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2
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Emmie
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Revisión
Jane

Diseño
Jane
indice
Sinopsis
Prólogo
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Sobre la autora
Sinopsis
Elizabeth Lyons tiene una regla para sí misma: Sin distracciones. Sin distracciones
básicamente se traduce en No hombres; lo que sin duda significa DEMONIOS, NO
cuando se trata de Daniel Alexander. Después de un encuentro casual en un evento
profesional Daniel no está interesado en dejar ir a Elizabeth. No importa cuánto
Elizabeth trate de mantenerse lejos de Daniel, no es el tipo de persona que permite
que algo que quiere se vaya su vida. La pregunta es, ¿lo dejará atraparla?

4
Prólogo
Elizabeth

C
aminé por la concurrida intersección, dejando el campus de la
universidad detrás de mí, mientras me dirigía por los cuatro
bloques hacia mi apartamento de dos dormitorios. Mi escuela no
estaba en la mejor zona de Los Ángeles, así que en vez de caminar con la cabeza
baja y los ojos pegados en la pantalla de mi teléfono celular, metí en el bolsillo el
teléfono y miré alrededor a mi entorno. No sabía que la violación personal hacia mí
vendría dentro de la seguridad de las paredes de mi apartamento y no del mundo
grande y malo a mí alrededor.

Manteniendo mi ritmo rápido, deseaba salir del calor y entrar a la comodidad


de mi casi constante aire acondicionado. Los veranos en el sur de California
variaban entre dos temperaturas: caliente y sofocante. Hoy era el ejemplo perfecto
de este último. Cuando el edificio de estuco gris deprimente apareció en la
distancia, tuve que parar de correr a la puerta principal.
5
No tenía idea de que a donde estaba a punto de entrar, cambiaría mi vida
drásticamente.

Espéralo.

3...

2...

1...

Al girar la manija, abrí la puerta principal y habitualmente fui a tirar mi bolsa


en la mesa de la cocina, pero algo me detuvo a mitad de lanzamiento. Las bragas
rosa caliente de mi compañera de cuarto, Kim, colgaban de su pie izquierdo
mientras sus dedos se cerraban y abrían. Su falda negra se había subido tan alto
como podía en su cintura, y amontonado en algunos lugares, el tejido era tosco e
incómodo. Una de sus manos apretaba en la mesa de la cocina que compartíamos, y
no pude dejar de notar la manera en que su esmalte de uñas de color rosa había
saltado. Se veía de mal gusto. Era raro, los detalles estúpidos que se quedaban en
tu mente cuando tu mundo estaba a punto de desmoronarse.

Kim gimió, su voz arrastrando su nombre—: Ben... oh Dios, Ben.

Ben.
¿Mi Ben?

¿Mi novio, Ben?

La cabeza de Ben estaba parcialmente bloqueada por el muslo de Kim, pero


conocía esa cabeza en cualquier lugar. Sus oscuros rizos gruesos sobre un delgado
pero definido cuerpo de nadador, un cuerpo que me sabía de memoria después de
casi tres años de noviazgo exclusivamente.

Bueno, al menos yo había sido exclusiva.

Mi estómago se sacudió y retorció, y mi cabeza se sentía como que podría


rodar de mis hombros si me inclinaba demasiado hacia un lado. Necesitaba
sostenerme en algo, pero la mesa de la cocina era lo más cercano a mí, y me
prometí no volver a tocar ese mueble nunca más. Dando dos pasos hacia atrás, me
apoyé en la puerta principal, el peso de mi cuerpo cerrándola de golpe.

Ben sacó la cabeza de entre las piernas de Kim y me miró con algo en sus
ojos. No era culpa. ¿Horror tal vez?

—Elizabeth, ¡esto no es lo que parece! —Tropezó con sus palabras.

Todo lo que podía mirar era su rostro resplandeciente.


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Kim gritó, trató de bajar la falda, y dio un manotazo en la cabeza de Ben como
si él la había atacado sin su conocimiento, como si estuviera en el mal. Ella ni
siquiera me miró antes de correr a su habitación y cerrando la puerta.

—No es lo que parece —repitió, dando un paso cauteloso hacia mí.

—No me toques. —Aspiré una bocanada de aire y me alejé de la reclusión de


la puerta, no me gustaba la forma en que me sentía atrapada en su contra.

—Sólo escúchame. —Él levantó las manos en el aire en un gesto de rendición.

—¿Qué tengo que escuchar? Déjame adivinar... —Me detuve, pidiendo que el
asco creciente en mi estómago se mantuviera a raya—. ¿Ella tropezó, y su vagina
cayó en tu cara?

—Eres una perra —escupió.

Di dos pasos hacia atrás, no quería un solo ápice de su cuerpo o fluidos que
me tocaran, mientras me quedaba boquiabierta con su acusación.

—¿Soy una perra? ¿SOY UNA PERRA? —grité como la ira salió de mí en
oleadas violentas—. Tú eres el que me engaña con mi puta compañera de cuarto,
¿pero yo soy la perra?
—Nunca estás alrededor. Estás trabajando, en las prácticas o estudiando
siempre. No me puedes culpar por necesitar más, Elizabeth.

Soltó una carcajada ante su idiotez y me negué a aceptar la culpa. —Oh, así
que esta es mi culpa, ¿verdad? ¿Te empujé a follar con mi compañera de cuarto y
con cualquier otra con la que estás follando porque tengo una vida aparte de ti?

—Eres demasiado ambiciosa. —Sus brazos se agitaban violentamente


mientras intentaba probar su punto—. Todo lo que hacemos se centra en tu futuro,
y tus objetivos son tan altos, tan jodidamente altos.

Lo detuve de hablar más. —¿Y qué? ¿Qué diablos está mal con ser ambiciosa y
tener metas?

—¡Eres una mujer!

—Uh... —Apreté los puños—. Ve con cuidado, imbécil.

—Escucha, Elizabeth, ningún hombre quiere una mujer que es más exitosa
que él. Los chicos se suponen que son los jefes de familia, los campeones de la casa,
no la chica. Necesito a alguien que me apoye a mí y a mis sueños, no que tenga
sueños propios.

Comencé a mover mi cabeza, preguntándome si esto era real. Esto tenía que
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ser un maldito sueño, así que me pellizqué el brazo.

—¿Acabo de salir del calor y entrar a los años cuarenta? ¿Quién demonios
eres en este momento?

Mirando fijamente a sus ojos de color mierda, me preguntaba cómo esto


nunca había ocurrido antes. ¿Cómo había estado tan ciega al hecho de que mi novio
era un cerdo chovinista completo?

—Es un viejo ideal, pero sigue siendo la forma en la que la mayoría de los
chicos piensan, Elizabeth. Te lo prometo, no soy el único. Vas a tener un tiempo
difícil manteniendo cualquier hombre con tu forma de ser. Eres demasiado
determinada.

—¡Deja de decir eso como si fuera algo malo! —grité, me dolía la cabeza con
cada nuevo pensamiento que entraba.

—No hay tal cosa como demasiado ambiciosa, y eso es lo que eres. Ningún
hombre puede manejar ese tipo de mujer, y nadie quiere realmente una en su vida.

Después de sacudir la cabeza como si pudiera derramar sus palabras de mis


oídos, entrecerré los ojos y lo miré. —¿En serio? ¿Ningún hombre o simplemente
tú?
—No me estás escuchando. Estoy tratando de ayudarte. Los hombres quieren
ser atendidos, adorados, cuidados, y necesitados. Tú no necesitas a nadie.

¿Por qué eso era algo malo? —Estoy segura como la mierda que no te necesito
—estuve de acuerdo.

—Y ese es el problema. Buena suerte con tu vida. La necesitarás por lo menos.


—Se encogió de hombros con una sonrisa de disgusto extendiéndose por sus labios
aún brillantes.

—Vete de mi apartamento antes de que haga algo que podría lamentar, como
empujarte por las escaleras. —Me acerqué a la puerta y la abrí antes de empujarlo.
Cuando sus movimientos se estancaron, grité—: ¡Vete! Ahora! ¡Sal!

Lo hizo, pero no antes de darse la vuelta y entregar un último golpe. —Eres


cruel, ¿lo sabías? Es como si ni te importara.

Me reí ante la ironía de sus palabras cuando sentí claramente mi corazón


rompiéndose en pedazos irreparables.

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1
Elizabeth
Ocho años después
ime por qué me voy a esta reunión estúpida otra vez. —Me

-D asomé detrás de la puerta de mi oficina y gemí por mi asistente


excesivamente pechugona, Barbara.

No importaba lo que vistiera en el trabajo cada día, nada podía ocultar las
doble D de tratar de derramarse. Aun así, la respetaba por intentarlo.

Sacudiendo su hermosa cabeza de pelo oscuro, se volvió hacia mí y me


respondió—: Porque tienes éxito, y te invitaron.

Barbara era atrevida e inteligente, dos de las razones por las que la había
contratado para ser mi asistente en el primer lugar. Necesitaba una mujer fuerte
que no se dejara intimidar o tener miedo de mí. Y confía en mí, esas cualidades en 9
una compañera femenina eran difíciles de conseguir, especialmente cuando eras
esta joven; y jefa. Lo que era yo.

Barbara había estado conmigo durante más de dos años, y habíamos


construido una amistad honesta alrededor de nuestro trabajo. No podría estar más
agradecida de tener a alguien como ella a mi lado. Dado que no tenía mucho tiempo
para una vida social fuera del trabajo, estaba adicionalmente agradecida por ella.

Y confiaba en ella, lo cual decía mucho. En una industria donde era difícil
contar con casi nadie, contaba con ella. Sabía implícitamente que no me tiraría bajo
el autobús para salir adelante. Barbara era lo que en el negocio se llamaba preso de
por vida. Quería ser una asistente ejecutiva, y no tenía aspiraciones para subir más
la escalera corporativa, lo cual era una buena noticia para mí.

Barbara estaba encantada de trabajar para mí, y me encantaba tenerla aquí.


Mi vida en la oficina parecería destrozarse cada vez que no se encontraba cerca.
Esa era una señal de una verdadera gran ayudante, sabiendo que mis días de
trabajo no sería realmente trabajar sin ella.

