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COLEGIO MONTEBELLO INSTITUCIÓN EDUCATIVA DISTRITAL


RESOLUCIÓN DE INTEGRACIÓN No. 1721 DE JUNIO DEL 2002
NIT 830.016.596 – 9
GUIA DE TRABAJO N° 1 – PERIODO ACADÉMICO II
ÁREA DE EDUCACIÓN RELIGIOSA ESCOLAR GRADO 8°
Profesor: Lic. Clodomiro Ruedas, P.U.J

LA UNIDAD DE LA COMUNIDAD SE ROMPE POR EL PECADO

El pecado es rompimiento de la amistad del hombre con su Creador, con el prójimo y


con la naturaleza, en la cual ocupamos un lugar único y privilegiado. A pesar de este
rompimiento, a lo largo de la historia bíblica, Dios se revela como un Padre
misericordioso, que invita al ser humano a alejarse del pecado y a recuperar su
amistad con Él.

DIOS CREÓ EL MUNDO Y VIO QUE TO ERA BUENO. El libro del Génesis narra
la manera como Dios se revela a nuestros primeros padres Adán y Eva, y los hace
partícipes de su poder sobre la Creación, entregándoles todas las cosas para su
disfrute y deleite. Recordemos que antes de que Dios creara el mundo todo era caos
y oscuridad. Entonces, Él creó la luz, la noche, el día, el cielo, la tierra y el mar.
También creó toda clase de plantas y animales, y vio que todo era bueno. Al sexto día,
Dios creó al hombre, Adán, y lo hizo a su imagen y semejanza. Luego, lo puso en el
centro de todo lo que había creado y le dijo que cuidara y cultivara la naturaleza para
su servicio.

LOS SERES HUMANOS SE ALEJAN DE DIOS. Al revelarse a si mismo como padre, Dios quiso hacer a los seres humanos libres y
capaces de responderle, de conocerle y de amarle como hijos. Entonces, Dios dijo al hombre: “Puedes comer del fruto de todos los árboles
del jardín, menos del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque si lo comes, ciertamente morirás” (Gn 2, 16 – 17) Pero,
el ser humano no confió en Dios, se dejó tentar por el demonio y desobedeció su mandato. “Pero la serpiente le dijo a la mujer: No es cierto.
No morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de ese árbol podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y que
entonces serán como Dios. La mujer vio que el fruto del árbol era hermoso, y le dieron ganas de comerlo y de llegar a tener entendimiento.
Así que cortó uno de los frutos y se lo comió. Luego le dio a su esposo, y él también comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y los
dos se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se cubrieron con ella” (Gn 3, 4 – 7)

Esta desobediencia a Dios se considera el primer pecado, el pecado original, el cual implicó el rompimiento de la amistad del hombre con
Dios padre y Creador. De esta manera, el pecado surge como consecuencia del abuso de la liberta que Dios les dio a los seres humanos. A
pesar de esto, la revelación de Dios no fue interrumpida por la desobediencia de Adán y Eva. Al contrario, después de que pecaron, Dios
alentó con ellos la esperanza de la reconciliación, pues Dios está dispuesto a perdonar a quien se arrepienta de corazón.

EL PECADO DIVIDE A LA COMUNIDAD. Dios creó al hombre y a la mujer como los padres de la humanidad y, por medio de ellos, a todos
los demás seres humanos como parte de una familia unida por la igualad, la libertad y la dignidad que nos confiere ser creaturas perfectas de
su obra. Sin embargo, la decisión equivocada de Adán y Eva trajo como consecuencias su expulsión del Edén, la pérdida de la vida eterna, el
rompimiento de su amistad con dios y la división en la primera comunidad humana.

Estas consecuencias fueron transmitidas a todos los descendientes de Adán y Eva, incluso a nosotros mismos. Como lo afirma el apóstol
pablo: “Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores” (Rom 5, 19) Por eso, aun hoy, el pecado divide y
separa la comunidad. El pecado es, entonces, cualquier falta que se cometa en contra de Dios. La Biblia nos invita a erradicar el pecado de
nuestras vidas, de manera que todos podamos disfrutar del amor misericordioso de Dios Padre y Creador, y ser partícipes de su plan de
salvación.

