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El Gobierno

militar: las
reformas
económicas

Economía
Argentina

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El Gobierno militar: las
reformas económicas
La debilidad política del Gobierno de María Isabel Martínez de Perón, la
importante participación del poder sindical a través de la CGT
(Confederación General del Trabajo), que condicionaba fuertemente las
políticas económicas y sindicales de ese Gobierno, los graves
enfrentamientos internos dentro del Partido Justicialista, la fuerte irrupción
de la guerrilla, la sensación de caos político y la aceleración del proceso
inflacionario impulsaron a las Fuerzas Armadas a tomar por la fuerza el
Gobierno el 24 de marzo de 1976.

El Gobierno se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional y


consideraba que el sector privado debía ser el motor principal de toda la
actividad económica. El equipo de Martínez de Hoz tenía objetivos
imprescindibles, como reducir la inflación y resolver los problemas de
desequilibrio externo. Sin embargo, todos los programas de estabilización
terminaron en fracaso y no pudo reducirse la crónica inflación. Durante la
gestión del primer ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz,
hubo intenciones de reducir la participación del Estado en la economía a
través de privatizaciones, desregulaciones de los mercados y aperturas de la
economía. Estos intentos tuvieron logros muy limitados.

El análisis de las políticas económicas se ha dividido en tres etapas: el


programa del 2 de abril de 1996, el Plan de Estabilización, de diciembre de
1983, en un contexto de alta inflación, y la grave crisis de endeudamiento
externo.

El programa económico de abril de 1976. Objetivos e


instrumentos
El día 2 de abril de 1976, se anunció la aplicación del Programa de
Recuperación, Saneamiento y Expansión de la economía argentina, a cargo
del ministro de Economía José Martínez de Hoz.

Los principales objetivos que se intentaban alcanzar eran:

1) Estabilidad de precios. Disminuir sustancialmente el aumento en el nivel


general de los precios, que en los primeros meses del año 1976 había
alcanzado tasas muy próximas a la de una economía hiperinflacionaria.
Se debía pasar de una economía de especulación a una de producción.

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2) Crecimiento económico. Para esto había que corregir la crisis de la
Balanza de Pagos, que había alcanzado características alarmantes. En
marzo de 1976, el país se encontraba al borde de la cesación de pagos.
3) Distribución del ingreso “razonable”. Realizar una progresiva
distribución del ingreso de la sociedad en la medida en que las
condiciones del funcionamiento de la economía argentina lo permitieran.

En función de estos tres objetivos, se tomaron las siguientes medidas:

a) Sector externo. Para superar la grave crisis de la Balanza de Pagos, se


recurrió a la fijación de un tipo de cambio realista que permitía desalentar
todas las operaciones de especulación. Se tiende al establecimiento
progresivo de un mercado único y libre de cambio. La unificación del tipo
de cambio se produce en noviembre de 1976.

Para mantener el precio de la divisa en términos reales, se ajustó a la


evolución de los precios internos e internacionales a través de una
política de tipo de cambio activo.

Otra de las principales preocupaciones del equipo económico fue


disminuir sustancialmente las operaciones de pases que había alcanzado
en junio de 1976 la cifra de 1300 millones de dólares. Con un aumento en
la comisión de garantía, se desincentivó.

A partir de noviembre de 1976, se aplicó una disminución de los aranceles


a la importación, lo que afectó la protección de la industria nacional.
Según indica Alfredo Visintin, la medida fue aplicada para incentivar que
las empresas trabajaran eficientemente y disminuyeran los elevados
márgenes de beneficio para incentivar la productividad (2001, p. 188).

b) Política de ingresos. Las autoridades económicas dispusieron lo


siguiente:

1) Liberación de precios y congelamiento de salarios, para desalentar las


expectativas inflacionarias y restablecer la rentabilidad empresaria.
2) Aumento en los precios relativos de los productos agropecuarios, para
incrementar sustancialmente la producción, lo que permitió incrementar
la exportación y mejorar el saldo en la Balanza de Pagos.
3) Alza de las tarifas de las empresas del Estado, para disminuir
sustancialmente el déficit fiscal y permitir el financiamiento de sus
inversiones con recursos genuinos.
4) Ajuste de las tasas de interés para desalentar las inversiones hacia activos
externos y eliminar el subsidio que los ahorristas del sistema financiero
habían otorgado a los tomadores de préstamos.