Rodé los ojos. —Ugh. Sabes lo mucho que odio estas cosas. —Me pasé los
dedos por el pelo rubio sucio y tiré de piezas del mismo a través de mi cara antes
de dejarlo ir y repetir el gesto. Era una vieja costumbre que nunca me había
quitado de encima.
—Tal vez conocerás a alguien —bromeó, moviendo sus cejas hacia mí.

—Oh, sí, eso es exactamente lo que necesito, un hombre en mi vida. —Hice


una pausa mientras miraba hacia el suelo—. No, gracias. Este estudio tiene más
que suficiente testosterona para mí.

—Bueno, si cambias de opinión, junté los perfiles de todos los que estarán
presentes esta noche. Nada importante, sólo disparos a la cabeza e información de
empresas, por lo que puedes hacer tu discurso más personal para el grupo —dijo
con una sonrisa.

—Yo no te merezco. —Negué con la cabeza, agradecida por sus formas


proactivas.

Con un movimiento de su mano, ella se rió. —Sólo tienes que ir y pretender


que estás honrada de estar allí.

—Oh, me siento honrada —dije con entusiasmo burlado.

Pasó las páginas en sus manos. —Daniel Alexander parece caliente. Asegúrate
de hablar con él.

Me atraganté una carcajada. —Daniel Alexander, ¿eh? Tienes que amar a un


hombre con dos nombres de pila.
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—No odies. Procrea. Él podría tener dos cabezas para lo que me importa,
mientras que ambas se vean como ésta.

Empujó una foto de él en frente de mi cara, e incluso tuve que admitir que el
chico era precioso. Su pelo oscuro parecía perfectamente peinado, y me di cuenta
de que tenía ojos de color claro, incluso en la foto en blanco y negro. Una barba de
varios días cubría su barbilla cincelada. Si tuviera un tipo, el cual estaba segura de
no tener, él sería el ideal.

—Debería enviarte en mi lugar. Entonces podrías hablar con este hombre


durante toda la noche.

—No creas que no he pensado en eso —siseó.

Volví a mi oficina y gemí por dentro antes de volver a sentarme en mi mesa.

Hice clic en mi calendario del día y noté la gran parte del tiempo ocupado el
Top Treinta de Menores de Treinta más tarde esa noche. ¿Realmente no podían
pensar un nombre mejor, más creativo para esta cosa? Sonaba como un espectáculo
antiguo.

Ser la ejecutiva de desarrollo más joven en la historia del estudio de cine


donde trabajaba, venía con una gran cantidad de eventos adicionales a los que
estaba obligada a asistir. Al parecer, mi edad y título eran un gran problema, pero,
sinceramente, no importaba, no, tacha eso. Absoluta y jodidamente todo
importaba, pero no en la misma manera en que a otras personas parecía hacerlo.

Sólo se preocupaban por mi edad y mi género. Raramente mi nombre salía en


una conversación sin esos dos aspectos que mencioné. Como si eso fuera todo lo
que realmente importaba, o todo lo que yo era. Me di cuenta que era una industria
dominada por los hombres y que mi empresa había sido dirigida por los hombres
desde su creación hace más de setenta y cinco años. Así que, lo que pasaba
conmigo parecía ser raro, pero la verdad era que las mujeres se hacían un nombre
solas desde hace años, y quería ser una de ellas. No quería ser conocida como la
mujer más joven de algo. Quería ser conocida como la mejor.

—Tu conductor estará aquí dentro de media hora. Hay un accidente de


tráfico en el cuatro-cero-cinco, por lo que deberías aconsejarle que tome el uno-
setenta a cambio y salir en Sherman.

Levanté la mirada para ver la cara de mi asistente mientras colocaba un


sobre grande en frente de mí.

—¿Podrías ser más impresionante?

—Probablemente no. El avión de la compañía está cargado y preparado en 11


Van Nuys. Vuelas a San Francisco y de regreso en tu tiempo libre. Sólo tienes que
llamar al auto y hacerles saber cuándo has llegado. Estarán esperando por ti
cuando aterrices. Nos vemos muy temprano en la mañana a menos que —hace una
pausa—. Dios no lo quiera, tengas alguna diversión, y no sé tal vez omitir tu vuelo
de regreso.

—Oh, te encantaría, ¿no es cierto? —Me arrastré a través de los papeles


sueltos en mi escritorio, tratando de organizar coherentemente—. Quieres un día
de descanso.

—¿Me estás tomando el pelo? Si no te presentas, tendría que reprogramar


cada reunión que tienes mañana, y esas me llevaron al menos dos meses para
programar en el primer lugar. Así que, por favor, Elizabeth, no aparezcas porque
sabes lo mucho que me encanta hacer el mismo trabajo dos veces.

—Eres una mocosa.

—Lo sé, pero soy tu mocosa. Diviértete. Dile a Daniel que dije hola. —Me
lanzó un beso mientras caminaba fuera de mi puerta.

—¿Quién?

—¡Lee los perfiles! —gritó.


2
Elizabeth
ubir al avión de la compañía era como entrar en otro mundo. Cada

S asiento era de gran tamaño y se parecía más a un sillón reclinable


que encontrarías en tu casa en lugar de un asiento en un avión.
Estaciones de trabajo de caoba equipados con toma corrientes y puertos USB se
encontraban entre dos asientos enfrentados. Nunca había volado sola en avión
antes, y me sentía casi ridícula de hacerlo, pero me alegraba que los jefes me
permitieran utilizarlo para esta ocasión. Tener acceso a un jet privado hacía que
viajar fuera mucho más fácil.

Una morena bonita apareció a mi lado. —¿Puedo traerle algo de beber,


señorita Lyons?

Pensé sólo por un momento antes de decidir que un poco de alcohol no sería
la peor idea que alguna vez tuve. Como no quería oler como una fábrica de cerveza
o llegar borracha a la fiesta, tomé mi decisión. —Me encantaría una copa de vino. 12
—Por supuesto. ¿Blanco o rojo?

—Blanco, por favor —le dije, sin querer hablar en este evento con los dientes
manchados de rojo.

Una vez en el aire, copa en mano, traté de abrir el sobre que Barbara había
enviado conmigo. Soltando mi vaso, abrí la carpeta sellada con ambas manos.
Veintinueve perfiles estaban en el interior, veinte de ellos, hombres. Cada perfil
contenía una fotografía con el nombre de la persona y la edad por debajo, así como
una breve biografía y un análisis de lo que su empresa hacía para los negocios y el
papel de la persona en ella. Nota al margen: La mayoría de ellos poseían las
empresas en las que trabajaban.

Por eso amaba a Barbara. Nunca habría tenido el tiempo ni la iniciativa de


pensar en hacer esto, pero lo hizo. Siempre sabía por instinto, a veces incluso antes
que yo, que necesitaba estar preparada para un evento como este. Merecía un
aumento.

Leyendo los veintinueve perfiles, me reconozco con los otros altos jóvenes en
la Costa Oeste. Barbara tenía razón sobre Daniel Alexander. Su fotografía mostraba
que era ridículamente caliente, y admitiría que el suyo era el único perfil que había
estudiado más de una vez. Fundó y dirigió una empresa basada en la web en San
Francisco, y tenía una afición para comenzar a invertir en pequeñas empresas
antes de venderlas por billones. Esos eran billones con una B.

Se graduó con el mejor promedio de su clase, y por su aspecto, no hacía una


cosa por mucho tiempo, el cual era un tema muy común para la mayoría de los
asistentes de esta noche. Los ascensos eran una cosa que no podía relacionar
cuando se trataba de mis compañeros y sus constantes quejas por sentirse
insatisfechos.

Me encantaba mi trabajo y el estudio donde trabajaba. Nunca era aburrido, y


yo nunca me sentía aburrida. Algunos aspectos de mi posición apestaban, y me
disgustaban inmensamente, pero en su mayor parte, todos los días eran diferentes,
y amaba estar en el lado creativo de las cosas. Crear arte para que la gente
consumiera me inspiraba.

***

Mientras caminaba hacia las escaleras, el viento levantaba mi pelo,


desparramándolo en todas las direcciones. Cada vez que había visitado San
Francisco, en el pasado, lo había adorado, pero honestamente, no podía esperar a
llegar a casa a Los Ángeles. La penumbra, a ráfagas, y el aire frío que envolvían la
ciudad estaban en conflicto directo con toda la energía vibrante que permanecía
dentro de ella. Básicamente, amaba la forma en que la ciudad y sus habitantes
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parecían tan inexpresivamente vivos, pero odiaba congelar mi trasero para
experimentarlo.

—Se ve muy bien esta noche, señorita Lyons. —Un conductor vestido con un
traje blanco y negro me ofreció una mano cuando llegué al último escalón.

Bajé la mirada hacia mi vestido de cóctel negro. Se ajustaba perfecto y


abrazaba mis curvas en los lugares correctos sin parecer vulgar. Eso era lo que
ocurría cuando la gente hacía vestidos basados en sus medidas. Podrías terminar
pareciéndote a una pieza de arte andante cada vez que salías de casa.

—Gracias. Te ves muy bien, también... —Hice una pausa mientras esperaba a
su nombre.

—Thomas —dijo mientras mantenía abierta la puerta del auto para mí y me


deslizaba dentro.

—Te ves bien, también, Thomas. ¿Alguna idea de hacia dónde nos dirigimos?

Él sonrió mientras se abrochaba el cinturón de seguridad y encendía el


motor. —Por supuesto. Vamos a Atherton. ¿Alguna vez ha estado allí?

—No. ¿Es un hotel?


—Es una ciudad, bueno un pueblo realmente. Es el más rico de la nación.

Mis ojos se abrieron. Aparte de San Francisco y Napa, no había estado en


muchas ciudades reales en el norte de California, así que no estaba familiarizada
con el área. —¿En la nación? ¿En serio? ¿Cómo es que nunca he oído hablar de él?

—No lo sabría si no fuera de aquí. Le encantará, sin embargo. Es hermoso.


Las casas son increíbles. Incluso las casas más viejas tienden a tener jardines
espectaculares.

—Suena como algo salido de un cuento de hadas. —Mi mente recordó un


guion que había leído recientemente, describiendo una ciudad próspera llena de
frondosos árboles verdes, grandes casas, y las personas de buen carácter.

—Espere hasta que lo vea.

Sus ojos se arrugaron en el espejo retrovisor, y sabía que sonreía.

Mi teléfono sonó, obligándome a apartar la mirada de Thomas a mi teléfono.


