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BUENPAÍS

1. ACOPIO DE INFORMACIÓN

Sevicia.

Del lat. Saevitia.

1. f. Crueldad excesiva.

2. f. Trato cruel.

http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=sevicia

- Esta es una palabra cuyo desarrollo es la base del montaje; demostrar cómo
se ha ido aplicando hacia la sociedad, por parte de gente que quebranta las
leyes.
El deseo inicial es desarrollar el tema de la violencia, a partir de un caso ajeno
a los creadores, en cuanto a la relación. En este caso, es el tema de los
Normalistas de Ayotzinapa, pero más específicamente en el caso de Julio
César Mondragón, uno de los estudiantes que fue asesinado y cuyo cadáver
fue expuesto al mundo.
La idea es que a partir de una tragedia social, como lo es una
masacre/desaparición forzada de un cierto grupo, tanto la gente implicada
como los ajenos, podamos actuar de manera conjunta ante esto; lograr ser y
formar una comunidad que sea empática ante estos casos. Que se apoye
mutuamente, que vea por el otro, y tal vez, que busque denunciar en conjunta
para que les den respuestas.
TEXTOS INFORMATIVOS

Aterrado, Julio César Mondragón se echó a correr; al otro día apareció sin
rostro

Chilpancingo, Gro., 1º de octubre.

La espantosa imagen de un muchacho sin cara ha circulado profusamente en las


redes sociales. Hoy, los normalistas de Iguala marchan de nuevo y cargan con ellos
una manta con la fotografía de Julio César Mondragón, con una mujer y un recién
nacido. Era un muchacho blanco de rostro amable. Ya era padre y tenía apenas un
mes de haber ingresado a la escuela normal de Ayotzinapa.

De él, ya saben dónde terminó, pero no conocen la suerte de los 38 alumnos que,
según los líderes estudiantiles, siguen desaparecidos. La lista se ha reducido, dicen,
porque algunos compañeros han llegado por su propio pie a la escuela.

La madrugada del sábado 27 de septiembre, aterrado, Julio César Mondragón no


hizo caso de los gritos de sus compañeros que pedían permanecer juntos. Echó a
correr luego de que un grupo de sicarios disparó contra estudiantes y maestros de
la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (Ceteg) que
ofrecían una conferencia de prensa tras el ataque de los policías municipales. Se lo
tragó la noche de Iguala. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente,
espantosamente mutilado.

Sus padres, y los de Daniel Solís Gallardo, oriundo de Zihuatanejo, no quisieron


homenaje en la normal. El cuerpo –lo que quedaba de él– de Julio César
Mondragón, el muchacho sin rostro de las redes sociales, fue trasladado al Distrito
Federal. Lo identificó por la ropa y porque estaba rapado, como todos los alumnos
de primer grado, el grueso de la tropa estudiantil que fue a Iguala a botear.

Los representantes de Ayotzinapa no hallan las palabras para describir en qué


estado hallaron a su compañero: ¿Qué clase de policía, qué clase de persona
puede hacer algo así?, dice uno de los dirigentes de la normal.

Está más muerto que vivo


Los estudiantes marcharán de nuevo mañana, mientras siguen al pendiente de sus
compañeros desaparecidos y de los que aún permanecen en hospitales.

Aldo Gutiérrez Solano es quien se encuentra en peores condiciones. Está más


muerto que vivo.

Édgar Andrés Vázquez lucha por recuperarse de un disparo que recibió en la


cara. Otro compañero ya fue dado de alta, pero perdió varios dedos de una mano.

Luego de una marcha que culmina frente al palacio de gobierno, los dirigentes de la
normal de Ayotzinapa informan que hasta ese momento (alrededor de las dos de la
tarde) son 38 los compañeros que siguen desaparecidos.

Las autoridades estatales han sugerido que una parte de ellos puede estar en sus
casas, pero los estudiantes no lo creen. Padres o familiares de los 38 que
mencionamos están aquí, y no sería así si los compañeros hubieran ido a refugiarse
a sus casas.

Las madres de varios de los muchachos hacen fila frente a las libretas de los
reporteros para decir los nombres de sus desaparecidos.

Apunte al mío, licenciado. Se llama César Manuel González Hernández, de


Huamantla, Tlaxcala.

Israel Jacinto, de Atoyac, nunca había estado en Iguala. Tiene 19 años y estaba
hablando con su hermanito por teléfono. Le decía que la policía les estaba echando
gases, que ya no podía hablar. Después ya no supimos nada de él, dice su madrina,
a punto de las lágrimas. Tiene dos tíos maestros; aquí andan, los dos estudiaron en
Ayotzinapa. ¿Quiere hablar con ellos?

Anote ahí a Luis Ángel Abarca, 17 años, de San Antonio Cuautepec.

Emiliano Gaspar de la Cruz, 22. Mauricio Ortega Valerio.

Una caravana de familiares llevó sus nombres, sus fotografías y su dolor a Iguala.
Recorrieron las calles de la cuna de la Bandera. No hallaron a sus hijos: encontraron
miedo.
Nadie quería hablar con ellos. La gente vive aterrada. Cuando se acercaban
preguntando casa por casa, cerraban las tiendas, bajaban las cortinas, cuenta un
miembro de la asociación de ex alumnos de la emblemática escuela normal. Ya ni
los busquen, les dijo el dueño de una vulcanizadora.

La guardia frente al palacio de gobierno termina. Los familiares de los


desaparecidos suben apresuradamente a los autobuses. Van al entierro de Julio
César Ramírez Nava, otro de los normalistas caídos, a su natal Tixtla, municipio que
aporta entre 40 y 50 por ciento de los estudiantes de la normal, lugar donde han
florecido, se han dividido y sobreviven las policías comunitarias.

