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Babéa daramlllo Vélez

PRE SEN~
DE LATE ITICA
DE EDAD
PRES.BNTACION
D.B LA TEORIA CRITICA
D.B. LA SOCIEDAD
1 zj ARGUMENTOS

Rubén Jaramillo Vélez

PRESENTACION
DE LA TEORIA CRITICA
DE LA SOCIEDAD

BOGOTA, 1991
© Fundación Editorial Argumentos

La segunda edición de esta obra se


terminó de imprimir en el mes de no-
viembre de 1991 en el taller gráfico de
Crear Arte. Tel.: 233 2959. Bogotá.

El texto fue levantado en caracteres


medium de press romane impreso en
bond tambell de 75 gramos en edición
de 3.000 ejemplares.

Distribución: ECOE Ediciones., Calle


24 No. 13-15- Piso 3- Tel.: 2433949
CONTENIDO

Nota a esta edición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9


1......................................... 11
JI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53

Apéndice l. ¿Se ha tomado en serio a Marcuse? . . . . 59


¿Qué buscaba Marcuse? . . . . . . . . . . . . . 65
Apéndice 2. Educación para la mayoría de edad ... y
para la democracia . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
Apéndice 3. Bibliografía sobre la escuela de Franc-
fort: Teoría crítica en lengua española . . 75

Reseñ.as .................................... 87

7
NOTA A ESTA EDICION

Para esta segunda edición se corrigieron algunas erratas. Se agregó


texto de la primera edición un ensayo sobre Herbert Marcuse, otro
sobre Theodor W. Adorno y una bibliografía en español sobre el

Bogotá, septiembre lo. de 1991

PRESENTACION DE LA la. EDICION

El presente trabajo es el resultado de una investigación y


reflexión iniciada hace ya algunos afios, de la cual algo se ha
dado a conocer a través de cursos y seminarios, tanto en Ia
Universidad Nacional como en otras universidades de Bo-
gotá. Una sinopsis de la segunda parte fue presentada a la
Facultad de Ciencias Humanas de la misma y concretamen-
te al Departamento de Filosofía a comienzos del año 1978,
para sustentar la conferencia exigida por el reglamento del
concurso que da acceso a la carrera docente.

9
Dicha sinopsis fue leída y comentada durante ese se-
mestre en el auditorio de la Facultad de Artes, en el inte-
rior de un curso sobre Historia del Pensamiento. Su título:
Esbozo de un curso introductorio a la Teoría crítica con
base en aportaciones de .Max Horkheimer y Herbert Mar-
cuse.

Una versión ampliada y complementada de dicha sinop-


sis fue leída y discutida en el seminario sobre enseñanza de
las ciencias sociales en las facultades correspondientes de la
Universidad Libre, que tuvo lugar en Carmen de Apicalá
durante los tres primeros días del mes de noviembre de
1979.

Tal conferencia fue leída ante el IV Foro Nacional de


Filosofía que tuvo lugar durante el mes de octubre de 1980
en la ciudad de Manizales. A la ya mencionada sinopsis, con-
siderablemente ampliada, se agregó la primera parte de pre-
sentación socio-histórica, que fue escrita expresamente para
tal propósito.

R. J. V.
Universidad Nacional, Departamento de Filosofía
Bogotá, marzo de 1982

10
-1-

"Uno de los cambios de mayor alcance que trajo apare-


jada la primera guerra mundial, al menos en términos de su
impacto sobre los intelectuales, fue el desplazamiento del
centro de gravedad socialista hacia el Este. El éxito inespe-
rado de la revolución bolchevique -en contraste con el
fracaso dramático de sus imitadores de la Europa Central-
creó un serio dilema para aquellos que previamente habían
ocupado el centro del marxismo europeo, los intelectuales
alemanes de izquierda. En rasgos generales, las opciones con
que se enfrentaban eran las siguientes: en primer lugar,
podían apoyar a los socialistas moderados y su recién creada
República de Weimar, evitando así la revolución y desdeñan-
do el experimento ruso; o en segundo término, podían acep-
tar el liderazgo de Moscú, unirse al partido comunista
alemán, recientemente creado, y trabajar para socabar el
compromiso burgués de Weimar. Aunque la guerra y la lle-
gada de los socialistas moderados al poder las hicieran más
inmediatas, estas alternativas, de un modo u otro, han
estado en el centro de las controversias socialistas durante
décadas. Hubo un tercer curso de acción, sin embargo, que
surgió casi enteramente como un producto de la crisis pro-

11
vocada por la guerra y sus consecuencias. Esta última alter-
nativa fue la revisión minuciosa de los fundamentos mismos
de la teoría marxista, con el doble propósito de explicar los
errores pasados y prepararse para la acción futura. Así
comenzó un proceso que inevitablemente condujo a las
regiones más pobremente iluminadas del pasado filósofo
de Marx". Con estas palabras se inicia un estudio reciente 1
sobre la accidentada aventura intelectual de un grupo de
pensadores e investigadores que a partir de la tercera década
de nuestro siglo intentaron recoger las tradiciones del pensa-
miento radical alemán, cuyas premisas habían sido estable-
cidas durante los aftos cuarenta del siglo pasado. La "Teoría
crítica de la sociedad" que con el transcurso de los ai'l.os y
en particular tras el estallido juvenil de la segunda mitad de
la década de los sesenta sería popularmente conocida con la
denominación locativa de "Escuela de Francfort", venía
pues a reanudar la tradición radical y revolucionaria de un
pensamiento que a finales del siglo pasado y a comienzos del
presente había perdido buena parte de sus impulsos inicia-
les, como consecuencia, entre otras cosas, del impresionante
ascenso del capitalismo industrial en su país de origen 2 , que
había permitido a la burguesía y al estado de los últimos
Hohenzollern ahogar los ímpetus revolucionarios del prole-
tariado alemán. Con Bernstein y Kautsky, para mencionar

Martín Jay, LtJ imllgi111lción düzléctica- U1111 historüz de la Escuela de Franc-


fort. Versión española de Juan Carlos Curuchet. Taurus Ediciones S. A.
Madrid 1974. La mayoría de la información biográf"lcoanecdótica de esta
primera parte proviene de este libro. No damos sino las referencias indis-
pensables.

2 Para una buena descripción del fenómeno pueden considerarse algunos


capítulos del libro Historia de Europa desde 1870, de James Joll, Alianza
Universidad, 1983. Una excelente descripción del proceso ideológico de la
Socialdemocracia y los orígenes del revisionismo se encuentra en el prólogo
a la versión italiana de la obra de Bernstein, Los presupuestos del socilllis-
mo y la tareas de la socüzldemocl'flcill, escrito por L. Colleti (1968). Cfr.
Bernstein y el MtuXismo de la segunda inter111lcio111ll. En: L. Colleti,ldeo/o-
gía y sociedad, editorial Fontanella, Barcelona, 1975.

12
a dos de los más destacados teóricos del movimiento obrero
de la Segunda Internacional, la idea de la transformación
radical de la sociedad había cedido su paso a un replantea-
miento de índole reformista. La teoría misma había expe-
rimentado un debilitamiento. Se habían olvidado sus raíces
dialécticas. En particular con Bernstein había adoptado
elementos ..positivistas", provenientes del deslumbramiento
ante el ininterrumpido desarrollo de las ciencias experimen-
tales y su exitosa aplicación en las técnicas correspondientes.

El marxismo reivindicaba aún los intereses específicos


de la clase proletaria y los dirigentes de la socialdemocracia
todavía pensaban que su partido articulaba de la manera
más acertada posible su lucha política. Pero en la realidad, el
partido de Lassalle se avenía cada vez más a un compromiso
con el pujante capitalismo alemán e incluso con la Monar-
quía. La aprobación de los créditos de guerra en el 14 cons-
tituyó tal vez la prueba más fehaciente de que la burocracia
y la bancada parlamentaria del partido obrero unían a su
destino al de la "patria" y respaldaban la guerra imperia-
lista. Cuando cuatro años más tarde los soldados y obreros
levantaron las primeras barricadas, dirigidos por un grupo
minoritario radical que se había negado a aprobar dichos
créditos y había abandonado el SPD, uno de aquellos polí-
ticos reformistas, quien decía de sí mismo ..odiar la revolu-
ción como la peste" 3 , fue el encargado de proclamar la
república y también su primer ministro.

En las circunstancias de una república que el partido


socialdemócrata no había conquistado revolucionariamente
y que desde sus inicios se vio amenazada por el peligro de la
restauración, las perspectivas del socialismo se hacían cada

3 Tales palabras corresponden más exactamente a Friedrich Ebert, presi-


dente del SPD, quien fue elegido el primer presidente de la República Ale-
mana en Weimar. Quien proclamó la república desde los balcones del
palacio real el 9 de noviembre de 1918 fue otro político socialdemócrata,
Phlllipp Scheidemann, ministro del interior en el gabinete de Ebcrt.

13
vez más lejanas. En la propia Rusia de los soviets el impera-
tivo de la supervivencia había obligado a aplazar para más
tarde algunos de los objetivos radicales, lo que ya había pro-
vocado las críticas de Rosa Luxemburg 4 , quien desde la
cárcel de mujeres de Breslau alentaba al proletariado alemán
a levantarse para contribuir con su lucha a la revolución
socialista mundial. Pero con su asesinato y el de Karl Liebk-
necht el 15 de enero de 1919, al que siguió 5 semanas más
tarde el de Kurt Eisner y Gustav Landauer y el aplastamien-
to sangriento de la efímera república de los concejos de
Munich, la revolución alemana llegaba a su fin. Todavía en
el mes de octubre del año 23, con el levantamiento de Ham-
burgo, la clase obrera alemana realizaría un intento, esta vez
desesperado y sin las menores posibilidades de éxito, por re-
volucionar las condiciones sociales de su patria. La reacción,
que 9 años más tarde accedería plenamente al go-
bierno y a la dirección del Estado, ya comenzaba a organi-
zarse, al punto que en noviembre del mismo año el cabo
Adolfo Hitler y el general Ludendorff, jefe del Estado
Mayor del Ejército y verdadero dictador durante los años de
guerra, intentarían su primer golpe, inspirados acaso por el
éxito de Mussolini poco menos de un año antes en Italia.

Dentro de tales circunstancias, se explica el que la inte-


ligencia radical se volviese a plantear la cuestión, central del
pensamiento marxista, de la unidad entre la teoría y la prác-
tica --o la praxis- que los bolcheviques habían resuelto a su
manera y dentro de la peculiarísima configuración del país
en que había triunfado la primera revolución proletaria.
Quienes se reunieron en la población de Ilmenau. en Turin-
gia, en el verano de 1922, para patrocinar la Erste Marxis-
tiche Arbeitswoche (Primera semana de trabajo marxista)
no provenían del cerrado mundillo académico alemán, sino
de la experiencia viva de la lucha de clases. Baste considerar
para citar los dos casos más prominentes, que Georg Luc-

4 Cfr. su folleto "La revolución rusa" (1918).

14
kacs, quien antes de la guerra había pertenecido al círculo
\ de Max Weber en Heidelberg y ya para entonces había publi-
~~ cado su Teoría de la novela y el incitante ensayo El alma y
t las formas, había participado igualmente, en calidad de
comisario del pueblo para la instrucción y la cultura, en la
efímera república soviética húngara bajo la dirección de
,. Béla Kuhn, y que Karl Korsch, cuyo manuscrito todavía
inédito "Marxismo y Filosofía" fue precisamente objeto
de amplia discusión en esta reunión, sería Ministro de Jus-
. ticia en el gobierno de coalición socialista-comunista de
Sajonia 5 •

En el 24 llegaría a ser profesor titular de la Universi-


dad de Jena y también, a partir de ese año y hasta el 28,
diputado comunista al Rcichstag (parlamento alemán).
Entre los otros participantes se contaba Richard Sorge,
activista comunista entre los mineros de la cuenca del
Ruhr, quien se haría una figura legendaria 20 años después
por sus servicios de espionaje a favor de la URSS en el
lejano oriente y sería fusilado por los japoneses durante la
Segunda Guerra Mundial; Karl August Wittfogel, quien en
1931 publicaría su estudio sobre Economía y sociedad en

S Una muy interesante caracterización del proceso intelectual de Luckacs se


encuentra en el libro de Michael Lowy. Pour une Sociologie des Intelec-
tuels Revolutionaires (P.U.F. París 1976). Igualmente el breve escrito del
mismo Luckacs Mi camino hacia Marx ( 1933). También el primer capítulo
del libro de Gian Enrko Rusconi Teoría crítica de la sociedad (Ediciones
Martínez Roca S. A. Barcelona 1969), que incluye igualmente dos capítu-
los sobre la obra de Korsch. Sobre este último d"r.: Karl Korsch o el naci-
miento de una nueva época, con contribuciones de Paul Matkk, Jürgen
Seifert, G. E. Rusconi. G. Vacca, Oskar Negt y Michael Buckmiller (Cua-
dernos de Anagrama, Barcelona 1973). La mejor introducción a la obra de
Korsch tal vez sea la presentación de Marxismus und Philosophie por Erich
Gerlach en la edición de la Europiiísche Verlagsanstalt (Francfort, 1966 ).
Un libro reciente incluye también una buena información sobre el desarro-
llo del marxismo en el siglo XX. Cfr. Considerations on Western Marxism
(Lcft Books, London 1976. Traducción al español en Editorial Siglo XXI,
México). Su autor es el historiador británico Pcrry Andcrson, autor de la
importante obra El estado absolutista (Traducción cspañ.ola en Siglo XXI.
México).

15
China, obra considerada clásica sobre lo que el mismo autor
llamaría la "sociedad hidráulica" o el "despotismo orien-
tal"; Konstantin Zetkin, el hijo menor de Clara, la compa-
ñera de luchas de Rosa Luxemburgo; Bela Fogarsi, quien
sería uno de los primeros en llamar la atención sobre la obra
de Luckacs Historia y conciencia de clase (que aparecía en
Viena un año más tarde) y Friedrich Pollock, quien por
entonces concluía sus estudios de Economía en Frankfurt
con una tesis sobre la teoría monetaria de Marx. En el se-
gundo volumen de los Schriften del Instituto para la inves-
tigación social, que se fundaría oficialmente unos meses
después -el 3 de febrero de 1923- aparecería en el año 29,
en el período de reflujo, su investigación, pionera en el cam-
po, sobre los Experiencias de planificación económica en
la Unión Soviética (1917/1927), país que había visitado con
ocasión del décimo aniversario de la revolución, por invita-
ción de David Riazanov, el erudito director del Instituto
Marx-Engcls de Moscú y editor de la primera edición com-
pleta de sus obras.

