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El Renacimiento en las Escritos sobre el

* Ponencia presentada ante el VII Congreso Internacional de Ciencias Histó-


Interpretaciones Recientes* ricas celebradoen Varsovia en 1933 y publicada en el Bulletin of the Interna- Renacimiento
tional Committee of Historical Sciences, N.° 19, París, 1933 (vol. V, parte II),
En 1885, abocado a su traducción de la obra de Jakob Burckhárdt pp. 215-229, . Federico Chabod
al frances, Gebhart se esforzaba por determinar, siquiera somera-
a "Puntos de contacto (...) sea con la Edad Media, sea con el ambiente del
mente, los "points d´ attache (..) soit avec le moyen âge, soit avec siglo XVI" (Nota del Traductor).
le milieu du XVIe siècle (...)ª; que le resultaban "à peine visibles" b
en Die Kultur der Renaissance1, abriendo con ello el camino hacia b "Apenas visibles" (N. del T.).
la que seria la tarea esencial de las nuevas investigaciones: arran-
car al Renacimiento del espléndido aislamiento en que aparecía 1 E. GEBHART, "La Renaissance italienne et la philosophie de l'histoireo, en
Revuedes Deux Mondes, 15 de noviembre de 1885, p. 344. Vaya como
por culpa del historiador de Basilea, flor abierta de improviso en
premisa el que la presente relación no se propone pasar revista a cada una
el desierto, período de intensa actividad artística, literaria y civil de las obras del último período de estudios sobre el Renacimiento ni tampoco
sin verdadera conexión ni con la edad anterior ni con la poste- exponer todas las cuestiones que se relacionan con el Renacimiento, sino,
rior, y averiguar las relaciones ideales que rellenaran el foso sencillamente, señalar, con la brevedad que imponen los límites prestableci-
abierto en el decurso del proceso histórico. Y es, efectivamente, dos de espacio, cuáles son -a juicio del autor- los problemas esenciales que
en esté campo donde deben buscarse los resultados más fructí- se plantean en dichos estudios, lo cual, naturalmente, reduce las citas a los
trabajos más significativos de una u otra tendencia. Por lo que se refiere a lo
feros de la crítica postburckhardtiana: bien sea que se haga refe-
escrito más recientemente, cfr. la verdaderamente estupenda y amplísima
rencia a los estudios dedicados á analizar él influjo que hubiere reseña de H. BARON, "Renaissance in Italien., en Archiv für Kulturgeschichte,
ejercido la concepción "del hombre y la naturaleza" propia del XVII (1927), pp. 226256, y XXI (1931), pp. 95-128, 215-139,340-356; para una
Renacimiento sobre el pensamiento de las épocas posteriores 2, recensión de las distintas figuraciones del Renacimiento, desde las épocas
ó bien que se tomen las investigaciones sobre la ligazón entre anteriores a Burckhardt hasta nuestros días, véanse especialmente W.
Edad Media y Renacimiento, el problema que podría llamarse de GOETZ, "Mitterlalter und Renaissance", en Historische Zeitschrift, XCVIII
(1907), pp. 30-54; x: BRANDI, Das Werden der Renaissance; Gotinga, 19102;
la "continuidad"3 ha pasado a ser el problema crucial de los estu-
A. PHILIPPI, DerBegriff derRenaissance, Leipzig, 1912; Y- BORINSKI, Die
dios sobre la cultura italiana de los siglos XIII-XVI. Ahora bien, tal Weltwiedergeburtsidee in den neueren Zeiten, I: "Der Streit um die Renaissan-
actitud, no sólo ha llevado a acercar unos "períodos" históricos ce und die Ensteh ungeschichte der historischen Beziehungsbegriffe Renai-
antes escindidos con excesiva nitidez, sino incluso a cambios ssance und Mittelalter., en Sitzungsberichte der baye-rischen Akademie der
profundos del concepto mismo de Renacimiento que había fra- Wissenschaften, Munich, 1919; J. HUIZINGA, Das Problem der Renaissance,
guado una tradición de tres siglos. traducción al alemán en Wege der Kulturgeschichte, Munich, 1930, pp. 91-
115; D.CANTIMORI, "Sulla storia del concetto di Rinascimento" en Annali
della Reale Scuola Normale Superiore di Pisa, serie 11, 1 (1932), pp. 229-268.
Concepto que se había constituido, en su formulación clásica, y
se había impuesto sobre todo por obra de la crítica de arte y lite- 2 Fundamentales fueron, a este respecto, los estudios que publicó DILTHEY
raria, y muy particularmente la de Vasari, de quien, casi hasta entre 1891 y 1904, recogidos en Weltanschauung und Analyse des Menschen
nuestros días, deliberadamente o no, se ha venido echando. seit Renaissance und Reformation (Gesammelte Schriften, II, Leipzig, 1923).
mano para formular los cánones de la historia del arte, para con- Pero conviene recordar que por este camino, por el cual se profundizaba el
valor de la découverte de l komme et de la nature que ya habla entrevisto
traponer un determinado "clasicismo" -el clasicismo del pleno
Michelet, se había situado, mucho antes que Dilthey, antes incluso de que
Renacimiento- á una no clásica (en sentido deletéreo), primitiva
apareciera la obra de Burckhardt, BERTRANDO SPAVENTA, con unos estu-
y por ende tosca "maniera" anterior (fuera que se aludiese a la dios escritos mayormente entre 1854 y 1856 y compilados en 1857 bajo el títu-
"manera griega", esto es, bizantina, o qué se aludiese a la "ma- lo de Saggi di critica filosofica, politica, religiosa (recientemente reimpresos
nera alemana", es decir, al gótico) y que había pasado a ser el con el título de Rinascimento, Riforma, Controriforma; Venecia, 1928; pone UNTREF VIRTUAL | 1
heraldo de todas las valoraciones ulteriores del Renacimiento,
sin excluir la del propio Burckhardt4. Se había exaltado al Re- muy bien de relieve Su importancia CANTIMORI, op. cit., pp. 27-33 del extrac-
Escritos sobre el
nacimiento, principalmente, como la época del reflorecer del arte, to). ES tanto más importante la posición que asumió Spaventa, por cuanto a Renacimiento
como en el caso de Voltaire y Goethe: época admirable desde él es a quien hay que atribuir el rumbo que adoptaron Gentile y Su escuela pa-
ese punto, aun cuando -como ya ocurriera con Bayle, a finales ra el tratamiento del Renacimiento, que ellos, como Se Sabe, plantearon So- Federico Chabod
bre la base de la filosofía moderna (cfr. Sobretodo G.GENTILE, Giordano
del siglo XVII- se denunciase la pobreza de su vida moral, la indi-
Bruno e il pensiero del Rinascimento. Bari, 19232; G.SAITTA, La filosofia di
ferencia ética y religiosa de sus representantes, la tiranía de los Marsilio ricino, Mesina, 1923, y Filosofia iraliana e umanesimo, Venecia,
príncipes y la corrupción del pueblo, y se lo proyectara a guisa 1928).
de Sano bifronte, todo luz por un lado, pero todo sombra por el
otro. De índole similar había sido la actitud del propio Burckhardt, 3 A este respecto, los estudios sobre el Renacimiento pueden ofrecer una
quien, para tranquilizar sus exigencias morales personales, tenía interesante confrontación con los estudios acerca de los comienzos de la
Edad Media, en los cuales también ha pasado a Ser fundamental; de Foustel
que volverse hacia la Reforma; en un dualismo del mismo tipo,
de Coulanges en adelante, el "problema de la continuidad", por decirlo con
con el añadido de la complicación de la amargura por el decaer palabras de Dopsch. Y éste es un indicio característico de las tendencias de
político de la Italia del siglo XVI y el final de su libertad, se había la historiografia contemporánea.
inspirado la vigorosa figuración de Francesco De Sanctis.
4 Es preciso advertir que las conclusiones de Burdach acerca del empleo de