El cortejo fúnebre es encabezado por la banda de guerra Halcones dorados, de


Ayotzinapa. Centenares de personas acompañan el féretro.

Al llegar al cementerio, los rapados de primer grado ocupan las primeras filas frente
a la fosa. Son los sobrevivientes de Iguala.

¡Julio César Ramírez Nava!, grita un profesor de la normal. ¡Presente!, responden


los rapados y el resto de sus compañeros. La familia ha pedido al profesor decir
unas palabras. Es muy breve. Pide justicia, nada más. No dejemos que la muerte
de este joven sea en vano.

El abuelo de Julio César moja una flor en una bandeja de agua bendita y la va
rociando en la fosa.

Corrimos, brincamos una barda y nos metimos en una casa, pero el señor que era
el dueño nos pidió salir después de unas horas. Éramos como 20. No quisimos salir.
Lo hicimos hasta que el comité nos avisó que irían por nosotros. Fueron los
soldados y nos llevaron a declarar, cuenta uno de los sobrevivientes.

El sepelio transcurre lentamente. La familia deposita bolsas con las pertenencias


del joven asesinado. Los Halcones dorados tocan trompetas fúnebres.

Los familiares de José Ángel Campos Cantor y Julio César López Patolzin, ambos
nacidos en el Barrio Fortín, cuna de la policía comunitaria, acuden al sepelio,
temerosos de que sus propios hijos ya estén muertos.
A esa misma hora, el gobernador Ángel Aguirre Rivero anuncia que se ha girado
orden de presentación contra el presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca,
y el ex secretario de seguridad del ayuntamiento Felipe Flores.

Aguirre Rivero, manotazo tardío

El martes, luego de que solicitó licencia, el alcalde salió apresuradamente de la sede


del ayuntamiento. Unos 10 minutos después de la graciosa huida, tres camionetas
de la Policía Ministerial del estado se estacionaron afuera del palacio municipal, sus
ocupantes, armas en ristre. Los empleados del municipio, que habían despedido
con aplausos al munícipe –entre ellos algunos de los 20 familiares del alcalde en la
nómina, según dijo por lo bajo un regidor–, se miraron nerviosos, pero nada pasó.
El tardío manotazo de Aguirre ocurrió, claro, sólo después del regaño presidencial
en horario triple A.

El gobernador también escribe en las redes sociales: Ofrecemos un millón de pesos


a quien brinde información, que ayude a localizar a nuestros jóvenes desaparecidos
en Iguala.

Algunos usuarios lo felicitan por ofrecer recompensa. Otros lo critican por gastar
carretadas de dinero en publicidad y ser pichicato a la hora de pagar por información
sobre el paradero de los muchachos. Unos más descargan su furia clasista contra
los ayotzinapos.

Las protestas de los normalistas continuarán, y también el desprecio hacia ellos que
no oculta una parte de la sociedad guerrerense. En un plantel de educación
prescolar del centro de Chilpancingo, un letrero anuncia que este 2 de octubre no
habrá clases porque se prevén (sic) marchas y actos con violencia.

http://www.jornada.unam.mx/2014/10/02/politica/011n1pol

- El tema es el caso de los normalistas de Ayotzinapa, pero en esta ocasión


enfocándose en los afectados; los testimonios y la materia viva sobre los
efectos que una pérdida humana bajo estas circunstancias puede causar en
una persona, y lo que esta pérdida también puede significar para la sociedad,
son los elementos bajo los que planeo partir para desarrollar una búsqueda
de los efectos que como sociedad nos beneficien, y en dado caso, nos
permita actuar de manera más eficiente, para hacer valer los derechos y
aquellas leyes que se han quebrantado. A exigir justicia.

Me preguntaron en el Semefo: "¿está segura que quiere verlo?"

Marissa Mendoza se enteró en las redes sociales que su esposo había muerto en
el ataque contra los normalistas en Iguala; viajó a Guerrero con la esperanza de que
no fuera él.

Ciudad de México - Marissa estaba desesperada. Aún tenía fe en que el cuerpo que
estaba a punto de ver no fuera el de su esposo, Julio César Mondragón. Antes de
pasar al anfiteatro del Servicio Médico Forense de Chilpancingo la detuvieron: ¿está
segura que quiere pasar?

Los forenses repetían la pregunta porque lo que le había pasado a Julio César era
terrible. "¿Está segura que quiere verlo?", "tiene que ser muy fuerte", insistían.
"Pues... pasé", dice Marissa Mendoza. La esposa del normalista apenas podía
contener el dolor que le rompía la voz. "Jamás nos dijeron que Julio César había
sido encontrado así, en ese estado....fue desollado". La única explicación que ella
encuentra es la tortura. Era sábado en la mañana cuando Marissa, de 24 años,
escuchó el nombre de su esposo en los noticieros. Julio César Mondragón era uno
de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa muerto en una
balacera en Iguala. Marissa estaba en la ciudad de México. No había hablado con
su esposo en varios días porque él había perdido su teléfono celular. Intentó hablar
con sus compañeros normalistas, pero nadie le decía nada, así que el domingo viajó
a la Normal de Ayotzinapa.