Pollock se había hecho amigo desde antes de la guerra


de otro joven intelectual judío, que como él había sido
destinado a la vida de los negocios y había derivado hacia
la filosofía. Se trataba de Max Horkheimer, quien al co-
menzar la década de los treinta asumiría la dirección del
Instituto, cuyo destino a partir de entonces, en la emigra-
ción y tras la Segunda Guerra Mundial de nuevo en Frank-
furt, estaría tan estrechamente ligado a su versátil e intensa
personalidad. Por la década de la reunión de llmenau el
joven Horkheimer concluía laudatoriamente sus estudios
de filosofía con el discípulo rebelde de Husserl, Hans
Cornelius, con una tesis sobre Kant a la que seguiría tres
años más tarde otro trabajo consagrado igualmente al filó-
sofo de Konigsberg y que fue presentado a la Facultad de
Filosofía como "Habilitationsschrift" 6 •
6 La tesis doctoral de Horkheimer se intituló "Zur Antinomie der Tcleo-
logischen Urteilskraft" (no ha sido publicada). El trabajo de habilitación

16
El Instituto para la Investigación Social fue inaugurado
oficialmente el 3 de febrero de 1923 en Frankfurt y comen-
zó a funcionar provisionalmente en algunos de los salones
del Museo de Ciencias Naturales de la ciudad. Aunque sus
fundadores propugnaron desde un principio por su indepen-
dencia con respecto al ajetreo corriente del mundo univer-
sitario, se consideró conveniente algún tipo de asociación
con la universidad local, que había sido fundada reciente-
mente, en 1914. Los fondos provenían de un adinerado
emigrante judío que hacia 1890 había abandonado Ale-
mania para radicarse en la Argentina, en donde se había
convertido en un próspero exportador de granos. Su hijo,
Félix J. Wcil, había nacido en Buenos Aires en 1898 y se
había trasladado a la edad de 9 años a Frankfurt, en donde
tras terminar sus estudios secundarios se había vinculado a
los círculos de izquierda mientras llevaba a cabo estudios de
ciencias políticas, hasta lograr su doctorado laureado con un
trabajo sobre la práctica de la socialización que fue publi-
cado en una serie de monografías dirigidas por Karl Korsh,
quien había sido uno de los primeros en despertar su interés
por el marxismo. Aunque había sido precisamente uno de
los principales inspiradores -Y financiador- de la reunión
de Ilmenau, rechazó la posibilidad de habilitarse para asumir
la dirección del Instituto y propuso en cambio a un joven
economista, socialista como él, de la Technische Hochs
chule de Aachen: Kurt Albert Gerlach. Sin embargo, su
muerte repentina a la edad de 36 años le impidió asumir el
cargo, que vino a recaer en la persona de Carl Grümberg,
el célebre profesor de derecho y ciencias políticas de la
Universidad de Viena y editor, desde comienzos de la se-
aunda década del siglo, del Archiv für die Geschichte des
Sozialismus und der Arbeiterbewegung (Archivo para la
historia del socialismo y el movimiento obrero) que fue
conocido popularmente con el nombre de Grümbergs
lleva por título Kants Kritik der Urteilskraft als Bindeglied zwischen 1ñeo-
rrtisches und Praktischer J>hilosophie (/.a crítica del juicio de Kant como
«'Slabón entre la filosofía teorético y la filosofía práctica, Stuttgart 1925 l.

17
Archiv, y en el cual aparecieron algunos de los más impor-
tantes trabajos del pensamiento dialéctico del momento,
Marxismo y filosoffa de Korsch por ejemplo, y algunos
de los ensayos que conformarían el libro de Luckacs Histo-
ria y conciencia de clase. A Grümberg se le ha considerado
incluso el "padre del marxismo austríaco", probablemente
por el hecho de haber tenido entre sus alumnos a muchos
de los más conocidos austromarxistas, aunque en verdad su
interés se centraba menos en el problema de la unidad entre
teoría y práctica que, en la mera investigación histórica,
basada en "un marxismo más bien mccanicista y nada dia-
léctico, en la tradición de Engels y Kautsky" 7 •

Durante la década de los veinte y bajo la dirección de


Grümberg, el Instituto colaboró estrechamente en la edición
de las obras completas de Marx y Engels, enviando regular-
mente a Moscú fotocopias de manuscritos inéditos traídos
desde el cuartel general del SPD en Berlín, que fueron in-
cluidos en la justamente famosa J.Jarx-Engels Gesamtausgabe,
popularmente conocida y citada por su sigla MEGA, que
apareció en 1932, apenas unos años antes de que su editor,
el ya mencionado Riazanov, cayera en desgracia frente al
déspota y desapareciera, como tantos otros revolucionarios
e intelectuales comunistas, en las estepas de Siberia. Por esta
época, algunos de los jóvenes asistentes del Instituto eran
militantes declarados del partido, y combinaban sus labores
investigativas con las actividades partidistas. Entre ellos cabe
mencionar al ya nombrado Wittfogel, quien en 1918 se
había incorporado al partido socialista independiente y dos
años después a su sucesor, el partido comunista. Ya se ha
mencionado su obra sobre China, en realidad su segundo
libro sobre el por entonces todavía bastante desconocido
país asiático. En vísperas de la primera revolución china, en
1926, publicaría en Viena el primero, Das Erwachende
Ozina (La China que despierta). Ya había escrito dos libros:

7 Jay, Op. cit., p. 36.

18
Die Wissenschaft der bürgerlichen Gesellschaft (Berlín,
1922) y la Geschichte der Bürgerlichen Gesellschaft (Viena,
1924 ). Por la época en que el Instituto publicó su segunda
obra sobre China, Wittfogel se había trasladado a Berlín, en
donde colaboraba en revistas con artículos de teoría estética
que han sido considerados como "el primer esfuerzo en Ale-
mania para presentar los fundamentos y principios de una
estética marxista " 8 • Otro de los jóvenes intelectuales de la
época de Grümberg fue Franz Borkenau, nacido en Viena
en 1900 y quien participó activamente en la política comu-
nista y del Komintern desde 1921 hasta su desengaño en
1929. En 1934, ya en el exilio, el Instituto pubicaría en
París, con algún retraso, su libro Der Ubergang vom feu-
dalen zum bürgerlichen Weltbild (La Transición de la con-
cepción feudal del mundo a la burguesa), una obra pionera
sobre los cambios ideológicos que habían acompañado al
ascenso del capitalismo, verdadero intento de llevar a cabo
una historia materialista de la filosofía moderna, que in-
cluye notable análisis del pensamiento de Descartes, Ho-
bbes, Gassendi, Pascal y otros pensadores de la primera época
de ascenso de la sociedad burguesa, que recientemente ha
sido comparada con el estudio sobre Pascal y Racine de
Lucien Goldmann, Le Dieu caché 9 •

En el tomo IV de la Zeitschrift für Sozialforschung, el


órgano publicístico que sucedería al Grümbergs-Archiv
como vehículo de expresión del Instituto tras la posesión
de Horkheimer como su director desde enero de 1931, apa-
recería en 1935 un trabajo de otro intelectual comunista,
Henryk Grossmann, quien discutiría la tesis de Borkenau.
Se trata del ensayo sobre Los fundamentos sociales de la
filosofía mecanicista (Die gegellschaftlichen Grundlagen der

8 Helga Gallas, Marxistische Literaturtheorie (Ncuwied y Berlín 1971 ). p.


111. Citada por Jay, Op. cit., p. 44.

9 Cfr. Gcorge Lichthcim, The Concept of Jdeology (Ncw York. 1%71. Cita·
do por Jay, Op. cit., p. 45.

19
mechanistischen Philosophie), que en realidad complementa
polémicamente los aportes de la obra de Borkenau. Gross-
mann era un erudito en historia económica. En 1916 había
pubicado una investigación sobre la política comercial aus-
tríaca en la segunda mitad del siglo XVIII. Tras la guerra
trabajó en investigaciones estadísticas sobre la riqueza na-
cional de Polonia, su país de origen (había nacido en Craco-
via en 1881 ), y en 1921 fue el jefe del primer censo polaco,
siendo nombrado profesor de la economía un año después
en Varsovia, hasta que se vio obligado a abandonar el país
por la hostilidad de la dictadura del Mariscal Pilsudski, en
1935. En los años 1926/1927 había sido invitado por Grüm-
berg a Francfort, en donde dictó una serie de conferencias
que fueron recogidas por el primer tomo de los Schriften
del Instituto en 1929 con el título La ley de la acumula-
ci6n y el colapso en el sistema capitalista (Das Akkumula-
tions - und Zusammenbruchsgesetz des kapíttalistischen
Systemas), que recogía una problemática familiar a los
teóricos de la socialdemocracia y el movimiento obrero
europeo y que ya a finales del siglo pasado había despertado
viva polémica a raíz de los artículos publicados por Berns-
tein en la revista de Kautzky, Die Neue Zeit, en la cual inter-
vendrían intelectuales tan destacados como Rosa Luxem-
burgo, Heinrich Cunow, Otto Bauer, Tugan-Baranovski,
Rudolf Hilferding y Fritz Sternberg. La polémica continua-
ría en los medios de Francfort, particularmente por parte de
otro economista destacado del Instituto a quien ya hemos
hecho alusión, el amigo y protector de Horkheimer, Frie-
derich Pollock, quien precisamente ausmiría las funciones
administrativas del mismo tras el ataque de Grümberg en
1927 que lo obligaría a renunciar dos años más tarde a la
dirección.

La enfermedad de Grümberg y su ulterior retiro de la


dirección del Instituto señalan la finalización de lo que
pudiéramos considerar la "primera etapa" en su historia y
desarrollo intelectual. A partir del año 28, miembros más

20
jóvenes y que ya no compartían el mismo celo por el mar-
xismo ortodoxo de corte kautzkyano-engelsiano que había
caracterizado al jurista vienés y a sus protegidos tomaron la
iniciativa. Por esta época se vincularon al Instituto dos jóve-
nes intelectuales que, al lado de Pollock y Horkheimer, irían
a determinar en buena medida la marcha ulterior. Se trataba
de Leo LOwenthal y Theodor Wiesengrund Adorno, que en
el futuro abandonaría su apellido paterno y sería conocido
por el de su madre, una cantante notable de origen corso
que influyó decisivamente en el destino y las aficiones mu-
sicales de su hijo. LOwentha1 había nacido en 1900 en
Francfort. Después de prestar servicio militar durante la
guerra, se había embarcado en estudios de literatura, histo-
ria, filosofía y sociología en Francfort, Heidelberg y Giessen,
obteniendo su doctorado en el 23 en la primera de las ciuda-
des mencionadas con una tesis sobre Franz von Baader. Du-
rante su tiempo de estudiante había frecuentado los mismos
círculos radicales a los que habían pertenecido Horkheimer,
Pollock y Weil, de quien se había hecho amigo ya en el
Gymnasium. Estuvo vinculado igualmente al círculo de inte-
lectuales judíos agrupados alrededor del rabino Nehemiah
A. Nobel, al cual pertenecían entre otros Martín Buber y
Franz Rosenzweig, y del cual surgiría la famosa l<reies Jüdis-
ches Lehrhaus (Casa judía de enseñanza libre) en 1920, en
cuyo recinto retomaría contacto con un amigo de sus afios
más juveniles que luego ingresaría al Instituto e inauguraría
en él el interés por la integración del Psicoanálisis con el mar-
xismo, aunque años más tarde, durante la emigración ameri-
cana, abandonara su intento y al Instituto mismo. Se trataba
del joven Erich Fromm. Lowenthal ingresó al Instituto hacia
1926 aunque sólo se haría miembro pleno, en calidad de
Hauptasistent, en 1930. Su interés por cuestiones literarias
le llevó a ser el asesor artístico de la Volksbühne (Tablado
del pueblo), la organización teatral de Jos radicales, en la
que colaborarían algunos de los grandes del teatro alemán
moderno, como Erwin Piscator y el joven Bcrtold Brl·cht.
La presencia de Lowenthal en el Instituto a finales lk la d~-

21
cada de los veinte resulta muy sintomática del proceso que
se venía produciendo en él y en las nuevas generaciones de
pensadores radicales. "Puede decirse que si en los años ini-
ciales de su historia el Instituto se interesó básicamente en
el análisis de la infraestructura económica de la sociedad
burguesa, en los años posteriores a 1930 su interés primor-
dial radicó en su superestructura cultural. En verdad, como
se verá, la fórmula marxista tradicional relativa a la relación
entre las dos fue cuestionada por la Teoría crítica" 10 •

El caso de Adorno es ciertamente excepcional. Había


nacido en Francfort en 1903 como hijo de un comerciante
en vinos, judío asimilado, y una cantante que todavía du-
rante su matrimonio prosiguió una carrera de éxito. Du-
rante sus años de Gymnasium había trabado estrecha amis-
tad con Siegfried Krakauer, con quien se embarcó por
entonces en la lectura de la Crítica de la razón pura de
Kant, experiencia que él considería más tarde como mucho
más valiosa que la adquirida en su educación universitaria
formal. Krakauer combinaba su interés por las ideas como
tales con una profunda sociología del conocimiento y una
consecuente desconfianza hacia los sistemas cerrados de
pensamiento así como un énfasis en lo particular, caracte-
rísticas que heredaría su discípulo. Las coincidencias entre
el trabajo de los dos amigos, particularmente l:'n lo refe-
rente al análisis innovador de los fenómenos culturales,
como el cinc, que combinaba enfoques filosóficos y socio-
lógicos, permanecerían durante toda su vida, también más
tarde, cuando ambos tuvieron que emigrar a los Estados
Unidos 11 • En cuanto a su relación con Horkhcimer. con

10 Jay. Op. cit., p. 53.

11 Una descripción de Krakauer Sl' encuentra en el ensayo de Adorno "Der


Wunderliche Realist. Uber Siegried Krakauer" (Noten zur Literatur 1//,
Suhrkamp Verlag, Francfort 1965). La obra clásica de Krakaucr ("From
Calligari tu Hitler") fue publicada por la Princcnton l.iniversity Prcss en
1947. Existe una traducción al español: Editorial Nueva Visión de Buenos
Aires ( 1961).

22
quien Adorno también cerraría una estrecha amistad de
toda la vida, ésta se iniciaría en Francfort en 1921, dos anos
más tarde de la llegada de aquél a la ciudad (había nacido en
Stuttgart corno hijo de un industrial judío, en 1895 ).

La incorporación oficial de Adorno al Instituto, sin em-


bargo, fue tardía. Apenas en 1938, en la emigración, se
haría miembro. Por la época en que se fundaba el Instituto
Adorno estaba más interesado en su formación musical. En
1924 se había doctorado con Cornelius, en cuyo seminario
había conocido a Horkheirner, con una tesis sobre Husserl 12 •
Ambos habían frecuentado también los cursos de Gelb, uno
de los irnpulsadores de la sicología de la Gesta/t. Pero Ador-
no, que había conocido en el verano del 24 a Alban Berg
en un festival de música en Francfort y se había dejado
seducir por algunos fragmentos de su ópera aún no estre-
nada Woyzzeck, basada en el drama de Büchner, decidió
seguirlo a Viena en donde se hizo su discípulo de composi-
ción, mientras mejoraba su técnica pianística y se dejaba
influir por los experimentos atonales de Schonberg, asistien-
do igualmente a las exquisitas lecturas de Karl Kraus. Cuan-
do regresó a Francfort su maestro Cornelius se había
retirado de la cátedra, siendo reemplazado por el teólogo
:Paul Tillich que era amigo personal de Horkheimer, Lowen-
thal y Pollock y quien le ayudó para hacerse Privatdozent
en 1931, habilitándose con un estudio sobre la estética de
Kierkegeard 13 . Dos años más tarde tendría que abandonar
~1 país, trasladándose a Oxford, en donde permaneció por
espacio de 4 años antes de dirigirse a los Estados Unidos, en
donde entraría de lleno a trabajar en el Instituto, con el cual
ya había colaborado sin embargo, particularmente en los

12 Die Transzendenz des Dinglichen und Noematischen in llusserls Phá"riO·


menologie (La trascendencia de lo cósico y lo noemático en la fenom<'no-
logfa de 1/usser/, Francfort 1924 ).

13 Kierkegaard. Konstruktion des A esthetischen (Tü bingcn. 193 3 ). hosh' u ua


nueva edición revisada (Suhrkamp Vcrlag, Francfort 1966 l.

