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OBJETIVOS

 Definir el objeto de estudio de la Psicología de la Educación, su relevancia y sus


características diferenciales.
 Conocer la evolución histórica de la disciplina Psicología de la Educación.
 Desarrollar una visión crítica de la Psicología de la Educación.
 Concienciarse de la importancia de la figura del profesor en el proceso de enseñanza-
aprendizaje.
 Conocer las características del profesor eficaz.

1. ¿POR QUÉ PSICOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN? RELACIÓN ENTRE PSICOLOGÍA Y


EDUCACIÓN

Una de las cuestiones que suscitan mayor debate y que más cardinales resultan para
el hombre y las sociedades actuales es la educación. Esto justifica holgadamente el hecho de
que pueda y deba ser estudiada desde distintas perspectivas; una de ellas es la de la
psicología.

En todas las sociedades emergen organizaciones o estructuras que inician a los niños
en la educación y la transmisión de su cultura. En un principio, el primer agente socializador
y educativo es la familia, dando paso después a la educación formal en todos sus niveles y a
la educación permanente más tarde. Como señala Mialaret (2006), la incorporación del niño
a un centro educativo es un acontecimiento vital substancial, pues deja la seguridad de su
familia y se adentra en otro ambiente distinto y desconocido que le empuja a entablar
nuevas relaciones con “iguales”, a someterse a nuevas formas de comportamiento y
reglamentos, etc. Esto es, la escuela para el alumno supone un cambio en las condiciones de
su existencia que no va a ocurrir sin que repercuta en su desarrollo físico, psicológico,
cognitivo, afectivo y de personalidad. “El estudio de todos los procesos psicológicos puestos
en práctica constituye un capítulo importante de la Psicología de la Educación” (p. 18).

El hecho de que todos los alumnos alcancen las metas propuestas por el docente y/o
que consigan aprender con eficacia no sólo depende, como bien supondrá el lector, de sus
capacidades intelectuales. Son otras muchas las variables que entran en juego y que el
profesor debe conocer y tener en consideración si quiere que sus alumnos “progresen
adecuadamente” en sus aprendizajes escolares.

Estas variables van a estar directamente relacionadas con el sujeto que aprende (su
inteligencia, motivación, autoconcepto y/o autoestima, estilo cognitivo o de aprendizaje,

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expectativas, intereses, etc.), con los contenidos que aprende (lo que conoce de ellos con
anterioridad, su estructuración, si cuenta con organizadores y esquemas, etc.,), y con cómo
los aprende (cuestiones metodológicas y contextuales). Sobre algunas de estas cuestiones
será sobre las que se profundice en esta asignatura.

La Psicología de la Educación se fundamenta en la convicción de que los


conocimientos generados desde el ámbito de la psicología, correctamente trasladados y
aplicados al ámbito educativo, son capaces de mejorar y optimizar el proceso de enseñanza-
aprendizaje. Esta disciplina estudia y analiza el aprendizaje que se adquiere mediante la
enseñanza formal, aclarando cuáles son los procesos cognitivos, afectivos y sociales que en
él intervienen, y qué puede aportar ese conocimiento a la planificación y desarrollo por parte
del educador de una enseñanza más eficaz y adaptada a la edad y características de los
discentes (Trianes y Gallardo, 2004).

Por tanto, ante el interrogante de si Psicología y Educación poseen algún tipo de


relación, la respuesta es: rotundamente SÍ. ¿Deben, por tanto, ser incluidos en la formación
de los educadores los conocimientos provenientes de la psicología? “Los conocimientos
psicológicos sobre el desarrollo, el aprendizaje y las conductas para una enseñanza eficaz
son esenciales para una buena formación docente” (Méndez, 2011, p. 55).

El lector, como futuro docente, debe poseer conocimientos básicos sobre las
distintas variables y procesos de naturaleza psicológica que van influir en el desarrollo del
proceso de enseñanza-aprendizaje de sus alumnos y en toda situación educativa, en sus
resultados escolares y en su desarrollo global. Así, se deben tener en cuenta:

a) Qué variables resultan importantes, qué el papel que juegan y cómo se articulan con
el resto de variables que no son de naturaleza psicológica.
b) Qué procedimiento es más adecuado para la comprensión y explicación de la
situación educativa en su conjunto.
c) Formular propuestas concretas con el fin de intervenir sobre la situación de
enseñanza- aprendizaje, modificarla u orientarla en una dirección determinada.

