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RESPONSABILIDAD CONTRACTUAL–De empresa petrolera por entrega de

dineros a tercero delegado para recibir los pagos, en fecha posterior al fallecimiento
del acreedor. Debate sobre calificación del contrato, mandato post-mortem y pago
por diputación. (SC14806-2017; 20/09/2017)

CONTRATO DE MANDATO–Entre acreedor y tercero, para retirar los pagos que


se hagan a su nombre y en “caso de que llegue a faltar se le entregue la totalidad de
los dineros”. Terminación por fallecimiento del mandante. Revocatoria tácita por la
cónyuge sobreviviente. Mandato post-mortem. Interpretación armónica con los
artículos 2142, 2175 y 2194 del Código Civil. Diferencia del pago por diputación.
Hermenéutica del artículo 2195 del Código Civil. (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente formal:
Artículos 2142, 2175, 2189 numeral 5º, 2194 y 2195 del Código Civil.

MANDATO POST MORTEM–Características. Recae sobre actos cuya realización


depende del fallecimiento del mandante. Diferencia del contrato de mandato.
(SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente formal:
Artículo 2195 del Código Civil.

Fuente Doctrinal:
Gómez Estrada, César. De los principales contratos civiles. Bogotá, editorial Temis
S.A., Págs 403 y 404.
Escobar Sanín, Gabriel. “Negocios Civiles y Comerciales. I. Negocios de Sustitución”.
Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2da. ed, 1987, págs. 224 y 225.

DIPUTACIÓN PARA EL PAGO–Autorización para retirar dineros aún después


del deceso de quien la confiere. Inhabilidad del diputado para recibir el pago con
posterioridad a la muerte del otorgante. Aplicación de los artículos 1644 y 2189
numeral 5º del Código Civil. Revocatoria por la cónyuge supérstite. (SC14806-2017;
20/09/2017)

BUENA FE EXENTA DE CULPA–Análisis en reclamación de responsabilidad


contractual, por entrega de dineros a persona diputada para el pago, con
posterioridad al fallecimiento del otorgante. Desconocimiento de la revocatoria de la
autorización efectuada por el cónyuge supérstite. (SC14806-2017; 20/09/2017)

INTERPRETACIÓN CONTRACTUAL–De la autorización del causante para


retirar dineros a su nombre; “contrato de mandato” o “diputación para el pago”.
Etapas. Reiteración de la sentencia de 19 de diciembre de 2011. Calificación del
contrato. (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente formal:
Artículo 1638 del Código Civil.

Fuente jurisprudencial:
Sentencia de 19 de diciembre de 2011.
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

PRUEBA DOCUMENTAL–Apreciación de la comunicación suscrita por el


cónyuge supérstite, dirigida a la demandada para establecer la revocatoria de la
autorización otorgada por el causante a un tercero para el retiro de pagos a su
nombre. (SC14806-2017; 20/09/2017)

MEDIO NUEVO–Lo constituye la reclamación del recurrente en casación por la


falta de acreditación de la condición de cónyuge del causante de la demandante,
aducida en comunicación remitida a la deudora. Improcedencia. Reiteración de la
sentencia de 6 de diciembre de 2011. (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente jurisprudencial:
Sentencia de 6 de diciembre de 2011, exp. 2003-00113-01.

TÉCNICA DE CASACIÓN–Vías para la acusación de la indebida calificación


jurídica de un contrato, sea por incorrecta comprensión del contenido contractual o
por error en la adecuación legal. Estudio de los cargos soslayando las deficiencias de
entremezclamiento de vías. Falencia por cargo incompleto al no controvertirse la
totalidad de argumentos en que se soporta el fallo. Reiteración del auto de 19 de
diciembre de 2012. (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente jurisprudencial:
Auto de 19 de diciembre de 2012, exp. 2001-00038-01.

VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA NORMA SUSTANCIAL–Vía adecuada para


la formulación del cargo derivado de la indebida calificación de la voluntad del
causante contenida en escrito de autorización, en reclamación de incumplimiento
contractual. Reiteración de la sentencia de 25 de febrero de 2002. (SC14806-2017;
20/09/2017)

Fuente jurisprudencial:
Sentencia de 25 de febrero de 2002, exp. 5925.

MANDATO POST MORTEM–Validez de los pagos efectuados a la mandataria con


posterioridad al fallecimiento del acreedor. Revocabilidad. Aplicación del artículo
2195 del Código Civil. Características. Reiteración de la sentencia de 27 de marzo de
2012. Doctrina nacional e internacional. Sentencias de 17 de febrero de 1958, 31 de
mayo de 2010 y 27 de marzo de 2012. Diferencia del albaceazgo. (Salvamento del
voto del Magistrado Luis Armando Tolosa Villabona). (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente formal:
Artículo 2195 del Código Civil.

Fuente jurisprudencial:
Sentencia de 27 de marzo de 2012, exp. 00178.
Sentencia de 17 de febrero de 1958.
Sentencia de 31 de mayo de 2010.
Sentencia de 27 de marzo de 2012.

Fuente doctrinal:
Vélez, Fernando. Estudio sobre el Derecho Civil colombiano. Segunda Edición. Tomo
Octavo. Imprenta Paris- América, p. 190.
Enneccerus, Ludwig. Derecho de las Obligaciones. Bosh Casa Editorial, Barcelona,
1966, 611.
Código Civil Alemán (BGB) y Ley de Introducción al Código Civil, Boletín Oficial
Federal, LAMARCA, Albert. Trad. Barcelona: Marcial Pons, 2008, 207 a 208.
A. von tuhr. Tratado de las Obligaciones. Traducción de W. Roces. Granada:
Comares, 2007, p. 194.

2
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Colin, Ambroise/CAPITANT, Henri. Derecho Civil, Vol. II. Pág. 503. En idéntico
sentido. BENAVENT, Alain. Droit Civil, Les Contrats Speciaux, Civils et
Commerciaux. Págs. 462-463.
Código Civil y Comercial de la Nación Argentina. Edición textual. LAJOUANE. 2015,
193.
JOSSERAND, Louis. Derecho Civil, T. II, Vol. II. Trad. de Santiago Cunchillos y
Manterola. Pág. 373.
ALBADALEJO, Manuel. Derecho Civil, Tomo II. P. 363.
BARBERO, Domenico. Sistema del Derecho Privado, Tomo IV. Trad. de Sentis
Melendo. Págs. 247-249.

PAGO POR DIPUTACIÓN-Noción y características. Validez de los pagos


efectuados a persona delegada con posterioridad al fallecimiento del acreedor.
Aplicación de los artículos 1505, 1634 y 1638 del Código Civil. Reiteración de la
sentencia 12 de diciembre de 2007. Improcedente aplicar los preceptos
contemplados para el apoderamiento judicial. (Salvamento del voto del Magistrado
Luis Armando Tolosa Villabona). (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente formal:
Artículos 1634 y 1638 del Código Civil.

Fuente jurisprudencial:
Sentencia de 12 de diciembre de 2007, exp. 00310.
Fuente Doctrinal:
Pérez, Vives Álvaro. Teoría General de las Obligaciones, volumen II, parte segunda,
cuarta edición, Ediciones Doctrina y Ley Ltda., Bogotá, 2012, 346-347.

DOCTRINA PROBABLE–Ejecución del mandato con posterioridad a la muerte


del mandante Alcance del artículo 2195 del código civil. Sentencias de 17 de febrero
de 1958, 31 de mayo de 2010 y 27 de marzo de 2012. (Salvamento del voto del
Magistrado Luis Armando Tolosa Villabona). (SC14806-2017; 20/09/2017)

Fuente formal:
Artículo 2195 del Código Civil.

Fuente jurisprudencial:
Sentencia de 17 de febrero de 1958.
Sentencia de 31 de mayo de 2010.
Sentencia de 27 de marzo de 2012, exp. 00178.

APRECIACIÓN PROBATORIA–Alcance probatorio de la carta dirigida a la


deudora, suscrita por la cónyuge sobreviviente para acreditar la revocatoria de la
autorización otorgada por el causante a tercera persona, para retirar los pagos.
(Salvamento del voto del Magistrado Luis Armando Tolosa Villabona). (SC14806-
2017; 20/09/2017)

VIOLACIÓN DIRECTA DE LA NORMA SUSTANCIAL–Transgresión de las


normas que regulan el mandato postmortem y errónea comprensión de la diputación
para el pago, en reclamación de perjuicios por entrega de dineros. (Salvamento del
voto del Magistrado Luis Armando Tolosa Villabona). (SC14806-2017; 20/09/2017)

RECURSO DE CASACIÓN–Instrumento garantista de los derechos


fundamentales. Su excesivo rigor manifiesto se contrapone a la Ley 270 de 1996 y al
Código General del Proceso. (Salvamento del voto del Magistrado Luis Armando
Tolosa Villabona). (SC14806-2017; 20/09/2017)

Asunto:

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

La cónyuge sobreviviente y los hijos menores de edad pretenden que se declare que
entre la compañía demandada y el causante existió una relación contractual en virtud
de la cual el segundo le entregó o depositó dineros a la primera para la compra y
venta de combustibles y la devolución del capital y ganancias; que la demandada es
responsable por los perjuicios causados con ocasión a la negativa del desembolso de
los dineros de propiedad del fallecido y por la entrega de los mismos a un tercero que
contaba con autorización. En primera instancia fueron negadas las pretensiones,
decisión que fue revocada por el superior quien declaró civilmente responsable a la
demandada por incumplimiento de contrato y la condenó a pagar una suma de
dinero. Recurrida en casación la Corte NO CASÓ la sentencia por falta de
acreditación de los cargos, estudio que realizó pese a las deficiencias en la técnica. El
Magistrado Luis Armando Tolosa Villabona salvó el voto.

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO


Magistrado ponente

SC14806-2017

Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01


(discutido y aprobado en sesión de veinticuatro de agosto de 2016)

Bogotá, D. C., veinte (20) de septiembre de dos mil


diecisiete (2017).

Decide la Corte el recurso extraordinario de casación


que C. I. EMPRESA COLOMBIANA DE SERVICIOS
PETROLEROS S.A. interpuso frente a la sentencia del 6 de
mayo de 2014, proferida por el Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Barranquilla, Sala Civil - Familia, en
este asunto promovido en contra de la impugnante por
ENEDYS DEL CARMEN MAESTRE ÁNGEL, JOSÉ
ALFREDO y JORGE IVÁN DAZA MAESTRE, los dos
últimos menores de edad para cuando se inició la
controversia, representados por su progenitora, la otra
accionante.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

ANTECEDENTES

1. En el libelo introductorio, que obra del folio 1 al 12


del cuaderno principal, se solicitó:
1.1. Declarar que entre la accionada y el señor José
Alfredo Daza Ortiz (q.e.p.d.) “existió una relación contractual
comercial (…) innominada”, en virtud de la cual el segundo
entregó o depositó dineros que la primera recibió, “para la
compra y venta de combustibles y la devolución de capital y
ganancias”.

1.2. Declarar que la demandada es “civilmente


responsable” de los perjuicios ocasionados a los actores,
cónyuge y herederos de José Alfredo Daza Ortiz, “con ocasión
[de] la negativa entrega de los dineros de propiedad de su difunto
esposo y padre y [de] la entrega de los mismos a quien no poseía
legítimo derecho”.

1.3. Condenar a la convocada, por lo tanto, a pagarle a


los gestores de la controversia la suma de $377.200.000.oo,
o la que resulte probada, junto con los rendimientos
financieros causados desde el 27 de noviembre de 2007 y
hasta cuando se realice su efectiva devolución.

1.4. Imponer a aquélla las costas del proceso.

2. En sustento de esos pedimentos, se plantearon los


hechos que pasan a sintetizarse:

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

2.1. El señor José Alfredo Daza Ortiz mantuvo con la


aquí demandada desde el año 2005, la relación comercial a
la que se refieren las pretensiones y, en desarrollo de ella,
depositó en favor de esta última importantes sumas de
dinero, que para el 29 de marzo de 2006, según
certificación expedida por su gerente, ascendían a
$377.200.000.oo.

2.2. El nombrado, de un lado, mediante escrito


fechado el 30 de julio de 2005, dirigido a “ECOS PETROLEO
S.A. – MARCOS GONZÁLEZ MORERA, autorizó por escrito a la
[s]eñora NINI CATALINA HENRÍQUEZ QUINTERO, (…), para
retirar los pagos que hacían en su nombre”.

2.3. El señor José Alfredo Daza Ortiz murió el 29 de


noviembre de 2007, en la ciudad de Valledupar.

2.4. El dinero sobre el que versó la aludida


certificación, desde el fallecimiento del señor Daza Ortiz,
“pertenece a la masa herencial y constituye activo de su
patrimonio”, razón por la cual se adjudicó a su cónyuge e
hijos, los aquí demandantes, en la sucesión del citado
causante, proceso adelantado en la Notaría Veintisiete de
Bogotá, según consta en la escritura pública 1287.

2.5. El 4 de diciembre de 2007, la demandada entregó


de esos recursos económicos la suma de $80.000.000.oo a
“un tercero”. A su turno, el 10 siguiente, la señora Nini
Catalina Henríquez Quintero solicitó a aquélla, el pago de la
totalidad del capital depositado por Daza Ortiz.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

2.6. El día 13 de los mismos mes y año, la señora


Enedys del Carmen Maestre Ángel, como cónyuge supérstite
del causante, manifestó a la accionada por escrito que
“cualquier transacción comercial, mercantil, financiera y todo lo
relacionado con los negocios llevados a cabo por su esposo con
dicha empresa, serán asumidos directa, única y exclusivamente
por ella” y que “nadie más estaba legalmente autorizado para
presentar reclamaciones o efectuar cualquier negociación
adelantada ante ECOSPETROLEO por el [s]eñor DAZA ORTIZ”,
manifestaciones que reiteró en misiva del 9 de enero del año
siguiente (2008).

2.7. En esa última fecha, los señores Eduardo Ustariz


Aramendiz, Marcos González Morera y Nini Catalina
Henríquez Quintero suscribieron una conciliación, en la que
relacionaron el movimiento de los depósitos y retiros
efectuados en la cuenta del señor José Alfredo Daza Ortiz
durante los años 2005 a 2007; dejaron establecido que al
31 de diciembre de este último año, había un saldo de
$267.206.549.oo; y autorizaron al segundo para que hiciera
entrega a la tercera, de los dineros existentes, lo que aquél,
en efecto, realizó ese mismo día.

2.8. Sólo hasta el 30 de enero de 2008, la demandada


respondió a los aquí accionantes las cartas que éstos le
remitieron y que se dejaron relacionadas en el punto 2.5.
precedente, informándoles la entrega de dinero efectuada a
la señora Henríquez Quintero y que la misma se respaldó
en el estudio grafológico de la firma que aparece en la

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

autorización que con ese fin otorgó en vida el causante y en


un concepto jurídico.

2.9. La negativa de la demandada a entregarles a los


actores los dineros dejados por su esposo y padre, les
generó los perjuicios que mediante la presente acción
reclaman.

2.10. La convocada “no podía hacer entrega a NINI


CATALINA HENRÍQUEZ QUINTERO de los activos depositados por
JOSÉ ALFREDO DAZA ORTIZ, toda vez que la autorización
otorgada por [él], con fecha 30 de julio de 2005, fue sucedida por
ENEDYS MAESTRE ÁNGEL y revocada a partir del 13 de
[d]iciembre de 2007, circunstancia de derecho, de donde se
desprende el incumplimiento legal de la empresa C.I. ECOS
PETROLEO S.A., que ha causado perjuicio a la demandante y a
sus menores hijos”, conducta con la que, además, la
nombrada sociedad “violó ostensiblemente los artículos 2189
[n]umerales 3 y 5 y 2195 del Código Civil” .

