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Teología

Cuando me propusieron por primera vez dar un curso titulado “Cuestiones de Teología” fui asaltado
por una oleada de dudas. Por un lado era evidente que no se trataba de un estudio sistemático, pues
tiene apenas un semestre de duración y sus alumnos son estudiantes de grado de diversas facultades
(economía, derecho, etc.); por otro, el término “teología” nació en la cultura griega y fue
reformulado por autores cristianos de los primeros siglos. Y esto crea un problema metodológico:
¿Qué sentido tiene hablar de “teología judía”? Los sabios judíos no suelen decir que “estudian
teología”, sino que “estudian la Torá” (o el Talmud).
Por esta limitación cultural del término “teología”, algunos, prefieren hablar de “religión”. Abundan
los textos sobre “historia de las religiones”, o sobre “religiones antiguas” (o modernas) en los que se
describen los rasgos más característicos de esa peculiar actitud del hombre que busca un contacto
con una realidad superior. Así, pues la materia podría titularse “Cuestiones de Religión”, pero
tampoco este término está libre de problemas. Sin embargo, “religión” también es un término muy
propio de la cultura occidental, que es difícil aplicar a realidades como el budismo terevada.
Muchos lo consideran un estilo de vida (una filosofía), y no una religión. Además, carece de
divinidad y sus adeptos no profesan un conjunto organizado de creencias.
A pesar de todas las dificultades, es necesario contar con un nombre y “Cuestiones de Teología”
puede entenderse de modo popular como un conjunto de elementos que facilitan la comprensión de
nuestro mundo, especialmente en sus aspectos trascendentes.

¿Qué es la Teología?
El DRAE la define como “ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones”. Ciertamente
así se justifica su etimología griega – “θεολογία, de θεολόγος, teólogo” –, pero el lector queda
perplejo ante la gran cantidad de sintagmas que aparecen a continuación: T. ascética, T. mística, T.
pastoral, etc.
La perspectiva que más puede ayudar a entender su alcance es la histórica, pues aclara su sentido y
también lo circunscribe culturalmente.
El primero en usar el término es Platón, en su “República” (II, XVIII), cuando se plantea cómo debe
ser la educación de los jóvenes y cómo hay que seleccionar los mitos (fábulas, dice Platón) que se
les cuentan, para que transmitan cosas verídicas:
-Si ahora nos viniese alguien a preguntar también qué queremos decir y a qué clase de
fábulas nos referimos, ¿cuáles les podríamos citar?
Y yo contesté:
-¡Ay, Adimanto! No somos poetas tú ni yo en este momento, sino fundadores de una
ciudad. Y los fundadores no tienen obligación de componer fábulas, sino únicamente de
conocer las líneas generales que deben seguir en sus mitos los poetas con el fin de no
permitir que se salgan nunca de ellas.
-Tienes razón -asintió-. Pero vamos a esto mismo: ¿cuáles serían estas lineas generales
al tratar de los dioses?1
-Poco más o menos las siguientes -contesté-: se debe en mi opinión reproducir siempre
al dios tal cual es, ya se le haga aparecer en una epopeya o en un poema lírico o en una
tragedia.
-Tal debe hacerse, efectivamente.
También Aristóteles la aplica a la poesía de Hesíodo y Homero cuando tratan sobre los dioses.
Además, en la Metafísica (VI, I 1025a 19-20) habla de la “filosofía teórica (o especulativa)”, que se
divide en matemática, física y teología (usa este nombre para lo que posteriormente se llamará
“metafísica”):
“Habrá tres filosofías especulativas: la Matemática, la Física y la Teología (pues a nadie
se le oculta que, si en algún lugar se halla lo divino, se halla en tal naturaleza, y es
preciso que la más valiosa se ocupe del género más valioso”.