23
Estudios sobre autoridad y familia, publicados en París en
1934. La obra monumental The Authoritarian Personality,
que apareció en 1950 en Nueva York y Londres, y en la cual
la intervención de Adorno fue ciertamente decisiva, comple-
taría y complementaría en detalle aquellos estudios, acaso
los primeros en que se combinaron tan afortunadamente el
psicoanálisis, la filosofía y la sociología en el análisis de una
situación concreta y dramática: el ascenso del fascismo
europeo. En 1947 publicarían Adorno y Horkheimer su
obra conjunta Dialéctica de la ilustración, en la cual, toda-
vía bajo el efecto traumático del fascismo, los dos amigos
someterían a una crítica implacable el ciego destino de la
razón burguesa. Para valorar la importancia de su presencia
en el Instituto basta recordar las palabras con que su amigo,
considerablemente mayor, lo despediría a su muerte, acae-
cida en el verano de 1969. Decía Horkheimer:

No era filósofo, porque la filosofía significara para él una dis-


ciplina, una rama o una especialidad, sino porque la conside-
raba como el esfuerLo por organizar la ciencia y el arte, la
sociedad y la política en su relación con aquel "algo más"
que no se deja determinar concluyentemente, pero que se
halla presente tanto en las grandes obras filosóficas y artís-
ticas, como en el anhelo de los sujetos humanos autónomos
( ...). Hoy día, nosotros y muchos de los que en el mundo, se
interesan por el pensamiento, lamentamos la desaparición de
uno de los espíritus más notables de esta época de transi-
ción 14 •

Desde mucho antes del triunfo de la contrarrevolución


hitleriana a finales del mes de enero de 1933 los miembros
del Instituto, previendo el inevitable ascenso de Hitler 15 ,
14 Max llorkheimer, Gedenkworte. En: Th. W. Adorno zum Gediichtnis
(Franefort 1971). Versión española en Teoría crítica, Barra! Editores. Bar-
celona 1973.

15 Cfr. Herbcrt Marcuse en diálogo con J. Habermas en 1978: "Nadie dudaba


en el Instituto que Hitler llegaría al poder y permanecería por un tiempo
imprevisible en él una vez que lo hubiera conquistado" ("Gesprac:he mit

24
habían decidido emigrar. Horkheimer, que en el año 29
había ocupado, con la ayuda de Tillich, la cátedra de "filo-
sofía social", la primera de su clase en una universidad ale-
mana, y que en enero de 1931 había pasado a suceder a
Grümberg en la dirección, había emprendido ya algunos
pasos en ese sentido transfiriendo los fondos del Instituto a
Holanda y estableciendo algunos contactos en Ginebra,
entre otros con Albert Thomas, el director de la Organiza-
ción Internacional del Trabajo, quien se había ofrecido para
colaborar en la instalación de una filial en esta ciudad. Aun-
que el temor ante el avance de los nacional-socialistas era una
motivación determinante -los nazis habían pasado de ocu-
par 12 a 107 curules en el Reichstag en las elecciones parla-
mentarias de septiembre de 1930 y en las de julio de 193 2
habían obtenido casi el 38% de los sufragios y 230 curules,
con lo cual se convertían en el partido más fuerte del parla-
mento- habían otros motivos para la vinculación con la
OIT. Esta debería colaborar en la recolección de datos y la
circulación de cuestionarios destinados a una investigación
sobre las actitudes de obreros y empleados en relación con
una serie de cuestiones, tanto en Alemania como en los
otros países industrializados de Europa. Era la primera tarea
que se proponía desarrollar el Instituto bajo la dirección de
Horkheimer, quien en su discurso inaugural sobre "Las con-
diciones actuales de la filosofía social y la tarea de un insti-
tuto de investigación social" 16 , había claramente señalado
el "nuevo estilo", que significaba un abandono de la moda-
lidad de trabajo del período de Grümberg. "La filosofía
social, como Horkheimer la veía, no sería una simple Wis-
senschaft (ciencia) en busca de una verdad inmutable. Debía
ser más bien entendida como una teoría materialista enri-

Marcuse·: Suhrkarnp Vcrlag Francfort 1978. Versión al español de R.J.V.


en el Magazin Dominical deHII!:qJectador, Bogotá, 5, 8, 79).

16 Publicado en los Frankfurter Universitatsreden XXVII (Francfort 1931)


Cfr. Jay Op. cit., p. 59. También en Max Horkheimer, Sozialphilosophicllc
Studien (Athenaurn Fishcer Taschcmbuch Vcrlag 1972).

25
quecida y suplementada por el trabajo empírico, del mismo
modo que la filosofía natural estaba dialécticamente relacio-
nada a disciplinas científicas individuales" 17 •

En Ginebra se acercaría a Horkheimer otro intelec-


tual de origen judío, que ya a finales del 32 había entrado
en contacto con Leo Lowenthal en Francfort. Se trataba
de Herbcrt Marcuse, quien con el transcurso del tiempo
llegaría a ser uno de los teóricos más prominentes de la
escuela y probablemente el más consecuentemente radical.
Había nacido en Berlín en 1898 en el seno de una familia
de la burguesía acomodada. A la edad de 20 aflos había
participado en la revolución, como miembro del concejo
de obreros y soldados del distrito de Reinickendorf en su
ciudad natal, del cual se retiró cuando se aceptó en él la
elección de antiguos oficiales. Tras el asesinato de Karl
Liebknecht y Rosa Luxemburgo en enero de 1919 aban-
donó igualmente el partido socialdemócrata, al cual se había
afiliado recientemente, por su traición a la revolución ale-
mana. Inclinado inicialmente a los estudios literarios, en el
afio 22 se había doctorado con una disertación sobre el
Künstle"oman, trabajando luego en una editorial berlinesa
y en una librería de anticuario. En 1929 regresó a Friburgo,
en donde frecuentó los cursos de Husserl y Heidegger, cuya
obra Ser y Tiempo había aparecido dos aflos antes impac-
tando desde el primer instante a la juventud académica del
momento 18 . De esta época datan sus primeros trabajos filo-
17 Loe. cit.

18 En el diálogo citado con Habermas, Marcuse describe en los siguientes tér·


minos el impacto de Ser y tiempo: "Yo creo que el tránsito de lo que
usted llama el universo conceptual heideggeriano al marxismo no consti·
tuyó un problema personal sino generacional. Lo decisivo fue el fracaso de
la revolución alemana, del cual fuimos testigos mis amigos y yo propiamen-
te ya en el año 1921 e incluso antes, con el asesinato de Karl y Rosa. No
parecía existir entonces nada con lo cual uno se pudiera identificar. Enton-
ces llegó Heidegger, en el año 1927 apareció Ser y tiempo. Por entonces
había concluido yo mi primer estudio, me había doctorado en el año 1922,
había trabajado durante un tiempo en una casa editorial y librería de anti-

26
sóficos, que publicarían en revistas como los Phtlosophische
Hefte de Maximilian Beck y Die Gesellschaft, la célebre pu-
blicación que fundara y orientam Rudolf Hilferding. Con
Heidegger preparó Marcuse su trabajo de habilitación, que
aparecería en la editorial Klostermann de Francfort en 1932
con un expreso reconocimiento hacia el trabajo filosófico de
Heidegger al final de la introducción. Sin embargo, no se
trataba de un trabajo epigonal. En el segundo número de la
Zeitschrift Für Sozialforschung Adorno resef'íaría este libro
-La ontolog(a de Ilegel y la fundamentación de una teo-
ría de la historicidad- considerando que Marcuse estaba
alejándose de "el significado del Ser hacia la amplitud del
ser-en-el-mundo (Seienden), de la ontología fundamental
hacia la filosofía de la historia, de la historicidad (Geschich-
tlichkeit) hacia la historia" 19 • Pero Marcuse no pudo habili-
tarse. Al parecer, divergencias ideológicas con Heidegger
desempef'íaron algún papel. Lo cierto es que tras el nombra-
miento de Hitler como Canciller del Reich, el maestro de la
Selva Negra adheriría públicamente a la "revolución nacio-
nal"20, mientras su discípulo izquierdista se vería obligado,

cuario y me encontraba no obstante todavía a la bú~queda. ¿Qué sucede


tras el fracaso de la revolución? Esta era una pregunta absolutamente deci-
siva para nosotros. Se enscñ.aba entonces bastante mosofía, la escena aca-
démica la dominaban el neo-kantismo, el neo-hegelianismo. Y de pronto
aparece Ser y tiempo como una filosofía realmente concreta. Aquí se
hablaba del "Dasein", de la "existencia", del "uno", de la "muerte", de la
"preocupación". Eso parecía tocarnos. Esto duró hasta 1932 aproximada-
mente. Entonces comenzamos a notar -y hablo en plural porque en reali-
dad no se trataba sólo de un proceso personal- que esa concreción era
bastante falsa( ... )".

19 Zcitschrift Für Socialforschung 1, 2 (1932) p. 400. Cfr. Jay, Op. cit. p. 63.

20 El discurso rectoral de Heidegger llevaba por título "Die Selbstbehauptung


der Deutschen Universitiit" (La autoafirmación de la Universidad Alema-
na). Existe una documentación sobre- la actuación de Heidegger en los pri-
meros años del régimen nacionalsocialista. Cfr.: Guido Schneeberger Na-
eh/ese zu Heidegger (Bern, 1%2). También el artículo de Beda Allemann
"Martín Heidegger und die Politik" en el volumen de la Neuc Wissenschaf-
tliche Bibliothnek consagrado al filósofo y editado por Otto Pogelcr (Kie
penhauer und Witsch, Koln/Berlín 1%9).

27
como tantos otros, a emigrar para combatir la dictadura des-
de el extranjero.
Su primera colaboración para el Instituto consistió en
una revisión cuidadosa del concepto de autoridad en la tra-
dición de la época moderna, desde Lutero a pensadores de
la última fase de la cultura burguesa del siglo XIX como
Wilfrcdo Pareto y Sorel, pasando por Kant, Hegel, los idco-
lógos de la contrarrevolución romántica y Marx, que cons-
tituyó la ..parte ideohistoriográfica" de los Estudios sobre
autoridad y familia. que aparecerían en París en la librería
de Félix Alcán en 1936. También publicaría en la Zeitschrift
uno de los primeros análisis sobre el fenómeno del fascismo,
La lucha contra el liberalismo en la concepción totalita-
ria del Estado (Tomo 111, 2, de 1934 ), que iniciaría una serie
de estudios sobre el tema realizado por diferentes investiga-
dores del Instituto entre los cuales cabe mencionar a Hork-
heimer, Adorno, Otto Kircheimer y Franz Ncumann, cuyos
ensayos fueron recogidos y editado por el mismo ~.1arcusc
tras su muerte en 1954 en la obra, ya clásica, T:ze Demacra-
tic and The Authoritarian State 21 • En el trabajo mencio-
nado, Marcuse las emprendería con su maestro Heidegger,
cuyo "decisionismo" existencial encontraba ideológica-
mente emparentado con el elaborado por Carl Schmitt
en su teoría constitucional de la dictadura. Para ilustrar la
asimilación del existencialismo Heideggeriano al natura-
lismo irracionalista y al activismo propio del ••realismo
heroico" que caracteri7..a la ideología fascista, Marcuse
contrastaba las palabras de Hegel en su lección inaugural
en Berlín en 1818 con el discurso de posesión de Heide-
gger, como rector de la Universidad de Friburgo en mayo
de 1933 y con una alocución posterior del mismo afio a los
estudiantes de la universidad. Decía Hegel:

Lo que en la vida es verdadero, grande y divino lo es por idea ...

21 Existe una traducción al espafiol: El estado democrático y el estado au-


toritario (Paid6s, Buenos Aires 1968).

28
todo lo que conserva y da sentido a la vida humana, lo que
tiene valor y vale, es naturaleza espiritual y este reino del
espíritu existe solo por la conciencia de la verdad y del
derecho, por la comprensión de las ideas 22 •

El rector Heidegger, por lo contrario, ya no parecía creer


en ellas cuando decía a sus estudiantes: "No son máximas e
ideas las reglas de vuestro ser. Solo el Führer es la realidad ac-
tual y futura de Alemania y es también su ley" 23 • Las similitu-
des con la "teoría del órgano" de Schmitt parecen evidentes.

Con la llegada de los nazis al poder, el destino de un


Instituto que desde su fundación se había fijado como uno
de sus propósitos expresos el prolongar y hacer consciente
la tradición revolucionaria del pensamiento materialista ra-
dical-el marxismo- no podía ser otro que tomar el camino
de la emigración. Horkheimer, quien como se ha dicho pasó
buena parte del afio 32 en Ginebra, regresó a Francfort poco
antes del nombramiento de Hitler como nuevo Canciller del
Reich. Era el primer gabinete, en el cual todavía jugaba
algún papel el partido conservador católico -el Centrum,
representado por Von Papen y otros-, pero de todos modos
significaba el comienzo del régimen terrorista. Si se consi-
dera en particular que la mayoría de los miembros del Ins-
tituto eran de ascendencia judía, aunque su comportamiento
fuera el de judíos asimilados y con la excepción de Lowen-
thal y Fromm desvinculados de las actividades de la comu-
nidad, se comprende la urgencia -Y prudencia- con que se
realizaron las gestiones y se hicieron los primeros contactos
conducentes a buscar asilo, así fuera provisorio, en Suiza,
en Londres y París. También en el mismo afio 33 un enviado
de Horkheimer nacido en los Estados Unidos -Julián Gum-

22 Citado por Marcuse, Cfr.: La lucha contra el liberalismo en la concepción


totalitaria del estado. En: Cultura y Sociedad (Editorial Sur, Buenos Aires,
1970) p. 44.

23 Loe. cit.

29
perz, quien desde el 29 había sido estudiante de Pollock y
miembro del partido comunista en una época24 - inició
pesquisas en Nueva York, que condujeron en 1934 al tras-
lado del Instituto y su instalación en la 429 Est 117 Street,
como asociado a la Universidad de Columbia.

Horkheimer, quien había pasado la frontera suiza en el


mes de marzo de 1933, fue uno de los primerps profesores
destituidos y oficialmente despojados de su cátedra, junto
con sus amigos Karl Mannheim, el teólogo Paul Tillich y
el jurista Hugo Sinzheimer. La biblioteca del Instituto, de
cerca de 60.000 volúmenes, fue confiscada por la policía
cuando este fue clausurado por "tendencias hostiles al Es-
tado" y se llegó inclusive a arrestar a Wittfogel que había
regresado al país a organizar la resistencia y quien pasaría
casi todo el resto del año en un campo de concentración,
hasta que la presión internacional, frente a la cual el régi-
men todavía debía mostrarse sensible, permitió su libera-
ción. Pero era claro que con el llamamiento de Hitler por
parte del viejo Mariscal Von Hindemburg (moriría en el
mes de agosto de 1934) se iniciaba una nueva era. Y ter-
minaba otra, porque con el fascismo, la cultura burguesa,
el sistema legítimamente de la época determinaba en lo
esencial por la forma de dominio y de organización de la
convivencia humana basada en la explotación del trabajo
"libre" y la sistematización de la producción de mercan-
cías, desaparecería igualmente. En Alemania se decidió
su destino. Con el abandono de la tradición humanística,
de la preocupación ética que habita en los propósitos más
íntimos del idealismo alemán y la Aufklarung, todas las

24 El caso de Gumperz resulta muy sintomático y característico del destino


de los intelectnales comunistas de los años 20. Había sido el editor de la
revista del part\do, Die Rote l<ahne. En los Estados Unidos se convirtió en
corredor de bolsa y publicó en 1947 un libro anticomunista. También Bor-
kenau y Wittfogel se harían anticomunistas. El primero actuó como co-
rresponsal de guerra durante la guerra civil española y escribió una obra
famosa (The Spanisch Cockpit}.