3. El Juzgado Décimo Civil del Circuito de


Barranquilla, al que le correspondió por reparto el
conocimiento del asunto, admitió la demanda con auto del
3 de noviembre de 2010 (fls. 71, cd. 1), que notificó a la
convocada mediante el aviso de que trata el artículo 320 del
Código de Procedimiento Civil, de lo cual dan cuenta los
documentos que reposan en los folios 72 a 83 del cuaderno
principal.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

4. La accionada, por intermedio del apoderado judicial


que constituyó para que la representara, contestó en tiempo
la demanda y, en tal virtud, se opuso al acogimiento de sus
pretensiones, se pronunció de diversa manera sobre los
hechos invocados en sustento de ellas y plateó las
excepciones meritorias que denominó “INEXISTENCIA DEL
NEGOCIO MERCANTIL INNOMINADO DESCRITO EN LA
DEMANDA”, “COSA JUZGADA” e “INEXISTENCIA DE
PERJUICIOS PARA LOS DEMANDANTES” (fls. 84 a 93, cd. 1).

En escritos separados, por una parte, propuso las


excepciones previas de “FALTA DE LEGITIMACIÓN EN
CAUSA PASIVA” y “FALTA DE LITISCONSORTE NECESARIO”,
que fueron desestimadas mediante auto del 5 de septiembre
de 2011 (fls. 6 a 8, cd. 2); y, por otra, denunció el pleito a la
señora Nini Catalina Henríquez Quintero, manifestación
declarada improcedente en proveído del 28 de marzo del
mismo año (fls. 4 a 6, cd. 4), determinación confirmada por
el Tribunal, según providencia del 4 de junio de 2012 (fls.
12 a 16, cd. 3).

5. Agotadas las etapas previstas para la primera


instancia, el juzgado del conocimiento le puso fin con
sentencia del 2 de agosto de 2013, en la que negó la
totalidad de las súplicas del escrito introductorio y condenó
en costas a los demandantes (fls. 283 a 293, cd. 1).

6. Para desatar la apelación que contra ese proveído


interpusieron los promotores de la controversia, el Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, Sala Civil –

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Familia, dictó sentencia el 6 de mayo de 2014, en la que


revocó la de su inferior y, a cambio, declaró la existencia
entre la accionada y el señor José Alfredo Daza Ortiz de “un
contrato innominado consistente en depósito de dinero para la
compra y venta de combustible, con devolución y retiros parciales
de aportes”; recoció la responsabilidad civil de la primera por
el incumplimiento del mismo, frente a los actores; y la
condenó a pagar a éstos $426.414.777.oo, “equivalentes a la
suma a restituir debidamente actualizada tal y como se liquidó
anteriormente”, previendo que la actualización monetaria se
efectúe con base en el IPC y hasta cuando se produzca el
pago efectivo de dicha obligación (fls. 51 a 68, cd. 5).

EL FALLO DEL AD QUEM

Luego de advertir la satisfacción de los presupuestos


procesales, la legitimación en causa de las partes y la
inexistencia de nulidades que pudieran afectar lo actuado,
esa autoridad, a efecto de arribar a las decisiones que
adoptó, expuso los planteamientos que pasan a
concretarse:

1. Los documentos que obran en los folios 13 y 40


del cuaderno principal y la confesión que se desprende de
los numerales 1º y 2º de la contestación de la demanda,
acreditan “la existencia de una relación negocial o comercial
innominada en la cual el señor JOSÉ ALFREDO DAZA ORTIZ, era
suministrante del capital con el cual se compraba combustible a
ECOPETROL para beneficio de la sociedad ECOSPETROLEO,

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

quien a su vez hacía devolución de saldos o capitales


directamente al fallecido”.

2. Pese a que no se lograron verificar las “cláusulas,


condiciones, intereses, plazos y demás acuerdos de las partes,
s[í] se pudo establecer la existencia de una obligación dineraria a
cargo de la entidad y a favor del causante, originada por este
vínculo contractual, y que era exigible a la fecha de su
fallecimiento, tal y como lo determina el texto de la certificación
obrante a folio 13 del C.P. Puede entonces la Sala considerar que
s[í] existió la relación contractual deprecada por la parte
demandante, y de la cual existían obligaciones[,] entre ellas, la de
devolver los dineros que el señor JOSÉ DAZA ORTIZ, había
entregado para la compra y venta de combustible y cuyo monto
debía restituírsele”.

3. Con tal base, el Tribunal se preguntó sobre si


“esos dineros debieron ser entregados a la cónyuge y herederos
del señor JOSÉ DAZA ORTIZ, o a la señora NINI HENRÍQUEZ
QUINTERO, persona autorizada por el mencionado Daza?” .

Para resolver dicho cuestionamiento, efectuó el


siguiente análisis:

3.1. El documento que milita en el folio 37 del


cuaderno No. 1, dirigido a “ECOSPETROLEO S.A. - MARCOS
GONZÁLEZ MORERA”, reza:

Yo JOSÉ ALFREDO DAZA ORTIZ, identificado como aparece


al pie de mi firma, autorizo a NINI CATALINA HENRÍQUEZ,
identificada con la c.c. 32.748.880 de [B]arranquilla, para
retirar los pagos que se hacen a mi nombre.

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De igual forma, en caso de que llegue a faltar, se le


entregará de inmediato la totalidad del dinero que esté a mi
nombre.

3.2. Tras analizar con detalle el régimen legal del


contrato de mandato, en particular, su definición (art.
2142, C.C.); los presupuestos que sirven a su
configuración; su naturaleza consensual; la posibilidad de
que sea unilateral o bilateral, según que surjan
obligaciones solamente para el mandatario o para éste y el
mandante (arts. 2143 y 2184 ib.); la forma como se
perfecciona (art. 2150, ib.); las causas de terminación,
generales (art. 1602 ib.) y especiales (art. 2189 ib.), de la
cuales destacó la revocación, la renuncia y los eventos en
los que subsiste luego de la muerte del mandante (arts.
2194 y 2195 ib.), el Tribunal concluyó:

Si analizamos las disposiciones de nuestra legislación civil,


podemos observar que la autorización otorgada a la señora
NINI HENRÍQUEZ, no encuadra totalmente en la definición
señalada.

Puesto que en la primera parte de la misma se habla de una


autorización PARA RETIRAR los dineros a nombre del señor
JOSÉ DAZA ORTIZ, y en la segunda que en caso de llegar a
faltar se le entregara de inmediato la totalidad de los
dineros que estuvieran a su nombre. Vemos que en ninguna
de ellas se da la facultad de recibir, sino de retirar pagos a
nombre del señor JOSÉ DAZA, lo que indica que la
titularidad de los dineros estaba en cabeza de [é]ste y en
caso de fallecimiento en cabeza de sus herederos y cónyuge
por efectos de la presunción establecida en el artículo 1795
del C.C.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

3.3. El escrito remitido por la cónyuge del causante a


la demandada, debió ponderarse con sujeción a las pautas
que pasan a elucidarse:

a) Era aplicable el artículo 1634 del Código Civil,


sobre “DIPUTACIÓN PARA EL PAGO”, puesto que él le “permite
al acreedor conferir encargo para el cobro y para recibir el pago o
para cumplir estas dos funciones, que son bien distintas, pues el
mandato para la sola cobranza no conlleva la facultad de recibir,
la cual debe conferirse en forma expresa, tal y como lo exigen los
artículos 1639 y 1640 C.C.”.

b) Como la referida autorización en verdad


corresponde a una “diputación para el pago, que en sentido
estricto es un mandato”, estaba sometida al artículo 1644 del
Código Civil, que habla de la “extinción de la diputación, y
especialmente la parte final que señala que la persona diputada
se hace inhábil para recibir, por todas las causas que hacen
expirar el mandato”, entre ellas, la muerte del mandante.

c) En el supuesto de estimarse que la autorización


no feneció con el deceso del señor Daza Ortiz, “debió
considerarse que entonces se había presentado la causal de
revocación tanto del mandato como de la diputación, al recibir la
comunicación de la señora ENEDYS MAESTRE ÁNGEL, de fecha
diciembre 13 de 2007, en la que comunicaba a la empresa
ECOSPETROLEO S.A. que asumía toda la responsabilidad de los
negocios de su esposo señor JOSÉ ALFREDO DAZA ORTIZ con
dicha empresa, que todas las transacciones las asumía única y
exclusivamente ella, en representación de él, y [que] nadie más
estaba autorizado para presentar reclamaciones o efectuar

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cualquier negociación” (fl. 43, cd. 1), misiva que la demandada


aceptó “haber recibido (…) en el ítem 11 de su contestación de
demanda, lo cual es prueba de confesión de conformidad con el
artículo 197 del C.P.C.”.

d) La cuestión estaba sometida también a las


previsiones del canon 1795 de la obra en cita, que
reprodujo, en virtud del cual “queda claro, que la sumas de
dinero que la entidad demandada adeudaba al señor JOSÉ
ALFREDO DAZA ORTIZ, podían ser entregadas a quien él había
diputado para el pago, hasta el día de su fallecimiento, pero
después de su muerte no era válido el pago que se le hiciera a
terceros, ni aun con autorización de él, porque estos pertenecían
por ley a sus herederos y además se presumían de la sociedad
conyugal si era casado, y debieron ser objeto de distribución y
adjudicación por vía sucesoral, tal y como lo hizo la demandante
en este proceso”.

4. Sobre la base de que quedó demostrado que el 29


de noviembre de 2007 falleció el señor Daza Ortiz, el
Tribunal, en definitiva, coligió:

4.1. Que ese día “se extinguió la diputación para el pago


otorgada a NINI HENRÍQUEZ”.

4.2. Que, por consiguiente, de los pagos que a ella se


hicieron, son válidos solamente los realizados con
anterioridad a esa fecha e inválidos los posteriores.

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4.3. Y que los valores transferidos a la nombrada luego


del deceso del tantas veces nombrado causante, “deben ser
entregados a la señora ENEDYS MAESTRE ÁNGEL Y A SUS
MENORES HIJOS JOSÉ ALFREDO Y JORGE ALFREDO (sic) DAZA
MAESTRE”.

5. En tal orden de ideas, el ad quem relacionó las


cantidades recibidas por la señora Henríquez Quintero los
días 31 de diciembre de 2007, 10 y 15 de enero de 2008,
que totalizó en la suma de $347.206.549.oo, la cual corrigió
monetariamente con base en el IPC y mediante la
utilización de la fórmula matemática que consignó en su
fallo, hasta febrero de 2014, lo que arrojó como resultado la
cantidad de $426.414.777.oo.

6. Para terminar, clarificó que excluyó de ese


cómputo el pago realizado “a la Refinería de Cartagena por
valor de $80.320.000.oo visible a folio 161, pues este se hizo en
virtud de las obligaciones inherentes al contrato” .

LA DEMANDA DE CASACIÓN

Tres acusaciones formuló la accionada para combatir


la sentencia de segunda instancia, que la Corte estudiará
en el mismo orden de su proposición, pero conjuntando las
dos iniciales, por las razones que en su momento se
expondrán.

CARGO PRIMERO

15
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

A la luz del numeral 1º del canon 368 del Código de


Procedimiento Civil, el recurrente denunció la sentencia del
ad quem por ser directamente violatoria de la ley sustancial,
debido a que, por una parte, no hizo actuar los artículos
1602, 1618, 1620 del Código Civil y 4º, 822 y 864 del
Código de Comercio; y, por otra, aplicó indebidamente los
artículos 1634, 1640 y 1795 del segundo estatuto
mencionado.
Una vez admitió como válido el reconocimiento que el
Tribunal hizo de la relación contractual que existió entre el
señor José Alfredo Daza Ortiz y la sociedad demandada, por
ser cierta, el censor, en sustento de la acusación, expuso:

1. El desacierto del ad quem recayó en “la naturaleza


jurídica” que determinó respecto del “documento que obra a
folio 37 del cuaderno número 1, con fecha 30 de julio de 2005” ,
cuyo contenido reprodujo, toda vez que lo calificó de una
“simple diputación”.

2. Estimó que “es errada la interpretación que le d[io] el


juez plural a dicho documento” , pues la autorización que él
contiene “de ninguna manera” es “una diputación para el pago”,
en tanto que a través de esta figura “el acreedor otorga una
comisión a un tercero para que haga el cobro y reciba
válidamente el pago”, lo que no se avizora en el comentado
escrito, toda vez que éste aparece dirigido a la demandada y
no a la persona a quien se hizo el encargo, señora Nini
Catalina Henríquez Quintero.

16
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

3. Reiteró que, “[p]or lo tanto, allí no existe una


diputación para el pago, esto es[,] una comisión para adelantar
el cobro y recibo del pago (…), ya que como se dijo, el documento
está dirigido a la sociedad deudora y es una manifestación del
acreedor al deudor para poder hacerle pagos a la señora ya
mencionada”.

4. En consonancia con lo anterior, precisó que con


el escrito analizado, el señor Daza Ortiz “estipuló que los
pagos eran válidos si se hacían a la señora NINI CATALINA
HENRÍQUEZ QUINTERO, a quien incluso se le debía hacer entrega
de la totalidad del dinero en caso de faltar” él.

5. Previa recordación del análisis que en relación


con el comentado documento efectuó el Tribunal, así como
que fue, con base en el mismo, que esa Corporación aplicó
los artículos 1634, 1639 y 1640 del Código Civil, el censor
criticó “dicha interpretación”, por ser contraria a las propias
“normas invocadas”, toda vez que la última se refiere al poder
conferido “para demandar en juicio al deudor”, hipótesis que
aquí no se cumple.

6. Con apoyo en el texto del documento de que se


trata, aseveró que el sentenciador de segunda instancia
equivocó su examen, pues con él “DAZA ORTIZ no le otorgó un
mandato a la señora NINI CATALINA HENRÍQUEZ QUINTERO
para cobrar a C.I. EMPRESA COLOMBIANA DE SERVICIOS
PETROLEROS S.A. -C.I. ESCOS PETRÓLEO S.A.-, las sumas que
le adeudara, sino que facultó a la sociedad para que le hiciera
entrega de inmediato de la totalidad del dinero que estuviera a su

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

nombre, lo que indica la disposición del derecho” , previsión de la


que se sigue, de un lado, que la autorizada sí estaba
facultada para recibir las sumas de dinero propiedad del
nombrado; de otro, que anduvo equivocado el Tribunal
cuando coligió lo contrario; y, finalmente, que esa facultad
concedida a la empresa deudora, no se extinguió con la
muerte del acreedor.
7. Al cierre, advirtió que la autorización post mortem
dada por el causante, “vincula aún a los herederos y cónyuge
del señor DAZA ORTIZ”.

CARGO SEGUNDO

También con apoyo en la causal primera de casación,


el censor reprochó el fallo impugnado por ser
indirectamente violatorio de los artículos 1634, 1795 y 2195
del Código Civil, los dos iniciales por aplicación indebida y
el último por omisión, como consecuencia de la indebida
ponderación del material probatorio.

En pro del cuestionamiento, se adujo:

1. Fue errada la apreciación que el sentenciador de


segunda instancia efectuó de la carta que el 13 de
diciembre de 2007, le remitió la señora Enedys del Carmen
Maestre Ángel a la demandada, yerro que “ha repercutido en
la escogencia de la norma que gobierna la relación, ya que se optó
por aplicar el artículo 1634 del Código Civil como si fuera una
diputación para el pago, esto es comisión para el mismo, un
encargo, y de contera concluyó que se trataba de un derecho que

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

pertenecía a la sociedad conyugal, cuando en realidad ha debido


darle aplicación íntegra y sistemática a lo consagrado en el
artículo 2195, norma que consagra expresamente que la muerte
del mandante no extingue el mandato cuando este está destinado
a ser ejecutado después de ella”.

2. Luego de poner de presente nuevamente el


contenido de la autorización que el señor Daza Ortiz otorgó
a la señora Nini Catalina Henríquez Quintero y de aseverar
que “[s]e trata de un mandato que debía cumplirse después de
su muerte”, el recurrente enfatizó que al examinar el
contenido de la carta sobre la que versó el reproche, esto es,
la que obra en el folio 42 del cuaderno principal, “no se
evidencia que el mandato o diputación para el pago o
autorización, haya sido revocado” , puesto que dicha misiva se
limitó a indicar “que se asumen los negocios del señor DAZA
ORTIZ”, sin hacer “referencia a la autorización que en vida
extendiera el antes nombrado”, por lo que el sentenciador de
segunda instancia “está deduciendo de esta prueba la
anunciada revocatoria, pero brilla por su ausencia” .