Los forenses repetían la pregunta porque lo que le había pasado a Julio César era
terrible. "¿Está segura que quiere verlo?", "tiene que ser muy fuerte", insistían.
"Pues... pasé", dice Marissa Mendoza. La esposa del normalista apenas podía
contener el dolor que le rompía la voz. "Jamás nos dijeron que Julio César había
sido encontrado así, en ese estado....fue desollado". La única explicación que ella
encuentra es la tortura. Era sábado en la mañana cuando Marissa, de 24 años,
escuchó el nombre de su esposo en los noticieros. Julio César Mondragón era uno
de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa muerto en una
balacera en Iguala. Marissa estaba en la ciudad de México. No había hablado con
su esposo en varios días porque él había perdido su teléfono celular. Intentó hablar
con sus compañeros normalistas, pero nadie le decía nada, así que el domingo viajó
a la Normal de Ayotzinapa. Julio César, de 22 años, se fue a vivir a la Normal a
mediados de julio, un mes antes de que naciera su hija, Melissa. "Estaba allá para
superarse, para que cuando saliera, me prometió, iba a comprar un piso para que
viviéramos juntos, viviéramos con nuestra hija". "Era un hombre extraordinario, el
mejor de todos, era muy cariñoso, detallista, era muy atento conmigo", cuenta.
Aunque sólo gozó a su hija dos meses, Julio César siempre fue un padre cariñoso.
"Cuando estaba embarazada, le daba muchos besitos a mi vientre, me abrazaba.
Deseábamos tanto que ya naciera para que estuviéramos con ella", cuenta Marissa.
La joven conoció a Julio César durante un baile en el pueblito mexiquense de San
Miguel Tecomatlán, donde él vivía. Después de esa noche no volvieron a hablar.
Ella vivía en el DF y él allá. "Después nos contactamos por Facebook. Empezamos
a platicar. Estuvimos así, que será, uno o dos meses, en contacto por Facebook.
Después decidimos rencontrarnos personalmente, y él vino al Distrito", cuenta. Fue
en Facebook donde Marissa vio por primera vez el cadáver de su esposo, el sábado
27. "En el Internet, en Facebook, subieron varias fotografías, entre ellas, pues la de
Julio César. Entonces, como yo conozco su ropa, conozco parte de su cuerpo y
todo, descubrí que era él". Al llegar a la Normal de Ayotzinapa, los estudiantes que
viajaban en el camión con su esposo le contaron lo que había pasado durante la
balacera. "Me dijeron que fueron a una actividad y que ya venían de regreso cuando
los interceptaron unas patrullas. Y que los chavos se bajaron amablemente
diciéndoles que por favor les permitieran el paso, entonces los policías comenzaron
a dispararles. Sin ninguna razón". Los mismos compañeros de Julio César le
recomendaron a Marissa que fuera al Semefo a reconocer el cuerpo de su esposo.
"Sentí mucha tristeza de que ya no volvería a ver a Julio César y se me vinieron
muchas imágenes, así como si yo hubiera estado con él en el momento en que le
hicieron eso, de que le quitaron la cara completa, vivo, torturándolo de la manera
más cruel, porque ni siquiera tenía impacto de bala, solamente tenía muchos golpes,
en la parte del pecho, la cintura, la manos", dijo. La policía de Chilpancingo le dijo
que habían encontrado el cuerpo de Julio César "en la zona industrial (de Iguala),
cerca de Pemex", que "ya estaba la denuncia y que todos los policías estaban
arraigados. Y que no están laborando, ninguno, en Iguala, y que iban a estar
investigando". Marissa no sabe quién mató a su esposo ni por qué ni cuándo dejará
de quemarle el pecho el dolor de haberlo perdido. Ahora sólo le queda su pequeña
hija de dos meses, Melissa, que tiene la cara de Julio César. Ella es "el único
recuerdo que tengo de él".

http://www.milenio.com/estados/normalistas_asesinados-matanza_en_Ayotzinapa-
Normal_de_Ayotzinapa-policia_Iguala_0_382762094.html

- En estos textos encontramos la perspectiva de los involucrados en el caso;


los familiares de Julio César. Ese detalle es una vía interesante de abordaje
del montaje.

Javier Sicilia: Carta abierta a políticos y criminales


MÉXICO, DF., 3 de abril (Proceso).- El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco,
de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo
Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido
igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra
desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del
pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de
la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni
de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando,
amando, creciendo, para servir, como tantos otros muchachos, a este país que
ustedes han desgarrado. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que
ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero
tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos
destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco
a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas
mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no
pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello
carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y
dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento,
desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que
estamos hasta la madre.

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero


a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes
componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido
de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal
dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido
incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla,
de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para
encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre,
porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el
crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que
muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo
que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida,
la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y
asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación
para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio
por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es
lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta
imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean
asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para
satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte
de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no
tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a
las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia;
estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido
confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor;
estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder
impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, es el dinero, el fomento de
la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son
otros nombres de la violencia.

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de


honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido.

Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes
de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no
distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor
y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la
dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables
Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños,
muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes.
Estamos hasta la madre porque su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal –
los animales no hacen lo que ustedes hacen–, sino subhumana, demoniaca, imbécil.
Estamos hasta la madre porque en su afán de poder y de enriquecimiento humillan
a nuestros hijos y los destrozan y producen miedo y espanto.

Ustedes, “señores” políticos, y ustedes, “señores” criminales –lo entrecomillo


porque ese epíteto se otorga sólo a la gente honorable–, están con sus omisiones,
sus pleitos y sus actos envileciendo a la nación. La muerte de mi hijo Juan Francisco
ha levantado la solidaridad y el grito de indignación –que mi familia y yo
agradecemos desde el fondo de nuestros corazones– de la ciudadanía y de los
medios. Esa indignación vuelve de nuevo a poner ante nuestros oídos esa
acertadísima frase que Martí dirigió a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”.
Al volverla a poner ante nuestros oídos –después de los miles de cadáveres
anónimos y no anónimos que llevamos a nuestras espaldas, es decir, de tantos
inocentes asesinados y envilecidos–, esa frase debe ir acompañada de grandes
movilizaciones ciudadanas que los obliguen, en estos momentos de emergencia
nacional, a unirse para crear una agenda que unifique a la nación y cree un estado
de gobernabilidad real. Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una
marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5:00 PM del monumento de
la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y
paz. Si los ciudadanos no nos unimos a ella y la reproducimos constantemente en
todas las ciudades, en todos los municipios o delegaciones del país, si no somos
capaces de eso para obligarlos a ustedes, “señores” políticos, a gobernar con
justicia y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales, a retornar a sus códigos de
honor y a limitar su salvajismo, la espiral de violencia que han generado nos llevará
a un camino de horror sin retorno. Si ustedes, “señores” políticos, no gobiernan bien
y no toman en serio que vivimos un estado de emergencia nacional que requiere su
unidad, y ustedes, “señores” criminales, no limitan sus acciones, terminarán por
triunfar y tener el poder, pero gobernarán o reinarán sobre un montón de osarios y
de seres amedrentados y destruidos en su alma. Un sueño que ninguno de nosotros
les envidia.

