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El poema de análisis se titula Elogio de la sombra, escrito y publicado por Jorge Luis Borges en la

colección “1969” que lleva el nombre del año en el que fue publicada. En el poema se observa
esencialmente la visión positiva que el yo lírico tiene de la vejez, centrándose en los temas del paso
del tiempo, la memoria y la muerte que aluden a la ceguera que sufría Borges para ese entonces.

La manera en que Borges configura es partiendo el poema en cuatro apartados irregulares. El


primero va desde el verso 1 al 6 donde comienza planteando una idea melancólica sobre la vejez, en
la cual se ve cómo su vida parece ser una vela que está a punto de extinguirse. El segundo apartado
va desde el verso 7 al 13 en el cual el yo poético evoca recuerdos de su infancia en buenos aires,
cuando la llama todavía estaba luminosa. El tercer apartado va desde el verso 14 al 26, donde se
encuentra el pathos al que está sometido el yo lírico, por una ceguera que cambió la manera en que
percibía su mundo exterior e interior. Finalmente, el cuarto apartado va desde el verso 27 hasta el 47
y contiene el reconocimiento y auto-identificación de la voz que ha sido golpeada por el paso del
tiempo hasta concluir con “Pronto sabré quién soy” dónde acepta su destino y comprende el impacto
que tiene la vejez en el estado físico y emocional de una persona.

Elogio de la sombra cuenta con 47 versos libres sin estrofas, lo cual otorga al lector una sensación de
continuidad a lo largo del poema, en vez de estar fragmentado naturalmente. Sin embargo, existen
una serie de encabalgamientos constantes al inicio del poema para otorgar un ritmo desalentador,
que posee oraciones que perduran, y la erradicación de los mismo a partir del tercer apartado ya que
es donde los sentimientos contados toman vibrancia y son expuestos de forma espontánea para
otorgarle dinamismo y energía a la lectura.

Además de esta estructura entre versos, Borges implementa 39 versos de arte mayor y 8 de arte
menor, ya que en ellos configura un texto destinado principalmente a describir lo que para el yo lírico
ha representado la ceguera que le ha traído el paso del tiempo. Por otro lado, los versos cortos son
dispuestos estratégicamente para enfatizar en ciertos sueños que plasman de mejor manera la
esencia del yo lírico. Esto se puede observar, por ejemplo, en el verso 30 donde establece “leyendo y
transformando.” donde platica implícitamente acerca del poder que tiene la literatura, pues expande
los horizontes de los sueños de una persona así mismo como del conocimiento en una sociedad.

Borges, a pesar de no manejar rimas como método predominante de otorgar ritmo al poema, hace
uso de recursos fónicos como la aliteración entre versos combinando palabras con combinaciones de
sonidos poco comunes. Esto se ve por ejemplo entre los versos 7 y 13 que llevan un sentido común
de lo que queda en la memoria del yo lírico el lugar donde se crió, Buenos Aires, y pretende plasmar
en los lectores aquellos recuerdos por medio de aliteraciones principalmente de la rr y ll en distintas
palabras a lo largo del fragmento, tales como “desgarraba”, “arrabales”, “recoleta”, “retiro” y
“borrosas” para el primer caso, o con “llanura”, “calles” y “llamamos” para el segundo caso.

Al hablar del campo semántico del poema, Borges hace uso abundante de sustantivos con pocos
adjetivos, de manera en que la connotación natural de la palabra pueda caracterizarse a sí misma sin
necesidad de complementos alternos. Un ejemplo de esto es la reduplicación que existe en el verso 3
con “El animal ha muerto o casi ha muerto” enfatizando en el trasfondo oscuro y pesado que posee
naturalmente la palabra muerto, y que no necesita ser adjetivada. Adicionalmente, estos sustantivos
poseen un carácter simbólico, tal como se observa en “no hay letras en las páginas de los libros”
donde el campo semántico de letras-páginas-libros colaboran a aludir principalmente al contenido y la
relevancia de la literatura y cómo le preocupa no tener la capacidad visual para seguir en el camino
de conocerla.
La vejez posee naturalmente una connotación negativa, y más cuando ella viene acompañada de
enfermedades. Sin embargo, lo especial del poema es que el yo poético la observa desde una
perspectiva distinta; positiva y tranquila. Él establece este concepto con una paradoja entre los
versos 18 y 19 con “Esta penumbra es lenta y no duele; fluye por un manso declive” donde
contrapone el concepto oscuro de la penumbra con la ausencia de dolor y una degradación pausada
y dócil. Así mismo la enfatiza posteriormente entre los versos 25 y 26 con “Todo esto debería
atemorizarme, pero es una dulzura, un regreso.”

Para perseguir el fin enteramente descriptivo de la reflexión del yo lírico frente al paso el tiempo, hace
uso del asíndeton y la enumeración como acompañante constante en distintos grupos de versos.
Ejemplos como “mujeres, hombres, agonías, resurrecciones” donde Borges emplea la ausencia de
conjunciones para dar viveza y drama a aquellos conceptos sublimes que vienen de su memoria. Lo
mismo sucede con “Del sur, del Este, del Oeste, del Norte” donde desea enfatizar la pluralidad de
caminos que lo han construido como persona a través del tiempo.

Adicionalmente, el yo lírico le otorga cierto carácter universal al poema por medio de alusiones. Ellas
se pueden observar en el verso 40 que enuncia “la firme espada del danés y la luna del persa”
refiriéndose a una espada con la cual coronaban a monarcas británicos, es decir, parecía entregarles
su destino, y la luna que para el persa es el espejo del tiempo, ambos ligados al sentido central del
poema; el paso del tiempo con la vejez. A través de ellas Borges pretende evocar en los lectores
ambos conceptos ceremoniales o culturales para comprender lo que para él significa la vejez,
utilizando ejemplos que imponen una connotación positiva y vehemente.

Al mismo tiempo, le da una faceta intimista al declarar nombres propios estrechamente relacionados
con sus vivencias. Él nombra a Buenos Aires, ciudad en la que Jorge Luis Borges fue criado, y con
ello se involucra personalmente a través del yo lírico en la memoria que trae para él su ciudad de
origen y cómo con la ceguera aquella ciudad vuelve a ser lo que él recuerda inicialmente de ella. Por
otra parte, nombra a Demócrito de Abdera, filósofo que plantea cómo la realidad es manipulada por
lo que se observa de ella más allá de su esencia, y lo enuncia como una metáfora enteramente
explícita de Demócrito arrancándose los ojos para pensar, tal como el paso del tiempo privó al yo
lírico de la vista y le permitió reflexionar más a fondo de su vida.

A partir del análisis realizado, se pudo observar cómo Borges hace uso de recursos fónicos y
bloques temáticos que contienen campos semánticos descriptivos y reflexivos para configurar Elogio
de la sombra como una reflexión de el reconocimiento personal que experimenta el yo lírico al
explorar en su memoria los fantasmas de lo que ha sido su vida hasta la tranquilidad que le ha traído
su ceguera como consecuencia del paso del tiempo y la vejez. Con la lectura del poema analizado, el
lector puede obtener una perspectiva distinta desde la cual evaluar la vejez y la muerte, una versión
positiva y alentadora de lo que ella lleva consigo, y comprender esto puede tener la capacidad de
otorgarle paz a quien la padece.