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Crisis en el proceso Identificatorio.

 Hay una crisis en la sociedad contemporánea que produce una crisis del proceso identificatorio.

 Podemos elucidar y explicar la crisis de identificación en referencia al debilitamiento del proceso


identificatorio en sus diversas entidades socialmente instituidas, como el hábitat, la familia, el lugar
de trabajo, etc., ya que en nuestra cultura, el proceso identificatorio (entendido como la creación de
un “sí mismo” individual-social) pasaba por esos lugares que hoy están en crisis.
 Pero, adicionalmente, no existe hoy ninguna totalidad de significaciones imaginarias sociales,
o no emerge ninguna que pueda hacerse cargo de esta crisis de los apuntalamientos particulares.
 No es de Valores (Muy vago)
 Habla de la crisis de las significaciones imaginarias sociales, es decir de la crisis de las
significaciones que mantienen a la sociedad unida, dejando a la vista como esta crisis se
traduce en el nivel del proceso identificatorio. El papel de las significaciones imaginarias sociales
es triple:
1) Estructuran las representaciones del mundo en general.
2) Designan las finalidades de la acción, imponen lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, lo
que es bueno y lo que no.
3) Establecen los tipos de afectos característicos de una sociedad. (Un afecto característico de la
sociedad capitalista -señalado por Marx- es la inquietud perpetua, el cambio constante, la sed de lo
nuevo por lo nuevo).

La instauración de estas tres dimensiones (representaciones, finalidades, afectos) se da conjuntamente con


su concretización llevada a cabo por todo tipo de instituciones mediadoras, que instituyen un tipo
antropológico específico (un tipo de individuo particular). Y, al mismo tiempo, se establece un enjambre de
roles sociales.

Pero entre las significaciones instituidas por cada sociedad, la más importante es la que concierne a
ella misma.

Todas las sociedades tuvieron una representación de sí como algo:

 somos el pueblo elegido


 somos los griegos en oposición a los bárbaros
 somos los hijos de los padres fundadores
 somos los súbditos del rey de Inglaterra.

Indisociablemente ligado a esta representación existe un pretenderse como sociedad, y un amarse como
sociedad; es decir, una investidura tanto de la colectividad concreta como de las leyes por medio de las cuales
esta colectividad es lo que es.
Aquí hay un correspondiente externo (social) de una identificación de cada individuo que -también- siempre
es una identificación a un “nosotros”, a una colectividad.

Pero la colectividad no es eterna sino en la medida en que el sentido (las significaciones que ella instituye) son
investidos como eternos por los miembros de la sociedad.

Y creo que nuestro problema de crisis de los procesos identificatorios, hoy puede y debe ser abordado
también desde esta perspectiva.

¿Dónde es el sentido vivido como eterno por los hombres y mujeres contemporáneos?

R= Mi respuesta es que ese sentido, socialmente, no está en ninguna parte.

Sentido que concierne a la autorrepresentación de la sociedad; sentido participable por los individuos;
sentido que les permite acuñar por su propia cuenta un sentido del mundo, un sentido de la vida, y, finalmente,
un sentido de su muerte.

Las sociedades modernas se formaron tal como son y se instituyeron por medio del surgimiento de dos
significaciones centrales:

a) La de la expansión ilimitada de un supuesto dominio pretendidamente racional sobre todo


b) La de la autonomía individual y social (la búsqueda de formas de libertad).

Estas dos significaciones son antinómicas: una conduce a las fábricas Ford en Detroit en 1920 (microsociedades
cerradamente micrototalitarias), y la otra a la idea de una democracia participativa (que no puede encerrarse
en la esfera política y detenerse ante las puertas de las empresas).

A cada una de estas dos significaciones corresponde -grosso modo- un tipo antropológico de individuo diferente.

A la significación de la expansión ilimitada del “dominio racional”, podemos hacerle corresponder -por ejemplo-
el empresario schumpeteriano, quien -para ser tal- necesita obreros y, a la vez, consumidores. Entonces, hay
necesariamente un tipo antropológico complementario de este empresario, para que esta significación pueda
funcionar: el obrero disciplinado y totalmente cosificado. A la otra significación (la autonomía) le
corresponde el individuo crítico, reflexivo, democrático.

El siglo XX nos deja como legado el eclipse de la autonomía y un desvanecimiento del conflicto social, sobre
todo en las sociedades ricas donde los conflictos que observamos son esencialmente corporativistas y
sectoriales.

