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CENTRO SALESIANO DE ESTUDIOS SUPERIORES

El Círculo de Viena

Investigación final de Filosofía de la Ciencia


29/05/2019
Introducción
La discusión sobre la validez de la metafísica ha estado presente en la
filosofía desde sus orígenes griegos. De alguna manera podemos verla ya presente
con la teoría atómica de Demócrito en la que presenta un materialismo
mecanicista: los átomos explican toda la realidad, incluso el alma humana sin
necesidad de recurrir a una inteligencia ordenadora como lo había hecho
Anaxágoras. Los átomos son lo único que existe y por tanto cualquier otro tipo de
proposición que hable de cosas que no estén formadas por átomos debe ser
tratado inmediatamente como falso.

En este trabajo estudiamos las propuestas que el Círculo de Viena hace


sobre la filosofía y la metafísica y que constituyen un paso más en la discusión
que Demócrito inició. Si para él resultaban falsas las proposiciones de los
filósofos que hablaran de algo más allá de lo material y compuesto por átomos,
el Círculo de Viena dirá que estas proposiciones no son falsas ni verdaderas...
más bien carecen de sentido.

En esta investigación recorreremos la historia del Círculo de Viena y de su


pensamiento, desde sus precursores hasta la disolución oficial del grupo que dio
fin con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de no estar de acuerdo
con todo lo expresado por el Círculo de Viena, me doy cuenta que es la historia
de personas que buscaron lo que para ellos era verdad. Querían construir un
lenguaje lógico al cual sólo pudieran traducirse proposiciones con sentido para
evitar así el uso incorrecto del lenguaje que según ellos hacía la metafísica.

Sin embargo, también veo que una filosofía sin metafísica se convierte
fácilmente en una esclava de las ciencias fácticas y por lo tanto pierde su
característico “dar un sentido” a la vida humana. Sin la metafísica, sin una
realidad que escape a lo meramente empírico, hasta lo empírico pierde su
sentido y la significación que como humanos podemos darle porque manejamos
símbolos. Creo que a ésto se refiere Popper cuando cita en su libro Conjeturas y
Refutaciones la respuesta de Franz Urbach a la frase de Wittgenstein que decía
“sobre aquello de lo que no se puede hablar hay que permanecer en silencio”.
Aquél le contesta: “¡pero es justamente en esos casos cuando vale la pena
hablar!”.
El Círculo de Viena
Por Óscar Noé Rodríguez Martínez

PRECURSORES
En 1929, H. Hahn, O. Neurath y R. Carnap publican un folleto titulado La
concepción científica del mundo. El Círculo de Viena, considerado ya desde su
aparición como el manifiesto del grupo. En dicho folleto, además de hacer una
breve exposición de la postura filosófica del grupo y de dar un repaso a los
problemas que la filosofía planteaba, brinda una lista de personas de la historia
de la ciencia y la filosofía que habían sido leídos y discutidos por el grupo, y los
consideraban sus precursores.

EMPIRIOCRITICISMO

El empiriocriticismo, cuyas figuras más destacadas son Richard Avenarius y


Ernst Mach, se preocupó principalmente por la epistemología genética y por los
problemas relacionados con el método científico, bajo una fuerte influencia de
las tendencias psicologistas, biologistas y subjetivistas dominantes en la época.
En líneas generales, el empiriocriticismo se emparenta con el positivismo lógico
por un doble afán: instaurar la filosofía como ciencia y liberar la ciencia (y la
filosofía) de todos los datos “inventados”, de los prejuicios y sinsentidos que
acríticamente han ido acumulando en el decurso histórico. Pretendían rescatar la
“visión natural” del mundo de las oscuras tinieblas en que había sido sepultada
por una metafísica irracional resurgente y arrogante.

Podemos encontrar en Avenarius y Mach características que los enlacen


con el positivismo lógico posterior. El positivismo de Avenarius está vertebrado
por lo que se suele denominar “principio de economía”, que no es otra cosa que
la versión moderna de la vieja navaja de Ockham. Para Ockham no había que
multiplicar los seres más allá de lo estrictamente necesario. En manos de los
empiriocriticistas, el principio de economía se traduce en una imposición y una
renuncia: sólo es lícito admitir lo que la experiencia nos impone al tiempo que
debemos renunciar a lo que es inútil e innecesario en la interpretación y
conocimiento de nuestro mundo sensible.

