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APOCALIPSIS - 1

LA IGLESIA
DE DIOS
EN UN MUNDO HOSTIL

JOSEPH J. BATTISTONE
LA IGLESIA
DE DIOS
EN UN MUNDO HOSTIL

En LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL el autor


procura destacar la parte significativa que el Antiguo Testamen­to
jugó en la formación de las imágenes y el lenguaje del men­saje de
Juan el revelador. De este modo se trata de enfatizar el carácter
positivo del libro.
Para los que tienen "oído para oír", el Apocalipsis puede ser una
gran fuente de consuelo, gozo y fortaleza para tiem­pos difíciles.
Lejos de ser un libro amenazador, para los que creen en "el Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo" es una fuente de ánimo y
estímulo para perseverar hasta el fin. En cambio, para los impíos, los
juicios de que advierte el vi­dente de Patmos son una tremenda
expectativa de males y de destrucción inminentes. De allí la
importancia de atender a es­tas amonestaciones y prepararse para el
gran día del Señor.
El autor, Dr. Joseph J. Battistone, egresado con un docto­rado en
Filosofía de la Universidad Andrews, ha tenido mucha experiencia
en presentar las grandes verdades del Evangelio a diferentes
audiencias en los Estados Unidos.
La iglesia de Dios
en un mundo hostil
La iglesia de Dios
en un mundo hostil

Dr. Joseph J. Battistone

ASOCIACION CASA EDITORA SUDAMERICANA


Avda. San Martín 4555, 1602 Florida
Buenos Aires, Argentina
Dedicado
a la memoria de mi padre,
Pedro L. Battistone.
Apocalipsis 14: 13

Título del original: God's Church in a Hostile World, Review and Herald
Publishing Association, Hagerstown, MD, Estados Unidos, 1989.

ISBN 0-8280-0528-1

Traducción Rolando A. Itin

IMPRESO EN LA ARGENTINA
Printed in Argentina

Primera edición, 1989 (3.500 ejemplares)

Es propiedad. © Review and Herald Publ. Assn.


Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 950-573-172-8

Se terminó de imprimir el 14 de febrero de 1989, en talleres propios.


Contenido

Capítulo l. Revelación y respuesta • o •• o o. 7


o. o o ••• o •• o ••

Capítulo 2. Una visión del Salvador resucitado ......... 19


Capítulo 3. Mensajes a las siete iglesias - 1 28
••• o ••• o. o o ••

Capítulo 4. Mensajes a las siete iglesias - 2 ............. 41


Capítulo 5. La santidad de Dios en majestuoso despliegue 55
Capítulo 6. Se exalta al León y al Cordero ............. 63
Capítulo 7. La venganza es obra de Dios ••••72 o o o o o ••• o.

Capítulo 8. Sellados, seguros y salvados o. 81


o ••••••• o ••••

Capítulo 9. De la tribulación al triunfo • o o 89


o. o o. o ••• o •••

Capítulo 10. La iglesia de Dios en un mundo hostil ...... 97


Capítulo 11. Condenación desde el abismo .............. 105
Capítulo 12. El tiempo de prueba ...................... 112
Capítulo 13. Se establece el reino de Cristo .............. 120

(5)
Reconocimientos

Este libro es un humilde esfuerzo por proporcionar material su-


plementario a las lecciones de la escuela sabática para la primera parte
del libro del Apocalipsis (capítulos 1 al 11). Al preparar el material,
procuré destacar la parte significativa que el Antiguo Testamento jugó
en la provisión del lenguaje y las imágent<s para el mensaje de Juan,
y enfatizar el carácter positivo del libro. Para los que tienen "oído pa-
ra oír'', el libro del Apocalipsis puede ser considerado como una gran
fuente de consuelo, gozo y fortaleza para tiempos difíciles.
He consultado con frecuencia el Comentario bíblico adventista, la
serie The Daily Study Bible [Biblia para el estudio diario], de William
Barclay, el trabajo de Robert H. Mounce en The International Com-
mentary on the New Testament [El comentario internacional sobre el
Nuevo Testamento], y The Letters to the Seven Churches [Las cartas
a las siete iglesias], de William M. Ramsay.
Deseo expresar mi gratitud a la Sra. Penny Estes Wheeler por sus
valiosas sugerencias en cuanto a estilo y contenido, pero, al mismo tiem-
po, me hago responsable de todas las debilidades e imperfecciones del
libro.
En conclusión, ofrezco mi sincera gratitud a mi esposa, Adrienne,
y a mis hijos Michael y Rochelle, por su apoyo decidido y su paciencia
comprensiva por causa de las presiones del tiempo durante la Jl(epara-
ción de este manuscrito.
Es mi deseo supremo que los lectores encuentren en este libro una
guía para comprender el Apocalipsis como un mensaje práctico y perti-
nente para nuestros agitados tiempos.
Joseph J. Battistone,
Hendersonville, North Carolina,
Estados Unidos.

6
Capítulo 1

Revelación y respuesta

(Basado en Apocalipsis 1: 1-8)

HAsí será mi palabra que sale de mi boca; no


volverá a mí vacía, (lsa. 55: 11).

La revelación y la Palabra de Dios. Como el Apocalipsis forma parte de


la Biblia, sabemos que es parte de la Palabra de Dios para nosotros. El
Apocalipsis goza de los atributos divinos de una colección de escritos lle-
nos del Espíritu y de su poder, y fue escrito para ser leído, comprendido
y obedecido (Apoc. 1: 3). Tal expectativa aparece en la instrucción dada
a Juan de escribir lo que veía, y de enviarlo a las siete iglesias del Asia
(vers. 11). Reconocemos esto en el estribillo: "El que tiene oído, oiga lo
que el Espíritu dice a las iglesias"(Apoc. 2: 7, 11, 17, 29; 3: 6, 13, 22).
Lo afirma el llamado del primer ángel a "toda nación, tribu, lengua y pue-
blo" (cap. 14: 6), y lo encontramos claramente expresado en la invitación
y advertencia finales del libro (cap. 22: 17-19).
El Apocalipsis refleja el sentido de urgencia del autor. El tiempo del
fin está cercano (Apoc. 1: 3), y la segunda venida de Cristo está por ocu-
rrir (cap. 22: 10, 12, 20). Nuestra respuesta a la proclamación de los tres
ángeles (cap. 14: 6-11) determinará el destino de pueblos y naciones. Y es
un tiempo de grandes conflictos y tribulaciones, un tiempo en el que el
pueblo de Dios debe responder con valor (vers. 12) bajo el señ.orío del Cristo
resucitado.
Por ello debemos leer el libro del Apocalipsis con esta expectación
y urgencia si hemos de comprenderlo. Debemos acercarnos a él con la mente
abierta a la influencia del Espíritu, y con la disposición de responder con
gratitud y obediencia a lo que Cristo hizo por nosotros y hará por nos-
7
8 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
otros en el futuro glorioso que está por despuntar sobre nosotros. Como
revelación divina, el Úbro requiere y espera que sus lectores obedezcan sus
llamados: "El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven.
Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratui-
tamente"(Apoc. 22: 17).
La revelación de Jesucristo (Apoc. 1: 1-3). El libro comienza con las pala-
bras: "La revelación de Jesucristo", es decir, una revelación dada por Je-
sucristo o por su intermedio, antes que acerca de El mismo. El texto griego
permite ambas interpretaciones, pero el contexto indica que la revelación
tiene que ver más con acontecimientos que ocurrirán durante los días fi-
nales. Jesús dio la revelación "para manifestar ... las cosas que deben su-
ceder pronto" (vers. 1).
En el original griego, la palabra traducida revelación es apokálupsis.
Ella está formada por las palabras apó, que significa "apartar, alejar",
y kálupsis, "un velo". Podemos, entonces, traducir apokálupsis como "un
descubrimiento, correr el velo". El libro del Apocalipsis es un descubri-
miento de las últimas cosas o los últimos acontecimientos. La verdad que
contiene nos llega, no por descubrimiento humano, sino por una revela-
ción divina.
Pero sería incorrecto sugerir que el libro se limita a los últimos acon-
tecimientos o cosas. Presenta también un retrato de Jesús, exclusivo de
este libro. Aquí encontramos una visión del Cristo exaltado, con vestidu-
ras sacerdotales y reales (vers. 12-16), descrito con imágenes simbólicas
tales como un Cordero con siete cuernos y siete ojos (Apoc. 5: 6), y como
un Mesías todopoderoso y conquistador (cap. 19: 11-16). Y en las cartas
a las siete iglesias, el mensaje del Salvador resucitado es tanto un autodes-
cubrimiento de Jesús como una revelación de la voluntad y el propósito
de Dios para los cristianos.
El libro tiene un propósito doble: 1) procura informar a los tt-eyentes
acerca de las oscuras pruebas que les esperan, permitiéndoles prepararse
para los tiempos difíciles que están por delante y con ello salir triunfantes
de la tempestad de la controversia. Así es como Dios trabaja. El no nos
engaña ni nos descarría acerca del futuro. El esclarecimiento que Dios trae
a la iglesia también ilumina la comprensión de nuestra verdadera situa-
ción, y entonces podemos cambiar lo que sea necesario. Dios no nos deja
en medio de la ignorancia y la debilidad para luchar contra Satanás o te-
ner que resistir sus tentaciones y evitar sus trampas. Cuando Dios quita
el velo del futuro, expone las estratagemas de Satanás, arroja luz sobre
el camino que debemos tomar, y abre nuestros ojos a los recursos que pu-
so a nuestro alcance mediante Jesús.
2) Tiene como propósito animar a la iglesia a sostenerse firme hasta
REVELACION Y RESPUESTA 9
que Cristo vuelva, soportar las tribulaciones con paciencia y tenacidad,
y ser fieles a toda costa, aun hasta la muerte. Los historiadores reconocen
hoy que la batalla de Iwo Jima fue una de las victorias aliadas más impor-
tantes de la Segunda Guerra Mundial. Fue también uno de los choques
más sangrientos de la historia militar moderna. Con su vasto sistema de
túneles y fortificaciones subterráneas, Iwo Jima llegó a ser una fortaleza
increíble, obligando a los norteamericanos a pagar caro cada metro de suelo.
El 23 de marzo de 1945, a eso de las cinco de la tarde, un radiooperador
japonés envió el mensaje: "A todos los oficiales y hombres de Chichi Hi-
ma, adiós" . 1 El oficial que contó el incidente recordaba haber llorado esa
tarde al pensar en el valor de ese radiooperador. El soldado se mantuvo
firme en su puesto hasta que lo llevó la muerte.
El libro del Apocalipsis comienza con una declaración breve y conci-
.sa acerca de cómo Dios nos trasmite sus mensajes. El proceso comienza
con Dios, fuente de toda verdad. Siempre que hay una revelación, ocurre
porque Dios ha elegido hacernos conocer la verdad. La verdad revelada,
por lo tanto, es una manifestación de la santa voluntad de Dios y una re-
velación de su propósito salvador. Nos la da a conocer para nuestro be-
neficio.
Cuando Dios nos muestra su voluntad, lo hace a través de Jesucristo.
El cuarto evangelio declara que Jesús es la Palabra mediante la cual Dios
creó todo (Juan 1: 1-4), la luz que ilumina a todos (vers. 9), y aquel en
quien la gracia y la verdad residieron en plenitud (vers. 14). Jesús mismo
declaró que El es "el camino, y la verdad, y la vida". El no es un camino
entre muchos, sino el único camino al Padre: "Nadie viene al Padre, sino
por mí" (Juan 14: 6). Si conocemos a Jesús, conocemos también al Padre
(vers. 7). El autor de Hebreos nos dice que Jesús refleja la gloria de Dios
y "la imagen misma de su sustancia" (Heb. 1: 3). De esta manera Jesús
es más que el portador de la Palabra de Dios -El es la encarnación mis-
ma de ella. En la persona y en la obra de Jesús, Dios se reveló plenamente.
La verdad que Jesús nos trae de Dios es la luz y la vida hechas posibles
mediante su muerte y su resurrección salvadoras. Es el Sefior resucitado,
el Cristo exaltado, quien nos imparte la verdad salvadora de Dios.
A su vez, Jesús envía el mensaje a Juan por medio de su ángel (Apoc.
1: 1; 22: 16). La palabra "ángel" es de origen griego (ánguelos), y signifi-
ca "enviado" o "mensajero". Jesús dio a conocer a Juan la revelación
que Dios le dio enviándola mediante su ángel o mensajero.
En la literatura apocalíptica, como lo son Daniel y el Apocalipsis, los
ángeles desempefian un papel importante en el proceso de la revelación.
Gabriel explica el significado de la visión a Daniel (Dan. 8: 15-26), y viene
al profeta en respuesta a su oración para darle "sabiduría y entendimien-
to" (cap. 9: 20-23).
lO LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
Los ángeles son abundantes en el Apocalipsis. El Cielo asignó ánge-
les a las siete iglesias en el Asia (Apoc. 2 y 3). Cuatro ángeles están en los
cuatro ángulos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos (cap. 7: 1). Siete
ángeles están delante de Dios, se les dan siete trompetas, y se preparan
para tocarlas (cap. 8: 2, 6). Juan ve otro ángel que ministra delante del
altar de oro del incienso en el santuario celestial (vers. 3-5), y un ángel
poderoso con un librito en su mano, parado sobre el mar y la tierra (cap.
10: 1, 2). Tres ángeles proclaman el llamamiento divino a todos los habi-
tantes del mundo (cap. 14: 6-11). Otro ángel sale del templo con una hoz
aguda en su mano indicando el juicio inminente (vers. 17-20). Siete ánge-
les esperan para derramar las siete últimas plagas sobre los malvados (cap.
15: 1). Un ángel con gran autoridad anuncia la última advertencia de Dios
a su pueblo, y otro ángel los invita a salir de Babilonia (cap. 18: 1-4). El
ángel con la llave del abismo y una gran cadena prende al dragón y lo ata
por mil afios (cap. 20: 1-3).
Aun otro ángel lleva un mensaje de Jesús a Juan (Apoc. 1: 1; 22: 16).
Cuando el profeta intenta adorar al mensajero divino, el ángel le advierte:
"Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retie-
nen el testimonio de Jesús. Adora a Dios" (cap. 19: 10; compárese con
Apoc. 22: 8, 9).
Juan recibe así la revelación del ángel y la pone por escrito, refirién-
dose a sí mismo como siervo de Cristo. El Nuevo Testamento griego tiene
dos palabras para "siervo". Una es diákonos, de la cual deriva nuestra
palabra diácono, puede traducirse como "el que sirve a otro". El apóstol
Pablo usa diákonos en relación con la obra del ministerio del Evangelio
(1 Cor. 3: 5; 1 Tim. 4: 6). La misma palabra aparece en el libro de Hechos
en relación con el ministerio de predicación y la actividad evangelizadora
de Esteban y de Felipe (Hechos 6-8).
La segunda palabra es dóulos, que puede traducirse como "escllvo".
Un dóulos era alguien sometido a servidumbre por razones económicas
o circunstancias políticas. La palabra representa el servicio bajo coerción.
Juan la usa para referirse a sí mismo (cap. 19: 10; 22: 9). El profeta no
quiere decir que había sido obligado a servir a:l Señor contra su voluntad,
y forzado a escribir a las iglesias. En cambio, escogió la palabra porque
describía con mayor precisión las circunstancias en las cuales se veía obli-
gado a trabajar por causa de su fiel testimonio en favor de Jesús. Volun-
tariamente sufrió por causa de Cristo, y con gratitud se consideraba esclavo
de Cristo. El autor del Apocalipsis prefería la prisión bajo las condiciones
más opresivas a una vida fácil· obtenida mediante componendas.
Como esclavo dispuesto y amante, Juan testifica "de la palabra de
Dios, y del testimo.nio de Jesucristo" (Apoc. 1: 2), es decir, de "la revela-.
ción de Jesucristo" (vers. 1), la manifestación que Dios dio a Jesús y que
REVELACION Y RESPUESTA 11
llega a Juan mediante el ángel. Al mismo tiempo es una revelación que
llega por medio de una visión. El profeta dice que testifica de "todas las
cosas que ha visto" (vers. 2). Con frecuencia aparecen en el libro palabras
que denotan una comunicación y percepción visual y auditiva, señalando
que Juan pretendía que su libro fuera el informe de un testigo ocular. 2
La revelación divina fue escrita para beneficiar a la iglesia: "Biena-
venturado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guar-
dan todas las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca" (vers.
3). La triple bendición incluye: 1) la bendición que procede de la lectura.
de la Palabra de Dios. Juan se refiere a la costumbre común en los cultos
judíos y cristianos primitivos de que una persona designada leyera públi-
camente las Escrituras. Lucas cuenta de una ocasión en que Jesús leyó del
rollo de lsaías en presencia de la congregación (Luc. 4: 16-19), y de otra
situación en que el apóstol Pablo recibió una invitación para hablar des-
pués de la lectura pública de la Biblia (Hech. 13: 15).
2) La bendición que resulta de escuchar la Palabra de Dios. Ocurre
cuando la congregación se ha reunido para el culto público. El libro de
Hebreos nos instruye a mantener firme "la profesión de nuestra esperan-
za" y a no descuidar las reuniones, sino "a estimularnos al amor y a las
buenas obras" y a animarnos unos a otros al ver "que aquel día se acer-
ca" (Heb. 10: 23-25). La revelación de Jesucristo es un mensaje dirigido
a la iglesia entera y, por lo tanto, debe ser leida y oída por el cuerpo ente-
ro. Dios no la entrega para la interpretación privada (véase 2 Ped. 1: 19-21).
3) La bendición que produce obedecer la Palabra de Dios. En el idio-
ma hebreo, una de las palabras para "escuchar" también significa "obe-
decer". Los que desobedecieron rehusaron escuchar la instrucción divina
(Jer. 13: 15-17). Jesús dijo a sus discipulos que les enseñaba por parábolas
pará revelar los misterios del reino de Dios a quienes tuvieran oídos para
oír (Mat. 13: 10-17). Hablaba de la receptividad de la mente de una perso-
na, la disposición de responder positivamente a la verdad revelada. San-
tiago nos dice que la bendición resulta no cuando uno oye y luego olvida,
sino cuando actúa en respuesta a la instrucción divina (Sant. 1: 22-25).
En este libro Juan usa la palabra akúo, que significa "prestar aten-
ción" o "notar atentamente". Cuando mi padre quería conseguir la aten-
ción de mis tres hermanos y la mia, comenzaba diciendo: "Noten mis
palabras". Nos sonaba llena de presagios, de modo que nos quedábamos
quietos y tomábamos nota. Juan nos dice que notemos sus palabras, pues
"el tiempo está cerca" (Apoc. 1:3). Notamos algo para recordarlo y des-
tacar su importancia. Cuando estudian para un examen, los alumnos su-
brayan las declaraciones clave de su libro de texto que necesitan para el
examen. El subrayado es una ayuda para memorizar la información.
Dios dio la revelación de Jesucristo "para manifestar... las cosas que
12 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
deben suceder pronto" (vers. 1). Juan dice que "el tiempo está cerca".
Se está refiriendo aquí al tiempo de los acontecimientos profetizados, el
tiempo del fin. La revelación tiene que ver con los acontecimientos que
están a punto de ocurrir, llevando a su fin la historia del mundo y trayen-
do el regreso de Cristo. Este punto de vista modela el contenido de todo
el libro y crea una sensación de urgencia en los creyentes.
Cuando mi esposa y yo nos casamos, lo hicimos con la esperania de
tener hijos. Cuando ella quedó embarazada, nuestras esperanzas se con-
virtieron en expectativa. El embarazo cambió la creencia en convicción.
No sólo creíamos que tendríamos un hijo, sino que lo sabíamos, y dimos
los pasos necesarios para prepararnos para el acontecimiento. Juan escri-
be con la certeza de la convicción. El momento del regreso de Cristo está
próximo. Las tribulaciones que afronta la iglesia fueron y son los dolores
del nacimiento del reino venidero. Haremos bien, entonces, en tomar no-
ta de las palabras de esta profecía.
El saludo a las siete iglesias de Asia (Apoc. 1: 4-8). El Apocalipsis es una
profecía apocalíptica, pero Juan lo introduce como una carta a las siete
iglesias del Asia. La forma literaria es normal, similar a las cartas de Pa-
blo y de otros escritores del Nuevo Testamento (por ejemplo, véase Rom.
1: 1, 7; 1 Cor. 1: 1-3; Gál. 1: 1-5). El saludo tiene la referencia típica a
la gracia y a la paz, el saludo cristiano corriente que expresaba el deseo
de las bendiciones de Dios sobre los lectores. La palabra gracia se refiere
a los recursos divinos que Dios pone a disposición del creyente en Cristo.
Tiene que ver con el acto divino de perdón en Jesús, que nos libera de la
esclavitud del pecado y nos une con El. La paz apunta a los beneficios que
gozamos en nuestra nueva relación con El. Ya no vivimos en un estado
de animosidad y alejamiento, sino de reconciliación con Dios (Rom. 5:
1-5). Nuestra nueva relación nos autoriza al libre acceso al Padre a fin de
recibir ayuda continua en nuestra peregrinación de fe. La palabra paz sig-
nifica más que la ausencia de conflictos. Describe el estado de privilegio
del creyente en Cristo.
El saludo continúa con títulos poco comunes para la Trinidad: 1) pri-
mero, se refiere a Dios como el "que es y que era y que ha de venir" (Apoc.
1: 4), una repetición del nombre divino YO SOY (véase Exo. 3: 14) y que
sirve para enfatizar la naturaleza inmutable o la presencia eterna de Dios.
Como una designación para la deidad, el título no es inusual en los tiem-
pos del Nuevo Testamento. Los griegos paganos hablaban de "Zeus que
era, Zeus que es, y Zeus que ha de ser". 3 Los rabinos judíos interpreta-
ban el nombre divino de Exodo 3: 14 diciendo que significaba: "Yo fuí;
todavía soy; y en el futuro seguiré siendo" .4 Y en Hebreos 13: 8 leemos
que "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos". La referencia
REVELACION Y RESPUESTA 13
de Juan a la inmutabilidad de Dios tenía la intención de fortalecer a los
creyentes al enfrentar la persecución. El mismo Dios que libró a los escla-
vos hebreos de las manos opresoras de los egipcios acompañaría a los cris-
tianos, guiándolos a través de las tribulaciones al reino.
2) Luego, tenemos la descripción del Espíritu Santo como "los siete
espfritus que están delante de su trono" (Apoc. 1: 4). La expresión "siete
espfritus" aparece en otros tres lugares en el libro (Apoc. 3: 1; 4: 5; 5: 6),
pero en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. Cualquier intento de
interpretar la frase debe considerar el significado que para Juan tiene el
número siete. El hecho de que frecuentemente aparece en conexión con
otros temas indica que debiéramos entenderlo simbólicamente. 5 Visto de
esta manera, el número siete significa, entonces, plenitud o perfección. Que
los "siete espíritus" se refieran al Espíritu Santo es una suposición que
hacemos del contexto de Apocalipsis 1: 4. En ninguno de los saludos de
las epistolas del Nuevo Testamento encontramos una bendición del Espí-
ritu Santo. En cambio, los escritos del apóstol Pablo repetidamente se re-
fieren a Dios el Padre y al Señor Jesucristo (Rom. 1: 7; 1 Cor. 1: 3 2 Cor.
1: 2; Gál. 1: 3; Efe. 1: 2; Fil. 1: 2; Col. 1: 2; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1: 2; 1
Tim. 1: 2; 2 Tim. 1: 2; Tito 1: 4 y File. 3).
En el libro del Apocalipsis, los "siete espíritus" aparecen delante del
trono de Dios y tienen un papel especial en relación con.el Cordero. Pode-
mos entender mejor la pluralidad del Espíritu en el contexto de la obra
reveladora de Cristo. Como se indicó antes, la revelación de Jesucristo tiene
que ver con el mensaje de Dios a la iglesia acerca de los acontecimientos
de los últimos días. Y Jesús la entrega a Juan. Pero cuando el profeta hu-
mano nos relata la visión del Salvador resucitado, nos dice que estaba "en
el Espíritu" (Apoc. 1: 10).6
El Espíritu abre los ojos al vidente y le permite comprender la visión.
Además, en cada uno de los mensajes de Cristo a las siete iglesias, encon-
tramos la exhortación "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a
las iglesias" (Apoc. 2: 7, 11, 17, 29; 3: 6, 13, 22). El Espíritu Santo tiene
un ministerio especial que realizar en las iglesias, pero no debemos enten-
derlo como separado del ministerio de nuestro Salvador resucitado. El Es-
píritu ilumina la mente de los creyentes y les da poder como preparación
para la tribulación inminente. Podemos entender, entonces, la expresión
"siete espíritus" como significando la operación universal del Espíritu en
el ministerio pleno de la iglesia. El Espíritu se manifiesta en cada una de
las siete iglesias tanto para su iluminación como para su fortalecimiento.
3) Y por último encontramos una triple designación para Jesús: a)
El es "el testigo fiel" (Apoc. 1: 5), un título que denota la veracidad o
el carácter confiable del testimonio de Jesús. Jesús es el testigo fiel porque
es el Hijo de Dios y puede hablar la verdad acerca de Dios como ningún
14 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
otro puede hacerlo. Mientras que la ley nos llegó por medio de Moisés,
nos dice Juan, la gracia y la verdad nos llegaron por medio de Jesucristo
(Juan 1: 17). Como el Verbo que estaba con Dios, Jesús fue la encarna-
ción plena de la verdad salvadora. Otros pueden dar testimonio de la ver-
dad, pero sólo Jesús podía decir "Yo soy... la verdad" (Juan 14: 6). El
entró en el mundo para dar testimonio de la verdad divina (Juan 18: 37),
y mediante su vida perfecta y su muerte sacrificial testificó de ella. Aun-
que el título "Testigo fiel" se refiere principalmente al testimonio de Cris-
to con respecto a la revelación que recibió de su Padre (el contenido del
libro del Apocalipsis), tiene un significado más amplio que incluye el tes-
timonio que Jesús dio durante todo su ministerio terrenal. Fue fiel hasta
la muerte.
b) El es "el primogénito de los muertos" (Apoc. 1: 5). Podemos ver
aquí una referencia a la resurrección de Jesús. El es el primogénito, no
en un sentido cronológico, sino en términos de prioridad. Aquí Juan de-
signa la primacía y la preeminencia de la resurrección de Cristo. La expre-
sión "primogénito" también nos recuerda la costumbre de la primogenitura
de los tiempos del Antiguo Testamento (véase Gén. 27: 1-40). El primer
hijo gozaba de una posición de preeminencia en la casa paterna y era el
heredero de las posesiones de su padre. El apóstol Pablo aplica a Cristo
el título de Primogénito de los muertos (Col. 1: 18) para destacar su sobe-
ranílf sobre la iglesia. La palabra primogénito aparece también en un sal-
mo mesiánico: "Yo también le pondré por primogénito, el más excelso
de los reyes de la tierra" (Sal. 89: 27). El salmo también habla del rey co-
. mo del "santo" de Dios (vers. 18, 19). El título denota así la suprema so-
beranía de Cristo en el mundo por causa de su fidelidad a Dios.
e) El es "el soberano de Jos reyes de la tierra" (Apoc. 1: 5). La expre-
sión testifica de la derrota infligida al diablo en el desierto (M a t. 4: 1-11)
y, en última instancia, mediante su muerte y resurrección. Como primo-
génito de los muertos, Jesús fue declarado soberano. El título Soberano
de los reyes alude a Salmos 89: 27 y anticipa la denominación suprema
que se le dará a Jesús al fin del tiempo cuando se lo reconozca como Rey
de reyes y Señor de señores (véase Apoc. 17: 14; 19: 16). El triple título
de Jesús estimula así a los que enfrentan el martirio a soportar la tribula-
ción, pues el camino al reino es la senda de la cruz.
Luego, Juan nos presenta una doxología a Jesús que recita sus actos
salvadores en nuestro favor: 1) El "nos amó, y nos lavó de nuestros peca-
dos" (Apoc. 1: 5). Es interesante notar que el primer verbo en el original
está en presente, para indicar el inagotable amor de Cristo por nosotros.
Su ministerio terrenal y su muerte sacrificial manifestaron ese amor en lo
pasado. Y su ministerio en el santuario ~elestial como nuestro sumo sa-
cerdote Iios da evidencia de que sigue amándonos en el presente. El segun-
REVELACION Y RESPUESTA 15
do verbo está en un tiempo pasado, lo cual indica que la acción estaba
terminada en el tiempo de Juan. Al costo de su vida, Jesús nos liberó de
nuestros pecados. Juan recuerda aquí la muerte de Cristo en la cruz. Ocu-
rrió en cierto momento, y ese acto nos liberó.
2) Cristo nos "hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre" (vers. 6).
La declaracjón recuerda la promesa de Dios a Israel en el monte Sinaí (Exo.
19: 6). Bajo la condición de su obediencia, Dios haría de los judíos "un
reino de sacerdotes, y gente santa". Los cristianos primitivos vieron el cum-
plimiento de esta promesa en Jesús, El apóstol Pedro escribe a los creyen-
tes: "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,
pueblo adquirido por Dios" (1 Ped. 2: 9). Mediante su obediencia a Dios,
Jesús estableció una nueva dinastía y nos ha exaltado a la preeminencia
con El (véase Efe. 4: 6-8). La condición regia del creyente aparece en rela-
ción con la exaltación de Cristo como soberano de los reyes de la tierra.
La referencia a ese bendito estado anticipa el reino milenial de Cristo. En
ese momento Dios resucitará a los que sufrieron el martirio "por causa
del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios" y le servirán como sa-
cerdotes durante su reinado de mil años con Cristo (Apoc. 20: 4, 6). Así,
en un sentido corporativo, son un reino, mientras individualmente sirven
como sacerdotes.
Así como el estatus real de los creyentes aparece en relación con la
soberanía de Cristo, así su papel sacerdotal resulta del sacrificio y del mi-
nisterio sumosacerdotal de Cristo. Mediante su victoria sobre los poderes
del mal, Cristo abre un nuevo camino hacia Dios (Heb. 10: 19-22), esta~
bleciendo un nuevo sacerdocio con todos los creyentes. Y como el nuevo
Israel de Dios, los cristianos gozan del acceso directo a la presencia de Dios
y al estado privilegiado que se asocia con él-¡los beneficios tangibles de
la muerte y resurrección sacrificial de Cristo!
Juan sigue con más alabanzas a Cristo (Apoc. 1: 6). Consisten en dos
cosas: 1) Juan le asigna gloria a Jesús. La palabra "gloria" describe aquí
la manifestación de la presencia de Dios. Cuando Moisés pidió ver la glo-
ria de Dios, el Señor le contestó: "Yo haré pasar todo mi bien delante de
tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti" (Exo. 33: 19).
Dios revela su gloria mediante sus poderosos actos en favor de su pueblo,
y al mismo tiempo da a conocer su presencia. Antiguamente Dios mani-
festaba su residencia en medio de su pueblo al llenar el tabernáculo con
su gloria (Exo. 40: 34-38). Era un majestuoso despliegue de su santidad.
En su oración sacerdotal, Jesús pidió que Dios lo rodeara con la gloria
de que había gozado en su preexistencia como Hijo de Dios (Juan 17: 5).
Jesús recibió la glorificación mediante su muerte, resurrección y exalta-
ción, y esa glorificación incluye la participación plena de la Deidad (Fil.
2: 5-ll). En la sección final del Apocalipsis, Juan presenta un pensamien-
16 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
to hermoso: Dios revelará su gloria habitando en medio de su pueblo. La
nueva Jerusalén no tendrá templo, ni necesidad de Sol o de Luna, porque
los redimidos andarán a la luz de la gloria de Cristo (Apoc. 21: 3, 22-24).
2) Juan asigna a Jesús el imperio. La palabra "imperio", que tam-
bién se encuentra en otras alabanzas a Jesús (1 Tim. 6: 16; 1 Ped. 4: 11;
Jud. 25), describe la suprema soberanía del Cristo resucitado. Es una so-
beranía que se manifiesta en su triunfo sobre los poderes del mal median-
te su muerte y su resurrección, y que será plenamente reconocida durante
su segunda venida (Apoc. 6: 15-17; 15: 3, 4; 19: 1-7).
Las palabras "gloria" e "imperio" señalan así a los aspectos sacer-
dotales y reales de la obra de Cristo. El es tanto un real sacerdote como
un rey sacerdotal, por cuanto intercede por su pueblo en virtud de su san-
gre, y reina sobre ellos mediante su conquista de Satanás y las fuerzas ~1
mal. En un sentido muy real su gloria e imperio están inseparablemente
unidos a su relación con nosotros: El es glorificado en la medida en que
su soberanía se exprese en nuestra vida y testimonio corporativos. La asig-
nación de alabanza a Jesús es al mismo tiempo una oración para que Cris-
to realmente sea exaltado y glorificado en la iglesia.
A la doxologia le sigue una profecía del regreso de Cristo (Apoc. 1:
7). Es tanto una promesa como una advertencia, da esperanza a los que
están bajo la presión de la persecución, y despierta temor entre los enemi-
gos del pueblo de Dios. La declaración profética de Juan nos dice cuatro
cosas: 1) Cristo regresa "con las nubes". El texto nos conduce a la visión
de Daniel del Hijo del hombre que se acerca al Anciano de días (Dan. 7:
13). Algunos comentadores encuentran un sentido especial en la preposi-
ción con, y sugieren que el escritor bíblico visualiza al Hijo del hombre
que obliga "a todas las nubes a seguirlo". 7 En la profecía apocalíptica de
Mateo, el Hijo del hombre viene sobre las nubes de los cielos (Mat. 24:
30), y en el evangelio de Marcos aparece en las nubes (Mar. 13: 26). 8 Es
claro que los escritores del Nuevo Testamento recurrieron al lenguaje y
las imágenes de Daniel, pero no resulta claro si Juan deliberadamente di-
fiere de los informes de los evangelios para demostrar su idea. Puede ha-
ber estado siguiendo más de cerca las palabras.de Daniel. En cualquier
caso, la frase con las nubes o sobre las nubes o en las nubes apunta a la
gloria trascendente y la soberanía del Hijo del hombre. Durante la pere-
grinación de Israel en el desierto, la nube representaba la presencia de Dios
(Exo. 13: 21; 40: 34-38). Mateo nos dice que cuando Jesús se transfiguró,
una "nube de luz los cubrió" a Pedro, Santiago y Juan, y que desde la
nube Dios habló a los testigos oculares (Mat. 17: 1, 2, 5). Lo que Juan
quiere que comprendamos es que la segunda venida de Jesús es la ocasión
cuando el Cristo exaltado aparecerá con Dios en todo el esplendor y la
majestad del cielo. Y que su gloriosa aparición indica el fin de la historia
humana y el comienzo de una nueva era.
2) Todos serán testigos del retorno de Cristo. La segunda venida es
REVELACION Y RESPUESTA 17
un acontecimiento público, no una experiencia privada. El pasaje elimina
la idea un rapto secreto, mediante el cual Dios trasporta misteriosamente
a los creyentes al cielo. Aquí Juan es consecuente con el concepto de Pa-
blo de que la venida de Cristo es un acontecimiento proclamado con "voz
de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios" (1 Tes. 4: 16).
No habrá equivocaciones sobre el suceso.
3) Los que atravesaron a Jesús serán testigos de su regreso. El cuarto
evangelio relata el incidente de un soldado romano que mete su lanza en
el costado de Jesús; un acto innecesario porque Jesús ya estaba muerto,
hecho que los soldados ya habían reconocido (Juan 19: 33, 34). El cuarto
evangelio ve el incidente como un cumplimiento de la profecía mesiánica
de Zacarías 12: 10. El profeta Zacarías contempla la restauración de la
casa real de David, acompañada por el arrepentimiento de la nación por
su rechazo y violencia al Ungido de Dios (véanse los vers. 10-14). Juan
en el Apocalipsis adapta el pasaje a sus propósitos. La expresión "los que
le traspasaron'' se extiende más allá del incidente mismo en ocasión de
la crucifixión de Cristo, e incluye a todos cuantos tuvieron una parte acti-
va en la muerte de Cristo, como también a todos los que se han levantado
contra los seguidores de Jesús (véase Hechos 9: 1-9).
4) Todos los· malvados se lamentarán cuando vean el regreso de Je-
sús. La referencia a las tribus de la tierra que se lamentan en ocasión de
la segunda venida de Jesús aparece también en el evangelio de Mateo, y
representa una adaptación de la profecía mesiánica de Zacarías (Mat. 24:
30; Zac. 12: 10-14). En el Apocalipsis la lamentación de las tribus de la
tierra aparece en agudo contraste con el regocijo del pueblo de Dios. El
llanto de los impíos en contraposición con el gozo de los justos es un tema
que aparece en todo el libro (Apoc. 6: 15-17 y 7: 9-12; 11: 13, 15-18; 18:
9-19 y el vers. 20), y sirve para sostener el espíritu de los creyentes que
esperan la oscura hora del conflicto.
Juan concluye el saludo con una triple descripción de Dios (Apoc. 1:
8): 1) El es el Alfa y la Omega. Alfa es la primera letra del alfabeto griego,
y omega, la última. La frase o su equivalente aparece también en Apoca-
lipsis 21: 6 y 2: 8, e indica la absoluta plenitud de Dios. El es el primero
y el último, el que inicia y lleva a su término lo que desea hacer. En su
carta a los filipenses, Pablo escribe: "Estando persuadido de esto, que el
que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo" (Fil. 1: 6). El libro de Hebreos llama a Jesús "el autor y con-
sumador de la fe"(12: 2). "Yo soy el Alfa y la Omega" forma una con-
clusión apropiada a la profecía de Apocalipsis 1: 7 acerca de la segunda
venida de Cristo, y recuerda a los creyentes que Dios tiene la primera y
la última palabra en los asuntos humanos, y por lo tanto, determina el
curso de la historia.
18 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
2) Dios vive en el eterno presente. La frase "el que es y que era y que
ha de venir" destaca la inmutabilidad de Dios, y, por ello, la confiabili-
dad de su palabra. Los creyentes pueden poner toda su confianza en la
revelación que les fue dada, porque quien controla el curso de la historia
les ha revelado "las cosas que deben suceder pronto" (Apoc. 1: 1).
"3) El es el Todopoderoso. El titulo es favorito de Juan y aparece ocho
veces en el libro. Cuando se lo interpreta en el contexto de las otras dos
· designaciones, seftala la soberanía y superioridad incontestable de la Dei-
dad. La opresión de Roma pronto dará lugar a la supremacía de Dios,
¡quien es el único Todopoderoso!