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c) Sector público. La principal causa de la inflación era el déficit fiscal.
En función de este diagnóstico, el sector público debía disminuirlo
sustancialmente como proporción del PBI (producto bruto interno),
ya que había alcanzado en 1975 el 12,5 %. Para ello, se aplicaron las
siguientes medidas:

1) Aumento de la presión fiscal a través de la implementación de


nuevos impuestos y el mejoramiento de la recaudación impositiva.
Se dispuso la indexación de las deudas impositivas y se aplicó el
impuesto a la regularización impositiva en 1977.
2) Disminución progresiva del personal de la administración pública,
que debía ser absorbida por el sector privado.
3) Racionalización de las empresas del Estado para convertirlas en
empresas eficientes y disminuir su déficit.
4) Aumento sustancial y progresivo de los precios y tarifas de los bienes
y servicios de las empresas del Estado.
5) Reducción sustancial de las transferencias de fondos de la Tesorería
General de la Nación a las provincias.
6) Transferencia al sector privado de las empresas del Estado que el
Gobierno anterior había adquirido para evitar la desocupación de la
mano de obra.

d) Sector financiero. En la primera etapa de la gestión económica de


Martínez de Hoz, el principal objetivo en el sector financiero fue
aumentar la demanda de moneda. Esta se hizo a través de un
aumento de los rendimientos reales de los activos financieros,
manteniendo tasas de interés que tuviesen en cuenta la tasa de
inflación.

Otro de los objetivos de incrementar la tasa de interés fue preservar


a los ahorristas del deterioro permanente de sus recursos, provocado
por el proceso inflacionario.

A partir de junio de 1977, hubo un nuevo régimen financiero nacional


con la Ley N.° 21495 de Entidades Financieras1. De esta manera se
volvió al sistema tradicional porque se establece el mercado libe en
materia de tasa de interés, por lo que cada institución bancaria podía
fijarla de acuerdo con su criterio.

El conjunto de medidas económicas dispuestas por el equipo económico


tuvo un efecto negativo en el nivel de la actividad económica, en especial en
el segundo y tercer trimestre de 1976, donde la capacidad ociosa de la
economía alcanzó valores muy elevados. La tasa de crecimiento de PBI en

1 Ley 21495. (1977). Entidades Financieras. Presidencia de la Nación Argentina. Recuperado de


https://goo.gl/tPbUqK

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1976 disminuyo en 2,9 % con respecto al año anterior. Debido a los elevados
precios relativos del sector agropecuario, se produjo un aumento en su
producto del 4,4 % con respecto a 1975.

La recesión producida en 1976 fue producto de la redistribución regresiva


del ingreso ocasionada por la política de liberación de los precios, por el
ajuste permanente en el tipo de cambio y por la rígida política salarial. La
demanda global de la sociedad disminuyó. Con esta redistribución del
ingreso, se conseguía el aumento de los saldos exportables necesarios para
resolver la crisis en la Balanza de Pagos.

Una de las áreas donde el Estado tuvo mayor éxito fue en las finanzas
públicas. El déficit fiscal, como proporcional del PBI, disminuyó del 12,5 % en
1995 al 7,8 % en el año 1976, alcanzando el 3 % durante 1977.

Desde el mes de junio de 1976, se desaceleró la tasa de inflación. A favor del


déficit fiscal, que se había reducido, la tasa de inflación seguía elevada.

El plan de diciembre de 1978. El proceso de apertura


de la economía y la formación de la deuda externa

La primera etapa del plan económico de José Martínez de Hoz en materia de


inflación había fracasado. Las metas inflacionarias seguían siendo
excesivamente elevadas. Por eso, se decidió aplicar un nuevo programa de
estabilización que tenía su base en los siguientes aspectos:

1) Política arancelaria. Se produjo una apertura de la economía


reduciendo aranceles a la importación de los bienes de consumo,
intermedios y de capital. También se recortaron las retenciones a las
exportaciones.
2) Política cambiaria. Se estableció la evolución del tipo de cambio
nominal a través de la “tablita cambiaria”. Esta establecía, por una
extensión prolongada de tiempo (nueve o diez meses), la cotización
día a día del tipo de cambio para dar una adecuada credibilidad a los
agentes económicos. La fuerte devaluación de la moneda desde la
iniciación del plan del 2 de abril de 1976 hacía impredecible la
evolución de la moneda. “La tasa de inflación iba a estar determinada
por la suma de la inflación internacional más el ritmo de la
devaluación” (Gerchunoff y Llach, 2018, p. 421).
3) Política fiscal. Se ajustaron las tarifas de las empresas públicas para
reducir su déficit de financiamiento y dar los incentivos adecuados a
los agentes económicos en materia de consumo, producción e
inversiones.

