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Cuento para no olvidar

Aportes a la cátedra de Paz desde el estudio de la violencia política


y la narrativa testimonial

Martha Cecilia Herrera1


Carol Pertuz2

1. La cátedra de la paz y sus retos en el horizonte de la política colombiana

La Caá tedra de Paz surge en el contexto de las disposiciones normativas trazadas desde la
deá cada del 2000, dentro de las que se incluyen la Ley de Justicia y Paz, 975, de 2005, asíá
como la Ley de Víáctimas y Restitucioá n de Tierras, 1448, de 2011, las cuales aluden a la
necesidad de llevar a cabo un trabajo educativo en torno al conflicto armado en Colombia,
como parte de la políática estatal. En este escenario y dentro de las conversaciones con las
FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en la Habana, la Caá tedra de Paz,
consagrada a traveá s de la Ley 1732 de 2014 y su decreto reglamentario 1038, de 2015,
convoca a las distintas instancias sociales y educativas a trazar estrategias que permitan
“garantizar la creacioá n y el fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia”.

En este orden de ideas, compete a los diferentes actores y sujetos sociales y educativos
problematizar las acepciones sobre lo que se entiende por cultura de paz y por educacioá n
para la paz y, con ello, dotar de nuevas significaciones mandatos como el de la Caá tedra y
otras disposiciones de la políática puá blica afines a la formacioá n políática y ciudadana. Desde
este horizonte, consideramos que la Caá tedra de Paz debe permitir a quienes trabajamos en
1
Magister en Historia de la Universidad Nacional. Doctora en Filosofía e Historia de la Educación por la
Universidade Estadual de Campinas (Brasil). Profesora emérita y catedrática titular de la Universidad Pedagógica
Nacional (Colombia). Fundadora y miembro del grupo de investigación “Educación y Cultura Política”. Correo
electrónico: malaquita10@gmail.com

2
Licenciada en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional (Colombia). Estudiante de la
Maestría Estudios en Infancia de la misma universidad. Miembro del grupo de investigación “Educación y Cultura
Política”. Correo electrónico: carolpertuz@gmail.com

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el campo de la educacioá n favorecer escenarios que propendan por consolidar culturas
políáticas de caraá cter democraá tico y ayuden a configurar subjetividades que encuentren en el
pensamiento críático uno de sus basamentos, desbordando asíá algunos de los sentidos
pragmaá ticos que dieron pie a la creacioá n de la caá tedra por parte del Estado.

La Caá tedra debe perfilarse, entonces, como un trabajo de largo aliento capaz de crear
conciencia ciudadana y opinioá n informada en torno a los acuerdos sobre paz, las
negociaciones con los actores armados y la buá squeda de justicia en torno a hechos
concretos, pero proporcionando, al mismo tiempo, una perspectiva de conjunto sobre los
problemas de violencia políática en el paíás, sobre sus implicaciones culturales, asíá como
sobre las condiciones estructurales que los han alimentado y que ameritan profundas
reformas sociales, políáticas y educativas. Por supuesto, esta problemaá tica desborda la
caá tedra y atanñ e de manera general a las políáticas puá blicas y a la necesidad de que se
fortalezca la esfera puá blica, a fin de que las fuerzas comprometidas en soluciones pacíáficas a
los conflictos políáticos puedan aportar sus experiencias y pugnar por su reconocimiento en
las políáticas de memoria, asunto frente al cual el Estado tiene el compromiso y la obligacioá n
de brindar garantíáas para su funcionamiento. De este modo, la caá tedra sin ser la solucioá n a
nuestros problemas, síá viene instituyeá ndose en distintas instituciones del paíás como uno de
los espacios reticulares en los que se “cuece” la memoria puá blica (Vinyes, 2009).

La comprensioá n histoá rica de los fenoá menos de violencia políática en el paíás y su visibilizacioá n
en la Caá tedra de la Paz, reclama de la consideracioá n tanto del contexto nacional e
internacional como de las particularidades de caraá cter regional y local de los mismos. En
este sentido, es conveniente sobrepasar la tendencia a pensar en teá rminos disyuntivos
cuando se discute queá asuntos abordar en este espacio, como si fuera necesario optar entre
unos u otros (contenidos o estrategias pedagoá gicas y didaá cticas, lo internacional o lo
nacional, lo regional o local, la violencia por fuera de la escuela o dentro de la escuela, la
transmisioá n de memoria o la creacioá n de memoria, etc.). Por el contrario, habríáa que
identificar los distintos niveles y dimensiones a trabajar de manera integral, cuyas aristas si
bien pueden ser profundizadas o privilegiadas en espacios o coyunturas especíáficas,
deberíáan estar articuladas en torno a un proyecto cultural, educativo y pedagoá gico que

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contemple una visioá n de conjunto sobre la violencia políática, proyecto que requiere con
urgencia de su articulacioá n con otras iniciativas surgidas en el paíás en las uá ltimas deá cadas,
las cuales desbordan en muchos sentidos las políáticas gubernamentales.

Desde esta perspectiva la Caá tedra debe ser entendida como una convocatoria a recoger las
experiencias que en esta direccioá n se han sedimentado en la multiplicidad de praá cticas
llevadas a cabo por colectivos integrados por movimientos sociales, por organizaciones de
derechos humanos y defensa de las víáctimas, asíá como por grupos de maestros, padres y
madres de familia, alumnos y alumnas, que han persistido en el propoá sito de encontrar
formas de sobrevivencia, de resistencia y de accioá n educativa, en medio de la violencia y el
conflicto armado; exigiendo, al mismo tiempo, reivindicaciones en consonancia con un
orden social que se precia de estar fundamentado en un estado democraá tico de caraá cter
pluralista y multicultural (Jaclyn y Glenace, 1994; Middleton y Derek, 1992; Centro
Internacional para la Justicia Transicional, 2009).

En este horizonte el grupo de Investigacioá n en Educacioá n y Cultura Políática formuloá un


programa de formacioá n e investigacioá n en la Universidad Pedagoá gica Nacional denominado
Configuración de subjetividades y constitución de memorias sobre la violencia política en
América Latina, como parte del cual se han llevado a cabo investigaciones y espacios
acadeá micos que abordan el anaá lisis de las narrativas testimoniales, para indagar en ellas las
formas de configuracioá n de subjetividades y otros aspectos relacionados con la cultura
políática (Herrera, et. Al, 2012). Las narrativas testimoniales expresan las voces de los sujetos
afectados por la violencia y alimentan de diversas maneras reservorios que inciden en la
configuracioá n de la memoria social y de la memoria histoá rica, lo cual senñ ala la pertinencia
de trabajar en torno a ellas en el campo de la formacioá n políática y en la comprensioá n que,
para este propoá sito, se requiere de la historia colombiana y latinoamericana.

Asíá, llevamos a cabo entre 2013 y 2014 la investigacioá n “Narrativa testimonial, políáticas de
la memoria y subjetividad en Ameá rica Latina” (DED-339-13)  adscrita, a su vez, al Grupo de
Trabajo de CLACSO “Subjetivaciones, Ciudadaníáas Críáticas y Transformaciones Sociales”;
investigacioá n que tiene actualmente una segunda fase, entre 2015 y 2016, a traveá s del

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proyecto “Educacioá n y políáticas de la memoria: por una pedagogíáa maá s allaá del paradigma
del sujeto víáctima” (DPG 418-15). En estas investigaciones estudiamos de manera particular
los casos de Chile, Argentina y Colombia y es en torno a los hallazgos y resultados de allíá
derivados que deseamos hacer una contribucioá n a la Caá tedra de Paz desde la Universidad
Pedagoá gica Nacional.

