock micro” porque cada agente -


familias, empresas de cualquier tamaño, y aún el Estado-, podrá recuperar
así sus equilibrios básicos (micro), entre:
ventas y costos,
ingresos y gastos,
activos y pasivos.

Por otra parte existen los equilibrios “macro” (agregados estadísticos)


son entre:
gastos e ingresos de los Gobiernos,
moneda y medios de pago vs. volumen de bienes y servicios,
población y empleo,
soles y dólares,
fondos prestables y créditos, etc.

Contra lo que muchos economistas creen, de los equilibrios “micro” -de


cada agente económico individual, incluyendo el Estado- se siguen
naturalmente los equilibrios “macro” -de los grandes agregados-; y no al
146

revés. Lo del todo depende de la suma de los elementos individuales


componentes. Porque si mejoran tanto la calidad y el nivel de vida de los
componentes, lo mismo pasa con el compuesto. Con equilibrios micro,
los mercados mandan: no hay distorsiones, ni desequilibrios macro.

Sin embargo, las “Cartas de Intención” con el FMI establecen las


condiciones requeridas a los Gobiernos para ser elegibles a los préstamos
y programas de refinanciamiento. Empero, tanto las condiciones
requeridas como la idea misma de endeudamiento crónico del Estado
son por completo ajenos a la tradición liberal. Y desde los ’90 la realidad
ha demostrado hasta la saciedad que sin equilibrios micro, los equilibrios
macro sólo pueden lograrse con manipulaciones estatistas de las “variables
macro”, del tipo de las alentadas por el Banco Mundial, el FMI y el BID:
masivas intervenciones gubernativas en moneda, banca e intereses, en
salarios, tipo de cambio, fondos de previsión, etc. Los equilibrios macro
logrados de este modo son artificiales, frágiles, inestables, poco duraderos,
y muy costosos.

¿Cuánto tiempo tomaría a las medidas liberales dar resultados?

Las medidas “neo” liberales no dan buenos resultados, ni pronto ni nunca.


Aunque sus partidarios dicen que “hay que esperar tiempo para que
bajen los beneficios al pueblo”, lo cual no es cierto, pero crea confusión.
Las políticas neoliberales dan resultados inmediatos, pero malos.

Con medidas liberales verdaderas, los resultados benéficos serían casi


inmediatos. Tardarían el tiempo que toma criar un rebaño de ganado,
fabricar un juego de muebles de cocina o dormitorio, o importar un lote
de artículos del exterior. El economista Mark Skousen -estuvo en el Perú
invitado por el ILE en Junio de 1999- sostiene que para superar la pobreza
en los países atrasados, el desarrollo económico sigue siendo en lo
fundamental la producción o transformación física de cosas físicas,
materiales. Y para ello hay que contratar mano de obra y pagarle, y si
bien el proceso empresarial y de mercado que lleva hasta los bienes y
servicios finales insume cierto tiempo, no toma una eternidad.

¿Qué pasaría con los pobres en la transición...?

Los pobres no la pasan muy bien ahora, con el estatismo. Y son


demasiados. Con el liberalismo habrá mucho menos...

No obstante, a título de concesión política, podemos los liberales convenir


en una transición que incluya una cuarta función estatal, respecto a la
147

pobreza: financiamiento de un “piso” de gastos mínimos en enseñanza,


servicios médicos y seguro previsional para los pobres. Puede ser incluso
un piso elevado; pero sólo mediante bonos o títulos reembolsables
(“vouchers”). Sólo para tres categorías de pobres:
niños y educandos pobres;
enfermos y discapacitados pobres;
trabajadores y pensionistas pobres.

Es decir, para usuarios y consumidores pobres, no para vagos pobres o


sinvergüenzas pobres. Más claro: no para adictos o dependientes de la
beneficencia estatal. Incluyendo en esta categoría a los funcionarios
estatales o de ONGs supuestamente encargados de los pobres.

¿Y la salud y la educación en la transición ...? ¿Y la previsión social?

La “salud y educación” estatales no son muy buenas ahora, porque al


estatismo le interesa el adoctrinamiento y control de la población, más
que su educación y salud; y la propiedad de centros de enseñanza, y
médicos y previsionales, le sirve a sus verdaderos fines.

Habrá transferencia de los actuales centros docentes, médicos y


previsionales, a sus empleados y trabajadores: maestros y profesores,
médicos y enfermeras, personal de las cajas previsionales del Estado, a
título de dación en pago por obligaciones pendientes. Como dueños de
sus empresas, sus titulares ganarán más que ahora, y estarán mejor.
Administrarán las entidades e instituciones, en competencia con las que
ya son privadas. Todas serán privadas, y desreguladas.

El régimen de bonos será practicado en este contexto. Sólo de este modo


habrá libre competencia, y por consiguiente excelencia en el servicio:
todos los usuarios, con dinero y con bonos, podrán elegir según su libre
y expresa voluntad, entre todas las instituciones, anteriormente privadas
y privatizadas. Los usuarios también estarán muchísimo mejor que ahora.

¿Qué pasa con los gremios? ¿Desaparecerán en una sociedad liberal?

No, pero los gremios -laborales, profesionales y empresariales-, cambiarán


sus funciones, y sobre todo, cambiarán los medios empleados al servicio
de sus funciones. Ya no podrán emplear la fuerza, y por eso no funcionarán
como monopolios laborales, profesionales o empresariales, o
agrupamientos coactivos y excluyentes de la mano de obra, constituidos
con el solo fin de influenciar en el poder político a cambio de favores. La
afiliación, participación y aportaciones serán voluntarias, ya no bajo
violencia o apremio. No habrá medios violentos de ninguna especie.
148

Por consiguiente, regresarán a sus tres funciones propias, históricas de:


Bolsa de trabajo, o puntos de encuentro entre oferta y demanda
laborales. Cobrarán comisión por esta función, como honestos
corredores intermediarios, mas nunca podrán imponer obligaciones.
Escuela de capacitación profesional, técnica, laboral.
Caja de previsión para retiros y contingencias.

¿Es necesario esperar una revolución, guerra o algún otro desastre para
poder aplicar las medidas genuinamente liberales?

No necesariamente. Esperamos poder explicarlas a nuestros compatriotas,


y llamarles a votar por un Congreso liberal para los próximos años.
Comenzando por quienes serán más beneficiados por el cambio. Podemos
prometer p.ej:

Impuestos moderados y planos, para conservar íntegro el producto


de nuestro trabajo, ingenio y esfuerzo, y el fruto de nuestro patrimonio.
El ahorro nacional verá un notable incremento. Y con las
desregulaciones, tendremos derecho a disponer libremente de nuestros
ingresos netos, así como de nuestros capitales.
Muchas empresas hoy micro y pequeñas crecerán, y otras nuevas
nacerán, porque habrá una masiva ola de inversiones nacionales y
extranjeras, que crearán nuevas fuentes de empleo. Habrá
competencia por ofrecer mejores salarios y compensaciones. La
producción de bienes y servicios se multiplicará, su calidad será mejor,
y los precios bajarán, asumiendo que el Banco Central de Reserva no
multiplicará indiscriminadamente los billetes.
La educación será libre, y de ese modo cada centro docente será
experimental, con lo que incrementará la variedad y la calidad
promedio de la enseñanza. Lo mismo pasará con los servicios médicos,
los seguros y planes previsionales, los productos financieros, y todos
los bienes y servicios. De este modo se elevará considerablemente el
nivel y calidad de vida de todos los peruanos.

¿No es lo mismo que prometen todos los políticos?

Más o menos; no exactamente. Será posible si creamos riqueza, y ello


sólo es posible removiendo los obstáculos que hoy lo impiden, y nos
condenan a la pobreza. Es decir, si salimos del estatismo, y todas su
rosario de promesas falsas, y de presentes calamidades, mediante un
Congreso que derogue las leyes malas, adoptando así el sistema liberal
de Gobierno.
149

PARTE II: EL CAMINO AL ORDEN LIBERAL

cap 7 Liberales al Congreso


La razón, el mercado, el Derecho y la democracia

¿Qué pasa con el uso de la razón y los mercados bajo un Estado sin
límites y desbordado?

El uso de la razón se encuentra obstaculizado por la masiva y agobiante


presencia del Estado en la educación, los medios de prensa, y hasta
en las iglesias y congregaciones religiosas. Así se impide el libre debate,
el contraste frontal de las ideas, y de las razones a favor y en contra.
No es fácil llevar la a las gentes verdades como por ej. las económicas,
argumentar en su favor y persuadir.
Los mercados también se hallan obstruidos por el control estatal de la
economía. No hay libre mercado, competencia abierta de productores,
oferentes, consumidores, empresarios, banqueros y demás agentes
económicos. Al igual que con las discrepancias de opinión, se pretende
resolver las diferencias de intereses con los medios políticos, mucho
menos idóneos que el examen racional y la negociación mercantil.
Cada sector o categoría, grupo y hasta individuo pretende manipular
la Ley y la justicia a favor de sus opiniones e intereses. Los tribunales
se recargan de conflictos que deberían resolverse mediante una
discusión de cara a la opinión informada y aún a la general o pública,
o mediante un arreglo de mercado. Las instancias judiciales se
sobrecargan y colapsan.
Lo propio ocurre asimismo con la democracia. Una inmensa cantidad
de conflictos -v.gr. sobre sueldos y salarios, y otras condiciones de
contratación-, se lleva al Parlamento y a las elecciones, medios
obviamente no idóneos para resolverlos. Y cuando la democracia falla,
tiende a actualizarse la violencia, tentación siempre presente en toda
sociedad.
150

La Política y el Estado

¿Qué pasa con la política bajo el estatismo?

Los Gobiernos, siguen todos el mismo guión estatista. No reconocen


límites, y pretenden intervenir en todo y controlarlo todo. Vulneran
los derechos de propiedad privada, mediante regulaciones que
irrespetan la autonomía de gestión de familias, empresas y agentes
económicos en general.

Los Presidentes peruanos cumplen su ciclo. Primero, un “líder


carismático” nos encanta con sus promesas populistas, ilusorias,
irrealizables. Enseguida fracasan, por sus medidas estatistas, como
es de esperar. Y a poco cunde el desencanto, y caen los índices de
aprobación y popularidad del gobernante de turno. Entonces, al calor
de las mentiras generalizadas y la cacería de brujas “anticorrupción”,
se perfila algún otro “candidato” que repetirá por enésima vez el
fracaso.

La oposición, estatista también, critica los resultados, pero propone


los mismos falsos remedios. Muy pocos identifican con precisión la
raíz de los males, y por eso no hay una oposición liberal, que le
describa y explique a la gente la verdad, y le muestre con certeza la
salida. En la Biblia, hay no sólo un modelo de Gobierno sino además
un modelo de oposición: la que David le hizo al Rey Saúl. Una buena
oposición debe hacer tres cosas:
— enseñar a la gente la salida de los problemas, y sus causas,
explicarlas,
— aprender de los errores del Gobierno en funciones, para no
repetirlos después;
— esperar pacientemente su turno, supliendo las deficiencias
gubernamentales si puede, y en todo caso sin producir incremento
de los daños.

Los partidos: todos son estatistas, y se quejan de la informalidad en


la economía, y de la “insuficiente gobernabilidad” y debilidad de la
democracia en lo político:
Cierto es que las personas huimos cada vez más lejos de impuestos
y regulaciones, buscando refugio en actividades privadas marginales,
y hacemos caso omiso de sus planificaciones, órdenes y prohibiciones.
Gracias a ello podemos mantenernos. De otro modo habríamos
perecido hace tiempo.
151

Y siempre que podemos, les hacemos oír a los Gobiernos nuestro


descontento.
El estatismo no cumple lo que promete porque no puede. No es el
medio idóneo para mejorar nuestro nivel de vida; pero la mayoría lo
ignora, y por eso cada tanto renueva su confianza en algún político o
partido estatista que a poco la defrauda.

¿Por qué tanto estatismo en el Perú?

Porque el Perú ha sido tradicionalmente el primer productor y exportador


latinoamericano de marxismo, socialismo y pensamiento colectivista, desde
Mariátegui y Haya de la Torre, hasta el sacerdote Gustavo Gutiérrez; y
eso se paga: no queda impune. Porque las ideas tienen consecuencias. El
estatismo es causa del atraso y la miseria, y a la vez es efecto y expresión
de las ideas colectivistas, predominantes en la sociedad.

¿Qué sigue ...? ¿Qué va a pasar? ¿Qué futuro le espera al Perú?

Si no torcemos la dirección para virar pronto el rumbo, a muy corto plazo


enfrentaremos los mismos callejones sin salida de otros países de nuestro
continente, como Venezuela, Ecuador o Argentina. Bajo el estatismo no
hay otras opciones que la pobreza, el estancamiento o la barbarie. Hay
que cambiar de ideas.

Democracia, Estado de Derecho, “consenso”, etc.

¿No es mejor buscar soluciones técnicas y no políticas?

Pese a las alegaciones estatistas, no hay soluciones “técnicas” dentro del


estatismo. Una de las más conocidas doctrinas del Premio Nobel (1974)
Friedrich Hayek, es su demoledora crítica a la “ingeniería social”, y sus
supuestas técnicas “científicas” para el manejo estatista de la economía
y las finanzas, la gestión gubernamental de la educación y la prestación
de servicios médicos, etc. Eso es imposible: no hay “equipo técnico” capaz
de manejar toda la información y tomar todas las decisiones, desde sus
despachos ministeriales, a espaldas de los mercados libres y sus precios
libres.

Los estatistas cada tanto muestran y ensayan “soluciones técnicas” como


por ej. las de “investigación operativa”, PERT y otras afines como la teoría
de sistemas. Pero no funcionan. Para que las prestaciones sean eficientes
y económicas se requiere un manejo completamente descentralizado:
152

los servicios deben ser ofrecidos por unidades operativas que deben ser
empresas en competencia, organizadas como tales, y siguiendo criterios
empresariales, obedeciendo a las señales de los mercados, tanto del
lado de la demanda (bienes y servicios producidos), como del lado de la
oferta (factores productivos). Lo contrario -la obstinación en el manejo
político y administrativo centralizado-, no genera más que despilfarro,
ineficiencia e incompetencia, corrupción, conflicto y malestar.

No obstante lo anterior, cada grupo y partido estatista alega estar


“técnicamente preparado” para cuando llegue al poder, y promete una
supuesta administración a cargo de “los mejores”: una “gestión técnica,
ajena a criterios políticos”. Sin embargo, los resultados están a la vista:
a los Gobiernos fracasados, les reemplazan otros Gobiernos que vuelven
a fracasar, con las mismas medidas y enfoques, tan sólo cambiando un
poco la jerga.

¿Y la descentralización? ¿Y la participación?

También ha fracasado el estatismo descentralizado: unidades operativas


que no son empresas -organismos burocráticos, escuelas y Hospitales, y
hasta Municipios, etc.-, pero que supuestamente “deben ser gerenciadas
como tales”. Tampoco funciona: la única manera de que una unidad
productiva de bienes o prestataria de servicios económicos se comporte
como una empresa es que lo sea. Las imitaciones fracasan. La opción
real es estatismo o liberalismo; y es política.

Y el estatismo participativo igualmente ha fracasado. El estatismo asume


que todas las actividades, las instituciones y sus decisiones pueden ser
colectivizadas; y después pretende convocar a todo el mundo a una amplia
“participación” universal. El liberalismo en cambio pide respeto a la
autonomía de las instituciones privadas -empresas, escuelas, centros
médicos, partidos, gremios, iglesias, cajas previsionales, etc.-, y las quiere
competitivas, o sea: separadas del Estado, y por ende independientes.

Muy importante: liberalismo no es estatismo descentralizado; ni estatismo


“participativo”.

¿Liberalismo equivale a democracia?

No necesariamente. Liberalismo económico es libre mercado; y liberalismo


político no es democracia sino Gobierno limitado. La democracia es un
régimen político basado en el criterio de la mayoría numérica como método
para tomar decisiones. No es un sistema de economía. Mucha gente exige
153

a la democracia buenos resultados económicos, y se desencanta porque


no los obtiene. Esto no es coherente: si queremos prosperidad, empleo,
bienestar, ingresos sólidos, etc., debemos exigir libre mercado, no “más
democracia”, ni “democracia verdadera”.

Por otra parte, la historia universal nos demuestra que muchas decisiones
antiliberales fueron tomadas muy democráticamente, y otras veces,
Gobiernos no democráticos restituyeron las libertades; no es lo ideal ni lo
deseable, pero a veces ocurre.

Democracia no equivale a libertad, ni la garantiza. Una mayoría puede


escoger un tirano, o volverse tiránica y esclavizante. Toda nación o pueblo
puede escoger mayoritariamente su propia esclavitud; y sobran ejemplos,
aunque el de la Alemania nazi es el más cercano e ilustrativo. De paso:
era considerado muy culto el pueblo alemán, lo cual también nos ilustra
que hay distintos tipos de “cultura”, y no todos tienen el mismo valor.

La democracia liberal es una democracia limitada. Con el liberalismo los


derechos individuales a la vida, propiedad y libertad no son negociables,
estando fuera de discusión. Por eso no son materia de elección o decisión
mayoritaria. Una mayoría no tiene derecho moral a anularlos, restringirlos,
condicionarlos o coartarlos. El peligro de la democracia ilimitada es
precisamente su tendencia a transformarse en un mecanismo
redistribuidor de rentas, orientado por el criterio de la mayoría sin más
limitación. Por este camino se llega al parasitismo de las mayorías, que
pretenden vivir a expensas del trabajo, ingenio y esfuerzo productivo de
las minorías creadoras, expoliadas -sin su consentimiento- a través de
los impuestos y el llamado “Estado de Bienestar”.

¿Liberalismo se identifica con consenso?

Menos todavía. Mientras democracia es decidir por mayoría, “consenso”


es decidir por unanimidad, lo cual implica que en un régimen consensual
toda minoría tiene un derecho de veto. La democracia es precisamente el
recurso inventado para decidir cuando la unanimidad no se presenta, y
por ende el consenso falla.

El Gobierno por consenso es prácticamente imposible, y más con el


estatismo. No es posible que todos estén de acuerdo en todas y cada una
de las medidas de un Gobierno; y más si son medidas estatistas, que
siempre benefician a unos en detrimento y a expensas de otros.
154

No obstante lo anterior, el liberalismo sí requiere un consenso, pero


mínimo: el acuerdo general en los postulados de Gobierno limitado y
mercados libres. Este acuerdo se traduce en una Constitución liberal,
conciente de los límites de los Gobiernos, y respetuosa de los derechos
de propiedad, la voluntad de los particulares expresada en los contratos,
y la autonomía de las instituciones privadas.

¿Liberalismo es igual a Estado de Derecho?

No. Estado de Derecho significa que los Gobiernos deben tomar sus
medidas conforme a la Constitución y legalmente. Pero las medidas
estatistas pueden ser legales, e injustas a la vez, y por tanto inmorales,
y asimismo antieconómicas e irracionales. Porque aún las más grandes
locuras pueden hacerse legalmente, y cometerse las mayores injusticias
y tropelías. Otra vez el ejemplo de la Alemania nazi: el Holocausto fue
estrictamente legal. Las leyes raciales fueron sancionadas legalmente,
por la mayoría de un Parlamento escogido democráticamente.

Estado “social” de Derecho es el disfraz del socialismo democrático, con


su redistribución de la riqueza desde los políticamente menos afortunados
hacia los “bien conectados”. Cuando el socialismo democrático o
menchevique fracasa, entra en escena el socialismo “revolucionario” o
bolchevique.

¿No es mejor presentar candidatos independientes que partidistas?

El fracaso del estatismo ha sido total, evidente, y muy frustrante. Pero


las mayorías desconocen la causa real, y por eso buscan chivos
expiatorios. Muchos culpan a los partidos políticos, especialmente la
inmensa legión de las ONGs estatistas. Pero la partidofobia no es un
sentimiento liberal, porque la institución partidista en sí misma no es
culpable del fracaso y la frustración, sino el estatismo, encarnado en las
leyes malas.

Cuando los partidos políticos sostienen cada uno su ideología clara, hay
una gran ventaja: los electores estamos informados. Sabemos que de
un partido socialista debemos esperar socialismo, así como de un partido
comunista debemos esperar comunismo; y análogamente con un partido
conservador o liberal. Cuando los partidos desaparecen o desdibujan
sus ideologías, faltan referentes, y la gente desinformada se confunde.
155

¿Y la Ley de partidos políticos?

No debe haberla. Las leyes de partidos políticos les imponen


reglamentaciones a cambio de fondos gubernamentales:
Las reglamentaciones son innecesarias e intrusivas. Los partidos deben
competir entre sí; y los afiliados a un partido pueden votar con los
pies si éste se comporta de un modo que no les satisface.
Los fondos son inmorales, porque financian a los partidos
indiscriminadamente, con impuestos de todos los ciudadanos,
incluyendo los de quienes no comparten sus ideas. Los partidos deben
financiarse privadamente. Un partido liberal no acepta financiamiento
estatal.

¿El financiamiento privado de los partidos estimula la corrupción?

Sin duda, bajo el estatismo. Los partidos estatistas se financian con aportes
de empresas privadas y particulares, quienes de este modo compran
innumerables favores políticos, de un amplio “menú”: subvenciones,
regulaciones favorables, privilegios monopolísticos, exoneraciones
tributarias, etc. El liberalismo desaparecerá estos favores del “mercado”
político, y entonces los partidos no tendrán nada que vender, y los privados
nada que comprar, y simplemente aportarán a los partidos según sus
convicciones ideológicas.

Reforma Judicial, Constitución, Gobiernos locales

¿Cuál es el concepto liberal de justicia?

Justicia es reconocer a cada uno lo suyo; por eso el concepto de justicia


“social” no es válido, ya que implica una injusticia: quitarle a alguien lo
suyo, alegando entregarlo “gratuitamente” a otros ... y no importa qué
parte de los fondos van realmente a quienes se dice querer beneficiar, y
qué parte se queda en los bolsillos de los oganizadores y administradores
de la transferencia coactiva.

La administración de justicia ha de tener un doble propósito:


En primer lugar, justicia restitutiva o compensatoria, que impone al
responsable de un daño la obligación de restituirle a la condición
anterior, si es posible, o de otro modo, compensarle el perjuicio sufrido.
Este concepto alude a una justicia penal centrada en la víctima y su
reparación, y no en el transgresor.
156

En segundo lugar, justicia arbitral, que ayuda a las partes en un conflicto


a resolverlo, si no pueden hacerlo por sí mismas; este concepto alude
a una justicia civil no dirigida a reemplazar la voluntad de las partes
por la del Estado, sino a completar y en todo caso perfeccionar los
arreglos contractuales.

¿Qué pasará con los jueces y el Poder Judicial en una sociedad liberal?

El Poder Judicial será la primera de las tres ramas gubernamentales, hoy


mal llamados “poderes del Estado”. Los jueces cobrarán mucho más
relevancia que ahora, luego de una reforma judicial destinada a
asegurarnos jueces independientes e imparciales, honestos, eficientes y
bien informados.

Hoy existe un enorme desequilibrio entre los tres llamados “poderes” del
Estado, que en realidad son ramas del Gobierno. El Ejecutivo se halla en
extremo hipertrofiado, al igual que el Legislativo, y el Judicial prácticamente
atrofiado, víctima de la proliferación de regulaciones y agencias
regulatorias. Al recuperar su jerarquía los Códigos ordinarios y
procedimentales, los jueces podrán recobrar su dignidad.

¿Y los parlamentarios?

Hoy se acostumbra a medir la eficacia de un Parlamento por el número


de leyes sancionadas al año; ese concepto es erróneo, ya que las
verdaderas leyes no requieren reformarse ni sustituirse
permanentemente, sobre todo cuando son buenas. En la concepción
estatista, Derecho equivale a Ley, y las ley es se revisan
permanentemente, con la intención supuesta de seguir de cerca los
cambios tecnológicos. En el concepto liberal, Derecho son también los
contratos, y en el marco de una Ley que establece sólo nos términos
muy generales y permanentes, son los arreglos y convenios privados los
que siguen las innovaciones técnicas mucho más de cerca y
cumplidamente que el Estado.

Con el liberalismo, los parlamentarios reordenarán sus prioridades: serán


menos legisladores -porque las leyes no se fabricarán en masa como
panes saliendo del horno-, y más y mejores fiscalizadores y controladores
del Ejecutivo. Sus sueldos no se volverán materia de agria crítica como
ahora, porque serán justificados por sus verdaderas funciones; esto será
aplicable al conjunto de los funcionarios estatales.
157

¿Hará falta una Constitución liberal? ¿Cómo será?

En el Perú y América latina, liberales fueron las Constituciones del siglo


XIX. Tenían dos partes:

La primera y más importante declaraba los derechos de las personas


a la vida, propiedad y libertad. Incluían las garantías de la ley previa
al delito y el debido proceso, el no impuesto sin representación, y los
derechos de expresión, y libertades de culto, imprenta, etc. Prohibían
a los Gobiernos recortar o reglamentar estos derechos humanos
individuales, considerados básicos y naturales, propios y
consustanciales de todos los individuos libres.

La siguiente declaraba las potestades de los órganos de Gobierno.


Establecía la forma como eran elegidos y constituidos, sus poderes y
atribuciones. Y sus límites.

Después de varias décadas aparecieron los “derechos sociales”, muchos


de ellos contrarios a los individuales, al igual que los presentes supuestos
derechos humanos llamados de “tercera y cuarta generación”. Se
inscribieron “derechos” a la educación, vivienda, salud, etc., confundiendo
derechos con aspiraciones. Y se aumentaron los poderes y atribuciones
de los Gobiernos y sus órganos, pensando que de este modo ellos lograrían
cumplir estas aspiraciones.

Actualmente, una Constitución es un arreglo político, una fórmula


transaccional, de compromiso, entre la vieja concepción y la “moderna”.
Por supuesto que los Congresos antiliberales se han apoyado en las
cláusulas “modernas” para sancionar todas sus leyes malas. Desde luego
que al par de derogar las leyes malas, habrá que cambiar la Constitución,
a favor de un texto consagratorio de las libertades y derechos básicos y
naturales de las personas, más cercano al estilo antiguo.

A efectos de que la gente pueda comparar, la salida puede ser por partes,
o sea, por regiones o zonas del Perú. La derogación de las leyes malas
puede comenzar en regiones libres, liberadas por sus parlamentarios,
quienes promoverán su vacación legal por un tiempo limitado prorrogable,
al modo como actualmente se establecen exoneraciones tributarias para
ciertas regiones o áreas. A las exoneraciones tributarias se añadirían las
exoneraciones reglamentarias y administrativas.
158

¿Relaciones Iglesia Estado?

Por supuesto, aplica el principio de la separación de lo público y lo privado,


e instituciones privadas separadas del Estado. Poca gente lo sabe, pero
este principio no es anticristiano; ¡es rigurosamente bíblico! La Biblia
pide separar lo que es del César de lo que no le corresponde; y los
asuntos eclesiásticos no entran en la esfera de competencia de los
Gobiernos.

¿Qué pasará con los Gobiernos locales y Municipales en una sociedad


liberal?

Cobrarán mucho más relevancia que ahora. Porque las funciones propias
del Estado -represivas, judiciales y de obras públicas-, no necesariamente
requieren ser desempeñadas por el nivel central. Los casos históricos de
Holanda (Provincias Unidas) y Suiza (cantones, Federación) muestra cómo
el liberalismo siempre ha ido de la mano con el federalismo y el
municipalismo, incluso en materia fiscal. Y el opuesto caso histórico de
España, muestra cómo el estatismo ha tenido siempre un compañero
consecuente: el centralismo. De hecho el liberalismo de la España
medieval se llamó “foralismo”, aludiendo al “movimiento foral”, por los
Fueros de las distintas ciudades y villas.

Partido liberal

¿Cuáles condiciones políticas se requieren para el liberalismo y cómo


podemos alcanzarlas?

Más que un Presidente dispuesto, se requiere de un Congreso con mayoría


suficiente para derogar todas las leyes malas. Como ya apuntamos, si
tal condición NO se verifica, Presidente alguno podrá dar con la salida,
aún contando con el conocimiento y la voluntad; y si se verifica, no importa
lo que sepa o quiera hacer o no hacer el Presidente.

Para tener un Perú libre de estatismo, necesitamos un Parlamento liberal;


y para ello, un Partido Liberal, que promueva candidatos liberales al
Congreso, en las diferentes regiones y provincias.
159

¿Se puede decir la verdad en una campaña electoral?

¡Claro, por supuesto! No se podría de otro modo. Desafortunadamente,


se ha difundido demasiado la idea falsa de que no se puede decir la
verdad en la política. No es cierto: si Ud. tiene un doble discurso -uno
para la campaña, otro para el Gobierno-, todos los apoyos que pueda
conseguir se le revertirán por completo tarde o temprano. Lo cierto es lo
contrario: sólo diciendo a la gente la verdad se puede obtener la debida
comprensión del problema y su solución, y el apoyo leal, informado y
consecuente, los cuales son requisitos indispensables para llegar a buen
puerto.

Esta errónea apreciación sobre no decir la verdad se originó en las infelices


y frustrantes experiencias “neo” liberales de los ’90, conducidas por
Presidentes y políticos estatistas y populistas, apoyados en partidos de
similar orientación. Su filosofía descansaba en privatizaciones fiscalistas,
nuevas regulaciones y más impuestos, de los cuales no se derivaría
mejoras en los niveles de vida y enriquecimiento para las personas en su
mayoría. No había forma ni manera agradable de explicarlo, y por eso
tenían que mentir. Pero el liberalismo verdadero no tiene necesariamente
que ser impopular. Se le puede explicar satisfactoriamente a la opinión
pública, siempre que sus expositores lo hayan comprendido bien. Todos
debemos darnos tiempo para aprender, si queremos salida.

¿Cuáles son las dificultades para transmitir el mensaje liberal y que sea
aceptado?

La parte difícil de aprender liberalismo es desaprender estatismo. Esto


aparece muy claramente en las objeciones que se adelantan al liberalismo.
Casi todas presumen que el libre mercado es la causa de la pobreza por
ej., y por ende la solución consiste en encomendarle al Estado la atención
y cuidado de los pobres. No les es fácil a las personas admitir que la
evidencia confirma lo contrario: más allá de sus intenciones declaradas,
la realidad es que la causa de la pobreza es el Estado desbordado, y el
libre mercado es la solución.

Los conceptos, juicios, argumentos y consideraciones estatistas han


penetrado profundamente en la mente de una gran mayoría de los
peruanos; y de ellos mucha gente no tiene conciencia clara. Habrá que
renovar el mobiliario mental. No va a ser fácil, porque la mayoría de la
gente no quiere pensar, ya que se le ha dicho que del Estado sin límites
cabe esperar todas las decisiones, respuestas y soluciones. Y a esa
160

esperanza se aferra muy ciegamente. Pero no hay progreso sin


racionalidad, y sin desprenderse previamente de errores y malentendidos,
apasionamientos y prejuicios.

¿Por qué las mayorías están tan desinformadas?

Porque el estatismo es mentiroso y engaña. Y además es esclavizante.


Las regulaciones generan rigideces e ineficiencias, que se arrastran y
generalizan; y además, los impuestos nos obligan a trabajar para el
Estado buena parte del tiempo. Por ello se nos exigen jornadas
extenuantes. Para medianamente subsistir, hay que trabajar 10 o 12
horas diarias, y para progresar, 13 o 14, incluyendo fines de semana y
feriados. Poco tiempo queda así para informarse, y menos aún para
documentarse e investigar.

Se añade la atosigante propaganda estatista procedente de múltiples


fuentes: comentarios (en la prensa, escrita y electrónica) de líderes de
gremios y partidos, Gobierno y oposición; enseñanza de universidades,
colegios e institutos; anuncios de la industria publicitaria; mensajes
provenientes de iglesias y congregaciones religiosas, Fundaciones y ONGs,
etc., etc. Dentro del estrecho perímetro conceptual del estatismo no está
la salida; para encontrarla, es preciso trascender esos límites. Y eso es
más difícil mientras más se contamina la mente con el estatismo que
reina en el ambiente. Más que aprender liberalismo, es necesario
desaprender estatismo.

Mucha gente desconfía de la política. ¿Es eso un obstáculo? ¿Se justifica


esa desconfianza?

Toda persona al menos medianamente honesta e informada (no


necesariamente “titulada”), por lo general se aparta de la política, alegando
que es una actividad sucia. Eso es verdad bajo el estatismo, por las
corrupciones y abusos de poder, los intercambios de favores, etc.; mas
no debe serlo con un Gobierno limitado, y una oposición dirigida a
fiscalizarlo y controlarlo, en lugar de fiscalizar y controlar la vida de los
ciudadanos particulares mediante intrusivas y sofocantes regulaciones,
para extraerles altísimos impuestos. Por otro lado, un Gobierno limitado
no tiene el poder de conceder favores a los privilegiados.

Hoy en día mucha gente se desentiende de la política: no se informa ni se


involucra. Pero este retiro tiene graves consecuencias. Porque si las
personas decentes, inteligentes e informadas se mantienen apartadas
de la política, dejan el terreno franco para los pillos, mediocres e
161

ignorantes, que siguen medrando con el estatismo, y por ello ese sistema
persiste. Por esta razón, bajo el estatismo la política atrae a la peor
gente.

¿Cómo será un partido liberal?

Como todo partido, será de cuadros y pueblo a la vez. Aunque no como


cualquier otro, porque no sacrificará sus principios en aras de ventajas o
de una popularidad efímera, basada en promesas irrealistas. Su centro
de gravedad será la doctrina y no los personalismos, y su Escuela de
Capacitación -centro de formación de cuadros- ha de ser su órgano principal
y orientador.

El ingreso a las filas partidarias será plenamente libre, mas no así la


carrera promocional para sus miembros. Habrá cuidadosos filtros para
los ascensos y postulaciones para cargos internos y públicos, basados en
la familiaridad con el pensamiento y propuestas liberales, y en las
cualificaciones personales y profesionales.

¿La gente vota por ideas en una campaña electoral?

Aunque muchas personas votan por la esperanza de conseguir favores,


sin duda muchas otras votan por ideas, solo que no siempre las tiene en
el foco de su atención, y por lo general son ideas estatistas, aludidas en
las promesas populistas de la mayoría de los candidatos. Los discursos
populistas apelan a ideas enterradas muy en el fondo de los cerebros.
Por ej., que la actividad política es para conseguir favores: esa es una
idea.

La mente humana contiene un inmenso reservorio de conceptos, juicios


e impresiones, almacenados en lo profundo de la facultad cognitiva. No
siempre somos plenamente conscientes de todos ellos, porque rara vez
los traemos a la pantalla de la conciencia, para examinarlos con detalle.
Sin embargo, gobiernan toda nuestra conducta, incluso política y electoral.

Una campaña política liberal se dirige a hacer pensar a la gente, a que


vaya al almacén de ideas en su mente, busque e identifique las estatistas,
para traerlas al foco de su atención, a fin de que las examine críticamente
y pueda juzgarlas, para proceder eventualmente a su reemplazo. No es
fácil, pero tampoco es imposible, ni tan difícil como muchos creen. Si lo
consideramos imposible, no hacemos más que darles la razón a nuestros
adversarios más benevolentes, que en todo caso dicen del liberalismo
.... “es una buena idea en teoría, como todas, pero no es aplicable.”
162

La Salida: Derogar Las Leyes Malas

¿Qué tipo de marco legal requiere una economía liberal?

Leyes generales, justas e iguales para todos. Lo cual sólo es posible si


son leyes limitadas, a garantizar los derechos básicos a la vida, libertad
y propiedad. Ejemplo de este tipo de leyes son -en el Perú y América
latina-, los antiguos Códigos Civil, Comercial y Penal. Este tipo de marco
legal, mínimo, esquemático y muy escueto, permite a personas y
empresas acordar libremente sus derechos y obligaciones, y formalizarlas
mediante contratos privados, ajustados individualmente, según la
naturaleza y modalidades de las relaciones que deseen establecer en
cada caso.

Bajo el estatismo, las leyes no son generales, y pretenden sustituir a los


contratos. Más que leyes, en realidad son reglamentos. Hay una para
casi cada oficio, profesión o actividad.
No son leyes justas, porque tienden a favorecer a determinados
intereses, por lo general a los más específicos, articulados y bien
organizados para presionar -muy cercanos al poder-, en detrimento
de los demás.
Como son casuísticas, abigarradas y engorrosas, suelen no ser claras.
Y no siendo justas ni claras, cada una de ellas provoca siempre las
reacciones contrarias de otros intereses, que por su menor eficacia
política no son tomados en cuenta, o se sienten perjudicados y
afectados.
Por causa de tales reacciones encontradas, estas “leyes” no pueden
ser estables.
Y no siendo estables, no pueden brindar seguridad juridica alguna.

Se dice siempre que en el Perú hay muchas leyes muy buenas pero no
se cumplen, ¿es cierto eso?

Ese es otro mito de los mercantilistas y las izquierdas, siempre buscando


culpables para endosarles la responsabilidad por su reiterado y crónico
fracaso. La inaplicación de las supuestas “leyes buenas” les sirve como
otra excusa. Pero los estatistas no responden dos preguntas muy
elementales, que todos deberíamos hacerles:
¿Qué tienen de “buenas”?
Si son tan buenas, ¿por qué razones no se aplican?
163

La verdad es que se consideran “buenas” por sus intenciones declaradas,


y no por sus efectos reales, catastróficos. Simplemente no toman en
cuenta la realidad. Por ej. las leyes laborales declaran su intención de
que los trabajadores y obreros sean todos muy bien pagados; pero como
la realidad es que no todas las empresas pueden pagar los beneficios
legales laborales, el efecto real de tales leyes es destruir empleos e
informalizarlos. Así las leyes inquilinarias -congelatorias de los
arrendamientos-, destruyen la industria de viviendas para alquilar; y las
leyes “proteccionistas” contra las importaciones tienen por efecto el hacer
muy caros los bienes y servicios al consumidor.

La realidad es que no se aplican por ser “de cumplimiento imposible” o


muy costoso. Por tanto les sobreviene el desuso o “desuetudo” (en latín),
y esto es un hecho afortunado, porque la economía puede desenvolverse
sin ellas -al margen y aún en contra-, como si no existieran. Como las
antiguas Leyes de Indias, “se acatan pero no se cumplen.” El problema
es que su incumplimiento se contagia a las pocas leyes buenas, en un
clima general de irrespeto por las normas, que afecta a todas las reglas
jurídicas, e incluso a las morales.

¿Cuáles son las “leyes malas”?

Los estatistas sancionan infinidad de leyes antiliberales, plagadas de


aparentes buenas intenciones declaradas, privilegios y ventajas para
algunos -no siempre los mismos que figuran en las declaraciones-, y
destructivos efectos para casi todos los demás, aunque poco visibles.
Todos los estatistas señalan un real o supuesto incumplimiento de esas
leyes por parte de la ciudadanía, como causa del persistente malestar
económico. Sin embargo, son leyes malas. Son injustas, antieconómicas,
irracionales. El estatismo encarna en esas leyes malas, que en su inmensa
mayoría son “especiales”: para sectores, categorías sociales o grupos
específicos con capacidad de presionar, como los gremios. Su cumplimiento
es muy costoso, a veces imposible. Para salir del estatismo e ingresar en
un sistema liberal de Gobierno, bastaría con derogar las leyes malas.

Pero es el Congreso y no el Ejecutivo quien tiene el poder para derogar


las leyes malas. De modo que para que haya riqueza en el Perú, bastaría
un Congreso con mayoría liberal. Todo el marco jurídico que una sociedad
libre requiere son las leyes generales: los Códigos Civil, Comercial y
Penal, acompañado de sus digestos de procedimientos respectivos. Y
eso sí, un poder judicial independiente y honesto, accesible y expedito,
imparcial y capaz, competente para hacer cumplir esas leyes comunes,
iguales para todos.
164

¿Cuántas leyes malas hay en el Perú?

Hay varios centenares de leyes malas, distribuidas en cuatro categorías:

Las de la primera clase son las que confieren a los Gobiernos funciones
y atribuciones que no les corresponden, por no ser sus propias
naturales. Entre estas, las leyes de “educación” y “salud”, y otras que
interfieren en el funcionamiento de la economía: leyes de Bancos; de
crédito (a la vivienda, agricultura, microempresas, etc.); ley bursátil
o de mercado de capitales; leyes cambiarias; de seguros; ambientales,
etc. Y las leyes antidroga, que magnifican el problema a la enésima
potencia. Y todas las leyes que establecen jurisdicciones especiales,
en lugar de los tribunales ordinarios.

¿Hay más leyes malas?

Las de la siguiente clase (segunda) permiten a los Gobiernos detraer


recursos excesivos de la sociedad, alegando necesitarlos para cumplir
todas las funciones atribuidas, tanto propias como impropias, y
“redistribuir la riqueza”. Son leyes confiscatorias, atributivas de
recursos estatales impropios, y lesivas de la propiedad privada y la
riqueza. Son empobrecedoras. Por ej. las leyes de crédito y
endeudamiento público; del Banco Central y curso legal de la moneda;
encaje legal y seguro de depósitos, etc. Y todos los “impuestos malos”:
punitivos o confiscatorios; fraudulentos (loterías estatales); y
discriminatorios.

En tercer lugar vienen las que ponen a los mercados en condiciones


de extrema represión, so pretexto de “corregir sus fallos”. Son las
leyes represivas de los mercados o anti-mercado. Como por ej. las
de profesiones y oficios; reglamento requisitorios de permisos y
licencias; controles de precios; de alquileres; leyes de “defensa” del
consumidor, “antimonopolio” o “pro competencia”; “antidumping”;
aranceles “proteccionistas”, etc. Y todas las leyes “del trabajo”, que
crean desempleo: salariales, obreras y gremiales; de contratación
colectiva; “protectoras” de niños y adolescentes (que les impiden
trabajar, y los arrojan a la mendicidad, prostitución, crimen, etc.)

Por último, están las que mezclan las instituciones privadas con el
Estado, confundiendo lo público con lo privado, siendo fuente de
distorsiones, empobrecimiento y corruptelas. Son las leyes violatorias
al principio de separación de las esferas pública y privadas. Entre
165

ellas, las leyes de empresas estatales; de “promoción” a ciertos


sectores; subsidios a otros; “Sistemas” estatales de seguridad social,
etc.

¿Por dónde comienza el camino de salida?

Hay demasiadas leyes malas; y para generar un auge económico sin


precedentes en el Perú, bastaría con derogarlas. Marcaríamos rumbo y
ejemplo en América latina y el mundo. Para lograrlo, sólo se precisa de
una condición: un Congreso con mayoría liberal, suficientemente conciente
de las leyes malas y sus destructivos efectos. Y si para ello es necesario,
se precisaría además una Asamblea Constituyente con mayoría liberal,
dispuesta a dictar una nueva y breve Constitución liberal para el Perú,
que abra paso a la derogación de las leyes malas, y a la restauración de
las buenas.

El problema con la mayoría de los liberales es que hasta ahora no han


sabido concretar sus planteamientos en una fórmula política simple y a la
vez verdadera y realista, atractiva, y fácil de entender, asimilar, difundir
y compartir. Ahora la hay: derogar las leyes malas. Hayek escribió que
“los liberales deben ser agitadores”. Esta fórmula anti leyes malas se
inspira en la labor de los mejores propagandistas liberales de todos los
tiempos: el francés Frederic Bastiat, y los ingleses Cobden y Bright,
fundadores y líderes de la Liga Contra las Leyes de Granos (Anti Corn
Law League), todos del siglo XIX.

En la última parte de este libro: lista de las leyes malas, por actividades
económicas.

¿Qué pasará con las inversiones y empresas privadas si las leyes malas
NO se derogan?

Seguir declinando y languideciendo. La economía peruana es como un


carro que lleva el freno pisado a la vez que el acelerador. Las inversiones
y empresas privadas son el acelerador; y las leyes malas son el freno.
Con la presión sobre ambos pedales, el carro no puede avanzar.

Mucha gente clama por la “promoción” estatal de las inversiones y


empresas privadas, sin darse cuenta de la falsedad de la tesis del Estado
“promotor”. La única forma de promover inversiones y empresas es
derogar las leyes malas, y todo esfuerzo no dirigido a este fin es un
esfuerzo mal dirigido, desorientado y desencaminado. Más que
“promover”, lo que se requiere es remover los obstáculos.
166

¿Por qué resurgen la violencia y el terrorismo?

Porque nadie ve la salida; y porque algunas personas creen que la salida


es la violencia. Un elemento muy perturbador es la falsa teoría del
hegeliano Fukuyama sobre un supuesto fin de las ideologías, repetida
por mucha gente, incluso por seudo liberales y liberales despistados.
Esta teoría ha justificado la claudicación de los partidos en sus empeños
ideológicos y formativos. Muchos jóvenes doctrinariamente huérfanos
corren peligro de caer otra vez en las garras del terrorismo y la
subversión.

¿Por cuál candidato a Presidente votarán los liberales?

Si hay un candidato verdaderamente liberal, por el mismo. Pero si no


lo hay, un verdadero liberal votará en blanco o nulo, nunca por “el
menos malo” para evitar que gane “el más malo.” Con esa tesis del
mal supuestamente menor, muchos malos candidatos se han
entronizado como Presidentes.

De todos modos, cualquiera sea el Presidente, no tiene el poder de


derogar las leyes malas. Lo tiene el Congreso. Si la mayoría del
Parlamento NO es liberal, ¿qué importa si lo es el Presidente? Y si la
mayoría del Parlamento es liberal, ¿qué importa lo que sea el
Presidente?

Por ello, los liberales votaremos candidatos liberales al Congreso.

Zonas Económicas Especiales cap 8

¿Gradualismo o shock?

De hecho gradualismo es lo que tenemos, en Perú, y por lo general en


los demás países de América latina y el resto del mundo. No funciona.
Este gradualismo se impone de hecho, como resultado de la fuerte
resistencia que los privilegiados del estatismo le oponen a las reformas
de mercado. El “neo” liberalismo -una mala imitación del liberalismo-
puede entenderse como representativo del gradualismo, una fórmula de
compromiso, producto de una transacción más o menos negociada.
Resultan en todo caso híbridos muy dispares: muy poco libre mercado, y
demasiado estatismo todavía, en cohabitación irregular y despareja,
167

incoherente, falta incluso del más elemental equilibrio y coordinación. Así


los privados soportamos la competencia desleal del Estado en casi todas
las actividades, económicas y no económicas: banca, petróleo, transporte,
seguridad social, educación, medicina. La experiencia no satisface, pero
como a esa fórmula mixta le han colgado la etiqueta de liberalismo, este
se lleva el descrédito.

Proponemos el shock, pero el shock de oferta ya descrito y explicado,


incluyendo deflación: precios a la baja. No es el tipo de shock “neo”
liberal de los ’90. Eso sí: buscaremos que la gente pueda contrastar
experiencias y comparar resultados, decretando “regiones libres” en
aquellas regiones con parlamentarios liberales que puedan promoverlas
en el Congreso.

¿Cómo serán esas “regiones libres”

Cada una tendrá su Ley, del siguiente tenor:

Art. 1. Regiones de Desarrollo Especial.


