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DESHACER EL EMBRUJO Alternativas a las polÌticas del gobierno de £lvaro Uribe VÈlez

DESHACER EL EMBRUJO

Alternativas a las polÌticas del gobierno de £lvaro Uribe VÈlez

DESHACER EL EMBRUJO Alternativas a las polÌticas del gobierno de £lvaro Uribe VÈlez

Los artÌculos que aparecen en este libro son responsabilidad de sus autores.

©

en este libro son responsabilidad de sus autores. © Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y

Plataforma Colombiana de Derechos Humanos,

Democracia y Desarrollo Carrera 5 No. 33A-08, Bogot·, D.C., Colombia www.plataforma-colombiana.org email: plataformaco@colomsat.net.co Noviembre de 2006

EdiciÛn:

Camilo Borrero GarcÌa Natalia Paredes Hern·ndez CoordinaciÛn Editorial:

Helena Gardeaz·bal GarzÛn Concepto Gr·fico:

Marcela Otero M. FotografÌa de Car·tula:

Manuel Salvador Saldarriaga ìColombia: Im·genes y Realidadesî. FundaciÛn Dos Mundos - OACNUDH DiagramaciÛn:

Sandra Patricia S·nchez D. ImpresiÛn:

Ediciones Antropos Ltda

ISBN: 958-644-108-7

Impreso en Colombia

Printed in Colombia

Las fotografÌas de este libro participaron en el concurso de reportaje gr·fico sobre derechos humanos ìColombia:

Im·genes y Realidadesî, organizado por la FundaciÛn Dos Mundos y la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OAC- NUDH).

PresentaciÛnCONTENIDO ï Del desembrujo a la construcciÛn de alternativas 9 Plataforma Colombiana de Derechos Humanos,

CONTENIDO

ï Del desembrujo a la construcciÛn de alternativas 9 Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia
ï
Del desembrujo a la construcciÛn de alternativas
9
Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo
1
Contexto
ï Una democracia espect·culo y una ciudadanÌa contemplativa
15
Omar RincÛn
ï La opiniÛn p˙blica: entre la seducciÛn y la razÛn
23
Instituto Popular de CapacitaciÛn, IPC ï Juan Diego Restrepo E.
ï El prÌncipe y los mendigos
27
Reinaldo Spitaletta
ï Ni economÌa de guerra, ni economÌa de bienestar
33
Jorge Iv·n Gonz·lez
ï Drogas y conflicto: un desafÌo mayor
39
Ricardo Vargas Mesa
ï El quÈ y el cÛmo de la reforma tributaria estructural
47
Juan Camilo Restrepo
ï Ecopetrol: øcapitalizaciÛn o cat·strofe?
53
Germ·n Corredor
ï TLC: un salto al vacÌo
57
Red Colombiana de AcciÛn frente al Libre Comercio y el Alca, Recalca
ï Jaque a la salud p˙blica
63
FundaciÛn MisiÛn Salud ï Germ·n HolguÌn Zamorano
ï Control ciudadano a los procesos electorales
69
CorporaciÛn MisiÛn de ObservaciÛn Electoral ï Alejandra Barrios Cabrera
ï Reforma a la justicia: una paradoja con salida
75
Rodrigo Uprimny ï Diana Guarnizo
ï La ConstituciÛn reformada
81
JosÈ Gregorio Hern·ndez Galindo
ï La izquierda hoy øuna utopÌa posible?
85
Mauricio Archila Neira
ï Un continente en movimiento
91
Ricardo SoberÛn
ï Colombia: nuevo orden global y estado de seguridad
99

Pedro Cl·udio Cunca Bocayuva

Necesidades y Derechosï Hambre, desnutriciÛn y dependencia alimentaria 107 Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y

ï Hambre, desnutriciÛn y dependencia alimentaria 107 Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y
ï Hambre, desnutriciÛn y dependencia alimentaria
107
Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo
ï Salud: crisis humanitaria
115
CorporaciÛn para la Salud Popular ï Grupo Guillermo Fergusson
ï Derecho a la educaciÛn. Cumplir metas no es suficiente
121
CorporaciÛn RegiÛn ï Jaime Saldarriaga ï Adri·n MarÌn
ï Vivienda de interÈs social. Mucho de negocio, poco de derecho
217
Fedevivienda ï Alejandro Florian BorbÛn
ï Con el sudor de tu frente. El presidente Uribe y los trabajadores
135
Escuela Nacional Sindical, ENS
ï El agua es nuestro futuro
147
Ecofondo ï Rafael Colmenares ï Juan Camilo Mira
ï Desastres y gestiÛn de riesgos
157
Centro de InvestigaciÛn y EducaciÛn Popular, Cinep ï MarÌa del Rosario Saavedra A.
3
Conflicto
ï Derechos humanos y derecho humanitario. Persiste grave situaciÛn
165
Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Humanitario de la Cceeu
ï Desplazamiento forzado. Un estado de cosas inconstitucional
179
ConsultorÌa para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, Codhes
ï Estrategias para la no repeticiÛn
191
Iv·n Cepeda Castro
ï Tierras y territorios. Las razones del paramilitarismo
197
Gustavo Duncan
ï ReparaciÛn integral: øfuera de visiÛn?
203
FundaciÛn Dos Mundos ï Jiovani Arias M.
ï DesmovilizaciÛn paramilitar. El Gobierno prohija la impunidad
211
ComisiÛn Colombiana de Juristas ï Colectivo de Abogados ëJosÈ Alvear Restrepoí
ï La soluciÛn es polÌtica
219
Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz ï Nelson BerrÌo Reyes
ï La polÌtica militar se raja
225
Luis …lmer Arenas Parra
4
Poblaciones
ï Pueblos indÌgenas. Resistencia en medio de la violencia
235
Centro de CooperaciÛn al IndÌgena, Cecoin
ï Poblaciones negras. Viejas realidades, nuevos desafÌos
245
Axel Rojas
ï Protestas campesinas e indÌgenas. La memoria del olvido
255
Centro de InvestigaciÛn y EducaciÛn Popular, Cinep ï Esmeralda Prada Mantilla
ï DespenalizaciÛn parcial del aborto
263
CatÛlicas por el Derecho a Decidir - Colombia ï Sandra Mazo
ï NiÒos y niÒas: en el corazÛn del conflicto
267
CoaliciÛn contra la VinculaciÛn de NiÒos y NiÒas al Conflicto Armado en Colombia
ï Adolescentes y jÛvenes en Colombia. øQuiÈn garantiza sus derechos?
275
CorporaciÛn Viva la CiudadanÌa ï Jorge Escobar Hern·ndez
ï Iguales derechos. Nada m·s, nada menos
281

Colombia Diversa ï Mauricio AlbarracÌn Caballero

Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo

Del desembrujo a la construcciÛn de alternativas

CoordinaciÛn Nacional Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo *

E

l propÛsito que animÛ desde el co- mienzo la elaboraciÛn de este cuar- to informe de gestiÛn p˙blica y de- rechos humanos del gobierno de £lvaro Uribe VÈlez, fue hacer un

aporte analÌtico a la construcciÛn de una agenda social. Esta publicaciÛn pretende ser uno m·s de los m˙ltiples insumos para esa construcciÛn, pues creemos que dicha tarea es esencialmente participativa y debe estar lidera- da por los movimientos sociales. El reto para cada uno de los artÌculos que conforman este balance de la Plataforma Co- lombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo fue formular propuestas de polÌti- cas p˙blicas de car·cter nacional, dirigidas tan- to al Estado como a las organizaciones socia- les y a la ciudadanÌa en general. Si bien este cuarto embrujo mantiene su mirada vigilante des- de la Ûptica de los derechos humanos, su Ènfa- sis es propositivo, desde una serie de apues- tas, en su mayorÌa alternativas a las que se est·n implementando en este momento. Aunque tam- biÈn aparecen algunas que respaldan la polÌti- ca actual, y que la Plataforma ha considerado importante incluir en un balance que busca ser incluyente y pluralista, desde una perspectiva documentada y argumentada. Hemos invitado a escribir al reconocido economista Juan Camilo Restrepo, al constitu- cionalista JosÈ Gregorio Hern·ndez, al senador Luis …lmer Arenas, al director de FASE de Bra- sil, Pedro Cunca Bocayuva, al director de Mi- siÛn Salud, Germ·n HolguÌn Zamorano, y a ex- pertos nacionales como Gustavo Duncan, Ricardo Vargas, Omar RincÛn, Iv·n Cepeda, Ro- drigo Uprimny, Mauricio Archila y Jorge Iv·n Gonz·lez, entre otros. Mantenemos la partici- paciÛn de organizaciones sociales y no guber- namentales, algunas de ellas integrantes de nuestra red, especialmente las que escriben sobre los temas de derechos humanos, inclu-

*

Red de organizaciones no gubernamentales y sociales de todo el paÌs, que tiene como objetivo visibilizar, incidir, promover y defender la plena vigen- cia de los derechos humanos integrales para todos y todas, en su conven- cimiento de que esta es la ˙nica vÌa para el logro de una paz sostenible, y, de una sociedad justa y equitativa.

PresentaciÛn

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DESHACER EL EMBRUJO

yendo los econÛmicos, sociales y culturales, que son nuestro objeto central de trabajo. Partici- pan tambiÈn otras organizaciones y redes como CatÛlicas por el Derecho a Decidir, Colombia Diversa, Recalca, Ecofondo, Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Humanitario, Asamblea Permanente por la Paz y CoaliciÛn con- tra la VinculaciÛn de NiÒos y NiÒas al Conflicto Armado. En fin, una gama amplia de voces y opiniones. El libro se estructura en cuatro grandes ca- pÌtulos: contexto, necesidades y derechos, con- flicto y poblaciones, para un total de 37 artÌcu- los del mayor interÈs para aquellos que quieran conocer quÈ est· pasando en Colombia, cÛmo se explica nuestra situaciÛn y quÈ otras alterna- tivas existen para superarla. El primer capÌtulo incluye temas que consi- deramos esenciales en la comprensiÛn de asun- tos que afectan negativamente la garantÌa de los derechos humanos. El narcotr·fico, la gue- rra y el modelo econÛmico, la reestructuraciÛn de Ecopetrol, el tratado de libre comercio firma- do con EE.UU. y su particular efecto sobre el acceso a medicamentos. Con relaciÛn a la parti- cipaciÛn polÌtica, ofrecemos dos an·lisis rele- vantes: por un lado, se revisa lo que ha ocurrido en las ˙ltimas contiendas electorales desde la Ûptica de las veedurÌas ciudadanas; y, por otro, el fenÛmeno de la izquierda en Colombia: sus recientes logros y algunas proyecciones y re- flexiones que Èstos suscitan. La relaciÛn entre medios de comunicaciÛn, polÌtica, opiniÛn p˙blica, ciudadanÌa, participa- ciÛn y derecho a la comunicaciÛn se analiza en tres artÌculos de distinta procedencia. El amplio espacio destinado a esta tem·tica obedece a la necesidad de evidenciar que el unanismo rei- nante en torno al presidente Uribe no es sano para ninguna democracia, mucho menos para un paÌs como Colombia, con tantas experien- cias de represiÛn y exterminio de la oposiciÛn polÌtica y, al mismo tiempo, con tanta necesi- dad de reconocimiento en la diferencia. Com- plementan este capÌtulo artÌculos referidos a la reforma tributaria estructural, tema fundamen- tal pero muy poco discutido, el Tratado de Libre

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PresentaciÛn

Comercio y sus implicaciones, la reforma a la

justicia, y, uno infaltable, sobre las sucesivas re- formas que se le han hecho a nuestra Constitu- ciÛn en 15 aÒos de vida. Igualmente, contamos con dos invitados internacionales, quienes ana- lizan el rol de Colombia en el contexto geopolÌ- tico mundial y latinoamericano. El segundo capÌtulo est· conformado por los artÌculos de derechos humanos econÛmicos, so- ciales, culturales y ambientales. Se analizan las polÌticas p˙blicas implementadas, sus resultados

y estadÌsticas, y se plantean hipÛtesis y propues-

tas sustentadas sobre los derechos a la alimen- taciÛn, salud, educaciÛn, vivienda y trabajo. Ade- m·s, se aborda el tratamiento de los desastres naturales en el paÌs y el derecho al agua como un derecho fundamental reconocido internacional- mente, determinante para el futuro de la socie- dad a nivel mundial, con gran importancia nacio- nal por ser Colombia uno de los paÌses m·s ricos del mundo en recursos hÌdricos, y con perspecti- vas preocupantes por su mercantilizaciÛn y dete- rioro ambiental, asÌ como por el escaso debate p˙blico que ha tenido en el paÌs. En momentos en que el Congreso debate una reforma a la Ley 100 de seguridad social, ìLas propuestas frente a la crisis humanitaria en saludî, expresadas por el Grupo Guillermo Fergusson, resultan del mayor interÈs, porque para nadie es un secreto los tormentos por los que tienen que pasar los ciudadanos y ciudada- nas a la hora de acceder al sistema de salud. El

paseo de la muerte, el cierre de hospitales p˙blicos

y el enriquecimiento privado a costa de la salud

hacen parte de las verg¸enzas de nuestro paÌs. Alternativas hay, y es necesario conocerlas, ana- lizarlas e implementarlas. TambiÈn vale la pena destacar el artÌculo ìEl derecho a la alimentaciÛn en Colombia: Ham- bre, desnutriciÛn y dependencia alimentariaî. A pesar de ser un tema urgente, cuya problem·ti- ca se acrecienta diariamente, es invisible en la discusiÛn nacional de polÌticas p˙blicas y su de- sarrollo histÛrico ha sido precario, a diferencia de otros paÌses de AmÈrica Latina que efectiva- mente han generado polÌticas de lucha contra el hambre.

Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo

El capÌtulo que aborda los temas relativos al conflicto armado comienza con un balance

sobre la situaciÛn de derechos civiles y polÌticos durante el primer cuatrienio del mandato del presidente £lvaro Uribe VÈlez, seÒalando cu·les son las principales violaciones de estos dere- chos, sus modalidades y responsables, asÌ como

la relaciÛn de Èstas con la incidencia del fenÛ-

meno paramilitar. Otros artÌculos abordan el tema del paramilitarismo y su relaciÛn con la

tenencia de tierras, el territorio y la apropiaciÛn del Estado local, que encuentra su sustento en un modelo econÛmico basado en economÌas extractivas o ilÌcitas.

A nivel de desplazamiento forzado, el estu-

dio de Codhes muestra la persistencia de una grave crisis humanitaria a causa de las miles de personas, familias y comunidades que contin˙an huyendo de sus territorios, por presiones direc- tamente relacionadas con el conflicto armado y las consecuentes violaciones de los derechos humanos. Dos artÌculos hacen referencia de manera directa a la situaciÛn de las vÌctimas de la vio- lencia. Uno de ellos analiza los derechos a la verdad, la justicia y la reparaciÛn integral en el contexto de los ˙ltimos cuatro aÒos de Gobier- no, y la coherencia de las polÌticas gubernamen- tales con estos derechos. El otro ilustra la res- puesta del Estado a la reparaciÛn integral, la voluntad real frente a dicho propÛsito y la nece- sidad de reconocer lo psicosocial como una de las herramientas para restablecer la dignidad humana de las vÌctimas. Finalmente, un conjunto de artÌculos desa-

rrolla lo referente a la aplicaciÛn del marco jurÌ- dico que regula la desmovilizaciÛn de comba- tientes en Colombia, principalmente con relaciÛn

a los temas de impunidad y reparaciÛn, el ir y

venir de los escenarios de negociaciÛn con los

grupos guerrilleros, y los diferentes aspectos de

la polÌtica militar del paÌs.

El cuarto capÌtulo, dedicado a los derechos

humanos de grupos poblacionales especÌficos, analiza la situaciÛn de las comunidades indÌge- nas y afrocolombianas, las luchas agrarias, los planteamientos de la comunidad LGBT respec-

to a sus derechos, particularmente los patrimo- niales y de seguridad social, los derechos de los jÛvenes y las polÌticas p˙blicas, el significado que tiene la despenalizaciÛn parcial del aborto para los derechos humanos de las mujeres y el im- pacto de la polÌtica de seguridad democr·tica y de la vinculaciÛn a la guerra por parte de los diferentes grupos armados en los niÒos y las niÒas. A lo largo del presente informe, nuestros lectores y lectoras encontrar·n suficientemente sustentado por quÈ creemos en la necesidad de deshacer el embrujo. Como plataforma de derechos humanos, democracia y desarrollo, estamos convencidos y convencidas que la ruta elegida hasta el momento no nos llevar· a la plena ga- rantÌa de todos los derechos humanos. Tampo- co nos permitir· la participaciÛn democr·tica, ni lograr un desarrollo equitativo. Los caminos de la guerra, el neoliberalismo, la discriminaciÛn y el unanimismo son errados. Sin embargo, siem- pre nos quedar· la posibilidad de la resistencia, del di·logo, del respeto y de la construcciÛn de alternativas.

PresentaciÛn

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DESHACER EL EMBRUJO

IM£GENESIM£GENESIM£GENESIM£GENESIM£GENES DEDEDEDEDE MEMORIAMEMORIAMEMORIAMEMORIAMEMORIA

FundaciÛn Dos Mundos www.dos-mundos.org

La imagen fotogr·fica contiene, de forma simple y al tiempo compleja, m˙ltiples posibilidades comunicativas. Puede contar fragmentos congelados de hechos y sucesos. Es capaz de recrear en nuestra mente infinitas explicaciones e historias acerca de su contenido, los protagonistas, las motivaciones y hasta los antecedentes. A˙n m·s, puede provocar en el espectador posibles secuencias ulteriores para la imagen que tiene enfrente. Es tan fuerte el papel de la fotografÌa que desde sus inicios se ha convertido en un aliado poderoso para el registro y acotaciÛn de momentos significantes de experiencias que queremos conservar. TambiÈn es un extraordinario cÛmplice cuyo registro, en apariencia silencioso, le ha permitido

a la historia enriquecer de modo fehaciente el relato que construye de sÌ, de sus grandezas y tragedias, de sus consensos y sus contradicciones.

En esa direcciÛn, la FundaciÛn Dos Mundos, como una parte de su hacer psicosocial, ha venido empleando

la fotografÌa en tanto herramienta ˙til para documentar pasajes de nuestra historia. Esas im·genes hacen

p˙blicas escenas que en privado se cubren con velos edificados en el miedo, dolor, desesperanza, frustraciÛn, rabia, tristeza o la impotencia de miles de ciudadanos expuestos a m˙ltiples violencias y violaciones de derechos. Son im·genes que a˙n cuando no alcanzan a borrar las muchas otras de nuestra Colombia diversa y de colores, resultan elocuentes para un ejercicio que se suma al esfuerzo de construir un lenguaje polifÛnico, pero sobre todo veraz, de nuestro pasado y presente.

AllÌ la fotografÌa hace un aporte singular para una sociedad que tiene, como uno de sus m·s cercanos desafÌos, edificar una memoria creÌble, que apoye el esfuerzo de establecer claramente la verdad y, a partir de ese inventario riguroso, hacer viable la justicia y la reparaciÛn integral. Los sucesos que registra esa memoria deben ser principalmente un patrimonio p˙blico, no una acotaciÛn privada o individual de

la experiencia. Y deben reflejar, de modo primordial, significados socialmente compartidos. Por ello, la

fotografÌa tiene el potencial de contarnos mucho m·s que el dolor ajeno. Estas im·genes han hecho parte de un pasado cuyo registro, puesto en el incuestionable testimonio que aporta, configura un patrimonio necesario de preservar.

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PresentaciÛn

Omar RincÛn

Uribe y los medios de comunicaciÛn

Una democracia espect·culo y una ciudadanÌa contemplativa

Omar RincÛn*

 

E

n comunicaciÛn, mientras a Uribe le ha ido muy bien, al paÌs le ha ido muy mal. AsÌ, en cuatro aÒos de Uri- be, su Èxito ha sido el estar siempre en pantalla. Para el paÌs todo mal

porque los periodistas y medios per- dieron independencia para pasar a la adulaciÛn. Para el paÌs todo mal porque el Ministerio de Comunicaciones y la ComisiÛn Nacional de Te- levisiÛn persiguen las voces comunitarias e im- piden el ejercicio del derecho a la comunica- ciÛn. Menos mal existe la terquedad de los medios ciudadanos para imaginar otro paÌs m·s all· del Gobierno.

URIBE: ESPECTACULAR COMO COMUNICADOR

El

efecto polÌtico de que Uribe sea un presiden-

te medi·tico es que nos convertimos en una sociedad que practica la ciudadanÌa contempla-

tiva y convierte la polÌtica en un reality. Los co- lombianos nos hemos convertido en ciudada- nos que asisten al espect·culo Uribe. No inter- venimos, y cedemos nuestros derechos en nom- bre de la lucha contra el terrorismo. La polÌtica,

a

su vez, se hace en estilo reality: consiste en

eliminar sentimentalmente oponentes. El gobierno del presidente £lvaro Uribe VÈ- lez se ha caracterizado por una utilizaciÛn inusi- tada de los medios de comunicaciÛn. Hasta el 7 de agosto del 2005 habÌa realizado 101 Conce- jos Comunales televisados, en jornadas prome- dio de m·s de ocho horas diarias y programas especiales de tevÈ anuales para la rendiciÛn de cuentas por parte del Consejo de Ministros. Uribe es un Presidente espectacular en la comunicaciÛn porque est· permanentemente en televisiÛn. Y ahÌ, en la pantalla, parece Presiden- te. La verdad de Uribe es que parece Presidente porque ha sabido representar al hÈroe de panta- lla, que genera identificaciÛn y credibilidad por la manera como se pone en escena: fuerte, pero

*

Consultor FundaciÛn Friedrich Ebert www.c3fes.net - Profesor Asociado Universidad Javeriana orincon@javeriana.edu.co - Profesor Asociado Uni- versidad de los Andes orincon@uniandes.edu.co.

Contexto

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DESHACER EL EMBRUJO

coloquial; con autoridad, pero paternal; directo, pero conciliador; sabio, pero afectivo. Eso es lo que se le pide al periodista medi·tico, al actor televisivo, al polÌtico contempor·neo. Pero no basta con una personalidad escÈni- ca. Hay que comunicarla en formatos que le per-

mitan su lucimiento, como el talk show, el noticiero

y el reality. Los Consejos Comunitarios son un talk

show, donde el televidente-pueblo siente que el conductor-presidente le est· solucionando sus problemas ìen vivo y en directoî. PolÌtica mini- malista, esa hecha de pequeÒos detalles que ena- moran afectivamente al electorado. El Presidente es excelente productor de noti- cias. A dÛnde vaya siempre produce noticia por- que tiene un dato, una frase, una anÈcdota que contar; regaÒa por la tele a sus soldados, ironi- za a los guerreros al llamarlos ìvocecitas meli-

fluas, afeminadasî, reta a los corruptos y politi- queros. Noticia que se comunica, que no admite rÈplica, ni pregunta. Noticia que se viste a la moda del exÛtico local: si es en Boyac·, de rua- na; si es en Antioquia, de poncho y carriel; si es con el poder, monta a caballo y toma cafÈ; si es en Arauca, trota a ritmo militar. Los momentos crÌticos, como la muerte del gobernador Gaviria

y el comisionado Echeverri, los convierte a su

favor, gracias a que sale en la pantalla masiva para explicar en lenguaje sencillo lo ocurrido, asumir la responsabilidad y, en moral nacional, pedir perdÛn. PolÌtica de la verdad: no hay pro- blema en equivocarse, si hay arrepentimiento en p˙blico. El Presidente es el Gran Hermano que todo lo ve, todo lo juzga, todo lo sabe. …l est· en todas partes, en todos los temas, en todos los conflictos. Y siempre luce como un dios perfec- to, simp·tico, recursivo, amoroso y sensitivo. Las entregas de guerrilleros arrepentidos o de pa- ramiltares valientes conservan asÌ esa especie de reality al cual asistimos en directo; todo proble- ma y toda acusaciÛn, como la que le hizo al M- 19 de estar con la mafia en el Palacio de Justicia, tiene en Èl a un jurado competente. En estos cuatro aÒos (2002-2006), el presi- dente Uribe resultÛ un gran comunicador por- que su autoridad y legitimidad ha sido televisa-

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16

Contexto

da. Ha sabido construirse como personaje. Ha generado confianza y la gente se ha identifica- do con su misiÛn. Su lenguaje es para todos y ha hecho del poder un ejercicio visible en lo pequeÒo. Los colombianos lo ven y le creen. …l decide, el pueblo lo ama en las encuestas, y los medios hacen buen negocio con su carisma.