Ernst Mach llegó a conclusiones similares. Se aproxima a un punto de vista


cercano a Hume y se muestra hostil a la metafísica inyectada por Kant. Niega la
existencia del “en sí” kantiano y la posibilidad de los juicios sintéticos a priori.
Para él la filosofía tiene una función desmitificadora y depuradora: en la
experiencia debe combatir y eliminar las especulaciones metafísicas que acechan
a la filosofía y la ciencia con el fin de alcanzar la “visión natural” del mundo.
LA LÓGICA DE BERTRAND RUSSELL

Russell junto con Wittgenstein son los precursores fundamentales del


positivismo lógico. La nueva lógica, que se convertirá en el instrumento
científico del filosofar, se desarrolla a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La
diferencia entre la lógica tradicional y la nueva lógica consiste
fundamentalmente en que ésta última utiliza símbolos lógicos, por analogía con
los matemáticos. Mediante el simbolismo se ha creado una forma de expresión
con la cual se fijan los conceptos y enunciados y las reglas de su conexión con
una precisión matemática. De esta forma se hace posible el operar formal sin
tener en cuenta el contenido, un cálculo con conceptos y enunciados.

La lógica tradicional solo conocía la forma predicativa y desconocía las


proposiciones de forma relacional (por ejemplo, “a es mayor que b”). De esta
lógica antigua hacía imposible las inferencias que entraban en juego
proposiciones relacionales. La nueva lógica va a superar esta deficiencia
mediante la teoría de las relaciones.

La conclusión es ésta: una cosa es usar el lenguaje para hablar de objetos


y otra muy distinta es usar el metalenguaje, usar el lenguaje para hablar del
propio lenguaje. De no separar estos dos niveles de uso del lenguaje se cae en las
antinomias, paradojas, contradicciones o aporías a las que tiende la metafísica.

El Círculo de Viena tomará de Russell la concepción que éste tiene de la


función y sustantividad de la filosofía. Russell sostiene que la función de la
filosofía consiste en el análisis lógico, seguido de la sintaxis lógica y que la lógica
es fundamental en la filosofía.

EL TRACTATUS DE L. WITTGENSTEIN

El primer Wittgenstein o el Wittgeinstein del Tractatus ejerció un papel


importante en la postura filosófica del Círculo de Viena. Wittgenstein estudia las
condiciones para la existencia de un lenguaje lógicamente perfecto, condiciones
que se materializan en la existencia de unas reglas sintácticas que eviten los
sinsentidos y en la asunción de unos símbolos con un significado determinado y
unívoco. La construcción de este lenguaje lógicamente perfecto es indispensable
para evitar los sinsentidos y las confusiones a que conduce el lenguaje corriente.
“Para evitar estos errores – dice Wittgenstein – debemos emplear un simbolismo
que los excluya, no usando el mismo signo en símbolos diferentes ni usando
aquellos signos que designen de modo diverso, de manera aparentemente igual.
Un simbolismo que obedezca a la gramática lógica”.
Afirma que este lenguaje lógicamente perfecto nos ofrece la posibilidad
de describir el mundo real con mayor rigor y exactitud que el lenguaje corriente
puesto que es en realidad un reflejo de la estructura del mundo. Entre cada
proposición y la realidad que esa proposición describe, hay una forma lógica
común. Sobre la base de esta relación existente entre el lenguaje lógicamente
perfecto y los hechos reales, Wittgenstein llega a la conclusión que la mayor
parte de las proposiciones y cuestiones que se han escrito sobre materia
filosófica no son falsas, sino carentes de sentido que violan la lógica del
lenguaje; en consecuencias no se puede responder a estos pseudoproblemas y es
mejor ni siquiera intentarlo, pues “de lo que no se puede hablar, es mejor
guardar silencio”.

HISTORIA DEL CÍRCULO DE VIENA


LA SOCIEDAD DE FILOSOFÍA EMPÍRICA DE BERLÍN

En Berlín se había mantenido viva la tradición filosófica del


empiriocriticismo (especialmente Avenarius y Mach), en manos de Josef Petzoldt,
quien fundó la Sociedad para la filosofía positivista que se transformó
posteriormente en la sociedad para la filosofía empírica. Los precursores de esta
sociedad berlinesa son los mismos que los del Círculo de Viena.

La asociación berlinesa era el lugar de reunión y discusión de médicos y


psicólogos, dirigidos por Friedrich Kraus y Alexander Herzberg; a éstos se les
unieron posteriormente un buen número de filósofos, entre los cuales cabe
destacar a auténticas figuras del pensamiento contemporáneo como Heins
Reichenbach, Walter Dubislav, Kurt Grelling, Kurt Lewin, Carl Gustav Hempel,
Richard von Mises, etc.

