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Psicodebate, Vol.

14, Nº 1, Junio 2014 | ISSN: 1515–225 | 85–100

Diagnóstico y tratamiento del trastorno bipolar en población


transgénero
Inés Arístegui1

Artículo
Material original autorizado para la publicación en la revista Psicodebate.
Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Palermo.
Recibido 19-03-2014 | Aceptado 09-05-2014

Resumen

A medida que se supera la idea de que personas transgénero sufren de una patología
con los nuevos lineamientos del DSM–5 (la 5ta edición del Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales) y se alcanza el reconocimiento de sus
derechos en un marco legal como la Ley de Identidad de Género en Argentina, se
espera que las personas transgénero se acerquen a los servicios de salud en general
y de atención psicológica en particular. Este artículo presenta una revisión de las
investigaciones existentes sobre la prevalencia, el diagnóstico y el tratamiento del
trastorno bipolar en población transgénero. Se realiza un recorrido por las nuevas
definiciones del DSM–5, se analizan las dificultades y se presentan consideraciones
para su diagnóstico y tratamiento. Debido a los altos índices de depresión, intentos
de suicidios y abuso de sustancias presentes en esta población, se estima que
existe una alta prevalencia del trastorno bipolar, pero que esta enfermedad no es
debidamente diagnosticada ya sea porque las personas transgénero no acceden a
los servicios de salud o bien porque algunos de sus síntomas se confunden con las
características de los estilos de vida que muchas personas llevan. De la revisión
bibliográfica se desprende el requisito de realizar estudios locales para conocer las
características de la población transgénero en Argentina, así como la necesidad de
capacitar y sensibilizar a los profesionales de la salud mental sobre las problemáticas
específicas de estas poblaciones.

Palabras Clave: Trastorno Bipolar – Transgénero – DSM5 – Identidad de


Género – Diagnóstico y Tratamiento.

1  Universidad de Palermo - Fundación Huésped, ines.aristegui@huesped.org.ar


Aristegui | Psicodebate, 14(1) | 85–100.

Abstract

As the idea that transgender people are individuals who suffer from a pathology
is overcome with the new guidelines of the DSM–5 and the recognition of their
rights with a legal framework such as the Gender Identity Law in Argentina, it is
expected that this population will begin to approach health care services in general
and mental health aid in particular. This article reviews what is known about the
prevalence, diagnosis and treatment of bipolar disorder in transgender people.
Firstly, new definitions of DSM–5 are introduced; next, studies on prevalence
of psychopathology in this population are reviewed; and finally, challenges and
considerations for the diagnosis and treatment of bipolar disorder are presented.
Due to the high rates of depression, suicide attempts and substance abuse, it
is likely that the prevalence of bipolar disorder is high in this group but is not
appropriately diagnosed. This might be due to the lack of access to the health
care system or due to the probable confusion between symptoms of the disorder
and the lifestyle characteristics of this population. It is concluded that there is a
need of conducting local studies to explore the profile and characteristics of this
population as well as the need of providing training on transgender specific issues
to professionals in the field of mental health.

Keywords: Bipolar Disorder – Transgender – DSM 5 – Gender Identity –


Diagnosis and Treatment.

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El uso del estudio de casos en la investigación en psicoterapia

La literatura científica sobre la atención psicoterapéutica de personas lesbianas,