Al bajar la mirada, noté una alerta de mensaje de Barbara. Parte de la descripción
del trabajo de Barbara la obligaba a estar las veinticuatro horas del día, siete días a
la semana. Eso no era atípico para alguien en mi nivel, y, sinceramente nunca
trataba de utilizarla de esa manera a menos que fuera una emergencia. Una cosa 14
era que yo eligiera dedicar todo mi tiempo al trabajo y ascender en la escala de
estudio, pero creía que no era justo de mi parte poner esas expectativas sobre mi
asistente.

¿Estás ahí ya? ¿Cómo es Daniel? Dale mi número de teléfono.

Me reí para mis adentros mientras leía su mensaje y rápidamente le escribí


uno.

Todavía no llegué. No le daré sólo tu número, también voy a escribirlo


en la pared del baño. No querría limitar tus opciones.

La empresaria en mí quería castigarme por ser tan suelta y sin


preocupaciones en un mensaje. Había sido testigo de primera mano cómo algo por
escrito, en cualquier forma, podría volverse en contra de ti.

Cuando trabajaba en el departamento de redacción, uno de los escritores más


altos informó a toda la habitación que guardaba todos los correos electrónicos de
su superior y había impreso y compilado en una carpeta en caso de que los
mensajes se perdieran misteriosamente en el servidor de la empresa.
Eventualmente demandó al estudio por despido injustificado y había ganado una
tanda de dinero. Fue todo por, literalmente, un par de frases miserables que habían
sido escritas por correo electrónico en el calor de un desacuerdo. ¿Fueron
inapropiados? Seguro. ¿Pero no habíamos hecho todos algo tan inocente hacia otro?
Sabía que sí, y la idea me aterraba.

Fue ese día cuando me di cuenta de que tendría que tener cuidado con cada
cosa que ponía por escrito, en cualquier forma, a cualquier persona. Censurar mis
pensamientos e ideas, y pasar más tiempo construyendo respuestas adecuadas en
cada correo electrónico. Cuando las palabras que podrían ser malinterpretadas por
correo electrónico se requirieran, me aseguraría de que sólo fueran en
conversaciones cara a cara. Fue difícil al principio, y me volví descuidada al
respecto con el puñado de personas en que confiaba, gente como Barbara.

15
3
Elizabeth
eñorita Lyons?

-¿S La voz de Thomas atravesó mis pensamientos del


pasado.

—Ya casi estamos en la ciudad. Pensé que puede desear


mirar a su alrededor. Será de noche cuando nos vayamos, y no me gustaría que se
lo perdiera.

—Gracias —le dije mientras mis ojos se posaban en las calles de roble-
alineada.

La mayoría de las viviendas estaban lo suficientemente lejos de la carretera


para no poder verlas, pero me di cuenta cuando uno era especial. Era como si los
árboles también lo supieran. Habían crecido alto y frondoso para proteger toda la
magia que vivía aquí, manteniéndola bien escondida de las miradas indiscretas. 16
Nos detuvimos en una entrada cerrada, y Thomas registró un post-it pegado
al lado del asiento del pasajero antes de ingresar el código necesario. Las grandes
puertas se abrieron sin hacer ruido, y yo audiblemente quedé boquiabierta ante lo
que aparecía detrás de nosotros.

—Jesús, Thomas, esto es impresionante.

Miré a mí alrededor en el jardín perfectamente cuidado con fuentes y


pequeñas esculturas que lo adornaban. El jardín del frente sólo era más grande que
la mayoría de los lotes en Los Ángeles, a menos que vivieras en Beverly Hills o Bel
Air. Honestamente, en cierto modo me sentía como si estuviera en una de esas
ciudades ya que nos detuvimos en el camino empedrado.

La casa en sí era de dos pisos, pero era más amplia en lugar de más alta. Las
ventanas estaban iluminadas en todas las direcciones, ni una cortina o cubrimiento
se veía. Todo el segundo piso tenía un balcón afilado en hierro ornamental
mezclado con columnas de cemento en miniatura. Lámparas de gas, todo brilla
intensamente y parpadeando en la luz del día, colgados de forma homogénea en la
parte delantera de la primera y segunda planta.

Si uno pudiera enamorarse de una casa, creo que lo hice en ese momento. —
Esto es increíble —le comenté a Thomas cuando abrió la puerta para mí y me
ofreció su mano.
Al salir del auto, me encontré con otro caballero de traje revestido con una
bandeja de plata con tres copas de champán. Me ofreció una antes gesticulando
hacia otro caballero bien vestido, que había aparecido de repente y se trasladó
hacia el auto detrás de nosotros.

—Buenas noches, señorita Lyons. Soy Shane —dijo con una sonrisa.

Me di cuenta que yo no le había dicho mi nombre. Impresionante, me dije a mí


misma.

—Si me sigue. —Me ofreció su codo para que lo sostuviera antes de caminar
hacia la entrada de la casa.

Me quedé mirando las puertas dobles de cristal de gran tamaño cuando nos
detuvimos frente a un hombre gigante sosteniendo un sujetapapeles. Parecía un
gorila que montaba guardia fuera de las discotecas.

—David, ésta es la señorita Lyons —anunció Shane antes de retirar el brazo


de él.

David escaneó su lista y escribió algo con su pluma antes de saludarme con
una sonrisa con los labios apretados.

—Señorita Lyons, es bueno verla. Por favor, entre. —Hizo un gesto hacia
17
dentro con la mano—. ¿Hay algo más que necesite?

—¿El baño de mujeres? —pregunté con mi bolso de mano firmemente contra


mi costado.

—Gire a la derecha después del Monet, y pase por las puertas dobles al final
del pasillo. Estará a su izquierda.

—Gracias. —Le toqué el brazo en un gesto cortés al tratar de recordar todas


las direcciones.

Maldecí, bajé mi mirada al suelo por un momento antes de estrellarme contra


un cuerpo duro y derramar parte de mi bebida.

—Mierda, lo siento —le dije antes de mirar y encontrar los ojos color
avellana que al instante me hipnotizaron. ¿Por qué se ven tan familiar?

—Yo no. —Su voz era profunda y gutural mientras sus ojos me recorrieron
de pies a cabeza sin vergüenza.

Quitando el ceño fruncido de mi cara, recuperé mi compostura. —Estaba


mirando el suelo y no sabía dónde estaba caminando. ¿Tiré champán en ti?

—Estoy bien. —Limpió una sola gota de la manga de su chaqueta—. Soy


Daniel Alexander.
Extendió su mano, y me obligué a sacudirla.

—Por supuesto que sí —le dije, inclinando un poco hacia atrás mi cabeza.

A Barbara le encantaría oír esta historia mañana.

—Oh, ¿sabes quién soy? Estoy impresionado.

—No lo estés. Mi asistente hizo toda la investigación y luego me obligó a


leerla.

Se echó a reír, y su rostro se arrugó en una forma que mostraba que se reía a
menudo. Líneas alrededor de los ojos arrugados como siempre estaban allí, y me
parecieron encantadoras. Me quedé mirando dichas líneas como si fueran seres
mágicos, y me pregunté qué era, o quién, lo hacía reír tan a menudo.

—¿Ves algo que te guste? —bromeó, rompiendo el hechizo en el que estaba


metida, mientras arqueaba una ceja.

—Sí, el suelo —dije antes de bajar mi mirada.

—Mármol italiano. Cada centímetro de este fue traído desde un pequeño


pueblo de Italia. Hermoso, ¿no es así?
18
¿Cómo diablos lo sabe? —Lo es. Estaba pensando en que se ve exactamente
como me había imaginado un guion que hace leí poco. Es casi como si la historia
hablara de esta casa en particular.

—Tal vez lo era —ofreció simplemente.

—O tal vez sólo he encontrado mi lugar perfecto para las tomas de casas
interiores y exteriores —respondí rudamente con más furor en mi tono de lo que
había previsto.

Su boca se levantó en una media sonrisa arrogante. —¿Hablas con tu novio


con esa boca?

Negué con la cabeza ante su pregunta ridícula. —¿Es tu forma de


preguntarme si estoy soltera?

—¿Lo estás?

—¿Por qué te importa?

—Porque quiero saber. —Parpadeó una vez antes de volver a centrar su


mirada avellana en mí—. ¿Tienes novio?

—No, y no estoy buscando uno, ya, si esa era tu siguiente pregunta.


Daniel se echó a reír de nuevo. —Luchadora. La mayoría de las mujeres no lo
son a mi alrededor.

—Déjame adivinar, ¿dejan caer sus bragas en la mera visión tuya? —La idea
se me había ocurrido.

Se inclinó hacia mí, su boca cerca de mi oído. —Por lo general.

—Qué encantador y maravilloso que puedas tenerlo tan fácilmente, cómo no.

Normalmente, no me comportaría de manera grosera en un evento


profesional, pero el ego de Daniel parecía traer lo peor de mí. En lugar de
reprenderme por ser tan arrogante en torno a él, hice una nota mental de nunca
planear verlo o hablarle de nuevo, así mi actitud no podría lastimar. Me di la vuelta
para encontrar el baño, recordando de pronto dónde me dirigía antes de toparme
con el Señor Súper Caliente Distracción.

Mi avance se detuvo con una sacudida mientras tiraba de mi brazo. —Nunca


les pido que actúen de esa manera. Sólo lo hacen. Y nunca dije que las obligo a
hacer eso, siquiera.

—Oh, estoy segura de que te sientas en casa todas las noches con tu polla en
tus manos, preguntándote qué diablos hacer con ella. —Rodé los ojos, no creyendo 19
una palabra que había dicho.

—Nunca dije eso. Folla, Elizabeth, y lo hago a menudo. Pero es con las
mujeres con las que confío y he conocido durante años.

—Espera, ¿qué? ¿Cómo sabes mi nombre? —balbuceé con mi pregunta.

—Tú no eres la única que hizo la tarea.

Lindo. Maldita sea, él es lindo.

—Como estaba diciendo, sólo duermo con mujeres que conozco desde hace
mucho tiempo.

—No acuerdo preguntártelo —detuve su declaración en un intento


desesperado por hacer que dejara de hablar para poder alejar mi mirada de su
boca.

Se echó a reír. —Tú querías saber.

Lo hice.

—Realmente no —jugué.

—Bueno, sólo para referencia en el futuro, nunca duermo con cualquier moja
bragas al azar que me encuentro.
—Como he dicho antes, qué encantador. Ahora, si me disculpas. —Saqué mi
brazo de su agarre y me dirigí hacia el frente, fingiendo que no estaba nerviosa y
completamente encendida por su toque.