EL PECADO PERSONAL Y EL PECADO SOCIAL. El compendio de la Doctrina Social de la Iglesia describe el pecado como una herida
que se halla en lo íntimo del hombre, originando otras laceraciones que ofenden en modo diverso el valor y la dignidad de la persona humana.
Estas laceraciones son el pecado personal y el pecado social.

 El pecado personal. Dios creó al hombre y a la mujer en libertad y, por ende, les concedió la capacidad de decidir entre el bien y el mal.
Teniendo en cuenta lo anterior, podemos afirmar que los pecados personales son aquellos que cada ser humano comete, abusando de su
propia libertad, pues al incurrir en ellos, la persona tiene la opción de decidir entre hacer el bien y vivir según la voluntad de Dios, o
alejarse definitivamente de Él.
 Pecado social. Dios creó al ser humano como hombre y mujer, no lo creó como un ser solitario. Las personas somos seres sociales y
por ello formamos parte de comunidades, que resultan afectadas cuando actuamos en contra de las normas establecidas. Por esta
razón, todo pecado personal que atente contra la dignidad de los demás, es, a su vez, un pecado social.

DIOS AL ENCUNETRO AMOROSO CON EL HOMBRE. La relación de Adán y Eva con Dios muestra que los seres humanos, a veces, no
confían en él y desobedecen su voluntad, por eso existe el mal y el pecado. Sin embargo, el Antiguo Testamento revela a Dios como un Padre
misericordioso que, a pesar del rompimiento de la unidad del género humano por causa del pecado y la desobediencia, decide salvar a la
humanidad. Las historias de Noé, Abraham y Moisés son ejemplos de la manera como algunos hombres confían en Dios y de la forma como
Dios les responde con el amor, la fidelidad y la misericordia que le caracterizan.

TESTIMONIO PARA MI VIDA


SAN AGUSTÍNDE HIPONA, EJEMPLO DE CONVERSIÓN
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A lo largo de la historia muchas personas han experimentado momentos de su vida en los que el pecado se ha apoderado de ellos y los ha
hecho cometer grandes errores. Aunque la tentación del pecado es muy fuerte y sus consecuencias muy dolorosas, dios se encarga de
ayudarnos a rectificar el camino y a encontrar el sentido que nos conduce hacia Él.

La vida de san Agustín de Hipona es un testimonio de amor y conversión. Durante muchos años de su juventud, san Agustín, usó de forma
inadecuada su libertad y, por consiguiente, abrazó el mal y el pecado. Sin embargo, un día decidió transformar su vida, descubrió la
misericordia de Dios y decidió hacer el bien. A continuación, te presentamos algunos aspectos importantes de su vida. Agustín nació en el
año 354 en Tagaste, ciudad que existió hace muchos años en el actual territorio de Argelia, país ubicado en el norte de África. Dese su niñez
recibió la educación y los valores cristianos de su madre, santa Mónica, una mujer muy piadosa que es considerada por la Iglesia como un
ejemplo de vocación y servicio a Dios.

Mientras iba creciendo, En Agustín se despertó la inquietud intelectual y la insistente búsqueda de la verdad. Esto lo llevó, en un momento
crítico de su vida, a alejarse de las bases morales con las que fue formado en su hogar y a poner en duda la fe cristiana. Durante su juventud
llevó una vida desordenada, pues incurría en los vicios propios de su época. Agustín mismo resume esa época de su vida con esta frase: “Mis
pecados iban aumentando como una bola de nieve que se hace más grande a medida que se la deja rodar”. Desolada y triste, su madre,
Mónica, rezaba y lloraba por su hijo, rogando a Dios que cambiara su comportamiento. Años más tarde el Señor le concedería esa gracia. A
pesar de su conducta, Agustín fue profesor talentoso y siempre demostró interés por ampliar sus conocimientos. Esto hizo que viajara a Roma
y luego a Milán, donde se le nombró maestro de elocuencia.