EL PERIODISMO: ENTRE LOS MIEDOS Y LA ADULACI”N

Mientras al Presidente le ha ido bien, al perio- dismo y a los medios de comunicaciÛn les ha ido mal. La libertad de informaciÛn encuentra lÌmites por parte de los parapoderes, el efecto carism·tico del Presidente y la concentraciÛn de medios. Los tiempos que nos tocÛ vivir est·n bajo la polÌtica del miedo al terrorismo (°la nue- va ideologÌa!). La tendencia es convertir la noti- cia en un acto patriÛtico de lucha contra toda idea, persona o cosa que piense distinto del

poder. Una realidad asÌ (sin ambig¸edades, ni grises, ni diversidad) no requiere de periodistas:

necesita propagandistas. Jaime Berm˙dez, el asesor presidencial en comunicaciÛn del Presidente Uribe, afirmÛ, en un encuentro con medios de comunicaciÛn en Cartagena (2005), que su labor como asesor era ìpersuadirî a los medios y sus periodistas y directivos para que publicaran lo que al Go- bierno le convenÌa. Y lo ha logrado. SÛlo se publica lo que est· en sintonÌa con el presi- dente Uribe. øPor quÈ? Porque los dueÒos de los medios y los periodistas han encontrado que el presidente Uribe es un buen negocio para ellos: produce noticias, genera sintonÌa y favo- rece sus intereses econÛmicos. Es m·s, los medios masivos tienen mayor rating, consumo

o lecturabilidad si hablan bien del Gobierno,

ya que la popularidad del Presidente se ha man- tenido en el 70%. La popularidad y carisma del Presidente se

ha convertido en un lÌmite a la libertad de infor- maciÛn porque indica que informar por fuera de

Èl no es buen negocio. Medios, periodistas y

p˙blico han comprado el proyecto patriÛtico de

Omar RincÛn

fomentar el orden y la seguridad; por lo tanto, se informa para estar de acuerdo con el Gobier- no. Es m·s, en m·s de una oportunidad el Go- bierno Nacional ha invitado a los periodistas y medios a unirse a su ìcruzada patriÛtica contra el terrorismoî, expresando continuas reservas sobre la forma cÛmo los periodistas cuestionan las oscuridades del Gobierno. Quien cuestiona es un irresponsable. Un lÌmite m·s preocupante y directo a la libertad de informaciÛn est· dado por parte de los polÌticos corruptos, el poder narcoparamili- tar y la insurgencia guerrillera, que han encon-

trado que la informaciÛn es un bien que les in- teresa y han establecido estrategias de miedo para que no se comunique nada en contra de sus intereses. La amenaza, la extorsiÛn y la ìcompra de publicidadî son sus mejores estra- tegias para ganar la guerra de la desinforma- ciÛn. Seg˙n la FundaciÛn para la Libertad de Prensa (FLIP), ejercer el periodismo en Colom- bia es ìde valientes porque informar sobre com- bates, masacres, tomas guerrilleras o casos de corrupciÛn es exponerse a las amenazas, ata- ques, presiones e incluso a perder la vidaî y ofrece las siguientes cifras:

TTTTTiiiiipppppooooo dddddeeeee vvvvviiiiiooooolllllaaaaaccccciiiiiooooonnnnneeeeesssss aaaaa lllllaaaaa llllliiiiibbbbbeeeeerrrrrtttttaaaaaddddd dddddeeeee ppppprrrrreeeeennnnnsssssaaaaa

 

NNNNN˙˙˙˙˙mmmmmeeeeerrrrrooooo dddddeeeee cccccaaaaasssssooooosssss

 
 

22222000000000022222

22222000000000033333

22222000000000044444

22222000000000055555

Amenaza

75

55

39

64

Secuestro

12

22

 

01

Atentado

10

 

126

 

Asesinato en investigaciÛn

4

 

120

 

Asesinados por razones de oficio

3

5

 

12

Asesinados en cubrimiento periodÌstico

1

 

100

 

Heridos en cubrimiento periodÌstico

0

 

102

 

Exiliados

No hay datos

 

756

 

ObstrucciÛn al trabajo periodÌstico

3

 

871

6

TTTTToooootttttaaaaalllll vvvvviiiiiooooolllllaaaaaccccciiiiiooooonnnnneeeeesssss cccccooooonnnnntttttrrrrraaaaa eeeeelllll pppppeeeeerrrrriiiiiooooodddddiiiiisssssmmmmmooooo

111111111111111

9994949444

8883838333

111110000033333

Fuente: FundaciÛn para la Libertad de Prensa, www.flip.org.co

 

La libertad de informaciÛn se encuentra bajo sospecha, tambiÈn, a travÈs de la judicializaciÛn de la acciÛn de informar; las demandas judicia- les contra periodistas se han convertido en una creciente forma de intimidaciÛn. M·s de 100 demandas fueron presentadas en contra de doce medios de comunicaciÛn, nueve periodistas y dos columnistas a travÈs de acciones popula- res, denuncias penales y civiles de parte de mili- tares en retiro, ministros, funcionarios p˙blicos y particulares. Por ˙ltimo, la libertad de informa- ciÛn encuentra un lÌmite estructural en los gru-

pos econÛmicos, que a travÈs de pauta publici- taria determinan la agenda informativa, y en la concentraciÛn de la propiedad de los medios:

pocos medios, y en muy pocos intereses. AsÌ, en los cuatro aÒos del gobierno Uribe se ha elevado el nivel de autocensura en los medios, bien sea por la intimidaciÛn psicolÛgica (no apoyar al presidente m·s popular de la his- toria), armada (grupos al margen de la ley y co- rruptos), econÛmica (grupos econÛmicos que anuncian en los medios) o judicial (intimidaciÛn de ser llevado a la c·rcel).

Contexto

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Tenemos una libertad de informaciÛn que ha huido hacia lo Light. Periodismo que se ejerce para no cuestionar ning˙n poder real (el presi- dente Uribe) o pragm·tico (grupos econÛmicos, polÌticos o ilegales), y que se refugia en una agen- da informativa del esc·ndalo y la far·ndula. Esto no quiere decir que la guerra no se cuente. El problema es que se cuenta mal, seg˙n un estu- dio del Proyecto Antonio NariÒo, pues asisti- mos a muchas noticias de la guerra pero no com- prendemos nada. A pesar de las m˙ltiples autocensuras, los medios de comunicaciÛn han hecho un gran acto de valentÌa al intentar fiscalizar el proceso de paz con los paramilitares; sobre el cual se ha informado permanentemente en horizontes de an·lisis y crÌtica. Lo triste es que el Gobierno, la ciudadanÌa y los empresarios ven este modo de informar como antipatriÛtico; lo peor para los medios es que no da rating. TodavÌa m·s signifi- cativo es que hay opiniÛn que evita el unanimis- mo y aplica responsablemente el derecho a la libertad de prensa. Por eso hay que alabar cier- tos informes de la revista Semana y de El Tiem- po; a Daniel Coronell, con sus Noticias UNO; a Hollman Morris y su En ContravÌa, por sus re- flexiones incÛmodas; TambiÈn, los atrevimien- tos de Pirry, las entrevistas correctas de £lvaro GarcÌa (Primera LÌnea), el disenso de DarÌo Fer- nando PatiÒo (Hablando Claro con la prensa) y la irreverencia irÛnica de la Banda (Canal RCN). En todo caso, la libertad de informaciÛn efecti- va existe en Colombia. Los medios privados tie- nen cada vez m·s autonomÌa, y si no informan en otros estilos es m·s por negocio que por censura; los medios de comunicaciÛn han en- contrado que estar con Uribe es un buen, muy buen negocio.

MEDIOS CIUDADANOS: EL ACTIVISMO DEMOCR£TICO

Si a Uribe la va bien y a la libertad de informa- ciÛn m·s o menos, a los medios ciudadanos les tocÛ la peor parte: estar en medio del conflicto y perseguidos por el Estado. Mientras los me-

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dios de comunicaciÛn privados (interÈs mercan- til) tienen absoluta libertad y autonomÌa, los medios comunitarios y ciudadanos (interÈs p˙- blico) encuentran m˙ltiples restricciones. El Es- tado colombiano, a travÈs del Ministerio de Co- municaciones en la radio y de la ComisiÛn Nacional de TelevisiÛn en tevÈ, los persigue, les impone pesadas cargas tecnolÛgicas y financie- ras que impiden el desarrollo del derecho cons- titucional a fundar medios de comunicaciÛn y a que se junten en red. El Estado, tan fiel a las polÌticas de libertad de competencia, no quiere que los medios ciudadanos compitan en igual- dad de condiciones con los medios privados. En esta democracia, el mercado est· por enci- ma de la ciudadanÌa. A pesar del Gobierno, en estos cuatros aÒos de Uribe hay que celebrar los modos como los medios comunitarios e indÌgenas han prolifera- do legal e ilegalmente, para establecer otros re- ferentes de realidad, otras voces colectivas, otras historias de la naciÛn. Las experiencias de comunicaciÛn comunitaria est·n haciendo la di- ferencia. La uniÛn de muchos tercos, el deseo social de jÛvenes y la necesidad social de ex- presiÛn est· logrando que surja una nueva uto- pÌa: Hacer medios en valor, estilo y cultura co- munitaria. Algunos ejemplos son BelÈn de los Andaquies (radio y relatos en medio de la gue- rrilla), Montes de MarÌa (radio y tevÈ m·s all· del conflicto), el Magdalena Medio (comunica- ciÛn para el desarrollo local), FundaciÛn RaÌces (afrocolombianos con m˙sica y acciÛn) y Pro- yecto Nasa (indÌgenas con mundo propio). La estrategia de los medios ciudadanos est· en hacer comunicaciÛn aprobada por la comuni- dad, luchar por la visibilidad de sus voces y aso- ciarse en redes internacionales para amplificar de forma significativa sus relatos. En esta lÌnea de argumento, tenemos dos casos paradigm·ti- cos: la red internacional como defensa de lo ciudadano (el noticiero internacional de barrio) y la acciÛn ciudadana como lucha por la comu- nicaciÛn (la tutela por el derecho a tener radios comunitarias en las ciudades). En Colombia hay multitud de experiencias de video, televisiÛn, radio e internet que lo-

Omar RincÛn

gran contar lo que importa, y que est·n ac- tuando en la pr·ctica el derecho a la comuni- caciÛn. El Noticiero Internacional de Barrio

(www.nib-jiq.org) es una de ellas. Se trata de un proyecto de comunicaciÛn local, asociati- va y alternativa que est· en siete paÌses (Boli- via, Venezuela, Brasil, Colombia, Francia, BÈl- gica y EspaÒa). En Colombia lo producen la FundaciÛn Mujer y Vida en Cali y los JÛvenes de Jugando de Locales en Bogot·. øQuÈ ha- cen? Se asigna un tema com˙n para todos. En cada paÌs, el colectivo va a un barrio, realiza un taller de video con la gente del lugar y el resultado es un documental elaborado por los propios protagonistas, con sus historias, en sus estÈticas y para responder a sus intere- ses. Luego, todo se junta y se tiene una tele- visiÛn comunitaria, pero global. El Noticiero Internacional de Barrio es comunicaciÛn para el intercambio de experiencias y el fomento de la participaciÛn de la ciudadanÌa en la co- municaciÛn y la libertad de expresiÛn. øLa di- ferencia? Se hace desde, con la gente y sobre los asuntos que interesan. La paradoja es que para ser globales haya que contar el barrio. En Bogot·, muchos lÌderes comunitarios de localidades marginales y afectadas por la violencia, como Usme, Suba, San CristÛbal, Ciudad BolÌvar, SantafÈ, Tunjuelito, FontibÛn

y Kennedy, han impulsado la creaciÛn de emi-

soras comunitarias. A pesar de ello, en la ac- tualidad no existe ninguna emisora comunita- ria que cuente con una licencia de funcionamiento en la capital. Esto se debe a que, durante m·s de diez aÒos, el Ministerio de Comunicaciones se ha negado a abrir una licitaciÛn p˙blica para la concesiÛn de licen- cias para estas emisoras en Bogot·, y se ha rehusado a determinar siquiera la fecha en la que Èsta tendr· lugar, aun cuando los lÌderes comunitarios lo han solicitado en un sinn˙- mero de oportunidades. El Ministerio ha justi- ficado su negativa argumentando que goza de discrecionalidad para decidir dÛnde, cu·ndo

y cÛmo deben abrirse esas convocatorias p˙-

blicas, y que debe darse prioridad a los muni-

cipios que no cuentan con ning˙n servicio de

radio, mientras que Bogot· est· saturada de radios comerciales y p˙blicas. Si bien es cierto que en Bogot· existen muchas emisoras radiales, ninguna de ellas cumple los objetivos de participaciÛn demo- cr·tica, pluralidad informativa y convivencia pacÌfica propios de las radios comunitarias. La discrecionalidad del Ministerio se ha tor- nado arbitraria e injustificada, y es adem·s una forma sutil e indirecta de censura. El movi- miento de radios ciudadanas presentÛ una tutela contra el Ministerio de Comunicaciones 1 . La Corte Constitucional, en su sentencia T-460 de 2006, declarÛ que el derecho a fundar ra- dios comunitarias es un derecho fundamen- tal, cuya promociÛn est· a cargo del Estado, el cual no puede imponer obst·culos injustifi- cados a la conformaciÛn de emisoras comuni- tarias. Por tanto, observÛ que la facultad del Ministerio de Comunicaciones de conceder li- cencias de funcionamiento no debÌa conver- tirse en un mecanismo de control previo o de censura. Pero el Ministerio de Comunicacio- nes volviÛ a negar la apertura de la licitaciÛn p˙blica, incumpliendo la orden de la Corte y violando con ello el derecho fundamental a fundar radios comunitarias en Bogot·. Como perder es ganar en este paÌs de de- mocracia formal, hay que resaltar que, con la decisiÛn de la Corte, las asociaciones de ra- dios comunitarias lograron un triunfo jurÌdico que constituye un premio a su constancia, y se fortalecieron en tanto movimiento social, pues abrieron un camino importante para la protecciÛn de sus derechos y, adem·s, obtu- vieron el reconocimiento de la legitimidad de su lucha.

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ì La decisiÛn tutela fue presentada por las siguientes asociaciones: la Aso- ciaciÛn Red Colombiana de Radio Comunitaria (Recorra), la AsociaciÛn Distrital de Radio Comunitaria ìAntena Ciudadanaî, la CorporaciÛn para la PromociÛn de la ComunicaciÛn y el Desarrollo Comunitario ìVoceros Comunitariosî, la Cooperativa Multiactiva de Trabajo Asociado ìPunto Verdeî (Coopunver), la AsociaciÛn de Dirigentes Comunitarios (Asodic), la CorporaciÛn Promotora CÌvico Cultural ìZuro Rienteî; la AsociaciÛn de Comunicadores Populares ìSomos Redî (Acoposor) y la CorporaciÛn De- rechos para La Paz (Cdpaz). Dichas asociaciones contaron con el apoyo y asesorÌa jurÌdica de Planeta Paz y del Centro de Estudios de Derecho Justi- cia y Sociedad, DeJuSticia.

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AGENDA DE FUTURO

La agenda del futuro supone un movimiento ra- dical en tres ·mbitos: ampliaciÛn de la esfera p˙blica, para diversificar las voces y versiones comunicadas y evitar el unanimismo fundamenta- lista con el Presidente; la protecciÛn y promo- ciÛn de los medios ciudadanos como lugares fun- damentales para la democracia; y el desarrollo del derecho a la comunicaciÛn como bien de todos. En Colombia fue la ConstituciÛn del 91 la que imaginÛ que todos los ciudadanos tenÌa- mos derecho a expresarnos y fundar medios de comunicaciÛn. En el mundo, la liviandad y flui- dez de las tecnologÌas nos permitieron a todos expresarnos en la red, el video y los medios. Hoy, la lucha global es por el derecho a la comu- nicaciÛn, que expone que el acceso, la expre- siÛn y el pensamiento es propiedad colectiva. Cada dÌa aparecen nuevos sujetos que, aburri- dos del abuso y desprecio de los grandes me- dios, han decidido apagar su pasividad y encen- der su subjetividad y voz para contar historias en sus propias Èticas, estÈticas e intereses a tra- vÈs de blogs, c·maras de video, radios y m˙sicas. Alain Ambrosi, presidente del Foro Mundial sobre el Derecho a la ComunicaciÛn, define el derecho a la comunicaciÛn como una demanda que siempre ha estado en el corazÛn de las lu- chas sociales. A medida que han evolucionado los contextos histÛricos y se han desarrollado las tecnologÌas de la comunicaciÛn, se han ma- nejado distintos nombres para referirse a este concepto: ìlibertad de opiniÛnî, ìlibertad de expresiÛnî, ìlibertad de prensaî, ìderecho a la informaciÛnî y actualmente, ìderecho a la co- municaciÛnî. La conquista de este derecho si- gue siendo un objetivo fundamental de los mo- vimientos que buscan mayor posibilidad de di·logo, pluralismo, tolerancia y participaciÛn. La comunicaciÛn es, primero que todo, un asunto de accesos. Un hecho que se refleja en la visibilidad de diversas opiniones, rostros y estÈticas. Las TICs (TecnologÌas de la Comuni- caciÛn y la InformaciÛn) son el horizonte ideal

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para la realizaciÛn real del derecho humano a la comunicaciÛn. En el campo del las TICs el deba- te en LatinoamÈrica y Colombia se centra en la televisiÛn digital. Mientras en Brasil y Argentina hay un movimiento social frente al tema, en Co- lombia la ComisiÛn Nacional de TelevisiÛn toma decisiones sin considerar que lo que est· en juego es mucho m·s que la televisiÛn. øQuÈ est· en juego, entonces, en la deci- siÛn de la televisiÛn digital? El futuro del dere- cho a la comunicaciÛn: si se amplÌan los benefi- cios para los actuales operadores privados, o definitivamente se abre el acceso a las comuni- dades; si, por fin, la interactividad prometida va ser de costo libre o negocio de empresas priva- das; si los servicios posibles que tiene la televi- siÛn digital, como son educaciÛn a distancia, telemedicina, correo electrÛnico, gobierno elec- trÛnico o banca electrÛnica, van a tomar pose- siÛn de los canales que deberÌan ser para la co- municaciÛn ciudadana. øQuÈ se debe decidir? Uno: el modelo de referencia (USA, Europeo o JaponÈs); dos: la tecnologÌa estandar; tres: los modos de explotar el servicio, y, cuatro: la dura- ciÛn y los modos de transiciÛn del modelo ac- tual al digital. Por lo menos cuatro principios se deberÌan defender en las polÌticas de la televi- siÛn digital:

ï [Servicio P˙blico] Defender que la televisiÛn digital es un asunto p˙blico y no privado, que debe ser gratuito, de interÈs nacional y regulado por el Estado.

ï [Democratizar la comunicaciÛn] Promover la inclusiÛn social, la diversidad cultural y los diversos lenguajes en el acceso a la tecno- logÌa digital.

ï [TecnologÌa] Estimular la investigaciÛn, de- sarrollo y aplicaciÛn de usos sociales, cultu- rales e industriales de la tecnologÌa digital.

ï [EducaciÛn] La creaciÛn de una red de edu- caciÛn a distancia.

Activistas como Ambrosi sostienen que no basta con volver a definir el derecho a la comu- nicaciÛn e incluirlo en las constituciones y car- tas internacionales. M·s bien es necesario ase-

Omar RincÛn

gurar el disfrute efectivo de este derecho para todos los actores sociales. Tampoco basta con

dominar los aspectos tÈcnicos de las nuevas tec- nologÌas, pues se trata de garantizar que ser·n apropiadas socialmente y puestas al servicio de

la democracia. Y Èste es el gran desafÌo que en-

frentan las organizaciones de la sociedad civil en el futuro inmediato. La agenda del futuro exige m·s presencia del ciudadano, m·s movimiento social por el derecho a la comunicaciÛn, m·s medios ciuda- danos y mucho m·s ciudadanos exigiendo una mejor comunicaciÛn. El ciudadano debe dejar de ser sÛlo consumidor y comenzar a construir un movimiento ciudadano por una mejor televi- siÛn a travÈs de veedurÌas p˙blicas y ligas de televisiÛn. Es decir, debe haber organizaciÛn social frente al aparato. SÛlo de nosotros de- pende que las cosas cambien: si nos organiza- mos, conversamos y buscamos formas de pre-

siÛn desde el rating (cambiando de canal o apagando el televisor); si le exigimos coherencia

a los anunciantes para que lo que vendan res-

ponda a los valores que pregonan; si promove- mos investigaciones serias que demuestren quÈ est· pasando en los programas; si las comuni- dades de estudio que analicen si tanta moralina tiene sentido; si llevamos a cabo actos p˙blicos de disenso frente a la pantalla. El futuro de la naciÛn comunicada depende m·s de los ciudadanos y menos del presidente Uribe; sÛlo cuando la comunicaciÛn genere mo- vimiento polÌtico, tendremos m·s democracia. Por ahora, en lo masivo sÛlo tenemos una de- mocracia espect·culo y una ciudadanÌa contem- plativa; deberÌamos aprender m·s de los me- dios ciudadanos y los medios indÌgenas, que nos est·n mostrando otro camino, otro paisaje, otra democracia.