2. Violencia política y terrorismo de estado en América Latina

Las deá cadas del 60 y el 70 evidencian un panorama comuá n en varios paíáses de Ameá rica
Latina que requiere pensar, maá s que en teá rminos de anaá lisis comparados, en una
perspectiva de historias conectadas que situá e el auge de los movimientos sociales y de los
grupos de oposicioá n, incluidos los grupos insurgentes, asíá como la represioá n a los mismos,
en el contexto de un mundo cada vez maá s globalizado que, en este caso, estuvo signado por
el mayor dominio de Estados Unidos en el continente y por la puesta en marcha de políáticas
de seguridad nacional, que llevaron al despliegue de postulados y acciones conjuntas por
parte de las fuerzas armadas de estos paíáses, asíá como por alguá n tipo de conexioá n entre los
grupos insurgentes (Guerrero, 2014; Marchesi, 2008; Anderson, 1988; Leal, 2003). Esta
serie de acontecimientos tuvo repercusiones en distintas esferas de la sociedad y afectoá de
manera directa las culturas políáticas y los procesos de subjetivacioá n y de configuracioá n de
subjetividades políáticas, con incidencias sobre el momento presente (Calveiro, 1998;
Lechner; 1990; Pecaut, 2001: Feierstein, 2009).

Para nuestras investigaciones nos referimos en concreto a los hechos que desembocaron en
la imposicioá n de regíámenes dictatoriales, en el caso de Chile entre 1973 y 1990, y en
Argentina entre 1976 y 1983, y en el caso de Colombia en gobiernos en el marco de una
democracia restringida que encontroá en 1978 uno de sus mayores picos represivos;
coyunturas en las cuales se dio paso al establecimiento de proyectos políático-econoá micos
afines a los intereses norteamericanos y a la introduccioá n del neoliberalismo en la regioá n,
en el contexto bipolar de la Guerra Fríáa.

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Algunas de las afectaciones que se dieron en el tejido social y en los sujetos que fueron
víáctimas de la represioá n estatal tienen expresioá n en las narrativas testimoniales, las cuales
se multiplicaron en el continente a lo largo de estas deá cadas abarcando diversos formatos y
registros. Debido a la enorme profusioá n de materiales relacionados con esta temaá tica y la
imposibilidad de abordarlos en su totalidad por limitaciones de tiempo y de infraestructura,
tratamos de acotar el corpus documental, con algunas excepciones, a narrativas
relacionadas con personas que tuvieron víánculos directos con organizaciones de izquierda y,
a menudo, con grupos insurgentes, y que fueron objeto de la violencia de Estado en algunos
de estos paíáses. Hecha esta delimitacioá n, el corpus se conformoá con registros que incluyeron
narrativas expresadas bien fuese en textos maá s cenñ idos a lo testimonial, asíá como en
novelas, entrevistas y documentales, cuyo eje principal se apoyoá en lo testimonial. Para el
rastreo de estos registros se acudioá tanto a documentacioá n primaria como secundaria, al
tiempo que paralelamente se hizo uso de bibliografíáa especializada a fin de establecer los
acontecimientos histoá ricos en los que emergieron las narrativas y obtener asíá una mejor
comprensioá n en torno a ellas.

La motivacioá n que tuvimos para mirar Chile y Argentina en conjunto con Colombia, fue la de
dar algunas luces sobre nuestro conflicto interno a partir de otras experiencias
latinoamericanas, con el fin de que eá stas ayuden a pensar de manera maá s amplia el caso
colombiano, tanto en su singularidad como en su conexidad continental, asíá como los retos
relacionados con las políáticas de memoria, la formacioá n políática y la configuracioá n de
subjetividades en sociedades en transicioá n juríádica y políática.

3. Narratividad y subjetividad

El sujeto en el contexto contemporaá neo ha sido comprendido como fruto de un devenir, con
lo que se pretende ir maá s allaá de los acercamientos acunñ ados a comienzos de la modernidad
que lo entendíáan como un sujeto racional y unificado; en la actualidad los acercamientos al
sujeto como categoríáa lo entienden maá s como un individuo que estaá en proceso de
configuracioá n permanente a traveá s de sus muá ltiples experiencias y de los vectores que
inciden en los procesos de subjetivacioá n que lo instituyen y modulan su subjetividad. Desde

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este horizonte, una tensioá n fundamental atraviesa la constitucioá n del sujeto referente a las
formas de inscripcioá n dentro del orden social establecido y la posibilidad, en tanto
individuo, de alcanzar modalidades de subjetivacioá n, basadas ya sea en el distanciamiento
críático, o ya sea en la sujecioá n, en el sometimiento, respecto a las instituciones que rigen lo
social e imponen significaciones en torno a como se entienden los sujetos y se norman sus
distintos despliegues en la sociedad.

Seguá n los estudiosos de la memoria eá sta tiene una dimensioá n que se apoya en una
estructura narrativa y tiene un papel determinante en la configuracioá n de los sujetos, al
posibilitar la organizacioá n de las experiencias vividas y su insercioá n en las trayectorias
biograá ficas de los individuos. De este modo, la narracioá n se considera una de las formas a
traveá s de las cuales los seres humanos damos sentido a la existencia, procesamos las
experiencias y las compartimos con los otros. Ricoeur (1996; 1999) se refiere a la identidad
narrativa para denotar de queá manera la narracioá n opera como configuracioá n del síá mismo a
traveá s de relaciones dialoá gicas y contribuye a la conformacioá n de la identidad personal y, de
manera amplia, a la constitucioá n de las subjetividades. Como dice Saraiva Nunes de Pinho,
un estudioso de Ricoeur:

La identidad narrativa se presenta como una alternativa a la identidad sustancial o formal


comprendida como mismidad, en que la mutabilidad (ipse) pasa a ser incorporada para
alcanzar la cohesioá n de una historia de vida. El giro linguü íástico, o «resolucioá n poeá tica del
cíárculo hermeneá utico», promovido por la hermeneá utica del síá mismo, descubre al sujeto como
un lector y un escritor de su propia vida, en un constante ejercicio de refiguracioá n y de
reconocimiento en todas las historias que cuenta acerca de síá (2009, p. 47).

La subjetividad alude “a procesos y dinaá micas que constituyen lo propio de la existencia


humana: dar sentidos y crear sentidos, articular de manera singular y uá nica experiencias,
representaciones y afectos. Es siempre individual pero tambieá n social porque las
experiencias y afectos estaá n siempre inmersos en lazos sociales”, (Jelin; Kaufman, 2006, p.
9-10). Acercarnos a la subjetividad implicaríáa, en palabras de Foucault, “estudiar la
constitucioá n del sujeto como objeto para síá mismo: la formacioá n de procedimientos por los
que el sujeto es inducido a observarse a síá mismo, analizarse, descifrarse, reconocerse como
un dominio de saber posible” (Larrosa, 1995, p. 288).

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A partir de estos acercamientos, podemos decir que las memorias sobre la violencia políática
en Ameá rica Latina desplegada desde la deá cada del 60 del siglo pasado, son configuradas a
traveá s de las diferentes narrativas que se han venido decantando en torno a los
acontecimientos histoá ricos que la generaron y las formas como los sujetos, individuales y
colectivos, los han procesado y dado a conocer en contextos marcados por relaciones
asimeá tricas de saber y de poder, que modularon, al mismo tiempo, sus condiciones de
posibilidad. Estas narrativas dan cuenta de las diferentes modalidades de constitucioá n de
las subjetividades de sus autores y los distintos escenarios en los que eá stas se configuraron,
al tiempo que a traveá s de ellas se interpela a los sujetos, a la sociedad, en torno a ciertos
imaginarios y representaciones que pautan las formas de comprensioá n sobre las
subjetividades no solo de quienes las escriben sino tambieá n de quienes son receptores de
ellas. En esta medida estas narrativas inciden en la formacioá n de las subjetividades
inscritas, es claro, en un marco mucho maá s complejo en el que distintas fuerzas y actores
disputan las significaciones en torno a lo que es o deben ser los sujetos al tiempo que
marcan algunas de las condiciones de enunciacioá n de dichas narrativas.

