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Memoria y aprendizaje

El concepto de memoria está reducido [muchas veces] al aspecto de la colocación


de una información cuya naturaleza es un misterio en un almacén o caja negra que
tampoco se sabe qué es.

Se insiste en que "la memoria" consiste sólo en un almacenaje de conocimientos,


es decir, de información cognitiva únicamente. Los afectos y los motivos de nuestra
actividad, se dice, sirven solamente para aprender mejor.

Esta forma de entender la memoria es claramente derivada del sentido común. Es


que el concepto de memoria tiene que ver mucho con recordar, reconocer, aplicar
lo que se aprende y de este modo con el concepto de aprender. Pero esto no
significa que la memoria sea lo mismo que aprender y recordar. Cuando un niño
recuerda bien y repite un cuento largo se dice que tiene buena memoria; si apenas
repite una parte, tiene mala memoria. Si no aprende a resolver problemas
aritméticos, ya no se dice que tiene mala memoria, sino que es tonto o poco
inteligente; y si se olvida de ceder el asiento a una persona mayor, ya no se dice que
no aprendió de memoria, sino que no respeta a sus mayores. La reducción simplista,
pragmática, de la memoria al saber qué, al saber cómo, alude a esa carencia de una
teoría de la memoria que debería servir mejor al educador.

A pesar de todo esto, como puede verse, seguimos ligando memoria y aprendizaje,
cuando, en realidad, aprendizaje debe relacionarse a la formación de la
personalidad; así como la memoria debe ligarse a la conciencia.

Por su parte, la teoría del aprendizaje ha generado otras dificultades. En su eterno


afán por reducir la condición del hombre a la del animal, se ha propuesto algo tan
denigrante para los niños como aquel viejo proyecto que sirvió para fundar la
educación en la teoría del condicionamiento de los roedores, o como el más reciente
que propone que la educación debe fundarse en la teoría del cerebro del animal;
como si el cerebro del educando fuese la superposición del cerebro del reptil, del
carnívoro y del primate.

Para las Ciencias Naturales nada ha sido más lógico que deducir de los
experimentos con animales las explicaciones teóricas que sustenten la tecnología
educativa.
Creemos tener toda la razón para desaprobar lo que se expresa en los textos
respecto de las emociones, pues en ellos se toma en cuenta únicamente lo que se
sabe respecto de la emotividad animal, mientras se da por hecho que existen áreas
del neocórtex cerebral sin función conocida, las llamadas "áreas mudas" de la
neurología clásica, a las cuales sólo muy recientemente se atribuyen algunas
funciones cognitivas que se revelan en algún sofisticado test.

Hay muchas razones para creer que la memoria no es -como se piensa- un


compartimiento o un proceso más dentro de la actividad cognitiva. Si así fuera, ya
se la habría encontrado en alguna parte del cerebro.

Toda memoria tiene, entonces, dos aspectos relacionados primero aparecen entre
sí: como una estructura material que tiene la propiedad de codificar información;
luego aparece como la propiedad de un ser vivo de modificar la información de la
que dispone o de incrementarla en el curso de su actividad. Por consiguiente, la
memoria es una propiedad de todos los sistemas informacionales, que son los seres
vivos. Habrá, por consiguiente, varias clases de memoria como clases de seres
vivos existen: de nivel genético (el ADN), de nivel tisular (la matriz intercelular),
de nivel neural (los ganglios o núcleos de neuronas), de nivel inconsciente (el
paleocórtex cerebral) y de nivel consciente (el neocórtex cerebral) en los
individuos, y una memoria de nivel social en la sociedad (libros,
computadoras, Internet).

En una personalidad, así como ésta tiene varios niveles de organización, así también
tiene un sistema de memoria por cada nivel para codificar la respectiva clase de
información; es decir debe tener memorias de nivel genético, metabólico, funcional,
psíquico inconsciente y psíquico consciente. Por ejemplo, si no fuera porque existe
una memoria genética en las células sexuales, no habría manera de explicar la
aparición de nuevos rasgos en los hijos distintos de los de sus padres. Si no fuera
por la memoria metabólica, los tejidos no podrían reconocer moléculas extrañas a sí
mismos, como, por ejemplo, toxinas y bacterias Igualmente, la memoria neural
explica cómo nuestros órganos se adaptan a las exigencias del deporte. También la
memoria de nivel inconsciente explica que podemos aprender a discriminar matices
de colores, ruidos, como también a reaccionar de algún modo ante circunstancias
que alguna vez nos afectaron; para tener miedo, por ejemplo, a la oscuridad o ante
algún animal. Y la memoria de nivel consciente explica por qué es posible retener y
codificar la información social que se nos enseña o que la aprendemos
circunstancialmente.

