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1.

Desarrollo moral Piaget y Kohlberg


El estudio de la moral es algo que constantemente está generando dilemas, dudas y
teorías.

Prácticamente todas las personas se han preguntado en algún momento acerca de lo


que está bien y lo que no lo está, sobre cuál es el mejor modo en el que ordenar las
prioridades para llegar a ser una buena persona, o incluso acerca del mismo significado
de la palabra "moral". Sin embargo, muchos menos se han propuesto estudiar no ya lo
que es el bien, el mal, la ética y la moral, sino el modo en el que pensamos en esas
ideas.
Si lo primero es tarea de los filósofos, lo segundo entra de lleno en el terreno de la
psicología, en el que destaca la teoría del desarrollo moral de Lawrence Kohlberg.
¿Quién fue Lawrence Kohlberg?
El creador de esta teoría del desarrollo moral, Lawrence Kohlberg, fue un psicólogo
estadounidense nacido en 1927 que en la segunda mitad del siglo XX, desde la
Universidad de Harvard, se dedicó en gran parte a indagar en el modo en el que las
personas razonan en problemas de tipo moral.
Es decir, que en vez de preocuparse por estudiar lo apropiado o inapropiado de las
acciones, tal y como sí hicieron filósofos como Sócrates, estudió las normas y reglas
que podían observarse en el pensamiento humano en lo relativo a la moral.
Las semejanzas entre la teoría de Kohlberg y la de Piaget
Sus investigaciones tuvieron como fruto la teoría del desarrollo moral de Kohlberg,
muy influenciada por la teoría de las 4 fases de desarrollo cognitivo de Jean Piaget. Al
igual que Piaget, Lawrence Kohlberg creía que en la evolución de los modos típicos de
razonamiento moral hay etapas cualitativamente distintas entre sí, y que la curiosidad
por aprender es uno de los principales motores del desarrollo mental a lo largo de las
distintas fases de la vida.
Además, tanto en la teoría de Kohlberg como en la de Piaget hay una idea básica: el
desarrollo del modo de pensar va de unos procesos mentales muy centrados en lo
concreto y lo directamente observable hasta lo abstracto y más general.
En el caso de Piaget, eso significaba que en nuestra primera infancia tendemos a
pensar solo en aquello que podemos percibir directamente en tiempo real, y que poco
a poco vamos aprendiendo a razonar sobre elementos abstractos que no podemos
experimentar en primera persona.
En el caso de Lawrence Kohlberg, significa que el grupo de personas a los que
podemos llegar a desear el bien se va haciendo cada vez más grande hasta el punto de
incluir a quienes no hemos visto ni conocemos. El círculo ético cada vez se va haciendo
más extenso e inclusivo, aunque lo que importa no es tanto la expansión gradual de
este, sino los cambios cualitativos que se producen en el desarrollo moral de una
persona a medida que va evolucionando. De hecho, la teoría del desarrollo moral de
Kohlberg se basa en 6 niveles.
Los tres niveles del desarrollo moral
Las categorías que Kohlberg utilizó para señalar el nivel de desarrollo moral son una
manera de expresar las diferencias sustanciales que se dan en el modo de razonar de
alguien a medida que va creciendo y aprendiendo.
Estas 6 etapas se engloban en tres categorías más amplias: la fase pre-convencional, la
convencional y la post-convencional.
1. fase pre-convencional
En la primera fase del desarrollo moral, que según Kohlberg suele durar hasta los 9
años, la persona juzga los acontecimientos según el modo en el que estos la afecten a
ella.