En esta direccioá n, “la narrativa no es el lugar de irrupcioá n de la subjetividad, de la


experiencia de síá, sino la modalidad discursiva que establece tanto la posicioá n del sujeto que
habla (el narrador) como las reglas de su propia insercioá n en el interior de una trama (el
personaje)” (Larrosa, 1995, p. 310). Asíá mismo, es necesario dejar establecido que el sujeto
estaá inmerso en una multiplicidad de narrativas que emergen en la sociedad en la cual se
desenvuelve e interactuá a, lo cual conduce a que el trabajo narrativo, a traveá s del cual toma
forma la experiencia de síá, no se deá por medio de una especie de reflexioá n interior en la que
se puede hacer abstraccioá n de la sociedad, de la cultura o de los demaá s sujetos que forman
parte del entramado en el cual eá ste se encuentra situado histoá ricamente; sus relatos, si se
quiere, son nudos atados a una red de relatos maá s amplia que a su vez ayudan a su
modulacioá n. De esta manera, al considerarse la constitucioá n narrativa de la experiencia de síá
situada histoá rica y culturalmente es posible leer a traveá s de ella los signos de una eá poca y la
configuracioá n de las condiciones de posibilidad que han pautado dicha experiencia. Por ello:

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La historia de las formas en que los seres humanos han construido narrativamente sus vidas y,
a traveá s de eso, su autoconciencia, es tambieá n la historia de los dispositivos que hacen a los
seres humanos contarse a síá mismos de determinada forma, en determinados contextos y para
determinadas finalidades. La historia de la autonarracioá n es tambieá n una historia social y una
historia políática (Larrosa, 1995, p. 311).

4. La narrativa testimonial como entrada al estudio de la violencia política y la


configuración de subjetividades en América Latina

La produccioá n asociada a lo testimonial y su despliegue en una gran multiplicidad de


formatos en Ameá rica Latina, tiene sus mayores despliegues hacia la segunda mitad del siglo
XX con el endurecimiento de los regíámenes políáticos que tuvieron lugar en la regioá n, dando
pie a variadas formas textuales en las que los sujetos afectados por las diversas
modalidades de violencia estatal comenzaron a denunciar los atropellos vividos, tratar de
esclarecer lo acontecido, asíá como ayudar a tramitar los procesos de desubjetivacioá n a los
que fueron sometidos. Esta produccioá n testimonial fue elaborada bien fuese por los testigos
directos de hechos de violencia políática o por otros mediadores que a partir de sus
declaraciones llevaron a cabo trabajos en torno a estas. Entre los nombres a ella asociados
encontramos los de documentalismo, historia oral, ficcioá n documental, testimonio /
testimonialismo, literatura de resistencia, entre otros (Moranñ a, 1997, p. 5), polisemia que
senñ ala a su vez las dificultades para su tratamiento historiograá fico, “pues sus diversas
acepciones denotan la naturaleza híábrida que le es caracteríástica, pautada por el
entrecruzamiento de memoria e historia, ficcioá n y realidad, verdad y verosimilitud,
escritor/investigador y testimoniante, entre otros” (Herrera, 2013, p. 193).

Este geá nero tomoá fuerza en el continente de la mano del auge de los movimientos sociales
que se expresaban al margen de los partidos políáticos tradicionales y se le dio legitimidad
en el campo de la literatura a partir de su inclusioá n en 1975 en el Premio Casa de las
Américas (Ochando 1977). Ademaá s de su evidente cercaníáa con meá todos de accioá n políática
de oposicioá n, caracteríásticos de la eá poca –inscritos en el paradigma de denuncia como
posibilidad de dar a conocer al mundo condiciones especíáficas de represioá n, o en el juríádico
como prueba del testigo ante los tribunales– los testimonios hicieron rupturas importantes
en las “dicotomíáas constitutivas de la modernidad hegemoá nica” (Yuá dice, 2003, p. 128); asíá,

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por ejemplo, traspasaron y tornaron indiferenciables la esfera puá blica y la privada puesto
que en el propoá sito de la denuncia llevaron a lo puá blico aquello que se pretendíáa privado.

De esta manera, esta matriz discursiva, considerada ahora como geá nero literario, se
consolidoá como posibilidad de la praá ctica democraá tica en los lugares en que habíáa sido
frustrada la realizacioá n del cambio social deseado; con la palabra como arma y la literatura
como trinchera la izquierda del continente intentoá mantener en firme los valores que las
dictaduras y las democracias restringidas destruíáan a su paso. Asíá las cosas, la produccioá n
dada en el campo de la narrativa testimonial sobre los acontecimientos de violencia políática
en estas deá cadas circuloá en variados escenarios políáticos y culturales, en los cuales disputoá
las significaciones sobre los hechos histoá ricos acontecidos y las formas como los sujetos los
vivenciaron. Ella nos ayuda a comprender las tramas que anudaron los procesos de
subjetivacioá n y la configuracioá n de subjetividades y sus incidencias en los procesos de
formacioá n políática.

La revisioá n de nuestro corpus documental nos permitioá identificar en las narrativas


abordadas la modulacioá n de los sujetos desde tres aá mbitos o escenarios relacionados. El
primero de ellos, con un períáodo anterior a los golpes militares o al endurecimiento de los
regíámenes de democracia restringida, cercano a la deá cada del 60, en el cual los sujetos se
configuraron al calor de las gestas populares y del surgimiento de los grupos políáticos de
izquierda, incluidas las organizaciones armadas, cuyos idearios se distanciaron de las
loá gicas del capitalismo para apostarle a otros modelos de orden social, bajo la idea del
hombre nuevo que encarnoá en la figura del Che Guevara y en la revolucioá n cubana como
experiencia latinoamericana; idearios desde donde se gestaron interpelaciones para la
configuracioá n de sujetos pautados por una moral sacrificial que subordinoá lo personal a lo
colectivo y encontroá en la violencia políática una forma legíátima de actuacioá n (Calveiro;
2005; Longoni, 2007; Vaá squez, 2000).

Un segundo escenario estuvo signado por el terrorismo y la violencia estatal y por la


desactivacioá n de los movimientos de oposicioá n en la deá cada del 70, a traveá s de la puesta en
marcha de dispositivos de desubjetivacioá n cuyo elemento central gravitoá sobre la tortura, la

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amenaza de muerte y la desaparicioá n de los cuerpos individuales y tambieá n del cuerpo
políático, lo cual estuvo acompanñ ado por la introduccioá n de las políáticas neo-liberales en la
regioá n y el advenimiento de golpes de Estado en la mayoríáa de los paíáses del Cono Sur y el
endurecimiento de otros regíámenes en el continente como fue el caso de Colombia.

Un tercer escenario estuvo caracterizado, en el caso de Chile y Argentina, por los regíámenes
de posdictadura en cuyo entorno los sujetos debieron reconfigurarse a la luz de oá rdenes
democraá ticos y de los lineamientos de los derechos humanos que pautaron, a nivel nacional
e internacional, el ideal del sujeto ciudadano, en Chile a partir de 1990 y en Argentina de
1984. En el caso de Colombia, la constitucioá n de 1991 postuloá este mismo derrotero,
aunque hay que precisar que si bien varias de las organizaciones guerrilleras se
desmovilizaron en este períáodo, algunas continuaron su actuacioá n hasta el momento
presente, en el cual se llevan a cabo diaá logos entre eá stas y el gobierno de Santos para
conseguir la firma de acuerdos de paz, en especial con las FARC.

