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Hoy que sé que mi vida es un desierto, De día el Señor

en el que nunca nacerá una flor, me hará misericordia,


vengo a pedirte, Cristo jardinero, de noche cantaré la alabanza
por el desierto de mi corazón. del Dios de mi vida.
Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor, Diré a Dios: «Roca mía,
pon, Señor, una fuente de alegría ¿por qué me olvidas?
en el desierto de mi corazón. ¿Por qué voy andando, sombrío,
Para que nunca ahoguen los fracasos hostigado por mi enemigo?»
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza Se me rompen los huesos
en el desierto de mi corazón. por las burlas del adversario;
Para que nunca busque recompensa todo el día me preguntan:
al dar mi mano o al pedir perdón, «¿Dónde está tu Dios?”»
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón. ¿Por qué te acongojas, alma mía,
Para que no me busque a mí cuando te busco por qué te me turbas?
y no sea egoísta mi oración, Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra «Salud de mi rostro, Dios mío.”»
en el desierto de mi corazón. Amén.
Antífona 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Salmodia
Sálvanos, Dios del universo,
Antífona 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
Como busca la cierva para que sienta tu poder.
corrientes de agua,
así mi alma te busca Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
a ti, Dios mío; muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
tiene sed de Dios, que no hay Dios fuera de ti.
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver Renueva los prodigios, repite los portentos,
el rostro de Dios? exalta tu mano, robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
Las lágrimas son mi pan y dales su heredad como antiguamente.
noche y día,
mientras todo el día me repiten: Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
«¿Dónde está tu Dios?» de Israel a quien nombraste tu primogénito;
ten compasión de tu ciudad santa,
Recuerdo otros tiempos, de Jerusalén, lugar de tu reposo.
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo, Llena a Sión de tu majestad,
hacia la casa de Dios, y al templo de tu gloria.
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. Antífona 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

¿Por qué te acongojas, alma mía, El cielo proclama la gloria de Dios,


por qué te me turbas? el firmamento pregona la obra de sus manos:
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: el día al día le pasa el mensaje,
«Salud de mi rostro, Dios mío.» la noche a la noche se lo susurra.

Cuando mi alma se acongoja, Sin que hablen, sin que pronuncien,


te recuerdo sin que resuene su voz,
desde el Jordán y el Hermón a toda la tierra alcanza su pregón
y el Monte Menor. y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Una sima grita a otra sima Allí le ha puesto su tienda al sol:


con voz de cascadas: él sale como el esposo de su alcoba,
tus torrentes y tus olas contento como un héroe, a recorrer su camino.
me han arrollado.
Asoma por un extremo del cielo, Preces
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor. Nuestro salvador ha hecho de nosotros un pueblo de
reyes y sacerdotes, para que ofrezcamos sacrificios que
Lectura Breve Dios acepta. Invoquémosle, pues, diciendo:
'Consérvanos en tu servicio, Señor'.
Jr 15,16
Señor Jesús, sacerdote eterno, que has querido que tu
pueblo participara de tu sacerdocio,
Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus
—haz que ofrezcamos siempre sacrificios espirituales,
palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón,
agradables a Dios.
porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor,
Dios de los ejércitos.
Danos, Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu
—la comprensión, la servicialidad, la amabilidad.
Responsorio Breve
Haz que aprendamos a amarte y lleguemos a poseerte
R. Aclamad, justos, al Señor, * Que merece la alabanza a ti, que eres el mismo amor,
de los buenos. Aclamad. —y que sepamos obrar siempre lo recto, para que
V. Cantadle un cántico nuevo. * Que merece la alabanza también nuestras acciones te glorifiquen.
de los buenos. Gloria al Padre. Aclamad.
Haz que busquemos siempre el bien de nuestros
Canto Evangélico hermanos
—y los ayudemos a progresar en su salvación.
Antifona: Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y
redimido. Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios,
digamos con confianza: Padre nuestro.
+ Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo, Padre Nuestro
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo, Padre nuestro, que estás en el cielo,
según lo había predicho desde antiguo, santificado sea tu nombre,
por boca de sus santos profetas. venga tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos Danos hoy nuestro pan de cada día,
y de la mano de todos los que nos odian; perdona nuestras ofensas,
realizando la misericordia como también nosotros perdonamos a los que nos
que tuvo con nuestros padres, ofenden;
recordando su santa alianza no nos dejes caer en tentación,
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. y líbranos del mal.

Para concedernos que, libres de temor, Oración


arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, Oremos:
en su presencia, todos nuestros días.
Señor, Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
comienzo de este día, sálvanos hoy con tu poder, para
porque irás delante del Señor
que no caigamos en ningún pecado, sino que nuestras
a preparar sus caminos,
palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados. tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios, por los siglos de los siglos.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas Amén.
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos Conclusión
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.