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Cuando tenemos hijos podemos llegar a preguntarnos ¿qué es lo realmente importante enseñar a

nuestros hijos para su formación en la fe? En nuestros días acudimos a una realidad familiar donde
nos encontramos con niños, niñas y adolescentes que no desean saber nada de Dios, vacíos
espiritualmente y llenos del consumismo y ensimismamiento que pueden llegar a producir el
excesivo tiempo con el televisor y los juegos electrónicos. Pues bien, profundicemos en unas
realidades que nos pueden ayudar a comprender y mejorar ¿cómo es el cuento de Dios con
nuestros hijos?. Compartiré con ustedes 7 claves interesantes para disfrutar en familia.

1- Superar los ritos para disfrutar la práctica de la fe. La experiencia de Dios nos debe llevar como
familia a vivenciar los valores cristianos, es decir, llegar a una profunda relación con las obras de
misericordia espirituales y corporales. Esto es, corregir al que se equivoca, enseñar al que no sabe,
perdonar al que nos ofende, dar buen consejo al que lo necesita, sufrir con paciencia los defectos
del prójimo, rogar a Dios por los vivos y los difuntos, consolar al triste. De igual forma, vivir en
familia una fe que se práctica en las obras corporales como son: dar techo a quien no lo tiene,
visitar a los enfermos y a los presos, dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, enterrar a los
muertos. Si quieres profundizar estos aspectos con tus hijos puedes hacerlo leyendo en Mt 25, 31-
46, Tb 4,5-11; Si 17, 22 y Mt 6, 2-4 donde descubrirás como la Palabra de Dios nos ilumina.

No olvidemos que también acudimos a unos tiempos de mucha incertidumbre por la inmensa
información que manejamos, por eso, puedo hablar de fe a mis hijos pero no es suficiente porque
la fe debe estar acompañada de las obras, es decir, de la práctica concreta con personas y
realidades específicas. Podemos ir a misa cada domingo pero esta experiencia religiosa debe estar
acompañada de solidaridad con los más necesitados.

2- La familia es una escuela de perdón. Todos nos equivocamos, a veces hay padres y madres que
no reconocen sus errores ante los hijos y se excusan en su rol asumiendo que NUNCA se
equivocan. No hay nada más formativo que reconocer, pedir perdón, ofrecer disculpas. Bien lo
dice el padre nuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que
nos ofenden”. Nos corresponde enseñar el perdón y eso se hace perdonando las veces que sea
necesario. La familia es un cúmulo de situaciones diarias que exigen la vivencia constante del amor
y el perdón. Vivo el perdón como una muestra de amor.

Yo perdono
Tú perdonas
El perdona
Nosotros perdonamos
Vosotros Perdonáis
Ellos perdonan.

3- Jesús está vivo. Esta realidad es fundamental para nuestros tiempos. A los padres y madres de
familia creyentes nos corresponde testimoniar que Jesús está vivo y nuestra fe lo debe testificar
en todo momento, especialmente, en los situaciones difíciles. Los hijos necesitan ver que tienen
padres que acuden al Dios de la vida para resolver cada impase o situación difícil. Confiamos
nuestras fuerzas en Dios no en las capacidades humanas.

4. La fe en Dios nos lleva a ser personas resilientes. Los hijos necesitan saber que la vida nos lleva
por momentos difíciles y corresponde una formación para enfrentar, superar y aprender de los
problemas. En este aspecto la oración permite un encuentro intimo con Jesús y le permitirá a la
familia un discernimiento especial de la vida cotidiana que representa un esfuerzo permanente
para todos. Comparte con tus hijos 1 Tesalonicenses 5: 16-18; filipenses 4:6-7; 1 Jn 5:14; Rm 12:12.

5. Jesús es el amigo de la naturaleza. Los padres y madres somos el ejemplo a seguir más cercano
que tienen nuestros hijos, por eso, nos corresponde cuidar la naturaleza, el entorno, el medio
ambiente y así somos consecuentes con la creación de Dios para los seres humanos. Cuidar el
planeta pasa por una fe que se expresa en el cuidado y preservación de la vida. Acciones como
ahorrar el agua, no utilizar la luz de manera innecesaria, aprender a reciclar, botar la basura en
lugares adecuados son acciones de responsabilidad familiar con la obra creada por Dios.

6. Vivir la fe en comunidad. Buscar experiencias comunitarias es encontrarme con otros padres y


madres de familia que también viven la fe a través de retiros, eucaristías, grupos de oración,
misiones, congresos, conferencias. Cuando se comparte y se vive la fe con otros, también lleva a
los hijos a compartir y crecer con los demás niños y niñas un encuentro personal con Jesús. Hay
experiencias maravillosas para mis hijos como la infancia misionera, grupos infantiles, participar
en la parroquia, asistir a encuentros y retiros, jornadas de evangelización, entre otros. Conocer a
Jesús desde la infancia es escribirles en el corazón para que sean niños, niñas y adolescentes de
paz.

7. Enseñar a dialogar antes que la violencia. Los padres de familia son llamados a construir hogares
en paz y esto implica regular cada actitud que genere violencia en cualquiera de sus expresiones.
Enseñar a dialogar a los hijos es una herramienta fabulosa que se expresa en una vivencia y
ejercicio con los otros. Nuestra fe nos debe llevar a ser educadores de paz, sembradores de paz y
sobre todo madres y padres de paz. Todo hijo por imitación e identificación repite lo que ve y se
hace necesario en nuestros tiempos la presencia de adultos significativos que hablen no
solamente con el discurso “o la terapia” como dicen los hijos, sino también con el testimonio de
vida, así aprenderán a comportarse de la misma manera. No hay otro camino más educador que el
ejemplo.

Finalmente, quiero recordar un aspecto fundamental y radical: Necesitamos familias evangelizadas


o interesadas por la formación espiritual para poder evangelizar a nuestros hijos. Hoy es un buen
día para renovar este camino hacia Dios. Animo.

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