gay, bisexuales y transgénero (LGBT) es cada vez mayor y cada vez son más las
organizaciones de profesionales que se han pronunciado o elaboran guías de
buenas prácticas para trabajar con estas poblaciones (por ejemplo, la Asociación
de Psicólogos Americana –APA– y la Sociedad de Psicología de Australia –
APS–, entre otros). Sin embargo, son pocos los estudios en relación a la atención,
prevalencia y comorbilidad de enfermedades mentales graves en esta población
(Lucksted, 2004), y aún más escasos aquellos que describen la situación particular
de las personas transgénero (Cole, O´Boyle, Emory, & Meyer, 1997; Mizock
& Fleming, 2011). Históricamente, el vínculo de esta población y los equipos
de salud mental se limitó a la aprobación de un estado de aptitud, mediante un
diagnóstico de trastorno de identidad de género o disforia de género, para acceder
a un tratamiento hormonal o a una intervención quirúrgica que permita adecuar
sus cuerpos a la identidad percibida o cambiar sus nombres en los documentos
nacionales de identidad (Helien & Piotto, 2012).
A medida que se avanza en dejar de considerar a las personas transgénero
como individuos que padecen una enfermedad mental en sí misma con la 5ta
edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM–
5, American Psychiatric Association, 2013), y se logran cambios socio–políticos
que promueven sus derechos y la reducción del estigma a partir de un marco
legal como la Ley de Identidad de Género, se espera que esta población salga
del ostracismo y se acerque a los servicios de salud en general y a la atención
psicológica en particular (APA, 2008; 2009; Bockting, Knudson & Goldberg,
2006; DSM–5, 2013). De este modo, cobra mayor relevancia la necesidad de
conocer mejor el perfil de este grupo poblacional. Dado que la prevención, la
detección temprana y el adecuado tratamiento son aspectos fundamentales en la
atención de enfermedades psiquiátricas crónicas, el presente trabajo tiene como
objeto explorar diferentes aspectos y consideraciones para el diagnóstico y el
tratamiento del trastorno bipolar en población transgénero. A tal fin, primero se
realizará un breve recorrido sobre las características de la población transgénero;
y seguidamente se propondrán una serie de pautas a considerar para el diagnóstico
y tratamiento del trastorno bipolar.

Definiendo a la población transgénero

Según la APA (2009), el término transgénero es un concepto abarcativo que


se utiliza para describir a todas aquellas personas cuya identidad de género no se
corresponde con la división tradicional de género femenino y masculino y difiere
del sexo asignado al nacer. Este término incluye a las personas transexuales,

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travestis e intersex, entre otros. Según esta entidad, para poder trabajar con
personas no conformes con su género, es necesario comprender la distinción
entre el sexo biológico, que incluye atributos físicos como cromosomas, gónadas,
estructura reproductiva interna y genitales externos; la identidad de género, que
refiere a la percepción psicológica de sentirse hombre o mujer y está asociada
a la forma en la que las personas se comportan, interactúan y sienten acerca de
sí mismas; y los roles de género, definidos como la serie de comportamientos,
actitudes y rasgos de personalidad que una sociedad, en un momento histórico
determinado, designa como masculinos o femeninos (es decir, propios de los
hombres o de las mujeres).
El DSM–5 (2013) publicado recientemente establece que si bien considera
que muchas personas transgénero tienen sentimientos de malestar debido a la no
congruencia entre su identidad y el género asignado al nacer, no experimentan
necesariamente un sufrimiento tan profundo a causa de esta condición como para
ser considerado una patología. Así, en el nuevo DSM, se reemplaza el diagnóstico
de Trastorno de Identidad de Género por el de Disforia de Género, manifestando
que el aspecto crítico para su diagnóstico es la presencia de niveles de estrés
clínicamente significativos que dificulten el normal funcionamiento de la persona.
La incongruencia entre el sexo biológico y la identidad de género asignada al
nacer es un fenómeno poco frecuente y no existen estadísticas precisas sobre su
prevalencia. Según un estudio de los Países Bajos, la transexualidad es de 1 en
10,000 para mujeres transgénero (personas que asumen una identidad femenina)
y de 1 en 30,000 para hombres transgénero (aquellas que asumen una identidad
masculina) (Bakker, van Kesteren, Gooren, & Bezemer, 1993).