De este modo, las narrativas aluden a las vivencias de los sujetos relacionadas con estos tres
escenarios pero teniendo como referente la irrupcioá n desembozada del terrorismo estatal,
la cual se constituyoá como el acontecimiento que obligoá a los sujetos a reconfigurarse de
manera radical. En este sentido los relatos se anudan en torno a temporalidades trazadas a
partir del escalamiento de la violencia estatal y los hechos que de allíá se derivaron,
instituyendo las temporalidades anteriores o posteriores de manera subordinada a este
acontecimiento. La mayoríáa de ellos inicia mencionando, como nudo central del cual parte la
trama, el momento en el que los sujetos fueron detenidos y la serie de circunstancias que
rodearon este suceso, asíá como el traá nsito subjetivo que atravesaron al ser privados de
todos sus referentes para, a partir de este momento, discurrir entre las otras
temporalidades, pero siempre bajo la impronta del acontecimiento traumaá tico que gravita
de manera fantasmaá tica a lo largo de los relatos (Valdeá s, 1974; Partnoy, 2006; Strejilevich,
1997; Villani y Reati, 2011; Castillo, 1980).

En las narrativas salen a la luz las formas como los sujetos enfrentaron el poder represivo y
los modos a traveá s de los cuales eá ste buscoá “reformatearlos”, en el plano individual y

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colectivo, teniendo como contrafigura lo que se concibioá como el sujeto subversivo, que
como su nombre lo indica era pensado como disruptivo del orden social, orden que se
interpretoá , por un lado, a la luz de valores tradicionales de la sociedad occidental cristiana y
en muchos sentidos pre-modernos y, por el otro lado, de los valores capitalistas que
pugnaban por sujetos individualistas que hacíáan de la competencia y del mercado su razoá n
de ser. Narrativas en donde los sujetos aluden a los quiebres subjetivos e identitarios
sufridos, algunos de los cuales entran en la denominada zona gris en la cual se borran las
fronteras entre lo puá blico y lo privado, lo real o lo irreal, el adentro y el afuera, la víáctima y el
victimario (Merino, 1993; Arce, 1993; Actis, et Al, 2006).

Los sujetos que fueron víáctimas de la violencia estatal disponíáan de repertorios de


identificacioá n, de narracioá n y de representacioá n que los configuraban de manera compleja y
en los cuales estaban en juego los vectores de subjetivacioá n con que las instituciones
sociales habíáan pautado sus formas de individuacioá n, para ser instituidos como sujetos
respetuosos del orden social, asíá como los que les permitieron distanciarse de estos
referentes y fueron sedimentados a traveá s de sus praá cticas políáticas y su pertenencia a
organizaciones sindicales, asociativas y/o a grupos armados revolucionarios. Ya en este
primer movimiento los sujetos experienciaron transformaciones subjetivas a traveá s de las
cuales revaluaron los referentes que habíáan modulado los procesos de subjetivacioá n que los
habíáan hecho devenir en sujetos ajustados (sometidos, sujetados) al orden social, para
entrar a configurarse como sujetos que lo impugnaron y concibieron la idea de modificarlo
o de derrumbarlo, bien fuese por medio de mecanismos legales o de la violencia políática
(Castillo, 2007; Montealegre, 2014; Rojas, 1974).

En esta direccioá n, en las narrativas puede entreverse la presencia de discursos que


interpelan a los individuos desde los grandes metarrelatos con sus imaá genes sobre sujetos
cuyo perfil es claro, preciso, tales como el hombre nuevo, el sujeto de la historia, el sujeto
revolucionario, el sujeto universal, neutro y masculino, el sujeto víáctima, entre otras. De allíá
se desprenden exigencias y mandatos: el mandato sacrificial, la condicioá n de guerrero, la
naturaleza femenina o masculina, el ser madre o estar disponible para el hombre en
condicioá n subalterna, lo políático por encima de lo personal, la victimizacioá n como condicioá n

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identitaria, entre otros. Pero al mismo tiempo, estas interpelaciones se confrontan de
manera compleja y contradictoria con formas maá s difusas de configuracioá n de las
subjetividades, en las que entran en juego las singularidades de los sujetos y sus
experiencias especíáficas, cuyos rasgos aparecen a manera de espejos trizados en los que
puede verse la amalgama de mandatos, interpelaciones, resignificaciones, para acercarnos a
una idea maá s decantada sobre lo que son los sujetos que se distancia de las pretensiones de
uniformidad o de coherencia con las que el poder pretende aludir a ellos en su ambicioá n de
gobernar las subjetividades (Teillier, 1993; Rojas, 1988; Carrasco, 1977).

Buena parte de los sujetos que sufrieron el escarmiento (cuyo líámite es la peá rdida de la vida,
aquella que el Estado moderno habíáa “pactado” proteger, al tener el monopolio y el uso
legíátimo de la violencia para su garantíáa) tuvieron que reconfigurarse dentro de las
condiciones de posibilidad que brindaba un orden social capitalista que, en su modelo
neoliberal, se apoyoá en regíámenes autoritarios y/o de democracia restringida durante su
primera fase y que, en la actualidad, ha continuado su loá gica de produccioá n y de
organizacioá n de las relaciones sociales en el marco de regíámenes democraá ticos.

Asíá, los sujetos individuales y colectivos debieron aprender a hablar en la lengua de la


democracia y los derechos humanos de las sociedades capitalistas, para lograr sobrevivir y
defender incluso derechos sociales, civiles y políáticos, usurpados por Estados que cada vez
se alejan maá s de los ideales de los Estados de Bienestar, en pro de los intereses del mercado
y del capital financiero que muestra como improntas del mismo fenoá meno el despliegue de
la exclusioá n políática en el pasado reciente (en el presente en Colombia), con la actual
exclusioá n social y econoá mica.

En toda esta serie de despliegues, en torno a la reconfiguracioá n subjetiva, los individuos


emplearon una multiplicidad de recursos para comprender y procesar lo ocurrido tanto a
nivel social como personal. Buena parte de ellos acudioá a sesiones de terapia sicoloá gica o
psicoanalíática o de programacioá n neurolinguü íástica, a reconversiones religiosas, o procedioá a
estudiar experiencias de terrorismo de Estado a nivel mundial y en muchos de los casos
halloá en el holocausto judíáo claves de inteligibilidad sobre la violencia en sus propios paíáses.

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Varios de quienes estuvieron en el exilio adelantaron tesis de maestríáa y doctorado sobre
temaá ticas afines (Strejilevich; Calveiro; Reati). Muchos de ellos se adscribieron o ayudaron a
conformar organismos en defensa de los derechos de las víáctimas, asociaciones de expresos
políáticos, de ex desaparecidos, de desplazados, entre otras. Y, en muy buena medida, la
mayoríáa de ellos, hizo uso del lenguaje en sus diversas formas, oral, escrito, visual, artíástico,
como estrategia para narrarse y en este proceso instituirse como sujetos y trazar líáneas de
fuga a procesos de sujecioá n y dominacioá n.

