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JESÚS ES LA LUZ DEL MUNDO (Juan 8:1-12) 7-13 Julio 

La mujer sorprendida en adulterio 

1 Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer se presentó de nuevo 
en  el  templo.  Toda  la  gente  se  le  acercó,  y  él  se  sentó  a  enseñarles.  3  Los 
maestros  de  la  ley  y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en 
adulterio, y poniéndola en medio del grupo 4 le dijeron a Jesús:  

—Maestro,  a  esta  mujer  se  le  ha  sorprendido  en  el acto mismo de adulterio. 5 


En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?  

6  Con  esta  pregunta  le  estaban  tendiendo  una  trampa,  para  tener  de  qué 
acusarlo.  Pero  Jesús  se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. 7 Y 
como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se volvió a parar y les dijo:  

—Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.  

8  E  inclinándose  de  nuevo,  siguió  escribiendo  en  el  suelo.  9  Al  oír  esto,  se 
fueron  retirando  uno  tras  otro,  comenzando  por  los  más  viejos,  hasta  dejar  a 
Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. 10 Entonces él se volvió a parar y le 
preguntó:  

—Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?  

11 —Nadie, Señor.  

—Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.  

12 Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo:  

—​Yo  soy  la  luz  del  mundo​.  El  que  me  sigue  no  andará  en  tinieblas,  sino  que 
tendrá la luz de la vida.  

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Antes  de  llegar  al  corazón  del  mensaje  del  capítulo  8, tenemos que considerar 
la  penosa  y  hasta  cruel  acción  de  los  fariseos,  siempre  en  su  papel  de 
antagonistas de Cristo 

La mujer adúltera 8:1–11 

¡Fariseos  abusivos!  Claro  que  la  mujer  era  todo  lo  que  ellos  decían  y  así  lo 
reconoció  Jesús  (8:11).  Pero  ellos  lo  hacían  siguiendo  una  agenda  de  tratar  de 
matar  a  Jesús,  haciendo  espectáculo  público  de  ella  con  pretextos  para 
tenderle  una  trampa  y  matarle:  ​“Con  esta  pregunta  le  estaban  tendiendo  una 
trampa, para tener de qué acusarlo.”​ (8:6).  

Si  hubieran  tenido  interés  verdadero  en  la  ley  del  Antiguo  Testamento, 
hubieran  traído  también al hombre sorprendido con ella. ¡La verdad es que los 
fariseos tenían más interés en apedrear a Jesús que a la mujer! 

¡CUANDO UNO SEÑALA A OTRO CON EL DEDO, 

LOS TRES DEDOS RESTANTES 

LO SEÑALAN A UNO! 

Jesús mostró dos reacciones: 

1. Primero,  se  agachó  y  escribió  algo en la tierra. En seguida, les contestó con 


sus  palabras  clásicas:  “Aquel  de  ustedes  que  esté  libre  de  pecado, que tire 
la  primera  piedra.”  (8:7).  No  se  sabe  lo  que  Cristo  escribió,  pero  algunos 
especulan  que  hacía  una  lista de los nombres de las personas presentes. A 
la  par  de  los  nombres  tal  vez  listaba  sus  pecados.  Sus  enemigos,  dándose 
cuenta  de  lo  que  Cristo  sabía  y  estaba  escribiendo  de  su  puño  y  letra,  se 
fueron.  
2. Segundo,  las  palabras  dirigidas  a  la  mujer  son  las  de  aquel  que  vino  a 
buscar  y  a  salvar  a  los  pecadores  (Lucas  19:10).  No  hay  en  ellas 
reprobación  por  su  pecado,  sólo  una  gran  abundancia  de  gracia  para 
perdonar, además de la exhortación para que no siguiera pecando. 


El discurso 8:12 

Las  fiestas  judaicas  se  hacían  con  mucha  ceremonia.  En  ésta  fiesta,  la  de  los 
tabernáculos,  recordaban  la  columna  de  fuego  mencionada  en  Éxodo  cuando 
iban caminando por el desierto por la noche.  

Para ello, encendían cada noche dos grandes lámparas, cada una de las cuales, 
según  la  tradición,  milagrosamente  iluminaba  una  sección  de  la  ciudad.  Era 
muy  apropiado  entonces  que  Jesús  usara  el  tema  de  la  luz  para  dar  alguna 
enseñanza.  

Además,  la  oscuridad  ocasionada  por  el  pecado  se  ilustra  con  la  historia  de  la 
mujer  sorprendida  en  adulterio,  y muestra la gran necesidad de luz que existía 
en aquella época así como hoy también. 

Jesús  testificó  de  sí  mismo  diciendo:  “Yo  soy  la  luz  del  mundo”  (8:12). 
Anteriormente  (Juan  1  y  3),  el  autor  lo  había  descrito  como  la  luz.  Aquí  Jesús 
mismo lo dijo. 

EL SEGUNDO “YO SOY” 

“Yo soy la luz del mundo” (8:12) 

1.  El  simbolismo  de  la  luz  de  las  lámparas  que  se  prendían  durante  la  fiesta, 
representaba  la  presencia,  protección  y  dirección  de  Dios  para  su  pueblo.  Eso 
mismo ofrece Jesús a quienes lo aceptan. 

2.  En  términos  del  gran  pecado  de  la  raza  humana,  la  luz  arroja  los  rayos 
brillantes de la justicia de Dios sobre el ser humano. 

3. La luz es la verdad de Dios que ilumina sus errores. 

4.  En  términos  del  pobre  perdido  que  se  encamina  a  la  condenación  y 
separación  de  Dios  para  siempre,  la  luz  es  un  faro  cuyos  rayos  benditos  le 
ofrecen salvación (8:12b). 


¡PENSEMOS! 

Cristo  enseñó  esta  misma  lección  a  los  suyos  en  la  noche  antes  de su muerte. 
“Si  me  amáis,  guardad  mis  mandamientos”  (Juan 14:15). Los fariseos no daban 
muchas  evidencias  de  amor por Dios. La relación que sostenían con él era más 
legal que otra cosa.  

Sin  embargo,  el  creyente, el que disfruta del gran amor de Dios, está llamado a 


amarlo y por consiguiente, debe dar evidencia de ese amor, obedeciéndole. 

Para ti ¿Cómo Jesús ha iluminado tu vida? 


 
 
 
¿Hay algo que Jesús tiene que ser luz en tu vida? 
 
 
 
Jesús es la luz, y los que le seguimos vivimos en las cosas de bien. Seguir a 
Jesús nos permite tener la paz de que hacemos lo correcto y que Dios bendice 
por hacerlo. 
¿Qué cosas de tu vida tendrías que mejorar para permitir que la luz de Jesús 
llegue a toda tu vida?