30
instancias rectoras de la vida social revelaron su carácter
instrumental, que todavía en la atmósfera y en el espacio
social de la democracia burguesa podía ser disimulado pre-
cisamente por el proceso de su propia eficiencia legitimante.
Si se consideran los textos de derecho público de algunos
de los juristas alemanes del período nazi, comenzando por
Carl Schmitt, se percibe el cambio. Ahora es la administra-
ción, la administración inmediata de la vida social. La reifi-
cación ha llegado a tal extremo que la doctrina jurídica
aparece por completo desarraigada de su cultura, como si
ella fuese una mera técnica, solamente un sistema de dis-
positivos. Los mecanismos de explotación de la fuerza de
trabajo, la movilización terrorista del proletariado y el
pueblo en función de la acumulación de los capitalistas
exigía ahora el estricto control sobre la vida social. En
los campos de concentración la racionalidad capitalista
llegaría a su perfección 25 .

En el mes de febrero de 1933 el Instituto inauguró en


Ginebra su filial, que con el nombre de Societé Internatio-
nale de Recherches Sociales se convirtió en su centro admi-
nistrativo, con dependencias en Londres y París, en donde
pudo compartir las oficinas del Centre de Documentation
de la Ecole Superior, dirigido desde 1920 por Celestin Bou-
glé, alumno de Durkheim. Aquí pudo disfrutar del apoyo de
Henri Bergson, quien se había mostrado notablemente im-
presionado con el trabajo del Instituto. Precisamente en el
segundo volumen de la Zeitschrift für Sozialforschung del
33 aparecería la reseña de Horkheimer sobre Las dos fuen-
tes de la moral y de la religión, en la cual éste, aunque

25 Cfr. con las apreciaciones de Klaus Mcschkat en el Naehwort a la impor-


tante obra de M. Mauke Der K/assenbegriff bei Marx und Engels (Euro-
páische Verlagsanstalt, Francfort 1970}:

"Auschwitz era para él presente agobiante, punto de culminadún tk la


racionalidad de aprovechamiento capitalista". (Se refiere a la t·xpnit·m·üt
y reflexión de M. Maukc) p. 169.

31
reconocía el mérito de Bergson en su crítica al racionalismo
abstracto, desechaba como ideología su fe en la intuición
como vehículo de conocimiento de la fuerza vital universal.
"La intuición -decía Horkheimer- de la cual Bergson es-
pera derivar la salvación tanto en la historia como en el co-
nocimiento, tiene un objeto unificado: vida, energía,
duración, desarrollo creativo. En realidad, sin embargo, la
humanidad está dividida, y una intuición que busca penetrar
a través de las contradicciones pierde de vista lo histórica-
mente decisivo 26 • También en un artículo del año subsi-
guiente sobre la "Metafísica del tiempo de Bergson", que
éste consideró "muy penetrante filosóficamente" y llamó
"una seria profundización de mis trabajos" 27 Horkheimer
las emprendía contra el intuicionismo bergsoniano. Aunque
aceptaba como válida la distinción entre la experiencia del
tiempo y el tiempo abstracto de las ciencias naturales, con-
sideraba una equivocación el pretender elaborar una meta-
física de la temporalidad. La "duración" (durée) resultaba
casi tan abstracta y vacía como la idea del tiempo de aque-
llas. "Ver la realidad como un flujo ininterrumpido signi-
ficaba ignorar la realidad de sufrir, envejecer y morir. Era
absolutizar el presente y así inconcientementc repetir los
errores de los positivistas". La verdadera experiencia, afir-
maba Horkheimer, resistía una homogenización semejante.
La tarea del historiador consistía en preservar la memoria
del sufrimiento y promover la exigencia de "un cambio
histórico cualitativo" 28 •

A pesar de la acogida y el entusiasmo de algunos de los


intelectuales franceses más distinguidos del momento, el

26 Zeitschrift Für Sozialforschumg 11, 2 ( 1933), p. 106, Jay, Op. cit., p. 98.

27 Citado en el primer tomo de la Kritische Theorie (Fischer Verlgag Francfort


1968, edición a cargo de A. Schmidt) p. 175, de una carta de Bergson a C.
Bouglé del24. l. 1953, Cfr. Jay, Op. cit., p. 98.

28 Reseña de Jay, Op. cit., p. 99.

32
Instituto no logró echar raíces en Francia. Cuando el editor
de la revista en Leipzig, C. L. Hirschfeld, comunicó a sus
directivos que no podía asumir el riesgo de continuar edi-
tándola, Bouglé sugirió en su reemplazo a la Librairie
Felix Alcán de París, que editaría también algunos de los
escritos más notables de este período, como los Estudios
sobre autoridad y familia y la obra de Borkenau sobre el
proceso ideológico de la edad moderna y el escrito polé-
mico de Grossmann sobre ella 29 • Pero con la ocupación
alemana en 1940 también este editor de la revista tuvo que
·enmudecer. Horkheimer había visitado Nueva York en mayo
de 1934 y había establecido contactos, entre otros con el
presidente de la Universidad de Columbia, quien le había
ofrecido la asociación a la universidad e incluso había pues-
to a disposición del Instituto un local en el distrito de Mor-
nigside Ileights. Como una consecuencia de tal ofrecimiento
se produjo la instalación en la capital del mundo capitalista.
Marcuse llegaría en julio de este año, y en los dos meses sub-
siguientes arribarían Lowenthal, Wittfogel y Pollock. En
cuanto a Erich Fromm, desde el año 1932 se encontraba en
los Estados Unidos, como docente del Chicago Institute of
Psychoanalysis. Eran los primeros de una larga serie de inte-
lectuales europeos que huían de la noche del fascismo y que
durante los años de su ofensiva contribuirían notoriamente
a renovar la vida espirtual de los Estados Unidos; una buena
parte de ellos permaneció también después de la segunda
guerra en el país que los había acogido.

No se produjo sin embargo, una integración a la vida


académica americana hasta la década de los cuarenta 30 •

29 Cfr. Suprra p. 7 y 8 del presente trabajo.

30 La obra de los investigadores agrupados alrededor del Instituto en su perío-


do neoyorquino se recogió en los Studies in Philosophy and Social Science
que aparecieron hasta 1941 y en los Studies in Prejudice, que fueron su bsi-
diados por el American Jcwisch Committe. El más importante de estos tra-
bajos es la obra ya mencionada The Authoritarian Personality en la que
intervino Adorno. Fue publicada en New York y Londres en Harper and

33
La voluntad de mantener viva la tradición humanística de
la cultura y la lengua alemana, que los nazis habían degra-
dado, fue uno de los propósitos expresos del Instituto
durante su exilio. La revista continuó apareciendo en la
Librairie Felix Alean, en idioma alemán, hasta que los ocu-
padores nazis hicieron obligatoria su suspensión, y fue
durante este período que aparecieron varios de los trabajos
más importante de Horkheimer, Marcuse, Fromm, Lowen-
thal, Neumann y otros de sus colaboradores. Todos los
miembros del Instituto eran conscientes de que tras la de-
rrota de Hitler su trabajo podría sentar las bases para una
reconstrucción. Aunque agobiados por el triunfo del fascis-
mo, nunca abandonaron la esperanza. En 1934 escribiría
Horkheimer en una colección de aforismos que fueron
publicados bajo el seudónimo de "Hcinrich Regius" para
posibilitar su circulación en Alemania: "El ocaso del capi-
talismo no iniciará necesariamente la noche de la humani-
dad, que por cierto parece amenazarnos hoy" 31 •

Row en 1950. Los otros Studies son: Dinamics of Prejudice: A Psycholo-


gical and Sociological Study of Veterans, De Bruno Bettelheim y Morris
Janowitz; Antf.semitism and h'notional Disorder: Jahoda; Prophets of
Deceit, de Leo Lowenthal y Norbert Guterman y Rehl'Jirlllll for Destruc-
tion de Paul Masing. Todos estos trabajos aparecieron en los aflos 1949 y
1950, :tunque su elaboración se remonta a varios años atrás. llorkheimer
publicó en 1947, en idioma inglés, una colección de ensayos que reprodu-
cía conferencias públicas dictadas en la primavera de 1944 en la Universi-
dad de Columbia, con el título Eclipse of Rl'Jison (Oxford University Press,
Inc., New York 1947). Debe recordarse además, que la muy importante
obra de Marcuse Rl'Jison and Revolution, Hegel and the Rise of Socal
Theory, apareció igualmente en Nueva York durante la guerra (Humanities
Press Inc., New York 1941) y que el libro de aforismos y reflexiones de
Adorno, Mínima Moralia (Suhrkamp Verlag, Frankfurt 1951), también fue
elaborada en el exilio americano. Dialektik der Aufklarung, apareció en
1947 en la Querido Verlag de Amsterdam.

31 Heinrich Regius (M. llorkheimer), Diimmerung, p. 8.

34
- 11-

'
----------------------------------------------
~~·

En algunos de los escritos publicados por la Revista para


:la Investigación Social en la década de los 30 aparecen los
motivos más característicos del nuevo pensamiento que en
'ella se formulaba. En el32 Horkheimer sometía a un severo
análisis la circunstancia social que caracterizaba en ese mo-
mento el mundo capitalista: la crisis. No sólo la crisis eco-
nómica, que se había iniciado con el colapso de la bolsa de
New York aquella tarde del 24 de octubre de 1929 (los
periódicos comentarían a diario sobre nuevos millonarios
arruinados que se lanzaban de los rascacielos ... ). Se trataba
de la crisis del universo capitalista mismo y por lo tanto
también, de la encrucijada en que se encontraban la ciencia
y la cultura burguesa. Vale la pena considerar que por esa
época otro pensador, el maestro de su maestro, el viejo
Husserl, también meditaba sobre ello, y que 4 años más
tarde publicaría el resultado de su meditación con el título
"La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología tras-
cendental" (Belgrado, 1936).

El ensayo de Horkheimer es, en contraste con la obra de


Husserl, un trabajo breve. Sin embargo, en la intensidad lk

35
la reflexión se manifiesta, desde un comienzo, una intención
explicativa radical como solo se adquiere en el laboratorio
del materialismo dialéctico. Horkheimer introduce desde el
principio la circunstancia social de su reflexión y de su ob-
jeto, como la única posibilidad de escapar efectivamente al
solipsismo. Pero al reconocer en primer lugar la estructura
material-social sobre la cual aquel aparece, reconoce igual-
mente la alternativa radical de transformación que siempre
fue reprimida por la razón burguesa (desde Descartes, con
su "moral provisional" ... ). Desde un principio, su medita-
ción está guiada por una finalidad transformadora:

En la crisis económica general, la ciencia aparece como uno


de los numerosos elementos de la riqueza social que no cum-
plen con aquello para lo cual estaban destinados. Tal riqueza
supera hoy con mucho la que poseyeron épocas anteriores.
Sobre la tierra hay más materias primas, más máquinas, más
mano de obra instruida y mejores métodos de producción
que antes, pero todo ésto no redunda, como correspondería,
en provecho de los hombres. En su forma actual, la sociedad
se manifiesta incapaz de emplear efectivamente las fuerzas
desarrolladas en ella y la riqueza producida dentro de su
marco. Los conocimientos científicos comparten el destino
de las fuer1:as y medios productivos de otra índole: se los
emplea muy por debajo de lo que permitiría su alto nivel de
desarrollo y de Jo que exigirían las reales necesidades de los
hombres; de este modo también se frena su ulterior desplie-
gue cuantitativo y cualitativo. Tal como lo ha demostrado el
curso de crisis anteriores, el equilibrio económico se restaura
únicamente sobre la base de un vasto aniquilamiento de valo-
res humanos y de valores prácticos 32 •

Frente al ejercicio de la ciencia, el análisis materialista


no se detiene en sus logros, que no ignora, pero exige
de él que contribuya al esclarecimiento de la situación real
en que se encuentran los individuos socializados, de tal

32 Observaciones sobre ciencia y crisis. En: Teoría crítica. Traducción de


Edgardo Albizu y Carlos Luis. Amorrurtu Editores, Buenos Aires, 1974.

36
·· anera que haga posible no solo la explicación efectiva sino
n ella, en primer lugar, la desintegración del aparato ideo-
·co legítimamente que los mantiene escindidos y separa-
os, alejados de la praxis transformadora:

No sólo la metafísica es ideológica; lo es también la ciencia


criticada por ella, en tanto conserva una forma que impide
descubrir las causas reales de la crisis. En modo alguno sig-
nifica ésto que en quienes la cultivan no exista la preocupa-
ción por la verdad pura. Son ideológicas todas las formas de
la conducta humana que ocultan la verdadera naturaleza de la
sociedad erigida sobre antagonismos. Verificar que los actos
de fe filosófica, moral, religiosa, las teorías científicas, los
enunciados jurídicos y las instituciones culturales desem-
peñan esta función, en modo alguno concierne al carácter de
sus sostenedores, sino al papel objetivo que tales actos cum-
plen en la sociedad. Opiniones en sí correctas, valores teóri-
cos y estéticos indiscutiblemente elevados, pueden tener, en
detenninados contextos, un efecto ideológico; por el contra-
rio, hay muchas ilusiones que no son ideológicas. En los
miembros de una sociedad, la ilusión ideológica se origina
necesariamente sobre la base de su posición en la vida eco-
nómica; solo cuando las circunstancias han avanzado mucho,
alcanzando las oposiciones de intereses tal agudeza que tam-
bién la mirada del hombre común puede descubrir esa ilu-
sión, se suele construir un auténtico aparato ideológico con
propósitos conscientes. Cuando una sociedad consolidada es
puesta en peligro por obra de tensiones que le son inmanen-
tes, crecen fuerLas que apuntan a conservar la ideología y,
por fin, se vigorizan los medios para sostenerla con la vio-
lencia ... Dentro de la ciencia correspondiente a un período
de este tipo, el momento ideológico suele aparecer menos en
la forma de juicios falsos que en su falta de claridad, ambi-
güedad, su lenguaje encubridor, su actitud ante los proble-
mas, sus métodos, la dirección de sus investigadores y, princi-
palmente, en todo aquello frente a lo cual cierra los ojos33 •

33 Op. cit., pp. 19-20.

37
Particularmente en aquellos ensayos que pudiéramos
considerar ..programáticos,. en el sentido de articular y pre-
sentar los motivos y cuestiones que preocupan e interesan
a este pensamiento, encontramos algo así como una enun-
ciación de los tópicos, y problemas que motivan y originan
la reflexión. Los criterios no son objeto de una expresa for-
malización. Ellos están inscritos en el programa de la razón
(Vernunft) misma: realización. Por ello, la prosa continua
que caracteriza su discurso indica igualmente que se ha re-
nunciado a toda intención sistemática exterior, precisa-
mente para concentrar la atención del lector en la esencial
..socialidad" de todo asunto del pensar; en hacerle compren-
der que sólo la referencia a los procesos efectivos, materia-
les, a los procesos de producción y reproducción de la so-
ciedad, permite finalmente entender de qué manera está
estructurada la realidad, la sociedad, el mundo que él debe
transformar y ha de transformar. Pensamiento teleológico
radical, considera que el estricto conocimiento de lo real
en toda su pluriformidad, tal y como lo busca la ciencia, es
solo una parte de la verdad, y que sólo en la sociedad libre
ella será posible.

En el propósito más íntimo del pensamiento crítico


materialista se encuentra pues la voluntad emancipadora,
el convencimiento de que la historia del desarrollo del
género humano ha cumplido ya con aquellas tareas histó-
ricamente necesarias que, desde la aurora de la historia
misma -el establecimiento de la división social del tra-
bajo-- han sentado las bases materiales y culturales para
que la humanidad, finalmente y al precio de la ignominia
universal, pueda desarrollarse y reconocerse plenamente a
sí misma.