—¿No tengo el crédito por tener amigos con beneficios? —gritó a mi espalda.

Paré a medio paso. —¿Es una broma, ¿verdad?

—No. Quiero decir, ¿no es mejor que revolcarse con cualquiera que camina?

—Es gracioso, porque apuesto a que piensas que estas mujeres no tienen
sentimientos por ti. ¿Tienes alguna idea de cómo funcionamos? —Me encontré
cada vez más y más nerviosa con cada palabra que decía.

Dio un paso hacia mí mientras sus ojos recorrían a lo largo de mi cuerpo. Djé
de temblar, y crucé mis brazos frente a mi pecho en su lugar.

—Tengo una idea bastante buena de cómo funcionas.

—Entonces, eres un idiota aún más grande de lo que pareces. Te apuesto cien
dólares que al menos una de ellas está enamorada de ti. —Cerré mis labios y moví
mi cadera.

Su cabeza retrocedió ligeramente mientras fruncía el ceño. —De ninguna 20


manera. Los sentimientos no entran en el acuerdo.

—¿Crees en serio que ninguna de tus... —Me aclaré la garganta y bajé mi


voz— ...amigas no tiene esperanzas de que cambies de opinión acerca de ella
eventualmente?

—De ninguna manera —respondió él con confianza.

—Las chicas siempre quieren ser la elegida, sobre todo con el tipo de persona
que nunca sienta cabeza. Nos encanta ser las que cambian todas las reglas. Vivimos
para esa mierda. Y si pensamos que hay incluso una remota posibilidad en el
infierno de que eso ocurra, nos mantendremos y esperaremos a que se den cuenta.
Está en nuestro ADN.

—Ahora, ¿quién es el idiota? —dijo con una sonrisa, claramente no creyendo


una cosa que dije.

—Todavía tú, porque sabes que tengo razón. Si no lo haces, entonces eres
incluso más tonto de lo que pensaba en un principio. —Giré sobre mis talones y fui
al baño antes de cerrar la puerta detrás de mí.
4
Daniel

E
lizabeth desapareció detrás de la puerta del baño. Era una luchadora
con una pequeña boca sucia, y era una preciosa vista. Me sorprendió
en ese pequeño vestido negro que parecía ser hecho para ella. Sus
tetas se derramaban de la parte superior, y la forma en que sus caderas se
curvaban habían hecho a mi polla levantarse y tomar nota.

Esperé en el pasillo, frustrado que no dejara que respondiera a sus


suposiciones absurdas. Por supuesto, probablemente tenía razón acerca de la
mayoría de las mujeres, teniendo en cuenta que era una. Pero, ¿qué sabía ella de las
dos mujeres a las que follé? Nada.

Las mujeres en mi vida sabían exactamente lo que teníamos entre nosotros,


un arreglo sin condiciones, sin teatro, puramente basado en sexo. No podría ser
clasificado como una relación, y nunca era romántico con ellas por las razones
exactas que Elizabeth había mencionado. No debes malinterpretarme. No era un 21
idiota con ellas ni nada. Simplemente no hacía cosas como comprar regalos o
enviar flores o cosas así.

Ninguna de las chicas asistía a eventos conmigo. Siempre fui a funciones solo,
solo, solo, a fiestas, solo, porque nunca quise darles una idea equivocada o
incentivarlas. Fui directo desde el primer día, y nada había cambiado en los años
transcurridos desde que habíamos estado viéndonos y dejándonos de ver, con
seguridad debo añadir.

Siempre usaba protección.

Las chicas pueden enloquecer.

Las suposiciones de Elizabeth me molestarían y enloquecerían, si las creía, lo


que no hacía. Me convencí a mí mismo de que su diatriba no tenía nada que ver
conmigo y todo que ver con ella. Estaba equivocada, tan equivocada, y muy
probablemente, había proyectado una relación fallida en mí.

Apuesto a que quiso cambiar a un tipo una vez antes, y no funcionó en su


favor. Probablemente él fue directo desde el principio, pero ella nunca quiso
escucharlo, o se había negado a creerle. Cuando por fin terminó, por decisión de él,
por supuesto, su corazón se rompió, y él se alejó libre de dolor.

Idiota.
Por mi investigación, me di cuenta de que no estaba casada. Sí, lo había
comprobado. Cuando observé, dos veces, su mano izquierda para ver si un anillo
de compromiso se encontraba en el dedo correcto, solté un jodido suspiro de alivio
cuando lo encontré vacío. ¡Alivio! Reconocí este instinto en mí al instante a pesar
de que habían pasado años desde que realmente lo sentí.

La quería.

Joder, la quería.

Desde el segundo en que derramó su bebida en mí, quise rasgar ese vestido
ajustado directamente de su cuerpo y mostrarle lo bien que yo sería adecuado para
ella.

Debía haberme alejado. En el segundo en que cerró la puerta del baño, debí
escapar.

Pero no lo hice.

No pude.

22
5
Elizabeth

D
espués de secar mi cara y arreglar mi maquillaje, abrí la puerta del
baño para ver a Daniel de pie, apoyado en la pared con la mano
recorriendo el rastrojo en sus mejillas. —¿Qué estás haciendo?

—Esperándote.

—¿Por qué? —pregunté, con tono molesto. Me dirigí de nuevo hacia el gran
salón de baile, o al menos en la dirección que asumí era la correcta.

—Para ser una chica tan inteligente, seguro que haces muchas preguntas
estúpidas.

Me detuve y me volví hacia él. Con mi dedo empujando su pecho tenso, dije:
—Nunca dije ser inteligente, y tú eres el estúpido. Ve a buscar a otra chica que te
de sus bragas.
23
—Te lo dije, no follo extrañas.

—Entonces, ¿qué diablos es lo que quieres?

—Él debió joderlo realmente. —El aliento de Daniel era caliente contra mi
mejilla, y lo aparté de un manotazo, decidida a no ceder.

—¿El quién?

—Quien te hizo odiar a los hombres.

—No odio a los hombres.

—Entonces, ¿por qué estás tan enojada?

—Tal vez sólo eres molesto.

—Tal vez lo odias a los hombres —respondió, las palabras alargadas y


deliberadas.

—Te lo dije, no odio a los hombres.

—¿Sólo yo entonces? ¿Soy yo a quien no puedes soportar? —Él sonrió, y sus


líneas de risa volvieron a aparecer.

¿Quién diablos es este tipo?


—Ni siquiera te conozco, y seguro como la mierda no me conoces, así que
deja de hacer suposiciones —gruñí antes de prácticamente correr lejos de él.

¿Era realmente tan transparente?

No había pensado en Ben durante años, pero en el momento en que Daniel


mencionó el que me arruinó, lo había visto todo en mi mente otra vez como si
hubiera sucedido una hora atrás, bragas rosas pegadas en su pie, despintado
esmalte de uñas sobre la mesa, su rostro cubierto el de ella, su boca escupiendo
esas palabras fulminantes. Me estremecí ante el recuerdo.

Ese momento me había definido. Fue en ese momento, de pie en la entrada de


mi apartamento, que decidí que nunca sería el tipo de chica que renunciaba a sus
sueños y esperanzas por un chico. Me di cuenta de que ningún hombre jamás
valdría la pena ese tipo de auto-sacrificio, y ningún chico que valiera la pena alguna
vez me pediría eso.

Si siquiera la mitad de lo que Ben había escupido aquel día era exacto, decidí
que prefería estar sola para siempre de estar con alguien que quería que cambiara
quién era. Aceptando que la mayoría de los hombres no sería capaz de soportarme
y mi pasión por mi trabajo, me convencí a mí misma que estaba perfectamente
bien con eso.
24
Y lo estuve.

Lo estaba.
6
Elizabeth
asé el resto de la noche evitando a Daniel Alexander, o al menos
P intenté hacerlo. Me esforcé en mantener conversaciones incómodas
con los demás asistentes, ninguno de los cuales tenía siquiera la
mitad del encanto en todo el cuerpo con el que Daniel fue bendecido en su dedo
meñique.

¿Cómo me enredé en este evento otra vez? Cada persona que se suponía fuera
fascinante, inteligente, interesante, ambiciosa, decidida, y joven en su mayoría,
eran aparentemente arrogantes, socialmente torpes, o inherentemente
competitivas. Estos eran todos los rasgos que encontraba totalmente indeseables,
especialmente en lugares como éste donde no podía escaparme y refugiarme en un
baño lejos del caos hasta que la noche terminara sin que mi ausencia se notara, eso
era.

—Baila conmigo —susurró de repente Daniel en mi oído. 25


Fruncí el ceño. —No.

—Sólo un baile —casi rogó, alejándome de un pequeño grupo de


patrocinadores del evento.

Miré a la pista de baile simplemente vacía. —No. —Hice una pausa—. Pero
gracias.

No tenía idea de por qué Daniel parecía tan empeñado en molestarme, pero
estaba nerviosa. Nunca me sentí así, infiernos, nunca me sentí de ninguna
manera por un hombre en un tiempo muy largo. Estaba bastante segura de que
Daniel Alexander era la última persona en la tierra por la que querría tener
sentimientos, atracción u otra cosa. Tenía rompecorazones escrito por todas partes
de su estúpidamente magnífico cuerpo.

Agarrando mi mano, me llevó a la pista de baile. Movió una mano para


apretarla contra mi espalda baja mientras que la otra agarraba la mía en la forma
de baile perfecta.

—¿No te dijeron no con la suficiente frecuencia de niño o algo así?

Traté de alejarme de él, pero sólo me agarró fuerte mientras la música de


orquesta se filtraba por toda la habitación.
—He oído no en abundancia. Es sólo que no quiero oírlo de ti.

—Oh, Dios mío, ¿eres un hombre de las cavernas? —Una parte de mí se


inundó con miseria, y la otra parte se defendió con repulsión—. ¿Llevas un
garrote? ¿Vas a golpearme en la cabeza con él? —Miré a sus costados, mis ojos
buscaron el arma simulada.

—Muy divertida. —Sonrió y me hizo girar sin esfuerzo a través de la pista de


baile, sus movimientos fluidos y su cuerpo fuerte.

Me sentí segura en sus brazos, y un sentimiento desconocido de anhelo se


elevó a través de mí.