1 Richard Wheeler, lwo, págs. 210, 211.


2 Véase 171e SDA Bible Commentary [Comentario blblico adventista) t. 7, pág. 730.
3 Citado por Roben H. Mounce en 171e New International Commentary Ón the New Testament:
171e Book of Revdation [El nuevo comentario internacional del Nuevo Testamento: El libro del Apo-
calipsis), pág. 68.
4 En William Barclay, Apocalipsis, pág. 40.
S Véase 171e SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 737.
6 Véase tambi~ Apocalipsis 17: 3: "Y me llevó en el Esplritu al desierto".
7 Mounce, pág. 72.
8 Pablo habla de los creyentes como que son levantados con los santos resucitados "en las nu-
bes" en la segunda venida de Cristo (1 Tes. 4: 17).
Capítulo 2

Una visión
del Salvador resucitado
(Basado en Apocalipsis 1: 9-20)

uJehová es mi luz y mi salvación;


¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida;
¿de quién he de atemorizarme?,, (Sal. 27: 1).

La tribuladón y el reino (Apoc. 1: 9-11). En la visión introductoria Juan


se refiere a si mismo con el afectuoso titulo de "vuestro hermano" (vers.
9), testificando así de la unión espiritual entre los creyentes cristianos. Llama
la atención a tres cosas que comparten en Cristo: 1) la tribulación, 2) el
reino, y 3) la paciencia. La tribulación es el sufrimiento que Roma exten-
dió a Juan corno recompensa por su testimonio cristiano, persecución que
sus hermanos también afrontaban. No fue una sorpresa. Jesús la babia
predicho (Juan 16: 33), los apóstoles ya la hablan experimentado (véase
Hechos 12: 1-5), y ellos habían enseñado al resto de los creyentes a espe-
rarla (véase 2 Tirn. 3: 12).
El camino al reino es la senda de la tribulación -no el sufrimiento
en general, sino las persecuciones que uno encuentra por su fe. "Reino"
se refiere al futuro reino de Cristo que comienza con su segunda venida,
el acontecimiento que pone un fm definitivo a la tribulación. La paciencia
constituye la característica distintiva de la fe de los cristianos. En el griego
dice hupomoné, esa cualidad espiritual que capacita al creyente a aferrar-
se tenazmente a la bendita esperanza en Jesús, y a avanzar hacia el escena-
rio de las fuerzas hostiles con un espíritu de valor y gallardía.
A través del Nuevo Testamento encontrarnos mucho énfasis sobre re-
sistir con paciencia. Jesús instruyó a los discípulos en consecuencia: "El
que persevere hasta el fin, éste será salvo" (Mat. 24: 13). En una ocasión
Pablo y Bernabé estuvieron exhortando a los nuevos conversos a "que per-
19
20 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
maneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas
tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14: 22). Pedro recordó
a sus lectores que la tribulación somete a prueba su fe (1 Ped. 1: 6, 7; 4:
12), y Santiago añade que tales pruebas desarrollan hupomoné (Sant. 1:
3), permitiéndoles avanzar de victoria en victoria en Cristo.
En el libro del Apocalipsis, Juan continúa esta descripción de la per-
secución que espera a los cristianos por su fe con un llamamiento a sopor-
tar con paciencia (Apoc. 13: 10; 14: 12). Es una invitación a resistir la
presión pagana de hacer componendas y, si fuera necesario, resistir hasta .
la muerte.
Por el momento, el castigo de Juan consistía en el exilio a la desolada
isla de Patmos, una colonia penal establecida por Roma.• Algunos creen
que el exilio no fue el único precio que tuvo que pagar por su fe. William
Ramsay dice que el exilio de Juan estuvo "precedido por flagelamiento,
y marcado por cadenas perpetuas, poca ropa, alimento insuficiente, el dor-
mir en el suelo en una oscura cárcel, y trabajo forzado bajo el látigo de
capataces militares" .2 William Barclay razona que las autoridades roma-
nas trataron al profeta como a un criminal, y por lo tanto lo sentenciaron
a trabajos forzados en las canteras locales. 3
La tribulación que tuvo que soportar abrió su alma a Dios y lo prepa-
ró para la revelación que recibió en el exilio. Juan no concentra su aten-
ción en sus sufrimientos. Sencillamente nos cuenta que había sido exiliado
a la isla de Patmos ''por causa de la palabra de Dios y el testimonio de
Jesucristo" (Apoc. 1: 9). En este marco y circunstancias Juan recibió el
encargo de escribir (vers. 11). El agreste terreno rodeado por la inmensi-
dad del mar (el mar Egeo) sin duda sugirió el lenguaje y las imágenes del
.libro. Cuando Juan describe a los impíos buscando refugio en las cuevas
y en las rocas de las montañas en ocasión de la segunda venida de Cristo
(Apoc. 6: 15-17), o a la bestia que sube del mar (cap. 13: 1), bien pudo
haber pensado en el ambiente que lo rodeaba. 4 La palabra thálassa, tra-
ducida como "mar'\ aparece 26 veces en el libro. Y, como observa un
escritor: "En ningún lugar el 'estruendo de muchas aguas' (Apoc. 14: 2;
19: 6) es más hermoso que en Patmos; ni hay otro lugar donde el poniente
ilumine como en Patmos un 'mar de vidrio mezclado con fuego' (Apoc.
15: 2); sin embargo, tampoco se encontrará otro lugar donde el anhelo de
no verse más separado por el mar pueda darse con tanta fuerza". 5
Juan da su testimonio de que las autoridades romanas lo habían des-
terrado a Patmos "por causa de la palabra de Dios y el testimonio deJe-
sucristo". Por la frase "palabra de Dios" recuerda no sólo el contenido
de la revelación que le fue dada sino también el Antiguo Testamento, par-
ticularmente como ést~ encuentra su cumplimiento en Jesús. En realidad,
mucho del Apocalipsis está saturado con referencias a las Escrituras he-
UNA VISION DEL SALVADOR RESUCITADO 21

breas, ya sea en forma de citas o de alusiones. El "testimonio de Jesucris-


to" no es sólo la confirmación de la revelación que Dios imparte a Juan,
sino también el testimonio de Cristo acerca de la verdad con respecto a
su Padre, un testigo fiel manifestado en su vida y sus enseñanzas (Juan
17: 3, 4). 6
La visión del desterrado profeta del Cristo exaltado y su comisión de
escribirla nos recuerda la experiencia religiosa de lsaías y de Ezequiel. Am-
bos comenzaron su ministerio profético con una visión de la gloria de Dios
(lsa. 6: 1-5; Eze. 1). Juan declara que estaba "en el Espíritu" y que oyó
detrás de él "una gran voz como de trompeta" (Apoc. 1: 10). El quiere
que comprendamos que la revelación le llegó, no de sus pensamientos in-
ternos, sino de una manifestación exterior del Espíritu Santo. Fue una ex-
periencia majestuosa y maravillosa, similar a la revelación de la ley en el
Sinaí: "Vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y
sonido de bocina muy fuerte" (Exo. 19: 16).
Juan tuvo su visión de Jesús "en el día del Señor" (Apoc. 1: 10), una
expresión que sólo aparece una vez en el Nuevo Testamento, por lo que
la rodea mucha especulación. Contrariamente a la opinión de muchos es-
critores cristianos, las palabras "día del Señor" no pueden referirse aquí
a la adoración en domingo, ya que no existen evidencias bíblicas de que
tal institución existiera en la comunidad cristiana durante el siglo prime-
ro. Y el profeta escribe como si. sus lectores, afirmados en la fe, supieran
exactamente a qué día se refería. Es más razonable entender que "día del
Señor" se refiere al sábado del cuarto mandamiento.
Juan ciertamente estaba al tanto de las controversias acerca del sába-
do entre Jesús y los fariseos, y de la pretensión de Cristo de ser el Señor
del sábado (Mat. 12: 1-8). Además, el profeta describe al pueblo de Dios
como "los que guardan los mandamientos de Dios" (Apoc. 12: 17; 14:
12). No tendría sentido si los cristianos a quienes escribió vivían en viola-
ción del cuarto mandamiento y despreciaban completamente la pretensión
de Jesús de ser Señor de ese día.
Fue un sábado, entonces, el día en que Juan recibió su visión y su
comisión. La comisión fue una orden de escribir y enviar lo que compu-
siera a siete iglesias específicas del Asia Menor: las de Efeso, Esmirna, Pér-
gamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (Apoc. 1: 11). El orden en
que la revelación las menciona es geográfico. Eran congregaciones litera-
les situadas a lo largo de un camino romano bien transitado. 7 Un mensa-
jero portador del rollo del Apocalipsis comenzaría en Efeso, la iglesia más
próxima a la isla de Patmos, y avanzaría hacia el norte por el camino im-
perial hasta Esmirna, y luego a Pérgamo, después de lo cual se dirigiría
rumbo al sudeste en dirección a Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
22 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
La visión de Jesús (Apoc. 1: 12-16). Juan ve en visión al Señ.or resucitado
en el santo esplendor de un Sumo sacerdote y con la majestad real de un
rey triunfante. El profeta desarrolla su cuadro recurriendo a diversos pa-
sajes del Antiguo Testamento.
l. Jesús aparece en medio de siete candeleros de oro (vers. 12, 13).
El lenguaje y las imágenes aquí son de un cuadro compuesto derivado de
tres pasajes: a) la descripción del candelero de siete lámparas de oro puro
que Dios dijo a Moisés que debía hacer para el santuario en el desierto
(Exo. 25: 31-37); b) la mención de los diez candeleros de oro en el templo
de Salomón (1 Rey. 7: 49); y e) la visión de Zacarias del candelabro de
oro con "un depósito encima, y sus siete.lámparas encima" (Zac. 4: 2).
Tanto en el tabernáculo como en el templo de Salomón los candeleros ser-
vían para alumbrar (véase Exo. 39: 37), mientras que el candelabro con
siete lámparas de la visión de Zacarías tenia un significado simbólico. Un
ángel explicó al profeta que las siete lámparas representaban "los ojos de
Jehová, que recorren toda la tierra" (Zac. 4: 10). En el Apocalipsis los
siete candeleros representan las siete iglesias del Asia (Apoc. 1: 20).
La imagen de Jesús en medio de los candeleros señ.ala la presencia y
actividad continua de Cristo en favor de la iglesia en su exaltado papel
como sumo sacerdote. El Señ.or resucitado presenta las necesidades y preo-
cupaciones de las iglesias a su Padre, y revela la santa voluntad y el pro-
pósito redentor de Dios a las iglesias. La actividad intercesora de Cristo
permite a la iglesia cumplir su función iluminadora en el mundo.
2. Jesús aparete como "uno semejante al Hijo del Hombre" (Apoc.
1: 13). El lenguaje recuerda al lector las escenas de los libros de Daniel
y de Ezequiel. El profeta Daniel ve en una visión de la noche a "uno como
un hijo de hombre" que vino en las nubes del cielo hasta el Anciano de
días para recibir el reino (Dan. 7: 13, 14). El cuadro del trascendente Hijo
del hombre contrasta agudamen.te con los gobernantes derrotados, y sig-
nifica la transferencia del dominio de los monarcas terrenales al Mesías.
En Ezequiel, el titulo de "Hijo de hombre" se refiere al profeta mismo
(Eze. 2: 1, 3, 6, 8; 3: 1, 3, 4, 10, 17, 25; etc.). Jesús frecuentemente usó
la frase para expresar su percepción de tener que cumplir el plan de Dios
para su vida (Mat. 12: 8; 13: 37; Luc. 19: 10). Ese plan consistía en su
humillación mediahte su identificación con la humanidad pecadora (Mat.
8: 20; 11: 19), que culminó en la cruz (Mat. 17: 12; 20: 18), y su exalta-
ción, comenzando con su resurrección y llegando a ser plenamente mani-
fiesta en ocasión de la segunda venida (Mat. 13: 41; 24: 27, 30; 25: 31). 8
"Hijo del Hombre" aparece dos veces en el libro del Apocalipsis. Ade-
más de aparecer en la visión introductoria, aparece en la escena del juicio
que sigue al mensaje de los tres ángeles (Apoc. 14: 14). Ambos pasajes
describen claramente el papel exaltado del Señ.or resucitado como juez so-
UNA VI SI ON DEL SALVADOR RESUCITADO 23
bre toda la tierra. En la visión introductoria, la posición de preeminencia
de Cristo en el universo es seguida por su derrota de los gobernantes me-
diante su muerte y resurrección.
3. El viste una "ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pe-
cho con un cinto de oro" (Apoc. 1: 13). La imagen nos recuerda la vesti-
dura de un sumo sacerdote del Antiguo Testamento (Exo. 28: 4; 29: 5;
Lev. 16: 4), y de ese modo señala el carácter sumo sacerdotal de la obra
actual de Cristo. ·El historiador judío Josefo describe las ropas que usaba
el sumo sacerdote que servía en el templo como un largo manto que llega-
ba hasta los pies, con un cinto alrededor de su cuerpo a la altura de los
codos. 9 Pero hay evidencias de que los príncipes y los reyes también ves-
tían ropas similares (1 Sam. 18: 4; 24: 5, 11; Eze. 26: 16). Las imágenes
también dirigen nuestra atención a la naturaleza real de la función actual
de Cristo (Apoc. 17: 14; 19: 16). Además, notamos que la figura divina
en la visión de Daniel se viste de lino con un cinto de oro (Dan. 10: 5).
Es un mensajero de Dios cuyo propósito al venir a Daniel es revelar el sig-
nificado de la visión. Juan describe a los siete ángeles con las siete plagas
como vestidos "de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del
pecho con cintos de oro" (Apoc. 15: 6). Son mensajeros divinos que están
a punto de poner en marcha los juicios de la ira de Dios sobre los impíos.
Es posible ver en esta revelación del Señor resucitado (Apoc. 1: 13) una
alusión al papel de Cristo de divino revelador, como quien trae el mensaje
de Dios a Juan. Barclay considera el pasaje como una referencia a la obra
profética de Cristo, y concluye que su vestidura describe al Señor resucita-
do en su triple oficio como profeta, sacerdote y rey . 10
4. Su cabeza y su cabello son blancos como la lana, como la nieve.
El lenguaje deriva de la descripción de Daniel del Anciano de días, cuya
vestimenta es blanca como la nieve, y cuyo cabello es como "lana limpia"
(Dan. 7: 9). Es posible que el color blanco represente edad y pureza, pero
es más probable que trasmita la idea de sabiduría y dignidad, ya que el
ambiente de Daniel es de juicio delante del tribunal celestial. Aplicado a
Jesús, los atributos divinos enfatizan su naturaleza y obra exaltadas en vir-
tud de su muerte y resurrección. Una hueste de ángeles proclaman la sabi-
duría del Cordero (Apoc. 5: 12) y de Dios (Apoc. 7: 12). Es el atributo
necesario para comprender los misterios del libro del Apocalipsis (véase
Apoc. 13: 18; 17: 9). Los temas que aparecen como más importantes en
el libro, y que están en primer plano en la visión introductoria, son la dig-
nidad de Cristo, su alto rango y su preeminencia, antes que su preexisten-
cia y su ausencia de pecaminosidad. 11
5. Sus ojos son como llama de fuego (Apoc. 1: 14). La imagen apa-
rece de nuevo en el mensaje a la iglesia de Tiatira (Apoc. 2: 18), donde
el Cristo exaltado "escudriña la mente y el corazón" (vers. 23) y reparte
24 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
juicios en base a los méritos de cada caso individual. También encontra-
mos esta descripción de sus ojos en las escenas finales del libro (Apoc. 19:
12), donde el apóstol enfoca de nuevo la obra de juicio de Cristo (vers.
11). Y notamos también una descripción similar de la figura divina en el
libro de Daniel: "Sus ojos como antorchas de fuego" (Dan. 10: 6; véase
Apoc. 4: 5).
Sus ojos llameantes con su blanca cabeza y cabellera solemnizan el
papel del Sefior resucitado entre las siete iglesias, y afiaden énfasis a su
condición de testigo fiel (Apoc. 1: 5). Nada escapa a su penetrante visión.
Por eso, su testimonio resulta absolutamente veraz y confiable.
6. Sus pies son como bronce brufiido. El texto dice: "Sus pies seme-
jantes al bronce brufiido, refulgente como en un horno" (Apoc. 1: 15).
Encontramos expresiones similares en Daniel 10: 6, que describe los bra-
zos y pies de la figura divina como "de color de bronce brufiido", y en
Ezequiell: 7, que describe los pies de los seres celestiales como de "bron-
ce muy brufiido". El resplandor o brillo indica que el metal fue tratado
con calor, un proceso de refinación o purificación que lo haría más fuer-
te. La descripción denota así la fuerza y la estabilidad desarrollada en el
horno de las pruebas y la aflicción. 12
7. Su voz suena como el estruendo de muchas aguas (Apoc. 1: 15).
H. B. Swete vio en la frase una referencia al mar que rodea la isla de Pat-
mos.13 Pero la expresión realmente deriva de Ezequiel43: 2. En la visión
del profeta "el sonido de muchas aguas" anuncia la venida del Dios de
Israel. Las palabras de la Figura divina en la visión de Daniel se parecen
"al estruendo de una multitud" (Dan. 10: 6). Como descripción del Sefior
resucitado, esta frase de Apocalipsis 1: 15 puede tener un doble mensaje:
puede representar la sobrecogedora palabra del juicio divino, o el tierno
consuelo de la consolación divina, de acuerdo con la situación de la iglesia.
8. Tiene en su mano siete estrenas (vers. 16). Apocalipsis 1: 20 nos
dice que las siete estrellas en la diestra de Cristo representan los siete ánge-
les de las siete iglesias del Asia, Puede haber aquí una alusión a los pasajes
proféticos de Isaías que hablan de la incomparabilidad de Dios. El mide
las aguas en "el hueco de su mano" (lsa. 40: 12), y fortalecerá y sostendrá
a su pueblo con "la diestra de [su] justicia" (cap. 41: 10). En el cuarto
evangelio notamos la promesa de Cristo de que ninguno de sus seguidores
perecerá, porque nadie podrá arrebatarlos de su mano (Juan 10: 28). El
cuadro del Cristo exaltado, quien sostiene las siete estrellas en su mano
derecha, asegura a los cristianos perseguidos que los poderes terrenales no
podrán alterar el plan de Dios para la iglesia. No importa qué tengan que
afrontar los creyentes, pueden estar seguros de que Cristo los sostendrá
con el poder de su diestra.
9. De su boca salía una espada aguda de dos filos (Apoc. 1: 16). A
UNA VISION DEL SALVADOR RESUCITADO 25

