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BENEDDETTY (MUJER HERMOSA)

Eres hermosa, y solo Dios te pudo dotar de aquel candor que todo lo
ennoblece,
Eres hermosa, y solo un precepto puede igualarse al querer que en mi tu
obtienes,
Eres hermosa, y lo sublime tuvo un nuevo concepto al tenerte como mi sueño,
Eres y siempre serás lo más bello que observare, pues tu delirio de ser mujer,
es lo que me enamora mucho más en este querer...

Son tus manos tan cálidas y suaves como el pecho de una paloma,
Son tus labios tan dulces como la miel que deseo para mi boca,
Tus caricias profundizan el verdadero arte del amar,
Y cada palabra tuya hipnotiza, el deseo sublime de quererte nunca dejar...

Eres el despertar de un nuevo amanecer,


Y eres el sueño eterno de un eminente anochecer,
Eres el anhelo que muchos corazones lloran por no poder obtener,
De aquella admirable forma inusual al momento de soñar con tu querer,

Porque eres la única que ocupa todas mis ansias y mi ser,


La que entiende todo el sangrante dolor que en mi yo forme,
La que me cautiva con su pasión de saber ser aquella mujer,
Que encontró mis pedazos y los unió para nuevamente poder nacer...

Eres tan hermosa... que el día y la noche temen tu venida,


Por sentirse apocadas con tu presencia tan magnífica,
Y siempre recuerda... Que la intensidad de tu aroma pasional,
Se formó de los mismos ángeles que nos dotaron de tu glamorosa forma de
amar...

El entender tu belleza, es un inútil intento de saber porque siempre logras


aceptarnos, aun en las dolencias que causamos y sin tener una leve certeza de
porque entregarte, si no somos digno de tus abrazos y caricias y si no somos
dignos de poder observarte,
Deja que mis poemas se acerquen, a lo que el corazón diría, porque todo lo
que eres y siempre será en mi presente...
Flores para ellas

(Arjona Delia)

Traje flores para ustedes


quienes nunca retroceden
¡Todo lo hacen con valor!
Forjadoras de esperanzas,
en la vida siempre avanzan,
¡y le hacen frente al dolor!

Traje flores para ustedes,


con amor siempre proceden,
son el hilo conductor.
Cuando educan a sus hijos
dan cariño y dan cobijo,
porque entregan lo mejor.

Son amigas, son esposas,


son madres y son valiosas,
¡conceden su corazón!
Para ustedes son mis rosas,
las mujeres majestuosas
que engalanan la ocasión.

Estas flores merecidas,


a mujeres distinguidas,
por su esfuerzo y su labor.
Por ser tesoros valiosos
este ramo generoso
¡les entrego con amor!
MAESTRITO DE PUEBLO (ABRAHAM RIVERA SÁNCHEZ)

¡Que ya te dije que no!

Y tus caprichos no acepto.

No importa que me dejes de hablar,

no me importa que te pongas molesto,

aunque me cuelgues la cara,

aunque me hagas sentimiento,

mi permiso no he de darte,

antes…antes, te lleno de cueros.

Tanto dinero gastado,

tanto esfuerzo, tanto estudiar:

La primaria, la secundaria, la preparatoria,

que cursos aquí, que cursos allá.

Tanta hablada de tu parte,

tantos sueños construyendo:

Que ibas para médico, que no,

que mejor licenciado,

que ibas para político

o tal vez para ingeniero.

Y ahora que estás como chiflado,

o loco te estás volviendo,

me sales de babosote, con la idea de ser maestro.


¿Qué no te va a dar vergüenza de rebajarte tan feo?

¿No te va a dar pena de bajar a tal empleo?.

Maestrito…¡Que gran cosa!

Uy... qué dignidad, que porvenir,

que importancia…que abolengo.

Mira nomás. Maestrito de escuela.

Un torpe. Un bueno para nada.

Haragán, Irresponsable. Vago. Majadero.

Un flojo al que solamente le gusta el dinero.

Maestrito….¡mitotero!

A ver. ¿Qué les vas a enseñar a los niños?

. Si ni siquiera sabes cantar.