Evaluaciones psicodiagnósticas en población transgénero

La Asociación Mundial de Profesionales para la Salud Transgénero (World


Professional Association of Transgender Health, WPATH) sugiere que los
psicodiagnósticos se conviertan en herramientas útiles y necesarias para
orientar a los profesionales de la salud acerca de la existencia o ausencia de
trastornos psiquiátricos que puedan dificultar el tratamiento o la adaptación que
deben alcanzar estos pacientes tanto antes como después de los tratamientos
de hormonización o las intervenciones de reasignación de sexo (Feldman &
Goldberg, 2006; WPATH, 2011).
Otras demandas frecuentes de evaluaciones psicodiagnósticas, ya no
relacionadas a las intervenciones biomédicas para adecuación del cuerpo a
su identidad, surgen por la preocupación de los padres y/o docentes ante el
comportamiento de algunos niños que presentan conductas, preferencias y

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El uso del estudio de casos en la investigación en psicoterapia

características de personalidad que no son típicas para su género (APA, 2009). Por
lo general, estos niños tienen dificultades para interactuar con sus pares debido
a las conductas de género cruzado y tienden a aislarse socialmente. Asimismo,
algunos psicodiagnósticos son solicitados por otros profesionales de la salud,
debido a las fallas en la adherencia en tratamientos médicos; o por juzgados de
familia, ante la necesidad de evaluar la aptitud y actitud de personas trans para
retener o solicitar la custodia de sus hijos y/o menores a cargo (Bockting et al.,
2006; Helien & Piotto, 2012).
En mayo de 2012 se aprobó en Argentina la Ley Nro. 26.743 de Identidad de
Género (Boletín Oficial, 2012) que garantiza el libre desarrollo de las personas
conforme a su identidad de género, corresponda o no con el sexo asignado al
momento de nacimiento. Esta ley, no sólo garantiza el cambio de nombre en sus
documentos de identidad, sino también el acceso a una salud integral, tratamientos
hormonales e intervenciones quirúrgicas parciales o totales sin requerir autorización
judicial o administrativa, sino solo con el consentimiento informado de la persona. A
diferencia de otros países con leyes similares, en Argentina deja de ser un requisito
la evaluación psicodiagnóstica previa a cualquiera de estas instancias.

Psicopatología en población transgénero

Aunque son pocos los estudios existentes, se ha observado que la mayoría de las
personas transgénero no presentan trastornos psiquiátricos (Bockting et al., 2006;
Gómez–Gil, Vidal–Hagemeijer, & Salamero, 2008). Al estudiar la prevalencia de
enfermedades mentales severas, definiéndolas como una disrupción en el ánimo
o la personalidad que afecta la vida, el trabajo o las relaciones de las personas,
no se han encontrado frecuencias más altas en población transgénero que acude
a clínicas especializadas en comparación con la población general (Cole et al.,
1997). Sin embargo, otros estudios muestran una mayor incidencia de trastornos
de personalidad severos, psicosis y otras enfermedades mentales en muestras
clínicas de personas transgénero cuando se la compara con otras poblaciones
clínicas (Bodlund, Kullgren, Sundbom, & Höjerback, 1993; Hartmann, Becker,
& Rueffer–Hesse, 1997). En particular, se observan mayores niveles ansiedad,
depresión, abuso de sustancias e intentos de suicidio que en la población en
general (Bockting, Huang, Ding, Robinson & Rosser, 2005; Clements–Nolle,
Marx, Guzman, & Katz, 2001).
Hasta principios de la década de los ’80, varios autores consideraban
que la transexualidad era un subtipo del espectro de los trastornos límites de
personalidad (Murray, 1985; Pearson & Ovesey, 1974). Bajo el diagnóstico de
bordeline podía explicarse la discrepancia que algunos profesionales encontraban