EL CÍRCULO DE VIENA

LA GESTACIÓN

Filosóficamente se hacían notar las influencias del pensamiento de Mach y


de sus continuadores, así como una orientación general de cariz ilustrado y
empirista con especial inclinación hacia la práctica (y la teoría) de las ciencias
naturales y físicas. Destacaban también las preocupaciones lógico-matemáticas a
través de Höfler y de la lectura de Poincaré, y una cierta rebelión contra la
gnoseología kantiana y la metafísica.

Factor fundamental para la gestación del Círculo de Viena fue la creación


en 1895 de la cátedra de filosofía de las ciencias inductivas, cátedra que fue
creada especialmente para Mach. Todo ello creó en la universidad vienesa una
sólida tradición antimetafísica de la filosofía empirista en ciencias naturales. El
Círculo de Viena disponía ya de las condiciones necesarias para hacer su irrupción
en la historia.

DESARROLLO Y CONSOLIDACIÓN

Moritz Schlick se dedicó a vertebrar el Círculo de Viena. Schlick había


llegado a la cátedra vienesa desde el campo de la física. A diferencia de sus
predecesores en la cátedra, Schlick tenía una sólida formación filosófica.

En 1923 en torno a un seminario dirigido por él, se formó un círculo de


personas con intereses comunes, compuestos por alumnos, doctores, profesores y
matemáticos. Celebraban reuniones animadas por Hahn y Neurath los jueves por
la tarde en un antiguo café vienés y solían estar hasta medianoche discutiendo
problemas filosóficos y científicos. Constituían una asociación libre de científicos
y filósofos alejados del academicismo, estaban unidos por un interés
epistemológico común: el análisis crítico de la filosofía y de la ciencia.

En 1929 el congreso de la Sociedad alemana de Física y de la Asociación de


matemáticos alemanes celebrado en Praga en septiembre les brindó la
oportunidad de darse a conocer a nivel internacional como grupo autónomo.
También en ese año se publicó el escrito programático que se considera como el
manifiesto del grupo. El manifiesto redactado por Carnap, Neurath y Hahn con el
título La concepción científica del mundo. El Círculo de Viena, indica el origen,
actitud, fines y concepción de la filosofía que mantenía el grupo. Los años 1928-
29 señalan la entrada en la vida pública del Círculo de Viena.

ESPLENDOR Y DECADENCIA

Los años entre 1929-1938 marcan el reconocimiento y la expansión


internacional del Círculo de Viena a través de los Congresos y la creación de
“filiales”, pero también señala la decadencia del movimiento como tal por la
desaparición de algunos de sus miembros, el cambio de residencia de otros, la
diáspora ocasionada por la barbarie nazi y un cierto agotamiento de su
paradigma filosófico. El año de 1938 supone el final orgánico del movimiento,
aunque no su final como paradigma filosófico.

Carnap creó con el catedrático de física Philipp Frank una filial del Círculo
de Viena en Praga que sería fuente de productivas ideas. Ambos grupos
establecieron una relación orgánica. Sin embargo, pronto empezarían a sentirse
las pérdidas: en 1931 Feigl obtuvo una cátedra en la Universidad de Iowa; en
1934 murió Hahn y en 1936 Carnap marchó a América; en 1936 asesinaron a tiros
a Schlick y cesaron las reuniones del grupo. Éste se disolvió por completo en 1938
a raíz de la anexión de Austria a Alemania.

En Viena ya no había Círculo de Viena, pero donde sus miembros se


trasladaron floreció la orientación vienesa y pronto surgieron discípulos y grupos
del talante positivista. En EEUU, Inglaterra, Europa Nórdica, Francia y Polonia.
Solamente en Alemania las ideas del Círculo de Viena no encontraron difusión y
fueron, según Kraft, “rechazadas de modo despectivo y decidido”.

LA DOCTRINA DEL CÍRCULO DE VIENA


EL PROGRAMA POSITIVISTA

Frente al incremento de las tendencias metafísicas y teológicas


detectables en la época de los miembros del Círculo de Viena, propondrán lo que
ellos llaman “concepción científica del mundo”. Dicha concepción es la antítesis
de la filosofía tradicional, y así como ésta se dedica a formular “proposiciones
filosóficas”, la concepción científica del mundo tiene por misión la “elucidación
de proposiciones”, la diferencia con la filosofía tradicional llega al extremo de
negarse “absolutamente” a considerarse a sí misma como filosofía por la sencilla
razón de que la filosofía, en su acepción tradicional, no tiene sentido que exista.
Y es que más allá de la experiencia no existe camino alguno que permita la
obtención de conocimientos, no existiendo tampoco un mundo que trascienda al
sensible.

La función de la filosofía sufrirá un giro fundamental: se convertirá en


instrumento clarificador al servicio de la ciencia.