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El programa redujo la tasa de inflación del 170 % en 1978 hasta el 85,5 % en
1980. Durante el término de dos años, de enero de 1979 a diciembre de
1980, la inflación interna fue siempre superior a la inflación externa más la
devaluación prevista por la tablita cambiaria. Este hecho significó que el
dólar estuviera “barato”; es decir, que había un atraso cambiario.

Este atraso tuvo efectos sobre cuentas que conforman la Balanza de Pagos:

 En la cuenta corriente: la apreciación de la moneda argentina tuvo el


impacto de incrementar las importaciones de bienes y servicios y
disminuir las exportaciones, lo que provocó importantes déficits en la
Balanza Comercial. En el año 1980, el déficit en la Balanza Comercial
alcanzó los 2519 millones de dólares. En el primer cuatrimestre de 1981,
el atraso cambiario alcanzó los máximos valores.
 En la cuenta capital: el resultado fue positivo, lo cual compensó los
resultados negativos que se producían en la Balanza Comercial y la cuenta
corriente, lo que evitó una crisis cambiaria.

En esta etapa, se estaba produciendo un fuerte endeudamiento externo,


pero quien se endeudaba adquiría activos externos, a medida que el tipo de
cambio se iba retrasando, en especial a fines de 1980 y principios de 1981.
Los agentes económicos agudizaron el proceso de dolarización y de
incremento de importaciones “preventivas”.

Paralelamente, hubo una fuerte disminución en la rentabilidad del sector


agropecuario y una caída en las exportaciones agropecuarias. Durante este
período el sector agropecuario realizó una tenaz oposición al equipo
económico.

La crisis económica del Gobierno militar y el anuncio del nuevo presidente,


el general Viola, y el nuevo ministro de Economía, Lorenzo Siguat, en
reemplazo de José Martínez de Hoz, hicieron perder toda credibilidad al
equipo económico, lo cual agudizó aún más el proceso de fuga de capitales.

Causas del fracaso del programa de estabilización de


diciembre de 1978

Dos causas llevaron al fracaso del plan de Martínez de Hoz de diciembre de


1978:

1) El lento ritmo de la convergencia de la inflación interna a la inflación


externa más la devaluación, que recién se alcanza a fines de 1980,
cuando la crisis externa estaba a punto de estallar.

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2) El inadecuado manejo de la política fiscal y monetaria, que generó
importantes presiones sobre el lado de la demanda agregada de la
sociedad.

Durante el período 1979-1981, la inflación interna siempre fue superior al


ritmo de devaluación preanunciado en la tablita. Esto incentivó fuertemente
el aumento en las importaciones y la disminución en las importaciones.

El nivel general de precios está conformado por el precio de los bienes


comercializables (importables y exportables) y el precio de los bienes no
comercializables y servicios. Los precios de los bienes no comercializables y
servicios siguieron incrementándose en forma significativa.

Existieron razones microeconómicas del aumento en la inflación por encima


de las pautas. El elevado gasto público y el déficit fiscal que se mantuvo
durante este período produjeron un importante crecimiento en la demanda
agregada de la economía, lo que ocasionó importantes presiones
inflacionarias. El déficit fiscal, como porcentaje del PBI en los años 1979,
1980 y 1981, fue creciendo sustancialmente, hasta llegar en el último año al
18 %.

Las tasas de interés y la crisis de los bancos de 1980 y


1981

La liberación de las tasas llevó a un endeudamiento creciente de las


empresas que en el pasado habían estado habituadas a tasas negativas, ya
que con la inflación sus pasivos se licuaban, por lo que no tenían problemas
de solvencia. Esto llevó a que muchas empresas no pagaran sus deudas a los
bancos y dejaran acumular los intereses sobre los créditos impagos,
esperando algún salvataje del Estado. Los bancos, para poder seguir
pagando a sus depositantes, trataban de captar más ahorro subiendo las
tasas de interés. Pero el público se dejaba atraer por entidades dudosas solo
porque los depósitos estaban garantizados por el Estado. En caso de que no
los pagaran, como efectivamente ocurrió en sonados casos en el año 1980,
lo haría el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Se produjo una
crisis bancaria que el BCRA afrontó redescontando carteras que en su
mayoría eran incobrables, por lo que varias de esas entidades entraron en
liquidación.