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en la práctica (Lothstein, 1984): si bien las personas transexuales no presentaban


ninguna psicopatología en las entrevistas clínicas, exhibían niveles de agresión
intenso, falta de integración de la identidad, proceso de diferenciación y límites
inadecuados, entre otros.
Actualmente, se estima que muchos de estos trastornos están en relación con el
estrés típico de las minorías y la situación de vulnerabilidad en la que viven estas
personas, y no debido a su condición de mujer u hombre transgénero en sí misma
(APA, 2008, 2009; Feldman & Goldberg, 2006). Las personas transgénero se han
caracterizado por presentar altos niveles de estrés emocional como resultado de
las experiencias de estigma y discriminación vividas, y a una seria de múltiples
estresores, como ser el rechazo familiar y social, el desempleo, la pobreza y la
dificultad para que su identidad sea reconocida (Gómez–Gil et al., 2008). Para
muchas personas, la falta de acceso a tratamientos de hormonización o cirugías
para adecuar su cuerpo a su identidad de género es una fuente importante de
estrés y malestar que puede disminuir al acceder a los procedimientos deseados
(Madeddu, Prunas, & Hartmann, 2009). En particular, Hepp, Kraemer, Schnyder,
Miller, y Delsignore (2005) han observado que la prevalencia de trastornos de
identidad de género (utilizando el DSM–IV–R) en comorbilidad con trastornos
del ánimo es de aproximadamente del 45% cuando ésta se evalúa a lo largo de la
vida y no sólo la comorbilidad al momento del estudio.
Gómez–Gil y sus colegas (2008) encontraron que las mujeres transgénero
presentan niveles mayores de depresión que las mujeres heterosexuales. En la
misma línea, cuando se comparó las muestra clínicas de la población LGBT (en
base a su sexo biológico) con controles de pacientes clínicos que no pertenecieran
a la comunidad LGBT, se observó que aquellos cuyo sexo biológico era varón,
presentaban menor frecuencia de trastornos psicóticos (excepto los trastornos
esquizoafectivos) y mayor frecuencia de trastornos del ánimo que los hombres
(Hellman, Sudderth, & Avery, 2002). Por tanto, es posible hipotetizar que la
prevalencia de trastornos del ánimo en mujeres transgénero será considerablemente
más alto que en la población general. En particular, algunos autores han planteado
causas biológicas para la asociación entre la transexualidad y la bipolaridad (Case
& Ramachandran, 2012). En un estudio con pacientes transgénero, denominados
bigénero debido al continuo viraje de género, ha encontrado que la muestra
también presenta una tasa elevada de trastorno bipolar.

Diagnóstico de trastorno bipolar

El Trastorno Bipolar (TB) es una enfermedad psiquiátrica crónica,


caracterizada por una marcada inestabilidad en el estado de ánimo, con períodos

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El uso del estudio de casos en la investigación en psicoterapia

