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De las enfermedades del alma

El cuerpo con una enfermedad autoinmune y mi alma nostálgica y melancolía.

Uno creería que esas cosas se curan pero no, a veces no deja de llover. Eso es lo que siento
cuando regresas y lo que más me asusta es tocar el fondo, porque desconozco como será
esta vez la caída, aun así, no te odio, de tu compañía y miseria he sacado letras que
desconozco y que salen cual vil extracción de la medula… eres dura sí, pero qué es la vida si
no fuera una algarabía.

Los medicamentos tal vez me vuelven dependientes, pero prefiero los opioides, el tramadol
ya no está funcionando pero me duerme… mi psicoanalista sabe muy bien que quisiera que
este calmante también te abrace y dejes de hacer tantos estragos, porque eres real e igual
de importante que mi cuerpo; no sé si lo sepas, pero es terriblemente jodido llevarte, con mi
enfermedad autoinmune un medicamento como corticoide soluciona la crisis, ¿pero, tú?,
¡Nada!, ni de antidepresivos, sedantes y demás cosas que no me dejan escucharte alivia, grita
y enséñame a gritar. Sé que también sufres… somos dos, somos 3 tal vez: tú, mi cuerpo y yo.

Te has llevado varios, a otros sí que les jodes la vida, todos llevamos diferentes cargas, y de
estar en tantos médicos entendí que todos somos un mundo, con cosas peligrosas que son
invisibles… así como tú.

Sé que no te irás, y tampoco te echo, te escucharé esta vez y te agradeceré por enseñarme
tanto en mi última crisis, en mi última hospitalización.

¿Quieres onces?, ¿cuéntame que alberga dentro de ti? y tengo que decirte que eres
bienvenida en mi hogar, en mi pecho, pero trata de no darme tan duro, no seas tan hijueputa,
en serio.

Con cariño, D.