través de la Biblia encontramos referencias a la palabra de Dios como un


arma de ataque. Isaías habla de que Dios herirá "la tierra con la vara de
su boca" (lsa. 11: 4), y puso la boca del profeta "como espada aguda"
(cap. 49: 2). El apóstol Pablo llama a la Palabra de Dios "la espada del
Espíritu" (Efe. 6: 17). Hebreos 4: 12 dice que la Palabra de Dios "es viva
y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos". Y en Apocalipsis
19: 15 una vez más Juan habla de la espada que sale de la boca del Señor
resucitado. En última instancia presenta a Cristo como el Mesías conquis-
tador que sale con su caballo blanco para luchar contras las fuerzas del
mal sobre la tierra (véase los vers. 11-16).
La espada de dos filos en la visión introductoria de Cristo, entonces,
señala la fuerza de penetración de la palabra de Dios. Como instrumento
de juicio divino, la espada que sale de la boca de Cristo sirve a dos propó-
sitos: a) corta todo engaño humano, descubriendo el pecado y exponien-
do nuestra necesidad de la gracia divina; y b) es el medio por el cual la
iglesia militante llega a ser la iglesia triunfante. Por medio de la Palabra
de Dios los creyentes pelean contra el enemigo y lo derrotan (véase Mat.
4: 3-II).
10. Su rostro brilla como el sol cuando resplandece en su fuerza (Apoc.
1: 16). Es posible que Juan asocie el brillo descrito con la sabiduría del
Señor resucitado (véase Dan. 12: 3}, pero es más probable que recuerde
la escena de la transfiguración de Cristo (Mat. 17: 2, 3, 5). Juan describe
al Señor glorificado que conduce a su iglesia por las oscuras pruebas al
brillante futuro que espera a los fieles. Esta expresión concluye su descrip-
ción del Cristo exaltado.
Luego; Juan registra el impacto que tuvo la visión sobre él, y la segu-
ridad que Jesús le dio (Apoc. 1: 17, 18). Fue una experiencia terriblemente
maravillosa, dejando al vidente completamente abrumado. Cayó como
muerto a los pies de Cristo. Daniel pasó por la misma experiencia después
de su visión de la divina figura (Dan. 10: 9}, como también Ezequiel cuan-
do vio la gloria del Señor (Eze. 1: 28), y Pedro, después de la pesca mila-
grosa (Luc. 5: 4-9). Fue una manifestación de temor reverente al reconocer
la majestad y el esplendor de la santidad de Dios.
En otras dos ocasiones Juan cae a los pies del ángel en actitud de ado-
ración. El ángel rápidamente le prohíbe hacerlo, diciéndole que en lugar
de eso adore a Dios (Apoc. 19: lO; 22: 8, 9).
La respuesta de Cristo al testigo postrado (véase también Dan. 10:
10; Mat. 17: 6, 7) contiene tres títulos descriptivos adicionales: 1) "Yo soy
el primero y el último, y el que vivo" (Apoc. 1: 17, 18). Expresa la natura-
leza eterna de Cristo. Ser el primero y el último significa que no hay nin-
guno antes ni después de El. El título "el que vivo" es una modificación
del nombre común en el Antiguo Testamento, "el Dios viviente" (Jos. 3:
26 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
10; Sal. 42: 2; 84: 2), que también se encuentra en el Nuevo con referencia
a Dios el Padre (Mat. 16: 16; Hech. 14: 15; Heb. 10: 31). Como designa-
ción del Seftor resucitado, "el que vivo" enfatiza la singularidad absoluta
de Jesús. La frase contrasta al Cristo glorificado con los dioses paganos
o, más precisamente, con los emperadores romanos que se declararon dio-
ses. Antes que hubiera un Imperio Romano y mucho después de su desa-
parición del escenario de la actividad humana, alli está Jesucristo, el que
vive. Por lo tanto, los creyentes deberían poner su confianza en el Cristo
eterno, y no en los transitorios poderes terrenales.
El título dice algo que reconforta en relación con nuestra relación con
Jesús. Como el primero y el último, siempre está con nosotros. Nunca hu-
be un tiempo y nunca lo habrá en nuestra experiencia en que estemos sin
El. El es el autor y consumador, el pionero y perfeccionador de nuestra
fe (Heb. 12: 2). La obra que Dios comenzó en nosotros, la completará cuan-
do Cristo regrese (Fil. 1: 6).
2) "El que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos
de los siglos" (Apoc. 1: 18). Jesús se convirtió en un ser humano para su-
frir ia muerte que el pecado nos destinaba a experimentar a cada uno, y,
al hacerlo, pagó la pena completa por todos nosotros. En este sentido El
fue delante de nosotros para preparar el camino. Su muerte es un hecho
histórico que hasta el incrédulo más empedernido no puede discutir. Más
todavía, ¡su vida hoy como el Señor resucitado en medio de nosotros es
un hecho de fe que sólo los creyentes confirmados pueden proclamar! El
murió una vez por todos, y vive para siempre.
Con la tribulación ante nosotros, los creyentes se consolaban con el
hecho de que su Señor había recorrido el sendero del sufrimiento antes
que ellos, y había derrotado al enemigo. La muerte había perdido su agui-
jón. Aunque el enemigo pueda ejercer su poder sobre el cuerpo, no puede
tocar el alma. Los fieles pueden estar seguros de la victoria en Cristo y
pasar la angustia de la persecución con la confianza suprema de entrar en
el reino eterno. Su muerte será sencillamente la forma en que Dios com-
pletará su plan en ellos.
3) "Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (vers. 18). Con len-
guaje siniestro el Antiguo Testamento describe la muerte y el sepulcro co-
mo una prisión a la cual todos deben ir y de la cual ninguno puede salir
(véase Sal. 9: 13; 107: 18; lsa. 38: 10). Sólo el Dador de la vida puede abrir
las puertas del infierno y liberar a sus cautivos. Por virtud de su muerte
y resurrección Jesús tiene la autoridad y el poder de liberar a su pueblo
de la cárcel del pecado. Como una atribución del Cristo resucitado, la ex-
presión testifica del hecho 0e que Jesús está ahora , cargo de la muerte
y del Hades por causa de su victoria sobre las fue1zas del mal. En conse-
eueBcia, ya no pueden aterrorizar al creyente, puesto que Jesús "quitó la
UNA VISION DEL SALVADOR RESUCITADO 27
muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio" (2 Tim.
1: 10). Al fin Cristo echará la muerte y el Hades en el lago de fuego y eli-
minará las llaves (Apoc. 20: 14; 21: 4).
Después de estas palabras reconfortantes, Cristo una vez más encar-
ga a Juan que escriba lo que ha visto en visión (Apoc. 1: 19). La orden
une la visión introductoria con los mensajes a las siete iglesias. Cristo ex-
plica al profeta el significado de las siete estrellas y de los siete candeleros
(vers. 20), y de este modo prepara el camino para la instrucción que sigue.
Las estrellas representan a los ángeles asignados a las iglesias individua-
les. Como tales, deben ser distinguidos delángel que el Sefior resucitado
envió para ayudar a Juan con la revelación (Apoc. 1: 1; 10: 9; 19: 9, 10;
22: 8, 9). El papel específico de cada uno de los siete ángeles es llevar el
mensaje especial a la iglesia designada.
Como símbolo de las siete iglesias del Asia, los candeleros represen-
tan el papel que Dios espera que las iglesias desempefien en su plan reden-
tor. Quiere que las iglesias iluminen a un mundo oscurecido por las creencias·
y prácticas paganas. La luz que tienen testifica de la verdad que Jesús les
impartió por el Evangelio. Por sí mismas no pueden iluminar. Pueden dar
luz s<?lo en la medida en que la reciban y vivan en armonía con ella .

1 Eusebio nos informa que Juan estaba entre los que fueron liberados del exilio después del rei-
·nado de Domiciano. Menciona que en los registros de la tradición cristiana primitiva dice que Juan
volvió a residir en Efeso (Historia Eclesiástica, Lib. 3, cap. 20).
2 William M. Ramsay; The Lt:tters to the St:ven Churches {Las cartas a las siete iglesia~). pág. 85.
3 Barciay, Apocalipsis, pág. 52.
4 De acuerdo con la tradición, Juan escribió el Apocalipsis en una cueva de un acantilado fren-
te al mar. Cerca de ese lugar, el monje Cristódulo fundó el monasterio de San Juan en el ai\o 1088
bajo los auspicios del emperador Alejo Comneno (SDA Bible Dictionary, pág. 843).
S En Barclay, pág. 54.
6 Véase J. R. Zurcher, Christ of the Revelation [El Cristo del Apocalipsis), pág. 22.
7 Véase el mapa XX del SDA Bible Dictíonary.
8 Un análisis más completo del significado del titulo Hijo del hombre puede encontrarse en Os-
ear Cullmann, The Christology oftht: New Testament [La cristologia del Nuevo Testamento), pág. 164.
9 Josefo, Antigüedades judias, 3. 7. 2, 4.
10 Barclay, pág. 59.
11 En constraste con Barclay, pág. 62.
12 Véase J. M. Ford, Revelation [Apocalipsis), The Anchor Bible, pág. 383.
13 Véase Barclay, pág. 63.
Capítulo 3

Los. mensajes
a las siete iglesias - 1
(Basado en Apocalipsis 2)
"Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad
asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se
enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino
sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en
casa, (Mat. 5: 14, 15).
La iglesia de Efeso (Apoc. 2: 1-7). Establecida por el apóstol Pablo en su
tercer viaje misionero (Hech. 19: 1-10), la iglesia de Efeso creció rápida-
mente, llegando a ser un sólido centro del cristianismo antes del fin del
primer siglo. La luz de la verdad irradió desde allí a otras comunidades
del Asia, bajo la hábil conducción y el testimonio ferviente de los miem-
bros locales. Un escritor observa: "En ningún otro lugar el mensaje fue
recibido con mayor anhelo, ni echó raíces tan hondas, ni dio frutos tan
hermosos de fe y amor" . 1 Encontramos entre los primeros obreros cris-
tianos allí a Aquila y Priscila y a Apolos (Hech. 18: 18, 19, 24, 26). Timo-
teo dirigió la iglesia como obispo algún tiempo después que Pablo la fundara
(véase 1 Tim~ 1: 3). Más tarde Juan asumió el liderazgo y cumplió su mi-
nisterio en medio de la persecución hasta que Roma lo envió al destierro.
La leyenda cristiana nos cuenta que trajo a Efeso a María, la madre de
Jesús, y cómo ella murió allí y fue sepultada. 2 De acuerdo con la tradi-
ción, Juan murió en Efeso y fue sepultado allí, donde más tarde los cris-
tianos construyeron la Basílica de San Juan. 3
La ciudad, en la que la iglesia se afianzó y floreció, prosperó por el
comercio y el tráfico generado por su gran puerto, su ubicación en el valle
del río Caíster, y la red de caminos que la conectaban con las principales
ciudades del Asia y la Mesopotamia, así como la ruta comercial a la mis-
ma Roma. 4 En los días de Juan, Efeso llegó a ser conocida como el mer-
cado de Asia, la puerta de entrada para los comerciantes en sus viajes de
28
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS - 1 29
negocios. Más tarde, los cristianos pasaron por Efeso en viaje a su ejecu-
ción en Roma, y así la denominaron "la puerta de los mártires". 5
El paganismo, con sus creencias supersticiosas en amuletos y encan-
tamientos, con sus imágenes y templos sagrados, prosperaba en la ciudad.
El gran templo de Artemisa (o Diana de los efesios; véase Hech. 19: 23-41),
se elevaba sobre la ciudad, constituyendo una de las siete maravillas del
QJ.undo antiguo y proporcionando refugio a los criminales que huían. Por
causa de los centenares de sacerdotisas que servían como prostitutas del .
templo, Efeso ganó la reputación de ser un centro de inmoralidad. 6 Un
comentador concluye: "Puede imaginarse cuán corrompidas eran las or-
gías realizadas con tales auspicios y, peor aún, sancionadas en el nombre
injuriado de la religión" .7
Juan introduce el mensaje a la iglesia con dos descripciones de Jesús.
Como en el caso de la mayoría de las siete iglesias, la descripción se deriva
de la visión introductoria de Cristo. El Señor resucitado viene a la iglesia
de Efeso sosteniendo las siete estrellas e;n su mano derecha, y caminando
entre los siete candeleros de oro (Apoc. 2: 1). La imagen revela el interés
y la actividad incansable de Cristo en favor de su iglesia como un todo.
Elena de White habla de la "constante diligencia" de Cristo y de su "eter-
n~ vigilancia" como un modelo para los dirigentes de la iglesia: "Mira
con intenso interés para ver si su pueblo está en condición espiritual para
hacer avanzar su reino". 8
Luego sigue una descripción de la iglesia (vers. 2-4). Los miembros
han trabajo mucho y han demostrado una perseverancia paciente por cau-
sa de Cristo. Pero la congregación tiene sus fallas. Cristo se queja de que
los miembros abandonaron su primer amor. Sin embargo, felicita a la iglesia
por tres motivos: 1) han sido celosos y diligentes en su trabajo por el Se-
ñor; 2) se mantuvieron firmes en medio de la tribulación; y 3) fueron vigi-
lantes denunciando a los impíos en su congregación. Pero en el proceso
de probar a los santos y disciplinar a los culpables de herejía y apostasía,
la congregación perdió las características amorosas del Evangelio, el tier-
no afecto mutuo que los distinguía de los paganos. Estaban en lo correcto
en administrar disciplina, pero en la ausencia del amor, llegaron a ser le-
galistas y a tener justicia propia por la forma en que la administraban.
Después de su queja Cristo da una advertencia: "Recuerda, por tan-
to, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras" (Apoc.
2: 5). El consejo es triple: 1) los cristianos deben recordar el pasado a la
luz del presente como para percibir su conducta. Ese recuerdo sólo será
posible mediante el Espíritu Santo, y ellos pueden estar seguros de que el
Espíritu guiará su pensamiento mientras pi ocurt:n respondc:r a la orden
de Cristo. A la luz de su nueva comprensión, verán el error de su camino
y se arrepentirán.
30 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
2) La palabra "arrepentirse" involucra más que pensar en el proble-
ma. Tiene que ver con la acción -específicamente, el cambio. Sabemos
que nos hemos arrepentido por los cambios en nuestra conducta, y por-
que al convencernos de estar haciendo mal, nos detenemos, hacemos las
correcciones necesarias, y seguimos en otra dirección.
Cierta vez, al desayunar en un restaurante durante un viaje, tomé inad-
vertidamente la entrada hacia el norte en la autopista en lugar de la entra-
da hacia el sur. Viajé treinta kilómetros antes de descubrir mi error, y tuve
que viajar ocho kilómetros más antes de poder cambiar de dirección. Du-
rante los últimos ocho kilómetros me sentí frustrado, porque sabía que
había cometido un error, y estaba ansioso por corregirlo.
Una vez que el Espíritu Santo nos convence de pecado, y estamos ver-
daderamente arrepentidos, estaremos motivados para cambiar las cosas
tan rápidamente como podamos, y nos sentiremos mal por toda demora.
3) Finalmente Cristo dice: "Haz las primeras obras". Los cristianos
se han extraviado del sendero, y Jesús quiere que regresen y comiencen
de 'nuevo. Comenzar de nuevo es importante. Y es igualm~nte importante
saber que podemos hacerlo por la gracia de Dios, ya sea después de un
fracaso matrimonial, o de un fracaso en un examen universitario o de una
tragedia personal. El arrepentimiento consiste en cambiar la dirección, y
conduce a la renovación y ál crecimiento.
En el caso de que laiglesia no aceptara el consejo de todo corazón,
Cristo advierte: ''Pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero
de su lugar" (vers. 5). Cuando no hay amor en el compañerismo, no pue-
de haber luz en el mundo, y con el tiempo la iglesia morirá y su testimonio
desaparecerá de la comunidad. El amor en la iglesia da vida y luz a su men-
saje, porque el amor es el poder vitalizador del Espíritu Santo o el fruto
de la vida de los creyentes, lo cual los capacita para alimentarse y edificar-
se mutuamente.
Pero no debemos separar el amor de la verdad y la justicia. Siempre
que esto ocurre, el amor llega a ser sentimental, permisivo~ impotente.
De este modo el Señor resucitado recuerda a los cristianos de Efeso que
es encomiable su oposición a las obras de los nicolaítas (vers. 6). La igle-
sia de Efeso fue vigilante en lo que se refiere a proteger el camino de la
verdad, probando a los nuevos maestros y rechazando con firmeza las fal-
sas doctrinas y las prácticas erradas. Referencias a tales enseñanzas y prác-
ticas aparecen en los mensajes a las iglesia de Pérgamo y de Tiatira. Aquí
notamos el amor celoso por la verdad que rehúsa tolerar el err<M".
Dos cosas captan ahora nuestra atención: 1) encontramos la adver-
tencia de Cristo: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las igle-
sias" (vers. 7). La severa invitación de Cristo aparece en cada una de las
cartas a las iglesias y enfatiza la necesidad de prestar atención al mensaje.
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS- 1 31

La hora está avanzada, el fin viene pronto, y los creyentes no tienen tiem-
po para la demora, la duda o la indiferencia.
2) Leemos la promesa de recompensa: "Al que venciere, le daré a co-
mer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (vers.
7). La recompensa de la vidá ~terna es para el victorioso, el que vence.
Sin embargo, la victoria no se logra porque los creyentes hacen lo mejor
posible, o se esfuerzan por vencer al enemigo, porque esto es imposible.
El apóstol Pablo nos recuerda que "en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó" (Rom. 8: 37), y que ni la
tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez,
o el peligro, o la espada pueden separarnos del amor de Cristo (vers. 35).
La única esperanza de victoria de los creyentes reside en permanecer en
el amor de Cristo.
La imagen del árbol de vida en el paraíso de Dios se origina en el rela-
to de Adán y Eva en el huerto del Edén. Entre los cristianos de Efeso la
imagen bíblica estaria en marcado contraste con las creencias y prácticas
paganas que los rodeaban. Los árboles sagrados de las religiones paganas
renovaban la fuerza de los adoradores. Creían que al comer la fruta de
esos árboles, recibirían el poder vital de los dioses. Para el cristiano, el
árbol de la vida no es el medio para alcanzar la victoria sino la recompen-
sa por alcanzarla. 9 Lo que nos da poder para vencer es el conocimiento
de la verdad: "El conocimiento que procede de Dios es el pan de vida.
Las hojas del árbol de la vida son para la sanidad de las naciones. La co-
rriente de vida espiritual estremece el alma al creer y practicar las palabras
de Cristo" . 10
La iglesia de Esmima (Apoc. 2: 8-11). Situada en la costa oriental del mar
Egeo, a unos 55 km al norte de Efeso, Esmirna tenía un excelente puerto
y seguía a Efeso en exportaciones. Ubicada al final del camino que cruza-
ba Lidia y Frigia, Esmirna llegó a ser una gran ciudad comercial y rival
de Efeso.
Aunque no tenemos información acerca de la fundación de la iglesia
de Esmirna, tenemos razones para creer que estaba bien organizada al fin
del primer siglo. Dos características llaman particularmente nuestra aten-
ción al leer esta carta: 1) Cristo no ofrece ninguna reprensión, advertencia
o amenaza, y 2) la iglesia está en ese momento en medio de una severa
persecución.
Es apropiado, entonces, que el Cristo exaltado venga a esta iglesia
con la presentación: "El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vi-
vió, dice esto" (ver~. 8). Tomada de la visión inicial, la designación con-
forta a los cristianos que afrontan arrestos, juicios y posiblemente la muerte.
La gran necesidad de la iglesia es de ánimo, no porque los miembros estén
32 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
a punto de abandonar a Cristo, sino por la bárbara crueldad e injusticia
de la persecución que los acosa. Durante los siglos que seguirían, los cris-
tianos de otros lugares se desanimarían por razones de mucho menor peso
y escogerían abandonar el pueblo de Dios.
Deberíamos notar cuatro. cosas acerca de la persecución en Esmirna
(vers. 9, 10): 1) Juan la llama thlípsis, tribulación o aflicción, con la idea
de un peso demoledor. La iglesia en Esmirna se sentía pisoteada por el
pesado talón de sus malvados opresores. Considerados simbólicamente,
los cristianos de Esmirna representan la iglesia universal desde fines del
primer siglo hasta el tiempo en que Constantino decidió tolerar todas las
religiones, incluso el cristianismo (313 DC). Fue un período señalado por
persecuciones intermitentes, y los comentadores lo llaman, apropiadamente,
la edad de los mártires. 11
Ningún relato de los mártires cristianos atrapa tanto la imaginación
como el de Policarpo, obispo de la iglesia de Esmirna. Eusebio conserva
d siguiente informe: "Una voz procedente del cielo llegó a los oídos de
Policarpo, cuando entraba en el estadio: 'Sé fuerte, Policarpo, y obra vi-
rilmente' ... El procónsulle preguntó al acercarse si él era Policarpo. Co-
mo hubiese confesado afirmativamente, el procónsul comenzó a persuadirlo
de que negase a Cristo... El procónsul insistió: 'Jura y enseguida te sol-
taré: di injurias contra Cristo'. 'Por ochenta y seis años -contestó
Policarpo- he sido su siervo, y nunca me ha hecho mal; ¿cómo podría
yo blasfemar a mi Rey quien me salvó?' " 12
2) Los cristianos sufrieron la pobreza. En el griego original la pala-
bra es ptojéia, que denota indigencia total. La iglesia consistía mayormente
de conversos de las clases más pobres. Pero su precario estado empeoraba
cuando las turbas paganas los atacaban sin aviso, entrando en sus casas
y saqueando sus bienes. 13 Cristo reconoce sus dificultades económicas y
luego los consuela: "Yo conozco ... tu pobreza (pero tú eres rico)'' (vers.
9). Esto nos recuerda las palabras del apóstol Santiago: "¿No ha elegido
Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe?" (Sant. 2: 5).
3) Los cristianos afrontaban calumnias. La población judía de Esmirna
dirigía acusaciones injuriosas contra los creyeníes. La palabra griega es
blasfemia. "El martirio de Policarpo" menciona la hostilidad de los ju-
díos contra los cristianos: Con "furia incontrolable" los judíos y los pa-
ganos denunciaron a Policarpo delante del procónsul, y se unieron para
buscar leña con el propósito de quemar al anciano cristiano. 14 Como en
el caso del apóstol Pablo, el odio judío pudo haber surgido del éxito .de
los cristianos en ganar conversos de entre los gentiles que temían a Dios
y que estaban a punto de entrar al judaísmo.IS
Juan describe a los opositores judíos como miembros de la sinagoga
de Satanás. En hebreo la palabra "Satanás" significa "acusador", "ca-
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS- 1 33
lumniador". La palabra "sinagoga" nos viene del griego y puede ser tra-
ducida como "reunión" o "congregación". Mientras los calumniad~res
se llamaban judíos, en realidad no eran judíos. Sus malvados ataques contra
la iglesia mostraban a quién pertenecían; no al pueblo de Dios, sino en
realidad a la congregación de Satanás. Jesús contó a algunos dírigentes
judíos de su tiempo que su padre era el diablo y no Abrahán, como pre-
tendían, porque por causa de su oposición a Cristo inconscientemente cum-
plían la voluntad de Satanás (véase Juan 8: 31-47). Pablo afirmó que ser
un verdadero "judío" no es asunto externo sino- una condición interna,
dado que afecta al corazón (Rom. 2: 28, 29).
Los cristianos fueron acusados de ser caníbales, de reunirse para ce-
lebrar orgías, dividir a las familias, promover el ateísmo (porque no usa-
ban imágenes), ser desleales en lo político y ser incendiarios (porque
predecían que el mundo terminaría en llamas). 16 En realidad, tan fuerte
era el antagonismo de algunos judíos contra los cristiano~ que a menudo
levantaban a los paganos, como también a las autoridades romanas, con-
tra los creyentes, como en el caso de Esmirna.
4) Los cristianos fueron encarcelados. Juan habla de que la tribula-
ción duraría diez días. Les advirtió del sufrimiento inminente y les asegu-
ró que sería breve. En la antigüedad, las cárceles sólo servían para confinar
a los ofensores hasta que las autoridades decidieran cuál sería el castigo.
Para muchos cristianos, tal confinamiento fue el "preludio de la muer-
te" Y De este modo el Señ.or resucitado les extiende la promesa y la re-
compensa por su fidelidad: "Te daré la corona de la vida"(Apoc. 2: 10).
La palabra traducida "corona" es stéfanos, que implica el gozo que
produce la victoria. Los ganadores de los juegos olímpicos y de los que
se realizaban en la ciudad de Esmirna recibían coronas de victoria. Se en-
tregaba también una stéfanos a un oficial de la ciudad que realizara bien
el trabajo de su cargo. Y era la costumbre que los paganos usaran esas
coronas en los banquetes y cuando entraban en los templos de sus dioses
para adorarlos. Así, Cristo ofrece a los creyentes la stéfanos, la corona
de victoria, por vencer al enemigo en la batalla espiritual de la vida, por
su fiel servicio a El. La usarán en el gran banquete al final del tiempo,
y cuando entren a la presencia de Dios mismo.
La iglesia de Pérgamo (Apoc, 2: 12-17). Pérgamo estaba situada en lo alto
de una colina cónica que dominaba el valle del río Caico. Su nombre en
griego posiblemente signifique "ciudadela". 18 Mientras Efeso y Esmir-
na lograron nombradía en el mundo del comercio, Pérgamo ganó su reco-
nocimiento en tres áreas: 1) llegó a ser el centro cultural del Asia Menor.
Su famosa biblioteca con más de 200.000 rollos de pergamino sólo era su-
perada por la renombrada biblioteca de Alejandría. De acuerdo con una
34 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
leyenda, los estudiosos de Pérgamo inventaron el pergamino (hecho con
pieles de animales) para escribir cuando Ptolomeo V de Egipto embargó
las exportaciones de papiros hacia la rival cultural de Alejandría.
2) Pérgamo también era un centro religioso de importancia. En la te-
rraza superior de la ciudad los ciudadanos erigieron sus edificios sagrados
y reales, el más notable de los cuales era el gran altar de Zeus, que sobre-
salía en la cumbre de la colina de más de trescientos metros de altura. Ade-
más del culto a Zeus, tres otros cultos florecieron en Pérgamo: Atenea (la
diosa patrona), Dionisio, y Escolapio (el dios de la sanidad, comúnmente
llamado "salvador"). Galeno, un famoso médico del mundo antiguo, era
oriundo de Pérgamo, y había estudiado en la escuela de medicina de Es-
colapio.
3) Pérgamo era el centro administrativo del Asia. Aquí estableció sus
oficinas el procónsul romano, e hizo de la ciudad el centro oficial del cul-
to imperial en el Asia. En los días de Juan, el culto al César se había es-
parcido por todo el Imperio Romano. Como un acto de lealtad política,
se exigía a todos en el imperio que se presentaran ante los magistrados lo-
cales, una vez por afio, y ofrecieran un poco de incienso ante el busto del
emperador, y declararan: "César es el señ.or". Rehusarse a hacerlo signi-
ficaba la persecución y la muerte.
A la iglesia de Pérgamo, Cristo se presenta como "el que tiene la es-
pada·aguda de dos filos" (vers. 12). En la capital provincial, el procónsul
tenía el derecho de la espada, el poder de ejecutar a voluntad. La designa-
ción sirve así para recordar a los cristianos que el poder último sobre la
vida y la muerte pertenece a Dios y no a .Roma.
Cristo continúa con un reconocimiento de las limitaciones y dificul-
tades de la iglesia: "Yo conozco ... dónde moras" (vers. 13). No era fácil
ser cristiano en Pérgamo. Rodeados por el paganismo con sus creencias
supersticiosas y sus prácticas inmorales, los creyentes vivían en un clima
cultural que era hostil a su fe. Peor aún eran las demandas del culto al
emperador. En cualquier momento, las autoridades podían llamarlos an-
te el procónsul y ordenarles dar homenaje al César y renegar de Cristo.
La presencia del culto imperial hacía de Pérgamo el lugar donde moraba
Satanás (vers. 13), donde babia establecido su trono, donde su dominio
era más fuerte. La referencia al martirio de Antipas en Pérgamo (vers. 13)
testifica del poder satánico sobre Roma. No tenemos información acerca
de Antipas, excepto que fue fiel hasta el fin. El título "el fiel" es el mismo
que "testigo fiel" que usó Jesús (cap. 1: 5), e indica que Antipas fue en
realidad un seguidor del Señ.or resucitado. En medio de tal persecución,
en el lugar donde Satanás había establecido su asiento oficial, la iglesia
de Pérgamo había permanecido leal a Cristo. El repetido énfasis en que
la ciudad era el lugar donde mora Satanás subraya la intensidad del con-
flicto entre el pueblo de Dios y las fuerzas del mal.
En contraste con la valiente gallardía de la, iglesia, demostrada en la
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS- 1 35
experiencia de Antipas, algunos de la iglesia aceptaban la "doctrina deBa-
laam" (Apoc. 2: 14) y la "doctrina de los nicolaítas" (vers. 15). Juan lla-
mó nuestra atención a estos últimos en la carta a la iglesia de Efeso.
Del estudio de la historia del Antiguo Testamento sabemos de la trai-
ción de Balaam contra el pueblo de Dios. Por ganancia personal aconsejó
a las mujeres madianitas a seducir a los israelitas para llevarlos a pecar
contra el Señor y producir así su derrota (véase Núm. 31: 15, 16). Balaam,
entonces, simboliza a los maestros corrompidos en la iglesia de Pérgamo
que atraían a los creyentes a hacer concesiones morales y religiosas. La
doctrina de Balaam y la de los nicolaitas consistía en una actitud relajada
hacia las festividades paganas. Ellos animaban a sus compañeros cristia-
nos a acomodarse a las exigencias sociales y religiosas de la sociedad pa-
gana. Mediante alimentos y mujeres paganos Satanás consiguió entrar en
la iglesia de Pérgamo.
Pero el Señor resucitado no acepta con liviandad esas concesiones.
Los cristianos son llamados a salir del mundo (Apoc. 18: 4, 5) para vivir
para la gloria de Dios (véase Apoc. 14: 7). Por ello Cristo aconseja a la
iglesia a arrepentirse (cap. 2: 16). Aunque sólo algunos de los miembros
vivían peligrosamente, la iglesia como un todo era culpable de permisivi-
dad irresponsable. En contraste con la iglesia de Efeso, que disciplinaba
con un poder exento de amor, la iglesia de Pérgamo no reaccionaba. Tal
vez racionalizaban su indiferencia diciendo que era amor paciente, mien-
tras los hechos demostraban que era una práctica impotente.
Por causa de la seriedad de los problemas de Pérgamo, Cristo les ha-
ce una amenaza: "Vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada
de mi boca" (vers. 16). Está preocupado. específicamente con los que adop-
taron una práctica de concesiones en un esfuerzo por escapar de la espada
de Roma. La espada de Cristo es la espada aguda de dos filos de su Pala-
bra, la que representa la salvación para los que creen y obedecen, pero
juicio y condenación para los que la rechazan (véase Heb. 4: 12 y Efe. 6:
17). Una vez más encontramos un clima de crisis que exige una clara con-
sagración a Cristo. ¡No hay lugar para las concesiones y no hay tiempo
que perder en tomar una posición! Jesús amenaza: "Vendré a ti pronto".
El mensaje termina con una nota positiva (Apoc. 2: 17). A los fieles,
Cristo promete dos cosas: 1) les dará el maná escondido. Esta referencia
al maná escondido es rica en alusiones a la experiencia de Israel, las ense-
ñanzas de Jesús y la adoración de la iglesia. Primero, notemos el momen-
to de la peregrinación de Israel por el desierto en que se les terminó la
comida y Dios les proporcionó el maná (Exo. 16: 11-15, 31). Para conser-
var el recuerdo del acontecimiento, Aarón, el sumo sacerdote, puso algo
del maná en un recipiente y lo colocó junto al arca delante del Señor en
el lugar santísimo (vers. 33, 34; Heb. 9: 4). Un salmo que repasa la histo-
36 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
ria de Israel llama al maná "trigo de los cielos" y "pan de nobles" (Sal.
78: 24, 25).
En segundo lugar, en su discurso a la multitud el día después de la
alimentación milagrosa, Jesús se refirió a sí mismo como al "pan de vi-
da", al "pan vivo que descendió del cielo" (Juan 6:48, 51). El que coma
de ese pan "vivirá para siempre" (vers. 51). El pan al que Cristo se refiere
es su cuerpo que fue sacrificado por todos nosotros.
Finalmente, la iglesia conserva el recuerdo de la vida y las enseñanzas
de Cristo y proclama la significación salvadora de su sacrificiQ cuando ce-
lebra la Cena del Señor (1 Cor. 11: 23-26). En contraste con el alimento
que se ofrecía en sacrificio a los dioses paganos y se servía en las festivida-
des del templo, los cristianos primitivos participaban del pan del cielo en
expectación del día en que se sentarán a la mesa junto con el Señor resuci-
tado en su glorioso reino. Pero para gozar en lo futuro de las bendiciones
del cielo, en el presente debian rehusar compartir los beneficios terrenales
de las concesiones espirituales.
2) Les dará una piedrecita blanca y un nombre nuevo. 19 En los días
de Juan la piedrecita blanca recordaría la costumbre corriente de emitir
una tessera, una tableta pequeña de madera, metal o piedra como recono-
cimiento a los ganadores de los juegos olímpicos, a los gladiadores que
por años habían ganado la admiración de las multitudes, o a los oficiales
por sus fieles servicios. La referencia al "nombre nuevo" 20 refleja una
costumbre del Antiguo Testamento por la que se le daba un nuevo estatus
a quien lo recibía. En relac~ón con el pacto, Dios cambió el nombre de
Abram a Abrahán para señalar su nuevo papel como padre de muchas na-
ciones (Gén. 17: 5), y en el caso de Jacob, cambió su nombre por Israel
para indicar la nueva relación de que gozaría como resultado de la bendi-
ción divina (Gén. 32: 28, 29). Para los creyentes de Pérgamo, la piedrecita
blanca y el nombre nuevo representaban el reconocimiento y el glorioso
estado que recibirán en la tierra nueva por su leal servicio a Cristo y su
triunfo moral sobre el enemigo.
La iglesia de Tiatira (Apoc. 2: 18-29). Tiatira era, de las siete, la ciudad
más débil, menos famosa y más oscura. La escasez de informaciones acer-
ca de ella aumenta el desafío de comprender la situación real de la iglesia.
Irónicamente, la suerte de la ciudad refleja la de la iglesia. Ramsay com-
parte este concepto acerca de Tiatira: "Es una de esas ciudades cuya ubi-
cación la expone a la destrucción por cada conquistador, y, sin embargo,
obliga a su restauración después de cada sitio y saqueo. Está directamente
en el camino del invasor; bloquea el camino y debe ser capturada por todo
invasor; protege la entrada a un distrito rico, y por ello, debe ser defendi-
da hasta el final, con lo que provoca el salvajismo de los sitiadores; pero
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS'- 1 37
nunca podía ser tortificada en forma plena, como para resistir con
éxito" .21 ·