1.1. Primera etapa: orientación a la obediencia y el castigo


En la primera etapa, el individuo solo piensa en las consecuencias inmediatas de sus
acciones, evitando las experiencias desagradables vinculadas al castigo y buscando la
satisfacción de las propias necesidades.
Por ejemplo, en esta fase se tiende a considerar que las víctimas inocentes de un
suceso son culpables, por haber sufrido un "castigo", mientras que las que perjudican
a las demás sin ser castigadas no obran mal. Se trata de un estilo de razonamiento
extremadamente egocéntrica en la que el bien y el mal tiene que ver con lo que
experimenta cada individuo por separado.
1.2. Segunda etapa: orientación al interés propio
En la segunda etapa se empieza a pensar más allá del individuo, pero pero el
egocentrismo sigue presente. Si en la fase anterior no se puede concebir que exista un
dilema moral en sí porque solo existe un punto de vista, en este empieza a
reconocerse la existencia de choques de intereses.
Ante este problema, las personas que se encuentran en esta fase optan por el
relativismo y el individualismo, al no identificarse con valores colectivos: cada uno
defiende lo suyo y obra en consecuencia. Se cree que, si se establecen acuerdos, estos
deben ser respetados para no crear un contexto de inseguridad que perjudique a los
individuos.
2. Fase convencional
La fase convencional suele ser la que define el pensamiento de los adolescentes y de
muchos adultos. En ella, se tiene en cuenta la existencia tanto de una serie de
intereses individuales como de una serie de convenciones sociales acerca de lo que es
bueno y lo que es malo que ayuda a crear un "paraguas" ético colectivo.
2.1. Tercera etapa: orientación hacia el consenso
En la tercera etapa las acciones buenas están definidas por cómo repercuten sobre las
relaciones que uno tiene con los demás. Por eso, las personas que se encuentran en la
etapa de orientación hacia el consenso tratan de ser aceptadas por el resto y se
esfuerzan por hacer que sus acciones encajen muy bien en el conjunto de reglas
colectivas que definen lo que es bueno.
Las acciones buenas y malas están definidas por los motivos que hay detrás de ellos y
el modo en el que estas decisiones encajan en una serie de valores morales
compartidos. La atención no se fija en lo bien o mal que puedan sonar ciertas
propuestas, sino por los objetivos que hay detrás de ellas.
2.2. Cuarta etapa: orientación a la autoridad
En esta etapa de desarrollo moral, lo bueno y lo malo emana de una serie de normas
que se perciben como algo separado de los individuos. El bien consiste en cumplir las
normas, y el mal es incumplirlas.
No cabe la posibilidad de actuar más allá de estas reglas, y la separación entre lo
bueno y lo malo es tan definida como concretas sean las normas. Si en la etapa
anterior el interés está puesto más bien en aquellas personas que se conocen y que
pueden mostrar aprobación o rechazo por lo que hace uno, aquí el círculo ético es más
amplio y engloba a todas aquellas persona sujetas a la ley.
3. Fase post-convencional
Las personas que se encuentran en esta fase tienen como referencia principios
morales propios que, a pesar de no tener por qué coincidir con las normas
establecidas, se apoyan tanto en valores colectivos como en libertades individuales, no
en exclusivamente en el propio interés.
3.1. Etapa 5: orientación hacia el contrato social
La manera de razonamiento moral propia de esta etapa surge de una reflexión acerca
de si las leyes y las normas son acertadas o no, es decir, si dan forma a una buena
sociedad.
Se piensa en el modo en el que la sociedad puede afectar a la calidad de vida de las
personas, y se piensa también en el modo en el que las personas pueden cambiar las
normas y las leyes cuando estas son disfuncionales.
Es decir, que existe una visión muy global de los dilemas morales, al irse más allá de las
reglas existentes y adoptar una posición teórica distanciada. El hecho de plantearse,
por ejemplo, que la esclavitud fue legal pero ilegítima y que a pesar de eso existía
como si fuese algo totalmente normal entraría dentro de esta etapa del desarrollo
moral.
3.2. Etapa 6: orientación hacia los principios universales
El razonamiento moral que caracteriza a esta fase es muy abstracto, y se basa en la
creación de principios morales universales que son diferentes a las leyes en sí mismas.
Por ejemplo, se considera que cuando una ley es injusta, cambiarla debe ser una
prioridad. Además, las decisiones no emanan de suposiciones acerca del contexto, sino
de consideraciones categóricas basadas en los principios morales universales.
La teoría del desarrollo moral de Jean Piaget
Una manera de clasificar las etapas por las que se pasa al desarrollar la moralidad.
El ser humano vive en sociedad, interactuando continuamente con sus semejantes y
teniendo los propios actos consecuencias sobre los otros. En este contexto, se ha
elaborado todo un código no sólo normativo, sino también moral en función de las
creencias compartidas sobre lo que resulta o no aceptable o los valores que seguimos.
Aunque desde el momento en que nacemos estamos sumergidos en él, lo cierto es
que la moral no surge espontáneamente sino que se va desarrollando poco a poco a lo
largo de nuestra evolución y maduración. Ello tiene un enorme interés a nivel
científico, y son muchos los autores que han explorado y desarrollado teorías respecto
a cómo aparece la moral en el ser humano. Entre ellos podemos encontrar la teoría del
desarrollo moral de Jean Piaget, de la cual vamos a hablar a lo largo de este artículo.
Artículo relacionado: "La Teoría del Aprendizaje de Jean Piaget"
Piaget y el desarrollo mental
Jean Piaget es uno de las más reconocidos autores en lo que respecta al estudio del
desarrollo infantil, siendo uno de los padres de la psicología evolutiva.

Una de sus contribuciones más importantes es su teoría del desarrollo cognitivo, en el