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La opiniÛn p˙blica:

entre la seducciÛn y la razÛn

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n todas las Èpocas, los Estados han hecho su propia publicidad, convir- tiendo la comunicaciÛn en parte esencial de su acciÛn. La tarea, a tra- vÈs de la historia, ha sido mantener

el control sobre las situaciones de crisis para evitar los perjuicios que la informa- ciÛn por fuera de los canales oficiales pueda ocasionarle a los gobernantes de turno. En ese sentido, la tarea del Estado en el marco de una

estrategia comunicacional es mantener el control informativo del acontecimiento. Que Èste no se esca- pe de sus manos, y que los gobernados se in- formen a travÈs de la voz de los gobernantes, la ˙nica fuente autorizada. Esta estrategia ha sido muy bien asimilada por el presidente £lvaro Uribe VÈlez, y puesta en pr·ctica durante sus cuatro aÒos de gobier- no (2002-2006). Su manera de dirigirse al co- lombiano del com˙n bajo un esquema directo, cara a cara, sin tecnicismos y en escenarios co- tidianos, apelando m·s a la emociÛn que a la razÛn, se ha constituido en un mecanismo se- ductor, que deja de lado la mediaciÛn tradicio- nal de los medios de comunicaciÛn que, en el pasado, se sustentaba en el poder de la argu- mentaciÛn para transmitir el mensaje polÌtico. Hoy, las condiciones de la argumentaciÛn polÌtica se han modificado profundamente en virtud del dominio que ejercen los medios, lo que ha traÌdo consigo cambios en la actividad argumentativa de los polÌticos, quienes tienen muy en cuenta las condiciones en que opera la mediatizaciÛn de su discurso a la hora de comu- nicar su mensaje. En palabras del escritor fran- cÈs RÈgis Debray, ìla paleotelevisiÛn apuntaba

a

educar una naciÛn, la neotelevisiÛn, a seducir

unos individuosî (Debray, 1995: 72). En el terreno de lo polÌtico, la mediatiza- ciÛn cumple tres funciones que, de alguna ma- nera, son tres intervenciones sobre el mensaje. En primer lugar, una funciÛn de transmisiÛn del mensaje que, lejos de ser un simple transporte, es el producto de una selecciÛn y de una jerar-

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Estrategia de OpiniÛn P˙blica. Instituto Popular de CapacitaciÛn (IPC)

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quizaciÛn a travÈs de las agendas, que transfor- ma el discurso polÌtico pronunciado en aconteci- miento polÌtico. La mediatizaciÛn tiene luego una funciÛn de puesta en escena del mensaje. Toda pre- sentaciÛn que pueda elegir las citas, que realice cortes o haga montajes de texto, cambia la na- turaleza del mensaje inicial. Por ˙ltimo, cumple la funciÛn de comentario del discurso, que consti- tuye la caracterÌstica b·sica del politÛlogo o del periodista polÌtico (Breton, 1995). La estrategia aplicada por el Presidente de la Rep˙blica y sus asesores en opiniÛn p˙blica se ha centrado en tratar de anticiparse a las condiciones en que los medios le transmitir·n, pondr·n en escena y le comentar·n sus mensa- jes, para garantizar la integridad de lo que quie- re decirle a los destinatarios y contrarrestar las distorsiones de la mediatizaciÛn. Un aspecto intrÌnseco a esta t·ctica de co- municaciÛn es el control del acontecimiento, es decir, de aquellos hechos de trascendencia so- cial que ocurren en un momento determinado, con el objetivo de transmitir confianza a travÈs de un lenguaje sencillo, directo, coloquial, afec- tuoso y patriÛtico, y fortalecer la visiÛn de que tiene el control de la situaciÛn, cualquiera que sea. Ese mensaje, cargado m·s de seducciÛn que de argumentaciÛn, se instala en la percep- ciÛn de la gente que, convencida de que Uribe VÈlez lo resuelve todo, personaliza el poder en la figura del Presidente y le atribuye un halo me- si·nico a su AdministraciÛn. Por esta vÌa explicÛ los grandes temas na- cionales, como el referendo del 2003, el proce- so de desarme y desmovilizaciÛn de los grupos de autodefensa, el fracaso del rescate del go- bernador de Antioquia, Guillermo Gaviria Correa, y de su Asesor de Paz, Gilberto Echeverri MejÌa, su apoyo al presidente norteamericano Geoge W. Bush en la invasiÛn a Irak, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y, ˙ltimamente, la venta del 20% de las acciones del Estado en Ecopetrol, la liquidaciÛn del Instituto de los Se- guros Sociales y los constantes esc·ndalos re- lacionados con la fuerza p˙blica. El espacio de consolidaciÛn por excelencia de la relaciÛn directa con la gente es el Consejo

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Comunitario, el mecanismo m·s destacable de la propuesta de Estado Comunitario adelanta- da por Uribe VÈlez, en el que el mandatario atien- de, semanalmente y de manera directa, las in- quietudes de los gobernantes locales, los concejales, los lÌderes comunitarios y la gente del com˙n. MicrÛfono en mano, dirige el encuen- tro con la ciudadanÌa, coordina las intervencio- nes del p˙blico, pide explicaciones a sus minis- tros y ordena reuniones inmediatas para buscarle soluciones prontas a los problemas planteados. El Èxito de su estrategia es un quiebre a ese modelo histÛrico del emperador que asistÌa, des- de una tribuna especial, a los juegos del circo. ìEl princeps demÛcrata debe descender al circo y pagar, siempre m·s fuerte, con su persona. Se- ducir hasta morirî (Debray, 1995: 44). No obstante, ese modelo refleja la mani- festaciÛn m·s clara de la desinstitucionalizaciÛn del Estado, por lo menos en el caso colombia- no. Uribe VÈlez logra comunicarse directamen- te, pero tambiÈn alcanza a romper con los pro- cedimientos establecidos y pasarse por alto las jerarquÌas institucionales. Asimismo, la estrate- gia comunicacional de Uribe VÈlez llevÛ a los co- lombianos a fragmentar la visiÛn del Estado: por un lado camina el Presidente de la Rep˙blica y por el otro el Gobierno Nacional. Por ello podrÌa decirse que aunque al Gobierno le vaya mal, a Uribe le va bien. Esto encuentra un terreno fÈrtil en la falta de independencia entre las ramas del poder p˙blico, en particular del Legislativo y Ju- dicial con respecto al Ejecutivo, y fortalece la personalizaciÛn del poder. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la construcciÛn de una imagen p˙blica con las caracterÌsticas que ha adquirido la de Uribe no hubiese sido posible sin el aporte de diversos medios de comunicaciÛn que, seducidos por la figura medi·tica, comprendieron desde su pri- mera elecciÛn como Presidente de la Rep˙blica la importancia polÌtica, social y econÛmica de apoyarlo sin restricciones, sacrificando la inde- pendencia y la libertad de informaciÛn. En ˙lti- mas, siguieron, informativamente, el camino de sus propietarios, los grandes conglomerados econÛmicos, que le apostaron al proyecto polÌ-

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tico presidencial, al margen de cualquier cues- tionamiento. Al fortalecimiento de esa personalizaciÛn del poder en la figura de Uribe VÈlez, los medios de comunicaciÛn contribuyeron, medi·ticamen- te, con la puesta en escena de la frase clave, la frase significativa. De esa forma, ejercieron sus funciones (poder de selecciÛn, de puesta en es- cena y de comentario), consolidando una opi- niÛn favorable a partir de la difusiÛn de unos mensajes que m·s que informativos son de iden- tificaciÛn con esa imagen que hoy domina el ima- ginario colombiano. ìLa desapariciÛn de las fi- guras argumentativas que sirven para dar forma a la idea polÌtica da lugar a la personalizaciÛn del debate polÌtico, que no transmite ideas sino personasî (Beton, 1995: 368).

DE LA SEDUCCI”N A LA RAZ”N

En sÌntesis, lo que tenemos hoy en Colombia es un notable ejercicio de captura de la opiniÛn, una forma de apropiaciÛn de la opiniÛn p˙blica por parte de la estrategia comunicacional de Uribe VÈlez, para concitar su atenciÛn alrededor de los temas que le interesa abordar, asÌ no estÈn en boca de las comunidades, y persuadir a la gente para la defensa y promociÛn de iniciati- vas favorables a sus propios intereses. Es de seÒalar que la captura de la opiniÛn re- duce la libertad de expresiÛn, puesto que sus espacios no son ya un territorio democr·tico donde todas las voces se pueden expresar, sino un escenario cada vez m·s privatizado, en el cual sÛlo pueden hablar unos pocos bajo el con- cepto de que nos representan a todos. Giovanni Sartori se preocupÛ de que la opi- niÛn p˙blica ñautÛnoma y crÌtica, que respalda la democraciañ se sustentara en la transformaciÛn de la informaciÛn en competencia, en dominio cognoscitivo. AdvirtiÛ que ese salto propuesto deberÌa ser de calidad (Sartori, 1994). Ello le per- mitirÌa entender a la opiniÛn p˙blica que el indi- vidualismo no es un principio suficiente de cons- trucciÛn de la democracia (Touraine, 2001) y, en consecuencia, superar esa personalizaciÛn del

poder que tiene sobre el Estado colombiano y corregir esa mirada dual sobre el Presidente y el Gobierno, para que sea una, y las responsabili- dades sean de Estado y no de individualidades. Pero la superaciÛn de esta visiÛn no cruza por hacerle llamados de atenciÛn a Uribe VÈlez ni exigirle nuevas estrategias de comunicaciÛn, en- tre otras razones porque ese es su estilo de ad- ministrar la NaciÛn. El asunto debe centrarse en la construcciÛn de mecanismos comunicaciona- les alternativos, que posibiliten enfrentarlo para rescatar esa opiniÛn p˙blica cautiva y democrati- zar el pensamiento. Cuanto m·s se opere esa transformaciÛn, se lograr· cualificar, primero, al ciudadano, es decir, al miembro de una sociedad polÌtica que delibera sobre el empleo de sus re- cursos y sus principios de acciÛn, y, luego, al su- jeto y su capacidad de ser un actor, de controlar su medio ambiente, de extender su zona de li- bertad y responsabilidad (Touraine, 2001). La construcciÛn de esos nuevos mecanis- mos comunicacionales debe propender por me- jorar la relaciÛn democr·tica entre poderes, medios y sociedad. Y su esencia radica en una mayor participaciÛn ciudadana, pero entendien- do participaciÛn ciudadana como habilitaciÛn del ciudadano, el grupo y la naciÛn para ejercer, en forma directa o vicarial, alg˙n rol de productor y emisor de mensajes. A lo cual debe aÒadirse una precisiÛn: durante el ejercicio de buscar par- ticipaciÛn debe pensarse simult·neamente en todos los procesos, mÈtodos y canales comuni- cativos a nuestra disposiciÛn (Pasquali, 2005). Una precisiÛn pr·ctica: al hablar de mecanis- mos comunicacionales alternativos no se quiere decir que se intentan eliminar aquellos medios tradi- cionales de comunicaciÛn, por cuanto Èstos de- jarÌan de ser alternativos para convertirse en el mecanismo unidireccional criticado. Se trata de ajustar el concepto a un instrumento de comu- nicaciÛn para la democracia informativa y la par- ticipaciÛn social, frente a los otros instrumen- tos comunicacionales que tratan de mantener el statu quo (Rivadeneira, 2002). J¸rgen Habermas advirtiÛ hace varias dÈca- das que la historia de los grandes periÛdicos diarios en la segunda mitad del siglo XIX prueba

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que la prensa se hace manipulable en relaciÛn con su grado de comercializaciÛn (Habermas, 1981). Y justamente esta propuesta de demo- cratizar el proceso comunicacional a travÈs de la emisiÛn de mensajes debe contemplar que las ayudas no se acompaÒen de servidumbres polÌticas o econÛmicas (Pasquali, 2005), lo que deriva en dos planteamientos que se deben co- menzar a discutir p˙blicamente: la financiaciÛn de los medios de comunicaciÛn comunitarios y

p˙blicos, y el respaldo jurÌdico para afianzar su ejercicio comunicacional. El concepto de medios alternativos no puede seguir ligado a marginalidad polÌtica en los es- pacios de decisiones comunicacionales, ni a di- ficultades econÛmicas, asÌ como tampoco a baja circulaciÛn, emisiones interrumpidas y duraciÛn limitada. En ese sentido, desde diversos espa- cios de acciÛn ciudadana deben emprenderse tareas que ubiquen en la agenda legislativa el tema de la democratizaciÛn en la producciÛn de

la informaciÛn.

TambiÈn es necesario que en la construc- ciÛn de mecanismos comunicacionales que con- trarresten la seducciÛn palaciega participen las organizaciones sociales y no gubernamentales, a travÈs del diseÒo de polÌticas y herramientas co- municativas y periodÌsticas que les permitan lle- gar a la ciudadanÌa, en una acciÛn coordinada y constante, con un sentido del bien com˙n y en funciÛn de la comprensiÛn plena, adecuada, exac-

ta y fiel de la realidad (Medios para la Paz, 2005). Pero ese reto comunicacional y periodÌstico debe romper con la percepciÛn que se tiene so- bre las organizaciones sociales y no guberna- mentales, que son vistas como portadoras de un discurso polÌtico inadecuado para el interÈs de los medios de comunicaciÛn. Se cree que ese discurso tiene intenciones diferentes a la de entregar informaciÛn valiosa para la opiniÛn,

y que esta actitud afecta la credibilidad de las

organizaciones y enturbia la relaciÛn con los pe- riodistas (Medios para la Paz, 2005). En sÌntesis, observar la estrategia de comu- nicaciÛn p˙blica del presidente £lvaro Uribe VÈ- lez introduce la discusiÛn sobre el lugar y el papel que le cabe a la informaciÛn en la construcciÛn

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de la NaciÛn. Y en ese sentido, conducir esa opi- niÛn p˙blica de la seducciÛn comunicacional, en donde permanece capturada por las concepcio- nes mesi·nicas individualistas, a la razÛn demo- cr·tica e incluyente, exige replantear la estructu- ra de los medios de comunicaciÛn y sus contenidos, crear nuevas alternativas de infor- maciÛn en las cuales participen las organizacio- nes sociales y no gubernamentales, no sin antes romper con las percepciones que tienen los me- dios de comunicaciÛn sobre ellas, a travÈs de la profesionalizaciÛn comunicacional y periodÌstica. Las tareas son m˙ltiples, porque se trata de ofrecer una nueva visiÛn de lo que es la noticia y sus fuentes de informaciÛn. Y, lo que es m·s im- portante, se trata de entender que el aconteci- miento de interÈs social no es un simple suceso en sÌ mismo, sino que es un proceso que tiene como componentes esenciales un antecedente, una manifestaciÛn actual y unos efectos o con- secuencias sobre los receptores. En esta nueva visiÛn, el atributo de mercancÌa que el juego co- mercial le ha atribuido a la noticia ceder· su lugar al atributo de bien social o producto cultural no monopolizable (Rivadeneira, 2001).

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Reinaldo Spitaletta

El prÌncipe y los mendigos

Reinaldo Spitaletta*

 

n el reino del unanimismo y el pen- samiento ˙nico puede haber res- peto a la diferencia? Es un interro- gante como punto de partida hacia la crÌtica de un rÈgimen de exclu- siÛn que tiene como punta de lan-

 

E

za una suerte de prÌncipe feudal y, a su alrede- dor, una corte de epÌgonos con exceso de zalema. El respeto al otro, al ìextraÒoî (el b·rbaro), al que tiene otra visiÛn del mundo, no puede darse en un sistema cerrado, un artificio que cuenta adem·s con los milagrosos recursos de lo me-

di·tico, en el cual la voluntad del seÒor se opone

a

los partidos, a las ideologÌas, a los programas.

…l es el partido. Y la ideologÌa. Y el programa. Todo. Aquel seÒor, que en su primera campaÒa electoral repudiaba la reelecciÛn; aquel polÌtico de la ìantipolÌticaî, que ha ido desinstituciona-

lizando el paÌs, para convertirse Èl en las insti- tuciones; ese mandatario, que la propaganda le da la estatura de un mesÌas, a veces de poncho

y

sombrero de tierra caliente, logrÛ crear en su

primer cuatrienio (øse convertir· el segundo en ìseisenioî?) una realidad virtual, en la cual Èl, todopoderoso, aparecÌa como una virgen de la inmaculada. AsÌ, en m˙ltiples ocasiones apelando al di- minutivo calculado (impuesticos, peajitos) o al eufemismo (flexibilizaciÛn laboral) o embozan- do el lenguaje, edificÛ una especie de ficciÛn, o de irrealidad, para que no se sintiera la exclu- siÛn, siempre creciente, ni las inequidades (ha- bÌa hasta que hacer callar al Dane) 1 , o se pen-

sara que ahora sÌ sus s˙bditos podÌan ir tranquilos a las ìfinquitasî los fines de semana, sin peligro de secuestros, pescas milagrosas, vacunas y otros brebajes. Con el uso de un lenguaje enmascarado es posible hacer creer a los habitantes de un

* Comunicador social-periodista de la Universidad de Antioquia. Presidente del Centro de Historia de Bello. Profesor de las Universidades Pontifica Bolivariana y de Antioquia. Columnista de elespectador.com.

1 ìEl que es Caballero repiteî, en Revista Semana, No.1.168, 20 de septiem- bre de 2004: 22-25. El director del Dane, CÈsar Caballero, renunciÛ cuan- do el gobierno se opuso a que revelara una encuesta sobre victimizaciÛn.

Contexto

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DESHACER EL EMBRUJO

lugar de desasosiegos que moran en una di- chosa arcadia, en un paÌs de mermelada y ar- monÌa pastoril. Ha pasado en la historia muchas veces. Su- cediÛ, por ejemplo, con los militares argentinos que a su orgÌa de sangre y represiÛn la denomi- naron el Proceso de ReorganizaciÛn Nacional, o el Proceso a secas, muy kafkiano nombre para montar y desatar una marejada de secuestros, desapariciones y torturas. Es simple para un gobernante henchir el corazÛn de sus s˙bditos con palabras como jus- ticia, trabajo, patria, libertad, seguridad, demo- cracia, con abstracciones que transmiten una carga afectiva inmensa y se reciben con emo- ciÛn, incluso ìpatriÛticaî. Y m·s a˙n, si el prÌnci- pe tiene a sus pies a los medios masivos de comunicaciÛn. Hitler lo supo. Y lo empleÛ. Para eso tenÌa un propagandista con talento, aquel que afirmÛ que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. El F¸hrer, incluso apropi·ndose de las palabras de sus rivales, solÌa decir que era ìun revolucionario, un revolucionario contra la revoluciÛnî. Y se autoproclamÛ como ìel revolu- cionario m·s conservador del mundoî 2 . El lenguaje del poder es manipulador. Y eu- femÌstico. Oculta m·s de lo que revela. Es como los datos de la macroeconomÌa: encubren la ri- queza mal repartida. Y si el gobernante pone a funcionar las encuestas, que es otro modo de la manipulaciÛn, habr· ganado bastante terreno en el campo de la emotividad de sus dirigidos. Unas y otro, bien manejados, dan la falsa sensaciÛn de bienestar, de seguridad, de habitar en un sistema bucÛlico, que, adem·s, como pasa en Colombia, no admite un lenguaje de crÌtica, porque quien lo use podrÌa asimilarse a los ìene- migos de la democraciaî, o podrÌa ser seÒalado como miembro de las filas del ìterrorismoî. En el pasado cuatrienio se intentaron des- terrar del lenguaje polÌtico las categorÌas de ìiz- quierdaî y ìderechaî, y se anunciÛ que como Èsta es una ìdemocracia profundaî, no puede tener adversarios, porque entonces serÌan ìan- tidemocr·ticosî. Es un modo sutil, pero efecti- vo, de ir borrando cualquier conato de oposi-

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Contexto

ciÛn, caracterÌstica muy propia, precisamente, de gobiernos excluyentes. AsÌ, desde el punto de vista del poder, esta- mos en una democracia ìprofundaî, con seguri- dad, justicia, pan, libertad, reducido todo a un modo simplista, abstracto, que penetra con facili- dad en los sentimientos del gobernado que ya est· domesticado. Embelesado por los tonos sa- cerdotales, los diminutivos, las suavizaciones ver- balesÖ Desde el lenguaje, asimismo, se niega la existencia de un conflicto interno armado, que, adem·s, lleva m·s de 40 aÒos. Y cuyas causas (la miseria, la marginalidad, el desempleo, la in- justicia social, etc.) no se han erradicado. Al con- trario, han crecido las lacras y factores socioeco- nÛmicos que lo producen y avivan. Las palabras del poder intentan, en su ma- nipulaciÛn, darle forma a aquello que alg˙n lin- g¸ista denominÛ el ìproceso de la creaciÛn de la aceptabilidadî 3 . SucediÛ con el fascismo y el nazismo. Ahora, si algunas de las palabras m·s caras al prÌncipe se analizan o se aterrizan, no aparecen en la realidad real ni la justicia social, ni la democracia profunda, ni la seguridad ni el trabajo. Al contrario, surge la evidencia de un penoso mundo de inequidades. øConflicto interno? Pero cu·l, lo que hay son grupos terroristas. Se proclamÛ 4 . Hasta dejar flotando en el ambiente (o medio ambiente con glifosato) la sensaciÛn de quien no estuviera con Èl, pues estaba contra Èl. Y punto. øEl otro? Cu·l otro, si aquÌ lo que hay es una ìprofundizaciÛnî de la democracia, tan honda, que Èl, en magn·- nimo gesto, se pudo dar el lujo de mandar a un delincuente a dormir a una lujosa suite de hotel en Bogot·. 5 øEl otro? El otro no cupo en la esta- dÌstica ni en la encuesta. …stas eran para Èl,

2 £lex Grijelmo (2001). La SeducciÛn de las palabras. Editorial Taurus, Ma- drid: 123

3 Jean-Pierre Faye, citado por £lex Grijelmo, op. cit.:124

4 Cf. Uprymny, Rodrigo (2005). ìøExiste o no conflicto armado?î, en Plata- forma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (2005). M·s all· del embrujo. Tercer aÒo del gobierno de £lvaro Uribe VÈlez, Pcdhdd,Bogot·: 135-140.

5 Se trata del ex guerrillero Hernando Buitrago, alias Juli·n. Uribe lo mandÛ a dormir dos noches en el Tequendama. Cf. ìEl dilema de los desertoresî, en Revista Semana, No. 1.180, 13 de diciembre de 2004: 84.

Reinaldo Spitaletta

siempre arriba en los indicadores de populari- dad. QuÈ necesidad de disentir habÌa, si los da- tos expresaban que Èl era el todo y la parte. Que nadie tendrÌa, por ejemplo, porque atrever- se a promulgar una desobediencia civil. Ni ries- gos. SucediÛ, manes de la memoria, en Copaca- bana, Antioquia. PoblaciÛn sublevada contra un peaje. PoblaciÛn sofocada por la Fuerza P˙blica. Y, de todos modos, se impuso el ìpeajito socialî 6 . La posibilidad humana de disentir no tenÌa cabida. QuÈ razÛn los asistÌa a quienes, en el democr·tico ejercicio de la crÌtica, se atrevÌan a discrepar. Gentes sin razÛn. Deben ser ìterro- ristasî, ìcomunistas disfrazadosî, personas de mentalidad perversa que hacen el juego a los grupos alzados en armas. Entonces para quÈ se habÌa inventado el marcatismo, sino era para usarlo, para atemori- zar, para no permitir la diferencia. Y despuÈs de la tempestad, o de la intimidaciÛn, poder decir, sin empacho, el dÌa del triunfo de la reelecciÛn, en el mismo hotel en el que en otros dÌas se hospedÛ el delincuente precitado, que presen- taba excusas a los que Èl habÌa seÒalado como amigos del terrorismo 7 . Durante el primer perÌodo del presidente £lvaro Uribe VÈlez, hubo dÌas en que algunos recordaron aquel poema punzante, atribuido a Bertolt Brecht, pero cuya autorÌa es de un pas- tor luterano, Martin Niemˆler:

“Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada por- que yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.”

SucediÛ, entonces, en la vereda CaÒo Seco, Arauca. El 5 de agosto de 2004 a tres dirigentes sindicales los sacaron de una casa y los ejecuta- ron extrajudicialmente. Pero el coronel Jairo Me- jÌa Rom·n, comandante encargado de la Briga-

da 18, seÒalÛ que unidades de esa guarniciÛn ìdieron de baja en combate a tres integrantes del Elnî. Y, como para que nadie dudara agregÛ que, despuÈs de la operaciÛn, a los muertos se les hallaron dos pistolas, tres metros de cable elÈctrico y tres barras de dinamita. La prensa registrÛ, sin mayor despliegue, el suceso. El vicepresidente de la Rep˙blica, Francis- co Santos, advirtiÛ que, en efecto, los tres, HÈc- tor Alirio MartÌnez, Leonel Goyeneche y Jorge Eduardo Prieto, eran dirigentes sindicales pero que desarrollaban actividades no relacionadas con su trabajo, y tanto Èl, como el Mindefensa, Jorge Alberto Uribe, sin que mediara ninguna in- vestigaciÛn, etiquetaron a los sindicalistas como miembros de una cÈlula subversiva, y que esta- ban armados cuando llegaron los soldados a realizar la operaciÛn 8 . Con ello parecÌan procla- mar que la Seguridad Democr·tica funcionaba a las mil maravillas, °hurra!, tres bajas m·s. Mien- tras tanto, el congresista Wilson Borja cuestio- naba las palabras de Santos: ìSi Èl no le de- muestra a la FiscalÌa que ellos estaban vinculados al Eln, Pacho Santos debe tener la suficiente hombrÌa de renunciar a la vicepresi- denciaî (El Tiempo, 6 de agosto de 2004). Los verdaderos hechos eran otros, que se camuflaban con la ìverdad oficialî multiplicada por los medios de informaciÛn. Las investiga- ciones revelaron que la escena del crimen fue alterada por los militares; los tres dirigentes, en situaciÛn de indefensiÛn, fueron fusilados por la espalda, a quemarropa. AsÌ que ser lÌder sin- dical es asimilado por el Gobierno a ser delin- cuente. O, de otro modo, no estar de acuerdo con el unanimismo, con el pensamiento ˙nico, emitir alguna protesta por las injusticias, puede dar lugar a ser seÒalado como guerrillero.

6 ìAburr· Norte, entre la resignaciÛn y la resistenciaî, en El Colombiano, 21 de marzo de 2004.

7 ìSi en mis arrestos de combatiente, alguien sintiÛ una alusiÛn que no debÌ transmitir, queda retirada, porque no tengo sino un sentimiento: el senti- miento de tratar a todos mis compatriotas con la expresiÛn m·xima de un superior afectoî. £lvaro Uribe VÈlez, en http//www.presidencia.gov.co/sne/

2006/mayo/28/02282006.htm

8 ìEncuentro mortalî, en Revista Cambio, No. 581, 16 de agosto 2004: 24-

26.

