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Primer trabajo conceptual sobre las Formaciones del Inconsciente

Patricia Cárdenas González

El objeto de estudio del psicoanálisis es el inconsciente y sus formaciones, yo


respondiendo al objetivo de generar un trabajo para la reunión conceptual a partir
de lo visto en el grupo de estudio sobre el Seminario 5. Las Formaciones del
Inconsciente de Lacan; compartiré con ustedes algunas ideas que me han surgido
desde mi asistencia a los grupos de trabajo en IFEPP.

En el grupo iniciamos la lectura de Lacan y al tiempo que leemos, pensamos,


reflexionamos, cuestionamos, compartimos, ejemplificamos, etc., todo aquello que
nos van inspirando las reuniones de trabajo en el marco de los términos freudianos
y lacanianos. Hemos revisado los términos de significante, de metáfora, de
metonímia, agudeza, código y mensaje, lo diacrónico y lo sincrónico, el enunciado
y la enunciación, el decir del presente y el presente del decir entre otros. Hemos
hablado y reflexionado sobre la escucha del analista de aquello que enuncia el
paciente, nos hemos preguntado acerca de las funciones del significante y su
aspiración de sentido.

En palabras de Lacan, “…hay ahí una función significante que es propia de


la agudeza, en cuanto significante que escapa al código, es decir, a todas las
formaciones del significante acumuladas hasta entonces en sus funciones de
creación de sentido.”1

Intentaré ilustrar con un ejemplo en forma de breve viñeta clínica, la paciente


A, llega con el siguiente discurso:

Paciente A:“Hice algo muy malo, terrible, me da vergüenza… no debería


decirlo… pero lo voy a decir, aunque me da mucha pena… bueno, ahí voy…
busqué tu Facebook…”
Yo: (Después de un silencio, yo pregunto) ¿qué estabas buscando y qué
encontraste?

1
Seminario 5: clase II, 13 de noviembre de 1957. Pp. 30-31
Paciente A: Encontré un libro, lo busqué y lo leí, pero no le entendí…. Ahora
me siento peor porque no pasó nada.
Yo: ¿Qué iba a pasar?
Paciente A: Que te enojaras, que me dijeras algo.
Yo: Que te dijera que ya no te iba ver.
Paciente A: ¡Si!”

Parafraseando a Lacan2, todo acto del lenguaje tiene una dimensión


diacrónica que es esencial, pero también está implicada una sincrónica, evocada
por la posibilidad permanente de sustitución inherente a cada uno de los términos
del significante.

En el enunciado de “A, -busqué tu Facebook-, situación que le provoca


vergüenza y pena, y que de acuerdo la norma social de la relación profesional (en
la hipótesis de que eso sería lo que entiende la paciente), eso está “mal”, es algo
“terrible”. Sin embargo, no es en el enunciado donde se escucharía al yo(Je), en
tanto sujeto del inconsciente, sino en la enunciación, en el mensaje que aspira dar
sentido al malestar de “A”.

En el Estadio del espejo, con respecto al yo[Je] Lacan, escribe que:

“la matriz simbólica en la que el yo[Je] se precipita en una forma primordial


[…] debería más bien designarse como yo-ideal, […] esta forma sitúa a la
instancia del yo, aun desde antes de su determinación social, en una línea
de ficción, irreductible para siempre por el individuo solo; o más bien, que
sólo asintóticamente tocará el devenir del sujeto, cualquiera que sea el éxito
de las síntesis dialécticas por medio de las cuales tiene que resolver en
cuanto yo[Je] su discordancia con respecto a su propia realidad.3

¿En qué parte del discurso escuchamos al yo[Je] como posición simbólica
del sujeto? En la pregunta: ¿Qué busca “A” cuando me busca en Facebook? ¿Busca

2
Op. Cit. Pp. 33 [La frase es: “…En otros términos, en todo acto de lenguaje, si bien la dimensión diacrónica
es esencial, también está implicada una sincronía, evocada por la posibilidad permanente de sustitución
inherente a cada uno de los términos del significante.”]
3
Lacan, J. (17 de julio de 1949) En Escritos 1. pp. 87
que me enoje y deje de verla, como suele hacer la madre (en su caso particular)?
De tal manera que las palabras: “buscar, ver, ser vista, no ver”, pueden ser
eslabones de una cadena de significantes. Aquí ilustro la función del significante en
cuanto a aspiración de sentido que proporciona la enunciación, el mensaje sería “te
veo para que no me veas”.

El “…mensaje es perfectamente incongruente, porque no se admite, no está


en el código. […] Por supuesto, el mensaje está hecho, en un principio, para estar
en cierta relación de distinción respecto al código, pero aquí, es el propio plano
significante donde viola manifiestamente el código.”4

Entonces el mensaje ya no es dirigido hacia mí, hacia la persona del analista,


sino hacia la función del analista. Lacan pregunta: “¿Cómo se sanciona esta
diferencia [entre código y mensaje]? Esta diferencia es sancionada como agudeza
por el Otro.5

Aquí, no pretendo hacer una presentación de caso, me basta con hacer uso
de este breve ejemplo clínico para dar cuenta de que lo que enuncia la paciente no
es hacia el analista, por tanto, la escucha del analista estaría en otro lugar que no
es “a título personal”, la escucha debe estar comprometida en la enunciación del
mensaje que va dirigido al Otro.