Ahora, en cambio, profundizando la búsqueda para ver en qué los vocablos renovatio, rinascita, etc., desde mucho antes de Vasari, nada le
quitan al hecho de que el juicio de los que vinieron después Se vio directa y
consistió realmente el "descubrimiento del hombre y de la natu-
especialmente influido por Vasari, y que de renacimiento se ha hablado, a par-
raleza" y hasta qué punto éste influirá en la mentalidad y las tir del Siglo xvi, ante todo y Sobre todo en el aspecto artístico y literario. Bajo
ideas de las edades siguientes, mucho más que al momento lite- la influencia que ejerció Vasari y, en generai, ejercieron los críticos de arte ital-
rario y artístico sé mira al momento especulativo propiamente ianos del Renacimiento y el Barroco, cfr. M. DVORAK, Idealismus un d Natu-
dicho, es decir, a la concepción del mundo que paulatinamente ralismus in der Gotischen Skulptur und Malerei, incluido ahora en Kunstges-
se había ido formando en los Siglo XV y XVI, de lo cual ha de- chichte ais Geistesgeschichte, Munich, 1924, p. 45.
rivado la exaltación o, por lo menos, la apreciación -no inspiradas
5 La expresión pertenece à Bovillo, de su Liber de sapiente editado por R.
ya en motivos estetizantes- de un pensamiento: que había hecho
Klibansky, en E.CASSIRER, Individuum und Kosmos in der Philosophie der
del hombre la publica creatura que in omnium medio coaluits5a, Renaissance (Studien der Bibliothek Warburg), Leipzig-Berlín, 1927, p. 355.
él creador de su propia vida y de su propia historia6, y ello, tam-
bién, sustituyendo la valoración básicamente "psicológica" de a El hombre es la "criatura del mundo que pasa en medio de todo. (N. del T.).
Burckhardt por otra valoración fundamentalmente "ideológica"7,
6 La manera como hoy se plantean estos problemas queda bien' expuesta en'
en verdad la única apropiada, para evitar equívocos del tipo, de
la obra de 0. DE RUGGIERO, Storia delia Filosofia, parte ri¡, Rinascimento,
los que en seguida se mencionarán. Ya era una innovación con-
Riforma e Controriforma, 2 vols-Bari, 1930.
siderable en los criterios de juicio tradicionales.
7 Esta Observación, muy justa, es de BARoN, op. cit., XVII, pp. 229 y 238 (con
Pero quizás iba a tener más profunda repercusión Ia búsqueda referencia á los .estudios de P. Joachimsen y de Engel-Jánosi).
de las adarajas remanentes de la Edad Media, de los, "orígenes"
del Renacimiento; sólo que en esto había que señalar, primero 8 Por este camino que abrió en 1885 H. THODE (Franz von Assisi und die
Anfänge der Kunst der Renaissance in Italien), ha avanzado mucho, como se
como brotes, no unos factores artísticos y literarios, sino más
sabe, Burdach, con gran número de trabajos que, aunque discutidos, repre-
bien factores religiosos8, y librar al movimiento de los círculos sentan, como conjunto, el momento más notable de la crítica posburckhard-
restringidos de literatos y artistas para, en lugar de ello, formar tiana (además de los dos ensayos, Sinn und Ursprung der Werte Renaissance
un todo con el florecimiento de una compleja vida popular, afir- und Reformation, y Ueber den Unsprung des Humanismus, ahora en Refor- UNTREF VIRTUAL | 2
mada al mismo tiempo en la política y el comercio, en el arte y la vida práctica, en individualidades que nada tienen que envidiar a
literatura; en una palabra, con el mismo surgimiento a la vida del los hombres del Renacimiento, se confunde malamente la reali- Escritos sobre el
pueblo italiano, ahora verdaderamente tal y no ya latino ni longo- dad de los hechos con la realidad de las ideas; es decir, se con- Renacimiento
bardo9. De ello ha derivado una transformación sustancial del funden hechos prácticos con la conciencia espiritual que pueda
concepto de Renacimiento; tan es así que, precisamente en es- o no tener el hombre de tales acontecimientos. Federico Chabod
tos últimos tiempos, se vienen sucediendo, no solamente las dis-
cusiones sobre la historia y el significado de dicho concepto, sino Es obvio, por ejemplo, qué no sólo abundan las figuras de gran-
también sobre la que llamaríamos su capacidad cronológica, que des políticos en los siglos VI- XII, sino también que incluso en-
algunos hacen remontar a principios del siglo XIII, e incluso, co- tonces los principios de la actuación pública se atuvieran gene-
mo Volpe, al siglo XII, mientras otros insisten en mantener quieto ralmente, ante todo, a las normas de la razón política; es obvio
el "origen" tradicional, a saber, la edad posterior a Dante. que también entonces, por decirlo con una expresión maquiavéli-
ca, los Estados no se gobernaban con padrenuestros. Pero esto
Por otro lado, la búsqueda de encastres con el espíritu medieval no empece que la teoría de la política, en tanto que política, sólo
ha inducido a otros a negar la originalidad,y la peculiaridad del se enunciara por primera vez en pleno Renacimiento por Ma-
Renacimiento italiano y a ver en sus caracteres salientes un me- quiavelo, quien, al transformar una acción puramente práctica, una
ro desarrolló de tendencias e ideas ya esbozadas en la cultura costumbre de hecho, en afirmación teórica, en credo espiritual,
medieval de la Europa centrooccidental; y, hecho significativo, indica claramente la diferencia profundísima entre dos edades.
así como antes se habla sostenido con énfasis especial la tesis
de la absoluta originalidad del Renacimiento en la historia del De la misma manera, de nada vale el hecho de que un Otón I,
arte, así también ahora, en este mismo terreno, se producían las pongamos por caso, o un Enrique IV, o un Federico Barbarroja,
primeras tentativas de reducir el valor del Renacimiento mismo, fueran "individualidades" ciertamente de talla equivalente a un
afirmando que el "arte nuevo" era obra de los artistas flamencos Francesco Sforza, un Lorenzo de Medicis o un César Borgia, pa-
del siglo XIV, trasladando con ello la cuna de la nueva cultura de
Italia a los Países Bajos y Francia10.
mation, Renaissance Humanismus, Berlín-Leipzig, 19262, el monumental
Rienzo und die geistige Wandlun seiner Zeit,en Vom Mittelalter Zur Refor-
En los intentos de este tipo se evidencia a menudo el peligro en mation, II, parte I, Berlín, 1913-1928; cfr. también Deutsche Renaissanee.
el que se puede incurrir por el deseo de ligar demasiado estre- Betrachtungen über unsere künftige Bildung, Berlín, 19202, y "Dante und das
chamente el Renacimiento con el Medievo y de encontrar una Problem der Renaissance", en Deutsche Rundschau, II (1924), pp. 124154 y
"continuidad" sin soluciones; vale decir, el verse arrastrado con 260.267). Idéntico ha sido el rumbo del colaborador de Burdach, e. eme, de
quien cfr. la introducción de Petrarcas "Buch ohne Namen" und die püpstliche
sobrada facilidad a mancomunar manifestaciones del arte y del
Kurie, Halle, 1925, y su Cola di Rienzo, Viena, 1931.
pensamiento de ambas épocas, dando mucha importancia a sus
afinidades externas, pero cuidándose poco de averiguar cuál 9 Sobre este punto había insistido ya GEBHART en 1879, en Les origines de
haya sido el espíritu de tales manifestaciones, el cogollo íntimo, la Renaissance en Italie. Peo cfr. sobre todo G. VOLPE, "Bizantinismo e
que es el Cínico que puede determinar él exacto significado his- Rinascenza., en La Critica, II (1904) (actualmente con el título de La Rinas-
tórico y la importancia real de tal o cual aspecto de la vida artís- cenza in Italia e le sue origini, en Momenti di storia italiana, Florencia, 1925,
tica, moral, etcétera. pp. 97-127)