Contexto

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DESHACER EL EMBRUJO

Adem·s, aparte de haber recortado dere- chos laborales, tambiÈn, durante ese perÌodo

(2002-2006), se incorporaron t·cticas intimida- torias contra los trabajadores organizados. El crimen y la persecuciÛn como una severa forma

de disuadir a quienes quisieran afiliarse a sindi-

catos y no propiamente patronales 9 . Durante el primer mandato de Uribe se revi- vieron aquellos dÌas aciagos cuando caÌan asesi- nados en Colombia defensores de derechos hu- manos, periodistas, mÈdicos, como HÈctor Abad GÛmez, o Jaime GarzÛn, o Luis Fernando VÈlez, o Mario CalderÛn, o Elsa Alvarado, en fin, que el martirologio es extenso. Y volviÛ a campear la

inadmisiÛn del disenso, la sospecha sobre el pen- samiento contrario al oficial, el cerrojo a la crÌtica

de las inequidades (y de la iniquidad). No hay

respeto por aquellos que estÈn del lado de la justicia o busquen la construcciÛn de un mundo

mejor para los excluidos de hoy. Dentro de ese marco de horrores, en contravÌa del Estado So-

cial de Derecho, habrÌa que inscribir el crimen del

sociÛlogo y agrÛnomo Alfredo Correa de Andreis. Detenido el 17 de julio de 2004, acusado de ser ideÛlogo de un bloque guerrillero, en prisiÛn le

escribiÛ al Presidente: ìEsto es una pesadilla, in- comparable como violaciÛn de todos mis dere- chos ciudadanos. ConfÌo en que usted no sola- mente leer· esta carta sino que en perspectiva humana, orientar· rumbos justos para que nadie m·s en este paÌs sufra, y de quÈ manera, como

mi adorada y ejemplar familiaî 10 . Un mes des-

puÈs, al comprobar su inocencia, quedÛ libre. Pero ya tenÌa colgada la l·pida, como dijeron el perso- nero de Barranquilla y el defensor del Pueblo del Atl·ntico. Los aquÌ expuestos son apenas algunos ca- sos del irrespeto a la diferencia, al pensar dis- tinto, en un paÌs en el cual, adem·s, se agudi- zan los niveles de exclusiÛn social, lo ˙nico que

se democratiza es la miseria y se sataniza la

protesta ciudadana. Se acuerdan, por ejemplo,

que en Cartagena, a quienes salieron a manifes-

tar repulsa contra el TLC el lenguaje oficial los

tildÛ de ìsalvajesî. El respeto al otro nace de polÌticas de in- clusiÛn, del establecimiento de un Estado So-

30
30

Contexto

cial de Derecho, que no parecen ser las priori- dades del actual Gobierno colombiano. La se- guridad no debe limitarse a los asuntos milita- res. Debe incluir la defensa del pensamiento, de las organizaciones obreras, campesinas, de las manifestaciones diversas de la sociedad ci- vil, amÈn de la seguridad alimentaria, la seguri- dad del medio ambiente. Estas caracterÌsticas son las que hacen crecer una democracia. Y se habita un paÌs en el cual se practica exactamen- te lo contrario. Al irrespetarse, asimismo, como se ha nota- do en el gobierno del presidente Uribe, a las or- ganizaciones sindicales y de representaciÛn po- pular y expresar fastidio e intolerancia hacia las opiniones divergentes, Colombia camina hacia la desistitucionalizaciÛn. Los partidos y las institu- ciones son reemplazados por un liderazgo prefa- bricado por el ìmarketingî medi·tico que proyec- ta la ilusoria impresiÛn de que el mandatario mantiene relaciÛn directa con el ciudadano. Y no sÛlo en las puestas en escena de los consejos comunales, sino utilizando la omnipresencia de Gran Hermano, en los medios masivos. El otro, que aquÌ es el necesitado, el ex- cluido, el que aspira a la justicia social, el des- plazado, siente cada vez m·s el desprecio ofi- cial. Al neg·rsele, por ejemplo, los derechos b·sicos a la salud, la educaciÛn, a una alta ca- lidad de vida, su existencia se reduce a ser una persona sin opiniÛn, sin posibilidades de dis- crepancia, sin capacidad para la exigencia. Al declararse al de la otra orilla como un desadap- tado (est· al otro lado porque no est· conmi- go) se crea una imagen, o, mejor, una realidad en la que solo hay cabida para los del mismo grupo. En este caso, solo van bien los plutÛ- cratas, los que obtienen los beneficios del po- der. Los que mantienen el poder. El respeto por el otro, por su dignidad, tie- ne que ver con la inclusiÛn en la reparticiÛn del

9 ConfrÛntese al respecto: Escuela Nacional Sindical; Manuel Reina Salga- do; Guillermo Correa Montoya y Juan Bernardo Rosado ìCon el sudor de tu frente: el presidente Uribe y los trabajadoresî, en esta misma publicaciÛn.

10 Spitaletta, Reinaldo. ìSombrero de magoî, en El Colombiano, 22 de sep- tiembre de 2004.

Reinaldo Spitaletta

progreso, de la riqueza. Una manera de la into- lerancia es mantener en estado de coma a la mayorÌa. M·s del 60 por ciento de la poblaciÛn anda bajo la lÌnea de pobreza, y la indigencia cobija con sus harapos e infortunios a cerca del 20 por ciento 11 . La falta de respeto a esas ma- yorÌas olvidadas por Dios y por el sistema, se manifiesta, entonces, en la desprotecciÛn so- cial, en su marginaciÛn de la salud, de la educa- ciÛn, de la seguridad social, de las pensiones y la alimentaciÛn. Con el pretexto de una lucha contra la ìpo- litiquerÌa y la corrupciÛnî, de una supuesta ba- talla contra el burocratismo, se privatizan em- presas estatales boyantes, se cierran hospitales con la sinrazÛn de que no son ìrentablesî ni ìcompetitivosî, y, a la vez, se llena de privilegios al sector financiero, a las corporaciones trans- nacionales, a ese nuevo dios, el mercado, el cual tampoco se entra a regular desde lo estatal. El gobierno de Uribe ha priorizado, como parte de una suerte de populismo a la criolla, un asistencialismo de beneficencia 12 , base tambiÈn del clientelismo y la demagogia, que recuerda los tiempos en que los industriales europeos cubrÌan con una mortaja de mermelada las mi- serias que ellos producÌan en la poblaciÛn. Una manera de trabajar por la inclusiÛn serÌa que el Gobierno desmontara el modelo econÛmico que, desde hace m·s de quince aÒos, solo produce m·s pobres y le concede todos los privilegios a una enriquecida Èlite. El camino correcto de inclusiÛn de las mayo- rÌas tiene que ver con una formidable inversiÛn social, con privilegiar, por ejemplo, la salud y la educaciÛn p˙blicas frente a la voracidad del capi- tal privado. Con abrir los canales de participa- ciÛn ciudadana en la toma de decisiones. La pro- fundizaciÛn de la democracia est· relacionada con tales asuntos. Y con otros como la generaciÛn de empleo, con la creaciÛn de posibilidades para una mejor existencia de los colombianos. Con la justicia social. Nuestra gente est· necesitada de un Estado que permita el ejercicio del deber ciudadano con plena garantÌa de sus derechos. La construcciÛn de democracia est· ligada a la presencia del di-

sentimiento, a la libre expresiÛn de ideas, a posi- bilitar que los de la otra margen puedan cruzar el rÌo para debatir con los de enfrente. Colombia, de la cual se ha asegurado que es un paÌs sin remedio, espera poder transitar por los sende- ros del progreso bien repartido, de la riqueza jus- tamente dividida. El gobierno tiene en sus ma- nos la manera de hacer de Èste un territorio en el que vuelva a florecer la industria, para lo cual, adem·s, tendrÌa que romper su dependencia con los dictados de los Estados Unidos. AhÌ renace- rÌa la esperanza del empleo productivo. øSer· este un canto a la utopÌa? Hoy, como se sabe, no hay industrializaciÛn. Lo que existe es un paraÌso para los capitales financieros, que hacen, por ejemplo, que varios magnates colombianos dedicados al agio estÈn entre los m·s ricos del orbe. Las utilidades para la banca, en particular para la extranjera, son astronÛmicas 13 . Acaso no es esa situaciÛn un irrespeto hacia el desposeÌdo, hacia ese ìotroî (que son muchos) carente de lo elemental. El otro, los otros, los desheredados, pare- ce que tendr·n que hacer sentir su voz, y acu- dir a la desobediencia civil, esa hermosa y ci- vilizada y efectiva manera de la no violencia, porque, de lo contrario, el prÌncipe seguir· lan- z·ndoles sus migajas, mientras reparte las ri- quezas entre los ricos.

11 De la Torre, Cristina (2005). ì£lvaro Uribe, neopopulistaî, en Revista N˙- mero 44, marzo-mayo 2005: 51-60.

12 Cf. De la Torre, Cristina (2005), op.cit.

13 En 2004, las ganancias del sector financiero fueron de 2.7 billones de pesos. Los bancos extranjeros obtuvieron ganancias por encima del 150% con respecto a 2003. Cf. De la Torre, Cristina (2005), op.cit.

Contexto

31
31

Jorge Iv·n Gonz·lez

Ni economÌa de guerra, ni economÌa de bienestar

Jorge Iv·n Gonz·lez*

C

olombia no alcanzÛ a consolidar una economÌa del bienestar (welfare), y tam- poco ha logrado estructurar una eco- nomÌa de guerra (warfare). No hay duda de que la administraciÛn Uribe ha im-

pulsado el aparato de guerra, pero la economÌa nacional est· lejos de poder ser califi- cada como una economÌa de guerra. Los cuadros 1 y 2 presentan la distribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por fi-

nalidades 1 . Entre 1997 y el 2004 el gasto en de- fensa pasa de 1,93% del PIB a 2,53% 2 . Mientras tanto, el gasto en educaciÛn subiÛ de 3,84% del PIB a 5,49%. En sanidad pasÛ de 2,80% a 3,65%.

Y en seguridad y asistencia social subiÛ de 6,83%

a 7,56%. Estas tendencias muestran que el gasto

en defensa no es muy alto, y que su crecimiento no ha sido muy acelerado. A partir del 2001, y posteriormente durante la administraciÛn Uribe, observamos una leve sustituciÛn entre los gastos de defensa y educaciÛn. El primero crece y el segundo disminuye. Pero estas variaciones no son muy significativas. La economÌa de guerra es un calificativo que se utiliza para poner en evidencia el impacto que tiene el conflicto en la economÌa. En Esta- dos Unidos se introdujo la categorÌa ìkeynesia- nismo de guerraî, con el fin de hacer explÌcita la incidencia que tienen las finanzas (ingreso y gas- to) de la guerra en la actividad econÛmica. En Estados Unidos el gasto de la guerra tiene efec- tos multiplicadores sobre la ciencia, la tecnolo- gÌa, el producto, el ingreso y el empleo. La cons- trucciÛn de la bomba atÛmica durante la Segunda Guerra Mundial contribuyÛ notablemente a la comprensiÛn del funcionamiento de la energÌa nuclear. La guerra frÌa y la conquista del espacio

* Profesor Universidad Nacional de Colombia.

1 La serie termina en el 2004 porque todavÌa no hay datos disponibles para los aÒos siguientes. La informaciÛn disponible es parcial y no permite agregar el gasto por finalidades de todo el sector p˙blico.

2 El rastreo del gasto en defensa a travÈs del presupuesto siempre ser· pro- blem·tico. Adem·s de las dificultades inherentes a toda informaciÛn pre- supuestal, algunos gastos militares son reservados. Pero estos faltantes no modifican de manera sustantiva las conclusiones de este ensayo. Supon- gamos, en gracia de la discusiÛn, que el gasto reservado m·s las limitacio- nes de informaciÛn equivale al 0,5% del PIB. Un monto de esta magnitud no alcanza a modificar las lÌneas b·sicas de nuestra reflexiÛn.

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33
 

CuadroCuadroCuadroCuadroCuadro No.No.No.No.No. 11111

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

(Millones de pesos corrientes)

(Millones de pesos corrientes)

(Millones de pesos corrientes)

(Millones de pesos corrientes)

(Millones de pesos corrientes)

 
   

11111

99999

99999 77777

11111

99999

99999

88888

11111

99999 99999 99999

   

22222

00000

00000 00000

 

22222

00000

00000 11111

22222

00000 00000 22222

22222

00000

00000 33333

 

22222

00000 00000 44444

 

Se rvicios p ˙ b l. g e n e r.

6

.6 1 1 .8 0 5

7

.4 4 2 .8 0 2

8

.6 6 6 .1 1 9

   

7

.1 7 4 .7 0 2

 

7

.5 9 9 .7 1 7

9

.0 4 0 .9 7 7

9

.1 9 1 .4 2 3

 

1

0 .3 3 3 .5 8 5

Ord e n p ˙ b l. s e g . ju s tic.

3

.5 6 0 .2 0 2

3

.4 7 0 .3 9 8

4

.0 7 8 .1 7 4

   

3

.4 7 6 .7 5 3

 

3

.7 0 7 .4 9 2

4 .0 3 0 .3 9 5

4

.5 9 6 .9 6 5

 

4

.9 8 2 .7 7 8

D

e fe n s a

2

.3 5 2 .1 7 1

2

.5 3 8 .3 1 7

1

.7 0 9 .6 6 7

   

4

.2 0 5 .6 6 9

 

4

.4 7 3 .4 9 0

5 .2 8 9 .1 5 7

5

.9 6 8 .4 4 4

 

6

.4 6 0 .8 8 7

Ed u ca ciÛn

4

.6 7 8 .9 4 4

6

.7 9 3 .0 2 9

7

.8 2 8 .1 5 6

   

8

.1 5 9 .7 2 8

 

1

0 .4 8 9 .9 0 8

1

1 .2 2 1 .8 5 3

1

2 .4 5 0 .9 0 6

 

1

3 .9 9 2 .2 0 1

Sa n id a d

3

.4 0 8 .4 6 5

4

.2 0 4 .8 3 7

4

.9 2 7 .6 8 1

   

6

.0 2 9 .7 2 1

 

6

.8 6 6 .1 0 1

7

.1 6 2 .5 1 7

8

.2 5 1 .3 2 6

 

9

.3 0 6 .3 2 8

Se g u r.y a s is t. s ocia l

8

.3 1 7 .0 9 8

8

.8 9 4 .0 8 2

9

.4 7 6 .7 5 0

 

1

2 .2 1 5 .8 2 6

 

1

2 .7 0 9 .5 9 4

1

5 .3 2 2 .2 5 2

1

6 .1 7 8 .6 3 2

 

1

9 .2 7 2 .5 9 4

Vivi. y ord e n , u rb - ru ra l

6

8 3 .1 5 9

9

4 1 .3 2 7

8

1 8 .7 2 1

   

1

.3 6 3 .8 9 7

 

1

.3 3 6 .8 5 2

1

.0 6 3 .2 2 0

9

4 8 .7 3 0

 

1 .2 3 9 .9 4 0

Otros s e rv. s ocia le s

5

0 3 .1 3 9

5

6 0 .8 8 1

6

1 0 .0 0 4

   

8

4 1 .1 1 2

 

7

0 4 .3 2 3

8

7 0 .4 9 1

9

8 3 .8 0 8

 

1 .0 9 9 .6 0 5

Se r. e con . y otra s fin a l.

5

.8 8 6 .6 2 3

5

.9 7 8 .1 4 5

5

.1 1 4 .3 3 8

   

8

.1 0 5 .3 1 8

 

4

.6 6 1 .9 7 6

5

.1 5 6 .3 5 8

9

.9 9 6 .6 7 3

 

1 1 .5 1 9 .0 5 8

Se rvicio d e u d a p ˙ b lica

7

.9 1 2 .7 0 5

1

0 .8 0 0 .6 9 7

1

2 .7 1 4 .5 3 4

 

1

7 .3 1 0 .7 5 3

 

2

5 .3 8 2 .2 9 0

2

7 .2 1 6 .2 7 3

2

6 .7 3 6 .8 7 2

 

2 7 .6 3 9 .8 9 3

Tota l

4

3 .9 1 4 .3 1 1

5

1 .6 2 4 .5 1 5

5

5 .9 4 4 .1 4 4

 

6

8 .8 8 3 .4 7 8

 

7

7 .9 3 1 .7 4 2

8

6 .3 7 3 .4 9 2

9

5 .3 0 3 .7 7 9

1

0 5 .8 4 6 .8 7 0

I n clu ye e l con ju n to d e l s e ctor p ˙ b lico (Na ciÛn , d e p a rta m e n tos , m u n icip ios , in s titu tos , e tc.)

 

Fuente: PDH-DNP. Estimaciones realizadas por Jairo Urdaneta y Margarita Betancur.

   
 

Cuadro

Cuadro

Cuadro

Cuadro

Cuadro

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

DistribuciÛn del gasto del sector p˙blico consolidado por finalidades

(Porcentaje(Porcentaje(Porcentaje(Porcentaje(Porcentaje deldeldeldeldel PIB)PIB)PIB)PIB)PIB)

No. 2

No. 2

No. 2

No. 2

No. 2

 
   

11111

99999 99999 77777

11111

99999 99999 88888

 

11111

99999

99999 99999

22222

00000 00000 00000

22222

00000

00000 11111

22222

00000

00000 22222

22222

00000

00000 33333

 

22222

00000

00000 44444

Se rvicios p ˙ b licos g e n e ra le s

   

5

,4 3

 

5

,

3

5

,7 2

4

,1 0

4

,0 3

 

4

,4 4

4

,0 1

   

4

,0 5

Ord e n p ˙ b lico s e g u rid a d y ju s ticia

 

2

,9 3

2

,4

7

2

,6 9

1

,9 9

1

,9 7

 

1

,9 8

2

,0 1

   

1 ,9 5

D

e fe n s a

 

1

,9 3

1

, 8 1

 

1

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2

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2

,3 7

 

2

,6 0

2

,6 0

   

2 ,5 3

Ed u ca ciÛn

   

3

,8 4

4

,8

4

5

,1 6

4

,6 7

5

,5 6

 

5

,5 2

5

,4 3

   

5

,4 9

Sa n id a d

   

2

,8 0

2

,9

9

3

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3

,4 5

3

,6 4

 

3

,5 2

3

,6 0

   

3

,6 5

Se g u rid a d y a s is te n cia s ocia l

   

6

,8 3

6

,3

3

6

,2 5

6

,9 8

6

,7 4

 

7

,5 3

7

,0 6

   

7

,5 6

Vivie n d a y ord e n a ciÛn u rb a n a y ru ra l

 

0

,5 6

0

,6

7

0

,5 4

0

,7 8

0

,7 1

 

0

,5 2

0

,4 1

   

0

,4 9

Otros s e rvicios s ocia le s

   

0

,4 1

0

,4

0

0

,4 0

0

,4 8

0

,3 7

 

0

,4 3

0

,4 3

   

0

,4 3

Se rvicios e con Ûm icos y otra s fin a l.

 

4

,8 4

4

,2

6

3

,3 7

4

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2

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2

,5 3

4

,3 6

   

4

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Se rvicio d e u d a p ˙ b lica

   

6

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7

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9

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1

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1

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1

1 ,7 1

 

1

0 ,8 0

TTTTTooooo ttttt aaaaa lllll

   

33333

66666

,,,,, 00000 88888

33333

66666

,,,,, 77777 55555

 

33333

66666 ,,,,, 99999 11111

33333

99999

,,,,, 33333 99999

44444

11111

,,,,, 33333 33333

44444

22222

,,,,, 44444 55555

44444

11111

,,,,, 55555 88888

 

44444

11111

,,,,, 44444 99999

Fuente: Cuadro No.1.

   

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estimularon la inform·tica, las telecomunicacio- nes y la tecnolÛgica satelital. La investigaciÛn de punta ha estado estrechamente ligada a las necesidades de la economÌa de guerra. TambiÈn all·, durante la Segunda Guerra, entre 1939 y 1944, la participaciÛn del empleo p˙blico en el empleo total pasÛ de 16% a 35%. Y el gasto en defensa como porcentaje del PIB

   

subiÛ de 2% a 44% (Stiglitz, 2000:30 y 40). En los ˙ltimos 3 aÒos el dÈficit federal de los Estados Unidos ha crecido a un ritmo exponencial. Una parte importante del desbalance actual, cerca- no a los US$ 600.000 millones, se explica por las necesidades financieras de las guerras em- prendidas por la administraciÛn Bush. Estas al- tas cifras dan una idea clara del significado f·c-

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Contexto

 

Jorge Iv·n Gonz·lez

tico de la economÌa de guerra. Los datos de Co- lombia no corresponden, ni de lejos, a los de una actividad econÛmica que gire en torno al conflicto. AquÌ no tenemos ni economÌa de bienestar (welfare), ni economÌa de guerra (warfare). Nin- guna de las dos alternativas se ha consolidado. El presupuesto es la expresiÛn de las decisio- nes colectivas, y es un buen reflejo del orden de preferencias. El gasto en defensa no es la op- ciÛn prioritaria. En el 2004 el orden de priorida- des fue el siguiente: servicio de la deuda p˙blica (10,8% del PIB), seguridad y asistencia social (7,56%), educaciÛn (5,49%), servicios econÛmi- cos (4,52%), servicios p˙blicos generales (4,05%), sanidad (3,65), defensa (2,53%), orden p˙blico, seguridad y justicia (1,95%), vivienda y ordena- ciÛn urbana (0,49%), otros servicios sociales (0,43%). No pretendo caer en una lÛgica reduc- cionista. No obstante las limitaciones del pre- supuesto, y pese al monismo analÌtico al que pueda llevar, el orden de prioridades del gasto es un buen reflejo del tipo de sociedad que se est· construyendo. Estos datos permiten pen- sar que la economÌa colombiana se caracteriza m·s por su naturaleza especulativo-financiera (CID, 2006), que por ser una economÌa de welfa- re o de warfare. En el 2004 el servicio de la deu- da p˙blica llegÛ a $11 billones. Hoy supera los $16 billones. El calificativo economÌa de guerra no aplica al caso colombiano por las siguientes razones. Primero, porque el volumen de recursos es relati- vamente bajo. Segundo, porque el material bÈli- co (helicÛpteros, aviones, buques, armamento) es importado, y los efectos multiplicadores de naturaleza keynesiana son muy reducidos. El paÌs no ha sido capaz de transformar las necesidades de la guerra en procesos endÛgenos favorables a la inversiÛn, la producciÛn, el empleo, la ciencia y la tecnologÌa. Tercero, porque el gasto en de- fensa crece a un ritmo menor que el gasto global. Cuarto, porque dada la naturaleza del conflicto colombiano no hay ninguna garantÌa de que los avances hacia una economÌa de guerra sean exi- tosos desde el punto de vista militar. El aumento del gasto militar puede ser una condiciÛn nece-

saria para ganar la guerra, pero no es una condi- ciÛn suficiente. La guerrilla, que volviÛ a ser gue- rrilla, no se derrota con grandes ejÈrcitos. Quin- to, porque el reclutamiento no es equitativo. Va en contra de los jÛvenes de los hogares pobres. Sexto, porque la contribuciÛn tributaria de los ricos es muy tÌmida (las sobretasas para financiar la guerra son ridÌculas). Y tampoco se ha consolidado una econo- mÌa del bienestar. Primero, porque el gasto so- cial a duras penas crece en pesos constantes 3 . Segundo, porque el paÌs todavÌa no logra cober- turas universales en servicios b·sicos. La inci- dencia de la pobreza sigue rondando el 50%. Las recomendaciones de la MisiÛn de Pobreza, que se negÛ a darle importancia sustantiva al tema distributivo, son dÈbiles y poco contun- dentes, y de ninguna manera garantizan que el paÌs supere la trampa de pobreza estructural. Tercero, porque la financiaciÛn del gasto social es procÌclica, y por ello las poblaciones vulnera- bles no est·n protegidas 4 . Cuarto, porque el efecto distributivo de la polÌtica fiscal se inclina hacia el lado del gasto y no hacia el de los tribu- tos y las tasas 5 . Quinto, porque no hay un com- promiso serio en favor de la distribuciÛn del ca- pital, la tierra y la riqueza.