No hay vida, escribía Albert Camus, sin persuasión y sin paz, y la historia del México
de hoy sólo conoce la intimidación, el sufrimiento, la desconfianza y el temor de que
un día otro hijo o hija de alguna otra familia sea envilecido y masacrado, sólo conoce
que lo que ustedes nos piden es que la muerte, como ya está sucediendo hoy, se
convierta en un asunto de estadística y de administración al que todos debemos
acostumbrarnos.

Porque no queremos eso, el próximo miércoles saldremos a la calle; porque no


queremos un muchacho más, un hijo nuestro, asesinado, las redes ciudadanas de
Morelos están convocando a una unidad nacional ciudadana que debemos
mantener viva para romper el miedo y el aislamiento que la incapacidad de ustedes,
“señores” políticos, y la crueldad de ustedes, “señores” criminales, nos quieren
meter en el cuerpo y en el alma.
Recuerdo, en este sentido, unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del
nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una
nación, se anunciaba: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día
vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no
tuve nada que decir”. Hoy, después de tantos crímenes soportados, cuando el
cuerpo destrozado de mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse de nuevo a la
ciudadanía y a los medios, debemos hablar con nuestros cuerpos, con nuestro
caminar, con nuestro grito de indignación para que los versos de Brecht no se hagan
una realidad en nuestro país.

Además opino que hay que devolverle la dignidad a esta nación.

http://www.proceso.com.mx/266990/javier-sicilia-carta-abierta-a-politicos-y-
criminales

- Este texto es una manera de partir. Una postura sustentada y firme ante la
impunidad. Más por el hecho de ser emitido por una persona culta, que sufrió
la pérdida de un ser amado, bajo circunstancias terribles.
Esta posición hecha con la sangre fría es la postura que me interesa tomar y
enunciar; encontrar a partir de los hechos a los responsables, y con esto,
idóneamente, buscar que esa misma postura pueda generar relaciones de
comunidad. Que la desgracia sea una posibilidad de hacernos más unidos.
- Esta postura cabe dentro de las posibilidades del montaje: Enunciar la
inconformidad antes las instituciones gubernamentales que está coludidas o
indirectamente son responsables de estas tragedias.

https://www.youtube.com/watch?v=CWPfLMmgBrE
TEATRO DE LA MUERTE
Kantor introduce los maniquíes como dobles de los personajes vivos. Una
manera de prolongar lo inmaterial; para proyectar un engañoso aspecto de
vida. Con estos mismo maniquís Kantor expresaba su obsesiva relación con
la memoria y la experiencia de la muerte.
Así se genera “la condición de la muerte. El Teatro de la Muerte surge por la
abrumada conciencia de la pérdida y el “gran vacío”. El punto, es que con la
presencia de un cuerpo inerte, ante un “muerto”, uno se hace una toma de
conciencia acerca de la condición de vivos-
Escenarios Liminales – Ileana Diéguez

- Esta idea acerca de preservar la presencia de una persona, a partir de la


muestra del cuerpo muerto, me parece pertinente que este elemento, poner
un cuerpo en escena, sería efectivo para el tema que tratamos. Además, es
una buena búsqueda para desarrollar la apropiación del montaje por parte de
las actrices.
2. PROCESO

En un principio, la idea era generar un montaje extenso, abarcando diferentes


puntos y partes del tema que parecía pertinente abordar. Material como los
testimonios de los afectados en el caso, datos, fechas, cifras de los muertos,
explicaciones de lo que esa noche, etc., eran parte de basto recopilatorio que se
tenía contemplado para desarrollar escénicamente.

Era necesario que las actrices buscaran desarrollar su propio discurso a partir de
este material, ya fuera con un texto, o corporalmente, desde la escena.

Con dos chicas, Monse y Lorena, realizamos una secuencia que consistía, a partir
de esta imagen:

Ellas realizaran una secuencia de movimiento intentado emular el ambiente


generado ahí. Esta imagen, que es parte del mural de la independencia, realizado
por José Clemente Orozco, me pareció pertinente porque me remite a la noche de
Iguala, cuando asesinaron a los estudiantes. Así, con este referente, el propósito
era realizar una escena con inicio y fin, donde tal secuencia pudiera generar algún
estado, ambiente, sonoridad, espacio o color que pudiera remitir a este
acontecimiento.

El resultado fue un poco diferente a lo que se tenía planeado. Consistió


mayoritariamente en una secuencia donde en ciertos momentos cada una de las
actrices buscaba oprimir, o limitar las acciones de la otra chica. Esto ocurrió más en
imágenes, que en acciones, por lo que este resultado me pareció una buena
dinámica a desarrollar; una secuencia que consistiera cambios de roles, donde una
chica tome el rol de opresora, y la otra el de oprimida, y así, en diferentes, viceversa.
A esta secuencia le agregamos diferentes indicaciones a cada una, como el utilizar
instrumentos musicales para que también formaran parte de la sonoridad. A Lorena
le di una matraca, y a Monse una maraca. En la secuencia, los sonidos emitidos por
su cuerpo y por su voz, debían buscar intimidar y agredir a la otra persona.