Podemos caracterizar el programa y el espíritu de la concepción científica


del mundo por su orientación y su método. La orientación (antimetafísica y
científica) se propone lograr la “unificación de la ciencia”. En cuanto al método,
se define por dos rasgos: empirismo y análisis lógico. La orientación reseñada
supone ante todo la creencia en la existencia de una intersubjetividad entre las
diversas ciencias y sus practicantes, cosa que se debe traducir en una de las tesis
más importantes de los positivistas: la posibilidad de construir un lenguaje
unificado común a todas las ciencias. Para que este lenguaje sea posible es
necesario que antes se haya elaborado un sistema formal, libre de equívocos, así
como un sistema conceptual preciso y unívoco. Los supuestos enigmas insolubles
se resuelven una vez analizados, como pseudoproblemas o como meras
cuestiones que la experiencia y el método científico deben solucionar.

El análisis lógico marcará la diferencia entre los enunciados científicos y


los metafísicos: los científicos serán aquellos que mediante el análisis lógico se
manifiesten como plenos de sentido; los metafísicos, en cambio, son aquellos
que una vez analizados lógicamente se muestran como un conjunto de palabras
carentes del más mínimo sentido. El análisis lógico, en suma, revela que muchos
de los supuestos problemas que se han ido acumulando a lo largo de la historia
de la filosofía son, en realidad, sinsentidos o falsos problemas, y el metafísico o
teólogo es un individuo que alguna oculta razón debe tener para decir las
extrañas cosas que dice. Los positivistas no dicen que los asertos metafísicos o
teológicos sean falsos, sino que carecen de sentido: a lo sumo tendrían un valor
emotivo.

LA FUNCIÓN DE LA FILOSOFÍA

Schlick en su trabajo El viraje de la filosofía advierte que “estamos ante


el viraje definitivo” y que van a ser injustificados los conflictos entre sistemas o
teorías filosóficas. Esto ocurre porque al fin la filosofía ha encontrado el método
que hace que tales conflictos estén fuera de lugar. El método en cuestión viene
dado por los adelantos de la lógica moderna y la comprensión de la naturaleza de
lo lógico mismo. Para Schlick, la filosofía no es una ciencia, peor puede ser
entendida como al “Reina de las Ciencias”. La filosofía sufre una mutación y
debe ser entendida como una actividad mediante la cual se puede descubrir o
determinar el sentido de proposiciones o enunciados.

Schlick y los positivistas reivindicaron una visión “socrática” de la filosofía.


Sócrates, que aparentemente rechazaba la ciencia, será el espejo en que se
miren los positivistas a la hora de definir cuál ha de ser la función y sustantividad
de una concepción científica (si es que puede hablarse así) de la filosofía. Basta
leer unos cuantos diálogos platónicos para convencerse de que Sócrates no busca
tanto el llegar a verdades sino el aclarar continuamente el significado preciso de
cada término utilizado: por ejemplo, al preguntar qué es la belleza, la bondad,
la sabiduría o la justicia, no hace otra cosa que volver a preguntar qué se quiere
decir exactamente con cada una de las palabras utilizadas en las definiciones o
respuestas obtenidas. Sócrates, en palabras de Schlick, “ha establecido para
siempre el ejemplo del verdadero método filosófico”. Este método es llamado
por los positivistas la búsqueda del significado.

La filosofía por tanto es una actividad que ha de desarrollarse en el seno


de la ciencia. Los positivistas llegan a la conclusión que a lo largo de la historia
no se comprendió bien el papel de la filosofía. Los problemas que surgieron en
torno a esta pueden clasificarse en dos: las cuestiones que solo son problemas
aparentes pues una vez analizadas demuestran carecer de significado y de
sentido lógico, revelándose como pseudoproblemas; y por otro lado un conjunto
de cuestiones “filosóficas” que sí son auténticos problemas pero cuya resolución
corresponde a la ciencia, porque en realidad son problemas científicos
disfrazados.

La función de la filosofía entendida como análisis lógico tiene un doble


contenido: un contenido negativo (toda proposición que esté más allá de la
experiencia es un sinsentido) y un contenido positivo (clarificación de conceptos
científicos y fundamentación lógica de las ciencias fácticas). Al igual que antes
se trata de evitar la especulación, la metafísica y el sinsentido.