La iglesia de Tiatira representa muy apropiadamente el período de la


historia eclesiástica comúnmente llamado la Edad Oscura. Durante esos
siglos la tradición de la iglesia reemplazó a la Biblia como la base de la
instrucción, un sacerdocio humano oscureció el sacerdocio de Jesús, y pa-
ra los que resistieron las influencias corruptoras de la organización esta-
blecida, la persecución llegó a ser la orden del día. 22
La carta a Tiatira comienza con una descripción amenazadora del Cris-
to exaltado: "El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y
pies semejantes al bronce bruftido" (vers. 18). En la visión inicial Jesús
aparece como un "Hijo del Hombre" (Apoc. 1: 13), pero aquí el titulo
cambia a Hijo de Dios. La designación refuta las pretensiones del culto
imperial de que el emperador era como un dios, y emite una advertencia
contra los que están en la iglesia que habían llegado a ser débiles en este
punto.
Los ojos llameantes y los pies de bronce bruftido representan el poder
penetrador de la mirada de Cristo y la actitud que no acepta compromisos
hacia las influencias corruptoras en la iglesia. Con cuidadosa diligencia
examina el santuario interior de cada corazón humano, exponiendo tanto
lo bueno como lo malo en la iglesia.
Pero primero reconoce a los que se han rehusado a hacer concesio-
nes: "Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que
tus obras postreras son más que las primeras" (Apoc. 2: 19). El servicio
que Cristo destaca tiene como motivador al amor, y la paciencia que aprue-
ba es el fruto de la fe. En contraste con los cristianos de Efeso, quienes
retrocedieron en su vida espiritual, por lo menos algunos de los creyentes
de Tiatira habían crecido, y lo alcanzaron en las circunstancias más desfa-
vorables. Su experiencia demuestra que la madurez espiritual puede ocu-
rrir aun en iglesias oscurecid~s por las concesiones morales y la privación.
Ninguno puede excusar su propio fracaso moral echándole la culpa a otro.
El servicio cristiano y la constancia son frutos del amor y la fe, dones del
Espíritu a disposición de todos los creyentes.
Esas buenas obras están en marcado contraste con las malas acciones
de los que no tienen fe. Y sin embargo, Cristo reprende a la iglesia por
tolerar a la mujer Jezabel. Intentos de identificar a la mujer (o lo que la
imagen representa, si es un símbolo y no una persona real) han sido de
poca ayuda, excepto en dejar en claro que la verdadera amenaza a la igle-
sia procedió de sus propias filas. De la carta aprendemos cuatro cosas (vers.
20, 21): 1) era una mujer malvada. El nombre Jezabel invoca imágenes
de conducta inmoral y prácticas religiosas degradantes. Quienquiera que
fuera, se parecía a la princesa fenicia que se casó con Acab, rey de Israel,
38 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
y que luego introdujo en el reino del·norte la adoración de Baal con su
grosero libertinaje.
2) Ella pretendía ser profetisa. En la carta a los efesios, Jesús, por
medio de Juan, felicitó a la iglesia por identificar a los falsos apóstoles
(vers. 2); y en el mensaje a la iglesia de Esmirna, se refirió a los falsos
judíos (vers. 9). Aquí llama la atención a la falsa profetisa. Debemos en-
tender su pretensión al oficio profético no en el sentido de quien ve el fu-
turo y pronuncia predicciones, sino en el sentido de quien pretende hablar
en nombre de Dios o de quien comprende la verdad. La persona o perso-
nas representadas por J ezabel procuraban guiar a la iglesia en una direc-
ción nueva y destructiva.
3) Ella atraía a los miembros de la iglesia a la inmoralidad y la idola-
tría. La Biblia a menudo se refiere a la idolatría como adulterio religioso.
La Escritura describ.e la infidelidad de Israel como fornicación (Exo. 34:
15, 16; Deut. 31: 16; Ose. 9: 1; Jer. 2: 20-28; Eze. 23: 1-3). Pero la eviden-
cia sugiere que tanto la licencia como la idolatría azotaron a la iglesia de
Tiatira. Barclay entiende la frase "las profundidades de Satanás"(Apoc.
2: 24) como una referencia a los pecados sexuales: "Algunos [de los here-
jes] sostenían que era un deber experimentar toda clase de pecado. Lo que
se pretendía era dejar que el cuerpo se hundiera en el pecado, para que
el alma y el espíritu pudieran mantenerse libres de deseos y necesidades
pecaminosas. . . Los que conocían las profundidades de Satanás eran los
que se habían sumergido en el pecado". 23
Aparentemente, la enseñanza y la seducción de esta seudo profetisa
era un símbolo de la infidelidad espiritual que resultaba en la intimidad
física. La ciudad de Tiatira era conocida por su rica variedad de oficios,
y los gremios de artesanos empleados en ellos. Era costumbre que los tra-
bajadores compartieran una comida que con frecuencia tomaban en el tem-
plo, la que comenzaba y terminaba con un ritual de sacrificios a los dioses.
Más aún, no era poco frecuente que tales comidas comunitarias incluye-
ran bebidas y borracheras. Los que elegían no asistir a esas comidas o no
participar de los ritos corrían el riesgo de sufrir sanciones económicas com-
parables en muchos aspectos a las que reciben actualmente los que resis-
ten unirse a los gremios.
Aparentemente, la mujer Jezabel condujo un fuerte movimiento en
la iglesia que procuraba promover los gremios y las actividades asociadas
con ellos por el interés creado de los negocios y la prosperidad comercial,
e intentaba justificar su posición con la racionalización teológica. La Je-
zabel de Tiatira no procedía en armonía con principios sino con intereses
personales.
4) Ella rehusó arrepentirse. Aunque el Señor resucitado es misericor-
dioso, no tomará livianamente los actos de quien encuentra en esa miseri-
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS - 1 39
cordia una oportunidad para hacer avanzar su malvada causa. "Le he da-
do tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su forni-
cación" (vers. 21). La penetrante mirada de los ojos llameantes de Cristo
descubre la motivación de la mujer.
Siguen las amenazas y las promesas: "Yo la arrojo en cama, y en gran
tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras
de ella. Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo
soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según
vuestras obras" (vers. 22, 23). El tiempo de Jezabel para arrepentirse ha-
bía pasado. Su juicio es inminente, y el anuncio de su castigo procura des-
pertar a los que fueron atraídos por ella al pecado, y conducirlos al
arrepentimiento.
A diferencia de la suerte de la Jezabel del Antiguo Testamento, 24 el
castigo de la falsa profetisa vendrá en la forma de una enfermedad que
la deja postrada en cama. Su condición servirá como recordativo a la igle-
sia de que el pecado voluntario termina en la ruina. Ella hizo su cama,
y ahora es obligada a yacer en ella. En cuanto al castigo de sus seguidores,
parece aun más severo. Tal vez sea porque Cristo les da más advertencias
y espera, por ello, que aprovechen el castigo que se le impone a ella.
A los que han permanecido leales a El, Cristo les ofrece una promesa
doble (vers. 26-28): primero, la oferta de un poder sobre las naciones -en
realidad, una referencia a Salmos 2: 8, 9, que describe el tiempo en que
el Mesías conquistador abatirá la agresión y resistencia paganas y exten-
derá el dominio de Israel hasta los fines de la tierra. Cuando se aplica a·
Cristo, estos versículos del Salmo 2 señalan la victoria final sobre el mal
que inicia el reino en los días finales (Apoc. 20: 4; 22: 5). Aquí el texto
de Apocalipsis 2 describe la recompensa de los fieles en la iglesia de Tiati-
ra. Ellos reinarán con el Señor resucitado.
Cristo les promete también la estrella de la mañana. Al fin del libro
del Apocalipsis, Jesús se llama a sí mismo "la estrella resplandeciente de
la mañana" (Apoc. 22: 16). Los creyentes no sólo reinarán con Cristo si-
no estarán para siempre con El. He aquí la promesa de vida eterna: "El
que tiene al Hijo, tiene la vida" (1 Juan 5: 12). ·

I R. C. Trench, en Barclay, Apocalipsis, pág. 72.


2 Jack Finegan, The Archaeology of tht: Nt:w Testamenr [La arqueología del Nuevo Testamen-
to], pág. 164.
3 lbíd .• pág. 165.
4 Véase Ramsay, The Letters to the Seven Churches, págs. 210-236.
S Barclay atribuye esta designación a Ignacio (Barciay, pág. 70), quien fue obispo en Antioquía
durante la última parte del siglo primero.
6 En el museo de Efeso uno puede ver una estatua de mármol de Artemisa, que proviene del
tiempo de Domiciano (81-96 OC). Es de poca estatura, oscura, con muchos pechos, sei\alando que
era la diosa de la fertilidad.
7 E. K. Simpson, "Commentary on the Epistle to the Efesians" [Comentario a la epístola a
40 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
los Efesios] en The New lnternational Commentary on the New Testament: Commentary on the Epis-
tles to the Ephesians and the Colossians [El nuevo comentario internacional sobre el Nuevo Testa-
mento: comentario sobre las epístolas a los Efesios y a los Colosenses], pág. 17.
8 The SDA Bible Commentary, Comentarios de Elena de White, t. 7, pág. 956.
9 Ramsay, págs. 248, 249.
10 The SDA Bible Commentary, Comentarios de Elena de White, t. 7, pág. 957.
117ñe SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 746.
12 Eusebio, Historia eclesiástica, 4. 15. 17-20.
13 Véase Barclay, pág. 93.
14 The Ante-Nicene Fathers [Los padres antenicenos], t. 1, págs. 41, 42.
IS Mounce, en The Book of Revelation, págs. 92, 93.
16 Barclay, pág. 96.
17 lbíd.' pág. 94.
18 Ramsay cree que el nombre deriva de la preparación del pergamino (pergamene) para escri-
bir (Ramsay, pág. 290).
19 Véase Barclay, págs. 112-115.
20 Un nombre nuevo representa un cambio en el carácter (The SDA Bible Commentary, t. 7,
pág. 7~0).
21 Ramsay, pág. 323.
22 The SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 750.
23 Barclay, pág. 129.
24 2 Reyes 9: 30-37 presenta la muerte de Jezabel con detalles espeluznantes. Dos o tres eunu-
cos la arrojaron a la muerte desde una ventana del piso alto, y antes de que se pudieran recuperar
sus restos, los perros habían comido la mayor parte de ellos. Su muerte violenta fue consecuente
con la forma en que había vivido.
Capítulo 4

Los mensajes
a las siete iglesias - 2
(Basado en Apocalipsis 3)

"Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,


para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los cielos" (Mat. 5: 16).

La iglesia de Sardis (Apoc. 3: 1-6). La historia del surgimiento y declina-


ción de la ciudad de Sardis proporciona un excelente marco· de referencia
para leer e interpretar la carta del Apocalipsis a esa iglesia. William Ram-
say ve en la forma de la carta un reflejo de la historia antigua de la ciu-
dad.1 La primera noticia de Sardis proviene del siglo VII AC, cuando
floreció como capital del reino de Lidia. Llegó a ser una de las ciudades
más grandes del mundo antiguo, pero en el tiempo de Juan había perdido
su vitalidad y estaba tratando de revivir el prestigio pasado.
Ubicada en una estribación del Mte. Tmolus, de unos 500 m de eleva-
ción, la ciudad original parecía una fortaleza inexpugnable que dominaba
los fértiles campos del valle del Hermus. Por causa de su situación en una
angosta meseta y por lo empinado y difícil de su acceso, los habitantes
de esta ciudad podían defenderse fácilmente contra los ejércitos invaso-
res. Estos rasgos contribuyeron a la complacencia de los habitantes de Sardis
en relación con la seguridad de su ciudad. Capitalizando esta actitud, al-
gunos soldados persas, aprovechando las sombras de la noche subieron
por la ladera empinada, encontraron que la ciudad no tenía guardias, y
la tomaron por sorpresa. 2
Después de la conquista persa, Sardis desapareció de la .historia por
unos doscientos aiios. Se habla de ella nuevamente cuando cayó en manos
de Alejandro Magno, y luego de Antíoco el Grande. Algunos de sus sol-
dados treparon las empinadas laderas de noche, como lo habían hecho los
41
42 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL

