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Actualmente la generación millenial está atravesando por un gran problema.

Este problema se
presenta generalmente en estudiantes universitarios, pero también se observa en jóvenes
trabajadores. Esta dificultad es conocida como la procratinación, que se refiere a la acción de
postergar actividades que son ineludibles, por otras que tienes menos relevancia. La procrastinación
se puede observar en dos niveles, el eventual y el crónico, el primero ocurre ocasionalmente y el
otro de manera constante.

De ambos niveles el crónico es el que más afecta no solamente la salud física, sino, sobre todo, la
salud mental ya que promueve el estrés, la falta de concentración y el distraimiento de otras
actividades que también son prioritarias, pero por la falta de organización se dejan para el último
minuto. Adicionalmente, numerosos estudios confirman que los procratinadores son jóvenes hasta
los 30 años de edad que tienden a administrar si tiempo pésimamente. Esto realmente se trata de
aun autoengaño que les hace sentir un falso control de la situación, pero en realidad es un intento
de evadir tareas cruciales.

En conclusión, la procrastinación afecta tanto al estudiante como al trabajador y consiste en


remplazar cosas importantes por actividades de menos relevancia. Por eso ¿Qué podemos hacer
para cambiar esta situación?, lo que debemos hacer es organizar nuestro tiempo, dejar de lado las
distracciones, trabajar en lugares adecuados, empezar a generar buenos hábitos, aprender a decir
que no. Además, podemos utilizar técnicas como la del Pomodoro, es decir, espacios de trabajo
seguidos de espacios de descanso, también empezar a emplear el uso de agendas, calendarios, entre
otros. Concluiremos con el pensamiento Mason Coley: “La procrastinación hace más difícil las cosas
fáciles, y hace aún más difíciles las cosas difíciles”.