LA ELIMINACIÓN DE LA METAFÍSICA

Los positivistas están convencidos de que el desarrollo de la lógica


moderna les va a permitir reanudar la lucha antimetafísica que se había
desarrollado antes que ellos, dándole un carácter nuevo, preciso y definitivo.
Carnap en La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje
afirma de forma tajante la visión que tiene el Círculo de Viena al respecto: “las
pretendidas proposiciones de la metafísica son totalmente carentes de sentido”.
Van a rechazar la metafísica no por ser un conjunto de proposiciones falsas, sino
un conjunto de proposiciones carentes de sentido. Al demostrar el sinsentido de
la metafísica buscan lograr la eliminación del a misma.

Según Carnap, un enunciado metafísico es “aquel que pretende presentar


un conocimiento sobre algo situado por encima o más allá de la experiencia”.
Carnap advierte que no se debe atribuir el carácter de metafísico a las teorías
que pretenden disponer enunciados generales de diversos campos del
conocimiento científico en un sistema ordenado. Una proposición metafísica sería
una proposición no empírica a la que se le atribuye un contenido existencial.

También Schlick había establecido un criterio semejante para delimitar el


sentido de la metafísica. Las proposiciones de la metafísica no eran comunicables
ni verificables pues se confundía el concepto de existencia con una noción
intuitiva e inefable. Las proposiciones con sentido son de dos clases: tautológicas
y empíricas. Las tautológicas son verdaderas exclusivamente en virtud de su
forma y no nos dicen nada acerca de la realidad; las proposiciones empíricas son
aquellas que pertenecen al dominio de la ciencia quien ha de demostrar su
verdad o falsedad mediante la reducción a proposiciones elementales que se
verifican inmediata y empíricamente.

Desde el punto de vista del positivismo lógico, la metafísica puede surgir


como consecuencia de la utilización de palabras a las que erróneamente se les
atribuye un significado, por ejemplo: Dios, absoluto, sustancia, en-sí, etc.; o por
la construcción de proposiciones utilizando palabras significativas pero unidas
violando la sintaxis lógica del lenguaje.

El significado se define según el “criterio de aplicación”, mediante sus


relaciones de derivación de su proposición elemental, mediante sus condiciones
de verdad y el método de su verificación. Las condiciones para que una palabra
tenga significado y no caiga en el sinsentido metafísico las especifica Carnap en
su libro antes citado:

“Siendo „a‟ una palabra cualquiera y „P(a)‟ la proposición elemental en


que aparece, las condiciones para que „a‟ tenga un significado se dan en cada
una de las formulaciones siguientes que dicen fundamentalmente lo mismo:

 Que las notas empíricas de „a‟ sean conocidas;


 Que haya sido estipulado de qué proposiciones protocolares es derivable
„P(a)‟;
 Que las condiciones de verdad para „P(a)‟ hayan sido establecidas;
 Que el método de verificación de „P(a)‟ sea conocido”.

Como ejemplo de palabras significativas pero unidas violando la sintaxis


lógica del lenguaje, Carnap procede al análisis de un extracto del texto ¿Qué es
metafísica? de Heidegger. Carnap analiza este texto de forma detenida y llega a
la conclusión de que las proposiciones heideggerianas son auténticos y
monumentales sinsentidos que violan de forma grave y evidente la sintaxis lógica
del lenguaje: el término “nada” es usado equivocadamente como sustantivo,
pero la palabra “nada” por propia definición niega su misma existencia. Este
sinsentido en el que incurre Heidegger es posible porque el lenguaje ordinario, a
diferencia de un lenguaje lógicamente perfecto, permite gramaticalmente
hablando la construcción de pseudoproposiciones.

Con este lenguaje lógicamente perfecto sería imposible formular


proposiciones que, pese a no violar la gramática del lenguaje ordinario, se
revelan como pseudoproposiciones.

EL PRINCIPIO DE VERIFICACIÓN

El significado de las proposiciones factuales o empíricas viene definido por


la posibilidad de su verificación; y como clarificar el significado y el sentido de
los enunciados es la tarea que se proponen los positivistas, es fácil comprender la
fundamental importancia que para el positivismo tiene el llamado “principio de
verificación”. En efecto, el requisito de “verificabilidad” es indispensable para
conferir sentido a aquellas proposiciones que no son ni analíticas ni
contradictorias.
Ya desde sus inicios, el Círculo de Viena se preocupó por el problema de la
verificación. Schlick es rotundo: sentido es “sentido verificable”. Una proposición
sólo tendrá sentido si se pueden enunciar las condiciones bajo las cuales dicha
proposición sería verdadera y aquellas bajo las cuales sería falsa. Si se es incapaz
de verificar una proposición (incapaz de saber qué hacer para averiguar su
verdad o falsedad), dicha proposición ha de ser considerada como carente de
sentido.