Es por todo lo anterior que Coll (2001) defiende que dentro del carácter
multidisciplinar de la formación del profesorado, el conocimiento que aporta la Psicología de
la Educación es fundamental para comprender y analizar los procesos de cambio del alumno
y especialmente los procesos que se producen en la situación educativa. El docente “no sólo
debe tener un dominio de las disciplinas curriculares, sino que tiene que aprender cómo
intervenir en las situaciones de enseñanza-aprendizaje, y conocer los principios que

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subyacen a los diferentes métodos y técnicas con el fin de que la práctica no sea un
instrumento sin fundamento” (p. 48).

2. CONCEPTO Y OBJETO DE ESTUDIO DE PSICOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

De acuerdo con los argumentos expuestos hasta aquí, y como podrá intuir el lector,
no es tarea sencilla precisar qué se entiende por Psicología de la Educación.

Esta disciplina se ha ido configurando paulatinamente como resultado del esfuerzo


de psicólogos y pedagogos por aplicar las teorías y métodos de la psicología científica a las
prácticas educativas con el fin de mejorar su planificación y desarrollo.

El núcleo central de esta disciplina, tal y como lo describe Coll (2001) es:
“el estudio de los cambios comportamentales (incluyendo los procesos
psicológicos subyacentes) que se producen en las personas como
consecuencia de su participación en actividades educativas, de su naturaleza y
características, de los factores que las facilitan, los dificultan y los obstaculizan,
y de las consecuencias que tienen para el desarrollo y la socialización de los
seres humanos” (p. 60).

En la línea de lo que señala este autor, la Psicología de la Educación es una disciplina


psicológica dado que su foco de estudio son los procesos psicológicos. Pero también es una
disciplina educativa en tanto que esos procesos son inherentes a las situaciones educativas
en las que tienen lugar, de manera que hay que atender a las características de éstas
ineludiblemente. De las luchas entre disciplinas y autores por hacer de la Psicología de la
Educación una disciplina básica e independiente o, por el contrario, aplicada y subordinada
nos ocuparemos en el siguiente apartado.

En resumen, se puede definir la Psicología de la Educación como aquella disciplina


que se dedica al estudio de los procesos de cambio comportamental que se producen en las
personas como consecuencia de su participación en actividades educativas, así como de las
variables que influyen en dichos procesos. Por tanto, estudia al sujeto que aprende, estudia
el proceso mismo de aprendizaje y estudia las estrategias instruccionales mediante las que
se lleva a cabo dicho proceso.

¿Cuál es, entonces, el foco central de la Psicología de la Educación? La respuesta es


sencilla: el proceso de enseñanza-aprendizaje. De modo que estudia todos aquellos aspectos
del proceso que afectan a la adquisición del aprendizaje y busca y determina las formas más
adecuadas para organizarlo.

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Se identifican entonces dos grandes bloques de contenidos abordados desde la
Psicología de la Educación y que configuran la estructuración de esta asignatura: los relativos
a los procesos de cambio comportamental como consecuencia de su participación en
actividades educativas (esto es, al aprendizaje), y los relativos a las variables y factores que se
relacionan directa o indirectamente con dichos procesos.

El primer bloque de la disciplina (y de la asignatura) se centrará en las teorías y


modelos que explican los procesos de aprendizaje y que conforman uno de los elementos
centrales de la Psicología de la Educación: conductismo, cognitivismo y constructivismo.

El segundo bloque de contenidos de la disciplina es el que aborda el estudio de los


factores, variables o dimensiones que guardan relación con ese proceso de aprendizaje.
Estas variables pueden ser inherentes al sujeto que aprende (intrapersonales o internas),
como su nivel de desarrollo, su capacidad intelectual, conocimientos previos, características
afectivas y de personalidad como motivación, autoconcepto, estilo cognitivo, etc. También
puede tratarse de variables externas propias de la situación de enseñanza-aprendizaje como
las características del profesor, las relaciones e interacciones personales en el aula, la
organización y presentación de los contenidos, etc.