cual el pequeño va pasando por diferentes estadios de desarrollo (sensoriomotor,
preoperacional, de las operaciones concretas y de las operaciones formales) en que va
reconfigurando la propia cognición según va organizando u asimilando la información,
así como adquiriendo distintas facultades y habilidades mentales y haciéndose su
pensamiento cada vez más complejo.
Pero aunque Piaget se centró en el desarrollo de las facultades mentales y el
pensamiento/razonamiento, también valoró y generó una teoría del desarrollo moral.
La teoría del desarrollo moral de Piaget
La teoría del desarrollo moral de Piaget se encuentra profundamente vinculada a su
teoría del desarrollo cognitivo. La moral es valorada como un conjunto de reglas que el
menor es capaz de obedecer y comprender en mayor o menor medida, generalmente
vinculadas a la idea de justicia.
El autor considera que de cara a poder hablar de moral va a ser necesario adquirir un
nivel de desarrollo equivalente a los dos años de edad, equivalente al periodo
preoperacional (anteriormente se considera que no existe la suficiente capacidad
mental para hablar de algo semejante a la moral).
A partir de dicho punto, el ser humano va a ir desarrollando una moral cada vez más
compleja según su capacidad cognitiva se va haciendo mayor y con capacidad para el
pensamiento abstracto e hipotético-deductivo. Así, la evolución de la moral depende
de la de las propias habilidades cognitivas: para ir avanzando es necesario ir
reorganizando y añadiendo información a los esquemas previamente existentes, de tal
manera que se pueda desarrollar un conocimiento cada vez más profundo y a la vez
crítico con la consideración que merece un comportamiento determinado.
Además de ello será necesaria la interacción con sus iguales, como principal
mecanismo para adquirir información y dejar de lado el egocentrismo propio de las
primeras etapas vitales. Por último es imprescindible que, poco a poco y según se van
adquiriendo y dominando las capacidades y el pensamiento hipotético-deductivo, se
vaya produciendo un progresivo alejamiento e independencia de los progenitores y su
punto de vista, siendo esto necesario para que se desarrolle cierto relativismo y
capacidad crítica propia.
Si bien la teoría del desarrollo moral de Piaget no es en la actualidad la mejor
considerada, lo cierto es que sus estudios sirvieron de inspiración e incluso de base
para el desarrollo de otras muchas. Ello incluye la teoría de Kohlberg, probablemente
una de las más conocidas.
Estadios del desarrollo moral según Piaget
En la teoría del desarrollo moral de Piaget, el autor propone la existencia de tal y como
hemos dicho un total de tres fases o etapas (si bien son las dos últimas las que serían
propiamente morales), las cuales el menor va pasando según va adquiriendo e
integrando cada vez más información y habilidades cognitivas. Las tres etapas o
estadios propuestos son los siguientes.
1. Etapa premoral o de presión adulta
En esta primera etapa, que se corresponde a un nivel de desarrollo equivalente al
propio del de un niño entro los dos y seis años de edad, surge el lenguaje y empiezan a
poder identificar sus propias intenciones, si bien no existe una comprensión del
concepto moral o de las normas.
Los patrones de comportamiento y las limitaciones a este dependen por entero de la
imposición externa por parte de la familia o las figuras de autoridad, pero no se
concibe la regla o norma moral como algo relevante per se.
2. Solidaridad entre iguales y realismo moral
La segunda de las etapas del desarrollo moral se da entre los cinco y diez años,
apareciendo las reglas como algo procedente del exterior pero que se comprende
como relevante y de obligado cumplimiento, siendo algo inflexible.
La ruptura de la norma se ve como algo enteramente castigable y visto como una falta,
siendo pues mal vista. Surge la idea de justicia y de honestidad, así como la necesidad
de respeto mutuo entre iguales.
La mentira está mal vista, y se acepta el castigo por la disidencia sin tener en cuenta
posibles variables atenuantes o las intenciones, siendo lo relevante las consecuencias
de la conducta.
Con el tiempo dejan de verse las reglas como algo impuesto por otros pero que siguen
siendo relevantes per se sin que se precise de una motivación externa.
3. Moral autónoma o relativismo moral
Esta etapa surge aproximadamente a partir de los diez años de edad, en la etapa de las
operaciones concretas e incluso en el inicio de las formales. En esta etapa el menor ya
ha alcanzado la capacidad de utilizar la lógica a la hora de establecer relaciones entre
las informaciones y fenómenos que vive.
A partir de aproximadamente los doce años ya existe la capacidad de operar con
informaciones abstractas. Ello hace que aparezca poco a poco una mayor comprensión
de las situaciones y de la importancia de diferentes factores a la hora de tener en
cuenta las normas, como por ejemplo la intención.
Es en esta etapa en la que se alcanza una moral crítica, tomando conciencia de que las
normas son interpretables y que obedecerlas o no puede depender de la situación y la
propia voluntad: ya no es necesario que la norma se obedezca siempre sino que
dependerá de la situación.
También se valora la responsabilidad individual y la proporcionalidad entre acción-
castigo. La mentira ya no es vista como algo negativo per se a menos que suponga
traición.
2. Teoría del desarrollo de wallon

Teoría del desarrollo infantil de Henri Wallon


a. Psicólogo 1879- 1962

Su teoría se basó en el estudio del desarrollo del niño con un enfoque global, teniendo en cuenta los
aspectos motores, afectivos y cognitivos. Planteando que en la conciencia reside el origen del progreso
intelectual, pero esta no se presenta en el momento del nacimiento sino que, es una cualidad que se
construye socialmente por medio de la simbiosis afectiva.

ESTADIO IMPULSIVO-EMOCIONAL
Del nacimiento hasta el primer año de vida, el niño parte por una fase denominada estadio impulsivo-emocional.- Es
un estadio predominante afectivo, donde las emociones son el principal instrumento de interacción con el medio. La
relación con el ambiente desarrolla en el niño, sentimientos, intraceptivos y factores afectivos. Su movimiento, como
campo funcional aún no está desarrollado, el niño no posee pericia motora. Los movimientos infantiles son un tanto
cuanto desorientados, pero la continua respuesta del ambiente al movimiento infantil permite que el niño pase del
desorden gestual a las emociones diferenciadas.

