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FELIZ ANIVERSARIO PADRE MAURO Y JOSÉ ANTONIO

Por: Soriano Linares Díaz

Haciendo mías las palabras de Santa Catalina de Siena quiero compartir con ustedes esta
realidad: “ustedes son ministros del Sol”, ya que son ministros del Cuerpo y de la Sangre
de Cristo, que es una sola cosa con Dios, él es el auténtico Sol. De este altísimo
Ministerio proceden sus tareas y sus deberes como: la administración de los
Sacramentos, la dedicación a la gloria de Dios y la salud de las almas, el alumbramiento
de los fieles por la palabra y el ejemplo, la absolución a los pecadores, la oración para
los creyentes, la caridad hacia los pobres.
Así que por su ministerio encomendado ejercen en la medida de su autoridad, el oficio
de Cristo, Pastor y Cabeza, reúnen a la familia de Dios como una fraternidad, animada
con Espíritu de unidad, y la conducen a Dios Padre por medio del Hijo en el Espíritu.
En medio del redil le adoran en Espíritu y verdad. Se afanan en la palabra y enseñanza,
creyendo aquello que leen cuando meditan la ley del Señor, enseñando aquello que
creen, pero lo más importante es que vivan lo que enseñan, estas palabras ustedes las
escucharon, hace 25 años, el día de su ordenación, en el momento en el que el Obispo
les hizo entrega del cáliz.
Hoy celebran sus bodas de plata. Sus trabajos, sus labores, son un caso extraordinario.
Llegan a sus veinticinco años manteniéndose en firmes en la fe, gracias a la gracia de
Dios, de modo que pase lo que pase, manténganse en su ser sacerdotal y así en cada
situación su amor y su fe renacerá. Ya hace veinticinco años que celebraron su primera
misa, seguramente que fue un ambiente de mucha alegría, conserven esta alegría porque
a sus fieles les complace su tierna y dulce sonrisa que es como un soplo de brisa, que les
refresca y alienta.
Viven en medio del mundo sin ambicionar sus placeres Son miembros de cada familia,
pero no pertenecen a ninguna; comparten todos los sufrimientos, penetran todos los
secretos, perdonan todas las ofensas, van del hombre a Dios y ofrecen a él sus oraciones,
regresando de Dios a los hombres para traer perdón y esperanza tienen un corazón de
fuego para la caridad, y un corazón de bronce para la castidad; enseñando y perdonando,
consolando y bendiciendo siempre. Dios mío, qué vida son las suyas, oh! sacerdotes de
Jesucristo.
No dudo que en algún momento tengan dificultades, problemas y cuando las cosas se
ponen difíciles, vuelvan a la alegría del primer encuentro, la alegría del primer Amor.
Recuerden que el centro es uno solo: Jesucristo. Al cual ustedes dedican su vida. Que
sus presencias hagan reverdecer el desierto de nuestras soledades y brillar el sol en
nuestras tinieblas, hagan que colme la calma después de las tempestades, para que todos
los hombres vean en ustedes la salvación del Señor, que tienen el nombre y rostro de
Jesús, reflejo se sus corazones unidos para siempre al amado.
Finalmente, mientras estén vivos, no dejen que se oxide el hierro que hay en ustedes.
Además, siempre tengan presente que, la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los
días se convierten en años. Cuando por los años no puedan correr, troten. Cuando no
puedan trotar, caminen. Cuando no puedan caminar, usen el bastón. Pero, NUNCA SE
DETENGAN!!!