Sobra decir que las premisas de este pensamiento fueron


establecidas por Marx y Engels, quienes a su vez recibieron
el influjo de la cultura universal en su momento y en par-
ticular se hicieron herederos de la gran tradición de la ilus-

38
tración, inglesa, francesa y alemana; de las motivaciones fun-
damentales de la gran filosofía alemana y de esa peculiar
disciplina del pensar producida por las mentes más lúcidas
de la burguesía inglesa: la economía política. Desde la gran
revolución francesa se había formulado, también, una vaga
ideología de la felicidad. Desde la conspiración de los iguales
y desde el martirio de Babeuf, el ideal comunista, que reco-
gía una tradición milenaria y que en Europa ya había encon-
trado en el místico calabrés Giacomo de Fiore (ca. 1130-
1202) uno de sus primeros poetas, se encarnaba ahora en las
aspiraciones y en los escritos de los utopistas franceses.

Pero el reconocimiento de sus premisas en el pensamien-


to de los dos grandes no significa de ningún modo aceptarlo
como un cuerpo de doctrina cerrada y acabado que exclu-
yera la contribución crítica y su ulterior desarrollo. Por su
naturaleza misma materialista es un pensamiento y un cono-
cimiento abierto a la experiencia y al desarrollo de sí a
partir de la experiencia, que no permite la codificación esco-
Ustica. No es un saber retrospectivo y legítimamente sino
un conocimiento proyectivo emancipador.

El pensamiento materialista es negativo. Se funda en el


descubrimiento de la relación de dependencia del proceso
general de la cultura con respecto a los procesos económi-
cos, el proceso de producción y reproducción material de la
vida social..Marx y Engels lo decían ya en el47 en la Ideolo-
gía Alemana:

Las premisas de que partimos no tienen nada de arbitrario,


no son ninguna clase de dogmas, sino premisas reales, de las
que solo es posible sustraerse en la imaginación. Son los indi-
viduos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida,
tanto aquellas con que se han encontrado como las cngcn·
dradas por su propia acción.

Este pensamiento busca ser estrictamente conh.•mpor:í-


neo, pensar efectivamente lo real. Esto se rdlcja ya l'll su

39
lenguaje. Al evitar consecuentemente recaer en alguna onto-
logización, se obliga a calificar los fenómenos de la realidad
y la cultura insistiendo siempre en la articulación general, el
modo específico en que transcurre la convivencia entre los
hombres: el pensamiento crítico negativo siempre está ha-
blando del capitalismo.

No es necesario caer en el reduccionismo mecanicista del


marxismo vulgar para comprender que los fenómenos cultu-
rales, los discursos, las formas y organizaciones de la cultura
histórica están determinados en último término por los
procesos económicos. El joven Luckacs lo formulaba muy
suscintamente:

Así pues, marxismo ortodoxo no significa reconocimiento


acrítico de los resultados de la investigación de Marx, ni fe en
tal o cual tesis, ni interpretación de una escritura "sagrada".
En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusiva-
mente al método. Esa ortodoxia es la convicción cient(fica
de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el méto-
do de investigación correcto y que ese método no puede
continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido
de sus fundadores ... 34.

Pero al sentar tales premisas, el pensamiento materialista


había socavado, ya en Jos años 40 del siglo pasado, la ilusión
ideológica propia de la filosofía, de ser una actividad absolu-
tamente original (.. Ursprungsphilosophie") que se funda~
menta y se justifica desde sí misma. El interés del pensa-
miento materialista es, sin embargo, típicamente filosófico
-emancipatorio, para utilizar una formulación reciente- 35 ,

34 Georg Luckas, Qué es marxismo ortodoxo. En: Historia y conciencia de


clase. Traducción de Manuel Sacristán, Grijalbo Barcelona 1975, p. 2.

35 Cfr. Jürgen Habermas, Conocimiento e interés, traducción de Guillermo


Hoyos. Ideas y Valores. Revista del Departamento de Filosofía de la U.
Nacional Nos. 42-43 (1975).

40
él ha elegido la realización de la filosofía, contribuir a la
·Conformación de un orden social racional, dentro del cual
:tos postulados más elevados de la razón, formulados en
~buena parte por la filosofía, se hayan materializado en una
modalidad específicamente nueva -es decir, justa- de la
:convivencia entre los hombres: el fin de la prehistoria.

Si la superación de la filosofía corre paralela a su reali-


.zación, la conciencia plena del problema obliga también al
,pensador materialista a asumir una tarea específicamente
:Crítica: no solo cuestionar radicalmente esa actitud tardía
ide la razón burguesa, su endurecimiento instrumental, sino
:·exigir la reflexión. En particular frente a esas "superacio-
.nes" demasiado cómodas de ella que de ningún modo con-
'ducen a su realización y más bien trabajan en pro de la
'estabilización del orden burgués. Cuando se construya el
orden social racional, cuando la realidad y la modalidad de
:la convivencia entre los hombres ad:mtezcan dentro de la
·sociedad justa, la filosofía se habrá realizado, porque enton-
1Ces el hombre, la humanidad, se encontrarán a la altura de
~su concepto, como todavía se puede decir en hegeliano. Y
entonces también, la filosofía habrá sido superada.

Al propugnar por la superación de la filosofía, el pensa-


miento materialista fundamenta su proyecto en su propio
·concepto de la razón como libertad, que tiende a su realiza-
ción. Pero para evitar igualmente caer y permanecer en una
actitud contemplativa o de ensoñación religiosa, la actitud
del crítico es ya radicalmente distinta a la del pensador-
organizador "contemplativo". La realidad, el mundo deben
ser transformados. Si tal pensamiento asume como tarea
expresa ejercer la crítica sobre la actitud pasiva, contempla-
tiva, de la filosofía, debe poner al desnudo los mecanismos
más sutiles de la racionalidad que subyace al proceso de tal
filosofía: la racionalización instrumental, tal y como se da
y opera en los procesos ciegos de la sociedad de intercam-
bio. No acepta como legitimación positiva del mundo ese

41
proceso de racionalización progresiva de las relaciones ínter-
personales ni mucho menos su descripción apologética (pero
"libre de valor") en los discursos. El materialismo dialéctico
no desconoce tal racionalidad (se podría decir precisamente
que él la ha reconocido por primera vez, aunque desde lue-
go, alguna parte del trabajo correspondió realizarlo a los
economistas burgueses). Pero lo ubica en la dimensión que
le corresponde: la dimensión instrumental. Y comprende de
antemano que esa racionalidad instrumental es ella misma
causa y efecto del proceso que ha acompafiado al desarro-
llo y ascenso de la civilización capitalista: la transformación
de la historia en historia universal.
En la introducción del afio 57 a su Contribución a la
crítica de la economía política lo dice Marx: "La historia
mundial no ha existido siempre; la historia como historia
mundial es un resultado". Pero Marx no quiere comprender
el concepto de progreso "de la manera abstracta habitual'',
ideológicamente. Ello explica la precisión con que Marx
realiza sus estudios de economía iniciados en su primer exi-
lio parisino, hacia el 43.
El resultado más importante de estos extensos estudios
históricos de Marx, que constituyen la base material de toda
su teoría económico-política (y a la que, en esta medida.
pertenecen), es la comprensión de la radical historización de
la historia conexa al "devenir" y a la "existencia" de la pro-
ducción capitalista. La historia pasa a ser historia mundial en
la medida en que los hombres salen de la scminaturalidad de
las agrupaciones y comunidades precapitalistas. en la medida
en que viven bajo relaciones que no son ya dadas. sino produ-
cidas36.

Ya en los primeros párrafos del Manifiesto de/48 habían


expresado Marx y Engels su reconocimiento hacia la tarea
históriCa cumplida por el capitalismo:

36 Alfred Schmidt, Historia y estructura · critica del estructuralismo mar-


xista, traducción de Gustavo Muñoz. Comunicación Serie B. Madrid 1973.
pp. 35-36.

42
La burguesía ha desempeñado en la historia un papel alta-
mente revolucionario. Donde quiera que ha conquistado el
poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, pa-
triarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que
ataban al hombre a sus "superiores naturales" las ha desga-
rrado sin piedad para no dejar sustituir otro vínculo entre los
hombres que el frío interés, el cruel "pago al contado". Ha
ahogado r.l sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo
caballerer.co y el sentimiento del pequeño burgués en las
aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad
personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las nume-
rosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desal-
mada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la
explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha es-
tablecido una explotación abierta, descaradas, directa y
brutal...

Cuando más avanzadas se encuentran las investigaciones


Marx, vuelve a considerar más en detalle este proceso de
}onalización universal que ha producido el ascenso del
pitalismo:

El Capital crea así la sociedad burguesa y la apropiación uni-


versal tanto de la naturaleza como de la relación social misma
por los miembros de la sociedad. Hence thc grat civilising in-
fluence of capital; su producción de un nivel de la sociedad,
frente al cual todos los anteriores aparecen como desarrollos
meramente locales de la humanidad y como una idolatría
de la naturaleza ( ... ). El Capital, conforme a esta tendencia
suya, pasa también por encima de las barreras y prejuicios
nacionales... liquida la satisfacción tradicional, encerrada
dentro de determinados límites y pagada en sí misma, de las
necesidades existentes y la reproducción del viejo modo de
vida ( ... ). El Capital derriba todas las barreras que obstaculi-
zan el desarrollo ... y el intercambio .de las fuerzas naturales
y espirituales ... 37 •

37 Marx, Grundrisse der Kritik der Politischen Okonomie (Berlín, 195.1) p.


313. Citado por Schmidt. Loe. cit.

43
Y sin embargo, tal desarrollo debe ser comprendido
siempre en la perspectiva de la transformación radical. Des-
de muy temprano reconoció Marx esa condición dialéctica
de la historia del capitalismo. Que a partir de un determi-
nado momento, cuando la mediación universal creada por
el capitalismo entre en contradicción con las relaciones y
formas sociales que lo legitiman, una nueva sociedad y una
nueva civilización se impondrán sobre él. El pensamiento
crítico cuestiona la idea misma de progreso, mientras tal
progreso se mueva meramente en la dirección que señala la
razón instrumental y no se oriente a la organización radical-
mente nueva de la vida social, de acuerdo con las posibilida-
des históricamente dadas al cambio 38 •

Como heredero de una tradición materialista que le es


muy anterior, este pensamiento reivindica la idea de la feli-
cidad como bien supremo, pero solo en cuanto realización:
felicidad terrena. Por ello ha de reivindicar justamente aque-
llos elementos sometidos a la consecuente represión que
exigía el proceso de la acumulación y el desarrollo del capi-
talismo, y más allá del capitalismo, desde luego, toda la
historia de la humanidad. Se parte de aceptar que la cultura
es culpable ...

frente a lo normativo, el materialismo reivindica la es-


pontaneidad, frente a la sublimación, la materialidad del
deseo subyugado: hambre, nostalgia. Y sin embargo, no ol-
vida que en el proceso universal de la cultura humana, la
lucha entre la necesidad y la libertad, la búsqueda del reino,
también ha producido a través del arte casi una síntesis, un
milagro. Nada más alejado del propósito emancipador radi-
cal que la burda consideración rencorosa frente a la sucesión

38 En un ensayo de Herbert Marcuse -Htica y rei'Olución- éste habla de la


posibilidad de cuantificar y medir exactamente las posibilidades de la trans-
formación radical de la sociedad. Existe una traducción espai'lola (Taurus.
Madrid, 1962).

44
infinita de la cultura humana. Ya el joven Marx Prevenía
contra la confusión. Incluso allí donde el materialismo vis-
lumbra momentos positivos en la regresión, la comprende
dialécticamente. Por ello, el cuidado por la cultura culpable
se convierte al mismo tiempo en preocupación por su des-
tino. Como lo dijo Adorno:

Quien aboga por la conservación de la cultura radiealmente


culpable y desgastada se hace cómplice, mientras que quien
se niega a la cultura promueve inmediatamente la barbarie
como la cual se reveló la cultura 39.

El materialismo contemporáneo está animado por el


. propósito de invertir el tradicional predominio de los pro-
cesos económicos en el destino de los individuos y la socie-
i dad. Aunque acepta de antemano y postula como el~mento
:.metodológico ineludible el reconocimiento de la dependen-
!cia real del individuo con respecto a los procesos materiales
;-la permanente reproducción de la vida social-, está justa-
tmente interesado en liberar a los individuos y a la saciedad
¡en su conjunto de tal predominio, de manera que puedan
:llegar a ser progresiva e infinitamente libres.

El propósito del pensamiento materialista y de la revo-


lución es precisamente superar la relación que han recono-
cido como fundante, la que se ha establecido entre la infra
y la superestructura, de manera que se posibilite Progresi-
vamente el "reino de la libertad", del cual Marx habla
simpre en modo negativo, como de Jo que "no es" y como
aquello hacia lo cual tiende el proceso de liberació11 de la
historia. Liberar a los hombres -a los individuos y a la
sociedad- de tal predominio, y en particular del predo-
minio que unos -los propietarios de los medios de Produc-
ción-- ejercen sobre la gran mayoría de proletarios y despau-
perizados, de tal manera que éstos, los hombres, Puedan

39 Negative Dialektik (Suhrkamp Verlag, r-'rankfurt 1966 ).

45
configurar ellos mismos su destino al poder disponer de su
propia existencia, sometida hoy desde sus mismas raíces a
la fatalidad de las leyes ciegas del. mercado -e inmediata-
mente para el proletario, del mercado de trabajo-, entregada
a un elemento de esencial casualidad. De donde se explica
la obsesiva insistencia del materialismo en la necesidad, en
las necesidades del individuo socializado. Mientras las ideo-
logías que buscan legitimar el dominio transfiguran su falsa
explicación de lo real en idealizaciones normativas, el mate-
rialismo recuerda permanentemente la carencia. Correspon-
diéndose con esto, la reflexión acompañada a la exigencia.
cuando no a la protesta. La afirmación del bien de uso, la
reivindicación del bienestar de la mayoría frente al cálculo
frío de la ganancia, se convierte igualmente en consigna.

En el proceso de su trabajo reflexivo el mat(!rialismo se


hace heredero de las preocupaciones básicas y de los temas
y problemas más característicos, específicos de la filosofía.
de la gran tradición del pensamiento filosófico. Considera
su tarea también el apropiarse de la verdad contenida en los
grandes textos de la reflexión filosófica. En particular de
ese momento culminante de la ilustración burguesa que fue
el Idealismo Alemán, como lo recordará Lenín en su folleto
divulgativo sobre las fuentes del marxismo, aunque induda-
blemente también es deudor del materialismo sensualista
francés, de Voltaire, "el gran amigo de la humanidad", del
Barón de Holbach, pasando por Diderot y Juan Jacobo. Y
sin embargo, considera que esta verdad de la filosofía es
provisional; que ella sólo llegará a ser plenamente verdad en
el proceso de realización y superación de la filosofía misma.
La filosofía práctica de Kant, los postulados de la razón y
la conciencia moral, lo imperativo del imperativo categórico,
constituyen acaso el mejor ejemplo para ilustrar esta situa-
ción peculiar que no sólo al sano entendimiento común
parece paradójica. No ver en el otro un medio sino un fin,
obrar como si la propia acción respondiera a una preocupa-
ción universal por la comunidad de los hombres, resulta

46
1evidentemente imposible en una sociedad en la cual priman

l
t la competencia y la explotación del trabajo ajeno, ello anti-
cipa la instauración de un orden social finalmente armónico
cuyo principio rector sea la solidaridad.