10 Esta era la tesis de COURAJOD, en Leçons prolessées d l´école du


El peligro es tanto más grave cuanto que algunos se han visto Louvre, 1887-1896,11: Origines de la Renaissance, París, 1901. Cfr. también
inducidos a confundir dos cuestiones de índole esencialmente it. FIERENS-GEVAERT, La Renaissance septentrionale et les premiers mai-
distinta. Así, cuando se afirma que la Edad Media fue rica, en la tres des Flandres, Bruselas, 1905. UNTREF VIRTUAL | 3
ra después comprobar que, en la gran historiografía florentina presentándolos como ya contenidos, más o menos expresamen-
del siglo XVI, las figuras de los actores tienen, en la determina- te, en la cultura medieval. Las tesis de esta índole recurren ma- Escritos sobre el
ción del curso de los acontecimientos, es decir, en el hecho de yormente a los dos conceptos de realismo e individualismo -se- Renacimiento
ser artífices de la historia, una importancia muy distinta de la que ñalados como típicos del Renacimiento- para demostrar, por
reflejan los cronistas de los siglos X, XI o XII.11 ejemplo, que el realismo del arte italiano, de Giotto en adelante, Federico Chabod
no es sino la prosecución del realismo que ya daba testimonio de
El problema del Renacimiento es, ante todo, una realidad en el sí en el arte gótico, o bien que el.reconocimiento de la "individua-
mundo del espíritu, mucho más que en la vida práctica; el moti- lidad" y la personalidad singular está ya patente en los escritores
vo por el cual el Renacimiento fue lo que fue, no es la acción ais- de la Edad Media, sin que haya por qué aguardar a Leon Battista
lada y pequeña de tal o cual personaje; no es, por ejemplo, la Alberti, a Maquiavelo o a Guicciardini.
sutil habilidad para urdir intrigas que tuviera un príncipe u otro, ni
tampoco la vida jocunda, "pagana" de los burgueses de las ciu- Pero aquí nos encontramos con un equívoco: el equívoco de los
dades12, sino la manera por la cual las acciones y los propósitos conceptos mismos a que se apela para la confrontación.. Si nos
de los hombres se sistematizan conceptualmente y se hacen detenemos un momento, por ejemplo, en la historia de la histo-
revivir en el espíritu. La validez del concepto mismo de Renaci- riografía -habitualmente un poco descuidada en las discusiones
miento (como los de Ilustración o Romanticismo) se puede afir- generales sobre el Renacimiento-, podemos sin duda observar
mar y admitir sólo si con él se pretende designar cierto movi- que ya en los cronistas medievales el espíritu de observación de
miento de ideas, que sin duda tiene sus interferencias con la vida la realidad se traducía en unas descripciones precisas, minu-
práctica, de la cual recibe inspiraciones y sugerencias, y sobre ciosas y coloridas de los hombres y de las cosas; incluso muchas
las cuales influye, en reciprocidad alternada, pero que es sobre veces es posible encontrar en una crónica escenas de un realis-
todo una realidad de espíritu. Cosas éstas sobre las cuales no mo, es decir, en este caso de reproducción naturalista -que po-
cabría insistir más desde que la exaltación del "individuo" del
Renacimiento, que Burckhardt apoyó sobre bases principalmen-
11 Podrían formularse consideraciones de este tipo, también respecto de la
te psicológicas, se transformó -como ya se ha dicho- en una va-
actividad económica y del espíritu con el cual se opera en ese campo. Aquí,
loración principalmente conceptual; vale decir, desde que desa-
igualmente, aunque el poner de relieve el florecimiento de la actividad comer-
parecieron los posibles y polémicamente justos motivos de reac- cial e industrial en el Medievo es de fundamental importancia en otros aspec-
ción contra una tendencia proclive a ver al hombre vivir una vida tos, no sirve de nada cuando se pretende basaren ello una confrontación con
jovialmente activa tan sólo después del siglo XIV. No se debe el Renacimiento. Una vez más hay que decir que la que debe considerarse
imaginar a los hombres medievales perennemente encorvados aquí es la cuestión de cómo el hombre encuadra su actividad económica en
su concepción de la vida.
por la angustia del pecado y salmodiando continuamente en su
vida de todos los días; sólo hay que considerar si son o no carac-
12 Sobre lo cual se pueden después hilvanar las inútiles polémicas sobre el
terísticas del Renacimiento unas afirmaciones como las que em- "paganismo" de los hombres del Renacimiento y contraponerles la religiosidad
pleaba Alberti para resumir y concretar teóricamente el placer de práctica, que podríamos llamar dominical, de los mismos humanistas, así co-
vivir, que, en cuanto tal, es propio de los hombres de todas las mo de las masas, y documentar el número de las hermandades, procesiones,
épocas13. etc., como ha hecho Pastor.

13 Cfr. por ejemplo, acerca del pensamiento de la muerte: "Aunque el morir


Pero aun prescindiendo de semejantes prejuicios, y limitando la
no me turbe en demasía, también esta dulzura de virar, este placer de tener-
investigación al terreno en que debe mantenerse, no pueden me y de discurrir con vosotros y con los amigos, este deleite de verme mis
dejar de subsistir fuertes objeciones contra las tentativas de anu- cosas, también me duele dejarlo (...)., "Della famiglia", 1,en Opere volgari, II,
lar -o poco menos- los caracteres específicos del Renacimiento, Bonucci, Florencia, 1884, p.24. UNTREF VIRTUAL | 4
dríamos calificar de fotográficamente precisa- de escenas y as-
pectos de la vida de cada día14, como no se volverán a encon- Escritos sobre el
14 Obsérvense las escenas y los cuadritos con que el fraile Salimbene ador-
trar ya en las historias de un Maquiavelo o un Guicciardini. Pero, na su crónica (y aqui elegimos deliberadamente un cronista que se cuenta Renacimiento
al paso que en el historiador de antes el detalle no es más que entre los más ricos en sentido de lo humano, entre los más interesantes del
detalle, insertado en una visión de conjunto de índole no "realis- mundo); a guisa de ejemplo, cfr. la descripción del jardín de Pisa (Cronica Federico Chabod
fratris Salimbene de Adam, edición cuidada por O. Holder Egger, Hannover-
ta", toda vez que el primer motor de la historia humana está fuera
Leipzig, 1905-1913 (Monumenta Germaniae Historica, scriptorum t. XXXII, pp.
del mundo y de la vida de los hombres15, en los grandes histo- 44-45]), de la indumentaria, de fray Benedet to (p.71). el episodio de fray Dioti-
riadores florentinos del Renacimiento es precisamente la visión salvi da Firenze (p. 79), de los franceses e ingleses que beben demasiado (p.
de conjunto la que es "realista" e "individualista", en cuanto que 220). Pero el realismo de un Guicciardini es algo com. pletamente distinto: sig-
los acontecimientos de la historia se ven generarse y seguirse en nifica ver la historia como hecha por los hombres y sólo por los hombres, es
el puro ámbito de la vida "real", es decir, humana, como efecto decir, la historia exclusivamente sobre la base de la realidad humana. Podrían
hacerse consideraciones similares sobre el "realismo" de un Froissart o de un
de la voluntad y de la acción de los hombres, y de la variación de
Chastellain (acerca del cual cfr. t. HUIZINGA, Herbst des Mútelalters, Munich,
los intereses humanos. A un realismo -o, mejor, verismo natura- 1928 2, especialmente pp. 424ss., y también, "Renais. sanee und Realismus",
lista- que podríamos definir como "descriptivo" y formado de frag- en Wege der Kulturgeschichte, cit., pp, 150-153) en relación con el realismo
mentos, lo sustituye -por usar el mismo término- un "realismo" de los historiadores florentinos. Asimismo, en cuanto al relieve que seda a las
conceptual, que también puede pasar por alto la minucia de un figuras dominantes de un Liutprando de Cremona (cfr. DOPSCH, "Wirtschaf-
detalle y ser, por ello, menos verista en los pormenores, menos tsgeist und Individualismus ¡m Früh. mittelalter", en Archiv, für Kulturges-
chichte, XIX [19281, pp. 53-55), es algo muy distinto del relieve que le dan un
"fotográfico", precisamente porque la vivacidad impresionista de
Maquiavelo o un Guicciardini. En la semblaza que este ultimo hace de Cle-
un detalle tiene mucha menos importancia y relieve en un cuadro
mente VII, por ejemplo (Storia d'ltalia, 1. XVI, cap. 12), está in nuce todo el his-
completamente dominado por el sentido de la realidad huma- toriador: su concepción de una historia determinada exclusivamente por mo-
na16. Un razonamiento no muy distinto podría efectuarse para el tivos humanos, por la confrontación de intereses personales y estatales, está
"realismo de la concepción política de un Maquiavelo, muy dife- perfectamente compendiada en la búsqueda de los móviles por los cuales
rente, en su índole misma; de lo que podía ser el realismo de la actúa tal o cual personaje (¡y ésa es también la importancia de los "discursos"
inserta. dos en las historias del tiempo y que no son una pura reminiscencia
concepción política de un Santo Tomás 17. El Estado, como reali-
literaria!). ¿Es licito afirmar otro tanto de Liutprando o de cualquier otro cro-
dad de hecho cuya validez teórica es inútil y hasta absurdo bus-
nista medieval?
car; el Estado, que es lo que es sin conexión alguna con presu-
puestos metafísicos -con la idea agustiniana" del pecado, por 15 Observa con justicia HUIZINGA que "eine bestimmte Zeit kann realistische
ejemplo-, y la política, como esfera de actividad autónoma, más Kunstwerke hervorbringen, ohne das der Zeitgeist selbst im Zeichen des
allá del bien y el mal morales 18, que, en sí y por si, no tiene otros Realismus steht" ("una época puede engendrar obras de arte realista sin que
el espíritu del tiempo dé señales de realismo", [N. del TJ), Renaissance und
fines que los que le son impuestos por su misma esencia, tan só-
Realismus, c it., p. 142. La "concretidad" que anhela el Renacimiento no es
lo aparecen con el Renacimiento. En el cual, por tanto, realismo
tan sólo una "corrección del viejo abstractismo" como pretende OLGIATI, L
e individualismo tienen un significado sustancialmente distinto aninra dell umananesimo e del Rinascimento, Milán, 1924, p. 831, sino un
del que pudieran tener para los anteriores. modo diferente, sustancialmente diferente, de intuir el mundo v la vida le los
hombres.
Tan es así que el llamado realismo del Renacimiento conduce, al
igual que en el arte19 también en la teoría política y en la cien- 16 Es obvio que, aquí, "realismo" no significa en absoluto "naturalismo"; por el
contrario, es esencialmente antinaturalista, al hacer del hombre el amo del
cia, a la afirmación del valor autónomo, independiente de premi-
mundo y de la naturaleza.
sas o fines metafísicos, tanto de la obra de arte como de la políti-
ca y de la ciencia, con una línea de desarrollo continua que de 17 La cual, por cierto, no está en absoluto exenta de "realismo" en cada una
Giotto conduce a Maquiavelo y desemboca en Galileo20; es de- de sus partes; baste pensar, po r ejemplo, en las preocupaciones que abriga UNTREF VIRTUAL | 5
cir, conduce a la pulverización de la concepción del mundo típi-
ca del Medievo, en la cual, ninguna forma de actividad humana Escritos sobre el
Santo Tomás por el sitio en el cual debe erigirse la ciudad para la salubridad
se puede considerar, en sí, ajena al nexo con el conjunto: En ese del aire, etc. (De regimine principum, II, 2-4). Renacimiento
arrancar cada forma de actividad de la unificación de antes -que
se obtenía con el respeto a la dimensión sobrenatural- para darle 18 e. CROCE, Elementi di politica, Bari, 1925, p. 60. Federico Chabod
una existencia autónoma y puramente humana, se restituye el
19 En cuanto al arte, es decir, en cuanto al terreno en el que más se había
valor esencial del Renacimiento en la historia de la civilización
insistido en contraponer el "realismo" del gótico al "realismo" del Renacimiento
europea; de manera nada distinta, en el terreno de la política (sin deternos ahora en la validez y precisión del concepto de "realismo" para
práctica, el hecho. característico de los siglos xiv y xv consis-tía, el arte desde Giotto en adelante, puesto que para el arte de Giotto, por ejem-
en la historia europea, en el fraccionamiento de las viejas ideas plo, debiera hablarse, a juicio de Dvorák, de estilización monumental de la
y formas universalistas, Imperio y Papado, y la formación de los realidad sensible), esta fundamental diferencia entre ambas culturas ha sido
Estados nacionales. puesta de relieve, neta y magistralmente por DVORAK, Idealismus und
Naturalismus in der Gotischen Skulptur, cit., pp. 120ss.