Una característica esencial de todo sistema de memoria es que cada nivel superior
de memoria incluye necesariamente a la del nivel inferior. Esta propiedad nos lleva
a considerar la memoria neocortical de nivel consciente como una estructura de
cinco niveles (que son los mismos que los del individuo total). Por eso es que en el
neocórtex cerebral la información social se puede codificar en uno, dos, tres, cuatro
o cinco niveles: en el nivel epiconsciente, en el nivel subconsciente, en el nivel
neural, en el nivel metabólico (sináptico) y en el nivel genético de las neuronas. Por
eso es que algunas clases complejas de información social uno tiene que
repetírselas muchas veces para que se codifiquen gradualmente en todos los niveles
posibles y de ello depende por cuánto tiempo se va a retener dicha información en
esta memoria: a más niveles de codificación, por más tiempo quedará retenida la
información social que se aprendió alguna vez.

A este respecto, hemos destacado la importancia del hecho que únicamente los
hombres somos capaces de aprender un tipo de información que simplemente no
existe en los animales, que es la información social. Por tanto, se tiene que explicar
cómo esta clase de información se transcribe en información psíquica consciente en
la memoria neocortical de nuestro cerebro.

Habiendo, como se ha dicho, tres clases de información social -tradicional, cultural


y económica-, se tendrá que pensar que debe haber tres memorias de nivel
neocortical donde ellas se codifiquen: una para los sentimientos, otra para los
conocimientos y otra para las motivaciones. Es importante destacar que estas tres
memorias de nivel consciente se encuentran por duplicado: en el hemisferio
derecho, para codificar los aspectos estructurales de dichas clases de información
social; en el hemisferio izquierdo, para codificar los aspectos de actividad de estas
mismas clases de información.

Así podemos confirmar que la información social puede ser codificada en muchos
medios o sistemas de memoria: a corto plazo en las vibraciones del aire cuando uno
habla, en ondas hertzianas que recibe el televisor, como también a largo plazo en
memorias como las cintas de video y de sonido, los discos compactos, el disco de
una computadora, o el papel de un periódico o una revista. En todo caso, la misma
idea que está codificada en el cerebro de muchas personas se puede codificar en
muchísimos otros medios externos a ellas mismas, pero en todos estos casos como
consecuencia de la propia acción social de las personas.

Estructura de la memoria de nivel consciente


El neocórtex cerebral es el sistema de memoria de nivel consciente. Como quiera
que ya hemos definido la conciencia como todo el conjunto de la información social
que cada persona ha almacenado en su neocórtex cerebral, podemos precisar ahora
que toda la cantidad y calidad de dicha información, y la configuración que ella
adopta en la estructura del cerebro, tiene que haber sido codificada en dicho
neocórtex, para así constituirse en el plano subconsciente de la conciencia. En otras
palabras, puede decirse que los datos de la memoria se encuentran en el plano
subconsciente y así se entiende que, de toda la enorme cantidad de información
social acumulada en el curso de toda nuestra vida, en un momento dado sólo
utilizamos una pequeñísima cantidad de la misma, la necesaria o pertinente en un
instante de nuestra actividad. Así, al momento de cocinar, la madre tiene que
emplear -recordar- la información pertinente acerca de la comida que debe preparar
ese día; algo similar hace el alumno al momento de dar un examen de aritmética,
por ejemplo, momento en el cual ya no pensará en geografía o música, o en lo que
tendrá que hacer cuando llegue a su casa.