persas siglos antes, y capturaron la ciudad otra vez. En el190 AC, el reino
de Pérgamo anexó la ciudad, y más tarde Sardis llegó a ser parte de la
provincia romana del Asia, cuando Pérgamo cayó ante Roma.
Una ciudad opulenta, parte de cuya riqueza se dice que provenía del
oro que se encontraba en el río Pactolo, Sardis estaba estratégicamente
ubicada sobre una importante carretera que conectaba la ciudad persa de
Susa con las ciudades más importantes del Asia Menor. Sardis obtenía mu-
chos recursos de la fabricación de productos de lana. Además, la ciudad
fue la primera en acuñar monedas de oro y de plata, y en descubrir el arte
de teñir la lana.
Sardis siguió gozando de prosperidad durante el período romano, a
pesar del devastador terremoto del año 17 DC. La reconstrucción de la
ciudad fue posible gracias a la generosidad del emperador Tiberio, quien
donó el equivalente a un millón de dólares para reconstruirla, y le perdo-
nó los impuestos durante cinco años.
Cuando Juan escribió el Apocalipsis, Sardis todavía era una ciudad
rica, pero su opulencia era engañosa porque resultaba de su ubicación y
de la ayuda de Roma, más bien que de la diligencia e industria de sus ha-
bitantes. Viviendo en esa atmósfera, los cristianos aparentemente habían
absorbido el carácter de la ciudad. Llegaron a aletargarse y a ser descui-
dados, ganando la reputación de estar vivos cuando en realidad estaban
muertos espiritualmente (Apoc. 3: 1).
El Señor resucitado se acerca a la iglesia de Sardis como "el que tiene
los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas" (vers. 1). La descripción
presenta dos verdades básicas: 1) la presencia universal y el ministerio ac-
tivo del Espíritu Santo. Los creyentes sin vida de Sardis necesitaban que
el poder del Espíritu Santo los revitalizara. El consejo de Pablo a los cris-
tianos de Roma se aplica también a la iglesia de Sardis: "Si el Espíritu
de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros ... vivifica-
rá también vuestros cuerpos mortales" (Rom. 8: 11). Sardis era una igle-
sia de esplendor pasado y declinación constante.· Pero lo que le interesa
a Dios es su carácter actual, no su reputación pasada.
2) La estrecha relación entre Cristo y la iglesia. En la visión introduc-
toria del Cristo exaltado, Juan lo vio sosteniendo las siete estrellas en su
diestra (Apoc. 1: 16). Esta visión identifica las siete estrellas como los án-
geles de las siete iglesias (vers. 20). La figura de Jesús teniéndolas en la
palma de su mano significa no sólo su tierna consideración por la iglesia,
sino también la verdad de que la iglesia le pertenece. Las manos clavadas
en la cruz también sostienen la iglesia que su sangre compró.
Cristo conoce a su iglesia. Los cristianos de Sardis, en su mayor par-
te, habían caído en una complacencia espiritual mediante la adaptación
y las concesiones al ambiente pagano que los rodeaba. Jesús encontró m:u-
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS- 2 43
choque condenar y poco para felicita> en ella. La iglesia de Sardis recibe
del Señor resucitado las denuncias más serias de las siete iglesias. Su con-
sejo consiste en cinco órdenes (Apoc. 3: 2, 3):
1) Les dice que se despierten. La exhortación a velar recibe un signifi-
cado adicional a la luz de la historia militar cie la ciudad. La iglesia debe
mantener una actitud de constante vigilancia en vista de la crisis inminen-
te ante el pueblo de Dios. En todo el Nuevo Testamento encontramos ad-
vertencias y amonestaciones a velar y a estar listos (por ejemplo, Mar. 13:
33-37), a velar y ser sobrios (1 Tes. 5: 6). La iglesia vive en un clima de
conflicto y debe mantener una posición militante si ha de triunfar.
2) Les ordena que afirmen las cosas que quedan. Los cristianos de
Sardis habían llegado al punto de la muerte espiritual, pero la restaura-
ción todavía era posible. La iglesia debía reedificarse reforzando las ver-
dades positivas del Evangelio. La queja de Cristo es que sus obras no son
perfectas. Sardis no alcanza la norma de las expectativas de Dios, ni a rea-
lizar plenamente lo que El desea que hagan.
Desde la cumbre de la acrópolis donde estuvo la antigua Sardis, los
cristianos podían ver el templo sin terminar de la diosa griega Artemisa,
construido en tres etapas desde cerca del año 300 AC hasta cerca del año
150 DC. 3 Estaba consagrado a Cibeles, una diosa local que, de acuerdo
con la creencia pagana, tenía el poder de restaurar los muertos a la vida.
Los cristianos de Sardis eran como ese templo sin terminar. Ante Dios sus
obras eran incompletas. Elena de White comprende que la condición de
la iglesia de Sardis era resultado, en parte, de pequeñas peleas sobre pun-
tos menores de doctrina, y hace una aplicación pastoral: "Hay muchos
que están listos para morir espiritualmente, y el Señor nos llama a fortale-
cerlos. El pueblo de Dios ha de estar firmemente unido con los lazos del
compañerismo cristiano, y han de ser fortalecidos en la fe por hablar fre-
cuentemente entre sí acerca de las preciosas verdades que les fueron con-
fiadas. Nunca deben ocupar su tiempo en acusarse o condenarse
mutuamente'' .4
Considerada simbólicamente, la iglesia de Sardis representa el perío-
do de violentas controversias doctrinales entre las recientemente estableci-
das iglesias protestantes. Era un tiempo en que los estudios doctrinales
dieron paso al desarrollo de los credos, y el racionalismo y los descubri-
mientos científicos produjeron una apatía hacia los temas espirituales. Las
rígidas fórmulas de la ortodoxia protestante contribuyeron a la declina-
ción espiritual de sus miembros, muchos de los cuales llegaron a ser cris-
tianos sólo de nombre, teniendo una forma de piedad pero sin la vitalidad
espiritual. 5
3) Cristo los instruye para que recuerden lo que habían recibido y oído.
La forma del verbo acuérdate indica una acción continua. Los creyentes
44 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
deben refrescar constantemente su recuerdo de las verdades del Evange-
lio, porque afrontan las tentaciones del enemigo cada día. Con respecto
a la Cena del Sefior, el apóstol Pablo escribió: "Porque yo recibí del Se-
fior lo que también os he ensefiado" (1 Cor. 11: 23). Los cristianos deben
observar el servicio de la comunión "en memoria" de Cristo (vers. 24).
Recordar es más que sólo acordarse del pasado. Es el medio por el cual
revivimos el pasado y conservamos su significación para el presente. Olvi-
dar es, pues, espiritualmente mortal. Dos veces en la historia de Sardis su
acrópolis cayó ante el enemigo. porque los defensores dejaron de recordar
su historia pasada.
4) Los amonesta a aferrarse a lo que deben recordar. Los cristianos
deben conservar la fe tomando medidas activas contra las influencias co-
rruptoras del ambiente pagano que los rodea. Deben mantener un ojo vi-
gilante, guardando el tesoro de verdades que les fue confiado. La figura
de la iglesia es la de una torre en la antigua Sardis, en la que los miembros
son los centinelas. Barclay lo dice apropiadamente: " 'La constante vigi-
lancia es el precio de la libertad', y puede ampliarse este proverbio afir-
mando: 'La vigilancia eterna es el precio de la salvación' ". 6
5) Cristo los llama a arrepentirse. En vista del fin inminente, el lla-
mado al arrepentimiento es urgente. La condición de la iglesia de Sardis
es seria, y no tienen tiempo que perder. "Están para morir" (Apoc. 3: 2)
porque el camino que siguen destruye su fe. Cristo intenta llamar su aten-
ción y redirigir sus pasos antes que sea demasiado tarde.
Una seria amenaza sigue a este urgente llamado al arrepentimiento.
Si la iglesia no escucha la advertencia, Cristo los visitará inesperadamente
con juicios. La expresión "vendré sobre ti como ladrón" (vers. 3) recuer-
da al lector el discurso de Jesús a sus discípulos acerca de su venida (Mat.
24: 42-44, 48-51) y el consejo de los apóstoles (véase 1 Tes. 5: 2; 2 Ped.
3: 10). Pero la visitación divina en el mensaje a la iglesia de Sardis no es
la segunda venida de Jesús, sino un juicio que ocurrirá antes de ese even-
to.7 La peligrosa posición de Sardis surge de su falta de vigilancia. Su con-
dición descuidada los deja vulnerables al enemigo. Aquí está la paradoja.
Si los cristianos no velan, el Sefior resucitado los tomará por sorpresa y
los castigará. Aunque no es enemigo de la iglesia, su rechazo del arrepen-
timiento los convierte en enemigos de Jesús. 8
Aunque el futuro de la iglesia parezca oscuro, todavía existe una mi-
noría pequefia de creyentes, "unas pocas personas en Sardis" (Apoc. 3:
4), cuya fe permanece pura. No manchan sus vestiduras (vers. 4) adaptán-
dose a la contaminación de la cultura pagana. La vida religiosa que Dios
aprueba consiste en la acción moral y la conducta ética que surge de la
fe en Jesús. La pureza de motivación interior produce la limpieza exterior.
Los fieles de Sardis "andarán" con el Cristo exaltado "en vestiduras
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS - 2 45
blancas" (vers. 4). Un comentador ve en esta expresión una alusión al bau-
tismo cristiano primitivo, en el que el creyente era vestido de ropa blanca
después que surgía del agua, para simbolizar la limpieza de su vida. 9 En
otras partes del Apocalipsis encontramos una referencia a los redimidos
que "han lavado sus ropas, y las han emblanquecido" (Apoc. 7: 14; véase
también cap. '22: 14) mediante la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo.
La escena es de triunfo (cap. 7: 9, lO) a través de tribulación. Caminar
de blanco con el Señ.or resucitado, entonces, significa dar pasos positivos
para guardarse de las influencias corruptoras del mundo, y avanzar en fe
mediante una vida cristiana dinámica.
El mensaje a la iglesia de Sardis termina con una triple promesa (Apoc.
3: 4): 1) los fieles recibirán vestiduras blancas. Las vestiduras representan
el carácter transformado, tal como lo manifiestan los actos justos hechos
posibles por la fe en Jesús. Las vestiduras son emblemas de una conquista
moral y de un triunfo espiritual sobre las fuerzas del mal en el mundo. 10
2) Cristo no borrará su nombre del libro de la vida. La imagen re-
cuerda la oración intercesora de Moisés en favor de su pueblo (Exo. 32:
32, 33) y refleja una costumbre del Antiguo Testamento de registrar los
nombres de todos los que eran ciudadanos de la comunidad de Israel (véa-
se Eze. 13: 9; Esd. 2: 62). En el tiempo del fin sólo los que tengan sus nom-
bres escritos en el libro de la vida (Dan 12: 1; Apoc. 21: 27) recibirán la
liberación de la tribulación, mientras que los impíos acabarán en el lago
de fuego (Apoc. 20: 15).
3)Cristo confesará su nombre delante de su Padre y de sus ángeles.
La visión enfatiza aquí la recompensa de la fidelidad. Los que hayan re-
conocido a Cristo a pesar de las pruebas, serán a su vez reconocidos en
la presencia de Dios (Mat. 10: 32; lea también los vers. 24-33). Encontra-
mos a Jesús estableciendo una estrecha correlación entre la forma positi-
va en que respondemos bajo la presión de la tribulación y la recompensa
que recibiremos en la hora del triunfo.
La iglesia de Filadelfia (Apoc. 3: 7-13). Colonizadores de Pérgamo fun-
daron la ciudad más nueva de las que albergaban las siete iglesias del Apo-
calipsis en el borde de la meseta volcánica del Asia. La establecieron durante
el siglo JI AC con el expreso propósito de esparcir la cultura y el lenguaje
griegos en las regiones centrales del Asia. La ubicación estratégica de la
ciudad, sobre la ruta postal imperial de Roma vía Troas, la constituía en
"puerta al Este" (la "puerta abierta" del vers. 8). Estar sobre la principal
vía de comunicación del imperio la transformó tanto en un centro de co-
mercio como de cultura griega.
La lava y las cenizas de los volcanes extinguidos formaban un suelo
muy fértil alrededor de la ciudad de Filadelfia. Con el tiempo, la ciudad
46 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
llegó a ser un famoso centro de cultivo de la uva y de la industrialización
del vino. Pero su ubicación geográfica la dejaba expuesta a frecuentes tem-
blores y ocasionales terremotos. El terremoto del año 17 DC que devastó
a Sardis también produjo graves daños a Filadelfia. Como en el caso de
Sardis, Tiberio contribuyó para la reconstrucción de la ciudad, y en señal
de gratitud, la ciudad cambió su nombre a Neocesarea (la Nueva Cesarea
o la Nueva ciudad del César). Nerón devolvió el nombre de Filadelfia a
la ciudad. Sin embargo, la ciudad cambió otras dos veces su nombre en
honor de Roma.U
Filadelfia recibe del Señor alabanzas y estímulo pero ninguna repren-
sión. Tres descripciones de Cristo lo presentan a esta iglesia (vers. 7): 1)
El es el Santo. Más que cualquier otra expresión, el "Santo" describe la
esencia divina, la naturaleza íntima, de la Deidad. 12 La expresión es un
título frecuente en el libro de lsaías (por ejemplo, lsa. 1: 4; 5: 19, 24; 10:
17, 20; 40: 25; 41: 14, 16, 20; 43: 3, 14, 15), pero aparece con menos fre-
cuencia en el Nuevo Testamento. La descripción de Jesús como el Santo
es rara, y Juan la usa para destacar la divinidad de Cristo. Como el Santo,
Jesús comparte la misma naturaleza, la divina esencia, de Dios.
2) El es el Verdadero. Debemos considerar esta expresión en el con-
texto del versículo 9, que se refiere a aquellos de la sinagoga de Satanás
"que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten". Su rechazo de
Cristo demuestra que no son verdaderos judíos. La alusión nos recuerda
el debate de Cristo con ciertos judíos incrédulos que pretendían ser des-
cendientes de Abrahán y, por ello, hijos de Dios. Jesús refutó su arrogan-
cia incrédula y los declaró del diablo, el padre de la mentira (Juan 8: 33-44).
El Verdadero destaca la realidad o autenticidad de Cristo. En contraste
con los falsos judíos, Jesús es el verdadero Mesías. Su legitimidad desen-
mascara la naturaleza falsificada o irreal de tales personas.
3) El tiene la llave de David. La frase "llave de David" alude al pasa-
je mesiánico de lsaías 22: 22: "Y pondré la Have de la casa de David sobre
su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá". El contex-
to aclara que la llave simboliza la autoridad concedida a Eliaquim (vers.
20, 21), siervo del rey Ezequías. Como una designación del Cristo exalta-
do, la expresión atribuye a Jesús la autoridad suprema e indisputada so-
bre los que entrarán en la Santa Ciudad. Juan puede estar aquí intentando
anímar a los cristianos excomulgados de la sinagoga local por causa de
su lealtad a Jesús. 13
La atribución mesiánica lleva a una serie de tres promesas (Apoc. 3:
8-10): 1) Cristo ha puesto delante de la iglesia "una puerta abierta" que
nadie puede cerrar. Es posible entender esta expresión como una predic-
ción de la actividad misionera de la iglesia bajo el señorío del Cristo resu-
citado. Considerada de este modo, la declaración profética ofrece esperanza
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS - 2 47
a aquellos cuyo testimonio parece perjudicado por la oposición de la po-
blación judía. Así como la ciudad, siglos antes, diseminó la cultura y la
lengua de los griegos, la iglesia esparciría por todas las regiones del Asia
el evangelio del Cristo resucitado. 14
También podemos considerar la "puerta abierta" como un estímulo
a lt>s cristianos de Filadelfia expulsados de la sinagoga local. En este caso,
la expresión serviría para recordar a los creyentes que Cristo ha abierto
el camino al reino. Aunque los judíos que se oponían a ellos podían man-
tenerlos fuera de la sinagoga, no podrían evitar que entraran al reino de
los cielos. El lugar de reuniones que los excluye llegó a ser "la sinagoga
de Satanás", por lo que de allí no pueden esperar alimento espiritual. Pe-
ro Jesús ha abierto un nuevo y mejor camino hacia Dios, y nadie podrá
estorbar a los creyentes de ir directamente al Padre por la fe en el Sefior
resucitado (véase Juan 10: 7, 9).
Parece razonable, entonces, interpretar la puerta abierta como el ac-
ceso ilimitado a los recursos inagotables de la gracia de Dios: "Podrán
negarse muchos de lo,s privilegios del mundo a los que procuran ser fieles
a Dios; los enemigos de la verdad podrán estorbar su camino y su obra;
pero no hay poder que pueda cerrar la puerta de comunicación entre Dios
y sus almas" }S La "puerta abierta" coloca a los que tienen "poca fuer-
za" (vers. 8) en la posición de recibir la fortaleza divina que los sostendrá
en la hora de su prueba.
2) Cristo someterá a los judíos hostiles. Aquí entramos al centro del
conflicto entre la iglesia y la sinagoga de Filadelfia. Por la semejanza en-
tre los mensajes a las iglesias de Esmirna y de Filadelfia podemos concluir
que las condiciones internas y externas de ambas iglesias eran muy pareci-
das. De las siete iglesias, son las únicas que reciben alabanzas incondicio-
nales. Ap¡uecen empobrecidos (Esmirna) e impotentes (Filadelfia) pero
realmente son ricos y fuertes en fe. Los cristianos de ambas iglesias afron-
tan persecuciones de los dirigentes judíos locales, cuya pretensión de ser
el pueblo de Dios el Sefior refuta ahora. Los mensajes a ambas iglesias
dicen que tales judíos realmente pertenecen a la sinagoga de Satanás, por-
que por su maligno trato a la iglesia revelan su verdadero origen y su per-
versa vocación.
En las palabras de seguridad que Cristo ofrece a los creyentes de Fila-
delfia encontramos una reminiscencia de la expectativa escatológica judía.
En la literatura profética del Antiguo Testamento y especialmente en el
libro de lsaias encontramos la expresión de la creencia de que en la nueva
edad que está por iniciarse, las naciones del mundo tributarán humilde ho-
menaje a los judíos, inclinándose a sus pies en sumisión (Isa. 45: 14; 49:
23; 60: 14; Zac. 8: 22, 23). Como severa reprensión a los judíos, las pala-
bras del Sefior resucitado testifican del hecho de que la iglesia y no la sina-
48 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
goga será ahora la esfera de la gracia redentora de Dios por medio de Cristo.
La iglesia reemplaza a la nación judía como heredera de his promesas di-
vinas. Los judios incrédulos reconocerán el amor de Cristo po~ su iglesia
(Apoc. 3: 9) cuando vean el triunfo de su pueblo. ·
3) Cristo guardará a sus seguidores de la hora de la prueba. Algunos .
ven en esta promesa una alusión al rapto de la iglesia previo a la tribula- ·
ción. Pero el contexto no apoya este punto de vista, ni lo hace el·sentido
general del versículo (vers. 10) en sí mismo. 16 La "hora de la p~eba" de.
la que Dios protege a los creyentes "ha de venir sobre el mundo. entero,
para probar a los que moran sobre la tierra". Esta última frase aparece
ocho veces más en el Apocalipsis (Apoc. 6: 10; 8: 13; 11: 10, dos veces;
13: 8, 14; 14: 6; 17: 8), y en cada uno de estos versículos se refiere a los
impíos. 17 La hora de la prueba de que habla Apocalipsis 3: 10 se refiere,
entonces, al juicio de Dios derramado sobre los enemigos de 8u pueblo an- ·
tes de la segunda venida. Por medio de su paciencia los cristianos han guar-
dado la fe, y aquí Cristo les asegura que los guardará de la ira de los juicios
de Dios (véase también Apoc. 14: 6-12). ·
. A continuación sigue la nota clave del libro del Apocalipsis: "Yo. vengo
pronto" (Apoc. 3: 11). La referencia al retorno de Cristo aparece aquí en ·
marcado contraste con las referencias amenazadoras en el niensaje a Efe-
so (vendrá para quitar su candelero, Apoc. 2: 5), a Pérgamo (vendrá y pe- .
leará contra ellos con la espada de su boca, vers. 16), y a Sardis (vendrá
como ladrón y los tomará por sorpresa, cap. 3: 3). La venida· de Cristo
a la iglesia de Filadelfia ocurre en el momento de su segunda venida (véase
Apoc. 22: 20). En vista de su pronto regreso, Cristo exhorta a los fieles
a· retener lo que tienen y a no entregar sus coronas a nadie (véase Apoc.
3: 11 ). En lugar de ser una amenaza para la iglesia, las palabras de Cristo
ofrecen ánimo para ser pacientes a la luz del hecho de que el fin está cerca-
no. La conclusión de su tribulación será el comienzo de su triunfo.
La corona que Cristo promete a los creyentes es como la guirnalda
que se otorgaba a los vencedores en las competencias atléticas (véase 1 Cor.
9: 24-27 y 2 Tim. 4: 6-8). Pero, a diferencia de las carreras olímpicas, Cristo
concede la recompensa no sólo al que termina primero sino a todos los
que completan la carrera. El énfasis está en perseverar hasta.el fin.
El Cristo exaltado concluye el mensaje con dos promesas adicionales ·
(Apoc. 3: 12): 1) Los que vencen reciben la promesa de una residenCia per-
manente con Dios. Cristo los hará pilares en el templo de Dios. El mensa-
je de Cristo puede tener varios aspectos: a) la imagen de un pilar fijo en
el templo de Dios sería consoladora para los cristianos expulsados de la
sinagoga, y con ello, desplazados de la comunidad. b) Los repetidos terre-
motos que aterrorizaban a los ciudadanos de Filadelfia y los forzaba a sa-
lir al campo era una experiencia bien conocida para la iglesia. Los muchos
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS - 2 49
templos de la ciudad no proporcionaban un refugio seguro durante los tem-
blores, abandonando al pueblo a su suerte. En una atmósfera de tal incer-
tidumbre e inestabilidad, los creyentes encontrarían en las palabras de Cristo
la promesa de seguridad y paz permanentes. e) En la construcción de los
templos antiguos, los pilares tenían una función práctica y estética. Soste-
nían la superestructura maciza del templo, y le daban una majestad y mag-
nificencia que inspiraba respeto. Cristo está diciendo a sus seguidores que
los honrará con dignidad y esplendor delante de su Padre por causa de
su lealtad a El, a pesar de la humillación personal y la ignominia pública
que recibieron de sus perseguidores.
2) A sus seguidores fieles Cristo les ofrece la triple promesa de un nuevo
nombre: a) sobre ~llos escribirá el nombre de su Padre, lo que significa
propiedad. Llama a los creyentes por el nombre de Dios porque ahora le
pertenecen; b) sobre ellos Cristo pondrá el nombre de la ciudad de Dios,
la nueva Jerusalén, lo que significa ciudadanía; e) y sobre ellos Cristo es-
cribirá su propio nombre nuevo, lo que significa participación. Mediante
su amor inmutable y su paciencia perseverante, los cristianos participaron
de los sufrimientos de Cristo, y ahora el Señor resucitado los invita a com-
partir su gloria.
Anteriormente, el apóstol Pablo había escrito a los filipenses acerca
de que Dios exaltó a Jesús a una posición de preemiencia, otorgándole "un
nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se do-
ble toda rodilla" (Fil. 2: 9, 10). Y en su carta a los efesios dice que Dios
nos levantó con Cristo, y nos hizo "sentar en los lugares celestiales con
Cristo Jesús" (Efe. 2: 6). Aquí, en el mensaje a Filadelfia, el Señor resuci-
tado nos dice que compartiremos la grandeza y la gloria de su gran triun-
fo llevando su nombre. Es un honor que dura por toda la eternidad. 18
La iglesia de Laodicea (Apoc. 3: 14-22). William Barclay menciona que
Laodicea tiene "la triste distinción de ser la única iglesia con respecto a
la cual Cristo resucitado no puede decir nada bueno" . 19 Su condenación
es absoluta y total. El Señor no puede encontrar ni siquiera un remanente
fiel como lo hizo en Sardis, la iglesia a punto de morir.
Por causa de su posición sobre el camino romano desde Efeso hacia
el este y hacia Siria, la ciudad de Laodicea llegó a ser uno de los grandes
centros comerciales y financieros del mundo antiguo. Tres hechos relacio-
nados con la ciudad nos ayudan a entender la carta a esa iglesia: 1) Laodi-
cea gozaba de una próspera economía agrícola. Situada en el fértil valle
del río Lico, la ciudad tenía acceso a buenos pastizales para sus ovejas,
y con el tiempo desarrolló, mediante una cría cuidadosa, ovejas con lana
negra de alta calidad. Como resultado, flo~eció una industria textil que
hizo famosa a la ciudad en todo el mundo antiguo. La descripción que
50 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
Cristo hace de la iglesia como desnuda sería así una aguda reprensión a
los que vivían en una ciudad que se enorgullecía por la calidad de su ropa.
Y su consejo de comprar de El vestiduras blancas sería un golpe a la com-
placencia asociada con la riqueza derivada de la famosa lana negra.
2) Laodicea llegó a ser el centro de una industria bancaria. La pros-
peridad de su agricultura y su comercio hicieron de Laodicea una ciudad
enormemente rica. El estadista romano Cicerón escribió que cobró allí sus
bonos de tesorería. 20 Y leemos de grandes cantidades de oro que eran
guardadas en esa ciudad. 21 Una indicación de la riqueza de Laodicea la
da el historiador romano Tácito. Al escribir acerca de la destrucción de
la ciudad por un terremoto en el año 60 DC, hace notar: "Una de las ciu-
dades más famosas del Asia, Laodicea, fue en ese mismo año destruida
por un terremoto, y sin ninguna ayuda de nosotros se recuperó con sus
propios recursos" .22 Cuando otro terremoto destruyó a Sardis, los ciuda-
danos construyeron un templo como agradecimiento a Roma por su ayu-
da en la reconstrucción de la ciudad, y Filadelfia cambió su nombre como
agradecimiento por una ayuda similar. Pero la rica e independiente Lao-
dicea orgullosamente rehusó los subsidios imperiales y recurrió en cambio
a sus. propias reservas. Aparentemente ese orgullo e independencia tam-
bién se expresaron en la iglesia y provocaron la queja y el consejo del Cristo
resucitado (Apoc. 3: 17, 18).
3) Laodicea estableció un destacado centro médico. La escuela de me-
dicina, relacionada al principio con el vecino templo de un antiguo dios
cario (llamado Men) que se creía tenía poder sanador, más tarde se mudó
a la ciudad. La escuela de medicina de Laodicea obtuvo su reputación por
sus preparados farmacéuticos. Siguiendo las enseñanzas de Herófilo (ca.
330 a ca. 250 AC), quien proponía el concepto de que las enfermedades
complejas· debían ser tratadas con medicamentos complejos, los médicos
desarrollaron una cantidad de productos, incluyendo un ungüento para
los oídos y un colirio para los ojos. Compuesto por "polvo frigio mezcla-
do con aceite", el colirio llegó a ser un medicamento común en el trata-
miento de las enfermedades de los ojos. Con el tiempo, otras escuelas de
medicina reconocieron sus propiedades curativas e importaron piedras fri-
gias de las que usaban los médicos laodicenses para preparar sus polvos.
La reputación de la escuela de medicina de Laodicea produjo nombradía
para la ciudad como centro de tratamiento de enfermedades de .los ojos. 23
A la iglesia que estaba en una ciudad que se enorgullecía por sus instal~­
ciones médicas y que se jactaba de su famoso colirio, Cristo le presenta
su condenación y consejo: son ciegos y necesitan de su gracia sanadora.
El apóstol Pablo se refiere a la iglesia de Laodicea cuatro veces en
su carta a los colosenses. Habla de luchar "por los que están en Laodicea,
y por todos los que nunca han visto mi rostro" (Col. 2: 1). La última frase
ha llevado a especular que en la iglesia de Laodicea había personas que
eran ciegas o sufrían de una visión empobrecida. 24 En la conclusión de su
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS- 2 51
epístola, Pablo instruye a los colosenses para que intercambien sus cartas
con los de Laodicea, y a exhortar a Arquipo, posiblemente el pastor de
la iglesia de Laodicea, a cumplir "el ministerio que recibiste en el Señor"
(Col. 4: 16, 17). La carta de Pablo a los Laodicenses se ha perdido. Bar-
clay interpreta que el consejo del apóstol es un severo reproche al pastor
local (Arquipo), y sugiere que ya unos 30 años antes de escribirse el Apo-
calipsis "la podredumbre se había instalado en la iglesia de Laodicea, y
que un pastor indigno y un ministerio insatisfactorio e indigno habían sem-
brado las semillas de la degeneración". 25 Si fuera así, la condición poste-
rior de la iglesia sería mucho más seria y el mensaje de Cristo mucho más -
urgente.
El mensaje a la iglesia de Laodicea comienza con una serie de tres des-
cripciones del Señor resucitado (Apoc. 3: 14): 1) El es el Amén. La pala-
bra nos viene del hebreo y significa "digno de confianza". Para una iglesia
de habla hebrea esto sería claro, pero la iglesia de Laodicea hablaba y leía
el griego. Las palabras "testigo fiel y verdadero", que siguen a continua-
ción, ayudan a clarificar el significado. En el texto hebreo de lsaías 65:
16 encontramos la expresión "Dios del Amén" (versión Biblia de Jerusa-
lén), donde Amén sirve para destacar la confiabilidad de las palabras de
aquellos que se bendicen a sí mismos o juran en el nombre de Dios. Como
designación de Cristo, afirma la validez y la cualidad duradera de su tes-
timonio.
2) El es el testigo fiel y verdadero. Aquí la visión destaca una vez más
la confiabilidad del mensaje de Cristo. El énfasis adicional agudiza el punto
de la incredulidad de la iglesia de Laodicea. Como testigo fiel y verdadero
de Dios, Jesús da un testimonio que expone la verdadera condición de la
iglesia y revela el juicio inminente si la iglesia no acepta el consejo de Cristo.
3) El es el principio de la creación de Dios. Debemos entender esta
designación en relación con otros dos pasajes del Nuevo Testamento: a)
Pablo usa una expresión similar en su carta a los colosenses cuando des-
cribe la obra de Cristo (Col. 1: 15-20). El hecho de que las ciudades de
Laodicea y de Colosas estaban muy próximas entre sí, y que Pablo instru-
ye a los colosenses a intercambiar su carta con la de los laodicenses sugie-
re que con toda probabilidad el lector comprendería la descripción de Jesús
como "el principio de la creación de Dios" en el sentido paulino. En am-
bas cartas, la designación se refiere al papel mediador de Cristo en la crea-
ción del mundo. b) El cuarto evangelio proporciona la declaración más
clara y elaborada que testifica de la obra de Cristo como creador y, al mismo
tiempo, declara su naturaleza eterna (Juan 1: 1-3). La atribución del Apo-
calipsis a Cristo es consecuente con la enseñanza del cuarto evangelio y
afirma que quien da testimonio es el que comenzó el proceso óe la crea-
ción. Todas las cosas se originaron en El.
A continuación siguen las palabras de condenación (Apoc. 3: 15-17):
1) los laodicenses son tibios. La expresión cobra un nuevo significado cuan-
52 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
do recordamos las fuentes minerales termales de Hierápolis, a 9 km al norte
de Laodicea, y las aguas puras y frías de Colosas, a unos 16 km al sur
y al este de ella. Las famosas aguas calientes de Hierápolis fluían desde
la ciudad por sobre una planicie ancha, y finalmente caían por un acanti-
lado de 100m de altura y un kilómetro y medio de ancho. Las columnas
de vapor de las aguas calientes que caían en cascada sobre el borde rocoso
proporcionaban una vista espectacular que los laodicenses podían gozar
desde la distancia. Estas aguas calientes eran medicinales, y las aprove-
chaban los que tenían músculos cansados y dolores en los huesos. 26 Co-
mo Laodicea no tenía un suministro de agua suficiente, dependía del agua
que venía de manantiales calientes alsur de la ciudad. Para cuando llega-
ba a Laodicea, sin embargo, el agua era tibia y nauseabunda, y no produ-
cía refrigerio al cansado ni sanidad al enfermo.
El problema básico de la iglesia es su condición tibia. Su orgullo, auto-
suficiencia y virtual ignorancia los hacía indiferentes a su peligrosa situa-
ción ante el Señ.or resucitado. Les faltaba celo en su vida espiritual y la
motivación para hacer algo con respecto a ello. Y su indiferencia es tan
desagradable para Cristo que habla de vomitarlos.
2) Los laodicenses son desventurados, miserables, pobres, ciegos y des-
nudos. En ninguna otra parte encontramos una descripción tan lastimosa.
Los cristianos de la ciudad existían en un estado de miseria. La palabra
traducida aquí es la misma que Pablo usa para describir la condición de
quien está esclavizado por el pecado (Rom. 7: 24). Aparece en la descrip-
ción que hace Santiago de los ricos que deben llorar y aullar (Sant. 5: 1)
en los últimos días a causa de los juicios que deben afrontar por su explo-
tación de los pobres. Uno debe apiadarse de los cristianos de Laodicea.
Viven en la miseria espiritual y no se dan cuenta de su condición. Su aflic-
ción no evoca compasión sino repugnancia, puesto que es el resultado de
sus caminos egoístas y centrados en sí mismos.
Los laodicenses son pobres, ciegos y desnudos, tres palabras que ilus-
tran su miseria y muestran por qué deben ser compadecidos entre todas
las iglesias. En el griego la palabra traducida como "pobre" denota una
existencia de mendigo producida por la pobreza más abyecta. Como testi-
monio de la verdad en Jesús, como luces para un mundo en oscuridad,
los cristianos de Laodicea son inservibles. Son espiritualmente pobres, co-
mo resultado de su rechazo de los recursos de la gracia de Dios, así como
su ciudad había rechazado la ayuda financiera de Roma después de su des-
trucción por el terremoto del añ.o 60 DC.
La ceguera de los laodicenses se hace evidente por su engaño e igno-
rancia reflejados en su alabanza propia: "Yo soy rico, y me he enriqueci-
do, y de ninguna cosa tengo necesidad" (Apoc. 3: 17). Jesús dice que lo
contrario es cierto. Naturalmente nos preguntamos cómo es que pueden
estar tan lejos de la verdad. Su ceguera tiene dos aspectos: pretenden no
LOS MENSAJES A LAS SIETE IGLESIAS - 2 53
sólo ser espiritualmente ricos sino también haber alcanzado su riqueza por
sí mismos.
Lo peor de todo es que los cristianos laodicenses están vergonzosa-
mente desnudos -e ignoran ese hecho. Laodicea se enorgullecía de su ri-
queza financiera, de su famoso colirio e industria textil, y podía recurrir
a sus bancos, escuela de medicina y centro de producción industrial para
apoyar sus pretensiones a la grandeza. El Señor resucitado golpea en· el
centro mismo del problema de Laodicea: precisamente las cosas que les
produjeron éxito material los han puesto en el borde de la ruina espiritual.
Necesitan de todo. Comprar tres elementos cambiará todo el cuadro (Apoc.
3: 18):
1) Cristo les aconseja comprar de El "oro refinado en fuego". La ex-
presión señala la necesidad de los laodicenses de poner su confianza en
la Palabra de Dios y en el testimonio de Jesús, y no en las cosas que el
mundo puede ofrecer. El oro que la iglesia necesita es la fe purificada por
el calor de la persecución. Las pruebas ardientes purifican a los creyentes
de los enredos de las ambiciones y empresas seculares, y los fortalece para
la crisis del tiempo del fin.
2) Cristo los exhorta a comprar "vestiduras blancas" para cubrir su
desnudez. Piensa en los actos justos que son el fruto de una fe activa en
Jesús (Apoc. 14: 12; 19: 8). En contraste con las valiosas vestiduras he-
chas de la famosa lana negra de la ciudad, Jesús amonesta a la iglesia a
comprar las únicas vestiduras que pueden cubrir su desnudez. Notamos
aquí una línea de demarcación entre el mundo y el reino. Por eso no pode-
mos seguir el sistema de valores del mundo y, al mismo tiempo, seguir el
reino de Dios. El éxito en el mundo exige concesiones morales y espiritua-
les en la iglesia.
3) Cristo los anima a comprar colirio espiritual. Aquí podemos en-
tender el colirio que el Señor resucitado ofrece a la iglesia como el poder
sanador del Espíritu Santo, cuyo ministerio activo en la iglesia sirve a un
propósito iluminador (véase Apoc. 4: 5).
Finalmente, Cristo sigue su consejo con un recordativo de que su cas-
tigo es resultado de su amor, y los invita a ser "celosos" y a arrepentirse
(Apoc. 3: 19). La idea continúa en el versículo siguiente que describe al
Señor resucitado golpeando a la puerta. Algunos ven esto como una ame-
naza y advertencia, y tal vez sea cierto en parte, ya que forma parte del
mensaje a Laodicea. Pero no deberíamos pasar por alto otra dimensión.
El Apocalipsis presenta un cuadro del Cristo que llama, una visión del Dios
que busca que resulta sumamente clara. El cuadro de William Holman
Hunt, titulado "La luz del mundo", muestra la puerta del corazón huma-
no que no tiene picaporte para abrirla desde el exterior, es decir, que sólo
puede abrirse desde adentro. Esto resume el consejo de Cristo a Laodicea,
porque lo que El más desea y lo que los creyentes necesitan más es invitar
al Señor resucitado a estar entre ellos de modo que su presencia gobierne
54 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL

su vida y su ministerio. Pues sólo El puede proveer el oro, las vestiduras


y el colirio que necesitan, y lo hará si se lo piden como respuesta a su invi-
tación.
El mensaje termina con una 'nota positiva. Cristo promete a los ven-
cedores el honor de sentarse con El y con su Padre en su trono (vers. 21).
Y esto es algo que todo el oro, todas las vestiduras más hermosas y todas
las recetas médicas del mundo no pueden proporcionar .

