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Pedro Aznar y Manuel García: un abrazo de hermano grande.

Por Miguel M. Reyes Almarza*

Los lazos familiares suelen ser extraños, disímiles y muchas veces complementarios. La relación de
hermanos suele transitar en el abanico inconmensurable que abarca desde la espectacular
comunión hasta el odio sempiterno. Sin embargo hay puntos intermedios notables, como cuando
un hermano mayor, en sabiduría y voluntad, integra dentro de sus logros a aquel ‘menor’ que lo
mira con genuina admiración y aprecio. Eso es Abrazo de Hermanos, un disco y una gira –que pasa
por tierras chilenas- donde Pedro Aznar, una de las figuras rutilantes que sobreviven del rock
latinoamericano incluye en el aguante –más que en la creación- a su amigo, el ariqueño Manuel
García.

Y es que hay que ser justos y equilibrados. Más allá de las palabras hermosas y de corrido de Aznar
en referencia al cantautor nacional, aquellas que aparecen inmediatamente en la apertura del
concierto, el aporte de este último en el disco y en la puesta en escena es más bien modesto. Es
cierto que hay poesía de calidad detrás de la colaboración de García y de cuando en vez algún
trabajo de guitarra interesante cuestión que es posible de resaltar en un par de canciones de la
placa, pero, a pesar de ello, en la factura final, si no es por su especial timbre de voz, su trabajo
prácticamente queda escondido tras la producción de Pedro.

Lo que podemos recuperar del disco en sí es prácticamente una extensión de los últimos trabajos
a que nos tiene acostumbrados el argentino. Fusión de tango, jazz, rock, bolero, folk y cuanto
estilo se le pase por el frente en clave muchas veces acústica que rememora la sutileza de
Contraluz (2016) y el viaje ecléctico de Mil Noches y Un Instante (2013). Abrazo de Hermanos
pudo ser perfectamente otra placa más en su colección, un Contraluz II, no obstante sin los
adendum de canciones ‘prestadas’ la entrega no alcanza –aún- para un imperdible.

Vamos con el disco. ‘Cuando se fue’ hermosa balada con un bridge que tiene la firma de Pedro
Aznar por todos lados, aparece como una colaboración, sin embargo es complicado ver algo de
García en ella; ‘La loba del Camino’ pone a García en la voz líder, otra vez queda la sensación que
los puentes o los coros son totalmente dirigidos por el argentino ya que provocan el quiebre a la
frase central, dice colaboración, debería decir canta García. ‘Gazebo’ aparece como de ambos y sí,
es lo más cercano, las guitarras son de García pulsando entre el arpegio y el pizzicato, la mandolina
de Aznar amplifica la calidez del trabajo, acá hay un trabajo difícil de separar en afanes. ’Canción
para mañana’ de los Bunkers, el primer ‘cover’ del disco, en el entendido que obedece no solo a
una colaboración sino también a un encuentro entre canciones populares de ambos lados de la
cordillera, aparece casi tal como fue concebida, a ratos saturada, fue también el primer sencillo
que liberó la dupla jugando con la ansiedad de la fanaticada, situación que dividió las aguas en
redes sociales acerca de lo relevante y necesario de la canción en el espacio musical del tándem
Aznar-García. ‘La reja’ su segundo single, hermosa letra acerca de la desigualdad y la represión
histórica sobre los pueblos latinoamericanos y con una variación de antología dominada por la
batería de Sergio Verdinelli, eximio baterista de Fito y Spinetta, folclor y rock en una mezcla
preciosa, nuevamente la intención musical se inclina hacia el ex Serú. ‘Si no hablamos’ bolero
triste con armonías adecuadas, otra vez una canción más que correcta de esas que le sobran a
Aznar y que incluye a García en el relevo de las voces, algo similar sucede con ‘Cinco siglos igual’
que rememora el amplio cortejo que tuvo Aznar con el cancionero latinoamericano, en este caso
versionando una hermosa canción de León Gieco, y que nunca abandonó del todo. ’El Pajarero’
guitarras eléctricas y un hermoso bajo que rememora algo de la sicodelia de los 60’s que Pedro y
Manuel respetan en demasía, hermosa canción que puede entenderse como la segunda
colaboración real. ‘Cactus’, otra vez tributando pero esta vez a Gustavo Cerati, nada importante a
excepción del arreglo para batería de Sergio Verdinelli que es superior al original del disco Fuerza
Natural de 2009, el último álbum solista del ex Soda. ‘Maldigo del Alto Cielo’ es una de las notas
altas del disco, esta enorme composición de Violeta Parra es la contribución más notable por lejos
de este lado de la cordillera para el trabajo, cantada en conjunto y sin variaciones importantes,
trabaja más como un reconocimiento que un simple cover y es un número permanente del
trasandino desde el año 2015. ‘El espinero’ interesante fusión jazz y rock con el aporte sustancial
del piano de Federico Arreseygor es tan complejo como lo que Aznar puede construir, sin embargo
anticipa en la letra ciertos giros poéticos muy de Manuel. ‘Bendiciones’, el cierre de la obra, es un
poema recitado a intervalos que no hace más que reafirmar el acento que ambos quisieron darle a
este trabajo “lo que la vida no nos da, puede hacer de la nostalgia un camino” un trabajo íntimo
como un susurro, emotivo y muchas veces frágil.