Mucho menos contar un cuento.

Maestrito,

si así como vistes, solamente vas para cirquero.

¡Que normal ni que ocho cuentos!.

Definitivamente no.

No quiero que seas maestro.

Antes, te llevo al campo, para que seas jornalero,

pa que el sol te de bien fuerte

y te hagas fuerte y prieto.


Sí…así me dijo mi padre.

Y yo, que mucho lo quiero,

bajé la frente y salí de casa diciendo:

---Está bien padre. Estoy de acuerdo.

Haré lo que usted diga.

De verdad, se lo prometo,

pero ya no esté enojado,

no sea que le vaya a hacer daño.

Ya no se enoje, haré lo que usted diga…

Seré licenciado o ingeniero.

Entonces salí,

vagué por las calles, por las huertas,

por el jardín, por la placita, por la iglesia,

pasé por una escuela y miré a muchos niños sin maestros.

También miré a los peones descalzos,

sudorosos, sin aliento,

poniendo sobre un papel, solamente la huella de su dedo.

También vi a las mujeres sin huaraches,

cargando la leña del cerro,

y esos niños…

esos niños hurgando entre los basureros.

Recogí entre mi alma,


a esa gente de mi pueblo,

a esa gente sin fortuna, sin redención,

sin consuelo y los metí,

los metí aquí dentro, en mi corazón,

en mis entrañas, en mi cerebro.

Les di parte de mi conciencia y me confundí con ellos.

Allí, frente a esos niños enfermos,

pensé que eran unos angelitos

despreciados del cielo.

Miré que no tenían alas,

los miré casi sin cuerpo.

Angelitos sin hogar, sin virgen,

sin padre nuestro.

Y entonces pensé: Si me aferro a ser licenciado,

médico, contador o ingeniero,

¿Cómo iba a despertar la conciencia de mi pueblo?...

¿En qué los voy a ayudar siendo licenciado?

Tal vez no podría darles amor,

justicia o palabras de consuelo.

No podría yo ofrecerles gran cosa, para calmar su tormento.

Entonces volví a mi hogar.

Todo lo tenía resuelto. Llamé a mi padre y le dije:

--Padre, yo a usted mucho lo respeto.


Comprendo sus ansias, sacrificios y sus sueños.

Pero hoy, quiero que me escuche,

por favor, solo un momento.

Si quiere que yo sea feliz,

si quiere de verdad que sirva a mi pueblo,

si usted quiere que colabore para mejorar a mi México,

si usted quiere que dedique mi vida en lo que más quiero,

por favor, papá, se lo suplico.

Deje que sea feliz con mis niños en la escuela,

deje que mi vocación se torne en mis clases y recreo.

Yo quiero ser lección de amor,

quiero que mis palabras sean versos,

que sea yo lucero con mis palabras del alfabeto.

Deje que sea manantial, para saciar la sed de mi pueblo.

Déjeme sufrir, déjeme luchar.

Déjeme vivir con el pueblo para educarlos,

para construir un colegio.

Deje padre que luche, déme su permiso,

se lo ruego.

Quiero sembrar esperanzas,

quiero construir anhelos,

quiero formar una escuela,

una escuela a los cuatro vientos.

Una escuela de libertad, donde haya luz y cantos nuevos.


Déme permiso papá, que sea un maestrito de pueblo.

Quiero marcar programas justos,

quiero trazar caminos nuevos,

deje que siembre la mies,

deje que propicie el vuelo,

el vuelo de esa águila que parece no tener alas, ni aliento.

Usted ya ve, mi hermano es doctor,

el mayor es ingeniero,

ellos, han formado en su ingratitud,

un mundo diferente, de explotación,

de egoísmo, de lujos y de dinero.

A ver ¿Dónde están ellos?

Si de usted ya se han olvidado,

si ya no vienen al pueblo,

su mentalidad burguesa ha cambiado

¿Por qué no han venido a verlo cuando se pone enfermo?

Por favor papá, se lo suplico, déjeme que sea maestro.

Mi padre se quedó pensando.

Y después de un gran silencio, me abrazó y me dijo:

---Sí muchacho, te comprendo.