1 Ramsay, The Letters to the Seven Churches, pág. 379.


2 Barclay, Apocalipsis, págs. 133.
3 Finegan, The Archaeology of the New Testament, pág. 175.
4 The SDA Bible Commentary, Comentarios de Elena de White, t. 7, pág. 959.
S The SDA Bible Commentaryt t. 7, pág. 756.
6 Barclay, pág. 140.
7 Algunos sugieren que se alude a ambos acontecimientos (The SDA Bible Commentary, t. 7,
pág. 756).
· 8 Véase Elena G. de White, El gran conflicto, pág.545.
9 Véase Barclay, pág. 145.
10 Ramsay cuenta de la costumbre de los ciudadanos romanos que vestían togas totalmente blan-
cas los días de fiesta y en las ceremonias religiosas, y sugiere que Juan puede también haber recorda-
do la idea de los ciudadanos que caminan en triunfo con el general victorioso, mientras los criminales
y·Jos que están de luto llevaban "togas sucias y de colores oscuros" (Ramsay, págs. 386 y 387).
11 Mounce, en The Book of Revelation, pág. 115.
12 Kittel, Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario teológico del Nuevo Tes-
tamento], t. 1, págs. 101, 102; The Interpreter's Dictionary of the Bible [El diccionario bíblico del
intérprete],, t. E-J, pág. 616.
13 Mounce, pág. 116.
14 Ramsay, pág. 406.
15 The SDA Bible Commentary, Comentarios de Elena de White, t. 7, pág. 961.
16 Para un excelente estudio que refuta las pretensiones del rapto secreto previo a la tribula-
ción, véase George E. Ladd, The Blessed Hope [La bendita esperanza]. Los pasajes pertinentes a
nuestro texto están en las páginas 85 y 86.
17 Apocalipsis 14: 6-11 es un mensaje de advertencia a Jos no redimidos.
18 De la iglesia de Filadelfia, Ramsay escribe: "Siempre temerosa de la última hora de prueba,
siempre fue guardada de ella. Se sostuvo como una columna, símbolo de estabilidad y de fortaleza.
En la Edad Media siguió luchando, como una ciudad débil y pequeña contra una nación de guerre-
ros y no negó el Nombre, sino fue paciente hasta el fin; y se ha escrito en su historia un nombre
que es imperecedero, mientras la resistencia heroica contra enormes dificultades, y el esfuerzo pro-
pio cuando se es abandonado por el resto del mundo, sigan siendo honrados y recordados" (Ram-
say, pág. 412).
19 Barclay, pág. 162.
20 Véase Mounce, pág. 123.
21 Véase Ford, Revelation, págs. 419, 420.
22 Tácito, Anales, 14. 27, en Barclay, pág. 163.
23 Ramsay, pág. 419.
24 Véase Ford, pág. 420.
25 Barclay, pág. 165.
26 Mounce, pág. 125.
Capítulo 5

La santidad de Dios
en majestuoso despliegue
(Basado en Apocalipsis 4)

"Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;


temed delante de él, toda la tierra" (Sal. 96: 9).

La sala del trono (Apoc. 4: 1, 2). La escena cambia de las iglesias en la


tierra al santuario en el cielo. Al examinar los versículos iniciales de Apo-
calipsis 4 notamos dos cosas que relacionan la escena terrenal con la celes-
tial: 1) la referencia a la "puerta abierta". En el capítulo anterior Cristo
llama a la puerta del corazón humano (Apoc. 3: 20). La puerta está cerra-
da, lo que indica la condición de los creyentes de Laodicea, quienes, en
su presunción y engaño espiritual, no ven la necesidad de la ayuda divina.
La situación era muy diferente, sin embargo, en la iglesia de Filadelfia.
Cristo dice a los fieles de esta iglesia que ha puesto delante de ellos una
"puerta abierta, la cual ninguno puede cerrar" (vers. 8). La puerta abier-
ta representa los recursos ilimitados de la gracia de Dios que el amante
Señor pone a disposición de ellos como sumo sacerdote y gobernante so-
berano.
La puerta abierta en el cielo expresa dos cosas acerca de Dios: a) El
siempre está accesible para su iglesia. Estar en un mundo oscurecido por
los pecados y la maldad humanos puede tentar al creyente a sentirse aban-
donado por Dios. Y las pruebas pueden llevarlo a desesperar por la apa-
rente ausencia de Dios. Pero el Señor resucitado ha abierto el camino hacia
el Padre, y el creyente puede descansar en la certeza de que nadie puede
cerrar la puerta hacia la sala del trono de Dios.
b) Dios extiende una invitación permanente a la humanidad pecado-
ra. No es coincidencia que la puerta de la tierra hacia el cielo no esté cerra-

55
56 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
da. La apertura del cielo al pecador es el resultado de la obra salvadora
de Dios por medio de Jesús, la que ocurrió en armonía con el plan divino
(1 Ped. 1: 20; Efe. 1: 5-12). El Señor manifiesta su naturaleza permanente
de ansiosa invitación no sólo en sus actos redentores sino también en la
revelación de su santa voluntad y propósito para la iglesia. Una voz invita
a Juan a subir y ver "las cosas que sucederán" (Apoc. 4: 1).
2) La referencia al trono de Dios. En su mensaje a la iglesia de Laodi-
cea Cristo promete al vencedor la recompensa de compartir su trono (Apoc.
3: 21). El trono al que Cristo se refiere en este caso es el trono del vence-
dor. La imagen bíblica sugiere un diván similar a los que había en las salas
del trono de los monarcas orientales más bien que los asientos individua-
les que encontramos en el Occidente. 1 En la visión de la sala del trono,
Juan ve sentado a uno sólo (Apoc. 4: 2). Aquí el profeta se concentra en
la suprema majestad de Dios y en la adoración que su autorrevelación di-
vina inspira. El trono de Dios aparece con frecuencia en el libro del Apo-
calipsis, y sirve para asegurar a los cristianos que el soberano del universo
está en los controles, no importa cuán oscuro parezca todo. La visión de
Dios en su trono dirige la atención del mundo transitorio al eterno, y pro-
porciona al lector la oportunidad de poner su situación en la perspectiva
adecuada.
La visión de Dios en su trono (Apoc. 4: 3). Juan nos cuenta que estaba
"en el Espíritu" cuando vio a Dios sentado en el trono (vers. 2). Usó la
misma expresión que en su introducción a la visión del Señor resucitado
(Apoc. 1: 10). Por este medio deja bien en claro a sus lectores que lo que
vio y oyó sucedió por medio de la obra del Espíritu Santo. No era algo
que imaginó o vio con el ojo de la mente. El estado mental en que se en-
contraba resultó de la iniciativa divina y no fue algo que el profeta logró
mediante la meditación. La referencia a una voz como de trompeta que
le hablaba (Apoc. 4: 1) recuerda otra característica de la visión inicial (Apoc.
1: 10).
El profeta describe a Dios sentado en el trono con un lenguaje similar
al de Ezequiel1: 26-28. Como en la descripción de Ezequiel, la de Juan,
que presenta a la Deidad con imágenes simbólicas, agudiza el sentido de
la santidad de Dios. Juan emplea los nombres de tres piedras preciosas
-jaspe, cornalina (sardio) y esmeralda- para trasmitir la majestuosa pre-
sencia de Dios, el brillo que emana de su trono. La escena recuerda la ca-
racterización que hizo el salmista de Dios como envuelto en luz (Sal. 104:
2), y el cuadro en que el apóstol Pablo lo describe viviendo "en luz inacce-
sible" (1 Tiin. 6: 16). Las tres piedras formaban parte del pectoral del su-
mo sacerdote y representaban a ciertas tribus de Israel (Exo. 28: 17-21).
El jaspe y la cornalina eran la última y la primera piedra, respectivamen-
LA SANTIDAD DE DIOS EN MAJESTUOSO DESPLIEGUE 57
te, y representaban a Benjamín (el menor de los hijos de Jacob) y a Rubén
(el mayor), respectivamente, y la esmeralda estaba en el cuarto lugar so-
bre el pectoral y simbolizaba a Judá. También es interesante notar que Eze-
quiel incluye la cornalina, el jaspe y la esmeralda entre las piedras que
formaban parte del adorno de Lucifer (Eze. 28: 13), y que Juan identifica
estas mismas piedras en los fundamentos de la nueva Jerusalén (Apoc. 21:
19, 20).
Un arco iris rodea el trono. El informe del Génesis del diluvio mues-
tra al arco iris como símbolo de la promesa divina del pacto con Noé y
las generaciones futuras de que nunca más volvería a destruir la tierra con
un diluvio (Gén. 9: 8-17). Los rabíes ampliaron el concepto del arco iris,
ofreciendo diferentes interpretaciones de su significación religiosa. Algu-
nos lo veían como una indicación de la censura divina, mientras otros lo
reconocían como una manifestación de la gloria divina. 2 Juan puede ha-
ber incorporado ambos conceptos. Para los creyentes, el arco iris propor-
ciona la certeza de la fidelidad de Dios, mientras que para los malvados
sefiala el juicio venidero.
Los veinticuatro ancianos (Apoc. 4: 4). El profeta ve 24 ancianos con ves-
tiduras blancas y coronas de oro, sentados en tronos alrededor del trono
de Dios. Las opiniones varían mucho con respecto a la identidad de los
ancianos. 3 Esas amplias especulaciones derivan de su frecuente mención
en el Apocalipsis (Apoc. 4: 4, 10; 5: 5, 6, 8, 11, 14; 7: 11, 13; 11: 16; 14:
3; 19: 4). Varios puntos de vista han interpretado a los ancianos como án-
geles, hombres, sabios, profetas o representantes de los redimidos. El pa-
pel principal de los anCianos en la corte celestial es el de ofrecer adoración
y alabanza continuas a Dios y al Cordero (Apoc. 4: 10, 11; 5: 11, 12, 14;
7: 11, 12; 11: 16; 19: 4). Pero también cumplen un papel intercesor. Juan
los ve sosteniendo incensarios de oro, que representan las oraciones de los
santos (Apoc. 5: 8). El hecho de que los ancianos permanezcan constante-
mente en la presencia de Dios sugiere que mantienen delante de Ellas ora-
ciones de su pueblo. Uno de los ancianos anima a Juan (vers. 5), y otro
sirve como intérprete en una de las visiones (cap. 7: 1317).
La evidencia disponible rechaza la posición que interpreta a los 24 an-
cianos como "un orden angélico exaltado", 4 que sirve como la contrapar-
te celestial a los órdenes sacerdotal y levítico (véase 1 Crón. 24-26). En
cambio, deberíamos ver en ellos un grupo especial elegido de la humani-
dad redimida. Las siguientes deducciones sustentan este concepto: 1) sus
ropas blancas testifican de la pureza de sus vidas como resultado del po-
der transformador del Evangelio. Deben ser parte de los redimidos, quie-
nes "han lavado sus ropas ... en la sangre del Cordero" (Apoc. 7: 14).
2) Las coronas de oro sobre las cabezas de 'los ancianos son las coronas
58 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
de victoria (la palabra griega es stéfanos), indicando su victoria moral y
espiritual sobre el mal mediante la fe en Cristo Jesús. Si las coronas indi-
caran su condición de reyes, esperaríamos que Juan hubiera usado lapa-
labra griega diadema, como lo hace cuando se refiere a Jesús como el Rey
de reyes (Apoc. 19: 12, 16). 3) El número 24 puede representar el cuerpo
entero de creyentes, de las doce tribus de Israel (el pueblo de Dios antes
de la cruz) y la iglesia o el nuevo Israel (el pueblo de Dios después de la
cruz) representado por los doce apóstoles. 5 También puede aludir a las 24
órdenes sacerdotales del antiguo Israel, pero no indica una contraparte de
ángeles celestiales. Parece más apropiado ver aquí una referencia a la si-
tuación sacerdotal de los redimidos, que Juan nos presenta en su saludo
(Apoc. 1: 6).
Los siete espiritus de Dios (Apoc. 4: 5). Juan ya nos presentó "los siete
espíritus" de Dios que están delante de su trono (Apoc. 1: 4). Pero aquí
el profeta los describe como "siete lámparas de fuego" que arden delante
del trono. Algunos han especulado de que las siete lámparas son los siete
candeleros, y concluyen que la puerta abierta permitió a Juan mirar en
el primer compartimento del santuario celestial. Pero no tenemos nada que
sostenga esa conclusión. Además, ignora la propia interpretación de Juan
en Apocalipsis 4: 5, que liga las siete lámparas con los "siete espíritus".
Más consecuente con su punto de vista es la idea de que las siete lámparas
pueden describir otro aspecto de la obra del Espíritu Santo; específicamente,
revelar la santidad de la presencia divina. El relato del llamamiento de Moi-
sés muestra a Dios al manifestar su santidad en un arbusto ardiente que
no se consumía por las llamas (Exo. 3: 2-6). El día de Pentecostés el Espí-
ritu Santo descendió sobre los discípulos en la forma de lenguas de fuego
(Hech. 2: 1-4), y los ungió con las credenciales divinas para el ministerio.
El fuego sirve para simbolizar el majestuoso carácter de la presencia de
· Dios o su santidad.
Cuando estuvieron en las fronteras de la tierra prometida, Moisés ad-
virtió a Israel contra la idolatría, recordándoles que su Dios es un fuego
devorador (Deut. 4: 24). Y el libro de Hebreos nos advierte que aprenda-
mos de las lecciones de la historia de Israel (véase Heb. 12: 25) y ofrezca-
mos a Dios una adoración aceptable, porque Dios es un "fuego
consumidor" (vers. 28, 29). La adoración es una respuesta reverente a la
santidad revelada de Dios. Como este es el tema de Apocalipsis 4, una in-
terpretación de las siete lámparas de fuego como el Espíritu Santo en el
contexto de la adoración sería consistente con este hecho.
Junto con las siete lámparas de fuego, Juan ve que salen del trono
relámpagos y oye voces y truenos. Usa imágenes similares en otras partes
para describir la manifestación de la ira divina contra los malvados (Apoc.
LA SANTIDAD DE DIOS EN MAJESTUOSO DESPLIEGUE 59
8: 5; 16: 18). Es irrwortante que notemos que Dios revela su ira cuando·
manifiesta su santo desagrado por el pecado. La misma santidad que atrae
a los creyentes a una experiencia de adoración, impulsa a los incrédulos
a alejarse aterrorizados. El poder acrisolador de la presencia de Dios puri-
fica a su pueblo mientras que al mismo tiempo destruye a los impíos.
El mar de vidrio (Apoc. 4: 6). Luego Juan ve ante el trono lo que parece
un mar de resplandeciente cristal. El simbolismo tiene sentido cuando se
lo considera ante el trasfondo de varios pasajes del Antiguo Testamento:
1) en la visión de la rueda dentro de la rueda de Ezequiel, el profeta ve
sobre las cabezas de los seres vivientes una ''expansión a manera de cris-
tal'', y sobre ella el trono (Eze. 1: 22, 26). Encontramos una imagen simi-
lar del firmamento en el lenguaje poético de Eliú, uno de los amigos de
Job. Eliú describe el cielo como "un espejo fundido" (Job 37: 18). 2) El
salmista describe con lenguaje pintoresco la escena del mar celestial sobre
el cual Dios puso las bases de sus aposentos (Sal. 104: 3). El simbolismo
sugiere que el escritor pensaba en el lugar del trono de Dios. La idea de
un mar celestial aparece también en el informe de la creación del Génesis.
Cuando Dios creó la expansión de los cielos, separó las aguas debajo del
firmamento de las de arriba de él (Gén. 1: 7).
El mar de vidrio es un "fenómeno visual que aumenta el majestuoso
esplendor" de la majestad de Dios. 6 Este mar puede simbolizar la luz en-
ceguecedora de su santidad y la inmensa distancia entre Dios y el mundo,
como resultado de esa santidad. 7 La expresión mar de vidrio ocurre otra
vez en Apocalipsis 15, donde los redimidos aparecen con sus arpas y ofre-
cen a Dios su alabanza por la victoria que les dio sobre la bestia y su ima-
gen (vers. 2, 3). Finalmente, notamos la referencia al río de las aguas de
vida, resplandeciente como cristal, que fluye del trono de Dios y del Cor·
dero (Apoc. 22: 1). Las propiedades vitalizadoras que fluyen del trono de
Dios exhiben la misma resplandeciente pureza como la de la radiación que
emana de su presencia. De este modo el trono simboliza la Fuente que pro-
vee todas las bendiciones y que sostiene toda vida.
Los cuatro seres vivientes (Apoc. 4: 6-8). Los. cuatro seres vivientes ofre-
cen dificultades al intérprete así como lo hicieron los 24 ancianos. Aunque
el libro los menciona a menudo, no tenemos suficientes evidencias como
para identificarlos con alguna certidumbre. Parecen estar basados en la
visión de Ezequiel. La visión del profeta del Antiguo Testamento de cua-
tro seres vivientes describe a cada uno de ellos como poseyendo cuatro ca-
ras (Eze. 1: 4-14), mientras en el Apocalipsis cada uno tiene sólo un rostro.
En la visión de Ezequiel los seres pueden estar sosteniendo el firmamento
(véase Eze. 1: 22, 23), mientras en el Apocalipsis siempre aparecen delan-
60 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
te del trono de Dios en constante alabanza y adoración (Apoc. 4: 6, 8; 5:
6, 9, 14; 7: ll; 19: 4). También realizan tareas relacionadas con el juicio
de Dios en los últimos días. A sus órdenes ocurren los acontecimientos des-
critos en la visión de los primeros cuatro de los siete sellos (Apoc. 6: 1,
3, 5, 7). Uno de ellos extiende a los siete ángeles las copas de oro que con-
tienen las siete últimas plagas (Apoc. 15: 7).
Aunque encontramos diferencias marcadas entre la visión de Juan y
la de Ezequiel, las semejanzas son suficientes como para dar una base a
la conclusión de que los cuatro seres vivientes en ambas visiones son los
mismos. En la visión de Ezequiel, además, podemos identificar a las cria-
turas con los querubines que rodean el trono de Dios. "Estos eran los mis-
mos seres vivientes ... y conocí que eran querubines" (Eze. 10: 20). De
otros pasajes del Antiguo Testamento obtenemos una imagen más clara
de la obra de este orden angélico. En el santuario del desierto, había re-
presentaciones de querubines en el velo que separaba el lugar santo del lu-
gar santísimo (Exo. 26: 31), y sobre el propiciatorio en el lugar santísimo
(Exo. 25: 18-21). El templo de Salomón los representaba en el lugar santí-
simo y sobre las paredes y las puertas (1 Rey. 6: 23-32; 2 Crón. 3: 7). Los
querubines aparecen también en el lugar de oración, o sala del trono del
santuario celestial (véase 2 Rey. 19: 15). Dos salmos describen a Dios co-
mo entronizado sobre querubines (Sal. 80: 1; 99: 1; véase lsa. 37: 16, don-
de la oración de Ezequías habla de Dios entronizado arriba de los
querubines), y un salmo lo presenta como volando sobre un querubín y
sobre las alas del viento (Sal. 18: 10). Y fueron los querubines quienes,
a la entrada del Jardín del Edén, guardaron el camino al árbol de la vida
(Gén. 3: 24).
Los cuatro seres vivientes que rodean el trono de Dios en la visión
de Juan, entonces, son los querubines, un exaltado orden de ángeles que
sirven má.s de cerca a Dios como guardianes de su trono, y conducen a
las huestes celestiales en la adoración y la alabanza.
Podemos preguntarnos por qué Juan, y Ezequiel antes de él, no iden-
tificaron sencillamente a los cuatro seres vivientes como querubines. La
respuesta aparece en las mismas imágenes simbólicas. Los comentadores
generalmente reconocen que los cuatro seres vivientes significan "todo lo
que hay de más noble, más fuerte, más sabio y más veloz en la naturale-
za" .8 Cuando lo consideramos de este modo, podemos entender que los
cuatro seres vivientes son representantes de todo el orden de la creación,
y así ofrecen en favor de todos los seres vivientes la suprema adoración
a Dios (Sal. 19: 1, 2; 97: 1, 6), y una invitación a toda la creación a cantar
alabanzas a Dios (Sal. 98: 4-9; 148; 150). Mediante la constante alabanza
de los cuatro seres vivientes vemos la contraparte celestial de lo que el sal-
mista exhorta a hacer a la tierra.
LA SANTIDAD DE DIOS EN MAJESTUOSO DESPLIEGUE 61

Ya en el segundo siglo de la era cristiana encontramos el primero y


más completo intento de interpretar el simbolismo de los cuatro seres vi-
vientes. lreneo sostuvo que "representaban cuatro aspectos de la obra de
Jesucristo, que a su vez están representados en los cuatro evangelios" .9
William Barclay resume las diversas identificaciones de la siguiente mane-
ra:10 ·
La identificación de lreneo:
Mateo= el hombre Marcos = el águila
Lucas = el búey Juan = el león
La identificación de Atanasio:
Mateo= el hombre Marcos = el buey
Lucas = el león Juan = el águila
La identificación de Victorino:
Mateo= el hombre Marcos = el león
Lucas = el buey Juan = el águila
La identificación de Agustín:
Mateo= el león Marcos = el hombre
Lucas = el buey Juan = el águila

La adoración en el cielo (Apoc. 4: 8-11). El capítulo alcanza su conclusión


con una exclamación de alabanza que se divide en dos partes: 1) Alabanza
de los cuatro seres vivientes. De día y de noche ofrecen sus incesantes ala-
banzas a Dios. Es una doxología que surge de su reconocimiento de lama-
jestuosa santidad, el ilimitado poder y la naturaleza eterna de Dios, todos
ellos atributos peculiares de la Deidad, que forman así la base de la adora-
ción incesante.
2) La adoración de los 24 ancianos. Su adoración es una respuesta
a la alabanza de los cuatro seres vivientes, Y. consiste en postrarse en sumi-
sión, arrojando sus coronas ante el trono de Dios en humilde acatamien-
to. Durante los tiempos romanos, los reyes derrotados arrojaban sus
coronas delante del busto del emperador romano como señal de completa
sumisión. El acto de sumisión de parte de los ancianos significa su absolu-
ta entrega a la soberanía de quien los redimió de la esclavitud y los hizo
victoriosos sobre todos los poderes del mal. Es así una respuesta amante
de gratitud y alabanza.
La atribución de alabanza de los 24 ancianos tiene dos aspectos: 1)
El es Señor y Dios. El titulo expresa la convicción de que sólo Dios es pree-
minente. Esto adquiere una significación adicional cuando consideramos
62 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
el hecho de que ese también fue el título oficial de Domiciano, el empera-
dor romano, y que los cristianos que rehusaban reconocerlo como señor
y dios encontraban la muerte inmediata. Aquí los representantes de todos
los creyentes ofrecen su confesión de fe en una exclamación de alabanza
que prevé el día cuando todo el cuerpo de creyentes con toda osadía pro-
clamare que sólo el Señor es Dios. 2) El es el Creador. En virtud de este
hecho el Señor es incomparable. El creó todas las cosas en los cielos y en
la tierra, y por lo tanto es digno de toda alabanza. Todo ser y todas las
cosas deben su existencia a El.
La doxología de los cuatro seres vivientes, combinada con la de los
24 ancianos, expresa la alabanza de toda la creación y de toda la iglesia.
En este sentido podemos decir que satisface la exhortación del salmista
en el versículo final de los salmos: "Todo lo que respira alabe a JAH"
(Sal. 150: 6). Juan escribió el libro del Apocalipsis añorando el día en que
esto ocurra realmente.

1 Barclay, Apocalipsis, pág. 175.


2 Ford, Revelation, pág. 71.
3 Ibid., pág. 72.
4 Mounce, The Book of Revelation, pág. 137.
S The SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 768.
6 Mounce, pág. 136.
7 Barclay, pág. 185.
8Jbid., pág. 187.
9 lbid., pág. 189.
10 lbid.' pág. 190.
Capítulo 6

Se exalta al León y. al Cordero

(Basado en Apocalipsis 5)

«Para que en el nombre de Jesús se doble toda


rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y
debajo de la tierra" (Fil. 2: JO).