Pasados diez, veinte, treinta, cuarenta anñ os, muchos de estos sujetos continuá an en este
proceso de reconfiguracioá n, en donde el tiempo ha permitido ponderar de mejor manera los
acontecimientos vividos y procesar las peá rdidas dolorosas a la luz de las actuales
condiciones histoá ricas; no obstante las secuelas del escarmiento reverberan de manera
fantasmaá tica y pautan de una u otra forma sus comportamientos y sus psiquis, sus cuerpos,
sus praá cticas sociales, sus actitudes frente a la políática. (Actis, et. Al, 2001; Calveiro, 1998)
Igualmente, las nuevas generaciones empezaron a recibir de diversas maneras la
transmisioá n sobre estas experiencias y a sentir afectadas sus identidades en mayor o menor
medida, en unos casos por el silencio de los mayores, por lo no dicho pero latente, o en otros
por el exceso de memoria que con su saturacioá n no permite el procesamiento de lo
acontecido. De este modo, tambieá n ellos han emprendido sus propias narrativas desde el
lugar que algunos llaman pos-memorias, entrando a disputar las significaciones sobre los
acontecimientos de violencia políática dados en estas deá cadas (Cerruti, 1997; Prividera,
2007; Carri, 2003; Berger, 2008).

Las narrativas son de caraá cter diferencial dependiendo del escenario en el cual fueron
enunciadas, no es lo mismo declarar ante un juez, una comisioá n de derechos humanos, una
organizacioá n de familiares de presos y desaparecidos políáticos, un escenario nacional o
internacional, o narrar para circular en un medio artíástico o literario, bien sea a traveá s de la
propia voz o la de un intermediario. Cada uno de estos aá mbitos delinea las condiciones de
posibilidad que tiene el testimoniante para narrar lo vivido, explicar y explicarse lo
sucedido. Asíá, las posibilidades de enunciacioá n de estas narrativas y, en este sentido, las
posibilidades de reconfiguracioá n subjetiva, estaá n articuladas con los contextos y escenarios

13
en los cuales eá stas tienen lugar y los canales de circulacioá n que han alcanzado, al tiempo
que guardan una relacioá n importante con las políáticas de la memoria.

En este sentido, tanto en Chile, como Argentina y Colombia, la produccioá n testimonial deja
al descubierto las luchas por la memoria en torno a las interpretaciones del pasado y a sus
tentativas de hegemonizar en torno a eá l, senñ alando la existencia de fuerzas y sujetos
sociales que, de acuerdo a sus posiciones e intereses dentro del campo políático-cultural, han
privilegiado determinados recuerdos, silencios y olvidos sobre los hechos de violencia
políática y sus distintas formas de comprensioá n. En esta medida, a traveá s de sus relatos, esta
produccioá n contribuye a generar significaciones en las que estaá n en juego cosmovisiones,
pautas de subjetivacioá n, lecciones morales y aprendizajes eá tico-políáticos, cuyos alcances
deben ser delimitados para enriquecer este campo de conocimiento y ponerlo a disposicioá n
de las iniciativas educativas y pedagoá gicas relacionadas con la formacioá n políática y la
buá squeda de soluciones pacíáficas a los conflictos políáticos.

5. Pedagogía de la memoria y narrativa testimonial

Los espacios abiertos en paíáses como Chile y Argentina, y de manera maá s reciente Colombia
para escuchar las voces de los sobrevivientes, militantes, exiliados, familiares de detenidos
desaparecidos y demaá s ciudadanos que han sufrido la victimizacioá n por causa de los
regíámenes represivos, hacen parte de los esfuerzos que se vienen adelantando por la
recuperacioá n y la preservacioá n de las memorias y la comprensioá n de coá mo se constituyeron
los sujetos al calor de dichas vivencias. De tales iniciativas se espera, incluido el
reconocimiento de las víáctimas, la recuperacioá n de un eslaboá n maá s en el
encuentro/desencuentro de las muá ltiples voces que narran el conflicto que posibilite la
reconstruccioá n de los lazos del tejido social quebrados por los miedos y las desconfianzas
que se arraigaron a fuerza de las circunstancias; la reconfiguracioá n de las subjetividades
escindidas por las experiencias líámites que se efectuaron desde las diferentes aristas de la
represioá n; la constitucioá n de una mirada críática hacia el pasado, asíá como de la recuperacioá n
de legados sobre las luchas sociales que se gestaron en estos entornos.

14
Desde este horizonte, una pedagogíáa de la memoria nos debe permitir ver en los diferentes
registros y fuentes, posibilidades no siempre evidenciadas por los discursos institucionales,
y problematizar las formas del recuerdo que eá stos vehiculizan (Herrera y Merchaá n, 2012).
Una pedagogíáa de la memoria, que dentro de sus diversas estrategias incluya el tratamiento
de las narrativas testimoniales, puede ayudar a develar no soá lo los discursos institucionales
sobre las formas de configuracioá n de los sujetos sino tambieá n la pluralidad de formas como
estos se constituyen, asíá como las maneras como deben lidiar con las modalidades
dominantes de sujecioá n y agenciar procesos emancipatorios.

Presentamos, a continuacioá n, algunos fragmentos de narrativas testimoniales de los tres


paíáses, a partir de los cuales haremos algunas reflexiones para vislumbrar las posibilidades
de la narrativa testimonial respecto al develamiento de subjetividades y de procesos de
subjetivacioá n de quienes que han vivenciado acontecimientos de violencia políática. Maá s
adelante mostraremos las potencialidades que tienen tales anaá lisis para trabajos sobre la
historia reciente enmarcados en una pedagogíáa de la memoria. El primero de ellos
corresponde al texto Preso sin nombre, celda sin número del periodista argentino de Jacobo
Timerman:

Trato de llenarme del espacio que veo. Hace mucho que no tengo sentido de las distancias y
de las proporciones. Siento como si me fuera desatando.... Pero hace ya mucho tiempo —
¿cuaá nto?— que no tengo una fiesta de espacio como eá sta. Ahora apoyo la oreja, pero no se
escucha ninguá n ruido. Vuelvo entonces a mirar. EÉ l estaá haciendo lo mismo. Descubro que en
la puerta frente a la míáa tambieá n estaá la mirilla abierta y hay un ojo. Me sobresalto: me han
tendido una trampa. Estaá prohibido acercarse a la mirilla, y me han visto hacerlo. Retrocedo,
y espero. Espero un Tiempo, y otro Tiempo, y maá s Tiempo. Y vuelvo a la mirilla. EÉ l estaá
haciendo lo mismo. Y entonces tengo que hablar de ti, de esa larga noche que pasamos
juntos, en que fuiste mi hermano, mi padre, mi hijo, mi amigo. ¿O eras una mujer? Y entonces
pasamos esa noche como enamorados. Eras un ojo, pero recuerdas esa noche, ¿no es cierto?
Recuerdo perfectamente que parpadeabas, y ese aluvioá n de movimientos demostraba sin
duda alguna que yo no era el uá ltimo ser humano sobre la Tierra en un Universo de
guardianes torturadores… De pronto te apartabas y volvíáas. Al principio me asustaste. Pero
enseguida comprendíá que recreabas la gran aventura humana del encuentro y el
desencuentro. Y entonces jugueá contigo (…) Me hizo bien llorar ante ti... contigo pude llorar
serena y pacíáficamente. Maá s bien, es como si uno se dejara llorar. Como si todo se llorara en
uno, y entonces podríáa ser una oracioá n maá s que un llanto... Tuá me ensenñ aste, esa noche, que
podíáamos ser Companñ eros del Llanto (p. 17, 18, 19).