3. Añadió que el Tribunal, al ponderar la referida


comunicación, pasó por alto que con ella la suscribiente no
acreditó su condición de cónyuge del señor José Alfredo
Daza Ortiz, la cual no podía inferirse de la mera afirmación
que al respecto hizo, por tratarse de un hecho que exige
prueba solemne. Afirmó que “dar por terminado un mandato o
una diputación para el pago con un escrito en el que se invoca
una calidad tan particular, debe estar soportada por una prueba
calificada, no con una simple afirmación. El tribunal omitió la

19
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

magnitud de esa prueba y en cambio tuvo por revocado el


mandato, a pesar de no tener el escrito ese alcance y estar
desprovisto de la solemnidad que lo debe acompañar”.

4. A continuación acotó que “la sucesión del señor


DAZA ORTIZ solo se vino a liquidar hasta el mes de octubre del
año 2009” y que de ese “proceso emerge que más que revocar el
mandato, la señora MAESTRE ÁNGEL lo que quiso fue
desconocerlo por no provenir de su difunto esposo” , falsedad que
nunca existió.

CONSIDERACIONES

1. El punto del que partió el Tribunal para acoger


las pretensiones de la demanda, fue la demostración en el
proceso del nexo contractual innominado que existió entre
el esposo y padre de los actores, señor José Alfredo Daza
Ortiz (q.e.p.d.), y la accionada, en virtud del cual aquél
aportó el capital para la adquisición de petróleo en favor de
la última, empresa que, a su turno, estaba comprometida a
reintegrarle ese dinero.

Con tal base, la citada autoridad coligió el surgimiento


“de una obligación dineraria a cargo de la entidad y a favor del
causante (…) exigible a la fecha de su fallecimiento” , consistente
en “devolver los dineros que el señor JOSÉ DAZA ORTIZ había
entregado para la compra y venta de combustible[,] (…) cuyo
monto debía restituírsele”.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Esos pilares del fallo no fueron controvertidos en


casación, por lo que, para los efectos de este
pronunciamiento, devienen intocables, en la medida que,
por tal razón, son cuestiones fácticas definidas así en la
controversia, que no pueden las partes, ni la Corte, siquiera
alterar.

Con pie de apoyo en esas inferencias, el ad quem


dedujo el incumplimiento, por parte de la aquí demandada,
del advertido deber contractual de reintegro de los dineros
que existían en la cuenta del nombrado aportante a la fecha
de su fallecimiento (29 de noviembre de 2007), como quiera
que no los entregó a la cónyuge y herederos de éste, sino a
la señora Nini Catalina Henríquez Quintero, a quien él, en
carta dirigida a la sociedad demandada, fechada el 30 de
julio de 2005, había autorizado para “retirar los pagos” que
se hicieran a su favor y para que, en caso de llegar a faltar,
le entregaran “de inmediato la totalidad del dinero que esté a mi
nombre”.

Dicha deducción, el juzgador la soportó en tres


razones fundamentales, a saber:

a) La referida autorización no es un mandato, sino


una diputación para el pago, en tanto que con ella
solamente se facultó a la encargada para retirar las sumas
de dinero de que era titular el otorgante, y que le adeudaba
la aquí convocada, por lo que, como tal, estaba sometida a
las previsiones del artículo 1644 del Código Civil, en el que

21
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

se establece la inhabilidad del diputado para recibir el pago


“por todas las causas que hacen expirar un mandato” , entre
ellas, la muerte del mandante.

b) La aludida delegación, sea que se la tenga como


como una simple diputación o como un mandato, de
pensarse que no se extinguió con la muerte de quien la
confirió, debe entenderse revocada con la comunicación que
la esposa de Daza Ortiz, señora Enedys Maestre Ángel, le
remitió a la demandada el 13 de diciembre de 2007, y que
ésta confesó haber recibido, en la que le manifestó hacerse
cargo, de forma personal y exclusiva, de la totalidad de los
negocios que su difunto cónyuge había celebrado con dicha
empresa, advirtiéndole que ninguna persona estaba
facultada para presentar reclamaciones o realizar acuerdos
al respecto.

c) Y, por último, la ilegalidad de los desembolsos


realizados en favor de la señora Hernández Quintero con
posterioridad al deceso del nombrado causante, puesto que
“después de su muerte no era válido el pago que se le hiciera a
terceros, ni aún con autorización”, porque los dineros
depositados por aquél “pertenecían por ley a sus herederos y
además se presumían de la sociedad conyugal si era casado” .

Esa comprensión del fallo de segunda instancia,


permite colegir que con los cargos de que ahora se ocupa la
Corte, atrás compendiados, el recurrente combatió la
conclusión advertida en precedencia, así:

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Con el primero, rebatió la calificación que esa


autoridad hizo de la autorización otorgada por el señor
Daza Ortiz a la señora Henríquez Quintero, como una mera
diputación para el pago; y con el segundo, refutó el efecto
revocatorio de la señalada autorización, que el Tribunal le
atribuyó a la carta del 13 de diciembre de 2007, enviada por
la cónyuge del causante a la aquí accionada.
Ello explica la conjunción que de tales acusaciones
efectuó la Corte, pues, como acaba de decirse, con cada
censura se impugnó uno sólo de los argumentos
soportantes del incumplimiento contractual declarado, por
lo que se imponía sumarlas, para que el ataque tuviera un
espectro más amplio o panorámico.

2. Pese a su agregación, los cargos auscultados


lucen incompletos, en la medida que ninguno de ellos,
individualmente considerado, ni los dos ya integrados, se
ocuparon de controvertir el tercer argumento esgrimido por
el Tribunal para respaldar la indicada inferencia, esto es,
que los dineros existentes en la cuenta del señor Daza
Ortiz, una vez acaeció su deceso, “pertenecían por ley a sus
herederos y además se presumían de la sociedad conyugal si era
casado”, por lo que fue inválido el pago que de ellos hizo la
accionada a la señora Nini Catalina Henríquez Quintero.

Es que, como sin vacilaciones lo ha venido sosteniendo


esta Corporación, “cuando el cargo se construye con base en el
quebranto de la ley sustancial, se torna indispensable para el
recurrente, por una parte, enfocar acertadamente las acusaciones
que formule, con lo que se quiere significar que ellas deben

23
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

combatir las genuinas razones, jurídicas o fácticas, que soportan


el fallo impugnado, y no unas extrañas a él, fruto del incorrecto o
incompleto entendimiento que de la sentencia haya hecho el
censor, o de su imaginación, o inventiva; y, por la otra, que su
actividad impugnaticia tiene que estar dirigida a derruir la
totalidad de esos argumentos esenciales de la sentencia, pues si
el laborío del acusador no los comprende a cabalidad, al margen
de que el juzgador de instancia hubiere podido incurrir en las
falencias denunciadas, su sentencia no podría quebrarse en
virtud del recurso extraordinario. (…). En pocas palabras: el cargo
fundado en el numeral 1º del artículo 368 del Código de
Procedimiento Civil debe estar debidamente enfocado y ser
completo o, lo que es lo mismo, debe controvertir directamente la
totalidad de los auténticos argumentos que respaldan la decisión
combatida (CSJ, auto de 19 de diciembre de 2012, Rad.
2001-00038-01; se subraya).

La detectada omisión del recurrente, traduce que el


argumento atrás precisado se mantiene en pie, prestándole
suficiente apoyo a la sentencia combatida, como se
ampliará más adelante, de lo que se sigue que, por lo tanto,
ninguna de las acusaciones en las que tiene ahora fijada su
atención la Sala, está llamada a buen suceso.

3. De soslayarse la deficiencia anterior, de todas


maneras, se establece el fracaso de los reproches en
cuestión, conforme las razones que enseguida se consignan.

3.1. Sobre la primera acusación, en la que, como ya


se sabe, se denunció la violación directa de la ley sustancial

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

por parte del Tribunal, al calificar la autorización dada por


Daza Ortiz a Henríquez Quintero, como una “diputación para
el pago”, se estima:

3.1.1. En punto de la interpretación de los contratos,


en sentido amplio, tanto la jurisprudencia de esta Corte,
como la doctrina, han distinguido tres actividades,
relacionadas entre sí pero, en buena medida, autónomas: la
interpretación, propiamente dicha; la calificación jurídica; y
la integración del contenido contractual con la normatividad
aplicable.

En palabras de la Sala, “la interpretación [es] una labor


de hecho enderezada a establecer el significado efectivo o de
fijación del contenido del negocio jurídico teniendo en cuenta los
intereses de los contratantes; la calificación es la etapa dirigida a
determinar su real naturaleza jurídica y sus efectos normativos; y
la integración es aquél momento del proceso que se orienta a
establecer el contenido contractual en toda su amplitud, partiendo
de lo expresamente convenido por las partes, pero
enriqueciéndolo con lo que dispone la ley imperativa o
supletiva, o lo que la buena fe ha de incorporar al contrato en
materia de deberes secundarios de conducta, atendiendo su
carácter de regla de conducta -lealtad, corrección o probidad-”
(CSJ, SC del 19 de diciembre de 2011, Rad. n.° 2000-
01474-01).

Se comprende, entonces, que cuando se trata de


establecer la naturaleza jurídica de un contrato,
corresponde al juez, en primer lugar, definir el genuino

25
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

sentido y alcance de su contenido objetivo, labor que


comporta, de un lado, el examen de la prueba del convenio,
esto es, de la forma externa de la manifestación de voluntad
de sus celebrantes y, de otro, concretar, con base en dicho
estudio, lo realmente acordado por ellos (fase
interpretativa).

Hecho lo anterior, debe proseguirse a la adecuación


jurídica, esto es, a ubicar dicho contenido en la ley o, más
exactamente, en las diversas tipologías negociales
contempladas por el legislador, tarea que supone verificar,
si ese juicio es positivo, que están satisfechos la totalidad
de los requisitos esenciales previstos para la modalidad
contractual correspondiente. En caso contrario, es decir,
cuando no hay coincidencia, habrá de colegirse que se trata
de un contrato atípico y, en este supuesto, la actividad del
juzgador deberá enderezarse a establecer el grado de
proximidad del contenido contractual a uno o a varios de
los prototipos legales de contrato, con miras de definir el
régimen jurídico aplicable (fase de calificación).

Como se ve, no obstante que la descrita actividad


corresponde a la segunda fase del proceso de
interpretación, su acierto depende de que el juez haya
efectuado tanto una correcta comprensión del contenido
contractual, como una adecuada subsunción de ese
contenido en la ley.

26
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Viable es colegir, entonces, que la errada calificación


jurídica de un contrato típico, puede provenir de la
deficitaria comprensión de su contenido objetivo, que
conduce al intérprete a equivocarse en la identificación de
su clase; o de un defecto puramente jurídico, que acontece
cuando, pese a que el operador judicial define
acertadamente el sentido y alcance del contrato, yerra en su
adecuación legal.
Se extrae de lo expuesto, que si lo que se denuncia en
casación es que el sentenciador de instancia se equivocó en
la calificación jurídica de un contrato, el recurrente tiene a
su disposición dos vías, según que la causa de ese desatino
haya sido la incorrecta comprensión del contenido
contractual o el error puramente jurídico a que atrás se
aludió.

Si lo primero, el yerro es fáctico y su proposición, por


ende, sólo puede hacerse por la vía indirecta prevista en el
motivo inicial del artículo 368 de Código de Procedimiento
Civil. Si lo segundo, el camino es la vía directa allí mismo
contemplada.

Sobre todos estos particulares, la Corporación, en la


sentencia atrás citada, añadió:

Específicamente, la calificación del contrato alude a aquel


procedimiento desarrollado para efectos de determinar la
naturaleza y el tipo del contrato ajustado por las partes
conforme a sus elementos estructurales, labor que resulta
trascendental para establecer el contenido obligacional que
de él se deriva. Allí será necesario, por tanto, distinguir los
elementos esenciales del contrato de aquellos que sean de

27
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

su naturaleza o simplemente accidentales. Para llevar a


cabo la labor de calificación, el juez debe determinar si el
acto celebrado por las partes reúne los elementos esenciales
para la existencia de alguno de los negocios típicos y, si ello
es así, establecer la clase o categoría a la cual pertenece, o,
por el contrario, determinar si el acto es atípico y proceder a
determinar la regulación que a él sea aplicable.

Por tanto, la calificación es una labor de subsunción del


negocio jurídico en un entorno normativo, fruto de lo cual se
podrá definir la disciplina legal que habrá de determinar
sus efectos jurídicos.

Es evidente, claro está, que en la labor de calificación


contractual el juez no puede estar atado a la denominación
o nomenclatura que erróneamente o de manera
desprevenida le hayan asignado las partes al negocio de
que se trate, por lo cual es atribución del juez preferir el
contenido frente a la designación que los contratantes le
hayan dado al acuerdo dispositivo (contractus magis ex
partis quam verbis discernuntur), ya que, como se
comprenderá, se trata de un proceso de adecuación de lo
convenido por las partes al ordenamiento, en la que,
obviamente la labor es estrictamente jurídica.

Sobre el particular, autorizados expositores nacionales,


haciendo referencia a la calificación del negocio jurídico,
sostienen que ‘la misión de un juez frente a un acto
controvertido no se agota en su interpretación propiamente
dicha y que es una cuestión de hecho, comoquiera que
consiste en averiguar cuál ha sido la real intención de los
agentes, sino que va más allá, en cuanto dicho juez no
solamente está autorizado, sino legalmente obligado a dar
un paso más, cual es el de determinar si tal acto existe o no,
vale decir, si se ha perfeccionado jurídicamente y, en caso
afirmativo, cuál es su naturaleza específica, cuestión esta
que ya no es de hecho sino de derecho, y que puede llegar
hasta la rectificación de la calificación equivocada que le
hayan atribuido los agentes’1 (se subraya).

(…)

(…). En tal orden de ideas, ostensible es que el


derrumbamiento de la calificación jurídica, propiamente
dicha, que efectuó el Tribunal del contrato base de la acción,

1
Ospina Fernández, Guillermo y Ospina Acosta, Eduardo. “Teoría General
de los Actos o Negocios Jurídicos”. Bogotá, Temis, 1980, pág. 418.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

sólo la podía obtener el censor desvirtuando, como mínimo,


uno cualquiera de los dos pilares en que aparece soportado
ese juicio del sentenciador, es decir, las apreciaciones
que hizo de las estipulaciones contractuales, para
cuyo logro, por ser cuestión de hecho, tenía a su
alcance la vía indirecta de la causal primera de
casación, o el entendimiento que hizo de las normas
disciplinantes de la compraventa, que por ser cuestión
eminentemente jurídica, debía plantear por la vía directa del
mismo motivo del recurso extraordinario (cfr. Cas. Civ. 24 de
marzo de 1955, G.J. LXXIX, págs. 795 y ss.; Cas. Civ. 8 de
agosto de 1994, G.J. CCXXXI, págs. 265 y 266; Cas. Civ. 14
de septiembre de 1998, G.J. Tomo CCLV, pág. 567)
(negrillas y subrayas fuera del texto).

3.1.2. El Tribunal infirió que la autorización conferida


por el señor Daza Ortiz a la señora Nini Catalina Henríquez
Quintero, expresada en la carta del 30 de julio de 2005 (fl.
37, cd. 1), dirigida a la demandada, era una diputación
para el pago, debido a que “en la primera parte de la misma se
habla de una autorización PARA RETIRAR los dineros a nombre
del señor JOSÉ DAZA ORTIZ, y en la segunda que en caso de
llegar a faltar se le entregara de inmediato la totalidad de los
dineros que estuvieran a su nombre”, circunstancia que lo llevó
a sostener que como en ninguno de esos segmentos se dio
“la facultad de recibir, sino de retirar los pagos a nombre del
señor JOSÉ DAZA”, ello “indica que la titularidad de los dineros
estaba en cabeza de [é]ste y en caso de fallecimiento en cabeza
de sus herederos y cónyuge por efectos de la presunción
establecida en el artículo 1795 del C.C.”.

3.1.3. Patente es, pues, que la calificación de esa


manifestación de voluntad como una mera diputación para
el pago, y no como un mandato, la derivó el Tribunal de su

29
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

contenido, en particular, de las facultades de que se revistió


a la autorizada, señora Henríquez Quintero.

