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La Fuerza Terrestre de la nación ha sido una institución marcada por la resiliencia,

un Ejército resistente frente a la adversidad, corajudo, puesto a prueba en mil


batallas y con una capacidad especial para adaptarse rápidamente a los cambios,
reinventarse y seguir adelante con firmeza y estoicismo.

El prolífico autor e historiador británico sobre temas militares Michael Burleigh, en


su magnífica obra Combate moral, una historia de la Segunda Guerra Mundial,
nos narra cómo las fuerzas del bien, las tropas aliadas, que triunfaron en la
contienda bélica –que resultó ser sangrienta y caótica en sí misma–, se
caracterizaron por la superioridad moral de sus líderes políticos y militares, aun en
las peores circunstancias.

Moral y resiliencia son dos rasgos intrínsecos en el ADN de nuestras Fuerzas


Militares, acompañadas de dos premisas fundamentales: legalidad y legitimidad.
Unas instituciones respetuosas, éticas, transparentes, con altas dosis de
humanidad y justicia. Conocedoras como el que más del carácter cambiante de los
ambientes operacionales y de las amenazas persistentes que se empeñan en
burlar el Estado de derecho.

¿Cómo olvidar la heroica gesta de nuestro Batallón Colombia n.° 1 en la guerra de


Corea (1951-53)? El mayor general Blackshear Bryan, comandante de la 24.ª
División de Infantería, escalón superior de las tropas colombianas, pronunció esta
frase cargada de admiración: “He combatido en tres guerras. Pensé que nada me
faltaba por ver en el campo del heroísmo y la intrepidez humana. ¡Pero me faltaba
ver combatir el Batallón Colombia!

Moral y resiliencia son dos rasgos intrínsecos en el

ADN de nuestras Fuerzas Militares, acompañadas de dos premisas

fundamentales: legalidad y legitimidad.


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Este Ejército resiliente, ubicado en la cima moral, muestra con orgullo sus
capacidades distintivas, que evolucionan doctrinalmente conforme a la
metamorfosis que nos presentan hoy las múltiples amenazas. Durante décadas,
los valerosos soldados de la patria combaten un enemigo asimétrico, terrorista y
mafioso, que ha intentado menoscabar la democracia. Nada que ver con el
concepto surgido durante la Guerra Fría denominado doctrina de seguridad
nacional ni la tesis del enemigo interno, que algunos, de manera sesgada e
irresponsable, utilizan para desprestigiar esta institución sacrificada y heroica.
Ninguno de nuestros manuales de doctrina militar, antes y después de Damasco,
contiene tamaño embeleco y absurda insensatez.

Fuimos capaces de transformarnos en la última década, con una mirada


prospectiva, sin desconocer el patrimonio institucional forjado por líderes
perennes, sobre cuya visión se edifica un Ejército más profesional e inter-
operable. Un Ejército cercano al pueblo colombiano y sus autoridades, pues a
través de la acción unificada construimos la sinergia operacional y la unidad de
esfuerzo necesarias, que cumpla la intención de nuestros gobernantes para
propiciar estándares óptimos de legalidad, emprendimiento y equidad. Es decir, en
términos de doctrina Damasco, un verdadero enfoque integral.

Frédéric Laloux, en su libro Reinventar las organizaciones, nos presenta lo que él


denomina “los tres avances revolucionarios adicionales, característicos de las
organizaciones naranja-logro: la innovación, la rendición de cuentas y la
meritocracia”.

Las tres particularidades son pilares del plan de transformación institucional,


impulsadas por procesos y proyectos visionarios. Con un extraordinario horizonte
futuro que demanda líderes capaces, reflexivos y con atributos vertebrales tales
como el carácter, la presencia y el intelecto, que les permitan materi
AAAAAAAAAAAAAAA

La moral es lo que nos permite a las personas distinguir entre el bien y el


mal, respetar la ley, y brindarles a los demás un trato respetuoso y digno,
siendo en el plano de la conciencia donde se dirime esta cuestión tan
íntima y personal.
Una guía que orienta según lo aprendido y los modelos

Ahora bien, las personas no nacemos con tal o cual moral, sino que la
misma se va formando y modelando en relación a la enseñanza de valores
y los modelos que observamos en nuestro entorno próximo, primeramente
en el hogar, a través de los padres y el resto de la familia, y luego en la
escuela, en la interacción con pares y maestros.

Si bien hay varias maneras de responder o comportarse frente a una


situación determinada, siendo que las personas somos primariamente libres
en este sentido, será la moral que sostengamos, producto del aprendizaje y
la experiencia, la que nos oriente hacia lo correcto o incorrecto.
Corregir con castigos ejemplares

Como modalidad pedagógica efectiva aparece el castigo ejemplar, aplicado


por padres y maestros a los niños o jóvenes con el claro y único objetivo de
enseñarles lo que está bien y lo que no; el diálogo constructivo y no
destructivo debe ser el camino, mientras que la violencia y los gritos no
harán más que profundizar las malas conductas.
Hacer el bien nos hace más felices pero demanda trabajo y
responsabilidad

Las acciones tipificadas como moralmente buenas le reportan felicidad y


crecimiento personal a quien la practica, mientras que cuando la persona se
aleja de estas y cultiva el mal proceder, el desarrollo futuro conforme estará
en cierto riesgo.