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María modelo de oración1


Queríamos darles un ejemplo para imitar.
2Tes. 3, 9.

Santo Tomás dice que el ejemplar es aquello a cuya semejanza algo se hace.2 En nuestro caso, María, la Madre
de Dios, viene a ser un ejemplo a considerar… en cuanto que Ella es para nosotros un modelo a imitar…

De Ella pueden proponerse variedad de cosas a imitar: su pureza virginal, su humildad, la obediencia, la pobreza,
la modestia, etc… Hoy nos vamos a detener en la oración de María…

1. Qué es la oración.
2. Qué oraciones practicaba María.
3. Cómo era la oración de María.
4. Cuáles fueron sus frutos.

1. ¿Qué es la oración? San Juan Damasceno señala que la oración es: “la elevación de nuestra mente a Dios”.3
Seguramente, nosotros aún desconocemos el valor de la oración… Pues si observamos la vida de los santos,
vemos un Santo Domingo que se pasaba la noche en oración: “Fray Domingo tenía la costumbre de pernoctar
con mucha frecuencia en la iglesia, y rezaba mucho, y en la oración lloraba con muchas lágrimas y gemidos”,
afirma Fray Rodolfo de Faenza. Por su parte, san Francisco de Borja luego de rezar durante ocho horas seguidas,
le pedía al padre Provincial si le dejaba tener un ratito más de oración. Si tanto duraba la oración en los santos
¿cuánto habrá durado en María? ¿Cuánto dura en mi la oración, es decir: “la elevación de la mente a Dios”?

Alguien podría preguntarse… ¿es necesario rezar tanto? Y es el mismo Cristo quien dice: “es necesario orar
siempre y sin desfallecer”.4 Y si Cristo es ejemplo, también es ejemplo de oración. Dice san Lucas: “pero Él se
retiraba a los lugares solitarios, para hacer oración”.5 E insiste san Lucas en la oración de Jesús al decir que: “se
retiró a la montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios”.

Nuestra Madre María, también pasó gran parte de su vida en oración: los Evangelistas nos presentan a María
muchas veces orando..., tanto que, a pesar de los poquísimos detalles que de Ella narran, nos hablan repetidas
veces de la oración de María... — La Anunciación y Encarnación tienen lugar durante la oración: de María... La
Purificación y Presentación, son misterios de oración... Ora en el Calvario junto a la Cruz...; y en el Cenáculo, por
espacio de ocho días seguidos, con los Apóstoles no hace sino orar— Bien podemos decir que toda su vida fue
de oración...

1
Esta reflexión es asumida a partir de: ILDEFONSO RODRIGEZ VILLAR (1996), Puntos breves de meditación sobre la vida, virtudes
y advocaciones litúrgicas de la Santísima Virgen María, ed. Testimonio, Barcelona, pp.468-500.
2
“Forma exemplaris non potest dici nisi in practica cognitione, quia exemplar est ad cuius imitationem fit aliud”. SANTO
TOMÁS DE AQUINO, De veritate, q.3, a.3, arg.3.
3
“Damascenus dicit quod oratio est ascensus intellectus in Deum”. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma de teología, II II q.83, a.1,
ad.2.
4
Lc 18, 1; 21, 36.
5
Lc 5, 16
1
2. En segundo lugar… qué oraciones practicaba María. Y aquí tenemos que saber que hay distintos modos de
rezar. Una es la oración vocal, otra la meditación, otra la lectura orante, que llamamos lectio. Pero imposibilitados
hoy de tratar una por una, nos detenemos en dos: a. la oración de súplica y b. la presencia de Dios

a. La oración de súplica. Esta oración es llamada también oración de petición. Y es la que más propiamente entra
de lleno en la definición que hemos dado de oración, que es «elevación de la mente a Dios y pedirle cosas
convenientes para nuestra salvación». — Es, además, la oración más indispensable...; no tenemos nada..., no
somos nada..., ¿qué hacer entonces? Pedirle todo al Señor. Porque la oración es el medio universal y ordinario
para obtener de Dios lo que necesitamos.

Por eso, pensemos un instante en las peticiones que hizo María en su vida terrena: cómo rezó en su huida a
Egipto, viendo que su Hijo era buscado para la muerte...; cómo rezó cuando perdió a Jesús en el Templo, hasta
el punto de decirle: “Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo, te estábamos buscando con
angustia”.6 Cómo rezó en las bodas de Caná intercediendo ante su Hijo y obteniendo en abundancia lo que ella
quería... ¡Admirable poder inmenso de la oración!... ¡Qué será la oración, que Dios se deja vencer y dominar por
ella y se pone a su servicio!... Deberíamos convencernos de la necesidad que tenemos de ella para curar nuestros
males...

b. Presencia de Dios. Se trata, como dice san Francisco de Sales, de una oración que puede llamarse: “el pan
nuestro de cada día”. Porque así como el pan no falta en ninguna mesa y lo mezclamos con toda clase de comidas,
así la presencia de Dios debe sobrenaturalizar todos nuestros actos: aun los más insignificantes e indiferentes y
hacerlos todos como si estuviéramos delante de Dios.