En el nivel subconsciente, entonces, sobre la base de lo dicho respecto a la


estructura de la conciencia y usando toda la evidencia experimental y clínica
disponible, estamos en condiciones de asegurar que las tres unidades, zonas o
bloques del neocórtex cerebral de una persona son también sistemas de memoria
de nivel consciente, en donde se codifican los tres tipos de información social
existentes: tradicional, cultural y económica. Dichos sistemas son: a) el sistema de
memoria afectivo-emotiva, que codifica los sentimientos, que es el neocórtex
paralímbico; b) el sistema de memoria cognitivo-productiva, que codifica los
conocimientos, que es el neocórtex parieto-témporo-occipital, y c) el sistema de
memoria conativo-volitiva, que codifica las motivaciones, que es el neocórtex frontal
dorsolateral.
La actividad mnésica de nivel consciente
De este modo comprenderemos mejor que todo lo que hemos asimilado,
incorporado y codificado en nuestro neocórtex cerebral desde que hemos nacido, lo
que hemos aprendido d tomado de la sociedad, puede encontrarse en ella. De toda
esta cantidad de información, sólo usamos pequeñas cantidades, algunos datos,
según las exigencias o circunstancias del momento; a cada instante estamos usando
tal información o, como decíamos más arriba, sólo en este caso los datos
almacenados a nivel subconsciente han pasado a usarse como señales en el plano
epiconsciente de la actividad personal.

En el modelo de memoria que presentamos aquí creemos haber dado una solución
diferente al clásico dilema de cuántas memorias tenemos, y al problema de qué
significa que la información pase de la memoria a corto plazo a la memoria a largo
plazo.

En primer lugar, distinguimos tres sistemas de memoria de distinto nivel psíquico:


una inconsciente paleocortical, otra preconsciente neocortical de transición, y otra
consciente neocortical. Cuando las señales sensoriales que proceden de los
receptores, somáticos y viscerales, activan las respectivas clases de información
psíquica inconsciente, éstas generan señales que activan, a su vez, códigos
verbales que luego se usan para retener la respectiva información psíquica
consciente. Si la información retenida es nueva, o ya se la había olvidado, se
retendrá como tal, primero en la memoria paleocortical, luego en la memoria
neocortical de transición y finalmente en la memoria neocortical.
El primer proceso es el de la activación e integración de la información psíquica
inconsciente -que puede ser tanto de sensaciones cognitivas, como de las afectivas-
, por efecto de las señales neurales sensoriales que proceden de los núcleos
funcionales de relevo (somáticos y viscerales). En este caso, al ver un objeto,
escuchar una llamada o sentir sed, sólo está configurando la información cognitiva
visual, auditiva o afectiva de la sed que ya teníamos en la memoria de nivel
inconsciente.

En segundo lugar, apenas uno registra la información del nivel inconsciente, puede
activar y reflejarse en un código verbal; como cuando nos decimos subjetivamente
"ah ahora está todo verde', "qué calor", "qué hermoso edificio", qué hambre que
tengo", ante la situación apropiada; como también cuando describimos cuanto
vemos, o el alumno repite la frase que le pide el profesor.

En este proceso dichas señales verbales pueden "pasar" del plano preconsciente al
epiconsciente, y viceversa, tantas veces como se requiera: lo cual ya significa una
actividad propiamente consciente, que se conoce como habla interior -el hecho de
repetirse las palabras "mentalmente", lo que ha dado pie para decir que existe una
"memoria audioverbal".

En tercer lugar, cuando restringimos la explicación a los procesos de la memoria de


nivel consciente, se puede diferenciar por lo menos tres fases, que son de
memorización, elaboración y utilización de la información psíquica consciente.
Los sentimientos, los conocimientos y las motivaciones que constituyen la
conciencia se aprenden, se pueden aprender, algunos se deben aprender; es decir,
se los toma de la sociedad, de la misma manera que se toma el alimento, se usa
una herramienta, se compra una mercancía. Con esto nos reafirmamos en que las
diversas clases de información social: tradicional, cultural y económica; tienen que
aprenderse de la sociedad para que se trascriban en información psíquica
consciente en el cerebro y que esta es la clase de procesos cuya teoría debe
interesar particularmente al educador.

El aprendizaje
Como acabamos de ver y es ampliamente conocido, el concepto de aprendizaje está
íntimamente ligado a los procesos de adquisición y retención de la información por
parte del aprendiz. El aprendizaje ha sido definido como si fuera una clase de
actividad psíquica, como si fuera un proceso cerebral o por lo menos algo que ocurre
dentro del individuo.