—Sólo sé lo que quiero, Elizabeth, y me es difícil dejarlo ir.

—¿Qué estás diciendo exactamente? —Incliné la cabeza hacia un lado y miré


sus ojos color avellana.

—¿Necesitas que te lo explique?

Guiñó un ojo y me hizo bajar, haciendo que mi cabeza cayera hacia


atrás. Grité en respuesta al repentino cambio de mi peso antes de que una risita
escapara. Los labios de Daniel rozaron mi oreja, y mis ojos se cerraron
automáticamente en respuesta.
26
—Te deseo.

Mis ojos se abrieron mientras ponía los pies en el suelo y enderezaba mi


cuerpo. —No puedes decir eso. No sabes nada de mí.

—Eres exactamente el tipo de mujer a la que quiero llegar a conocer mejor.

Mi cuerpo se relajó mientras la excitación me recorría. La idea de hacer algo


con este hombre era tentadora, pero tenía que permanecer enfocada. Mirando
hacia el lado de la habitación, mis ojos se encontraron con las miradas de las otras
pocas mujeres asistentes.

—Parece que tienes un club de fans. —Asentí en la dirección de las ahora


amenazadoras asistentes femeninas.

—Soy muy consciente.

—¿Siempre eres así de engreído?

—¿Siempre eres tan difícil? Sólo quería bailar contigo, y me dijiste que no.

Su pulgar se movió arriba y abajo en mi mano, y perdí el enfoque.


—Ahora, digo que quiero llegar a conocerte mejor, y te niegas. Sigues
huyendo de mí, Elizabeth, y no me gusta.

—¿Entonces?

—Entonces... —Hizo una pausa antes de inclinarse y respirar el aroma de mi


cuello—. Deja de huir.

—Dejar de perseguirme. —Sonreí.

Aflojó su agarre, y atrapándolo con la guardia baja, lo dejé solo en la pista de


baile.

27
7
Elizabeth

D
espues de apartarme del cuerpo de Daniel, me acerque rapidamente
a un pequeno grupo de respetables invitados masculinos. La
conversacion llego a un abrupto fin en cuanto aparecí. Sintiendo el
aire de incomodidad que había conseguido obviamente mi presencia, sonreí
cortesmente y me disculpe.

Ahora era el momento perfecto para buscar a ese refugio en el bano que tan
desesperadamente necesitaba. Una vez dentro, me sente en el borde del pedestal
adornado de la banera. Me concentre en mi respiracion, reprendiendome por estar
tan atraída por Daniel y disfrutando de sus avances neandertales.

¿No había aprendido la lección en la universidad? Con los anos, me había


convencido de que Ben tenía razon acerca de los hombres y el tipo de mujeres que
querían a su lado, y yo no era esa.

Un fuerte golpe me sobresalto, y casi me caigo del borde de la banera en el


28
que estaba sentada.

—Ocupado —anuncie con un tartamudeo, maldiciendo en voz baja que mi


refugio había sido descubierto.

—Solo dejame entrar, Elizabeth —respiro la voz de Daniel a traves del marco
de la puerta.

Despues de dudar un momento, me empuje de la repisa y desbloquee la


puerta. El abrio la puerta y entro antes de bloquearla de nuevo detras de el. Al
mismo tiempo, me miro, sacudiendo la cabeza.

—¿Por que te escondes aquí? —pregunto.

Regrese a mi banera de la soledad. —¿Por que siempre me estas siguiendo?

—Tal vez te encuentro interesante. —Dio un paso hacia mí, cerrando el


pequeno espacio entre nosotros.

—Tal vez te encuentro irritante.

—No lo haces. —Se arrodillo frente a mí.

Su cabeza todavía estaba ligeramente por encima de la mía, haciendo que


levantara la vista con el fin de mirarle a los ojos.
—Ciertamente lo hago.

—No te creo —dijo antes de colocar una mano en mi cintura y tirando de mi


peso hacia adelante, haciendo que me agarrase de la banera para mantener el
equilibrio.

Sus labios se aplastaron contra los míos antes de que pudiera protestar. Y
mierda, no quería protestar, independientemente del numero de alarmas que
sonasen en mis oídos. Mi boca se abrio, dejando entrar a su lengua. Su mano libre
subio recorriendo la longitud de mi vestido y se detuvo en mi torax antes de tomar
un punado de mi pecho y presionarlo. El gimio en mi boca, y me acerque para
remover su chaqueta con mis manos antes de tocarle su pecho y los abdominales.

Jesus. ¿Era legal ser tan inteligente, exitoso y tonificado?

—¿Como tienes tiempo para hacer ejercicio? —le espete en su boca.

El se aparto, poniendo una sonrisa arrogante. —¿Como?

—Todavía no. Pero me estaba preguntando, ¿como tienes tiempo para hacer
ejercicio? No tengo tiempo para ir a cenar, y mucho menos cualquier otra cosa.

Me pasaba casi todo el tiempo en la oficina o haciendo algo para el estudio, al


igual que asistir a las funciones, eventos, notas de prensa, compromisos, y así
29
sucesivamente. Cuando asistía a una comida de negocios, pasaba la mayor parte de
ella hablando sobre nuestro ultimo proyecto o contestando un millon de preguntas
acerca de la velocidad de produccion y el coste potencial de retrasos. Por lo
general, solo había comido uno o dos bocados para cuando la comida terminaba.

—Bueno, a veces, tengo la oportunidad de correr, pero eso es todo —anadí.

—Yo puedo hacer tiempo, y por lo tanto tu deberías.

Me eche hacia atras, arqueando mi cuerpo lejos de su toque. —¿Me acabas de


llamar gorda?

Se echo a reír. El sonido profundo y gutural me fascino completamente en mis


partes de chica.

—¿Me veo jodidamente estupido?

Encogiendome de hombros, ladee la cabeza a un lado y le mire a modo de


advertencia.

—No estaba hablando de la parte de hacer ejercicio. Segun se cuenta, no lo


necesitas.

Se lamio los labios, y yo me detuve de jadear.


—Solo quise decir que debes hacer tiempo para cosas como la cena. La
comida es importante, siendo el combustible y todo eso.

—Sobrevalorada.

—Es mejor en la cama.

—Eres ese tipo de chico.

—Gracias por darte cuenta.

De pie, ajuste mi vestido e hice una ultima comprobacion en el espejo antes


de girar hacia Daniel. —Realmente debería ponerme en marcha. Tengo que coger
un vuelo.

—Quedate. —Su mano acaricio la parte posterior de mi espalda cuando se


levanto de un salto.

Mi corazon se acelero dentro de mi pecho ante su oferta que sonaba


demasiado buena para ser verdad. Incluso si lo decía en serio, yo no podía. Los
hombres como el eran una distraccion. Escuchar a mi corazon era estupido, y me
negue a ser cada vez mas estupida, no importaba lo mucho que mi corazon 30
palpitase protestando contra mi pecho.

Esta industria estaba esperando que yo cayera en pedazos, que haga algo
tonto, perderlo todo, y yo tenía que rechazar todo lo que posiblemente podría
ayudar a que eso ocurriera. Daniel Alexander podría hacerme perder de vista todo
por lo que había trabajado tan duro. Si bien en su presencia, me parecio perder
toda capacidad de decirle que no.

—¿Pensaba que no hacías este tipo de cosas? —le pregunte.

—Hare una excepcion. —El sonrio, pareciendo sincero.

Casi le creí. —Yo no —le dije mientras abría la cerradura de la puerta.

—Esto no ha terminado. No voy a dejar que te alejes de mí tan facilmente.

—Eso me parece. —Salí, dejando a Daniel verme marchar.


8
Daniel
aldita sea. Mirar el culo de Elizabeth Lyons alejarse de mí era una

M de las cosas más calientes que había presenciado en todo el año, y


había visto un montón de mierda caliente.

Sabía lo que estaba tratando de hacer por evitarme. Ella asumía que yo era
problemas. Era la primera impresión normal de mí, no importa lo que hiciera o
dijera. Cuando se trataba de mujeres, a menudo me dijeron que apestaba a
problemas, lo que demonios sea que eso significase. Aunque, para ser honesto, eso
por lo general sólo alimentaba su deseo para mí. ¿Qué podía decir? Parecía que a las
mujeres no sólo le gustaban los problemas, los amaban jodidamente. Y también les
encantaba follárselos.

Pero no a ella.

Elizabeth estaba enfocada. Probablemente había tratado con más coqueteos


en su industria de lo que yo quería imaginar. Esto no era un juego para ella.
31
Después de pasar más tiempo con ella esta noche, sentía que sus acciones
eran puras, sus reacciones hacia mí sinceras. No era el tipo de chica a la que jodías.
En realidad, no parecía el tipo de chica a la que jodías en absoluto. Ella había salido
como de una especie de represión, pero trataba de ocultarlo todo detrás de una
boca descarada. Dios, qué boca tiene.

Besarla había desafiado mi fuerza de voluntad. Infiernos, estar en la misma


habitación que ella había desafiado mi maldita fuerza de voluntad. Quería
contenerla, desnudarla, y todo lo que me hubiera dejado hacer. Sabía que no habría
mucho de eso, así que me contuve lo mejor que pude. Un hombre sólo podía ser tan
fuerte cuando se enfrentaba a la tentación y el deseo.

Ese beso tenía que suceder. Me negué a dejarla salir esta noche sin darle algo
que echar de menos. Me sentí atraído por ella en un nivel primario. Su cuerpo era
como un instrumento hecho puramente para mis manos, y me encontré incapaz de
permanecer lejos, sin importar cuánto lo intentase.

Pero había algo más que eso, profundidad y sustancia en un grado al que no
estaba acostumbrado en mi estilo de vida, a pesar de que lo buscaba
constantemente. Para mí la atención femenina siempre fue fácil de conseguir, por
lo que no era el problema. Sin mencionar, que teniendo la reputación que tenía en
Bay Area había aterrizado en las listas de uno de los solteros más calientes de Bay
Area.

Por mucho que odiaba esas putas cosas debido a la atención no deseada que
me traían, también me iban a presentar algunos de los nuevos proyectos
empresariales que no habría tenido de otra manera, así que no podía cancelarlas
completamente. Pero que podía hacer sin las mujeres inútiles, sin clase, y
hambrientas de dinero que siempre aparecían justo después de esos artículos.