Nuestra vida ha de ser de tal modo que vivamos como vivió María: teniendo a Dios delante… Ella vivió en
presencia de Dios… en la persona de su Hijo Jesucristo. — Si esto se dice de muchos santos: que vivieron siempre
en la presencia de Dios ¿qué podemos decir de María y de san José que vivieron aquí en la tierra en la presencia
de Jesús?

Esto nos pide Dios, que vivamos en su presencia. Así se lo pidió a Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; camina
en mi presencia y sé perfecto”.7 Si comprendiéramos que nuestra vida transcurre en presencia de Dios, porque:
“en Él vivimos y nos movemos y existimos” dice san Pablo.8 Así estamos y así vivimos, rodeados de la presencia
de Dios…, bajo la mirada de Dios..., pues si Él nos mira sin cesar, entonces… ¿por qué no lo miramos nosotros a
Él?

3. Ahora bien… si nos proponemos a María como ejemplo, como modelo de oración, tenemos que saber cómo
era la oración en María. Y de esto decimos que la oración en María era:

i. Continua. La oración de María era una oración sin interrupción... En todas las circunstancias de su vida, Ella
oraba y oraba sin cesar.

Cuando se encontraba abrumada e invadida de preocupaciones no hacía más que derramar su corazón en Dios:
y así lo hizo cuando no encontró lugar en donde alojarse para dar a luz; cuando tuvo que salir de madrugada, en
medio de la incertidumbre, hacia Egipto; del mismo modo oraba continuamente en la casita de Nazaret junto
con su Hijo; y también, lo hizo de pie junto a la Cruz.

ii. María rezaba en medio de sus ocupaciones y en también en sus descansos. Todo lo hacía acompañada del
espíritu de oración... Oraba trabajando en la casita de Nazaret: mientras limpiaba o cocinaba… de suerte que en

6
Lc 2, 48.
7
Gn 17, 1.
8
Hch 17, 28.
2
sus ocupaciones no perdía la presencia de Dios y así, su misma laboriosidad se convertía en oración... No tenía
otro fin ni otra idea en sus ocupaciones que la de hacer la voluntad de Dios...; trabajaba en Dios, con Dios y para
Dios...

¡Qué bien cumplía la Virgen aquello que de Jesús aprendía y escuchaba: “es necesario orar siempre” (Lc 18, 1)
de día y de noche..., en las ocupaciones y en los descansos... Hasta en su sueño mismo oraba Ella, pues de nadie,
como de Ella, se puede decir aquello que se escribe en el Cantar de los Cantares: “yo duermo, pero mi corazón
está despierto...”9 ; el cuerpo de María descansaba en el lecho, pero su alma descansaba en manos de Dios...

iii. En las sequedades y tentaciones. Entonces, precisamente, es cuando más hay que orar..., cuando el demonio
tiene más empeño en que dejemos la oración, y valiéndose de nuestras sequedades y arideces, nos tienta para
que la abandonemos...

Las sequedades, que muchas veces encontramos en la oración, son una prueba que Dios envía para hacer más
meritoria nuestra oración. En los momentos en que nuestra oración sea árida, seca, sin gusto, desabrida,
entonces ahí miremos a la Santísima Virgen y aprendamos lo que hemos de hacer...

¿Cómo rezaba Ella en las sequedades?... — Rezaba como lo hizo su Hijo en Getsemaní..., con más intensidad...,
con más reverencia y humildad..., con más prolija preparación..., con verdadera paciencia y fortaleza... y, en
especial, con firmeza y perseverancia... ¡Qué oración más laboriosa la oración seca en la que no se sabe qué decir
a Dios... y Éste parece que tampoco dice nada!

Pero recordemos, ya sea que en la oración tengamos consuelos o estemos sin ellos..., ya sea aprovechando las
dulzuras que allí Dios nos da… o perseverando con paciencia cuando no las hay… siempre, siempre hemos de
rezar.

4. Por último, entonces, si así era la oración de María, cuáles fueron los frutos de esta vida de oración:

1. Crecimiento en el alma. La oración, es verdadero alimento del alma y de ahí que lo propio de la oración sea
dar alimento, dar vida..., fuerza..., crecimiento y desarrollo a nuestra vida espiritual.

Y así como la comida le proporciona energía a nuestro cuerpo, del mismo modo lo hace la oración con nuestra
alma… y así como vive el que come, de la misma manera vive el que ora… Por eso, no es posible, que en un alma
se desarrollen y crezcan en ella las virtudes, si no es mediante el espíritu de oración..., Y para saber que esto es
así, basta mirar a María, contemplar cada una de sus virtudes, y admirarse al ver hasta dónde es capaz de crecer
un alma que guarda fielmente la oración.