! Lo anterior quiere decir que el materialismo hace cons-


¡ ciente la contradicción --que en sí alberga un momento
l progresivo·· entre los postulados más generales de la filoso-
; fía burguesa y su no materialización en la práctica. Su vo-
¡ cación universal emancipadora io lleva a cuestionar el
¡carácter
1
de sujeto abstracto que ha adquirido el hombre en
:la tradición de la filosofía desde Descartes y que se corres-
! ponde con el proceso de abstracción del individuo real, tal
y como se da en el interior y a la base de la sociedad de in-
tercambio, la sociedad capitalista. El materialismo lleva a
cabo una interrogación radical de los presupuestos básicos
de la filosofía burguesa, que parten de esa abstracción,
cuyo esclarecimiento se impone justamente como tarea
básica, con base en la explicación del proceso real de los
antagonismos sociales. Y sei'iala además al mismo tiempo
las alternativas de un cambio efectivo que logre superar
una circunstancia en la cual el individuo, como puntualiza
Horkheimer, es mera aparicncia 40 . Por ello cuestiona por
encima de todo la predominancia y hegemonía de una
fatalidad social que hace del principio de adaptación -la
forma burguesa del principio de supervivencia- el máximo
criterio del trabajo de la cultura. Frente a la adaptación
ciega, en función de la cual trabajan todos los aparatos ideo-
lógicos, todas las instancias mediadoras de la sociedad capi-
talista, el derecho, la economía, la educación, el materia-
lismo reivindica también el poder de la fantasía como
facultad que pueda anticipar eventualmente el orden racio-
nal41 . Frente a la positivisación legítima, frente a la cultura

40 Max Horkheimcr, Teoría tradicional y Teoría crítica (1937). 1-:n Teoría


critica, Op. cit., pp. 231 y ss.

41 Op. cit., p. 251. Un reciente trabajo vuelve a tema tizar lo reft·rcntt• al papd

47
afirmativa en su conjunto, la energía emancipadora de la
fantasía, la nostalgia infinita del deseo subyugado y la pro-
testa contra el malestar resultante desempeñan un papel
liberador, ya en el proyecto.

Pero además, esta fantasía no flota en el aire. Ella se


concretiza en la consideración de las posibilidades reales
tanto materiales como sociales, de la transformación efec-
tiva de la coexistencia humana, condicionada desde luego
también y en forma decisiva por el estado de desarrollo de las
fuerzas productivas y el avance de la ciencia y de la técnica.

Parece conveniente recordarlo cuando se hace el balance


y la evaluación de las revoluciones proletarias de nuestro
tiempo. El carácter atrasado de las sociedades en que tuvie-
ron lugar, comenzando por la Rusia zarista, determinó tam-
bién en buena medida y casi fatalmente el que su esfuerzo
se agotara en el proceso de la ..acumulación socialista".
Sentaron las bases para el socialismo, cuando no poseían ni
siquiera plenamente desarrolladas las premisas del capita-
lismo. Luego vino la deformación de la revolución, el
ascenso de la burocracia, el terror. ..

Se podría calificar de utópico el propósito que anima


el trabajo del pensamiento crítico materialista y difícil-
mente podría él renunciar a tal denominación. segura-
mente sospechosa a quienes difícilmente olvidarán cuantas
veces la ilusión quizo legitimar la opresión 42 • Sin embargo,
no debe olvidarse que este pensamiento considera siempre
su propósito a partir de las posibilidades reales y efectivas

emancipador de la fantasía, relacionando por ejemplo el aporte del su"ea-


lismo a la cultura de la rcvoludón contemporánea. Cfr. J. M. Brown, Marx,
Freud y la crítica de la vida cotidiana (Amorrurtu Editores. Buenos Aires.
1975).

42 Cfr. d relato de Brccht "Si los tiburones fueran hombres" en 1/istorios de


calendario.

48
. del cambio, contrastando siempre la dificultad en relación
Ja las disponibilidades técnicas, el desarrollo de las fuerzas
productivas y de la cultura humana ('n general, pero también
desde luego, al grado de perfeccionamiento de la naturaleza
humana en su capacidad para reivindicar la libertad con-
creta, la felicidad. De aquí que cuestione los criterios cien-
tíficos o cientificistas que hacen resaltar el antagonismo
xistente entre la seguridad de la predecibilidad científica y
posibilidad o el futuro de la verdad misma considerada
mo realización de la razón. Problematiza ci proceso por
edio del cual el concepto mismo de teoría se ha indepen-
dizado y reificado, como si fuese posible fundamentarlo a
artir de una supuesta "esencia" del conocimiento, desco-
ociendo su carácter social, su finalidad de dominio y su
unción. Considera igualmente necesario replantear de
ntinuo el problema del conocimiento, colocándolo en
elación con procesos sociales que motivan nuevos cono-
'mientos, nuevos descubrimientos, nuevas pespectivas en
cesión tendencialmente infinita.

El pensador materialista debe ser consciente en primer


~ugar de la libertad aparente dentro de la cual se cumple el
lproceso cognoscitivo, que está sometido en la realidad y
¡efectivamente al de la división social del trabajo. Desde sus
~orígenes el proceso del conocimiento se ha cumplido de
manera restrjngída, como privilegio y tarea de quienes no se
.encontraban directamente imbricados en el proceso del tra-
bajo material. Si tal pensamiento es consciente de tal apa-
riencia de libertad del intelectual o teórico y si tiene que
considerar como una de sus premisas el reconocimiento de
la división social del trabajo, si de antemano toma concien-
cia de su "'situación" y su condicionamiento social, necesa-
riamente tiene que insistir tanto en la historicidad del
"objeto" percibido cuanto del órgano que lo percibe. Al
relativizar de tal manera el carácter del conocimiento mis-
mo, cuestiona igualmente los criteros de utilidad. de ~·fi­
cacia, de adecuación y de productividad, qm· constituy,·n
los parámetros básicos de la razón instrumental. Al cuestio-
nar estos criterios y esta libertad aparente del sujeto del
conocimiento, el materialismo debe asumir como contra-
dicción consciente el carácter escindido del individuo en la
sociedad, tal y como es hoy. Se parte de aceptar la existen-
cia de la sociedad de intercambio como una etapa necesaria
en el desarrollo de la humanidad, en la cual se cumplen
tareas históricamente necesarias, indispensables en el
proceso de ascenso de las fuerzas productivas y el desarrollo
implacable de la ciencia y la técnica: la superación de la
particularidad.

Aceptar este estado de cosas significa considerar el


carácter progresivo del capitalismo, pero siempre en función
del cambio cualitativo de la vida humana para el cual aquel
pone las premisas:

Si Marx no hubiese sido un dialéctico crítico, se habría limi-


tado a celebrar esta función emancipatoria e histórica del
capital. Marx no olvida nunca, más allá del contenido hu-
mano-genérico de la riqueza desplegada en el mundo moder·
no, su "limitada forma burguesa" que es necesario superar
(aufl1eben). Y retorna el tema central de Jos Manuscritos de
París. al poner relieve que bajo la forma burguesa, bajo las
relaciones dominantes, "esta elaboración plena de lo interno
aparece corno vaciamiento pleno. esta objetivación universal
como enajenación total, y la destrucción de todos los objeti-
vos unilaterales ... como sacrificio del objetivo propio a un
objetivo completamente externo ... "43.

Reconocer este estado de cosas no significa aceptarlo,


sancionarlo, legitimarlo. El sólo puede ser admitido como
circunstancia provisional dd género humano. La sociedad
actual es, de acuerdo con este pensamiento, esencialmente
incomprensible para sus miembros. El espacio social se ha
enrarecido y reificado a tal grado que los individuos no pue-

43 A. Schmidt, Op. cit., p. 37.

50
·den ya reconocerse a sí mismos como tales. Dice Horkhei-
mer: "La razón no puede hacerse comprensible a si misma
mientras los hombres actúen como miembros de un orga-
nismo irracional" 44 •

La nueva teoría materialista manifiesta una radical opo-


ición al concepto tradicional de teoría, a cuya función
egitimadora ya no le reconoce futuro, y exige del sujeto
volucionario y del teórico materialista revolucionario
laborar un nuevo concepto de teoría que siendo conscien-
.te de los hechos y de la estructura real de la sociedad pien-
de antemano en su transformación, considere las alter-
ativas radicales de cambio que las condiciones históricas,
ráctico-sociales del momento, hacen posible.

El teórico crítico no considera en ningún caso los he-


chos que ha de estudiar como ··exteriores". La facticidad
en su conjunto y los hechos singulares deben ser por lo con-
trario comprendidos como relaciones que se encuentran
·bajo el control de los hombres o, en todo caso, han de que-
dar en el futuro bajo su control, con lo cual pierden su ca-
,rácter de fatalidad social ante la cual el individuo sólo puede
~comportarse pasivamente en la adaptación, tal y como sucede
ÍCOn los postulados básicos de la razón burguesa, que ya con
;Descartes recomendaba la abstención. El dominio de la na-
:turaleza por el conocimiento de sus leyes, en cuanto a lo
'otro, el problema del orden -o del desorden social-, eso no
;tenía remedio: cerrar los ojos o ser espectador más que
iactor, como lo aconsejaba también su predecesor, el señor
ide Montaibrné5 • La dicotomía permanente entre el que-

44 Max Horkheimer, Op. cit., p. 241.

45 Cfr. Montaigne und die Funktion des Skepsis (Montaigne y la fi¡neión del
escepticismo). Traducción española en Teoría crítica, edición de Barra!
Editores 1973, pp. 9-75. Igualmente Egoísmo y movimiento liberador .
Contribución a una antropología de la época burguesa ( 1936 ). lm la n·co-
pilación de Amorrurtu editores ya citada, pp. ISl-222.

51
hacer y la actividad del individuo, caracterizados por una
espontaneidad meramente aparente y la conciencia teleoló-
gica de fines que acompaña a la racionalidad propia del
quehacer práctico o científico, debe ser superada. Pero es
que se parte de aceptar y reconocer que esta racionalidad
de la actividad práctica y científica coexiste con la irracio-
nalidad inherente al proceso del trabajo y de la reproducción
material de la vida. La visión tcnsionada del hombre, que
corresponde todavía a una experiencia trágica de su vida y
que es íntimamente inherente al pensamiento materialista,
alberga un concepto que se opone a sí mismo mientras sub-
sista la escisión de la sociedad. La identidad del hombre está
siempre puesta en el futuro, no en el presente, porque el
hombre y c1 género están siempre rezagados respecto de sí
mismos. El proceso de la prehistoria apenas si ha colocado
los cimientos, apenas si ha sentado las premisas que le per-
mitirán situarse a la altura de sus propias y más genuinas
posibilidades.

52
CONCLUSION

Tal vez resulte entonces oportuno -o imprescindible-


preguntarse en este momento cuál ha de ser la tarea especí-
fica del intelectual y el teórico, del trabajador de la cultura,
del maestro. Quien modestamente deseé contribuir con una
consecuente lucidez al minucioso e implacable análisis de
una realidad que ha de ser transformada, acepta la responsa-
bilidad de cohesionar el anhelo, de servir como vehículo y
expresión consciente de los antagonismos sociales en el pro-
ceso emancipador de las clases dominadas. Con base en el
privilegio que le ha conferido la casualidad de la división
social del trabajo, el intelectual, que generalmente proviene
de los sectores medios de la población, con acceso a la cul-
tura profesional y superior, puede llegar a ilustrar efectiva-
mente a las masas sobre las inmensas posibilidades que se
abren para ellas cuando se pongan en marcha y a colaborar
también, desde luego, en la inspiración de los necesarios
procesos instrumentales de la revolución. También Lenín
consideraba esta forma de integración orgánica del intelec-
tual al proceso emancipador del proletariado y el pueblo,
aunque desde luego iba más lejos con su centralismo dcmo-

53
crático, y Gramsci acuftó el término para designarlo subs-
tantivamente.

El período que se ha descrito en este libro corresponde


a un momento específico de la época moderna -la crisis
de la democracia liberal- con toda su peculiaridad y con-
tradicción, y el pensamiento que se reseña en él se vió afec-
tado directamente por ello. La lectura debe por lo tanto
estimular también la reflexión sobre lo que es para nosotros
pasado inmediato, tanto en el fascismo europeo como en la
crueldad de la lucha contra la insurgencia de los pueblos co-
loniales y neocoloniales: la administración del terror en
función del mantenimiento del privilegio de individuos,
clases, naciones.

Mientras por un lado esclarece las contradicciones so-


ciales propias de una situación determinada en un momento
histórico concreto, mientras contribuye por otra parte a
desmontar la ilusión ideológica que a través de mecanismos
de persuación que van de la manipulación familiar a la des-
vergonzada administración de los sueños y frustraciones del
ciudadano normal y que mantiene al individuo abstracto es-
cindido y ausente, el intelectual, el teórico, puede llegar a
ser factor estimulante y por lo mismo transformador de
tales circunstancias. También el intelectual y el teórico pue-
den llegar a ser agentes propulsores de una transformación
radical de la sociedad, acorde con las posibilidades objetivas
que el desarrollo de la ciencia y de la técnica, así como de
la cultura humana en general, hacen realizables en un mo-
mento histórico y para una sociedad dada.

Por ello, debe reivindicar plenamente su derecho al dis-


frute de todo lo que exige el austero ejercicio de la reflexión
y el completo desarrollo de la experiencia del conocimiento:
la libre investigación, la confrontación con los hechos, la
interrogación permanente, la revisión de los resultados a par-
tir de nuevas experiencias. Debe intervenir tamhk~n cuando

54
se cuestiona apresuradamente la necesidad de la reflexión y
se la remplaza por un decisionismo irracional que sólo cum-
ple con el dispositivo sin interrogar primero por la natura-
leza de las cosas y al que corresponde con frecuencia -·des-
de la oposición- un activismo ciego -también con frecuen-
cia sentimental- que proviene en ocasiones de la incapaci-
dad para la disciplina (el esfuerzo del concepto) o de repri-
mir lo ya descubierto, lo ya incorporada a la conciencia, la
incapacidad para discernir y comprender por qué se actúa,
cómo, cuándo o de qué manera, por qué es necesario fun-
damentar primero, anticiparse a la idea, tener presente que
la acción solo es tal cuando tiene un sentido 46 •

46 El doctor Laing ha considerado en forma muy aguda la problemática de la


"acción" y el "actuar", incorporando a su análisis de la personalidad esqui-
zoide un fragmento de Hegel que se refiere a lo mismo:

"El acto es algo sencillo, determinado, universal, que debe captarse como
un todo abstracto, distinto; es asesinato, robo, un beneficio, un acto de
valor y así sucesivamente, y lo que es puede decirse de él. Ea esto y lo otro,
y su ser no es meramente un símbolo, es el hecho mismo. Es esto, y el ser
humano individual es lo que el acto es. Por el simple hecho de que el acto
es, el individuo es para los demás lo que realmente es y posee una determi-
nada naturaleza general. y deja de ser meramente algo que "se entiende" o
"se presume" que es esto o aquello. Sin duda no es puesto allí en la forma
de mente; pero cuando es cuestión de su ser en cuanto ser, y el doble ser
de forma corporal y acto se enfrentan el uno al otro, pretendiendo cada
uno de ellos ser su verdadera realidad, solamente la hazaña es la que se con-
sidera su auténtico ser; no su f¡gura o su forma, que expresaría lo que
"quiere" comunicar mediante sus actos, o lo que alguien podría "conje-
turar" que sería meramente capaz de hacer. De la misma manera, por otra
parte, cuando su ejecución y su posibilidad interior, su capacidad o su in-
vención se oponen, solamente la primera ha de ser considerada como su
verdadera realidad, aún si se engaña a sí mismo al respecto y, después de
que ha regresado de su acción a sí mismo, pretende ser alguna otra cosa en
su "mundo interior" distinta de lo que es en el acto. La individualidad, qul'
se lanza hacia el elemento objetivo, cuando se entrega a una hazaña, sin
duda, se coloca ante el riesgo de ser alterada y pervertida. Pero lo <¡m· ,¡,.
cide el carácter del acto es simplemente esto: que la hazaña sea un;t <WIIt
real que se sostenga, o que sea meramente una ejecución presunta u ""'
puesta", que en sí misma, es nula y vacía y se desvanece. La uhi•·llvttn• tnu
no altera el acto mismo; simplemente muestra lo que la lu11arl¡¡ ,.,.. ,... d•, u
si es o si es 11/lda ".
Ciertamente puede el intelectual llegar a ser un factor
estimulante y por lo tanto transformador de tales circuns-
tancias. No la .. lntelligentzia que flota libremente.., col):lo
propone Mannheim, no el escepticismo de los rentistas que
desde Montaigne recomiendan la prudencia y que por lo
demás el mismo sistema se encarga de hacer cada día más
escasos. Si la preocupación por la cultura culpable significa
igualmente la preocupación por su destino y por las formas
de la convivencia humana, ella debe conducir a la concien-
cia plena de la regresión que la razón instrumental burgUesa
hace posible, en razón de su propia y peculiar contradicción
inherente.