3.1.4. En tal orden de ideas, se establece la indebida


formulación del cargo examinado y, por ende, su fracaso,
como quiera que la revisión de esa postura del ad quem, por
ser una cuestión de hecho, únicamente procedía, y procede,
a la luz de la violación indirecta de la ley sustancial, y no de
la directa, que fue la que se planteó, vías que no pueden
confundirse por tener fisonomía propia.

Con sobrada razón, ha dicho la Sala que “[l]a violación


de las normas de derecho sustancial en la cual subyace la
primera de las causales de casación, puede producirse de dos
maneras distintas: directamente, cuando el sentenciador se
equivoca en la aplicación del derecho material que concierne al
asunto objeto del litigio, no obstante haber constatado
correctamente la realidad fáctica, e indirectamente, cuando es la
defectuosa verificación de los hechos, a través del examen de las
pruebas aducidas para formar su juicio, la que lo conduce a
infringir las normas sustanciales. (…). Por la misma disimilitud
que ofrecen las causas en las cuales se enraíza una y otra forma
de infracción de la ley sustancial, el recurrente debe asumir un
comportamiento distinto al denunciar cada una de ellas. Así, si
acusa el quebranto directo de preceptos del tipo indicado, debe
concentrar su gestión impugnaticia en los textos legales que
considera inaplicados, indebidamente aplicados o interpretados
erróneamente, prescindiendo de toda consideración que entrañe
divergencia con las conclusiones fácticas y probatorias derivadas
por el sentenciador. (…). Si opta por la vía indirecta y como en tal
hipótesis el quebranto de la ley sustancial puede emanar de

30
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

errores de hecho o de derecho en la apreciación de las pruebas,


ha de individualizar las pruebas sobre las cuales recayó el error,
si es del primer tipo. Si es del segundo, indicar las normas
probatorias que juzga infringidas, explicando en qué consiste la
infracción. Sea que denuncie errores de hecho o de derecho, corre
con la carga de demostrarlos” (CSJ, SC del 25 de febrero de
2002, Rad. n.° 5925).

3.1.5. Corolario de lo hasta aquí expuesto, es que, por


la senda que se fijó al cargo primero -directa-, no es factible
para la Corte entrar a revisar la comprensión que de la
autorización en ciernes efectuó el ad quem y, por lo mismo,
invalidar su conclusión de que se trató de una mera
diputación para el pago.

3.1.6. Si en gracia de discusión, se dejara de lado la


precedente deficiencia, habría también que concluir que la
referida acusación deviene frustránea, pues su único
fundamento fue que la misiva en comento aparece dirigida a
la demandada, y no a la diputada para el pago, como tenía
que se ser, argumento que en sí mismo considerado, es
inane para desvirtuar la calificación jurídica que de la
comentada autorización efectuó el Tribunal, más cuando el
planteamiento del censor contradice el mandato del artículo
1638 del Código Civil, que expresa: “La diputación para recibir
el pago puede conferirse por poder general para la libre
administración de todos los negocios del acreedor, o por poder
especial para la libre administración del negocio o negocios en
que está comprendido el pago, o por un simple mandato

31
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

comunicado al deudor” (negrillas y subrayas fuera del


texto).

Por consiguiente, que la referida autorización aparezca


consignada en la carta que el señor Daza Ortiz dirigió a la
demandada, quien en relación con la obligación de reintegro
de aportes era la deudora, no es una circunstancia que se
oponga a que, como lo estimó el ad quem, corresponda a
una diputación para el pago sino que, por el contrario,
avala esa conclusión.
3.2. Ya en lo que hace al cargo segundo, mediante el
cual se denunció el quebranto indirecto de la ley sustancial,
como consecuencia de error de hecho en la ponderación de
la carta que el 13 de diciembre de 2007 la señora Enedys
del Carmen Maestre Ángel entregó a la accionada, se
encuentra:

3.2.1. Conocido es que no cualquier error en la


apreciación de la demanda, de su contestación y/o de las
pruebas del proceso, abre paso a casar un fallo de
instancia. Solamente el yerro manifiesto o mayúsculo, es
decir, aquél que conduce al sentenciador a una conclusión
fáctica contraevidente o, en otros términos, contraria a la
realidad que aflora del proceso mismo, tiene esa virtud.

3.2.2. La misiva de que ahora se trata, militante en


los folios 42 y 43 del cuaderno principal, reza:

Valledupar, Diciembre 13 de 2007

32
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Señores
ECOSPETROLEO S.A.
Atn. SR. MARCOS GONZALEZ
Gerente
Barranquilla

Cordial saludo;

ENEDYS MAESTRE ÁNGEL, identificada como aparece al


pie de mi respectiva firma, me dirijo a Usted(es), con el fin
de manifestarle[s] que en calidad de legítima esposa del
[s]eñor JOSÉ ALFREDO DAZA ORTIZ (Q.E.P.D.), asumo
toda responsabilidad por los negocios que mi difunto esposo
adelantaba con la Empresa Ecospetroleo.

Así mismo cualquier transacción comercial, mercantil,


financiera y todo lo relacionado con los negocios llevados a
cabo por mi esposo con dicha [e]mpresa, serán asumidos
directa, única y exclusivamente por la suscrita en
representación de JOSÉ ALFREDO.

[P]or consiguiente nadie m[á]s est[á] legalmente autorizado


para presentar reclamaciones o efectuar cualquier
negociación adelantada ante Ecospetroleo por el [s]eñor
DAZA ORTIZ.

Agradezco su colaboración,

Atentamente,

ENEDYS MAESTRE A.
CC 49.762.979 V/par
(Hay firma ilegible)

cc.- Junta Directiva Ecospetroleo.

3.2.3. Pese a ser cierto que en dicha comunicación no


se mencionó expresamente la tantas veces indicada
autorización del 30 de julio de 2005, esa sola circunstancia
no impedía que el Tribunal coligiese, como en efecto lo hizo,
la revocatoria de la misma, toda vez que la misiva fue
contundente en indicar, de un lado, que la única persona
que se haría cargo de los negocios que el señor José Alfredo

33
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Daza Ortiz celebró en vida con la demandada, sería la


señora Enedys del Carmen Maestre Ángel, en su condición
de cónyuge de aquél; y, de otro, que, por lo tanto, ninguna
persona diferente a ella, estaba “legalmente autorizad[a]” para
elevar solicitudes o realizar actuaciones vinculadas con tal
nexo comercial.

3.2.4. Como esas manifestaciones estuvieron


encaminadas a inhabilitar cualquier gestión proveniente de
una persona distinta a la esposa del señor Daza Ortiz
relacionada con los negocios que éste mantuvo con C.I.
EMPRESA COLOMBIANA DE SERVICIOS PETROLEROS
S.A., no se avizora caprichoso, antojadizo, ni arbitrario que
el juzgador de segunda instancia, fincado en ese escrito,
dedujese la revocatoria de la autorización que otrora le
confiriera el nombrado causante a la señora Nini Catalina
Henríquez Quintero.

3.2.5. Tal razonamiento del ad quem, a la luz de lo


expresado en la comentada prueba, surge plausible y, por lo
mismo, no entraña el yerro fáctico denunciado.

3.2.6. El otro planteamiento sustentante de la


acusación, esto es, que el ad quem pasó por alto que la
señora Maestre Ángel no acreditó con la comunicación
analizada, su condición de cónyuge supérstite del causante
José Alfredo Daza Ortiz, es un medio nuevo en casación
que, consecuencialmente, resulta inadmisible.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Al respecto, véase cómo la demandada, al contestar el


libelo introductorio, en concreto su hecho 11, manifestó:

Es cierto que el día 13 de [d]iciembre del año 2007, la


[s]eñora ENEDYS DEL CARMEN MAESTRE ÁNGEL,
actuando en calidad de legítima esposa del [s]eñor JOSÉ
ALFREDO DAZA ORTIZ, por escrito, asumió toda
responsabilidad por los negocios que su difunto esposo
adelantaba con la empresa ECOSPETROLEO.

Luego es cierto que asimismo indicó a través del mismo


escrito, que cualquier transacción comercial, mercantil,
financiera y todo lo relacionado con los negocios llevados a
cabo por su esposo con dicha empresa, serían asumidos
directa, única y exclusivamente por ella en representación
del [s]eñor JOSÉ ALFREDO DAZA, determinando incluso en
el mismo documento, que nadie más estaba legalmente
autorizado para presentar reclamaciones o efectuar
cualquier negociación adelantada ante ECOSPETROLEO por
el [s]eñor DAZA ORTIZ, tal como lo hace constar en
documento anexo a la demanda.

Debe señalarse que en esa época no se había abierto la


sucesión del causante, lo que ocurre en el año 2009, de
manera que ninguno de los herederos del causante, se
había legitimado para asumir posiciones frente a los
derechos de herencia, pues aunque deferida, permanecía
ilíquida.

Por otra parte, aunque explícito el mencionado documento,


por ninguna parte revoca, ni expresa revocar los poderes
otorgados por el causante y en concreto el otorgado a NINI
CATALINA HENRÍQUEZ QUINTERO, con el agravante de que
tampoco constituye este documento, la comunicación sobre
revocatoria del mandato a que refiere el artículo 2919 del
C.C.

Así pues, el mencionado comunicado no afecta la viabilidad


jurídica de poder antedicho.

En líneas generales, esa fue la postura que la


accionada mantuvo al alegar de conclusión tanto en
primera, como en segunda instancia.

35
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

3.2.7. Traduce lo anterior, que sólo fue en desarrollo


del cargo segundo propuesto en casación, que la recurrente
adujo la falta de demostración, con la comentada carta, de
la condición de esposa del causante Daza Ortiz que la
señora Maestre Ángel allí invocó, planteamiento que por no
haberse efectuado en las instancias, no fue debatido en
ellas y que, por consiguiente, no pudo ser, de un lado,
controvertido por los actores y, de otro, considerado por el
Tribunal, lo que impide que su sentencia pueda ser
censurada con respaldo en él.

Llegados a este punto, es del caso reiterar que “el fallo


impugnado por vía extraordinaria no puede ser juzgado con base
en hechos que, por no haber sido oportunamente propuestos en el
litigio, no pudieron ser considerados por el sentenciador de
instancia y, adicionalmente, porque si así se admitiera, se
vulneraría el debido proceso y, más exactamente, el derecho de
defensa de la parte contraria, la que, en ese supuesto, no habría
tenido forma de controvertir el fundamento fáctico invocado por el
recurrente” (CSJ, SC del 6 de diciembre de 2011, Rad. n.°
2003-00113-01).

4. Es evidente, entonces, el naufragio de las dos


acusaciones examinadas.

5. Con todo, es del caso añadir que así se admitiera


que la referida autorización corresponde a un mandato, el
objeto del mismo, en su segunda parte, esto es, en cuanto
previó la entrega a la señora Henríquez Quiroga de la
totalidad de los dineros que existieran en la cuenta del

36
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

señor Daza Ortiz, si éste llegare a faltar, no se ubica en la


excepción consagrada en el artículo 2195 del Código Civil,
como pasa a analizarse:

5.1. El mandato, por esencia, es un contrato de


confianza recíproca entre quienes lo celebran, toda vez que
es en virtud de ella que quien lo otorga, delega en el otro la
realización de uno o varios negocios jurídicos que son de su
interés; y que el aceptante, opta por asumir el encargo.

Ello, en buena medida, explica que sea causa de su


terminación, entre otras, “la muerte del mandante o del
mandatorio”, según voces del numeral 5º del artículo 2189
del Código Civil.

5.2. Tratándose del fallecimiento de quien confiere el


mandato, el legislador previó que esa circunstancia no lo
extingue, en primer lugar, cuando de la interrupción de su
ejecución ya iniciada, pueden derivarse perjuicios para los
herederos del mandante (art. 2194, C.C.); y, en segundo
término, si está “destinado a ejecutarse después” del deceso
de este último (art. 2195, ib.).

No obstante la aparente amplitud con que fue


concebido el segundo de esos preceptos, su correcta
aplicación exige interpretarlo en armonía con las demás
normas y principios disciplinantes de este tipo de contrato,
fundamentalmente, que su objeto es la realización por parte
del mandatario, de uno o varios negocios jurídicos lícitos

37
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

(art. 2142 C.C); que su ejecución, él la debe realizar sin


ocasionar perjuicios al mandante (art. 2175 ib.) o a sus
herederos (art. 2194 ib.); y que termina con la muerte de
sus celebrantes, por lo que las excepciones a esta regla
general, son de carácter taxativo y restringido.

5.3. En este orden de ideas, se establece que el


mandato concebido para ser ejecutado con posterioridad a
la muerte de su otorgante, no puede recaer sobre todo tipo
de actos sino solamente sobre aquellos cuya realización
dependa, precisamente, del fallecimiento del mandante.

Refiriéndose al “MANDATO ‘POST MORTEM’”, un


autorizado profesor y tratadista nacional, enseña:

El albaceazgo es un tipo de mandato que por su misma


naturaleza no puede ejecutarse sino después de la muerte
del mandante. Igualmente, puede darse el caso de
mandatos de otro tipo cuya ejecución esté condicionada a la
muerte del mandante, como el conferido para gestionar lo
relativo a los funerales del mandante. Esos mandatos,
pues, no solo no terminan con la muerte del mandante, sino
que, por el contrario, apenas con ella vienen a ser
ejecutables. Por eso dispone el art. 2195 respecto a ellos:
‘No se extingue por la muerte del mandante el mandato
destinado a ejecutarse después de ella. Los herederos
suceden en este caso en los derechos y obligaciones del
mandante’2.

Como se aprecia, son de ese linaje, y no de otro, los


actos que pueden delegarse para ser cumplidos con
posterioridad a la muerte del mandante. Únicamente, lo
precisa ahora la Corte, aquellos cuya ejecución depende del

2
Gómez Estrada, César. “De los principales contratos civiles”. Bogotá,
Editorial Temis S.A., 1999, págs. 403 y 404.

38
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

deceso de aquél. Por consiguiente, los que no tiene esa


condición, escapan a la previsión del artículo 2195 del
Código Civil y son ajenos al mandato post mortem.

Tras cuestionar la viabilidad de ese tipo de encargos,


por la dudosa eficacia que podría tener el “negocio celebrado
en nombre de un muerto”, otro autor señala:

Pero el problema, de tener importancia, habría que


plantearlo para la sustitución por mandato, representativo o
no, pues lo que importa es el efecto patrimonial de contratar
por cuenta de un muerto, aunque para ello el mandatario
emplee su propio nombre. La situación está prevista en la
ley al decir que ‘No se extingue por la muerte del mandante
el mandato destinado a ejecutarse después de ella. Los
herederos suceden en este caso en los derechos y
obligaciones del mandante’ (artículo 2195); y que ‘El
mandato conferido también en interés del mandatario o de
un tercero no terminará por la muerte o inhabilitación del
mandante’ (artículo 1284 del Código de Comercio).

(…)

La norma comentada contiene, pues, una excepción a la que


señala como causa de terminación del mandato la muerte
de una de las partes (artículo 2190), por la especial
confianza que media en el mandato.

Pero si se examina más a fondo la situación planteada con


ese mandato ‘post mortem’, puede decirse que no hay una
razón de orden público para que tengan los herederos el
deber de recibir esa herencia, aunque les perjudique, y que,
por otra parte, se contravenga a la verdad jurídica de que
ellos son ya los dueños del patrimonio de su causante,
quien hubiera podido limitarlo sólo en parte, ya que no
podía lesionar la que corresponde por ley a sus asignatarios
(artículo 1226). De manera que la disposición citada no
puede entenderse con tanta amplitud como aparece en su
texto, porque otras normas de orden superior y principios
jurídicos muy importantes contrarían su largo alcance. Hay
que ver en cada caso concreto cuál es el contenido
económico y el efecto jurídico de un mandato que pretende

39
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

imponerse a los herederos, para precisar si están obligados


a cumplirlo. No parece que sea de forzoso cumplimiento un
mandato del causante para que después de su muerte el
mandatario adquiera una empresa ganadera para los
socios, administrada por el último durante cierto tiempo, y
con sanción para los herederos que desconozcan su
mandato. Aunque se alegue que el mandatario tendría un
interés en ello, debe responderse que la sola remuneración
que pudiera corresponderle no constituye interés autónomo
e independiente que deba respetarse y que, de todos
modos, el mandato es siempre revocable (artículos 2191 del
Código Civil y 1280 del Código de Comercio). Parece que no
es esta la época de seguir venerando la caprichosa voluntad
del causante, cuando el mismo estado desea absorber para
la comunidad la mayor parte del acervo hereditario a través
de su régimen fiscal3 (se subraya).