Siempre se ha considerado al británico A. J. Ayer, en Lenguaje, verdad y


lógica como el más fiel sintetizador del principio de verificación. Afirma que el
criterio que hay que utilizar para probar la autenticidad de aparentes
declaraciones de hecho es el criterio de verificabilidad. Una proposición será
factualmente significante si se conoce cómo verificarla. Ayer distingue entre
“verificabilidad práctica” y “verificabilidad en principio”. La verificabilidad en
principio es aquella verificabilidad para la cual no se dispone todavía de los
medios prácticos capaces de colocarnos en situación de llevar a cabo las
observaciones pertinentes y necesarias. Por ejemplo, la proposición “hay
montañas en la cara oculta de la luna” era, en esa época, una proposición
verificable en principio pues se sabía qué tipo de observaciones decidirían sobre
su verdad o falsedad aunque faltara el cohete capaz de llevar a la luna al
medidor; en la actualidad dicha proposición es ya verificable. En cambio, una
proposición presentada por Ayer como no verificable la extrae de la obra del
metafísica Bradley: “el Absoluto forma parte de, pero es en sí mismo incapaz de,
evolución y progreso”. No es verificable pues no hay ninguna afirmación capaz de
determinar si el Absoluto evoluciona o progresa.

Ahora bien, ninguna proposición puede ser verificada concluyentemente,


ni concluyentemente refutada. Una de las razones elementales que imposibilitan
la verificabilidad concluyente reside en el hecho de que es imposible encontrar
una clase finita de observaciones que verifique concluyentemente un enunciado
general.

Para evitar el callejón sin salida a que las diversas formulaciones del
principio de verificación conduce, Hempel propone sustituir el lenguaje natural
por un lenguaje empirista “cuyo vocabulario y gramática se eligiesen de tal
manera que excluyan por completo la posibilidad de formar oraciones de aquellas
clases que el criterio empírico de significado está destinado a eliminar”.

Este lenguaje empirista permite expresar todas sus oraciones en términos


de características observables de objetos físicos. A partir de este lenguaje
Hempel formula lo que denomina como “criterio de traducibilidad para el
significado cognoscitivo”, que se define de la siguiente manera: “una oración
tiene significado cognoscitivo si, y sólo si, es traducible a un lenguaje empirista”.
Este criterio permite a Hempel evitar las insuficiencias y limitaciones de criterios
anteriores ya que las proposiciones metafísicas no son traducibles al lenguaje
empirista. Sin embargo, el criterio es excesivamente restrictivo, pues declara
sólo como traducibles aquellas oraciones cuyos términos pueden definirse como
predicados observacionales y ocurre que muchos términos científicos no pueden
ser definidos de esta manera.

Hempel se ve obligado a ampliar el criterio de traducibilidad a “todos los


enunciados cuyos términos empíricos constitutivos comprenden „construcciones
empíricas‟ conceptuales, es decir, términos que no designan observables, pero
que pueden ser introducidos mediante oraciones reductivas.

SOBRE EL CONOCIMIENTO Y EL MÉTODO CIENTÍFICO

Entre los positivistas la preocupación por la crítica del a priori y en general


contra el criticismo kantiano, encuentra origen e impulso entre los miembros de
la Sociedad berlinesa.

Admitir que hay conocimiento sobre hechos que se obtienen


independientemente de la experiencia equivale a admitir el descalabro del
paradigma positivista que afirma que una proposición no tautológica es
verdadera o falsa en tanto y en cuanto sea o no verificable empíricamente. Era
necesario, por tanto, combatir la creencia en la existencia de unas supuestas
leyes o principios a priori que algunos filósofos de la época “descubrían” incluso
en el campo de la física. Por lo demás, admitir la existencia de un conocimiento
a priori independientemente de la experiencia era abrir una puerta a la
metafísica, tan combatida por los positivistas.

Kant sostenía que las proposiciones de la matemática eran sintéticas y a


priori. Tales juicios sintéticos a priori serían verdaderos con inmediata certeza y
por medio del conocimiento proporcionado por la intuición pura. Los positivistas
no podían estar de acuerdo con la teoría kantiana porque para ellos lo sintético
ni puede darse a priori ni puede ser el producto de una “intuición pura”
independiente de la experiencia; para el positivista, el pensamiento puro nunca
es fuente de conocimiento, éste solo puede adquirirse recurriendo a lo
observable y verificable.