La Región ... se constituye en Región de Desarrollo Especial (RDE), bajo
el sistema de derechos individuales, iniciativa privada y libre mercado.

Art. 2. Igualdad de Derechos individuales.


Todos los habitantes de la RDE se reconocen iguales ante la Ley, y dotados
por el Creador de derechos inalienables a la vida, libertad y propiedad.
No se reconoce otra igualdad, y tampoco otros derechos humanos en
contradicción con los tres enumerados; siendo los derechos de cada
persona los límites a los iguales derechos de las demás.

Art. 3. Libertades.
Bajo el principio establecido en la parte final del artículo anterior, en la
RDE se reconoce y admite la entera y efectiva vigencia de las libertades
humanas; entre ellas:

1) De trabajar, hacer negocios y empresas, desarrollarlas; de conservar


íntegros los frutos de la propia actividad productiva e ingenio, y de
disponer de ellos a voluntad.
2) De expresar libremente el pensamiento y las opiniones, y de culto.
3) De enseñar y aprender, y de practicar artes y oficios.
4) De transitar y establecerse, y de asociarse.
5) De defender las personas y propiedades contra las agresiones.
168

Art. 4. Principios.
En la RDE son supremos los siguientes principios:

1) Gobiernos limitados al ejercicio de sus funciones propias: represivas


de los verdaderos crímenes -violencia y fraude contra personas o
propiedades-; judiciales; y contratación de obras genuinamente
públicas. La Justicia es restitutiva o compensatoria de los daños y
perjuicios en lugar de puramente vindicativa; por eso se centra en la
víctima y no en el victimario.
2) Mercados libres de violencia y fraude. Plena libertad de contratación.
3) Instituciones sociales autónomas e independientes del poder y la
política. Empresas, escuelas, centros médicos, culturales, deportivos,
científicos, recreativos, religiosos, filantrópicos o de otro fin, son de
naturaleza exclusivamente privada, y rigurosamente separadas del
Estado y poderes gubernativos.

Art. 5. Leyes buenas.


La RDE se rige por los Códigos Civil, de Comercio, Penal, y respectivas
leyes procesales, en lo que estos ordenamientos sean compatibles con
los derechos, libertades y principios establecidos en los anteriores artículos;
y en lo que no sean compatibles con ellos, toda norma o disposición es
inaplicable en la RDE.

Art. 6. Personas, actividades y bienes.


También son fundamentales en la RDE los siguientes principios:

1) Personas y actividades son libres. Es inaplicable en la RDE cualquiera


ley especial, norma o disposición contraria a lo dispuesto en los artículos
anteriores o al espíritu liberal de la presente Ley, en todo o en algunas
de sus partes según sea la contradicción.
2) Los bienes localizados en la RDE, o en tránsito hacia o desde la misma
-cualquiera sea su procedencia o destino-, también son libres de todo
gravamen, imposición o carga establecida en oposición a esta Ley.

Art. 7. Gobierno y Tesoro Fiscal.


La RDE renuncia y declina todo tipo de ayuda, subvención o participación
en y del Tesoro público nacional. A cambio de esta renuncia les son
reconocidos los siguientes derechos:

1) A sufragar impuestos al Fisco nacional sólo en los montos necesarios


para sostener financieramente las funciones propias que el Estado
nacional cumpla efectivamente en la RDE, en los términos del art. 4
numeral 1.
169

2) Al ejercicio supletorio de las tales funciones por la autoridad regional.


3) A dar en concesión a particulares bienes y propiedades nacionales
ubicados en la RDE, incluyendo tierras, vías y caminos, y escuelas y
hospitales con sus instalaciones y equipos.

Art. 8. Plazo de vigencia.


La presente Ley tiene una vigencia de 7 años, pudiendo prorrogarse o no
cada septenio, por otro plazo igual, a voluntad expresa de los habitantes,
según y conforme estos observen los resultados esperados con su
aplicación.

Art. 9. Convenio.
Disposiciones complementarias a la presente Ley serán objeto de un
arreglo o acuerdo con las autoridades nacionales, y establecidas en un
Acta-Convenio para la RDE.

cap 9 Valores, Argumentos y Estrategias


Liberales
¿Cuáles son los medios más idóneos para resolver conflictos?

En nuestra escala de valores, primero está la razón, el medio idóneo


para resolver pacíficamente las naturales diferencias de opinión entre las
personas, así como el mercado lo es en las diferencias de intereses, más
allá de las opiniones. La razón trabaja con argumentos, conclusiones y
evidencias, y con verdades; y el mercado -que le sigue en orden de
perfección-, con precios, preferencias y asignaciones de recursos a
empleos productivos. A las diferencias de opiniones corresponde ventilarse
en Universidades, iglesias, prensa, ciencia y arte, etc.; y a las de intereses
-por ej. precios, sueldos y salarios, etc.-, en los diversos mercados de
bienes y factores, mediante negociaciones individuales, caso por caso.
Pero hoy ocurre que estas instancias naturales se hallan obstruidas por
el estatismo, y por eso no pueden funcionar normalmente.

Es cierto que la sociedad puede emplear además dos medios políticos


para resolver conflictos, que son menos perfectos: la ley y la democracia.
Implican cierta medida de coacción, y por ello su uso debe ser excepcional.
Cuando las discrepancias de opiniones y/o intereses recaen sobre
derechos, cabe aplicar la Ley, mediante tribunales, sentencias y
organismos represivos. Si esto no es posible, queda el recurso a la
democracia -levantar brazos y contar votos-, remedio que debería ser
más excepcional aún, porque es el más imperfecto de todos.
170

Sin embargo, lo que debe ser excepcional es hoy la regla: todo conflicto
se halla judicializado y/o partidizado. Toda diferencia de opinión o de
intereses pretende resolverse por los medios políticos, que por eso se
hallan sobrecargados de conflictos, no dan abasto. Y una vez agotados,
sólo queda el uso de la fuerza. Por eso el liberalismo propone el uso
preferente de la razón y los mercados, y el uso sólo excepcional de los
medios políticos. De allí que la propiedad privada y la empresarialidad
sean valores cardinales del liberalismo.

¿Diversidad, tolerancia y solidaridad son valores liberales?

Son además valores liberales: el amor a la verdad, el buen orden y la


justicia, la libertad y la paz, servicio libre y cooperación voluntaria en el
marco de la empresarialidad, y la no iniciación de la violencia.
En cuanto a la diversidad, es un valor muy relativo, ya que la
coexistencia de valores y antivalores por ej. -verdades y mentiras,
justicias e injusticias-, no es en sí misma un valor.
Por eso la tolerancia tiene límites: no se puede ser tolerante por ej.
con la injusticia.
Y por fin, la solidaridad es meritoria y valiosa cuando es voluntaria,
no cuando se impone, a los sectores políticamente menos fuertes y
conectados, en beneficio exclusivo de los más poderosos y mejor
relacionados.

Individualismo, colectivismo, laissez faire

¿El liberalismo es individualista?

Toda concepción política incluye y refleja valores, y muy directa e


inmediatamente, sean verdaderos o falsos:
El liberalismo afirma la irrenunciable dignidad y valor de la persona
humana individual, anterior y superior al Estado. Es individualista: no
admite sacrificio alguno del individuo al colectivo, ni a los grupos y
burocracias que supuestamente lo representan. Pero al individualismo
se le identifica sin más con el egoísmo, y así se nos confunde.
En cambio el estatismo es colectivista. Afirma la primacía del colectivo
sobre el individuo, y concibe al Estado como encarnación de uno u
otro sujeto gregario: nación o raza (nacionalismo o racismo), clase
obrera o su vanguardia (socialismo o comunismo), pueblo o su mayoría
(populismo o democracia radical.)

Así como iguales causas producen los mismos efectos, determinados


valores producen ciertos resultados. Con el estatismo, los individuos
171

terminamos sacrificados ante los políticos, funcionarios y grupos


privilegiados que hacen del Estado un instrumento a su servicio,
pretextando servir al colectivo. Por eso en el estatismo la política es
envilecedora, y embrutecedora. Nos lleva a la dominación y al servilismo.
Sometes o eres sometido. No piensas.

En cambio bajo un sistema liberal, toda cooperación es voluntaria, sea


económica o política. La persona individual no delega su responsabilidad,
debe hacer elecciones entre alternativas; y por eso debe pensarlas, y
muy bien. Como creador de valor -empresario u otra clase de productor-
, el individuo está obligado a ejercitar su facultad cognitiva y racional. En
estas condiciones la actividad política puede ser una vocación digna, incluso
noble, y hasta intelectualmente estimulante, para el servicio (y no para
el sacrificio). Es urgente tarea de un político liberal el predicar esta verdad,
con la palabra y el ejemplo.

¿Los liberales defienden el “Estado-gendarme”?

1) El Estado se justifica primeramente por su función represiva de la


violencia y el fraude, la de mayor importancia, destinada a brindar
seguridad externa e interna a las personas.
2) Le sigue la función judicial, para enjuiciar a los criminales, y para
ayudar a la gente a resolver sus disputas y pleitos por medios pacíficos,
cuando no son capaces de conciliarlos o arbitrarlos privadamente.
3) Y última es la función de contratar la construcción y mantenimiento de
vías, carreteras, y otras obras públicas con fines principalmente de
comunicación.

Este es el concepto liberal del Estado, que sus críticos llaman “gendarme”,
y que podría llamarse también Estado-policía y soldado, Estado-juez, y
contratante de obras públicas por cuenta de los contribuyentes. Se opone
al concepto estatista, que puede denominarse también Estado-niñera,
Estado-empresario, Estado-maestro, médico, sacerdote, papá, etc. En
suma: Estado-todo, totalitario.

¿Y los liberales también defienden el principio “laissez-faire” (dejar hacer)?

Por supuesto, es una vieja expresión para la conducta recomendable al


Estado: “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui méme”: dejar
hacer, dejar pasar, el mundo marcha por sí mismo. Refleja optimismo en
los mercados y las leyes naturales, y pesimismo en los Gobiernos y sus
leyes intrusivas.
172

El Estado es la instancia social encaminada a proteger los derechos


humanos a la vida, libertad y propiedad, mediante el monopolio legal de
la violencia. Y su desbordamiento le lleva a incumplir sus tres funciones
propias, y a impedir que otras instancias sociales, privadas, multipliquen
los bienes y servicios económicos, educación, ciencia y cultura, medicina,
etc.

Adjetivos calificativos

¿Es “simplista” el liberalismo?

No; pero las cosas no son tan complejas como los estatistas sostienen.
Mucha gente corriente no busca siquiera información sobre economía y
política, asumiendo que es algo tan complejo que ni siquiera los profesores
de esas materias le pueden encontrar solución. Piensan además que si la
salida fuera fácil ya la hubiesen encontrado. No imaginan que muchos de
quienes dicen buscar la solución son en realidad el problema.

“Simplista” es una posición que reduce una realidad compleja de modo


arbitrario e injusto. Pero si no hay arbitrariedad e injusticia en los
enunciados, una apreciación simple es justa y apropiada, si es certera.
Un deber de honestidad intelectual exige simplificar las descripciones y
explicaciones tanto como sea posible, sin deformar o traicionar la realidad.

Sin duda los problemas de la sociedad son muy complejos; sin embargo
es posible descomponer por partes (analizar) sus elementos componentes,
para examinarlos, y encontrar las causas de los males, dificultades y
tribulaciones. Es lo propio de los seres racionales. Y la evidencia empírica,
seguida de análisis racional, muestran que causa y raíz de los males
sociales es el estatismo, expresado en las leyes malas; y por consiguiente
la solución está en derogarlas. La salida es más simple de lo que muchos
aducen -como pretexto para seguir con el estatismo-; y eso no es
“simplismo”.

Al liberalismo se le califica de dogmático y sectario, radical, extremista,


absolutista y fundamentalista...

No le va la calificación de dogmatismo, por cierto, todo lo contrario. El


liberalismo es una filosofía política demostrable y demostrada mediante
la evidencia empírica y el análisis racional. A los estatistas en cambio les
es imposible probar la verdad y justicia de su causa, y por ello su
adoctrinamiento es vacuo y repetitivo, y deben recurrir a la compra de
173

conciencias -con dinero de los impuestos-, a la fuerza del voto o a la


violencia desnuda. Incluso en Universidades y colegios, supuestos hogares
de la persuasión y el debate, las visiones estatistas se imponen
autoritariamente por profesores y maestros.

Tampoco la de sectario, ya que partes de la verdad pueden encontrarse


en otras doctrinas; pero como excepción y no como regla, y por ello el
liberalismo no es una posición ecléctica (que combina un poquito de cada
cosa...).

Los otros calificativos -radical, extremista, absolutista y fundamentalista-


requieren ulterior examen más detenido:
“Radical” es un enfoque que llega a la raíz de los problemas -como el
liberal-, o al menos eso intenta. Es remontarse a las causas. No tiene
nada de malo. Lo contrario es andar por las ramas, ¿le llamaría Ud.
“ramicalismo”?
El extremismo es malo sólo si es verdad que “todos los extremos son
malos”, afirmación que dista mucho de ser cierta. Porque muerte y
vida son dos extremos, al igual que enfermedad y salud, y lo mismo
que cordura e insanía. Y Ud. prefiere estar vivo, sano y cuerdo, por lo
cual se le tendría por extremista. Si “todos los extremos son malos”,
¿debería Ud. estar sólo semivivo, medio enfermo, y cuerdo por la
mitad ... o sacar notas nada más que mediocres en los exámenes?
Lo cierto es que hay verdades objetivas. Algunas de ellas son sólo
relativas o condicionales, porque su validez depende de condiciones
de tiempo, lugar o circunstancia. Pero otras son incondicionales; por
ej.: el libre mercado es un sistema económico demostradamente
superior al estatismo. Esta verdad no depende de condición alguna.
No siendo relativas, estas verdades son llamadas absolutas. Nada
tiene de malo defender verdades objetivas ni incondicionales -
absolutas-, pese a que el relativismo filosófico sostiene lo contrario.
El relativismo es muy popular; pero es falso, se autocontradice: la
afirmación “todo es relativo” es ella misma absoluta, y por tanto se
niega a sí misma. Es importante que los liberales seamos consistentes;
y desde el relativismo filosófico no puede defenderse consistentemente
el liberalismo.
Se acusa de “fundamentalista” a quien sostiene que ciertas verdades
son fundamentales, porque sirven de base o fundamento a otras, que
se apoyan en ellas. Sin embargo, las hay.
174

Argumentos liberales

Si los liberales tenemos razón, ¿por qué siempre somos minoría?

Porque en la confusión reinante, las ideas liberales son tergiversadas, y


mal entendidas, y peor defendidas, con argumentos pobres y defectuosos.
Ejemplo: un monopolio no es una empresa grande por el sólo hecho de
serla, ni aún existiendo sola en un mercado. Ello puede deberse al éxito
comercial y no necesariamente al monopolio, que es un privilegio
concedido por el Estado. Si los Gobiernos no quieren monopolios, les
basta con no concederlos.

Otro ejemplo: aborrecemos las pérdidas de las empresas estatales, pero


no son argumento para abogar por su privatización. Deben privatizarse
porque no es función del Estado hacer negocios -malos o buenos- y no
por sus pérdidas. Por eso mismo es que deben ser rematadas al mejor
postor, sin “precios-base”.

Los liberales debemos mejorar los argumentos y precisar conceptos y


lenguaje. Por ej.: hablemos de empresas estatales, no “públicas”. Lo
mismo cuando hablemos de Presupuesto estatal o Fiscal, no “público”.
Porque los dineros y ganancias estatales no siempre son “públicas” en
sus destinos o usos.

Defensa integral del liberalismo

¿El liberalismo es un sistema integral de pensamiento?

Por supuesto; por ello requiere una defensa integral. La única manera de
defender eficazmente el liberalismo es hacerlo de modo consistente,
coherente y cabal (completo) es decir en todos sus postulados y premisas,
como en todas sus conclusiones intermedias, y conclusiones finales o
aplicaciones

La defensa del liberalismo se hace ineficaz cuando se dejan colar premisas


o postulados estatistas. Deben reconocerse, identificarse y rebatirse o
refutarse apropiadamente. De otro modo los liberales perdemos.

¿Por qué la gente insiste con el estatismo?

Por dos razones, desgraciadamente combinadas: la ignorancia de los


muchos perjudicados, y los intereses creados de los pocos beneficiados,
175

coinciden en el mantenimiento y persistencia del estatismo. Atribuye al


Estado el estatismo una interminable lista de funciones productivas,
dirigistas y/o controladoras, en una igualmente larga lista de sectores o
actividades humanas, en la creencia que son indispensables, porque de
otro modo algo fallaría en los mercados y la sociedad, y reinarían la
pobreza y el caos (como si la pobreza y otros desórdenes no abundasen
hoy ...) Así de esta manera, todos los sectores y actividades se hallan
hoy fuertemente intervenidos por los Gobiernos, que van desde economía,
dinero y finanzas, hasta bellas artes, ciencia y tecnología, pasando por
“salud y educación” -en realidad: control y adoctrinamiento-, seguros
previsionales, ecología, deporte, recreación, y hasta aspectos familiares
e íntimos de la vida de las personas, como la educación sexual.

¿Cumplen los Gobiernos ...? La realidad es que el Estado no cumple estas


funciones impropias declaradas, o lo hace de un modo muy costoso,
insuficiente o perverso, estorbando su buen cumplimiento por los sectores
privados de la sociedad; y además descuida las funciones que sí le son
propias y connaturales. No obstante, el estatismo beneficia a algunos
pocos sectores con exclusivas prebendas y privilegios, en detrimento de
las enormes mayorías. Por esa razón, ciertos poderosos e influyentes
gremios, empresas privilegiadas, funcionarios y empleados, contratistas
y subcontratistas, etc., tienen muy fuertes intereses en el mantenimiento
del estatismo. Y en la difusión y persistencia de los mitos que lo apuntalan.

El Estado debe ser neutral ante las actividades económicas, porque si


“promueve” a unos sectores sólo es en detrimento de otros. Así fue con
la sustitución ineficiente de importaciones en la era del cepalismo, y con
la promoción ineficiente de exportaciones en la era “neo” liberal.

¿Qué alegan los estatistas? ¿Cómo podemos rebatirles?

El estatismo aduce muchos pretextos para invadir los negocios y asuntos


privados de todo orden: económico, educativo, familiar, etc. Por ej. la
“gran importancia” de tal o cual sector, que califican de “crítico” o
“estratégico”. Sin embargo, el Estado no está para ocuparse de lo más
importante -¿qué más importante que el amor?-, sino apenas de sus tres
funciones naturales y propias.

¿Cómo se crea la riqueza para todos? En libertad, los mercados no sólo


sirven para crear riqueza, sino además para distribuirla: los empresarios
deben pagar a todos los factores de la producción a quienes contratan,
incluso antes de vender su producción. Cada empresario cobra al final
176

del proceso, el remanente de los ingresos por sobre los costos y gastos,
si es que lo hay. Por eso, para reducir considerablemente la pobreza
basta con remover el estatismo, la gran valla e impedimento a la creación
de riqueza. Pero el estatismo crea pobres, y luego les hace excusa para
perpetuarse. Los pobres constituyen simplemente otro pretexto para
mantener vivo al estatismo. En su mayoría, los pobres lo son por culpa
de los altos impuestos, las inflexibles regulaciones, la extensa y
subutilizada propiedad estatal, y otros costos asociados a la ridícula
pretensión de que el Estado haga aquello que por naturaleza no puede
hacer.

A los peruanos se nos hace creer que el estatismo es el remedio para la


pobreza, que algunos juzgan de necesidad permanente, otros transitoria.
Pero sólo puede pensar así quien cree que la causa de la pobreza es el
libre mercado, cuando en realidad es su único remedio. Siendo la pobreza
una consecuencia del estatismo, mal puede resultar éste su remedio, ni
siquiera transitorio. La pobreza es la ausencia de riqueza, y condición
humana natural. Para remediarla, deben removerse los obstáculos que
reprimen la creación de riqueza.

Los servicios médicos, docentes y previsionales prestados o controlados


por el Estado no han producido resultados satisfactorios. Sirven a fines
totalitarios de adoctrinamiento y supervisión de la población por los
Gobiernos. Los centros médicos, educativos y cajas previsionales hoy en
manos del Estado deberían cederse en propiedad a los médicos y
enfermeras, maestros y profesores, empleados y trabajadores, etc., en
pago por obligaciones pendientes. El personal formaría compañías o
sociedades, para administrar por su cuenta las instituciones, en
competencia abierta, lo cual incrementaría enormemente la calidad de
servicios, planes y prestaciones. Los usuarios pobres podrían ser
financiados por el Estado mediante bonos reembolsables.

¿La “subsidiariedad” del Estado es una doctrina liberal?

Otro pretexto del estatismo es que “el mercado no puede o no tiene


interés en desarrollar tal o cual actividad o proyecto”. En otras palabras,
los estatistas alegan el principio de subsidiariedad, que muchos supuestos
liberales creen un muro de contención frente al estatismo, siendo lo
contrario: una puerta abierta a toda clase de intervenciones e
interferencias estatales. Es cierto que la empresa privada no asume una
enorme cantidad de proyectos que no son rentables, pero eso es porque
la sociedad tiene otras prioridades, a las cuales ha decidido asignar
177

preferiblemente los recursos productivos existentes, y sería muy costoso


removerlos de sus presentes empleos y asignaciones.

Lo único que la sociedad mediante los mercados no puede hacer por sí


misma es reprimir eficazmente el fraude y la violencia. Esto se evidencia
hoy en Rusia y otros países ex comunistas, plagados de bandas mafiosas,
porque han pasado del socialismo al salvajismo, no al liberalismo.

A comienzos del siglo XX, el Primer Ministro holandés Abraham Kuyper


desarrolló la doctrina de la “separación de las esferas” pública y privadas:
productiva, educacional, cultural, etc. Esta separación se exigida por un
criterio elemental de buen orden en la sociedad, y de justicia: no aplicación
innecesaria de la fuerza. Es una doctrina más clara y tajante que la de la
subsidiariedad, y vala más firme para contener al estatismo.

¿Es el Estado padre de todos nosotros los particulares?

Con frecuencia los estatistas ponen la analogía del “padre de familia”


para justificar las intromisiones estatales. En ese mismo punto la discusión
debe interrumpirse, y formularse específicamente la proposición “El Estado
NO es padre de todos nosotros los particulares.” Para que entiendan.

En general los estatistas abusan de las analogías. Las analogías constituyen


una forma muy imperfecta de razonamiento, sólo válida por defecto de
las formas deductiva o inductiva, cuando no es posible emplear alguna
de estas dos, más apropiadas. La interpretación extensiva y caprichosa
es un caso de uso abusivo de las analogías, en el cual los estatistas
incurren todo el tiempo.

La abrumadora hegemonía del estatismo ha sido posible porque


demasiadas personas han abdicado de su capacidad de pensar de modo
realista, por no decir “de pensar” simplemente. Es irrealista e irrazonable
suponer que los Gobiernos pueden hacerlo todo y hacerlo bien: educar,
prestar atención médica, emitir dinero, producir bienes y servicios,
“fomentar valores”, etc. Todas las realidades humanas tienen funciones
naturales propias, más allá de las cuales no deberían pasar; y este
principio aplica a los Gobiernos. Hasta hace décadas, esta era una idea
ampliamente compartida, casi de sentido común. Ahora no.
178

PARTE IV: ESPECIAL DE LA SEGUNDA


EDICION

Etnocacerismo (Tres partes) i.

Etnocacerismo: Prueba y Aviso (Parte I)

Si nos permiten, quisiéramos llamar la atención de nuestros muy queridos


amigos peruanos sobre ciertos casos históricos:

Caso 1. En el año 1905 -o sea 100 años atrás- los marxistas rusos
aprovecharon la crisis producida por la derrota de su país en la guerra
con Japón, e hicieron la primera revolución rusa. Fue violentamente
reprimida por el régimen zarista. Y prontamente olvidada por todos -hoy
nadie se acuerda- ... excepto por los revolucionarios. Lenin perdió en el
conato a su querido hermano mayor Alexei (Alejandro) Ulianov, pero
aprendió todas las lecciones, según él mismo cuenta. 12 años después
los comunistas lo hicieron de nuevo, en Febrero de 1917, esta vez aliados
a los socialdemócratas y liberales, de los cuales se deshicieron en Octubre
de ese año. Con éxito. Lo de 1905 había sido una prueba -para los
revolucionarios-, y un aviso -para sus adversarios-; pero los avisos no
siempre llegan a destino.

Caso 2. En 1923, el ex cabo Adolfo Hitler y su partido dieron un violento


golpe en Münich, capital de Baviera. Por el sitio escogido, fue burlonamente
apodado “el putsch (golpe) de la cervecería”. Hitler fue preso. Pero una
década después -en 1933-, ganó las elecciones. El pequeño hombrecito
del extraño bigote iba en serio. Muy en serio.

Caso 3. En 1953, el barbudo guerrillero Fidel Castro encabezó una


pequeña hueste de fieles y tomó por asalto un cuartel militar. Fracasó.
También fue preso, y objeto de chistes: sus adversarios no le tomaron
en serio. “Es un loco”, dijeron. Como el asalto al Cuartel Moncada fue el
26 de Julio, la fecha se celebra solemnemente en Cuba desde 1959, año
en que el Comandante tomó el poder, en medio ya no de burlas y escarnios,
sino de atronadores aplausos.
179

Caso 4. En 1992, militares, guardias y policías “bolivarianos” de Venezuela,


estrechamente unidos a las izquierdas civiles (aunque armadas) del país,
intentaron dos golpes de Estado -sucesivamente en Febrero y Noviembre-
; y ambos fueron reprimidos y frustrados. Por el primero de ellos, el Tte.
Cnel. Hugo Chávez tuvo su juicio, y se le puso en prisión. Empero, Chávez
fue en extremo subestimado por los círculos gobernantes, quienes le
creyeron un personaje folklórico, inofensivo. A poco de pagar dos años
se vio indultado por el siguiente Presidente (Caldera). Junto a su hermano
y mentor, Adán Chávez, salió de inmediato a hacer campaña para las
elecciones de 1998, y ganó.

Caso 5. El 1º. de Enero de 2005 en el Perú, el etnocacerismo acaba de


hacer su prueba en Andahuaylas; ha dado su aviso. Como en los casos
vistos, la prueba es para medir fuerzas, propias y enemigas, incluyendo
apoyo popular. Y el aviso es para potenciales aliados, e indiferentes;
aunque debería llegar también y principalmente a los responsables de
enfrentar el peligro, quienes deberían ser capaces de actuar
apropiadamente. Pero por lo que pude ver en el Perú durante el año
2003, lo dudo mucho. Porque en quienes deberían captar el mensaje,
interpretarlo como es, y enfrentarlo con éxito, encuentro que hay ciertos
elementos comunes con los casos históricos arriba señalados.

¿Qué tienen en común la Rusia zarista, la República alemana de Weimar,


la Cuba batistiana, y la Venezuela prechavista, con el Perú de hoy? ¡El
estatismo! Y estos otros tres elementos, vealos Ud. mismo(a):

1) Demasiadas ocupaciones

El estatismo mantiene sumamente ocupados a los políticos -oficialistas y


opositores- en infinidad de cosas y afanes inútiles y dañosos para la
gente. No obstante, se hallan tan entretenidos y ajetreados con su diario
acontecer, que son incapaces de observar hasta la misma política, cuando
lleva la P mayúscula.

En su momento, y para poder entender a cabalidad el comunismo, el


nazismo, el castrismo y el chavismo, los dirigentes respectivos de Rusia,
Alemania, Cuba y Venezuela, debieron haberse dado algún tiempo y
respiro. A fin de investigar un poquito las corrientes filosóficas en boga, y
las modas ideológicas, políticas, literarias y hasta religiosas del día; para
lo cual hubieran tenido que documentarse. No lo hicieron, porque un
Ministro o un congresista, ¡jamás tiene tiempo para eso! Ni interés. Se la
pasan todos el día entero con las narices metidas entre los puntos y las
comas del fárrago de incontables decretos y resoluciones, contratos y
180

subcontratos, acuerdos, convenios y tratados intergubernamentales de


todo nivel -supra y subnacional-; y las interminables series de maratónicas
reuniones y actos públicos. Y las agotadoras giras .. y las zancadillas al
contrario o al de enfrente, propias de la política con p minúscula. Y hoy
en día, un Ministro o diputado carece de tiempo, ganas y paz mental
suficientes para sentarse al Internet, y destinar todos los días un buen
rato a enterarse del tremendo tsunami político, la Neoizquierda, que
recorre todo el mundo. Y muy especialmente América latina, desde el
Mexico del PRD, el zapatismo y López Obrador, hasta la Argentina de
Kirchner y sus muchachos piqueteros. Pasando por el Perú de los Humala.

¿De donde sale la Neoizquierda? Los políticos estatistas no lo saben, pero


en el mundo pasan cosas. Como la Filosofía deconstruccionista
posmoderna, y el nuevo culto narcisista que llaman “New Age”, que son
las respectivas bases metafísica y religiosa de la “política correcta” (PC).
Y el sinfín de contenidos de la PC: democracia protagónica y desarrollo
endógeno -comenzando por la autosuficiencia agroalimentaria-; la
“inclusión” y participación de los “excluidos” -entre ellos los militares-; el
“deep environmentalism” y el feminismo radical; el reclamo por los
derechos de los niños y el voto infantil; la protesta anti-imperialista contra
el FMI y el comercio mundial, y el resto del programa contracultural,
anticivilizatorio y descristianizador. Entre las numerosas implicaciones y
consecuencias políticas de todos estos movimientos, también se cuenta
el proyecto de Gobierno Mundial único bajo el paraguas de Naciones
Unidas, en cuya agenda figuran prioritarias p. ej. las llamadas
reivindicaciones étnicas, bandera fundamental de la “multiculturalidad”
indigenista, que el etnocacerismo recoge de primera.

Pero un político normal -p. ej. socialcristiano o socialdemócrata- está


desactualizado, su mente fija en el “principio de subsidiariedad” y otros
tópicos del siglo pasado (o antepasado). El último libro que leyó completo
fue en la Universidad, si pasó por allí, y quién sabe qué discutible calidad
de literatura. El político convencional de hoy no conoce nada de la
Neoizquierda, el desafío del siglo XXI, ni su naturaleza; ni sus semejanzas,
diferencias y relaciones con la vieja izquierda, o su íntima conexión con
las corrientes mundiales más candentes. Tampoco su tremendo eco,
resonancia y poder de convocatoria, sobre todo entre la población
campesina, o descampesinada muy superficial y recientemente, para
arracimarse en los tugurizados sectores urbanos marginales.

Los políticos también están muy ocupados con ... ¡sus interminables pleitos!
Es importante factor explicativo de la caída del “antiguo régimen” en los
cuatro casos históricos mencionados. La ceguera es tal, que nunca falta
181

quien pretende “usar” la nueva amenaza para sacar ventaja a sus


competidores. Así pasó con monárquicos y republicanos rusos, derecha
e izquierda alemanas de entreguerras, batistianos y demócratas en la
isla de Cuba, adecos y copeyanos en Venezuela. Respectivamente cada
bando creyó que podía “utilizar” para sus propósitos al comunismo, al
pequeñín del bigote y su NSDAP, a los pintorescos guerrilleros barbudos,
y a los golpistas del ’92. En el Perú de hoy, no extrañaría que quienes
creen que “el enemigo es Fujimori” pretendan “utilizar” a Ollanta. O traerse
a alguno de los Fujimori (padre o hija) para enfrentar a los Humala. Lo
decimos porque en la Venezuela de fines de los ‘90, los políticos
desplazados en las encuestas por el ex Comandante Chávez y la ex Miss
Belleza Irene Sáez, pretendieron oponer al uno y a la otra. Y dos años
más tarde, le enfrentaron a Chávez con uno de sus viejos camaradas de
armas del 92, ambos indistinguibles como dos gotas de agua; sin embargo
los antichavistas nos decían a los venezolanos que su favorito era ¡“el
mal menor”!

Es que los políticos no se informan ni piensan, pero no por carecer de


cerebro -como creen algunos mal intencionados-, sino de tiempo; por
demasiado ocupados. Por eso dejan los problemas reales para último -y
las soluciones reales para nunca-; y cuando el agua les llega al cuello,
improvisan alguna “salida” desastrosa que nos termina de hundir y nos
ahoga a todos.

2) Incomprensión

En los cuatro casos primero citados, los grupos gobernantes enfrentaron


algo inédito, no visto hasta entonces, opuesto a lo corriente: nuevos
actores, completamente “outsiders”, con objetivos, programa, agenda y
formas de pensar desconocidas, que no les resultaron familiares, y por
tanto no pudieron reconocer y clasificar. Carentes de la información que
debería haberles servido para categorizar los nuevos movimientos, los
políticos fueron incapaces de pensar sino en los términos y categorías
convencionales y acostumbrados; y buscar defenderse y atacar con los
medios igualmente convencionales y acostumbrados. Pero frente a lo
enteramente nuevo y distinto, ello resultó insuficiente.

Les pasó en Rusia a los príncipes y políticos zaristas -constitucionales o


no-, a los “KDT” (republicanos demócratas como el patético Kerenski,
Presidente por 8 meses entre Febrero y Octubre), y a los socialistas y a
los liberales: simplemente no entendieron el comunismo. Tampoco los
políticos germanos pro o anti Hindemburg entendieron el nazismo. Y otro
tanto les pasó a los políticos cubanos con los hermanos Castro, y les
182

sigue pasando; y a los venezolanos con los hermanos Chávez. Por cierto,
Ollanta y Antauro también son dos hermanos; es que los paralelismos
abundan en la repetida política de Latinoamérica, pasando siempre la
misma película.

3) Incapacidad de respuesta (idónea)

Tercero y último, lo más importante: los políticos convencionales fueron


incapaces de oponer a la nueva amenaza un proyecto y una agenda
realistas, pero de similar poder de convocatoria, envergadura y atractivo.
Por eso los Chávez y los Castro -como los nazis y los comunistas rusos-
, sedujeron a sus pueblos con un Grandioso Proyecto, redentorista
mesiánico, y muy cautivador. Corrieron por la pista casi en solitario, sin
competencia idónea. Entonces fueron capaces de apelar y convocar,
argumentar y convencer. Tuve oportunidad en Perú de revisar con atención
la literatura etnocacerista, y es de la que tiene tremendo impacto popular.
No hay nada que se le empareje en ese mercado.

Al proyecto neosocialista de los Humala no se le gana con política corriente,


“business as usual”. Fíjese Ud. en las recientes elecciones uruguayas.
Los tradicionales políticos de los partidos blanco y colorado enfrentaron
al neoizquierdista Tabaré (Vázquez) con la política de siempre: las mismas
promesas populistas, las “respuestas” acostumbradas del estatismo.
Perdieron. ¿Por qué? Simple: no se puede ser más populista y estatista
que la Neoizquierda. Correr por esos manidos carriles es perder de
antemano. Quien quiera ganar, debe probar otra cosa.

Quiere decir que es hora de cautivar al público con la propuesta alternativa


al estatismo: los Gobiernos limitados a sus funciones propias -seguridad,
justicia y obras públicas-, los mercados libres, y las instituciones privadas
separadas del Estado. Para crear riqueza y bienestar para todos, con
abundancia y variedad de bienes y servicios económicos de buena calidad
y a precios accesibles, a la altura de los ingresos. Provistos por la empresa
privada libre y sin trabas, en competencia abierta por servir mejor y ser
cada cual más útil. Mediante inversiones y empleos particulares y bien
pagados para todos en una moneda sana y estable. Es decir: no con los
recetarios y programas acostumbrados y por las vías conocidas. Que
aunque se cambien sus nombres, y se añadan ahora los motivos, “relatos”,
temas y propuestas de la PC –cambios, enmiendas y agregados para
peor y no para mejor-, en el fondo y en lo básico es siempre lo mismo:
medicina y enseñanza estatales, previsión a cargo de los Gobiernos,
vivienda, ahorro y crédito como funciones públicas, y “empleo” ficticio en
nóminas presupuestarias oficiales. Eso ha fracasado repetidas veces, en
el Perú y en todas partes.
183

Riqueza para todos a través de los mercados libres debería ser el proyecto
grandioso y atractivo, pero razonable y realizable, que debería serle
opuesto al de los Humala.

Sé muy bien que en el Perú hay partidarios competentes, decididos y


animosos de tales políticas, y los conozco; pero desafortunadamente son
muy poquitos en número. “Una golondrina no hace verano”; y un puñadito
tampoco. De otro modo, distinta hubiese sido la historia de Rusia, de
Alemania, de Cuba y de Venezuela. Y del mundo.

De todas formas, muchas gracias por su atención. Y disculpen el pesimismo,


pero es lo que pensamos. El artero golpe del día 1º nos afectó y dolió
como a cualquier peruano sensato y responsable. ¡Qué manera de
comenzar el año!.

Etnocacerismo: Liberalismo, Herencia Judeocristina


(Parte II)

Muchas gracias a todos por la calurosa acogida a nuestro anterior artículo,


tan motivadora que aquí estamos de nuevo; pero con permiso y perdón
de Uds., y aprovechando de su gentileza, esta vez nos despachamos con
cierta munición pesada que habíamos dejado en el tintero (queremos
decir, el keyboard), para este y un tercero que le sigue. ¡Avisados! Ahí
va.

Los políticos inescrupulosos y manipuladores pretenden dar ribetes


religiosos a los movimientos que dirigen, porque nada hay más movilizador
que una religión, la cual reclama del creyente adhesión total; y por ese
camino llevan el estatismo a su fase totalitaria. Lamentablemente muchos
lo consiguen: hacen de sus credos y políticas una religión, y sus gregarios
seguidores les secundan con religiosos fervor. Así pasó con el comunismo
ruso y el nazismo. Y el fenómeno se repite. Uno observa líderes endiosados,
marchas que parecen procesiones, adláteres que lucen como sacerdotes
y diáconos, asambleas políticas que son verdaderas celebraciones
litúrgicas.

¿Qué tiene una religión?

Pero por su lado, cada religión contiene una teología, con su visión y
explicación del cosmos y del mundo, y su antropología o visión del hombre
-su origen y destino- resumidas en una profesión de fe; y una ética -
privada y pública-; y una al menos una denominación, persuasión o Iglesia,
con su clero y su liturgia.
184

Y cada visión del hombre, contiene una visión de la sociedad. Las hay
con una antropología jerárquica o de castas, como es típicamente la del
hinduismo, aunque también las de primitivas religiones americanas
prehispánicas. Y otras con antropología horizontal, igualitaria -en el buen
sentido del concepto: igualdad de los humanos en dignidad y derechos,
no en resultados, ni siquiera en oportunidades-; y libertaria. Típicamente
es la teología bíblica. Las primeras promueven colectivismo, guerras,
estatismo, imperios, desigualdades y esclavismo, y desprecio por el
trabajo en todas sus formas, sobre todo por el comercio. La segunda en
cambio realza el valor de la persona humana individual -con su dimensión
social, mas sin sujetarse por ello al colectivo-, y sus libertades, la dignidad
del trabajo de todos, y el comercio libre y pacífico dentro y a través de
las fronteras.

Antes de seguir, digamos que en todas las religiones conviene distinguir


sus formulaciones originales de las interpretaciones y prácticas
posteriores, muy deformadas a veces, al punto de volverlas irreconocibles.
Pero eso vale no sólo para las religiones, sino también para los credos
filosóficos y políticos no religiosos.

El credo político judeocristiano

De cada visión de la sociedad, en cada religión se desprende un


correspondiente conjunto de creencias políticas. En particular, el del
cristianismo se compone de las doctrinas bíblicas de trabajo y mercado
libres, Gobierno limitado, e instituciones privadas separadas del Estado;
las cuales, desarrolladas en los “siglos cristianos” -IX a XIII
aproximadamente- fueron muchísimo tiempo después apodadas
“capitalismo”, “Estado-gendarme” y “liberalismo”. En su versión original,
las tres se enuncian respectiva y resumidamente así:

A. Trabajo y mercado libres. El hombre y la mujer tienen el deber de


colaborar con Dios en el trabajo de la creación -Génesis 1 y 2-, para lo
que deben proveer y ser productivos, no meramente multiplicarse. A
este fin tienen el derecho a trabajar libremente -en agricultura, comercio,
industria, etc.-, a contratar la labor de otros, a ser propietario de los
medios de producción y de los frutos producidos, a intercambiarlos
libremente, a ahorrar y acumular capital. Y a educar a sus hijos; los
padres, privadamente, no el Gobierno. Un derecho otorgado por Dios es
inalienable; no se basa en autoridad humana.

B. Gobierno limitado. Tiene por función reprimir el bandidaje, nada más


-Libros de Reyes, Epístolas de San Pablo-; por tanto no debe interferir en
el trabajo y actividades económicas de la gente.
185

C. Instituciones privadas separadas del Estado. Tampoco deben las


autoridades políticas interferir en familias, escuelas, iglesias y otras
instituciones no económicas, que deben ser independientes. Y a tal fin
han de permanecer en las esferas de la vida privada -lo que no es del
César- y autosostenidas de manera voluntaria, como se interpreta de la
Biblia.

Es la catequesis tradicional (hace tiempo un tanto olvidada) del cristianismo


universal, en sus denominaciones e Iglesias más autorizadas y
representativas.

La visión del poder

Conforme a la Biblia el Gobierno proviene de Dios; por lo tanto, tiene


límites, ya que el Altísimo no delega poder alguno de modo ilimitado. Si
el derecho de los reyes es divino, esto implica precisamente que su
autoridad conoce límites; ¡no lo contrario!

De hecho la tesis del derecho divino de los monarcas sólo pudo justificar
su poder absoluto y otros abusos y crímenes atroces como la Inquisición,
mediante la burda falsificación -no es del Medioevo sino del Renacimiento
y posterior- de una teología cuya antropología respectiva no es jerárquica,
todo lo contrario. No hay castas: el actual género humano entero proviene
de una sola familia, la de Noé (Génesis 10); lo cual, de paso, cierra toda
posibilidad al racismo. Y la doctrina bíblica del pecado natural implica una
prevención muy clara contra cualquier abuso de poder; no es casual que
el despotismo floreciera por lo general en países donde la gente no podía
leer la Biblia, ni que surgiera a su lado, como estrecho y firme aliado, el
oscurantismo anticientífico. Que es antibíblico: al describir la creación, la
Biblia enseña que Dios puso al mundo regularidad y orden; por tanto sus
leyes naturales pueden y deben ser investigadas libremente, ya que siendo
dictadas por Dios, conocerlas es parte del trabajo humano. Y el mandato
al trabajo comprende además todo lo que contribuye a edificar y progresar
la civilización, pero bajo las leyes de Dios, no de los hombres.

Max Weber ... y sus consecuencias

El sociólogo alemán Max Weber, muy agudamente investigó en los años


’20 que el mayor florecimiento histórico del capitalismo liberal -y de las
ciencias- coincidió, y no casualmente, con la observancia práctica y estricta
de este sencillo credo político, hecho para el bienestar del hombre y la
mujer comunes; no para una raza o clase superior. Practicado por algunos
pueblos: judíos en todo el mundo, musulmanes españoles, y cristianos
calvinistas en el norte de Europa. (Y no por la cuestión de la predestinación,
186

en lo cual Weber se equivocó; pero nadie es perfecto ...) Weber también


investigó la sociedad de castas de la India, donde no hay trazas de
capitalismo liberal -ni de ciencias o progreso civilizatorio-; y no le fue
difícil encontrar la explicación. De sus estudios y sus resultado dejó
concienzuda constancia en varias obras; y Weber no era creyente, y era
socialista (aunque democrático).

Del origen bíblico y cristiano de lo que después se vino a llamar capitalismo


liberal no hay duda; pero entonces podemos suponer el verdadero aunque
oculto motivo por el cual los más acérrimos enemigos del liberalismo -
como el etnocacerismo que ahora nos ocupa- se le oponen tan fieramente,
al punto de detenerlo y hacerlo retroceder: ¡es precisamente por su éxito!
En el fondo sospechan su verdadero y antiguo origen. Y lo que rechazan
es el judeocristianismo (¿es casual que anticapitalismo y antijudaísmo
vayan siempre de la mano?); y el capitalismo y sus “records” no son sino
algo que odian mucho de la civilización cristiana: un vestigio inoportuno,
un testigo incómodo. En Deuteronomio 4:5-8 Dios dice que la sabiduría
de su Ley se vería en la práctica. Y que al aplicarse, serviría como
testimonio de la realidad de Dios, al pueblo que la practicase, y a las
naciones que observasen los óptimos resultados. ¡Y vaya si ha sido así!

Por eso, cuanta estadística u otra evidencia se les presente a los


antiliberales que compruebe la eficacia del sistema libremercadista, es
para ellos recordatorio molesto de uno de los buenos frutos terrenales
de la religión. Por ese motivo les resulta tolerable (y auspiciable) cualquier
versión “descremada” o esterilizada del judaísmo o el cristianismo,
desprovista de su credo político original, potencialmente exitoso; o sea:
subversivo. Y quienes aceptan el capitalismo liberal, es sólo en la línea
que procede de su versión iluminista dieciochesca, secularizada
(descristianizada), desgajada de su tronco. Por consiguiente, inoperante.
Sin historia y sin raíces. La nada antes de Adán (Smith). Pero así su
justificación moral como sistema de Gobierno se hace dudosa y
cuestionable, ya lo veremos.

¿Qué le pasó al cristianismo?

A lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, la religión cristiana se fue


mutilando, perdiendo su credo político; quedó incompleta sin un claro,
consistente, específico y escritural (bíblico) sistema normativo de moral
pública, o código de conducta referente a los Gobiernos.

Es cierto que toda Iglesia ha de ser una institución privada y separada


del Estado; mas ello no implica que la religión no tiene opinión acerca de
187

la organización de la vida pública, ni del modo como han de conducirse


los negocios, las empresas y la actividad económica. Sin embargo, y a
pesar de ello, para la mayoría de sus practicantes la religión cristiana ha
quedado reducida a una mínima expresión, a algo muy “intimista”: sólo a
lo que uno cree sobre la vida futura y el otro mundo, pero no sobre éste.

Y su moral, limitada a la conducta privadísima, en el templo sobre todo,


aunque también -en menor grado- en la casa, y casi en el dormitorio (por
no decir en la cama). El cristianismo no es algo que influya o tenga que
ver en el comportamiento del cristiano en la plaza pública o el cuarto de
votación, ni siquiera en su oficina o trabajo. Es algo que uno ha de tener
muy guardado dentro de sí, y de la familia, sobre todo si quiere actuar en
política. Porque se supone que religión no tiene nada que ver con política;
y tal vez se oponen. Lo cual es totalmente falso: ¡nada hay más relacionado
y cercano a la política que la religión! Para mal o para bien de la una y la
otra, y de la gente. Para mal, si se las confunde y se pierde noción de la
diferencia y límites. Para bien, si se las distingue con propiedad y clarifican
sus reales conexiones.