Vivimos en una sociedad de lobbies y hobbies. La única significación realmente presente y dominante es la
significación capitalista, la expansión indefinida del “dominio”, la que al mismo tiempo se halla vaciada
de todo el contenido que podía otorgarle su vitalidad en el pasado y que permitía a los procesos de
identificación realizarse medianamente bien. Una parte esencial de esa significación era la “mitología del
progreso”, que daba un sentido tanto a la historia como a las aspiraciones referentes al futuro.
Esta mitología cae en ruina porque: ¿Cuál es hoy la traducción subjetiva para los individuos de esta significación
y esta realidad que es la “expansión del dominio”?

Para la aplastante mayoría de la gente no es más que el crecimiento continuo del consumo, incluidas las
supuestas distracciones que se convirtieron en un fin en sí mismas.

¿En que deviene entonces el proceso identificatorio que la institución presenta a la sociedad, que propone e
impone a los individuos como individuos sociales?

Es el del individuo que gana lo más posible, y disfruta lo más posible; es tan simple y banal como eso.

¿Cómo puede continuar el sistema en estas condiciones?

Continúa porque sigue gozando de modelos de identificación producidos en otros tiempos: el


matemático investigador, el juez “íntegro”, el burócrata legalista, el obrero concienzudo, el padre responsable
de sus hijos, el maestro que -sin ninguna razón- sigue interesándose en su profesión.

Pero no hay nada en el sistema que justifique los “valores” que estas personas encarnan, que invisten, y que
persiguen en su actividad. No hay nada en las significaciones capitalistas que pueda justificar estos desvelos.

¿Cuál es el lazo que esta evolución mantiene con los procesos más subjetivos?

I. Todo ese mundo del consumo continuo, del casino, de la apariencia, se filtra en las familias y alcanza al
individuo ya en las primeras etapas de su socialización.
II. Padre y madre transmiten lo que viven, lo que son, proveen al aniño de polos identificatorios simplemente
siendo lo que son.
III. Les transmiten: tengan lo más que puedan, disfruten lo más posible; el resto es secundario.

El carácter de la época, tanto del nivel de vida cotidiano como el de la cultura, no es el “individualismo”
sino su opuesto: el conformismo generalizado y el “collage”.

Conformismo que es posible sólo con la condición de que no haya núcleo de identidad importante y sólido.
Además este conformismo actúa de manera tal que un núcleo de identificación semejante ya no pueda
constituirse.

No puede no haber crisis del proceso identificatorio, ya que no hay una auto-representación de la
sociedad como morada de sentido y valor, y como inserta en una historia pasada y futura, dotada -ella
misma- de sentido. Estos son los pilares de una identificación última, de un “Nosotros” fuertemente investido.
Este nosotros es lo que hoy se disloca al asumir cada individuo a la sociedad como simple apremio que le es
impuesto.
Las Significaciones Imaginarias Sociales.
 Los hombres no pueden existir más que en y por la sociedad.

EL individuo humano no es social, es por una parte, el sustrato biológico: el hombre animal, y por otra parte
más importante, la psique, un núcleo oscuro insoldable y a-social.

Núcleo que es flujo perpetuo de representaciones que no obedecen a la lógica ordinaria, asiento de
deseos ilimitados e irrealizables.

Este núcleo debe ser puesto en razón por la imposición violenta de todo lo que pensamos como
perteneciéndonos: un lenguaje, una lógica bien o mal organizada.

Es violenta porque violenta las tendencias inmanentes, propias de la psique.

La psique es lo que está en juego en el hecho de que los hombres constituyan comunidades sociales. La
especie humana es un monstruoso accidente de la evolución biológica.

Esta evolución ha desembocado en la creación de un ser que es inepto para la vida.

Esta especie habría desaparecido sino hubiese podido crear una forma nueva e inédita en la escala de los
seres: la sociedad como institución, que encarna significaciones y es capaz de adiestra especímenes
singulares Homo Sapiens para que puedan vivir.

Lo coherente en la sociedad es todo lo que impone maneras de actuar y pensar. Hay que subrayar el hecho
de que no hay pensamiento personal, porque en el pensador más original solo hay una ínfima parte de lo que
dice que no proviene de la sociedad, de lo que lo rodea y ha aprendido.

Hay un conjunto de instituciones que hacen que hablemos una lengua y no otra.

La unidad deriva a su vez de la cohesión interna de un entretejido de sentidos, o significaciones, que penetran
toda la vida de la sociedad, la dirigen y orientan: son las significaciones imaginarias, encarnadas en las
instituciones particulares que las animan.

Son imaginarias porque no son ni racionales ni reales, no corresponden a ideas racionales, y tampoco
a objetos naturales.

Cada hombre es casi la sociedad entera, en la medida en que refleja todo ese entretejido de significaciones
imaginarias.