S. Justino usa el verbo theologein para referirse a la exégesis cristiana de textos bíblicos.
Clemente de Alejandría alaba al estoico Cleantes diciendo que, en sus escritos no ofrece “Teogonía”
(lit: origen de los dioses; genealogía de los dioses), sino “Teología”. Es decir, abandona la mitología
fabulosa y hace algo próximo a la filosofía.
Origenes considera que la teología es una doctrina recta sobre Dios y, en particular, sobre Cristo
(Dios salvador).
Eusebio de Cesarea, es el primero en usar el nombre para una obra: “Teología eclesiástica”, donde
usa un concepto similar al de Orígenes.
S. Basilio es el primero en distinguir entre teología y economía2.
Algunos padres hablan de “teología” como de la “unión con Dios”. Evagrio Póntico dice que “el
cristianismo es la doctrina de Cristo, nuestro Salvador, que se compone de la práctica, la física y la
teología”3. La “práctica” es la purificación del alma, la “física” es la contemplación de los seres
creados, la “teología” es la etapa final de carácter infuso.
S. Agustín usa con frecuencia la palabra teología y teólogo, pero está muy influenciado por el
filósofo pagano Varrón (+27 aC), que habla de “teología” como la doctrina de lo divino basado en la
razón. Varrón la divide en:
Mítica o fabulosa, propia de los poetas (genus mythicon).

Natural (genus physicon), propia de los filósofos.

1 La expresión “¿cuáles serían estas lineas generales alal tratar de los dioses?” podría traducirse también más
literalmente como “¿cuáles serían esas líneas directivas de la teología?”: «᾿Αδείμαντος: "Ὀρθῶς, ἔφη· ἀλλ' αὐτὸ δὴ
τοῦτο, οἱ τύποι περὶ θεολογίας τίνες ἂν εἶεν"».
2 Los Padres de la Iglesia distinguen entre la "Theologia" y la "Oikonomia", designando con el primer término el
misterio de la vida íntima del Dios-Trinidad, con el segundo todas las obras de Dios por las que se revela y
comunica su vida. Por la "Oikonomia" nos es revelada la "Theologia"; pero inversamente, es la "Theologia", quien
esclarece toda la "Oikonomia". Las obras de Dios revelan quién es en sí mismo; e inversamente, el misterio de su
Ser íntimo ilumina la inteligencia de todas sus obras. Así sucede, analógicamente, entre las personas humanas, La
persona se muestra en su obrar y a medida que conocemos mejor a una persona, mejor comprendemos su obrar
(CEC, 236).

3 Tratado práctico I; cit. En J. Morales, Introducción a la Teología, p. 26.


Civil (genus civile), propia de los políticos (viene a ser el culto que se da públicamente
a los dioses). Es la que considera más importante.

Agustín refuta (De Civitate Dei, lib. VI-VII) la T. Mítica y la Civil porque se ocupan de falsos
dioses. Dice que estas “no han proporcionado a nadie la vida eterna (…) la una esparce mentiras, la
otra las recoge; la una carga los asuntos divinos de crímenes imaginarios, la otra acoge festejos
donde esos crímenes son representados; la una en sus poemas representa en las personas de los
dioses las innobles ficciones de los hombres, la otra las aprueba en las fiestas en honor de los
mismos dioses (…) la primera, la teología del teatro, hace profesión pública de desvergüenza; la
segunda, la civil, se adorna con sus torpezas” (VI, 6).
Examina también la teología natural, que se ocupa de las cuestiones que afectan al hombre y al
cosmos. Hace una reducción de esta teología a la filosofía de Platón y a algunos neoplatónicos
(Plotino, Apuleyo, Porfirio). Coinciden con el cristianismo en la búsqueda de la felicidad en otra
vida, su doctrina abarca a todo el cosmos, su imagen de Dios es verdadera (en el sentido de que no
es materialista, ni prescinden de él). De todas formas, no le aciertan plenamente en las respuestas a
los interrogantes que se plantea el hombre4.

4 Cf. Agustín, López Kindler, Zeus vs. Deus, pp. 182 y ss.