En su afán de elaborar una teoría educativa con base científica y de conformar, sobre
todo, una práctica aplicada coherente con ésta, la Psicología de la Educación articula sus
contenidos en torno a estas finalidades, y tal y como enumera Coll (2001, p. 56-60) se pueden
distinguir tres dimensiones:

1. Una dimensión TEÓRICA o EXPLICATIVA, mediante la cual la Psicología de la


Educación pretende elaborar una teoría que permita explicar y comprender mejor los
procesos educativos. Se trata de conocimientos conceptualmente organizados
(leyes, principios, modelos, teorías…) sobre los componentes psicológicos de los
procesos educativos, para comprender y explicar mejor sus características, desarrollo
y consecuencias.
2. Una dimensión TECNOLÓGICA o PROYECTIVA, que persigue contribuir al diseño de
situaciones educativas capaces de estimular determinados procesos y tipos de
cambios en quienes participan en ellas. Se trata de conocimientos de naturaleza
esencialmente procedimental sobre la planificación y diseño de procesos educativos
o de algunos aspectos de los mismos –actividades de enseñanza y aprendizaje,
procedimientos de evaluación, selección de materiales didácticos, etc.-, que tienen
su origen en el análisis de los componentes psicológicos presentes en ellos.

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3. Una dimensión PRÁCTICA o TÉCNICA, orientada a la intervención y la resolución de
problemas concretos surgidos en el desarrollo de actividades educativas. Se trata de
conocimientos de naturaleza esencialmente técnica e instrumental, orientados a la
intervención directa en el desarrollo de los procesos educativos, ya sea desde la
perspectiva del desempeño de la función docente, ya sea desde la perspectiva de la
intervención psicopedagógica.

3. BREVE RECORRIDO POR LA EVOLUCIÓN DE LA DISCIPLINA

Una vez subrayada la relación existente entre la psicología y la educación, otra


cuestión distinta y que ha suscitado el debate entre la comunidad científica, como veníamos
anunciando, es el tipo de relación que las une. Existen aún disconformidades entre los
psicólogos de la educación respecto a cómo utilizar y aplicar el conocimiento psicológico al
ámbito educativo. Para ilustrar la controversia de esta complicada relación nos vamos a servir
de la propuesta de Mayer (2002), que se pregunta cuál es la relación adecuada entre
psicología y educación y cómo afecta el punto de vista del psicólogo del aprendizaje al
acercamiento del educador al proceso de instrucción.

El autor señala, resumidamente, que la psicología estudia cómo las personas


aprenden y se desarrollan mientras que la educación supone ayudarles a aprender y
desarrollarse. Y pregunta al lector: “¿Cómo piensa que debería ser la relación entre la
psicología y la educación?” (p. 8). Y ofrece tres respuestas alternativas a dicha cuestión:

- Los psicólogos deberían llevar a cabo investigaciones de laboratorio sobre


aprendizaje y desarrollo y explicar las teorías resultantes a los educadores. Los
educadores deberían aplicar estas investigaciones científicas en sus métodos de
enseñanza.
- Los psicólogos deberían llevar a cabo investigaciones de laboratorio sobre
aprendizaje y desarrollo sin preocuparse de los educadores. Los educadores deberían
desarrollar métodos de instrucción que satisfagan las necesidades prácticas de sus
alumnos sin examinar teorías psicológicas irrelevantes.
- Los psicólogos deberían estudiar cómo la gente aprende y evoluciona en situaciones
educativas reales, basando sus investigaciones en los retos planteados por los
educadores. Los profesores deberían basar sus decisiones instruccionales en las
teorías psicológicas de cómo aprenden y se desarrollan los alumnos.

Como bien ilustra el autor (tabla 1), si se escoge la primera opción se estaría optando
por un camino de un solo sentido en el que los conocimientos surgidos de la investigación

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psicológica se aplican a la educación. Si se escoge la segunda opción se estaría decidiendo
por una calle sin salida en la que la psicología y la educación no encuentran un punto de
unión. Si se escoge la tercera respuesta se estaría seleccionando un camino de doble sentido
que va desde la psicología a la educación y, viceversa, desde la educación a la psicología, en
el que ambas se nutren la una de la otra.

Tabla 1. Los tres caminos de la Psicología y la Educación (extraído de Mayer, 2002)

Tono
Fase Dirección Periodo Relación psicología y educación
emocional
La psicología es aplicada la educación; la
Calle de un Principios de Optimismo
1 educación es destinataria de la
sentido siglo XX ingenuo
psicología.
Calle sin Mediados La psicología ignora a la educación; la
2 Pesimismo
salida de siglo XX educación ignora a la psicología.
Calle de La educación da forma a la investigación
Finales del Optimismo
3 doble psicológica; la psicología da forma a la
siglo XX cauto
sentido práctica educativa.

Estas tres concepciones se corresponden con las fases por las que la historia de la
disciplina Psicología de la Educación ha pasado en el último siglo. Para realizar este breve
recorrido nos basaremos en los trabajos de Coll (2001), Sampascual (2009) y Mayer (2002).