15
En este fragmento, de un grandíásimo valor esteá tico, se abren muá ltiples posibilidades de
anaá lisis de las cuales mencionaremos solo algunas. Partamos por las variaciones en las
relaciones tiempo/espacio que produce la experiencia líámite, menciones que se tornan
constantes en diversos relatos y que muestran coá mo tales variaciones adquieren una
relatividad mediada en gran parte a traveá s de la experiencia de los cuerpos:

Hoy seá que síá existe la eternidad. Y no es este lugar desde el que estoy contando, sino las
largas horas que transcurrieron entre la noche del martes doce de enero y el amanecer del
mieá rcoles 13. La eternidad es un grito que nunca fue escuchado, es la voz que no sale, es el
corazoá n que late desbocado, son las piernas que tiemblan y no se sostienen, es el miedo que
seca la boca, es desear que todo termine de una vez y para siempre. La eternidad es lo
contrario de la felicidad… (Marbel Sandoval, En el brazo del ríáo, 2006, p. 19)

Este texto corresponde a una narrativa colombiana tejida a dos voces, situada en masacres y
desplazamientos masivos ocurridos en Cimitarra y Puerto Berríáo. La voz ficcional que narra
este fragmento es la de Paulina, una ninñ a de 15 anñ os, desaparecida en una accioá n conjunta
entre militares y paramilitares que operaban en la regioá n. El texto corresponde a las
primeras palabras de Paulina, quien reiteraraá hacia el final del relato, el momento que
marca esa especie de no-existencia que es la desaparicioá n, una alusioá n al espacio/tiempo
“eternidad” (traíáda de una idea religiosa y resignificada a partir de la experiencia
traumaá tica): “La eternidad es esta noche en que nadie me escucha. Este suplicio repetido
una y otra vez hasta que siento que las caderas se me abren. Es la muerte que no llega”
(Sandoval, 2006, p. 109)

En el anaá lisis de Tejas Verdes, el testimonio chileno maá s temprano sobre la denuncia de los
críámenes de la Dictadura Militar de Pinochet, escrito por Hernaá n Valdeá s y publicado en el
exilio, Nora Strejilevich (1991) resalta algunas alusiones a aquello que representoá la
situacioá n de encierro, en teá rminos de la descolocacioá n de los referentes espaciotemporales:

El espacio cerrado al que estaá n condenados coincide con un tiempo de espera, tiempo de
inexplicable inactividad a la que las víáctimas se ven sometidas en un ambiente despojado de
atributos. La vida se transforma en una repeticioá n de sin sentidos que los prisioneros intentan
desentranñ ar incansablemente. La espera se ve interrumpida y amenazada por el
interrogatorio, escena que pende sobre todos como la culminacioá n absurda y temida del ciclo
de la prisioá n. Durante el trascurso de estos díáas se va exasperando la percepcioá n: de la

16
sorpresa inicial se pasa a una enajenacioá n toda de lo corporal a medida que las amenazas se
concretan -simulacro de fusilamiento, interrogatorio- y este proceso llega a su punto
culminante cuando el narrador descubre haber perdido toda conciencia de su cuerpo (p. 143-
144).

Veamos las alusiones al espacio en el relato de Timerman: “Trato de llenarme del espacio
que veo… Hace tiempo que no tengo una fiesta de espacio como esta”... Notemos un sujeto
vaciado de espacio que intenta llenarse de eá l al verlo, ahora lo ve, ve el espacio… el texto
completo describe coá mo el hombre con sus brazos extendidos en la celda logra tocar las dos
paredes… esta es su fiesta de espacio. Podemos situar, entonces, un espacio anterior, uno
auá n maá s pequenñ o, una celda tal vez. Sin embargo, la experiencia traumaá tica es tambieá n
atravesada por un encierro auá n maá s limitado, uno que se cierne sobre la piel y que ademaá s
del espacio fíásico enclaustra el espacio psicoloá gico, esto es la venda o la capucha. A
continuacioá n presentamos un fragmento de la novela testimonial Recuerdo de la muerte, del
argentino Miguel Bonasso que nos permite acercarnos a los muá ltiples significados que
entranñ an estos dos elementos de encierro:

La capucha y las vendas constituyen una preocupacioá n de los torturadores: los protegen de la
mirada de la víáctima. Pero cumplen otra funcioá n: encierran a la víáctima en síá misma. El mundo
entero ha quedado en tinieblas. Maá s allaá de la tela basta y grasienta que cubre el rostro, hay un
universo de amenazas. No estaá n allíá los companñ eros, la familia, los amigos. La capucha ha
suprimido toda historia y todo porvenir. Es un negro presente de soledad y desamparo. Y se
cierne sobre el individuo como una incoá gnita. No soá lo impide mirar afuera, obliga a mirar
hacia adentro. A preguntarse si uno va a resistir. Si va a salir de la prueba siendo el mismo de
antes o va a convertirse en un traidor. La capucha reduce el mundo a una sola decisioá n, a un
uá nico temor. Es sabia. Maá s sabia y menos benevolente que la muerte (1984, p. 37).

De vuelta al relato de Timerman, otro aspecto que resulta interesante destacar es el manejo
de las voces. Tanto la voz del narrador como las caracteríásticas con las que dota la existencia
de los otros. En la primera es posible situar un giro que hace el narrador en el sujeto de la
recepcioá n: en un primer momento se dirige a un puá blico ajeno, externo a la situacioá n del
relato y, luego, se dirige al tú que configura en la narracioá n. Viene de contarnos que se
asoma a la mirilla y ve a alguien maá s hacer lo mismo. Veamos el momento en el que se
produce el cambio en la enunciacioá n: “Él está haciendo lo mismo. Y entonces tengo que
hablar de ti…”. En este giro se establece la fuerza de la construccioá n del otro como un tú
cercano, coá mplice, companñ ero, que requiere de un espacio de intimidad del que hacen parte

17
solo el tú y el yo, un espacio en donde el narrador dice “eres tú quien importa ahora”, pero
notemos que no es un tú que cobra valor por síá mismo sino porque permite la existencia de
un nosotros encontrándonos, viéndonos y llorando juntos…

Cuando situamos el encierro en el yo que produce la venda o la capucha, encontramos la


potencia de la construccioá n de ese espacio en el que el otro es tan importante. Tambieá n
podemos ver coá mo en el encuentro con el otro se potencia la salida del pensamiento hacia
afuera de las fronteras del Universo (ese que situá a el autor en el relato) limitado por el
encierro del que hacen parte los ellos que amenazan, que ponen trampas y establecen las
reglas… noá tese que el narrador dice “este Universo de guardianes torturadores”, ademaá s,
fijeá monos en que es un Universo escrito con mayuá scula, es decir, El Universo,
aparentemente el uá nico existente para el sujeto del encierro. Es precisamente el lugar de la
construccioá n de esas otras voces, el tú y el ellos, en donde se dota a cada uno de unas
caracteríásticas que los situá an con unas cargas ideoloá gicas particulares.

El tú es un ojo, un fragmento de alguien que encuentra entidad en la asuncioá n de personajes


familiares (el padre, el hermano, el hijo, el amigo o la enamorada, personajes cuya mencioá n
situá a ademaá s la dualidad adentro/afuera en donde se abre la posibilidad de situar un
universo externo maá s allaá del universo presente). Hay un ojo, un fragmento de alguien.
Mostraá bamos en la primera parte coá mo estos relatos dan cuenta de una fragmentacioá n del
sujeto y Timerman logra situar esto en una bellíásima metaá fora. Al nombrar las figuras
recortadas que capta por la pequenñ a ventana y con las cuales busca restablecer las partes
del cuerpo del otro, es como si buscase construir su propia identidad, en un recurso en el
cual la mirada se convierte en el horizonte para guardar esperanzas, para reconfortarse en
medio del dolor, para tener contacto con ese otro, prisionero, que le puede ayudar a
reconstruir su unidad, para saber que eá l “no era el uá ltimo ser humano sobre la Tierra en un
Universo de guardianes torturadores”.

