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Sin embargo, para las poblaciones indígenas estas preguntas de orden filosófico son

totalmente cruciales, ya que resumen y reflejan una serie de problemas estructurales que el
Perú arrastra desde hace siglos: la discriminación y asimilación cultural de los pueblos
indígenas, y la incapacidad de construir un país multicultural donde se pueda respetar y
aprender de nuestras diferencias.

En las próximas líneas conoceremos las reflexiones de diversos especialistas sobre el


proceso histórico que las identidades indígenas han atravesado en las últimas décadas:
José Ignacio López Soria, filósofo y reconocido investigador en temas de interculturalidad;
Jaime Urrutia Ceruti, antropólogo especialista en comunidades campesinas; y Gladis Vila
Pihue, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas
del Perú (Onamiap).

Se trata de reflexiones necesarias y fundamentales para la actual coyuntura, donde los


modelos económicos extractivistas y las normas legales de reconocimiento de los derechos
indígenas están causando impacto en la forma de vida y en la propia redefinición de
identidades de los pueblos indígenas.

El «problema del indio» desde la Colonia


«El Perú, desde la Colonia, es perfectamente consciente de que el país está compuesto por
una diversidad de pueblos, grupos étnicos, culturas, lenguas y religiones. Y la prueba
evidente de que eran conscientes de esa existencia era que intentaban eliminarlos: de lo
que se trataba era de aplastar todas esas culturas. Es una conciencia sin consciencia; es
decir, una conciencia cognoscitiva sin consciencia moral», reflexiona López Soria.

Esta herencia colonial se trasladó a los primeros años de la vida republicana, donde se
empieza a construir una idea de Estado-Nación, bajo una perspectiva homogeneizadora,
pero desde un sentido diferente.

«Es decir, homogeneización no desde el sentido de que todos vamos a ser iguales, sino de
que todos estamos en una articulación, gobernados por el Estado-Nación, donde no todos
los peruanos son ciudadanos. Más que homogeneización, es una articulación vertical, de tal
manera que hay una jerarquía. Una homogeneización que no alude a lo horizontal, porque
la sociedad peruana nunca ha sido horizontal; siempre ha sido vertical y, de alguna manera,
lo sigue siendo todavía», afirma López Soria.

En la segunda década del siglo veinte empezaron los debates acerca del «problema del
indio» entre José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre y otros intelectuales. «Ya
este término es evidentemente peyorativo, porque es como decir que el problema no somos
«nosotros», sino que son los «indios» y cómo resolvemos este «problema» en el país. Esto
revela una tendencia a la inclusión, donde en el camino quedaban neutralizadas sus
características como pueblos indígenas y asumían la cultura occidental», analiza el filósofo.

Para la lideresa indígena Gladis Vila, la palabra indio era una palabra despectiva y aún lo
sigue siendo. «Ha sido utilizada para agredir a la otra persona, para discriminarla y
humillarla, sobre todo en las comunidades campesinas donde existían las haciendas.
Por ejemplo, si me dicen que soy un indio, respondería que no lo soy; pero sí digo que soy
indígena, por pertenecer a aquellas comunidades y ayllus que existieron antes de la historia
del Perú», reafirma la dirigente.

La creación de una identidad: el campesino


El 24 de junio de 1969, el general Juan Velasco Alvarado promulgó la Ley de Reforma
Agraria mediante Decreto Ley 17716, donde también reemplazó el denominado Día del
Indio —creado por el presidente Augusto B. Leguía en 1930— por el Día del Campesino.
¿Cuál fue el impacto en la redefinición de las identidades indígenas?

«Una reivindicación fundamental del gobierno militar de Velasco fue cambiar el término indio
—de connotación absolutamente negativa— por el de campesino en la documentación
oficial, eliminando un término despectivo que en el Perú servía para justificar la
jerarquización social», detalla el antropólogo Jaime Urrutia, quien describe además que el
término indio no era un elemento de identidad, sobre todo en la sierra del Perú.

López Soria opina que Velasco recogió el legado del debate de los años veinte. «Mariátegui
predicó una y otra vez que el problema del “indio” era un problema de carácter económico.
Y bajo esa perspectiva socialista, el término indio importa muy poco: lo que importa es si es
proletario obrero o proletario campesino. Y la terminología de Velasco recoge esa impronta
que comenzó en los años veinte. Una nueva identidad con enfoque de clase», explica
López Soria.

Una opinión similar tiene la lideresa indígena Gladis Vila. «Hasta hoy en día nuestros
padres, nuestros abuelos, piensan que ser campesino es haber dado un paso más hacia
adelante o haber logrado un derecho más», afirma. «En su momento, el término campesino
fue muy valioso en el sentido del autorreconocimiento; pero hoy en día sentimos que el
término es muy limitado porque está reducido a la tierra. Los pueblos indígenas aspiramos
mucho más allá: al tema del territorio», plantea la lideresa.

El filósofo López Soria comparte la opinión sobre la limitación del término campesino. «Es
una identidad muy limitada porque se vincula fundamentalmente a la tierra. Por ejemplo, los
pueblos de la selva cultivan la tierra (además, pescan, cazan y cultivan el bosque), pero no
sé si dichas comunidades se identifican a sí mismas como campesinos. Es como si yo me
identificara como profesor universitario. Yo soy profesor, pero eso no significa que
necesariamente tenga que identificarme con mi fuente de trabajo. Tengo otras identidades
que son diversas de mi fuente de trabajo», reflexiona López Soria, quien opina que los
elementos de carácter cultural son los que más identifican a la persona.