En vivo las cosas se agilizan un poco, Aznar oficia como maestro de ceremonias y García escucha
atento el texto y los conteos de entrada. No es fácil colaborar con Pedro Aznar quien, entre
muchos otros, ha sido partner musical de Charly García, Pat Metheny y Spinetta. La disposición de
Manuel García para integrar sus contribuciones es un gran punto a su favor, respetuoso de sus
espacios el chileno sabe aparecer cuando es necesario y guardar distancia cuando la canción y el
momento lo ameritan. Al setlist ya comprendido se suman en vivo contribuciones de ambos
músicos, de parte de Manuel, ‘Un rey y un diez’ cantada por Pedro y solo con un precioso arreglo
de piano, ‘Venga a la vida’ (Acuario, 2012) y ‘Tarde’ de su álbum Témpera (2008). Pedro, por su
parte, suma ‘Joya a tu corazón’ del clásico Quebrado (2008), ‘Nubes negras’ de su disco de 1998
Cuerpo y Alma, ‘A primera vista’ clásico arreglo de la canción de Chico César cantada esta vez por
Manuel García. De las canciones prestadas Chile aporta con un cover de ‘Déjate caer’ de los Tres
que no supera la factura del original y a ratos luce poco afiatada, sin embargo nada que no pueda
arreglar el hermoso arreglo jazzístico de ‘Te recuerdo Amanda’ original de Víctor Jara y superlativa
por donde se le mire. Por el otro lado de la cordillera aparece ‘El corazón al sur’ de Mercedes Sosa,
uno de los imperdibles de Aznar y, quizás la canción que levantó a más de uno de la silla, ‘Los
Dinosaurios’, el clásico de Charly García que nuevamente tuvo el pattern excepcional de Verdinelli
en la batería. Para cerrar ambos músicos aportaron a Capella una joya de su repertorio. En el caso
de García no podía ser otra que ‘La danza de las libélulas’ enfrentando solo con su voz a un
auditorio boquiabierto por lo sorpresivo y extraño del cierre. Aznar por su parte, aportó con
‘Quebrado’ en la misma tónica que el anterior. Los coros del público en ambos casos no tardaron
en aparecer.

Sin duda un trabajo que crece superlativamente en vivo. Con una puesta en escena simple, como
ambos músicos nos tienen acostumbrados, donde la música y los arreglos son los verdaderos
‘efectos’ de todo este trabajo mancomunado. De seguro el concierto será más recordado que la
secuencia de canciones del original que se suma a otras tantas cooperaciones artísticas y es que a
estas alturas es probable que todo lo que queda grabado en una placa discográfica no es más que
el pretexto que tienen los ‘hermanos’ de reunirse, sobre todo cuando uno viene de vuelta y el otro
sueña esperanzado con quedar en los anales de la música popular.
Abrazo de Hermanos se presenta hasta el 9 de junio en Chile para luego volver a Argentina.

★★★☆☆ (3 sobre 5)

*Periodista