En cuanto a la tercera actriz, Tabata, la tarea fue diferente. Desde el principio tenía
la idea de que ella fungiera cual ente omnisciente; tal vez una narradora. Alguien
que fuera guiando el discurso, y fuera quien se relacionara más directamente con el
público.

En un principio utilizamos este texto para trabajar:

TEXTO INICIAL A TRABAJAR

Sexo: Hombre
Edad: 22 años
Complexión: Delgada
Estatura: 1.70 cm.
Tez: Clara
Cara: Inolvidable
Frente: Iluminada
Nariz: Recta
Boca: Sonriente
Labios: Delgados
Cejas: Semipobladas
Mentón: Oval
Tipo y color de ojos: Grandes y del color de la tierra.
Tipo y color de cabello: Ondulado, castaño oscuro.
Señas particulares: Normalista. Irreverente. Libre.
Ropa que vestía: Playera roja, pantalón de mezclilla, bufanda negra con
beige.
- No sabía quedarse callado
- Era franco y directo al decir las cosas,
- Si algo no le gustaba lo decía sin más.
- Era un joven lleno de posibilidades, lleno de cosas por ser y hacer.
- No era guerrillero
- No proponía la desobediencia civil como forma de acción
- No le gustaba la pobreza, ni le gustaba que su familia sufriera por no tener
dinero.
- Hacía muchas cosas pensando en apoyar a su madre, que sola los educó a
él y a su hermano.
- Tuvo varios trabajos
- Con ninguno se hizo rico.
- Además del campo, trabajó acarreando leña, cortando flor en su natal
Tenancingo
- Como dependiente en un Oxxo
- Como guardia de seguridad privada en una empresa particular,
- También en la construcción del penal de Tenango.
- Salir adelante
- En eso se resumía su plan de vida
- Quería tener trabajo para juntar dinero y comprar un auto para que lo usara
Marissa, su esposa
- Era un joven enamorado.
- Siempre traía consigo un cuaderno y sus amigos dicen que se la pasaba
escribiendo.
- Lo más probable es que su pensamiento se centrara, en desear con toda el
alma que el peligro de la guerra no toque a nuestros seres queridos.
- Era un joven cualquiera
- Había pensado cursar un semestre en Ayotzinapa y luego cambiarse a
Tenería o a la Benemérita para estar más cerca de su pequeña familia;
- También hablaba de su deseo por pertenecer al Comité de Estudiantes de
la normal, para cambiar algunas de las cosas del normalismo con las que
no estaba de acuerdo.
- Le gustaba oír hip hop
- Mirar al pájaro carpintero golpear su pico contra los árboles y ver
telenovelas junto a su esposa
- Le gustaba jugar al frontón y comer manzanas rojas
- Quería que su mamá le hiciera postres y que su esposa le sonriera sólo a él
- Le gustaban las tortillas recién salidas del comal,
- El rojo era su color favorito,
- Le gustaba usar gorras y por encima de todo le gustaba correr y caminar
por los montes.
- Pero esas cosas no importan en la guerra
- No importa si tienes un plan para acabar con el sistema
- No importa si tu sueño más viejo es hacer la revolución o acabar de hacer
la casa de tu madre
- No importa si eres periodista o aprendiz de maestro
- No importa qué has leído o qué has escuchado
- Basta con ser solamente humano
- Porque eso es lo que la guerra odia, lo que busca exterminar.
- Y Julio era un ser humano: lleno de emociones por la vida, ansioso por
seguir vivo
- Era enojón e impulsivo
- Seguramente cometió errores y dijo cosas de las que se arrepentiría, como
cualquiera de nosotros
- Si supiera que su muerte estaba tan cerca
- Julio era un hijo devoto, un hermano cuidadoso, un esposo enamorado, un
padre protector, un amigo fraterno, un estudiante ilusionado, un ser humano
que bajó —por ¿curiosidad? ¿solidaridad? Pongan ustedes el sustantivo
que quieran, ninguno justifica lo que pasó después— del camión a
preguntar por qué les disparaban
- Y el gesto simbólico de Julio, al dar la cara por sus compañeros, se volvió
horrorosamente literal, por la mano cruel de unos cobardes, todavía
impunes
- Es él
- Un padre de una bebé que cuando él fue muerto apenas tenía dos meses
de nacida
- Es él y fue asesinado a golpes, luego de haber sido torturado salvajemente:
su piel arrancada, con niveles de saña y crueldad pocas veces vistas en el
país.
- La foto de su rostro desollado dio la vuelta al mundo: fue el rostro no del
miedo, sino del terror, de la parálisis, de la atrocidad como mensaje, la
perversión como instrumento y arma psicológica frente a las protestas, la
inconformidad social, las movilizaciones de los jóvenes normalistas y de
otro, muchos, sectores sociales en Guerrero y en buena parte del país
- Hace frío acá
- Las nubes tienen rasgaduras de un viento caprichoso que no baja a este
lugar, pero que provoca que desciendan ligeramente las temperaturas
- El cielo parece querer llorar y la noche se niega a instalarse por fin
- Parece haber luces del otro lado de los cerros pero es el sol que se va y
que no se va
- Parece quedarse del otro lado de las montañas. Amamantando árboles y
prolongando despedidas
- Ellos, los Mondragón Flores nunca han pertenecido a partido político