LA MEDIOCRIDAD COMO PAR£METRO

La ausencia de welfare y de warfare expresa una opciÛn negativa, absolutamente mediocre. La sociedad colombiana ha optado por una guerra de muy bajo costo. Y con esta misma lÛgica tam- biÈn pretende conseguir la paz a muy bajo cos- to (sin redistribuciÛn de la tierra, de la riqueza y del capital, sin un impulso decidido a la educa- ciÛn, a la ciencia y a la tecnologÌa, y sin un com-

3 La ContralorÌa General de la Rep˙blica ha insistido en que el gasto social no est· creciendo al ritmo que lo exige la ConstituciÛn de 1991.

4 Gonz·lez (2005), Le Bonniec (2005), PDH, DNP, Icbf (2002).

5 En Colombia se le ha dado preferencia a la distribuciÛn vÌa gasto, descui- dando las posibilidades distributivas de los impuestos y de las tasas. Esta lÛgica se refleja muy bien en el proyecto de reforma tributaria presentado por el Ministerio de Hacienda. La inequidad en la fuente originada en el pago de IVA por parte de los pobres se pretende compensar con polÌticas de gasto.

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promiso claro por la cobertura universal de ser- vicios b·sicos). La din·mica del conflicto armado colombia- no es importante, aunque no haya alcanzado las dimensiones propias de una economÌa de guerra. Seg˙n la ComisiÛn Colombiana de Juris- tas (2006), durante la primera administraciÛn Uribe (2002-2006) se registraron 11.084 perso- nas asesinadas o desaparecidas por fuera de combate 6 . Si se incluyen las muertes en comba- te, el n˙mero sube a 19.875. DespuÈs de la pri- mera administraciÛn Uribe parece claro que el gasto en defensa no subir· de manera significa- tiva. La soluciÛn militar parece estancada, no sÛlo por las restricciones presupuestales sino porque el gasto militar ha llegado a un punto en el que los rendimientos marginales son cerca- nos a cero. La estrategia militar de Uribe llegÛ a su nivel relativamente alto. Y en estas condicio- nes, el impacto que tiene un mayor gasto cada vez es m·s reducido. En las investigaciones econÛmicas sobre la guerra colombiana 7 han primado los acercamien- tos cuantitativos, descuidando los aspectos que tienen que ver con las relaciones jer·rquicas y los procesos derivados de las interacciones hu- manas 8 . La primera perspectiva relaciona lo eco- nÛmico con variables impersonales como precios, producto, empleo, inversiÛn, etc. Observo una excesiva preocupaciÛn entre los analistas socia- les por precisar las cifras del conflicto. Este af·n por los detalles del dato contrasta con la dÈbil aproximaciÛn analÌtica. La segunda aproximaciÛn parte de una Ûptica m·s general, que incluye el examen de la condiciÛn humana. Esta lectura de lo econÛmico no es nueva. ComenzÛ en los aÒos cuarenta con los estudios de Von Neumann y Mor- genstern (1944), o Nash (1950), quienes se acer- caron a la comprensiÛn de la condiciÛn humana a travÈs de la teorÌa de juegos. Esta lectura sigue teniendo vigencia. Los premios Nobel de econo- mÌa del 2005, Aumann y Schelling, han dedicado su trabajo a mostrar que los juegos repetitivos contribuyen a entender las razones por las cua- les los seres humanos no avanzamos hacia la paz perpetua que aÒoraba Kant (1795) sino que, por el contrario, acentuamos la guerra 9 . Aumann

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Contexto

y

Schelling ponen en evidencia las relaciones en-

tre sujetos como punto de partida para el an·li- sis de la guerra. Para Schelling (1978), el sistema de interacciÛn est· compuesto de dos dimensio- nes: el contexto, que siempre est· cambiando, y la decisiÛn contigente: las personas eligen teniendo pre- sente la decisiÛn de los otros. La elecciÛn de cada persona est· muy marcada por el compor- tamiento de los dem·s. La complejidad de la con- diciÛn humana se refleja de manera privilegiada en la tensiÛn que se presenta entre la guerra y la paz. La economÌa de la guerra es el resultado de los micromotivos que mueven a los seres huma- nos. Y la comprensiÛn de la guerra pasa por una reflexiÛn sobre la forma como las personas lle- gan a acuerdos e interact˙an en la sociedad.

UN DERROTERO POSIBLE Y DESEABLE

La segunda administraciÛn de Uribe es una opor- tunidad para abandonar la estrategia de guerra,

y

avanzar hacia nuevos compromisos colectivos.

Los acuerdos con los paramilitares y con la gue- rrilla deben tocar temas estructurales. El conflic- to armado en Colombia se mantiene por tres ra-

6 El 74% de estas muertes son responsabilidad del Estado (12% agentes directos del Estado, 62% paramilitares), y el 26% de las guerrillas.

7 Las compilaciones de Camacho y Leal (2000), MartÌnez (2001), y elInfor- me de Desarrollo Humano (Pnud 2003), permiten conocer el ìestado del arteî en el paÌs.

8 Afortunadamente este enfoque no ha estado ausente. Destaco los estudios de Medina (2003), Salazar (2002, 2002 b), Salazar y Castillo (2003), Uribe

 

(2002).

9 Von Neumann fue fÌsico y matem·tico. ParticipÛ en el proyecto Manhattan de construcciÛn de la bomba atÛmica y por esta razÛn el examen que hace de la condiciÛn humana est· directamente relacionado con la tensiÛn entre la guerra y la paz. Aumann comienza su lectura de premio Nobel mencionando la Guerra y la Paz de LeÛn Tolstoi. La comprensiÛn de la actitud de las personas frente a la guerra y la paz es un asunto crucial de la teorÌa econÛmica. Posteriormente Aumann insiste en la forma como los juegos repetitivos ayudan a comprender el conflicto entre la confianza y la tentaciÛn de engaÒar. A medida que el juego se va repitiendo los partici- pantes ganan confianza, y cada reinicio del juego se realiza en un ambiente de mayor confianza. Pero este espacio m·s tranquilo tambiÈn genera con- diciones propicias al engaÒo y la trampa. El an·lisis de la guerra nos obliga a pensar en el comportamiento racional de las personas que en lugar de crear condiciones favorables a la paz, optan por hacer la guerra. En su lectura del premio Nobel, Schelling narra las vicisitudes de la guerra frÌa y pone en evidencia el conflicto entre la conservaciÛn de la paz y el avance de la carrera armamentista. La gran paradoja de la guerra frÌa puede formu- larse de la siguiente manera: la paz se consigue si la carrera armamentista avanza. En otras palabras, la paz es posible si la amenaza de guerra es creÌble.

Jorge Iv·n Gonz·lez

zones. La primera, porque los acuerdos colectivos no reconocen las causas objetivas de la guerra. En La PolÌtica, AristÛteles (320 ac) decÌa:

“ las revoluciones nacen lo mismo de la des-

igualdad de los honores que de la desigualdad de la fortuna. Lo único que varía es la clase de pretendientes. La multitud se rebela a causa de la desigualdad de las fortunas, y los hombres superiores se indignan con la repartición igual (sic) de los honores” (Aristóteles, 320: 62-63).

En su lectura de las causas de la guerra, Uribe se empecina en negar las razones objeti- vas. Y este error de diagnÛstico fundamental ha impedido la presencia integral del Estado, es- pecialmente en las zonas de conflicto. La segunda razÛn tiene que ver con el pÈsi- mo tratamiento que se le ha dado a la droga. La lucha contra los cultivos ha sido un fracaso. En lugar de persistir tercamente en la fumigaciÛn, debe abrirse el espacio a la legalizaciÛn, que permitirÌa reducir de manera sustantiva la finan- ciaciÛn del conflicto armado 10 . El narcotr·fico alimenta la guerra. Los acuerdos con los para- militares no llevar·n a una reducciÛn de los cul- tivos de coca, como piensa ingenuamente Sa- bas Pretelt. Todo lo contrario: los cultivos de coca atraer·n nuevos ejÈrcitos. Y la tercera razÛn tiene que ver con la reti- cencia del gobierno a conversar con la guerrilla y, sobre todo, a la incapacidad de plantear acuer- dos (con paramilitares y guerrilla) que lleven a resolver problemas sustantivos de la sociedad colombiana. En una lÛgica procedimental, los acuerdos deberÌan ser de este tipo: i)†mejorar la distribuciÛn del ingreso y de la riqueza 11 , ii)†mejorar la cobertura y la calidad en salud y educaciÛn, iii)†ampliar la participaciÛn polÌtica. Cada objetivo tendrÌa metas concretas. Por ejem- plo, un punto menos de Gini por aÒo, un 5% de aumento de la cobertura anual de la secunda- ria, etc. Los tres principios son v·lidos tanto para las autodefensas, como para la guerrilla. Si parte de los recursos que ahora se desti- nan a la guerra y a la lucha contra el narcotr·fi- co se dedican a mejorar las coberturas de los

servicios b·sicos, a consolidar la infraestructura de vÌas y de comunicaciones, y a fortalecer el mercado interno, Colombia serÌa una naciÛn m·s integrada e incluyente. Y retomando a AristÛte- les, en la sociedades democr·ticas, que distri- buyen riquezas y honores, desaparecen los in- centivos que llevan a la revoluciÛn.

10 Sobre las bondades de la legalizaciÛn, ver El Malpensante (2000), Fried- man (1991), Hoyos (2000), Johnson (2000), LÛpez (2000), Schlosser (2000), Soros (2000).

11 La guerra ha consolidado la gran propiedad de la tierra. En los acuerdos con los paramilitares deberÌa ponerse en primer plano la distribuciÛn de la tierra.

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BIBLIOGRAFÕA

AristÛteles (320 a.c). La PolÌtica, Ediciones Universales, Bogot·,

(320 a.c). La PolÌtica , Ediciones Universales, Bogot·, 1994. Camacho, £lvaro y Leal, Francisco (2000). comps.
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Ricardo Vargas Mesa

Drogas y conflicto:

un desafÌo mayor

Ricardo Vargas Mesa *

E

l inicio de la primera administraciÛn Uribe (2002-2006) coincidiÛ, en ma- teria de drogas, con la confluencia de varios fenÛmenos de orden in- ternacional y nacional de gran tras-

cendencia, los que motivaron ajus- tes estratÈgicos en la concepciÛn y manejo de la polÌtica. Los principales elementos en este sentido son:

En primer lugar, el desarrollo de un debate en algunas instancias de gran peso en las deci- siones de Washington sobre el caso colombia- no, en el que se cuestionÛ la prioridad de la apuesta antidrogas del Plan Colombia. En ese sentido, se seÒalÛ como alternativa concebir una estrategia comprensiva e integral, que no sÛlo partiera de reconocer el nexo entre guerrillas y tr·fico de drogas, sino ñy aquÌ lo m·s importan- teñ de identificar la debilidad del Estado como causa del control polÌtico y militar que las gue- rrillas ejercen sobre una porciÛn importante del territorio y su poblaciÛn. Con lo cual se cuestio- nÛ la distinciÛn original que dicho Plan hacÌa entre asistencia antinarcÛticos y lucha contra- insurgente (Rabasa&Chalk, 2001; Marks, 2001; Leal, 2002; Vargas, 2005a). En segundo lugar, el efecto global en mate- ria de seguridad que generaron los hechos del 11 de septiembre de 2001, dio un fuerte impul- so a los defensores que privilegiaban la guerra contrainsurgente por encima de la lucha anti- drogas. No obstante, al exaltarse el terrorismo de alcance global como la principal amenaza en el perÌodo del fin de la posguerra frÌa, las drogas fueron a su vez articuladas como una de las prin- cipales fuentes de financiaciÛn de los movimien- tos insurgentes. Como consecuencia, hacia mediados de 2002 se generÛ un ambiente favorable en el Con- greso de EE.UU. para motivar una autorizaciÛn formal al Gobierno colombiano sobre el uso de todo la estructura antinarcÛticos hacia fines con- trainsurgentes, con el fin de hacer m·s eficien-

*

SociÛlogo, Investigador Asociado TNI. Director AcciÛn Andina Co- lombia.

Contexto

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tes y eficaces las respuestas a las amenazas de las organizaciones armadas 1 . La aprobaciÛn a este pedido se formalizÛ en julio de 2002. En el orden domÈstico, tendrÌamos que se- Òalar en primer lugar la estructuraciÛn de un plan de seguridad del nuevo gobierno, tendiente a hacer sostenible la ofensiva estatal en contra de las Farc, luego de la crisis del proceso de paz que culminÛ en febrero de 2002 (Marks, 2001; Wola, 2002; LWR, 2003), y que requerÌa de fon- dos externos para fortalecer la capacidad de fue- go de las Fuerzas Armadas 2 . Adem·s, en concordancia con lo anterior, el fuerte compromiso del presidente Uribe por incrementar de manera significativa las accio- nes de fuerza (fumigaciones aÈreas y presen- cia armada) en las zonas productoras de coca bajo control insurgente. Este acuerdo llevÛ a un equivalente de 539.132 hect·reas fumiga- das entre 2002 y 2005, es decir un promedio 134.783 por aÒo. Hecho sin antecedentes. La comparaciÛn con el anterior perÌodo, del pre- sidente Pastrana, es elocuente: 261.366 hec- t·reas en el cuatrenio, lo que arrojÛ un pro- medio de 65.341 hect·reas fumigadas por aÒo. En tercer lugar, es necesario advertir que los recursos del Plan Colombia se volvieron es- tratÈgicos para la perspectiva de seguridad de Colombia, si se tiene en cuenta que el gasto militar subiÛ del 1,7% al 3,7% del PIB entre 1991

y el 2001 y que el pie de fuerza creciÛ un 40%

entre 1990 y 2001, al incrementarse de 115.831

a 165.523 efectivos. (Hern·ndez, 2003). AsÌ mis-

mo, el costo del programa de incremento del pie de fuerza estarÌa alrededor de los dos billo- nes de pesos en el perÌodo 2002-2006. Esta car- ga presupuestal se vio entonces complementa- da con los equipos que en el marco del Plan Colombia se entregaron originalmente para la guerra antidrogas, y que luego, como se seÒalÛ,

pudieron ser utilizados sin restricciones para los fines centrales de la estrategia de seguridad de- mocr·tica. El Plan Colombia representÛ enton- ces un alivio tributario a los sectores econÛmi- camente m·s poderosos de este paÌs, llamados

a comprometerse con mayores impuestos para

el sostenimiento de la decisiÛn de confrontar

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radicalmente a los grupos insurgentes.

CONTEXTOS DE INCIDENCIA

De lo hasta ahora expuesto se pueden observar dos escenarios sobre los que inciden los propÛ- sitos estratÈgicos de la estrategia de coopera- ciÛn militar, en el marco del componente anti- drogas promovido por Washington, en coinci- dencia con el Gobierno colombiano: en primer lugar, un escenario propio de la economÌa de las drogas ilegales, contexto donde se dan todas las fases del proceso econÛmico, desde la pro- ducciÛn hasta el tr·fico internacional y la venta al menudeo. AquÌ es donde se establece la es- trategia de fuerza dirigida principalmente a la producciÛn, con base en el argumento de que el control del cultivo representa la mejor relaciÛn costo-beneficio, frente a los medios existentes para cortar la oferta. La destrucciÛn de los culti- vos o el impedimento de sus cosechas, seg˙n el Departamento de Estado (USDoS), inhibe su in- greso al sistema econÛmico ilegal, situaciÛn que enfrenta el reto de la met·stasis, pues los trafi- cantes buscar·n ingresar de nuevo la materia prima al sistema 3 . En segundo lugar, los escenarios tÌpicos de las drogas como economÌa de guerra, en donde las drogas se han incorporado a la guerra inter- na como su principal fuente de financiaciÛn. Por un lado, las guerrillas controlan el comercio de Pasta B·sica de CocaÌna (PBC) en las zonas pro- ductoras (se calcula un 60% de las zonas coca- leras), constituyÈndose principalmente en inter- mediarios del capital del narcotr·fico y los productores. Estos grupos obtienen un prome- dio de US200 y US250 por kilo de pasta b·sica, como prima de intermediaciÛn. Adicionalmen- te, cobran impuestos de seguridad por la pre-

1 VÈase Woodrow Wilson International Center, International Crisis Group, US Institute of Peace ìPeace and Security in Colombiaî ëLino GutiÈrrez Princi- pal Deputy Assistant Secretary for Western Hemisphere Affairsí, June 20, 2002, Washington.

2 VÈase Rep˙blica de Colombia (2002). ìPolÌtica de Defensa y Seguridad Democr·ticaî, Bogot·, (mimeo).

3 US Department of State (2003). ìInternational Narcotics Control Strategy Reportî, Washington, March.

Ricardo Vargas Mesa

sencia de laboratorios de procesamiento de co- caÌna en sus zonas de influencia, por pistas de transporte y por trasiego de insumos para pro- cesar PBC o cocaÌna. En el contexto de esa rela- ciÛn, las guerrillas han entrado en contacto con organizaciones internacionales dedicadas a di- ferentes actividades ilegales. No obstante estas acciones de cooperaciÛn pragm·tica, las guerri-

llas preservan su car·cter contrainsurgente y re- sulta un error considerar a organizaciones como las Farc un cartel que ha sustituido a las anti- guos grupos de narcotraficantes. Esta sindica- ciÛn, como lo ha hecho recientemente el De- partamento de Estado, acarrea otro obst·culo

a las perspectivas de paz (CIP, 2006). De otro lado, en este mismo escenario se encuentran los grupos paramilitares, que han tenido una relaciÛn estrecha con narcotrafican- tes colombianos a travÈs de la prestaciÛn de servicios de seguridad para la economÌa de las

drogas, o han desarrollado conjuntamente una participaciÛn en la privatizaciÛn del conflicto de baja intensidad en Colombia. AsÌ mismo, han configurado una simbiosis dentro de la cual je- fes paramilitares se han involucrado directamen- te en narcotr·fico, en el contexto del afianza- miento de redes transnacionales, actividad que se ha facilitado por el control de territorios de zonas estratÈgicas para la instalaciÛn de labo- ratorios de procesamiento, ubicaciÛn de pistas aÈreas, manejo de rutas internacionales que conectan con zonas de frontera, el mar Caribe

o el ocÈano PacÌfico. En ese proceso confluyen,

como fenÛmenos globalizados, las finanzas, el comercio y el crimen organizado, los cuales ope- ran en un sistema integrado de facto (Marcella, 2003) Este sistema econÛmico integrado tiene una tendencia a crear una oligarquÌa criminal transnacional. Existe un tercer escenario relacionado con la economÌa de las drogas, en el cual se alude a las drogas como fuente de acumulaciÛn econÛ- mica y de poder polÌtico. Hace referencia a los procesos de acumulaciÛn econÛmica como re- sultados de las exportaciones de drogas, al la- vado de activos a travÈs de la acumulaciÛn de tierras y al establecimiento de un poder polÌtico

local y regional como resultado de esos proce- sos. Se considera Èste el contexto tÌpico de tr·n- sito hacia la legalizaciÛn de capitales y la inser- ciÛn en actividades lÌcitas, algunas de ellas dominadas mediante mecanismos de control mafioso. La principal caracterÌstica de este sector es que adicionalmente han adelantado una din·mi- ca muy fuerte de lavado de activos a travÈs de la compra o adquisiciÛn de tierras (se calcula en cuatro millones de hect·reas, seg˙n cifras de la ContralorÌa General de la Rep˙blica), proceso que, adem·s de la crisis humanitaria producida por el desplazamiento forzoso y la muerte de poblado- res y dirigentes indÌgenas, campesinos y de co- munidades negras, ha generado serios impactos en la gobernabilidad local y regional de las zonas donde se concentra su poder (Banco Mundial, 2004). En efecto, la din·mica polÌtica municipal resulta afectada o controlada por estas fuerzas que hoy buscan legalizar la gran acumulaciÛn eco- nÛmica facilitada por su vÌnculo como fuerza con- trainsurgente, recursos que se orientan principal- mente hacia su incorporaciÛn en actividades rentÌsticas o de baja incidencia en la generaciÛn de empleo productivo y con un baja tributaciÛn al Estado (Banco Mundial, 2004).

UN BALANCE BREVE

En relaciÛn con el primer escenario, el informe 2006 sobre drogas del Departamento de Esta- do de EE.UU calificÛ el 2005 como el aÒo rÈ- cord en erradicaciÛn de la hoja de coca en Co- lombia, al totalizar 138.775 hect·reas fumiga- das. A Èstas se deben agregar 31.285 erradica- das manualmente, para un gran total de 170.000 hect·reas. Sin embargo, al tomar como indica- dor determinante el n˙mero de hect·reas en producciÛn, el resultado es desalentador 4 . En efecto, el boletÌn de la Oficina de Drogas de Estados Unidos (EU), Ondcp (por sus siglas en

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VÈase, International Narcotics Control Strategy Report†2006. Released by the Bureau for International Narcotics and Law Enforcement Affairs, Was- hington, March 2006.

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inglÈs) de mediados de abril de 2006, arrojÛ un incremento de 30.000 hect·reas de hoja de coca en el 2005, frente al ·rea existente en el 2004. Esto es, un alza del 26%, totalizando 144.000 hect·reas. Pero tambiÈn el 2005 fue un aÒo rÈcord en interdicciÛn, al ser capturadas 223 toneladas mÈtricas de cocaÌna y de pasta b·sica de cocaÌ- na PBC. Por su parte, el 94% de los laboratorios de procesamiento de cocaÌna destruidos en el mundo lo fueron en Colombia. AsÌ mismo, este exitoso cuadro de las acciones de fuerza se com- plementa con la extradiciÛn de 304 colombia- nos. En resumen, Colombia adelantÛ durante el 2005 con la mayor eficiencia, las tareas b·sicas antidrogas que buscan contener su auge en los territorios en donde se origina el circuito ilegal. Sin embargo, los resultados finales no reflejan este aparente Èxito. En efecto, solo durante los aÒos 2002 y 2003 se pueden observar efectos coyunturales de re- ducciÛn de ·reas de coca. Esto se debiÛ a la alta concentraciÛn de la coca en Putumayo (cer- ca de un 45% del ·rea nacional en el 2001), lo cual facilitÛ los operativos y unos logros efÌme- ros de reducciÛn de ·reas. Entre el 2003 y el 2004, las din·micas de cambios en las zonas productoras hicieron estÈril la radicalidad con la cual continuaron las acciones de fumigaciÛn:

los cultivos hicieron met·stasis, involucrando 23 departamentos en lugar de 12 que existÌan al comienzo del Plan Colombia; se hicieron selec- ciones naturales de aquella coca que resistiÛ la fumigaciÛn; se introdujeron nuevas variedades (sobre todo bolivianas) que modificaron los ren- dimientos de PBC por @ de hoja de coca, y, se dispararon las siembras en las ·reas m·s inhÛs- pitas y de difÌcil detecciÛn y control. AsÌ mismo, la contrastaciÛn de las acciones antidrogas adelantadas en Colombia con res- pecto a la disponibilidad de las drogas, no es contundente en mostrar aumentos sostenidos de precios o de baja en los est·ndares de pure- za ni tampoco en la reducciÛn de la demanda 5 . Frente al segundo escenario, las drogas como economÌa de guerra, la polÌtica antinarcÛ- ticos ha sido fuertemente selectiva. El balance

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del cuatrenio 2002-2006 nos muestra acciones decididas en zonas de control insurgente dirigi- das a afectar la financiaciÛn de esos grupos, pero no se observa la misma contundencia en las zonas de dominio paramilitar. Este compor- tamiento se reproduce tambiÈn en el notorio desequilibrio en la participaciÛn de las zonas fumigadas dentro del presupuesto de desarrollo alternativo, y que han sido catalogadas con una fuerte influencia insurgente. Por ejemplo, es el caso del Guaviare. Tomando como eje el aÒo 2004, este departamento recibiÛ el 18% de las fumigaciones (casi una quinta parte del total), y sin embargo su participaciÛn de inversiones di- rectas de desarrollo alternativo sÛlo alcanza un precario 0,2%. Otra situaciÛn parecida ha vivido el departamento del Caquet·, en donde se des- cargÛ el 13% de las fumigaciones y su participa- ciÛn en inversiones de DA es tan sÛlo del 2%. En tercer lugar est· el caso de NariÒo, que reci- biÛ el 16% de las fumigaciones y su participa- ciÛn en DA es sÛlo del 4%. Es decir estos tres departamentos, Guaviare, Caquet· y NariÒo, totalizaron una participaciÛn en las fumigacio- nes del orden del 47% (casi la mitad), y sin em- bargo su participaciÛn en inversiones directas de DA ha sido tan sÛlo del 6,2%. La falta de equilibrio tambiÈn se refleja en la participaciÛn en DA que vienen teniendo departamentos que tienen una baja participaciÛn en ·reas de culti- vos ilÌcitos o, incluso, que no han tenido accio- nes de fumigaciÛn tan envolventes. Se trata de casos como Santander, Magdalena, Cesar, Hui- la, La Guajira, CÛrdoba, Atl·ntico y Valle, zonas todas que contabilizan el 2,23% de las fumiga- ciones y sin embargo vienen participando con el 31% de la inversiÛn directa a departamentos y municipios. (Vargas, 2005b). Otro caso emblem·tico de selectividad en las acciones contra la coca como economÌa de guerra fueron los operativos adelantados en el ·rea de influencia del parque natural de la Sie-

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Citando fuentes importantes en Estados Unidos, asÌ lo muestra el reciente informe del New York Times que se centrÛ en observar el impacto en el mercado de cocaÌna en ese paÌs. VÈase, Forero, Juan (2006). ìColombiaís coca survives US Plan to Uproot itî, August 19.