No debes malinterpretarme. No era un maldito ángel, de ninguna manera,


pero lo estaba intentando. Me encantaba meter mi pene en cualquier vagina que
me dejara. Sin duda era cruda, pero una vez había sido la verdad.

En los primeros días de mi éxito, fui el tipo de hombre que tropezó


absolutamente de cara contra cualquier pedazo de culo caliente que pasaba. ¿Ella
no podía mantener una conversación sobre algo más que ropa y maquillaje? No
me podría importar menos. ¿Todo lo que tenía a su favor era su modelo de buena
apariencia y piernas que se negaba a retirar? Perfecto. Envuelve esas bebés
alrededor de mis hombros. ¿Nunca se graduó en la universidad o tuvo ninguna
experiencia vital de la vida? El caliente, sexo sudoroso no necesitaba un título la
última vez que revisé.

Había sido, por todos los medios, un típico varón americano de sangre roja.
32
Un hombre rico, ambicioso, atractivo y joven, había trabajado hasta el culo por el
día y retorcía mi pene por la noche, no literalmente, gracias a Dios.

Mi ritmo récord no había demorado mucho en igualarme, y yo con el tiempo


había tenido el susto de mi vida en ese punto.

Una aventura de una noche llegó a mi lugar de trabajo, por suerte, yo me


encontraba allí, y exigía verme. Hizo todo para armar un berrinche en el vestíbulo
de mi ocupado edificio. En el momento en que me vio, rompió a llorar, sollozando,
mientras que yo había buscado en los recovecos de mi mente, tratando de recordar
su nombre o dónde exactamente la conocí.

Había empezado a gritar acerca de dormir conmigo y llegar tarde, y antes de


que mi cerebro pudiera entender qué demonios trataba de decirme, espetó que
estaba embarazada. Mi mundo dio vueltas, y perdí todo el enfoque así que me
agarré al escritorio de la recepcionista para mantener mis rodillas firmes.

Señoras, si alguna vez quieren asustar la siempre amorosa mierda de un


hombre al que acaban de conocer, deben decirle que están embarazadas de su hijo.
No dije eso para ser cruel. Era simplemente honesto. El momento más espantoso
que tuve en mi vida fue cuando pensé que dejé embarazada a alguien a quien no
conocía en absoluto.
Escatimando los detalles sangrientos, la chica, cuyo nombre era Lori por
cierto, admitió que mintió sobre el embarazo. Inventó el plan para o bien
extorsionarme una cantidad exuberante de dinero o para conseguir que me casara
con ella, dando como resultado el mismo final, el dinero después del inevitable
divorcio. Ni había funcionado, teniendo en cuenta la capacidad del equipo legal que
tenía a mi disposición. Ellos habían determinado rápidamente que era una sucia
mentirosa, así que presenté una orden de alejamiento.

El día del susto, me fui a dormir por ahí con extraños. Esa pequeña pesadilla
debajo de Casi Daddy Lane fue suficiente para matar a más o menos mi libido, y
pude jurar que mi pene experimentó una crisis nerviosa en el vestíbulo de ese viejo
edificio, porque no volví a ser el mismo desde entonces. Él aún funcionaba y
consiguió volver a la vida, pero no fue sin mucha ayuda en mi final.

Eso fue, hasta esta noche.

Esta noche, se había despertado por su cuenta, y nunca estuve tan feliz de
verlo. Había estado medio tentado de darle una fiesta de bienvenida a casa, pero
desistí.

Elizabeth Lyons había despertado el dragón dormido, y ahora, tendría que


lidiar con eso.
33
9
Elizabeth
e aseguré de llegar más temprano a la oficina. El hecho de que
M apenas había dormido después de haber llegado a casa ayer por la
noche podría tener algo que ver con eso. Daniel me había sacado
de quicio, y el saber que se encontraba a unos quinientos kilómetros de distancia
de mí no había hecho nada para calmar mis nervios.

—¿No se enamoraron y pasaron la noche? Estoy muy decepcionada. —La voz


de Barbara se filtró en mi oficina y le siguió el sonido de los cajones abriéndose y
cerrándose rápidamente.

—Estoy aquí, ¿no? —Salí por mi puerta, al silencioso pasillo.

Me gusta estar en la oficina antes de que llegue el resto del personal, y todas
las orejas atentas a la más mínima conversación personal o chismes.

—¿Cómo era? Estás... 34


Me observó, y de repente quise esconderme en un armario.

—Oh Dios mío, estás sonrojada. ¿Lo trajiste contigo o algo? ¿Está en tu
oficina?

Me reí.

—¿De qué demonios estás hablando?

—Daniel Alexander. De lejos era el único digno por el cual babear en esa
fiesta. Dime todo. —Su voz se elevó con su nivel de excitación—. Y juro por Dios,
Elizabeth, que si me ocultas un solo detalle, lo sabré. Mi vagina me lo dirá.

—Cierra la boca. ¿Qué pasa contigo? —le grité susurrando con mi sonrisa de
labios apretados.

Golpeó mi hombro con fuerza.

—Está bien. Los de Recursos humanos ni siquiera han llegado. Nadie está
aquí. Ahora, cuéntame todo.

—Ni siquiera hablaba sobre Recursos humanos. —Rodé los ojos hacia mi loca
asistente, a quien amaba entrañablemente.
Aunque era una lunática, era mi lunática. Entramos en la cocina y se sirvió un
café mientras yo apilaba fruta en un plato.

—Tenías razón acerca de Daniel. Es ardiente, tan ardiente —le informé.

—Cualquiera con ojos puede ver eso. ¿Cómo es?

Traté de pensar en cómo clasificar a Daniel. ¿Qué palabras lo describirían


mejor?

—No lo sé. Es prepotente, arrogante e irritante. Me acosó bastante en toda la


noche.

Sorbiendo su café, casi se ahoga mientras tragaba rápidamente.

—Oh Dios mío, te gusta.

—No.

—Lo hace.

—No…

—Así es.
35
—Uf —gemí—. Suenas igual que él. Ustedes dos deberían salir. Sería como
volver a la primaria.

—Estoy herida. —Colocó una mano sobre su corazón—. Nunca saldría con un
hombre que te gustara. Sabes que no soy ese tipo de mujer.

—Ni siquiera lo conozco. A pesar de que creo que es ardiente, no importa.


Sabes mi regla, nada de chicos.

Quería olvidar lo de la noche anterior. Daniel Alexander podía continuar


viviendo su vida exitosa en San Francisco, y podía fingir que no existía. Esa era la
mejor opción para mí de todos modos, teniendo en cuenta que no lo podía sacar de
mi cabeza desde que me había alejado de él.

Mis reglas, o la regla en realidad, consistían en no salir con nadie y no tener


distracciones hasta formarme un nombre sólido en esta empresa y en la industria.
Comprendía que tenía un puesto por el que la mayoría de la gente mataría, pero
eso era debido a mi edad y mi título, no necesariamente debido a mi trabajo.

Todo el mundo esperaba que fallara, para que aparecieran los artículos
periodísticos sobre mi talento infundado y falso. La mayoría de las personas a
quienes consideraba mis amigos, en algún momento hablaron mal a mis espaldas.
Cuando la gente habla de la industria del entretenimiento, y de aquellos que
caminan sobre otros para salir adelante, no tienen ni idea de cuánta verdad hay en
esa declaración. Y los hombres son peores que las mujeres en ese sentido. Los
hombres hablan y traman de maneras que honestamente me asustan. Debía
mantener mi ingenio en todo momento, o estaría acabada.

La peor parte es, que esos hombres que me quieren fuera de esta posición ni
siquiera saben por qué, aparte del hecho de que sea mujer. Mi trabajo
verdaderamente habla por sí mismo, y todos lo saben. Simplemente no pueden
soportarlo.

Todo lo que realmente ansiaba era respeto de una industria que siempre
había sido un club de hombres. Quería que todo el mundo supiera a quien
contrataban cuando trabajaran conmigo. Una ejecutiva de increíble talento, en la
cima de todo, sin distracciones, que podría hacer el trabajo mejor que cualquiera
que lo haya hecho antes. Así que, hasta que llegara ese día, no habrían
distracciones.

Sinceramente, hasta anoche, había sido fácil adherirse a esa regla. Rara vez
conocía a alguien que no se relacionara con este negocio, y nunca mezclaba los
negocios con placer.

Cuando me propuse conocer hombres, la mayoría se sintieron intimidados


por mi éxito y por no dejarlos avanzar con la suficiente rapidez. Generalmente solo
pasaban dos minutos en una conversación antes de que revisaran su teléfono,
36
buscando una salida.

Cuan decepcionante habían sido aquellos tiempos, nunca los dejaba avanzar
más porque, en primer lugar, no estuve interesada en ninguno de esos hombres.
Solo había hablado con ellos inicialmente para demostrar que el idiota de Ben se
equivocaba. Quería ser deseada por mi ambición y talento, no temida por ello. Pero
todo lo que hacía sería probado en tiempo y forma y había comprendido que salir
con chicos, en su mayor parte, te absorbe.

Eso fue, hasta que Daniel Alexander entró en mi vida y me hizo sentir. Besó
mis labios y no solo lo había permitido, sino que también lo había disfrutado.
Demonios, no podía dejar de pensar en ello. Era como si este tipo hubiera
alcanzado mi pecho, agarrado mi corazón con una mano y apretado hasta que
comenzó a latir nuevamente. Mi corazón, que estuvo inactivo durante tanto
tiempo, ahora se encontraba despierto.

—¿Hola?

El sonido del chasquido de dedos me sacó de mis pensamientos.

—Tierra llamando a Elizabeth. —Barbara agitó una mano frente a mi cara.


—Lo siento. Me dispersé por un segundo. ¿Qué decías? —Traté de actuar
bien, como si no hubiera pasado absolutamente nada y que no hubiera entrado en
la zona de Daniel.

Los corazones son demasiado sensibles, fácilmente influenciables si no se


protegen adecuadamente. Ese órgano podría joderme todo si se lo permitía. Tenía
que dejar de pensar en Daniel y en sus estúpidos labios perfectos.

—Decía —se detuvo por un momento—, que tus reglas son estúpidas. Un día,
vas a conocer a alguien que te mostrará exactamente eso y romperás esas malditas
reglas sin pensártelo dos veces. Entonces, ¿qué?

Suspiré larga e interminablemente con un sonido dramático.