alguno, pero sí han sido críticos
- Saben que el petróleo deber ser siempre de los mexicanos y no de
industrias mexicanas y extranjeras que solo quieren llevarse la riqueza
nacional
- Tienen claro qué hay detrás de la reforma educativa, quién tiene la
responsabilidad de la seguridad pública y por lo tanto quién hace negocios
con los narcotraficantes
- Son luchadores eternos y de coyunturas, ante momentos adversos
- Se levantan, gritan, protestan y se movilizan
- Él se preocupaba siempre por quiénes le rodeaban
- Era también eso, una guía para muchos, a quienes aconsejaba
- Una mano tendida
- La sonrisa de un joven en un pueblo que ahora parece siempre estar triste
- La última vez que hablaron con él fue por teléfono.
- Le llamaron
- Nada
- Otra vez
- Miraron la foto que ya aparecía en redes sociales, publicada en un medio
electrónico conocido como Denuncia Ciudadana Iguala
- Lo ve. Es su ropa, su piel, sus rasgos, la cicatriz, su mano
- El él
- Pero no hay rostro
- Alrededor de la una de la madrugada, su tío, entra al portal del periódico El
sur, que tiene cierto prestigio en el estado de Guerrero
- Abre la nota sobre la represión contra normalistas de Ayotzinapa y se
entera de que había tres personas muertas, y entre ellas, aunque no
estaban identificadas, había un joven cuyo cadáver había quedado a pocos
metros del cuartel de los soldados, con características parecidas a un
estudiante a quien conocían como El Chilango
- Toda la noche en vela
- Él lo sabía
- Y varios en la familia
- Que a Julio César así lo apodaban
- El informe de los periciales dice que lo mataron a golpes, con un objeto
“contundente”
- No hay una investigación científica, y sobre todo que sea confiable, porque
Julio César no murió de un navajazo o balazo
- Un solo ex policía fue detenido por este hecho, presente esa noche funesta
de septiembre
- Él fue golpeado brutalmente y sería ilógico, tonto, pensar que un solo
policía fue responsable de esto.
- Poco después de los hechos estuvieron con el procurador y también con el
presidente
- Les informaron de los avances
- Eran casi nulos
- Todo el mundo, se comprometió a avisarle a los familiares sobre los
avances, antes que a los medios
- Jamás lo hicieron
- No hay avances, en sustancia
- Ahora nos piden que lo olvidemos
- Lo pide Fox, lo pide Peña, lo pide AMLO
- Qué imbéciles
- Y hacen cambios en el gobierno
- Pero nosotros sabemos, lo tenemos bien claro:
- Son las mismas caras, con el mismo resultado:
- Nada
- Los jóvenes habían sido enviados a colectar dinero, como suelen hacer
- Se lo ordenó el Comité Estudiantil, los llamados activistas
- Esa noche del 26 de septiembre y madrugada del 27 se destapó una cloaca
dolorosa, podrida y tristemente memorable
- Una cloaca de muchos túneles venosos, llenos de sangre y corrupción
- Túneles, canales, ríos, mares
- Todos conducen al gobierno, a todos los niveles, y al crimen organizado
- Ambos, que son uno solo
- Allá, arriba, en las cumbres
- Y abajo, en las apestosas y cotidianas catacumbas
- Todo es confuso
- Algunos dicen que fueron órdenes de José Luis Abarca y su esposa, María
de los Ángeles Pineda
- Ellos
- En complicidad con grupos criminales y a través del jefe de la policía local,
Felipe Flores
- Que pensaron que eran narcotraficantes
- Enviados por cárteles enemigos
- La mayoría de las voces dicen que el cártel Guerreros Unidos y la Policía
de Iguala actuaron juntos
- Con el mismo objetivo
- Aniquilar a los estudiantes
- A los que colectaban, que tomaban camiones, que protestaban
- Detenerlos por cualquier
- Detenerlos y reprimirlos
- Extinguirlos
- La PGR indica que los jóvenes fueron golpeados con salvajismo
- Pero ninguno como Julio César
- Lo desollaron
- Le sacaron los ojos
- Lo expusieron
- Dicen que a los otros los trituraron e incineraron
- Que sus restos fueron lanzados a un río
- Pero no hay pruebas de ello.
- Hay mucho más que números detrás de los asesinatos, torturas y
desapariciones
- Amnistía Internacional pide que esto sea llamado desaparición forzada
- No homicidio
- Pues así no caducará
- La sevicia es la crueldad extrema
- Es la acción de imponer sufrimiento y mandar un mensaje aterrador
- Se hizo presente en Iguala
- En Julio César
- La intención de la muerte por tortura es pasar del miedo al terror
- No solo busca paralizar
- No solo busca la incertidumbre
- Es destruir los valores de la comunidad
- De la familia de la víctima
- Esa imagen representa otra dimensión del terror
- No solo de lo que hicieron los agresores, sino de lo son capaces de hacer
- Ayotzinapa es el símbolo de algo muy profundo se rompió en el cuerpo de
la nación
- Claro que desde antes hemos tenido esta bárbara violencia
- Siempre ha existido esta descomposición de las instituciones
- Pero Ayotzinapa marcó un punto de inflexión
- Develó el rostro del juvenicidio en el país