Esta forma de pensar “intimista” o de closet es además una flagrante


contradicción para una religión cuyo Fundador invitó a sus practicantes a
la responsabilidad de ser nada menos que “luz para el mundo”, según el
Evangelio de San Mateo (5:14), muy probablemente aludiendo al principio
del testimonio sobre lo eficaz de la Ley de Dios establecido en Deuteronomio
(4:5-8). ¡Tremenda responsabilidad!, la cual se acrecienta en nuestro
descristianizado siglo XXI. Por otro lado, las personas y sus mentes
requieren consistencia. Si los cristianos abandonamos nuestra visión propia
acerca de este mundo, no tardaremos en adoptar como nuestra la que
sin embargo es propia de un mundo no cristiano -y tendremos así la
mente dividida entre Dios y el César, por un tiempo al menos-; y que
ahora, para colmo, es claramente anticristiano. Es neopagano, como puede
advertirse a simple vista por el estatismo reinante por doquier, cada vez
más acentuado y asfixiante, y por el espacio y tiempo dedicado los
horóscopos, cartas del tarot y otras supersticiones en los medios de
comunicación. Y por la libertad sexual que se promueve, no por casualidad
inversamente al resto de las libertades: orwellianamente, mientras más
se somete a la gente, ¡más libre debe sentirse!; y para ello, ¿qué mejor
que el sexo? (¿Nos explicamos?)

¿Y qué le pasó al liberalismo?

El etnocacerismo es como el zapatismo mexicano, los tupamaros de


Venezuela y otras corrientes de Neoizquierda más o menos aborigenistas
188

que campean en América latina: furiosa y visceralmente antiliberales.


Cabe entonces decir que el divorcio entre el cristianismo y la doctrina
libremercadista o del Gobierno limitado les perjudicó severamente a
ambos:
— Al cristianismo le privó de su capítulo político y económico, importante
elemento de toda religión completa, la cual también tiene su mensaje
para esta vida y este mundo.
— Y al capitalismo liberal le privó de la que fue la fuente principal sino
única de su justificación moral y legitimación, al menos hasta el siglo
victoriano (el XIX).

El divorcio tuvo dos gravísimas consecuencias:


— a la inmensa mayoría de cristianos de todas las denominaciones -y
judíos, de paso-, les lanzó (con el clero al frente) en brazos del socialismo,
que como sabemos, es una herejía cristiana;
— y el liberalismo, ideológicamente indefenso en el terreno moral, tuvo
que salir a buscar justificaciones en otra parte, fuera de la religión cristiana.

“Justificación moral se busca. Hay recompensa”

— ¿Dónde? ¿En la Filosofía? Imposible, pues la única filosofía capacitada


para la tarea -el realismo aristotélico- ha sido y es la más despreciada
por las Universidades, prácticamente ignorada. Y muy injustamente; entre
otros motivos, por su afinidad con la religión bíblica.

— ¿En las Humanidades, Economía y demás “ciencias sociales”? Imposible,


porque las tendencias hegemónicas son productos de las filosofías anti
realistas: nominalismo, empiricismo, idealismo, utilitarismo, positivismo,
materialismo, pragmatismo, conductismo, etc. Por ello tienden a congeniar
naturalmente con las políticas antiliberales a la moda en cada momento,
y a sostenerlas intelectualmente, cualesquiera sean, comunistas o nazis
p. ej. Porque confieren al colectivo y al Estado la capacidad de ganar
conocimientos válidos y objetivos sobre el mundo real, y la voluntad de
tomar decisiones libres en él, facultades ambas que no obstante niegan
al individuo ordinario común y corriente. En particular el utilitarismo, sin
norma objetiva para decidir a favor de la utilidad individual de Fulano o
de Mengano, tiende al socialismo, a “la mayor utilidad del mayor número”
según la críptica fórmula de Jeremy Bentham. De allí la doctrina
semisocialista de John Stuart Mill y la economía “clásica” inglesa. Que
sabemos en qué terminó: en Karl Marx y el comunismo. ¿Y la “neoclásica”?
En John M. Keynes y el welfarismo. Tales son los frutos del utilitarismo.
“Por sus frutos los conoceréis” (Evangelio de San Mateo otra vez, 7:16)
189

Para colmo, aún las corrientes de base realista, digamos Economía


austriana y Escuela del Derecho Natural, no proporcionan justificativos
tanto morales -los que la gente requiere- como científicos. Que resultan
complicadísimos para la gran audiencia. No sirven para legitimar políticas
públicas, al menos en una democracia. Por eso los liberales utilitaristas -
casi todos lo son- se pasan la vida sudando a mares para explicar Economía
según Mises a la platea (y a los palcos, y a veces también a las graderías)
... y no pasa nada. Aplastantes mayorías salen corriendo a desgañitarse
vivando a los Castro, a los Chávez y a los Humala.

Políticamente, sólo el liberalismo puede enfrentar eficazmente al


etnocacerismo; pero para ello debe reencontrarse con su justificación
moral. Tarea pendiente. Seguimos en el próximo, si Dios lo permite (y si
Uds. son tan amables).

Etnocacerismo: No es una Política, es una Religión (Parte


III)

¿Recuerdan las frustradas privatizaciones del 2002, y las violentas


protestas contra el Presidente Toledo en Arequipa, ante las cuales el
susodicho retrocedió espantado? Bueno, unos años antes, en 1999, apareció
en EEUU un magno pequeño libro, breve pero excelente. P. ej. describiendo
la loca política de los ’90, dice cosas como esta, que traduzco (más o
menos libremente):

“Incluso en su hora de mayor triunfo, el liberalismo fue implacablemente


criticado desde dentro, cuestionado en su misma legitimidad. El éxito
político coronó a quienes mejor se manejaron en el juego de apoyar
instituciones liberales, y denunciar a viva voz su carácter vil y corrupto.
En las políticas públicas predominaba la agenda liberal de mercados libres,
privatización e individualismo, pero en su justificación y legitimidad, estas
medidas sólo podían acometerse si sus ejecutores acertaban en revestirlas
con una buena presentación antiliberal.”

Y sigue: “Fue casi como si los políticos tuviesen que pedir perdón por
tomar las decisiones para las que supuestamente sus votantes los habían
elegido. En realidad eran los votantes quienes se debían pedir perdón y
perdonar a sí mismos, porque en ellos mismos principalmente radicaba
esa particular forma de esquizofrenia. Sus políticos sólo reflejaban las
señales que recibían: estaban absolutamente convencidos de perder
terreno si impulsaban tales medidas con argumentos coherentemente
tomados de la filosofía liberal. Por lo tanto, el doble discurso se puso a la
orden del día; y fue aceptado con mucho entusiasmo y hasta
agradecimiento.”
190

Doble discurso

No se ría: en Venezuela Chávez hizo en 1998 una campaña electoral


virulentamente antiliberal; y al año, ya Presidente, siguió con ese discurso.
Y fue acerbamente criticado por no cambiarlo ... ¡como si tener un segundo
discurso en el bolsillo fuese cosa de sabido exigible a un político!

Pero sigamos con nuestra cita: “Era casi como si la gente necesitara
creer que su comportamiento seguía siendo antiliberal, aún cuando
prestase asentimiento a medidas liberales. Claro, este era un juego apto
sólo para políticos camaleónicos: ganaban aquellos más capacitados en
el arte de aplacar a estos electores con doble conciencia, calmando sus
sentimientos de culpa.” ¿No describen al Presidente Toledo estos párrafos?
Son del primer capítulo (“El Liberalismo y sus descontentos”) del libro
“The Common Law: The Law of Nations and Western Civilization” (1999),
por el Dr. Ruben Alvarado. Vean cómo termina la cita:

“En realidad, fue este el gran misterio de la época. Hasta triunfante, el


capitalismo seguía siendo profundamente impopular, incluso vergonzoso.
La gente tenía su corazón en otra parte: suspiraba por un retorno a la
comunidad perdida, a una sociedad cuidadora y proveedora, anhelaba
compromiso y compasión. Se rechazaba la realidad marxista, pero no se
había perdido su ideal, que siguió vivo y vibrante. Algo muy profundo
dentro de la gente le seguía llevando a buscar un orden social
fundamentalmente distinto; y en el terreno moral, la partida fue ganada
por quienes proclamaron agendas frontalmente contrarias al orden liberal.”

La esquizofrenia no dura

Lo que pasó en Arequipa, y ahora en Andahuaylas, es lo que nos narró


Alvarado: “en el terreno moral, la partida fue ganada por quienes
proclamaron agendas frontalmente contrarias al orden liberal.” ¿Por qué?
Muy simple:

La mente requiere consistencia. La esquizofrenia (en realidad es


“dialogismo”: tener dos ideas contradictorias) no es un estado mental
que se pueda mantener por mucho tiempo estable. Por ley psicológica,
las personas debemos ser coherentes o enfermamos. Por eso no es
posible ser liberal en la cabeza y marxista en el corazón. Pensamientos,
emociones y acciones deben alinearse; y de hecho siempre lo hacen,
tarde o temprano, en un sentido o en otro.
191

Y quien se lleva el triunfo en el campo de las ideas morales, gana la


partida política. Por eso, si se quieren medidas liberales, hay que
fundamentarlas y justificarlas con un discurso y una filosofía
congruentes, liberales. De otro modo fracasan. Como en Arequipa en
aquel entonces.

¿Y qué pasa ahora con el etnocacerismo? Que como la esquizofrenia no


dura, la gente elige. Y al elegir las más radicales ideas disponibles, pone
la cabeza en el mismo lugar donde ya tiene el corazón: en su religión.

El etnocacerismo es una religión

Como expone el libro de Alvarado -y otros de igual tendencia liberal


cristiana, p. ej. los estadounidense Michael Kelley y Michael Novak, y el
inglés Stephen Perks- hay una cosa que puede ganar el corazón y la
mente de las personas a la vez, sus sentimientos e ideas; y por entero,
no de a partes. Y es la única que puede hacerlo, y de hecho lo hace
siempre. No es una política. Es una religión. La religión de cada quien es
aquello que le ha atrapado el corazón, el alma, la mente, el espíritu, el
tiempo disponible, los esfuerzos y recursos, todo su ser. Lo que es el
centro de su vida, a lo que la dedica principalmente -la “consagra”-; y lo
que en última instancia la justifica. Puede ser una religión “formal”; pero
también puede ser el fútbol, los naipes, la filatelia, la música, la TV, un
“affaire”, un credo o partido político, o el propio ego endiosado. Para
distinguir, algunos llaman “culto” a esta segunda clase de religión.

Pero el etnocacerismo no es un credo político nada más, ni un mero


“culto”; es una religión. Y es completa, ya que reivindica la religión incaica.

No todas las religiones son iguales

Las hay tribalistas, o nacionales, que son exclusivistas, y las hay


universales. También hay “religiones civiles”, para uso político, como p.
ej. lo son casi exclusivamente las estatales. Hay religiones sincréticas,
mezclas de otras diversas. Y hay religiones completas e incompletas,
como las han olvidado su mensaje para esta vida y este mundo. Desde
que nuestra civilización occidental dejó de ser cristiana, esta diferencia
está un poco desdibujada, ya que sin su credo político propio el cristianismo
dejó de ser completo, al menos para la mayoría de sus adherentes. Otra
clase de religiones incompletas son las que pierden su apelación al más
allá, y se reducen al credo político, como le pasó a la religión romana, y
por eso el cristianismo convenció. Y porque su credo político fue más
192

excelente y atractivo, al incluir la libertad personal, desconocida en la


Antigüedad.

Cuando un puro credo político -p. ej. el liberalismo- se enfrenta a una


religión, está perdido. La buena noticia es que los otros credos políticos
también están perdidos ante el etnocacerismo; pero nos parece triste
consuelo.

¿Qué tipo de religión neopagana es el Etnocacerismo?

Por su lado, y aunque completa, el etnocacerismo es una religión falsa. Y


como tal debería ser firme y decididamente enfrentada en su propio
terreno. Esto es decir, no sólo por los pequeños círculos liberales y los
partidos políticos, sino por los creyentes en la religión verdadera, revelada
por Dios; y esto nos comprende a los cristianos de todas las
denominaciones e Iglesias. Pero también incluye a judíos y musulmanes,
con quienes compartimos los cristianos una parte de la misma revelación:
el Pentateuco -la Torah, los 5 primeros libros de la escritura hebrea-
donde se establecen las bases del credo político del Gobierno limitado,
que algunos llaman “judeocristiano”, y consideran columna vertebral de
la tradición occidental. (Conste que aludo a los musulmanes genuinos,
no a esos estatistas secuestradores del Islamismo en el Medio Oriente.)

De otro modo, si no es enfrentado como debe ser, el etnocacerismo


gana. Ninguna de las creencias sólo políticas, ni aún todas unidas -lo cual
ya es difícil-, pueden enfrentar con éxito a una religión. Sobre todo si la
religión es irracional. Y el etnocacerismo es una religión irracional,
maniquea e intolerante. Las religiones pueden tener mucho de malo; y
desafortunadamente, hay personas que ven en ellas solamente lo malo,
pero eso no implica ausencia de lo bueno, ni de lo malo. Y lo malo abunda
sobre todo en las religiones políticas, contra las cuales es preciso
vacunarse. ¿La mejor vacuna? La religión verdadera, único antídoto
efectivo contra cualquier religión falsa; pero ese es otro tema, sigamos
con el etnocacerismo, y sus tres rasgos apuntados: irracionalidad,
maniqueísmo e intolerancia.

Irracionalidad

Algunos dirán que toda religión es irracional, porque fe y razón son


incompatibles. No es así necesariamente; eso depende del objeto y
concepto de la fe. (Y de la razón.) Las tres grandes religiones bíblicas, ya
mencionadas, son compatibles con la razón humana, que de hecho ha
servido por miles de años para interpretar sus escrituras sagradas, y
193

para hacer consistentes sus enseñanzas con el conocimiento natural que


la creación misma nos da de su Creador a través de la Filosofía y las
ciencias, a poco que investiguemos.

Sin embargo, cierto es que la irracionalidad es un pecado del cual ninguna


religión ha estado ni está libre -tampoco de maniqueísmo e intolerancia-
, incluyendo a las tres mencionadas. En ellas la irracionalidad es típica de
una deformación histórica recurrente llamada “pietismo”: la afirmación
de la fe contra la razón, precisamente por el erróneo supuesto de creerlas
incompatibles. Irónicamente en este supuesto coinciden y están
plenamente de acuerdo los devotos más piadosos (“pietistas”) con los
ateos racionalistas más irreverentes e impíos. Pero el supuesto es falso;
y por tanto, la elección entre fe y razón es un falso dilema. No hay que
elegir porque no se contradicen, como han demostrado siempre los buenos
escolásticos judíos, cristianos y musulmanes, y confirmado más
recientemente el Papa Juan Pablo II en su maravillosa Encíclica titulada
precisamente “Fe y Razón”.

Ahora bien, los actuales aborigenismos latinoamericanos expresamente


rechazan el cristianismo, que denuncian como “la religión impuesta por
los conquistadores”. Con bastante coherencia, declaran reivindicar las
religiones naturalistas, originarias de nuestras tribus indígenas, y de las
transplantadas tribus africanas. Endiosan la naturaleza; lo que explica su
ecologismo radical, su adoración de la agricultura, y su exclusivismo
tribalista-nacionalista. Y sus antropologías son jerárquicas o de castas; lo
que explica su colectivismo y estatismo, y el desprecio a veces criminal
por aquellos seres humanos considerados inferiores. Son religiones
politeístas y animistas, sincretizables entre sí; y de hecho lo hicieron por
más de 500 años. Ahora sincretizan con esa religión civil más moderna,
la estatolatría, promovida también por la Neoizquierda. Es el estatismo
elevado a nivel de religión idolátrica, incluyendo su propia santa trinidad
bizarra: Estado, Gobierno y Pueblo. Y las religiones naturalistas también
sincretizan con la “Nueva Era”, un avivamiento de la antiquísima herejía
gnóstica, hoy para uso de la clase media.

La irracionalidad radica en el politeísmo, que es autocontradictorio: no


puede haber muchos dioses, porque si uno de ellos lo es, los demás
dejan de serlo.

Pero la irracionalidad tiene consecuencias. Entre otras, el desprecio del


argumento, la demostración y la evidencia -y la persuasión-; el misticismo
ascético; y la violencia.
194

Maniqueísmo

Toda religión enseña a distinguir el bien del mal, pero el maniqueísmo


pone a ambos principios a la misma altura. Califica como diteísmo, una
variedad del politeísmo. Originalmente fue una creencia atribuida a Manes,
un sirio del s. III, criado en la religión persa del Zoroastrismo.

Variedades maniqueas se extendieron en Asia y el norte de Africa, con


gran influencia en las sinagogas judías e iglesias cristianas. San Agustín
adoptó el maniqueísmo, y después de su conversión al cristianismo lo
refutó en algunas de sus mejores páginas. Hoy el concepto se emplea en
un sentido lato, para designar toda opinión incapaz de percibir matices
entre lo blanco y lo negro, y para la cual todo lo extraño, ajeno o externo,
es por definición enemigo mortal, al que no vale dar cuartel. De ello la
literatura etnocacerista presenta abundantes muestras inequívocas.

Intolerancia

Si se quiere, es lo de menos. Porque el Perú ya está acostumbrado. ¿O


no había mucho de esa religiosa intolerancia en las versiones que Haya
de la Torre y Mariátegui nos dieron del socialismo y del marxismo, y en la
ideología oficial del velazquismo? ¿y en el senderismo? Pero mejor
dejamos de evocar malos recuerdos.

Conclusión

Digamos para terminar el artículo -y la serie-, que una de las causas más
poderosas de eclipse del liberalismo, y de la vigencia del estatismo, de
su tenaz persistencia y creciente agravamiento, es que la gente no practica
la religión como debe ser. La explicación es simple:

Suponga Ud. una persona que ama y adora verdaderamente al Dios real
con todo el corazón, toda el alma y toda la mente, como dice Nuestro
Señor Jesucristo en el Evangelio de San Mateo (22:37) que es el primer
mandamiento, para los cristianos. Idem para los judíos, según
Deuteronomio (otra vez, 6:5). O sea con todo su ser y facultades humanas.
Diga, ¿cree Ud. que esa persona podría amar y adorar al Estado? ¿O al
Partido de moda? ¿O al “líder” del Gobierno de turno? Noooooo, porque
sencillamente el lugar estaría ocupado. Si de repente a una persona le
entra una veneración idolátrica por el Estado o el Partido (o el líder), es
que el lugar estaba vacío. ¿Nos explicamos?
195

Es decir: si buen número de personas practicara la religión como debe


ser, y Dios ocupara su lugar debido en su corazón, su alma y su mente,
entonces los Gobiernos tendrían que limitarse a ocupar el rol de meros
administradores. Empleados. Para unas pocas funciones determinadas:
oficiales de justicia, policía, bomberos, defensa y obras públicas, y recoger
la basura; y nada más, sin tanta pompa y ceremonia, figuración ni altivez.
Y sin tantos poderes, facultades y prerrogativas. Y sin tanto billete.
(Perspectivas que a Gobiernos y políticos les alarman, es obvio ...)

¿Se da cuenta Ud. de que si la gente practicara la religión como debe ser,
el liberalismo sería naturalmente el sistema de Gobierno, adoptado sin
discusión? Porque el Estado sería nada más ese “gendarme” y “vigilante
nocturno” caricaturizado por los antiliberales de todas las épocas, a quienes
tanto disgusta el concepto, contra el cual refunfuñan siempre agrios. ¿Pero
qué otra cosa pueda ser, dígame Ud.? ¿Empresario, médico, maestro,
ductor moral? ¿Papá y mamá? (¿Y se da cuenta Ud. de que un verdadero
creyente es políticamente un liberal, al menos en potencia ...?)

Esto es, queridos amigos peruanos, lo que quería decirles, con mucho
afecto; así que FELIZ AÑO PARA TODOS. Muchas gracias por su amable
atención, y espero les haya sido de algún servicio.
196

Liberalismo de Base: Revisando ii.


Grietas en el Piso
(con indicaciones para cerrarlas)
a nuestros amigos peruanos
Álvaro Vargas Llosa
y Luis Atkins Lerggios

Si uno lleva predicando las ideas liberales mucho tiempo, y la opinión


generalizada en el entorno y el mundo se hace cada vez más antiliberal,
y los Gobiernos cada vez más socialistas y estatistas, uno debiera revisar
a fondo esa prédica. Nos referimos a sus métodos, técnicas, objetivos,
medios, estrategias; en fin, Ud. nos entiende. Pero también su piso
filosófico.

Y Ud. juzgará, si acepta nuestra cordial invitación a seguir leyendo, y


compartir conmigo al menos la inquietud: la pregunta por las causas de
tan poco progreso en el campo liberal y tanto en el opuesto; y por cual
sea el remedio, si acaso lo hay.

De todos modos muchas gracias por su amable atención.

Métodos: los objetivos y estrategias indirectas han fallado

En América latina y el mundo, hay gente con décadas transmitiendo el


mensaje liberal. Muy dedicada y constante, y por ello digna de mérito.
Pero, ¿a quiénes? A veces se predica al coro, a los ya convencidos. Otras
veces a los empresarios; pero no muchas, ya que a éstos el libre mercado
no les gusta, salvo excepciones. A la mayoría de los empresarios
establecidos, la competencia abierta les hace sentir amenazados. ¡Les
aterroriza! Entonces, ¿a quiénes se dirige el mensaje?

1) En primer lugar, a los intelectuales y profesores universitarios, para


que estos lo retrasmitan a su vez a sus estudiantes y hacia el pueblo.
Pero en este camino hay dos supuestos implícitos:
a) Que los catedráticos son capaces de seguir las argumentaciones
liberales; y,
b) y que una vez comprendidas, de inmediato se convertirán.

¡Discutible el primer supuesto, y comprobadamente falso el segundo!

2) En segundo lugar, a los políticos activos, para convencerlos, a fin de


que pongan en práctica las ideas liberales desde el Gobierno, o cuando
197

lleguen, si de momento revistan en la oposición. También se les supone


capaces de prestar atención y de ser convertidos. ¡Falsos supuestos! Los
políticos son aún más incapaces de seguir argumentos que los intelectuales
y profesores; y sus compromisos con el “establishment” estatista son
aún más fuertes.

Este camino además suscita una pregunta muy seria: ¿cómo pedirle
medidas antiestatistas a un político elegido en base a ofertas y
planteamientos estatistas? Es pedirle que haga algo inmoral. Si tomara
medidas liberales, sería más que antidemocrático: sería un traidor.

3) ¿Y por qué no se dirige el mensaje a la opinión pública directamente?


Porque se asume que el pueblo no es muy dado a seguir argumentaciones
en Economía Política, tercer supuesto, y este sí es muy cierto. Pero
entonces, ¿por qué suponer que ese mismo pueblo va a seguir las
argumentaciones cuando los intelectuales y profesores convertidos se
las retrasmitan? ¿o que va a aceptarlas cuando los políticos “reformados”
tomen las medidas liberales ...?

Por nuestra parte creemos que el discurso liberal debe ir directamente a


la opinión pública. Los métodos y estrategias indirectas han fracasado.
Hora de hacer entonces la pregunta: ¿por qué se insiste en ellas? O en
otras palabras: ¿cuál es el piso filosófico de las estrategias indirectas?

Mises: todos fueron responsables

Acabamos de leer un libro fascinante: la autobiografía de Ludwig von


Mises. Escrita entre 1940 y 1942, con los nazis tras sus talones -los
socialistas nacionales de entonces-, Mises huía a EEUU desde su amada
Ginebra, la cual lo trató mejor que su Viena natal, de la que había escapado
años antes. La civilización occidental se caía; y Mises no se ahorró adjetivo
alguno sobre los responsables de la tragedia. Como sus críticas eran
muy a fondo y mordaces -con nombres y apellidos, sin pelos en la pluma-
Mises le encargó a Margit su esposa que el libro fuese publicado sólo
después de su muerte (de él).

Mises murió en 1973. Y Margit cumplió el encargo. Los manuscritos -


literalmente- vieron imprenta en Illinois, USA, en 1978. Casi 40 años
después de redactados. Sus páginas son descarnadas, sin contemplación
para los personajes principales de Austria y Alemania en los ’20 y ’30.
Banqueros, empresarios, gremialistas, profesores, periodistas, militares,
jefes religiosos; y sobre todo intelectuales y políticos, socialistas o no. No
queda títere con cabeza. Mises prácticamente les espeta (resumido en
198

palabras mías): “Señores, salvo las honrosas excepciones que destaco,


todos Uds. son culpables de esta desgracia, unos más, otros menos. Por
acción, complicidad u omisión. Por muy estúpidos o muy vivos, o por
ambas cosas.” Pero casi todos ellos estarían muertos para 1978 ...

Creo que tiene razón. Hoy también sigue teniendo razón: la responsabilidad
por el avance arrollador de los socialistas (nacionales o supuestamente
proletarios) le cabe a mucha gente. Incluyendo a los liberales; aunque
esto no lo dice Mises, lo decimos nosotros, después de leer atentamente
sus Memorias.

La impotencia política, enfermedad congénita y crónica de los


liberales

Cuenta Mises que su querido Herr Professor Karl Menger se limitaba a


dictar sus clases y a escribir sus libros. Conciente de que sus explicaciones
de la Economía favorecían las ideas liberales contra las colectivistas,
mucho se preocupaba de ser bien entendido por estudiantes y lectores,
pues preveía mejor que nadie los peligros del colectivismo. Pero el buen
Profesor Menger jamás se preocupó ni ocupó de que sus discípulos más
aventajados pudieran tener siquiera una carrera universitaria más o
menos decente. Todo lo contrario a los enseñantes socialistas, quienes
con uñas y dientes protegían a sus favoritos que se abrían paso en la
jungla académica, para ascender los peldaños docentes a medida que
alcanzaban sus togas y birretes. Y les hallaban colocación en cátedras y
posiciones prestigiosas e influyentes de aquel complicado mundo
universitario de habla alemana (y de Europa en general), ya por entero
dependiente del Estado, y por consiguiente muy hostil para los liberales.

Sin cátedras ni cargos en institutos y revistas científicas, los liberales no


tuvieron descendencia intelectual. Mises y su discípulo Friedrich von Hayek
nunca alcanzaron dignos puestos docentes (y tampoco en el mundo
angloparlante). Las mediocridades y nulidades socialistas arrasaron con
toda baza en los centros de prestigio -en su momento bien ganado-, y
cultivaron cuanta concepción inculta apareció. Los estudiantes no
conocieron otra enseñanza que algún dogma socialista. Y si por azar
alguno descubría literatura liberal, no era por sus profesores y mentores,
de los cuales debía esconderla. ¡Pues no muy distinto es ahora!

Y ni habar de descendencia política: incapaces de formar al menos un


partido universitario, ¿cómo formarían los liberales genuinos un partido
político ...? Menger creía que las ideas verdaderas y socialmente
beneficiosas se impondrían solas, por la mera fuerza de los argumentos.
199

Sabía que en la democracia las masas ineducadas eran pasto de los


demagogos; pero pensaba que al ser practicadas, las ideas erróneas
quedarían cuestionadas al mostrarse sus efectos, y desacreditados sus
sostenedores. Así de simple. Creía que la sociedad era una especie de
vitrina transparente, y que tarde o temprano todo el mundo vería la
realidad desnuda a través de los vidrios. Menger no tenía ni idea del
problema de fondo. Tampoco muchos liberales de ahora.

¿Cuál es el problema?

El problema es la pesada y letal herencia del Iluminismo del siglo XVIII.


Los angostos límites de esa filosofía, con su ingenua confianza en la razón
humana general, asociada al culto democrático. Para superar tales
limitaciones habrá que esperar a la siguiente generación de liberales
austrianos. A Murray Rothbard, el muchacho judío del Seminario
neoyorkino de Mises, que de golpe se dijo “Me suena todo esto ... ¿dónde
escuché antes algo parecido?”, y recordó la sinagoga de su niñez, y
aquellos rollos de los profetas de la Biblia, y sus comentarios talmúdicos
a través de tantos siglos; e investigó -ya en la última etapa de su muy
fecunda vida intelectual- la hispánica Escuela de Salamanca. En busca de
las raíces del liberalismo: el realismo filosófico, y las doctrinas del Derecho
Natural, la fisiocracia y el Gobierno limitado.

El problema de fondo es que en el siglo XVIII la visión liberal perdió el


sentido y la noción de pecado. Y con ellas perdió realismo. Se volvió
utópica. Y terminó -con Bentham y J. Stuart Mill- en algo difícil de distinguir
del socialismo.

Vea Ud.: en los años ‘30 y ’40 -llegando Mises a EEUU- el New Deal
ganaba amplio apoyo en ese país tan extenso y variado. Era el socialismo
democrático de Franklin D. Roosvelt. Los “newdealers” arrasaban
elecciones, nacionales y locales, en casi todo lo largo y ancho del territorio.
Con una excepción: perdían en el “Bible Belt” (cinturón bíblico), una franja
de Estados rurales o semirurales del Sur histórico, el Medio Oeste y el
Oeste. Donde la mayoría, desde el más encopetado al más humilde, aún
leía su Biblia cada día al atardecer, e iba a su Iglesia -la que fuere- los
domingos por la mañana. En esas regiones no habían soplado los “vientos
de cambio” de la llamada Era Progresiva, décadas de 1880 y 1890. Y el
estatismo entró ya muy avanzados los ’50, con los Kennedy, al paso que
la gente -según las entonces noveles encuestas de opinión- fue dejando
de leer su Biblia, y de asistir a su Iglesia. (Un libro muy bueno sobre el
progreso del socialismo y el declinar de la cultura bíblica en EEUU debemos
al Profesor M. Stanton Evans. Se titula The Theme Is Freedom: Religion,
Politics and the American Tradition. Washington, Regnery, 1994.)
200

El estatismo avanza en tanto la religión cristiana se debilita, ya sea que


pierda sus adherentes, o que olviden sus lecturas bíblicas, o que las
malinterpreten y abracen una fe de otro tipo. Y no sólo en EEUU: la
conciencia bíblica, y la resistencia a las pretensiones despóticas de los
Gobiernos de toda clase -y más en general, a toda clase de despotismo,
incluyendo el eclesiástico-, han andado juntas por siglos en el Viejo Mundo.
Y después en el Nuevo. No es extraño que se hayan apagado juntas.

¿Qué dice la Biblia?

Para los ajenos al tema, unas pocas citas permiten captar la idea. Por
buen ejemplo para comenzar, un libro conocido como Eclesiástico -de la
edición católica de la Biblia- contiene un largo poema en cuyos versos se
lee:

“No te sometas al estúpido, ni guardes miramientos con el poderoso.


Lucha por la verdad hasta la muerte, y el Señor Dios luchará por ti.”
(Eclesiástico 4: 27-28)

Y a lo largo de todos los siglos y en todas las Biblias han tronado las
palabras de Dios en el Libro de Samuel (I Sam 8: 11-18, advirtiendo
acerca de ese Rey cuya entronización el pueblo exigía ...

“... Tomará vuestros hijos y los pondrá en sus carros y con su gente de
a caballo, para que corran por delante; y nombrará para sí jefes de miles
y de cincuentenas, y los pondrá a trabajar en sus campos y a segar sus
mieses, y a que hagan sus armas de guerra y pertrechos. Tomará también
a vuestras hijas, para que sean perfumeras, camareras y panaderas. Y
tomará lo mejor de vuestras viñas y olivares, y lo dará a sus sirvientes.
Diezmará también vuestro grano y cosechas, para sus oficiales y
empleados. Tomará a su vez vuestras empleadas y empleados, vuestros
mejores jóvenes y animales, y con ellos hará sus obras. Diezmará también
vuestros rebaños; y sereis sus sirvientes. Y de seguro clamareis aquel
día a causa del rey que vosotros mismos elegisteis. Mas Yahve no os
responderá ese día.”

Y el profeta Isaías (10:1):


“¡Ay de quienes dictan leyes injustas y prescriben tiranía!”

Y el salmista (Salmo 146:3):


“No pongas tu confianza en Príncipe.”
201

La gente acostumbrada a estas palabras valoraba su libertad personal,


creía en ella -sin confundirla con la democracia-; y estaba dispuesta a
defenderla. Y no es que uno mezcle religión y política, es que siempre
andan relacionadas, y es imposible separarlas. Lo que puede separarse -
y debe- es religión y Estado. Para que el Estado tenga juez. De otro
modo, el Estado termina siempre poniendo a la religión a su servicio, lo
cual ocurre en las religiones no reveladas. Y eso es un hecho.

De las historias bíblicas se desprenden conclusiones morales, muchas de


ellas políticas. Dicen que el Gobierno debe ser limitado. E igual la oposición.
David antes de ser coronado, encabezó la oposición al Rey Saúl. A propósito
de la conducta de David en esta circunstancia, el Libro de Samuel enseña
que la oposición debe antes que nada corregir al príncipe en el poder,
hacerle ver sus errores, a él y al pueblo. Pero a la vez aprender de esos
errores, para no cometerlos cuando llegue su turno, que debe esperar
con paciencia.

¿Y el Nuevo Testamento?

Vea Ud.; es Nuestro Señor Jesucristo que habla:


“Quienes se tienen por gobernantes de las naciones, sobre ellas se
enseñorean, se arrogan potestades, y se hacen llamar bienhechores.
Mas entre vosotros no debe ser así.”
(Mt 20:25; Mr 10:42 y Lc 22:25)

“El conocimiento de la verdad os hará libres.”


(Jn 8:32)

“Los hijos de este siglo son más sagaces que los hijos de la luz.”
(Lc 16:8) ¿Por qué cree Ud. que los malos ganan tan seguido, y los buenos
pierden a menudo? ¿No será que son menos despiertos y hábiles?

Y el Apóstol Pablo:
“Allí donde está el Espíritu de Dios hay libertad.”
(2 Cor 3:17) Y esto lo está escribiendo a los cristianos de Corinto, de los
cuales Pablo muy bien sabía cuánto abusaban de esa misma libertad.

Y a los cristianos de Roma (Rom 1:18):


“¡La ira de Dios se revela desde el Cielo contra [...] quienes detienen con
injusticia la verdad!”
202

La gente acostumbrada a estas palabras -a leerlas, releerlas y


comentarlas- sabía que la libertad y la verdad van estrechamente unidas;
que las autoridades a menudo abusan de la libertad -y asimismo individuos
y pueblos- y que quienes atacan a la libertad siempre comienzan por
ofender a la verdad. O por cambiarla o disfrazarla. Y que por la verdad y
la libertad -y la justicia- hay que luchar, enfrentando adversarios que
serían -¿qué duda cabe?- más astutos que uno ...

¿Y la religión cristiana?

Los cristianos bien informados de todos los tiempos leyeron al sabio


Agustín. Con la Biblia por delante, el hijo de Santa Mónica y Patricio
escribió “La Ciudad de Dios” porque en su época -siglos IV y V- la gente
lamentaba la caída del Imperio Romano. Entonces el Obispo de Hipona,
en Africa del Norte, hizo lo que hace todo verdadero liberal: fue realista,
hasta la crudeza si es necesario. Les quitó a las gentes las vendas de los
ojos y las ilusiones ingenuas y utopísticas sobre los imperios políticos.
Les expuso sus vicios, y describió a sus fundadores -los infatuados
“conquistadores”- como no muy distintos a los asaltantes comunes. Lea
Ud. p. ej. del libro IV, cap. IV:

“Las asambleas de bandidos son como imperios pequeños: una tropa de


hombres gobernados por un jefe, unidos por cierta alianza, que se reparten
el botín según lo convenido. Si una compañía de este tipo crece, y cuenta
con perversos suficientes en sus filas como para conquistar lugares y
asentar su poderío, tomando villas y sometiendo pueblos, entonces se
les llama un Estado.”

Este párrafo habla de Estados en general, incluyendo los europeos. Si


alude a los Estados africanos, son los de sus días, no los de ahora; y si a
las repúblicas asiáticas, en todo caso no tiene en mente a las socialistas
de la ex Unión Soviética.

¿Y Santo Tomás? ¿Qué dijo el buen gordo meridional? Desconfiado de la


realeza, el vástago de los condes de Aquino no se hizo ilusiones con la
democracia tampoco; pero no por ser de origen noble, sino por ser muy
inteligente. Por eso defendió la “Constitución mixta”. P. ej. en la Summa
Theologiae (I-II questio 105 A-1):

“Un rey infiel a su misión renuncia a su derecho de exigir obediencia,


siendo él mismo un rebelde a quien la nación tiene derecho a derrocar, y
por eso no es delito deponerlo. Mas lo mejor es prevenir, limitando su
poder para que no pueda abusar del mismo. A este fin es que la nación
203

toda debe participar del gobierno; pero la Constitución ha de combinar


una monarquía limitada y electiva, con una aristocracia -pero de mérito-
, y tal dosis de democracia que permita a gentes de todas las clases el
acceso a los puesto de elección popular.”

La pieza que faltaba: el pecado

¿Qué tenían en común los profetas de Israel, el Obispo africano, el filósofo


italiano, y otros como el independentista venezolano Juan Germán Roscio,
el economista francés Fréderic Bastiat, y el Canciller inglés Sir Thomas
Beckett, de una larga línea de distinguidos cristianos anglosajones que
llega hasta Lord Acton, C. S. Lewis, Henry Cardenal Newman y Albert Jay
Nock? Simple: un agudo sentido del pecado.

Hoy como en los ’70 se puso de moda la protesta. Gentes de todas las
clases marcha con carteles por calles y avenidas. ¿De dónde cree Ud.
que salió esa manía de cuestionarlo todo: autoridades, leyes, instituciones,
costumbres, opiniones ...? Esa no era la tradición en China o India. El
profesor Herbert Schneidau nos cuenta que la crítica social y política
apareció en Occidente, porque la Biblia puso la base para hacerla: la idea
de pecado. Schneidau nos enseña las implicaciones de la idea de pecado,
y qué pasa cuando se pierde. Su libro se titula Sacred Discontent: The
Bible and Western Tradition. (Berkeley, U. California Press, 1977.)

Si no hay pecado, no hay crítica. ¿Qué se va a críticar y por qué? ¿Y al


Gobierno? ¿A título de qué? En los pueblos no occidentales no había esa
costumbre de someterlo todo a cuestionamiento; llegó importada de
Occidente, bajo su forma marxista. Y allí el marxismo, falto de virtualidad
cuestionadora, devino en la justificación perfecta para el despotismo
incuestionable. Pero el marxismo es otro tema.

Volvamos al liberalismo. Olvidado el concepto del pecado en el siglo XVIII


-hasta ser juzgado como no científico, y más tarde antigüalla atemorizadora
y neurotizante-, la visión liberal enfrentó tres enormes lagunas, tres
grandes vacíos imposibles de llenar: la laguna de la autoridad y de la ley;
la de la razón; y la de la moralidad. De allí el nazismo y el comunismo.
Veamos. Primero:

La laguna de la autoridad y de la ley, y de sus bases

A partir del siglo XVIII la visión liberal dejó la Biblia a un lado, y olvidó
que el estatismo es lisa y llanamente un pecado. Y así la crítica al Gobierno
ilimitado perdió un argumento contundente. Es más: autolimitó sus
204

argumentos a los de fondo racionalista, esos que llevan siempre a alguna


forma de utilitarismo. “Racionalista”, para el Iluminismo no quiere decir
“racional”; quiere decir “sin Dios”, que es otra cosa. Y sin Dios tampoco
hay palabra de Dios revelada.

Pero entonces, ¿en base a cuál patrón juzgaremos a los gobernantes?


¿cómo el Jefe -coronado, elegido o como haya surgido- va a ser sometido
a crítica? ¿y sus actos, leyes y decretos? ¿cómo sabremos si son
razonables, morales y justos? Es más, ¿cómo sabremos lo que es racional,
moral y justo, para poder evaluar esas disposiciones? Porque echadas
fuera la Biblia y la tradición a que dio lugar, no hay autoridad intelectual
indisputable: la sabiduría humana perdió la que fuera su más firme base
de apoyo, y la discordia reina entre filósofos y humanistas. Que no pueden
ponerse de acuerdo en ninguno de los puntos cruciales como los señalados
-racionalidad, moral, justicia-, entre otros. Y si los más grandes sabios
no pueden dilucidarse, ¿qué será el pueblo llano ...?

Y si la “ley natural” es puramente racionalista y utilitaria, y ya no tiene un


fundamento divino -la ley de Dios-, ¿en base a cuál criterio superior va a
juzgarse entonces la ley humana, que nos dictan p. ej. los congresantes?
Si cuestionamos los libros sagrados, no hay Derecho más alto según el
cual cuestionar a las autoridades, que se tomarán ellas mismas por
sacrosantas e incuestionables, y a sus dictados; o lo hay a su vez
cuestionable, y por tanto insuficiente. Expulsado el pecado del mapa
conceptual, y no calificando la tiranía como tal, entonces quedan los
argumentos puramente racionalistas y utilitarios en su contra, y en favor
de una ley natural que le ponga sus límites a los Gobiernos. Queda abierto
el camino a Napoleón, Bismarck, Hitler y Stalin.

La laguna de la razón y la comprensión (o la incomprensión)

No es que los argumentos racionalistas-utilitarios no sean plenamente


válidos y justificados. ¡Lo son en su mayor parte! Pero no son fáciles de
seguir. Caemos así en la segunda laguna. Porque echado fuera el pecado,
la visión liberal no sabe de limitaciones, insuficiencias y fallos que aquejan
a la razón y a todas las facultades; deterioros que según la Biblia produjo
precisamente el pecado en la naturaleza humana. Con lo cual la crítica al
Gobierno ilimitado incomprende, entre otras cosas, la incomprensión (e
indiferencia y hostilidad) de la gente ante complicados argumentos
puramente racionalistas y utilitarios que no puede seguir o le aburren.

Así el liberalismo contempla impotente cómo los electores se van tras el


primer taumaturgo político populista o socialista que aparece en escena
con algún cuento de hadas. Y azorado, verá algo peor aún: que tras el
205

fracaso del primer demagogo, se irán otra vez tras el segundo. Y después
tras del tercero, y del cuarto ... ¡incluso con el mismo cuento! Incorregibles
electores. No aprenden.

Napoleón, Bismarck, Hitler y Stalin serán entronizados como Saúl: en


olor de multitud.

La oceánica laguna de la moralidad, sus aguas más y menos profundas

Pero es que hay deterioro en otras facultades humanas, entre ellas el


sentido moral. En la Viena y la Alemania de los ’30 que describe Mises -
en sus líneas y entrelíneas- hay horribles espectáculos. Nazis y comunistas
se acribillan unos a otros con sus ejércitos privados. Y augustos profesores
son amenazados, expulsados de sus cátedras y apaleados. Y sus libros
quemados. Y respetables hogares, consultorios y comercios son
saqueados; y hay deportaciones y exilios a granel. Y la guerra: matanzas,
carnicerías masivas. Con mujeres violadas, heridos y mutilados, brillantes
estudiantes caídos, desaparecidos, presos o enloquecidos; y viudas y
huérfanos por doquier. Y los campos de internamiento y las cámaras de
gas ... ¿Cómo llamar a eso si no puede pronunciarse la palabra “pecado”?
Si el pecado no existe, ¿qué es todo eso? No hay respuesta convincente.

Y sin mencionar tales extremos, también se ven muchos amigos que


fallan en asuntos menudos, y traicionan. Y pequeñas incomprensiones
que crecen hasta hacerse odios y rencores duraderos, y rateros y otros
aprovechadores y oportunistas circunstanciales de la desgracia ajena. Y
hay quien delata a su hermano por un mendrugo; y silencios demasiado
cautelosos, excesivamente prudentes. Hay periodistas, profesionales,
supuestos intelectuales y científicos cambiando de bando de la noche a la
mañana, o cerrando la boca, y todo por una figuración, o por un sueldo o
una coima, sin consideración alguna con la verdad o algo parecido. Porque
están las omnipresentes vanidades, tan humanas debilidades. ¿Qué decir
de estas mezquindades, cobardías y otras minucias -por comparación a
las grandes atrocidades- si tampoco puede hablarse de “pecados
menores”? Con el sentido del pecado se perdieron también su dimensión
y su criterio de medida.

La visión liberal utópica quedó incapacitada para entender que algo tan
simple como el viejo pecado de la envidia es la base de algo tan complicado
como puede ser el colectivismo. Y que los pequeños egoístas intereses
especiales se suman y engendran los monopolios y privilegios, disimulados
tras las leyes enredadas, e inentendibles aún para los abogados; y cuyas
tremendas consecuencias son aún más dificiles de entender, sobre todo
por los damnificados, la gente común. Y que la mentira es el pan del
206

demagogo. El liberalismo iluminista no entiende que son pecados.


Pequeños, grandes y enormes. Como el afán de poder; y no piense Ud.
en Hitler o Stalin: lea una biografía de uno de esos que llaman “estadistas”,
como el tan respetado y elogiado General De Gaulle. (P. ej. Don Cook,
Charles De Gaulle, versión española en Javier Vergara Editor, 1985.)
¡Eso se llama sed de poder, amigos ...!

A partir del siglo XVIII los liberales ya no entienden el rol del pecado. Sin
embargo, los canonistas y moralistas escolásticos lo entendieron
perfectamente en la España de los siglos XVI y XVII. Y también muchos
jansenistas. Y los pastores reformados de aquellas épocas: bautistas,
luteranos, felipistas y calvinistas. Pero no los liberales de la Viena y la
“Gran Alemania” de los ‘30, que se desesperaban. De ahí el profundo y
amargo pesimismo de Menger y otros liberales -subrayado por Mises-,
que a veces podía llegar a ser muy agrio ... algunos se suicidaron. Pero
dejemos a los liberales. Vamos ahora a los cristianos. ¿Qué pasó con los
herederos espirituales e intelectuales de aquellos canonistas y moralistas
católicos, y de aquellos pastores protestantes?

El otro gran problema

Es que no solamente los liberales olvidaron sus raíces; en su mayoría los


cristianos también. Hay actualmente un vigoroso pensamiento liberal
cristiano, en Europa occidental y en EEUU, en la vertiente católica y en
las no católicas también. Hay varios y muy buenos manuales de Economía
Política cristiana. (P. ej. Stephen Perks, The Political Economy of a Christian
Society, Kuyper Foundation, Taunton, UK, 2001. Perks también escribe
sobre legislación y educación cristianas.) Para EEUU y América latina
escribe John Cobin. (www.policyoflibert y.net) Hay revistas en esta
orientación, e incontables Websites. Pero resulta que toda esta magnífica
enseñanza liberal “de amplio espectro” no les llega a los sacerdotes y
ministros, a las consejerías y a los centros docentes cristianos, ni a los
creyentes de los coros y los bancos de las iglesias de las diferentes
confesiones o denominaciones. ¿Por qué ...? Por distintas razones, todas
muy de lamentar:

1) Comenzando por el campo católico: después de parir esa Escolástica


hispana tardía de los siglos XVI y XVII, el sólido realismo de Tomás de
Aquino fue convertido por sus seguidores en un “sistema” formalista,
rígido y espinoso, árido y afectado. Estancado. Inútil para el servicio,
hasta hoy. El primer responsable de esto -muy temprano en el siglo XVI-
fue el Cardenal Cayetano, según el filósofo francés Jacques Maritain,
destacado exponente católico del tomismo. Lo afirma en su delicioso
207

testamento intelectual -tan bueno como el de Mises-: “El campesino del


Garona”. (No leo francés pero aún se consigue una buena traducción
castellana de la Editorial Desclée de Brower, 1967.) El caso es que el
tomismo quedó desde entonces estéril para efectos políticos liberales.
Habrá que rescatarlo; y es vital. Pero de momento esa falencia explica
muy bien todo el enredo del pensamiento “social” católico con la economía
“social” de mercado antiliberal típicamente alemana, reflejado en las
oscilaciones de las Encíclicas “sociales”, cuya historia cuenta con informada
perspicacia y al detalle Michael Novak (Catholic Social Thought and Liberal
Institutions, Transactions Publishers, New Jersey, 1989.)