Ricardo Vargas Mesa

rra de la Macarena, que se iniciaron con la Ope- raciÛn Emperador a comienzos del 2005 y que hizo parte del desarrollo del Plan Patriota en esa ·rea. Como complemento a esa decisiÛn, se adelantaron aspersiones aÈreas sobre los cultivos de coca. Sin embargo, las objeciones y debates en contra de la fumigaciÛn, y, sobre todo, la presiÛn internacional contra el uso de la aspersiÛn aÈrea en parques naturales, hicie- ron que el Gobierno optara por la tÈcnica de la erradicaciÛn manual forzosa, para garantizar el Èxito de la estrategia diseÒada contra la es- tructura econÛmica de las Farc en esa ·rea, proceso que se iniciÛ el 19 de enero de 2006. Este curso de acciones culminÛ su intento el 3 de agosto de 2006 con dos hechos relevantes:

en primer lugar, un acumulado letal de 28 per- sonas muertas (seg˙n el Ministerio de Defensa 13 policÌas, 10 miembros de los Grupos MÛvi- les de ErradicaciÛn Manual Forzosa de Culti- vos IlÌcitos GME y 5 soldados) en el desarrollo de los operativos; en segundo lugar, el anuncio del presidente Uribe del restablecimiento de la aspersiÛn aÈrea como la tÈcnica para garanti- zar la erradicaciÛn de la coca a˙n existente en ese parque, a raÌz de la muerte de 5 miembros de los GME por la activaciÛn de una mina de alto poder, camuflada en el suelo donde se arraigaban los arbustos de coca 6 . En esta experiencia se observa, en primer lugar, un manejo de los cultivos ilÌcitos de coca con un enfoque y procesos de toma de decisiÛn tÌpicos de los operativos frente al conflicto ar- mado interno. AsÌ lo muestra la decisiÛn de op- tar por la erradicaciÛn manual forzosa en la Sie- rra de La Macarena, como la respuesta principal al ataque de las Farc contra una unidad militar el 27 de diciembre de 2005, y que produjo 29 muertes. Si bien es un hecho que la coca es una fuente clave de financiaciÛn insurgente, un ex- cesivo sesgo de tratamiento como problema de seguridad le introduce serios problemas a la polÌtica: en efecto, la falta de claridad entre el manejo de la tÈcnica de erradicaciÛn, la estrate- gia contrainsurgente y los fines antidrogas, ter- minaron por generar oscuridad en la relaciÛn medios-fines, desajustando las pretensiones

estratÈgicas del Estado. Con esa decisiÛn las cuadrillas de erradi- cadores se convirtieron en punta de lanza del operativo contrainsurgente. Las primeras difi- cultades se observaron en la implementaciÛn de las acciones de erradicaciÛn a partir de los cÛdigos y esquemas de seguridad propios de una acciÛn militar en donde incluso se afectÛ a los erradicadores manuales. A esas circunstan- cias se suma el n˙mero tan alto de erradicado- res contratados inicialmente (930), lo cual hizo muy poco manejable la situaciÛn en un contex- to de presiÛn armada. Como consecuencia, se genera una alta deserciÛn de miembros de los GME en la fase inicial del operativo, y el Go- bierno se vio obligado a reducir el grupo a sÛlo 240. Esta circunstancia pone de presente el ni- vel de improvisaciÛn con que se manejÛ el ope- rativo inicial. AsÌ mismo, el Gobierno tuvo que estimular, desde la misma Presidencia, la con- tinuidad de los erradicadores aceptando sus demandas de subsidios de vivienda. Este trato entre Gobierno y erradicadores forzosos con- trasta fuertemente con la inexistencia de di·- logos entre el Gobierno y las comunidades que habitan ese territorio. En segundo lugar, el encadenamiento de los errores en materia de lucha antidrogas lleva, a su vez, a equÌvocos en las decisiones de orden p˙blico y conflicto armado. En efecto, si se tra- taba de evitar que las Farc siguiesen usando la coca de la zona como fuente de financiaciÛn de la guerra, se obviaron condiciones estratÈgicas como el desconocimiento de la poblaciÛn civil de la regiÛn, al darles a estas comunidades un trato como parte intrÌnseca de la organizaciÛn armada. Como resultado, la poblaciÛn del ·rea fue desplazada forzosamente (aunque en algu- nas zonas la guerrilla estimulÛ e incluso obligÛ al desarrollo de ese proceso). De cualquier ma- nera, el Estado no hizo nada por ganarse el apo- yo de la poblaciÛn, o, por lo menos, por gene-

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VÈase El Tiempo, agosto 4 de 2006, Bogot·. Sobre el caso de La Macarena se retoman referencias de: Vargas, Ricardo (2006). ìLa Sierra de la Maca- rena: drogas y conflicto armado en Colombiaî, en Transnacional Institute TNI, Informe de PolÌtica de Drogas, septiembre de 2006, £msterdam.

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rar una percepciÛn distinta frente a las fuerzas de ocupaciÛn que irrumpÌan violentamente en la regiÛn. Como consecuencia, el operativo con- trainsurgente que se debiÛ haber diseÒado no debiÛ tener como foco la erradicaciÛn de la coca, sino la conquista de la presencia del Estado en ese territorio. De esta manera, la coca hubiese pasado a ser uno de los elementos a resolver dentro del propÛsito estratÈgico, pero no el as- pecto nodal del problema. La reducciÛn de las perspectivas, asumidas como una controversia entre las tÈcnicas de erra- dicaciÛn manual versus la aÈrea, contribuyÛ a hacer invisible el trasfondo social, econÛmico, polÌtico y ambiental del problema de la produc- ciÛn ilÌcita. En otras palabras, la tÈcnica de erra- dicaciÛn terminÛ por sustituir a la polÌtica. Por ˙ltimo, aunque no menos importante, asumir el problema de la producciÛn ilegal como una estrategia de la guerra afecta la institucio- nalidad local y departamental, asÌ como los pla- nes de desarrollo regionales. Estos terminan siendo desconocidos en su capacidad de inter- venciÛn para dar soluciones a los problemas lo- cales, lo que contribuye a extender la din·mica de la guerra, sobreponiÈndose un manejo de seguridad estatal que soslaya la actuaciÛn de estas instancias. De otro lado, a pesar de los intentos por generar procesos de paz y de los efectos que la negociaciÛn con grupos paramilitares ha tenido en la disminuciÛn de tasas de homicidio, se- cuestros o tomas armadas de poblaciÛn, Co- lombia enfrenta el peligro de una prolongaciÛn del conflicto armado en razÛn al gran peso que sigue teniendo el narcotr·fico como fuente de financiaciÛn de la guerra. Este hecho explica tam- biÈn cÛmo, a pesar de los buenos indicadores en materia de acciones antidroga, el narcotr·fi- co sigue fortalecido 7 . El manejo de la relaciÛn drogas y conflicto armado se constituye, pues, en uno de los principales retos que enfrenta la construcciÛn de paz. En relaciÛn con el tercer escenario, las dro- gas como fuente de acumulaciÛn econÛmica y de poder polÌtico, se puede observar, tomando como base el reiterado fracaso de la polÌtica de extin-

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ciÛn de dominio (FlÛrez, 2005), que la estrategia antidrogas no tiene este espacio como priorita- rio, y que, en tÈrminos generales, este contexto configura un mecanismo de transacciÛn frente al proceso de privatizaciÛn de la estrategia contra- insurgente. Adicionalmente, se constituye Èste en uno de los principales retos frente al proceso de democratizaciÛn de Colombia. En ese mismo contexto de b˙squeda de le- galizaciÛn de los poderes regionales afianzados en la retroalimentaciÛn narcotr·fico-estructuras ilegales de seguridad, la incertidumbre genera- da por la vigencia de su extradiciÛn, junto con el manejo poco transparente del tema del narco- tr·fico en el contexto de la soluciÛn al problema paramilitar, deja un escenario inseguro a la con- solidaciÛn del posconflicto. A ello se suma la emergencia de nuevos n˙cleos de organizacio- nes ilegales provenientes del paramilitarismo desmovilizado, que buscan prolongar o acceder al control de relaciones, rutas y vÌnculos asocia- dos al negocio de las drogas y otras actividades ilegales 8 . Estos n˙cleos, dada la debilidad de la soberanÌa y legitimidad estatal por acciÛn u omi- siÛn de sus instituciones, pueden llegar a cons- tituirse, junto con el afianzamiento del poder mafioso, en otro obst·culo a la consolidaciÛn de la paz y la vigencia del Estado Social de De- recho.

ALGUNAS CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Independientemente de su eficacia, en el caso de territorios con presencia de las Farc la actual polÌtica antidrogas se desenvuelve sobre el es- cenario del circuito ilegal, y act˙a muy selectiva- mente sobre las drogas como economÌa de gue- rra. No obstante, no se observa una actuaciÛn clara que frene la continuidad de la estrategia

7 De acuerdo con un estudio coordinado por la DirecciÛn Nacional de Estupefacientes (DNE) de mediados de 2006, Colombia produce cerca de 800 toneladas de cocaÌna al aÒo lo cual muestra la fortaleza del negocio a pesar de la intensidad de las fumigaciones. VÈase, ìError de C·lculoî, en Revista Cambio, 31 de julio de 2006, Bogot·.

8 VÈanse algunos casos de muestra en El Tiempo, 7 de agosto, 20 de sep- tiembre y 16 de octubre de 2005; Revista Semana 26 de agosto de 2005.

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contrainsurgente privatizada, amenaza que si- gue latente en un escenario de prolongaciÛn del conflicto. AsÌ mismo, no se observa pr·cticamente ninguna actuaciÛn en el escenario de las drogas como fuente de acumulaciÛn econÛmica y de poder polÌtico, contexto en el cual la polÌtica de extinciÛn de dominio sigue debilitada. Mientras, el control mafioso en los niveles locales y regio- nales se amplÌa tanto en los campos econÛmi- cos como polÌticos. La articulaciÛn de la guerra antidrogas en la direcciÛn prioritaria de la lucha antiterrorista est· teniendo altos costos en relaciÛn con la pretensiÛn estratÈgica de integraciÛn de zonas marginales hacia el Estado colombiano, territo- rios que hoy en dÌa se catalogan como ·reas en donde se tipifican de alg˙n modo, din·micas propias de las denominados zonas sin legitimi- dad estatal (lawless areas). La intercepciÛn de las decisiones bajo un claro perfil de seguridad le- siona las polÌticas de orden social y econÛmico y termina criminalizando a las comunidades pro- ductoras. Adicionalmente, la continuidad de la pre- sencia y control de recursos ilegales para la gue- rra interna colombiana se ha convertido en uno de los m·s serios peligros (si no el m·s serio) para la consolidaciÛn del posconflicto con gru- pos paramilitares y para las opciones de paz con las guerrillas. La polÌtica de cooperaciÛn deberÌa considerar la importancia de mantener el tema de las drogas como uno de los ejes es- tratÈgicos a ser considerados en su polÌtica, ins- crita en la cooperaciÛn para el fin del conflicto y una paz sostenible. Esto implica retomar la relaciÛn drogas-con- flicto armado y perspectivas de paz, para el di- seÒo de un aporte estratÈgico en el contexto de la cooperaciÛn internacional. Se requiere en este punto desarrollar estrategias de investigaciÛn, propuestas de soluciÛn al conflicto teniendo en cuanto a la incidencia del narcotr·fico, y, final- mente, polÌticas de incidencia internacional. Con base en un conocimiento detallado de esta di- n·mica, se deben diseÒar estrategias de mane- jo de la relaciÛn entre drogas como economÌa

de guerra y soluciÛn al conflicto, en escenarios internacionales (espacios multilaterales de or- den regional, principalmente) con participaciÛn de paÌses clave en este sentido. Uno de los in- sumos para este proceso se puede obtener de los aportes de otras experiencias de economÌas de guerra. Las investigaciones y el intercambio inter- nacional de experiencias sobre esta tem·tica, deberÌa establecer la responsabilidad del actual rÈgimen internacional de drogas en la facilita- ciÛn del acceso a recursos ilegales para finan- ciar los conflictos. Esta reflexiÛn se convierte en un insumo estratÈgico que debe ser tenido en cuenta en las discusiones y balances sobre las drogas a nivel global en las sesiones de Viena en el 2008. TambiÈn, se debe ampliar y fortalecer el conocimiento y difusiÛn de experiencias alter- nativas a la ìcero toleranciaî frente a las dro- gas, porque de allÌ se puede nutrir la formula- ciÛn de una estrategia que, a su vez, renueve conceptual, metodolÛgica y propositivamente aquellas polÌticas que no establecen mayores diferencias entre la criminalidad asociada al tr·- fico y el hecho de consumir drogas.

BIBLIOGRAFÕA

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DESHACER EL EMBRUJO 46 Banco Mundial (2004). Colombia: una polÌtica de tierras en transi- ciÛn ,

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Juan Camilo Restrepo

El quÈ y el cÛmo de la reforma tributaria estructural

Juan Camilo Restrepo*

L

reforma estructural de la tributa- ciÛn en Colombia se ha convertido en un tema extraÒo: nadie sabe exactamente quÈ es ño mejorñ todo

a

el

mundo tiene una versiÛn diferen-

te de cu·l debe ser su contenido, pero pr·cticamente todo el mundo est· de acuerdo en que en el paÌs estamos necesitando con apremio una reforma tributaria estructural. Quiero comenzar con una anotaciÛn que quiz·s pueda sonar extraÒa a muchas perso- nas: la reforma estructural es posible en este momento, porque ahora mismo no necesitamos una reforma tributaria. Me explico: si por reforma tributaria se en- tiende la modificaciÛn a la legislaciÛn de los tri- butos para conseguir con apremio ingresos fis- cales, ese tipo de modificaciÛn a los tributos no la necesita Colombia en el 2006, y quiz·s tam- poco la necesitar· en el aÒo entrante. En efecto, aunque el dÈficit del Gobierno central sigue mostrando Ìndices preocupantes, las finanzas agregadas del paÌs marchan bien en estos momentos y las perspectivas son ha- lag¸eÒas. Los dÈficit proyectados para las finan- zas agregadas tanto en el 2006 como en el 2007 son moderados y perfectamente financiables sin aumentar la deuda; y los recaudos se vienen comportando admirablemente, a˙n sin haber modificado ˙ltimamente ni las tarifas ni las ba- ses de los principales tributos, como un mero reflejo de la elasticidad positiva frente al creci- miento econÛmico y de las mejoras en la ges- tiÛn de la Dian. De otro lado, los efectos fiscales de la reva- luaciÛn (fenÛmeno que, aunque muy nocivo para el resto de la economÌa, ha generado menor pre- siÛn en pesos para el servicio de la deuda exter- na), el acentuado incremento de los precios de los combustibles que ha tenido lugar en el ˙ltimo aÒo, lo cual de por sÌ acarrea una gigantesca re- forma tributaria silenciosa, y la notable recupe- raciÛn de los fiscos departamentales y munici- pales gracias a leyes de ajuste que se adoptaron

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Exministro de Hacienda.

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durante la administraciÛn anterior ( tales como la Ley 617 del 2000), son factores adicionales que han contribuido a mostrar unas finanzas bastan- te sanas en este momento. Esto nos debe dar un aÒo y medio o dos aÒos de margen de tiempo para construir una verdadera reforma estructural en el paÌs. Tiem- po en el cual, en rigor, no habrÌa que tramitar reforma tributaria alguna; y tiempo por lo tanto que podrÌa aprovecharse ñsi hay la suficiente decisiÛn polÌtica para elloñ para construir los grandes consensos acadÈmicos y polÌticos que requerirÌa una verdadera reforma estructural como la que necesita el paÌs. Consensos que son gigantescos.

LO QUE IMPLICA UNA REFORMA ESTRUCTURAL

Las reformas estructurales de los tributos son algo asÌ como las hidroelÈctricas: son obras de una magnitud tal que hay que diseÒarlas y cons- truirlas cuando no se necesitan, porque cuando se requieren no hay tiempo de hacerlas. Esa es la ventana de oportunidad valiosÌsi- ma que se nos presenta en esta ocasiÛn. El Go- bierno, si realmente valora lo que en tÈrminos de modernidad institucional le puede reportar al paÌs una verdadera reforma estructural en ma- teria tributaria, podrÌa dedicarse a recoger los consensos, primero tÈcnicos, que no son asun- to f·cil, y luego polÌticos, que ser·n m·s difÌci- les. Todo, para que en alg˙n momento del 2007 estuviera lista y aprobada, y pudiera entrar a regir a partir del 2008. Es tal la magnitud de la empresa cientÌfica y polÌtica que representa una reforma tributaria estructural bien hecha, que el documento gu- bernamental titulado V isiÛn Colombia II Centena- rio 2019, recientemente publicado, la cataloga como la mayor empresa normativa que tiene pendiente el paÌs para los aÒos venideros. Trabajos como el reciente informe de Fede- sarrollo, como estudios actuales del Banco Mun- dial sobre la misma tem·tica, o como el informe sobre la MisiÛn de los Ingresos P˙blicos, son todos aportes acadÈmicos valiosos que podrÌan

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nutrir lo que estoy llamando el consenso cientÌfico de lo que deba ser el contenido de una reforma tributaria estructural que con tanto apremio ne- cesita el paÌs. Un punto que a mi entender es fundamen- tal, cuando de reforma tributaria estructural se trata, es el siguiente: ø es factible ñen la pr·cticañ tramitar una verdadera reforma estructural den- tro del marco constitucional actual que impone un principio de legalidad absoluto (artÌculo 338CN) en todo lo relacionado con los impuestos, o sea, que hasta el ˙ltimo detalle de los cambios nor- mativos relacionados con los impuestos deba ser aprobado por el Congreso y solo por Èl; cuando, adem·s, est· prohibida la delegaciÛn de faculta- des extraordinarias en cabeza del Ejecutivo tra- t·ndose de tributos (150-10 CN)? Mientras estas normas no se modifiquen, el tr·mite de una reforma tributaria estructural por la vÌa exclusiva del Congreso ser· suprema- mente difÌcil. La ˙ltima reforma tributaria con visos estructurales que se implementÛ en el paÌs tuvo lugar hace 32 aÒos (1974), cuando la admi- nistraciÛn LÛpez Michelsen, reciÈn posesiona- da, se encontrÛ a la mano con los estudios com- pletÌsimos elaborados por la misiÛn Musgrave ,que habÌa traÌdo al paÌs el gobierno Lleras Res- trepo. Y que pudo convertir en legislaciÛn per- manente gracias a que en aquel momento la ju- risprudencia de la Corte Suprema ñque despuÈs se modificÛñ permitiÛ expedir por la vÌa de de- cretos de emergencia econÛmica una reforma general de la legislaciÛn tributaria. Si hubiera tenido que pasar por la vÌa legislativa, probable- mente la administraciÛn LÛpez no se habrÌa atre- vido a presentarla. Es el mismo fenÛmeno que sucede con los CÛdigos, con relaciÛn a los cuales la Carta PolÌ- tica tampoco permite delegaciÛn de funciones legislativas al gobierno (artÌculo 150-10). La le- gislaciÛn codificada, por lo poco adecuado que es el Congreso para modificar un cÛdigo cual- quiera, tiende a su petrificaciÛn. O a la prolife- raciÛn de leyes parciales, que es lo que ha suce- dido en materia tributaria. Ahora bien: en este orden de ideas me pa- rece que estamos frente al siguiente predicamen-

Juan Camilo Restrepo

to procedimental muy preciso, si queremos alg˙n dÌa tener una reforma estructural en Colombia: o bien modificamos las normas constitucionales, pasando de un principio de reserva absoluto, como el que hoy impone el artÌculo 338 de la ConstituciÛn, a un principio de reserva relativo, como el que rige en varios paÌses europeos, y permitimos la delegaciÛn de facultades extraor- dinarias al Ejecutivo en materia impositiva, que hoy est· prohibida por el artÌculo 150-10; o bien se buscan unos contextos polÌticos (complejÌsi- mos aunque no imposibles, si se dispone de vo- luntad polÌtica y tiempo suficiente como el que ahora habrÌa), para tramitar la reforma estructu- ral por la vÌa normal del Congreso, dejando la normatividad constitucional intacta. Pero hay que escoger una de estas dos vÌas

y el Gobierno debe jugarse por alguna. De lo contrario, el paÌs se quedar· (a pesar de todos los buenos propÛsitos) sin una verdadera refor- ma estructural. Lo que serÌa una tremenda frus- traciÛn.

øREFORMA O AJUSTE?

A no ser que por reforma tributaria estructural

demos en llamar ñcomo se hacÌa en la exposi-

ciÛn de motivos de la frustrada reforma del 2004ñ algunos cambios menores a la tarifa del impues- to a la renta y algunos remiendos a la legisla- ciÛn del IVA. Lo que tambiÈn serÌa una penosa frustraciÛn. En estos 32 aÒos que han transcurrido des- de la expediciÛn de la reforma tributaria del 74,

a que he hecho referencia, no ha habido refor-

mas tributarias estructurales. No por capricho de los gobiernos de turno, ni porque no com- prendan la importancia que tiene una verdade- ra reforma estructural, sino porque se ven en- frentados a las dificultades propias de modificar una masa normativa tan considerable como la que entraÒa una verdadera reforma estructural por las vÌas normales del Congreso dentro de un contexto de principio de reserva de ley ab- soluta como la que rigen en el paÌs a la luz de la constituciÛn actual.

