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U.´.T.´.O.´.A.´.A.´.I.´.

SOBERANO CAPITULO ROZACRUZ INDEPENDENCIA NRO. 107

SAN CRISTÓBAL ESTADO TÁCHIRA.

S.´.E.´.P.´.

San Cristóbal, 10 de Noviembre de 2017 (e:.v:.).

“LA FÁBULA DEL ELEFANTE BLANCO”

OM. Cuenta una antigua fábula hindú, que habían tres hombres muy sabios,
buscadores del “Sagrado Elefante Blanco”, el cual no era simplemente un mito
para ellos, sino un verdadero ejemplar viviente de la más elevada Divinidad, pues
Él representaba la “VERDAD MÁS EXALTADA”. Eran tres insaciables peregrinos,
embarcados en la más noble exploración de los Misterios Universales. Tres
ancianos, venerables, inquietos como los niños, y con una mente capaz de
abarcar lo inesperado, lo nuevo, lo trascendental. Los tres tenían una peculiaridad
física y es que eran ciegos de nacimiento, pero para ellos eso no era ningún
obstáculo que les impidiese continuar su búsqueda sagrada, ya que como es
sabido, son los ojos muchas veces los que nublan y ciegan la realidad. – Porque
para los ojos físicos todo son apariencias, pero para el sabio que reconoce esto,
mira con los ojos de alma, con los ojos de la intuición. Cuando así se mira las
apariencias se desvanecen y la esencia queda desnuda, nada queda oculto a los
ojos del Alma. Tras buscar por varias ciudades, exhaustos llegaron a un poblado
sencillo donde un anciano lugareño, amablemente, les indicó dónde, según decían
los antiguos sabios del poblado, podían encontrarlo. Estaban ya, ciertamente, muy
cerca, y con decisión y firmeza, henchidos de alegría se introdujeron en el interior
de la selva. Anduvieron durante toda la mañana y como eran ciegos agudizaron al
máximo sus otros sentidos. Cayo la tarde y los tres estaban exhaustos, pero
seguían buscando con entusiasmo, entusiasmo digno de los verdaderos
buscadores, y ¡por fin!, los tres oyeron y hasta olieron la inmanente presencia del
Grande y “Sagrado Elefante Blanco”. Profundamente emocionados, y como si de
un relámpago se tratase los tres ancianos salieron corriendo a Su místico
encuentro, ¡hasta los árboles se apartaban por compasión al verlos venir!.
Había llegado el momento, el mágico encuentro entre lo buscado y el buscador,
entre lo profundamente invocado y la respuesta de una evocación divina, a la
altura del tesón y la perseverancia mantenida durante años, incluso vidas... Uno
de los ancianos se agarró fuertemente a la trompa del elefante cayendo de
inmediato en profundo éxtasis, otro con los brazos completamente abiertos se
abrazó con poderosísima fuerza a una de las patas del paquidermo y, el tercero se
aferró amorosamente a una de Sus grandes orejas, ya que el elefante sagrado
estaba plácidamente tumbado sobre unas hojas. Cada uno de ellos experimento,
sin lugar a dudas, un sin fin de emociones, de experiencias, de sensaciones, tanto
internas como externas, y cuando ya se habían colmado por la bendición del
Sagrado Elefante, se marcharon, eso sí profundamente transformados.
Regresaron a la aldea y en una de las chozas los tres en la intimidad relataron y
compartieron sus experiencias. Pero algo extraño empezó a ocurrir, empezaron a
elevar sus voces y hasta a discutir sobre la “Verdad”. El que experimento la
trompa del elefante dijo: la Verdad (que era la representación del Sagrado Elefante
Blanco) es larga, rugosa y flexible; el ciego anciano que experimento con la pata
del elefante dijo: eso no es la verdad, la “Verdad” es dura, mediana, como un
grueso tronco de árbol; el tercer anciano que experimento la oreja del paquidermo,
indignado por tantas blasfemias dijo: la “Verdad” es fina, amplia y se mueve con el
viento. Los tres, aunque sabios y hermosas personas, no se entendían, no se
comprendían y decidieron marcharse cada uno por su lado. Cada uno por su
camino, viajaron por muchos países, haciendo de su capa un sayo, y difundiendo
su verdad. Crearon tres grandes religiones y fue rápida su expansión. Esto fue
posible porque tocaron la “VERDAD” y la predicaron honestamente por todo el
mundo desde el corazón. Los tres buscadores, habían llegado a encontrar la
Divinidad, pero no percibieron su amplitud, sino que se limitaron a experimentar
una parte, no el Todo, por lo tanto, aunque sinceros en su búsqueda y en su
servicio, herraron en su propia limitación mental. De esta maravillosa y simbólica
historia se pueden desprender innumerables conclusiones, todas ellas
posiblemente válidas. Para aquel que es un iniciado, percibirá rápidamente que
muchos de los problemas actuales tienen que ver con el desarrollo de esta fábula,
siendo también la solución posible, mediante el despliegue natural de nuestra
inteligencia y de nuestro amor, hacia todos los asuntos de nuestra vida humana.