Como ha señalado Coll (2001), la presunción de que el conocimiento psicológico


contribuye a optimizar la práctica educativa ha sido aceptada desde siempre, pero hay que
esperar a principios del siglo XX para que, de una forma sistemática, comience a
fundamentarse la práctica educativa en el estudio científico del comportamiento y de la
actividad humana.

Desde comienzos del siglo XX hay autores que entienden la Psicología de la


Educación como disciplina aplicada; una rama de la psicología que únicamente extrae de la
Psicología General los principios y explicaciones más relevantes para aplicarlos a la
educación y la enseñanza, aquellos conocimientos que son más pertinentes para la
comprensión del fenómenos educativo. Una de las figuras más representativas de esta
posición fue Thorndike (1906, 1913) para quien la Psicología de la Educación consistía
simplemente en aplicar la psicología a la educación. Desde esta posición no se la considera
como una disciplina científica ya que no tiene un objeto de estudio propio ni la intención de
producir nuevos conocimientos; su cometido es la mera aplicación de conocimientos ya

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existente producidos por otras áreas de la investigación psicológica. Este planteamiento
dominó hasta finales de los años cincuenta.

A mediados de siglo educadores y psicólogos se volvieron pesimistas sobre la


capacidad de la Psicología de la Educación como ciencia que guiara la educación (“calle sin
salida”; independencia). Los psicólogos investigaban con animales en laboratorios, o con
humanos pero con tareas como memorizar listas de sílabas, con poco sentido en cuanto a
que son muy ajenas al mundo de la educación. Los educadores, por su parte se centraron en
tareas más prácticas y metodológicas.

Desde finales de los años sesenta y principios de los setenta y, sobre todo, en el
transcurso de las tres últimas décadas, han surgido planteamientos diferentes en los que se
le da a la Psicología de la Educación una relevancia mucho mayor.

Por un lado hubo quienes quisieron (y aún pretenden) considerar a la Psicología de la


Educación como una psicología que se construye desde las propias situaciones educativas,
que se configura como una disciplina específica (y no aplicada) e independiente, con unos
objetivos, contenidos y programas de investigación propios; “unas teorías y problemas
propios, y una investigación básica orientada a dar respuesta a los interrogantes e hipótesis
principales acerca de la esencia del aprendizaje y la enseñanza dentro del aula” (Sampascual,
2009, p. 51). Bruner (1966), autor que aportó el concepto de “aprendizaje por
descubrimiento” que estudiaremos más adelante, fue uno de los que reclamaron su
independencia de otras áreas. Este enfoque no ha obtenido éxito ni ha sido reconocido por
la comunidad científica.

Por otro lado, surge el planteamiento de considerar a la Psicología de la Educación


como una disciplina puente entre la psicología y la educación, cuyas relaciones ya no se
consideran unidireccionales (“calle de doble sentido”). Según esta concepción, el
conocimiento psicológico puede contribuir a mejorar la comprensión de los fenómenos
educativos a la vez que el estudio de éstos contribuye a ampliar el conocimiento psicológico.
Los fenómenos educativos pasan a ser “un ámbito de actividad humana susceptible de ser
estudiado con los instrumentos conceptuales y metodológicos propios de la psicología”
(Coll, 2001, p. 50). Ausubel (1969, 1978), otro de los autores fundamentales que estudiaremos
más adelante y que aportó el concepto de “aprendizaje significativo”, adopta este punto de
vista; y se opone a considerar la Psicología de la Educación como una simple amalgama de
conocimientos de otras áreas. Este es, como afirma Sampascual, el punto de vista más
coherente y que se está generalizando en la actualidad.

Así, también en palabras de Coll (2001), la Psicología de la Educación:

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“se enriquece con las leyes, principios, explicaciones, métodos, conceptos y
resultados empíricos que tienen su origen en la investigación psicológica
básica, pero a su vez contribuye al mismo tiempo a enriquecer esta última con
sus aportaciones sobre los fenómenos educativos y, más concretamente, con
sus explicaciones sobre el comportamiento humano en situaciones
educativas” (p. 55).

Por tanto, las relaciones de la Psicología de la Educación con el resto de ámbitos de


estudio de la psicología son esencialmente bidireccionales e interdependientes.