Podemos ver al individuo como un microcosmos social. Hay una correspondencia entre esta organización de la
sociedad y la organización biológica.

Es la clausura. En ambos hay clausura organizacional, informacional, cognitiva.


 El biológico está en constante intercambio con su medio, pero en oro sentido, está cerrado sobre sí
mismo.
 El organismo es una unidad sometida a perturbaciones., pero una clase de estas no es captada por el
organismo y las que sí lo son, son transformadas en informaciones.

Un mensaje solo toma su significación para el organismo pasando por sus horas caudinas, entrando en
sus moldes.

Cuando vemos, pensamos, aunque no pensemos en ello. Por eso podemos ver mal pero el pensamiento
interviene.

La sociedad, como cada especie y ser viviente, establece su propio mundo, en el cual también está incluida una
representación de sí misma.

La organización propio de la sociedad (instituciones y significaciones) es la que plantea y define cada vez
lo que es considerado información para la sociedad, lo que es simple ruido y lo que no es nada, o cual es el
peso, pertinencia y valor de una información.

Cada sociedad contiene un sistema de interpretación del mundo. Es constitución, creación, del mundo que vale
para ella, de su propio mundo. Y su identidad es el sistema de interpretación, de donación de sentido.

En la sociedad, la transmisión de rasgos que se conservan se hace sin ninguna base genética (como la
lengua y las leyes).
Para la sociedad no hay ruido porque todo cuanto aparece debe significar algo. Hay un imperialismo de
la significación que no sufre excepción.
La fabricación de la información por y para el ser viviente nunca es económica, hay una sobreproducción
considerable.
En la sociedad llegan muy lejos, más allá de toda caracterización funcional posible, y aparecen como
extendiéndose virtualmente, sin límites.

Cuando hablamos de lo viviente, una tercera instancia, el meta observador, trata de ver lo que ocurre para el
ser viviente, desde el punto de vista del ser viviente, y aquellos a lo que corresponde en el medio de este ser,
más allá de las fronteras del organismo.

Este metaobservador trata de establecer una correlación entre estas dos series, mientras que el mismo, no
está incluido en ninguna. Pero, en el caso de la sociedad no podemos hablar de esto ya que los
observadores no pueden extraerse de ella, pertenecen a ella. Es irresoluble. No hay realidad fuera de
nuestra institución del mundo.

Una sociedad crea entidades que son para ellas más importantes, sin buscar un correlato físico:

Ej. Dios, espíritus, normas, leyes, pecado, virtudes.


Las dos dimensiones de la institución de cada sociedad. No hay sociedad sin aritmética, y no hay
sociedad sin mitos.

No hay mito sin aritmética; todo mito está obligado a apelar a los mismos esquemas que son de base aritmética
e incluso a los números (Dios es uno en tres personas) Inversamente, no hay aritmética sin mito, puesto que
siempre hay, en la base de aritmética, una representación imaginaria de lo que son los números, de lo que es
el universo de la cantidad, etc.

Aritmética y mito son dos ilustraciones claras de las dos dimensiones en las cuales se despliega la institución
de la sociedad.

Por una parte, la dimensión conjuntista-identitaria: la institución de la sociedad opera según los
mismos esquemas que están activos en la teoría lógico-matemática de los conjuntos (elementos, clases,
propiedades) Esquema de determinidad: Para que algo exista debe estar bien definido.

En la dimensión imaginaria, la existencia es la significación. Pueden ser localizadas, pero no están


plenamente determinadas. Están vinculadas unas con toras por la remisión. Lo que importa es que lo histórico-
social crea un nuevo tipo de orden, creación ontológica.

Por las significaciones y las representaciones imaginarias, vinculadas con una herramienta y la manera
de utilizarla, podríamos reconstruir todo el imaginario social.

La diferencia radical entre el mundo biológico y el histórico-social es que en este último emerge la autonomía
(de lo viviente).

La clausura implica que el funcionamiento de lo viviente y su correspondencia con lo que puede haber afuera,
están gobernados por reglas, principios.

La heteronomía es incorporada a las instituciones heterónomas de la sociedad y en la estructura psicosocial


del individuo mismo. Esto actúa como factor de conservación, de la preservación de la institución.

 En Grecia se da una creación histórica extraordinaria que hace ser la autonomía como apertura.
 Emerge una nueva forma de lo existente, del ser histórico social.
 Estas cuestionan su institución, la ley de su existencia.
 Es la primera vez que hay alteración de la institución consciente y abiertamente.
 La ruptura consiste en que las representaciones heredadas son cuestionadas, y finalmente, las ideas
mismas de verdad y de realidad.
 Es el nacimiento de la filosofía reflexiva.