Sus descripciones de la relacioá n entablada con otro prisionero, a traveá s de la mirilla de la


celda, rescatan los rasgos del ser humano por encima de cualquier otra adscripcioá n. Asíá, la
deshumanizacioá n que se impone a traveá s de los procesos de encierro, aislamiento, tortura

18
es revertida en “la aventura humana del encuentro y el desencuentro”, pequenñ as acciones
que se tornan en lo que De Certeau (1990) denominaraá microrresistencias, a partir de las
cuales se intenta sostener el lazo con el otro, a traveá s de quien es posible mantener el
víánculo con la vida. En los siguientes fragmentos, retomados del cortometraje Trazos de
memoria producido por el equipo de trabajo del espacio de memoria Londres 38, otrora
centro clandestino de detencioá n en Chile, encontramos referencias a estas formas de
mantener el lazo con el otro. Primero estaá el testimonio del escultor Mario Irarraá zabal y
luego el de EÉ rika Hennings, actual directora de Londres 38, militante del MIR 3 y esposa del
detenido desaparecido Alfonso Reneá Chanfreau. Ambos testimoniantes son sobrevivientes
de Londres 38:

Mario: La detencioá n es la tíápica. Eran unas camionetas C-10, doble cabina. Me metieron en el
asiento de atraá s, me vendaron los ojos. Pero poco menos que pidieá ndome disculpas. Miguel
Krassnoff era muy correcto, muy educado y me dijo que no me preocupara, que me iban a
hacer un par de preguntas y que despueá s volveríáa. Asíá comienza todo el sistema paulatino en
que uno va perdiendo todos sus derechos y todo su honor. Te empiezas de a poco a
garabatear y a maltratar. Se veíáa que era importante que yo no supiera para doá nde me
llevaban. Ahíá empieza el juego, uno trata de recordar por doá nde diablos lo estaá n llevando,
pero dan miles de vueltas y al final es imposible. Entonces tuá no sabes a doá nde te llevan y eso
ya es parte de la tortura. Sin saber doá nde llegamos me meten a una sala, me ofrecen un cafeá y
todavíáa, relativamente atentos conmigo, el guardia, disculpaá ndose, me dice que auá n no ha
llegado el pan. Yo estaba ahíá sentado, creíá que estaba soá lo con el guardia y entonces de
repente empeceá a escuchar un murmullo que decíáa: “¿Quieá n tiene pan?, ¿Quieá n tiene pan?,
¿Quieá n tiene pan?”… Entonces me doy cuenta que tiene que haber habido unas veinte
personas maá s en la sala y se escuchaba el ruido de las esposas y todo. De repente, no
recuerdo coá mo, me llega un pedazo de miga de pan. Entonces yo penseá “pucha, ¿quieá nes son
estas personas y cuaá n valioso es el pan que estoy recibiendo?”. Decidíá despueá s que esa fue mi
primera comunioá n, quizaá s no es un sentido tíápico religioso. Despueá s supe que lo peor es
cuando uno estaá solo. Afortunadamente yo nunca estuve solo (Londres 38 espacio de
memoria, 2012).

EÉ rika: Yo estuve 18 díáas en Londres 38, lo que es mucho. Cuando llegueá habíáan sesenta a
setenta personas, que era el promedio de personas que habíáa regularmente. Aunque podíáan
llegar, incluso, a ciento veinte, ya que la DINA estaba permanentemente operando,
interrogando, torturando y, simultaá neamente, analizando la informacioá n para salir a detener
maá s gente, durante las noches o en las tardes que era cuando la casa se llenaba. Recuerdo
fuertemente el díáa en que el Guatoá n Romo 4 tiroá a mis pies a la Muriel y me dijo: “Aquíá tienes
una de las tuyas”. Y la Muriel lloraba. Desde ahíá yo y la Muriel no nos separamos nunca maá s,
salvo, cuando eá ramos llevadas a interrogatorio. Estaá bamos abajo, en el primer piso. Los
interrogatorios y la tortura se pasaban en el segundo piso. Y en esa circunstancia, doá nde el
3
Movimiento de Izquierda Revolucionaria.
4
Hace referencia a Osvaldo Romo un torturador miembro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

19
lugar comuá n dice que uno calla, que no se dice nada, nosotras empezamos a hablar, en voz
baja. Empezamos a hablar de nuestras vidas. No conversamos, obviamente, acerca del MIR o
lo que hacíáamos mientras militaá bamos. Hablamos de nuestras vidas. Asíá que ella me contoá de
su familia, de coá mo habíáa caíádo, me contoá que habíáa estado detenida antes junto a su marido
en el AGA5. Como estaá bamos vendadas y no nos conocíáamos, nos quisimos, entonces,
describir. Dijimos: “¿Coá mo eres tuá ?”. Y la Muriel me dice describieá ndose “Mira, yo soy alta,
mido tanto, tengo el pelo largo, rubio”, etc. Tambieá n lo hice yo: “Mira, yo soy flaca”, le dije,
“mido tanto, soy de pelo largo”. Y la Maríáa Angeá lica, que tambieá n estaá desaparecida, tambieá n
se describe. Se describe como que era chiquitita, colorina, pecosa… Tal vez hicimos todo eso
como una forma de soportar, de sobrevivir a esa situacioá n. Pudimos hablar de todo eso
porque estaá bamos juntas, las tres juntitas (Londres 38 espacio de memoria, 2012).

Si pensaá ramos, por ejemplo, en poner en diaá logo estas narrativas con otras y nos dieá ramos a
la tarea de rastrear una temaá tica a partir de las inquietudes que nos suscita, podríáamos
pensar en un ejercicio de memoria. Ponerles rostro a estas narrativas, detenernos a pensar
en el encierro, en la capucha, en las fronteras de un universo limitado y preguntarnos
entonces ¿Por queá un Centro Clandestino de Detencioá n?, ¿queá circunstancias haríáan posible
su existencia?, ¿coá mo podríáa ser?, ¿doá nde?, ¿quieá nes lo controlan?, ¿quieá nes son los
detenidos?, ¿queá tipo de actividades pueden darse allíá? ¿Coá mo seríáa la cotidianidad de un
detenido?… Ahora bien, ¿si para intentar responder a algunas de las preguntas nos
apoyamos en cine y documentales? Si rastreamos en Argentina apareceraá n lugares
emblemaá ticos como la ESMA (Escuela Mecaá nica de la Armada) y Mansioá n Sereá ; en Chile
escucharemos referencias a Villa Grimaldi o a Londres 38, entre otros. ¿Y si nos
preguntamos por centros clandestinos de detencioá n en Colombia? Un punto de partida
podríáan ser los hechos del Palacio de Justicia del cual conmemoramos 30 anñ os de su
desarrollo. Y allíá nos abriríáamos a un nuevo drama y a otras muá ltiples narrativas que nos
permitiríáan acercarnos a la comprensioá n del acontecimiento (sus moá viles, sus condiciones
de posibilidad) y tambieá n de las formas de ser sujeto que derivan de las muá ltiples voces que
lo acompanñ an.

Regresemos al asunto de los lugares de memoria… Muchos de estos lugares han sido
convertidos en Espacios de Memoria ¿Por queá no ir tras las pistas de las nuevas
significaciones que se han dado sobre estos lugares?, de las organizaciones que estaá n detraá s
de estas reapropiaciones de los espacios, de las historias de quienes estuvieron allíá y

5
Academia de Guerra de la Fuerza Aérea.

20
sobrevivieron, de las historias de los desaparecidos… ¿Y si pensamos nuestro espacio
geograá fico como un gran contenedor de memorias?, ¿y si lo exploramos y hacemos nuestro
propio mapa de memorias?