5.4. Retornando al caso sub lite, se concluye que la


facultad de entregar los dineros que al momento de la
muerte de Jorge Alfredo Daza Ortiz se encontraban
depositados por éste en favor de la demandada, a la señora
Nini Catalina Henríquez Quintero, en virtud de que el
nombrado causante, en vida, la revistió de la potestad de
retirarlos, es un acto que desborda el marco de aplicación
del artículo 2195 del Código Civil, puesto que, de un lado,
se trata de una delegación que contradice la ley, en tanto
que conlleva la disposición por parte del mandante de unos
activos patrimoniales que desde el mismo momento de su
deceso, pasaron a ser propiedad de su cónyuge supérstite y
de sus herederos, sin que la titularidad de éstos se vea
menguada por el hecho de no haberse liquidado la sociedad
conyugal o adjudicado la herencia; y, de otro, de una
gestión que no tenía, ni tiene, conexión causal, con la
muerte de aquél.
3
Escobar Sanín, Gabriel. “Negocios Civiles y Comerciales. I. Negocios de
Sustitución”. Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2da. edición,
1987, págs. 224 y 225.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

5.5. De lo expuesto se extracta, que con el pago que la


demandada realizó a la señora Nini Catalina Henríquez
Quintero de los dineros reclamados por los actores, en tanto
que se soportó en la autorización que al efecto el señor Daza
Ortiz dio en favor de la segunda, la cual, como en
precedencia se acotó, superó en mucho lo previsto por el
artículo 2195 del Código Civil, aquélla no satisfizo el deber
contractual que tenía de reintegrar los dineros que el
nombrado causante le aportó para la adquisición de
combustible, recursos que a partir de su deceso pasaron a
formar parte de la universalidad de bienes conformantes
tanto de la sociedad conyugal que él tenía constituida con
la señora Enedys del Carmen Maestre Ángel, como de su
herencia, cuyos titulares, desde entonces, eran solamente
los aquí demandantes.

Ratificado así el incumplimiento contractual detectado


por el ad quem, no hay lugar al resquebrajamiento de su
fallo.

6. En definitiva, se establece la improsperidad de los


cargos precedentemente estudiados.

CARGO TERCERO

Con igual sustento, el recurrente enrostró a la


sentencia blanco de su ataque, ser indirectamente
violatoria, por falta de aplicación, de los artículos 1º, 2º, 4º,

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

10º, 643, 822, 834, 871, 972 y 892 del Código de Comercio,
1639, 1642 y 2195 del Código Civil; y por aplicación
indebida, de los artículos 881 y 882 de la primera de esas
compilaciones, todo debido a que el Tribunal no tuvo a la
accionada “como contratante de buena fe[,] cuando le hizo el
pago a la señora NINI CATALINA HENRÍQUEZ QUINTERO, razón
por la cual dicho pago debe ser tenido como válido y liberatorio de
las obligaciones que tenía con el señor JOSÉ ALFREDO DAZA
ORTIZ”.

La censura se desarrolló por la siguiente senda:

1. El casacionista afirmó que los errores del


Tribunal consistieron en la preterición de la autorización
extendida por el señor José Alfredo Daza Ortiz el 30 de julio
de 2005, del dictamen grafológico en el que se concluyó que
la firma puesta en ese documento sí correspondía a la de su
autor y del concepto emitido por un abogado sobre la
pertinencia de entregar los dineros que tenía depositados el
citado causante en la empresa demandada a la persona
autorizada por él, señora Nini Catalina Henríquez Quintero.

2. Tras referirse a cada una de esas pruebas, el


censor coligió que del conjunto de ellas se desprende que la
decisión que adoptó la demandada, de efectuar el pago a la
prenombrada señora, “no fue un acto caprichoso ni arbitrario”
sino, “[t]odo lo contrario, fue un acto pensado, analizado y
sopesado, de donde emerge que se obró de buena fe exenta de
culpa”.

42
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

3. Aludió a continuación a la buena fe de forma


general, análisis que lo condujo a aseverar que ella, “desde
otra perspectiva, (…) se vislumbra como un genuino hontanar de
normas de comportamiento no formuladas positivamente pero
implícitas en el ordenamiento que, por consiguiente, ante una
situación dada, le imponen al sujeto una conducta determinada
con miras a no agraviar los intereses jurídicos ajenos. Desde este
punto de vista, la buena fe genera deberes y se califica
cotejándola con un prototipo abstracto colocado en el contorno
social de la persona”, planteamiento que reforzó con
transcripción parcial de un fallo de esta Corte.

4. Así las cosas, concluyó que en el caso sub lite no


hay duda que el pago efectuado por la demandada “al señor
JOSÉ ALFREDO DAZA ORTIZ a través de la señora NINI
CATALINA HENRÍQUEZ QUINTERO, en virtud de la autorización
que aqu[é]l extendió en vida, fue un pago válido, ya que se hizo
de buena fe exenta de toda culpa” ; y que, por lo mismo, lo
errores cometidos por el Tribunal aquí denunciados, son
trascendentes.

CONSIDERACIONES

1. Soportado en que la accionada actuó de buena fe


exenta de culpa cuando, con posterioridad al fallecimiento
del señor José Alfredo Daza Ortiz, le entregó a la señora
Nini Catalina Henríquez Quiroga, en desarrollo de la
autorización que el primero le había dado a la segunda
desde el 30 de julio de 2005, la totalidad de los dineros que
habían sido depositados en vida por éste y que se

43
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

encontraban en su poder, el recurrente, mediante el


presente cargo, pretende que se reconozca dicho pago “como
válido y liberatorio de las obligaciones” que su representada
tenía con el nombrado causante.
2. Siendo esa la aspiración del censor, es ostensible
que la acusación desborda el ámbito de la presente
controversia, pues cualquier juicio que en tal sentido se
hiciera, no podría efectuarse, por los efectos jurídicos que
de él pudieran derivarse, sin la intervención de la señora
Nini Catalina Henríquez Quiroga, quien, como se sabe, no
fue parte en el proceso, ni citada al mismo.

3. De suyo que, independientemente de si la


actuación de la demandada se ajustó o no a los postulados
de la buena fe, resulta imposible para la Corte, en sede de
casación, establecer que el referido pago fue “válido” y que
produjo efecto “liberatorio” de aquélla en frente de la
obligación de reintegro de aportes a que se ha hecho
alusión a lo largo de este proveído.

4. Súmase a lo anterior, que el fracaso de los cargos


primero y segundo y, por ende, la firmeza de las
conclusiones fácticas en las que el Tribunal descansó su
fallo, precisadas al estudiar los mismos, cierra el paso a la
acusación ahora examinada, como pasa a dilucidarse.

4.1. Es que si la autorización dada por Daza Ortiz a


Nini Catalina Henríquez Quiroga, según la calificación que
de ella hizo el ad quem, erigió a ésta como una mera

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

diputada para el pago, resulta forzoso concluir que dicha


facultad concluyó con la muerte del otorgante, habida
cuenta que el artículo 1644 del Código Civil, en relación con
la inhabilidad del diputado para recibir el pago, remite a las
“causas que hacen expirar un mandato” , entre las cuales se
destaca, “la muerte del mandante o del mandatorio” (num. 5º,
art. 2189, C.C.), sin que en relación con la diputación,
tenga cabida el artículo 2195 del Código Civil.

Así las cosas, mal podría admitirse que la demandada,


al momento de efectuar el pago que hizo a la señora
Henríquez Quiroga de los dineros en este asunto
pretendidos por los accionantes, actuó libre de culpa, pues
como para ese momento ya había fallecido el señor José
Alfredo Daza Ortiz, se imponía a ella colegir que la diputada
para el pago estaba inhabilitada para recibir el mismo, y
pensar lo contrario constituiría un error de derecho que no
podría quedar cobijado dentro de la buena fe.

4.2. Desde la otra perspectiva que contempló el


Tribunal, es decir, que la mentada autorización, sea que se
la califique como diputación para el pago o como mandato,
y que se estime que no se extinguió con la muerte de quien
la confirió, fue revocada con la carta que el 13 de diciembre
de 2007 le digirió la señora Enedys del Carmen Maestre
Ángel, esposa de Daza Ortiz, a la aquí demandada, tampoco
hay espacio para admitir que el proceder de esta última se
ajustó a la ley, pues en este supuesto sería forzoso colegir
que con la entrega de dinero que efectuó en favor de la

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

señora Henríquez Quiroga, ella desconoció la referida


revocatoria.

5. El cargo, por lo tanto, fracasa.

DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO
CASA la sentencia del 6 de mayo de 2014, proferida por el
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, Sala
Civil - Familia, en el proceso que se dejó plenamente
identificado en los comienzos de este proveído.

Costas en casación, a cargo de la recurrente. Como la


demanda presentada para sustentar dicho recurso, fue
replicada en tiempo por el extremo actor, se señala, por
concepto de agencias en derecho, la suma de $6.000.000.
La Secretaría de la Sala, efectúe la correspondiente
liquidación.

Cópiese, notifíquese, cúmplase y, en oportunidad,


devuélvase el expediente al Tribunal de origen.

LUIS ALONSO RICO PUERTA


Presidente de Sala

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

MARGARITA CABELLO BLANCO


(Ausencia justificada)

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO

AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA


Con salvamento de voto

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Salvamento de voto con relación a la vigencia del


mandato postmortem

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA


Magistrado

Radicación: 08001-31-03-010-2010-00254-01

Por haber sido derrotado el proyecto original que el


suscrito presentó como sentencia de fondo, procedo a
adherir a la decisión mi escrito de disentimiento integral al
fallo finalmente aprobado por la mayoría de la Sala. La línea
argumentativa se encamina a mostrar porqué debió casarse
el fallo de segundo instancia proferido por el Tribunal
Superior de Barranquilla, para en su lugar confirmar
integralmente la decisión del a quo, negando las súplicas de
la demanda, declarando válido el pago realizado por el
deudor.

1. Los antecedentes del caso

1.1. El petitum. La parte actora pidió declarar la


existencia de un contrato innominado entre la sociedad
interpelada y el causante José Alfredo Daza Ortiz, cónyuge
y padre de los demandantes, con la consiguiente condena a
pagar la suma de $377’200.000 y sus rendimientos
causados desde el 27 de noviembre de 2007.

1.2. La causa petendi. José Alfredo Daza Ortiz,


depositó dineros para adquirir combustible a la
demandada, para la reventa posterior, con la devolución

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

ulterior del exceso de lo aportado con los incrementos


financieros correspondientes.

Hecho central, es el escrito de 30 de julio de 2005,


dirigido por el mismo depositante a C.I. Empresa
Colombiana de Servicios Petroleros S.A., la interpelada,
autorizando a Nini Catalina Henríquez Quintero, para
retirar los pagos o excedentes existentes a su nombre,
inclusive inmediatamente en caso de faltar.

El 29 de noviembre de 2007, falleció José Alfredo Daza


Ortiz, el disponente; y el 4 de diciembre del mismo año, del
saldo a su favor, en cuantía de $327’000.000, C.I. Empresa
Colombiana de Servicios Petroleros S.A., la deudora,
canceló a un tercero $80’000.000.

En comunicación de 10 de diciembre de 2007, Nini


Catalina Henríquez Quintero, la autorizada mandataria o
diputada, prevalida del escrito anterior, de 30 de julio de
2005, solicitó a la citada sociedad la restitución de los
dineros del causante.

En el entretanto, Enedys del Carmen Maestre Ángel,


cónyuge sobreviviente, el 13 de diciembre de 2007,
comunicó a C.I. Empresa Colombiana de Servicios
Petroleros S.A., la asunción de todos los negocios de su
finado esposo, advirtiendo que nadie más estaba autorizado
para el efecto.

El 9 de enero de 2008, la empresa deudora, previas


consultas jurídicas, entregó los saldos en cuestión a Nini

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Catalina Henríquez Quintero; y el 30 del mismo mes y año,


informó el hecho a los demás interesados.

En el proceso de sucesión de José Alfredo Daza Ortiz,


protocolizado el 27 de octubre de 2009 en la Notaría 27 del
Círculo de Bogotá, se adjudicó a la esposa e hijos del
fallecido la referida partida de $377.200.000.

1.3. La contestación de la demanda. Al contestar esa


demanda, la convocada se opuso a las súplicas, adujo la
ausencia de relación negocial, pues la intermediación para
la reposición de inversiones de combustible y de utilidades,
el entonces causante la concertó con Eduardo Ustariz
Aramendiz.

Además, alegó, se limitó a ejecutar el mandato de 30


de julio de 2005, donde José Alfredo Daza Maestre, autorizó
a Nini Catalina Henríquez Quintero, para retirar los pagos,
inclusive post-mortem, pues “en caso de que llegue a
faltar, se le entregará de inmediato, la totalidad del
dinero que esté a mi nombre”, sin que el mismo hubiese
sido revocado en la carta de 13 de diciembre de 2007,
suscrita por la cónyuge sobreviviente.

1.4. La sentencia de primera instancia. Negó las


pretensiones, al no demostrarse ninguna clase de contrato,
ni innominado, ni típico. La deudora hizo los pagos de
manera válida a Nini Catalina Henríquez Quintero, en
calidad de mandataria de José Alfredo Daza Díaz.

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

2. La sentencia del Tribunal objeto de casación.


Revocó la de primer grado. Encontró acreditada una
relación comercial innominada en virtud de la cual el
fallecido, suministraba dineros para comprar combustible a
Ecopetrol, en beneficio de C.I. Empresa Colombiana de
Servicios Petroleros S.A., quien a su vez, había adquirido la
obligación de restituirle esos capitales.

Del escrito de 30 de julio de 2005, en cuyo tenor José


Alfredo Daza Ortiz, autorizó a Nini Catalina Henríquez
Quintero para “retirar los pagos” y en caso de fallecer “se le
entregará de inmediato la totalidad del dinero que esté a mi
nombre”, consideró no se subsumía en la definición del
mandato, al no consignarse en ninguno de los apartes
transcritos la “facultad de recibir, sino de retirar pagos”. La
titularidad de los saldos existentes a la muerte de José
Alfredo Daza Ortiz, estaba “en cabeza de sus herederos y
cónyuge por efectos de la presunción establecida en el
artículo 1795 del C.C.”.

Esa comunicación, debió analizarse a la luz de los


artículos 1634, 1639 y 1640 del Código Civil, puesto que
cuando el acreedor diputa a alguien, bien para cobrar el
crédito, ya para el pago, el mandato dirigido a la sola
cobranza no confería la facultad de recibir, salvo cuando
fuere expresa, y asienta:

“Si bien en la autorización [dicha] hay una diputación para el


pago, que en sentido estricto es un mandato, debe aplicársele lo
dispuesto en el artículo 1644, (…) especialmente la parte final
que señala (…) las causas que hacen expirar el mandato (…). Y

51
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

no podía hablarse de representación o ejecución de un mandato


por cuanto lo que allí había era una simple diputación (…)”.

Ahora, si se considera vigente la diputación, inclusive


después de la muerte de José Alfredo Daza Ortiz (artículo
2189, numeral 5º del Código Civil), se imponía tener en
cuenta, al momento de recibirse el escrito de 13 de
diciembre de 2003, la “causal de revocación tanto del
mandato como de la diputación” (numeral 3º, ibídem).

En ese orden, las sumas adeudadas por la sociedad


demandada a “(…) José Alfredo Daza Ortiz, podían ser
entregadas a quien él había diputado para el pago, hasta el
día de su fallecimiento”, todo “en virtud del mandato
conferido”. Empero, “después de su muerte no era válido el
pago (…) a terceros, ni aún con autorización de él, porque
estos pertenecen a sus herederos y además se presumían de
la sociedad conyugal si era casado (…)”.

El Tribunal al revocar el fallo apelado, declaró el


contrato innominado y la responsabilidad de la demandada,
la condenó a pagar a los demandantes, la suma de
$426’414.777, por concepto del saldo solicitado,
actualizado.

Recurrida en casación por la parte demandada, el


libelo presentado para sustentarlo promovió tres cargos.