La reafirmación de los pueblos indígenas


En las últimas décadas, el mundo ha empezado a tomar conciencia sobre las condiciones
de marginación de los pueblos indígenas, y se han establecido una serie de iniciativas para
el reconocimiento de sus derechos. En el ámbito internacional se creó el Convenio 169 de la
OIT, y recientemente se dio, en el ámbito nacional, la promulgación de la Ley de Consulta a
los Pueblos Indígenas. Estas tendencias y normativas están acentuando el debate sobre las
identidades indígenas y sobre quiénes deben ser contemplados por tales normas.

«Yo creo que un elemento clave es el Convenio 169 de la OIT, que explicita los derechos de
los grupos tribales. Esa ha sido la bandera usada para la reivindicación por aquellos que se
vuelven a considerar como grupos indígenas», analiza el antropólogo Jaime Urrutia.

Para la lideresa indígena Gladis Vila, el reciente proceso de elaboración de la Ley de


Consulta ha influido en su reafirmación y búsqueda de identidad como pueblos indígenas.
Pero, en el caso de las mujeres indígenas, ¿cuál es la identidad que reafirman primero: la
de indígena o la de mujer? «Yo me reafirmo primero como indígena y luego como mujer.
Soy indígena por el tema del relacionamiento con el territorio donde están inmersos
nuestros roles y aportes como mujer. Pero también tiene que ver con un tema de
pertenencia a un pueblo, porque para los pueblos indígenas el tema de la colectividad lo es
todo. Por ejemplo, si yo no me reafirmo como pueblo indígena, tampoco podré reafirmarme
como mujer y no tendría el vínculo con lo colectivo», explica la lideresa.

En la actualidad, muchos peruanos están de acuerdo con llamarse indígenas. Sin embargo,
López Soria advierte la herencia colonial del término. «Han pasado de indios a campesinos
y de allí a indígenas. Pero estamos usando un término colonial, porque en América no había
indígenas, sino diversos grupos humanos donde cada uno de ellos tenía su nombre, y
fueron los europeos quienes les pusieron el nombre de indígena. El término es inventado,
como también lo «occidental» es inventado, en oposición a «oriente»», manifiesta López
Soria.

La importancia del territorio en la identidad


En la actual redefinición de las identidades indígenas, el tema del territorio ha cobrado
crucial importancia. Para la presidenta de Onamiap, el ser indígena tiene un vínculo
inmediato con el territorio, no solo con la tierra.

«Es un vínculo con los lagos, ríos y montañas, donde están nuestros apus y nuestra
religiosidad. Los indígenas no tendríamos sentido si nos reducen solo a la tierra o a la
producción agrícola ¿Y dónde quedan mi religiosidad y mi cosmovisión? Seríamos
indígenas no completos», afirma, de manera categórica, la lideresa huancavelicana.

López Soria explica que los pueblos indígenas, por una serie de tradiciones, se sienten
también poseídos por su propio lugar. «Cuando tú le quitas la tierra, le quitas parte de sí
mismo. Estamos hablando de personas que están mucho más cercanas a la tierra, en el
sentido de pachamama. No solamente una posesión para la producción, sino además una
relación con el territorio. No es como cuando a mí me quitas una casa. Yo digo: “No importa,
por aquí pasará una carretera y me darán un terreno en condiciones parecidas en otro sitio”.
Me quitan una posesión, pero mi alma no está pegada a ese pedazo de tierra. Sin embargo,
si fuera campesino del mundo indígena sí estaría pegada, porque ahí estarían mis dioses,
probablemente », explica López Soria.

¿El redefinir sus identidades es una estrategia política de los indígenas, con la finalidad de
alcanzar los derechos que las nuevas normatividades establecen? Para Urrutia, primero se
debe partir de lo que significa identidad. «La identidad es reconocerse como parte de un
grupo que comparte un mismo discurso histórico y referentes simbólicos de
comportamientos, tradiciones y ritos. Las identidades son productos históricos.

Por ejemplo, el grupo chopcca, en Huancavelica, es una identidad inventada hace unos
veinte años, pero ahora es asumida por toda la población. Más allá de la construcción de
identidad, lo más importante es que el grupo empieza a interiorizarlo y lo termina
aceptando», opina Urrutia.

López Soria afirma también que las identidades son, sobre todo, autoposeídas. «Las
identidades son cambiantes y se enriquecen en la relación con otros. No hay que ver al otro
desde un sentido negativo, es decir, el otro como mi límite, sino más bien el otro como
posibilidad de enriquecimiento de mi propia cultura», opina el filósofo. «Los indígenas en el
Perú no han asumido la posición de decir: “Los únicos dueños de este territorio somos los
indígenas porque somos los originarios y el resto que se vaya”.

Lo único que dicen es: “Que respeten nuestros derechos. Nosotros también queremos ser
parte de esta colectividad y queremos serlo de manera íntegra y digna”», explica López
Soria.

El Perú sigue siendo un país con políticas discriminatorias y, en muchos casos,


asimiladoras de los pueblos indígenas. A ello se suma la agudización del proceso
homogeneizador de la globalización y la permanente imposición de un modelo económico
extractivista que choca frontalmente contra las cosmovisiones alternativas de los pueblos
indígenas.

Ante la pronta aplicación de la Ley de Consulta Previa, en el país aún debemos responder
algunas preguntas cruciales, como por ejemplo: ¿las comunidades campesinas deben ser
consideradas como indígenas o no? Realizar una reflexión sobre el tema de las identidades
indígenas es fundamental para un país como el Perú, que se hace llamar pluricultural.