El rescate del tomismo y su puesta en operación es uno de los dos puntos


críticos del programa intelectual para la recuperación política del
liberalismo. “Recuperación” de los estragos causados por la enfermedad
del Iluminismo. Y el otro punto crítico es el rescate del contenido político
de la Biblia, hoy completamente olvidado, hasta por los cristianos en su
mayoría.

Los argumentos racionalista-utilitarios tienen entre otros el grave defecto


de funcionar cada uno en compartimentos estancos, separados. El
panorama no se ve completo. Cuando aparecen, sus elementos van
desconectados: leyes justas; función y límite del Gobierno; mercados
libres; papel de la familia y del empresario, del lenguaje, de las artes y
las comunicaciones; actividad política; desestatización de la educación y
ejercicio pleno de la libertad de pensamiento; droga, crimen y cárceles.
En las visiones racionalistas-utilitarias, cada una de las partes va como
apartada y de su cuenta, difícilmente comprendida fuera de su contexto
general. Esas separaciones y desconexiones constituyen las mayores y
más escandalosas grietas en el piso filosófico del liberalismo. Lo debilitan.

El contexto general se halla en la Biblia. Y para quien la rechaza y/o la


desconoce, o la conoce poco y mal, el contexto es la filosofía realista, de
la cual el tomismo -bíblico y aristotélico-, sigue siendo la mejor expresión.
El realismo proporciona nada menos que las categorías del ser: naturaleza
y esencia, substancia y accidentes o modalidades, materia y forma, causa
y efecto, medio y fin. Sin ellas, es imposible pensar coherentemente y en
manera consistente con la realidad de las cosas. Y sólo con ellas, el
pensamiento liberal puede recomponerse, reconectando otra vez las
piezas separadas, cerrando las grietas abiertas. El cemento se llama:
pensar sensato. Y el lenguaje ordinario -al menos el inglés y el español-
hasta hace poco conservaba las huellas de las categorías ontológicas que
permiten pensar sensato. Pero se están perdiendo; y constituyen uno de
los pilares de la civilización. Otra materia a rescatar es la gramática, al
paso de la lógica.
208

2) Siguiendo por el campo no católico: en la mayoría de las


denominaciones protestantes históricas prevalece todavía el “progresismo”
de izquierda que los anglosajones llaman “liberal” (acento en la “i”), tanto
en el clero como entre la feligresía. Vale decir que aún se pagan las
fatídicas consecuencias del daño que al cristianismo le hizo el romanticismo
del siglo XIX, reacción desenfocada e histérica contra el racionalismo y
el utilitarismo.

3) Ni hablar de nuestros hermanos los cristianos ortodoxos orientales,


todavía enredados con el anticapitalismo de Hegel y el marxismo, y
despotricando contra los pacíficos comerciantes. Ellos están convencidos
de que el desorden anárquico posterior a 1989, y que es nada más que
otro tipo de injusticia grave, es libre mercado.

4) Y en lo que nos toca más de cerca a los hispanos, las denominaciones


evangélicas, en su mayoría pentecostales, aquellas que no han vuelto a
la Teología de la Liberación de los ’70, están por completo absorbidas en
lo que se llama “Teología de la Prosperidad”. Que pese al nombre, es una
versión ligeramente cristianizada de la “Confesión Positiva” del Movimiento
de la Nueva Era, de inocultables raíces ocultistas. En otras palabras:
“reclame su milagro”. Y esto incluye salir de la pobreza por milagro -
como si Dios no hubiera puesto leyes naturales y mandamientos-; y para
colmo no milagro de Dios, sino de la propia fe de uno mismo, “declarando”.
(Hay mucha valiente literatura que denuncia esta mistificación, en su
mayor parte traducida al español y disponible, comenzando por “La Nueva
Era” del Pastor Dr. Walter Martin; aunque ese es otro tema.) Pero, ¿y la
Biblia? ¿No la leen? Sí la leen, y memorizan versículos que repiten. Pero
desafortunadamente son enseñados -fuera de toda Hermenéutica- a
recitar nada más que pasajes aislados, interpretados de manera
antojadiza y fuera de contexto, desde luego en modo favorable a “reclamar
su milagro”. Estos cristianos no se han enterado que esa misma Biblia
que cargan bajo el brazo, incluye todo un credo político, ni que pone
límites a los Gobiernos. Y mientras esperan su milagro -y ya sin conexión
ni lazo con el cristianismo histórico ni el pensar sensato-, se van tras
cualquier caudillo populista de izquierdas que les reitere la promesa de
“redención social”.

Este problema nos parece todavía más grave que el de la inoperancia


política de los liberales. Significa que los cristianos ya no somos la sal de
la tierra ni la luz del mundo, como se nos manda en las Bendiciones del
Sermón de la Montaña, según el Evangelio de Mateo (Mt. 5: 13-16). Por
eso el deterioro del mundo, puesto que le falta la sal que lo preserve. Y
sal que no sirve se arroja fuera, dice allí mismo. Y seguidamente dice
209

que la luz debe ponerse en el centro de la estancia. Por eso el mundo


anda sin luz y a oscuras, porque nosotros ya no le mostramos las leyes
reveladas, cuya sabiduría da precisamente a los pueblos testimonio de
que Dios es real, como se indica en Deuteronomio (Dt 4: 6-8). Por eso
tantos ministros eclesiásticos y jefes religiosos cohonestaron los regímenes
nazi y comunista.

¿Hay remedio?

Claro que lo hay. Como primer punto, hay que formar una corriente de
opinión liberal. Lo más numerosa posible. Llamo a esto “liberalismo de
base”. Con talleres, seminarios y conversatorios de formación. No sólo
de Economía. Y hablamos de opinión pública; vale decir, del público. De
gente de la calle, no sólo profesores y políticos. Y a la gente de la calle
hay que empezar por hablarle de lo que ve y oye todos los días; no sólo
en la prensa escrita y los “best sellers” populares, sino -y sobre todo- en
las letras de las canciones pegadizas, los libretos de las telenovelas, las
series y programas de TV y radio, las películas, y los textos e imágenes
de los anuncios publicitarios. ¿Qué dicen? ¿Qué muestran? ¿Por qué? ¿Y
qué repiten? ¿Qué enseñan? Porque por allí comienza el adoctrinamiento
estatista, y en todas las filosofías relacionadas, distribuidas masivamente
y en versiones populares, a fin de apuntalar el estatismo en las mentes y
corazones de la gente, desde la niñez, ¿o no? De ahí recién se puede
pasar a los discursos de los políticos.

A la gente de la calle hay que empezar por despejarle malentendidos,


como el de la “guerra antidroga”, verdadera causa de tanta balacera en
las calles y tanto sufrimiento en las prisiones atestadas. O ese otro de la
partidofobia. Enseñarle que el mal no son los partidos en sí mismos; es el
estatismo. Deshacer frente a sus narices todas las series de “mentiras en
cadena”, edificadas para no tener que admitir el fracaso del estatismo en
todas sus acciones. Y tumbarle los mitos estatistas, desde los más viejos
como el de la planificación, hasta los más recientes como el modelo
socialista de los Derechos Humanos elásticos y estirables tipo ONU.
Enseñarle a pensar sensato. A no confundir lo público con lo privado, ni la
democracia con el intervencionismo. Enseñarle el liberalismo olvidado,
p. ej. la justicia resarcitoria y compensatoria, por cierto de base bíblica.
Claro, por supuesto, ¡el liberalismo verdadero no es “políticamente
correcto”!

Y la gente de la calle resulta en su gran mayoría creyente. Cree en la


santería, la astrología o el tarot, en los espíritus desencarnados de la
Teosofía o en los OVNIS; pero la mayor parte de la gente normal abriga
alguna creencia religiosa de alguna especie. Pues entonces los cursos,
210

seminarios y folletos liberales no deben rehuir esa materia: liberalismo y


religión. Al contrario, ha de tratarse; y mejor cuanto antes en el plan de
formación. Con la extensión y profundidad que amerita, y de manera
competente. De otro modo, ¿cómo lograr una amplia corriente de opinión
favorable? Y esta materia va muy unida, por supuesto, a otra que es
como su hermana gemela: liberalismo y filosofía.

Porque así como es creyente, la mayoría de las personas es ayuna en


Filosofía. Habrá que darle su alimento; todo el que sea necesario. Eso se
llama alfabetización filosófica; y es urgente, para todo el mundo. Y si en
el trámite aparece alguien -cristiano o no- que no está bien enterado del
contenido exacto del cristianismo, pues se le informa. Eso se llama
evangelización; y no está de más para nadie, todo lo contrario. Incluyendo
a quienes se profesan cristianos.

Como segundo punto, hay que hacer de esa corriente de opinión liberal,
un partido político. Eso surge un poco automáticamente, y en paralelo,
junto a -un tercer punto- levantar fondos. ¿Cómo recoger dinero? Antes
que nada, pasando la raqueta después de cada sesión de trabajo. Que la
gente pague por la educación que recibió. Al principio no espere Ud.
fuertes donativos. Las grandes bolsas -aludo aquí a banqueros y
empresarios locales- no se abren hasta que sus dueños no ven
movimiento. Muéstreles movimiento, y las sumas elevadas llegarán; pero
entonces, cuide mucho que su empleo -no el dinero, que no es malo en sí
mismo, ¡todo lo contrario!- sea exclusivamente en medios conducentes y
condignos con los fines y objetivos. Y los medios no se justifican por los
fines, porque estos también requieren a su vez justificarse, y eso es con
una norma superior. Por eso la misma tabla de valores que justifica o no
a los fines, sirve para medir a los medios también. A este respecto conviene
no perder de vista el sentido del pecado, ya que nadie tiene inmunidad,
ni Ud. ni nosotros, sobre todo en este terreno tan fangoso de la política,
¿no le parece ....?

Y a propósito de la política, ¿cómo comenzar con el partido? ¿por dónde?


¿con quiénes ...?

Es el tema de otro ensayo, el siguiente, si Dios nos permite, DE VUELTA


A LO BÁSICO: FÓRMULA PRÁCTICA PARA ENCENDER LA CHISPA DE
UNA REVOLUCIÓN LIBERAL, con perdón de Lenin.

Si por gentileza nos siguió hasta aquí, ¡MUCHAS GRACIAS! Y esperamos


le haya sido de servicio.
211

iii. Un Liberalismo Impotente (Más Grietas


en el Piso)
“El nazismo conquistó a Alemania porque nunca encontró la adecuada
resistencia intelectual. [...] Sólo una fuerza liberal hubiese podido
oponerse; pero ya no quedaban liberales en Alemania.” (Mises, Gobierno
Omnipotente, págs. 201 y 317, ed. española.)

Y no quedaban liberales en Alemania porque como especie se habían


extinguido, y eso desde mucho tiempo antes de la aparición de Hitler.
“Gobierno Omnipotente” es el libro que Ludwig von Mises (1881-1973)
escribió durante la Segunda Guerra Mundial, refugiado en su tranquilo
exilio de Ginebra, donde pasó “los años más felices de su vida”, según su
esposa Margit. Y conste que una esposa sabe mejor aún que su marido
mismo cuándo éste es o no feliz ... Con perdón de las feministas, pero ya
todos sabemos que NO somos políticamente correctos (“PC”).

“Gobierno Omnipotente” es un libro lúcido y profético. Mises aplica el


liberalismo como herramienta intelectual de análisis en asuntos y materias
más allá de la economía -Derecho, historia, ciencia política y hasta
estrategia militar- muchísimo mejor que como otras escuelas liberales
no austríacas intentaron hacer eso mismo después (Virginia y Chicago,
salvo la notable excepción de Milton Friedman). Diserta magistralmente
sobre las verdaderas causas por las cuales el nacional-socialismo se
adueñó de Alemania, no por la violencia sino por la persuasión. Y nos
descubre los numerosos malentendidos y las múltiples leyendas
interesadas sobre el tema, elaboradas ex profeso con el fin de proteger
la reputación de partidos, grupos y corrientes de pensamiento. Sus páginas
nos son de mucho servicio hoy en día, con el resurgir del socialismo.

(A propósito, al lector que nos escribió “Tus ensayos parecen Bibliografías


comentadas”, ¡acertaste, te felicitamos! Y gracias, lo tomamos como un
elogio: nuestra intención no es otra que invitar a leer ciertos autores que
lo merecen. El paisano Jorge Luis Borges dejaba para otros el orgullo por
los libros que habían escrito, y él lo quería por los que había leído. Modestia
aparte, ¡nosotros también!)

¿Es Dios el Estado? En ese libro ginebrino Mises denuncia al socialismo


como doctrina económica, y a su expresión política concreta el estatismo.
Y recuerda mucho una resonante y blasfema frase de Ferdinad Lassalle
(el dirigente socialista más influyente de su época): “El Estado es Dios”.
Si el Estado es Dios, entonces el estatismo es una religión. Sin duda una
religión falsa, aunque muy popular. Y Mises -una de las mentes más
212

brillantes del pasado siglo XX- así lo advierte. Pero no siendo creyente,
Mises no puede oponerle al estatismo lo único que puede enfrentar a una
religión falsa: la religión verdadera.

En su más amplio sentido, la religión falsa es el naturalismo evolucionista


y vagamente panteísta que seduce a las elites cultas, del cual el estatismo
es su credo político. Un extraordinario filósofo político cristiano también
austríaco aunque nativo de Colonia, Eric Voegelin (1901-1985) demostró
en “La Nueva Ciencia de la Política” (1952) el origen de esta creencia
religiosa: la vieja herejía gnóstica, que el cristianismo heredó del
judaísmo. Pero en un sentido estricto la religión falsa es el estatismo: los
políticos, funcionarios y burócratas configuran el clero dirigente de la
religión falsa; los intelectuales y pensadores estatistas son sus teólogos,
y los instruidos y cultivados, sus maestros. Y las gentes de todas clases
sociales, desde niños educadas en sus credos, claman al Estado, le corean
sus consignas, en él depositan su entera e ingenua confianza, y a él le
dirigen sus oraciones y esperanzas, y le consagran su devoción, como a
un dios.

Es la idolatría (“estatolatría”) que arrastra las mentes, corazones y


espíritus de millones de personas, en cientos de países. Y las condena a
la pobreza, el atraso y la miseria. En “Gobierno omnipotente” Mises lo
advierte y analiza con erudición y agudeza.

Ahora bien, el liberalismo es una doctrina económico-política, como todos


sabemos. Pero si Ud. va a enfrentar o a competir por la conciencia de las
gentes con una religión -así sea falsa-, no puede oponerle nada más que
una tesis económico-política, así sea verdadera, ¿nos explicamos...? No
es suficiente. Va a estar en inferioridad de condiciones. Sobre todo si es
un liberalismo filosóficamente mal parado, sobre una base tan débil y
traicionera, el utilitarismo. La filósofa ateísta (y misiana) Ayn Rand en
ese punto no se equivocó, y vale reconocerle su mérito.

Por eso el liberalismo es impotente frente al Gobierno omnipotente. Y en


pocas palabras, esa es la respuesta a la pregunta: Si los liberales tenemos
razón, ¿por qué somos tan poquitos y siempre perdemos? O sea, si el
liberalismo es la doctrina verdadera de la Economía Política ¿por qué los
estatistas son tantos y tantos, miles, millones, y siempre ganan y se
imponen y mandan? La respuesta es que sólo la religión verdadera puede
oponerse a una religión falsa. Si no lo hace, la religión falsa no encontrará
oposición en este mundo.
213

El liberalismo se eclipsa ¿por qué? El agnóstico Mises se hace esa misma


pregunta: ¿por qué el liberalismo tiende a desaparecer, como especie en
vías de extinción, en el panorama de las formas de Gobierno y sistemas
económicos? En última instancia su respuesta es: “porque la gente en su
inmensa mayoría es muy ignorante como para seguir la ilación de los
argumentos económicos.” Cierto, pero insuficiente.

Veamos. El concepto de “Gobierno omnipotente” también es insuficiente.


Un Gobierno estatista luce omnipotente porque puede intervenir y de
hecho interviene en todo aspecto de la vida humana: agricultura, industria,
transporte, comercio y finanzas, educación y medicina, arte y cultura,
deporte y ciencia ... pero no puede crear riqueza. Puede inutilizar los
procesos de mercado, empobrecernos y arruinarnos, y puede censurarnos,
meternos presos y hasta fusilarnos; pero no puede enriquecernos. Mises
enseña de modo eminente que hay una sola manera de crear riqueza; y
dos de distribuirla: el mercado la distribuye o el Estado la “re”-distribuye.
Pero el Estado lo hace por la fuerza, y así perturba su creación, matando
incentivos e interfiriendo en las asignaciones, tanto de recompensas como
de recursos. Por eso el “socialismo del siglo XXI” que nos proponen Chávez
y los otros socialistas de ahora ya no es de distribución de la riqueza sino
de resignación a la pobreza, que nos dicen es “cristiana”. ¿Por qué? Porque
un Gobierno estatista es estéril, cualquier cosa menos omnipotente. Es
un dios falso, muy falso. “Gobierno omnipotente” significa en realidad
Gobierno ilimitado. Y el concepto opuesto es Gobierno limitado.

La Biblia, freno y contención eficaz para la arrogancia del poder. La del


Gobierno limitado a sus funciones propias represivas del fraude y la
violencia, judiciales, defensivas y de obras públicas, es la doctrina bíblica,
cuando la Biblia se lee e interpreta de acuerdo a su sentido literal e
histórico. Como fue más o menos el caso durante los siglos cristianos.

Dice la Biblia que todo poder proviene de Dios (Romanos 13); lo cual
significa que todo poder tiene límites, ya que Dios no delega poderes
ilimitados:

Con este argumento, los primeros escritores cristianos se opusieron


a las pretensiones dictatoriales y totalitarias de los últimos
Emperadores romanos. Citaban muy especialmente el cap. 8 de I
Reyes, que es el primer manifiesto escrito a favor de la libertad y en
contra de la tiranía.

Y en asuntos de Gobierno -eclesiástico y político-, en la Edad Media


los pensadores y escritores cristianos opusieron citas bíblicas a las
214

despóticas ambiciones de príncipes, Obispos, Emperadores y Papas.


Y con éxito: entre los siglos V y XV hubo en Europa una fuerte lucha
por la separación de las esferas, y de hecho se logró una división y
consiguiente equilibrio entre los poderes existentes en ese entonces.
Comenzando por los poderes eclesiástico y civil. En ambas esferas se
reconocían diferentes competencias a las distintas autoridades de
aldeas y municipios, provincias, reinos y “el orbe”. En la esfera política
el poder militar se trataba como distinto del político, bajo cuyo mando
se trataba de contener. Y el poder eclesiástico se dividía entre el clero
secular y las órdenes monásticas e instituciones monacales, muchas
y muy influyentes (y profunda fue su labor civilizatoria, como recuerda
siempre el Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI). Y
todos los poderes reconocían asimismo autonomía a los comerciantes
y a los gremios, y a las universidades y a su tarea de investigación en
el campo del saber, y a las bellas artes en su esfera. Santo Tomás de
Aquino y Dante Alighieri sistematizaron intelectualmente esta forma
de vida.

Mucho más tarde, y ya en la Era del Despotismo Ilustrado, la doctrina


del derecho divino de los reyes fue torcida para servir a los fines del
poder absoluto. Aunque paralelamente, debe decirse que la Biblia
también fue correctamente interpretada en contra del Gobierno
ilimitado y prepotente de los monarcas por los defensores de la libertad,
aunque ya en franca minoría.

Y de paso vale recordar que en 1864 y 1907 respectivamente, los


Papas Pío IX y Pío X condenaron lo que se llamó herejía modernista,
en sendos “Silabarios de errores”, hoy vistos con horror por la PC
(“política correcta”), al punto de sonrojar los católicos, avergonzados.
Si bien es cierto que ambos documentos condenaron el capitalismo,
no hay que olvidar que el modernismo, junto al naturalismo darwinista,
están en la raíz de todos los socialismos, nacionalismos, estatismos,
militarismos belicistas y racismos que terminaron en los
intervencionismos y las trágicas crisis económicas del siglo XX, y en
sus dos sangrientas carnicerías, las Guerras mundiales. En medio de
tanto espantoso atentado terrorista, vaya un recuerdo para Pío IX y
Pío X: lejos de ser “reaccionarios”, todo lo contrario, denunciando a la
madre intelectual de tantas calamidades mucho antes de su
alumbramiento, ¡se anticiparon a su época!
215

Biblia mata socialismo:

La sentencia “Al César lo que es del César” -repetida por Jesús en los
tres Evangelios sinópticos- se ha interpretado siempre en forma
restrictiva. El episodio de Zaqueo, narrado en Lucas 19:2-10, se leía
bien, como está escrito: no es un rico que distribuye su riqueza entre
los pobres; es un colector de impuestos a quien Jesús conmina a
devolver los tributos excesivos a sus dueños legítimos, los
contribuyentes. En todo caso Jesús estaría promoviendo aquí nada
menos que la desestatización fiscal tal vez; pero ¡no la “revolución
social”!

En cuanto a bienes materiales, el relato de Ananías y Séfora (Hechos


5) se interpretaba al pie de la letra: como castigo a una mentira, no a
una negativa a compartir hacienda, cuya donación con fines caritativos
es claramente voluntaria. Y también era interpretada en consonancia
con las 2 Epístolas de Pablo a los cristianos tesalonicenses, a quienes
desalienta sobre la experiencia de propiedad y vida en común. Y así
todas las enseñanzas bíblicas acerca de la economía los negocios y el
Gobierno, que no son pocas.

La Biblia declara autoritativamente lo que los cristianos políticamente


liberales llamamos “Consejo de Dios a las Naciones”. Tradicionalmente la
doctrina del Gobierno limitado fue parte importante de la cosmovisión
judeocristiana de la realidad, el mundo y la vida. Hizo juego con la Filosofía
aristotélica en eso que se llamó “la síntesis medieval”; pero los filósofos
posteriores -Duns Scoto, Guillermo de Occam- tomaron las sendas que
llevan al racionalismo (Descartes) o el empiricismo (Locke, Hume),
abjurando de la injustamente despreciada escolástica. Sin embargo este
pensamiento floreció en la Escuela de Salamanca o Escolástica hispana o
tardía de los siglos XVI y XVII, que puso las bases de la ciencia económica,
desarrollada por los fisiócratas y otros economistas franceses, padres
del libre mercado: Quesnay, Turgot, Jean-Baptiste Say y Frederic Bastiat.
De allí sale la Escuela austríaca de Economía.

Algo muy grave y desafortunado ocurrió a fines del siglo XVIII. Hubo una
escisión:

1.- Por una parte, la doctrina del Gobierno limitado comenzó a ser quitada
de su correspondiente marco filosófico y religioso. Así perdió su base de
sustentación filosófica natural. Y hasta cambió de nombre: el mundo le
llamó “liberalismo”. Sin duda el Gobierno limitado produce un considerable
grado de libertad personal; pero esa es sólo una de sus buenas
216

consecuencias, entre otras. También produce generosas medidas de


justicia, orden y paz, y riqueza. El Gobierno limitado es el buen Gobierno.
Pero una vez descontextualizado, el concepto de Gobierno limitado se
perdió de vista; y el “liberalismo” o doctrina de la libertad personal,
comenzó a buscarse otras bases filosóficas y morales, distintas al sólido
realismo bíblico reforzado con la Filosofía aristotélica, y mucho más
endebles. Con ellas no pudo enfrentar al socialismo. Es más: tanto el
socialismo más blando de John Stuart Mill, como el más duro de Marx,
muestran antecedentes en Adam Smith -teoría laboral del valor,
subestimación del empresario, educación estatal-, y otros economistas
“clásicos” ingleses; y asimismo en el filósofo y reformador social Jeremías
Bentham, padre del utilitarismo.

2.- Por otra parte, la doctrina socialista comenzó a vestir un ropaje


seudocristiano. En el s. XIX la Biblia comenzó a ser leída e interpretada
de maneras caprichosas y forzadas en pro del socialismo. P. ej. en el
Antiguo Testamento, la institución del Año Jubilar, que buscaba la unidad
familiar, fue vista como destinada a promover la igualdad económica.
Los profetas clamando justicia fueron escuchados como abogando por
“justicia social”. Y en los Evangelios, el episodio del joven rico y observante,
que expone la doctrina cristiana de la salvación sobrenatural por obra y
gracia de Dios, fue vista como un anatema a la riqueza. Las iglesias
cristianas protestantes y evangélicas se hicieron socialistas, comenzando
por la Anglicana -lo cual tuvo un efecto desvastador en todo el
Commonwealth anglosajón-; y así el socialismo se hizo mayoría. Tolstoi
fue el arquetipo de una larga serie de escritores socialistas cristianos.
Eso fue durante todo el siglo XIX, hasta 1917, cuando la revolución rusa
impuso la forma atea de socialismo, cultivada por marxistas y fabianos.
Pero esa forma colapsó en 1989, y el socialismo ahora se ha revestido
otra vez de ropaje seudocristiano; y así, legitimado de nuevo, nos impone
el estatismo.

Iglesia y Estado, religión y política. Sin embargo el socialismo cristiano


es una mentira. La verdad es otra muy diferente y opuesta; y hasta
silogística si se quiere poner en esa forma:

Veamos. La religión cristiana puede tomarse como la premisa mayor.


Ella comprende todo el Consejo de Dios, tanto para esta vida como
para la que viene. Es una cosmovisión, muy completa, y abarca lo
espiritual y lo material, lo celeste y lo mundano. En lo que hace a la
familia, la Iglesia y la educación -esferas privadas-; y a la política o
esfera pública. Asimismo lo que hace a la Iglesia y el Estado, los
cuales deben ir separados; pero esa separación no implica la de religión
217

y política, división que no es posible -siempre andan juntas, como


sagazmente reconoció el socialista francés Pierre Proudhon en el s.
XIX-; ni siquiera es conveniente, ya que un tal corte haría a la política
independiente de la moral, y a la moral independiente del juicio de
Dios. Y por supuesto, esta visión comprende lo individual y lo social, y
lo económico y lo político, y el ámbito internacional y el doméstico
nacional.

La doctrina de Gobierno limitado es el Consejo de Dios a las Naciones.


Y si tal es la premisa menor ...

... entonces la conclusión es inevitable: un cristiano debe oponerse


activa y decididamente al Gobierno ilimitado, y defender y promover
eficazmente el Gobierno limitado, esa doctrina que el mundo llamó
alguna vez liberalismo. Y no es opcional; si es cristiano, no puede ser
ni siquiera neutral frente al “Gobierno omnipotente” que se cree un
dios.

El estatismo, los liberales y los creyentes. Pero en el s. XIX el cristianismo


se hizo socialista, y el liberalismo dejó de ser cristiano.

Tenemos los laicos que comenzar por decirles claramente a nuestros


catequistas, sacerdotes, obispos, pastores, y maestros bíblicos que el
socialismo no es cristiano, sino contrario a la cosmovisión cristiana, como
cualquier forma de estatismo, despotismo o totalitarismo. Y explicarles
que en su origen y esencia son inequívocamente judeocristianas las ideas
de economía libre, Gobierno limitado, e instituciones privadas separadas
del Estado; llámense liberalismo, capitalismo, libremercadismo o como
quieran llamarles. Después de todo, los creyentes siempre nos hemos
opuesto a las pretensiones tiránicas del poder, de cualquiera forma de
poder, incluso el poder democrático, que puede ser el más tiránico de las
Edades, como certeramente intuyó Alexis de Tocqueville en el siglo XIX,
y explicó su paisano Bertrand de Jouvenel en el XX, y explica ahora
Hans-Hermann Hoppe en “Democracia, otro dios que fracasó”.

Los creyentes hemos de oponernos a las pretensiones tiránicas del


estatismo; y no los círculos liberales nada más, siempre escasos en número
desafortunadamente (y más escasos de fondos, y de influencia), abrazados
como se hallan a una mera tesis político-económica que no responde ni
puede a los interrogantes en el fondo metafísicos y espirituales, cuya
respuesta tanta gente busca en la religión falsa, el estatismo.
218

Pero como “sólo la verdad os hará libres” (Juan 8:32) resulta que la
resistencia al poder pasa por eso que Eric Voegelin genialmente llamó
“resistencia a la mentira”; y esa es la principal materia de estudio en el
Centro de Economía de la Oferta (CEO), un centro liberal que hace años
fundó Alberto Mansueti con Néstor Suárez y otros economistas y politólogos
en el Zulia, Venezuela. Su propósito es desnudar los engaños y falacias
de las propuestas y prácticas estatistas.

“Economía de la Oferta” y estatología (y homosexuales) En opinión del


CEO, de todas las presentaciones actuales del libremercadismo, esta nos
parece -sobre todo en versiones como la de George Gilder- que reúne
ventajas apreciables:

es la más fiel a la herencia austriana;

es la más completa, evitando el unilateralismo en el lado del


consumidor y la demanda que muchas veces oculta o relega a segundo
plano a los factores productivos y al empresario como creadores de
riqueza;

por consiguiente es la más práctica desde el ángulo político, al


descubrirnos la desestatización y liberación de los potencialies creativos
como vía de transición hacia una sociedad de mercado:
desregulaciones, privatizaciones populares y reubicación del Esado a
cargo de sus funciones propias;

y es la más consistente con una ajustada y panorámica visión de


todos los elementos no económicos a considerar. Esto último se ve
muy bien en un ejemplo muy actual: las leyes que garantizan privilegios
a los homosexuales en materias de matrimonio y herencia, pólizas de
seguros y otras propias del derecho de familia y civil y comercial.
Cada quien es libre de juzgar sobre una conducta que los creyentes
reprobamos; pero todos los liberales -creyentes o no- deberíamos
saber que es por completo iliberal una ley que otorga privilegios a tal
o cual categoría de personas. Y todos -con independencia de las
costumbres y estilos de vida de cada quien- deberíamos recuperar
nuestra libertad para testar y contratar pólizas privadamente. Y hasta
nuestra libertad para casarnos privadamente. Es la desestatización
de los contratos de seguro, la familia y el matrimonio. ¿Los
homosexuales? Siendo adultos los involucrados, claro está, pueden
entonces casarse si quieren entre ellos ante un notario público, con un
contrato matrimonial. Y por supuesto, celebrar todos sus contratos de
seguro privadamente, con las firmas comerciales del ramo ... en
219

igualdad de condiciones con el resto de la sociedad. ¿Y los cristianos?


También. Pero aparte, preferimos casarnos hombres con mujeres, y
por la Iglesia ante Dios y la asamblea -cada quien la suya, quiero
decir- como fue por siglos y siglos; y el Estado no debería tener nada
que decir. Y se acabó el problema.

Este de los homosexuales, como muchos otros, es un seudoproblema


creado por el estatismo. Así como todos los que surgen de la educación
estatal compulsiva y financiada con impuestos, a propósito de los
contenidos y modalidades de la enseñanza. Los seudoproblemas surgen
en un Estado que quiere regular la vida de todo el mundo hasta en sus
aspectos más íntimos, y conceder o negar privilegios a este o a aquel
grupo o categoría, negando la libertad de contratar (y hasta la de testar:
el Estado no reconoce ninguna voluntad privada, ni siquiera la última ...)
El estatismo, como toda religión falsa, tiene su teología, muy mentirosa:
la suma de filosofía, antropología, sociología, “trabajo social”, educación,
periodismo, historia, ciencia política, economía y finanzas enseñadas en
la inmensa mayoría de los centros universitarios enfeudados al Estado y
al servicio del estatismo. Es la estatología, que impide ver detrás de los
seudoproblemas. La estatología es la teología estatista, que denunciamos
en el CEO. Configuran los pies de barro del ídolo Estado.

Esa ideología o teología falsa estatista impregna las currículas y programas,


desde la educación elemental a la universitaria. Y ahora en un creciente
número de posgrados, maestrías y doctorados, diplomados, cursos de
“actualización” y “perfeccionamiento” (¿?), que los estatistas han vuelto
prácticamente obligantes. Salvo honrosas excepciones, les sirven a los
estatistas para tenernos atados permenentemente a los de la clase media,
a fin de impartirnos un continuo adoctrinamiento perverso y compulsivo,
en todas y cada una de las múltiples ramas y hojas de la estatología, que
además nos cuesta muy caro. Por supuesto que todo viene disfrazado de
“científico” y “técnico”, y la enseñanza es impartida por “expertos” todos
debidamente acreditados. Por cierto la acreditación -el cartón sellado y
firmado- es el anzuelo que mordemos, en la esperanza de que nos sirva
para alcanzar un puesto o lograr una promoción.

Pero ese interminable indoctrinamiento disfrazado nos quita el tiempo


que podríamos dedicar -entre otras cosas- a investigar los asuntos por
nuestra propia cuenta, de manera independiente de tutores estatistas,
en otras fuentes de conocimiento, y con mejores resultados. El liberalismo
es algo que se aprende y se estudia; y mientras más se consolida el
estatismo, más remoto se hace en el tiempo y menos accesible el
conocimiento liberal, y mayor es la cantidad de tiempo hay que dedicar a
220

su aprendizaje y estudio, si se desea saber liberalismo y no meramente


declararse liberal. (Recuerde Ud. la cita de Mises al comienzo, por favor:
para 1920 “ya no quedaban liberales en Alemania.”) Pero ahora hasta en
las Iglesias hay que hacer todo el tiempo ese tipo de cursos estatistas o
de “política correcta”.

El dilema actual. ¿Y de ahora en adelante? Una de dos:

o los creyentes -y nos referimos a la tradición judeo-cristiana- nos


sacudimos las telarañas, combatimos al estatismo, nos oponemos a
la estatología, y decidimos así ser “luz del mundo y sal de la tierra”,
según el mandamiento establecido en Mateo 5:13-14, siguiendo a las
Bienaventuranzas, esas Ocho Bendiciones del Sermón de la Montaña
...

o el mundo se queda sin luz y sumido en la más profunda oscuridad,


y carente de sal. La sal es el factor de preservación; y sin factores
preservantes eficaces la civilización se arruina, se pierde, no perdura.

La ofensiva socialista es doctrinal en primer término; y la respuesta tiene


que ser de igual naturaleza si quiere ser eficaz. Y si no es con la doctrina
liberal, entonces, ¿con cual? Pero sin el auxilio de la sana filosofía y la
religión verdadera que le prestan su marco adecuado, el liberalismo ha
sido y es impotente.
221

iv. De vuelta a lo básico: fórmula práctica


para encender la chispa de un revolución
liberal
a nuestros amigos estadounidenses
John Cobin
Barry Conner

Lo básico es la separación de lo público y lo privado. Lo básico es el


Gobierno limitado, los mercados libres y las instituciones privadas
separadas del Estado. Lo básico es la democracia con límite: los
verdaderos derechos humanos naturales a la vida, libertad y propiedad
no deben ser sometidos a votación; tal el límite de la democracia.

¿Por qué “fórmula práctica”? Bueno, porque hoy todo el mundo quiere
fórmulas efectivas que sean prácticas, y rápidas, y es lo único que quiere.
Para todo: cocinar, adelgazar, engordar, vender, comprar, gerenciar,
organizar, enseñar o aprender, cualquier cosa. El estatismo nos tiene a
todos esclavizados y trabajando tiempo extra, y las largas y extenuantes
jornadas no dan para más. Y hay otras causas, ¡pero no hay tiempo para
tratarlas! Al menos aquí.

Si Ud. desea conocer la parte teórica, puede consultar nuestro ensayo


anterior, si no lo ha hecho ya: REVISANDO GRIETAS EN EL PISO. Contiene
sugerencias muy prácticas -sobre todo al final-, por aquello del filósofo
liberal español José Ortega y Gasset: “Nada más práctico que una buena
teoría.”

Además de fórmulas prácticas, la gente las quiere breves y resumidas.


Quiere “tips”. Pues ahí van los tips que tratan de resumir el Liberalismo
de Base:

1. Formar una corriente de opinión y con ella un partido,


2. enfocados en los postulados básicos del liberalismo histórico;
3. comenzando por una región.
4. Centrando las demandas en la inaplicación de las leyes estatistas -
desregulación-, como primer punto, para lo cual se exige un plebiscito.
5. Pero apuntando al siguiente: privatización popular;
6. y al siguiente: poner al Estado en su lugar.

En Venezuela comenzamos por el Estado Zulia. Su capital es Maracaibo,


la segunda ciudad del país. Hay dos documentos liminares que estamos
preparando y discutiendo, con el Dr. Néstor Suárez, economista y
222

empresario, quien lidera el equipo promotor del Movimiento RUMBO


PROPIO. Aquí simplemente voy a transcribirlos:

1. Declaración de Principios
2. Plan de Acción

Esperamos que su contenido hable por sí mismo. Y que la lectura sea de


su agrado. Muchas gracias.

Declaración de Principios, Fines y Valores

Parte I. Definiciones, Fines y Objetivos Generales

Artículo 1. Lo que somos. Rumbo Propio es una asociación política regional


zuliana y liberal. Somos personas que -zulianas o no por nacimiento o
adopción- amamos profundamente a nuestra región, y nos identificamos
con los principios de Gobierno limitado, mercados libres, e instituciones
sociales separadas del Estado. Y que guiados por ambos sentimientos,
acordamos constituir Rumbo Propio y suscribir esta Declaración.

Artículo 2. No estamos contra personas. En la política de nuestro país se


ataca demasiado a las personas, pero se es en exceso indulgente con
las ideas, incluyendo las malas, porque erróneamente se considera que
todas las ideas son buenas.

Artículo 3. Debatimos sobre ideas. Sin embargo debe ser a la inversa:


todas las personas son absolutamente respetables, pero no todas las
ideas, que pueden ser verdaderas o falsas, y por consiguiente benéficas
o perjudiciales. No es cierto lo que nos dice el relativismo; sí hay verdades
objetivas, como hay errores y hay falsedades. Las ideas tienen frutos, y
sus consecuencias objetivas muchas veces van más allá de las buenas
intenciones de sus proponentes. Algunas ideas son peligrosas por sus
resultados nocivos a corto, mediano o largo plazo. Por eso las ideas, y
sobre todo las malas, deben ser juzgadas de manera severa y rigurosa
-y cuanto más temprano mejor-, aunque con máximo respeto para sus
adherentes y defensores.

Artículo 4. Los liberales no somos contrarios al Estado sino al estatismo.


El Estado tiene fines indispensables a cumplir, pero específicos y limitados.
Como monopolio legal de la fuerza pública, tiene que organizar ejércitos
y cuerpos diplomáticos, y policiales, perseguir criminales y administrar
justicia, contratar la construcción de carreteras y puentes y colectar
223

impuestos; y todo en gran escala. Por eso tiende naturalmente a la


uniformidad, a la jerarquía centralizada, al empleo de la fuerza, y al
formalismo, a veces hasta la solemnidad. Estos rasgos convienen a sus
fines propios, pero se tornan rémoras insoportables en funciones de otra
clase: producir bienes y servicios económicos y financieros, obras de
arte, o practicar la docencia, la medicina, el deporte o la investigación
científica. Estas otras labores requieren creatividad, independencia,
agilidad, y disposición para las innovaciones y el servicio; por eso son
para la iniciativa privada, el espíritu de empresa y el mercado. Estatismo
es sacar al Estado de su ámbito propio, creando toda clase de trastornos
al inmiscuirse en funciones distintas a las suyas y descuidar las propias.

Artículo 5. Desafueros y abusos son connaturales al estatismo en todas


sus formas. Muchas décadas consecutivas de estatismo llevamos en
Venezuela, por causa del predominio de los intereses especiales, y de las
ideas colectivistas. En el colectivismo el Estado encarna algún ser colectivo
-gremio, pueblo, nación, clase, etnia o raza- cuya primacía se exalta por
encima de la persona y la familia. Todos las variedades de estatismo se
parecen: mercantilismo, laborismo, populismo, nacionalismo, socialismo,
comunismo o nazismo; o la más reciente, “neoliberalismo”. Se traducen
en hegemonía y control abusivo y rapaz de un Estado ilimitado -asociado
a grupos o categorías de intereses especiales-, sobre los individuos, la
economía y la sociedad, sacrificados en nombre del colectivo. Todas
generan autoritarismo, totalitarismo y dependencia.

Artículo 6. No somos neoliberales. Hoy el socialismo se nos dice único


remedio ante el fracaso del neoliberalismo en los ‘90; como en su
momento el neoliberalismo también se nos dijo el solo remedio para los
fracasos estatistas de los ’60 a los ’80.

a) Pero el “neo” liberalismo nada tiene de liberal; y debería llamarse


neoestatismo. Porque es la continuación del estatismo por otros medios,
supuestamente más modernos:
Escandalosos incrementos en los gastos y recursos del Estado, y por
consiguiente en los impuestos y el endeudamiento.
Transformación de monopolios estatales en privados, sin perder su
naturaleza de monopolios.
Aumentos igualmente escandalosos en el género, número y extensión
de las reglamentaciones estatistas -impropiamente llamadas leyes-,
y en la consiguiente intromisión de las agencias reguladoras estatales
en la vida económica y privada.
224

Y como “novedosa” guía para el intervencionismo gubernamental, el


criterio de promover exportaciones en lugar de sustituir importaciones;
mas sin renunciar a las discriminaciones y privilegios a favor de los
beneficiarios exclusivos.

b) Los liberales genuinos seguimos la vieja Escuela austriana, contra


todo tipo de monopolio, enfatizando las funciones del mercado y el rol
del empresario. Y advirtiendo siempre contra todos los excesos, no sólo
en la emisión de dinero -al igual que los monetaristas-, sino también en
el Gasto Fiscal, en la expansión del crédito, en los impuestos y en la
deuda pública. Y nos mantenemos pendientes de todos sus desarrollos,
p. ej. la Economía del lado de la Oferta, que insiste en la deflación, en la
liberación de los factores y consiguiente “explosión productiva.”

Artículo 7. El estatismo nos trajo pésimos resultados. Estatismo tan


duradero -cada versión más colectivista, radical y amenazante que la
anterior- nos ha traído ...:
descuido en las obras públicas, administración de justicia, orden y
seguridad, protección de las fronteras, criminalidad desbordada y
hacinamiento carcelario;
inflación, desahorro, desinversión, decaimiento económico, desempleo
y pobreza;
ineficiencia generalizada;
vicios políticos: corrupción, conflicto y pugnacidad extremos,
personalismo, y tendencias antidemocáticas;
desintegración familiar y pérdida de valores, con ruptura de los tejidos
social y productivo;
degradación y deterioro de la educación en todos sus niveles y ámbitos,
e igualmente de la salud y la previsión social;
centralismo -político y administrativo-;
y servilismo -lo opuesto a liberalismo-, que es la abyecta dependencia
y sumisión a las autoridades.

Artículo 8. El estatismo nos reduce. El estatismo nos recorta los niveles


generales de bienestar y libertades, educación, integración familiar y
moralidad, y hasta de racionalidad. En economía, la inflación nos rebaja
el poder de compra; y los altos tributos nos reducen el ingreso, la inversión
y la riqueza. Una selva de reglamentos especiales reduce la vigencia del
los Códigos ordinarios de derecho privado, y reducen las posibilidades
de acción de los sectores privados. Además:

La labor de los Gobiernos casi se reduce a programas asistencialistas,


actividad por la cual sus titulares pretenden ser y son principalmente
225

evaluados. Es cierto que el estatismo ha empobrecido a la inmensa


mayoría de nuestro pueblo; pero la salida no es el asistencialismo
estatal masivo, sino el sistema liberal o de libre mercado.
Ausentes los partidos, los medios informativos, muy reducidos en
número por el régimen de licencia estatal, reducen a su vez
considerablemente la agenda política. La solución es siempre la misma,
para partidos, medios, empresas, etc.: régimen de competencia libre
y abierta.
La actividad política se reduce a demandas por corrupción y otros
procesos políticos, y el debate queda reducido a su denuncia y crítica.
Pero ese y otros abusos -como los electorales-, son una consecuencia
inevitable de la concentración de poder que entraña el estatismo.
Y algo similar ocurre con el centralismo. Las máximas aspiraciones
zulianas se han reducido a una ingenua exigencia por la
descentralización del sistema, que es absolutamente impensable,
utópica e imposible dentro del estatismo. Todo estatismo es
centralizado, y el centralismo le es inherente. Por eso el auténtico
remedio es cambiar el sistema: la desestatización.

Artículo 9. Proponemos la desestatización. No estamos contra el Gobierno


nacional, ni contra el regional o los municipales, que mucho se parecen
todos. Queremos atacar los males, no en sus consecuencias ni en sus
síntomas, sino en su raíz: el estatismo. Por eso somos radicales, y porque
buscamos la única solución completa y definitiva: el cambio por el sistema
opuesto.

Artículo 10. El estatismo no es para el Zulia. Primero, porque no se aviene


con la idiosincracia del zuliano, que por tradición es irreverente con
cualquier despotismo. Y es amante de su libertad e independencia, de la
iniciativa y la propiedad privadas, del bienestar y de la familia. Y del
esfuerzo creador, así como del merecido y gozoso disfrute de los resultados
productivos de su trabajo, riqueza e ingenio. Y también porque el Zulia
tiene recursos humanos y naturales en abundancia, que merecen no ser
irracionalmente dilapidados, sino empleados racionalmente en pro de su
desarrollo económico y el bienestar de su gente.

Parte II. Fines y Objetivos Específicos para Venezuela y el Zulia

Artículo 11. Nuestros fines. En esencia, esto es lo que queremos:

a) Erradicar la pobreza, la miseria y el desorden de Venezuela,


comenzando por el Zulia. Por el único camino que lleva a esos fines:
crear riqueza a través de la economía de libre mercado, también llamada
capitalista, aunque con intenciones peyorativas.
226

b) Servir los zulianos a Venezuela y al mundo con nuestra producción y


comercio.

c) Por ese camino -nuestro rumbo propio-, hacer del Zulia un emporio
comercial y económico, un oasis político, y un semillero de ideas y
creaciones filosóficas, científicas, intelectuales y artísticas.

d) En lo posible, servir de referencia y ejemplo a un país y un mundo que


se encuentran ávidos de fórmulas aptas y modelos inspiradores, para
resolver los tremendos problemas políticos, económicos, sociales y
morales que plagan nuestro nuevo siglo XXI.

Artículo 12. Invocamos a Dios. Respetando a las personas de otras


opiniones, los creyentes invocamos la protección de Dios Nuestro Señor
-fuente de toda razón y justicia-, sobre todos nosotros, y nuestras
intenciones, compromisos, empeños y labores.