En el mejor de los casos, suponiendo que los contenidos de una verdadera reforma es- tructural estuvieran listos, los gobiernos saben quÈ presentarÌan al Congreso, pero no saben quÈ saldrÌa de allÌ. Por eso, su renuencia a pre- sentar verdaderas reformas estructurales a con- sideraciÛn del Congreso. øQuiere lo anterior decir que si se opta por alguno de los dos caminos que han quedado mencionados en este comentario para abrirle camino a una verdadera reforma estructural (re- forma constitucional para movernos de un prin- cipio de reserva de ley absoluta como el que hoy rige hacia uno de reserva relativo, o el de que se busquen unos consensos nacionales in- mensos en torno al contenido y al compromiso polÌtico de tramitar una verdadera reforma es- tructural por la vÌa usual del congreso) quedarÌa- mos vacunados de volver a tener pequeÒas y frecuentes reformas tributarias como las que hemos vivido en las ˙ltimas dÈcadas? No lo creo. Este tipo de reformas de corto plazo se seguir·n dando. SÛlo que ya no las en- tenderÌamos como reformas tributarias propia- mente, dichas sino como lo que en el fondo son:

leyes coyunturales de financiaciÛn presupuestal, como cuando la financiaciÛn del presupuesto de turno requiera (seg˙n el artÌculo 348 CN) nuevas rentas o ajustes de las existentes. Tal como acon- tece en EspaÒa y en Italia, por ejemplo. Pero el paÌs sabrÌa que no se est· discu- tiendo una autÈntica reforma tributaria estruc- tural o de fondo, sino de un mero expediente transitorio de financiamiento presupuestal. La Reforma Estructural de la cual hemos ve- nido hablando serÌa muy interesante acompaÒarla tambiÈn de una Carta de Derechos y Deberes del Contribuyente, que le dÈ seguridad jurÌdica a un tema tan importante como es la tributaciÛn. El Instituto Colombiano de Derecho Tribu- tario (Icdt) ha concluido recientemente un en- comiable esfuerzo acadÈmico con la prepara- ciÛn de un proyecto de ley estatutario sobre la tributaciÛn Colombiana. El que se fundamenta en el artÌculo 152, literal a) de la ConstituciÛn:

ìMediante leyes estatutarias el Congreso de la Rep˙blica podr· regular los derechos y deberes

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fundamentales de las personas y los procedi- mientos y recursos para su protecciÛnî. Pues bien: øquÈ mejor complemento que una ley estatutaria de la tributaciÛn ñcomo el que ha preparado el Icdtñ a dicha reforma integral? En un esmerado texto de 86 artÌculos el Ins- tituto ha compendiado las mejores enseÒanzas de la doctrina y de la jurisprudencia nacional e internacional sobre lo que pudiÈramos llamar ìLos deberes y derechos fundamentales del con- tribuyenteî. Una ley de estos perfiles constitui- rÌa una verdadero ìBill of rightsî del contribu- yente colombiano. Pero no solo de sus derechos:

tambiÈn de sus deberes. El artÌculo primero del proyecto de ley al que nos estamos refiriendo refleja muy bien el alcance de esta iniciativa:

ìEsta ley establece los principios y garan- tÌas dentro de los cuales se cumplir· el deber fundamental de contribuir al financiamiento p˙- blico de los gastos e inversiones del Estado, con el alcance de ley estatutaria que le da el artÌculo 152 de la ConstituciÛn PolÌtica. Las normas de derecho tributario que aquÌ se adoptan son de obligatorio cumplimiento para los entes administrativos p˙blicos o privados con funciones en materia tributaria. El derecho tributario comprende el sustantivo, el sanciona- dor y el especialî. Si el paÌs logra darse en la prÛxima legisla- tura una reforma tributaria integral que verda- deramente modernice, simplifique y haga m·s progresiva la legislaciÛn impositiva como se est· reclamando con apremio. Y si al mismo tiempo acompaÒa ese esfuerzo con la expediciÛn de una ley estatutaria ñes decir, una norma con m·s alta jerarquÌa y estabilidad que la que tienen las leyes ordinariasñ habr· dado dos pasos gigan- tescos para entrar en el siglo XXI de la mano con una legislaciÛn tributaria m·s moderna, con mayor seguridad jurÌdica, y m·s equitativa en cuanto a la distribuciÛn de las cargas fiscales. El inciso 9 del artÌculo 95 de la Constitu- ciÛn nos dice que son ìdeberes de la persona y del ciudadanoÖ.contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidadî.

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Y el artÌculo 363 nos recuerda que ìEl siste-

ma tributario se funda en los principios de equi-

dad, eficiencia y progresividad Ö

leyes tributarias no se aplicar·n con retroactivi- dadî. Pues bien: el proyecto de ley estatutaria que ha preparado el Instituto Colombiano de dere- cho Tributario busca aterrizar estos principios constitucionales a la vida pr·ctica. Su adopciÛn en nuestra legislaciÛn de impuestos ñadem·s de darle gran estabilidad a estos grandes princi- piosñ serÌa el complemento ideal a una autÈnti- ca reforma estructural. Aunque no existe a˙n un consenso rotundo en el paÌs de cual deba ser exactamente el con- tenido de una verdadera reforma estructural, ya comienza a delinearse (gracias a los trabajos aca- dÈmicos que se est·n produciendo en el paÌs ˙l- timamente), una especie de atisbo de los gran- des capÌtulos que habr· de contener la verdadera reforma estructural que el paÌs est· comenzando a reclamar cada vez con mayor ahÌnco. Las tem·ticas de estos grandes capÌtulos podrÌan delimitarle de la siguiente manera: i) menos atiborramiento normativo. El actual Es- tatuto Tributario (E.T) consta de cerca de 1.000 normas sustantivas y 3.000 reglamentarias. El paÌs ñy la seguridad jurÌdica, lo mismo que el principio de la confianza legÌtimañ podrÌa po- nerse como meta, por ejemplo, decir lo mismo en una tercera parte de la densidad normativa tributaria que hoy tenemos, ii) revisar las tarifas para avanzar en todas ellas hacia estructuras m·s planas y de menores tarifas nominales pero de mayores tarifas efectivas, gracias a las am- pliaciones de las bases de nuestros grandes tri- butos (renta e IVA), iii) una profunda revisiÛn de las complejÌsimas capas geolÛgicas que se han ido formando a travÈs del tiempo de privilegios tributarios de todos los pelambres para conser- var solo aquellas que realmente contribuyan a conservar la equidad y eficiencia del sistema, iv) una reflexiÛn tranquila pero profunda de si nuestro sistema, como lo indican varios estu- dios recientes, est· discriminando injustamente contra las rentas del trabajo en beneficio de las rentas de capital. Y de ser asÌ, cÛmo corregir

[y que]Ö las

Juan Camilo Restrepo

esta anomalÌa para aproximar el sistema a par·- metros m·s aceptables de equidad; v) øcu·les modernizaciones requiere nuestro sistema tri- butario para hacerlo m·s acorde con los tiem- pos modernos de apertura e internacionaliza- ciÛn?, y vi) la tributaciÛn de las entidades territoriales no puede seguir siendo la cenicien- ta olvidada en los empeÒos de modernizaciÛn tributaria del paÌs. La tarea es, pues, ambiciosa y fascinante. °Aprovechemos, que el paÌs tiene un aÒo o aÒo y medio por delante de deshago fiscal para cons- truir los grandes consensos polÌticos y acadÈmi- cos que se requieren para sacar adelante una verdadera reforma estructural. °SerÌa un gran desperdicio no hacerlo!

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Germ·n Corredor

Ecopetrol:

øcapitalizaciÛn o cat·strofe?

Germ·n Corredor*

E

l pasado 25 de agosto se cumplieron 55 aÒos de la fundaciÛn de la Empre- sa Colombiana de PetrÛleos, Ecope- trol, producto de un proceso en que los trabajadores de la ConcesiÛn De

Mares fueron grandes protagonistas. Durante este tiempo, Ecopetrol ha jugado un papel de primer orden en el desarrollo del paÌs. Ciudades como Barrancabermeja o Tib˙, est·n histÛricamente ligadas a la empresa. Re- giones enteras en el Magdalena Medio, los Lla- nos Orientales, Putumayo, las costas de Sucre deben su poco o mucho desarrollo, y tambiÈn sus conflictos, en gran medida al petrÛleo. Ecopetrol naciÛ como una empresa peque- Òa, y fue creciendo en la medida en que se fue- ron descubriendo nuevos yacimientos, especial- mente los de CaÒo LimÛn y Cusiana en la dÈcada de los aÒos ochenta, que permitieron retomar la senda exportadora del paÌs. El es- quema institucional y el de administraciÛn del recurso hacÌan posible que buena parte de la renta petrolera quedara en la empresa. Los diferentes gobiernos fueron definiendo la polÌtica petrolera alrededor del tipo de con- trato para la exploraciÛn y la producciÛn de pe- trÛleo, donde la empresa jugÛ el rol de repre- sentante de la naciÛn en estos contratos. Se pasÛ de la concesiÛn a los contratos de asocia- ciÛn en diferentes modalidades, cada vez m·s favorables para las compaÒÌas petroleras. Este modelo empezÛ a sufrir cambios im- portantes con la creaciÛn de la Agencia Nacio- nal de Hidrocarburos en el aÒo 2003. A partir de ese momento, Ecopetrol ya no serÌa m·s el res- ponsable de la administraciÛn del recurso ni tampoco de la planeaciÛn y definiciÛn de polÌti- cas en materia petrolera. Ahora serÌa un juga- dor m·s entre las empresas petroleras, con la particularidad de que serÌa una empresa p˙blica por acciones. Los resultados de Ecopetrol en esta eta- pa han sido altamente positivos. En los ˙lti- mos cuatro aÒos ha arrojado las mayores uti-

*

Observatorio Colombiano de EnergÌa. Universidad Nacional de Colombia.

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lidades en su historia y le ha transferido al fisco nacional enormes recursos, como para mantener las finanzas nacionales razonable- mente sanas. La gr·fica No.1 muestra el comportamiento de las utilidades, el activo y el patrimonio en los ˙ltimos cuatro aÒos. Las utilidades pasaron de 1,33 billones en el 2002 a 3,25 billones en el 2005, mientras el patrimonio pr·cticamente se duplicÛ al pasar de 7,26 billones en 2002 a 13,28 billones en 2005. Los activos, por su parte, pa- saron de 24,37 billones en 2002 a 32,66 billones en 2005 1 . Estos resultados colocan a Ecopetrol como la empresa m·s grande del paÌs en tÈrminos de activos, de patrimonio y de utilidades 2 . Igual- mente, es la empresa p˙blica que m·s recursos le aporta a la naciÛn. En el aÒo 2005, los aportes fueron de 7,3 billones, distribuidos asÌ: 2,9 billones en rega- lÌas, 1,3 billones como reparto de utilidades, 1,2 billones como impuestos global, 0,9 billo- nes como impuesto de renta y una suma igual como IVA 3 .

CAMBIO DE ENFOQUE

La producciÛn actual de Ecopetrol es de alrede- dor de 300.000 barriles diarios de crudo, mien- tras del total nacional es de aproximadamente 530.000 barriles por dÌa. La empresa estima que de no agregar m·s reservas, es decir de no ha- llar m·s petrÛleo, hacia el aÒo 2011 el paÌs per- der· la autosuficiencia petrolera. La ˙nica manera de evitar esta situaciÛn, que traerÌa graves consecuencias para la econo- mÌa (menores regalÌas, menores impuestos, ma- yores importaciones, menores exportaciones, etc.), es aumentando el nivel de exploraciÛn. Ecopetrol considera que las inversiones en ex- ploraciÛn deben ser de alrededor de US2500 millones por aÒo. Por otra parte, las expectativas de los ex- pertos (Kozulj, 2006:104,105) indican que el es- cenario de altos precios del petrÛleo en el mer- cado mundial se mantendr· por varios aÒos, con

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Gr·ficaGr·ficaGr·ficaGr·ficaGr·fica No.1No.1No.1No.1No.1 ResultadosResultadosResultadosResultadosResultados EcopetrolEcopetrolEcopetrolEcopetrolEcopetrol 2002-20052002-20052002-20052002-20052002-2005

2002-20052002-20052002-20052002-20052002-2005 Fuente : Ecopetrol lo cual los impactos negativos de la

Fuente: Ecopetrol

lo cual los impactos negativos de la pÈrdida de autosuficiencia serÌan muy altos. En el documento VisiÛn Colombia Segundo Centenario: 2019, el Gobierno Nacional plantea mantener la autosuficiencia, y hasta los exce- dentes exportables, durante todo el perÌodo de an·lisis (2005-2019). En este mismo documento se define, a nivel institucional, el criterio de que el Estado debe retirarse de toda aquella activi- dad empresarial en la cual el sector privado ten- ga alg˙n interÈs o posibilidad econÛmica, sin exceptuar el caso de Ecopetrol 4 . Ni en el plan de desarrollo del cuatrienio an- terior ni en los cien puntos del programa del pre- sidente Uribe se planteÛ la privatizaciÛn de Eco- petrol. Por el contrario, se insistiÛ en numerosas ocasiones que ello no ocurrirÌa. Se firmÛ un acta con los trabajadores en la cual se plasmÛ el com- promiso de no privatizar la empresa. øCu·les fueron, entonces, los motivos que tuvo el gobierno para cambiar el enfoque y plan- tear la capitalizaciÛn del 20 % de la empresa? Los argumentos que plantea Ecopetrol 5 son b·- sicamente tres: capitalizaciÛn para crecer, ma- yor autonomÌa y democratizaciÛn.

1 Ecopetrol. Informe anual 2005.

2 ìLas 1001 compaÒÌas del aÒo en Colombiaî, en Revista Cambio, abril de

2006.

3 Ecopetrol. Informe anual 2005.

4 DNP (2005). VisiÛn Colombia Segundo Centenario: 2019: 332

5 Documento central de capitalizaciÛn en la p·gina WEB de Ecopetrol.

Germ·n Corredor

Plantea la empresa que Èsta ser· la forma de allegar mayores recursos para hacer nuevas inversiones en exploraciÛn en Colombia y para invertir fuera del paÌs. Igualmente, sostiene que a travÈs de la ca- pitalizaciÛn del 20% se lograr· la autonomÌa fi- nanciera, presupuestal y administrativa, lo que le permitir· competir en igualdad de condicio- nes con otras empresas petroleras. TambiÈn se plantea que el proceso de capi- talizaciÛn 6 se har· en forma preferente, tal como lo plantea la ConstituciÛn Nacional con el sec- tor solidario 7 . DespuÈs de haber hecho estos planteamien- tos p˙blicos, el gobierno presentÛ al Congreso en la primera semana de septiembre el proyec- to de ley para reformar la naturaleza de Ecope- trol, en el cual se deja abierta la posibilidad de que sea una empresa mixta hasta en un 49,9%. Por ninguna parte se establece que se har· ofer- ta en forma preferente al sector solidario. Este proyecto, por tanto, es mucho m·s privatizador que lo planteado en las declaraciones iniciales por el Gobierno. Por otra parte, el Gobierno anunciÛ que des- tinar· los recursos del Fondo de estabilizaciÛn Petrolera a la recuperaciÛn de la red hospitala- ria, con lo cual quita una de las fuentes m·s importantes que se podrÌan destinar al fortale- cimiento de Ecopetrol, presionando de esta manera la necesidad de la capitalizaciÛn 8 . En ese contexto, se tomÛ la decisiÛn de ha- cer una nueva empresa para la operaciÛn y ex- pansiÛn de la RefinerÌa de Cartagena. El proceso fue adjudicado a la multinacional Suiza Glencor, la cual valorÛ la actual refinerÌa en US$ 635 millo- nes. Esta empresa aportar· lo necesario para te- ner el 51% de la propiedad de la nueva empresa y Ecopetrol aportar· la refinerÌa. Esta nueva em- presa deber· hacer la expansiÛn y moderniza- ciÛn de la refinerÌa, cuyo costo se ha estimado en US$ 800 millones. Adicionalmente, el gobier- no nacional se compromete a garantizar que el precio de los combustibles ser· el precio interna- cional, o a aportar los faltantes. De hecho, en el proyecto de presupuesto de 2007 se incluyeron 2,9 billones de pesos para este concepto 9 .

LA INVERSI”N SOCIAL DE ECOPETROL

No sÛlo mediante los aportes de regalÌas e im- puestos Ecopetrol contribuye a proyectos de desarrollo regional con impacto social, TambiÈn, de manera directa, Ecopetrol efect˙a inversio- nes en los municipios y regiones en los cuales opera, que resultan de gran impacto para las comunidades m·s necesitadas. Los recursos se han enfocado a proyectos de desarrollo econÛ- mico, educaciÛn, salud, servicios de infraestruc- tura b·sica social, fortalecimiento institucional y recreaciÛn y cultura. En el aÒo 2004, por ejem- plo, las inversiones de Ecopetrol en estos pro- gramas fueron de $30.090 millones, sin contar con los aportes a Cormagdalena ni con los re- cursos jalonados a otras entidades mediante los aportes directos de la empresa. Con dichos re- cursos se adelantaron 435 proyectos de inver- siÛn social en 132 municipios, los cuales benefi- ciaron a una poblaciÛn de m·s de 1.300.000 personas. Este aporte, sin lugar a dudas, se ver· men- guado en un proceso de capitalizaciÛn de la empresa, por la sencilla razÛn de que el interÈs de los inversionistas privados (asÌ sean del sec- tor solidario) se concentrar· en la rentabilidad econÛmica de la empresa, por lo cual la inver- siÛn social ser· reducida a su mÌnima expresiÛn.

ALTERNATIVAS

Es claro que el mecanismo de la capitalizaciÛn efectivamente producir· los efectos planteados por Ecopetrol. La discusiÛn es m·s bien si es ese el ˙nico o el mejor mecanismo para lograrlo.

6

Se cuida Ecopetrol de diferenciar la capitalizaciÛn mediante emisiÛn de nuevas acciones de la venta. Sin embargo, es claro que en cualquier caso se trata de un proceso de participaciÛn privada, al final del cual la empresa ser· 80% estatal y 20% privada.

7.

El sector solidario, para estos efectos lo componen los Fondos de Pensio- nes, las cooperativas, los sindicatos y trabajadores ex trabajadores de la empresa y Fondos de Empleados.

8.

Es claro que los hospitales requieren recursos, pero ellos deberÌan salir del Presupuesto ordinario de la naciÛn.

9.

Una parte de estos recursos la recibir· la nueva empresa y otra Ecopetrol.

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Vale la pena, antes de responder a esa cues- tiÛn, reafirmar la importancia que para el paÌs tiene contar con una empresa petrolera que sea instrumento de la polÌtica energÈtica. Las razo- nes est·n plasmadas en las lÌneas anteriores. Ning˙n sector representa tanto en tÈrminos macroeconÛmicos como Èste. Pero, adem·s, se trata del manejo de un recurso fundamental para el desarrollo nacional. Las tres grandes desventajas de entregar una parte de la empresa al sector privado, son las siguientes: no hay garantÌa de que no se siga privatizando hasta perder el control estatal. De hecho, ISA 10 ya ha efectuado dos procesos de capitalizaciÛn y se han oÌdo voces pidiendo que se siga privatizando. Perder el control de la em- presa serÌa perder un gran instrumento de la polÌtica energÈtica y econÛmica del paÌs. En segunda instancia, la participaciÛn pri- vada puede inducir a la empresa a adquirir re- servas en otros paÌses, con lo cual le va bien a la empresa pero mal al paÌs (no se generan re- galÌas, no se pagan impuestos en el paÌs, etc.) y se pierden los beneficios macroeconÛmicos bus- cados. Adicionalmente, en el caso de la refinerÌa al Estado le va a tocar aportar recursos muy altos que hoy no aporta para cubrir los subsidios a los derivados. Por lo tanto, sin desconocer la necesidad de fortalecer la empresa, los objetivos plantea- dos por el Gobierno con el proceso de capitali- zaciÛn anunciado se podrÌan obtener mediante una reforma al estatuto org·nico del presupues- to que le dÈ la autonomÌa financiera y presu- puestal a la empresa. Igualmente, se la pude dotar de un rÈgimen especial de salarios que le permita competir en el sector petrolero. Los re- cursos para inversiÛn pueden salir de diversas fuentes, como endeudamiento externo 11 o de recursos del Fondo de EstabilizaciÛn Petrolera

10 InterconexiÛn ElÈctrica S.A.

11 Ecopetrol tiene muy bajo nivel de endeudamiento y la administraciÛn plantea que no se puede endeudar porque afecta el cupo de endeuda- miento global. Sin embargo, el Gobierno y el Congreso son autÛno- mos para ampliar este cupo.

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(Faep), que tiene saldos congelados de gran magnitud. Ecopetrol ha dicho que no los utiliza porque la vocaciÛn de estos recursos era otra. Sin embargo, el Congreso y el gobierno pueden modificar el destino de estos recursos. Por ˙lti- mo, Ecopetrol recibir· una suma muy importan- te por concepto de subsidios de los combusti- bles. Todas estas fuentes pueden superar los US$ 2500 millones que requiere Ecopetrol para hacer inversiones en exploraciÛn. Por lo tanto, en manos del Congreso de la Rep˙blica est· la posibilidad de cambiar la es- tructura de la empresa, proyect·ndola hacia el futuro con todas las ventajas planteadas por la actual administraciÛn sin necesidad de entregar ninguna participaciÛn al sector privado.

BIBLIOGRAFÕA

Departamento Nacional de PlaneaciÛn (2005). ìVisiÛn Colombia Segundo Centenario: 2019î, en www.dnp.gov.co/

paginas_detalle.aspx?idp=806

Documento central capitalizaciÛn, en www.ecopetrol.com.co Ecopetrol, Informe anual 2005, en www.ecopetrol.com.co Ecopetrol. Informe social 2004-2005, en www.ecopetrol.com.co Kozulj, Roberto (2006). ìLa integraciÛn gasÌfera latinoamericana: una prospectiva cargada de incertidumbresî, en Revista Nueva Sociedad, No. 204, julio-agosto, 2006, Buenos Aires. ìLas 1.001 compaÒÌas del aÒo en Colombiaî, en Revista Cambio, abril 2006, ediciÛn especial, Bogot·.

Red Colombiana de AcciÛn frente al Libre Comercio y el Alca, Recalca

TLC: un salto al vacÌo

Red Colombiana de AcciÛn frente al Libre Comercio y el Alca, Recalca

espuÈs de dos aÒos de negociacio- nes, y en vÌsperas de la reelecciÛn presidencial, el gobierno de Uribe cerrÛ, el 27 de febrero, las nego- ciaciones del Tratado de Libre Co-

mercio con los Estados Unidos, TLC. En forma r·pida preparÛ la versiÛn en es- paÒol de lo negociado y la entregÛ a Estados Unidos para que hiciera lo propio. Varias se- manas despuÈs llegÛ la versiÛn estadouniden- se y, cuando fue revisada, el Gobierno colom- biano descubriÛ que habÌa varias diferencias importantes en el anexo agrÌcola. Esta situa-

ciÛn llevÛ a que solamente en julio se culmina-

ra la conciliaciÛn de diferencias que obedecÌan

a que USA querÌa obtener nuevas ventajas y

Colombia habÌa dejado zonas grises en las de-

finiciones. Posteriormente, ese paÌs quiso, a cambio de entregar el texto a su Congreso para

el tr·mite preliminar, obtener nuevas concesio-

nes. De esta forma, sÛlo cuando Colombia aceptÛ la posibilidad de importar vacas viejas (de m·s de treinta meses) vulnerables a la de- nominada enfermedad de las vacas locas, EE.UU finalmente entregÛ al Congreso el texto, y con ello comenzaron a correr los noventa dÌas que Èste debe estar depositado en esa corpora-

ciÛn antes de que se proceda a la firma por los Presidentes de las naciones y ratificaciÛn por parte de los respectivos Congresos. Se puede analizar el proceso como un todo,

y extraer las lecciones correspondientes de lo que ha sido la peor negociaciÛn de Colombia, despuÈs de la pÈrdida del Canal de Panam·. A

la vez, resulta una buena ilustraciÛn en negati-

vo. Si se nos pregunta cu·l deberÌa ser una bue- na polÌtica econÛmica exterior para el paÌs, la respuesta serÌa: hacer todo lo contrario.

