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LEGADO ANDINO Y PATRIA CRIOLLA

En este capítulo, MATOS analiza los antecedentes de lo que denomina “desborde popular” de los

pobladores indígenas a la capital, describiendo el escenario político, económico y social del


proceso de migración que afrontó el poblador rural a lo largo del siglo XX.

Como datos estadísticos, MATOS refiere que en 1940 solo el 17% de la población vivía en la
ciudad, sin embargo, al año 1977 ya el 65% de la población nacional era urbana; arrojando
una conclusión que sirve de justificación para su obra: que más de la mitad de la población dejó la
vida rural y se asentó en la urbe, generando consecuencias sociales y económicas en los lugares de
origen y de destino en este movimiento migratorio.

A manera de antecedentes, MATOS hace una referencia que durante los procesos de colonización
eindependización, que utilizó el sistema de subordinación de lo indígena en su propio beneficio.
Además, advirtió que este sistema generó una persistente discriminación entre el indígena y el
europeo, posteriormente entre el serrano y el costeño, indio y criollo, entre lo rural y urbano.

Ya en el siglo XX, los principales antecedentes son:

(i) en el campo político, se genera una búsqueda de un Estado Nación en la década


de 1920, que aterriza en la creación de partidos políticos radicales de izquierda y
derecha (APRA, PCP, PSP y DR, Unión Revolucionaria) que se conecta con los gremios
obreros, naciendo el populismo; sin embargo, en la década de 1960 se generan
acciones guerrilleras que conmocionan la institucionalidad política, así como los
posteriores gobiernos militares.
(ii) (ii) en el campo social, refiere que en la primera mitad del siglo XX el ingreso de
nuevas ideas y costumbres al mundo rural fue lento, sumado al pobre avance de los
medios masivos de información. Sin embargo, en la década de 1950 se generó un
elemento central que caracteriza a la sociedad actual: la concentración de grandes
contingentes de migrante en Lima, generando en un nuevo tipo de asentamiento
urbano denominado barriada.
(iii) en el campo económico, es un periodo marcado por el desarrollo de la actividad
económica en 03 campos principales: minería, agroindustria y comercio; que a la vez
es impulsado por la construcción de vías de comunicación que cruzan el país de norte
a sur, y también por vías de penetración. Si bien se generaron movimientos de
reforma agraria, estos se quedaron como “demandas” antes que como políticas de
estado.

El autor denuncia la falta de unidad como nación y la falta de una identidad, siendo esta una de las
causas fundamentales de la crisis del Perú Republicano, sentenciando que será aún un problema
no resuelto: “al no haberse encontrado una fórmula de síntesis ecuánime que forjase un continuo
entre la herencia andina y la herencia colonial, la deuda histórica del siglo XIX deviene en tarea
prioritaria para el Perú del siglo XXI”
EL NUEVO ROSTRO DEL PERU

En este capítulo, el autor nos revela la nueva cara o faceta de la sociedad peruana, una sociedad
que a1980 representa las ¾ partes de la población nacional, una sociedad que ha dejado el campo
o la vida rural y ha migrado a las capitales de departamento, a las costas del país, o a la ciudad de
Lima, que de por sí representa un porcentaje significativo de la población.

Pero esta población ha cambiado, no es la misma de la primera mitad del siglo XX.

Como antecedente de este cambio, el autor explica la existencia de una crisis económica nacional,
vinculada a la subordinación al sistema financiero. La respuesta del Estado a esta crisis fue el
incremento del control burocrático sobre la industria, comercio y trabajo, generándose un Estado
mucho más inoperante. Frente a esta situación, estos sectores económicos (industrial, comercial y
trabajo) escapan hacia márgenes de la legalidad, produciéndose una economía popular llamada
“informal”.

En tal sentido, se han ido formando dos circuitos económicos: uno oficial constituido por el
universo registrado de personas que operan en el comercio, la producción, transporte, servicios al
amparo de leyes; y otro, contestatario y popular, en el que opera un universo de empresas y
actividades no registradas, que se mueven fuera de la legalidad o en sus fronteras,
frecuentemente adaptando al nuevo medio las estrategias, normas, costumbres de la sociedad
andina y desarrollando creativamente sus propias reglas de juego.

Al hacerse más rígido el mercado oficia de trabajo, los sectores populares tienden a crear el suyo
fuera de este ámbito. Y paralelamente se han creado condiciones para respuestas regionales
populares en protesta por la ineptitud estatal. De tal forma, que el divorcio entre el Estado y la
Sociedad que se generó en la década de 1950, ha dado lugar a un sistema de relaciones que se
opone a la formalidad, amplio y masivo.

Esta realidad nos presenta a dos sistemas antagónicos, por un lado, el Estado sin planes y
proyectos y, por otro lado, la contestación de sectores populares. Más aún, la ausencia de un
proceso de industrialización ha precipitado la descomposición de las estructuras económicas,
sociales y culturales del país.

EL NUEVO ROSTRO URBANO: LA FORJA DE UNA IDENTIDAD

Desde 1940 hasta 1841, la población de Lima se quintuplicó, llegando a tener a inicio de la década
de1980 un aproximado de 6 millones de habitantes.

Esto ha generado en la capital una expansión urbana que ha incorporado los valles de Chillón y
Lurín; sin embargo, Lima se divide en dos zonas: una primera surgida de barriadas y
urbanizaciones populares y otra que incluye a los distritos tradicionales y modernos.

Hasta 1950 el crecimiento urbano de Lima se desarrolló principalmente siguiendo los patrones y
normas oficiales. En esa situación el migrante tuvo que adaptarse al contexto que le ofrecía la
ciudad y encontrar soluciones dentro de las posibilidades dadas por su experiencia previa. Sin
embargo, para 1984, Lima sea convertido en escenario de un masivo desborde popular.
El Centro de Lima se ha desplazado, alternando el rostro de la vieja ciudad y nuevos centros de
gravedad.

La población migrante traslada la herencia cultural a la ciudad generándose fenómenos como: la


popularización de la música andina.

Por otra parte, se genera como problema el colapso de los servicios públicos, entre ellos los de
transporte. Tampoco el descanso y el ocio encuentran un espacio en la urbe.

Lima comienza a esbozar el nuevo rostro peruano, que pugna por lograr una forma definida y que
tratará de legitimarse jurídicamente venciendo toda resistencia opuesta por la ya debilitada
maquinaria de la vieja república criolla: estamos ante una fusión interregional de culturas,
tradiciones e instituciones, con fuerte componente andino y dotado de un sentido propio de la ley
y de la moral, que depende más de los usos, costumbre y decisiones colectivos y de las
necesidades de vivir cotidiano, que de las fuentes teóricas del derecho que fundamentaros la
constituciones y códigos del Perú republicado.

A MODO DE CONCLUSIÓN:

 El autor nos presenta en su obra una idea propia del proceso de migración que se generó
durante la segunda mitad del siglo XX en el Perú, que generó un cambio en la imagen de
nuestra sociedad: pasamos de ser una sociedad rural a una sociedad urbana.

 Sin embargo, este cambio se produjo de forma desordenada, calificándola como un


“desborde social”, que generó una sociedad con 02 esquemas económicos distintos: un
esquema formal y uno popular o “informal”.

 Frente a esta situación el Estado poco hizo para integrar estos 2 esquemas, más aún
cuando el Estado puso trabas que agudizaban alguna aproximación al respecto.4.

 En la ciudad de Lima, que es la que ocupa casi la mitad de la población nacional, este
fenómeno genera un contraste cultural de dos corrientes. Ello le otorga un nuevo rostro al
Perú, quizás una nueva identidad como nación.

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