—Supongo que vamos a ver si eso llega a suceder, pero no pasará, porque no
lo permitiré.

—No puedes controlar todo en tu vida.

—¿Quieres apostar?

—Ya lo verás. Vas a querer un socio, tu otra mitad. Querrás amor. —Su tono
se volvió serio mientras su rostro parecía casi desolado.
37
Asentí para hacerla sentir mejor.

—Tienes razón. Pero ahora no quiero. Realmente no me importa nada de eso.


Estoy tan satisfecha con otras cosas que realmente me importan, que no echo de
menos lo que todo el mundo piensa que debería estar buscando.

—Está bien, lo entiendo, pero, parece que odias la idea de…

—¿De qué? ¿Una relación?

—El amor. Odias el amor. —Soltó las palabras sin tanto esfuerzo.

Quería temblar de solo oírlas. Me recordaban lo que Daniel me había dicho


sobre que odiaba a los hombres.

—No lo acepto. —Trataba de discutir, pero era inútil.

—No me mientas.

—Si fuera un chico, ni siquiera tendríamos esta conversación. Me alentarías


para salir y revolcarme con todo lo que camina y entonces me chocarías los cinco
cada vez que lo hiciera.

Sus cejas se juntaron cuando su rostro se arrugó.


—Uh...Todavía puedo animarte a salir y a que te revuelques con todo lo que
camina, pero haría más que darte los cinco. Te compraría una maldita galleta.

—Me gustan las galletas. —Miré hacia arriba a los azulejos del techo,
reflexionando sobre su idea.

—¿Ves? Esa es la motivación para conocer hombres y romper tus reglas,


¡galletas!

—En serio, Barbara, lo último que necesito en mi vida ahora es un hombre


estúpido y necesitado. Estoy bastante ocupada para tener que pensar en otro
horario en mi agenda.

Por supuesto, ya había pensado en eso toda la noche y toda la mañana. Daniel
había infectado mi mente con sus ojos y labios.

—¿Qué estás diciendo?

—Todas las cosas que conlleva estar en una relación. Sabes lo que quiero
decir. No echo de menos tener que estar pendiente todo el tiempo o pedirle
permiso a la otra persona para mover algo suyo o tener que tomar en
consideración sus sentimientos en cada pequeño y estúpido detalle. Es mucho
trabajo, y tengo suficiente trabajo. 38
—¿Cuándo te volviste tan poco romántica? —Se quejó, lanzando
drásticamente la cabeza hacia atrás.

Podría señalar dos ocasiones exactas y Barbara ya sabía sobre una, pero
prefería guardarme la otra.

Encogerme de hombros tendría que ser suficiente para una respuesta.

—Sé que Ben te lastimó… —empezó a decir.

Levanté una mano para detenerla.

—Eso con Ben quedo atrás para siempre.

—No significa que no te dejó una cicatriz.

—No quiero hablar más de esto. —Hice un mohín.


10
Elizabeth

A
parte del idiota de Ben, mi fe en el amor había sufrido de todo,
menos la destrucción cuando vi el matrimonio de mis padres
arruinarse frente a mis ojos. Mi mamá había apoyado a mi papá
durante la escuela de leyes. Luego, estuvo ahí para él mientras construía su
compañía desde cero, y había crecido hasta ser una de las más grandes y exitosas
firmas en LA. Siempre sentí que si hubiese habido un póster para “Detrás de cada
gran hombre hay una mujer aún mejor”, mi mamá habría sido la modelo perfecta.

Lo que mi mamá y yo no habíamos esperado era que mi papá dejara a su


perfecta esposa por una de sus internas. Cuando él nos anunció a las dos en una
rara cena familiar, para la cual había conducido desde la universidad, creí que era
una broma. Mi cabeza no podía comprender lo que él acababa de decir.

—Janet… —Él miró a mi mamá—, Elizabeth. —Y luego a mí antes de regresar


a mi madre—. Me voy. 39
—Oh, ¿necesitas volver a la oficina? —Mi mamá se levantó, lo más probable,
para tomar un contenedor de comida para que él llevara.

—No. Quiero decir que dejo esta familia, me voy a mudar. Me he enamorado de
alguien más. Has sido una gran esposa, Janet, pero es momento de continuar.

Nada.

No hubo sonidos, ni siquiera el aire al ser aspirado a los pulmones de alguien


antes de ser liberado.

Yo jodidamente seguro no estaba respirando en ese punto.

Más silencio.

Solo estaba el sonido del reloj en la pared.

Había un silencio amargo alrededor de nosotras mientras empezábamos a


asimilarlo.

Luché contra el nudo en mi estómago. Deseé poder encerrar a mi pobre madre


en una burbuja llena de arcoíris donde todas las palabras que papá había dicho
serían absorbidas y explotarían en la nada. Lo gracioso sobre las palabras es que no
podías des-oírlas en cuanto eran dichas.
Mamá se levantó de la mesa, sus piernas temblaban mientras corría
torcidamente hacia el baño. La puerta se cerró de golpe y yo estuve segura de que
estaba perdiendo el contenido de todo lo que había pasado horas cocinando.

—Esta es una broma, ¿cierto? ¿Es primero de abril? —Incliné mi cabeza hacia
la pared, buscando desesperadamente el calendario que mamá siempre mantenía
ahí. Silenciosamente recé que fuera un mes que sabía que no era.

—Crece ya, Elizabeth. Cosas así pasan todos los días. Las personas se
enamoran. Nada dura para siempre. Eres una adulta, por el amor de Cristo. Esto no
debería afectarte.

—¿Una adulta? Jesús, papá, ¡tengo diecinueve!

—Lo suficientemente mayor como para superarlo.

—O lo suficientemente mayor como para quedar marcada de por vida.

—Siempre tan dramática. ¿Estás segura de que no quieres ser una actriz? El
amor es fugaz, Elizabeth. Es mejor que aprendas eso antes de que creas que lo has
encontrado.

Sus ojos eran de acero, y sentí algo en mi interior romperse.


40
Calmé mis nervios e intenté controlar mi ira.

—¿Cómo pudiste decírselo así a mamá? Fue realmente inconsiderado y cruel.

Papá aspiró el aire, y luego limpió su bigote con una servilleta antes de dejarla
sobre su plato.

—No tiene sentido andarse por las ramas o extenderlo. Le hice a tu madre un
favor al decírselo así.

—Tu idea de los favores está jodida. —Puse mi mano en mi estómago, rezando
para que mi cena se quedara dónde estaba.

—Cuida tu boca, jovencita. Te daré un pase de veinticuatro horas para actuar


como una joven, pero luego espero que superes esto. Quiero que cenes conmigo y con
Chris esta semana.

—¿Quién demonios es Chris? ¿Dejas a mamá por un hombre? Porque eso podría
ser mejor. —Noté un extraño alivio intentar entrar en mí.

—Absolutamente no. ¿Un hombre? —Soltó con su aire, tomando un trago de su


vino—. Los chicos de estos días. Chris es corto de Christina.

—Por supuesto que lo es.


Nota personal: nunca acortar nombres.

Nunca había planeado acortar mi nombre, considerando que de seguro no me


veía como una Liz o una Lizzie, pero eso solo reafirmó mi posición sobre el asunto.

—Y estás jodidamente loco si crees que voy a cenar contigo y la destruye


hogares.

—Eso es suficiente irrespetuoso de tu parte por una noche. —Bajó su copa de


vino con un golpe y el contenido se regó, manchando el mantel—. Llámame cuando
saques tu cabeza de tu trasero.

Mientras lo vía alejarse, deseé que hiciera lo que lo había retado a hacer y que
se cayera de lado por la espera.

Idiota.

***

Una asistente demasiado sonriente para esa hora de la mañana cuyo nombre
no podía recordar apareció en la cocina.

—Buenos días, Barbara y señorita Lyons. —Estaba completamente risueña.


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—Buenos días, Jeannie. —Barbara agregó su nombre para mi beneficio.

—Buenas —dije con una sonrisa.

Jeannie tomó una taza de café y Barbara aspiró el aire con fuerza.

—¡Jeannie! ¿Qué es eso en tu dedo?

Jeannie medio gritó en la diminuta cocina antes de dirigirme una mirada de


disculpa. Empujó su mano izquierda al rostro de Barbara.

—Anoche me comprometí. ¿No es hermoso?

El rostro de Barbara se iluminó.

—Lo es. Oh, es tan lindo. ¿No es así, Elizabeth?

La pequeña mujer llevó el anillo de Jeannie a mi nariz y me forzó a mirarlo.


Era sorprendente. No había duda de eso.

—Es realmente brillante. Felicitaciones —ofrecí.

—¡Sí! Felicitaciones. Quiero escuchar todo lo que pasó y tus planes para el
futuro, ¿bien? —Barbara le dio un rápido abrazo antes de salir de la cocina
conmigo.

En cuanto regresé a la seguridad de mi oficina, Barbara empezó a reír.


—¡Oh mi Dios, debiste haber visto tu cara! Invaluable.

—¿Qué? —pregunte, genuinamente confundida.

—Ni siquiera sé cuál es la palabra correcta. —Empezó a chasquear los dedos


como si la acción la ayudara a descubrir la palabra—. ¡Indiferente! Eso es. Eres tan
indiferente con estas cosas por las que las chicas se emocionan completamente.

Supongo que el chasqueo funcionó.

—No soy indiferente. Estoy feliz por esa chica que no conozco y que parece
de veintidós.

—Tiene veintitrés.

—Oh, mi Dios, ¿por qué? —Caí sobre mi sofá, mi cabeza descansaba contra
los cojines.

—¿Por qué, qué? —El rostro de Barbara seguía con la gigantesca sonrisa que
se le había pegado desde que vio el anillo.

Cayó en el sofá a mi lado mientras yo inhalaba intentando expresar mis


pensamientos correctamente. Dije:
42
—¿No crees que es un poco joven para casarse? Recuerdo cuando tenía
veintitrés, y ni siquiera fue hace tanto, pero he cambiado mucho desde entonces.

Barbara levantó un hombro e hizo un suave sonido.

—No lo sé. Yo nunca lo habría hecho, pero creo que algunas personas fueron
hechas para casarse jóvenes… aunque no nosotras. —Chocó su hombro con él mío
en solidaridad.

—No nosotras está bien.

—¿Y estás bien con eso? —Sus grandes ojos buscaron los míos por
entendimiento.