Este texto lo recopilamos a partir de textos del libro “Huérfanos del narco”, de Javier
Valdez, y de textos recopilados de internet.

Este fungiría como introducción al tema. Al caso particular.

Buscamos diferentes manera de abordarlo, pensando en si sería un personaje quien


emitiera el texto, o sería la misma actriz diciéndola, y si fuera así, desde qué postura,
y cuál sería su razón de hacerlo. Probamos buscando desde una entidad que
remitiera a algún estudiante fallecido. Alguien que fue enterrado, para luego
resucitar y salir de la tierra, pues tenía la necesidad de hablar. De denunciar.

Probamos esa modalidad, pero el resultado no funcionaba. No había una verdadera


motivación o justificación que pudiera hacer que este actante entrara en este juego.

También realizamos una secuencia de movimiento para el momento en que este


saliera del suelo. La acción consistía en imitar la figura de una planta, y el proceso
de cómo surge, hasta su punto máximo de desarrollo. A esto le sumamos que
enunciara las palabras que más le significaran del texto anterior.

Este momento surgió un tanto de la improvisación. La idea era generar material a


partir de los referentes, e ir acumulándolo para ver cómo se relacionaba con lo
demás.

Regresando a Lorena y Monse, a partir de la secuencia, probamos cómo sería leer


algunos testimonios hechos por la madre y esposa de Julio César. Así
enunciaríamos esa parte dentro de la obra a partir de estas dos chicas. Probamos
hacer la secuencia donde estas chicas realizaban la pelea entre ellas, para luego
pasar a la parte de la enunciación de los testimonios.
Esta muestra la presentamos como avance, donde las notas fueron que esos textos
necesitaban ser dichos desde una postura más neutral. Algo más ajeno a la postura
sentimental a la que se estaba acercando.

Después de platicar con las actrices, llegamos al punto donde Lorena y Monse me
contaron que ellas tenían experiencia con este tema de la violencia, con familiares
que fueron asesinados por el narcotráfico.

Estos casos, que en sí eran material para hacerlos testimonios, pero pareció
bastante interesante, pues así el montaje podría resultar en un proceso y producto
mucho más personal, donde su propio discurso resultaría más efectivo y honesto.

Probamos realizar esto. Les pedí a ambas que escribieran su caso, en papel y a
computadora, para que probáramos leerlo como testimonio dentro del montaje.

A Tabata le pedí que escribiera diferentes textos. Uno de ellos consistía en un


escrito donde la idea era que expusiera su perspectiva sobre la muerte. Era pensar
en esta cual si fuera un ente con conciencia, que pudiera dimensionar lo que
sucedía alrededor.

Para este texto, decidimos probar cómo sería decirlo bajo la influencia de la
situación anterior, donde ella era un muerto que salía de la tierra. Para esto,
probamos utilizar una canción que pudiera influir en la escena, y ayudar a crear la
atmósfera. Probamos con Marduk, de Austin TV.

La canción fue efectiva, pues el texto, bajo la influencia de la canción, a partir de


una cierta partitura, iba desarrollándose en una progresión donde el texto se decía
con mayor fuerza y efectividad.

Para el texto inicial que teníamos, el de Julio César, también probamos que se
enunciara desde la corporalidad del ente que salía de la tierra. El texto con esa
corporalidad no funcionaba. Había muchas complicaciones que no hacían efectiva
la escena, a diferencia de la canción, por lo que estuvimos una sesión completa
intentando buscar las posibilidades de unir esa corporalidad con ese texto, pero no
eran efectivas. Lo hacían lucir torpe, entrecortado, pero sobre todo, injustificado.
Después de pensar en cómo trabajar, revisé mi bitácora, las cosas que había
escrito, mis ideas, y todo aquello que me diera alguna idea para poder seguir
desarrollando el montaje.

Al principio tenía definida una estructura de cómo sería, donde había escrito cómo
serían las escenas, cómo serían las transiciones, quiénes saldrían en ellas, etc.
Estaba lo mayor estructurado posible, pero por alguna razón a mí no se me hacía
ya tan relevante tratar el tema de la violencia desde ese punto. Aunque en un
principio esa era la pauta para comenzar, y encontraba en este caso un hecho
común que fuera conocido para poder abordar el tema, recordé lo que más me
llamaba la atención para hablar de esto. Lo que quería enunciar y denunciar era lo
que sucedía del otro lado de la violencia; lo que pasaba después, cuando los
afectados que tenían que vivir a costa de esta pérdida. Y encima de todo eso, lo
que me interesaba, ya cómo posible hipótesis, era el utilizar estas desgracias, para
que el montaje pudiera contribuir a generar la idea de comunidad. Que ante estas
causas, las consecuencias pudieran inclinarse hacia un apoyo entre la gente
involucrado, y la que no, y así entre todos, hubiera mayor posibilidad de unión,
idóneamente, para generar una postura crítica antes estos hechos.

Por ello, el hecho de que tuviera dos testimonios reales y cercanos como material,
me pareció más pertinente, más interesante, y más honesto para tratar. A diferencia
de si tratara el tema de los Normalistas, que, a pesar de ser un tema conocido y
empático hacia la gente, no generaría el impacto que tratar el tema de la violencia
a partir del caso de dos chicas cercanas. Además de que el montaje sería
mayoritariamente visto por gente de la escuela, por lo que es más efectivo ver a
personas conocidas, hablando desde la materialidad real.

Por este motivo, decidí que el montaje se inclinara hacia este lado, hacia las
actrices. Hacia lo que les aquejaba y lo que les importaba. Así que este abordaje de
la violencia, desde la experiencia personal, fue la nueva pauta para direccionar el
montaje.

Para comenzar, le pedí a cada una de las actrices, que escribieran un texto, en el
cual quería que desde su punto de vista, qué era la violencia. A partir de este, les
pedí que escogieran un objeto el cual representara esa violencia. Tabata escogió
un peluche, y tanto Monse como Lorena escogieron una navaja. A partir de este
objeto y el texto, les pedí un que realizarán un pequeño ejercicio donde se pudiera,
con una acción que tuviera un principio y un final, ejemplificar esa acción utilizando
el objeto.

Resultaron escenas diversas entre sí. La más interesante fue una donde Lorena
trata a la navaja como un objeto pesado y duro, como un tabique. Le pedí que bajo
esa convenció caminara, para ver qué efectos tenía esa corporalidad si le
agregábamos desplazamiento. El resultado fue una escena cargado de significado
para la actriz, y que entraba en el discurso.

Así, con los diferentes ejercicios de las actrices, nos pasamos toda una sesión
buscando realizar el montaje a partir de esto. Probamos realizar diferentes
combinaciones, como hacer dos escenas simultáneas, o buscar que dos escenas
interactuaran.

Al final, después de ajustes y de ir descartando material, nos quedamos con algo


mucho más breve y conciso de lo que en un principio tenía planeado.