ESTADIO SENSORIO-MOTOR
De los 3 meses de edad hasta aproximadamente e tercer año de vida, el niño para por ésta fase donde la
inteligencia predomina y el mundo externo prevalece en los fenómenos cognitivos. La inteligencia en ese período es
tradicionalmente, entre inteligencia práctica, obtenida por la interacción de objetos con el propio cuerpo e
inteligencia discursiva, adquirida por la imitación y apropiado del lenguaje. Los pensamientos en ese estadio, muy
comúnmente se proyectan en actos motores.

ESTADIOS DEL PERSONALISMO


Al estadio sensorio-motor sucede un momento con predominancia afectiva sobre el individuo: El estadio de
personalismo. Se extiende aproximadamente de los 3 a los 6 años de edad, es un período crucial, para la formación
de la personalidad del individuo y de la auto-conciencia. Una consecuencia del carácter auto-afirmativo de este
estadio es la crisis negativista: El niño se opone sistemáticamente al adulto. Por otro lado también se verifica una
fase de imitación motora y social.

ESTADIO CATEGORIAL
El estadio del personalismo es sucedido por un período de acentuada predominancia de la inteligencia sobre
emociones. En éste estadio, usualmente llamado categorial: El niño comienza a desarrollar capacidades de
memoria y atención voluntarias. Este estadio generalmente se manifiesta entre los 6 y 11 años de edad. En este
estadio se formar las categorías mentales: Conceptos abstractos que abarcan varios conceptos concretos sin
prenderse a ninguno de ellos. El poder de la abstracción de la mente del niño es considerablemente amplificado, en
este estadio el raciocinio simbólico se consolida como herramienta cognitiva.

ESTADIO DE LA ADOLESCENCIA
A partir de los 11, 12 años el niño comienza a pasar por las transformaciones físicas y psicológicas de la
adolescencia. Este es un estadio caracterizadamente afectivo, donde el individuo pasa por una serie de conflictos
internos y externos. Los grandes marcos de ese estadio son: La búsqueda de auto-afirmación y el desarrollo de la
sexualidad.
Siguiendo una línea neopiagetiana, Wallon planteó también un sistema clasificatorio
de las etapas del desarrollo. Para él, el objeto de la psicología era el estudio del
hombre en contacto con lo real, que abarca desde los primitivos reflejos hasta los
niveles superiores del comportamiento.
Plantea la necesidad de tener en cuenta los niveles orgánicos y sociales para explicar
cualquier comportamiento, ya que, según este autor, el hombre es un ser
eminentemente social.
Para Wallon, el ser humano se desarrolla según el nivel general del medio al que
pertenece, así pues para distintos medios se dan distintos individuos. Por otro lado, el
desarrollo psíquico no se hace automáticamente, sino que necesita de un aprendizaje,
a través del contacto con el medio ambiente.
Considera este autor que la infancia humana tiene un significado propio y un papel
fundamental que es el de la formación del hombre. En este proceso de la infancia se
producen momentos críticos del desarrollo, donde son más fáciles determinados
aprendizajes.
Wallon intenta encontrar el origen de la inteligencia y el origen del carácter, buscando
las interrelaciones entre las diferentes funciones que están presentes en el desarrollo.
Un estadio, para Wallon, es un momento de la evolución mandar, con un determinado
tipo de comportamiento. Para Piaget este es un proceso más continuo y lineal. En
cambio, para Wallon, es un proceso discontinuo, con crisis y saltos apreciables. Si el
Piaget las estructuras cambian y las funciones no varían, en Wallon las estructuras y las
funciones cambian.
Otra diferencia con Piaget es que mientras que este último utiliza un enfoque
unidimensional en su estudio del desarrollo, Wallon utiliza un enfoque
pluridimensional.

- SEIS SON LOS ESTADIOS QUE PROPONE WALLON EN SU ESTUDIO

Estadio impulsivo. Abarca desde el nacimiento hasta los cinco o seis meses. Este es el
periodo que Wallon llamaría de la actividad preconsciente, al no existir todavía un ser
psíquico completo.
No hay coordinación clara de los movimientos de los niños en este período, y el tipo de
movimientos que se dan son fundamentalmente impulsivos y sin sentido.
En este estadio todavía no están diferenciadas las funciones de los músculos, es decir,
la función tónica (que indica el nivel de tensión y postura) y la función clónica (de
contracción-extensión de un músculo).
Los factores principales de este estadio son la maduración de la sensibilidad y el
entorno humano, ya que ayudan al desarrollo de diferentes formas expresivas y esto
es precisamente lo que dará paso al siguiente estadio.
Estadio Emocional. Empieza en los seis meses y termina al final del primer año. La
emoción en este periodo es dominante en el niño y tiene su base en las
diferenciaciones del tono muscular, que hace posible las relaciones y las posturas.