Superiorem non recognoscens: la expresión, que Bartolo da Sa- 20 En cambio, por lo que respecta a la "mentalidad económica" del Re-
ssoferrato aplicaba a los organismos estatales, podría servir de nacimiento, no parece poder verificarse una afirmación similar de autonomía;
lema también para las más originales y fructíferas corrientes de quiere decirse que el Renacimiento no parece tener esa mentalidad "capita-
pensamiento de la época. El que aquel laborioso trabajo de de- lista" -en el sentido riguroso del término-que constituye precisamente el reco-
sintegración e individualización no llegara a concretarse en una nocimiento de la autonomía de la actividad económica (la vida de los negocios
como fin en si mismo, o, según lo expresaba un típico representante del capi-
reconstrucción unitaria verdaderamente orgánica y cumplida del
talismo moderno, Henry Ford, la producción por la producción), que pudiera
mundo, quedando, en cambio, uno junto al otro y mezclados en- ser equivalente en ese terreno a las afirmaciones de Maquiavelo en el terreno
tre sí gérmenes de ideas nuevas con conceptos viejos, además de las doctrinas políticas. Ello porque, incluso en Alberti, el máximo represen-
de vigorosos residuos de mentalidad escolástica21; el que de ello tante de la mentalidad del hombre del siglo xv, se logra, sí, una separación
derivaran nuevos y a veces angustiosos problemas nuevos, en- entre la actividad económica y las normas de lá ética religiosa tradicional, pero
tre los cuales el principio de la "política como política" que prego- la actividad económica permanece siempre subordinada a un fin ajeno a sí,
vale decir, "vivir contento (...) y con honor" (para el pensamiento de Alberti, cfr.
nó Maquiavelo hizo aparecer la abrumadora preocupación por
A. FANFAM, Le origini dello spirito capitalistico in Italia, Milán, 1933, pp.
volver a reconciliar la razón de Estado y la razón moral, que fue 136ss.; pero, sobre todo, MAX WEBER, "Die Protestantische Ethik und der
el punto de partida de unas prolongadas fatigas espirituales que Geist des Kapitalismus", en Gesammelte Aufsätze zur Religionssoziologie, 1,
marcaron a la poligrafía de los siglos XVI y XVI22, todo esto Tubinga, 19222, p. 38, n. 1. En general, acerca del pensamiento económico
forma parte del legado del Renacimiento a la Edad Moderna, lla- del Renacimiento, además de SOMBART, Der Bourgeois, Munich-Leipzig,
mada a seguir avanzando por el camino abierto y a solucionar, 19202; cfr. ENGEL- JANOSI, Soziale Probleme der Renaissance; Berlín,
1924; que no reconoce huella alguna de mentalidad capitalista, y A. VON
los problemas no resueltos.
MARTIN, Soziologie der Renaisance. Zur Physiognomik und Rhythmik bürg-
erlicher Kultur, Stuttgart, 1932, que sí las reconoce). Pero también es cierto
Si no es posible negar las características del Renacimiento y que entre los criterios de Alberti y los de la escolástica existen grandes dife-
remitirlas sin más ni más a la cultura medieval, ¿se debe, en rencias, y no de mero detalle. En cualquier caso, no cabria hablar de "espíritu
cambio, admitir que aquéllas fueran el resultado del "resurgi- capitalista" ya en ia Edad Media, cada vez que nos encontramos en presen-
miento de la antigüedad clásica"? He aquí otro gran problema, cia de la mera spes lucrandi -como parecen hacer PIRENNE, Les villes du
moyen age, Bruselas, 1927,p. 105, o DOPSCH, op. cit., pp. 72-74-, no sien-
estrechamente ligado con los orígenes del Renacimiento, y plan-
do, desde luego, ése el carácter distintivo de la mentalidad capitalista.
teado de diversas maneras precisamente en estas últimas déca-
das. Burckllardt, a decir verdad, se había cuidado muy bien de 21 Como, por otra parte, también sucede con Lutero, cuyas ansias por una
hacer depender el Renacimiento únicamente del reflorecer de la vida nueva no destruyen la vertiente teológica, de un teologismo totalmente UNTREF VIRTUAL | 6
pasión por la Antigüedad clásica, de establecer una relación co-
mo de causa a efecto entre el segundo y el primero; pero, en opi- medievalista, tan característica en él. Para el Renacimiento es posible anotar,
Escritos sobre el
nión de tos más, tal relación se había concretado, influyendo por ejemplo, que nunca se afronta el problema del método, que después sería Renacimiento
poderosamente en ello, entre otras cosas, una tradición que tie- esencial desde Bacon, Galileo y Descartes en adelante. Tampoco en los estu-
ne ya más de tres siglos23. Y no deja de ser significativo a este dios históricos, los buenos ejemplos de método práctico, ya perceptibles en la Federico Chabod
historiografía del Renacimiento, llegan a culminar en la conquista de una
respecto el hecho de que en el decurso de un solo año apare-
metodología, propíamente dicha. Los distintos tratados sobre el tema, los
cieran las dos obras clásicas sobre uno y otro argumentos: Die Methodus (...) ad historia cognitionem (incluido el Bodin), son sobre todo,
Wiederbelebung des klassischen Altertums de Voigt (1859) y Die como los definió Bezold, una "Anleitung zum Lesen" ("intro. ducción a la lec-
Kultur der Renaissance in Italien de Burckhardt (1860). Al deli- tura", [N. del T.) (F.von Bezold, "Zur Entstehungsgeschichte der historischen
nearse, en cambio, de modo distinto la búsqueda de los "oríge- Methodik o, en Aus Mittelalter und Renaissance, Munich-Berlín, 1918, p. 364),
nes" del Renacimiento, se cambió, lo mismo que el problema de una colección de juicios sobre varios historiadores mezclada con problemas
que, hace cierto tiempo, se habrían definido como de filosofía de la historia,
las relaciones con la Edad Media, también el problema de las
pero que desde luego son de metodología.
relaciones con el revivir de lo antiguo, hasta tal punto que, con
Neumann, encaminado por las huellas de Thode, se llegó a afir- 22 Estas fatigas en torno de la razón de Estado están admirablemente des-
mar que la Antigüedad renovada había sido, no un estímulo be- critas en F. MEINEK. KE, Die Idee der Staatsräson in der neueren Geschichte,
neficioso, sino un germen de muerte para la cultura italiana, flo- Munich-Berlín, 1924, y, para la era harroca, en e. CROCE, Storia dell étà
recida vigorosamente a causa de la virtud creadora de la sangre barocca in Italia, Bar¡, 1929.

