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Por Santiago Giordano

La soprano catalana Monserrat Caballé, una de las grandes figuras de la lírica del Siglo XX,
murió hoy a los 85 años en el hospital San Pau de Barcelona, donde se encontraba internada
desde setiembre. Los funerales se desarrollarán el lunes en el mediodía de Barcelona, la ciudad
donde nació en 1933 y de la que se convirtió en uno de sus símbolos artisticos.

Celebrada a nivel masivo por el dúo que protagonizó junto al cantante Fredy Mercury en
Barcelona, un disco cuyo tema principal se convirtió en el himno de los Juegos Olímpicos de
1992, Monserrat descolló sobre todo en el universo de la ópera. Su voz, firme, tersa y de un
color único, se complementó con una personalidad arrolladora, que le permitió lo largo de su
larga carrera caracterizar más de noventa personajes y ofrecer algo así como 4.000
actuaciones, además de articular una discografía ejemplar. Sus interpretaciones de las grandes
heroínas de la ópera del siglo XIX quedarán como referencia insoslayable de una manera de
cantar: pura voz, nitidez y pasión, sin concesiones ni dobleces. También por eso se recordará a
Monserrat como la última de las divas de la lírica internacional.

Bautizada María de Montserrat Viviana Concepción Caballé i Folch, Monserrat se crio en una
familia de clase trabajadora en Barcelona. A los ocho años ingresó en el Conservatorio del
Liceu, donde permaneció doce años y tuvo como maestros a Eugenia Kenny, Conchita Badea y
Napoleone Annovazzi, entre otros. Egresó con Medalla de Oro en 1954 y continuó sus estudios
en Milán. En 1956 se unió a la Ópera de Basilea, donde debutó ese mismo año en el papel de
Mimi en La Boheme di Giacomo Puccini. Su paso firme por la Ópera de Bremen, fue
fundamental para edificar el comienzo de una gran carrera, que en 1962 la llevó a debutar en
el que de ahí en más sería “su” teatro: El Liceu de Barcelona.

La fortuna internacional de la soprano comenzó en 1965, cuando reemplazó a último


momento a Marilyn Horne en una versión de concierto de Lucrezia Borgia, de Gaetano
Donizetti, en Carnegie Hall en Nueva York. “Una voz que combina lo mejor de María Callas y
Renata Tebaldi”, dijo el New York Times de aquella actuación y ese mismo años Caballé debutó
en el Metropolitan, donde estuvo presente hasta 1988. Otro de sus escenarios frecuentes fue
la Scala de Milán, donde debutó con Lucrecia Borgia en 1970 y en la temporada siguiente
protagonizó Maria Estuardo, también de Donizetti.

En 1972 Monserrat debutó la Royal Opera House de Londres en La traviata, de Giuseppe


Verdi, y en la Ópera de París en Norma, de Vincezo Bellini. Afianzada en Europa y Estados
Unidos, la soprano pondrá en juego su voz y su personalidad en roles más dramáticos. Aida, Un
ballo n maschera, La forza del destino, de Verdi; La Gioconda, de Amilcare Ponchielli; Tosca, La
Boheme, Madame Butterfly y Turandot, de Puccini, además de Mozart y Wagner, se midieron
con su talento y su sensibilidad. Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, José Carreras, Jaume
Aragall, Joan Pons y su marido, el tenor aragonés Bernabé Martí, fueron sus grandes
compañeros.

Como gran diva, Monserrat también supo recuperarse malos pasos. En 1982, fue tentada por
la Scala para protagonizar el rescate de una antigua puesta de Luchino Visconti de Anna
Bolena, de Donizetti, que había protagonizado María Callas. Monserrat no estaba en sus
mejores condiciones y el paso en falso no fue perdonado por el público hasta su regreso
triunfal den 1987 como protagonista de Salome, de Richard Strauss, con la puesta de Bob
Wilson , los vestuarios de Versace y la dirección musical de Kent Nagano.

Personaje popular, Monserrat fue además embajadora de buena voluntad de la Unesco y


artífice de una fundación para niños necesitados en Barcelona. En 2015 fue condenada a seis
años de prisión con la suspensión de la pena por evadir impuestos

Su última actuación fue en agosto de 2014, dentro del Festival de Música de Cambrils, donde
actuó junto a su hija, también cantante, Montserrat Martí.