Artículo 13. Queremos Gobiernos en sus funciones propias. Adherimos al


principio de subsidiariedad del Estado, pero bien entendido:

a) Las personas en sociedad tienen a su disposición, prioritariamente, los


medios espontáneos y no coactivos: el lenguaje, la costumbre, la familia,
la empresa y el mercado. Y al Estado por vía de excepción, para fines en
los cuales esos medios se demuestran no aptos o insuficientes. Y en el
Estado, la precedencia en el servicio le cabe al Gobierno local o municipal,
luego al regional, y en lo que estos no pueden actuar, interviene el central;
esta es la base del municipalismo y el federalismo.

b) Conforme este concepto, las funciones propias y naturales de los


Gobiernos son aquellas para las cuales cabe emplear la fuerza pública:
Administración de la Justicia y aplicación de la fuerza policial, en orden
a proteger las vidas, libertades y propiedades de los ciudadanos, y
hacer respetar sus contratos.
Obras Públicas a base de impuestos, principalmente caminos, puentes
y vías de comunicaciones que permitan y faciliten los intercambios
entre personas y empresas.
Defensa nacional contra agresiones externas, y representación
diplomática y consular para nuestra representación en el exterior.

Artículo 14. Alivio estatal a la pobreza con cupones. Hasta tanto seamos
una sociedad de primera, y mientras haya pobres, es aceptable el
cumplimiento de una amplia pero selectiva ayuda asistencial a cargo de
los Gobiernos. Pero no con limosnas, ni mediante propiedad y gestión de
institutos estatales de enseñanza, atención médica y previsión.
227

a) Con las instituciones privadas que de ordinario prestan tales servicios.


Y cupones para sus usuarios más pobres, reembolsables en dinero a las
instituciones. Es decir, ayudando a tres categorías de pobres:
educandos pobres, desde prescolar a la Universidad;
pacientes y discapacitados pobres, incluyendo gastos de
hospitalización, cirugía y maternidad, y medicinas y tratamientos;
cotizantes y beneficiarios pobres de planes previsionales, incluyendo
pensión por retiro, y seguro por desempleo temporal o incapacidad.

b) De esta forma cubriremos todas las contingencias sociales, con


dignidad, y sin la odiosa discriminación actual entre quienes pueden pagar
servicios privados algo mejores, y quienes son condenados a servicios
estatales inoperantes, insuficientes y de la peor calidad.

Artículo 15. No más estatismo. Queremos erradicarlo, en sus tres


manifestaciones típicas.

a) En lo político: Gobierno ilimitado, con demasiadas funciones diversas


y heterogéneas, impropias de su naturaleza, e incapaz de cumplirlas,
pero con infinidad de poderes y enormes cantidades de recursos
supuestamente necesarios para hacerlo. Así somete nuestras libertades
y nos esclaviza; toma nuestros recursos y nos empobrece.

b) En lo económico: mercados cerrados a la competencia libre y abierta,


plagados de propiedad colectiva, impuestos excesivos, reglamentaciones
entrabantes, e injustos privilegios.

c) En lo cultural y legal: instituciones privadas dependientes del Estado.

Artículo 16. Preferimos el liberalismo. Queremos el sistema opuesto;


respectivamente:

a) En lo político, Gobiernos limitados. Por tres clases de límites:


en funciones;
en poderes, prerrogativas y privilegios;
en gastos, y por consiguiente en recursos.

b) En lo económico, mercados libres. Y por tanto altamente eficientes y


productivos, y así remunerados sus factores con ingresos sólidos, y por
eso con amplia capacidad adquisitiva. Así pueden sostenerse empresas
rentables -manufactureras, agropecuarias, mineras, de comercio o de
servicios-, y sin necesidad de subsidios.
228

c) En lo moral y jurídico, sólidas instituciones privadas separadas del


Estado, y por consiguiente libres de la politización y otras corruptelas.
Son las familias, empresas, gremios, medios de comunicación, centros
docentes, clínicas, entes de previsión, iglesias y otras asociaciones
voluntarias de todo género. Con y sin fines de lucro. Sin dependencia
tutelar y dominio políticos, pueden desarrollarse vigorosas y autónomas
en una economía próspera. Dependiendo exclusivamente de los precios
pagados por sus clientes y usuarios, y de los aportes de sus miembros,
adherentes e interesados. De igual forma las asociaciones y partidos
políticos, que también son por naturaleza asociaciones privadas, cualidad
que debe preservarse, eliminando el actual régimen de control y
fiscalización estatal.

Artículo 17. Queremos leyes verdaderas; no leyes malas. El estatismo se


concreta y encarna en las leyes malas, que constituyen la negación de
las verdaderas y justas leyes.

a) Rectamente entendidas, las leyes son normas generales para proteger


los únicos derechos humanos individuales naturales: a la vida, libertad y
propiedad. El Estado es precisamente instituido no para otros fines que
para proteger estos derechos de la violencia y el fraude, los verdaderos
crímenes; y los impuestos son establecidos sólo para financiar los servicios
estrictamente públicos, encargados de asegurar su vigencia. Por eso los
impuestos han de ser pocos, planos (uniformes), bajos y neutrales. Y
como las leyes, iguales para todos.

b) Las leyes malas son las que atribuyen al Estado y Gobiernos otras
funciones diferentes adicionales; más poderes -coactivos y de conceder
privilegios-; y más recursos. Su derogación o inaplicación es primera y
principal condición para una economía y sociedad libres.

Parte III. Objetivos y Metas Inmediatas

Artículo 18. Lo que Venezuela necesita de urgencia:

a) Una nueva Constitución, que consagre el nuevo sistema liberal de


Gobierno; y leyes concordantes.

b) Y un partido político nacional que promueva, impulse y oriente el


proceso de cambio para mejor, asumiendo su defensa y conservación
una vez adoptado.

c) Prometemos trabajar desde ya para estos dos fines, con todo el ingenio,
determinación y perseverancia que nos distingue a los zulianos.
229

Artículo 19. La transición a un Gobierno limitado. Tanto a nivel nacional


como regional, la transición del estatismo al liberalismo exige dar los
siguientes tres pasos o procesos:

a) Derogación o inaplicación de todas las leyes malas -intervencionistas,


dirigistas y controlistas- a través de las cuales el estatismo se consagra,
concreta e instrumentaliza. Este primer proceso se conoce como
desreglamentación; y puede ser inmediato.

b) Capitalización de las personas a través de procesos de privatización


no monopolistas, que pongan en manos de la gente los activos y recursos
hoy impropiamente en manos de los Gobiernos. Este segundo proceso
puede concretarse en un corto plazo.

c) Poner al Estado en su lugar, fuera de todas las funciones impropias que


se arroga -impidiendo u obstaculizando su ejercicio por la sociedad-; y a
cargo de sus funciones propias naturales, por cierto ahora muy
descuidadas. Este tercer proceso puede tomar algún tiempo.

Artículo 20. Y el Zulia requiere un rumbo propio:

a) Una economía privada libre, robusta y pujante, creadora de riqueza,


capital y empleo. Y de ingresos sólidos, capaces de proporcionar a toda
la población zuliana un creciente nivel de bienestar, y también de generar
ahorro suficiente como para realimentarse y multiplicarse mediante la
inversión productiva.

b) Una sociedad de primera, de clase media en su mayoría, y con poder


adquisitivo suficiente para pagar su educación, atención médica y previsión
de buena calidad, sin requerir limosna estatal.

c) Para lograr estas metas, el Zulia no necesita separarse de Venezuela.


Lo que precisa de urgencia es que su Consejo Legislativo recupere su
facultad como tal, y que -previo referendum consultivo- decrete la
inaplicación en el Zulia de todas las leyes malas, tanto reglamentaristas
como tributarias.

d) En otras palabras, la inaplicación de las leyes que atentan contra la


productividad y el bienestar de nuestra región. Que torpedean el
funcionamiento de los mecanismos propios de una economía de libre
mercado y precios, no dirigida por los mandatos de las burocracias, sino
por la oferta y la demanda de bienes y servicios de consumo final y
reproductivos. Y más en general: la inaplicación en la región de todas las
230

leyes que nos impiden ser una sociedad de hombres y mujeres libres e
independientes. En esencia, ese es nuestro Plan de Acción Razonado, en
10 artículos, que hemos titulado “Se acata pero no se cumple”.

e) A fin de motorizar ese Plan, el Zulia necesita de “Rumbo Propio”, esta


asociación política liberal que acordamos constituir en la región, con todas
aquellas personas -sean o no zulianas nativas o adoptivas-, identificadas
con los Principios, Fines y Valores antes declarados, en letra y espíritu.

Plan de Acción Razonado: “Se acata pero no se cumple”

Parte I: Una Corriente de Opinión Liberal

Artículo 1. El Plan. En consonancia con la Declaración de Principios, Fines


y Valores, suscrita por sus asociados y adherentes, Rumbo Propio propone
el presente Plan de Acción para el logro y concreción de los objetivos y
metas trazadas, exponiendo las razones y argumentos que lo
fundamentan.

Artículo 2. Difusión ideológica y capacitación, primeras prioridades.

a) Ahora y en adelante, nos proponemos prioritariamente la más amplia


difusión de nuestros principios y propuestas en el Zulia y Venezuela; y
que puedan ser bien conocidas, comprendidas y adoptadas por todos los
liberales en potencia: las mujeres y hombres que aman la libertad
personal, el progreso por medios honestos, y el respeto a las leyes justas.

b) Nos comprometemos a despejar las innumerables confusiones y


malentendidos en torno al liberalismo, producto de muchos años de
adoctrinamiento estatista en la educación, la prensa y los medios
comunicacionales y de entretenimiento.

c) Para conseguir el mayor número de adherentes, por la persuasión, y


la convicción ideológica firme, nos comprometemos en un Programa de
Formación de Multiplicadores Liberales, tendiente a configurar equipos
de gentes consustanciadas con nuestro mensaje, y capacitadas para
transmitirlo eficaz y fidedignamente.

d) La resistencia a las tiranías es tan vieja como ellas mismas. El


liberalismo no es novedad anglosajona; tiene raíces muy antiguas en la
tradición hispánica, que remontan al menos hasta el Rey Alfonso X el
Sabio, en el siglo XIII. Y las ideas liberales están sembradas en la
Escolástica hispana (o salmantina) de los siglos XVI y XVII, enseñada en
231

ambas Américas hasta el siglo XIX. Del realismo filosófico de esa fuente
proceden corrientes como la Doctrina del Derecho Natural y la Escuela
austriana de Economía. De tales fundamentos vamos a informar, y de los
más recientes desarrollos que suplementan y enriquecen este invaluable
acervo intelectual.

e) A estos fines estamos organizando cursos, talleres y seminarios de


diferente niveles, temas y orientaciones, y en distintas disciplinas,
debidamente apoyados en revistas, artículos, libros, folletos, contenidos
de la Internet, y material audiovisual.

Artículo 3. Una corriente de opinión liberal. Vamos a formar una ancha


corriente de opinión, suficientemente familiarizada con la propuesta liberal
para el Zulia y Venezuela.

a) Con el apoyo individual de mujeres y hombres identificados con nuestra


causa: jóvenes y menos jóvenes, trabajadores, profesionales y
empresarios, estudiantes y desempleados, jubilados y amas de casa, del
campo y la ciudad; sin distinciones raciales, nacionales o regionales,
clasistas ni religiosas.

b) Y el apoyo solidario de gremios, empresas, Universidades, sociedades


vecinales o de fomento y organizaciones voluntarias. Los grupos y partidos
políticos a nivel regional o nacional que comprendan y compartan nuestras
inquietudes y propósitos, y expresen su voluntad de apoyarnos, serán
bienvenidos. Igualmente los Consejos Municipales y Juntas Parroquiales.

c) En tanto sea necesario y posible, y compatible con nuestros postulados


liberales, nos comprometemos a articular y dar formas organizativas, de
interacción y movilización a esta gran corriente de opinión, y a proponerle
una estrategia conveniente, para hacerla exitosa en términos de los fines
propuestos.

Parte II: Una Estrategia Liberal Regional

Artículo 4. Antecedente e inspiración: “Se acata pero no se cumple”.

a) Tal fue la estrategia de supervivencia de la Colonia ante la Metrópoli,


y después de la Independencia. En el Zulia tiene larga tradición, muchas
veces confundida con separatismo y aún con anarquismo. Pero es el
viejo precepto de los canonistas y pensadores medievales, contra la
aplicabilidad de las leyes ofensivas a la razón, la justicia, la economía o
el buen orden y armonía sociales. Leyes y decretos inicuos eran firmados,
232

fechados y sellados en Madrid o en Bogotá, Caracas o Valencia. Pero en


el Zulia y muchas otras regiones del país se acusaba recibo y conocimiento
con una lacónica y expresiva fórmula: “Se acata pero no se cumple”.

b) Hoy es única vía y remedio verdadero para el crecimiento y desarrollo


de las regiones de Venezuela. Cada Estado regional tiene su Consejo
Legislativo, hoy órgano atrofiado. Pues bien, la gente que quiera poder
tomar el camino de la libertad y la prosperidad en su región, puede
demandar de su Consejo Legislativo que recupere como tal su facultad
legisladora, para declarar la inaplicabilidad de las leyes malas. Por
supuesto, previa consulta popular.

Artículo 5. La inaplicación de las leyes estatistas. Es el punto central y


demanda principal de Rumbo Propio, y de la corriente de opinión liberal
y partidaria del Gobierno limitado. Objeto y fin de esta justa exigencia es
poder canalizarse, sin trabas o impedimentos legales, los enormes
potenciales humanos y naturales del Zulia, en pro de nuestro progreso y
bienestar, a los que en justicia sobrado derecho tenemos.

Artículo 6. Las Leyes buenas. Inaplicadas estas leyes malas -incluso las
reformas malas a las leyes buenas- recuperarán sus hoy reducidos
espacios de vigencia las otras leyes, preestatistas, compatibles con el
sistema de Gobierno limitado. Son principalmente los antiguos Códigos
Civil, Comercial, Penal y de Procedimientos. Eran leyes generales,
respetuosas de la iniciativa individual, propiedad privada, y concurrencia
abierta en los mercados, sin monopolios, subsidios ni otros privilegios.
Consagraban asimismo una amplia libertad de contratación para las
personas naturales y corporativas, en el marco de la cual era posible
llegar a negociaciones y acuerdos voluntarios, tan favorables a las partes
como al conjunto de la sociedad. A estas leyes buenas queremos volver.

Artículo 7. Las leyes malas. Desconfían del ciudadano y confían ciegamente


en el funcionario; en consecuencia, le quitan al primero potestades y
recursos que ponen en manos del segundo.

Atribuyen al Estado y a sus funcionarios las mejores, más nobles y


elevadas intenciones. Y una multiplicidad de funciones impropias, para
el supuesto cumplimiento de las cuales depositan en sus manos toda
clase de facultades, derechos y libertades. Y medios, arbitrios y
recursos.
Y atribuyen a los particulares las peores y más nefastas intenciones,
imponiendo prohibiciones y vedas, limitaciones y restricciones, y
exigiendo inspecciones, supervisiones y controles.
233

a) Las leyes malas se enumeran, clasifican y listan en Documento aparte,


junto a la descripción de los beneficios específicos perseguidos con la
inaplicación de cada una de ellas en:
actividades productivas o económicas;
impuestos;
discriminaciones y privilegios;
trabajo y relaciones laborales;
moneda, banca y finanzas;
bolsa de valores, cambios, y seguros;
actividades sociales, educativas, culturales, recreativas, o consideradas
como tales;
actividades criminales y justicia.

b) La lista de leyes malas es larga, por causa de los sucesivos Congresos


nacionales venezolanos, los cuales desde hace muchos años sustituyen
las leyes buenas por las malas, y las malas por las peores: cada vez más
arbitrarias e injustas, y causantes de monopolios y privilegios, intrusivas,
entrabantes, costosas, empobrecedoras, confusas, enredadas y hasta
mal escritas.

c) Pero sólo puede derogar una Ley quien tiene poder para dictarla, la
facultad legislativa. No es el Poder Ejecutivo Nacional -tampoco el regional-
quien ha de devolverle al ciudadano los poderes y facultades confiscadas
por sucesivas generaciones de legisladores, tanto regionales como
nacionales.

Artículo 8. El plebiscito o referendum consultivo. Como primera medida,


y con esa corriente de opinión y apoyo, vamos a solicitar del Consejo
Legislativo y del Señor Gobernador del Zulia, con respeto aunque con
firmeza, que se sirvan llamar a consulta popular -en fecha a determinarse-
sobre el sistema que el pueblo soberano prefiere: estatismo o liberalismo.

Artículo 9. La pregunta. A fin de conocer con precisión la voluntad del


soberano al respecto, la siguiente es la pregunta que cabe formular:

¿Está Ud. o no de acuerdo con tomar la vía liberal en el Zulia; y en


consecuencia en decretar por el Consejo Legislativo la inaplicabilidad de
las leyes estatistas en la región, las cuales se alega impiden o entorpecen
el funcionamiento del libre mercado?

Sí estoy de acuerdo
No estoy de acuerdo
234

Artículo 10. Los siguientes pasos. Una vez encaminado el proceso de


desregulación, nos toca seguidamente impulsar una privatización no
monopolista, para capitalizarnos a los ciudadanos, y que contribuya a
poner al Estado en su lugar, tal como se expone en nuestra Declaración
de Principios, Fines y Valores.
235

v. El Capitalismo es Femenino y el
Socialismo es Machista: La Constitución
Sexual y los 10 Mandamientos
Este ensayo se dedica exclusivamente a las queridas lectoras, con todo
respeto y afecto. Pero sólo a las mayores de 13 años, por sus explícitas
alusiones a determinados actos sexuales, p. ejs. menstruación y gestación,
y a la Constitución Sexual de la sociedad. Y se advierte a los varones que
su lectura puede resultarles altamente decepcionante. Así que a los fines
pertinentes -legales y cualesquiera otros-: ¡Avisado todo el mundo ...!

El sociólogo estadounidense George Gilder publicó en 1973 un libro


profético sobre el feminismo: “Sexual Suicide”. A más de tres decenios,
impresiona vivamente su contenido.

Mujeres y varones

Comienza por espetar que la mujer es sexual, biológicamente, muy


superior al varón. Pero mucho. Porque es orgánicamente capaz de una
serie de actos sexuales procreativos, que el varón es incapaz de
experimentar: gestación; parto o alumbramiento; y lactancia. (¡Vaya
novedad!; pero, ¿no es bueno que nos lo recuerden ...?)

Son estos tres actos sexuales de la mujer, profundamente sexuales,


porque son específicos y privativos de su sexo. Constituyen si se quiere
un privilegio de su naturaleza. Comparada con el hombre, ella es
inmensamente más potente, por su mayor “potencialidad”.

Y eso, antes de mencionar la menstruación, que puede resultar un tanto


incómoda para ellas. Pero la regla es otro acto sexual exclusivamente
femenino. Como los otros, tiene fin y propósito. Desde sus 13 años y
cada 29 días de su vida fértil aproximadamente, y como si sus
potencialidades fueran pocas, la mujer recibe de su naturaleza un
recordatorio automático de ellas; lo cual le da señal clara, reiterada e
inequívoca de su identidad sexual. El varón no tiene nada ni siquiera
parecido, por eso la inseguridad en su identidad y posición sexuales, y la
patológica tendencia a confirmarlas o afirmarlas mediante la promiscuidad,
entre otros medios.

¿Y la mayor musculatura, altura y fuerza física masculinas ...? Pobres e


insuficientes compensaciones naturales de la innegable inferioridad
236

biológica del hombre, nos recuerda Gilder. Y no contento, apunta estas


consecuencias tremendas:

Hay dos sexualidades, femenina y masculina; y la primera se orienta


al largo plazo.
La mujer tiene un lazo natural con sus hijas e hijos del cual el hombre
carece. Y es más aún: naturalmente, el varón tiene conocimiento de
su descendencia y acceso a ella sólo si la mujer se lo permite. La
maternidad es principal y biológica; y la paternidad, accesoria y más
cultural.

La Constitución Sexual de una sociedad

Gilder estudia antropológicamente las sociedades humanas, y encuentra


que difieren profundamente en su Constitución Sexual, según sean
primitivas o civilizadas:

1) En las primitivas predomina la cortoplacista orientación sexual


masculina. Sus economías (y culturas) son recolectoras y cazadoras. Los
hombres organizan partidas de caza y pesca; y otros rituales masculinos
como los iniciáticos -compensaciones culturales de su menoscabada
condición-, de los cuales excluyen a las mujeres, que permanecen en las
chozas. Entre una y otra excursión, los hombres regresan a la aldea y se
reúnen con las mujeres y sus hijos; reciben sexo y afecto. Quien no tiene
mujer, la roba o secuestra, en su propia tribu o en otra. Por eso la guerra
es un rito masculino muy importante en las sociedades primitivas. Y desde
luego también el poder, o sea la política, para los hombres. En estas
sociedades salvajes, jerárquicas y militares, casi no hay capitalismo, y
su tecnología es muy rudimentaria y primitiva, al igual que su religión.

2) Las sociedades civilizadas en cambio proscriben el rapto y la violación;


así que la mujer puede apoyarse tranquilamente y sin riesgos en su
superioridad biológica, y ser ella quien elige a su pareja. Selecciona de
entre los candidatos disponibles, los cuales ofertan algunos activos
(ganado, vivienda, empleo estable, renta o negocio propio, automóvil o
algo ...) en garantía de su papel de proveedores o suministradores
principales de la futura familia, rol esencial en la civilización. Eso se llama
“compra”; y si los padres de ella ayudan en este menester al varón, se
llama “dote”. Son usos y costumbres civilizadas, combatidas por el
concepto de amor romántico del s. XIX.
237

Sexo, familia y civilización

Y es que las sociedades se civilizan sólo cuando la cortoplacista orientación


sexual masculina se supedita a la femenina. Si pasa lo contrario, la sociedad
comete suicidio sexual.

1) La sexualidad femenina se centra en la unión heterosexual monogámica


permanente, con vistas al largo plazo; y en la familia fundada en esa
unión. Cuando los varones lo aceptan, las sociedades comienzan a
desarrollar agricultura, ganadería y otras actividades económicas
orientadas al futuro. Que precisan seguridades, y ciertos montos de
ahorros, inversiones, y prolongados términos de maduración. Todo ello
requiere del cálculo racional y la capacidad de esperar -en el sexo y en la
economía productiva-; y además una base o fundamento, que es la familia
ya descrita.

2) Las sociedades civilizadas lo son porque en ellas la mujer civiliza al


varón; sí, domestica su salvajismo. ¿Cómo? Poco a poco. Y transforma al
hombre en proveedor estable. ¿Con paciencia y ternura? Sí, por supuesto;
pero además con una buena estrategia: dejarle al varón la “jefatura” de
la familia, la “autoridad”. Todos sabemos que eso es teatro y ella está
realmente al mando. Pero la mujer debe representarlo si quiere civilizar
al varón -muy inseguro por naturaleza-, y hacerle subordinar la orientación
sexual de él (inmediatista) a la de ella (futurista). Después de todo hay
algo de teatro en la civilización, un sistema de roles que se actúan.

3) El capitalismo y la civilización se fundan y asientan principalmente en


la familia; y la familia, principalmente en la mujer, aunque el hombre -
proveedor- no es desechable. La familia es la institución capitalista
principal; y secundariamente el mercado y la empresa, también de cara
al porvenir, con carácter no transitorio sino permanente. En ambos casos
la palabra es “responsabilidad”. Estas dos instituciones económicas,
empresa y mercado -junto a la legal de la propiedad privada-, son claves
para el capitalismo; pero no tienen esperanzas de sobrevivir a la familia
si el Estado la destruye.

Feminismo y socialismo

Gilder enseña que el machismo es un arma letal del estatismo para destruir
a la familia y tener así la lealtad absoluta, total e incondicional del individuo.
Pero el verdadero nombre del machismo es feminismo. Y viceversa. Son
lo mismo.
238

Vea Ud.: ¿en qué consiste básicamente el programa feminista? En el


acceso de la mujer al mercado de trabajo, con el reclamo de un rol
proveedor para ella en pie de igualdad con el varón; y asimismo la igualdad
sexual. E igual acceso a la política y al Ejército -y también a los comedores,
viviendas y dormitorios comunes propios de la milicia- ...

¿Qué implica esto? Nada menos que rebajar la sexualidad femenina al


mismo plano de la masculina, degradando la Constitución Sexual de una
sociedad civilizada, basada en la familia. ¿Es así ...? Sí, claro, es el
sometimiento de la orientación sexual femenina a las demandas sexuales
masculinas no civilizadas, enfocadas en las uniones de corto plazo y no
permanentes.

El socialismo -nacionalista o clasista-, consagra y da expresión política al


más puro, viejo y radical machismo, fuerza anticapitalista. El capitalismo
es una trama social pacientemente tejida por las mujeres en los hogares
-donde obtienen ellas sus grandes logros, p. ej. la crianza-, antes que
por los varones en las empresas. Capitalismo y familia son defensas de
la individualidad y la privacidad frente al poder. Socialismo y machismo
(“feminismo”) son una vuelta a la horda promiscua e indiscriminada: un
regreso a las cavernas. Todas las utopías radicales, desde Platón hasta
el s. XX, eran contestes en dos puntos: comunidad de bienes y de mujeres.

Programas antisociales: pobreza, ignorancia, ilegitimidad

El estatismo nos dice que los programas “sociales” compensan desempleo,


pobreza y otros males causados por supuestos fallos de la economía
capitalista. La verdad es que son causados por el primer género de
programas antisociales: los que embisten contra las empresas y los
mercados. Son dirigidos contra la economía en primer lugar, pero de
paso deterioran y minan a las familias constituidas -socavando sus
estructuras naturales-; e indirectamente también hieren de muerte la
capacidad de la gente para informarse y pensar. El segundo género de
programas antisociales, las ayudas del “Welfare Sate”, rematan a la familia
como institución.

Gilder muestra que los programas estatales “de bienestar social” no son
resultado o consecuencia sino una causa de la llamada paternidad
irresponsable, en realidad los hijos ilegítimos de ambos padres y no sólo
del varón. De “Suicidio Sexual” y de otra obra suya (“Riqueza y pobreza”,
de 1981), podemos aprender lo siguiente:
239

1) El Estado empieza por destruir la moneda mediante la inflación; y así


acaba con el poder adquisitivo del dinero. En un matrimonio así
empobrecido, es necesario laborar jornadas muy extensas y agotadoras,
incluso mujer y marido; y eso apenas para sobrevivir. Un ingreso individual
ya no alcanza para sostener a una familia porque el Estado impone tributos
y pesadas cargas reglamentarias. El tiempo tampoco alcanza, de modo
que se sacrifica el de la pareja, los hijos y la familia, que así se va
erosionando y destruyendo.

2) Y la gente debe sacrificar su tiempo para investigar e informarse, con


buen discernimiento de las fuentes, y para la reflexión -como individuos
racionales-, en asuntos privados, públicos, y también generales acerca
de la realidad, Dios, el hombre y la sociedad. De todos modos, aún con
tiempo para pensar, ya no están los instrumentos idóneos para hacerlo
bien: las categorías ontológicas para captar la realidad han sido
sacrificadas por la destrucción de la Filosofía realista, como sus vestigios
en el lenguaje ordinario, las categorías gr amaticales. Toda esta
problemática nos sorprende faltos de herramientas; y ni nos damos cuenta,
víctimas de 1001 errores y verdades a medias, informaciones parciales o
falseadas, confusiones, engaños y mentiras descaradas. Aparte la inflación,
el Estado sigue destruyendo empresas y empleos con sus otras políticas
antimercado y antieconómicas, dejando en la calle muchos asalariados,
principalmente varones.

3) Con sus medidas “sociales”, el Estado anuncia a las mujeres (y a los


hombres) que está dispuesto a hacer el papel de marido y padre,
reemplazando al varón en su rol de proveedor principal para la familia.
Muchas esposas y madres se tientan a aceptar el cambio, cansadas de
esposos poco civilizados y/o desempleados, y ayudadas por el divorcio
fácil, instantáneo, barato y de hecho unilateral; o bien por la ausencia de
lazo marital que romper, en las uniones ilegítimas. El papel de
suministrador es asumido por el funcionario (o funcionaria) de Bienestar
Social. Para el inseguro varón, esta sustitución tiene un efecto psicológico
desvastador; y sobre la familia, destructivo.

4) Así es como muchos esposos y padres se tientan a in-civilizarse


regresando con sus compañeros a los equivalentes modernos de las viejas
partidas de caza: competencias deportivas (no activa sino vicariamente,
en el estadio o en la TV, tipo “voyeurista”); hurto o robo en pandillas o
“gangas”; juegos y apuestas; dependencia del alcohol o drogas;
dependencia de los programas de la asistencia social; sexo ocasional y
empleos ocasionales (y viviendas o albergues ocasionales, incluso
“comedores populares”); política “revolucionaria” y militarización e
240

indoctrinamiento patriótico y político-militar en los países totalitarios ... y


largo etcetera.

Coeducación, facilismo pedagógico y “diplomanía”

“Suicidio sexual” y “Riqueza y pobreza” tratan los desastres en la docencia:

1) La coeducación de ambos sexos impuesta por el Estado, es responsable


de buena parte del fracaso escolar y del muy pobre rendimiento
académico. Sobre todo de los varones, sexualmente mucho menos
seguros y ordenados. Se reúne en un mismo salón a chicas y chicos en
plena efervescencia hormonal, y se pretende que concentren sus mentes
en fórmulas químicas, físicas o geométricas, fechas históricas, verbos
irregulares y nombres de ciudades, montañas y lagos. La escasa atención
lleva al fracaso. Pero en este como en muchos otros de sus estrepitosos
fallos, el Estado se niega a reconocerlo y admitirlo, y a permitir el remedio:
la desestatización educativa, y la vuelta a la educación segregada, al
menos para quienes la escojan.

2) Los diabólicos Ministros de Educación inventan e imponen entonces


unas fórmulas de enseñanza y aprendizaje cada vez más relajadas y
degradadas. Es el escape al facilismo, para educando y educador:
preelaborados tests de escogencia múltiple, trabajos en equipo,
“investigación” copiada a la ligera (ahora de Internet), tumultuosas y
opináticas “clases participativas” en lugar de lecciones del profesor,
“sensibilización” ... y muchos otros etceteras aquí. Resultados: bachilleres
cada vez más deficientes en información y en capacidades, en habilidades
y destrezas intelectivas, en conocimientos teóricos y prácticos.
Embrutecimiento progresivo y masivo.

3) Y el Estado trata de disfrazar piadosamente su fracaso como educador


tras la “diplomanía” (credencialismo según otros autores): imparte más
“educación”, e impone la exigencia de cada vez más títulos y certificados
de “estudios” a todo el mundo. Le exige Bachillerato o Licencia de Técnico
Superior hasta a quien va a ser cobrador (o cobradora) del peaje en la
autopista ... Claro, si sabemos que educación equivale a indoctrinamiento
compulsivo, y diplomanía a nichos monopólicos garantidos para los
indoctrinados, comprendemos las razones de la sinrazón.

Finalmente el colectivismo destruye la sexualidad

Sexualidad no es sólo cópula y cosas parecidas o sustitutas. Esa es una


visión reducida, estrecha y masculina; o por mejor decir: machista.
241

Sexualidad también es gestación, parto y lactancia. Pero en su loco afán


por acabar con la individualidad e identidad personal, el colectivismo
destruye la familia y también la sexualidad. Que es sagrada precisamente
por ligarse indisolublemente a la personalidad de cada ser humano único
e irrepetible, mujer u hombre.

Este cambio revolucionario, el más subversivo, dramático y temible -y


perverso- en la Constitución Sexual, nos afecta a todos. Porque, ¿cómo
nacemos las personas? De madre y padre que normalmente nos dan
identidad. ¿Y si no naciéramos así ...? Pues en 1973 Gilder observa ciertas
tendencias muy inquietantes y perturbadoras, ya anticipados por el
novelista inglés Aldous Huxley cuatro décadas antes -1932- en “A Brave
New World” (en español “Un mundo feliz”). Es esta una novela de
anticipación o ciencia-ficción que trata de una “civilización bárbara”. La
paradojal expresión significa salvajismo tecnificado: niñas y niños son
fabricados en masa por los funcionarios gubernamentales desde los
embriones. Así predeterminan biológicamente las distintas capacidades
humanas para las diversas castas sociales: superiores, medias, e
inferiores o sub-inteligentes (puro músculo, carne y sensibilidad). Vale la
pena releer hoy esa novela: los textos proféticos deben revisarse con el
tiempo para ser juzgados en sus pronósticos ... En 1947 el también
británico C. S. Lewis publicó su célebre ensayo sobre el mismo tema: “La
abolición del hombre”. ¡Y después decimos que Dios no nos envía más
profetas! Tal vez, como siempre, no queremos escucharles porque no
nos agrada lo que nos dicen.

Hoy las tendencias previstas por Gilder ya van muy “adelantadas”:


fecundación de embriones humanos en tubos de ensayo, congelados y
conservados por millones, implicando la producción en masa de seres
humanos anónimos para ser sirvientes de propiedad estatal: gestación
fuera del vientre materno o extracorpórea (“ectogénesis”);
experimentación con células matrices (o “estaminales”); y clonación de
personas a partir de tejido humano.

¿Qué se quiere lograr? ¿Cuál es el fin? Nada menos que romper las
naturales conexiones entre sexualidad, embarazo, parto, lactancia, crianza
e identidad personal. Es un ataque al humano poder procreativo, último y
terminal asalto sobre la individualidad, y por ende sobre la humanidad.

Evolucionismo y otros puntos de la Agenda antiliberal

Ese crimen abominable se justifica en la doctrina evolucionista, una


especulación descabellada y anticientífica que se hace pasar por verdad
científica. No casualmente es uno de los dogmas promovidos activa y
242

oficialmente por el colectivismo y su brazo político, el estatismo. Que


también por vía autoritaria -y tampoco casualmente-, promueven los
otros tópicos del feminismo: precocidad y promiscuidad sexuales, aborto,
eutanasia y eugenesia, parejas homosexuales con hijos (que son hijos
de la ectogénesis) ... Y otros puntos de la misma agenda:

Ciencia fraudulenta, para apoyar el ecologismo y el evolucionismo


militantes, y todo lo demás.
Positivismo y conductismo en Humanidades -avales “científico-sociales”
de todos los experimentos de la planificación intervencionista y
dirigista-;
Posmodernismo y otras corrientes nominalistas, anti-realistas e
irracionalistas en Filosofía;
“Nueva Era” y otras variedades gnósticas y esotéricas en materia
religiosa, sincretizadas con la estatolatría o culto al dios-Estado.

Porque si el evolucionismo es válido, entonces humanidad y civilización


dependen del azar. Y así se legitiman todos los experimentos y
manipulaciones con las personas, en la supuesta búsqueda de “mutaciones
y mejoras evolutiv as”, a cargo del Estado . ¿Por qué el Estado?
Simplemente porque tiene el poder, la fuerza. Si no hay verdades objetivas
-¡cuantimenos “absolutas”!- entonces no hay reglas ni justicia; sólo poder,
fuerza desnuda. Y si además la realidad es infinitamente moldeable y
plástica, pues no cabe sino que dejemos al poder que mande, sin límite
alguno. Y si Universo, materia, energía y naturaleza se hicieron a sí
mismas, entonces cabe adorarles ¡porque son dioses! ¡Y a la fuerza del
poder también!

Otras veces ha ocurrido: nazismo, comunismo. Sin embargo hay una


diferencia, pero para peor. En el pasado las ideas bárbaras, antihumanas
y absurdas se imponían a punta de pistola y campo de concentración. No
obstante hubo resistencia. Pero ¿qué resistencia puede haber cuando
ideas de esa clase son infiltradas en el cerebro y el corazón, y aceptadas
mansa y un poco inconcientemente por la inmensa mayoría ...? Puede
resistirse a un partido militarizado y armado; pero, ¿a una masa adocenada
desde pequeña, que sigue a sus jefes al matadero gustosamente y en
manada, lavado y vaciado el cerebro, y desactivada la voluntad ...?

La libertad depende de la verdad

Como Ud., puede ver, querida amiga lectora, el estatismo no viene solo
sino en un “paquete” que se nos impone gradualmente. El primer paso
son las manipulaciones monetarias, cambiarias, financieras, y en general
243

las políticas, económicas y sociales, acompañadas de las constitucionales,


legislativas y judiciales que les dan fuerza legal. Después las educativas
e informativas, científicas, filosóficas, religiosas y culturales, incluso
reescribir la historia -destacada por George Orwell en “1984”, que es de
1945-; estas cubren a las primeras para hacerlas tragar. El penúltimo
paso es la manipulación sexual; el último y tal vez final es la manipulación
genética.

Ud. puede ver también que sólo el conocimiento de la verdad nos hará
libres como dice el Evangelio de Jesucristo (Juan 8:32) ... Pero ha de ser
de toda la verdad, entera, íntegra. Porque es indivisible: si develamos
una parte de la verdad y ocultamos el resto, estamos mintiendo; y no
seremos libres. La libertad es divisible: todos los días vemos que los
Gobiernos del mundo reconocen algunas libertades y avasallan las demás.
Pero la verdad en cambio no es divisible; y por eso en los defensores de
la libertad encontramos lamentables contradicciones:

Comenzando por la Economía, uno encuentra mercadistas que no son


consecuentes liberales, como los discípulos de la Escuela de Chicago.
Y vemos vigilantes guardianes de las libertades políticas, que sin
embargo no objetan Gobiernos cada vez más ilimitados en poderes, e
incluso los defienden, o al menos no resisten la liquidación de las
libertades económicas. Y viceversa: celosos libertarios económicos
coqueteando con el autoritarismo político; o con el anarquismo, su
negación sólo aparente, puesto que la Ley del más fuerte y poderoso
es la que realmente impera en la Jungla estatista.
Defensores del capitalismo liberal que no objetan el asesinato de la
familia; y viceversa.
Amigos de ambos, del capitalismo liberal y de la familia, pero también
de las filosofías que sostienen y alimentan a sus adversarios:
relativismo, escepticismo cognitivo, idealismo o materialismo,
romanticismo o pragmatismo. Y viceversa: realistas aristotélicos y
hasta tomistas ortodoxos en Filosofía, pero abrazados a conceptos
dirigistas como el “justo precio” oficial, propios de las condiciones de
sitio e incomunicación impuestas en Europa por las invasiones de la
Edad oscura -primeros siglos medievales- que hacían la competencia
imposible; y que hoy el estatismo intenta reproducir artificialmente
para legitimar su intervencionismo.
Creyentes religiosos y ateos con curiosos puntos en común, falsos
además: que fe no congenia con razón y ciencia, ni Biblia tiene que
ver con política. Estas coincidencias se observan en el campo de los
enemigos de la libertad; pero también entre sus sedicentes amigos.
244

Freud tenía en parte mucho de razón

El Dr. Sigmund Freud sostenía que el precio de la civilización -si hablamos


de una sociedad de veras civilizada- es la represión sexual; y esa es una
grande y redonda verdad. La pregunta es si valió la pena pagarlo o no.
Un error es ignorar que el precio -al menos en buena parte- no es para
toda la humanidad sino sólo para su mitad masculina. Freud lo sabía.
Pero otro error es considerar la represión sexual como algo malo en sí
mismo y causa de muchos y terribles traumas, como creen muchos
devotos freudianos que exorcizan esos tales supuestos demonios
conforme a los sacramentos de la religión psicoanalítica.

Muchas personas, de uno y otro sexo -¿o debo decir “género”?-, creemos
que el resultado -la susodicha civilización- valió la pena el precio. Y vale
la pena conservarla.

Las personas bien informadas, sabemos además algunas verdades


objetivas acerca de realidades como las siguientes:

mujeres y hombres somos completa y absolutamente iguales en


dignidad y derechos. Pero no iguales en naturaleza, habilidades,
capacidades y potencialidades. En otras palabras: “iguales” no equivale
a idénticos, fungibles e intercambiables. ¡Gracias a Dios!
los grandes logros de la civilización humana -comenzando por el
capitalismo, el principalísimo- los debemos a la mujer, directa o
indirectamente;
sin duda hay un sexo fuerte, y es el femenino. El sexo débil es el otro.
Y ser realista significa ser lo suficientemente humilde para aceptar la
realidad.

Y sabemos también que el socialismo, estandarte político del machismo,


pone a la civilización en peligro, por la resistencia del sexo débil (ya
sabemos cuál) a someterse al fuerte (también sabemos cuál), con la
complicidad de las mal informadas feministas, ignorantes de ser el sexo
fuerte. Y de que el feminismo es machismo disfrazado, y el machismo es
masculinidad incivilizada.

Los 10 Mandamientos, base moral del capitalismo, y último


fundamento de la civilización

Según Gilder, el mundo civilizado depende del matrimonio; y en


consecuencia, del éxito de la sociedad en la represión sexual. Y Gilder no
es lo que dirían un “mojigato religioso” o un “retrógrado reaccionario”:
245

su libro sigue un enfoque racionalista y naturalista, a ratos incluso


evolucionista. Al igual que otro más antiguo -de 1966-, del alemán Helmut
Schoeck, otro antropólogo profético: en “La envidia” estudia ampliamente
ese otro tema. Su conclusión es que el mundo civilizado depende de la
propiedad privada; y en consecuencia, del éxito de la sociedad en la
represión del sentimiento de la envidia, padre del colectivismo.

Las conclusiones de uno y otro son muy conciliables, pues ambos factores
son vitales: matrimonio monógamo estable y propiedad privada. Se
concilian en los 10 Mandamientos de la Ley bíblica. Aluden a los dos
instituciones, y a la envidia de una vez. Porque para ambas, la proscripción
de la envidia es una primera línea de defensa:

A la defensa del matrimonio y a la represión sexual, se alude


claramente donde se dice (principalmente al hombre-varón): “No
fornicar”; y “No envidiar la mujer de tu prójimo.”
Y a la defensa de la propiedad privada y otra vez a la represión de la
envidia, se alude otra vez claramente donde se dice (al varón y a la
mujer por igual): “No robar”; y “No envidiar el campo, la casa, el
siervo o el buey de tu prójimo, o cosa alguna que le pertenezca.”

Está escrito en Exodo 20 y Deuteronomio 5. No es cosa que digan Gilder


o Schoeck; lo crea Ud. o no, amiga, es Palabra de Dios. No es de ello que
podemos deducir su enorme sabiduría; como sugiere Deuteronomio 4,
es precisamente a la inversa: de la incomparable sapiencia y justeza de
sus sentencias, normas y consejos -entre ellos, el mandamiento político:
Gobierno limitado-, y de la certidumbre de sus predicciones, es que
podemos deducir su origen divino. Su exactitud perfecta es contundente
prueba de la misma realidad de Dios.
246

La Salida es el Liberalismo: Cambio de vi.


Sistema, el cambio para mejor
Toda economía es capitalista, en tanto emplea ahorros y medios de
producción para multiplicar los bienes y servicios. Pero el liberalismo o
capitalismo liberal se opone al mercantilismo y al socialismo:

el mercantilismo es el estatismo o capitalismo de Estado en provecho


exclusivo de los sectores económicos establecidos;
y el socialismo es igual, en provecho exclusivo de los sectores políticos
dominantes;
el “neo” liberalismo es la forma actualizada de mercantilismo;
y el capitalismo liberal es el capitalismo para todos, sin restricciones
ni privilegios.

En Venezuela, los abusos y estragos del mercantilismo nos trajeron como


reacción el socialismo; un supuesto remedio que no remedia, igual de
malo o peor que la enfermedad cuya cura vanamente pretende.

Los tres principios básicos del Liberalismo

1. Gobiernos limitados
2. Mercados libres
3. Instituciones privadas separadas del Estado

El primero es el más importante y fundamental, por eso el Liberalismo se


conoció en el pasado como “Doctrina de los Gobiernos limitados”; y en
consecuencia, de la libertad personal. Por su origen histórico, en Occidente
también se le conoció como Doctrina Bíblica del Gobierno. Y así como se
le llamó a veces “liberalismo” por oposición al mercantilismo, también
por su oposición al socialismo se le llamó otras veces doctrina
“conservadora” de las funciones y límites de los Gobiernos.

De todos modos, esos tres son sus principios inconfundibles. El segundo


y tercero resultan del primero, porque sólo con Gobiernos limitados es
posible tener:

mercados libres, y por eso altamente eficientes y productivos, y así


remunerados sus factores con ingresos sólidos, y por eso con amplia
capacidad adquisitiva. Todos los mercados libres pueden sostener
empresas rentables, sean manufactureras, agropecuarias o de
servicios; por eso en toda actividad los ingresos han de ser
compensatorios y elevados -sin subsidios-, siempre y cuando el Estado
247

no sea enorme y ultragastador. Ese tipo de Estado no se puede


mantener.

familias, empresas, gremios, medios de comunicación, escuelas,


clínicas, entes de previsión, iglesias y otras asociaciones voluntarias
como instituciones privadas, y por ello vigorosas y autónomas,
separadas de la dependencia tutelar y dominio de los Gobiernos.

¿Para qué Gobierno?

Siendo el Gobierno el monopolio legal de la fuerza, se necesita para todo


aquello que requiere fuerza: hacer la guerra, perseguir el crimen y
juzgarlo, recolectar impuestos para pagar estas funciones y las obras
públicas contratadas.

Negocios como comerciar y fabricar; sembrar y cosechar; educar y


aprender; practicar la medicina y ser atendido como paciente; y comprar
y vender un seguro de previsión para contingencias o retiro, son actividades
que no requieren fuerza. No necesitan Gobierno, a menos que algún crimen
o estafa requiera la intervención de los jueces.

Gobiernos limitados: los tres límites

1. en Funciones
2. en Poderes y atribuciones
3. en Recursos y Gastos

El primero es el más importante de los límites. Pues con menos funciones,


los Gobiernos tienen:

menos poderes y atribuciones, y los ciudadanos más libertad.


menos recursos y gastos, y los ciudadanos más riqueza.

La causa de la pobreza es la concentración de poder

El exceso y diversidad de funciones atribuidas hoy los Gobiernos es uno


de los factores que les impiden cumplir siquiera alguna de público interés.
Sin embargo, con la excusa de cumplir todas las que se arroga,
indebidamente nos despojan a las personas de:

infinidad de poderes y atribuciones de todo orden, con los cuales


reducen nuestras libertades, económicas y no económicas;
248

enorme cantidad de recursos (como los provenientes del petróleo y


demás recursos naturales) y otros impuestos, visibles (a las personas,
capitales y actividades) e invisibles (p. ej. inflación monetaria, e
ingresos de las loterías y juegos.)

Así los Gobiernos concentran injustamente el poder, nos someten y


empobrecen, y nos impiden satisfacer nuestras necesidades por nosotros
mismos, y acceder por medios y esfuerzos propios a la prosperidad y
bienestar. La concentración de poder causa la falta de libertad y la pobreza.

La concentración de poder es también causa de la


corrupción

La corrupción no es la causa de nuestra pobreza, si bien es un problema


grave. Pero es consecuencia de la concentración de poder. Es irreal
esperar otra cosa en Gobiernos ilimitados. La corrupción se agiganta y
se vuelve monstruosa e intratable. Sólo en un Gobierno limitado la
corrupción es limitada, y por consiguiente tratable por sus remedios
propios: los judiciales.