Algo propio, y que desde un principio tenía contemplado, era que las chicas
cantaran. Al principio y posiblemente al final. La canción que escogí fue El
Andariego. Le mostré la canción a las actrices, y les dije que se la fueran
aprendiendo. Me pareció pertinente poner esta canción, para que así hiciera más
tangible y sensible el montaje. Con la canción se generaría un ambiente más suave
y de empatía, al ser las actrices quienes la cantaran al público.

Al poner la canción al principio y al final, haría más claro el desenlace.


Utilizando material pasado y el actual el montaje ahora resultó así:

1. Canción cantada por las actrices.


2. Texto de la violencia de Lorena.
3. Acción de Lorena (Con la navaja)
4. Secuencia de Lorena y Monse (Donde pelean)
5. Secuencia de Tabata (Su texto de la muerte y la canción)
6. Secuencia de Lorena y Monse (Nueva a partir de las exploraciones, utilizando
la navaja), con Tabata leyendo su texto sobre la violencia.
7. Lorena lee su testimonio.
8. Secuencia nueva de Lorena y Tabata (a partir de las exploraciones, donde
Lorena busca oprimir los movimientos de Tabata). Monse lee su testimonio.
9. Texto nuevo de Tabata (Le pedí que escribiera un epílogo para antes de la
canción)
10. Canción cantada por las tres.

Después de mostrar este avance, de escuchar contemplar algunas notas, me fue


claro que el trabajo estaba innecesariamente alargado, y tenía demasiados cortes
que afectaban el ritmo y fluidez del ejercicio.

También, las actrices me sugirieron que al final podría agregarle otra acción.
Tuvieron la idea de que dibujaran un cuerpo en el suelo. Así, recordé la idea del
Teatro de la Muerte de Kantor, y me pareció bastante efectiva esta idea, pues aquí
se estaba aplicando el poner un cuerpo en escena, para recordar la vida y la
fragilidad de esta. Ahora, mientras cantaran, las chicas realizarían la acción de
dibujar el cuerpo de una de ellas en el suelo. Tabata se acostaría en el suelo, y
Lorena y Monse dibujarían su contorno con gises.

También surgió la idea de acercar a la gente al espectáculo, por lo que público y


ejercicio estarían en un lugar pequeño. En este caso, el teatro de la escuela.

Aún faltaba algo, que era involucrar a la gente, por lo que decidimos utilizar velas al
inicio y al final de la obra. Durante la canción inicial, cada chica tendría dos velas
encendidas en la mano, y cuando la gente ya estuviera en su lugar, cada una le
compartiría alguna de sus velas a alguien de entre el público, y le cantaría a un
metro de distancia de dicha persona.

Después de que terminara la canción, ahora le daría la indicación de apagara su


vela, para continuar con lo que sigue.

Cuando las chicas terminaran de dibujar la silueta de Tabata, ahora encenderían


sus velas, e irían con la persona a la que se la dieron, para encendérsela, e invitarlas
a que junto con ellas coloquen las velas alrededor del cuerpo. Es un cierre para esta
ceremonia.

Replanteando la estructura, ahora el ejercicio sería mucho más corto, dejando solo
lo efectivo e interesante.

Haciendo algunos cambios, ahora la estructura sería así:

1. Canción cantada por las actrices.


2. Texto de la violencia de Lorena, ahora leído por Tabata
3. Acción de Lorena (Con la navaja) – Mientras esto sucede, Tabata leerá su
texto sobre la violencia
4. Secuencia de Lorena y Monse (Donde pelean)
5. Secuencia de Tabata (Su texto de la muerte y la canción)
6. Lorena lee su testimonio.
7. Secuencia nueva de Lorena y Tabata (a partir de las exploraciones, donde
Lorena busca oprimir los movimientos de Tabata). Monse lee su testimonio.
8. Epílogo de Tabata.
9. Canción cantada por las tres.

Se omitieron algunas cosas, y otras se cambiaron de orden. El punto era hacerlo lo


más fluido posible, por lo que siempre está sucediendo algo. Siempre alguien lee o
acciona, dejando de lado los silencios y pausas innecesarias.

Estos fueron los textos que utilizamos:


TEXTOS DE LAS ACTRICES

LORENA
MONSE
3. CONCLUSIONES

Este montaje fue un gran reto para trabajar. Le atribuyo esta complicación al hecho
de trabajar con material real, tanto con testimonios, experiencias, y buscar que las
actrices hablaran desde su persona. Desde lo que podría aquejarles y lo que
tuvieran que denunciar.

Considero que el resultado de esta investigación sigue siendo una búsqueda, pues
a pesar de haber llegado a puntos interesantes y prometedores, creo que algunas
escenas, algunos tratos hacia los textos, a la corporalidad, y al mismo diseño
dramatúrgico del espacio aún podrían diseñarse o replantearse con más detalle.

A pesar de que el resultado está bastante distante de lo que en un principio tenía


en mente, creo que me siento más satisfecho con este resultado, pues incluso
trabajarlo fue más divertido e interesante, ya que eran herramientas con las que no
estaba acostumbrado a trabajar.

Creo que pude darles más herramientas a las actrices, tal vez más material,
referentes o información más clara, pero durante el proceso hubo momentos donde
incluso yo carecía de información o conocimiento suficientes. Especialmente en
estos casos, es donde me hizo tal vez leer autores y referentes que ya hayan
trabajado en estos campos. De esta manera habría sido más claro el camino que
debía seguir.

En conclusión, me parece que el objetivo inicial fue parcialmente logrado, pues


durante los ensayos con público pude notar que el acto y las actrices, lograban
generar una cierta empatía con este.

Creo que logró manifestarse una relación funcional entre espectador e intérprete, y
resultó efectivo al ser montado con material honesto, y lo más real desde el trabajo
de las actrices y el mío,