longobarda y quebrantada a mitad de camino por la carga impro-


23 Aparte de Vasari, véase, por ejemplo, lo que en 1590 escribía el pintor ge-
visa de los recuerdos eruditos24. Y aun recientemente, Toffanin novés G. B. Paggi: "No bien empezaron en Roma a recuperar de la tierra las
ha presentado al Humanismo como un período de detención en sepultadas estatuas antiguas, que el arte con ellas a renacer volvió, por medio
el desarrollo de la verdadera cultura italiana, nacida con las co- de la observación y estudio que los hombres sobre ellas emprendieron", cita-
munas y tan floreciente en el siglo XIII; un período de compre- do en W. WEISBACH "Renaissance als Stilbegriff^ en Historische Zeitschrift,
sión de lo vulgar, del espíritu de libre averiguación, del espíritu CXX (1919), p. 263.

"herético" como él lo define, que había sido el espíritu del siglo


24 "Byzantinische Kultur und Renaissancekultur", en Historische Zeitschrift,
XIII, y que en el XIV y el XV sólo estuvo representado por los LIV-LV (1903), pp. 215-232. Pero la tesis de Neumann fue demolida en segui-
averroístas. El Humanismo está bien visto por la Iglesia, que lo da, con mucho vigor, por VOLPE, en La Critica, Il (1904), ya citado: Acerca de
favorece precisamente porque representa la imposición -o, mejor la falta de validez de la comparación con Bizancio, cfr. también A. HEISEN-
dicho, la reimposición- del espíritu de autoridad, vacilante en el BERG, "Das Problem der Renaissance in Byzanz+, en Historische ZeUschrift
siglo XVIII; y, al paso que el espíritu de la época comunal revivirá CXXXIII (1926), pp. 393 ss.
en otros países con la Reforma, el espíritu del Humanismo con-
25 G. TOFFANIN, Che cosa fu l'Umanesimo, Florencia, 1929.
duce a la Contrarreforma25. Como puede verse, una resuelta an-
tinomia entre cultura italiana, propiamente dicha; y cultura huma- 26 Ha de señalarse que las Comunas, en primer lugar, habían acogido e) de-
nista; y hasta excesivamente resuelta, que termina con el pasar- recho romano, que ya impregnaba los estatutos del siglo XIII. Por lo demás,
se por alto el hecho de que el recuerdo clásico ha actuado como en relación al recuerdo de Roma en la primera historiografía en lengua vulgar,
poderosa fuerza creadora, inseparable de la manera de ver y sen- en hombres de ninguna manera sofocados por el Humanismo como Malespini
y Villani, remito a la comunicación de P. Morghen, presentada en este mismo
tir de las más encumbradas figuras del Renacimiento -de Dante a
Congreso (La storia romana e la romanità nella prima storiografia volgare). Lo
Maquiavelo-, y que alteran la fisonomía misma de la época pro- sustancial, a mi juicio, es que Toffanin adjudicó inicialmente demasiado peso
piamente comunal, entumeciéndola con un antirromanismo, o a la figura de Guido Cavalcanti y al célebre verso dantesco "forse cui Guido
quizás tan sólo un arromanismo, que no existió nunca 26. vostro ebbe a disdegno" ["quizás aquél a quien vuestro Guido desdeñó".
UNTREF VIRTUAL | 7
En realidad, el recurso a la Antigüedad clásica constituye el ne- vista y deletérea desde el exterior, justamente en esto la forma
cesario "mito" del cual el movimiento, generado en las fibras más mentis de los hombres del Renacimiento nos revela una de sus Escritos sobre el
íntimas del naciente pueblo italiano, necesitaba al igual que to- características esenciales, que la acercan a la mentalidad del Renacimiento
dos los grandes movimientos espirituales: la palabra de orden, el Medievo cristiano. No tanto porque unas aspiraciones similares
programa que trazaba a las todavía confusas aspiraciones de Federico Chabod
formas más elevadas de vida, una línea común de acción27. De Dante se referiría, según algunos, a Virgilio, a quien Cavalcatiti habría despre-
ciado porque él profesaba, en palabras de Toffanin, "un averroismo heleni-
ello derivó el anhelo de una renovatio, que es en sus orígenes,
zante y antilatino" Es el verso 63 del Canto X del Inferno.) para generalizar la
en algunas de las figuras más representativas, como Dante, Pe- actitud de Guido Cavalcanti, convertido en simbolo del hombre "herético" del
trarca y Cola di Rienzo, una renovatio Romae, en la forma de siglo XIII.
una renovatio imperii y de una renovatio ecclesiae, y que procu-
ra al mismo tiempo la renovación de cada hombre y la renova- 27 El hecho de que el mito fuera el de la Roma antigua y la Antigüedad clási-
ción de la colectividad; y que después, ausente el hálito religioso ca es, además, obvio: ¡basta de ininterrumpida tradición medieval de la Roma
aeierna! (cfr. para esto A.GRAF, Roma nella memoria e nelle immaginazioni
y ausentes también las grandes expectativas políticas, se queda
del medio evo, Turín, 1882-1883; F. SCHNEIDER, Ruin und Romgedanke im
en una renovatio esencialmente cultural y moral -como es el ca- Mittelalter. Munich, 1926, y especialmente e. E.SCHRAMM, Kaiser, Rom und
so de la concepción de la nueva humanitas- confinada al puro Renovatio, 2 vols., Leipzig, 1929 [Studien dei Bibliohek Warburg".
ámbito individual y ya no extendida a las masas (de ahí el carác-
ter aristocrático, como se ha dicho, de la cultura del Renacimien- 28 Que es una Hofkultur, no en el sentido de que haya quedado material-
to28, su menor valor "social" en comparación con la propia esco- mente circunscrita a las cortes principescas, sino en que sus ideales requie-
ren, para realizarse, una élite. Nada más instructivo, a este respecto, que la
lástica y con la posterior Ilustración). El que después, quizás, la
comparación de los dos conceptos de humanitas y humanité del Renacimien-
renova-ción se limitara a la superficie y asumiera un carácter ex- to y la Ilustración: la primera postulaba un esfuerzo de autoelevación moral y
clusivamente literario y erudito; el que, por lo mismo, el influjo de espiritual, un proceso de conquista que lleva a la dignitas sui, pero que, pre-
la Antigüedad clásica resultara en esos casos poco menos que cisamente por ello, es propia de unos pocos; la segunda, en cambio, es un
un verdadero peso muerto y se llegase al bizantinismo de los "sentiment de bienveillance pour tous les hommes, ["sentimiento de benevo-
eruditos, son cosas que no pueden asombrar; pero reducir a lencia para con todos los hombres") (tal como la define la En. cyclopédie) que,
aun cuando sea inherente tan sólo a una "irme grande et sensible" ["alma
mera exterioridad filológica la obra de un Valla o de un Marsilio
grande v sensible"), es, ello no obstante, un sentimiento que tiene, por su ca-
Ficino, por ejemplo, parece en verdad excesiva osadía. rácter especifico, el sentido de la fraternidad de los hombres y aboga por el
acercamiento a los seres humanos, la compasión por sus dolores ("il se plait
Como muchas veces se ha señalado con acierto, la Antigüedad d s' épancher par la bienfaisance sur les étres que la nature a placés près de
clásica no es para los hombres del Renacimiento algo muerto, nous" ["le agrada expandirse mediante el beneficiar a los seres que la natu-
una antigualla erudita que puede revivir tan sólo con una vida ar- raleza nos ha puesto cerca"l), esto es, aboga por la abolición de todo obstácu-
lo de casta, de nación o de doctrina. Otro de los conceptos fundamentales del
tificial y exterior en unos pocos intelectuales, sino más bien el
Renacimiento, el de virtud como capacidad de actuar y ole hacer, también es
ideal en que éstos encuentran realizadas sus más profundas un concepto que aísla a algunos hombres de la masa y cuya expresión típica
aspiraciones -literaria y artísticas, pero también morales y políti- aparece en el pensamiento político de Maquiavelo, que se fundamenta en los
cas- vale decir, un ideal vivo 29. Por ello es que se tiene fe en la virtuosos, fundadores o restaurador es de Estados-(para esto, cfr. sobre todo
posibilidad de una renovación, es decir, de una vida más eleva- F. w. MAYER Machiavellis Geschichtsauf fasung 117111 ..Sein Begrif f "virtú",
da de la humanidad, bajo el signo y la égida de una gran civi- Munich, 1912; F. MEINECKE, Die Idee dei Staatsräson ¡ir dei neueren
Geschichte, cit., Einführung a la edición de El príncipe, Berlín, 1923, y r.
lización del pasado.
ERCOLE, La ¡,olírica di Machiavelli, Roma, 1926).