PARA WALLON, LA EMOCIÓN CUMPLE TRES FUNCIONES IMPORTANTES:

a) Al ser la emoción un mundo primitivo de comunicación permite al niño el contacto


con el mundo humano y por tanto la sociedad.
b) Posibilita la aparición de la conciencia de sí mismo, en la medida en que éste es
capaz de expresar sus necesidades en las emociones y de captar a los demás, según
expresen sus necesidades emocionales.

El paso según Wallon, de este estadio emocional, en donde predomina la actividad


tónica, a otro estadio de actividad más relacional es debido a la aparición de lo que el
llama reflejo de orientación.
Estadio Sensoriomotor y proyectivo. Abarca del primero al tercer año. Este es el
periodo más complejo. En él, la actividad del niño se orienta hacia el mundo exterior, y
con ello a la comprensión de todo lo que le rodea. Se produce en el niño un
mecanismo de exploración que le permite identificar y localizar objetos.
El lenguaje aparece alrededor de los doce o catorce meses, a través de la imitación;
con él, enriquece su propia comunicación con los demás (que antes era
exclusivamente emocional).
También en este período se produce el proceso de andar en el niño, el cual incrementa
su capacidad de investigación y de búsqueda. Aunque el niño puede conocer y
explorar en esta edad, no puede depender todavía de sí mismo y se siente incapaz de
manejarse por sí solo, cosa que se resolverá a partir de los tres años con el paso al
siguiente estadio.
Estadio del Personalismo. Comprende de los tres a los seis años. En este estadio se
produce la consolidación (aunque no definitiva) de la personalidad del niño. Presenta
una oposición hacia las personas que le rodean, debido al deseo de ser distinto y de
manifestar su propio yo. A partir de los tres años toma conciencia de que él tiene un
cuerpo propio y distinto a los demás, con expresiones y emociones propias, las cuales
quiere hacerlas valer, y por eso se opone a los demás, de aquí la conducta de
oposición. Este comportamiento de oposición tiende a repetirse en la adolescencia, ya
que los orígenes de ambas etapas son parecidos.
Resumiendo, en este estadio el niño toma conciencia de su yo personal y de su propio
cuerpo, situándole en un estadio de autonomía y autoafirmación, necesario para que
el niño sienta las bases de su futura independencia.
Estadio Categorial. De los seis a los once años. Este estadio está marcado por el
significativo avance en el conocimiento y explicación de las cosas. Se producen las
construcciones de la categoría de la inteligencia por medio del pensamiento categorial.
- SE DAN DOS TAREAS PRIMORDIALES EN ESTE PERIODO:
- La identificación de los objetos por medio de cuadros representativos.
- Y la explicación de la existencia de esos objetos, por medio de relaciones de espacio,
tiempo y casualidad.
EN EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO CATEGORIAL, SE DIFERENCIAN DOS FASES:

1. Fase (de 6 a 9 años). En la cual el niño enuncia o nombra las cosas, y luego se da
cuenta de las relaciones que hay entre esas cosas.
2. Fase (de 9 a 12 años). Se pasa de una situación de definición (que es la primera fase)
a una situación de clasificación. El niño en esta fase clasifica los objetos que antes
había enunciado, y los clasifica según distintas categorías.
Estadio de la Adolescencia. Se caracteriza por una capacidad de conocimiento
altamente desarrollada y, por otro lado, se caracteriza por una inmadurez afectiva y de
personalidad, lo cual produce un conflicto, que debe ser superado para un normal
desarrollo de la personalidad.
La adolescencia es un momento de cambio a todos los niveles; apunta este cambio
hacia la integración de los conocimientos en su vida, hacia la autonomía y hacia lo que
llamaríamos el sentimiento de responsabilidad.
3. Teoría de rene Spitz
René Spitz nació en Viena en el año 1887. El era Médico y psicoanalista. Desde esta
perspectiva integradora que tenía el psicoanálisis dentro de la psicología genética,
Spitz tuvo un gran interés en las primeras relaciones de objeto, los estadios, carencias
afectivas y trastornos del lenguaje en relación con los niños que estaban internados
en hospitales y que tenían una corta edad.
Los trabajos que realizó Spitz fueron hechos en base a observaciones directas, y estos
recayeron en la relación que existía entre la mamá y su hijo durante los dos primeros
años de vida.
Rene Spitz Teoría
Realizó nociones de lo que es el hospitalismo y la depresión anaclítica, y para esto hizo
un reconocimiento de las consecuencias que existían para que se realice un desarrollo
somático y físico, además de las carencias de afecto que se desprendían de estos
periodos.
Para Spitz la depresión Anaclítica es un síndrome depresivo que sobreviene en el niño
privado de su madre después de haber tenido con ella una relación normal durante los
primeros meses de vida. Esta puede desaparecer cuando el niño se vuelve a encontrar
con su madre.
El hospitalismo es otro término creado por Spitz para denominar la separación
duradera de la madre y el niño, provocada por una estadía prolongada de este último
en un medio hospitalario, y que entraña trastornos profundos, a veces irreversibles o
de naturaleza psicótica.
Etapas del desarrollo afectivo de los niños con sus madres
Spitz creó un sistema de observación sobre el desarrollo directo en los niños con sus
madres. En esta observación logró dar explicación del desarrollo en términos de
relación objetal. Según Spitz la relación que existe entre madre e hijo es el catalizador
para que la libido pueda ser fijada en las diferentes zonas erógenas existentes.