4. LA EFICACIA DEL PROFESOR

Probablemente en contra de lo que el lector inicialmente haya podido prever que


contendría este apartado, la eficacia del profesor no se limita a una lista de quehaceres en el
aula y buenas prácticas docentes para la mejora del rendimiento de los alumnos. El hecho de
que un profesor trabaje de modo eficaz no va a repercutir únicamente en los resultados de
éstos, los alumnos, sino también en él mismo, en la percepción de su valía como profesional
y en la pasión que continúen sintiendo por la profesión con el paso de los años.

El filósofo español Emilio Lledó dijo en una ocasión que «enseñar es una forma de
ganarse la vida pero, sobre todo, es una forma de ganar la vida de los otros». El ejercicio
profesional docente es una de las tareas más reconfortantes y gratificantes que existen; es un
trabajo que reporta múltiples satisfacciones pero, a su vez, es un trabajo que requiere de un
esfuerzo y un compromiso de enormes proporciones. Que los alumnos obtengan buenos
resultados, observar sus avances o su entusiasmo por aprender, obedece a una importante
inversión de tiempo y trabajo por parte del docente que en muchas ocasiones empleará
(sacrificará) horas libres y fines de semana en tareas de planificación o de evaluación. Para
superar estas dificultades (y el resto de obstáculos con que podrá encontrarse de muy
diversa índole) es imprescindible que el docente no permita que menoscaben su motivación
y que su actitud hacia los estudiantes continúe siendo positiva y entusiasta.

Ser un profesor eficaz requiere, por tanto, compromiso y motivación. En palabras de


Santrock (2012): “cuanto mejor enseñemos, más satisfacciones nos reportará nuestro trabajo.
Cuanto más respeto y éxito logremos a ojos de nuestros estudiantes, mejor nos sentiremos
sobre nuestro compromiso con la enseñanza” (p. 12).

Pero, además, el alumno debe saber que la labor del docente no se limita
únicamente a la transmisión de conocimientos sino que sus funciones van mucho más allá. El

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docente deberá ser un facilitador del aprendizaje, un experto en instrucción, un referente
motivador, un buen planificador y organizador, un líder, un orientador y, lo más difícil, un
modelo para sus alumnos.

Para alcanzar estas metas será necesario poseer (o aprender) y poner en


funcionamiento una serie de cualidades personales y profesionales que vienen siendo
estudiadas desde hace más de cincuenta años y que han sido abordadas desde múltiples
aproximaciones teóricas y metodológicas. Esta investigación sobre la efectividad del
desempeño docente y la experiencia de los profesionales demuestra que algunos de los
factores que más destacablemente influyen en le desarrollo académico de los alumnos son
los relacionados con los procesos que se llevan a cabo dentro del aula. Elementos como los
comportamientos o actitudes del docente, las prácticas pedagógicas que se lleven a cabo y
los estilos de enseñanza, la gestión del grupo y su control, el conocimiento de la materia y su
planificación, etc., incidirán en los resultados de los estudiantes.

Como recoge el autor mencionado, serán profesores eficaces aquellos que dominen
su materia y posean sólidas habilidades de enseñanza. En este sentido, deberán conocer y
hacer uso de estrategias educativas excelentes que incluyan la definición de objetivos, la
planificación de la enseñanza y el control del aula y la retroalimentación. Así mismo, deberán
saber motivar, comunicarse y trabajar eficazmente con estudiantes con diversas capacidades
y características.

De este modo, compilando las aportaciones y revisiones de distintos autores, se


listan a continuación las cualidades, habilidades, metodologías y comportamientos tanto
personales como profesionales que harán del docente un profesional eficaz y de su docencia
una labor de calidad.

Un buen profesor será el que:

 Domina su materia y entiende lo que explica, adaptándolo al nivel de los alumnos (la
cuestión del conocimiento de la materia se vuelve más relevante conforme se asciende
de nivel educativo).
 Estructura el material que enseña: sabe identificar los conceptos principales,
organizarlos y secuenciarlos de manera relacional, y presentarlos ordenadamente.
 No improvisa. Programa/planifica cuidadosamente la instrucción: establece objetivos y
organiza planes para alcanzarlos.
 Hace uso de organizadores previos e inclusores que favorecen el aprendizaje
significativo conectando los nuevos contenidos con los conocimientos previos de los
alumnos.