3. La sentencia de casación. En esencia desestimó


la casación y dejó vigente la decisión del tribunal, al hallar
errores de técnica en la demanda y subsidiariamente,

52
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

estudiando el fondo, encontró infundado el pago de la


deudora y extinguido el mandato.

4. Razones por las cuales debió casarse la


sentencia para confirmar el fallo de primer grado que
validó el pago

4.1. El aspecto formal y técnico. El primer punto de


disentimiento gira en torno a la incorrecta y ortodoxa forma
como la mayoría de la Sala responde de manera principal
la causa casacional, señalando que los cargos no reúnen los
requisitos formales para estudiar de fondo el problema y de
esa forma, mantener indemne la sentencia acusada.

El análisis de los requisitos formales del cargo es


errado, plagado de excesivo rigor manifiesto, mucho más en
el contexto de la actual estructura del recurso de casación
erigido con la Ley 270 de 1996 y luego por el Código
General del Proceso en un instrumento garantista de los
derechos fundamentales a tono con el Estado
Constitucional y Social de derecho.

A fortiori, cuando el legislador de manera expresa y


deliberada le otorga como función nomofiláctica al recurso,
la finalidad de constituirse en un medio de impugnación
extraordinario para ejercer un control convencional,
constitucional y legal de las decisiones que ofenden el plexo
normativo y, por supuesto, los derechos fundamentales, las
garantías y el patrimonio público.

53
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Empero, contradictoriamente a pesar de enrostrarse


defectos de técnica pasa a resolver el mérito de los cargos
en forma errónea, negando la queja casacional.

4.2. La cuestión sustancial en la sentencia. La censura


ameritaba al margen de toda consideración, resolución de
fondo, sí, pero, quebrando el fallo del tribunal ante la
palmaria infracción del ordenamiento jurídico.

C.I. Empresa Colombiana de Servicios Petroleros S.A.,


atribuyó a la encargada de retirar los dineros, Nini Catalina
Henríquez Quintero, inclusive en caso de faltar el acreedor,
la calidad de “apoderada o mandataria del causante”, y en
ello, no estaba equivocada. Del escrito de 13 de diciembre
de 2007, allegado y firmado por Enedys del Carmen Maestre
Ángel, cónyuge sobreviviente, por “ninguna parte revoca, ni
expresa revocar los poderes otorgados a Nini Catalina
Henríquez Quintero”; de modo que el mandato continuó
vigente en los términos del artículo 2195 del C.C.”, aún,
luego del fallecimiento de Daza Ortiz.

Si el fallo del Tribunal estimó que la “diputación”,


estricto sensu, “es un mandato”, en cuyo caso, de acuerdo
con el artículo 1644 del Código Civil, las causales de
terminación del mismo aplicaban igualmente para la
extinción de aquella, el mandato, sin duda, estaba vigente,
a pesar de la muerte del mandante. Empero, tanto el
Tribunal como la sentencia de casación, lo dan por
extinguido, y finalmente por revocado.

54
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

4.3. Validez de la diputación para el pago. De


acuerdo a los elementos probatorios allegados y las
disposiciones vigentes, el deudor se hallaba en obligación
de cumplir con el crédito existente a favor del causante, por
vía de Nini Catalina Henríquez Quintero, por encargo del
acreedor.

Según el artículo 1634 del Código Civil, el pago de una


obligación es válido cuando se hace al “(…) acreedor mismo
(bajo cuyo nombre se entienden todos los que le hayan
sucedido en el crédito aun a título singular), o a la persona
que la ley o el juez autoricen a recibir por él, o a la persona
diputada por el acreedor para el cobro (…)”.

La diputación, conforme lo prevé el artículo 1638,


ibídem, “(…) puede conferirse por poder general para la libre
administración de todos los negocios del acreedor, o por
poder especial para la libre administración del negocio o
negocios en que está comprendido el pago, o por un simple
mandato comunicado al deudor”.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia


Española, diputación significa “acción y efecto de diputar”, y
esto último, a su vez, denota “destinar, señalar o elegir a
alguien (…) para algún uso o ministerio”. En los términos de
las normas citadas, el pago, por tanto, también será válido
cuando se hace a la persona escogida por el acreedor para
recaudarlo, prevalida de uno cualquier de los modos dichos.

55
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

El profesor Álvaro Pérez Vives, sobre el particular


explica: “El acreedor (…) puede delegar en otro el recibo del
pago. Conviene saber cuándo hay delegación para recibir por
el acreedor. El acreedor puede diputar a un tercero para que
reciba por él, mediante poder general con facultad de libre
administración, en virtud de un poder especial, esto es,
conferido precisamente para recibir el pago (art. 1639); por
medio de un mandato especial representativo, con facultad
de libre administración del negocio para el cual se haya
conferido el mandato; finalmente, ordenando directamente al
deudor hacer el pago al tercero. Esto es lo que en forma
confusa –debido a la poca claridad de conceptos en materia
de representación y mandato-, dice el artículo 1638,
empleando una terminología equívoca como esa de llamar
“mandato” a lo que es simple “orden””4.

En tales hipótesis, lo cierto es, el pago se entiende


efectuado directamente al acreedor. Como estatuye el
artículo 1505 del Código Civil, “[l]o que una persona ejecuta
a nombre de otra, estando facultada por ella o por la ley
para representarla, produce respecto del representado
iguales efectos que si hubiere contratado con él mismo”. En
esos casos, al decir de la Corte, los “(…) efectos jurídicos (…)
se radican directamente en cabeza del mandante y la
relación jurídica se traba es entre el comitente y el tercero
(…)”5.

4
PÉREZ, Vives Álvaro. Teoría General de las Obligaciones, volumen II, parte
segunda, cuarta edición, Ediciones Doctrina y Ley Ltda., Bogotá, 2012, 346-347.
5
COLOMBIA, CSJ. Civil. Sentencia de 12 de diciembre de 2007, expediente 000310.

56
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

4.4. Validez del mandato para el pago. El mandato


para cobrar y recibir el pago, desde luego, avala esas
consecuencias jurídicas, puesto que al tenor del artículo
2142 del Código Civil, quien asume la gestión
encomendada, apoderado, procurador o mandatario, lo
hace por cuenta y riesgo del mandante o comitente.

En sentir de la Corte, “[d]esde el punto de vista


jurídico, la noción de mandato viene asociada a la idea de
favor o de encargo (…). Se trata, entonces, de un instrumento
de integración y colaboración que facilita satisfacer intereses
del comitente, en cuyo beneficio se realizan actos que por
circunstancias de diversa índole, no puede o no desea llevar
a cabo él directamente. Tal herramienta permite, pues, que a
través de una superposición personal, un sujeto de derecho
realice una gestión por o para otro, ya como simple
benevolencia, ora a cambio de una contraprestación”6

4.5. Vigencia del mandato para ejecutar el pago


postmortem. En el derecho colombiano el mandato puede
tener vigencia postmortem con relación al mandante. En el
asunto puesto a consideración de la Corte, el encargo tenía
propósito específico para ejecutarse después de la muerte.
Entre otras causales, el mandato expira por la muerte del
comitente (artículo 2189-5 del Código Civil), salvo cuando
de suspenderse la gestión principiada, ocasione perjuicios a
sus herederos, en cuyo evento el procurador se encuentra
compelido a finalizarla (artículo 2194 del Código Civil); no
así, en el caso de estar específicamente destinado a
6
COLOMBIA, CSJ. Civil. Sentencia de 27 de marzo de 2012, expediente 00178.

57
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

ejecutarse después del fallecimiento del mandante (artículo


2195, ibídem).

Este precepto 2195 del derecho nacional, según el


cual el mandato, “[n]o se extingue por la muerte del
mandante el mandato destinado a ejecutarse después de
ella. Los herederos suceden en este caso en los derechos y
obligaciones del mandante”; cobra todo su vigor para el caso
concreto. Yerran en su consideración quienes lo califican
como una modalidad de albaceazgo, como adelante se
explica.

El excepcional texto, es trasunto de la autonomía de


la voluntad de las partes donde nuestro ordenamiento
privado prohija la fundabilidad de los encargos destinados a
cumplirse precisamente después de la muerte, y el mismo,
obedece al carácter supletivo de las disposiciones del
mandato. En todos estos casos perdura el poder, mientras
no sea revocado. En este contexto se halla el art. 1284 del
C. de Co.: “El mandato conferido también en interés del
mandatario o de un tercero no terminará por la muerte o la
inhabilitación del mandante”, prolongándolo y subsistiendo
cuando se otorga en interés del mandatario.

4.6. Continuidad del mandato acaecido el


fallecimiento del mandante. Reglas y doctrina nacional.
De antaño, la jurisprudencia de esta Corte previó la
continuidad del mandato, acaecida la muerte del mandante,
así por ejemplo, en providencia de 1958, expuso:

58
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

“Si el mandato se funda esencialmente en la confianza, por lo


que hace a las relaciones recíprocas entre mandante y
mandatario, es congruente que haya de terminar por la muerte
del uno o del otro (5º, artículo 2189, Código Civil). Pero inciden a
la vez los principios de la seguridad jurídica y de la conveniencia
general, especialmente en cuanto atañe al título de procuración y
a las relaciones del mandante y del mandatario con terceros
contratantes, dentro del marco de la representación perfecta, que
es sistema general de las instituciones civiles (artículo 1505,
ibídem).

“Así, no siempre la muerte del mandante hace cesar al


mandatario en sus funciones, ni la muerte de este último liberta
de responsabilidad a sus herederos por las gestiones que deben
hacer para librar de perjuicios al mandante. Desde luego se
requiere que el mandatario sepa el fallecimiento del mandante,
para que terminen sus poderes, pero todavía se encuentra en la
necesidad jurídica de finalizar la gestión principiada si de
suspenderla se sigue perjuicio a los herederos del mandante;
(…)”7.

En forma más precisa lo expresó en el 2010:

“Tampoco el fallecimiento produce la extinción del mandato,


cuando se confiere utilitas causa en interés recíproco del
mandante, el mandatario o de un tercero (art. 1284, Código
Civil), ni tratándose del destinado a ejecutarse con
posterioridad (mandatum post morten mandatori o mandatarii,
artículo 2195, Código Civil).

“En consecuencia, en línea de principio, producida y conocida la


muerte del mandante, cesa en sus funciones el mandatario,
“pero si de suspenderlas se sigue perjuicio a los herederos del
mandante, será obligado a finalizar la gestión principiada
(artículo 2194 Código Civil), en cuyo caso, conserva plena
eficacia para prevenir la lesión actual o inminente de los
intereses de la herencia, y la ley “no solo autoriza, sino que
ordena, a quien ha iniciado alguna gestión en nombre de quien
ha fallecido, al continuarla, cuando de no hacerlo así se sigan
perjuicios para los herederos (Cas. Civ. Sentencia de 28 de
marzo de 1952).

7
COLOMBIA, SCCSJ. Sentencia del 17 de febrero de 1958, M.P. José Hernández
Arbeláez.

59
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

“En otros términos, para la terminación en tal hipótesis, es


menester la integridad del mandato (integro adhoc mandato o
re integra), y si la cosa ya no es integra (item si adhuc integro
mandato mors alter utrius alicujus), como cuando al instante de
la muerte del mandante estaba iniciada la ejecución del negocio
jurídico o se encuentra en tal estado que su heredero no habría
podido sin daño confiarlo a otra persona y observarlo por sí, el
mandatario debe ejecutar y finalizar la gestión encomendada,
tanto cuanto más que al suspenderla, de suyo, causaría grave
perjuicio.

“Ad exemplum, tratándose del cumplimiento de prestaciones


sometidas a término esencial o a un plazo perentorio cuya
solución no puede observar o proveer el heredero del mandante,
más que de otro modo, el mandatario no puede suspender la
gestión y está obligado a concluirla para evitar el daño que su
frustración entraña”8.

Recientemente, en providencia, ya aludida, ut supra,


en el año 2012, expuso la Sala:

“(…) sin pasarse por alto que la muerte del mandante se erige en
una de las causales legales de terminación del mandato, la Corte
reconoce que esa regla tiene su excepción en los casos en que es
‘destinado a ejecutarse después de ella’, según los términos del
artículo 2195 del Código Civil.

“Sin embargo (…), respecto del mandato post mortem, en cuanto


a facultades distintas de administración se refiere, es claro que
no pueden ser abstractas, no sólo porque esas otras cuestiones
son ajenas a su naturaleza, sino porque como supra quedó
explicado, para el efecto, en cuanto a asuntos determinados,
necesita de un ‘poder especial’.

“Con mayor razón cuando, conforme al Diccionario de la Real


Academia Española, la expresión destinar significa ‘ordenar,
señalar o determinar una cosa para algún fin o efecto’, de donde
se sigue que la facultad, amén se de ser expresa, debe versar

8
COLOMBIA, SCCSJ. Sentencia del 31 de mayo de 2010, M.P. William Namén
Vargas.

60
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

sobre actos particulares y concretos que requieran ser ejecutados


después de ocurrida la muerte del mandante”

“Lo contrario, implicaría aceptar que a través de un mandato


post mortem se pueden sustituir las normas imperativas que
regulan la sucesión por causa de muerte, por las dispositivas
que, frente a atribuciones generales, a bien tenga, en nombre del
mandatario, el apoderado, cuando, como bien es conocido, el
testamento es el único instrumento previsto en la ley para que
una persona pueda disponer de todo o de parte de sus bienes,
con pleno efecto después de sus días.

“Esto significa, en suma, que el mandato a ser ejecutado


después del deceso del comitente, respecto a asuntos ajenos al
giro ordinario de sus negocios, siempre que no tengan por
finalidad eludir las normas imperativas que gobiernan la
sucesión mortis causa, solo es válido en la medida en que
expresamente se identifiquen, precisen o concreten las
cuestiones sobre las cuales el mandatario puede obrar” 9.

Don Fernando Vélez, en el punto anota: “Sabida por el


mandatario la muerte del mandante, si de suspender la
ejecución del mandato se sigue perjuicio a los herederos del
poderdante, es obligado el mandatario a finalizar la gestión
que haya principiado. Por ejemplo, el mandato es para
administrar una finca. Muerto el mandante, el mandatario
debe continuar la administración de ella, si de suspender
esta resulta tal perjuicio, pero creemos que limitándola a lo
que sea necesario para evitarlo. Si el poder es para comprar
ciertas cosas que formen un conjunto indispensable para
aquello a que están destinadas, sabida por el mandatario la
muerte del mandante después de que ha comprado alguna
de dichas cosas, parece que puede comprar las demás.
Calificar en esta excepción cuando se sigue perjuicio a los
herederos de suspender la ejecución del mandato, puede
9
COLOMBIA, SCCSJ. Sentencia del 27 de marzo de 2012, M.P. Jaime Arrubla,
expediente 00178.

61
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

presentar dificultades, aun respecto de la validez de los


actos ejecutados por el mandatario después de que supo la
muerte del mandante”10.

Para el autor, no es aceptable señalar que los actos


ejecutados por el mandatario después de la muerte del
mandante sean nulos, sobre todo en el caso del artículo
2195 del C.C., porque si el mandato no ha de producir
efecto sino con posterioridad a la muerte del mandante,
post mortis mandantis, “declararlo nulo como en el Derecho
Romano, sería privar al mandante de un derecho sin razón
ninguna:

“Por esto, dicho artículo establece que cuando el mandato esté


destinado a ejecutarse después de que muera quien lo confiere,
lo que puede resultar de los términos del poder, el mandatario
debe ejecutarlo, surtiéndose los derechos y obligaciones que se
originan del cumplimiento del encargo, entre el mandatario y los
herederos del mandante, naturalmente siempre que no se
menoscaben las asignaciones forzosas que debe el mandante.
Por ejemplo, el mandato tiene por objeto que el mandatario
construya una obra de uso público, como una escuela, después
de la muerte del mandante. Cabiendo el valor de ella dentro de
la parte de sus bienes de que puede disponer el mandante,
después de muerto éste, el mandatario debe ejecutar el mandato,
naturalmente si lo acepta, teniendo obligación los herederos del
mandante de suministrarle lo necesario para la ejecución del
mandato, y adquiriendo los derechos que de esta se originarían
para el mandante”11.