La conciencia materialista crítica se sabe arraigada en


una tradición. Quien se ha apropiado de los criterios bási-
cos del materialismo histórico y dialéctico ha terminado por

En el interior del psicoanálisis y la siquiatría dinámica tal problemática está


relacionada con formas de comportamiento que se pueden considerar como
un "pseudo-actuar" -así, el "acting out", la "actuación", o, como síntoma
muy generalizado en las sociedades industriales, la racionalización del yo
débil a base de compensaciones reactivas y fantasías que pueden ser objeto
de manipulación masiva-. Todo ello está igualmente vinculado al problema
de la identidad y de los trastornos "fronterizos" de la personalidad (Bor-
dedine), sobre lo cual la literatura psicoanalítica de los últimos años es
bastante numerosa.

El texto de Hegel y el comentario subsiguiente provienen del capítulo V de


Divided Self Traducción española: El yo dividido (FCE, México 1964),
pp. 83-84. Erik Erikson ha trabajo muy concienzudamente sobre el pro·
blema de la identidad, la "crisis de identidad" de la adolescencia, las situa-
ciones que ponen a pruelr.a la identidad (migraciones masivas, expatriación,
etc.). Cfr. Infancia y sociedad (Ediciones Hormé, Paidos, Buenos Aires
1980).

También la recopilación de sus ensayos en Identidad, juventud, crisis


(Paidos, Buenos Aires, 1975) y su contribución al ciclo de conferencias
conmemorativas del centenario de Freud, en Heidelberg y Francfort
(1956). Cfr. Freud en ltJ actualidad, (Barra!, Barcelona 1972), editado por
Th. W. Adorno y W. Kirks. Existe un buen trabajo de un siquiatra guate-
malteco que introduce a la problemática del "Bordeline". Cfr. El colérico
(Bordeline} de César Meza, Joaquín Mortlz SA, México 1970.

56
comprender también el sentido y el destino de la filosofía.
El sentido de la filosofía, su programa concreto, su aspira~
ción máxima: desaparecer progresivamente ante su propia
realización. Ante la objetivación de la razón a través de la
ciencia y de la técnica cuando ello acontece en la forma de
una reorganización racional de la convivencia entre los
hombres. Marx utiliza precisamente un concepto de Hegel
-Aujhebung- para calificar el destino de la filosofía: su~
perarse, desaparecer. Idéntico destino corresponde cumplir
al proletariado: superarse, desaparecer, autorrealizarse 47 •

Las consecuencias que de este destino se siguen tiene


que ver con la disolución de la filosofía desde el interior
de sí misma 48 . Sus categorías deben ser ahora sometidas
a un proceso hermenéutico de naturaleza metacrítica: de~

47 Marx, Contribución a la critica de la filoso/fa del derecho de Hegel: "No


podréis superar la filosofía sin realizarla".

48 SegÚn Marcuse, en el pensamiento de Heidegger la filosofía burguesa se


disuelve a sí misma desde el interior de sus propias categorías. Su primera
época se corresponde con la "crisis de la humanidad europea" y de la pro-
pia conciencia burguesa en un período de recesión económica generalizada
y de ascenso del fascismo. Carlos Astrada ve en la conferencia de Husserl
(1935) una advertencia sobre el fascismo.

De todos modos es significativo que Heidegger remplaza el "sujeto" tras-


cendental, que todavía era un supuesto para los neo-kantianos, por el
"man", el uno de la experiencia inmediata cotidiana: el ciudadano normal.
También Husserl se aproxima a ubicar el problema de la "constitución tras-
cendental de sentido" en una dimensión más concreta que sus predeceso-
res. La "intersubjetividad" puede ser considerada un nombre para lo socilll.
Cfr. para Heidegger: Ser y tiempo, en particular los parágrafos 25-27 y
34-38, en los cuales se hace tema lo propio de la co-existencia y su lengua-
je: la habladuría y la ambigüedad, Husserl ya se había aproximado a la
problemática en sus Meditaciones cartesillnas, manuscrito de 1929 editado
en 1950 y luego en 1963 con la edición de otros pasajes provenientes de
una versión mecanotaquigrafiada de 1932. Cfr. Husserliana, B. 1., Martinus
Nijhoff, La Haya, que contiene además los "Pariser Vortriige", conferencias
dictadas en el Amphitetttre Descartes de la Sorbonne los días 23 y 25 de
febrero de 1929, que constituyen un trabajo preparatorio de aquellas. Exis-
te una traducción incompleta al español, de José Gaos (El Cnll!!lin de
México, 1950).

57
ben ser consideradas siempre desde el contexto de la razón
instrumental, comprendida como una forma histórica en
crisis. Ello implica también asegurar una vinculación efectiva
con los resultados y planteamientos de las ciencias: de la
lingüística, de la sociología y la historia, de la antropología
y la economía que representan referencias indispensables
-como la teoría de la libido y el sicoanálisis- a todo inte-
rrogar genuino sobre la naturaleza de lo social; de la física
y la química, la biología y microbiología cuando la pregunta
corresponde a tales dimensiones del Ser.

La conciencia de tal imbricación obliga además a la ope-


ración responsable con las categorías y los conceptos, así
como con los instrumentos epistemológicos que sean de
rigor en cada caso. De ningún modo puede permitirse la
referencia a un saber previamente legitimado que sirviera
de disculpa o racionalización, de ningún modo puede acep-
tarse como válido el invocar doctrinas sancionadas o decla-
radas sacrosantas en contra de la rigurosa observación, ave-
riguación y constatación de la naturaleza de los hechos,
ninguna ideologización y codificación escolásticas pueden
pretender entorpecer de nuevo el proceso de la verdad.

Pero no puede tratarse tampoco de aceptar acrítica-


mente un "pluralismo" que sólo permite todas las opinio-
nes porque no está interesado en el asunto de la verdad.
Mientras sus beneficiarios se nieguen a ejercer sobre sí el
esfuerzo de la autorreflexión, mientras rehuyan someter
su "práctica" a la disciplina del concepto en la meditación
filosófica y eludan la confrontación, sus propios términos
-libertad de docencia, tolerancia, libertad respecto del
valor- aparecen como palabras degradadas, nominalismo
liberal que sólo permanece en la superficie de sí mismo.

58
APENDICE 1

¿SE HA TOMADO EN SERIO A MARCUSE*?

Marcuse fue víctima de una circunstancia detallada aun-


que insuficientemente analizada por uno de sus maestros.
En efecto, en las páginas que dedica Heidegger a la fenome-
nología de la cotidianidad del "uno" -el hombre corriente
de la sociedad de masas- se detiene el maestro alemán falle-
cido hace apenas tres afios, en el tratamiento de lo que él
llama la "habladuría" ("Gerede"), el fenómeno de la popu-
larización y deformación progresiva de lo que alguna vez fue
pensado y experimentado con propiedad -es decir-, seria-
mente.

No constituye la habladuría, ni mucho menos, un proceso


que pudiera atribuirse exclusivamente a la capacidad de ma-
nipulación que sobre cualquier enunciado pueden ejercer
los medios masivos de comunicación en la sociedad contem-
poránea, y Heidegger tampoco logró pensar a plenitud todas
las implicaciones de su problemática. Otros pensadores, con
los cuales Marcuse entraría en contacto al iniciarse la década

* Publicado en el Magazín Dominical de El Hspectador del 5 de ago~to de


1979, con motivo de la muerte de Marcusc.

59
de los 30 y cuando abandona la escuela fenomenológica,
consagrarían buena parte de su esfuerzo intelectual a la
investigación de lo que Adorno llamara la .. industria de la
cultura", es decir, el proceso tecnológico y las implicaciones
sociales de la habladuría. No sobra decir que el mismo Mar-
cuse se ocupó expresamente del fenómeno, particularmente
en una de sus últimas grandes obras, El hombre unidimen-
sioMI, la cual, al igual que muchas otras, ha sido objeto de
divulgaciones superficiales y también, por fortuna, de con-
sideraciones profundas.

Valdría la pena recordar que los primeros trabajos de


Marcuse estuvieron consagrados a la problemática de la
filosofía clásica. En la revista Die Gessellschaft, uno de los
órganos más importantes de la sociología y el pensamiento
crítico en la esfera cultural de la lengua alemana, que apa-
reció entre 1924 y 1933 -no es necesario explicar cuáles
fueron las razones que condujeron a su suspensión-, apa-
rece por ejemplo su ensayo Zum Problem der Dialektik
(Sobre el problema de la dialéctica, tomos VI y VIII,
1930-31 ) que contiene una original ísima lectura y discusión
de los últimos diálogos de Platón. Igualmente en esta revis-
ta aparece la primera reseña crítica de los .Manuscritos de
1844. los cuadernos parisinos del joven Marx, cuya primera
edición estuvo a cargo de D. Riazanov dentro de la primera
de las obras completas de Marx y Engels (Marx-Engels-
Gesamtausgabe, popularmente conocida y citada como
MEGA), publicada en 1932 en Moscú, Francfort y Berlín.
Tal reseña crítica llevaba por título Nuevas fuentes para la
fundamentación del materialismo histórico (tomo IX, 8,
1932), un trabajo íntimamente relacionado por su temática
con otro de la misma época: Sobre los fundamentos filosó-
ficos del concepto de trabajo de las ciencias económicas
(1933 ), publicado en el Archivo para la ciencia y la polf-
tica social, tan vinculado al nacimiento de la así llamada
.. Escuela de Francfort" y en el cual colaboraban investiga-
dores de la talla de Karl Mannheim y Georg Luckacs, para

60
mencionar únicamente a dos personalidades destacadas de
la "intelligentzia" del ámbito centroeuropeo y la cultura
alemana. Resulta significativo recordar que en el mismo afto
otro discípulo de Heidegger, Siegfried Landshut, publicara
en la editorial Kroener de Leipzig una selección de los .. Ma-
nuscritos" y de la Ideología alemana, que hasta entonces
había permanecido inédita en cualquier idioma. Otro tra-
bajo de Marcuse digno de mención había aparecido en los
Philosophische Hefte en el año 1928. Se trata de sus Contribu-
ciones para una fenomenología del materialismo histórico,
en las cuales, según palabras del autor, se intenta determi-
nar, muy a la manera de Husserl, la "forma de darse" del
materialismo histórico considerado como "teoría del actuar
social y del hecho histórico" y por lo tanto también "de la
revolución proletaria".

Marcuse, que se había doctorado en Berlín en 1925 con


un estudio erudito sobre Schiller, viajó a Friburgo a trabajar
aliado de Martin Heidegger, el filósofo de la selva negra que
tras la aparición de Ser y Tiempo en 1927 había pasado a
ocupar el primer plano, aliado de su maestro Husserl y des-
plazándolo, acaso muy apresuradamente, como centro de
interés de la filosofía y la cultura alemana. Con Heidegger
elabora Marcuse su tesis profesional ("Habilitationschrift")
sobre La ontología de Hegel y la fundamentación de una
teoría de la historicidad, en cuyo prólogo Marcuse se de-
clara expresamente deudor del trabajo de Heidegger. Este
texto fue publicado en 1932 y desde el resurgimiento de la
Teoría Crítica en los años 60 ha experimentado varias edi-
ciones y traducciones, entre estas últimas una al español.

Sin embargo, el triunfo de la contrarrevolución hitle-


riana a finales de enero de 1933 frusta la carrera académica
de Marcuse, que se ve obligado como tantos otros a emigrar,
primero a Suiza, luego a Francia y finalmente a los Estados
Unidos, en donde fija su residencia. Se integra entonces al
Instituto de Investigaciones Sociales, fundado a fmales de la

61
década de los 20 en Francfort y trasladado por Horkheimer
y Adorno a Nueva York y con el cual Marcuse ya había co-
laborado en París, como autor de la parte ideohistoriográ-
fica de los Estudios sobre autoridad y familia (París, Ed.
F. Alcán, 1936 ). Cuando los primeros regresan a Alemania
en los años de la Postguerra, Marcuse permanece, como
otros colaboradores del Instituto de los cuales basta men-
cionar a Erich Fromm, Leo Loewenthal y Franz Neumann,
en los Estados Unidos. Aquí publica, durante la guerra, su
segunda y más conocida obra sobre Hegel: Reason and Re-
volution -Hegel And the Rice of Social Teory (1941 ), un
libro que se proponía expresamente recuperar a Hegel para
el pensamiento radical y superar el malentendido, impul-
sado tanto por los fascistas -piénsese en Gentile, el filósofo-
ministro de Mussolini y en los profesores de la Alemania
nazi-- como por los liberales.

En 1955 publica Eros and Civilization: A Philosophical


Inquiry into Freud, un estudio que al aparecer en alemán
(Stuttgart, 1957) comienza a impresionar a la juventud aca-
démica alemana y que se complementa con sus aportes al
ciclo de conferencias patrocinado por las universidades de
Heidelberg y Francfort con ocasión del centenario de
Freud, publicadas en el año 57 en el tomo sexto de las Con-
tribuciones de Francfort a la sociología, colección de im-
portantísimos trabajos e investigaciones que continuaba la
labor de la Revista para la Investigación Social, en cuyos
números de la década del 30 aparecieron algunos de los
ensayos más significativos no solo de Marcuse sino de
Horkheimer, Adorno, Fromm y otros.

Como becario del Institutc for Russian Studies de la


Universidad de Columbia, realiza una investigación cuyo
resultado aparece con el título de Soviet Marxism: A Cri-
tica/ Analysis en Nueva York en 1958. Es nombrado profe-
sor, primero en la Universidad de Brandeis y luego en la de
San Diego en California.

62
No se puede en el marco de un artículo de presentación
llevar a cabo una evaluación aproximadamente justa de lo
que significa el aporte de un gran maestro, no solo al pensa-
miento sino a la actividad contemporánea. Los materiales
que acompañan esta breve y apresurada nota pretenden
ofrecer solamente una primera caracterización de una de las
más ricas y complejas personalidades de nuestro tiempo.
Conocido y desconocido a la vez, inclusive y precisamente
por esa gran mayoría consumidora que de todo se entera
para olvidarlo todo, decía Marcuse en una entrevista con un
periodista de la televisión alemana, y cuando este le interro-
gaba sobre los posibles efectos de su popularidad (y la
entrevista tenía lugar por los días del mayo francés, atribui-
do con tanta ligereza a Marcuse, del cual por entonces
apenas si se habían traducido muy recientemente a este
idioma dos de sus obras), que su creciente popularidad no
implicaba de por sí el que su obra pudiera llegar a tener
alguna influencia significativa. En la sociedad unidimensio-
nal, recordaba el maestro, se habla mucho de todo y siempre
se habla apresuradamente; pero el barullo que producen los
medios masivos de comunicación banalizan simultáneamen-
te todo aquello que transmiten; con la misma rapidez con
que la gente se entera de las novedades se olvida de ellas,
para entregarse a otras, más frescas. Marcusc no quería ser
una moda. Pensaba y escribía para el futuro. No porque des-
conociera o eludiera las tareas del presente, sino porque como
Marx, como Nietzsche, como Freud, creía que el fin de la
prehistoria de la humanidad estaba cerca. Su obra, él lo
sabía, solo pretendía ser un aporte a la liberación.