—¿Con qué? ¿No salir todas las noches en busca de un esposo?

Ella volvió a reír.

—No con esas palabras necesariamente, pero sí.

Por supuesto que estoy bien con eso. Solo no entiendo por qué parece que es
el objetivo en la vida de toda chica. Quiero decir, entiendo por qué quieren
encontrar el amor, pero lo que no entiendo es su prioridad. Sabes, esa urgencia… si
no pasa para cierto momento o fecha, sus vidas están esencialmente acabadas. —
La miró en busca de confirmación, para saber que lo que dije no fue
completamente estúpido.

—Sabes que es tu culpa —dijo como un hecho.

Solté una carcajada.

—¿Mi culpa?

—La industria del entretenimiento, las películas que vemos, los libros y las
revistas que leemos y la música que escuchamos. Todo esto perpetúa este mensaje
subliminal a las chicas y chicos y sus papeles en la vida. Lo sabes.

Suspiré.

—Lo sé, y no quiero meterme en ese tema hoy. Mi cerebro ya duele. Además,
estoy segura de que mi ADN femenino está averiado en algún lugar de mi camino
genético, y por eso no tengo este sobrecogedor deseo de tener el amor en mi vida
justo ahora.

—Definitivamente estás averiada.

—Ni siquiera me importa. —Sonreí—. Averiada y exitosa. Averiada y


adinerada. Averiada y feliz. Sola. Sin un hombre. Imagina eso —bromeé mientras 43
me levantaba y caminaba hacia mi escritorio. ¿Por qué era tan difícil de creer que
alguien pudiera ser feliz solo?

El sonido del teléfono de mi oficina causó que Barbara diera un salto y


corriera a su escritorio.

—Oficina de Elizabeth Lyons. Habla Barbara.

Esperé para escuchar lo que diría después mientras comprobaba mi horario


de las reuniones de día. Tenía una hora libre hasta la primera y todavía necesitaba
preparar los últimos números de la oficina, comprobar las películas en
preproducción y reunirme con mis representantes para asegurarme de que
nuestra producción programada fuera bien.

La risueña voz de Barbara se filtró en mi oficina.

¿Quién demonios está haciendo reír así a mi asistente? Tenía una idea, pero
¿por qué me estaría llamando?

—Alto, señor Alexander. Déjeme ver si está. ¿Le importaría esperar?

Escuché otra risa mientras ella miraba por mi puerta abierta.

—Daniel Alexander está al teléfono. —Prácticamente salivaba.


—Estoy ocupada —contesté, fingiendo no estar interesada aunque todo mi
cuerpo estaba emocionado.

—¿En serio? ¿No quieres hablar con él?

Sí.

—Nop.

—No creo que hacerse la difícil vaya a funcionar con él. —Ella puso los ojos
en blanco antes de desaparecer.

—No me estoy haciendo la difícil —dije en voz alta a mi oficina vacía.

Pero lo estaba haciendo, y lo sabía jodidamente bien.

44
11
Elizabeth

O
rdenaba los papeles que había sacado recientemente de la impresora
cuando escuche el sonido de un nuevo correo electrónico. Giré mi
silla para quedar frente a mi escritorio, noté el nombre del remitente
inmediatamente, y corrieron escalofríos a través de mi cuerpo.

De: Alexander, Daniel

Para: Lyons, Elizabeth

Asunto: Sigues pensando...

Señorita Lyons,

No dejo de pensar en el beso de anoche. Dime si podremos hacerlo de nuevo,


pronto.

Daniel 45

¿Era de verdad? Inmediatamente presioné el botón de respuesta y miré


fijamente la pantalla de mi ordenador por lo que se sintió como horas, pero sabía
que solo habían pasado segundos. Una parte de mí quería responder con algo
sarcástico y desvirtuar todo por diversión, pero el resto de mí sabía que cualquier
respuesta sólo lo alentaría más. ¿De todos modos, cómo podría responder a algo que
mencionaba un beso por el correo electrónico de la empresa?

Tenía que ignorarlo o intentarlo.

Pero había intentado ignorarlo anoche, y vimos lo bien que funcionó, fuertes
brazos me arrastraron alrededor de la pista de baile, con sus labios sobre los míos.

¡Ugh!

Debería forzar a Barbara a llamarlo, para que se quejara por ser tan poco
profesional, pero eso probablemente le gustaría. Tenía la sensación de que a Daniel
Alexander nada ni nadie lo rechazaba. Sacudiendo mi cabeza, cerré el correo sin
responder, pero no lo eliminé. No tenía tiempo para ese tipo, pero señor, cómo
quería tenerlo.
No. Silenciosamente me reprendí por ser tan conflictiva cuando se trataba de
él. Se estaba convirtiendo rápidamente en una debilidad, no podía permitírmelo.

Otra vez el sonido de mi correo.

De: Alexander, Daniel

Para: Lyons, Elizabeth

Tema: silencio

Tu silencio me está matando. No me obligues a hacer algo imprudente para


llamar tu atención.

Daniel

¿Realmente? Mi silencio se había producido en los últimos veinte segundos


desde que recibí su primer correo electrónico. Este hombre necesita una lección de
paciencia, por no hablar de la aceptación de la palabra no. Añadiría a mi lista
mental que había empezado claramente con las lecciones que necesitaba Daniel.
¡Maldita sea!
46
***

Barbara me miró apresurada entre las reuniones. Llevando una pila de


documentos de producción y dos nuevos guiones, corrí a mi oficina para
depositarlos antes de agarrar la carpeta que necesitaba para mi próxima reunión.

Me detuve en seco en el segundo que entré. Un mar rojo pululaba en la cima


de mi escritorio, y vi lo que eran, por lo menos dos docenas de rosas de tallo largo.
Mis ojos se centraron en la única rosa blanca en el centro del ramo. Era el arreglo
floral más hermoso que jamás había recibido.

Caminé tranquilamente hacia ellas aunque mis entrañas me instaban a


largarme de allí. Me incline a inhalar la fragancia, toqué los pétalos de la rosa
blanca, admirándola al máximo.

Alcance un pequeño sobre, lo abrí y saque una tarjeta.


En una sala llena de rosas,
Tú eres a la única que veo.
Por favor, déjame verte de nuevo.
Daniel
—Estás en problemas ahora —advirtió la voz de Barbara para sacarme de mi
trance inundado de rosas.

La miré, sabiendo muy bien cuánta razón tenía, pero negándome a admitirlo.

47
12
Daniel

E
ntre llamadas y reuniones, me quede mirando mi computadora la
mayor parte del día, esperando que el nombre de Elizabeth apareciese
en mi bandeja de entrada o en mi identificador de llamadas telefónicas.
Pero eso nunca sucedió. Cada hora que había pasado sin ninguna respuesta de ella
me enloquecía cada vez más. Estaba acostumbrado a mantener el control, pero me
hacía sentir indefenso.

Luché contra el impulso de escribirle un mensaje, sabiendo que ella


probablemente también lo ignoraría, y que no podría manejar otro rechazo más de
ella hoy. También me preguntaría cómo había conseguido su número, y me negaba
a delatar a su asistente, que rápidamente se estaba convirtiendo en mi mejor
aliada.

Comprobé el número de seguimiento por última vez, sabía que había recibido
las rosas a las 15:17, y alguien en la oficina principal de seguridad había firmado 48
por ella. ¿Tal vez Elizabeth no las había visto aún? Estaba tentado en llamar a
Bárbara para comprobarlo, pero dejé de querer saber la verdad. ¿Qué pasaba si ella
las había visto pero no quiso responderme?

¿Recordaría mi nombre?

¿Tal vez perdió la tarjeta?

Tal vez sueno como un perdedor inseguro.

Elizabeth tenía todo el control de la maldita situación, y lo sabía. Lo odiaba


jodidamente.

Sentado en mi oficina que era más grande que mi primer apartamento, me


quedé mirando la ciudad, silenciosamente odiaba el hecho de que no estar con ella.
La tenía a cientos de kilómetros lejos de mí en este momento, y eso no había hecho
nada para saciar mi sed de ella. Sólo hacía que mi deseo de verla fuera mucho más
fuerte.

Un hombre siempre quiere lo que no puede tener, me recordé a mí mismo.

Pero en el fondo sabía que era más que eso. Elizabeth era una conquista que
quería ganar. Sí, me desafío con su boca y comentarios sarcásticos, pero eso sólo
me hizo quererla más.
Además, le había dicho que quería besarla otra vez. No podía olvidarme de
esos malditos labios, ni sacarme el sabor de su lengua de mi cabeza. Incluso mi
pene se despertaba en el segundo en que ella venía a mi mente. Éramos ambos
claramente grandes fans de Elizabeth Lyons.

¿Un hombre podría ser culpado por querer conocer a una mejor mujer, o por
reconocer cuando alguien especial ha entrado en su vida? Era lo que quería, y eso
era lo que conseguiría. Me negaba a tomar un no como respuesta. Se lo había
advertido anoche y hoy en uno de mis correos.

Elizabeth no era alguien a quien estaba dispuesto a dejar ir. Tendría que
tomar el asunto en mis propias manos. Hacerle ver que quería más que solo una
noche, y la convencería de que ella quería lo mismo.

49
Sobre la autora

Jenn Sterling nació en California del sur y le encanta escribir historias del
corazón. Cada historia que cuenta tiene pedazos de verdad en ella, así como de su
experiencia de vida. Tiene una licenciatura en Radio/TV/Cine y ha trabajado en la
industria del entretenimiento, la mayor parte de su vida.

“Me despidieron de mi último trabajo. Es cierto. Sé que estás ahí sentado


pensando —Jenn, ¿cómo puede alguien en su sano juicio prescindir de alguien tan 50
increíble e impresionante como tú???— Y me gustaría darte una buena razón, pero
la verdad es que aún siendo este ser impresionante soy claramente miedosa de
otras personas menos impresionantes.

Así que los deje... y empecé a escribir mi primer libro. ¿Y sabes de lo que me
di cuenta? Escribir libros que significan algo para mí es un millón de veces mejor
que trabajar para el culo de alguien a quien en realidad no le importa nada, sin
importar cuál sea el resultado final.

Mi alma se siente más satisfecha.

Mi corazón, más completo.

Así que gracias por leer, amar y recomendar las historias que escribo. Lo
aprecio más de lo que crees. :)”
Traducido, corregido y diseñado en:

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