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 Organiza y gestiona adecuadamente el espacio del aula y los tiempos.
 Programa el trabajo personal de los alumnos en clase y en casa y controla los deberes.
 Es flexible y adaptable en cuanto a esta planificación.
 Comunica a sus alumnos lo que espera que aprendan, lo que tienen que hacer y cómo
lo tienen que hacer.
 Repite y revisa los conceptos e ideas clave.
 Realiza una evaluación continua del aprendizaje de sus alumnos, brindándoles
retroalimentación sobre su desempeño.
 Se asegura de que los alumnos progresan en su comprensión de los contenidos y que
no experimentan niveles altos de frustración.
 Formula muchas preguntas, verificando repetida y continuamente la comprensión de
los alumnos.
 Hace preguntas susceptibles de ser contestadas por la mayoría de alumnos.
 Proporciona a los alumnos incidíos o claves de respuesta y tiempo suficiente para
responder.
 También deja tiempo para que los alumnos asimilen la nueva información.
 Hace uso de reforzadores positivos, sobre todo de tipo social, tanto verbales como no
verbales.
 Supervisa directamente el trabajo de sus alumnos la mayor parte del tiempo, evitando
que trabajen sin ayuda o simplemente no trabajen.
 Es claro y comunicativamente diestro, tanto a la hora de exponer los contenidos como a
la de plantear preguntas.
 Posee habilidades de comunicación (no sólo a nivel de expresión oral) tanto para la
enseñanza como para el trato con alumnos, padres y resto de profesionales
(asertividad).
 Proyecta la voz, la modula y realiza inflexiones, su dicción en clara y maneja
adecuadamente el contacto ocular con los alumnos.
 Está comprometido con la escuela y sus estudiantes.
 Muestra cordialidad hacia sus alumnos y les brinda comprensión empática y apoyo
emocional.
 Es expresivamente dinámico o carismático, muestra entusiasmo y buen sentido del
humor (los profesores expresivos reciben calificaciones más positivas de sus alumnos
que los que no lo son, independientemente de la materia que imparta).
 Crea un clima positivo en el aula y fomenta la cohesión entre los alumnos.

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 Practica una educación inclusiva y anima a los alumnos a relacionarse positivamente
con estudiantes diversos.
 Conduce la clase con eficacia y previene problemas de conducta.
 Es objetivo y capaz de observar desde una posición distanciada o neutral lo que ocurre
en el proceso instruccional en el aula.
 Procura que todos los alumnos participen.
 Mantiene expectativas altas sobre el rendimiento de todos sus alumnos, se lo comunica
adecuadamente y los anima a esforzarse.
 Ayuda a construir un autoconcepto positivo en sus alumnos.
 Motiva a sus alumnos hacia la consecución de logros.
 Posee buenas estrategias para ayudar a los estudiantes a auto-motivarse y ser
responsables de su aprendizaje.
 Ofrece la oportunidad de pensar creativamente.
 Atiende a las distintas inteligencias y potencia los talentos individuales.
 Adapta su instrucción a las necesidades educativas especiales de los alumnos.
 Posee una buena comprensión del desarrollo cognitivo infantil y gracias a ella
promueve el desarrollo de habilidades de pensamiento.
 Conoce y maneja diversas metodologías de enseñanza, desarrollando en el aula
actividades variadas, participativas y activas.
 Favorece actividades de aprendizaje cooperativo.
 Utiliza una amplia variedad de recursos didácticos, incluyendo el manejo de nuevas
tecnologías.
 Continúa formándose y aprendiendo durante toda la vida.

En consonancia con el último de los ítems de la lista, el docente deberá reflexionar


sobre todos estos aspectos a lo largo de su carrera profesional, tanto en sus inicios como
posteriormente, siempre en la búsqueda de la mejora y la excelencia.

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ACTIVIDADES DE AMPLIACIÓN

A. Contesta a las siguientes preguntas dando tu opinión personal:


〉 ¿Cuáles son para ti las cualidades más importantes en un docente (de Educación
Infantil o Primaria según sea tu caso)?
〉 ¿Cómo crees que puede la Psicología de la Educación ayudar a los docentes a ser
mejores?

B. Suele decirse coloquialmente que los profesores tienen que 'tener psicología'.
I. Contesta a las siguientes preguntas dando tu opinión personal:
〉 ¿Quiere esto decir que tienen que ser también psicólogos para los niños?
〉 ¿Crees que un profesor puede ejercer funciones de psicólogo en ocasiones?

II. Ahora contesta a las siguientes preguntas buscando la información que no


conozcas. Oficial y legalmente hablando:
〉 ¿Hay psicólogos en los centros educativos de educación infantil y primaria?
〉 ¿Qué debe hacer un profesor si cree necesitar la opinión de un especialista o si
cree que algún alumno requiere de la intervención (evaluación y/o tratamiento)
de uno?

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