63
¿QUE BUSCABA MARCUSE?

Una frase de Aristóteles podría significar el sentido y la


intención más íntima del esfuerzo y el pensar de Marcuse.

Podría inclusive no ser de Aristóteles. Podría no estar


establecida su autenticidad, podría ser apócrifa. Porque en
la tradición de la Filosofía, en el proceso infinito del pensa-
miento, también las frases apócrifas han desempefiado su
papel. Algunas se han convertido en un destino. ¿Acaso
todo verdadero lenguaje ha de ser un poco apócrifo?

Aristóteles mismo interrogaría, probablemente se senti-


ría mal comprendido. Sí, ¿cómo compaginar los disciplina-
rios y aristocráticos preceptos al final del libro X de la Etica
a Nicómaco -que tanto debieron impresionar a los más
serios entre nuestros diletantes conservadores- con aquellos
pasajes de Eros y Civilización en los cuales el maestro Mar-
cuse, dicho más con carifio y con tristeza que con respeto,
se coloca del lado del Orfeo y Narciso? Y de Dionisias, "el
antagonista del dios que sanciona la lógica de la dominación
y el campo de la razón con el que están emparentados ... ",
probablemente derrotado por Aristóteles (primero por Só-

65
crates, como descubriera el joven todavía y por entonces
profesor Nietzsche)?

Aristóteles sin embargo, también tuvo que haber here-


dado eso que siempre permanece a lo largo de los procesos
históricos, también Aristóteles tenía algo de Narciso.

Y de Goldmundo. Sí, porque Aristóteles también dialo-


gaba y alternaba con los dioses.

Decía: El hombre, por naturaleza, aspira a la felicidad.

BIBLIOGRAFIA TEMPRANA DE HERBERT MARCUSE

Acompañamos este artículo con una lista de aquellos trabajos pu-


blicados por Marcuse a partir de 1925, sin ninguna pretensión exhaus-
tiva. Fuera de los ya mencionados en el texto, y excluyendo algunos
demasiado conocidos, vale la pena mencionar los siguientes, cuyos
títulos enumeramos ya traducidos:

Bibliografía de Schiller, Basada en la Biblioteca de Schiller de Trae-


me!, Berlín, 1925.

Sobre Filosofía concreta, en: Archivo para la ciencia y la política so-


cia/62, (1929), págs. 111-128.

Reseña bibliográfica: Karl Vorlaender, Karl Marx, su vida y su obra.


En Die Gessellschaft, VI, {1929), pp. 186-189.

Sobre la problemática de la verdad del método sociológico, Ibídem,


VII, l, {1930), pp. 15-30.

Marxismo trascendental, Ibídem, VIl, 10, (1930), pp. 304-326.

El problema de la realidad histórica: Wihelm Dilthey, Ibídem, VIII,


(1931),pp. 350-367.

Para una crítica de la sociología, Ibídem, Vlll. 9. (1931), pp. 270-


280.

66
Reseña bibliográfica: H. Noack: Historia y sistema de la filosofía,
en "Philosophische Heftc 11", (1930), pp. 91 a 96.

Filosofía del fracaso: La obra de Karl Jaspers, en: Suplemento lite-


rario del periódico Vossische Zietung, 14 de diciembre de 1933.

Reseña bibliográfica: Herber Wackert, La relación del joven Hegel


con Kant, en: Periódico alemán para la literatura, No. 55, 14
( 1934 ), pp. 629-630.

Los siguientes trabajos fueron publicados en la Revista para la Inves-


tigación Social, órgano del Instituto correspondiente de Franc-
fort, y han sido traducidos al español. Damos solo el tomo y el
afio:

La lucha contra el liberalismo en la concepción totalitaria del es-


tado, 111, 2, (1934), pp. 161-195.

Sobre el concepto de la esencia, V, 1 (1936), pp. 1-39.

Sobre el carácter afirmativo de la cultura, VI, 1 ( 1937), pp. 54-94.

Filosofía y teoría critica, VI, 3 (1937), pp. 631-647.

Para una crítica del hedonismo, VII, 1-2 (1938) pp. 55-89.

A partir de este momento la bibliografía de Marcusc, con algunas ex-


cepciones, se compone de trabajos escritos originalmente en in-
glés, publicados en revistas como: Studies in Philosophy and So-
cial Sciences, Journal o[ Philosophic and Phenomenological
Research, World Politics, Dissent, Partisan Review y otras, inclu-
yendo, desde luego, algunas alemanas, como por ejemplo Das
Argument, que se publica en Berlín. No incluimos en esta breve
bibliografía las contribuciones de Marcuse a obras editadas por
otros autores, tanto en alemán como en inglés.

67
APENDICE2

EDUCACION PARA LA MAYORIA DE EDAD ...


Y PARA LA DEMOCRACIA*

Seguramente la última manifestación pública de Theo-


dor Wiesengrund Adorno, antes de fallecer como consecuen-
cia de un inesperado y fulminante ataque cardíaco acaecido
en la aldea suiza en donde veraneaba, el 6 de agosto de
1969, fuera el diálogo sostenido con su amigo el profesor
Hellmuth Becker, director del Instituto de Investigaciones
Pedagógicas de la Sociedad Max Planck de Berlín, grabado
en los estudios de la Radio de Hessen en la República fede-
ral de Alemania poco antes de que aquél partiera para sus
útimas vacaciones y que fue transmitido siete días después
del lamentable suceso con el mismo título que llevaría luego
el tomito de la Suhrkamp de sus escritos sobre cuestiones
pedagógicas: Educación para la mayoría de edad 1 •

Ninguna otra denominación podría en efecto resultar


más acertada para denotar el propósito que inspiró la labor
de Adorno como maestro. El, que como tantos otros maes-
... Publicado por la. vez en el Magazín Dominical de El Espectador, No. 95
de enero 20 de 1985.

Erziehung zur Mundigkeit, Suhrkamptaschenbuch, Francfort/Main, 1970.

69
tros alemanes había tenido que pagar con la amargura del
exilio la desvergonzada manipulación por parte de los hi-
tlerianos de la incapacidad de sus compatriotas para asumir
la responsabilidad del autogobierno a través de la república
democrática {forma política de la mayoría de edad), tendría
que decir algo sobre el asunto, y contribuir a que no ocu-
rriese nada semejante en ningún otro lugar sobre la tierra.

No es desde luego una casualidad, es algo que pertenece


a la historia del mismo concepto: Adorno inicia la conver-
sación citando a Kant -cuya primera lectura, de la Crítica
de la razón pura. realizada todavía en la adolescencia, cuan-
do cursaba los últimos aftos del Liceo en Francfort del
Meno, orientado por su amigo algo mayor Siegried Krau-
kauer (a quien, dicho sea de paso, corrientemente sólo se co-
noce como el autor de ese clásico de la sociología del cine
que publicaran las prensas universitarias de Princeton en
1947: From Callighari to Hitler, -como algunos lectores ci-
neastas lo estarán recordando ... 2 - ), y parafrasea el párrafo
inicial de uno de sus opúsculos periodísticos, publicados
ambos en el otofto-invierno de 1784 en la Revista Mensual
de Berlín:

-La exigencia hacia la mayoría de edad parece com-


prensible de suyo en una democracia. Quisiera referirme
para hacerlo claro sólo al comienzo del muy breve ensayo de
Kant que lleva por título Respuesta a la pregunta: ¿Qué es
la ilustración?.

Allí define él la minoría de edad e implica también la


mayoría de edad en la medida en que afirma que de esta
minoría es culpable el hombre mismo cuando las causas de
ella no radican en una deficiencia del entendimiento sino
de la decisión y el valor de servirse de él sin la dirección de

2 Versión espafiola: De Caligari a Hitler, Editorial Nu(.'Va Versión, Buenos


Aires, 1960.

70
otro. "La flustración es la salida del hombre de su condi-
ción de menor de edad de la que él mismo es culpable': A
mf me parece este programa de Kant -al que no se podrá
reprochar falta de claridad ni siquiera con la más mala vo-
luntad- todavfa extraordinariamente actual hoy. La demo-
cracia descansa en la formación (expresión) de la voluntad
de cada uno tal y como se resume en la institución de la
elección representativa. Si de ello no ha de resultar la no
razón es que se presuponen la capacidad y el valor de cada
uno de servirse de su entendimiento.

La democracia presupone la mayoría de edad, y ésta


radica en la autonomía. De la voluntad y de la razón. Pero,
¿cómo se llega efectivamente a ella?

Si se afirma que la Ilustración consiste en servirse del


entendimiento propio sin la dirección de otro es porque se
parte de considerar que el hombre posee efectivamente esa
facultad, que en cuanto hombre ya está dotado de la capaci-
dad de juzgar y razonar, es decir de distinguir lo verdadero
de lo falso.

"El buen sentido es lo mejor distribuido en el mundo,


pues cada cual piensa estar tan provisto de él que aun aque-
llos que son más difíciles de contentar en cualquier otra
cosa, no suelen desear más del que tienen" había escrito
Descartes en el primer párrafo de su Discurso del método.
El fundamenta esta presunción por medio de una reflexión
sobre la esencial igualdad de todos los hombres, esa idea
regulativa del humanismo europeo desde Pico de la Mirán-
dola y su tratado De Dignitate Homini: la conciencia de que
todos los seres humanos son esencialmente iguales y deben
ser considerados como tales, una conciencia ciertamente
revolucionaria que jalonó desde entonces el ascenso del ter-
cer estado -la Burguesía- cuyo Manifiesto según Henri
Lefebre sería el Discurso. Por lo tanto: " ... no es verosímil
que todos se equivoquen en eso, antes bien, eso acredita que

71
la potencia del juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo
falso -que es propiamente lo que se denomina buen sentido
o razón- es por naturaleza igual entre todos los hombres ... ".
Ciertamente es una premisa de la mayoría de edad y la de-
mocracia el que los hombres -los ciudadanos- puedan razo-
nar, expresar e intercambiar libremente sus opiniones y
objetivarlas a través de la delegación representativa. Como lo
dice Adorno, "si de ello no ha de resultar la no razón es que
se presuponen la capacidad y el valor de cada uno de servirse
de su entendimiento".

Pero si la autonomía consiste en servirse del entendi-


miento propio sin la dirección del otro, ¿no lo implica pre-
cisamente como su pasado? ¿No se conquista, no se con-
quistó la autonomía, en la relación con la autoridad? Pues
llegar a ser autónomo es propiamente un largo y complejo
proceso dialéctico. Hegel, otro intelectual de la misma tra-
dición a que nos referimos en el párrafo anterior, le dedicó
al asunto algunas páginas memorables de su Fenomenologfa
del espfritu, en las que lo relacionaba con el antagonismo
existente entre el sefior y el siervo, y hablaba de una "lucha
a muerte" entre ellos en la cual este último tenía las de
ganar. Pero el capítulo se intitula: La verdad de la certeza
de sf mismo - independencia y sujeción de la conciencia,
señorío y servidumbre.

La autoridad pertenece, pues, como un momento dialéc-


tico -o como dice Adorno, genético- al proceso de madu-
ración hacia la mayoría de edad. Pues éste acontece a partir
y a través de la identificación, de las identificaciones: con el
padre, con el maestro, con el amigo mayor, con el héroe,
con el ideal... Si se accede a la mayoría de edad, propiamen-
te en la forma de una identidad, entonces la autoridad habrá
desempefiado un papel definitivo en la erección del espacio
ético y en la integración de la personalidad. El profesor
Becker lo reitera expresamente:

72
Creo que es importante persevarar aquí en el hecho de que
naturalmente es necesario el proceso de disolución o separa-
ción de esa autoridad, pero que de otra parte el hacerse a una
identidad no es posible sin el encuentro con autoridad ...

Adorno manifiesta estar de acuerdo, pero propone con-


siderar también otro aspecto, característico de la sociedad
contemporánea, que se resume un poco en la afirmación del
sociólogo Riesman, según la cual la sociedad "propiamente
es dirigida desde fuera", es decir, que es heterónoma, "y sim-
plemente se presupone con ello que los hombres, como lo
dice también Kant en aquel escrito, se tragan más o menos
sin resistencia lo que el ente sobretodopoderoso les pone
ante los ojos y además todavía les inculca, como si lo que
ahora es así necesariamente tendría que serlo".

Recordando eso de que los procesos de identificación no


acontecen sin dejar cicatrices, propone Adorno aplicar ex-
presamente esto al concepto mismo de la identificación, y
se refiere al concepto de "rol" en los siguientes términos:

Todos nuestros radioescuchas habrán oído algo del concep-


to de rol, que juega un papel tan grande en la sociología
actual a partir de Merton y sobre todo de Talcott Parsons, sin
que en general los hombres caigan en cuenta de que en el
concepto de rol mismo, que ha sido tomado precisamente del
teatro, se alarga la no-identidad de los hombres consigo mis-
mos. Esto significa que si el rol se convierte en una medida
social se perpetúa con ello el que los hombres no son lo que
ellos mismos son, es decir, que ellos son no-idénticos. En-
cuentro abominable la significación normativa del concepto
de rol y se debe criticar enfáticamente. Pero fenomenológi-
camente -esto es, como descripción de una situación de
hecho- alberga algo de verdad. Me parece como si la mayo-
ría de los hombres al identifiarse con el Super-Yo simultánea-
mente hubiesen fracasado en ello y no pudiesen liberarse. Me
parece que innumerables individuos por ejemplo, interiorizan
el padre aplastante, opresor, brutal, que les hace violencia,
pero sin que puedan realizar esta identificación, precisamente

73
porque las resistencias contra ello son muy fuertes. Y precisa-
mente porque fracasan en la identificación, porque existen
numerosos adultos que propiamente sólo juegan a ser el adul-
to que nunca han llegado a ser del todo, tienen todavía que
exagerar en lo posible con estos modelos, hablar con voces
adultas sólo para hacerse creíbles a sí y a los demás los roles
en los cuales propiamente han fracasado. Yo creo que justa-
mente este mecanismo hacia la minoría de edad se encuentra
también entre ciertos intelectuales.

Esta reflexión sobre el concepto de "rol" puede enton-


ces tal vez contribuir a esclarecer también lo relativo a la
educación para la mayoría de edad y la democracia. Si con
él se ha querido resumir un poco la característica esencial
del "mundo de la vida" (Lebenswelt, Husserl) del ciudadano
normal en la sociedad contemporánea, la educación para la
mayoría de edad en una situación de progresiva e ineludible
especialización de tareas y saberes (inherente a esta socie~
dad), deberá ser asumida expresamente por ella a través de
las "ciencias emancipatorias" (Habermas) y las instancias
informativas y formativas de ese ciudadano (la prensa, la
radio, los medios masivos de información) y consistirá tam-
bién en socializar al individuo para una actividad en la cual
sienta permanentemente la expectativa del otro, se sienta
inmediatamente solidario con los otros. Así, desde el punto
de vista del valor de la acción -Y no solamente en su dimen-
sión instrumental- la ocupación y el "rol" que se asuma en
el conjunto de la sociedad, el oficio de cada uno, hasta tal
punto deberá estar vinculado al bienestar de todos, que
podrá ser relativizado al hacer consciente al ciudadano de
que en la nueva sociedad todo trabajo es en último término
el mismo trabajo: pues ahora todos lo hacen todo.

74
APENDICE3

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FRANCFORT-TEORIA CRITICA
EN LENGUA ESPAJ\QLA*

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