En Milán, lo acogió con generosidad el obispo de la ciudad, san Ambrosio, quien lo inicio en la doctrina cristiana. Agustín fue descubriendo
poco a poco la verdad y se cumplió en él la Palabra del Señor: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Y así fue, cierto día, por
inspiración divina, tomó la Biblia en las Cartas de san Pablo y leyó: “No andemos en banquetes y borracheras, ni en inmoralidades y vicios, ni
discordias ni envidias. Al contrario, revístanse ustedes del Señor Jesucristo”.

Estas palabras tocaron el corazón de Agustín, quien alejó la duda de su vida y recibió el bautismo el Sábado Santo del año 367 de manos de
san Ambrosio, a los 32 años de edad. Siete meses después murió Mónica, su madre. De vuelta a África, fue ordenado sacerdote y, después,
consagrado obispo de Hipona. San Agustín murió el 28 de agosto del año 430, después de 36 años de episcopado. Su influencia en la Iglesia
fue inmensa y sus escritos son un tesoro del pensamiento cristiano.

APLICO A LA REALIDAD
El camino de la reconciliación y la solidaridad

La iglesia tiene que animar a cada pueblo para construir en su patria una casa de hermanos donde todos tengan una morada para vivir y
convivir con dignidad. Y para lograrlo, la Iglesia debe educar y conducir cada vez más a la reconciliación con Dios y los hermanos. Hay que
sumar y no dividir. Lo importante es cicatrizar las heridas.

(…) Es necesario educar y favorecer en nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, de cooperación
e integración. La reconciliación está en el corazón de la vida cristiana. Es iniciativa propia de Dios en búsqueda de nuestra amistad, que nos
reconciliemos con el hermano. Se trata de una reconciliación que necesitamos en los diversos ámbitos y en todos y entre todos nuestros
países. Esta reconciliación fraterna presupone la reconciliación con Dios, fuente de gracia y de perdón, que alcanza su expresión y realización
en el sacramento de la penitencia que Dios nos regaló a través de la Iglesia.

(…) América Latina y el Caribe debe ser no solo el Continente de la esperanza, sino que además deben abrir caminos hacia la civilización del
amor. Para que nuestra casa común sea un continente de la esperanza, del amor, de la vida y de la paz, hay que ir, como buenos
samaritanos, al encuentro de las necesidades de los pobres y los que sufren y crear “las estructuras justas que son una condición sin la cual
no es posible un orden justo en la sociedad…”.

ACTIVIDAD DE TRABAJO: Después de leer de manera detenida el texto anterior, resuelve en tu cuaderno las siguientes preguntas con el
apoyo de tus compañeros de grupo. Ten la bondad de pregunta y respuesta.

1. ¿Qué tienen en común Adán y san Agustín de Hipona? ¿Qué inquietud movía el corazón de san Agustín de Hipona
2. A partir de la experiencia de vida de san Agustín y de la lectura de la primera página construyan un concepto de conversión.
3. ¿Qué gracia le concedió Dios a santa Mónica? ¿Qué produjo en la vida de san Agustín las palabras de san Pablo? ¿Creen que es
importante la conversión en la vida de los seres humanos? Argumenten su respuesta.
4. Mucho se habla de pecado original pero exactamente cómo se podría interpretar. ¿Por qué se puede afirmar que el pecado divide la
comunidad? Argumenta tu respuesta.
5. ¿Existe la realidad de pecado en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué momento cualquier pecado personal se puede convertir en un
pecado social? Elabora una historia o recorta artículos de noticias donde se pueda ver dicha realidad.
6. De acuerdo a la Biblia cuál es la reacción de Dios frente al pecado.
7. ¿Qué invitación le hace la Iglesia a América Latina y El Caribe a través del Documento conclusivo Aparecida? ¿Es importante esta
invitación? ¿Por qué? Argumenten la respuesta.
8. ¿Tiene sentido la reconciliación en la vida social, familiar, etc? Argumenten la respuesta.
9. ¿Qué significado tiene el hacerse buenos samaritanos?
10. ¿Cómo puede desarrollarse un orden justo en una sociedad? ¿Cuáles son las problemáticas de la realidad colombiana que impiden la
construcción de una sociedad basada en la reconciliación y la paz?

BIBLIOGRAFÍA

A.A V.V. Caminos de Fe, El proyecto de vida personal 8. Ed: Santillana. Bogotá, D.C 2012. Pág. 42 – 43