Antes de que concluyera la presidencia de Videla, el ministro Martínez de


Hoz decidió abandonar el programa de pautas devaluatorias anunciadas y
efectuar una devaluación del 10 %, con lo que se pensaba que se
solucionaría el atraso cambiario.

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Cuando se produjo el cambio de autoridades, las expectativas habían
cambiado. El fracaso de los ajustes de 1981 provocó una serie de
devaluaciones que, para adelantarse a los precios, fueron cada vez mayores.
Tras un enorme desbarajuste, se había logrado una devaluación real. La
caída de los ingresos reales tuvo un efecto negativo sobre la actividad
económica.

Durante el período de la devaluación pautada, se había incrementado la


deuda pública y la privada: la primera, financiando al Estado y a las empresas
públicas con endeudamiento externo, y la segunda, mediante diversos
mecanismos que acentuaron la fuga de capitales que se venía registrando
desde 1975.

El Estado asumió ante los acreedores externos una gran parte de la deuda
privada, reemplazándola con obligaciones de los deudores en pesos que, al
ser ajustadas por una tasa más baja que la inflación, resultó un subsidio a los
deudores.

Todo ello generó un clima de general desconfianza y resentimiento, por lo


que se cuestionó la legitimidad del sistema (evasión generalizada) y, por
ende, del régimen político.

Con tasas reales positivas por un período prolongado, se habían acumulado


pasivos públicos y privados enormes. En julio y agosto de 1982, se resolvió
comparar la deuda pública indexada VAVIS (Valores Nacionales Ajustados y
Cédulas Hipotecarias). Esto produjo un salto inflacionario de importancia
que redujo el peso real de la deuda interna.

En la parte final del período militar, se aumentaron los salarios y se trató de


recuperar, al menos parcialmente, el atraso tarifario. La situación fiscal
estaba comprometida y los compromisos externos muy serios resultaron
más abultados por el alza de las tasas internacionales de interés.

La gestión económica del período 1981-1983

Desde el punto de vista macroeconómico, la gestión de Lorenzo Sigaut en el


año 1981 significó una aceleración de la inflación, que pasó al 131 %, el PBI
cayó en un 6,6 %, la crisis en Balanza Comercial fue elevada, con un resultado
negativo de 287 millones de dólares, y, por el efecto Olivera-Tanzi, el déficit
fiscal alcanzó el 18 % del PBI.

Los graves inconvenientes de naturaleza cambiaria que se produjeron en el


país llevaron a que las reservas del BCRA se redujeran en forma significativa.
El Estado tuvo que realizar una estatización de la deuda, lo cual permitió que
los agentes económicos privados abonaran al BCRA en pesos y este último

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financiara la deuda externa con bonos o títulos con garantía del Estado
nacional.

Un nuevo cambio de la política económica se produjo con la llegada del


general Leopoldo Galtieri con todo el poder político a fines de 1981, con el
acompañamiento del Dr. Roberto Alemann como ministro de Economía. Los
tres principios básicos de política económica que se establecieron fueron
que la economía se iba a desregular, desestatizar y desmonopolizar. La idea
era profundizar el programa liberal.

El conflicto armado con Gran Bretaña le quitó todo el sustento de


credibilidad en la sociedad argentina al Gobierno y las Fuerzas Armadas se
vieron obligadas a transferir el poder a los partidos políticos.

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Referencias
Gerchunoff, P. y Llach, L. (2018). Vértigo Económico en tiempos violentos.
En Autores, El ciclo de la ilusión y el desencanto. Un siglo de políticas
económicas argentinas (pp. 385-437). Buenos Aires, AR: Paidós.

Ley 21495. (1977). Entidades Financieras. Presidencia de la Nación


Argentina. Recuperado de
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/180000-
184999/183491/norma.htm

Visintin, A. (2001). El proceso de reorganización y sus políticas económicas.


En Autor, Las políticas económicas en Argentina. Un enfoque histórico y
analítico (pp. 185-204). Córdoba, AR: Asociación Cooperadora de la Facultad
de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba.

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