Lo que debe cambiar es el sistema, que encarna en las leyes y la


Constitución -el sistema de Gobierno-, y no sólo las personas que lo
ejercen.

Las leyes malas

Un Programa Liberal de Gobierno es prácticamente una Agenda de Leyes


para su Derogación. Y es programa esencialmente para el Poder
Legislativo -y eventualmente el P. Constituyente-, al efecto mucho más
importante que el P. Ejecutivo. Porque sólo puede derogar una Ley quien
tiene facultad para dictarla.

En Venezuela hay un mito: que todas las leyes son buenas, y todos los
males devienen de su (presunto) incumplimiento. La realidad no es así.
La mayoría de las leyes son a la vez causa, resultado y expresión del
estatismo o capitalismo de Estado; y son malas porque impiden la libertad
y a la prosperidad de las personas, y al negar su madurez, la retrasan.
Hay que derogarlas.

Las leyes malas son las que:

Atribuyen al Estado y a sus funcionarios las mejores, más nobles y


elevadas intenciones. Y una multiplicidad de funciones impropias, para
249

el supuesto cumplimiento de las cuales depositan en sus manos toda


clase de facultades, derechos y libertades. Y medios, arbitrios y
recursos.

Y atribuyen a los particulares las peores y más nefastas intenciones,


imponiendo prohibiciones y vedas, limitaciones y restricciones, y
exigiendo inspecciones, supervisiones y controles.

Solución: dejar vivir libremente a las fuentes de riqueza y


desarrollo personal

¿Se cumplen o no las leyes malas? Tienen tres clases de efectos negativos
y destructivos sobre iniciativas y emprendimientos privados:

Muchos son desalentados y abortados antes de comenzar, y así se les


impide nacer y funcionar;
Otros son entrabados y castigados luego de nacer, disminuyendo su
provecho y crecimiento;
Otros compran encubiertamente impunidad a los funcionarios,
generando muy rentables corruptelas y nichos monopólicos.

El remedio es su derogación. Una vez derogadas las leyes malas -


incluyendo las reformas malas a las leyes buenas-, entonces recuperarían
sus espacios de vigencia los Códigos de la Era anterior al Estatismo.

¿Cuáles son las funciones propias y naturales de los Gobiernos?

Cumplir los fines del Estado, monopolio legal de la fuerza pública, que
son tres:

1. Defensa nacional
2. Administración de Justicia
3. Obras Públicas, principalmente caminos, puentes y comunicaciones

Estado y Gobiernos no son propietarios del territorio, mucho menos de la


población del país, tampoco sus tutores, padres sustitutos o mentores.

Enseñanza, atención médica y previsión

No son funciones propias y naturales del Estado, porque no requieren de


fuerza o coacción para cumplirse.

Sin embargo, como consecuencia de décadas de estatismo, hay


demasiados pobres. Sin duda la economía de libre mercado va a permitir
250

el enriquecimiento de muchísimos pobres. Pero mientras tanto ello ocurra,


se admite el financiamiento estatal de la demanda de estos tres servicios
para los más pobres. En instituciones privadas, y mediante cupones
reembolsables. Así se elimina la odiosa discriminación que hay ahora,
entre los buenos servicios privados para quienes pueden pagarlos, y los
malos servicios estatales para el resto.

Los 9 puntos de la Agenda Liberal para Venezuela

Para Venezuela, los principios enunciados se concretan en 9 medidas o


políticas, aplicables de manera inmediata, simultánea, conjunta e integral.

1. Reforma del Estado y privatización de las empresas estatales

Definición y limitación de las funciones estatales a la defensa nacional,


administración de Justicia, y Obras Públicas, principalmente caminos,
puentes y comunicaciones.
Limitación de los poderes y atribuciones estatales a aquellas
competencias y facultades estrictamente necesarias al cumplimiento
de sus funciones, y consistentes con la máxima libertad personal.
Limitación de los gastos estatales hasta los sostenibles con una carga
tributaria no mayor a un décimo de los ingresos personales gravables;
y en consecuencia, de los recursos públicos.
Fin del sistema de propiedad estatal de recursos y medios productivos.
Privatización de la industria petrolera y demás empresas estatales
mediante distribución de acciones en la población hasta la mitad del
valor de mercado de los activos; y aplicación de la otra mitad al pago
de la deuda pública vigente y revisada.
Recuperación de la soberanía nacional en materia legislativa,
derogando todas las leyes arbitrarias, irracionales e injustas que los
organismos internacionales han dictado y dictan a nuestros Gobiernos
a título de Tratados, Convenciones y Acuerdos internacionales.
Cambio de Constitución: una nueva Carta Magna en sintonía con estas
medidas y políticas y los principios que las inspiran. Y cambio de
leyes, con igual espíritu y fin. Seguramente sirven muchos antiguos
textos constitucionales y legales en el pasado sustituidos por otros de
valor muy inferior.

2. Recorte de impuestos y cese al endeudamiento público

Impuestos dentro del límite establecido a la carga tributaria; cese al uso


de la inflación monetaria como instrumento impositivo; y cese a la
contratación de deuda pública.
251

3. Deflación: rebaja sustancial de precios, y consiguiente aumento


en el nivel de vida general

Deflación -lo opuesto a inflación- es lo que les pasa a los precios, una vez
cesado el empleo de la inflación de dinero como instrumento de
financiación por los Gobiernos; y con flexibilidad laboral, y los empresarios
compitiendo por la mano de obra, ofertando mejores salarios reales y
condiciones de trabajo, pero conforme a su productividad y no a las leyes
y decretos arbitrarios.

Así ocurre una explosión contractual y productiva. Con aumento de bienes


y servicios, pero apagada la máquina de imprimir billetes. De esta manera
el incremento inmediato en los ingresos reales de las personas, familias
y empresas, no es un sueño ni otra utopía. Es potencialmente real, viable
y factible. Basta con aplicar todas estas medidas y políticas.

4. Capitalización popular por privatización y acciones en los


centros de trabajo

Privatización de escuelas, hospitales, entes previsionales, y centros


culturales, deportivos y recreativos de propiedad estatal, con preferencia
de compra a sus maestros y profesores, personal médico y de enfermería,
profesionales, técnicos, administradores, empleados y trabajadores; y
finiquito a toda suerte de deuda pendiente con el personal mencionado.

5. Desregulación (I): educación, medicina y previsión de primera


para todos

Desregulación de la oferta en educación, medicina y atención


previsional, con autonomía plena de los entes y centros prestatarios,
sola vía de mejorar su calidad, hoy muy decaída.
Financiamiento estatal de la demanda para los más pobres, en las
instituciones privadas y privatizadas en pie de igualdad, mediante
cupones reembolsables.

6. Desregulación (II): más empleo productivo, riqueza y bienestar


para todos

El incremento inmediato en los empleos disponibles, en su productividad,


en los ingresos reales devengados y en la prosperidad general, no es
promesa vana y demagógica. Es factible, pero es a través de la
desregulación: libre mercado y competencia abierta. Se requiere:
252

Derogación inmediata de la legislación regulatoria que maniata las


libertades laborales, profesionales, empresariales y económicas. Y
en general, desregulación de las libertades personales y de las
instituciones privadas, descrito de modo más explícito en el punto
siguiente.

7. Desregulación (III): libertades personales e independencia


de las instituciones privadas

Derogación inmediata de las leyes malas, que crean todo género de


monopolios y oligopolios, atentando así contra las familias, empresas,
gremios, medios de comunicación, escuelas, clínicas, entes de
previsión, iglesias y otras asociaciones voluntarias, hoy enfeudadas
por la dependencia tutelar y dominio de los Gobiernos.
Los gremios y asociaciones profesionales serán reconocidos en sus
funciones naturales como centros de capacitación profesional; de
intermediación en el mercado laboral (bolsa de trabajo); y agentes
de previsión para sus asociados y familiares, pero sin emplear la
fuerza o coacción.
Eliminación del sistema de licencias en los medios de comunicación
radioeléctricos.

8. Reforma Judicial

Para una Justicia idónea e imparcial, pronta, eficiente y accesible. Capaz


de aplicar la nueva Constitución, y los nuevos textos legales en
consonancia. Y basada en los principios de restitución o compensación a
la víctima y de disuación al criminal potencial como primeros fines de la
Justicia, y no el castigo del victimario, y su eventual mejoramiento e
integración a la sociedad sólo como fines secundarios.

9. Alto al desborde criminal

Soldados y policías deben volver a sus funciones propias: patrullar


fronteras y calles, y apresar a los verdaderos criminales. Y Jueces y
oficiales judiciales, a las suyas: juzgarlos. Pero ello requiere:
Derogación de las leyes antidroga, muy mal concebidas, que sólo
agravan el problema, y crean otros como: a) precios inflados
artificialmente, que ponen el tráfico de sustancias ilegales en manos
criminales con inmensa riqueza, fuerza y poder, asociadas a todo
género de violencia subversiva política y común; b) traficantes
minoristas que atestan tribunales y cárceles, y les impiden así servir
eficazmente en crímenes no relacionados con drogas; c) compra de
253

funcionarios y corrupción expandida.


En el problema de la droga, como en el de la pobreza, la violencia, la
ignorancia y tantos otros problemas, tenemos que cambiar los medios
que por muchas décadas han probado concluyentemente su ineficacia.
Lo mismo con los problemas crónicos de la provincia venezolana,
todos devenidos del estatismo.

“Se Acata pero No se Cumple”: La agenda liberla para las


regiones de Venezuela

La descentralización es el reemplazo del gran estatismo centralizado en


la capital, por un conjunto de estatismos regionales paralelos, cada cual
con asiento en su localidad. No sirve. Y gracias a Dios no se practica,
porque quizá el remedio también sea igual o peor que la enfermedad.
Privatización y desregulación son mucho mejores.

Y el viejo “Se acata pero no se cumple”, que fue la estrategia de


supervivencia de la Colonia ante la metrópoli, es única vía y remedio
verdadero para el crecimiento y desarrollo de las regiones de Venezuela.
¿Cómo? Así: cada Estado regional tiene su Asamblea Legislativa, ahora
un órgano atrofiado. Pues bien, la gente que en su región quiera que se
tome el camino de la libertad y la prosperidad, puede exigir a su Asamblea
Legislativa que recupere su facultad legislativa.

Y que la A.L. convoque a un referendum consultivo regional con la


pregunta: “¿Qué sistema de Gobierno y leyes desea Ud. para nuestra
región: capitalismo liberal o estatismo?” Y de resultar preferido el
primero,
que la A. L. decrete en el ámbito regional la VACACIÓN LEGAL PARA
LAS LEYES MALAS, incluidas las prescripciones constitucionales. P. ej.
por 5 años renovables. Y de este modo ponerse la región a trabajar,
ahorrar, invertir y producir en calidad y abundancia, con competencia
libre y excelencia.

Una nuevo concepto del Bien Común

Puede resumirse así: el Estado no es el único promotor o contribuyente


al Bien Común, ni representante exclusivo del Interés Público. Cada cual
en su esfera, también lo son las familias, empresas, escuelas, iglesias y
otras asociaciones voluntarias. El Bien Común resulta de la buena actuación
de todas las partes. Venezuela ya tuvo suficiente de un concepto estatista
del Bien Común, y padecemos sus consecuencias. Es hora de cambiar.
Para mejor.
254

El Liberalismo, ¿es una Tercera vii.


Posición?
Hoy en día, el debate ideológico está muy vivo y candente, pero sólo dos
posiciones polarizan y copan el escenario: el “neo” liberalismo y las nuevas
izquierdas radicales. En cierto modo el liberalismo verdadero (vero-
liberalismo) puede ser caracterizado como una “tercera posición”.

En Bolivia, lo del gas fue un detontante, por no decir un pretexto. Como


en otros países de América latina, se reiteran los fracasos “neo” liberales.
La mayoría de los Gobiernos siguen aplicando el “Consenso de
Washington”; pero sin las ilusiones de comienzos de los ‘90, ahora siguen
esas políticas como con “piloto automático”, por cansancio y no por
convicción, y porque no conocen otras. Ante las frustraciones e irritación
de las gentes, las izquierdas -viejas, nuevas y renovadas- han vuelto a
dominar el panorama político: agitación callejera, protestas, huelgas,
reclamos. Y siempre avanzando su agenda, enriquecida con los nuevos
temas no económicos, que van desde el ecologismo hasta la pedofilia
por Internet. Y esto desde los zapatistas chiapanecos a los piqueteros
bonaerenses. Las izquierdas tomaron prácticamente el poder en Bolivia,
y el eje La Habana-Caracas-Brasilia-Asunción-Buenos Aires es cada vez
más real.

Como es habitual, las izquierdas protestan contra el ALCA y la


globalización, pero ahora con ciertas posiciones novedosas, en temas
igualmente nuevos para ellas, como por ej. contra los subsidios estatales
en los países ricos. Y esto las pone objetivamente en sintonía -por no
decir coincidencia- con nosotros los liberales (verdaderos). Y hay que
admitirlo.

Por otro lado, las izquierdas se siguen quejando del desempleo y la


pobreza, y de la corrupción, y acerca de otros temas ante los cuales la
opinión pública es muy sensible, sobre todo los pobres de siempre y los
empobrecidos recientes, y los “bien pensantes” (en realidad mal pensantes,
tal vez bien intencionados, algunos). Pero a los liberales también nos
indigna el desempleo y la pobreza, y tenemos “la salida”, el verdadero
antídoto, el único: el libre mercado. Lo mismo pasa con la corrupción, de
la cual no hay otro remedio que separar rigurosamente al Estado de las
instituciones privadas, amén de la reforma judicial.

No somos de los que creemos que el liberalismo no es de izquierda ni de


derecha, porque no hay “izquierda liberal” -es autocontradictorio-, y
255

porque en cambio sí se distingue claramente una derecha liberal de otra


que no lo es ... pero sin embargo, es nuestra opinión que nosotros los
vero-liberales no sólo debemos deslindar con el mal llamado “neo”
liberalismo, que en realidad es neoestatismo. Además debemos dar un
paso más adelante, y mostrar nuestro “catálogo de soluciones” (en
www.libertadperu.org puede ver “LA SOLUCIÓN”, adelanto y núcleo del
libro “La Salida”).

Lo que interesa destacar y subrayar muy bien, es que nuestras soluciones


que proponemos no son reducibles ni asimilables a las neoestatistas ( =
neoliberales) ni a las paleoestatistas, y constituyen un conjunto coherente,
realista y viable, que en realidad puede ser caracterizado como una “tercera
posición”. Dicho de otro modo: que somos la verdadera tercera vía,
situados entre las izquierdas por un lado, y el mercantilismo por el otro -
derechas tradicionales-, que junto con el mal llamado neoliberalismo
constituyen hoy por hoy la única oposición visible a las izquierdas pujantes
y agresivas. En Venezuela por ej., y siguiendo este concepto, llamamos
“tercer polo” a la pequeña fuerza liberal que estábamos construyendo
cuando fue aplastada antes de nacer por esa extraña -o no tan extraña-
amalgama de viejos empresarios mercantilistas y políticos izquierdistas
transitoriamente desempleados que es el “arco amplio” de la alianza anti-
Chávez.

Pongámoslo de este modo. Los liberales,

1) ¿Tenemos algo en común con las izquierdas? Sí, siempre y cuando las
juzguemos por su retórica relativa a algunas de sus intenciones
(declaradas): ayudar a los pobres.
2) ¿Tenemos algo en común con las derechas convencionales y los
“neoliberales”? Sí, siempre y cuando las juzguemos por su retórica relativa
a algunos de los medios que sugieren (declaradamente): el mercado y
las inversiones privadas. Pero esto significa
3) que no tenemos con la segunda posición más de lo que tenemos en
común con la primera; y por lo tanto somos una tercera. Y como no hay
otra, somos “LA” tercera posición.

En el Perú, esto es más claro que el agua a propósito de los Humala. El


movimiento “etnocacerista” por fin está siendo atacado por el
Establishment, que hasta ahora pretendía ignorarlo. Algunos políticos del
sistema insisten en seguir metiendo la cabeza en la arena como el
avestruz, pero otros han salido a acusar de golpista a su pasquín, y
planean toda clase de estrategias y ataques en su contra ... excepto el
único que sería verdaderamente efectivo: difundir en el pueblo las ideas
256

liberales y el catálogo de soluciones liberales, hacia la “sociedad de la


abundancia”.

Los Humala tienen éxito porque hacen lo que se debe hacer: pasar un
mensaje, adoctrinar, reclutar, organizar para eventuales movilizaciones.
Están ahora tomando de Lyndon La Rouche las vitaminas ideológicas que
necesitaban en Economía. Por otro lado, los Humala insisten el algo cierto:
el problema es el sistema, que está podrido, y hay que cambiarlo,
radicalmente. Dado el cansancio, frustración y disgusto de la gente, este
radicalismo es atractivo. Si bien el sistema que los Humala proponen es
remedio igual o peor que la enfermedad, tienen razón en el punto del
cambio radical, y hay que admitirlo.

... Pero si los liberales sabemos dar a nuestras notas su tono radical,
nuestra música suena atractiva, como lo prueban los casos de Bastiat,
Cobden-Bright y Albert Jay Nock.

Conclusión: Bolivia puede ser ahora lo será el Perú mañana:

1) Los indigenistas (nuestros “etnocaceristas”) van a una inevitable alianza


con las izquierdas convencionales, mutuamente provechosa para ambos
sectores, que se irán amalgamando gradualmente, aunque tal vez sin
llegar al punto de fundirse. Los cristianos de izquierda van a estar allí, y
probablemente haciendo el rol de puente.
2) “El Estabishment” no tiene respuesta como no sea la represión ...
3) Las acartonadas y “técnicas” respuestas de los “neoliberales” no son
creíbles ni aceptables; en realidad sus portavoces no son siquiera
entendibles en su mayoría. Y es más: los “neo” liberales logran algo
mucho peor que no convencer: irritan. Esto es algo que un veroliberal
puede entender: los sentimientos de irritación, frustración y encono que
general los lugares comunes de la retórica de los neoliberales, defendiendo
las “reformas” de los ’90, e insistiendo en que “no se dio tiempo a ver los
resultados”, y otros pretextos concordantes y por el estilo.

“Ni rojos ni oligarcas: Patria liberal, tercera posición” puede ser una
fórmula para sintetizar la idea. ©
257

viii. Vivir sin Robar (o Porque No Somos


Demócratas)
La gente se horroriza cuando se entera de altos funcionarios que le roban
al Estado -generalmente en combinación con particulares- por cifras
enormes, a veces astronómicas. Pero nadie se escandaliza cuando el
Estado nos roba a millones de particulares -y funcionarios menores- por
sumas considerables. Ni siquiera alguien lo advierte. Y eso es todos los
días. ¿Por qué ...? Porque el saqueo es legal. Pero también porque todos
participamos en el botín.

Pero no obstante, hay salida. Podemos vivir sin robar ni ser robados.

La gente cree que la corrupción en las altas esferas del Estado deja
menos para el reparto; eso explica tanta indigada protesta contra la
corrupción, que no es sino una simple consecuencia del estatismo. El
tema merece mayor detenimiento. ¿Quiere ver cómo nos roban a todos
y todos robamos a diario? Lea la primera parte de este ensayo:
“Estatismo”. ¿Quiere ver cómo Ud. y todos podríamos vivir muchísimo
mejor sin esa desagradable costumbre de robar? Lea la segunda:
“Capitalismo liberal”.

Parte I: Estatismo

La democracia termina en delincuencia. El llamado Estado de Bienestar


(“Welfare State”) es la enorme maquinaria burocrática encaminada a
“redistribuir” la riqueza por medios políticos, es decir, coactivos. Es el
Estado Criminal: roba, y para disfrazar el robo, miente. Y todo encubierto
de un manto de legalidad y decencia por virtud de la mayoría, que
consiente el pillaje mediante el ejercicio democrático, y así se transforma
en cómplice, esperando un reparto del botín. Pero lo robado nunca llega
a las masas, salvo despojos y migajas distribuidos entre quienes tienen
buen acceso a los “mercados políticos” y destinados a lograr su apoyo.
De todos modos hay saqueo y mentira generalizada.

Y así es en todo el mundo. Ya lo había anticipado Frederic Bastiat en


1848. En ese mismo año Marx y Engels publicaron su “Manifiesto
Comunista”, y el mundo cogió el rumbo equivocado. Bastiat publicó “El
Estado”, en pro del rumbo opuesto, y el mundo lo ignoró, pese a ser un
verdadero “Manifiesto Liberal” de extraordinaria lucidez, y -hoy lo
constatamos- de tremendo valor profético.
258

Mentira. El Estado nos promete servicios educativos, médicos, previsionales


y otros igualmente impropios de su naturaleza, como viviendas y créditos.
Para empezar, digamos que esto es una vulgar estafa, una mentira, por
el simple hecho de ser una promesa falsa, de cumplimiento imposible.
Un pez no puede volar; tampoco un automóvil. Si alguien le jura a Ud.
construirle un edificio no siendo compañía constructora, o le promete
fabricarle un carro no siendo industria automotriz, allí hay engaño. Y el
Estado no es Superman o Batman, no es nada más que el monopolio
legal de la fuerza para los servicios públicos propios: defensa nacional,
justicia pública, y contratación de obras de interés general como caminos
y puentes. ¿Cómo va a cumplir funciones de maestro, médico, tutor y
compañía de seguros, siendo por naturaleza militar, juez, policía y
contratista de obras? Por eso es que los servicios públicos impropios no
llegan nunca, o llegan tarde y con muchos defectos. O llegan -lo que es
más importante- con costos elevadísimos, muchos de ellos ocultos; y así
“lo barato sale caro”, porque quien puede ha de pagar dos veces -los
impuestos y los precios- como ocurre con la “educación y la salud”.

¿Por qué las escuelas privadas funcionan mejor que las estatales, e igual
en los servicios médicos, previsionales, etc.? Por la simple razón de que
enseñanza, medicina y previsión no son negocios públicos. No son por
naturaleza asunto del Estado y los Gobiernos, sino de instituciones
privadas, funcionando con arreglo al principio de ganancias y pérdidas
en régimen de competencia abierta; es decir: bajo el control del cliente,
que puede cambiar de empresa si no le gusta el servicio. Esto no es así
con el Estado. Y atosigado con los servicios públicos impropios, el Estado
olvida los propios, y por eso descuida la frontera, la seguridad personal,
la justicia y las obras públicas.

Mentiras para encubrir mentiras. Una vez que se nos ha mentido acerca
de las funciones del Estado, se nos dice que no puede cumplirlas porque
gobierna este partido y no el otro. Y que debemos hacer campaña electoral
por el otro y “participar”. O pedir reformas electorales y “participar” de
todos modos. Mentiras. Como si los del otro partido no hubieran estado
antes en el Gobierno, o sus padres, y antes de ellos, sus abuelos; ¡y ellos
sin aprender nada! Para que un partido sirva en el Gobierno, antes debe
demostrar que sirve en la oposición. ¿Cómo? Señalando apropiadamente
cuál es el rumbo político acertado y la senda para rectificar. Pero si así no
lo hace, ¿cómo va a ser en el Gobierno?

Robo. Supuestamente los Gobiernos van a financiar los servicios públicos


impropios con impuestos. Pero, ¿de dónde salen los impuestos? De nuestro
bolsillo mismo, sólo que por la fuerza, que es la vía propia del Estado. Ahí
259

ya hay robo. Y en países como Venezuela, se supone que los Gobiernos


deben echar mano de las utilidades de compañías petroleras confiscadas
a sus legítimos dueños hace unos 30 años, y que ahora son propiedad
estatal. Eso fue una exacción -venta con apremio a precio forzoso-, otra
vez robo legalizado, y al igual que hoy con los impuestos, se espera del
Estado que comparta un botín robado. Eso nos pone a todos a participar
en una empresa criminal: “Roba, pero dame una parte a mí”, les dice a
los Gobiernos la descarada mayoría democrática.

Nada bueno puede salir de un crimen. ¿Por qué nos extrañamos,


sorprendemos y rasgamos vestiduras cuando los Gobiernos se tragan
todo el botín y reparten muy poquito, salvo a sus íntimos amigos y
familiares? Nos parece que los demócratas son un tanto hipócritas.

Estupidez. Pero es que además los demócratas se creen demasiadas


mentiras, parecen algo estúpidos. ¿O no se dan cuenta que el Estado
saquea todos los bolsillos -no solamente los ricos- incluyendo a las
coaliciones mayoritarias de pobres y clase media que apoyan y alientan
a los Gobiernos ladrones? Vea Ud.:

a) La inflación es un impuesto disfrazado, que a todos nos afecta. Sus


beneficiarios son los titulares del monopolio de emitir dinero y sus asociados
más cercanos; a ellos el “dinero fresco” (recién impreso) les llega antes
que al resto, cuando los precios aún no han subido. Pero suben enseguida,
impelidos con ese tremendo empujón del billete nuevo; y todos somos
víctimas, indiscriminadamente, cuando vamos al mercado -la subasta
diaria- y los encontramos más altos.

b) El IGV es otro impuesto indiscriminado, que va junto con los precios,


como todos los indirectos. Y así, entre impuestos disfrazados e indirectos,
es como nos empobrecen a todos. O a casi todos.

Nadie pide nuestro consentimiento para establecer estos impuestos que


todos pagamos obligadamente. La estupidez no es un crimen, pero puede
ayudar a consentirlo, cuando el deterioro intelectual ya es tan grave
como el moral. ¿No es tonto permitir que alguien nos robe, creyendo en
su promesa de brindarnos “educación y salud”? Y si lo que nosotros
queremos es que ese ladrón no nos robe a nosotros sino a “los ricos” y
luego nos de nuestra parte del botín, ¿no nos hace eso un canalla? ¿No
tenemos acaso merecido quedarnos sin nada? Esa estupidez tiene mucho
de inmoral.
260

Autoperjuicio. En el “Estado de Bienestar” la forma de tener bienestar -y


riqueza- es con el Estado, y por eso quedan pocos ricos que sean honestos
hacendados, fabricantes, comerciantes al mayor o al detal.

Pero de cualquier modo que haga su riqueza -decente o no-, al rico le


acosan los colectores de impuestos, con alícuotas más elevadas e
impuestos especiales. ¿Qué hacen entonces los ricos? Simple: no invierten.
La inversión puede ser más conspicua (ostentosa) que el consumo. ¿Qué
hacen con sus ganancias? Las consumen, las disfrutan, pero no tienen
incentivos para invertir y hacer reproducir la riqueza.

Porque grande o pequeño, un capitalista invierte sólo cuando tiene


expectativa de ganar; y un empresario invierte únicamente cuando puede
cargar el monto de sus impuestos al precio de venta como un costo
adicional, y aún así ganar dinero. Si no es así nadie invierte, lo cual es
natural y lógico. Pero si alguien invierte, todos nosotros pagamos sus
impuestos; lo cual es soportable cuando la carga tributaria es moderada.
Pero cuando es exagerada, entonces no hay inversiones, o las hay menos.
Entonces el poder adquisitivo de los mercados se deprime y no pueden
absorber la producción. Y hay carestía, pues los precios se inflan con
impuestos ya en las haciendas, fábricas y centros de producción, y en las
cadenas de distribución y comercio.

Los pobres y la clase media. ¿Quiénes pierden en este mal negocio que
es la democracia “redistributiva”? Los pobres, que pasan a miserables. Y
la clase media, que desaparece. Y si el Gobierno de turno pretende
controlar los precios fracasa, como demuestra palmariamente la historia
universal. Si con reglamentos meticulosos intenta controlar las condiciones
de los productos (“pro consumidor”) o de la producción (laborales),
también fracasa, a menos que su propósito real sea limitar la actividad
económica a sus validos y “protegidos”. Por eso es estúpido que llevados
por innobles pasiones democráticas como el igualitarismo, la envidia y la
codicia, alentemos al Estado a cobrar elevados impuestos a los ricos, o a
reglamentarles la vida, en la vana esperanza de recoger alguna parte
del botín, o hacerles infelices. Nos inflingimos grave daño a nosotros
mismos. Todos deberíamos arrepentirnos de culpa tan infame.

Capitalismo. Es el proceso por el cual el capital se reproduce. Y “capitalista”


no es el señor gordo del puro y la cadena de oro que aparece en las
caricaturas socialistas de todas las épocas. Capitalista es toda persona
que vive de un capital. Por ej. la viuda que vive de los intereses de sus
cédulas hipotecarias (o vivía, cuando aún era posible). O que alquila un
cuarto al estudiante o a la secretaria, o el garaje al vecino. Esa señora es
una capitalista.
261

El capitalismo es inherente a cualquier tipo de sociedad; sólo que si el


capitalismo es liberal y no mercantilista, se vive sin robar. No hay
programas “redistributivos” con sus excesivos y desalentadores
impuestos; no hay inflación; no hay reglamentos estatales para las
actividades, oficios y empresas. Así la reproducción del capital se hace
con más justicia, eficiencia y bienestar. Se produce más riqueza, y las
gentes participan de ella a través de su distribución masiva. ¿Cómo?
Mediante los sueldos y salarios que ganan como trabajadores y empleados,
los intereses y rentas que perciben como capitalistas, y las utilidades y
beneficios que ganan como empresarios. Nadie roba a nadie, pero nadie
se deja robar, bajo pretexto alguno. Lo verá Ud. en la Parte II.

“Neo” liberalismo. El mal llamado Neoliberalismo no tiene nada de liberal;


es la reedición del viejo mercantilismo, incluso con matices socialistas.
Tómese en cuenta que bajo el mercantilismo y el socialismo el capital no
deja de reproducirse, sólo que con acusados deficits en justicia, eficiencia
y bienestar.

El mercantilismo privó desde el siglo XV hasta el XIX. En en el XIX el


capitalismo liberal fue ensayado de modo parcial y durante un lapso breve,
que sin embargo sirvió para demostrar su superioridad. Y enseguida, con
la democracia ilimitada, las mayorías impusieron la ley del más numeroso,
y nos trajeron el socialismo, ya en el XX. El mercantilismo es un sistema
muy malo; sólo el socialismo es peor.

Mercantilismo. En este sistema la mayoría le dice al Gobierno lo siguiente:


“Basta de libre competencia. Decreta reglamentos que cierren los
mercados, y no permitas que nuevos competidores ingresen. De esta
suerte proteges a los empresarios ya establecidos en cada ramo, y les
permites robar a sus clientes y proveedores -entre ellos, sus trabajadores-
, imponiendo precios y condiciones, sin que éstos puedan optar por otras
alternativas. Después, decretas elevados impuestos y así les quitas buena
parte de sus ganancias mal habidas; y enseguida compartes el botín con
nosotros.” Una canallada por donde se mire, dado que un crimen no
justifica otro crimen, ni siquiera contra el autor del primero: el robo
perpetrado por los “protegidos” empresarios mercantilistas no justifica el
cometido por los Gobiernos. Como tampoco justifica la violencia que
emplean los sindicalistas -para imponer sus monopolios laborales-,
equivalentes obreros de los empresarios mercantilistas.

Monopolios. Como siempre, en las consecuencias del pecado está el


castigo. ¿Cuáles son las consecuencias de este pecado, que los viejos
canonistas llamaban por su nombre: MONOPOLIO? Las consecuencias
directas son: bienes y servicios económicos insuficientes para la mayoría;
262

muy caros; y de baja calidad. Y desempleo para muchas personas,


paralizadas por la inactividad económica, resultado también de las
extorsiones de los sindicalistas cuando la inflación corre a un paso más
lento que las presiones gremiales. En otras palabras: pobreza y miseria
para la inmensa mayoría; y riqueza para unos pocos, con acceso
privilegiado a oportunidades controladas por el Estado. Y sobreempleo
para quienes pueden hallar un quehacer, obligados a trabajar largas
jornadas extraordinarias para subsistir. La sociedad se divide así en tres
estratos o capas:

los ricos arriba, zánganos muchos de ellos;


los pobres abajo -desempleados el grueso de ellos-;
y los sobreempleados más o menos en el medio, trabajando como
esclavos para mantenerse a sí mismos y a todos.

Por eso no es raro que la sociedad tome la forma de una pirámide; pero
cada vez más estrangulada en su parte media.

Otras consecuencias , a la par del empobrecimiento galopante e


involuntario:

a) continua inestabilidad política: crisis, revoluciones, elecciones


traumáticas, etc.;
b) progresiva destrucción del matrimonio y la familia;
c) erosión de los valores y normas morales en medio de un desesperado
“sálvese quien pueda”;
d) embrutecimiento generalizado, al degradarse la racionalidad promedio;
e) alza de la criminalidad, como resultado del deterioro familiar, moral e
intelectual.

Socialismo. En el siglo XIX, los socialistas culparon al capitalismo y a los


empresarios de esta situación, y propusieron el socialismo. Los cristianos
de todas las denominaciones, desconocedores de la verdadera doctrina
bíblica antiestatista, les acompañaron en masa. En el siglo XX el socialismo
se impuso, pero pese a sus propósitos declarados, no acabó con el capital
ni con las empresas. Sometió a los empresarios privados y les confiscó
crecientes porciones de sus ganancias, y a veces les reemplazó -a medida
que cerraban sus negocios- con empresarios estatales, empleando capital
del Estado. Esa fue una “tercera vía”. Pero el socialismo no acabó con el
bandidismo estatal. No mejoró la situación. ¿Cómo es el socialismo? Un
sistema más simple, en el papel al menos; la mayoría democrática le
dice a su Gobierno: “Roba tú directamente, o como sea, pero dame una
parte.”
263

Las leyes malas. Los socialistas se hicieron bandidos, y cada categoría,


empresa o sector busca su acomodo. ¿Cómo? Mediante las leyes malas o
estatistas, gran plaga heredada del anterior y desorientado siglo XX. Las
leyes malas decretan impuestos excesivos e injustos, que no son uniformes
e iguales para todos. Implícito va el que se se roba sólo a quien tiene, por
ende, a “los ricos”. Y en lugar de sancionar unas pocas reglas generales,
iguales y válidas para todos, las leyes malas también proclaman infinidad
de estatutos y reglamentos pormenorizados, para cada condición humana
o social. Y cada quien busca obtener un reglamento parcializado en su
favor, que le sea ventajoso para él y desventajoso para sus competidores.
Para lo cual todo lo que debe hacer es “organizarse y participar”, vale
decir cabildear; o sea: conspirar. Entre las pésimas consecuencias de
esta insana práctica, tenemos que los contratos privados entre las partes
ya no valen nada, y lo que vale es la legislación, el decreto y la ordenanza
política. Cabildear se convierte en necesidad perentoria si uno quiere
tratar de evitar daños y perjuicios mayores; y encima de eso, quien no
“participa” es descalificado, denigrado y sometido a intensa presión
sicológica a “participar” por la propaganda estatista.

Pero el socialismo es una gran estafa masiva. Toda estafa se basa en una
ilusión, una quimera, la promesa hueca de recibir algo por nada o casi
nada; por eso dice en un antiguo refrán anglosajón: “es imposible timar
a una persona decente”. Porque alguien decente sabe que recibir algo
por nada no es justo (las donaciones voluntarias son relaciones de caridad,
no de justicia) y no acepta el trato. Así no hay estafa.

“Se atiende gratis”. La quimera en este caso es la promesa de recibir


lecciones, cuidados médicos, atención previsional, etc., «de gratis”, o a
bajo precio, subsidiado, por debajo del costo. Como siempre, en las
consecuencias del pecado está el castigo. Un ejemplo: la “gratuidad” de
la enseñanza superior financiada con impuestos significa que mediante
nuestros aportes forzados al Tesoro Fiscal, todos les costeamos sus estudios
universitarios a los hijos de los ricos. Otro ejemplo: el lote de beneficios
que los Gobiernos distribuyen entre sus partidarios y amigos -p. ej. empleos
y colocaciones en la maquinaria estatal, contratos de favor, créditos
“baratos”- significa que con nuestros impuestos todos financiamos a los
partidos de turno en el Gobierno.

Fraudes y “denuncias”. Y en vista de ello, ¿cómo extrañarse de los fraudes


electorales en esa lotería democrática, siendo los premios tan jugosos, y
el sistema entero uno de pillería, truhanismo y hamponato? Sin duda los
más pillos y menos escrupulosos serán siempre vencedores. ¿Y cómo
asombrarse de que la corrupción prolifere y la inmoralidad reine en un
264

sistema con esos fundamentos? Otro ejemplo: las “denuncias” se


convierten en el único medio de escalar posiciones en la jerarquía política.
El juego político entre hampones es de predador y presa, y éstas son sus
reglas:

si no dejas huellas, rastros o marcas, puedes seguir y adelantar otra


casilla;
pero en caso contrario otro jugador puede hacer de ti una presa,
quitarte de en medio, y tu predador adelantará otra casilla a costa
tuyo.

El socialismo no resolvió ni ayudó a resolver o aliviar uno sólo de los


males del mercantilismo; muy por el contrario los agravó, multiplicó y
les añadió otros nuevos, como p. ej. el adoctrinamiento o “lavado de
cerebro” masivo en el engaño y la falacia. Aunque en la práctica, las
naciones han vivido el siglo XX en una mezcla de socialismo y
mercantilismo, robando y siendo robadas. Y con mucha mentira.

“Educación y salud”. Tras palabras grandilocuentes hay ofertas engañosas,


ejemplos típicos de la clase de fraude semántico estatista:

No es “educación” sino enseñanza como debe decirse, pues la segunda


no siempre lleva a la primera. Para que la enseñanza resulte en
educación, han de mediar dos condiciones: 1) ser la docencia de buena
calidad -la cual el Estado no puede brindar-; y 2) poner el educando
la parte suya, que es el aprendizaje, complemento necesario de la
enseñanza si se desea lograr la educación, que es el resultado. Ahora,
si lo que se desea es inculcar la doctrina estatista a todos los
ciudadanos desde pequeños, entonces en lugar de “educación” debe
decirse “adoctrinamiento” de la población.

Análogamente, no es “salud” sino medicina como debe decirse, por la


misma razón: la segunda no siempre lleva a la primera. La medicina
no siempre puede curar o restablecer la salud; en muchos casos
apenas alcanza para aliviar el sufrimiento (cuidados paliativos), o
poner un freno al progreso de la enfermedad, o instalar una prótesis,
etc. En todo caso, para que la medicina cumpla su objetivo o resultado
previsto, han de mediar dos condiciones: 1) ser de ser buena calidad
-eficaz el tratamiento recomendado-, la cual el Estado no puede
brindar, y por eso los Gobiernos insisten obsesiva y maniáticamente
en la “prevención”; y 2) poner el enfermo la parte suya, que para eso
es “paciente”: seguir fiel y cumplidamente lo indicado. Ahora, si lo
que se desea es una regimentación de todos los ciudadanos desde
265

pequeños, como parte del proceso de adoctrinamiento -con sus


vacunas y sus “campañas educativo-preventivas”-, entonces en lugar
de “salud” debe decirse “control” de la población.

La pésima educación estatal es el factor más responsable en la


degradación en la racionalidad promedio; y en que hayan sido borradas
del mapa las soluciones alternativas y no convencionales a todas las
crisis, desde el crimen hasta la basura, pasando por el desempleo y la
pobreza. Y el de la medicina es un caso particular de la obsesión maniática
del Estado por la “prevención” en todo, y la consabida “educación como
prevención”. Esto es un disparate, ¿cómo “prevenir” el crimen? ¿Nos van
a poner un policía al lado a cada quien? De hecho parece ser esa la
“solución” a la incapacidad del Estado municipal para recoger la basura,
pese a ser una de sus funciones propias, aunque se niega a admitirlo por
considerar que tiene otros más elevados asuntos que atender. Por eso
constantemente nos “concientiza” ( = culpa) a nosotros de arrojar basura
en la calle. De hecho todo disparate envuelve una implícita confesión de
impotencia por parte del Estado. Y en el problema del crimen, el Estado
se niega a admitir que su naturaleza es esencialmente represiva, y que
la única prevención es la represión y la disuasión; y además ignora los
conceptos de justicia restitutiva y compensatoria -centrada en la víctima-
, o se resiste obstinadamente a considerarlos.

Opciones. Ahora el socialismo ha avanzado mucho, y tenemos tres


opciones:
a) seguir en lo mismo;
b) salir del socialismo para volver al pasado mercantilista puro;
c) vivir sin robar.

Pero deberíamos discutir esas opciones, cosa que imposible hoy en día
porque los medios de comunicación han secuestrado el debate, y sólo
permiten discutir “¿quién manda?”, y “¿cómo elegimos a los mandamases?”
que es lo mismo que preguntar “¿quién puede robar?”, y “¿cómo elegimos
a los supremos ladrones?” En eso ha terminado la cacareada democracia:
en elegir si esta o la otra banda de delincuentes se hace cargo, en medio
de la alucinante guerra de pandillas en que terminamos. Por eso nosotros
no somos demócratas. Porque nos da igual que nos roben este o aquel.
Tampoco nos interesa robar, o participar en robos tomando cosas robadas.
Lo que nosotros quisiéramos es que no nos roben. Y que no nos mientan,
añadiendo el insulto al perjuicio.
266

Parte II: Capitalismo Liberal

En el capitalismo liberal, el ciudadano individual -no la mayoría- le dice al


Estado lo siguiente: “No quiero que me robes, pero tampoco que robes a
nadie, puesto que no quiero parte en pillaje o botín alguno. Y no quiero
injustas ventajas especiales para mí, pero tampoco que me pongas en
injusta desventaja otorgandolas a otros: quiero trato igual para todo el
mundo. A cambio de mis impuestos, quiero de ti solamente aquello que
requiere el uso de la fuerza: defensa contra agresiones externas si las
hay, justicia si te la pido, y algunas obras públicas. Pero no quiero participar
en programa redistributivo alguno, ni como cotizante, ni como beneficiario.
Y si tampoco quiero involucramiento alguno contigo, y deseo mantenerme
apartado de los negocios públicos y ocupado exclusivamente en los
privados -familia, empresa, aprendizaje, iglesia o lo que nosotros elijamos-
, no me obligues ni me apremies o me presiones porque es mi inalienable
derecho el no participar si así lo decido. Y por favor, no me mientas.”

Eso se traduciría a lenguaje jurídico y se escribiría clarito en una


Constitución liberal, especificando que legislación alguna puede contravenir
este principio inmutable: No robar ni dejarse robar. Ni manipular. De
nadie. Ni siquiera de los electos democráticamente.

Democracia y delito. Por eso habría que escribir una segunda cláusula:
ninguna mayoría puede conculcar el principio de vivir sin robar o ser
robado. Por lo tanto, contra él no hay democracia que valga. Por cuantiosas
o numerosas que sean, las facciones no podrán agavillarse para delinquir
legalmente -ni sus representantes-, ni participar como cómplices o
encubridores, ni hacer propaganda o apología al delito.

Un programa redistributivo -p. ej. el impuesto progresivo para financiar


servicios públicos impropios- es una conspiración para cometer delitos.
Al igual que un programa restrictivo de la libre competencia, por ejemplos:
los aranceles y derechos antidumping para las importaciones; la permisería
de las leyes para comercios minoristas; el “1 x 1” para la música criolla
o el cine nacional; las habilitaciones estatales exigidas para los bancos e
instituciones financieras. Y si hay partidos políticos, o asociaciones
gremiales, empresariales o de otro tipo que auspicien o apoyen programas
redistributivos o anticompetitivos -acompañados siempre de todo género
de calumnias y falsedades contra el capitalismo- han de considerarse
como lo que son: organizaciones criminales. Sus promotores, directivos,
cómplices y encubridores deberían al menos compensar los daños a sus
víctimas, e ir a la cárcel si hay sospechas fundadas de probable
reincidencia.
267

En otras palabras: el capitalismo liberal sólo es compatible con una


democracia limitada. Elecciones indirectas, y calificaciones muy estrictas
tanto para elegir como para ser elegido posibilitan su preservación.

Mercados libres: trabajo honesto, competencia abierta y capitalización.


Esas son las tres claves del capitalismo liberal. Sus ideales, éticos a la
vez que económicos. Y sus axiomas o premisas indiscutibles son dos: no
robar ni ser robado. Respetadas estas dos premisas, el trabajo no tropieza
con esos tremendos obstáculos que son las confiscaciones tributarias y
los reglamentos limitativos. De este modo el trabajo honesto, realizado a
conciencia y de modo diligente, en condiciones de competencia libre,
toma provecho de la especialización, y del máximo rendimiento de los
recursos, asignados a sus óptimos empleos. Por esa razón, a través de
los procesos de intercambios plenamente voluntarios que se definen como
mercados abiertos, libres -lo contrario a mercados cautivos-, y respetado
el derecho a la conservación íntegra de sus frutos, el trabajo de cada
quien genera capitalización continua en favor suyo.

Algo lo más parecido a este sistema se puso en práctica en Europa


occidental entre 1815 -el fin de las guerras napoleónicas- y 1914
aproximadamente; y en EEUU por la misma época, aunque con más vigor
desde 1865, al final de la Guerra Civil en ese país. Por eso son naciones
ricas, pese a haberse desviado de la ruta posteriormente y negado los
anteriores principios, impulsadas por el calor de la democracia, cuya
consecuencia lógica final es el socialismo, término hacia el cual
“progresamos” a través del estatismo.

Progreso auténtico: eficiencia, justicia y bienestar. Y estos tres son los


resultados del capitalismo liberal. Porque mediante y a través de los
procesos de mercado se logra producir con eficiencia y repartir con justicia
al propio tiempo. De este modo se consigue el bienestar; no hay otro. Es
cuando la tecnología se consume y se incorpora naturalmente al proceso
productivo -a través de sus precios-, y los agentes avanzan en sus
respectivas curvas de aprendizaje. Hay verdadero progreso. Así, el trabajo
en competencia, y la capitalización, generan incrementos en la
productividad de todos los factores; y precios cada vez menores, no
habiendo inflación dineraria. Aumentan de tal forma los grados de
capacidad adquisitiva de todos los involucrados, si bien unos más que
otros. Esto es: hay riqueza, en aumento constante, a la par que se
distribuye. El bienestar no tarda en llegar. Es el desarrollo o crecimiento
“desde abajo” (expresión de Michael Novak): la sociedad entera se
enriquece, comenzando por los más pobres, cuando los desocupados
son contratados para ayudar en los nuevos emprendimientos.
268

Y así la sociedad toma la forma no ya de pirámide sino de rombo:

Como siempre, arriba los ricos, que siempre son minoría; y sí, pueden
ser más ricos. Sólo que hay más cantidad de ricos, y el acceso a la
cima es abierto: se llega por medios honestos y productivos.
La amplia mayoría no es el pobrerío sino la clase media. Infinidad de
profesionales y técnicos -no necesariamente todos universitarios-,
obreros y personal especializado milita en las filas de una gran cantidad
de empresas, muchas pequeñas, pero otras medianas y grandes
también, que eso no es delito. Otros encabezan sus propios negocios.
Y la riqueza “chorrea” para abajo a través de los ingresos factoriales:
sueldos y salarios, y comisiones, intereses pasivos, ganancias y
dividendos.
Y los pobres son minoría, viviendo mucho mejor: puede ser de trabajos
ocasionales como limpiar o cuidar carros; o puede ser de una caridad
que es más generosa y abundante en tanto haya más abundancia. O
puede ser también de los cupones estatales para enseñanza, cuidados
médicos y previsión, tal como propone el Premio Nobel 1974 Milton
Friedman -¿por qué no?- pero en escuelas, clínicas y aseguradoras
privadas, como verá Ud. enseguida. Es diez veces preferible ser pobre
en el capitalismo liberal que en el mercantilismo, y cien veces que en
el socialismo.

