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Consagra tus planes

Pídele al Señor que respalde tus proyectos, créele y


esfuérzate para verlos cumplidos.
Febrero 04, 2015

Hay tres aspectos importantes que debemos tomar


en cuenta al planificar: sabiduría, prudencia y
conocimiento[1]. Si quieres mejorar tu vida familiar,
sería bueno que buscaras estudiar sobre ello.
Además, demostremos nuestra prudencia haciendo
pequeños cambios que lograrán grandes resultados.
Por ejemplo, para llegar más temprano a tu casa,
procura ser eficiente durante la jornada laboral. Administra bien tu tiempo y verás que sí se
puede llegar a comer con tu familia. En todo hay que hacer pequeños ajustes. Guarda la
tarjeta crédito, de lo contrario, las deudas podría arruinar el plan económico de tu vida. Si
Dios planificó nuestra salvación, nosotros planifiquemos nuestra santidad haciendo
pequeños cambios. No permitas que algunas amistades te contaminen, deja de ver
películas y series de TV que te perjudican. En la salud es igual, deja de comer lo que sabes
que te hace daño. Si Jesús planeó sanarte, tú planea mantenerte sano. Solo con hacer
pequeños ajustes verás que obtendrás los resultados que buscaste durante años.

Todos necesitamos hacer planes, y todo plan necesita personas comprometidas que los
hagan realidad. Los planificadores saben comprometer sus pensamientos, palabras,
esfuerzo y emociones al cumplimiento de los objetivos que han proyectado, porque de nada
sirve hacer planes que luego dejaremos de lado. Planifica y sé consecuente con eso que has
decidido hacer. No te desanimes cuando las cosas no salgan tan bien, sigue creyendo y
proclamando lo bueno, porque Dios te bendecirá como crees que Él puede hacerlo, no como
tú crees poder hacerlo, porque no será con tus fuerzas, sino con las Suyas que lo lograrás.

También debemos tomar en cuenta que planificar nos permite tomar la iniciativa sobre
nuestro futuro. Además, mantenernos en el plan nos permite ser proactivos, no reactivos.
Claro que las cosas no siempre salen como planeamos, por eso debemos aprender a hacer
ajustes, pero si no planificamos, lo único que hacemos es ir viendo cómo sale todo
improvisado, solo andamos apagando fuegos. Si no planificamos el crecimiento espiritual y
la educación de nuestra familia, después nos quejamos porque los hijos andan en malos
pasos y ¡sálvese quien pueda! Pero si planificamos, nos anticipamos, tomamos acciones y
vamos un paso adelante.

Dios planifica, por eso nos enseña a planificar. Jesús dijo que se anticipaba para preparar
un lugar para nosotros en casa del Padre[2]. ¡Eso es planificar! Nuestros planes proveen
claridad a nuestros actos. Si hemos planificado, sabemos qué hacer cada día. Para el
domingo, siempre debemos planificar asistir a la iglesia y edificarnos con la Palabra de
Dios, ya que es como recargar nuestras batería. Dios dice que a quien medita en Su
Palabra de día y de noche todo le irá bien. ¡Planificar tiempo a Su lado detona bendiciones!
Si te apegas a las leyes del Reino, donde el Señor te ayuda y provee, todo es más fácil,
pero si te apegas a las leyes del reino de Adán, del mundo, todo es más difícil. El que busca
Su reino y justicia, todo lo demás le será añadido. Te aseguro que cuando vas a la iglesia a
buscarlo, algo se te añadirá, porque aprendes y te beneficias con Sus enseñanzas.

¿En dónde más podemos ver que el Señor planifica? Hay muchos ejemplos, pero uno que
me impacta está en el libro de Apocalipsis, donde dice que Él ya planificó las bodas del
Cordero[3]. De esa forma deberíamos aprender a anticiparnos a lo que viene, para que las
sorpresas sean menos y los logros sean más. Planificar es algo que nos destaca como hijos
de Dios, ya que nos identifica como personas que operamos como Sus herederos,
renovados para vivir como Él quiere. Gracias a Jesús pasamos de ser criaturas de Dios a
ser hijos de Dios, por lo tanto, debemos ser planificadores como Él, porque Su deseo es
honrar a quienes hacen planes.