de humor expansivo que se alternan con períodos de humor depresivo (DSM–5,


2013). Como Lolich, Vázquez y Leiderman (2010) sostienen, el diagnóstico de
trastorno bipolar (TB) es generalmente tardío, debido a que el mismo se realiza en
base a la presencia de un episodio maníaco (TB de Tipo I) o hipomaníaco (TB de
Tipo II). Según estos autores, en Argentina el retraso en el diagnóstico es de 8 años
aproximadamente ya que la mayoría de las personas comienzan con un episodio
de depresión unipolar. Considerando que los índices de depresión en población
transgénero oscilan entre el 52% y el 62% (Bockting et al., 2005; Clements–Nolle
et al., 2001), es posible pensar que una proporción de personas transgénero están
erróneamente diagnosticadas. El desafío adicional que presenta esta población
para poder diagnosticar adecuadamente el TB, es la falta de permanencia en el
sistema de salud debido a las situaciones de estigma y discriminación por parte
de los efectores de salud, o el acceso tardío al mismo ante la presencia de otras
enfermedades que establecen diferentes prioridades de atención (Hellman &
Klein, 2004; Mizock & Lewis, 2008).
Si bien la mayoría de las personas que tienen un episodio maníaco no presentan
síntomas psicóticos (Lolich et al., 2010), algunos autores han manifestado
dificultad para distinguir entre transexualismo y los deseos transexuales inducidos
por una psicosis bipolar. En algunos casos de estudio se observó que los pacientes
manifestaban características transexuales como deseos de hormonización
y operaciones de reasignación de sexo, sólo durante un episodio maníaco y
disminuían su comportamiento transexual luego de ser medicados para la manía
(Habermeyer, Kamps, & Kawohl, 2003; Meyer & Kapfhammer, 1995). En la
misma línea, al estudiar pacientes con esquizofrenia durante un periodo psicótico
(Baltieri & De Andrade, 2009), se observó que luego de recibir un tratamiento
antipsicótico adecuado, el comportamiento de género diferente al asignado al
momento de nacer persistía, pero no así sus deseos de realizar una intervención
quirúrgica de sus genitales. Es importante tener en cuenta que este tipo de
perspectivas ha llevado a etiquetar a la identidad transgénero como una creencia
delirante que no debe ser reforzada ni reconocida por los médicos/personal de
salud (Mizock & Fleming, 2011). Si bien son pocos los casos reportados de
co–ocurrencia de episodios maníaco–psicóticos y variaciones en la identidad de
género, la prevalencia de esta presentación clínica es difícil de medir considerando
las barreras que encuentran las personas transgénero para acercarse a los servicios
de salud (Hellman & Klein, 2004).
Otro aspecto a considerar durante el diagnóstico es la similitud y posible
confusión de varios de los criterios diagnósticos para el episodio hipo/maníaco
del DSM–5 (2013) –como ser la autoestima exagerada, la disminución de
la necesidad de dormir, la atención dispersa, y el exceso de indiscreciones

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sexuales– con ciertas características propias de las condiciones de vida de muchas


personas transgénero –por ejemplo, trabajo sexual, consumo de sustancias,
infecciones de transmisión sexual sin tratamiento, estrategias de afrontamiento
de tipo confrontativa y estilo de comunicación defensivo. Como se describe en
el DSM–5 (2013), algunos individuos durante sus fases maníacas presentan un
tipo de conducta antisocial, mostrándose hostiles y amenazantes físicamente,
como también pueden presentarse con un comportamiento y una apariencia
sexualmente sugestivos. Así, es importante para el diagnóstico apropiado de TP,
que el profesional pueda discernir si estas manifestaciones se deben a un episodio
maníaco o a la forma en que muchas personas trans se acercan a los sistemas de
salud como forma de afrontar el estigma y la discriminación (Hellman & Klein,
2004; Mizock & Lewis, 2008).
Algunos autores sugieren, el diagnóstico de TB podría mejorarse si se cuenta
con la presencia de un miembro de la familia durante la evaluación inicial, o se
aplica una escala hetero–administrada (Hirschfeld et al., 2000) como la Escala
Diagnóstica del Espectro Bipolar (Vázquez, Romero, Fabregues, Pies, Ghaemi,
& Mota–Castillo, 2010). Esto es importante, ya que difícilmente el paciente
considere un episodio hipomaníaco o maníaco como síntomas de malestar y por
tanto es necesario contar con alguien que pueda referir a distintas etapas de la vida
de esa persona. Sin embargo, este tipo de evaluación es más difícil en las personas
transgénero dado que generalmente, son expulsadas de sus hogares y obligadas
a migrar a otras ciudades desde muy temprana edad (Helien & Piotto, 2012).
Debido a la migración y a sus condiciones de vida no siempre cuentan con redes
de apoyo social estable. De este modo, podría ser útil para hacer un diagnóstico
más preciso considerar la presencia de alguna otra persona transgénero con quien
el paciente tenga una relación estrecha, a fin de realizar la evaluación.