Los positivistas demuestran, contando a su favor con la existencia de la


geometría no euclideana, desconocida en tiempos de Kant, que los axiomas de la
geometría son simples definiciones y que sus teoremas son meras consecuencias
lógicas de las definiciones. Las geometrías son todas verdaderas en la medida
que no incurren en contradicción, lo que ocurre es que hay una geometrías más
útiles que otras; una vez se dota a los axiomas de interpretación física resulta
que unas geometrías son más fáciles y productivamente aplicables que otras a
situaciones empíricas concretas. Por tanto, la geometría y la matemática son
sistemas lógicos aplicables a cualquier realidad que únicamente nos dicen que si
algo satisface las definiciones, satisfará también los teoremas. De esta manera,
dice Ayer, “las verdades de la pura razón, las proposiciones que sabemos que son
válidas independientemente de la experiencia, lo son solamente en virtud de su
carencia de contenido factual”.

LA TEORÍA POSITIVISTA SOBRE LA CAUSALIDAD Y LA INDUCCIÓN

En consecuencia, los positivistas rechazan a Kant y afirman que las


proposiciones de la geometría, aritmética, matemática, no son proposiciones
sintéticas y por tanto no proporcionan ampliación alguna de conocimiento y su
validez reside en el significado de los símbolos que constituyen tales
proposiciones. Para los positivistas las leyes no son proposiciones generales, sino
modelos que permiten construir proposiciones singulares. Schlick afirma en La
causalidad en la física contemporánea que “las leyes naturales no tienen el
carácter de proposiciones que son verdaderas o falsas, sino que establecen más
bien reglas para la formación de tales proposiciones [...] las leyes naturales son
„implicaciones generales‟ porque no pueden verificarse en todos los casos; son
más bien reglas de conducta, instrucciones, para que el investigador cumpla con
su misión y anticipe ciertos acontecimientos”.

La teoría positivista de la causalidad y la inducción mantiene semejanzas


con la de la ley. El positivismo argumenta que el principio de causalidad es
simplemente un “precepto” útil para formular proposiciones sobre la realidad.
Representa, en palabras de Schlick, “una invitación, una norma para investigar la
regularidad y describir acontecimientos por medio de leyes”. Por su parte, la
inducción es vista como “la predicción y verificación posterior de las
proposiciones singulares que se formulan dentro de una ley o esquema”. Así
pues, la causalidad y la inducción no nos dicen nada sobre al realidad ni sobre la
singularidad del universo, son tan sólo prescripciones u ordenaciones de la
experiencia que indican que debemos describir los hechos según una ley.

En última instancia, la utilidad del principio de causalidad reside en la


experiencia ya que “el verdadero criterio de la legalidad, la prueba
característica de la causalidad es la verificación de sus previsiones”.

LA TEORÍA DEL SISTEMA DE CONSTRUCCIÓN DE CONCEPTOS


La compleja teoría del sistema de construcción de los conceptos formulada
por Carnap en su obra La estructura lógica del mundo, pretende representar de
un modo lógico el proceso de conocimiento al tiempo que pretende ser el
sistema de la construcción de la totalidad de los conceptos científicos realizada
en modo geométrico. Carnap intenta la tarea de la deducción lógica de los
conceptos.

Constituir o definir constitucionalmente un concepto significa fijar una


regla que permita sustituir los enunciados que contiene este concepto por otros
enunciados que contengan otros conceptos. La constitución de conceptos tiene
lugar de forma gradual y encadenada: los conceptos de nivel más alto se
construyen a partir de otros que se encuentran por debajo y así sucesivamente
hasta llegar a los conceptos lógicos y los conceptos primitivos que son
indefinibles y sólo pueden “mostrarse” en las vivencias. Así, por ejemplo, el
concepto aceleración se define con ayuda de los conceptos incremento de
velocidad y tiempo, mientras que velocidad se define con ayuda de los conceptos
trayectoria y tiempo.

La constitución carnapiana se efectúa en tres etapas:

1. Construcción del psiquismo propio: a partir de la relación de semejanza se


puede deducir la relación de semejanza parcial que conduce a los círculos
de semejanza de los cuales se aíslan las “clases de cualidades”. Es
necesario hacer notar que no se parte, al modo tradicional, de lo
elemental a lo general, sino al revés, de las clases de cualidades a las
clases sensoriales llegando finalmente a las sensaciones.
2. Construcción del mundo de la observación y del mundo físico: se atribuye
al campo visual cualidades de los otros sentidos para así formar los
procesos no observados por analogía con los observados; el mundo físico se
construye atribuyendo números y no cualidades a los puntos espacio-
temporales.
3. Construcción del psiquismo ajeno: en virtud de la correlación que existe
entre el proceso físico y psíquico en el cuerpo de otra persona; dicha
correlación se realiza mediante la relación de expresión y mediante el
recuerdo de semejanza ajeno.

Carnap construye también el concepto de realidad empírica como


contrapuesto a la realidad metafísica, que es inconstituible.

