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Principios conductuales básicos

Cualquier persona interesada en aplicar técnicas de modificación conductual debe


conocer algunos principios básicos, que se aplican a diferentes contextos considerando
su complejidad en cada uno de ellos.
Comprender los mecanismos que subyacen tras un cambio en el comportamiento hará
más probable el éxito a la hora de adaptar su aplicación a las necesidades específicas de
cada persona o familia.
Estos principios serían los siguientes:
– Reforzamiento positivo. Principio en el cual un evento o estímulo se presenta de manera
contingente a una respuesta y da lugar a un incremento de la frecuencia o de la
probabilidad de la ocurrencia de esa respuesta. Por ejemplo, un padre refuerza a su hijo
de manera consecuente con su buen comportamiento, a través de elogios, descripciones,
etc. y también después de seguir una orden, con lo que se logra reforzar positivamente
la obediencia del niño. Una madre puede reforzar la comunicación de su hija colocando
atención y reflejando lo que ella dice cuando le quiere contar algo, mostrar gestos de
aprobación cuando se brinden posibles soluciones.
–– Reforzamiento negativo. Principio que consiste en la eliminación, reducción o
aplazamiento de un estímulo, lo que fortalece la respuesta a la que es contingente. Por
ejemplo, la terminación de un tiempo fuera funciona como reforzador del buen
comportamiento del niño durante este. El levantamiento de un castigo o no ir a un lugar
no deseado pueden reforzar la buena conducta de una adolescente.
–– Control de estímulos. Principio implicado en la contingencia de tres términos
operantes de reforzamiento: estímulo discriminativo, respuesta y consecuencia. El
estímulo discriminativo funciona como control antecedente. Una respuesta en particular
es más fuerte y tiene más probabilidad de darse en presencia de ese estímulo en
comparación con la respuesta emitida en su ausencia. Por ejemplo, si una persona desea
tener menos probabilidades de comer en exceso, puede acomodar los alimentos que no
debe comer en lugares de difícil acceso, colocar los que puede, cerca, de esta forma las
probabilidades de comer lo indebido se reducen.
–– Castigo positivo. Se trata de la presentación de un estímulo aversivo o cualquier otro
estímulo que conduzca a una reducción de la respuesta castigada. Si el niño agrede
durante el juego, se entrenaría a su madre para sujetarle los brazos diciendo que no se
pega. Esta sujeción podría ser un ejemplo de castigo positivo si se reduce la respuesta.
Una adolescente podría tener como castigo recibir más tareas indeseadas de casa si no
cumple con lo acordado o se comporta inadecuadamente.
–– Castigo negativo. Proceso usado para eliminar un comportamiento que implica la
supresión de un reforzador positivo. Por ejemplo, la aplicación de un tiempo fuera para
un niño o el suspenderle un plan de celular o la propina a un adolescente.
–– Extinción. Principio que consiste en la eliminación del reforzamiento tras una
respuesta reforzada con anterioridad, que se diferencia del castigo en que no es limitada
en el tiempo ni señalizada. Por ejemplo, padres que prestaban mucha atención a quejas
o protestas del niño pasan a no prestar atención a dichas conductas.
–– Moldeamiento. Se trata de un método que implica el uso de los principios de extinción
y de reforzamiento diferencial con el objetivo de evocar un comportamiento nuevo a
través de aproximaciones sucesivas a dicho comportamiento.
Una técnica efectiva es la aplicación de la atención estratégica y la ignorancia selectiva
Por ejemplo, en el caso de un niño que se niega a jugar con sus padres, se entrena a estos
para que atiendan su comportamiento conforme se va acercando a la mesa de juegos. En
este mismo caso, lo padres deben ignorar el comportamiento del niño si no se integra en
el juego y se queda junto a la puerta de la sala. En un caso de comunicación conflictiva
con un adolescente, se puede ignorar los gestos de aburrimiento o desaprobación y
reforzar los avances en las conductas deseadas.
A la hora de aplicar estos principios es importante adoptar una visión funcional de la
conducta, es decir, analizando los antecedentes y consecuencias específicas en cada
situación.