Lo vemos varias veces en la Biblia. Noé planificó el arca; Salomón, el templo; Moisés, el
tabernáculo; y Nehemías, lo muros de la ciudad, y todos contaron con la bendición de Dios.
¡Tú también la tendrás si planificas! Los cristianos debemos vivir preparados, porque
planificamos, justo como el hombre del que habla Jesús en la parábola de la cena a la que
invitó a muchos, pero se excusaron y no llegaron por razones tontas como ir a ver una
finca o un ganado que compraron. Así de ridículas se ven las personas que no hacen
planes. Sin embargo, el señor que organizó la cena, envió a sus empleados a invitar a otros
que sí aprovecharan el banquete. ¡Nuestro Señor quiere Su casa llena![4]. Así que con tus
planes de bien, demuéstrale que valoras lo que desea darte. Si tú no lo aprovechas, otros
lo harán. Dios siempre tiene un plan B. El primer Adán le falló, entonces planificó enviar a
Su Hijo; Moisés no logró llevar al pueblo a la Tierra Prometida, entonces levantó a Josué
porque la bendición para el pueblo de Israel ya estaba planificada.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Lo primero es anticiparnos, pensar por adelantado, como
Dios. Escribe, dibuja, habla aquello que desea lograr. Visualiza lo que anhelas, porque
hacerlo es una forma de demostrar tu fe y motivarte a continuar luchando, aunque las
cosas no siempre resulten bien. ¡Tómate el tiempo para planificar detalladamente! No todos
lo hacen, así que al dedicarte a pensar y escribir tus planes, obtendrás lo que no todos
tienen. Talvez piensas que no vale la pena, pero sí lo vale. Haz tiempo para lo que no te
gusta tanto, para que luego tengas tiempo de hacer lo que sí te gusta.

Cuando ya tengas tus planes, cree y esfuérzate. La bendición del Señor está reservada para
quienes saben sacrificarse y trabajar duro. Di convencido: “Con la ayuda de Dios y
esforzándome al 110%, lograré mis planes”. Todos podemos esforzarnos el 10% más que
antes. Cuando pienses que ya no tienes fuerzas, pídele al Señor que te las renueve y lo
hará, lo importante es avanzar. ¡Nunca dejes de creer y nunca dejes de esforzarte! Declara
que eso que planeaste está hecho en el nombre de Jesús.

Otro aspecto necesario para que los planes se cumplan es fuerza emocional. El Señor dice
que no tengamos miedo ni desmayemos, siempre nos pide que seamos valientes. El peligro
más grandes para un plan es el mal manejo de nuestras emociones y sentimientos. No te
detengas por la tristeza, el enojo o la desilusión, tu plan de vida debe ser más fuerte que
eso y tu buen ánimo es determinante para alcanzar el éxito.
Al planificar debemos redimir el tiempo, y sacarle el jugo a cada hora para ser productivos.
Además, debemos tratar con lo no planeado, es decir, las situaciones que salen de nuestro
control como una enfermedad o un tiempo de escasez. Nadie dice: “Escribiré mi plan sobre
cómo ser alcohólico o ser pobre.” Pero a veces sucede, así que debemos hacer como Pablo,
hombre brillante que hizo un plan para llegar a la abundancia, aunque sabemos que
también enfrentó otras circunstancias, por lo que dijo que sabía vivir y dar gracias en toda
situación[5]. Los planes no siempre salen bien. Yo he enfrentado frustración por planes que
no se cumplieron, sin embargo, siempre he creído en el Señor, quien no se burla de los que
confían en Él, así que me he tomado de esa fe y he logrado ver la luz para salir adelante,
porque Su plan siempre es mejor que el nuestro. Necesitamos esa fuerza para decir: “Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece”. Si crees, todo será posible; ten paciencia y entrégale
tus planes al Señor, quien te respaldará si lo que pides es bueno y correcto, porque ¡Él
desea que heredes bendición!

Versículos de Referencia:

[1] Proverbios 24:3-5 dice: Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará;
Y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable. El hombre sabio es
fuerte, y de pujante vigor el hombre docto.

[2] Juan 14:2-4 comparte: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo
os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare
lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros
también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

[3] Apocalipsis 19:9 explica: Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son
llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de
Dios.

[4] Lucas 14:16-23 relata: Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y
convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid,
que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He
comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He
comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo:
Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su
señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las
calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el
siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Vé por
los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

[5] Filipenses 4:12-13 enseña: Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y


por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener
abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.