Tratamiento del trastorno bipolar

A través de estudios longitudinales, se ha observado que la mayoría de


los pacientes logran la remisión de los síntomas agudos cuando están bajo
tratamiento; sin embargo, sólo una pequeña proporción recupera su funcionalidad
de forma equiparable (Tohen et al., 2010). Según Barrera, Vázquez, Tannenhaus,
Lolich y Herbst (2012), se observa una merma en la funcionalidad en áreas como
autonomía, finanzas, ocio y funcionamiento interpersonal y cognitivo. Asimismo,
la calidad de vida de los pacientes con trastorno bipolar se ve afectada por los altos
niveles de estigmatización, teniendo un efecto negativo sobre la autoestima de la
persona (Mileva, Vázquez, & Milev, 2013). En particular, las personas transgénero
con diagnóstico de TB estarían frente a un potencial doble de estigmatización

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El uso del estudio de casos en la investigación en psicoterapia

que podría incrementar los niveles de ansiedad y como consecuencia dificultar


la adherencia al tratamiento y por tanto disminuir aún más sus niveles de
funcionalidad. Establecer la merma en el nivel de funcionalidad de las personas
transgénero como consecuencia del TB no sería sencillo considerando que estas
personas presentan bajo nivel educativo, desempleo e aislamiento social, y déficits
cognitivos resultantes del abuso de sustancias y/o infecciones de transmisión
sexual sin tratamiento como sífilis y VIH.
Aunque cada vez cobra más relevancia el componente genético heredable y
las alteraciones neurobiológicas en relación a la etiología del TB, los factores
psicosociales pueden actuar como factores protectores, o en caso contrario,
precipitar la aparición de las alteraciones del ánimo o incrementar la frecuencia
y velocidad del viraje. Esto realza la importancia de considerar un tratamiento
integral cuando se trabaja con población transgénero, ya que los factores
psicosociales más que operar como factores protectores podrían acelerar la
aparición de nuevos episodios activos.
En relación a la medicación, Lolich et al. (2010) señalan que si el paciente
presenta psicosis en su primer episodio, al recibir el diagnóstico más temprano
y por tanto la medicación adecuada, podrá presentar mejores niveles de
funcionalidad. Sin embargo, como la mayoría de los TB de tipo II debutan
con depresión, son mal diagnosticados y por tanto reciben un tratamiento
erróneo con antidepresivos que puede conducir a virajes (Tondo, Vázquez, &
Baldessarini, 2010). Lamentablemente, por lo general las personas transgénero
llegan tardíamente a los servicios de salud y no presentan una buena adherencia
a los tratamientos crónicos que demandan regularidad de consultas y toma de
medicación debido a las dificultades para organizar sus horarios de trabajo
nocturno con la atención hospitalaria por las mañanas, el miedo a experimentar
situaciones de estigma y discriminación, los estados de pérdida de consciencia por
el consumo de sustancias y la falta de interés en general.
La falta de un tratamiento farmacológico adecuado, podría entonces
incrementar el riesgo de suicidio que ya de por sí es 15 veces más alto para las
personas con trastorno bipolar que para la población general (DSM–5, 2013), y en
caso de las personas transgénero en particular, varios estudios han registrado una
prevalencia de 37% de intentos reportados de suicidios (APA, 2009; Cole et al.,
1997; Mizock & Fleming, 2011).
Lolich, Vázquez, Álvarez y Tamayo (2012) observaron que la mayoría de
las intervenciones psicosociales, más allá de su marco teórico, tiene los mismos
objetivos: reducir el número de recaídas, mejorar la calidad de vida y mejorar la
comunicación. Algunas terapias, como la interpersonal, promueven un estilo de
vida más organizado para reducir el nivel de estresores, otras apuntan a regular