“Tercera vía”. La gente busca la “tercera vía” porque le han dicho que el
capitalismo liberal será bueno para producir pero no para distribuir, y
que para eso es bueno el socialismo o el Estado. Son falsas las dos
afirmaciones. En Venezuela tuvimos esta “economía mixta” desde 1958
al menos. Y fracasó. Ni produjo ni distribuyó. El capitalismo liberal es el
único sistema que produce con eficiencia y reparte con justicia a los
factores productivos (trabajo, capital y empresa) sin desincentivarles.
Sueldos y salarios para los trabajadores y empleados; intereses y rentas
para los capitalistas; utilidades y beneficios para los empresarios. A cada
quien según su contribución o aporte a la producción, valorizado a precios
de mercado.

Tu cheque por adelantado. Y para esa distribución no hay que esperar a


que “la riqueza se filtre” -como dicen los socialdemócratas y neo liberales-
porque el reparto es por adelantado: cada quien que monta un negocio y
toma capital o trabajo prestado, debe pagarlo casi de inmediato. El
empresario es quien cobra de último, si cobra; nunca sabe cuánto va a
cobrar ni cuándo, ni siquiera si va a cobrar o no. Por eso, de las tres
clases de ingresos factoriales, la tercera de ellas -la del empresario- es
demorada, y es eventual y aleatoria. Por eso puede ser mayor. Eso se
llama riesgo empresarial.
269

“¿Y cómo quedo yo ahí ...?” Tú puede en este instante preguntarte: “¿Y
cómo quedo yo en el capitalismo liberal?” La respuesta es: ¡MUY BIEN! ¿Y
cómo así? Tus cheques dependerán de tu forma de vivir que tengas o
escojas. Hay tres -todas decentes y productivas-, y puedes combinarlas:
ser trabajador o empleado, capitalista, o empresario. Para terminar este
ensayo, veamos cada una de ellas, y cómo quedarías tú allí. Pero recuerda
que en este sistema en principio no hay ventajas especiales o privilegios
para ninguna categoría, la tuya o la de nadie.

1) Trabajadores y empleados en general. En todas partes viven de sus


sueldos y salarios. Pero en un capitalismo liberal no habría despojos ni
violencias. Nada de impuestos inicuos -entre ellos la inflación-, ni de
“proteccionismo” matón al abrigo del Estado, sea mercantilista o
sindicalista. De este modo, nuevas empresas florecerían por doquier, y
las actualmente existentes podrían expandirse y/o diversificarse,
incrementandose las ofertas de puestos laborales. Crecerían de inmediato
las contrataciones -en condiciones voluntarias-; y con ellas el empleo.
Liberar el capital de sus ataduras es que los empresarios aumenten en
número, y compitan por contratar trabajadores, mejorando en la puja
las condiciones ofrecidas.

Disminuido y contenido el gasto público, sin inflación y con impuestos


moderados, los sueldos y salarios reales se elevarían continuamente, al
incrementarse la productividad del trabajo, al compás de la acumulación
de capital. Empleados y trabajadores veríamos como la competencia libre
en todos los mercados conduce a una situación de baja progresiva de los
precios llamada “deflación”: ingresos sólidos, y cada vez más poder
adquisitivo. Podríamos ahorrar, y así convertirnos en capitalistas o
poseedores de capital. Un ingreso bastaría para mantener holgadamente
a una familia, y la jornada laboral sería menos extensa y agotadora.
Adiós al “stress”.

Preguntas específicas ...

¿Qué pasaría con los educadores, médicos y profesionales de la salud,


empleados del Seguro Social y otros entes similares? Hoy son encargados
de servicios públicos impropios. En un sistema capitalista liberal todos
ellos mejorarían, pues los centros educativos, médicos, previsionales,
culturales y recreativos, etc. ahora del Estado, podrían dejar de serlo, y
pasar a ser de propiedad de sus profesionales, técnicos, administrativos
y obreros. En buenas condiciones económicas, sus consumidores y usuarios
pagarían sus matrículas, precios, pólizas, etc. Así de este modo, maestros
y profesores, médicos y enfermeras -odontólogos, bioanalistas, etc.-
270

ganarían sueldos dignos -y primas y bonos significativos- por primera


vez en su vida, y sin depender de afiliaciones políticas. Nadie les exigiría
pura “mística y sacrificio” como ahora. Madres y padres de familia verían
a sus hijas e hijos bien educados y atendidos.

¿Y los pobres que transitoriamente no puedan pagar por enseñanza,


medicina y previsión? Como vimos el Estado podría transitoriamente
hacerse cargo de los costos de su atención, pero con cupones
reembolsables, y sólo para esos tres rubros: enseñanza, atención médica
y previsión. Esta sería la única ventaja especial, a conceder por un
Ministerio de Bienestar Social “liberal” -en lugar de los actuales de
Educación, Salud, Seguridad Social, Cultura y otros cuantos-; y encargado
de sólo dos funciones: distribuir las tres series de cupones a los pobres
elegibles para los tres servicios, y reembolsarles el dinero a las tres
clases de empresas prestatarias. De ese modo, los pobres y sus hijos
serían mucho mejor tratados, en instituciones privadas que podrían escoger
con toda libertad, de entre todas las existentes en el mercado. Y
compitiendo los institutos docentes la enseñanza mejoraría en calidad,
para todos nosotros. Todos, y no solamente los pobres, recibiríamos
atención médica, y muy buena. Y todos podríamos contratar pólizas de
contingencias y retiros con firmas aseguradoras privadas. Y todo ello,
sea que paguemos las matrículas, las cuentas médicas y las pólizas con
cupones, o con nuestro dinero. ¿No sería eso mucho más digno, y hasta
más igualitario ...?

¿Y qué pasaría con los policías, jueces, militares y otros funcionarios y


empleados estatales ...? Es decir, quienes hoy son encargados de servicios
públicos propios. Por supuesto todos mejorarían notablemente de
inmediato, pues el Presupuesto estatal sería todo para ellos. Y una
economía productiva genera más impuestos. ¡Por fin ganarían sueldos
cónsonos con sus funciones, que cobrarían realce y majestad, no como
ahora! La corrupción se reduciría a niveles tratables por sus remedios
apropiados, los judiciales.

¿Y los otros empleados y trabajadores del Estado? Enseguida hallarían


oportunidades de empleo altamente productivo y por consiguiente
remunerador, en un sector privado en expansión creciente. Cesaría su
actual dependencia de un sueldito miserable, y siempre condicionado a
los vaivenes políticos.

¿Y los trabajadores urbanos o rurales de las provincias alejadas y pobres?


Acabar con el estatismo es liberar empresas -actuales y potenciales-
acabando con privilegios que disfrutan los capitalinos, ubicados en la
271

vecindad del poder, y no los interioranos, situados en los más apartados


rincones del país. Y acabar con el estatismo es terminar con la permisería,
las reglamentaciones, inspecciones, controles interminables e impuestos
abusivos -impedimentos a la formación de capital- de los cuales en el
estatismo el residente de la capital puede librarse muchas veces por
hallarse junto a las autoridades; no así el de provincia. Privatizar escuelas,
hospitales y entes previsionales es concederles autonomía y mejorar de
inmediato sus servicios. Parece un mero juego de palabras, pero sólo
por virtud del capital el interior del país podría librarse de la dictadura
económica y política de la capital.

¿Y los buhoneros? Podrían decidir. Pasarían algunos a ser empresarios


formales, y otros aprovecharían algunas de las muchas nuevas
oportunidades de un empleo mejor, en el sector formal en expansión. De
un modo u otro desaparecerían el hacinamiento, hediondez y
contaminación actuales, que acompañan a la pobreza y fragilidad que
hoy les aqueja.

¿Y los sindicalistas y sus gremios? No podrían imponer monopolios


laborales por la fuerza, ni emplear la amenaza de violencia para intimar
a no trabajar a quien lo desee. Pero estas prácticas mercantilistas no son
de la esencia de los sindicatos, otrora respetables y aún loables
instituciones, de origen medieval. En un capitalismo liberal recuperarían
sus tres antiguas tres funciones -muy importantes, y que ahora no
cumplen- para desempeñarlas en régimen voluntario o de plena libertad:
escuela de entrenamiento y capacitación,
mercado o bolsa de trabajo,
caja de previsión social o “Montepío”.

¿Y los periodistas y los medios de comunicación? Acabar con el estatismo


es terminar con el actual sistema oligopolista de licencia previa en los
medios radioeléctricos, y rígidos controles. Y con la publicidad oficial en
la prensa escrita. Los medios estatales podrían pasar a propiedad de sus
periodistas, trabajadores y empleados. Pero nuevos medios surgirían de
inmediato, y la competencia libre y abierta contribuiría con mucho a
mejorar la hoy deleznable calidad del producto.

No se necesita hacer muy larga la lista. Porque en los medios de


comunicación sería igual a como en todos los demás rubros -bancos,
seguros, casas de bolsa, agencias de viajes, tiendas, almacenes o bodegas
y bodeguitas-: los productores carecerían de privilegios, y el público
gozaría de una amplia gama de opciones, con suficiente poder adquisitivo
para sostener aquellas que prefiere mediante el uso o consumo. ¿Y sus
272

empleados, trabajadores y asalariados? De cualquier categoría, tendrían


lo que ahora no tienen: gran abundancia de fuentes de empleo para
escoger alternativas con mejores condiciones de trabajo.

2) Capitalistas. En todas partes viven de sus intereses y rentas. Pero


bajo un sistema capitalista liberal, todos podríamos tener ahorros de
verdad, y conservarlos, y acrecerlos. Incluyendo empleados, trabajadores
y asalariados. Con nuestros ahorros, en una economía no inflacionaria
todos podríamos:

a) Ganar intereses de verdad, y no esas tasas miserables que pagan los


bancos hoy en día, siempre por debajo de los precios y el bajísimo nivel
de vida general.

b) Pero además tendríamos un Mercado de Valores de verdad, y no esa


pantomima que hay ahora; así podríamos invertir en la Bolsa, adquiriendo
acciones y bonos de empresas exitosas. Con nuestros cheques de
dividendos y pagos podríamos complementar nuestros ingresos, y
prepararnos para disfrutar de un retiro sabroso. Como accionistas en las
empresas, p. ej. petroleras, del hierro o aluminio, eléctricas o telefónicas,
¡hasta podríamos votar para elegir la Directiva!

c) Asimismo podríamos participar como socios capitalistas en pequeños


y medianos negocios emprendidos por familiares, amigos u otras personas
de nuestra confianza.

3) Empresarios (y profesionales). En todas partes viven de sus utilidades


y beneficios, así como los profesionales y técnicos por cuenta propia
viven de sus ingresos proporcionados por sus clientes y usuarios de sus
servicios. Pero bajo un sistema capitalista liberal, los empresarios tendrían
mercados con mucho más poder adquisitivo, y suficientes libertades como
para expandir su giro comercial. Podrían ser ricos, todos ellos y no
solamente algunos. También los profesionales y técnicos ejerciendo por
cuenta propia.

Sobre el capitalismo liberal hay mucha mitología, principalmente en contra,


pero alguna también supuestamente a favor, divulgada por los “neo”
liberales a veces de buena fe y por ignorancia. Así hay quien cree que
liberalismo es el gobierno (estatista) de los empresarios, o que todo el
mundo sea empresario. Hay que despejar los mitos, todos son malos.
Excepto con los niños, no hay mentira buena; para los adultos, lo único
bueno es la verdad. (Y tú eres persona adulta, ¿o si?) Por ejemplo en un
capitalismo liberal podría ser empresario cualquiera que crea tener las
273

condiciones, pero quien de ellas carece, no se vería apremiado a serlo si


no es su voluntad. Y ello porque en una economía próspera, un trabajo
en relación de dependencia podría ser bien compensado y seguro, y
socialmente reconocido. También ocurriría que no ser profesional
universitario no sería un estigma, y hacerse de un diploma por cualesquiera
medios no sería prácticamente obligante para “salir de abajo” (aunque
ahora tampoco es una garantía).

Todos nosotros, aún no siendo profesionales o empresarios, somos clientes


y usuarios, trabajadores, o proveedores de los empresarios y de los
profesionales. Y en una sociedad liberal, todos podríamos ayudarnos a
enriquecernos todos, unos a otros, tanto como cada quien quisiera, de
acuerdo a su propia escala de valores, sin que gobernante alguno le
obligara o condicionara a ser pobre.

Y con seguridad todos nos ayudaríamos entre todos a pasar la vida


holgadamente, con mucho menos incomodidades. Es decir, con las
dificultades y problemas de la vida, pero no con ese calvario de
padecimientos innecesarios. Con bienes y servicios abundantes, de buena
factura y accesibles; sin esa penuria que es ahora. Eso sería cooperación.
Eso sería solidario. Eso sería participación. ¿No le parece?

Pero no nos digan que es una “utopía”. Si Ud. cree que la de vivir sin
robar es una aspiración “utópica”, ¿qué podemos decirle? Siga dejandose
robar entonces, y tratando de tomar algo robado cuando le sea posible.
No podemos desearle suerte en el saqueo.
274

¿Un Liberalismo “Social”? Y el problema ix.

con los demócratas


“Muchos sedicentes liberales se hacen un “liberalismo” a su gusto y medida
cada cual”. Raimondo Cubeddu, Atlas del Liberalismo, 1997

“Social-liberalismo” se titula un ensayo que Ludwig von Mises publicó en


1926, denunciando ya por aquel entonces la mezcolanza incoherente de
principios liberales y antiliberales. Y en 1927 publicó su “Liberalismo”, en
el que describe el liberalismo genuino -ampliamente desconocido entonces
y hoy-, y denuncia el falso. “Buena parte de lo que pasa por liberalismo
hoy en día”, escribió, “ya de liberalismo no tiene nada”.

Y eso era en Europa; así que ¿cómo nos deja eso a los países
subdesarrollados? Y era en 1927. Así que nada nuevo hay bajo el sol en
esta materia. Desde viejos tiempos cada generación de estatistas reedita
las mismas leyendas y mitologías del estatismo, con ligeras
modificaciones. Y el discurso liberal genuino está vedado. Así se propaga
el estatismo dentro de cada generación, y a las siguientes.

En su profético tango “Cambalache”, Enrique Santos Discépolo -ese sí


era un poeta y filósofo popular- dio en el clavo: la mezcolanza es grave
mal, el desorden. Y suele provenir del desconocimiento de los niveles
jerárquicos del ser, es decir, del orden propio de la realidad, que es un
orden como de distintos estratos superpuestos. Unas realidades son más
reales que otras. Discépolo no empleó esas palabras, mas sí el concepto.
“No hay aplazaos ... ni escalafón: lo mismo un burro que un gran profesor.”
Y la degradación general: “en el mismo lodo, todos manoseaos.” Profunda
sabiduría. Y poder de síntesis.

Destruccionismo. En el último capítulo de “Socialismo” (1922) Mises nos


reveló el verdadero nombre del socialismo: “destruccionismo”, porque
sólo puede destruir valor y riqueza, pero no crearlos. Sólo puede vivir de
una riqueza que sólo el capitalismo puede crear. La suya es una existencia
prestada.

El mal no existe por sí mismo. Mises no lo sabía, pero es un caso de un


principio más general: el mal carece metafísicamente de entidad propia;
y existe nada más pegado al bien. No hay bancos porque hay atracadores
de bancos; pero sí hay atracadores de bancos porque hay bancos, y sin
ellos, los atracadores no son nada. Por eso capitalismo es producir; y
socialismo es consumir lo que otros producen. Sin capitalistas, ahorristas,
275

empresarios, gerentes y trabajadores haciendo riqueza, los socialistas


no son nada. Pueden imitar empresas y empresarios, pueden apropiarse
de la riqueza que otros crean, consumir buena parte y “redistribuir” alguna
otra, y pueden impedir su producción; pero no pueden hacerla.

Debilidad y fortaleza. El capitalismo es tan eficiente, que incluso muy


debilitado y casi borrado por el gigantesco aparato estatista que lo parasita,
es aún tan fuerte y productivo, que es capaz de hacer riqueza suficiente
para sostener a ambos: parásitos y productores. Por eso la economía de
EEUU es todavía más eficiente relativamente, y por eso la migración
latinoamericana a través del “Muro de hojalata”, y las remesas de dinero;
y por eso las economías latinoamericanas son tan ineficientes
absolutamente.

El orden del mercado es un orden natural. Es ontológicamente superior al


orden puramente gubernamental que el estatismo pretende imponer,
porque es de un nivel más profundo, de una más elevada jerarquía
entitativa. Por eso las leyes positivas, ontológicamente inferiores a las
naturales, pueden contrariar a éstas -como de hecho lo hacen las
estatistas-, pero no impunemente. Pobreza, malestar, degradación y
confusión, son parte del precio que pagamos por el estatismo, un desorden
que procede de la violación de las leyes naturales, y que produce
solamente desorden.

El libre mercado, un sistema mal defendido. Mises escribió más de una


docena de libros excelentes -no superados hasta la fecha- mostrando
con meridiana claridad expositiva las razones económicas, jurídicas y
políticas la superioridad del libre mercado sobre el estatismo, y las falacias
de este último. Muy bien, pero no es suficiente. La superioridad es ante
todo metafísica y moral; pero Mises no podía verlo, limitado por las
angostas fronteras del utilitarismo que sin embargo defiende en “Teoría e
Historia” (1957), abjurando de toda metafísica y toda ley natural. La
defensa del liberalismo quedó sin blindar, en espera de una filosofía realista
apta para mostrar todos los niveles de la realidad.

Filosofía realista. P. ej. la filosofía bíblica y aristotélica de Tomás de Aquino


(s. XIII) Desafortunadamente, algunos seguidores posteriores carecían
de su genio, y redujeron el pensamiento del maestro a un “sistema” de
secas y áridas disquisiciones en una jerga un tanto abstrusa. En “El
campesino del Garona” (1966), Jacques Maritain -el filósofo tomista católico
francés- señala como principal responsable al Cardenal Tomás de Vío el
Cayetano o Gaditano, allá en el s. XVI. Tal vez; de todos modos el perjuicio
se hizo y la Filosofía realista permaneció por siglos casi inaccesible y sin
servir, pese a su potencial.
276

Utilitarismo, una mala filosofía. Si se justifica el libre mercado en razones


puramente de utilidad y no ontológicas -mostrando que es un orden
natural y moral- se le hace flaco servicio, pues se abre la puerta a
interminables argumentos utilitaristas y supuestamente “técnicos” en pro
del intervencionismo gubernamental. Algunos hasta disfrazados de
liberales.

“Social-liberalismo”. Cualquier persona, grupo o institución se declara


liberal, pero sostiene posiciones antiliberales en diverso grado, en base
a justificaciones más o menos utilitarias. Toman por “liberalismo” una
relativista tolerancia benevolente hacia todas las ideas, que termina en
un vago eclecticismo. Pero afirmar que todas las opiniones son igualmente
verdaderas equivale a sostener que ninguna lo es.

Confusión. Y la confusión que se genera es el mayor escollo que el


liberalismo confronta en su tarea de esclarecimiento, más grave que el
descrédito causado por las falsas acusaciones de sus adversarios.

Tolerancia. La tolerancia hacia todas las personas, cualesquiera sean


sus ideas, no implica tolerancia hacia todas y cualesquiera ideas, porque
las hay sumamente destructivas, ante las cuales no se puede ser tolerante,
aún cuando se deba serlo con quienes las sostienen. Ejemplo: el estatismo,
concreción de toda filosofía política socialista o colectivista.

La gran mentira. “Vivimos en una sociedad (o en un mundo) capitalista”.


Alguna vez fue cierto, cuando el liberalismo económico tendió a
predominar en Occidente -en tiempos de Marx-; pero ahora del capitalismo
ya no queda ni el recuerdo, ni pistas claras sobre las referencias, sobre
todo en América latina. Sin embargo, la mentira sirve a los estatistas
para: a) culpar al capitalismo de todos los males, supuestos o verdaderos;
b) sembrar la confusión mental; c) exigir medidas estatistas cada vez
más radicales.

La segunda gran mentira. “No que la intervención estatal sea


necesariamente mala, es que hasta ahora no ha sido eficiente ni honesta,
pero puede serlo.” (Así dicen los autocandidateados a interventores
eficientes y honestos.) ¿Pero y por qué? Si por generaciones las
intervenciones salen mal siempre, ¿no se ve que lo malo no está en los
sucesivos cocineros sino en la receta misma?

Esclavismo. El estatismo nos fuerza a trabajar largas jornadas


extraordinarias, sea de manera independiente o no, por lo general
combinando varias actividades. Se nos hace trabajar para otros, para
277

sostener total o parcialmente el consumo -en muchos casos muy


dispendioso- de los cientos de miles o millones de improductivos o poco
productivos, amparados tras la sombra protectora del Estado.

Límites a la riqueza; no al poder. Las inmensas nóminas burocráticas


consumen la riqueza que otros crean, aunque sus sueldos y salarios se
contabilizan en el PBI como “riqueza”, por eso crecen las cifras mostradas
por los gobernantes, añadiendo el insulto al perjuicio. En su mayor parte
se justifican asumiendo que “moderan” el afán de ganancias, o sea que
ponen límites y topes a la riqueza que otros crean. ¿Y el afán de poder -
o de notoriedad- no requiere moderación? ¿Cómo es que deben ser
limitadas las utilidades y no el poder?

Innmoralidad. El socialismo declara que la riqueza es inmoral, aludiendo


a las ganancias del mercado. Pero como no vivimos una economía de
mercado, es casi imposible hoy forjar una fortuna sin el abrigo y protección
del Estado; y eso sí hace inmoral a la riqueza, y complica el panorama.

Cómo se nos esclaviza. De maneras muy poco visibles. Mediante los


altísimos impuestos escondidos en los precios, indirectos o no, de todas
formas todos trasladables. Y las ineficiencias también se trasladan. La
inflación de dinero incrementa la carestía. Resultado: varios empleos en
cada hogar y a veces en la misma persona; y sólo para sobrevivir. (Y
después nos hablan de “consumismo” ... ¿no es irónico?) Eso sólo
descalifica al estatismo. El libre mercado es el único sistema justificado
moralmente: “Quien no trabaja, que no coma”, escribió a los cristianos
tesalonicenses el Apóstol Pablo (2 Tes 3:10), un trabajador y fabricante
de tiendas por cuenta propia -empresario- que seguramente contrataba
a otros trabajadores empleados para ayudarle. No vivía a costa de nadie,
y tomaba eso a mucha honra.

Los esclavos no tenemos tiempo. No queda así más espacio en la agenda


personal, en la mente, en el corazón. No queda tiempo para Dios, la
familia o uno mismo. No nos dejan tiempo a los esclavos para investigar,
documentarnos y esclarecernos, a fin de averiguar por nuestros medios
la verdad de nuestra condición, y la salida posible. Revelaciones ambas
que obviamente no podemos esperar de nuestros amos estatistas,
parásitos que viven de nuestro trabajo y producción. ¡El estatismo sí es
esclavista, expropiador y “alienante”! Nos impide acceder a lo que parece
el secreto mejor guardado ...:

¿Qué es liberalismo? Gobierno limitado, mercados libres, instituciones


privadas separadas del Estado. Es la doctrina que confina al Estado a sus
278

funciones propias: represivas del fraude y la violencia -defensivas y


policiales-; judiciales; y a lo más, de obras públicas contratadas para
mejorar la infraestructura de comunicaciones de los mercados,
recolectando los impuestos estrictamente necesarios a estos fines. Estas
funciones son las más descuidadas y olvidadas por el Estado al pretender
ocuparse de todo los demás negocios y asuntos -producción y comercio,
finanzas, educación, medicina, arte y cultura-, impidiendo así a los
particulares atenderlos oportuna y eficazmente por sus medios propios,
los de mercado.

Hay escuelas y orientaciones liberales. En la economía hay la escuela


austríaca, y otras como las del “Supply-side”, Chicago, y Virginia (“Public
Choice”), aunque afines; y eso mencionando sólo las tendencias de más
bulto. Y si vamos a la política y la filosofía, al liberalismo utilitarista se
oponen el objetivismo randiano y las corrientes cristianas, por lo menos.

Y una doctrina liberal inequívoca: Gobierno limitado, mercados libres,


instituciones privadas separadas del Estado. Es el perímetro dentro del
cual caben las escuelas y tendencias ... pero dentro. Perímetro significa
límites: hay un adentro y hay un afuera. Y los social liberalistas quedan
fuera.

Intervencionismo “moderado”. Los esclavos carecemos de tiempo para


leer libros como “Crítica del intervencionismo” de Mises (1929), o “La
Economía en una sola lección” (1946) de Hazlitt, y aprender qué es
liberalismo. Y enterarnos de los por qués de nuestros padecimientos: las
intervenciones estatistas, aún “moderadas”, que a la vista de la pobreza
reinante, y del pobre desempeño de la economía, sus crisis casi crónicas
y recesiones poco menos que permanentes, son consideradas pocas e
insuficientes por sus propulsores; y al faltar conocimiento de doctrina
liberal, nos encajan dosis más y más abundantes, algunas de las cuales
se etiquetan de “neoliberales”.

Progresión. Es mentira la moderación. En todo sector privado por


naturaleza -negocios, bancos, enseñanza, transportes, comunicaciones,
medicina o previsión- sólo caben dos situaciones: hay o no intervención
estatista. No puede haber “un poquito”. Y si la hay, aunque sea un poquito,
fracasa, y como la gente sólo conoce las “medicinas” estatistas reclama
dosis más fuertes, y así seguimos de mal en peor.

El neoliberalismo existe. Aunque los neoliberales lo niegan, porque se


esconden, tras sus resonantes fracasos en los ’90, los cuales nos trajeron
el actual tsunami socialista. Neoliberalismo es el social-liberalismo de la
279

segunda mitad del siglo XX, y tampoco tiene nada de liberal: más gasto
público, más impuestos, más deuda, más reglamentos ... y el cambio de
monopolios estatales por monopolios privados. Es la continuación del
estatismo por otros medios. La educación p. ej. sigue estatizada.

El omnipotente Ministerio de Educación. Cada año se exigen más


credenciales educativos para acceder a puestos de trabajo. Y cada año
los titulados egresan con más estatismo en la cabeza, pero menos
instrucción. Los institutos docentes se hallan todos bajo control del Estado
-sean nominalmente privados o estatales-; y así la causa del retroceso
se deja ver: el Ministerio que decide quién enseña qué, cómo y cuándo,
por cuáles textos autorizados y según cuáles programas, y hasta la
vestimenta que pueden o no usar educandos y educadores. Eso es desde
hace mucho tiempo. Y cuando los abusos dirigistas se llevan a extremos
-partidización- gremios y padres se quejan. Pero, ¿por qué ahora descubren
manipulación ideológico-política en la enseñanza, si siempre la hubo?

¿No es un poco tarde? En todas las áreas las quejas sobre abusos estatistas
surgen cuando el mal está muy avanzado, la confusión es muy pero muy
grande, y no puede verse el remedio porque a sus proponentes -los
liberales- prácticamente nos han barrido del mapa.

Los medios “informativos”. No informan. Nos saturan con detalles


anecdóticos y asuntos menudos y secundarios. Las cuestiones de fondo
permanecen ignotas. “Denuncian” síntomas y consecuencias del estatismo:
desempleo, carestía, miseria, corrupción, desborde criminal, vulnerabilidad
a las fuerzas naturales, etc.; pero sin mención de causa excepto: ¡la
insuficiente intervención estatista! También nos cuentan cuáles leyes
estatistas el Parlamento (¿?) reemplaza por otras más estatistas. Y cuáles
partidos estatistas pierden las elecciones (o las encuestas) a manos de
otros más estatistas. Y nos narran con pormenores los avatares
parlamentarios, y los de los comicios y pleitos comiciales, de las empresas
encuestadoras, y de los juzgados y las 1001 incidencias de los procesos
judiciales en que se involucran o son involucrados los dirigentes ... de
cuyas ideas nada se sabe explícitamente.

Opiniones. Además, los medios socialistas nos adoctrinan. Y los otros


también, porque ahora la publicidad y las telenovelas difunden “valores”
colectivistas, y los artistas y otros famosos, y locutores, periodistas,
“analistas” (¿?), clérigos, y hasta figuras del deporte y el modelaje, cuyas
opiniones acerca de todo lo divino y humano son consultadas ... Opiniones
todas iguales y siempre las mismas: estatistas. Y sin olvidar el ciudadano
de la calle, cada vez más solicitado. “¡Expresa tu opinión!”, se le invita.
280

Pero no se le dice que antes de hacerse opinión y expresarla se informe,


y bien (como no sea del contenido de las leyes estatistas), porque se da
el mismo valor a las opiniones más informadas que las menos informadas
o las mal informadas.

Objetividad. La objetividad se ha perdido en el periodismo, sólo que ahora


todos los medios lo reconocen sin vergüenzas -“sin-vergüenzas”-, y así
se eximen de esfuerzo por mejorar. Desde luego, no puede esperarse
otra cosa si la objetividad se ha perdido por completo en el ambiente en
general, y campean el subjetivismo más ramplón y “la dictadura del
relativismo”, tan valientemente denunciada por el Cardenal Joseph
Ratzinger horas antes de ser elegido Papa.

“Expertos”. Proliferan como mala hierba los “especialistas” del estatismo,


que ganan mucha plata y prestigio y poder con sus soluciones “técnicas”
en base utilitarista. Llenos de diplomas, generan sin embargo mucha
confusión, y mucha discusión inconducente alrededor de dilemas falsos.
(Por cada verdad, el error se multiplica, y los varios errores diferentes
pueden ser contradictorios.)

Opciones “técnicas”. Porque es cierto que hay infinidad de opciones técnicas


para cada una de las intervenciones estatales; algunas son malas, y
otras, peores. Es como si Ud. se decide a cometer un homicidio: tiene
muchas opciones técnicas. Puede usar veneno, puñal, pistola, tirarle una
bomba a su victima, arrojarla de un edificio, ahorcarla, ahogarla, aplastarla
con un automovil (mejor si es un camión) ... Pero de todos modos es
homicidio. Lo mismo con las intervenciones estatistas: de todos modos
son destructivas.

Derechos Humanos. Ese es el formato del estatismo ahora. Se supone


que el Estado garantiza a cada quien su “educación y salud”, empleo,
vivienda, comida, automóvil barato, etc., lista de prestaciones que se
expande con cada “nuev a generación de derechos humanos”. Los
instrumentos propios del mercado son satanizados como “egoístas”, y así
los medios políticos-burocráticos son exaltados y quedan como únicos
disponibles. (Y una de las causas del agravamiento y la perpetuación de
la pobreza es la relativa inhabilidad de la mayoría de los más pobres y
menos instruidos para conducirse en estos “mercados” político-
burocráticos.)

“Reclama tus derechos”; “participa”. Se supone que cada “derecho” es


un título que autoriza a reclamar la prestación “al organismo
correspondiente” del Estado, el cual debe contar con “la participación de
281

todos”. Esto es de la esencia de la política correcta, es el “discurso único”,


núcleo del lavado de cerebro estatista de hoy. Que le da a la actividad y
a la discusión políticas -que se pretenden extender a todas las personas
universalmente- una uniformidad narcotizante. La “participación” es la
recluta, inserción y encuadramiento en las organizaciones estatistas -no
necesariamente bajo forma de entes gubernamentales, también pueden
mimetizarse como ONGs o como empresas-, a fin de recibir la doctrina
estatista del momento (reeditada por cada generación de estatistas con
ligeras modificaciones.)

¿Baja autoestima? Los estatistas insisten en un supuesto deficit en la


autoestima, que alegan inhibe a la gente de reclamar y participar; puro
chivo expiatorio para excusar los reiterados fracasos del sistema. Los
buenos psicólogos (si quedan) que trabajan con “tests” y otros indicadores,
saben que no faltan en masa a los humanos el amor propio y la
consiguiente estimación a uno mismo, ni requieren ser “elevados”
masivamente por los Gobiernos. No hablamos de los casos clínicos, poco
frecuentes. Por eso el cristianismo predica humildad, lo contrario a
sobreestimarse, que es lo natural en el humano.

Demagogia. No obstante, ya se sabe: si te quieres ganar simpatías,


halaga; si quieres sacarle algo a alguien sin que preste atención, adula.
El halago adormece y predispone a favor del adulador. Por eso el estatismo
halaga y adula al pueblo; en la antigua Grecia se llamó “demagogia”, y a
los demagogos se les castigaba con el destierro. El estatismo es una
religión politeísta que comienza por endiosar al pueblo, atribuyendole
caracteres casi divinos: lo declara infalible, profundamente sagaz e
infinitamente bondadoso, moralmente sano y noble, elogiable en todo y
con “derecho” a todo; sigue por endiosar al Estado; y termina endiosando
al Líder Supremo.

Dependencia del Estado. Pero si la dependencia del Estado es sistemática


y prolongada, puede causar baja en la autoestima, progresiva
infantilización y oscurecimiento de la inteligencia. La doctrina estatista es
un mar de contradicciones, sobre todo entre el papel -que aguanta todo-
y los hechos; y la gente debe convivir con esas contradicciones, y eso
puede enloquecer a cualquiera.

Relajamiento de los “standards”. El estatismo embrutece; y nos rebaja


en lo moral: confundida en sus conceptos, y bajo la apremiante
circunstancia, la gente también confunde lo que está bien y lo que no, y
se comporta de cualquier modo. Tal y como afirma la filosofía realista -
base y fundamento del liberalismo genuino, histórico- voluntad e
inteligencia andan muy relacionadas, progresando o retrocediendo juntas.
282

Combinaciones. En 1913, Lenin escribió que Marx había combinado la


Economía llamada clásica inglesa con la Filosofía alemana y el socialismo
francés. Tenía razón, sólo que los tres componentes son de poco valor,
con excepción de parte del primero. Y si Ud. mezcla tres burradas no le
va a salir una cosa inteligente, ¿no cree? Para colmo esa mezcla no
cementa bien porque incluye algunos elementos potencialmente
discordantes.

Economía, Política y Filosofía. Análogamente, el liberalismo combina la


Economía austríaca -heredera de los fisiócratas y economistas políticos
franceses del s. XIX, y del marginalismo-, la Escuela el Derecho natural,
y la Filosofía realista (en distintas versiones según las convicciones
religiosas). Y los elementos de esta mezcla son conciliables, a diferencia
del marxismo. La Filosofía realista es el mejor cemento.

Gramscismo . Hoy en día los socialistas académicos reemplazan el


marxismo por el gramscismo. El italiano Antonio Gramsci (en los ’20 y
los ’30) usó la misma mezcla de Marx, excepto el único componente en
parte rescatable, Economía política inglesa, que cambió por ... las
enseñanzas de su paisano Maquiavelo. Que sirven para justificar la
inmoralidad política en nombre de la “razón de Estado” (¿?). La guinda de
la torta. Sin embargo, el de Gramsci es un marxismo “no leninista”
destinado a la clase media. La cual ahora lo consume, combinado con la
religión “científica” de la Nueva Era -según detalla nuestro amigo el filósofo
brasileño Olavo de Carvalho- propalada por tantos libros de “autoayuda”
(que mucho autoayudan a sus autores, editores, distribuidores y
vendedores).

¿Por qué el social-liberalismo? Básicamente porque el socialismo avanza.


Quienes antes no eran socialistas ahora son semi-socialistas; y quienes
ya lo eran, ahora son socialistas completos. Y quienes ya eran socialistas
completos, ahora son más radicales y extremosos. Y en estos tiempos
democráticos muy poca gente tiene entereza suficiente como para ser
minoría.

Los demócratas. Se puede ser demócrata y liberal, siempre y cuando la


democracia sea limitada: los derechos a la vida, libertad y propiedad no
están sometidos a votación. Pero en general y salvo honrosas
excepciones, a los demócratas no les interesa mucho el liberalismo sino
el Gobierno. Y no les interesa tanto la verdad, como estar en mayoría. Ni
que sus oponentes estén en un error, sino que estén en minoría. Esto no
resuelve el problema, lo agrava. En primer lugar porque puede no ser
verdad, y una mentira nunca ayuda; estorba y perjudica, a la corta o a la
283

larga. Y en segundo lugar, porque así se escamotea la discusión del fondo


del asunto, y se lleva por donde no es: los números.

No es cuestión de números. Mises enseñó que la economía no es cuestión


de cifras sino de conceptos; y eso con mayor razón aún aplica a la política.
Para la verdad o falsedad de una afirmación no es relevante el número
de sus sostenedores. Una mayoría no hace una verdad. Por otra parte, la
mayoría es circunstancial y cambiante ... excepto cuando tiene el cerebro
muy lavado y no ve luz.

El socialismo es mayoría. En “El Criterio” (1845), el filósofo español Jaime


Balmes distingue entre persuadir y convencer. Se convence con la verdad;
en cambio, con la sofistería y el engaño se persuade, sobre todo si se es
hábil en las artes dialécticas. La mayoría de la gente ya ha sido persuadida
a favor del socialismo. Y hace tiempo. No siempre los socialistas se imponen
por la fuerza bruta o el fraude electoral. En América latina se imponen
por el fraude semántico, una forma de engaño. Por eso el Gobierno de
EEUU lleva casi 50 años tratando de sacar a Castro del poder en Cuba
por la fuerza y no ha podido. Temo que con Chávez en Venezuela pase lo
mismo.

Los liberales somos minoría. Los anti socialistas configuramos una


microminoría; y dentro de ella los liberales consistentes somos una minoría
aún más exigua, si cabe. Y si los demócratas se empeñan en demostrar
lo contrario, hacen parte del problema y no de la solución. Porque toda
solución pasa por un diagnóstico correcto y completo del problema; de
otro modo no se halla la salida. Y la salida al estatismo pasa por admitir
y reconocer francamente las realidades de la opinión pública, aunque
desagradables. Solamente así será posible apuntar siquiera al primer
paso, que es el cambio del clima de opinión.

Y muchas gracias por su amable gentileza en seguirme hasta aquí. Espero


no haberle defraudado.
284

¿Puede un Liberal ser Demócrata? Seis x.

preguntas sobre democracia (Y una


modesta proposición)
Cordialmente dedicado
a Carlos Alberto Montaner,
Adolfo Rivero Caro,
y demás amigos cubanos

1. ¿Puede un liberal ser demócrata? Si por demócrata entendemos el


excluir las vías violentas, sí, por supuesto. Pero en cuanto entramos a
definir y precisar, surgen dificultades e incompatibilidades. En estos
tiempos no creo que se pueda, ya que las izquierdas han pervertido el
concepto de Democracia, hasta hacerlo equivaler impropiamente a
sufragio activo universal y obligatorio. Y han pervertido además el
concepto de Ley, que ahora equivale a cualquier mandato del legislador,
por arbitrario que sea. Combinando ambas perversiones, las izquierdas
han convertido la democracia en instrumento de dominación política y
redistribución de ingresos, directo camino de servidumbre al socialismo.
Hoy hay que elegir: ser liberal o ser demócrata.

Así piensan Hayek en «Camino de servidumbre», Jouvenel en «Sobre el


Poder», y Schumpeter en «Capitalismo, socialismo y Democracia». (Y
Tocqueville, Acton, y nuestro Ortega.) Y los socialistas no lo piensan ni lo
dicen: lo hacen. A diario. En Cuba y Venezuela ya llegaron a la meta
final; en otros países latinoamericanos están en camino, y cada vez más
cerca.

Para que un liberal pueda ser otra vez demócrata, ha de remontarse


antes en todo caso a las raíces mismas del liberalismo, y regresar al
verdadero y original concepto de democracia, vigente desde el Israel
bíblico y la remota Antigüedad clásica hasta el siglo XIX, pasando por la
tan injustamente denostada Edad Media.

2. ¿Qué es democracia? En Democracia -acepción primigenia y liberal-,


los principales cargos públicos están abiertos al mérito, y personas de
todo origen y procedencia familiar y social pueden acceder a ellos, sin
exclusiones caprichosas. Democracia significa inexistencia de restricciones
arbitrarias al sufragio electoral pasivo: cualquiera puede ser elegido.
Pero eso no significa que absolutamente todos los cargos públicos son de
elección popular: en una democracia no lo son p. ej. los Ministros y
285

empleados de la inmensa burocracia estatal, los policías, gendarmes


(carabineros) y demás personal militar, ni los jueces y diplomáticos, todos
funcionarios públicos propios; tampoco lo son las muchedumbres de
docentes y personal médico a sueldo del Estado (funcionarios públicos
impropios.) ¡O sea que la mayoría de los cargos públicos -propios o
impropios- NO son de elección popular en las democracias! ¡Entonces
elección popular y democracia no son términos sinónimos e
intercanjeables!

En pocas plabras: Democracia no significa que todos votamos para


Ministro, General del Ejército, Almirante o Juez de la Corte Suprema,
sino que todos podemos alcanzar esos altos cargos ingresando a la
respectiva carrera y reuniendo las cualificaciones, sin importar nuestra
procedencia social. Eso es Democracia. Otra cosa es República. Así como
en una Democracia no hay restricciones arbitrarias al sufragio pasivo o
derecho a ser elegido, en una República no las hay en principio al sufragio
activo o derecho a elegir; la elección popular de los Magistrados, o al
menos de muchos de ellos. Eso es República.

España, Inglaterra y Arabia Saudita no son Repúblicas sino Reinos,


Monarquías hereditarias: no cualquiera puede ser Jefe de Estado sino el
Rey; aunque de resto pueden ser o no democracias. De hecho son
democracias los dos primeros; no así Arabia Saudita. Pero en ninguno de
los tres países los ciudadanos votan para Jefe de Estado: el cargo no es
de elección popular. Por eso ninguno es una República. Aunque República
tampoco significa elección popular irrestricta (sufragio activo universal
absoluto), porque normalmente no votan los residentes extranjeros, los
condenados por ciertos delitos, y los niños y adolescentes (por ahora.)

En estos tópicos, ¡tremenda ignorancia y confusión hay en Latinoamérica,


que las izquierdas aprovechan en su exclusivo beneficio!

3. ¿Hay restricciones razonablemente justificadas al derecho al voto


universal? No hablamos de excluir del derecho al voto a los negros, a los
indios, a los analfabetos. Ni a las mujeres, ni a los pobres, ni a los siervos
o empleados en relación de subordinación, ni a los deudores. Nada de
eso. (Aunque estas fueron algunas de las restricciones históricas impuestas
al sufragio popular ...)

Pero en el pasado hubo mucho pensamiento liberal consistente y crítico -


p. ej. en los tratados de Derecho Constitucional del XIX europeo y
estadounidense- que se hizo la pregunta por la justificación del sufragio
286

activo sin restricciones en una República. Preveía que sin límite alguno,
este principio conduciría a la perversión del republicanismo: la tiránica
dictadura de las masas, a través de algún César encumbrado. Y el
pensamiento liberal iluminista encontró la respuesta en otras bases
racionales (no arbitrarias, no caprichosas ni prejuiciosas): en el
inconciliable conflicto de intereses entre votar y ser funcionario,
dependiente, contratista o beneficiario del Estado. Eso es sencillamente
inmoral. Es ser juez y parte a un tiempo, cobrar y darse el vuelto. Por
tanto, razones comprensibles justifican el excluir de la nómina electoral
a quien recibe del Gobierno un sueldo o pensión, contrato, licencia,
beneficio o dádiva.

Hablamos entonces de evitar un elector que vote sistemáticamente por


quien le prometa conservar y aumentar su empleo o sinecura, u
otorgárselo si no lo tiene aún; y de evitar un candidato propenso a este
tipo de intercambios. Hablamos de clientelismo, antigua enfermedad
política conocida y combatida en Grecia, que acabó con el Imperio
Romano, y que arruinó a países otrora ricos, como la Inglaterra
prethatcheriana. En su mayoría, las Constituciones de las colonias inglesas
en América contemplaban esta decente y simple providencia que limitaba
el sufragio activo.

En la América latina de hoy, sin mercados funcionando libremente, no


hay expansión económica y creación de riqueza. No existen prácticamente
oportunidades de buenos empleos privados. Y aunado a ello, el voto
popular universal e ilimitado nos está matando. Nos conduce paso a paso
aunque rápidamente al socialismo versión final. Y precisamente por el
mismo camino que evitaba aquel mencionado criterio liberal restrictivo,
fundado en razones morales: el conflicto de intereses.

En nuestros países, tan sabia prescripción jurídica -que puede ser legal o
constitucional- limpiaría el padrón electoral, reduciendo su masa
aproximadamente a la mitad de su cifra actual, y barrería con toda suerte
de políticos clientelistas, cualquiera sea su excusa: el socialismo u otra. Y
nos despejaría el camino a la solución del problema. Pero los actuales
«liberales» no mencionan una palabra de este tema, y defienden a capa
y espada la democracia en su pervertida noción corriente. Y cada vez
más pervertida, a medida que engordan las nóminas estatales de toda
suerte. Nos toca entonces a los liberales genuinos hacer la «modesta
proposición». Si no, ¿quién la haría?
287

4. ¿Por qué los anticastristas llevan casi 50 años fracasando? Y eso que
han sido apoyados por los Gobiernos de EEUU, y que han empleado
absolutamente todos los métodos -incluso los más violentos- excepto
uno sólo: el buen juicio. Y eso que el régimen castrista ha sufrido
repetidamente calamidades económicas y crisis políticas, hostigamiento
externo, peleas con la URSS, peleas internas, caídas de prestigio fuera y
dentro del país, y otros muchos eventos de los cuales han esperado
siempre los anticastristas el eternamente «inmediato» fin de la dictadura.
Sin embargo, ahí tenemos los hechos.

Muchas razones explican este fracaso. Pero una hay de fondo y principal,
de la cual las demás derivan: el miedo a la defensa frontal e integral del
capitalismo liberal, con todas sus implicaciones, tanto las clara y
evidentemente buenas, p. ej. crecimiento económico para todos, como
las aparentemente malas -o definitivamente malas para algunos-, p. ej.
la democracia limitada.

La primera regla básica de la política dice que cuando un Gobierno es


malo, la oposición debe ser mejor; y demostrarlo. Y la segunda dice que
Ud. no tiene que demostrar solamente lo malo que tiene su contrario,
sino lo bueno (o lo preferible), que tiene Ud.; y fundamentarlo. Y hablando
en general, el anticastrismo no le ha mostrado al pueblo cubano el camino
a la prosperidad y al bienestar, que es el Gobierno limitado en un contexto
de libre mercado, nada menos que Consejo de Dios a las Naciones según
la Biblia rectamente interpretada. Tal vez en el fondo esa oposición contra
Castro es presa de la misma mentalidad anticapitalista que aqueja a los
hermanos Fidel y Raúl ... y a la inmensa mayoría de la gente en Cuba y
en el subcontinente, hechizada por un discurso que es nada más el eco
de los ancestrales sentimientos de envidia a la riqueza y odio al rico,
muchas veces pregonado por un cristianismo pésimamente entendido.