Estas etapas son:

– Pre-objetal (o – 3 meses): esta etapa comienza desde el nacimiento y termina


cuando aparece el primer organizador que es la sonrisa. En este etapa el recién nacido
no sabe distinguir una “cosa” de otra; no puede distinguir una cosa (externa) de su
propio cuerpo y no experimenta algo separado de él. Un ejemplo claro de esto, es
cuando el niño mama del pecho de su madre y percibe los alimentos y al mismo pecho
como parte de sí mismo.
– Objeto precursor (3 – 7 meses): es el comienzo de la segunda etapa, y esta comienza
con la sonrisa. El objeto precursor en este caso sería el roestro humano, por que se le
llama precursor? porque el niño/a no tiene un reconocimiento de lo que es el rostro
determinado de una persona, sino que se siente atraido por lo que son los contornos,
figuras, partes que resaltan del rostro como es la boca, nariz, ojos, etcétera.
Es de esta forma en que la sonrisa se presenta como la primera manifestación activa,
que es dirigida e intencional, y ahora pasa a tener un rol importante en lo que es su
vida.
Para Spitz, el bebé tiene como reserva esa respuesta con una sonrisa exclusivamente
para la mamá y personas conocidas, mas que nada para lo que serían objetos de amor
para el/ella, y es raro que sonrían a personas desconocidas.
– Objeto real (8 – 12 meses): en esta etapa aparece el llanto ante extraños, lo cual es
un indicador de que el bebé ya reconoce quien es la madre del resto de las personas.
El bebé sabe bien que la mamá es quien cuida de el, quien le proporciona el alimento,
lo ama y protege. Spitz plantea que cuando esta la madre comienza a surgir el miedo
de perderla, por eso la angustia, la cual sería el segundo organizador. El bebé comienza
a tomar conciencia de que esa persona que lo cuida y da protección (la mamá) se
ausenta por algunos periodos, y esto hace que se sienta angustiado.
El bebé pasa (en este segundo organizador) a percibir y lograr un reconocimiento de
objetos inanimados y no solo de las personas. En este periodo, el logro mas grande
que se da es la comunicación. Para Spitz la transmisión directa de mensajes con el
cuerpo se van convirtiendo poco a poco en palabras.
Junto con el habla finaliza la relación objetal (9 meses aproximadamente) y aparece un
nuevo organizador que es el NO. El NO tiene un fin y es dar protección al bebé. Se
trata de poner limites, para que cuando se verbaliza un NO el niño tenga la capacidad
de obedecer, aunque obviamente es un proceso que en un inicio le va a costar. Logra
aceptar el NO en el momento en que lo aprende por imitación.
En conclusión, el autor considera tres organizadores: Sonrisa (a partir del tercer mes)
Angustia (a partir del octavo mes) y el No (en el habla) a partir del octavo o noveno
mes.
4. Inteligencia emocional de Goleman

Conoce los 4 pilares que componen la inteligencia emocional:


Inteligencia emocional: 1- Comprender nuestras emociones
El primer pilar que define a la inteligencia emocional es prestar atención a nuestras
propias emociones. Generalmente las mismas se componen de dos elementos: el
componente psicológico que refiere a los pensamientos, las actitudes y las creencias
acerca de nuestras emociones; y el componente físico relacionado con las sensaciones
corporales que acompañan los diferentes estados emocionales. Por eso conocer y
comprender nuestros estados de ánimo con todos sus componentes te permitirá
manejar mejor tus emociones.
Inteligencia emocional: 2- Autorregulación
Una vez logramos comprender mejor nuestras emociones debemos aprender la mejor
forma de responder a ellas. Según la situación a la que nos enfrentemos, existen una
serie de estrategias que nos ayudarán a regular mejor los estados de ánimo. Algunas
de ellas son: canalizar la emoción de una manera más constructiva, evitar personas o
situaciones que nos generen sentimientos negativos, buscar el lado positivo de la
situación, evita actuar impulsivamente, entre otras.
Inteligencia emocional: 3- Empatía con los demás
La comprensión de sus propias emociones conforma la mitad de la inteligencia
emocional, la otra mitad restante la componen las emociones del resto. Por eso en la
medida que comenzamos a comprender nuestras propias emociones, podemos
también entender mejor las emociones de los demás. La empatía es la capacidad de
ver las situaciones o problemas desde la perspectiva de otra persona.
Inteligencia emocional: 4-Habilidades sociales
Una vez logres comprender las emociones de los demás, la pregunta es ¿cómo
responder ante dichas emociones?, aquí es donde intervienen las habilidades sociales.
Es importante comprender que nuestro mundo emocional tiene un componente
social; por lo que para construir relaciones sanas es necesario estar en sintonía con las
emociones de los demás. Si tus acciones despiertan emociones negativas en los otros,
puede ser difícil conectar de manera significativa; sin embargo, si cultivas sentimientos
positivos podrás entablar una unión sólida y duradera con el resto.
De poco nos sirve un cerebro brillante y un elevado cociente intelectual si no
entendemos de empatía, si no sabemos leer emociones propias y ajenas. Ser
extranjeros del propio corazón y de esa conciencia social donde aprender a conectar, a
gestionar el miedo y a ser asertivos es dejar a un lado valiosas capacidades. Porque la
inteligencia emocional es, lo queramos o no un pilar esencial para ser felices.
A nadie le sorprenderá si decimos que a día de hoy el debate sobre lo que es y no es la
inteligencia parece no haberse cerrado del todo. La evidencia empírica constata, por
ejemplo, la existencia del factor “G” de Spearman, entendido como un fundamento
básico y esencial que define todo comportamiento inteligente. También tenemos la
teoría triárquica de Robert J. Sternberg, y cómo no, el popular enfoque de las
inteligencias múltiples de Howard Gardner.
«La clave para alcanzar un alto cociente intelectual colectivo es la armonía social».
-Daniel Goleman-
¿Dónde queda entonces la llamada inteligencia emocional de Daniel Goleman? Bien en
realidad es interesante saber que esa idea, ese concepto y esa esencia siempre ha
estado presente a lo largo de la historia de la psicología. El profesor Goleman no la
formuló, solo la popularizó en 1995 gracias a su libro Inteligencia emocional, del cual
lleva vendidas ya más de 5 millones de copias.
Edward L. Thorndike, por ejemplo, definió ya en 1920 lo que él llamó la «inteligencia
social», esa habilidad básica para comprender y motivar a otras personas. David
Wechsler, por su parte, y llegados los años 40, dejó claro que ningún test de
inteligencia podía ser válido si no se tenían en cuenta aspectos emocionales. Más
tarde, el propio Howard Gardner ya pondría los primeros cimientos con la séptima de
sus inteligencias, la llamada inteligencia interpersonal, muy parecida sin duda a la
emocional.
No obstante, fue en 1985 cuando apareció por primera vez el término «inteligencia
emocional» gracias a la tesis doctoral de Wayne Payne, la cual, llevaba por título Un
estudio de las emociones: el desarrollo de la inteligencia emocional. Solo 10 años
después, un psicólogo y periodista norteamericano llamado Daniel Goleman inició algo
que aún no se ha detenido y que nos ha hecho descubrir a todos, el gran poder que las
emociones tienen sobre lo que somos, lo que hacemos y en cómo nos relacionamos.
Daniel Goleman y la Inteligencia emocional
Daniel Goleman empezó siendo periodista en The New York Times y ahora es el gurú
de la Inteligencia emocional. Pasa ya de los 70, vive un otoño muy dulce en su vida y
de él llama la atención su sonrisa serena y su mirada penetrante y firme. Es como si
siempre fuera capaz de ver más allá de lo que el resto percibimos, un hombre al que
no se le escapan los detalles y que halla conexiones donde los demás solo vemos
coincidencias.
Cuenta siempre que su pasión por la psicología le vino por su madre, una trabajadora
social especializada en psiquiatría que acumulaba libros sobre neurociencia, sobre la
mente humana y las ciencias del comportamiento. Todos aquellos volúmenes
decoraron su infancia y su día a día.

Durante una época fueron poco más que textos indescifrables a los que acudía con
inexplicable fascinación. Más tarde, fueron su motivación y su camino de baldosas
amarillas para llegar a ser lo que es ahora: el mayor divulgador de la inteligencia social
en cualquiera de sus vertientes, la educativa, la organizacional, la asociada al
liderazgo…

¿Qué es realmente la inteligencia emocional?


Esta dimensión responde a otro modo de entender la inteligencia más allá de los
aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad para resolver problemas.
Hablamos ante todo de nuestra capacidad para dirigirnos con efectividad a los demás y
a nosotros mismos, de conectar con nuestras emociones, de gestionarlas, de
automotivarnos, de frenar los impulsos, de vencer las frustraciones…

La inteligencia emocional empieza con la conciencia de uno mismo y también con la