Se pone en juego también, la función metonímica, “en la medida en que puede


participar en la agudeza, juega con los contextos y los empleos. Se ejerce asociando
los elementos ya conservados en el tesoro de las metonimias. Una palabra puede
estar vinculada de formas distintas en dos contextos diferentes, lo cual le aportará
dos sentidos completamente distintos.”6

Ahora bien, quisiera compartir con ustedes una segunda reflexión con
respecto a la escucha del analista. En el texto de La instancia de la letra en el

4
Seminario 5: clase II, 13 de noviembre de 1957. Pp. 27
5
Op. Cit.
6
Op.Cit. Pp. 64
inconsciente o la razón desde Freud, Lacan elabora una pregunta que me parece
pertinente:

…¿cómo un psicoanalista de hoy no se sentiría llegado a eso, a tocar la


palabra, cuando su experiencia recibe de ella su instrumento, su marco, su
material y hasta el ruido de fondo de sus incertidumbres?”7

¿De qué palabra se habla cuando de psicoanálisis se trata? O, replanteo la


pregunta, ¿qué palabra escucha el psicoanalista? Dice textualmente Lacan, es
“toda la estructura del lenguaje lo que la experiencia psicoanalítica descubre en el
inconsciente”.8

En el Seminario 5, a propósito del sentido, dice que: “El sentido por crear
queda en suspenso en algún lugar entre el yo(moi) y el Otro. […] ...hay bastante por
construir en un enunciado dotado de valor de mensaje, con tal de que tenga una
referencia paradójica al empleo actual de las palabras y dirija el pensamiento del
Otro hacia una captación del sentido.”9

Lacan reencuentra en el lenguaje el descubrimiento Freudiano, la asociación


libre permite la escucha del analista de la palabra en su pura función de significante.
Ahora bien, los significantes están dados en la lógica del lenguaje y al respecto
Lacan dice que: la estructura de significante […] es que sea articulado. Esto quiere
decir, [resumiendo al autor] que sus unidades, se parta de donde se parta […] están
sometidas a la doble condición de reducirse a elementos diferenciales últimos y de
componerlos según las leyes de un orden cerrado.”10

Ese orden cerrado, entiendo, es instaurado en el psiquismo por la cultura. Freud


(1913) en Totem y tabú…, dice que:

“…las prohibiciones a que nosotros mismos obedecemos, estatuidas por la


moral y las costumbres, posiblemente tengan un parentesco esencial con

7
Jacques Lacan en Escritos 1. Pp. 474
8
Op.Cit. Pp. 474-475
9
Seminario 5: clase III, 20 de noviembre de 1957. Pp. 66
10
En La instancia de la letra…, Lacan, Op.Cit. Pp. 481
este tabú primitivo, y que si esclareciéramos el tabú acaso arrojaríamos luz
sobre el oscuro origen de nuestro propio –imperativo categórico-.”11 (pp. 31)

Sabemos que el núcleo básico para la cultura es la familia, a partir de la cual


se dan los demás, los amigos, la escuela, los institutos de formación psicoanalítica,
etc.

A propósito de las formas en la cultura, Luis Buñuel en su filme de 1962, El


ángel exterminador, ejecuta a mi parecer un excelente ejemplo. Este elemento
cinematográfico me servirá de metáfora para representar qué podría ocurrir en los
círculos sociales como las instituciones de formación, en el momento en que las
costumbres y las formas se pierden, para tales efectos presentaré una breve reseña.

La película surrealista, comienza cuando un grupo de refinados burgueses


deciden tras asistir a un regodeo burgués -una ópera-, concurrir a una cena que
tiene lugar en la casa de unos ilustres representantes de la burguesía. Al principio
de la cena todo transcurre con normalidad, felicidad y alegría. Sin embargo, Buñuel
nos va mostrando, poco a poco, el lado oscuro al que llegarían los asistentes a
convertirse en el susodicho homenaje burgués. Tras finalizar la cena, ante el gran
desconcierto de los concurrentes, estos descubren que algo les impide salir de la
estancia, donde se encuentran hacinados por algún factor que ellos no comprenden,
a pesar de que nada les impide salir.

La película transcurre y, con el paso del tiempo, se aprecia que las viandas
y el agua empiezan a escasear, mientras tanto las inmundicias se hacinan en la
mansión y los convidados recluidos empiezan a enfermar, debido a las precarias
condiciones higiénicas y a la falta de alimentos y bebidas. Llegado este crucial
momento, la calidad de la vida desahogada de la mansión, que los burgueses
estaban acostumbrados a disfrutar, empieza a decaer; sus refinadas costumbres
burguesas se transforman y se deterioran poco a poco hasta que surge el instinto
primordial y salvaje. La doble moral burguesa evoluciona, y los refinados burgueses

11
S. Freud (1913-1914) Pp. 31
se comportan, cada vez más, como verdaderas alimañas irracionales, olvidándose
de las buenas costumbres.

La metáfora está en las “buenas costumbres” o en las “formas”, en lo que


podría pasar en una institución psicoanalítica cuando los integrantes dejan de
prestar su escucha y se pierde el interés por nuestro objeto de estudio, como al
inicio lo enuncie: el inconsciente y sus formaciones. El analista que deja a un lado
al sujeto de la enunciación, no escucha el mensaje, el soporte de la palabra de su
paciente, de sus colegas y toma al enunciado como algo a título personal, es
entonces cuando se corre el riesgo de desplegar dentro del grupo el instinto
primordial y salvaje, las formas se deterioran.

Termino estas reflexiones con la pregunta, ¿cómo una institución


psicoanalítica se puede posicionar frente a las formas que se deterioran en otra
cosa que no es la escucha de lo inconsciente y sus formaciones?

Trabajos citados
Freud, S. (1913-1914). Tótem y tabú. En Obras Completas (Vol. XIII). Buenos
Aires: Amorrotu.
Lacan, J. (1971 (1957)). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón
desde Freud. En J. Lacan, Escritos 1 (págs. 473-509). México: Siglo XXI.
Lacan, J. (1981 (1957)). Seminario 5. Las formaciones del inconsciente. Buenos
Aires: Paidos.