EL FISICALISMO EN EL CÍRCULO DE VIENA


El fisicalismo es uno de los temas que mejor identifican al positivismo
lógico, al punto que se llegó a proponer que el Círculo de Viena se denominara
“Círculo de Viena para el Fisicalismo”. Las tesis del fisicalismo pueden resumirse
así: “no solo el lenguaje de las disciplinas científicas, sino también los lenguajes
protocolarios son sólo parte del lenguaje de la física; todas las proposiciones que
se construyen en forma de un sistema de hipótesis en conexión pueden traducirse
al lenguaje de la física; éste es un lenguaje universal y como no se conoce otro
lenguaje de este tipo, es el lenguaje de la ciencia”. Así pues, el fisicalismo exige
la construcción de un lenguaje universal válido para todas las ramas de la
ciencia.

Este lenguaje fisicalista universal de la ciencia debe cumplir los siguientes


imperativos: ser intersubjetivo y universal. Tiene que ser un sistema común de
signos y reglas y además ha de designar lo mismo para todas las personas.
Universal significa que las proposiciones de todas las ciencias se han de poder
traducir al lenguaje fisicalista. Cuestión importante y que preocupará a los
miembros del Círculo de Viena es si el lenguaje de la psicología, sociología y
demás 2ciencias del espíritu” puede fisicarlizarse. La respuesta es afirmativa,
porque las proposiciones de la psicología se refieren siempre a acontecimientos
físicos que ocurren en el cuerpo de las personas; en este sentido, la psicología
puede ser considerada como una parte de la física, entendida como un
determinado proceder en la construcción de los conceptos. Carnap propone un
ejemplo de fisicalización de un enunciado psicológico: el enunciado “a las diez
en punto el señor A estaba airado” equivaldría en lenguaje físico a “a las diez en
punto, el señor A estaba en un determinado estado físico, caracterizado por la
aceleración de la respiración y el pulso, por la tensión de ciertos músculos, la
propensión a determinada conducta violenta, etc”. Es decir, que a cada
enunciado de las ciencias humanas le corresponde un enunciado de la física que
se identifica con él.
Conclusiones
A través de esta investigación hemos seguido el hilo de pensamiento del
Círculo de Viena, su lucha contra las proposiciones de la metafísica y la caída de
su grupo e incluso de su doctrina.

Sin embargo, la crítica que lanza al edificio de la filosofía en general –


aunque especialmente a la metafísica – creo que sigue siendo válida hasta cierto
punto. En ciertas ocasiones la reflexión filosófica, buscando ser elevada, se
olvida de lo concreto y existente para dedicarse sólo a lo universal y absoluto,
sea lo que sea que con éstos términos quiera designarse.

La filosofía debe nacer de la vida, pues en ella se engendra. Los primeros


filósofos querían responder preguntas que para ellos eran muy importantes y que
nacieron en su vida, preguntas incluso de las que dependía el sentido que le
dieran a su existencia. ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo debemos comportarnos?
¿De qué manera comenzamos a vivir? ¿Qué nos distingue de los animales?

Por supuesto que esto no quiere decir la eliminación de la metafísica. Ésta


es una rama importante de la filosofía, mucho más en cuanto sirve de soporte a
cualquier tipo de filosofía posterior: por eso era llamada por Aristóteles “filosofía
primera”. ¿Cómo, si no, construiría una antropología sin una metafísica que
pueda definir el concepto de “persona” que no se refiere sólo a lo físico-
biológico de un ser humano? ¿Cómo haré una ética si no puedo decir por qué cada
persona tiene dignidad?

La metafísica sigue siendo una cuestión de actualidad, que necesita ser


revisada y quizá reformulada, pero siempre en busca de la verdad. Es una verdad
que quizá nunca podamos alcanzar, es cierto. Sin embargo, me parece que el
mismo camino hacia ella es ya un fin en sí mismo y merece la pena porque nos
abre el acceso a una parte de la experiencia humana imposible de recrear en las
ciencias empíricas. Nos abre a la trascendencia.

Al final, Popper terminará cambiando el criterio de verificación que


propone el Círculo de Viena por un criterio de falsabilidad o criticabilidad,
igualmente aplicable a las ciencias empíricas o a las humanas, incluso a la
teología. Este criterio me parece más razonable en cuanto motiva la búsqueda
del conocimiento por todas las vías posibles, sin descuidar el hecho de que en
cualquier momento una teoría puede demostrarse como falsa ante los ojos
críticos. Y es en ese momento cuando ha llegado la hora de elaborar alguna
nueva. Es así como avanzan las ciencias, y así también es como lo ha de hacer la
metafísica.
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