Refiriéndose propiamente al problema planteado, la


sentencia, suscrita por la mayoría, avala las tesis
restrictivas de la doctrina nacional (Gómez Estrada y

10
VÉLEZ, Fernando. Estudio sobre el Derecho Civil colombiano. Segunda Edición.
Tomo Octavo. Imprenta Paris- América, p. 190.
11
Ibídem, 191.

62
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Gabriel Escobar Sanín) y de la misma forma, dentro del


marco de la doctrina probable de esta Corte (art. 4 Ley 169
de 1896), y de la obligación de respeto al precedente
horizontal, no enfrenta teóricamente las tesis
jurisprudenciales presentes en las sentencias de esta Sala:
SCCSJ. del 17 de febrero de 1958, M.P. José Hernández
Arbeláez; SCCSJ. del 31 de mayo de 2010, M.P. William
Namén Vargas; y decisión del 27 de marzo de 2012, M.P.
Jaime Arrubla, expediente 00178, entre otras;
fundamentalmente en lo tocante con los alcances del art.
2195 del C. C., creyendo que la cuestión jurídica gira
exclusivamente en relación con los encargos nacidos y
condicionados al fallecimiento del mandante, e
impropiamente a un asunto semejante al de los
albaceazgos.

4.7. La subsistencia del mandato postmorten en el


derecho francés. Las disposiciones citadas y la doctrina
expuesta habilitantes en el derecho nacional de la vigencia
ulterior del mandato al fallecimiento del mandante, no son
insulares en el marco jurídico del Derecho Continental.
Precisamente, el Código Civil francés en su artículo 2003
señala: “El mandato concluye: Por remoción del mandatario;
por renuncia de este al mandato; por muerte natural o civil,
tutela de mayores o insolvencia del mandante o del
mandatario”12.

12
“Article 2003: Le mandat finit: Par la révocation du mandataire, Par la renonciation
de celui-ci au mandat, Par la mort, la tutelle des majeurs ou la déconfiture, soit du
mandant, soit du mandataire. FRANCIA, Código Civil Francés, Álvaro Núñez Iglesias.
Trad. Barcelona: Marcial Pons, 2005, 817.

63
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Nótese, al igual que en la legislación nacional, con la


muerte del mandante o del mandatario, el mandato se
entiende concluido; no obstante, el artículo 2008 de la
misma normativa señala: “Es válido lo hecho por el
mandatario en la ignorancia de la muerte del mandate o de
cualquier otra de las causas que hacen cesar el mandato”13.

Si en la autorización se prevé el fallecimiento, con toda


razón resulta válida la gestión ejecutada con posterioridad
al deceso del mandante. Asimismo, en virtud del artículo
1991 del Código Civil francés, el mandatario debe acabar la
gestión del negocio ya comenzado, de manera que con el
hecho de la muerte del mandante no se libera de la
responsabilidad de continuar con el mandato.

Es decir, el mandato no concluye ipso iure, sobrevive al


fallecimiento, premisa que sigue la misma doctrina gala:
“(…) Asimismo, el mandato prolonga sus efectos más allá de
la muerte del mandante si su naturaleza o su objeto lo
implican; por ejemplo, si se trata de un mandato
indivisiblemente relacionado con otro contrato que la muerte
del mandante deja subsistente (1) o cuando se trata de actos
que el mandante encarga a su mandatario para ejecutar
después de su fallecimiento (2)”14.

En la jurisprudencia francesa, se consigna un


principio que apunta a la protección de la autonomía de la
13
Article 2008. Si le mandataire ignore la mort du mandant ou l'une des autres
causes qui font cesser le mandat, ce qu'il a fait dans cette ignorance est valide.
Ibídem 818.
14
PLANIOL, Marcel y RIPERT, Jorge. Tratado Práctico de Derecho Civil. Tomo XI,
Los contratos Civiles, Cultural S.A. La Habana, 1946, pp.848-849.

64
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

voluntad al señalar: “La disposición del artículo 2003 según


la cual el mandato termina por la muerte sea del mandante
sea del mandatario es supletiva de la voluntad de las partes
(…)”15.

Ciertamente la muerte cesa el mandato, pero son


variadas las hipótesis que generan su continuidad para el
mandatario, como cuando debe ejecutar encargos por razón
del fallecimiento del mandante, cuando debe concluir un
contrato o una actividad intuitu personae, en las hipótesis
que plantean la mayoría de las legislaciones, cuando el
mandatario debe finiquitar la gestión que inició al ocurrir el
fallecimiento del mandante, porque la terminación o la
demora en continuar el mandato 16 genera algún peligro o
perjuicio para la herencia17, para la sociedad conyugal,
sociedad patrimonial o para una empresa18 dejada por el
causante, esto último, en un mundo de negocios crecientes
y complejos; o en los eventos, como bien lo exponen Colin y
Capitant, siguiendo el art. 1025 del C.C. francés: “(…)
15
Francia, Tribunal de Grande Instance de Paris, fallo del 12 de diciembre de 1967.
En la jurisprudencia italiana en la sentencia del 25 de octubre de 1975, la Corte di
Cassazione, expuso: “Las normas de los artículos 1728 y 1729 Código Civil que
prevén la ultraactividad del mandato en el caso de muerte del mandante, no tienen
solo que ver con las relaciones internas entre el mandate y el mandatario (o los
herederos), sino que vinculan, entre otros, al tercero contratante que se obligó por
expresa contemplatio domini a través del representante (…)”.
16
Al no admitir la demora en continuar el mandato en actividades iniciadas para no
lesionar al mandante, especialmente, en transacciones que no pueden ser
pospuestas.
17
Dispone el artículo 2194 del C.C.C.: “Sabida la muerte natural del mandante,
cesará el mandatario en sus funciones; pero si de suspenderlas, se sigue perjuicio a
los herederos del mandante, será obligado a finalizar la gestión principiada”.
18
“No obstante, la extinción del mandato, por muerte o incapacidad sobrevenida del
mandante, existe una denominada ultra-actividad (Minervini), por cuanto concierne
a la continuación de la ejecución, por parte del mandatario, cuando exista perjuicio
en el retardo (art. 1723, parágrafo), o bien si el mandato tiene por objeto actos
relativos al ejercicio de una empresa y la empresa continúa (pero, queda a salvo el
derecho de separación de cada una de las partes, o del heredero de ella) (arts. 1722,
n. 4 y 1330; retro, parágrafo 137, n. 8) (Minervini) (aplicación en el art. 2013, tercer
apartado: parágrafo BGB 164 bis, n. 17): MESSINEO, Francesco. Manual de
Derecho Civil y Comercial, Tomo VI. Trad. de Santiago Sentis Melendo. Pág. 52.

65
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

cuando en la intención de las partes estaba que se ejecutara


o continuara después de ocurrido el fallecimiento” 19.

4.8. El ordenamiento privado argentino. Con igual


talante, el artículo 883 del Código Civil Argentino expone
como legítimo el pago hecho al tercero indicado para
recibirlo, conllevando efectos extintivos de la obligación
crediticia:

“Artículo 883. Legitimación para recibir pagos. Tiene efecto


extintivo del crédito el pago hecho a:

“(…).

“c) al tercero indicado para recibir el pago, en todo o en parte” 20.

Y refiriéndose al punto concreto de la muerte o


incapacidad del mandatario y del mandante, el inciso
segundo del artículo 1333 del mismo ordenamiento señala:

“Si se produce la muerte o incapacidad del mandante, el


mandatario debe ejecutar los actos de conservación si hay peligro en la
demora, excepto instrucciones expresas en contrario de los herederos o
representantes”21.

4.9. Trascendencia del Derecho alemán en la


eficacia del mandato postmortem y la duda en su
interpretación. Relevancia especial tiene la legislación civil
alemana al postular sin dilaciones, ni duda, la vigencia del
mandato post-mortem. Si existe cláusula de ejecución post-
19
COLIN, Ambroise/CAPITANT, Henri. Derecho Civil, Vol. II. Pág. 503. En idéntico
sentido. BENAVENT, Alain. Droit Civil, Les Contrats Speciaux, Civils et
Commerciaux. Págs. 462-463
20
ARGENTINA, Código Civil y Comercial de la Nación. Edición textual. LAJOUANE.
2015, 193.
21
Ibídem. 266.

66
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

mortem del mandato éste indefectiblemente se prorroga; y


aún en caso de duda. Contrariamente, cuando exista
cláusula que lo prohíba no se prorroga. Obsérvese,
novedosamente, si existe duda no se extingue; de
consiguiente, la regla general es la sobrevivencia del
mandato cuando ocurre la muerte del mandante, no por
muerte del mandatario, porque en este último evento
finiquita necesariamente, por el carácter intuitu personae
que entraña el mandato. Dispone el texto del BGB:

“Artículo 672. Muerte o incapacidad de obrar del mandante. En


caso de duda, el mandato no se extingue por la muerte del
mandante o por devenir éste incapaz de obrar. Si se extingue el
mandato, el mandatario, si existe un peligro vinculado a la
demora, debe continuar la gestión del negocio conferido hasta
que el heredero o el representante legal del mandante puede
atender de otro modo la gestión; el mandato se considera
mientras tanto como prorrogado”22. (Subrayado fuera de
texto).

Para complementar lo expuesto, el mismo derecho


alemán diferencia la prórroga del mandato, cuando
acontece la muerte del mandante o la muerte del
mandatario, en la regla complementaria y subsiguiente,
673:

“Muerte del mandatario. En caso de duda, el mandato se


extingue por la muerte del mandatario. Si se extingue el
mandato, el heredero del mandatario debe comunicar sin demora
la muerte al mandante y, si existe un peligro vinculado a la
demora, debe continuar la gestión del negocio conferido hasta
que el mandante pueda atender de otro modo la gestión; el

22
ALEMANIA, Código Civil Alemán (BGB) y Ley de Introducción al Código Civil,
Boletín Oficial Federal, LAMARCA, Albert. Trad. Barcelona: Marcial Pons, 2008, 207
a 208.

67
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

mandato se considera mientras tanto como prorrogado”.


(Subrayado fuera de texto).

En ese marco de la doctrina germana, Enneccerus,


aludiendo directamente al BGB (Código Civil Alemán o
Bürgerliches Gesetzbuch) señala que “por muerte del
mandante o por su incapacidad (o por su limitación en la
capacidad de celebrar negocios jurídicos) el mandato no se
extingue en la duda (672,1)”. Luego, en forma tajante
afirma: “La extinción solo puede ser admitida si así se
convino, lo cual naturalmente puede resultar también de las
circunstancias del caso, sobre todo del contenido del
mandato, por ejemplo, cuando a favor del mandante hubiera
de contratarse a un maestro”23. En consecuencia, para el
derecho alemán la regla general es la supervivencia del
mandato, y siguiendo el texto 168 del mismo Código, igual
suerte corre el poder. Posteriormente, Enneccerus,
contrastando la tesis alemana con la legislación española
señala:

“(…) A diferencia del Derecho alemán, el C.C español incluye


expresamente entre las causas de extinción del mandato la
muerte del mandante (art.1722, num. 3°) aunque con la
limitación prevista en el artículo 1733 (cf. infra II). La
jurisprudencia hace una salvedad a esta causa de extinción para
aquellos casos en los que el mandato (puro o representativo) no
responde a la mera confianza en que esta figura jurídica tiene su
soporte, ni a la conveniencia o interés exclusivo del mandante,
sino que obedece a exigencias de cumplimiento de otro contrato
con derechos y obligaciones para él y para terceros, que, por lo
mismo, ha de subsistir mientras subsista el contrato originario
que motivó el otorgamiento de poder (Ss. de 22 de mayo de 1942
y 03 de junio de 1950; cf. además en la última de las citadas la

23
ENNECCERUS, Ludwig. Derecho de las Obligaciones. Bosh Casa Editorial,
Barcelona, 1966, 611.

68
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

negación de la validez del llamado mandato post mortem, con la


salvedad mencionada y la implícitamente comprendida en los
arts. 892 y 1057 del C.C.)”24.

Von Tuhr, también es explícito cuando expone que los


poderes se extinguen con la muerte del poderdante y con
todos aquellos hechos que se traducen respecto de la
persona, en efectos semejantes a la muerte. Pero
refiriéndose expresamente al poder enseña: “(…) este
subsiste cuando así se haya convenido expresamente o lo
exija la naturaleza del negocio. Los poderes pueden
otorgarse para que sobrevivan al poderdante, incluso para
gestionar negocios después de su muerte (mandatus post
mortem). Los actos de disposición que el causante
encomiende a un apoderado para después de su muerte,
deben considerarse como disposiciones mortis causa, toda
vez que aquel puede revocar libremente el mandato hasta el
momento mismo de morir, más no por ello se hallan sujetas a
los requisitos de forma de los actos de última voluntad”25.

Del mismo modo agrega que es factible que los poderes


sobrevivan al otorgante sin necesidad de que él lo ordene,
“(…) por exigirlo así la naturaleza misma del negocio”.
Adoctrina que los poderes se consideran “(…) subsistentes
en tanto que el apoderado no tenga noticia de su extinción
por muerte, incapacidad, etc., del poderdante, salvo que el
tercero tenga conocimiento de la terminación de los poderes”.
En estos casos, para el autor, el apoderado se considera

24
Ibídem, 614.
25
A. VON TUHR. Tratado de las Obligaciones. Traducción de W. Roces. Granada:
Comares, 2007, p. 194.

69
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

representante de los herederos, aun cuando ni él ni ellos


tengan la menor conciencia de esto26.

4.10. Vicisitudes del mandato postmortem. Como se


trata de una relación de confianza entre mandante y
mandatario, cada uno goza de la posibilidad de ponerle fin
unilateralmente. El primero, mediante la revocación expresa
o tácita, esta última, por ejemplo, mediante el encargo de la
misma gestión a otra persona, una u otra, en todo caso,
desde cuando el procurador ha tenido noticia del hecho
(artículos 2190 y 2191 del Código Civil); y el segundo, en
virtud de renuncia, cesando sus obligaciones trascurrido un
tiempo razonable para facilitar que la otra parte pueda
proveer sobre los negocios encomendados (artículos 2191 y
2193, ibídem).

En la hipótesis de un mandato destinado a ejecutarse


después de los días del mandante, la revocación, como
facultad dimanante de la naturaleza misma de este
contrato, se encuentra en vida en cabeza del mandante; y
fallecido, es titularidad de los herederos, si la gestión atañe
a la herencia, o del cónyuge o compañero supérstite, si se
entronca con la sociedad conyugal o con la sociedad
patrimonial. Al tratarse de un acto unilateral, no requiere la
aceptación del mandatario, sin embargo, necesariamente
debe ser puesta en su conocimiento por el carácter
recepticio de esta declaración de voluntad, para que surta
efectos jurídicos o no sea inoperante, so pena de ser
inoponible.
26
A. VON TUHR. Tratado de las Obligaciones. Ibid.

70
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Por esta razón el C. C. español, expone en el art. 1738


que a pesar de haberse extinguido el mandato por muerte
del mandante: “Lo hecho por el mandatario, ignorando la
muerte o del mandante u otra cualquiera de las causas que
hacen cesar el mandato, es válido y surtirá todos sus efectos
respecto a los terceros que hayan contratado con él de buena
fe”.

4.11. Los errores fácticos patentes en el


razonamiento del Tribunal. Sin duda, el ad quem incurrió
en los errores de hecho denunciados, respecto de la
apreciación del contenido objetivo de la comunicación de 13
de diciembre de 2007, dirigida a la deudora de la obligación
relacionada, por Enedys del Carmen Maestre Ángel,
diciéndose cónyuge sobreviviente de José Alfredo Daza
Ortiz, y en el mismo sentido la Sala mayoritaria lo prohijó.

En efecto, siendo claro que el comitente, en el escrito


de 30 de julio de 2005, contentivo del mandato, dispuso
que en caso de faltar, la precitada sociedad debía entregar
de inmediato a Nini Catalina Henríquez Quintero, los
dineros a su nombre, necesariamente, para tener por
extinguida en forma expresa esa facultad, así debió
explicitarse, esto es, que la autorización para la entrega de
los dineros, en efecto, quedaba revocada, o al menos,
denotarse con expresiones equivalentes, verbi gratia,
refiriéndose a la fecha o al nombre, al menos, de la delegada
para recaudar el pago.