En su mayoría el anticastrismo se define así, más anti que pro. Y para


colmo «anticastrista», ni siquiera anticomunista. ¡Y el colmo de los colmos:
la oposición cubana se deja llamar «disidencia»! Acepta el apelativo, de
sumiso estilo soviético tipo ’70 y ’80. Y no cesa de «mostrar las heridas»
ante los medios masivos de comunicación, estrategia casi única, a la que
son tan afectos sus dirigentes.

Y su defensa de ideas se limita a la democracia; y a veces ni eso siquiera:


a los «Derechos Humanos» solamente. Parece que el anticastrismo quiere
una especie de socialismo «blando», democrático y sin Castro; alternativa
ante la cual mucho cubano y cubana de a pie parece preferir el socialismo
288

castrista, que ve como más duro y efectivo, asumiendo que socialismo


es algo bueno. Y que absolutamente todos están de acuerdo en la «justicia
social», el igualitarismo y otros postulados básicos del socialismo, «light»
o regular.

Pero todo en medio de esa gran vaguedad conceptual -mal encubierta en


pura retórica- que aqueja a tanto exponente del anticastrismo: sin
definiciones claras, sin precisiones ni ajustes semánticos, ni mucho menos
cuestionamientos. ¿Democracia? Puede ser cualquier cosa; incluso
socialismo. ¿Y Liberalismo? Idem: cualquier cosa, lo mismo da. El
«pensamiento blando».

5. ¿Nos espera a los venezolanos la misma suerte de los cubanos? Es


nuestro temor que sí -motivo de mis preguntas y comentarios-, porque
el chavismo se asemeja al castrismo como una gota de agua a la
siguiente, pero también así se parece el antichavismo al anticastrismo.
Idéntica respuesta en ambos casos, parece haberse convertido ya en un
reflejo condicionado. De este modo Chávez nos terminará enterrando a
todos, después de enterrar a Castro -con todos los muy altísimos honores-
en La Habana.

6. ¿Es indetenible a la «marea roja» en América latina? En otras palabras:


¿Qué la impulsa? Pues el «pensamiento blando», que le suministra esas
vaguedades que la movilizan, tipo «justicia social», «democracia
participativa», y todas las más recientes insensateces de la «política
correcta» que difunden las Agencias de la ONU y otras burocracias
internacionales. Y el mismo «pensamiento blando» alimenta a la marea
roja de muchas viejas y trágicas confusiones, p. ej. entre libertad y
democracia, y entre democracia e igualdad.

Y si el «pensamiento blando» empuja la marea roja, por lógica es incapaz


de detenerla. Pero ya sabemos que populismo mata lógica. Y sensatez.
289

xi. Homo estatismo: ¿casamiento


homosexual, estatal o contractual? Por la
privatización del matrimonio
Algunos se creen ultraliberales porque apoyan el matrimonio homosexual.
Pero no son liberales; son ultraestatistas. Defienden estos supuestos
liberales la presente regulación estatal del matrimonio, alterando sólo
uno de sus contenidos, a fin de que Papá-Estado conceda ahora su permiso
para contraer matrimonio “civil” (léase estatal) no sólo a las parejas
heterosexuales sino también a las homosexuales. (Pronto será también
para los tríos sexuales, ¿por qué no?) Pero la pregunta es: ¿quién ha
dicho que para casarse se pida permiso al Gobierno?

El matrimonio y los liberales

¿Qué es el matrimonio civil? En Latinoamérica, en el siglo XIX hubo feroz


pelea por el poder y las jurisdicciones entre la Iglesia católica y el Estado
“liberal” (¿?) Aquel Estado le dijo a aquella Iglesia: “Tú no tienes el derecho
de casar o no a la gente”, y de seguidas se dio ese derecho a sí mismo.
Y la gente aceptó el tener que pedirle permiso al Estado para casarse; y
así es desde entonces: el matrimonio con licencia estatal, hecho por los
Gobiernos a través de sus personeros los funcionarios públicos.

Eso no es liberal, es el intervencionismo a ultranza en la vida de las


personas llegando a la intimidad. Es demasiado. Aunque desde siempre
los Gobiernos abrigaron pretensiones de estatizar el matrimonio, si bien
declarando propósitos diversos y hasta opuestos: en Roma el emperador
Augusto lo decretó obligatorio, con fines natalistas; Mussolini y Hitler lo
seguirían siglos después. Pero en China, con fines antinatalistas, el
emperador Mao decretó “un hijo por matrimonio”. Y de paso, que conste:
este decreto criminógeno que estimula las matanzas de recién nacidos -
niñas principalmente- aún rige en China, país que los seudoliberales nos
dicen que se está liberalizando (¿?) En cuanto al matrimonio homosexual,
es lo mismo: hasta ahora el Estado nos dijo que era inmoral, y ahora nos
dice que no. Pero ¿es el Estado nuestro guía y tutor moral? ¿Es su función
decirnos lo que es bueno o malo? Ultraconservadores y socialistas creen
que sí, pese a todos los vaivenes en las opiniones de los Gobiernos.

¿Qué defendemos en cambio los liberales de verdad? Todo lo contrario:


que para casarse no haya que pedir permiso a Papá-Estado. Defendemos
el matrimonio contractual -como ha sido tendencia natural, histórica, y
racional- por oposición al matrimonio estatal. Desestatizar el matrimonio.
Para todos por igual, homosexuales o no.
290

Lo bueno, lo malo y lo obligatorio

Lo típicamente liberal es la distinción cuidadosa entre Derecho y Moral;


la defensa de la persona humana individual como fuente de Derecho
aparte de los Gobiernos -defensa del contrato privado frente a la ley del
Estado-, y la negativa a tener al Estado por mejor juez de Moral. Los
principios y normas fundamentales son estas dos: no todo lo malo ha de
ser prohibido ni todo lo bueno ser obligatorio; ni todas las normas y
obligaciones han de venirnos de las autoridades civiles. Lo antiliberal es
lo diametralmente contrario: lo malo ha de prohibirse y lo bueno ser
obligatorio, decidiendo Gobiernos y Parlamentos lo que es malo o bueno,
y con monopolio de la producción de normas y obligaciones.

Los estatistas quieren prohibirnos todo lo que ellos ven malo o es malo,
p. ej. drogas, con interdicciones legales que no resuelven el problema
sino que lo agravan y multiplican. Y pretenden obligarnos a todo lo bueno
o que ellos ven bueno, p.ej. redistribución de la riqueza, con impuestos
progresivos y confiscatorios, y con inflación y “Estado de Bienestar Social”,
que arruinan la economía. E igual con la enseñanza elemental obligatoria,
el seguro social obligatorio, la vacunación obligatoria. Así la calidad de la
educación se degrada, el Seguro Social quiebra, y las vacunas tienen
efectos secundarios; pero todo es obligatorio, desde los condones
escolares hasta la integración racial y de género (cuotas femeninas). Sin
discusión.

Los liberales en cambio no buscamos prohibir la homosexualidad, pero


tampoco que los Gobiernos ahora la eleven a categoría de buen ejemplo.
Y advertimos: mucho cuidado con esa agenda estatista homosexual que
persigue esa supuesta “homofobia” (¿?) Es peligrosa: un día, sin discusión,
pueden decretar el homosexualismo rigurosamente obligatorio y a todos
nos van a …, sí, eso (¿nos explicamos?), y por la fuerza, a la brava, estilo
César Augusto y Mao-Ze-Dong.

Homosexualidad

Hay distintas opiniones. La PC (política correcta) pretende que se “destape”


porque es novedosa y progresista. Algo “chic”, un refinamiento.

Pues la homosexualidad no es novedosa. Vea Ud. cualquier fuente confiable


sobre historia de Grecia y Roma antiguas: los emperadores se exhibían
con amantes de ambos sexos, en actos, fiestas y celebraciones orgiástico-
religiosas paganas, estilo Alejandro el Grande y su célebre Bagoas. Y
291

muchos ricos y famosos de entonces los imitaban. Y antes de eso, tenemos


los casos de Egipto y Persia. Y la Biblia nos cuenta de Sodoma y Gomorra,
pero mejor dejemos ese punto para no escandalizar a la progresía.

Pero es que la homosexualidad tampoco es progresista: averigue Ud.


bien por favor las razones de la decadencia de Grecia, y de la caída del
Imperio Romano. La homosexualidad reviste en el amplio catálogo de las
conductas notablemente primitivas y salvajes (y es muy cierto que la
hay en el mundo animal). Como otras muchas costumbres incivilizadas
de la Antigüedad pagana, repase Ud. por favor: la esclavitud; el derecho
de vida o muerte sobre las esposas, los hijos y los esclavos; la eugenesia
y la eutanasia, con aborto, infanticidio -de las hijas sobre todo- y liquidación
de inválidos; el totalitarismo político en todas sus formas; la conquista y
cruel sometimiento de pueblos considerados racialmente inferiores; la
tortura a los procesados judiciales para hacerles confesar; las comilonas
y borracheras públicas a cargo del erario fiscal; y los espectáculos de
Circo (también a cuenta del Fisco) con gladiadores combatiendo a fieras
y fieras comiendo gente. ¿Son estos “adelantos” y refinamientos los
propios de las exquisitas civilizaciones antiguas?

De Nerón a Hitler, la permisividad sexual en las sociedades ha ido muy de


la mano con el totalitarismo en los Gobiernos. Y con el paganismo. Y
ahora, cuando los neosalvajes amenazan, restringen y quitan en todas
partes las libertades políticas, económicas y de pensamiento, estimulan
la permisividad sexual. No es casual.

Pero en fin, hay gente que piensa de otra forma. Y por supuesto que es
salvaje perseguir a quien piensa de otra forma, caso de cristianos
sirviendo de comida a los leones y espectáculo a los antiguos romanos, o
de homosexuales. Y de esa muy mala costumbre se nos acusa mucho a
los cristianos, y se nos recuerdan las Cruzadas y la Inquisición.

El cristianismo

Pero hoy tenemos una muy intolerante y agresiva inquisición PC. Y una
cruzada global anticristiana -y harto repaganizante- en los tres frentes:
ideológico -guerras culturales-, político y militar. Se denigra del
cristianismo, y bien viene para ello la “homofobia”. ¿Cuál es la realidad?

Que desde muy temprano el cristianismo presentó objeciones, reparos o


rotundas negativas a las conductas primitivas inmorales, de griegos,
romanos o bárbaros, incluyendo la homosexualidad. Es muy cierto. Por
292

eso existió Occidente: una civilización cristiana, superior, hecha de matrices


y aportes judíos, griegos, romanos y bárbaros. Porque lo bueno y noble
del mundo clásico y su cultura -no lo malo- fue preservado en los
monasterios, y después en las Universidades.

Y cierto que las Iglesias llevaron por siglos registro de matrimonios;


como de nacimientos y defunciones. Es muy cierto también. Pero el
matrimonio cristiano era y es un contrato, celebrado entre los
contrayentes, ante Dios, y pidiendo Su bendición. Hasta hoy la Iglesia
católica -y otras con sacramentos- declaran que los ministros del
matrimonio son ambos prometidos, no el sacerdote, quien sólo preside
la asamblea (“Ecclesia”) de creyentes, ante la cual -como funcionario
privado- comprueba y testifica que la unión es libremente concertada
por personas capaces de formular los votos. Eso es un contrato. ¿Qué
son los votos? Promesas que ambos contratantes se intercambian. El
sacerdote no es parte. ¡Y menos el Gobierno!

Esa es la concepción cristiana. Aparte las deformaciones históricas


sufridas, desde el punto de vista político -aparte la Teología involucrada-
es un concepto privado, contractual y liberal del matrimonio. Y es así
porque en pasaje alguno de la Biblia se ordena o da derecho al Gobierno
civil para consagrar matrimonios o requerir licencia estatal para casarse,
ni hay fundamento alguno escritural para esa tal pretensión. El matrimonio
es una institución bíblicamente anterior al Gobierno humano y por ende
privada, como lo son la familia, el trabajo y la empresa productiva, la
Iglesia, la educación y la escuela; y la Biblia es un documento destinado,
entre otros fines, a poner sus límites a los Gobiernos. Y eso no cambia,
aunque pase de moda.

Matrimonio y escuela

Es antiescritural, no cristiano -y un tanto ridículo- que un Ministro religioso


pida a los contrayentes la licencia estatal como requisito para la celebración
del matrimonio cristiano como Dios manda. Eso es poner al Gobierno
antes y por encima de Dios. Inaceptable.

Y tan antiescritural, no cristiano e inaceptable como el matrimonio estatal


es la escuela estatal. Y sin fundamento esa pretensión de los
ultraconservadores sobre oraciones y enseñanza religiosa en escuelas
financiadas con impuestos. Todas las escuelas -religiosas o no- han de
ser privadas. El problema es que demasiados cristianos desconocen el
Cristianismo.
293

El matrimonio contractual y los cristianos

¿Cómo sería el matrimonio en una sociedad liberal? Privado. Contractual.


El contrato social se registraría ante notario, escribano o registrador, como
hoy hacemos con una compraventa o una sociedad comercial. Sus clásulas
establecerían las condiciones pactadas para los hijos, los bienes, el futuro
y las sucesiones y herencias. Y las causales de disolución de la sociedad,
si la hubiere, o la indisolubilidad de la unión.

Claro, como hoy no existe eso, la gente se casa con todas las condiciones
establecidas por el Estado: derechos y deberes, herencias, seguros y
beneficios de pensión, etc. Por eso los homosexuales -no sin cierta lógica
en este punto- alegan contra los Gobiernos que no reconocen sus uniones.
Pero eso es por la estatización del matrimonio. No tiene que ser así.
Reprivaticemos el matrimonio.

Los matrimonios privados serían hetero u homosexuales; a gusto de cada


quien. Habría matrimonios de mujeres con varones y viceversa -como
nos gusta a los cristianos y a los conservadores-; y de los otros. Y aparte,
los matrimonios cristianos serían celebrados en las Iglesias -cada cual en
la suya- según la Santa Escritura.

El matrimonio y la familia

El matrimonio privado sería lo mejor, sobre todo en sociedades cultural y


espiritualmente divididas como las occidentales de hoy. Cada quien, no
importa su preferencia en materia sexual o de religión, procedería de
conformidad a su forma de pensar y ver las cosas, y sin que unos
pretendan imponer sus convicciones a otros por la fuerza.

Claro, hablamos de “adultos con consentimiento”. ¿Pero qué pasaría con


la familia? preguntan los ultraconservadores. Como si los Gobiernos fuesen
diligentes defensores y garantes de la familia. Como si el Estado sin
límites no fuese precisamente el gran destructor de la familia. El Estado
proveedor “de Bienestar” es quien constantemente alienta el divorcio
fácil, rápido y unilateral, con su propaganda feminista sobre “violencia
doméstica” -presentando a los maridos y padres como abusadores,
maltratadores, golpeadores y violadores-, y prometiendo ser mejor marido
y padre. Que conste: la agenda feminista va muy ligada a la homosexual,
ambas son estatistas y destacan en el contexto del pansexualismo.

La familia como institución tendría más y mejores probabilidades en una


sociedad desestatizada, con el Estado y sus Gobiernos en sus límites
294

naturales, sin pretender funciones propias de las sociedades privadas:


familia, escuela, empresa, mercados, Iglesias. De hecho
aproximadamente así fue en Occidente desde la Edad Media hasta el s.
XIX.

Sin duda quedarían puntos a resolver, con mayor o menor flexibilidad.


Veamos algunos. ¿Podrían tener y/o adoptar hijos legalmente las parejas
homosexuales? Pero resulta que hoy una persona homosexual puede
hacerlo cuando tiene cónyuge de sexo opuesto. Y lo hace. Aquí cabría
cierta flexibilidad, a fin de cuentas está comprobado que los Gobiernos
no son mejores padres que los padres biológicos o adoptivos -sean
buenos, regulares o malos como padres-; ni pueden sustituir a los padres
-los que sean- cuando no los hay a mano.

Otro punto es: ¿podrían casarse legalmente homosexuales siendo


menores de edad o incapaces de dar consentimiento? No, en este punto
no cabe flexibilidad, pero, ¿acaso hoy pueden? ¿Pueden comprar y vender
un inmueble? No, no pueden, porque son incapaces.

En todas estas materias, con frecuencia tratadas en conjunto, el tema


álgido e inevitable es el aborto. Y en ese punto sí que la flexibilidad no
cabe, y es también inevitable una respuesta firme y rotundamente
negativa. ¿Acaso la cirugía prenatal de hoy no corrige malformaciones
en el embrión humano? Es comprobación indiscutible que es un ser
humano, y su liquidación es asesinato. Aunque haya otras opiniones, que
las hay. Pero más importante aún, hay una cuestión de fondo implicada.
Abordemosla, para terminar.

Vamos al grano: ¿se puede ser liberal y cristiano?

Quienes creen que el homoestatismo es algo superliberal, suelen pensar


que así nos ponen en aprieto a los liberales cristianos. Pero no, se puede
ser ambas cosas, liberal y cristiano.

Aunque es difícil ser liberal, y ser cristiano tampoco es fácil.


Separadamente. Ni una ni otra condición se hace más difícil por el mero
hecho de ir juntas. Ni más fácil. Sobre todo hoy en día. Porque de hecho
“liberalismo” es como el mundo llama desde 1812 (año de la Constitución
de Cádiz) al tipo del Gobierno limitado, antes en inglés whiggism (non-
conformism), y antes aún concepto bíblico -o judeocristiano- de Gobierno
civil limitado, inseparable de los igualmente bíblicos conceptos de poder
eclesiástico limitado, y de separación Iglesia-Estado.
295

Y aunque desafortunadamente la mayoría de los cristianos de hoy ignora


estas cosas. Y la mayoría de los liberales. E ignoran que no se puede ser
estatista y cristiano. ¿Por qué …? Por varias razones que un cristiano
cabal debe saber:

Primero, hay realidades, cuyo conocimiento objetivo es la verdad. Lo


cierto y lo falso es objetivo, como lo bueno y lo malo. Un cristiano es un
realista filosófico. Y siendo algunas realidades fundamento de otras, y
ciertas verdades objetivas fundamento de otras, es fundamentalista. Y
siendo ciertos principios (fundamentales) claves para conocer fielmente
la realidad y vivir la vida buena, es principista. Y uno de ellos es el
ontológico: las realidades son lo que son, con independencia de lo que
sobre ellas pensemos las personas o las mayorías. O los Gobiernos.

Segundo, Dios está por encima de los Gobiernos. Como realidad el


Gobierno humano es limitado, por naturaleza y esencia. No es
todopoderoso, aunque lo pretenda. Sólo Dios es Todopoderoso, por encima
del Gobierno -aunque sea democrático- y también de la Iglesia.

Tercero, el cristiano como individuo bajo Dios también está por sobre el
Gobierno y la Iglesia. Porque es responsable individual y directamente
ante Dios por su vida hasta la muerte; y después de la muerte, en juicio,
no de autoridades civiles o eclesiásticas. Es decir: un cristiano es un
individualista acérrimo, adversario y resistente natural de toda
colectivización y poder sobre la Tierra que aspire a pasar de sus límites.

Cuarto, Gobierno e Iglesia son instituciones puestas por Dios para fines
muy diferentes. El Gobierno no es para ser mentor de las personas y
guardián de la moral; es una simple agencia de seguridad colectiva,
ministerio de Justicia pública –sustituto no siempre eficaz de la primitiva
venganza privada- y contratista de obras viales y otras de interés común
que es aconsejable pagar con impuestos. Nada más. Predicar y enseñar
moralidad, amonestar y reprender es tarea irrenunciable de la Iglesia,
pues no ha de ser con violencia. Es la Iglesia, no el Estado, quien debe
tratar con adulterio, pornografía, juego, borracheras o drogas y otros
negocios inmorales. Y familia. Y homosexualidad. Hoy las iglesias dejan
muchas de sus funciones en manos del Estado; y este se ha recargado
de tantas funciones impropias que es incapaz de cumplir siquiera las
propias, y por eso el crimen toma el mando, como en Sao Paulo, Brasil.

Es este el concepto de los primeros escritores cristianos -Padres de la


Iglesia, orientales y occidentales- que escribieron a Emperadores y público
letrado para recordarles los límites del Estado. Y señalar las respectivas
296

funciones y servicios del Gobierno Civil y de la Iglesia, ambos diseñados


por Dios para hacerse mutuamente contrapeso y balance. Este es el
concepto de Alberto el Grande y Tomás de Aquino, Jean Calvin, John
Locke, Frederick Bastiat y tantos otros maestros cristianos de toda
denominación y siglo. Es decir: un cristiano es un ultra liberal.

Una de las funciones más importantes de la Conferencia Liberal


Hispanoamericana (CLH) es difundir estas enseñanzas sobre las raíces
bíblicas, clásicas, hispanas y federalistas del liberalismo.
297

xii. Cuba (I y II)


Cuba (I): 8 Soluciones Fracasadas

“Aprendamos de Cuba”, reza el slogan chavista. Estamos de acuerdo:


mucho tenemos que aprender de una oposición inoperante.

Razón tiene nuestro amigo Álvaro Vargas Llosa: los latinoamericanos


somos unos perfectos idiotas. Tenemos ya una Segunda Cuba -Venezuela-
; y no aprendemos. Antes, algunos creían que Cuba estaba sometida a la
URSS. Pero la URSS ya no existe, ¡y Cuba sigue sometida!

Ahora, muchos no ven en el Comandante Chávez al sucesor del Emperador


Castro ... comenzando por la inepta oposición venezolana. Pero lo es.
“Ceguera voluntaria” llamó a esto el francés Jean-Francois Revel; y lo
es. También es “ceguera ideológica”: la venda en los ojos es selectiva;
nos muestra erróneamente el capitalismo como causa de nuestros males,
aunque no lo hay entre nosotros, y al estatismo como remedio, pese a
que nos agobia. Lo que no vemos es la realidad: el estatismo, raíz del
mal. Y el capitalismo, único remedio disponible, que nos negamos a
adoptar, y nos empeñamos en desconocer.

El antichavismo venezolano se parece al anticastrismo cubano en que se


niega a definirse por el capitalismo liberal. Y en que hasta ahora ha sido
absolutamente ineficaz.

Cualquier cosa menos capitalismo liberal

El caso de la censura de prensa es un ejemplo ilustrativo. El antichavismo


acepta complaciente que los propietarios de radios y televisoras no lo
son de verdad, sino meros concesionarios de licencias del Estado. Los
patéticos “dueños” de los medios también aceptan que su propiedad no
es plena. ¿Qué argumentos válidos pueden entonces oponer a las censuras
y restricciones? (Igual es con los dueños de tierras que aceptan la “función
social” de su propiedad: carecen de argumentos contra las confiscaciones.)
Distinto sería cuestionar de frente el sistema de licencias y permisos en
telecomunicaciones, y exigir al igual que en los medios escritos el
reconocimiento por parte del Estado de la propiedad entera y sin
acotaciones; y consiguiente libre apertura, para multiplicarse así las
estaciones, y la variedad a elección de la audiencia. Pero eso implicaría
oponer al chavismo socialista el “inmoral” capitalismo, y el antichavismo
jamás tomará esta bandera, liderado como sigue por viejos caudillos y
nuevos caudillitos, todos de la misma escuela y mentalidad.
298

El anticastrismo siempre ha sido y es igual; por eso sigue Castro


mandando. La oposición cubana, en el exilio o en la isla, siempre le ha
evitado al socialismo un desafío ideológico a fondo, proponiendo a la
gente el capitalismo para salir de la miseria. ¡No, eso no! ¡Nunca! Prefiere
luchar por las libertades “democráticas”, es decir, políticas, y por “los
derechos humanos”, concebidos también en sentido político, o sea,
estrecho. Con esa estrategia autoderrotante, Castro sigue en el poder
desde hace más de 4 décadas. En Cuba y Venezuela, la oposición confía
en ciertos remedios “mágicos”, y no convoca a un cambio de sistema.

¿Será que a los políticos les interesan solamente SUS libertades -políticas-
, y no el sistema económico, y si permite o impide el bienestar de la
gente? ¿Y será que los empresarios no son hijos del sistema de libre
empresa sino del mercantilismo estatista, y como tales se comportan?

La historia es vieja. A comienzos de siglo -como en toda Latinoamérica-


, el liberalismo económico tuvo defensores en Cuba. Tomás Estrada Palma,
el primer Presidente, alternó sus dos períodos con sendas ocupaciones
estadounidenses, cada una con su Gobernador militar “in charge”. Sin
embargo hubo dos partidos, el Moderado y el Democrático, y al menos el
primero de ellos, y los empresarios casi todos, se identificaban con el
sistema de libre empresa e ideas liberales. Pero ya en las décadas
siguientes, ya en tiempos de Gerardo Machado y Ramón Grau San Martín,
la escena se fue haciendo cada vez menos variada y más uniforme en
ideas políticas: puro “progreso social” (en la acepción de las izquierdas)
y “todos contra el capitalismo”. Mercantilismo y colectivismo. Esto incluyó
a partidos más o menos democráticos de entonces -el Auténtico, el
Ortodoxo, etc.-, y también a ciertos famosos dictadores, como el Sargento
Fulgencio Batista en los ‘50, apoyado casi hasta el final por los comunistas.

Aunque el capitalismo exista sólo en la imaginación, “Todos contra el


capitalismo” ha sido y es la consigna generalizada en América latina, que
sirve para todo propósito y viene bien, siempre, y más cuando los políticos
requieren “unidad” para enfrentar una dictadura. O algo parecido.

Los 8 remedios fracasados

En ambos casos -Cuba y Venezuela-, ¿qué tal una lista de factores en los
cuales la oposición ha confiado y sigue confiando para salir de los
respectivos regímenes? ¿Qué tal evaluar su resultado uno a uno, en casi
medio siglo de castrismo continuo?
299

1) El mundo externo, en primerísimo lugar. ¡Tienen una confianza en “la


comunidad internacional” que es a prueba de toda evidencia!

Porque si la presión exterior fuese eficaz, Castro habría sido desalojado


del poder hace años, cuando se suponía que en plena Guerra Fría era
inadmisible para EEUU una amenaza comunista a escasas 90 millas de su
propio territorio.
P. ej. cuando el embargo azucarero, decretado en 1960 por
Einsenhower;
O cuando la expulsión de la OEA, concretada en 1962 por la Conferencia
de Punta del Este (Uruguay), ya bajo la administración Kennedy.
O cada tanto que se tensan las cuerdas: Enmienda Torricelli, en 1992;
Ley Helms-Burton, en 1996.

Y desde entonces ¿cuántas condenas internacionales no ha recibido el


régimen castrista ...?

Los embargo e interdicciones comerciales son represalias políticas, que


contradicen de modo flagrante al libre comercio que EEUU dice
representar; lo cual debilita enormemente su posición, y la torna
indefendible. Además son medidas muy inefectivas -por los constantes
desacatamientos y violaciones-, y sólo sirven a Castro como uno de sus
múltiples pretextos para atornillarse en el poder. No obstante, cada vez
que se le ofrece liberar comercio a cambio de pago en efectivo, Castro
se niega; ¡allí se pone evidencia la realidad!: una economía pobre no
produce divisas. Si mañana se levantasen las restricciones, Cuba no podría
importar ni un dólar más. No obstante, el anticastrismo jamás ha
aprovechado esta circunstancia para promover una discusión ideológica
a fondo sobre sistemas, socialismo vs. capitalismo.

Y no se diga que a Castro lo salvó la URSS. Porque no hay URSS desde


1991; y antes de esa fecha, sus relaciones con Cuba no fueron idílicas.
Castro vaciló casi 3 años antes de decretar oficialmente el socialismo
y declararse marxista-leninista -Mayo y Diciembre de 1961-, no tanto
por eventual hostilidad de la población a esas ideas, sino porque en
ese entonces aún estaba fresco el recuerdo del apoyo del Partido
Comunista a la anterior dictadura batistiana.
En 1962, cuando la crisis de los cohetes, Fidel rompió con Kruschev
por su “manifiesta debilidad”.
Y siguió coqueteando con China y Yugoslavia, ambas opuestas a la
URSS; y mantuvo su firme apoyo a las guerrillas latinoamericanas,
contra los soviéticos y su política de “coexistencia pacífica”.
300

Recién en 1972 Cuba ingresó al mercado común soviético CAME. Y


desde entonces, miró a Moscú sólo cuando necesitó en extremo ayuda
militar, y sobre todo económica.
Y desde 1985 Gorbachov redujo considerablemente el apoyo soviético,
ante la resistencia de Castro a las reformas tipo “perestroika”.
En 1989 y 1990 hubo apremios del Kremlin para cobrar la deuda
pendiente; y Castro aprovechó la oportunidad para otra de sus tantas
purgas de elementos prosoviéticos en su Gobierno, partido, policía y
Ejército, reemplazados por elementos más jóvenes y por tanto más
fieles e incondicionales. ¡Quedó más firme y duro que antes!

Antes, con cada derrota soviética (p. ej. Afghanistán, 1989); y siempre,
con cada elección presidencial en EEUU -o congresional-, renace la ingenua
esperanza de un cambio ... Pero lo que aumentan son las restricciones al
ingreso de los cubanos, sobre todo desde 1995. Y Fidel, cada vez con
más amigos en Europa, en la ONU y en el mundo.

2) El recurso “estratégico”. El antichavismo cree que Venezuela es


irreemplazable como suministrador petrolero. Pero si es verdadera la
teoría del “proveedor seguro”, entonces tendremos a Chávez por muy
pero muy largo tiempo ...

Y si no es verdadera, eso tampoco garantiza un futuro sin Chávez. Porque


vea Ud.: en 1960, EEUU y Cuba eran respectivamente primer importador
y primer exportador mundiales de azúcar de caña. ¡La interdependencia
era grande amén de mutua!
Pero, después de 1962, EEUU aumentó su producción doméstica, y
buscó y encontró otros proveedores: Dominicana, México, otros países
centroamericanos y caribeños, Brasil, Filipinas, etc.
Y Castro buscó y encontró otros mercados: países socialistas y
europeos, árabes, Japón y otros asiáticos, etc.

En EEUU nunca faltó azúcar, ni a Fidel tampoco le faltaron compradores


para todas las toneladas que Cuba pudiera producir (o comprar) cada
año. El comercio exterior es como el amor falso: nadie es insustituible.

3) Violencia. Si la fuerza fuese herramienta efectiva, Castro habría sido


expulsado enseguida, cuando la invasión armada en Bahía de Cochinos,
con apoyo de EEUU. Eso fue en Abril de 1961, después del fracaso de
cientos de atentados terroristas contra edificios públicos, rutas y puentes,
instalaciones eléctricas, industriales, militares, etc., y guerrillas
anticastristas.
Posteriormente tampoco faltaron atentados y agresiones en el resto
301

de los ’60 y en los ’70, incluyendo atentados contra la persona de


Castro.
Desde los ’90 se repiten los atentados contra instalaciones turísticas
para extranjeros.

Pero tal parece que la violencia no cumple su principal objetivo declarado,


y sí ofrece a Fidel otro pretexto para reforzarse en la silla.

4) Miseria, hija de los fracasos económicos. Ingenuo hasta el candor, el


antichavismo confía en una hipotética reacción popular contra Chávez,
por los malos resultados de la economía. Igualito que los anticastristas.
Pero de ser realista el supuesto, Fidel no debería estar en el poder.

En 1970 p. ej., el rotundo fracaso de la “zafra de los 10 millones” (de


toneladas) se combinó con el colapso de la planificación industrial
(heredada del Che), y el hambre fue atroz. Los fracasos y la miseria
se repitieron muchas veces, especialmente desde mediados de los
’80, cuando los auxilios soviéticos mermaron.
El ajuste del ’87 fue de espanto: despidos masivos, alzas en los
servicios, racionamientos.
Y el año ‘93 fue horroroso, cuando Castro tuvo que comprar azúcar
en Thailandia para cumplir su contrato chino, y la desnutrición causó
una “misteriosa” epidemia que dejó a sus víctimas ciegas y sin
coordinación muscular.

No obstante Castro siguió ahí, reelecto puntualmente cada 5 años.

5) Luchas intraoficialistas. Confiar en una “implosión” del régimen cada


vez que se sacude con una pelea intestina, es otra ingenuidad en la cual
el antichavismo se parece al anticastrismo.

Porque enfrentamientos, luchas y constantes purgas, parecen fortalecer


en lugar de debilitar a los regímenes totalitarios. Desde antiguo, Castro
no deja adversario vivo, o libre, o sano. Conflicto interno no le falta; y allí
sigue.
Castro hubiese caído p. ej. en 1968, cuando la feroz pugna con la
“microfracción” -prosoviética, por cierto-, dirigida por Aníbal Escalante.
O en alguna de las tantas y reiteradas ocasiones posteriores en que
mandó ejecutar o encarcelar a prestigiosos enemigos de sus propias
filas. P. ej. en 1989, cuando el Gral. Arnaldo Ochoa y otros oficiales
fueron fusilados, en medio de amplia información mundial e intensos
rumores sobre profundas fisuras en las Fuerzas Armadas.
302

Y apenas 3 meses antes de lo de Ochoa, por cierto, hubo una visita-


intimación francamente hostil del Premier Mikhail Gorbachov, en
procura de un “ablandamiento”, apoyando a supuestos “moderados”
en el seno del poder.

6) Libertad por pedacitos. Si reclamar jirones de libertad, uno a uno -


libertad para esto, y para lo otro-, fuese eficaz, Castro no estaría donde
está.

Desde finales de los ’60 -pronto pasadas las ilusiones con “la
revolución”-, los gremialistas cubanos piden libertades sindicales, y
se quejan a la OIT.
Los artistas y pensadores piden libertades creativas, y se quejan al
Pen Club y a otras sociedades literarias, y a la prensa internacional.
Las iglesias todas piden libertades de culto, y reclaman ante las sedes
mundiales de sus respectivas denominaciones. ¿Cuántos “llamados”
no le hizo a Fidel el Papa? Y nos referimos a los que sobrevivió: Juan
XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. En 1961, el Arzobispo católico Boza
Masvidal protestó contra los avances del comunismo cuando ya era
muy tarde; fue expulsado junto con otros 135 sacerdotes. Desde aquel
entonces las relaciones con la Iglesia Católica han sido siempre tensas
y llenas de altibajos, incluyendo la visita del Papa Juan Pablo II en
1998 (cuando se autorizó por primera vez a celebrar la Navidad) Los
reclamos de la Iglesia católica son siempre muy reducidos: como los
políticos, los eclesiásticos se limitan a su específica libertad -con
frecuencia sólo para los católicos- como si fuese posible vivir una
vida plenamente cristiana en medio de la miseria y la opresión.

Hay una sola religión que goza de amplias e irrestrictas libertades: la


santería afrocubana, que por su sincretismo con los “objetivos de la
revolución” conviene al castrismo. Las demás, juzgando por lo reiterado
de los pedimentos, no han tenido éxito. ¿Por qué? Porque así como los
jefes políticos piden libertades sólo democráticas, los líderes religiosos
reclaman sólo sus pedacitos; nada más. Y en política -y en la vida en
general-, el puro yoísmo no rinde.

7) Mostrar las heridas. Otra estrategia favorita del anticastrismo ha sido


siempre la de exhibir con toda crudeza ante la opinión mundial las cicatrices
y señales físicas y psíquicas de torturas, cárceles, vejaciones y crímenes,
y el dolor de sus víctimas.

Todos los grupos de derechos humanos han apelado a los sentimientos y


al sentimentalismo hasta el cansancio y la saturación. Pero, ¿qué ganaron?
303

8) “Buena conducta”. Y últimamente, los afectados ya ni piden libertades


específicas, sino sólo “no discriminación”. Y obedientes, se dejan llamar
“disidencia” en lugar de oposición. O sea: ¡quieren ser admitidos en el
sistema, mas nunca cambiar el sistema!

Los latinoamericanos no aprendemos.

Cuba (II): Aprendamos de Cuba

En Venezuela, las empresas privadas se encuentran amenazadas por un


voracísimo y feroz sistema impositivo fiscal. Y las de radio y televisión
están jaqueadas por una ley de censura, que sanciona su “irresponsabilidad
social” con penas muy graves: supermillonarias multas, suspensiones e
inhabilitaciones, cierres temporales y definitivos, etc. Sobre las fincas y
empresas agropecuarias se cierne una Ley de Tierras, que también
consagra la “función social” de la propiedad privada: las invasiones y
confiscaciones ya han comenzado.

¿Y qué hacen las empresas? En lugar de defender el sistema de mercado


libre, muchas, sobre todo las más grandes, ¡hacen “buena letra”! ¿Cómo?
Cuñas publicitarias perorando que “ellas sí asumen su responsabilidad
social”, retratando a sus accionistas y funcionarios con franelitas y gorritas
visitando ciertos barrios pobres, atareadísimos en el reparto de bolsitas
de comida, libros escolares, juguetes y ropa, direcciones de E-mail ... De
esta forma creen hacerse “populares”; y así poder escapar a las iras del
Comandante. ¡Ahora hasta el Embajador de EEUU y su secretaria también
posan frente a las cámaras repartiendo sandwichitos a los pobres! Nos
dicen que quiere dar ejemplo. Creo que sí da ejemplo, pero no es bueno
... Sinceramente, lo que dan es pena.

¿Somos perfectos idiotas los latinoamericanos como dice nuestro amigo


Álvaro Vargas Llosa? El Embajador no sé si será idiota porque no lo conozco
de trato; pero es rubio y anglo. ¿O se hacen los idiotas? ¿Busca cada
empresario que el Gobierno predador le elimine la competencia de otras
empresas, creyendo ingenuamente que “a mí no me va a tocar”? ¿No fue
Lenin quien dijo que al último capitalista lo colgarían con la cuerda vendida
por el penúltimo?

Los latinoamericanos no somos los únicos idiotas. El problema nos afecta


a todos los humanos seres, también a los del “Primer Mundo”; y en realidad
de allí nos viene. El epítome es Bill Gates posando de “capitalista bueno”,
embarcado en causas populares para hacerse perdonar. ¿Populares para
quién? ¿Los políticos o los medios? ¿Y perdonar qué? ¿Sus millones de
304

dólares? ¿Su apetito de éxito, o sus intenciones monopolistas? (¿y según


cuál definición de monopolio?) ¿O su prodigiosa inventiva, que nos ha
enriquecido a todos? ¿Cuál es exactamente tu pecado, Bill ...?

De todos modos es un complejo de culpa. Ruben Alvarado no lo califica


de idiotismo; crítico más benévolo, lo trata como caso de “doble
conciencia”: desdoblamiento entre cabeza y corazón. Lo traduzco para
Ud., más o menos libremente:

Doble conciencia

La civilización occidental está hoy en una encrucijada. Por encima, las


instituciones tradicionales del Estado de Derecho parecen más vigentes
que nunca; pero el esquema y sistema de creencias de la tradición estatista
también sigue muy vivo. Más mercados abre la globalización, más nihilismo
y exigencias colectivistas emergen con mayor fuerza.

Esta doble conciencia ya no puede disimularse, ni perdurar por siempre.


Ha de producirse un choque final entre las dos grandes fuerzas de la
historia mundial.

Y sigue:

El conflicto es realmente entre cabeza y corazón. El hombre moderno


entiende en su cabeza que los mercados y la verdadera ciudadanía
progresan juntos, funcionan mejor, y son superiores para producir lo que
la gente requiere. Pero aún así todavía siente en su corazón que el
estatismo le dará la anhelada seguridad, mediante su absorción en el
vientre del colectivo.

El hombre moderno es capitalista en la cabeza y socialista en el corazón.


Se justifica atribuyendo al capitalismo el despreciado móvil de ganancia
privada; y al socialismo los valorizados motivos de espíritu comunitario y
generosidad. ¿Resultado? El insatisfactorio compromiso que llaman Estado
de Bienestar. La gente se autoconvence de hacer lo que supone inteligente
y pragmático: participar en el libre mercado, y comprar a la vez expiación
para su culpa con el voto por la redistribución de la riqueza, restricciones
a la propiedad y libertades, y otras formas de masiva autoflagelación.

(Tomado del capítulo “Tragedia y Esperanza”, del libro The Common Law,
The Law of Nations and Western Civilization, por Ruben Alvarado -
destacado autor en el liberalismo cristiano-, 1999).
305

“Aprendamos de Cuba”

Así dicen muchos carteles y pancartas chavistas en Venezuela. I couldn’t


agree more: mucho podemos aprender de Cuba acerca de la ineficacia
de una oposición que no se define abiertamente por los mercados libres
y el capitalismo y la democracia liberales.

¿Qué ha conseguido el anticastrismo? Nada, fuera de algunas liberaciones


de presos políticos a cambio de concesiones comerciales. La vida cotidiana
de la gente en la isla está peor que antes, desde el pasado año 2004,
cuando Castro prohibió la libre circulación del dólar, e hizo más severas
las restricciones a las remesas en dinero y los viajes.

La causa de todo esto es que mientras el socialismo difunde masivamente


sus terroríficas ideas que no obstante parecen bien intencionadas desde
afuera, la verdad real no se muestra por ningún lado. ¿Por qué? Por el
tremendo complejo de culpa que aqueja a quienes deberían asumir la
defensa del capitalismo liberal: empresarios competitivos, periodistas,
economistas, políticos honestos, juristas investigadores, ministros y
líderes religiosos. No hay suficientes intelectuales, políticos, empresarios,
medios de comunicación ni clero firmemente comprometidos con la causa
de la democracia y economía liberales. Hay así tremendo desbalance,
falta de equilibrio.

Intenso adoctrinamiento gubernamental, sin contrapeso alguno

Dos de los principales instrumentos socialistas de adoctrinamiento y control


en Cuba, las campañas de “alfabetización” y los CDR (Comités de Defensa
de la Revolución) datan de 1961. En Venezuela se imitan fielmente desde
2000, con miles de instructores importados de la isla.

Desde el Gobierno, el socialismo cubano dedica buena parte de sus


recursos y esfuerzos a inculcar la doctrina, por los más variados canales
e instrumentos: la mencionada alfabetización, deportes, ejercicio de la
práctica médica y bellas artes, educación en todos sus niveles y
modalidades, y medios de comunicación de toda clase. Sin olvidar la
acción espontánea de sindicatos, iglesias, centros vecinales, ecológicos,
feministas y otros que no son formalmente del Gobierno, pero tocan la
misma música. Todos predican puntos y aspectos del socialismo: sus
principios, modalidades, bondades y ventajas, sobre todo comparando
con “el capitalismo”, presentado siempre en una versión burdamente
distorsionada y deformada hasta el ridículo, que ahora llaman
“neoliberalismo”.
306

Unilateral, el adoctrinamiento se impone por doquier. Los axiomas


socialistas -y sus premisas y conclusiones-, son mansamente aceptados
por todos, sin discusión, incluso inadvertidamente por quienes no
simpatizan con el Gran Jefe. Y su efecto masivo es tal, que la propia
familia se transforma en agente de adoctrinamiento, sea de padres a
hijos, o al revés. En la familia se pone de manifiesto cómo el
adoctrinamiento y el control van siempre de la mano, aunque el primero
por delante, y el segundo le sigue.

Y el anticastrismo, castrado ideológicamente

Hay muchos grupos anticastristas fuera y dentro de Cuba. Comenzando


por el mayor y más tradicional, la Fundación Nacional Cubano-Americana
(con sede en Florida), hasta la miríada de grupos más recientes. Ninguno
se ha identificado con una propuesta decididamente capitalista.

El ejemplo más palpable es Radio Martí, que transmite desde EEUU para
la isla: en casi 20 años de programación que lleva desde 1985, lo único
que hace es denunciar una gran cantidad de fallos, abusos, crímenes,
injusticias, ridiculeces y tropelías; pero jamás se dedicó a explicar que
es en realidad el capitalismo y cómo funciona este sistema. Oportunidades
no le han faltado. Ese mismo año 1985 para no ir más lejos, Castro
declaró “infausta y nefasta” la fecha del 12 de Octubre, aniversario de
Colón y su descubrimiento. Y enseguida reunió su famosa Conferencia
contra la Deuda Externa de América Latina.

No obstante, en ambas ocasiones Radio Martí dejó pasar sendas


oportunidades para discutir ampliamente y a fondo sobre esos temas; p.
ej. sobre las relaciones entre civilización y capitalismo; y sobre el carácter
estatal y origen estatista de la deuda externa, y el apoyo financiero del
FMI (y del Banco Mundial) a gobiernos estatistas, y por tanto
despilfarradores y corruptos.

¿Será que son sólo “anticastristas”, y no anticomunistas o antisocialistas?

Y a propósito de Martí

¿Y por qué se llamó Martí a esa radio? ¿Fue José Martí un acreditado
defensor de las libertades? ¿Admirador de los poquitos liberales cubanos
de principios del siglo XIX? ¿De la Constitución y el sistema de Gobierno
democrático liberal de EEUU, como muchos próceres independentistas
latinoamericanos? No, para nada; le pusieron ese normbre a la emisora
porque Martí es un ícono muy idolatrado por los cubanos. Pero el prócer
307

José Martí fue siempre un socialista convencido. (Como también Simón


Rodríguez, maestro que fuera de Simón Bolívar, igualmente endiosado
ahora en Venezuela.)

Y muy vehemente fue siempre Martí en sus diatribas contra EEUU. Aunque
en Nueva York residió desde 1879, la mayor parte de su vida adulta,
porque allí gozaba de plenas libertades para su actividad política; lo cual
muestra esos ambigüos sentimientos de amor-odio de los
latinoamericanos por el país del Norte. Castro adultera el concepto de
capitalismo, pero no la imagen de Martí -es honesto y consistente en eso-
, de la cual es propietario, y que es públicamente venerada. Cosas que
pasan siempre que Dios es desplazado, y en su lugar se veneran imágenes
de hombres, como acostumbran todos los partidos políticos.

Martí no era el único anticapitalista y antinorteamericano en sus días:


más o menos velados sentimientos contrarios al capitalismo -y a los EEUU
que supuestamente lo representan-, eran y aún son muy populares entre
los cubanos, incluso en el exilio floridano. Y en la Cuba del siglo XIX,
cierta opinión veía en la prolongada dependencia de España un “antídoto”
necesario contra una temida dominación estadounidense.

Por supuesto, estos temas son “tabú”: no se discuten en Radio Martí, ni


en la prensa del exilio; y así Castro sigue ganando puntos.

¿Qué pasa cuando Ud. le concede la razón a su adversario en el


punto principal?

Que Ud. perdió, sin duda y sin remedio. Si Ud. admitió que el capitalismo
es malo, es “egoísta”, y moralmente descalificable o cuestionable. Y si
Ud. reconoció que el socialismo “es bueno en teoría”, o al menos lo son
sus “intenciones”. Y si Ud. dijo que “no niega la necesidad de justicia
social” y que es cuestión de dosis y medida. Ahí Ud. puso la cabeza para
que se la corten.

Porque Ud. admitió y reconoció