Precisamente en esto que se ha considerado como típica expre- 29 Cfr. buenas observaciones en w. GOETZ "Renaissance und Antlke", en
sión del Renacimiento o, por el contrario, superposición impre- Historische Zeitschri ft CXIII (1914), pp. 237ss., y especialmente p. 259. UNTREF VIRTUAL | 8
de una renovatio Romae se hubieran manifestado ya con ante- ciudades libres. Aunque después el "mito" mudara de carácter, y
rioridad, de manera notoria eh la época otoniana30; no tanto, de religioso se trocara en puramente humano, queda en pie, en Escritos sobre el
pues, por los antecedentes específicos individualizables crono- cualquier caso, la tendencia a considerar realizado, en determi- Renacimiento
lógica y espacialmente, sino sobre todo por una actitud funda- nado período de la historia pasada, el ideal al cual se aspiraba;
mental del espíritu humano frente a la historia y al proceso his- se mantenía firme la confianza en el "modelo", así como en la Federico Chabod
tórico. La fe en una "renovación" en cualquier campo, desde el posibilidad de aproximarse a él en el presente, modificando nor-
religioso al político y al artístico, efectivamente presupone la mas de vida y de acción, doctrinas e ideas, relanzando, en una
firme convicción de que en un momento bien determinado de la palabra, el pasado más reciente, que los literatos y artistas del
historia humana se hubiese realizado el ideal -religioso, o artísti- Renacimiento consideraban, de modo no muy distinto a como,
co, o político-, se hubiese revelado la Verdad; se toma como antes, los reformadores cistercienses, los patarini, etc., como
modelo lo ya acaecido sólo cuando se está íntimamente conven- desviación y perversión.
cido de que lo acaecido constituye la perfección; absoluta o rela-
tiva al género humano, esto ahora no importa. Nos encontramos De la misma manera como la espera casi mística de los huma-
así ante una actitud típica de la mentalidad religiosa en general31 nistas por el advenimiento de la nueva humanitas descubre la
y, en especial, de la mentalidad cristiana, para la cual la Verdad íntima afinidad espiritual con la espera escatológica del adveni-
se reveló en un momento preciso de la historia, que por tanto miento del reino de Dios 32, así también la fe en el "modelo" re-
encierra en sí, in nuce, toda la historia humana y todas las posi-
bilidades de desarrollo que al hombre -a cada uno y a la masa-
se le ofrecen; ante una actitud que constituye una parte muy no- 30 Las ha puesto muy bien de relieve SCHRAMM, Kaiser, Rom und Renovatio, cit.
table del espíritu medieval, tantas y tantas veces atormentado
por el coqueteo con el "retorno" a la Iglesia primitiva, con la "re- 31 El haber esclarecido este valor típicamente religioso del concepto de reno-
novación" de la pobreza y la pureza evangélicas. Mito que los vatio (renacer, etc.) es el resultado mayor y, a mi juicio, incontrovertible de los
movimientos heréticos, con el radicalismo que les era propio, estudios de BURDACH (cfr. especialmente Renaissance, Reformation", Hu-
manismus, cit,, pp. 25ss.), quien con ello ha dado una orientación verdadera-
habían tratado de imponer contra la Iglesia forjada a lo largo de
mente nueva a las investigaciones sobre el Renacimiento. El diccionario ita-
siglos, y que los movimientos que habían permanecido en el
liano-español de Lucio Ambruzzi (7º ed., Turín, 1973), en la entrada patarino,
ámbito de la ortodoxia se habían limitado a proponer como mo- remite a paterino (otra forma aceptada, con sus respectivos plurales, patarini
delos de vida cristiana, pero que, de una manera u otra, siempre y paterini) y traduce sucintamente como "hereje maniqueo". Por su parte, el
habían constituido un punto central de referencia. Dizionario Garzanti della Lingua Italiana (20º ed., Milán, 1981), que prefiere la
forma patarino, lo define como "cada uno de los miembros de un movimiento
religioso surgido en Milán en el siglo xi para la reforma de las costumbres del
Precisamente en aquella Italia comunal en la que venían madu-
clero, especialmente de los altos dignatarios; más tarde, el término pasó a ser
rando los gérmenes del Renacimiento, precisamente entonces el
sinónimo de hereje" (cursivas del Garzanti). El étimo podría ser (no se da co-
llamado a la Iglesia primitiva y a la renovación de ella mediante mo seguro) la voz milanesa parée (de donde vendría pataria, nombre genéri-
el retorno a la pureza de las costumbres, a la pobreza y a la hu- co del movimiento), que significa chamarilero o ropavejero, "por su carácter
mildad, se lanzaba hacia las multitudes con mayor fuerza e insis- popular", según el mismo diccionario (N. del T.).
tencia que en cualquier otra época anterior: patarini a milaneses,
32 Espera escatológica que, desde luego, siempre se relaciona, en mayor o
arnaldianos o valdeses por un lado, San Francisco de Asís por
menor grado, con la voluntad de retornar al principio, de renovar la Iglesia
otro, habían tendido el ánimo de las masas hacia el mito, y la
primitiva, siendo una y otra los dos momentos, que se complementan recípro-
aspiración de renovación en el campo religioso había sido una camente, de una misma mentalidad. Pero, justamente por ello, es preciso dis-
de las características esenciales que habían acompañado - tinguir muy netamente tal escatologismo genérico del de Gioacchino da Fiore,
¡piénsese en el Milán del siglo xi!- el surgimiento mismo de las muy distinto, porque precisamente carece del mito del "retorno., el mito de UNTREF VIRTUAL | 9
vela la afinidad con la fe en la Verdad revelada; y el volver a en- Renacimiento comienza a desvanecerse en Italia, donde, casi
tregarse al signo, el retornar a los principios, que Maquiavelo desde principios del siglo XVI, empieza una reacción contra "lo Escritos sobre el
propone como precepto esencial para la vida de los Estados33, antiguo " como modelo y norma. El contraste entre ambas men- Renacimiento
es un precepto vivo durante todo el Renacimiento, en los siglos talidades, la que sigue creyendo en la posibilidad de "renovación"
XIV y XV 34. De ello derivaba, entre otras, la lógica consecuen- y, sin embargo, se aferra a la Antigüedad clásica, e incluso a la Federico Chabod
cia de que, durante ese período, no existiera rastro alguno del específicamente romana como si aquél hubiese sido el momen-
concepto de progreso 35 y, en cambio, en la base de las concep-
ciones históricas y políticas quedaran los axiomas de la inmuta-
bilidad de la naturaleza humana a lo largo de los siglos y la reci- "un" momento exacto de la revelación, que, por el contrario, extiende a toda
procidad circular de las cosas humanas, del surgir, florecer y la historia humana y que incluso se consumará tan sólo en el futuro, en la
"corromperse" de éstas, y del "renovarse" merced a la virtud de sexta edad, "los albores de la cual iluminan ya nuestros ojos" (cfr. E. BUO-
un reformador y al retorno a los principios 36. NAIUTI, Giacchino da Fiore, Roma, 1931, pp. 204ss.). Por lo cual quizás con-
venga revisar y matizar también las afirmaciones acerca de la influencia
específica y decisiva del gioachimismo sobre los orígenes del Renacimiento,
Precisamente aquí está el nexo más profundo entre Renaci- cuyo mito del "modelo" no deriva de la mentalidad gioachimita, sino de la men-
miento y Edad Media, entre mentalidad "religiosa" y mentalidad talidad religiosa medieval en general.
"profana", como también está aquí el nexo indisoluble con la Re-
forma. La cual, desde luego, querrá restablecer el reino de Dios 33 Cfr. F. ERCOIX, La política di Machiavelli, cit., pp. 263ss.
y no el reino de la humanitas, y en ese aspecto la separación no
34 Se cree también en el "renacer- de las palabras (cfr. BORINSKI, op. cit.. el
podría ser más neta37; pero el uno y la otra creen en la posibili-
pasaje citado de DANTE, 11 convivio, ahora en el texto de la Società
dad de las renovaciones, uno y otra se ponen un modelo lejano Dantesca, Florencia, 1921, p. 194).
para sacar de él impulso hacia el porvenir, hacia el inminente
novus ordo, con una actitud espiritual fundamentalmente idénti- 35 Cfr. n. (Roer., Teoria e storia della storiografia, Bari, .1917, pp. 216ss.
ca y, en definitiva, emanada de una fuente única, que de nuevo
era la mentalidad medieval. Si en algunas figuras, tanto de Italia 36 La concepción política de Maquiavelo, en su totalidad, expresa con suma
claridad la fe que tenía en la posibilidad de los "retornos" (en esto no compar-
como de fuera (Dante y Miguel Angel, Petrarca y Erasmo), las
to las ideas que -sobre su historicismo- expresa BARON, "Das Erwachen des
aspiraciones a la renovación de la humanitas y a la renovación historischen Denkens im Humanismus des Quattrocento", en Historische
de la christianitas se presentan todavía estrictamente conjunta- Zeitschrifi, CXLVII (1932), p. 8), y hace pensar en las reformas monásticas
das, por principio se dividen para dar vida a dos movimientos dis- medievales basadas en el principio de retornar al origen, a la "regla". Es sin-
tintos y hasta contrastantes; pero la base de todo sigue siendo tomático, por otra parte, que precisamente Maquiavelo, al enunciar su teoría
un modo de pensar y de intuir que tiene raíces comunes, profun- de la "renovación", apele al ejemplo "de nuestra religión, la cual, si no la
hubieran vuelto a sus principios san Francisco y santo Domingo, se habría
dísimas, y que sólo lenta, muy lentamente se irá desvaneciendo.
apagado completamente" (Discorsi sopra la prima Deca di Tito Livio, 111, l).
La misma Ilustración, que comienza la disolución renunciando al
mito del modelo en el pasado, con su concepto de progreso ad 37 Esta contraposición entre Renacimiento y Reforma, como es sabido, la ha
finitum, con su ansia jubilosa de encontrarse en los umbrales, no afirmado vigorosamente TROELTSCH Renaissance und Reformation, ahora
del reino de Dios, sino del de la Razón, se mantiene, ello no incluido en sus Gesammelte Schriften, Tubinga, 1924. Pero, además del men-
obstante, fiel a la mentalidad escatológica, transmitida a lo largo cionado nexo, por lo menos no es seguro que existan correlaciones entre el
sentido de la personalidad humana, muy vívido en ambos movimientos, y en
de dieciséis siglos de historia y destinada a ver llegar su ocaso
el cual, precisamente, se ha hallado muchas veces el carácter común de ellos.
tan sólo con el historicismo del siglo XIX.
Por lo demás, el concepto de Calvino del heroicum ingenium no parece en
absoluto carecer de relación con el concepto del hombre "virtuoso" de) Re-
Sólo que, precisamente mientras esta actitud se vuelve a ratificar nacimiento (cfr. H BARON, Calvins Siaatsanschauung und das konfessionelle UNTREF VIRTUAL | 10

