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Un flagelo interminable

Puta y prostituta son algunas de las palabras utilizadas para definir y denigrar la labor
que consiste en intercambiar sexo por dinero o bienes. Este trabajo lo ejercen
aproximadamente 30.000 mujeres en Colombia según un estudio realizado por la
Secretaria de Integración Social. Aunque la prostitución es un trabajo legal, no es legal
pasar sobre los derechos de estas mujeres.

En la actualidad, niñas y mujeres se adentran en este mundo lleno de abusos, torturas,


amenazas, humillación, maltrato físico, psicológico y sexual. Algunas mujeres que
acceden a ejercer este trabajo son conscientes del papel de van a desarrollar, pero
desconocen las condiciones en las que van a realizar su labor como prostitutas, puesto
que les pintan un mundo de colores, lo que no saben es lo que les espera, pues llegan
con la esperanza de ganar mucho dinero en poco tiempo, pero la realidad es otra. No
tienen derecho de un salario, no tienen derecho de salir a la calle, no tienen derecho a
un médico, y mucho menos ver a su familia. Las privan de su libertad.

La sociedad estigmatiza a las prostitutas, como enfermas, viciosas, delincuentes. Las


deshumaniza, e incluso se les arrebata el derecho a la salud. Pues creen que, por el
simple hecho de ganar dinero fácil, no son dignas de ser tratadas con igualdad, ¡pero
claro!, es muy sencillo hablar por hablar, pues en muchas ocasiones se opta por ignorar
este tema, al fin y al cabo, las que ejercen este trabajo le es indiferente, por ende, no le
afecta… ¡Pero claro que le afecta! Esto no perjudica solamente a quienes la practican,
también a quienes tienen acceso a la salud y seguridad pública, pues esta incide allí.

Por otro lado, se debe tener en cuenta que la legalización de este trabajo no disminuye
el hecho de que este sea un trabajo denigrante, y mucho menos disminuirá la
discriminación y deshonra contra las trabajadoras sexuales, a la hora en que su cuerpo
es “comprado” para satisfacer los deseos de otras personas. En sí, las prostitutas no
ejercen su libertad, pues no es lo mismo acostarse con alguien de manera consentida
que voluntaria, dado que si no obedecen a sus “superiores” estas se verán sometidas a
un sinfín de torturas y castigos para “aprender la lección”.

La mayoría de las mujeres que ingresan al mundo de la prostitución, es por el hecho de


pertenecer a estratos bajos, puesto que, no pueden acceder a oportunidades dignas de
trabajo, recurren a ser explotadas sexualmente y a vivir en condiciones desagradables y
denigrantes, con tal de ganar dinero y poder llevarlo a su hogar, para disfrutarlo con su
familia.

La prostitución puede ser vista desde muchas perspectivas, pues algunos la ven como
un trabajo de la vida cotidiano, otros como un flagelo, o puede que pasen por alto esta
triste realidad en la que se vive actualmente. Sin embargo, esto no cambiará de un día
para otro, pues es muy difícil terminar con algo que ha ido creciendo con el pasar de los
años. Lo que sí es que las críticas sobre esta labor jamás terminarán.

Se debería dejar a un lado esta labor, se debería dejar de promover, se debería dejar de
estimular, se debería dejar de atentar contra la dignidad y los derechos de las mujeres,
se debería dejar de atentar moralmente contra el género femenino, se debería de poner
fin a este trabajo o flagelo, como quieran llamarlo, se debería dejar en el pasado, que
esto solo sea un mal recuerdo, una “mala racha” por la que tuvieron que pasar muchas
mujeres. Se debe dejar de ver a la mujer como un objeto sexual.

Danna Sofía Pérez Cusgüen


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Grupo 20