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 La ligereza de los caleños

El conformismo y las bajas aspiraciones pueden ser una barrera muy


grande para el progreso.

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Los caleños son gente feliz. Hace unos pocos meses, la encuesta Calibrando le
hizo la siguiente pregunta a 1.200 caleños: “En una escala de 1 a 10, ¿qué tan
satisfecho se siente con su vida?”. Uno de cada tres dijo estar en el escalón más
alto de satisfacción, y solo uno de cada cuatro declaró ubicarse en alguno de los
seis escalones más bajos. En promedio, los caleños se sitúan en un nivel de
satisfacción de 8,3.

Esto significa que están mucho más satisfechos con sus vidas que los
colombianos de cualquiera de las otras grandes ciudades e incluso que los
ciudadanos de los países nórdicos, que son reconocidos como los países de
mayor desarrollo económico, social y comunitario del mundo.

Estas diferencias llevan a preguntarse si los caleños son diferentes al resto de la


humanidad. En prácticamente todos los países se han hecho encuestas
semejantes a Calibrando, que han sido estudiadas con técnicas estadísticas para
determinar qué circunstancias individuales contribuyen a la satisfacción.

Los caleños son gente común y corriente en varios sentidos. Cuando son jóvenes
o viejos son más felices que cuando están en la mediana edad. Sean jóvenes o
no, las mujeres son más felices que los hombres. De igual forma, son más felices
los caleños que viven en pareja que los que viven solos, sean solteros, viudos o
divorciados. Puesto que todos estos rasgos son universales, es seguro que se
deben a la naturaleza humana.

Los caleños son también como el resto de la humanidad en cuanto a que les gusta
el dinero: a mayor ingreso mayor el nivel de satisfacción con la vida. Pero, como
ocurre en todas partes, tener mucho más dinero aumenta muy poco la felicidad.
Por ejemplo, si uno compara dos caleños típicos que son iguales en todo, excepto
en que uno gana cinco veces lo que gana el otro (digamos que por pura suerte), lo
más probable es que el más rico esté apenas un escalón más arriba en la escala
de satisfacción con la vida.

Las diferencias de los caleños con el resto de la humanidad tienen que ver con su
actitud ante el trabajo y las expectativas económicas. El hecho de trabajar o no los
tiene sin cuidado. En todas partes del mundo, quienes tienen una actividad laboral
sienten que sus vidas tienen más sentido, independientemente de si tienen un
salario alto o bajo. Esto sugiere que los caleños pueden tener una actitud
despreocupada e incluso conformista.

En efecto, la encuesta confirma que así es, al menos en lo que se refiere a la vida
material. Aunque hay muchas diferencias entre unas personas y otras, el caleño
típico considera que sus ingresos están 50% por encima del mínimo necesario, y
apenas 30% por debajo del ingreso deseable para vivir holgadamente. Además,
dos de cada tres encuestados están satisfechos con su estándar de vida. Esto es
sorprendente porque el ingreso mensual promedio de los encuestados es apenas
un millón de pesos, y porque una tercera parte de los encuestados declara ganar
menos de $600.000 (incluyendo los que no tienen ingresos). Aunque las personas
con ingresos de este grupo aspirarían en promedio a ganar dos veces y media lo
que ganan para vivir holgadamente, consideran que actualmente ganan lo que
necesitan para vivir. Para completar el cuadro, tres de cada cuatro de los caleños
que sí tienen trabajo están a gusto con él, a pesar de que cerca de la mitad no
tiene contrato ni goza de condiciones plenas de seguridad social.

Todos estos indicios de conformismo son muy preocupantes desde un punto de


vista económico, aunque podrían no serlo desde un punto de vista social y
comunitario. Al fin de cuentas, si tener más dinero eleva tan poquito la felicidad,
puede haber otros aspectos muy enriquecedores de la vida. Sin embargo,
Calibrando preguntó a los encuestados que no estaban totalmente satisfechos con
sus vidas qué más les haría falta, y la mayoría respondieron cosas materiales:
plata, trabajo, casa propia. Menos de 30% destacaron el estudio, la familia, la
salud u otros aspectos no materiales de la vida.

Por consiguiente, todo apunta a indicar que el caleño promedio toma la vida a la
ligera y tiene expectativas muy modestas sobre su vida. Aunque esto puede
resultar tranquilizante, especialmente para las élites y para quienes detentan el
poder local, el conformismo y las bajas aspiraciones pueden ser una barrera muy
grande no solo para el progreso económico, sino para enfrentar los problemas
sociales más graves, como son la falta de seguridad, la baja calidad de la
educación y la ineficiencia y corrupción del sistema político.

Es muy posible que la desmesurada satisfacción de los caleños se deba a la


forma como se hizo la encuesta Calibrando que, a diferencia de otras encuestas,
no se aplicó en viviendas seleccionadas al azar, sino en forma un poco más
casual en la calle. Ojalá sea así. En cualquier caso, esta valiosa encuesta debería
servir para alentar una discusión pública sobre las aspiraciones de los caleños.
SON POCOS LOS CALEÑOS QUE VIVEN
BIEN
El estudio de marginalidad en Cali, elaborado por la Administración Municipal, con el fin
de determinar los sectores prioritarios con programas de salud, educación, recreación y
empleo, concluyó que en la ciudad hay 1 276.794 habitantes que pertenecen a los estratos 1
y 2.
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Por: REDACCION EL TIEMPO

10 de marzo 1995 , 12:00 a.m.


Se detectó que la población infantil corresponde al 27 por ciento del total de la población
total de Cali, encontrándose en la zona urbana 230.884 niños entre cero y 14 años; mientras
que la población de jóvenes entre los 15 y los 24 años es del 20 por ciento del total de la
población de la ciudad. En la zona urbana residen 349.764 muchachos.

De un total de 1 276.794 habitantes ubicados en los estratos 1 y 2, el 16.1 por ciento


corresponde a los discapacitados que llegan a unos 205.563. Esta cifra es alarmante, dice el
sociólogo de la Universidad del Valle Luis Idelfonso Rendón, porque indica que en estas
comunas existen altos grados de contaminación y desnutrición que se reflejan en problemas
genéticos que muchas veces son adquiridos por causas ambientales a las cuales no está
inmune el organismo.
El mismo estudio revela que el 51.16 por ciento de los habitantes del área urbana es menor
de 24 años, el 31.57 por ciento está entre los 0 y 14 años y el 42 por ciento de los caleños
oscila entre los 25 y los 59 años.

A este respecto Rendón anotó que el alto grado de delincuencia juvenil que hay en la
ciudad no es falta de acciones policivas, sino de exceso de población activamente ociosa, en
búsqueda de aventuras producto de su adolescencia y con afán de ponerse a tono con la
sociedad de consumo que los lleva a delinquir en estados de drogadicción a fin de colmar
sus necesidades de moda o diversión.

En cuanto a la tercera edad, hay 238.712 habitantes mayores de 60 años que representan el
6.61 por ciento de senilidad, 45 por ciento de los cuales (47.218) viven en la pobreza
absoluta. El 11 por ciento (11.545) vive en tugurios, el 0.78 por ciento (1.862) está
institucionalizado y el 62.5 por ciento de ellos (148.857) es analfabeta.

La población económicamente activa es de 799.249 personas pero existe una tasa de


desempleo del 10.93 por ciento. Concluyó el informe elaborado por las secretarías de
Programas Especiales, Educación y Salud, así como planeación municipal, Invicali y el
Centro de Capacitación Alfonso López, que las comunas que más necesitan presencia de
los organismos estatales y no estatales, son las 1,3,6,7,13,14,15,16,18 y 20.