2. La oración disminuye los pecados y las imperfecciones. “Pues desde antes de la creación del mundo Dios nos
escogió en Cristo –dice san Pablo–”.10 Ahora bien, ¿para qué me escogió Dios? “Para que delante de Él seamos
santos e inmaculados”.11

Y esto es una consecuencia que se sigue de lo anterior... A mayor fuerza en la vida sobrenatural..., a mayor
crecimiento en virtudes en nuestra alma, corresponde la disminución, la ausencia, y la falta del pecado
deliberado...—

Ahora bien, la Virgen María no tenía en su alma pecados que quitar, ni defectos que corregir. Ella había nacido
sin la mancha del pecado original... No obstante, en cierto sentido, también participó Ella de este bien de la

9
Cant 5,2.
10
Ef 1,4.
11
Ef 1,4.
3
oración..., porque en ella adquirió y aumentó cada vez más, su conocimiento de lo que era el pecado..., de lo
muchísimo que este ofendía a Dios por pequeño que a nosotros nos parezca... y espontáneamente brotaba y se
acrecentaba en Ella, el deseo de repararlo, aún a costa de los mayores sacrificios... aun a costa de ofrecer a su
Hijo en la Cruz: “Toma a tu hijo único, a quien tanto amas —le dijo el Señor a Abraham, y podemos pensar,
también ahora se lo dice a María—”.12 “Toma a tu hijo único, a quien tanto amas y ve y ofrécele allí en holocausto
sobre uno de los montes que Yo te mostraré”.13

Ella, que veía tan claramente el daño que el pecado hace a las almas y el dolor que causa al corazón de Dios... no
dudo en sacrificar a su Hijo único a fin de reparar este mal. Por eso María admirara la bondad y misericordia del
Señor al esperar..., al llamar..., al buscar a los pecadores..., al ofrecerse Él mismo para sacarles de ese estado tan
lastimoso..., al sacrificarse por ellos

3. Aumento de santidad. María acrecentó, en grado casi infinito, su santidad con el crecimiento incesante de sus
virtudes... La «llena de gracia veía aumentarse ésta considerablemente en su oración... La que era tan acepta y
agradable a los ojos de Dios, se hacía cada vez, más y más agradable...; cada vez, le daba más gloria...; cada vez,
se perfeccionaba más... y era mejor instrumento para los planes que el Señor tenía sobre Ella, con relación a la
obra grandiosa de la Redención. Por eso es llamada corredentora y dispensadora de todas las gracias

Ahora bien, si muchas veces tenemos una vida de sacramentos, de comunión frecuente, de confesión, etc…
podríamos preguntarnos ¿por qué aun no somos santos? ¿Por qué no soy otro santo Domingo, santa Teresa de
Calcuta, santa Teresita del Niño Jesús? Una vez le preguntaron a santo Tomás qué había que hacer para ser santo.
Y él respondió: desearlo. Ahora bien ¿qué deseo yo? ¿Deseo la santidad? ¿Busco la santidad? ¿Para qué me creó
Dios? ¿Para ser ingeniero? ¿Para ser abogado? ¿Para ser teólogo? ¿Para qué me creo? ¿No me creó para ser
santo? Si mi creó para eso… estoy siendo fiel al plan de Dios, a lo que Él pensó para mí: que sea santo.

Digamos, finalmente para concluir que en María tenemos un ejemplo a seguir... Cada uno de nosotros, tiene que
pensar que también mi vocación, cualquiera que sea, me pide guardar como María: “una vida de oración...” La
perfección y santidad propia de mi estado, no la voy a conseguir sino por medio de la oración...
Acostumbrándome a buscarlo todo..., a esperarlo todo..., a conseguirlo todo por medio de la oración.

Si así lo hacemos, si perseveramos en la vida de oración, todas las virtudes se arraigarán profundamente en
nuestra alma, y ella se elevará, hoy mismo, a las alturas insospechadas de una vida de santidad como fue la vida
de María. De modo que Dios, mirando nuestra alma transformada por el amor a María y la perseverancia en la
oración, enamorado de ella pueda decirle:

“Eres toda hermosa, amiga mía,


y no hay en ti defecto alguno.
¡Ven del Líbano, esposa mía!
¡Ven conmigo del Líbano!
¡Mira de la cima del Amaná,
de la cumbre del Senir y del Hermón,
de las guaridas de los leones,
de las montañas de los leopardos!
Me has arrebatado el corazón,
hermana mía esposa.

12
Gn 22, 1.
13
Gn 22, 1.
4
Me has arrebatado el corazón
con una de tus miradas,
con una perla de tu collar.
¡Cuán dulce son tus amores,
hermana mía, esposa!”14

14
Cant 4, 7-10.
5