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el sueño y alcanzar un descanso adecuado. Sin embargo, este tipo de objetivos


podría ser difícil de logar con una población que mayormente realiza trabajo
sexual, lleva una vida nocturna, y está expuesta a altos niveles de violencia en la
calle, abuso de drogas y alcohol (Bockting et al., 2006).
Del mismo modo, las terapias de tipo cognitiva o psico–educativas que han
demostrado ser muy efectivas en el tratamiento del TB (Lolich et al., 2012),
plantean el desafío de solicitar a las personas transgénero la asistencia a un
cierto número de sesiones pautadas. Para aplicar este tipo de estrategias con
esta población en particular, podrían pensarse dispositivos que combinen varias
temáticas, formando así grupos de pares y que coincidan con los días en que
asisten a los centros de salud para hacer los controles de sus tratamientos de
hormonización, que actualmente son la puerta de entrada de la población trans al
sistema de salud.

Conclusión

El objeto de este trabajo ha sido reflexionar acerca de las particularidades de la


población transgénero y cómo estas podrían influir en la prevalencia y el proceso de
diagnóstico y tratamiento de enfermedades psiquiátricas como el trastorno bipolar.
Como se ha presentado a lo largo de este trabajo, la literatura es escasa y se deriva
de investigaciones realizadas en otros países, principalmente América del Norte y
Europa. Asimismo, la mayoría de las investigaciones se han realizado con muestras
de personas que se acercan a las clínicas para acceder a tratamientos médicos, y por
tanto, no son generalizables a la población transgénero en su totalidad.
De la revisión es posible concluir que debido a los altos índices de depresión,
intentos de suicidios y abuso de sustancias, es esperable que un gran número
de personas transgénero cumplan con los criterios diagnósticos de TB y no
estén adecuadamente diagnosticadas. Esto podría deberse a que las personas
transgénero no acceden a los servicios de salud o llegan con otras urgencias, o
bien porque algunos síntomas de la enfermedad se confunden con características
de sus condiciones y estilos de vida y por tanto, se subestimen algunos criterios
diagnósticos. Asimismo, es probable que algunas personas transgénero hayan
recibido el diagnóstico de depresión unipolar y estén erróneamente tratadas, y por
consiguiente, sujetas a provocar un primer episodio hipo/maníaco. Cualquiera sea
el caso, el riesgo de suicidios y la co–ocurrencia de abusos de sustancias es muy
alto. El tratamiento de la población transgénero con TB podría implicar grandes
desafíos debido a las condiciones de vida de las mismas, la falta de acceso y
retención en el sistema de salud y el impacto emocional negativo de los altos
índices de estigma y discriminación que viven a diario.

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El uso del estudio de casos en la investigación en psicoterapia

En resumen, existen brechas de conocimiento en relación a la prevalencia,


diagnóstico y tratamiento del trastorno bipolar en la población transgénero.
Esto se debe no sólo a que se trata de una muestra poblacional relativamente
pequeña y difícil de hallar, sino también, a la falta de registro de la orientación
sexual y la identidad de género como datos en los estudios epidemiológicos que
comúnmente se realizan. Considerando la situación de vulnerabilidad en la que
estas comunidades viven en nuestro país, podría pensarse en la necesidad de
realizar investigaciones que permitan arrojar luz a varias de las hipótesis que este
artículo ha planteado.
Si bien la ley de identidad de género garantiza el acceso a los tratamientos
médicos de feminización o readecuación de sexo sin un diagnóstico psiquiátrico,
esto no desliga la responsabilidad de los profesionales de la salud de realizar
una anamnesis en profundidad a fin de descartar cualquier enfermedad mental
que podría tener un efecto negativo sobre sus tratamientos. Es importante para
el bienestar de las personas transgénero que los psicólogos que traten con ellas
tengan conocimiento especializado sobre sus problemáticas. Los altos niveles
de estigma, discriminación y conflictos internos que muchos de estos individuos
viven en su cotidianeidad, los expone al riesgo de desarrollar problemas de
salud mental, como ser abuso de sustancias, ansiedad y depresión, así como
aumentar la frecuencia de episodios y/o incrementar la posibilidad de manifestar
enfermedades mentales severas.

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