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ESCUELA MICHIGAN EL AMANECER DESARROLLO PROFESIONAL DOCENTE

La evaluación como espacio de aprendizaje y disputa


por Marcela Ríos Román

8 de mayo de 2019

Para que el estudiante experimente un aprendizaje significativo, las


maneras de enseñar deben abordar la Evaluación en todas sus formas, lo
que nos permite a nosotros los docentes, facilitar este proceso siendo
creativos y aprendiendo también de nuestros estudiantes, ya que, como
bien lo decía Paulo Freire: “Saber qué enseñar no es transferir
conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o
construcción”.

En mi experiencia y trayectoria como docente he experimentado el proceso


de aprendizaje, sus alternativas y transformación de forma permanente.
En especial, lo que respecta al ejercicio de la docencia como tal. En tal
sentido, es un desafío y una motivación constante ser consciente de que la
evaluación es parte fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje,
no es solo un instrumento que nos va a permitir medir qué porcentaje de
logro hay en un grupo de estudiantes determinado.

Esto, podríamos definirlo como el “termómetro” que marca en qué grado


(evaluación), mi entrega de conocimientos (enseñanza), afecta e impacta
de manera positiva a mis estudiantes (aprendizaje). “La lógica de la una
evaluación para el aprendizaje debiera ser Enseñanza-Evaluación-
Aprendizaje”, dijo una vez un profesor que tuve en un período que me
hizo gran sentido.

Si reflexionamos en nuestro actuar en el diario vivir, notaremos que


estamos evaluando de forma permanente antes de la toma de una
decisión; evaluamos qué ropa es la adecuada para el clima del día,
evaluamos si agregamos o no azúcar a nuestra bebida y así, un sin fin de
actividades diarias antes de tomar decisiones importantes, ya sea en el
trabajo o el diario vivir. Pero, ¿cómo llevamos este proceso natural de
evaluar al aula como una forma de mediar entre lo que se enseña y lo que
se aprende?
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Por siglos, las prácticas evaluativas se centraron solo en la adquisición de
conocimientos por parte de los estudiantes, como la metáfora a la que se
hace referencia el texto "Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de
profesional y de persona eres" del especialista en didáctica y evaluación
de la Universidad de Málaga, Miguel Angel Santos Guerra, que compara
a los estudiantes de hoy con “recipientes que deben ser llenados”, y a los
docentes como “el agua que debe vaciarse en esos recipientes”.

En el entorno de las Instituciones de Educación Superior, en lo que


respecta al ejercicio de dictar cátedras, aún podemos encontrar
profesionales expertos en las materias con un protagonismo casi
“hollywoodense”, que al momento de dictar sus cátedras se convierten en
los dueños del “saber”. En este aspecto, son ellos los protagonistas en el
proceso de enseñanza-aprendizaje, aun cuando el currículum les diga que
ahora el estudiante es el protagonista en este proceso y que no
solamente debemos entregarle conocimientos, sino que tenemos que
prepararlo para ser un futuro profesional que tenga competencias y
habilidades que lo hagan destacarse en su área.

Los invito a innovar y disfrutar de lo que sus estudiantes pueden ser


capaces, si les damos a ellos la responsabilidad de autoevaluarse en el día
a día y que con sus pares se evalúen en el trabajo colaborativo clase a
clase. Construyamos aprendizajes a través de la evaluación formativa en
nuestra labor docente como guías y facilitadores de este maravilloso
proceso de aprender a ser y hacer.

Pero volvamos al tema de la evaluación. Parece difícil definir la evaluación


como tal, sobre todo cuando al momento de evaluar un aprendizaje
esperado, lo hacemos utilizando el mismo instrumento de evaluación para
todos los estudiantes. En este aspecto, creo absolutamente necesario
ejercer la docencia pensada en cuán útil es la evaluación para el
aprendizaje y por esto me permito compartir este párrafo tomado de un
artículo de Peter Senge, Director del Centro para el Aprendizaje
Organizacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts. MIT:

“El verdadero aprendizaje llega al corazón de lo que significa ser


humano. A través del aprendizaje nos re-creamos a nosotros mismos. A
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través del aprendizaje nos capacitamos para hacer algo que antes no
podíamos. A través del aprendizaje, percibimos nuevamente el mundo y
nuestra relación con él. A través del aprendizaje, ampliamos nuestra
capacidad para crear, para formar parte del proceso generativo de la
vida”

Pensado así, podríamos decir entonces que, para que el estudiante


experimente un aprendizaje significativo, las maneras de enseñar deben
abordar la Evaluación en todas sus formas, lo que nos permite a nosotros
los docentes, facilitar este proceso siendo creativos y aprendiendo
también de nuestros estudiantes, ya que, como bien lo decía Paulo Freire:
“Saber qué enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las
posibilidades para su propia producción o construcción”.

En el proceso de enseñanza-evaluación-aprendizaje podemos además


utilizar el error como una oportunidad para aprender. Los que fuimos
educados en el siglo pasado, arrastramos un modelo educativo donde no
se nos permitía equivocarnos, pero como señalé al comienzo, la vida es un
desaprender y aprender constante, desde que llegamos a este mundo.
Humberto Maturana es tajante al señalar que el ser humano es un
aprendiz innato y que es muy importante hacer menos evidente los
errores. Por el contrario, enseñarles a descubrir sus errores a los
estudiantes y remediarlos de manera autónoma, es clave.

Los invito a innovar y disfrutar de lo que sus estudiantes pueden ser


capaces, si les damos a ellos la responsabilidad de autoevaluarse en el día
a día y que con sus pares se evalúen en el trabajo colaborativo clase a
clase. Construyamos aprendizajes a través de la evaluación formativa en
nuestra labor docente como guías y facilitadores de este maravilloso
proceso de aprender a ser y hacer.