Me has abierto los ojos.

Anda, ve a luchar hijo mío,


que aquí estaré esperando tu regreso.

Sé que traerás, muchas cosas logradas

con fe y con empeño.

Cuando vuelvas hijo mío,

vamos a estar muy contentos,

y tal vez se llenará esta casa,

con tu amor y los gritos de tus pequeños.

Si aquí no me encuentras ya,

yo sé que tendrán ese consuelo,

de volver a esta tu casa,

y de volver a tu pueblo.

Sé que vendrás a verme,

sé que vendrás por este viejo

y querrás con toda tu alma, enseñarme el alfabeto.

Si aquí no me encuentras ya,

ve a buscarme al cementerio.

Y allí, solitos los dos,

encerrados en el silencio,

me contarás de tus afanes,

de tus sueños logrados,

de tus sencillas tareas,

de tus éxitos, de tus progresos.


No me traigas flores hijo mío,

sé que no me las merezco,

ni cruz, ni nada. Solamente quiero tu recuerdo.

Anda hijo mío. Vete ya.

México espera tu esfuerzo.

Te espera el hombre ignorante,

te esperan los niños macilentos,

yo aquí me quedo esperando, con orgullo verdadero.

Anda hijo mío, vete ya.

Que si de momento muero,

voy a gritar con orgullo,

voy a gritar a los cuatro vientos:

¡MI HIJO!…¡MI HIJO!

¡ES UN MAESTRITO DE PUEBLO!


“PIDIENDO PARA SU MADRE” DE ANTONIO GANDIA
Pidiendo para su madre
Un joven va por la aldea,
Y aunque el dolor lo taladre,
Sufre, calla y no se queja.
Cuando después de rodar
Por las calles y las plazas
Se arrodilla ante el altar,
Y así lo sorprende el cura,
Y al ver que una mano falta
Del brazo de aquel mozuelo,
Con voz que es toda dulzura
Le dice: ¿Cómo te llamas?
¿Qué haces, di, por este pueblo?

Antón yo me llamo, padre,


Y le pedía a la Virgen

Que me den una limosna


Para que coma con mi madre.

¿Cómo perdiste la mano?


Le dice el cura piadoso.

¿Fue en el taller, fue en el campo?,

¿algún reptil venenoso


te dejó, Antón desgraciado
y te ha dejado, hijo mío,
pobre, triste, y mal parado?

No padre, no fue un reptil


Lo que mi mano cortara.
Años ha que voy pidiendo
Con lagrimas en los ojos
Y el rubor cubre mi cara.

Joven y fuerte fui un día,


Mis brazos fueron sostén
De una Madre de alma pura.
¡MADRE! ; palabra sagrada,
ya que Madre solo hay una.

La que con sus besos nos baña,


La que nos canta en la cuna,
La que jamas nos engaña,
¡Mujer que es todo ternura!

¡Qué malo, que malo fui


para con mi Madre amada!
Una noche padre mío
Tiemblo solo al recordarla,

Llegué borracho a mi casa,


Con mi mano encallecida
Le di tan fuerte en el rostro,

Que cayó desvanecida.

Y aquella mujer bendita,


Que tantos besos me dio,
Estaba en el suelo herida,
Y vi una mancha de sangre
Que la mente me turbó
¡Maldito, maldito yo,
que a mi madre escarnecía.

Yo no sé lo que pasó,
Solo se que aun vivía,
Alcé a mi madre del suelo
Y al punto curé su herida.
¡Malhaya el hijo maldito
que comete tal afrenta
Y maldito aquel cobarde
Que en su pensamiento alberga

Pegarle a su propia Madre!

Y salí de su aposento
Despierto para vengarla;
Quien la ofendió fue mi mano,

Pues mi mano pagará


Porque la había ultrajado.

Y ciego y lleno de ira


Cogí el hacha enloquecido,
Y la mano envilecida
Que tal afrenta causara
Al ser que me dió la vida
Y tan ruin me porté,
¡Por eso voy con mi pena
y voy por los pueblos, padre,
pidiendo de puerta en puerta
para que coma mi madre.

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