con la Reforma en el campo religioso, en el último período del Zeitalter, Munich-Berlín, 1924, pp. 15-17 y 108ss.).
to perfecto de la historia humana, y la que, en cambio, no quiere eraciones que contemplan el derrumbe de la libertad política de
más "modelos" sino que sencillamente postula el conocimiento los Estados italianos y que, además de una edad apolínea, ven Escritos sobre el
de la realidad actual en sí, que es distinta de las realidades histó- ante sí un "mísero e infeliz siglo" 40; si además, fuera de Italia, la Renacimiento
ricas del pasado y que por ello no puede ser gobernada y dirigi- reacción contra el dogma de la perfección y la superioridad de los
da con el ejemplo de aquéllas, encuentra su máxima expresión, antiguos encuentra alimento también en la reacción del orgullo Federico Chabod
en la época, en el contraste Maquiavelo-Guicciardini; y este últi- nacional contra el Humanismo italiano, sumamente despreciativo
mo, al refutar el valor del "ejemplo" histórico, al afirmar que se de los demás pueblos41, posteriormente se suman unos motivos
engañan quienes a cada paso alegan el ejemplo de los roma-
nos38, representa el fin de la mentalidad, no sólo humanista -en
el sentido estricto del término-, sino también de la mentalidad del 38 Sobre esto, véanse las agudas observaciones de c.TOFFANIN, II Cinque-
Renacimiento. En esto, sobre todo, estriba la gran importancia cenio, Milán 1929, p. 421.
del contraste entre ambas figuras: toda poseída, la una, por el
39 Cfr. ID., Afachiarelli c il "tacitismo", Padua, 1921, pp. 91ss.
espejismo de la antigua Roma, preocupada la otra por mirar sólo
a la realidad presente, sin dirigir la vista atrás, a lo que ha sido y a Los Vocablos italianos Duecento (también se escribe Dugento), Trecento,
no volverá a ser. A los Discorsi sulla prima Deca di Tito Livio los Quattrocento, etc., que literalmente significan doscientos, trescientos, cuatro-
rebaten las Considerazioni sui Discorsi del Machiavelli y los Ri- cientos, etc., es decir, las centenas correspondientes a los siglos posteriores
cordi. Después, durante todo el siglo, se impone en los escritores al xii, son de uso corriente en Italia para designar, por este orden, a los siglos
políticos el paralelo entre Roma y Venecia39, esto es, el paralelo xiii, xiv, xv, etc., hasta el Novecento, que es el actual siglo xx. En Vista de la
amplia difusión -sobre todo en obras de historia del arte- de estas voces itáli-
en el terreno político entre antiguos y modernos, que concluye,
cas en todo el mundo, en la presente traducción se dejarán en la lengua orig-
por cierto, nada en disfavor de estos últimos. inal, pero sólo mientras se refieran a hechos o acontecimientos propios de
Italia (N. del T.)
Era ésta una actitud estrechamente vinculada con una capacidad
creadora mucho menor, con el desvanecimiento de las grandes 40 La expresión es de VARCHI, Storia florentina, I, XVI (Milán, 1845, II, p. 423).
esperanzas y de la voluntad de acción, en una palabra, con la
41 Para esto, cfr. GUILLOT, La querelle des anciens et des modernes en Fran-
enervación del espíritu italiano característica de la época pos-
ce de la Défense et Illustration de la langue française aux Parallèles des an-
maquiavélica. Bastaría para demostrarlo, simplemente, la con-
ciens et des modernes, Paris, 1914. Sin embargo, no es correcto ver sin más
frontación entre Maquiavelo, que se valía del ejemplo de los ro- ni más unos théoriciens du progrès (teóricos del progreso, N. del T.) en estos
manos para renovar continuamente sus entusiasmos y sus sue- modernistas en general, como hace DELVAILLE, Essai sur l' histoire de l'idée
ños de saneamiento de la vida política italiana, y Guicciardini, de progrés, París, 1910, pp. 132ss.; cfr. también HAUSER, La modernicé du
quien, si predicaba )a "discreción" y sonreía ante el valor del XVIe siècle, París, 1930, pp. 53-55. Ello porque totlavia se mantenían firmes
en la idea de la reciprocidad circular de las cosas humanas y, de la identidad
ejemplo, al mismo tiempo renunciaba a los grandes sueños de su
de los hombres a lo largo de los siglos (cfr. por ejemplo BODIN, Methodus ad
conciudadano y se encerraba en su desencantada amargura. El
facilem historiarum cognitionem; Estrasburgo, 1599, p. 433). El concepto bási-
"mito" de los romanos moría porque moría también el mito corre- co de aquellos modernistas era el siguiente: nosotros no Valemos menos, co-
lativo de la renovación, del nuevo siglo de oro; lo cual sería sufi- mo hombres, que los antiguos, no estamos si abatardiz (tan bastardeados, N.
ciente para demostrar, dicho sea de paso, de qué manera el mito del T.) como para que no podamos resistir la comparación. Lo cual tampoco
de la Antigüedad clásica fue la expresión de una poderosa vida es el concepto de progreso. Le Roy parece ser el único que en cierto momen-
íntima en la Italia del Trecento y el Quattrocentoa, y no un peso to llega a él (.riera n'est commencé el aclievé ensemble, mais para succession
de tenips croff et amende, al devient plus poli" ["nada empieza y termina jun-
muerto, no un juguete de una camarilla de eruditos.
tamente, sino que por sucesión de tiempo crece y mejora, o se refina", N. del
T.), en GILLOT, op. cit., p. 568), aunque después no falten, ni siquiera en él.
Pero si, en sus comienzos, ese empalidecimiento de lo antiguo las tradicionales ideas sobre el nacer, crecer y morir de las cosas humanas UNTREF VIRTUAL | 11