Como lo mencionaá bamos, las posibilidades de anaá lisis de estas narrativas que resultan
particularmente ricas son mayores, por mucho, a las que presentamos aquíá. La pretensioá n
de acercarnos a estas narrativas de los tres paíáses ademaá s de poder situar algunas de las
caracteríásticas mencionadas en la primera parte respecto de las narrativas testimoniales y
las posibilidades de mirarla desde la pedagogíáa de la memoria, es la de presentar la
propuesta pedagoá gico-didaá ctica que hemos venido desarrollando en nuestras
investigaciones para introducir las apuestas que estaá n allíá presentes, propuesta que,
justamente, ha dado origen al tíátulo del presente artíáculo: Cuento para no olvidar.

Cuento para no olvidar constituye una propuesta de formacioá n apoyada en la elaboracioá n de


una paá gina web cuyo propoá sito es brindar aportes pedagoá gico-didaá cticos para la ensenñ anza
de la historia reciente, inicialmente, en relacioá n con los tres paíáses a los que se refieren
nuestras investigaciones, Argentina, Chile y Colombia. En este sentido, guardando las
precauciones que se requieren respecto a cualquier tipo de fuente utilizada tanto para la
investigacioá n histoá rica como para la ensenñ anza de la misma, quisimos construir una
propuesta que intenta rescatar la singularidad de la narrativa testimonial y ayudar a su
visibilidad y a fomentar su uso como estrategia pedagoá gica, acompanñ ada por supuesto de
otro tipo de fuentes documentales pero despojaá ndola de las sospechas a las que ha sido
sometida por algunos investigadores al cuestionar sus posibilidades de objetividad. Dicha
propuesta se encuentra disponible en la paá gina: www.cuentoparanoolvidar.com

No corresponde en este espacio el dar una descripcioá n detallada del sitio. Por lo tanto,
dejamos una invitacioá n abierta, sin líámites de tiempo o espacio, sin caducidad, para que se
introduzcan en ella, naveguen en sus profundidades y la enriquezcan a traveá s de sus
reflexiones y sus praá cticas. Nos gustaríáa precisar que esta propuesta se encuentra lejos de
ser un manual o una guíáa de actividades para la ensenñ anza de la historia reciente, por el
contrario, se constituye en una invitacioá n a la reflexioá n de un acto pedagoá gico en el cual

21
cada uno de sus actores -maestros, estudiantes, padres de familia y comunidad educativa en
general- se considera un(a) constructor(a) activo(a) de memoria. Nos guiamos bajo el
presupuesto de que la memoria no corresponde a un proceso unidireccional ni que consiste
solamente en un ejercicio de transmisioá n, sino que, por complemento, es un proceso
dialoá gico de construccioá n tanto subjetiva e individual, como social y colectiva.

El sitio se compone de 1) un recorrido por cuatro ejes temaá ticos que tratan de abarcar
buena parte de las temaá ticas asociadas a la violencia políática en la historia reciente de
Ameá rica Latina. Estos ejes son: Regíámenes represivos, Identidad y subjetividades, Memoria
individual y colectiva y, Derechos Humanos; 2) un espacio dirigido a maestros en el cual
explicamos en detalle nuestras apuestas acerca del por queá de la ensenñ anza de la historia
reciente, los ejes temaá ticos de la propuesta y la líánea pedagoá gico - didaá ctica; 3) unos
ejercicios concretos de memoria que, como detallaremos maá s adelante, presentamos a
manera de estrategias pedagoá gicas y ejercicios por temaá ticas; 4) una caja de herramientas
cuyo propoá sito es que los materiales que presentamos sean posibilidades para pensar
nuevos ejercicios de memoria; allíá encontraraá n, entre otros íátems, una base de datos de los
trabajos que han representado un gran aporte en el campo, incluidos los del Programa de
Investigacioá n y Formacioá n de nuestro grupo de investigacioá n; 5) un directorio de
organizaciones sociales e instituciones de los tres paíáses dedicadas a la defensa de los
derechos humanos, a la construccioá n de la memoria y a la generacioá n de espacios,
materiales, discusiones y reflexiones en torno a los procesos que se adelantan en cada uno
de los paíáses.

La líánea pedagoá gico-didaá ctica de la propuesta consta de 3 momentos no lineales,


imbricados: Trabajo de indagacioá n – Lectura Intertextual de diferentes Narrativas –
Produccioá n de Narrativas. Estos tres momentos estaá n atravesados por la PREGUNTA como
eje orientador pues, consideramos que a partir de eá sta se promueve la confrontacioá n
constante de las comprensiones de los hechos para su construccioá n en el ejercicio
intersubjetivo. Los tres momentos los presentamos a traveá s de tres estrategias pedagoá gicas
que pueden ser aplicadas a cualquiera de los ejercicios de memoria de acontecimientos
especíáficos a los cuales pretendamos acercarnos. Constituyen, por decirlo de alguna manera,

22
una estructura a traveá s de la cual pueden soportarse otras actividades y, al mismo tiempo,
un punto de partida. Estos son: periodismo e investigacioá n, aproximacioá n a narrativas
testimoniales y nuevas escrituras.

La forma en la que presentamos los ejercicios hace eá nfasis en la idea de una historia que
tiene conexiones histoá ricas entre los acontecimientos de violencia políática que se han dado
en estos tres paíáses. Asíá los ejercicios que proponemos estaá n planteados a partir de
temaá ticas que son comunes a Argentina, Chile y Colombia, con particularidades en sus
formas de desarrollo. Asíá, por ejemplo proponemos ejercicios en torno a las temaá ticas de
Genocidio, Centros Clandestinos de Detencioá n y lugares de memoria, Identidades robadas,
Construccioá n de procesos de paz, Masacres y Desplazamiento. Asimismo, dentro de estos
ejercicios abordamos toá picos maá s especíáficos como el exilio y la desaparicioá n. Precisamente,
el ejercicio que les planteamos al comienzo hace parte de la temaá tica “De Centros
Clandestinos de Detencioá n a Espacios de memoria”.

En los trabajos de memoria que proponemos se encontraraá n con una apuesta por el diaá logo
intergeneracional y por un constante ir y venir entre la memoria individual, la memoria
colectiva y la memoria histoá rica, una apuesta que no propende por la imposicioá n de
verdades sino por aquello de “formarse su propia opinioá n” como le recomendoá el padre
Eduardo a la pequenñ a Sierva Maríáa quien con apenas 13 anñ os tuvo que aprender a recopilar
todas las versiones sobre lo que le pasoá a su amiguita Paulina, para desconfiar de ellas y,
justamente, formarse su propia opinioá n 6.

Para finalizar, vale la pena insistir en la necesidad de configurar la Caá tedra de la Paz como
un espacio de construccioá n de sentidos, de encuentro de muá ltiples voces y de confluencia de
distintas temporalidades que nos permitan comprendernos en la complejidad del tejido
social y pensar-nos en el proyecto de sociedad que estamos agenciando. Asimismo,
reiteramos la invitacioá n a explorar nuestra propuesta Cuento para no olvidar y observarla
como una provocacioá n, si se quiere, a continuar pensando en posibilidades que nos

6
Sierva Maríáa es la segunda voz que conforma el relato de En el brazo del río.

23
permitan dar cuenta del pasado con lecturas en clave del presente para proyectar
horizontes de futuro posibles.

Referencias Citadas

Actis, Munuá .; Aldini, Cristina.; Gardella, Liliana.; Lewin, Miriam; Tokar, Elisa. (2001; 2006).
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octubre de 1987. En Cuadernos de Sociología. N° 2. Recuperado el 18 de noviembre de
2013, de http://politicalatinoamericana.sociales.uba.ar/files/2011/05/anderson.pdf.
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Berger, Verena. (2008). La buá squeda del pasado desde la ausencia: Argentina y la
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