71
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Para dejar clara, la protuberancia del yerro y el


equívoco de la sentencia, transcribo tanto la misiva o
mandato del fallecido, y el escrito de la cónyuge
sobreviviente, entregados a la deudora:

1. Comunicación del 30 de julio de 2005 dirigida por


el mandante o acreedor, a la deudora, Ecospetróleo S.A.:

“(…) Yo José Alfredo Daza Ortiz identificado como aparece junto


al pie de mi firma, autorizo a NINI CATALINA HENRIQUEZ
QUINTERO identificada con c.c. 32.748.880 de barranquilla,
para retirar los pagos que se hacen a mi nombre.
“De igual forma, en caso de que llegue a faltar, se le
entregará de inmediato la totalidad del dinero que este a
mi nombre (…)”.

2. Escrito enviado por la cónyuge sobreviviente


demandante en este juicio, a la aludida deudora, el 13 de
diciembre de 2007:

“(…) ENEDYS MAESTRE ÁNGEL, inidentificada como aparece al


pie de mi respectiva firma, me dirijo a Usted(es), con el fin de
manifestarles que en calidad de legitima esposa del Señor JOSÉ
ALFREDO DAZA ORTIZ (Q.E.P.D), asumo toda responsabilidad
por los negocios de mi difunto esposo adelantaba con la Empresa
Ecospetroleo.

“Así mismo cualquier transacción comercial, mercantil, financiera


y todo lo relacionado con los negocios llevados a cabo por mi
esposo con dicha Empresa serán asumidos directa, única y
exclusivamente por la suscrita en representación del señor José
Alfredo.

Por consiguiente nadie más está legalmente autorizado para


presentar reclamaciones o efectuar cualquier negociación
adelantada ante Ecospetroleo por el Señor DAZA ORTIZ (…)”.

72
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

Contrastada la autorización pretranscrita y la


comunicación de la demandante a la deudora, fulge
palmario que cualquier contenido revocándose, “brilla por
su ausencia”, porque en el documento en cuestión,
simplemente se dijo, en primer término, que la remitente se
responsabilizaba de los negocios del causante; en segundo
término, que “cualquier transacción comercial, mercantil,
financiera y todo lo relacionado con los negocios llevados a
cabo por mi esposo (…), serán asumidos directa, única y
exclusivamente por la suscrita”; finalmente, que “nadie más
está legalmente autorizado para presentar reclamaciones o
efectuar cualquier negociación”.

Para recordar, esa carta fue dirigida al deudor, no al


diputado. Y en la fecha de la supuesta revocación, nada
había por revocar, puesto que la encargada ya había
solicitado la ejecución del mandato post-mortem, mediante
la petición de pago de los dineros adeudados al causante
con suficiente anticipación temporal.

Ahora, de aceptarse la terminación del mandato con la


muerte del mandante, la cuestión se hundía en un
problema estrictamente tautológico que en punto del
razonamiento se desmorona en un total vacío. Si se acepta
simple y llanamente que el mandato termina con la muerte,
carente de propósito y efecto jurídico tiene la nominada
revocatoria, ya que se deroga un mandato que no existe
postmorten porque la propia muerte lo extinguió. La

73
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

solución así, es ininteligible, porque ¿Cómo puede


sostenerse que la cónyuge concurre a revocar lo
inexistente? En esa perspectiva, el artículo 2195 del Código
Civil, ninguna finalidad cumple en el plexo jurídico.

El error salta de bulto, pero la Sala lo ignoró, puesto


que en ninguna parte se deja sin efecto la autorización
dejada en vida por José Alfredo Daza Ortiz, para ser
ejecutada, en lo destinado, después de su muerte, al
margen de los términos que pudieran utilizarse. El
contenido del escrito de la cónyuge sobreviviente, como se
observa, es abstracto, ergo, así como la facultad fue
conferida de manera concreta, en esa misma dirección
debió dirigirse la presunta revocación, rescindiendo en
forma concreta y particularizada, dado que no se trataba de
un potestad genérica, sino específica y excepcional la
otorgada en la autorización.

Si la decisión impugnada se edificó sobre la base de


haberse dejado sin efecto la credencial otorgada para
gestionar unos dineros, demostrado como estaba, que la
misma no se extinguió por la muerte del comitente, cual
también se aludió en el cargo, precisamente, por estar
destinada a cumplirse después de sus días, surge claro, el
error del tribunal es patente y repercutió en la aplicación de
las normas denunciadas como violadas, porque si en tales
circunstancias el pago efectuado era válido, la decisión que
se imponía era diametralmente distinta, casando
previamente el fallo, con independencia de las relaciones

74
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

internas entre la cónyuge sobreviviente y los herederos del


acreedor fallecido, y la mandataria que lo válidamente
recibió.

4.12. A la diputación o mandato para el pago


extrajudicial no le son aplicables los preceptos del
apoderamiento judicial. Háyase o no insertado la facultad
de recibir el pago en el escrito respectivo, esa potestad
estaba implícita. Además, entiéndase como mandato o como
diputación para cobrar o recibir el pago, la credencial que
otorgó el fallecido, nada tenía que ver con el recaudo
compulsivo de la obligación o con un poder o mandato
judicial. La autorización otorgada por el fallecido no era
para gestión judicial alguna, itérase.

De tal modo que las aducidas restricciones existentes


en el artículo 1640 del Código Civil, memoradas por la
sentencia del ad quem y por las ratios decidendis de la
providencia de casación, concordándolas con los artículos
70, in fine, del Código de Procedimiento Civil, y 77, inciso 5º
del Código General del Proceso, se aplican únicamente para
“un poder conferido por el acreedor a una persona para
demandar en juicio al deudor”. La pertinencia del precepto
1640 del C.C., multicitado para demeritar el pago, lo es, en
relación con el apoderado judicial dentro del marco del
derecho de postulación y no con la diputación de los
artículos 1638 y 1639 del C.C., los cuales autorizan al
diputado para recibir el pago “(…) aún por un simple
mandato comunicado al deudor” (1638 del C.C.C.,

75
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

segmento final), pudiéndose diputar para cobrar y recibir el


pago en forma válida a “(…) cualquier persona a quien el
acreedor cometa el encargo, aunque al tiempo de
conferírselo no tenga la administración de sus bienes
ni sea capaz de tenerla” (art. 1639 ejúsdem).

4.13. ¿El deudor que ya pagó debe pagar


doblemente? Injusticia. Escrutando la cuestión litigiosa,
el derrumbamiento de la sentencia del Tribunal se imponía
como medida nomofiláctica y como instrumento de
protección al deudor, quien ahora, debe pagar doblemente;
no obstante, la transgresión de los preceptos denunciados,
la desatención del mandato postmortem y la errónea
comprensión de la diputación para el pago. Los errores se
tornan más dramáticos, si se tiene en cuenta que la
cónyuge sobreviviente no le allegó al deudor la prueba del
matrimonio con el causante, amén de la confesión sobre de
que lo cuestionado fue la autenticidad del mandato, no su
vigencia. Yerro éste último que resulta mucho más patente,
al revisar que la discutida autenticidad resultó fallida en el
campo penal.

El recurso devenía exitoso, porque los pagos


efectuados a la procuradora, como consecuencia de un
mandato destinado a ejecutarse post-mortem, eran válidos
tanto desde la mera disquisición conceptual, como desde el
campo fáctico; y el mismo no fue revocado, y por tal virtud,
el pago de los saldos pertenecientes al acreedor comitente,
efectuados por la deudora C.I. Empresa Colombiana de

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Servicios Petroleros S.A., a la mandataria, eran legítimos, y


por lo mismo, como tales, extinguieron su obligación. Por
tanto, el deudor no puede ser obligado a pagar nuevamente.

El problema entonces, no se reducía a una equivocada


controversia, injusta por demás, entre los herederos y
cónyuge sobreviviente del acreedor en litiscontestatio con el
deudor que ya había pagado, por haber extinguido el
vinculum de la relación obligatoria; sino en verdad,
correspondía a un litigio perpetuado aún, entre herederos y
supérstites del acreedor como eventuales acreedores y
causahabientes del mandante, frente a la persona diputada,
mandataria, procurada o autorizada para obtener el pago
por o en nombre del acreedor fallecido, como fruto de las
relaciones obligatorias subsistentes en el contrato
subyacente de mandato o del respectivo fenómeno jurídico,
de cuyo ejercicio o devenir, sus efectos y rendición de
eventuales cuentas perdura indefinido.

En ese orden de ideas, el fallo del Juzgado Décimo


Civil del Circuito de Barranquilla, adiado el 2 de agosto de
2013, debió ser confirmado.

En fin, los problemas planteados frente a las


facultades administrativas, representativas o dispositivas
del mandato fueron totalmente desdibujados.

4.14. Viabilidad y límites de los efectos dispositivos


del mandato postmortem pudiendo concurrir con otros

77
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

fenómenos análogos. Un mandato puede tener efectos post


mortem con definidos efectos dispositivos como ya lo había
advertido la doctrina de esta Corte, pero en el fallo del cual
me separo, sucumbió inexplicablemente, aún en contra de
las reglas 2195 del C.C. y 1284 del C. de Co, y con mayor
razón, hoy cuando en nuestro ordenamiento, el mismo
legislador jalonó las facultades dispositivas con efectos post
fallecimiento, por vía de la sucesión en vida, tal cual lo
prevé el actual Código General del Proceso.

Pasa por alto, igualmente las legítimas posibilidades y


la potestad para testar, pudiéndose anticipar los efectos de
las asignaciones seguidas con entrega. Por supuesto, en
estas hipótesis, como en las concernientes a los mandatos
dispositivos postmortem deben protegerse las asignaciones
forzosas, por estar empotradas en disposiciones de orden
público; y en ello, el insigne, Don Fernando Vélez, nuestro
gran comentarista del Código Civil, no estaba equivocado.

4.15. El mandato postmortem puede tener efectos


concretos y generales. Del mismo modo, en el asunto
analizado, se desconoce, y esto también lo ignoró la
sentencia del 27 de marzo de 2012 en el expediente 00178,
que el mandato puede ser especial y general, el primero por
documento privado y el segundo por escritura pública. El
mandato especial puede ser específico, caso en el cual, es
concreto y determinado, tal como en el asunto que ahora se
discute. Pero también puede ser general y abstracto, por la
vía escritural; de modo que de conformidad con la regla

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

2195 del C.C.C., puede surtir efectos postmortem para


disponer del patrimonio, tanto en forma concreta y
particularizada; sino también generalizada e integral,
porque no de otra forma se explicarían los mandatos que se
otorgan por escritura pública; empero, en todo caso,
respetando el carácter público de las asignaciones forzosas
descritas en el art. 1226 del C.C. colombiano.

Las disposiciones del contrato de mandato en el


ámbito civil y comercial, así como las de los demás
contratos, salvo casos excepcionales, no puede ignorarse,
forman parte del ámbito privado, no son propiamente de
orden público. Esencialmente dimanan del ejercicio de la
autonomía de la voluntad, espectro dentro del cual, las
normas que marcan fronteras, las más de las veces son
supletivas en los diferentes negocios jurídicos dispositivos;
y por tanto, no pueden servir para amilanar los acuerdos o
las declaraciones de voluntad privadas.

Lo dicho explica, que por regla general, muchos de los


acuerdos interpartes en materia contractual, cuando no
menoscaban los derechos de terceros ni las prescripciones
de orden público, resultan válidos, y en el caso del
mandato, los mandamientos otorgados para ser ejecutados
postmortem conservan su valor legal y los efectos del
mismo.

4.16. Revocabilidad e irrevocabilidad en el mandato


postmortem. En el mandato, convención de estirpe intuitu

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Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

personae, obra una declaración de voluntad que pervive


ulteriormente, y si se quiere, se renueva constantemente,
mientras no sea revocada, al estar mediada por la confianza
depositada entre el mandante y el mandatario. Claro, no se
trata de la declaración de voluntad de terceros o de los
causahabientes del mandante, quienes pasan a legitimarse
en la facultad revocatoria, salvo la consentida
irrevocabilidad que hayan previsto las partes celebrantes
del original mandato. Porque se reitera, siendo dispositivas
las normas del mandato, la voluntad negocial puede tornar
irrevocable el mandato.

La confidencialidad, es tan relevante, que de


violentarse da lugar a la revocación por parte del mandante
o a la renuncia por parte del mandatario, por ello vale la
pena preguntar, si en vida los contratantes honraron el
contrato, ¿será que el encargo otorgado para ser ejecutado,
luego de sus días, se transmite a los herederos? De ninguna
manera, y en ello está de acuerdo Josserand: “Habiéndose
celebrado el mandato intuitu personae finaliza por el
fallecimiento de uno de los contratantes, mandante o
mandatario (art. 2003); la confianza es personal, no se
transmite a los herederos del causante”27.

De tal manera, itero, las partes pueden alterar la


revocabilidad o la intransmisibilidad porque la extinción del
mandato por causa de la muerte no es norma de orden
público, sino supletiva, y si no es imperativa, las partes en

27
JOSSERAND, Louis. Derecho Civil, T. II, Vol. II. Trad. de Santiago Cunchillos y
Manterola. Pág. 373.

80
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

ejercicio de la autonomía de la voluntad pueden tornarla


irrevocable.

4.17. El mandato postmortem no es albaceazgo ni


puede confundirse con otras figuras, así posean fines
similares. Claro está, en las variadas hipótesis, ha de
analizarse la eficacia jurídica del mandato o de alguna de
sus cláusulas,- para estimar si surge algún impedimento o
motivo de invalidez en el mandato postmortem por la
naturaleza del negocio de confianza, cuando aparezcan
contradicciones o contrastes con disposiciones de orden
público como las tributarias, o declaraciones que afecten
las asignaciones forzosas en lo relativo a las disposiciones
sucesorales, según se insiste, por cuanto fallecido el
mandante, el patrimonio pasa a los herederos. Esos
aspectos no podrán confundirse con los albaceazgos 28, cuál
lo hace la sentencia de la que me separo. Estos tienen su
fuente en el testamento, y no en el mandato; del mismo
modo, que se diferencian por la individualidad en materia
de encargo, de los sujetos, de la naturaleza de los actos
jurídicos de los primeros, que difieren de las características
del segundo, tanto, en los dichos aspectos, como en otros
más.

28
Sin embargo, Albadalejo en el punto se opone, porque considera que la figura
pertinente son los albaceazgos y no el mandato: “Creo que hay que rechazarlo en
cuanto que: si se trata de ejecución después de la muerte del mandante, la figura
adecuada para tal ejecución es el albaceazgo; y si se trata de después de la muerte
del mandatario, es evidentemente figura absurda, en cuanto que con ella el
mandatario obligaría no a sí mismo, sino a sus herederos, mas estos podrían, ya al
aceptar la herencia, renunciar al mandato (…)”::ALBADALEJO, Manuel. Derecho
Civil, Tomo II. P.. 363.

81
Radicación n.° 08001-31-03-010-2010-00254-01

El mandato post-mortem no riñe ni puede resultar


exótico, porque de igual manera, existe una gama de figuras
distintas, ya explicitadas, que surten efectos post-mortem
con fines dispositivos similares. Por ejemplo, son de uso
corriente los pactos sucesorales y la liquidación sucesoral
intervivos, así como los diversos negocios fiduciarios.
Plástico y pertinente, es el clásico ejemplo de Barbero: “(…)
podría ocurrir –y esto depende, en general, de una
apreciación de hecho- que el “de cuius” donara en vida una
cierta suma a Ticio y encomendara al mismo tiempo a Cayo
el encargo de entregársela solamente después de su muerte.
En tal caso, no habiendo trasferencia a causa de muerte, no
hay nada en choque contra las reglas de la sucesión mortis
causa, y el mandato postmortem debe reconocerse eficaz” 29.

En los términos anteriores, dejo planteado mi


salvamento de voto, sin exponer otros problemas que
presenta la decisión como el relativo a la buena fe entre
partes y terceros y las diversas consecuencias que
representa frente al campo de las presunciones.

Fecha ut supra

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA


Magistrado

29
BARBERO, Domenico. Sistema del Derecho Privado, Tomo IV. Trad. de Sentis
Melendo. Págs. 247-249.

82