Vamos a definir el aprendizaje como el conjunto de estrategias sociales por medio


de las cuales las personas adquieren información social.

Es lógico que las estrategias de aprendizaje sean diseñadas en función de la edad


de la personalidad en formación o adulta, según el tipo de información que ella debe
adquirir, el nivel alcanzado previamente por ella, según las condiciones y
circunstancias de la situación actual, según el procedimiento diseñado por quienes
tienen el poder de decidir y la orientación de las tácticas de aprendizaje tal como la
realizan todos los involucrados, directa o indirectamente, como es la comunidad de
personas mayores (en la casa, en las calles, en los medios de transporte, en los
comercios) o los educadores profesionales en una institución escolar.

Es interesante que la memoria neocortical del cerebro de una personalidad, en sus


fases formativas, esté preparado para procesar sucesivos ensambles o patrones de
información social, de variada complejidad, que reflejan la propia realidad social y el
ambiente actual, donde lo sencillo y elemental que abstrae en un momento dado,
siempre parece estar fuera de contexto. El niño capta situaciones, no estímulos
aislados; aprende más fácilmente a calcular, que a repetir la tabla de multiplicar.
Difícilmente se aprenden hechos o sucesos aislados. Para citar un caso extremo, es
imposible que un niño aprenda a usar el binomio de Newton si lo aprende sólo como
tal, aislado de todo el aparato conceptual que lo sustenta.

Se puede predecir, entonces, que si la situación de aprendizaje se diseña en tal


forma que se integren sentimientos, conocimientos y motivaciones, todo de modo
simultáneo y coherente, y así se reitera en el curso de la vida de la mencionada
personalidad en formación, la posibilidad de que las diversas configuraciones de la
información social que se le presenta a cada instante de su vida determinen que la
estructura de la actividad consciente quede configurada de modo más coherente y
consecuente, es mucho o muchísimo mayor.

Sin embargo, el problema mayor de la memorización de la información social en el


neocórtex es el de cómo afrontar el reto de que se codifique sólo la clase de
información social que es esencialmente moral, a fin de que la conciencia quede
estructurada moralmente. Este proceso no puede ser paralelo al desarrollo afectivo,
cognitivo o conativo, sino inherente a la formación de cada uno de estos
componentes de la conciencia.

La codificación de la información social


Nuestra teoría predice que la información psíquica consciente -afectiva, cognitiva y
conativa- se codifica en el neocórtex a varios niveles; es decir, en los diferentes
niveles de su propia estructura de interconexiones neuronales, de tal modo que la
información que se codifica en el nivel epiconsciente -en la actividad
simultáneamente integrada de las redes nerviosas de ambos hemisferios
cerebrales-, también debe codificarse en el nivel subconsciente -en las memorias
afectiva, cognitiva y conativa-, en el nivel funcional -es decir, en diversas láminas-,
en el nivel metabólico -en las sinapsis que interconectan las neuronas de las
columnas entre sí- y en el nivel celular -en la actividad genética de las neuronas
involucradas del mismo neocórtex-.

Todas las observaciones experimentales más actuales apuntan a esta sola


hipótesis: que las diversas formas de información social se codifican en cada uno de
los niveles de organización de la memoria neocortical y que se retienen en cada uno
de ellos por periodos de tiempo que varían de unos segundos en el plano
epiconsciente, hasta muchos años en las redes interneuronales.

En otros términos, si la información se codifica en cada sistema de memoria -


afectivo-emotiva, cognitivo-productiva y conativo-volitiva- y en todos ellos al mismo
tiempo, es probable que la facilidad para acceder a esta información y usarla
epiconscientemente en la percepción, la imaginación, el pensamiento y la actuación
futura sea mucho mayor. Todo el mundo sabe que se aprende más fácilmente lo que
se asimila y usa con agrado e interés, o lo que está dentro de nuestro proyecto
personal.

Ya no concebimos que el cerebro tenga como función a la conciencia, sino que es


la conciencia; en el mismo sentido que el individuo humano no tiene personalidad,
sino que llega a ser una personalidad, y que, por consiguiente, todo individuo social
es, o debe ser, una personalidad.