D

SI MAL INICIASÖ

La primera equivocaciÛn de Colombia fue nego- ciar todo. Desde el comienzo aceptÛ todos los temas que EE.UU propuso, aun cuando muchos de ellos ni siquiera cursan en la OrganizaciÛn Mundial del Comercio, OMC. Esto creÛ una si-

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tuaciÛn estructuralmente asimÈtrica, pues mien- tras Colombia no excluÌa nada, Estados Unidos sÌ se negÛ a incluir la negociaciÛn de sus ayudas internas al agro, la modificaciÛn de sus leyes antidumping y otros aspectos de importancia. Incluso, terminÛ retirando el az˙car de las ne- gociaciones, pues es el ˙nico producto en el que nunca se llegar· a eliminaciÛn total de arance- les y cuotas. Colombia hubiera podido plantear que determinados renglones productivos o te- mas no se discutieran, o que no debÌan nego- ciarse sino en relaciÛn con la evoluciÛn de la OMC u otros escenarios mundiales de negocia- ciÛn. Al incluir temas en los cuales no habrÌa sino pÈrdidas, ya se estaba determinando un desenlace adverso. Es importante precisar que en los acuerdos comerciales las exclusiones son frecuentes. La lecciÛn es clara: no todo es ne- gociable. En los TLC bilaterales EE.UU busca la am- pliaciÛn de la duraciÛn de las patentes y el otor- gamiento de garantÌas a la inversiÛn, las cuales no han sido aceptadas en el seno de la OMC. TambiÈn busca la inclusiÛn de las compras y con- trataciÛn estatales como parte importante y obligatoria de los acuerdos, que en la OMC sÛlo figura como un acuerdo paralelo de suscripciÛn voluntaria, asÌ como muchos otros aspectos normativos hoy en debate en todo el mundo (temas de Singapur 1 ), y cuya discusiÛn ha entra- bado la culminaciÛn de la Ronda de Doha de la OMC. Colombia, al negociar el TLC, renunciÛ de antemano a los escenarios multilaterales, elimi- nando la posibilidad futura de hacer causa co- m˙n con otras naciones en la lucha por conse- guir reglas econÛmicas m·s justas a nivel mundial, pues ya ha cedido en todas las exigen- cias de la agenda norteamericana. Estados Unidos, por su parte, no est· dis- puesto a hacer modificaciones en su legislaciÛn interna para suscribir los TLC. Un ejemplo se encuentra en la ley norteamericana aprobatoria del Tratado de Libre Comercio con CentroamÈ- rica, Cafta, que en su numeral 102 establece que ninguna disposiciÛn de ese tratado estar· por encima de la legislaciÛn interna. Por el contra- rio, los dem·s paÌses est·n obligados a hacer

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cambios legislativos, e incluso a admitir que ta- les tratados est·n por encima de sus Constitu- ciones nacionales, de modo que de aprobarse leyes que se contrapongan a los mismos, pue- den ser demandadas por Estados Unidos. Esto implica que en la agenda legislativa y polÌtica del Gobierno colombiano ocupan y ocupar·n un lu- gar muy importante todas las medidas que acon- dicionen el paÌs al TLC, y que al definir este me- canismo unilateral en que nosotros hacemos cambios internos y ellos no, se ha colocado toda la actuaciÛn del Gobierno como rehÈn del pro- ceso de aprobaciÛn en el Congreso de Estados Unidos. AsÌ que vendr·n nuevas exigencias y condicionamientos. Adem·s, la potencia norteamericana busca tener acceso a los mercados de sus contrapar- tes sin verse obligada a abrir el propio, pues las barreras no arancelarias y sus sistemas de sub- sidios y ayudas internas le aseguran la protec- ciÛn de su mercado interno. Es conocido que Estados Unidos tiene un gigantesco dÈficit co- mercial, que en 2005 llegÛ a US$723.616 millo- nes. Este se sostiene gracias a que el dÛlar si- gue siendo la moneda m·s importante para las transacciones comerciales internacionales, pu- diendo imprimirlos a su antojo con el respaldo de su enorme mercado y su poderÌo global, a pesar de que hay crecientes indicios de una des- confianza mundial en el dÛlar. No en balde, re- putados analistas consideran que Estados Uni- dos no puede seguir sosteniendo un aumento en las importaciones, y que aquellos que firmen Tratados de Libre Comercio confiando en la ex- pansiÛn indefinida de la capacidad de compra

1

Los ìnuevos asuntosî o ìasuntos de Singapurî (inversiones, competen- cia, transparencia en las contrataciones p˙blicas y facilitaciÛn comercial) han intentado ser introducidos en la OMC. El fracaso de la reuniÛn de Canc˙n, en 2005, significÛ un retroceso en el intento de incluirlos en la agenda de la OMC. El punto en com˙n de tres de los cuatro asuntos en cuestiÛn (inversiones, competencia y contrataciones p˙blicas) es que aumenta el derecho de las empresas extranjeras a acceder al mercado de los paÌses en desarrollo, a travÈs de sus productos e inversiones, se redu- cen al mÌnimo los derechos del Gobierno anfitriÛn a regular la inversiÛn extranjera y se prohÌbe a los Gobiernos tomar medidas que apoyen o alien- ten a las empresas nacionales.

2

Center for Economic and Policy Research. Oro falso: proyecciones del mercado de importaciones de Estados Unidos, en http://www.cepr. net/ publications.

Red Colombiana de AcciÛn frente al Libre Comercio y el Alca, Recalca

estadounidense pueden incurrir en una seria equivocaciÛn 2 . Sin embargo, el sentido com˙n obliga a esa potencia a intentar superar este dÈficit mediante una polÌtica comercial activa, buscando aumentar las exportaciones. La Auto- rizaciÛn para la PromociÛn Comercial (TPA) es- tablece los par·metros dentro de los cuales el Ejecutivo puede negociar. No es una carta blan- ca a favor del Ejecutivo, sino una detallada re- glamentaciÛn sobre quÈ se puede otorgar y quÈ se debe exigir. Estados Unidos no puede dar en los nuevos tratados m·s de lo que otorgÛ en el Cafta, y tampoco le interesa conquistar menos. El Gobierno colombiano al comienzo hablÛ de una audaz estrategia negociadora, llena de tÈr- minos como lÌneas rojas, mesas autocontenidas o in- tereses ofensivosî. Sin embargo, la mera estrategia negociadora se concentrÛ en las habilidades del equipo de negociaciÛn, pero sin contar con la capacidad negociadora de la naciÛn como un todo, ni la situaciÛn objetiva de la correlaciÛn de fuerzas. Se le vendiÛ al paÌs la falsa idea de que Colombia era un caso especial y un aliado es- tratÈgico, ante el cual Estados Unidos tendrÌa especiales consideraciones.

DEL GARROTE Y LA ZANAHORIA

La renovaciÛn de las preferencias andinas, otor- gadas por Estados Unidos para compensar los esfuerzos colombianos en la lucha contra el nar- cotr·fico, Atpdea, fue el argumento utilizado sis- tem·ticamente. Estas preferencias comerciales otorgadas en 1991, renovadas en 2002 y que vencen en diciembre de 2006, fueron la zanaho- ria, y Estados Unidos no vacilÛ en entregarlas disminuidas en los ˙ltimos dÌas de la negocia- ciÛn, despuÈs de que el Gobierno de Colombia habÌa entregado todo lo que se le exigÌa. El Go- bierno colombiano sobreestimÛ el impacto de estas transferencias, pues el 70% de nuestras exportaciones no se benefician, ya que consis- ten en petrÛleo o sus derivados. Los beneficios se concentran en flores, que se ahorran unos 30 millones de dÛlares en aranceles, y textiles, donde puede haber un ahorro similar. En total

el ahorro puede ser de 100 millones de dÛlares, lo cual tiene un peso relativamente menor en las exportaciones, y podrÌa compensarse de muchas otras formas. Los negociadores, y el mismo Uribe VÈlez, hablaron mucho de que a Colombia no le servÌa un acuerdo tipo Cafta, Nafta o Chile. Incluso, despuÈs de que Per˙ cerrÛ la negociaciÛn, al- canzaron a decir que no les servÌa lo acordado por ese paÌs; sin embargo, unas semanas des- puÈs aceptaron suscribir un texto muy similar. La presiÛn norteamericana fue clara desde un comienzo. Antes de iniciarse las negociacio- nes, Estados Unidos llevÛ a Colombia a que se retirara, a comienzos de octubre de 2003, del Grupo de los 21 (G-21), creado durante la re- uniÛn de la OMC en Canc˙n. La presiÛn fue tan evidente y explÌcita que el presidente de Asoca- Òa, Luis Carlos Villaveces, seÒalÛ en el XV Con- greso Nacional de Exportadores, realizado el 3 de octubre, que ìZoellick o Bush nos dijeron que nos saliÈramos del G-21, y eso hicimosî. Poste- riormente, EE.UU presionÛ para la expediciÛn del Decreto 2085, que despuÈs fue declarado incompatible con la normatividad andina por el Tribunal Andino de Justicia. La presiÛn norteamericana y la posiciÛn servil del Gobierno est·n llevando a la liquida- ciÛn de la Comunidad Andina de Naciones, CAN. Efectivamente, desde el comienzo de las negociaciones el ministro de Comercio Exte- rior dirigiÛ una carta al Congreso (26 de no- viembre de 2004) en la cual, despuÈs de reite- rar que el Èxito del Alca no estaba asegurado, conceptuaba que los paÌses andinos no cons- tituÌan un mercado importante para nuestras exportaciones. Se manejÛ desde entonces la idea de que lo se trata es de llegar primero al mercado norteamericano, y que en este senti- do los paÌses andinos y latinoamericanos, m·s que aliados, son competidores. AsÌ, con ellos, m·s que de integraciÛn con todos sus compo- nentes, se trata, en el mejor de los casos, de crear zonas de libre comercio, de tal manera que los acuerdos de la CAN tendrÌan una utili- dad apenas transitoria, mientras se crean es- tas zonas de libre comercio. En este aspecto,

Contexto

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la estrategia gubernamental fue aislarse y rom- per la solidaridad latinoamericana. Como si fuera poco, se decidiÛ hacer con- cesiones unilaterales y gratuitas en temas que supuestamente formarÌan parte de la negocia- ciÛn; de esta manera se perdiÛ incluso la capa- cidad de regateo que conservan algunos paÌses de AmÈrica Latina. No de otra forma pueden interpretarse decisiones como la reforma de la legislaciÛn petrolera, los intentos de reformar la Ley 080 de contrataciÛn p˙blica, la eliminaciÛn de las franjas de precios, las definiciones sobre exclusividad en datos de prueba adoptadas en el Decreto 2085 en materia de propiedad inte- lectual, y el fraccionamiento e inminente liqui- daciÛn del Seguro Social y las privatizaciones de Ecopetrol, Corelca, ISA, etc.

A EXPORTAR BIENES PRIMARIOS

En las negociaciones, Colombia aceptÛ a muy temprana hora que los bienes industriales se desgravarÌan en un m·ximo de diez aÒos, y ello fue presentado como un logro. Esto significa que una industria que tardÛ casi cien aÒos en lograr un nivel medio de desarrollo se expondr· r·pi- damente a la competencia, lo cual agravar· la situaciÛn que se viviÛ despuÈs de la apertura a comienzos de los aÒos noventa. La apertura completa a las importaciones de bienes indus- triales en diez aÒos implica que el Estado co- lombiano abandona toda posibilidad de utilizar la protecciÛn para promover industrias jÛvenes, crear nuevas ·reas productivas y buscar una in- dustrializaciÛn avanzada. Los negociadores colombianos daban los informes sobre este tema, llenos de satisfac- ciÛn por haber colocado algunas partidas en la canasta de liberaciÛn a cinco o diez aÒos, pero esto fue un intento in˙til de esconder el hecho que el Gobierno eliminÛ definitivamente cual- quier posibilidad de una polÌtica activa de pro- mociÛn de la industria. Por su parte, a lo m·ximo a lo que puede aspirar Colombia es a mantener la estructura de sus exportaciones a Estados Unidos, que en 2005

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fueron US$8.478 millones, de las cuales casi US$7.000 millones estuvieron representadas por bienes primarios, lo cual significa el 82% 3 ; en

2004

esta proporciÛn habÌa sido del 79%, y en

2003

del 81%. En cambio, en 2005, con Vene-

zuela los productos primarios apenas habÌan representado el 16%. AsÌ las cosas, con el TLC Colombia mantendr· su perfil de exportador de productos primarios hacia Estados Unidos. De acuerdo con el informe de 2005 y 2006 elaborado por la Oficina del Representante Co- mercial de EE.UU sobre barreras al comercio, Colombia cediÛ en muchos de los puntos de interÈs para Estados Unidos. En unos, porque acordÛ concesiones reales, concretas e inme- diatas; en otros, porque adoptÛ un marco nor- mativo que le obliga a hacer concesiones so pena de violar el TLC, y en otros m·s, porque se hizo vulnerable durante todo el proceso de aproba- ciÛn del TLC al adoptar cambios institucionales en la direcciÛn exigida por EE.UU Por ejemplo, las franjas de precios fueron satanizadas por EE.UU desde el comienzo, y hasta los negocia- dores colombianos dijeron que era muy difÌcil firmar un TLC con dichas franjas. Como es natu- ral, al final terminaron cediÈndolas a cambio de nada. Seg˙n el informe citado, ìel sistema de franjas de precios incluye 14 grupos de produc- tos y cubre 154 renglones arancelarios, las cua- les en algunos casos tienen impuestos de im- portaciÛn cercanos al 100% o que sobrepasan el 100% para las mercancÌas que los Estados Unidos venden a Colombia, entre las cuales es- t·n el maÌz, el trigo, el arroz, la soya, el cerdo, los pollos, los quesos y la leche en polvo; ade- m·s afecta negativamente el acceso a los mer- cados de productos de EE.UU tales como los alimentos para mascotas, algunos de los cuales est·n hechos con base en maÌz. Cuando los pre- cios internacionales sobrepasan el techo de la franja de precios, los aranceles se reducen y cuando los precios caen por debajo del piso de dicha franja los aranceles se incrementanî. Para el Gobierno norteamericano, ìel siste- ma de franjas de precios ha afectado la compe-

3

Datos oficiales del Ministerio de Comercio Exterior de Colombia.

Red Colombiana de AcciÛn frente al Libre Comercio y el Alca, Recalca

titividad local y ha disminuido el consumo de bienes exportados por Estados Unidos a causa de la subida de precios. Como demostraciÛn del triunfo en esta materia, EE.UU. resume diciendo que ìlas exportaciones agrÌcolas a Colombia que estar·n exentas de impuestos inmediatamente, incluyen la carne de res de alta calidad, el algo- dÛn, el trigo, la soya, la torta de soya; frutas claves y frutas tales como manzanas, peras, du- raznos y cerezas; tambiÈn productos alimenti- cios procesados tales como papas fritas y galle- tasî. Y aÒade que ìentre los productos agrÌcolas de los EE.UU que se beneficiar·n del acceso mejorado est·n el cerdo, la carne de res, el maÌz, los pollos, el arroz, las frutas y las legumbres, los productos procesados y los l·cteosî 4 . El abandono de las franjas de precios es m·s grave por cuanto Èste era el ˙nico mecanismo para protegerse de la competencia desleal de los productos subsidiados, y al mismo tiempo for- maba parte de las definiciones de la CAN, con lo cual se le asestÛ un golpe no sÛlo a la produc- ciÛn agraria sino a la integraciÛn regional.

LO QUE EST£ EN JUEGO

Al cerrar la negociaciÛn, 22 meses despuÈs, el Gobierno terminÛ aceptando todas las exigen- cias norteamericanas. Ya no son ˙nicamente hi- pÛtesis o conjeturas, sino una realidad que est· escrita. El TLC llevar· al paÌs a un despeÒadero. La negociaciÛn resultÛ una gran estafa para la opiniÛn p˙blica. Algunos colombianos, creyendo en la bue- na fe del Gobierno, han pretendido asesorarlo, aconsejarlo y evitar perjuicios para el paÌs. Su propia experiencia les permite hoy concluir que se est· entregando todo 5 . El debate sobre el TLC es polÌtico, es sobre el rumbo que debe seguir el paÌs: atarse a los designios norteamericanos, o diversificar las re- laciones internacionales; ampliar el mercado in- terno, o depender del mercado norteamerica- no; elevar el nivel de vida de la poblaciÛn, o sobre explotar la mano de obra y disminuir sus ingresos para obtener excedentes exportables;

promover la industrializaciÛn, o dejarla al vai- vÈn de los caprichos y necesidades de los inver- sionistas extranjeros; resguardar y fortalecer la capacidad del Estado para fomentar el desarro- llo, o continuar con las privatizaciones y la re- ducciÛn de las competencias estatales, y, unirse con los paÌses hermanos de AmÈrica Latina, o competir con ellos y aislarse para mirar sÛlo al norte. No se trata como dice el Gobierno de que los opositores al TLC estemos propugnan- do por el aislamiento y privando al paÌs del ac- ceso al mercado norteamericano. Lo que est· en debate es el modelo de desarrollo y la perspecti- va sobre el papel de Colombia en el mundo. No queda duda de que la propuesta del TLC considera que beneficiando a los inversionistas extranjeros y a los exportadores, autom·tica- mente habr· crecimiento y bienestar para la so- ciedad. Ya la apertura econÛmica demostrÛ que el crecimiento exportador y los flujos de inver- siÛn no aseguran bienestar y, por el contrario, todos los an·lisis recientes demuestran que Colombia tiene una de las peores distribucio- nes del ingreso a escala mundial. A medida que la poblaciÛn se informe de lo realmente negociado, se acrecentar· la oposiciÛn. El futuro de la producciÛn y la viabilidad de la naciÛn pasan por la derrota de este Tratado.

4 Para un an·lisis m·s detallado de lo pactado en el agro vÈase: Su·rez Montoya, Aurelio. CÛmo se negociÛ de rodillas el capÌtulo agrÌcola del TLC, en www.recalca.org.co

5 El director de MisiÛn Salud, Germ·n HolguÌn Zamorano, quien estuvo hasta el ˙ltimo momento en el Cuarto de al Lado, en su declaraciÛn final sostuvo que ìen el capÌtulo de propiedad intelectual no hubo negocia- ciÛn, sino adhesiÛn. Con su cierre, el sector salud se convirtiÛ en el gran perdedor del TLC.î, en Portafolio, 28 de febrero de 2006.

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FundaciÛn MisiÛn Salud ï Germ·n HolguÌn Zamorano

El Tratado de Libre Comercio

Jaque a la salud p˙blica

Germ·n HolguÌn Zamorano*

U

n documento suscrito por el presi- dente Uribe 1 revela que en los pri- meros cuatro aÒos de su gobierno la cobertura del Sistema de Salud se in- crementÛ en 8,6 millones de afilia-

dos. Aunque esto representa un no- torio avance, lo triste es que a˙n nos encontramos lejos de la meta de la universalizaciÛn del Siste- ma, fijada por la Ley 100. Cerca de la mitad de la poblaciÛn carece de acceso suficiente a medica- mentos porque no pertenece al Sistema (alrede- dor de 11 millones) o no puede pagar de su bol- sillo los remedios que Èste no suministra (cerca del 40% de las prescripciones 2 ).

En Sida, por ejemplo, de 21.000 enfermos que requieren antirretrovirales sÛlo los reciben 12.000 3 . Los 9.000 restantes est·n condenados

a

morir en los prÛximos 5 aÒos. En c·ncer, se-

g˙n el Instituto de CancerologÌa, sÛlo el 30% de

los medicamentos se encuentran en el POS, y ˙nicamente 40% de los enfermos reciben un tra- tamiento adecuado. Algo similar ocurre entre la poblaciÛn infantil con los trastornos respirato-

rios y las enfermedades infecciosas. Entre otras,

al

extremo que 12 de cada 1.000 reciÈn nacidos

mueren antes de completar un mes de vida 4 . Y entre las personas mayores de 60 aÒos, las dos terceras partes no tienen ning˙n tipo de cober- tura y dependen de la atenciÛn de familiares de escasos recursos 5 . Estudios serios de instituciones nacionales 6

e

internacionales 7 demuestran que el instrumen-

to m·s efectivo para bajar los costos de las me- dicinas y mejorar el acceso es estimular la ofer- ta de medicamentos competidores (de marca y

* Director FundaciÛn MisiÛn Salud.

1 £lvaro Uribe VÈlez (2006). ìSalud: un tema sensibleî, en Revista Enlace Empresarial, Universidad Antonio NariÒo, EdiciÛn No. 15, julio-agosto,

 

2006.

2 OrganizaciÛn Panamericana de la Salud, OPS (2001). EvaluaciÛn de la PolÌtica de Medicamentos en Colombia.

3 OrganizaciÛn Panamericana de la Salud, OPS (2005). InformaciÛn verbal.

4 Save The Children (2006). La situaciÛn de las madres en el mundo 2006, en www.savethechildren.es/iniinterior.asp?IdItem=1549

5 OMS, BoletÌn de Medicamentos Esenciales, 2003, No. 32: 12.

6 Zuleta, Luis Alberto (2002), Alternativas al control de precios de los medi- camentos: el caso colombiano, Fedesarrollo, febrero.

7 MÈdicos Sin Fronteras (MSF), AcciÛn Internacional para la Salud (AIS) y Oxfam Internacional.

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genÈricos) 8 , los cuales son de igual calidad que los medicamentos innovadores, pero cuestan mucho menos 9 . Al finalizar una patente, que es cuando pueden comercializarse los medicamen- tos competidores, el precio del producto cae entre 22 y 80% 10 , dependiendo del n˙mero de competidores que entran al mercado. Gracias a esto, en Colombia los medicamentos competi- dores cuestan apenas la cuarta parte que los medicamentos de marcas extranjeras, en pro- medio, y en casos puntuales hasta 35 veces menos 11 . El siguiente cuadro muestra algunos ejemplos de medicamentos para enfermedades de alta frecuencia, tomados de un reciente es- tudio de Fedesarrollo 12 . Una lista m·s completa puede consultarse en el Anexo 3 del mismo es- tudio (p. 65). Esta marcada diferencia de precios entre innovadores y competidores, aunada a la bue-

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10

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enfermedades

enfermedades

enfermedades

enfermedades

enfermedades

8 Dependiendo del origen del productor, los medicamentos se dividen en innovadores y competidores. Innovadores son aquellos que producen las multinacionales farmacÈuticas y competidores aquellos que producen los laboratorios nacionales. Los competidores, a su vez, se dividen en ìde marcaî, que son aquellos identificados con una marca comercial, y ìge- nÈricosî, que son aquellos identificados con el nombre del principio ac- tivo seguido del nombre del laboratorio fabricante. Ejemplo: Innovador:

Viagra. Competidores de marca: Eroxin, ErilÌn, etc. GenÈricos: Sildenafil Genfar, Sildenafil LasantÈ, etc.

9 En una visita practicada a un laboratorio muy acreditado, el autor de este artÌculo preguntÛ por quÈ al final del proceso de producciÛn las misma tabletas del producto X iban en parte a empaques verdes y en parte a empaques azules. La respuesta fue: ìes que las del empaque verde son ìinnovadoresî y las del empaque azul son ìgenÈricosî. Ese dÌa entendÌ que lo que distingue a los innovadores de los genÈricos no es la calidad sino razones comerciales, como empaque, publicidad y precio.

10 OMS-OPS-IFARMA (2005). ìDeterminaciÛn del impacto de forta- lecer las medidas de Propiedad Intelectual como consecuencia de las negociaciones de un TLC con los Estados Unidosî, Bogot·, octubre 30.

11 En Fenitoina, por ejemplo, principio activo utilizado para el tratamiento del Trauma Craneoencef·lico, en 2004 la diferencia de precios era de $737 a $26.151, o sea 35 veces menos.

12 Fedesarrollo (2005). Estudio sobre la Propiedad Intelectual en el Sector FarmacÈutico Colombianoî, Fedesarrollo, junio, Bogot·.

Diferencia de precios entre productos de marca extranjera y genÈricos nacionales.

Diferencia de precios entre productos de marca extranjera y genÈricos nacionales.

Diferencia de precios entre productos de marca extranjera y genÈricos nacionales.

Diferencia de precios entre productos de marca extranjera y genÈricos nacionales.

Diferencia de precios entre productos de marca extranjera y genÈricos nacionales.

de alta frecuencia

de alta frecuencia

de alta frecuencia

de alta frecuencia

de alta frecuencia

PPPPPAAAAA TTTTT OOOOO LLLLLOOOOO GGGGG ÕÕÕÕÕ AAAAA ((((( 11111 )))))

PPPPP RRRRR IIIII NNNNN CCCCC IIIII PPPPP IIIII OOOOO AAAAA CCCCC TTTTT IIIII VVVVV OOOOO

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X T R A N J E R A ( 2 )))))

X T R A N J E R A ( 2

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NNNNN AAAAA CCCCC IIIII OOOOO NNNNN AAAAA LLLLL ((((( 22222 )))))

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R i nof a r i ng i t i s

A

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4

2

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8

.6 6 9

8

0 %

H i p e r t e nsi Ûn else nc i a

M

e t r op ol ol

 

3

.3 4 3 .8 1 2

5

5

2 .5 4 0

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3 %

Pa r a si t osi s ilnt e st i na

Se c ni d a z ol

 

2

3

.8 2 7

5

.5 3 1

6

7 %

Inf e c c i Ûn d e vÌ a s ur i na r i a s

C

i p r of l ox a c i na

 

1 7 4 .0 0 2

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3

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6 %

Insuf i c i e nc i a r e na l

Esp i r onol a c t ona