conciencia social. Es decir, cuando somos capaces de reconocer las emociones (y su
impacto) en todo lo que nos rodea.
Asimismo supone entender que gran parte de nuestros comportamientos y decisiones
se basan en emociones. El ser humano es una criatura emocional que un buen día
aprendió a pensar y a razonar. Este puede parecer un aspecto algo polémico pero no
está exento de verdad. Entenderlo, asumirlo nos permitirá tener un mayor control
sobre nuestro comportamiento.
Las dimensiones que conforman la Inteligencia Emocional según Daniel Goleman
Daniel Goleman define que dentro de su enfoque sobre la inteligencia emocional hay
cuatro dimensiones básicas que la vertebran. Son las siguientes.
1. Autoconciencia emocional
Hace referencia a nuestra capacidad para entender lo que sentimos y de estar siempre
conectados a nuestros valores, a nuestra esencia. Algo así supone tener una especie de
brújula personal bien calibrada que nos permitirá guiarnos en todo momento por el
camino más acertado. Siempre que tengamos en cuenta esas realidades internas, ese
mundo emocional, sabremos y actuar en consecuencia.
2. Auto-motivación
La auto-motivación destaca la habilidad por orientarnos hacia nuestras metas. De
recuperarnos de los contratiempos y focalizar todos nuestros recursos personales en
una meta, en un objetivo. Si aunamos optimismo, constancia, creatividad y confianza
sobrellevaremos cualquier dificultad para seguir conquistando triunfos y logros.
3. Empatía
En nuestra forma de relacionarnos e interaccionar hay un aspecto que va más allá de
las palabras. Hablamos de la realidad emocional de cada uno. Esa que se expresa con
gestos, con un tono de voz particular, con determinadas posturas, miradas,
expresiones… Descifrar todo ese lenguaje, ponernos en el lugar del otro y descubrir
aquello por lo que está pasando es la empatía.
Esa capacidad nos permite no solo obtener información sobre aquellos que tenemos
en frente. Sino que además, nos ayuda a establecer vínculos más fuertes, lazos sociales
y afectivos más profundos.
Además, reconocer las emociones y los sentimientos de los demás es el primer paso
para comprender e identificarnos con las personas que los expresan. Las personas
empáticas son las que, en general, tienen mayores habilidades y competencias
relacionadas con la IE.
4. Habilidades sociales
Y tú ¿cómo te relacionas con los demás? ¿Te comunicas con efectividad y de modo
asertivo? ¿Sabes manejar los conflictos o las diferencias? Todas esas dinámicas
comportamentales potencian o limitan nuestra capacidad para disfrutar o no de
nuestras relaciones. De construir entornos laborales sanos, cómodos y productivos. De
dar forma a relaciones de pareja, familiares o de amistad más satisfactorias.
Corazón con enchufe conectando la mente de un hombre
Como curiosidad, Daniel Goleman nos recuerda en sus libros la necesidad de ser
competentes en estas cuatro áreas. No vale dominar una o tres. La persona
emocionalmente inteligente es eficaz en todas ellas. En caso de no hacerlo, podríamos
tener, por ejemplo, al clásico directivo entrenado en inteligencia emocional pero que
solo ha llegado a a asumir la auto-conciencia, pero no su capacidad de empatizar con
los demás, de entender esos mundos ajenos a las propias necesidades y valores.
Debemos ver por tanto estas cuatro áreas como un todo.
La inteligencia emocional se aprende y se puede potenciar
Tanto en su libro Inteligencia emocional (1995) como en Inteligencia social (2006) su
autor nos explica que parte de esta habilidad, de esta capacidad, se halla en nuestra
propia epigenética. Es decir, se puede activar y desactivar, dependiendo del entorno
emocional y social en el que crezcamos, en el que nos eduquen.
«En el mejor de los casos, el CI parece aportar tan sólo un 20% de los factores
determinantes del éxito».
-Daniel Goleman-
Sin embargo, y aquí reside la auténtica magia, la inteligencia emocional responde a esa
plasticidad cerebral donde cualquier estímulo, práctica continuada y aprendizaje
sistemático crea cambios, construye conexiones y nuevas áreas donde ser mucho más
competentes en cada una de las 4 áreas antes señaladas.
Cerebro con colores simulando la inteligencia emocional
Daniel Goleman señala también la necesidad de educar a los niños a través de este
enfoque. Ya sea en el hogar o en la escuela, todos deberíamos ser capaces de crear un
contexto válido y significativo en Inteligencia Emocional. Por otro lado, en lo que al
mundo adulto se refiere, sabemos que no faltan en nuestro día a día cursos de todo
tipo, que cada día se dan seminarios, conferencias y que todos tenemos, además,
múltiples libros y revistas a nuestro alcance para formarnos.
Lograrlo, es cuestión de voluntad, de constancia y de aplicar esa conciencia real donde
hacer presentes y constantes esas claves que el profesor Goleman nos señala en sus
trabajos:
Debemos detectar la emoción que hay detrás de cada uno de nuestros actos.
Es necesario que ampliemos nuestro lenguaje emocional (a veces no basta con decir
«estoy triste», hay que ser más concretos. «Estoy triste porque me siento
decepcionado, algo enfadado y confuso a la vez»).
Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas.
Busca un por qué al comportamiento de los demás, sé capaz de entender las
perspectivas y los mundos emocionales ajenos.
Expresa tus emociones de forma asertiva.
Mejora tus habilidades sociales.
Aprende a automotivarte y a luchar por esos objetivos que te pueden acercar a un
auténtica felicidad.
Para concluir, más allá de esa cifra que nos ofrecen los clásicos test estandarizados
sobre inteligencia, existe otra esfera, otra dimensión y otra inteligencia con la cual,
podemos alcanzar el éxito. Hablamos de ese éxito personal donde ser capaces de
ajustar comportamientos y emociones, donde conectar mejor con los demás, donde
vivir en equilibrio y armonía sintiéndonos competentes, libres, felices y realizados
personalmente. Lograrlo es una aventura que conquistar a diario.