se conecta estrechamente con una relajación moral, en las gen- (cfr., por ejemplo, ¡bid., p. 573).
más generales para plantear con mayor decisión, en la era ba- fuera de la "recta razón" y, por ende, revestido de un valor pura-
rroca recién empezada, el paralelo entre antiguos y modernos, mente racional y no ya históricamente determinado y fijo 48. Escritos sobre el
para acabar con el mito anterior. Renacimiento
Se arriba así a la clara afirmación de Giordano Bruno de que los
Se trataba, por un lado, de la admiración por los nuevos inven- verdaderos antiguos son los modernos49, con la cual se tala por Federico Chabod
tos, sobre todo el de la imprenta, y por la práctica de la artillería; su base la mentalidad del modelo y del "retorno" y se abre el ca-
se trataba del influjo que, sobre la forma mentis de los hombres, mino del triunfo definitivo de los modernos, el cual, ello no obs-
empezaban a ejercer las ciencias, en las cuales la remisión a tante, sólo tendrá su sanción definitiva después de la querelle, a
Plinio y demás autoridades empezaba a oponerse, especialmen- finales del siglo XVII, y que conllevará la afirmación del concep-
te en la ciencia no oficial, no catedrática42, a la remisión a la "ex-
periencia", madre del conocimiento43; pero se trataba asimismo 41 Como lo ha puesto de relieve L OLSCHKI, Geschichte der neusprach-
lichen wissenschaftlichen Literatur, I y II, Leipzig, 1919-1922 (el 111 (1927)
de la influencia de un acontecimiento cuyas repercusiones se
está dedicado a Galileo).
han estudiado y discutido mucho en el terreno económico, pero
poco en el campo espiritual, a saber, el descubrimiento de Amé- 43 Es evidente que a la actitud de Leonardo se corresponde, en el terreno de
rica y de las nuevas tierras, que no se vacilaba en calificar de "la las doctrinas morales, la actitud de Guicciardini.
mayor cosa después de la creación del mundo"44. El horizonte
físico, enormemente ampliado, que generaba en los hombres del 44 F.LOPEZ DE GOMARA, "Historia general de las Indias", en Historiadores
primitivos de Indias, 1, Madrid, 1874, p. 156. (Chabod cita esta frase textual-
Cinquecento el orgullo de conocer mucho más de cuanto se co-
mente en castellano. N. del T..).
nociera hasta entonces; "las infinitas maravillas no conocidas por
los antiguos"45, y que también echaban por tierra muchas opi- 45 VARCHI, Lezioni sol Dante e prose varie, 1, Florencia, 1841, p. 145.
niones hasta entonces transmitidas desde la Antigüedad y acogi-
das como palabra del Evangelio, todo ello contribuía en gran me- 46 Nótese, sin embargo, que Vasari, cuando llega a Miguel Angel, proclama
dida a sacudir el dogma de la superioridad de los antiguos y, en la superioridad de los modernos sobre los antiguos y la perfección a que se
ha llegado en su tiempo, también en el dominio del arte (cfr. L VENTURI, II
su lugar, a inculcar la convicción de que, si aquéllos habían sido
gusto dei primitiva, Bolonia, 1927, p. 113).
grandes en el arte, en la literatura o en la filosofía, los modernos,
sin embargo, tenían que reivindicar su superioridad, no menos 47 Para mayores detalles, permítaseme remitir a mi Giovanni Botero, Roma,
efectiva y no menos conspicua 46. 1934, cap. III. (Cfr. el presente Volumen, pp. 301-374 y 375-458. N. del E.).

Tampoco eran sólo los europeos quienes tenían que sostener la 48 En la Edad Media, "bárbaro" se contrapone, generalmente, a "cristiano"
(cfr. la ejemplificación que se hace en el artículo barbari de E. SESTAN, en la
confrontación, en absoluto: se empieza a poner en un pie de
Enciclopedia Italiana), aunque no falte alguna alusión al significado étnico cul-
igualdad las grandes obras públicas romanas y las carreteras que
tural: en el Renacimiento, el último de tales Vocablos recupera su superiori-
construyeron los incas del Perú, el Panteón u otros edificios de dad; en la segunda mitad del siglo XVI, si bien, con mucha frecuencia, lo bár-
Roma y los templos de la India y de la costa del Africa oriental47. baro vuelve a ser lo no cristiano -por la clarísima influencia de la mentalidad
Lo cual lleva también m una transformación lotal de uno de los contrarreformista-, empieza a abrirse paso el concepto, nuevo, de que el bár-
conceptos más característicos del Renacimiento, que en sí había baro es quien se aparta de la "razón", pero no quien se aparta de la Vida co-
recuperado completamente la tradición grecorromana, repudian- rriente (done anidaba el motivo nacionalista), toda vez que, si se aceptare esta
última característica, "el nombre de bárbaros convendría( ...) más a los grie-
do la medieval: el concepto de "bárbaro", asumido en los siglos
gos y a los latinos que al resto de las gentes" (cfr. mi Giovanni Botero, cit.).
XIV y XV para designar a los hombres que vivían al margen de
una cultura muy especifica, la italiana humanista, que ahora en 49 Cfr. c. GENTILE, Giordano Bruno e il pensiero del Rinascimento, cit., pp.
cambio se empleaba para designar solamente a quienes vivían 231ss. UNTREF VIRTUAL | 12
to de progreso: revolución profunda en la mentalidad del Renaci-
miento y también de la Reforma, con la cual colabora también en Escritos sobre el
última instancia, por lo menos en determinada vertiente, la Con- Renacimiento
trarreforma católica, sancionadora del valor de la tradición, vale
decir, de la historia, contra el biblicismo de los reformadores, es Federico Chabod
decir, contra el mito del momento único de la verdad50.

Está claro que esa transformación apenas había comenzado, no


sólo en la primera, sino también en la segunda mitad del siglo
XVI; y se le contraponía el "retorno" a Aristóteles51 típico de la
época; y más tarde, en el Seicento, por lo menos en la literatura,
los "clasicistas" dieron durante bastante tiempo la impresión de
triunfar. Pero eran unos gérmenes vitales para el futuro desarro-
llo del pensamiento europeo aquéllos que se iban elaborando,
precisamente mientras la parte más suculenta del pensamiento
filosófico del Renacimiento -el hombre artífice de su destino-su-
fría su elaboración ulterior, en plena Contrarreforma, con las ideas
de Bruno y Campanella, y mientras las tentativas y los ensayos
fragmentarios anteriores por arrancar sus secretos a la naturaleza
se coordinaban definitivamente en el método de Galileo Galilei.

50 Es indudable, además, que la Contrarreforma, al inmovilizar el dogma y dar


el ajuste definitivo en materia de fe, cerraba por otra vía el paso a la historia,
a la cual se le cerraba el porvenir.

51 Lo cual, para Toffanin, marca el fin del Humanismo (cfr. G.TOFFANIN, La


fine dell'Umánesimo, Turin, 1920). Por lo que se refiere al recurso a Tácito,
sirve sobre todo como garantía y fideicomiso de unas doctrinas políticas ma-
quiavélicas que no quieren reconocerse directamente en su aborrecido autor
(cfr. ut., Machiavelli e il tacitismo, cit.); es, por tanto, esencialmente distinto del
recurso de Tito Livio, característico de los siglos XIV y xv, toda vez que, en
este caso, no funciona va el miro ele lo antiguo, sino que, más bien, lo antiguo
se toma en préstamo solamente para disfrazar lo moderno. UNTREF VIRTUAL | 13