El rollo con los siete sellos (Apoc. 5: 1). Apocalipsis 5 sigue con la visión
de la sala del trono iniciada en el capítulo anterior. Juan ve en la mano
derecha del Todopoderoso un rollo con siete sellos. Desde el comienzo,
Juan concentra su atención en el rollo.··El hecho de que esté en la mano
de Dios indica que es un documento de gran importancia, y los siete sellos
sugieren la naturaleza delicada de su contenido y, por lo tanto, la necesi-
dad de mantenerlo en secreto. Tenemos información de la Biblia y de otras
fuentes que arroja luz sobre el tema.
l. La visión de Ezequiel del rollo escrito (Eze. 2: 8 al 3: 3). El rollo
que vio Ezequiel contenía "endechas y lamentaciones y ayes". Como el
documento en la visión de Juan, estaba escrito por delante y por detrás,
pero el profeta no menciona sellos. En cambio, recibe la instrucción de
comer el rollo (véase Apoc. 10: 8-11), y, al hacerlo, encontró que en su
boca fue "dulce como miel".
2. La instrucción del ángel Gabriel a Daniel (Dan. 12: 4, 9). Después
de explicar el significado de las profecías de tiempo, Gabriel indica al pro-
feta que debe sellar el mensaje que le fue revelado. Antes que Dios esta-
blezca su reino, ocurrirá un tiempo de angustia sin precedente en la historia
humana. Pero a pesar de su severidad, Dios librará a su pueblo -es decir,
a "todos los que se hallen escritos en el libro" (Dan 12: 1). Por el momen-
to, sin embargo, Gabriel le dice al profeta: "Cierra las palabras y sella
el libro"; es decir, las palabras de la profecía serían para el pueblo que
63
64 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNI)O HOSTIL
afrontaría la tribulación de los días finales. El tiempo del fin vería un
aumento de la actividad y el conocimiento humanos (vers. 4) y una dispo-
sición a aceptar las profecías.
En Apocalipsis 1: 3 Juan alude al pasaje de Daniel. Después de pre-
sentar el mensaje como "la revelación de Jesucristo", el profeta destaca
la importanciá de leerlo, escucharlo, y obedecerlo pronunciando una tri-
ple bendición y sefialando que "el tiempo está cerca". Juan quiere que
sus lectores sepan que la revelación dada a él y que está trasmitiendo con-
tiene instrucciones para el pueblo de Dios de los últimos días. Lo que una
vez estuvo sellado está a punto de ser revelado. El Revelador prevé, en
visión, la eliminación de los sellos del rollo y la revelación de su contenido.
En la literatura apocalíptica, Dios confía su revelación al profeta, quien
a su vez la entrega a su pueblo en forma escrita. Esto permite que la igle-
sia lea, estudie y reflexione sobre las instrucciones con cuidado. La inten-
sa persecución hace que sea menos probable que se escuche la predicación
del profeta u oiga la instrucción de viva voz. Por lo tanto, la palabra es-
crita de la profecía reemplaza a la palabra hablada. El rollo sellado que
Juan ve es un documento escrito, punto que afiade significación a la pala-
bra escrita como medio de comunicación divina.
Como lo sefialamos antes, Juan usa un mosaico de pasajes del Anti-
guo Testamento para describir lo que ve y experimenta en visión, y bajo
la inspiración divina da nuevo significado al simbolismo. Así encontra-
mos en el Apocalipsis referencias y alusiones a pasajes de la ley, la histo-
ria, la sabiduría, la himnología y la profecía israelitas. También observamos
a Juan combinar diferentes formas literarias tales como el saludo episto-
lar en la introducción al libro (Apoc. 1: 4-8); una modificación de la fór-
mula profética ("así dice el Sefi.or") en las palabras introductorias a las
cartas a las siete iglesias (Apoc. 2: 1, 8, 12, 18; 3: 1, 7, 14); la bendición
sacerdotal (Apoc. 1: 3; 14: 13; 19: 9; 20: 6; 22:7, 14); las fórmulas comu-
nes en los escritos apocalípticos para introducir una visión tales como: "Me
volví para ver" (Apoc. 1: 12) o "Miré, y he aquí" (cap. 4: 1) o "Y vi"
(cap. 5: 1), etc. El Apocalipsis está saturado del lenguaje y la literatura
del Antiguo Testamento, y al mismo tiempo tiene un mensaje que es más•
que la suma de las Escrituras judías. Tiene un carácter cristiano distinti-
vo, a pesar de su marcado acento judío.
El desafío al ángel fuerte (Apoc. S: 2-4). El interés de Juan por el rollo
se acentúa con el pregón del ángel fuerte: "¿Quién es digno de abrir el
libro y desatar sus sellos?" El ángel proclama su pregunta a gran voz ·co-
mo para llegar al extremo del universo, afiadiendo dramatismo a la esce-
na, ya tensa de expectación. El profeta no identifica al ángel fuerte, pero
lo encontramos de nuevo en Apocalipsis 10: 1 y 18: l. Es pura especula-
SE EXALTA AL LEON Y AL CORDERO 65
ción sugerir que Gabriel desempeña este papel, pero la idea tiene algún
mérito. Quienquiera que sea, el desafío del ángel no encuentra respuesta.
"Ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra" fue hallado
digno. Nadie en todo el universo satisface las exigencias o tiene las cuali-
dades necesarias para revelar el contenido del documento divino.
En el capítulo anterior, Juan nos informó de que una voz lo llamó
hacia la puerta del cielo, y que en ese momento recibió una promesa de
que vería cosas que sucederían pronto (Apoc. 4: 1). El rollo sellado estaba
a punto de ser abierto. Ahora parece que la promesa no podrá cumplirse,
y Juan llora. Para captar la significación de su chasco, debemos recono-
cer lo que una demora en la revelación significaría para él y para la igle-
sia. En la introducción a su libro, Juan nos informa que las autoridades
romanas lo habían desterrado a la isla de Patmos por causa de su fiel tes-
timonio de la verdad. Escribe para animar a sus compañeros creyentes a
soportar con paciencia los tiempos difíciles porque su liberación se acer-
ca. Para los débiles en la fe, el pensamiento de una demora puede ser
aplastante.
El rollo sellado contenía el conocimiento de la santa voluntad de Dios,
y, por tanto, una revelación de su contenido, daría a conocer el plan sal-
vador de Dios para su iglesia. Mientras el rollo permaneciera sellado, el
plan para la iglesia del tiempo del fin seguiría siendo un misterio. Aquí
notamos cuán estrechamente vinculados están la obra redentora y revela-
dora de Dios. El revela lo que ha de ocurrir pronto porque desea preparar
a su pueblo para el ataque final del enemigo. Una iglesia preparada es una
iglesia informada. Y una iglesia preparada pasará en triunfo por la tribu-
lación, mientras que una iglesia sorprendida por el enemigo tiene más po-
sibilidades de fracasar. Juan llora ante la perspectiva de una demora. En
el dolor del profeta podemos ver una alusión a la pregunta que levantó
Daniel: "Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?" Daniel no recibe
una respuesta, pero el ángel le dice, en cambio, que "estas palabras están
cerradas y selladas hasta el tiempo del fin" (Dan. 12: 8, 9). La idea de
que algo ha pospuesto la acción final y decisiva de Dios en forma indefini-
da ahora abruma a Juan. El incidente hace más dramático el dilema para
magnificar al Señor resucitado, porque el Cristo glorificado aceptará el
desafío del ángel fuerte.
El León de Judá y la Raíz de David (Apoc. 5: 5). Uno de los 24 ancianos
consuela a Juan con las palabras de seguridad: "El León de la tribu de
Judá, Jaraíz de David" puede abrir el rollo y los siete sellos por causa
de su poderosa victoria sobre las fuerzas del mal. El desafío del ángel fuerte
llega a ser así puramente retórico, y forma una parte integral de la escena
de adoración presentada en el capítulo anterior. El salmo 24, un salmo
66 LA IGLESIA DE DIOS EN \]N MUNDO HOSTIL
procesional que celebra el triunfo militar del rey (quien sirve como vasallo
del Señor), ilustra cómo el culto de adoración puede emplear en forma efec-
tiva una pregunta retórica. El material pertinente aparece en los versícu-
los 7 al 10.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
y alzaos vosotras, puertas eternas,
y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
y alzaos vosotras, puertas eternas.
y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová de los ejércitos,
El es el Rey de la gloria.
Mientras el rey se acerca a la capital, se proclama: "Alzad, oh puer-
tas, vuestras cabezas. . . y entrará el Rey de gloria''. Y un desafío contes-
ta a esa orden: "¿Quién es este Rey de gloria?" Y la pregunta evoca un
acorde de mayor entusiasmo: "Jehová el fuerte y valiente". Repetido otra
vez, el desafío produce una exclamación de alabanza reverente. El templo
usaba este salmo en la liturgia para celebrar la victoria que Dios conquis-
taba para su pueblo mediante su 'siervo ungido. 1 Los eruditos se refieren
·a este salmo como un salmo mesiánico, y la iglesia entiende que tendrá
su cumplimiento final en Jesús. En Jesús, el ungido, Dios ha derrotado
a los enemigos de su iglesia en forma definitiva.
El desafío del ángel fuerte de Apocalipsis 5 exalta así la expectación
de la congregación celestial, cuya alabanza incesante repercute por todas
las cortes cósmicas y prepara el camino para el ritual de exaltación del Cor-
dero. Las palabras del anciano procuran c<;~nsolar a Juan, puesto que el
desafío del ángel no tenía la intención de causar dolor. La respuesta apro-
piada es de gozo y celebración. En cuanto a quién es digno de abrir el ro-
llo sellado no quedan dudas. El Señor resucitado, en virtud de su glorioso
triunfo sobre la muerte y los poderes del mal, y por causa de su suprema
obediencia a Dios, es realmente digno. Tqdo el cielo conoce este hecho.
El desafío del ángel proporciona la ocasión para regocijarse una vez más
por la victoria del poderoso Rey.
Al consolar a Juan, el anciano atribuye a Cristo dos títulos derivados
del Antiguo Testamento: 1) es el León de la tribu de Judá. La designación
recuerda la bendición final de Jacob a sus hijos en la que se refiere a Judá
como a un "cachorro de león" (Gén. 49: 9). El pensamiento judío poste-
SE EXALTA AL LEON Y AL CORDERO 67
rior vio un significado mesiánico en este título. 2 La imagen implica la
fuerza del león y la reputación que el animal obtiene por ella. Así como
la creencia popular llama al león el rey de los animales, Jesús es el rey de
los gobernantes terrenales. El título seiiala apropiadamente la majestuosa
manifestación del poder de Dios en la conquista de Cristo, y afirma con
todo énfasis que Jesús es el Mesías todopoderoso, quien es el único digno
de abrir el rollo y revelar a todo el universo el destino del mundo.
2) Es la Raíz de David. Esta designación deriva de una profecía me-
siánica de lsaías y recuerda los versículos que hablan del rey venidero co-
mo la "vara del tronco de lsaí" (lsa. 11: 1). lsaí fue el padre de David,
el rey más notable de Israel. El profeta prevé otro David que surge para
conducir los ejércitos del pueblo de Dios con éxito en la batalla contra el
enemigo y restablecer la soberanía de Israel en el mundo. La profecía en-
contró su cumplimiento en la muerte y resurrección triunfal de Jesús, y
será evidente en los últimos días cuando Cristo establezca su reino de glo-
ria y paz.
La exaltación del Cordero (Apoc. S: 6, 7). El acto central del drama de
la visión enfoca al Señor resucitado, presentado aquí como un Cordero
de pie con las cicatrices del sacrificio. Tiene siete cuernos y siete ojos que
representan los siete espíritus de Dios. La imagen del cordero tiene un rico
simbolismo religioso tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo
Testamento, y un breve resumen de las tradiciones de Israel aclarará el
significado de lo que Juan ve en visión.
l. El cordero pascual asociado con el éxodo de Egipto (Exo. 12: 1-28).
El c<;>rdero inmolado servía como sustituto para los primogénitos de Is-
rael, y su sangre en los postes de la puerta avisaba al ángel vengador que
pasara por alto la casa sin hacer daño a la familia. La comida pascual pro-
porcionaba a Israel la oportunidad de conservar el recuerdo de esa noche
cuando Dios los libró de la esclavitud egipcia. Esta fue la comida queJe-
sús observó con sus discípulos la noche de su traición, la que fue transfor-
mada en un acto de recordación que señalaba su muerte sacrificial (Mat.
26: 17-29; 1 Cor. 11: 23-26). La aplicación es bien clara. Jesús sufrió la
muerte que nosotros merecíamos a fin de liberarnos de la pecaminosa es-
clavitud de Satanás. Y es este sacrificio salvador el que sostiene a la iglesia
en medio de las tribulaciones de los últimos días. Pues la victoria que al-
canzó ntediante su muerte lo autoriza a abrir el rollo y revelar su conteni-
do. Y este evento revelador tiene valor redentor porque provee iluminación
y esperanza renovada a la iglesia. El Cordero que fue inmolado es el Se-
iior resucitado que conducirá a su pueblo a través de las dificultades de
los últimos días.
2. El cordero ofrecido en los sacrificios diariqs del santuario (Exo.
68 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
29: 38-42). La víctima del sacrificio dominante, representaba la inocen-
cia, la pureza, la suavidad y la mansedumbre. En su poema profético del
Siervo sufriente, Isaías utiliza del lenguaje de los sacrificios cuando des-
cribe al siervo que como "cordero fue llevado al matadero" (lsa. 53: 7).
Fue herido, magullado y castigado por nuestros pecados, y por sus sufri-
mientos encontramos sanidad (lsa. 53). El Nuevo Testamento comprende
y explica la muerte de Jesús contra este telón de fondo de las prácticas
de los sacrificios del Antiguo Testamento (Heb. 9, 10), y lo señala como
el Cordero inmaculado de Dios (1 Ped. 1: 19) que quita el pecado del mundo
(Juan 1: 29, 36).
En cada ejemplo la palabra usada para cordero es amnós, pero en el
Apocalipsis Juan prefiere la palabra arníon. Cuando consideramos el he-
cho de que arníon no aparece en ninguna otra-parte del Nuevo Testamen-
to, y que el Apocalipsis lo usa 28 veces al referirse a Jesús, somos
impulsados a mirar más de cerca esta representación simbólica del Señor
resucitado. Al hacerlo, notamos dos cosas: 1) el Cordero lleva las marcas
del sacrificio. Juan recurre a la riqueza de las tradiciones israelitas de los
sacrificios para señalar la gloriosa victoria que Jesús obtuvo en el Calva-
rio. La iglesia nunca debe perder de vista el sufrimiento que Cristo sopor-
tó en favor de los pecadores. También debe comprender su propio
sufrimiento en relación con el sacrificio de Jesús y a la luz de él. El cami-
no al reino es el camino de la cruz.
2) El Cordero tiene siete cuernos y siete ojos. Las marcas del sacrifi-
cio señalan a la victoria de Cristo en lo pasado, y al beneficio presente
que la iglesia recibirá de esta realización eterna. Los siete cuernos y los
siete ojos indican la obra presente de Cristo en favor de su iglesia lucha-
dora. Una vez más podemos recurrir al Antiguo Testamento para ayudar-
nos a comprender el simbolismo de Juan. a) En Israel, los cuernos
representaban dos cosas: primero, el poder. La bendición de Moisés se re-
fiere a los cuernos de José al comparar la tribu con un buey salvaje y agre-
sivo que usa sus cuernos para expulsar a los ocupantes de la tierra. De
acuerdo con Moisés, las tribus de Efraín y Manasés -descendientes de
José- conservarán con éxito su territorio y expulsarán a los pueblos ha-
cia el fin de la tierra (Deut. 33: 17). Para dramatizar esta predicción espe-
cífica, el profeta Sedequías hizo unos cuernos de hierro para indicar el
triunfo que veía sobre las fuerzas sirias (1 Rey. 22: 11). En su visión de
las cuatro bestias, Daniel describe la cuarta como "espantosa y terrible
y en gran manera fuerte" y añade que tenía diez cuernos (Dan. 7: 7). Su
visión del carnero y del macho cabrío muestra al macho cabrío quebrando
los dos cuernos del carnero, dejándolo sin "fuerzas" (Dan. 8: 7). En el
apogeo de su poder, su propio cuerno se quiebra y surgen cuatro cuernos
en su lugar (vers. 8). Así, el cuerno representa el poder militar y político
SE EXALTA AL LEON Y AL CORDERO 69
de los reyes de la tierra. El Cordero con siete cuernos, entonces, significa
el poder supremo del Rey de reyes, cuya soberanía absoluta pronto se ma-
nifestará en todo el universo. Considerado simbólicamente, el número siete
señala la omnipotencia de Cristo. El es el todopoderoso Mesías que con-
ducirá a su iglesia en triunfo a través de la tribulación al reino.
El cuerno también representa honor y exaltación. En un salmo de ala-
banza que celebra el trato fiel de Dios con su pueblo, el salmista exclama:
"Porque tú eres la gloria de su potencia, y por tu buena voluntad acrecen-
tarás nuestro poder" (Sal. 89: 17). [El hebreo utiliza en vez de poder la
palabra cuerno.] El mismo salmo habla de la promesa de Dios de honrar
y exaltar a David y a sus descendientes, declarando que en su nombre el
poder [cuerno] de David será exaltado (vers. 24). El cuerno pequeño de
las visiones apocalípticas de Daniel abusó de su poder al elevarse a una
posición de honor, pronunciando blasfemias imperdonables contra Dios
(Dan. 8: 9-12). Los siete cuernos del Cordero de Apocalipsis 5 simboli-
zan, entonces, el estado glorificado del Cristo exaltado.
b) El Cordero tiene siete ojos, que son los siete Espíritus enviados
por toda la tierra. Una vez más encontramos los siete Espíritus de Dios.
La expresión aparece en relación con la obra del Señor resucitado. Mien-
tras los siete cuernos describen la omnipotencia de Cristo, los siete ojos
representan su omnisciencia·. Jesús es el Mesías todopoderoso y sabio. La
imagen recuerda una de las visiones de Zacarías. Allí, un ángel le dice al
profeta que las siete lámparas son "los ojos de Jehová, que recorren toda
la tierra" (Zac. 4: 1-10). Juan desea comunicarnos el hecho de que nada
en la tierra escapa a los ojos de Jehová. Las crueles injusticias hechas con-
tra los inocentes, los falsos testimonios presentados en los tribunales, las
concesiones morales con el enemigo, no ocurren en secreto sino a plena
vista del Cristo exaltado. Y un día todos estarán frente a El en el juicio
para dar cuenta de sus hechos. Es un cuadro severo y, al mismo tiempo,
animador para los fieles que sufrieron por causa de Cristo.
Juan ve que el Cordero avanza y toma el rollo de la mano derecha
de Dios. Es el acto central del drama de la adoración, la respuesta prevista
al desafío del ángel fuerte. El Cordero inmolado, el Mesías todopoderoso
y sabio en su majestad y en su mansedumbre, es el único que puede abrir
el rollo.
El coro celestial (Apoc. 5: 8-14). El libro del Apocalipsis resuena con ala-
banzas. El pasaje que consideramos ahora es insuperable en su descrip-
ción del culto y la adoración y gozo en él expresados. La escena que Juan
describe debe haberlo emocionado más allá de lo imaginable. Observamos
un desarrollo progresivo de aclamaciones en el coro celestial. Comienza
y termina con los cuatro seres vivientes y los 24 ancianps.
70 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
l. La alabanza de Íos seres vivientes y los ancianos. Cuando el Cor-
dero recibe el rollo sellado, los cuatro seres vivientes y los ancianos caen
delante de El y prorrumpen en espontánea alabanza. Aquí debemos notar
tres cosas: a) Los ancianos tienen arpas. El arpa era el instrumento tradi-
cional del culto judío, y muchos de los himnos del salterio eran cantados
con acompañamiento de arpa. En los salmos encontramos exhortaciones
a alabar al Señ.or con arpa (Sal. 33: 2; 98: 5; 147: 7). Era un instrumento
de alabanza, y encontramos que ese hecho se refleja en la adoración del
cielo.
b) Los ancianos tienen copas de oro llenas de incienso y simbolizan
las oraciones del pueblo de Dios. Como representantes ·de todo el cuerpo
de creyentes, los ancianos mantienen delante del trono las expresas necesi-
dades de la iglesia, pero no sirven en un papel sacerdotal, pues eso estaría
en aguda contradicción con el acceso directo que Cristo logró para su pue-
blo. En cambio, debemos ver a los ancianos como el símbolo humano de
la iglesia, previendo el día en que el pueblo de Dios de todas las edades
se presentará para cantar sus alabanzas a El en persona.
e) Los ancianos y los seres vivientes cantan un cántico nuevo. La fra-
se cántico nuevo que aparece con frecuencia en Salmos está relacionada
íntimamente con la experiencia religiosa de Israel. El cántico nuevo puede
ser un himno de alabanza por la obra de Dios como creador (Sal. 33: 4-9)
o por su protección (vers. 10-17). Puede ser un canto de alabanza por un
sanamiento específico (Sal. 40: 1-3), por los actos salvadores de Dios en
la historia (Sal. 96: 1-6), por una victoria en la batalla (Sal. 98: 1-3), o
por la liberación de la mano del enemigo (Sal. 144: 9-11). O el cántico nuevo
puede ser sencillamente una aclamación jubilosa en respuesta a la fideli-
dad del Señ.or hacia su pueblo (Sal. 149: 1-9).
Es inspirador asistir a un concierto religioso y escuchar las voces adies-
tradas mientras cantan alabanzas a Dios. Pero cuánto más elevador es par-
ticipar en un coro congregacional cuya alabanza a Dios rebosa de gratitud
por bendiciones específicas en la situación vivida por la iglesia.
Los cuatro seres vivientes y los ancianos prorrumpen en un himno que
exalta al Cordero por su gran acto redentor. Enfoca los beneficios que pro-
vee mediante su muerte salvadora. Por su sangre ha comprado la iglesia
para Dios -una iglesia que consiste de personas de todas partes del mun-
do (Apoc. 5: 9). Y por su sangre constituyó un reino y sacerdotes para
Dios con la gente que redimió del pecado (vers. 10). Resulta de interés el
objetivo de la obra redentora de Cristo: El nos compró del pecado y nos
libertó para que pudiéramos vivir para cantar alabanzas a Dios. Los san-
tos han sido salvados para el reino de Dios, para caminar a la luz de su
gloria, y para exclamar su gratitud en sus cortes por lo que hizo mediante
Jesucristo su Hijo.
SE EXALTA AL LEON Y AL CORDERO 71
2) La alabanza de los ángeles. Juan ve en su visión una hueste incon-
table de ángeles. Después del cántico de los seres vivientes y de los ancia-
nos, elevan su voz en fuerte aclamación: "El Cordero que fue inmolado
es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la hon-
ra, la gloria y la alabanza" (vers. 12). La séptuple atribución de alabanza
enumera las cualidades del Cristo exaltado. Jesús manifestó cada una de
ellas durante su ministerio terrenal en favor de otros, pero nunca fue en
servicio propio. La hueste de ángeles ahora prorrumpe en suprema adora-
ción para honrar y adorar al que ha ganado su más profunda lealtad y amor.
3) La alabanza de toda la creación. Comenzando con las loas de los
seres vivientes, la música crece cuando el coro de innumerables ángeles se
une a él, llégando gradualmente a ser más fuerte y más sonoro con gozo
reverente hasta que un tercer grupo de cantores se une a ellos en la santa
veneración del Cordero. Las oleadas de alabanzas ahora llegan a ser una
marea de adoración. Todas las criaturas en los cielos y en la tierra y deba-
. jo de la tierra y en el mar no puede contenerse por más tiempo. Ellas tam-
bién prorrumpen con entusiasmo diciendo: "Al que está sentado en el trono,
y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos
de los siglos" (vers. 13). Fuimos creados para cantar las alabanzas de Dios,
y al hacerlo participamos de la gloria y la naturaleza de Dios a la luz de
su presencia.
Recientemente una mujer joven que antes había sido miembro de la
Iglesia Adventista se sintió convencida por el Espíritu Santo a rehacer su
vida y volver al Seftor. Pidió asistir a la iglesia, pero los miembros de su
congregación anterior le aconsejaron que no volviera a ella. Le dijeron que
obtendría poco beneficio de los cultos, y que ellos mismos habían dejado
de asistir por esa razón. Así que vino a verme, muy perpleja, ya que esta-
ba convencida de que debía asistir de nuevo a los cultos. Mi respuesta fue
muy sencilla: Dios quiere que vayamos a la iglesia pata adorarlo a El. El
nos ha llamado a su casa cada semana para traerle nuestra gratitud y nuestra
alabanza. Al dársela a Dios recibimos una bendición. Si no tenemos razo-
nes para asistir a la iglesia, si no hay otra motivación que la de obtener
algo para nosotros, si no tenemos nada que ofrecer a Dios, deberíamos
estar alarmados por nuestra condición espiritual, porque tal vez nosotros
mismos estemos al borde de la muerte espiritual.
4) El crescendo de alabanzas termina con la respuesta de los seres vi-
vientes y los ancianos. En homenaje reverente los cuatro seres vivientes
dicen "¡Amén!", y los 24 ancianos se postran delante de la presencia de
Dios y del Cordero, y otra vez ofrecen su adoración. Así tenemos comple-
to el círculo de la exaltación y magnificación del Cordero. Porque la ala-
banza en los cielos es incesante, y la gratitud de la creación es eterna.

1 Mitchell Dahood, Salmos-1, The Anchor Bible, pág. 151.


2 Barclay, Apocalipsis, pág. 201.
Capítulo 7

La ·venganza es obra de Dios

(Basado en Apocalipsis 6)

"Porque es tiempo de que el juicio comience por la


casa dé Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál
será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de
Dios?" (1 Ped. 4: 17).

Se abren los siete sellos. El acto central en Apocalipsis 5 fue el del


Cordero cuando tomó el rollo con los siete sellos de la mano derecha de
Dios que estaba sentado en su trono. El capítulo actual se centra e~ la aper-
tura de los seis primeros sellos. Las visiones de Juan del sellamiento de
los siervos de Dios y de la gran multitud de santos aparece entre el sexto
y el séptimo sellos (Apoc. 7). Debemos notar que Juan no revela el conte-
nido del rollo al romper los siete sellos. Eso debe esperar otro momento
(Apoc. 19: 1 a 21: 4). 1 En cambio, nuestra atención se centra en una se-
rie de acontecimientos que ocurren en la iglesia y en el mundo que revelan
en forma preliminar los propósitos redentores y judiciales de Dios.
Algunos han entendido que Apocalipsis 6 es el comienzo de una gue-
rra entre las fuerzas del bien y las del mal. 2 Por medio de la secuencia de
sellos, trompetas y copas (Apoc. 6 a 16) podemos ver una descripción dra-
mática de los justos juicios de Dios. Antes de comentar los sellos indivi-
dualmente, consideraremos varios pasajes apocalípticos de las Escrituras
que iluminan nuestra comprensión de la visión de Juan.
l. Las visiones de Zacarías. El profeta observa jinetes y carros de di-
versos colores (en Zac. 1: 8-17 describe a un hombre sobre un caballo ala-
zán, y detrás de él caballos alazanes, overos y blancos; mientras en Zac.
6: 1-8 ve caballos alazanes, negros, blancos y overos rucios). Los colores
aparentemente no tienen significado para él, mientras que para Juan los
colores de los cuatro caballos caracterizan la obra de los cuatro jinetes:
72
LA VENGANZA ES OBRA DE DIOS 73
conquistar (blanco), derramar sangre (rojo), esparcir hambre (negro), y
causar muerte (pálido). Las visiones de Zacarías tienen cuatro carros co-
mo instrumentos de juicios divinos, enviados por el Señor para patrullar
la tierra, pero en la visión de Juan los cuatro jinetes ejecutan la santa vo-
luntad de Dios en la tierra.
2. El discurs.o escatológico de Jesús. Durante su enseñanza acerca de ·
los últimos días Jesús dijo a sus discípulos que antes de su regreso habrá
un tiempo de gran terror (los dolores de parto del Mesías) para la iglesia
y el mundo (Luc. 21: 10-19). Será un período de guerra en que "se levan-
tará nación contra nación, y reino contra reino" (vers. 10), con lo que ha-
brá un gran derramamiento de sangre porque las personas "caerán a filo
de espada" (vers. 23, 24). Habrá "hambres y pestilencias" (vers. 11), y
la humanidad afrontará tal angustia y perplejidad que los hombres des-
mayarán de temor (vers. 25, 26). El pueblo de Dios afrontará intensa per-
secución en la forma de juicios ante tribunales y encarcelamiento. La familia
y los amigos se traicionarán, y todos los odiarán por causa de su testimo-
nio en favor de la verdad. Algunos serán muertos por su fe (vers. 12-17).
Encontramos muchos paralelos entre las señales de los últimos días
en el discurso de Jesús y los eventos descritos en la visión de los siete se-
llos. El pensamiento judío y cristiano primitivo visualizaba un tiempo de
gran angustia y aflicción sin precedentes previo al establecimiento del rei-
no de Dios.
Los adventistas del séptimo dia comprenden los siete sellos como que
describen los acontecimientos de la historia, comenzando con la iglesia en
el primer siglo de la era cristiana y culminando con el juicio escatológico
en ocasión de la segunda venida. 3
Los cuatro jinetes (Apoc. 6: 1-8). Los cuatro seres vivientes participan en
los acontecimientos descritos en los primeros cuatro sellos. Cuando el Cor-
dero abre cada sello, uno de los seres pide al caballo y a su jinete que sal-
gan.4 El primer caballo era blanco y su jinete tenia un arco y una corona
(stéfanos, que Significa "guirnalda del vencedor"), y salió "venciendo, y
para vencer" (Apoc. 6: 2). La imagen es de conquista en la guerra.
En el Antiguo Testamento el arco representa poder militar. Cuando
Jeremías describió la destrucción de Babilonia, cuenta que sus guerreros
fueron tomados cautivos y sus arcos fueron quebrados, indicando una de-
rrota militar (Jer. 51: 56). Oseas anunció los juicios divinos contra el pue-
blo de Israel indicando que quebraría el arco de Israel (Ose. 1: 5). El salmista
habla de que Dios hace cesar las guerras quebrando el arco y cortando la
lanza (Sal. 46: 9).
Si Jua:n está siguiendo la visión de Zacarías, los cuatro caballos re-
presentarían los cuatro vientos del cielo que Dios suelta sobre la tierra con
74 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
fuerza destructora. Los caballos y sus jinetes representarían los instrumentos
de la ira de Dios, y apuntan a las condiciones de desintegración de los asun-
tos del mundo que Jesús describió en su discurso a sus discípulos.
Si el caballo blanco representa a la iglesia, sin embargo, el simbolis-
mo no apuntaría a las fuerzas destructoras en operación en el mundo, si~
no al avance del evangelio contra las fuerzas que se oponen al plan redentor
de Dios. Describiría a la iglesia militante que triunfa en su testimonio de
la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús. Consecuente con la imagen
de una iglesia militante es el cuadro de Jesús en Apocalipsis 19: 11-16 co-
mo el Mesías conquistador, quien sobre un caballo blanco conduce sus ejér- ·
citos (también sobre caballos blancos) a la victoria en la batalla.
Considerado como representación de un período de la historia de la
iglesia, el caballo blanco describiría la edad apostólica, un momento en
que el Evangelio fue a todo el mundo y la iglesia experimentó sus mayores
conquistas espirituales.
El segundo caballo era bermejo (rojo) y a su jinete se le dio una gran
espada. Recibió autorización para quitar la paz de la tierra y como resul-
tado se derramó mucha sangre. La visión dibuja un cuadro de caoS' social
y de desintegración de las relaciones humanas, de hombres y mujeres que
se levantan unos contra otros en furia satánica. En su declaración de jui-
cio contra Egipto, lsaías presenta a Dios como levantando a los egipcios
para que luchen entre ellos. Cada uno ataca a su hermano y a su vecino.
Una ciudad enfrenta a otra, y un reino al otro (lsa. 19: 14). ·
Zacarías describe los juicios de Dios contra los enemigos de su pue-
blo en términos semejantes: "Y acontecerá en aquel día que habrá entre
ellos gran pánico enviado por Jehová; y trabará cada uno de la mano de
su compañ.ero, y levantará su mano contra la mano de su compañ.ero" (Zac.
14: 13). Jesús advirtió que la maldad humana aumentaría; logrando que
"el amor de muchos se" enfríe (Mat. 24: 12). Y el apóstol Pablo informa
a Timoteo que en los postreros días habrá hombres impíos, inhumanos,
implacables, traidores e impetuosos (2 Tim. 3: 1-4). Será un período de
terror cuando la ira consuma al mundo, y la gente se incline sólo a la des-
trucción.
El color del segundo caballo corresponde con la misión de su jinete
y simboliza una terrible carnicería. Mientras el primer caballo y su jinete
representaban una invasión desde afuera, el segundo caballo y su jinete
sugieren luchas intestinas. Aplicado a la iglesia, el caballo bermejo señala
un tiempo de intensa persecución. Jesús habló de la tribulación que ven-
dría sobre la iglesia, que llevaría a muchos a traicionarse con odio vene-
noso (Mat. 24: 9, 10).
Un período de martirio siguió a la brillante expansión de la iglesia
durante el primer siglo de la era cristiana. Algunas persecuciones proce-
LA VENGANZA ES OBRA DE DIOS 75
dieron de ciertos elementos de entre los judíos, por causa de los avances
que el cristianismo había hecho entre los gentiles temerosos de Dios. Y la
Roma pagana lanzo un violento asalto contra la iglesia hacia fines del pri-
mer siglo. Pero eve~tllalmente los cristianos encontrarían un trato inju-
rioso de los de sus propias filas, así como de los miembros de la familia
y de los amigos que no compartían sus convicciones religiosas.
Al abrirse el tercer sello aparece un caballo negro y sobre él un jinete
con una balanza en la mano. La balanza de cruz se usaba en los tiempos
antiguos para pesar granos. De en medio de los cuatro seres vivientes una
voz anunció el precio de dos libras de trigo y seis libras de cebada. La can-
tidad de alimento que se compraba con un denario seria la ración de una
persona por un dia. El denario era una moneda romana de plata, y en el
tiempo de Juan representaba aproximadamente lo que un trabajador co-
mún podía ganar en un día. Cuando comparamos los precios menciona-
dos en la visión con el precio del grano en Italia en ese tiempo, vemos que
el costo del trigo y de la cebada había sufrido una fuerte inflación -algunos
·la estiman en unas 16 veces el precio normal del grano. 5
Una voz advierte contra hacer dai'ío al aceite y al vino. El grano, el
vino y el aceite eran las cosechas principales de Palestina (Apoc. 6: 5, 6;
Deut. 7: 13; 11: 14; 28: 51; Ose. 2: 8, 22). Como los olivos y las vides te-
nían raices mucho más profundas que los granos, podían sobrevivir me-
jor a una sequía.
La escena descrita es de hambruna. La visión no explica su causa. Pe-
ro si fue como resultado de la sequía o de la guerra, lo importante es que
debemos ver el hambre como un juicio divino que indica la ira de Dios
contra los poderes impíos. El trigo y la cebada se consiguen a precios pro-
hibitivos. Exigiría el salario completo de un hombre en un día para com-
prar granos para una sola persona. Si el hombre tenia familia, no le sería
suficiente. Si en lugar de trigo comprara cebada, un grano más barato,
podría hacer estirar la provisión para la familia, pero no le quedaría nada
para atender otras necesidades.

Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, Juan vio un caballo amari-


llo como un cadáver. El nombre del jinete era Muerte, y lo seguía el Ha-
des. Y recibió autorización para destruir la cuarta parte de la tierra por
medio de la espada, el hambre, la pestilencia y las fieras de la tierra. La
devastación es horrible, pero no representa una destrucción global ya que
76 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
sólo muere la cuarta parte de la humanidad. Una vez más Juan obtiene
sus imágenes del Antiguo Testamento. Ezequiel anuncia el juicio venidero
contra Jerusalén por causa de sus prácticas idolátricas empedernidas. Dios
les enviará sus "cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilen-
cia" sobre la ciudad (Eze. 14: 21). En Levítico estos cuatro actos de juicio
divino aparecen en un orden y disposición diferentes.
Dios responderá a la falta de fidelidad de Israel con una serie de cas-
tigos: primero, les enviará fieras para atacar a sus niñ.os y sus ganados,
reduciendo así considerablemente su número; si Israel rehúsa arrepentir-
se, ejecutará su venganza con la espada. Si el pueblo busca refugio en sus
ciudades en vez de volverse a Jehová, esparcirá pestilencia entre ellos y
los entregará en manos de sus enemigos. Y si persisten en sus pecados y
endurecen sus corazones, el Señ.or los hará comer la carne de sus hijos e
hijas, porque su pan no les satisfará (Lev. 26: 21-29). En la serie de juicios
ejecutados por el cuarto jinete, algunos ven "el deterioro progresivo de
la civilización". 7 La ruina causada por la espada destruye vidas humanas
y cosechas, dejando una comunidad desolada y hambrienta. Por causa de
su estado de debilidad, los sobrevivientes no pueden luchar contra la en-
fermedad y la pestilencia. Y cuando golpea la pestilencia cobrando su cuota,
deja a los que quedan aun más debilitados e impotentes, incapaces de pro-
tegerse de las fieras salvajes.
El cuarto caballo describe una situación muy trágica. El período de
la historia de la iglesia que corresponde más estrechamente a este cuadro
es el de la Edad Oscura, cuando los fieles sufrieron inmensamente a ma-
nos de los poderosos lideres de la Iglesia y del Estado. La iglesia cristiana
establecida tenía la apariencia de estar espiritualmente muerta .
.
El clamor de los mártires (Apoc. 6: 9-11). Con la apertura del quinto se-
llo, Juan observó en visión las almas de los que habían muerto por su fe.
De esta manera la escena cambia de la tierra al cielo, más específicamen-
te, al santuario celestial. En Apocalipsis 1 el profeta habi~;t visto al Cristo
exaltado entre los candeleros de oro, y en Apocalipsis 4 había recibido la
invitación a mirar el sagrado trono de Dios. Ahora llama la atención al
altar del sacrificio, que corresponde al altar del holocausto en el taberná-
culo terrenal (Exo. 27: 1-8). Cuando Dios instruyó a Moisés para cons-
.truir el tabernáculo, lo proveyó del modelo del que estaba en el cielo (Exo.
25: 9, 40; Núm. 8: 4; Heb. 8: 5; 9: 23).
Juan vio bajo el altar del santuario celestial las almas de los que
habían sido muertos. Debemos recordar el hecho de que estas visiones es-
tán relatadas en imágenes simbólicas, y que frecuentemente el Antiguo Tes-
tamento provee la clave que aclara su significado. En este caso debemos
LA VENGANZA ES OBRA DE DIOS 77
volvernos a las ceremonias de los sacrificios del culto en el santuario de
Israel para captar el significado de lo que Juan presenció.
Se había enseñ.ado a los adoradores que la sangre era el elemento más
sagrado de los sacrificios: "Porque la vida de la carne en la sangre está,
y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas;
y la misma sangre hará expiación de la persona" (Lev. 17: 11). Era una
parte importante del ritual del sacrificio tomar algo de la sangre del ani-
mal y asperjarla delante del Señ.or frente al velo que separaba el lugar san-
to del lugar santísimo. Además, el sacerdote ponia sangre sobre los cuernos
del altar del incienso. Y el resto de la sangre la derramaba cerca de la base .
del altar del holocausto, ubicado en el atrio exterior (Lev. 4: 5-7).
Estos pasajes del Antiguo Testamento proporcionan una base para
nuestra interpretación del quinto sello. Lo que Juan describe en su presen-
tación de las almas de los mártires es su fiel testimonio de la Palabra de
Dios y del testimonio de Jesús (Apoc. 1: 9). Usando el simbolismo del ri-
tual de los sacrificios, el profeta muestra a los mártires entregándose a Dios.
Su sangre había sido derramada como una ofrenda para El.
El apóstol Pablo usó imágenes similares en relación con su ministe-
rio. En su carta a los cristianos de Filipos escribe: "Y aunque sea derra-
mado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y
regocijo con todos vosotros" (Fil. 2: 17). Pablo esperaba en una cárcel
romana su ejecución por su fe. En otro momento escribió a Timoteo: "Por-
que yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cerca-
no" (2 Tim. 4: 6). La Escritura no considera la muerte de un mártir como
algo terrible o dañ.ino, ya que expone ante el mundo un testimonio positi-
vo en favor de la verdad. Constituye el supremo acto de amor y lealtad
a Dios. A la luz de la promesa divina de vida eterna para los fieles, la muerte
del mártir no constituye una tragedia sino un poderoso triunfo. Por su
muerte victoriosa el mártir produce una derrota devastadora al enemigo.
Al mismo tiempo, debemos notar también el clamor de los mártires:
"¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra
sangre en los que moran en la tierra?" (Apoc. 6: 10).
l. El clamor es una expresión de fe. Cuando recordamos el hecho de
que estamos tratando con símbolos, evitamos las trampas de una inter-
pretación estrictamente literal. Las imágenes de la visión de Juan derivan
del relato del asesinato de Abel por su hermano Caín registrado en el Gé-
nesis. Cuando Dios se dirige a Caín para juzgarlo, declara: "La voz de
la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra" (Gén. 4: 10). La san-
gre no tiene voz, y los muertos no. pueden quejarse. Evidentemente las ex-
presiones son figuradas, y en este. sentido son más efectivas que las literales.
La sangre derramada señ.ala un acto de grave injusticia. Como sobe-
rano Señor del universo, Dios está preocupado con los actos de injusticia,
78 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
y los atenderá a su modo y a su tiempo. Pero toma nota especi¡:tl de aque-
llos crímenes cometidos contra su pueblo.· Abel representa afverdadero
adorador, mientras que Caín incluye a los malvados que perjudican a los
justos. En la visión de Juan, los mártires claman a Dios con la confianza
de que escuchará sus oraciones y los vindicará. Su sangre derramada ates-
tigua de la violencia hecha a su pueblo, y ahora testifica en ias cortes ce-
lestiales ante el tribuanl divino.
2. Es un pedido de ayuda. Por más fuerte que pueda ser nuestra fe
en Dios, seguiremos necesitando la certeza de que El está presente, de que
ve nuestra aflicción, de que oye nuestro desesperado pedido cie ayuda, de
que conoce nuestro sufrimiento, y de que actuará en nuestro favor sin de-
mora. Las súplicas de los mártires representa el clamor de los justos que
sufren a través de toda la historia. Es un pedido de fuerzas para soportar
el conflicto. "¿Hasta cuándo, oh Jehová?" es el clamor del salmista que
lucha asombrado por los asaltos malvados de los impíos contra ios justos
(Sal. 79: 1-7). "¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás?'', excla-
ma el profeta Habacuc al ver la violencia y la destrucción en Jerusalén (Hab.
1: 1-4). "¿Hasta cuándo" debe continuar la blasfemia?, pregunta Daniel
al ángel (Dan. 8: 13).
3. Finalmente, es una demanda de justicia. No deberíamos conside-
rarlo un deseo de venganza, sino un intenso deseo de que Dios se vindique
a sí mismo en el universo y concluya el gran conflicto entre el bien y el
mal. ¿Hasta cuándo permitirá Dios que la humanidad haga injusticias con-
tra su nombre, contra su iglesia, contra su pueblo? El clamor es así una
queja que anticipa la respuesta de que pronto vendrá el alivio.
Dios da una respuesta doble. 1) Los mártires reciben vestiduras blan-
cas, símbolo de su bendito estado que es el resultado de su gloriosa victo-
ria sobre el enemigo. Su fiel testimonio transformó la tragedia de la muerte
en un triunfo que resulta en vida eterna.
2) El Cielo dice a los mártires que descansen un poco más. Para el
creyente, la muerte no es final, sino que se la compara con la condición
durante el sueiio (Juan 11: 11-14, 25, 26). Así, la muerte de un mártir es
un bendito estado de descanso que Dios le concede hasta el fin del conflic-
to. "Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el
Seiior. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras
con ellos siguen" (Apoc. 14: 13).
La idea expresada en la instrucción de "descansar" es que se necesita
completar el número de los mártires para que el conflicto con el mal ter-
mine. El testimonio de los mártires, cuyas almas Juan ve debajo del altar,
sería incompleto sin el testimonio de los otros. Encontramos que un pen-
samiento similar se expresa en el libro a los Hebreos. Los que han sufrido
el martirio no han recibido aún la herencia prometida por la necesidad de
LA VENGANZA ES OBRA DE DIOS 79
testigos adicionales mediante los cuales Dios perfeccionará el testimonio
de su pueblo (Heb. 11: 39 a 12: 2).
La ira del Cordero contra los impios (Apoc. 6: 12-17). Cuando el Cordero
abre el sexto sello, Juan ve en visión un despliegue terrible de la ira divina
contra los impíos. Los juicios que se revelan exhiben dramáticamente no
sólo el desagrado de Dios hacia el mal, sino también su deseo de vindicar-
se a sí mismo y vindicar a su pueblo. La ira del Cordero es una respuesta
al clamor de los mártires por justicia. La escena del juicio que describe
Juan revela varias cosas. La ira del Cordero produce una catástrofe total.
Juan lo describe mediante seis fenómenos, todos los cuales son desastres
naturales. Los mismos fenómenos aparecen en otros pasajes bíblicos que
señ.alan el terror del tiempo del fin. Como en el caso de la visión de Juan,
tales pasajes consideran el caos en la naturaleza no como el resultado de
las condiciones sociales sino como resultado de la intervención divina.
l. Un terremoto. Amós vio el terremoto inminente como una señ.al
del juicio divino (Amós 8: 8). Ezequiel predice que habrá un gran sacudi-
miento que afectará a los peces, las aves, las bestias, todas las cosas que
se arrastran, y finalmente, a toda la humanidad (Eze. 38: 19, 20). Nota-
mos una escena similar en las profecías de Joel y de Hageo (Joel 2: 10;
Hag. 2: 6). En su discurso del monte de los Olivos Jesús habló de "terre-
motos en diferentes lugares" como señales que preceden al fin del mundo
y lo señalan (Mat. 24: 7, 8).
2. El oscurecimiento del sol y de la luna. Con un lenguaje similar al
que usó Juan, lsaías cuenta que Dios oscureció el sol, vistiéndolo de saco,
la vestidura de los que estaban de duelo (lsa. 50: 3). Joel predice que ''an-
tes que venga el día grande y espantoso de Jehová", la luna se convertiría
en sangre (Joel 2: 31), pues ya no reflejaría la luz del sol (véase también
Mat. 24: 29).
3. L~ caída de las estrellas. lsaías describe gráficamente la caída de
las estrellas con colores siniestros. Antes que las estrellas caigan, se des-
componen como los cadáveres de los impíos se pudrirán en la superficie
de la tierra, y luego, como hojas muertas de la parra y de la higuera se
desploman desde los cielos (lsa. 34: 2-4; Mat. 24: 29). Los fenómenos na-
turales señalan el colapso del orden creado.
4. La desaparición del cielo. lsaías ve el cielo que se enrolla como
pergaminQ después que las estrellas cayeron de él (lsa. 34: 4). De este pa-
saje Juan obtiene su imagen de las estrellas que caen y del cielo que desa-
parece. Presenta la completa desintegración del firmamento ante el
desagrado :pe Dios, y prevé el juicio final de los poderes del mal.
5. La remoción de las montañas y de las islas. Ambas son símbolos
naturales de estabilidad y refugio seguro. Tan completa es la destrucción
80 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
que aun las montañas desaparecen, y las islas ya no ofrecen un puerto pa-
ra los marineros náufragos. Los profetas Jeremías y Nahum hablan de las
montañas que tiemblan y de los cerros que se derriten por el intenso calor
de la ira de Dios, dejando al mundo como un desierto global (Jer. 4: 24;
Nah. 1: 5).
6. El temor devastador que impulsa a la humanidad a la desespera~
ción. Juan nombra siete clases sociales para indicar el juicio universal del
Cordero: los reyes de la tierra, los grandes, los ricos, los capitanes, los po-
derosos, los esclavos y los libres. Sin importar su posición social, ninguno
escapará de la ira vengadora del Cordero. En su profecía de destrucción
contra Israel, Amós enumera siete clases de soldados que encontrarán su
derrota en la batalla para indicar la completa aniquilación del ejército
(Amós 2: 14-16).
Tan desesperados están los impíos que claman a los montes y a las
rocas que los escondan para poder escapar de la. manifestación visible de
la ira consumidora del Cordero. Las imágenes del revelador se derivan de
Oseas 10: 8 e lsaías 2: 10, 11, 19-21. La majestuosa presencia del Cordero
evoca sentimientos de horror y terror entre los impíos, que prefieren la
muerte antes que afrontar el juicio: "El gran día de su ira ha llegado; ¿y
quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. 6: 17). La pregunta retórica nos
recuerda las que están en la profecía de Nahum: "¿Quién permanecerá
delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo?" (Nah.
1: 6); y de Malaquías: "¿Quién podrá soportar el tiempo de su venida?
¿o quié,n podrá estar en pie cuando él se manifieste?" (Mal. 3: 2).

1 Véase Kenneth Strand, lnterpreting the Book of Revelation [La interpretación del libro del
Apocalipsis], pág. 57.
2 Mounce, The Book of Revelation, pág. !SI.
3 The SDA Bible Commentary, t. 7, págs. 775, 776.
4 lb/d.
S lbíd., pág. 777.
6 Ibld.
7 Ibíd.
Capítulo 8

Sellados, seguros y salvados

(Basado en Apocalipsis 7: 1-8)

uAunque ande en valle de sombra de muerte, no


temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo,
(Sal. 23: 4).

La visión del sellamiento de los siervos de Dios. La visión del sella-


miento de los siervos de Dios es una de las dos visiones que Juan inserta
como un paréntesis entre el sexto y el séptimo sellos. Como viene después
de las terroríficas escenas del sexto sello, provee un vívido contraste entre
el pánico de los impíos y la seguridad de los santos, y podemos ver en ella
como una respuesta a la pregunta: "¿Quién puede estar en pie delante de.
la ira del Cordero?" El sellamiento de los siervos tiene un propósito sal-
vador, el de proteger a los santos de la destrucción que aguarda a la tierra.
Pues sólo los que tienen "el sello del Dios vivo" (Apoc. 7: 2) podrán estar
en 1pie en el día del Cordero.
Apocalipsis 7 trata el tema del remanente. Es un tema que aparece
otra vez en Apocalipsis 14, donde se presenta a los siervos sellados de Dios
como los que "fueron redimidos de entre los de la tierra", que "no se con-
taminaron con mujeres", que "siguen al Cordero por dondequiera que
va", y en cuyas "bocas no fue hallada mentira" (Apoc. 14: 3-5).
En toda la Biblia el concepto de remanente aparece en el contexto de
la obra de Dios como Salvador y Juez de la tierra. Lo encontramos, por
ejemplo, en el relato de Noé y del diluvio. La impiedad humana había al-
canzado proporciones catastróficas. Dios instruyó a Noé para construir
un arca lo suficientemente grande como para su familia y una pequeña
porción de la vida animal. El arca sirvió como refugio de la ira de Dios
81
82 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
que descendió sobre el mundo mediante un diluvio de aguas: "Así fue des-
truido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta
la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y
quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca" (Gén. 7: 23).
Por eso, la idea de un "remanente" implica salvación y juicio. Los
que pertenecen al remanente escapan del juicio por medio de la interven-
ción salvadora de Dios. Sobreviven a los terrores del tiempo del fin no por
sus propios méritos, sino sólo por la gracia de Dios. Podemos ver su gra-
cia en la instrucción que El provee, como también en sus poderosos actos
de liberación.
Los ángeles que sostienen los cuatro vientos de la tierra Apoc. 7: 1).
Juan notó que cuatro ángeles, en los cuatro ángulos de la tierra, detienen
los cuatro vientos de destrucción. Los ángeles son agentes de Dios cuya
obra es frenar las fuerzas destructoras hasta que El selle a su pueblo. Im-
piden que el viento sople sobre ''la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún
árbol". No escuchamos nada más de los cuatro ángeles ni de los cuatro
vientos, pero tenemos razones para creer que la destrucción descrita en
Apocalipsis 8, después del sonar de las trompetas, resulta de la liberación
de los cuatro vientos por los cuatro ángeles.
Otra vez resulta importante recordar que estamos tratando con len-
guaje simbólico. Por lo tanto, no deberíamos tomar la expresión "los cuatro
ángulos de la tierra" en forma literal. Sin embargo, puede ser útil visuali-
zar los cuatro puntos cardinales y los vientos de destrucción que soplan
diagonalmente por toda la tierra desde esos puntos específicos. En cual-
quier caso, no es inusual que los escritores bíblicos hablen de "los cuatro
ángulos de la tierra" cuando desean describir el impacto global de un acon-
tecimiento. lsaías profetiza que vendrá el tiempo cuando el mesías restau-
rará a Israel a una posición de preeminencia en el mundo y reunirá a los
desterrados de Israel y a los esparcidos de Judá de los cuatro ángulos de
la tierra (lsa. 11: 12). Ezequiel habla de que el fin viene "sobre los cuatro
extremos de la tierra" por las abominaciones de la gente (Eze. 7: 2). El
desastre ataca por todas partes porque la maldad es universal.
Es más común encontrar referencias a los "cuatro vientos" o simple-
mente a los "vientos" en la Biblia. Zacarías vio en su visión del cuidado
de Dios por Israel los cuatro carros de los juicios divinos como los "cua-
tro vientos de los cielos" después de presentarse delante del Señor. Reci-
bieron la tarea de patrullar la tierra (Zac. 6: 5). Jeremías ve la venida del
juicio contra Jerusalén como un "viento seco de las alturas del desierto".
Este viento no es como la brisa refrescante del oeste, sino como el golpe
de calor de un horqo. Seca el pasto y destruye la vegetación (Jer. 4: 11,
12). lsaías se refirió a los vientos destructores de la ira de Dios cuando
SELLADOS, SEGUROS Y SALVADOS 83
escribió: "La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento deJe-
hová sopló en ella" (Isa. 40: 7).
Entre otros terrores de los últimos días, el profeta Jerell?-ías visualiza
una terrible tormenta como un ciclón que cae sobre las cabezas de los mal-
vados. El viento horrible no cesaría hasta que Dios haya ejecutado plena-
mente su propósito (J er. 23: 19, 20). La palabra de juicio de Dios es como
una ola de calor que hará que "los campos de los pastores se enlutarán",
y "se secará la cumbre del Carmelo" (Amós 1: 2). El pueblo teme más
el viento "solano, viento de Jehová" (Ose. 13: 15) por causa de su impac-
to devastador sobre la tierra. El viento del este, o solano, barre el árido
desierto y absorbe toda humedad que encuentra. Pero los cuatro vientos
del tiempo del fin producen un terror mayor en los habitantes de la tierra.
Jeremías en su oráculo de castigo contra Elam predijo que el impacto de
la terrible ira de Dios matará a los gobernantes y dejará la tierra en rui-
nas. El Señor traerá sobre la nación "los \=Uatro vientos de los cuatro pun-
tos del cielo" y aventará a los elamitas por el mundo entero (Jer. 49: 35-38).
Durante su visión de las cuatro bestias, Daniel vio "que los cuatro
vientos del cielo combatían en el gran mar", después de lo cual vio surgir
cuatro bestias. Cuando Dios libera los vientos, las naciones ya no tienen
ninguna restricción divina, y traen destrucción y ruina sobre la tierra (Dan.
7: 2-8). En la visión de Juan los ángeles demoran esa catástrofe permitida
por Dios.
Los adventistas del séptimo día consideran el tiempo de terror que
precede inmediatamente al sellamiento de los santos de Dios como una ma-
nifestación del gran conflicto entre Cristo y Satanás. Las fuerzas destruc-
toras puestas en movimiento cuando se liberan los cuatro vientos son
atribuidas a Satanás. Mueve nación contra nación en un esfuerzo por reu-
nir las fuerzas para la última gran batalla. 1 Los ángeles "detienen los ejér-
citos de Satanás" hasta que Dios complete el sellamiento de su pueblo.
Cuando Dios lo termine, instruirá a sus ángeles para eliminar la restric-
ción y permitir que Satanás "ejerza toda su malignidad sobre los hijos de
desobediencia" .2 Cuando los cuatro ángeles liberen sus controles, "todos
los elementos de contención se desencadenarán. El mundo entero será en-
vuelto en una ruina más espantosa que la que cayó antiguamente sobre
Jerusalén". 3
El sello del Dios viviente (Apoc. 7: 2, 3). Otro ángel subió del este
con el sello de Dios y llamó a los cuatro ángeles que detuvieran los cuatro
vientos hasta que los siervos de Dios fueran sellados. La referencia al este
es más que un detalle pintoresco. Juan puede haber recordado la visión
de Ezequiel en la que la gloria de Dios entró en el templo por la puerta
oriental. Jesús dijo que la señal del Hijo del hombre aparecería en el este
84 LA IGLESIA: DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
(Mat. 24: 30). Y en ocasión del nacimiento de Jesús, los sabios del oriente
vinieron a Palestina en busca del rey recién nacido porque habían obser-
vado su estrella. El hecho de que el ángel con el sello venga del este indica,
entonces, buenas noticias. Enviado por Dios, el ángel trae liberación a los
fieles. Su orden a los cuatro ángeles es en favor del pueblo de Dios. Antes
de que la gran tribulación golpee la tierra, Dios sellará, asegurará y con
ello salvará a su pueblo de la destrucción.
El sello que el ángel lleva testifica que los fieles pertenecen a Dios y
están bajo su autoridad y poder. El cuadro que presenta Juan recuerda
la visión de Ezequiel de la sefíalación de los inocentes (Eze. 9). El profeta
del Antiguo Testamento vio en su visión a un hombre vestido de lino con
instrumentos de escribir. El Sefíor instruyó al mensajero divino que reco-
rriera la ciudad de Jerusalén y marcara en la frente a los que se lamenta-
ban por las abominaciones que se cometían en ella. Cuando el ángel
completó su tarea, Dios ordenó que los verdugos de la ciudad hirieran a
. todos los que no tenían la marca en su frente (Eze. 9: 1-7). La señal en
la frente distinguió a los fieles de los idólatras y les proporcionó protec-
ción de los juicios que aguardaban a la ciudad.
Algunos estudiosos de la Biblia ven el sellamiento en relación con la
experiencia del bautismo y la recepción del Espíritu Santo. El bautismo
es una declaración pública de la consagración de una persona a Dios, y
testifica del hecho de que ya no vive para sí sino para el Sefíor. Llega a
ser propiedad y posesión de Dios (Rom. 6). En su carta a los efesios, Pa-
blo escribió: "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuis-
teis sellados para el día de la redención" (Efe. 4: 30), una exhortación que
aparece en el contexto de su análisis de la vida cristiana. Los creyentes per-
tenecen a Cristo y por lo tanto se espera que ya no anden "como los otros
gentiles", quienes en su ignorancia y degeneración mental están "ajenos
de la vida de Dios" (Efe. 4: 17, 18).
El apóstol distingue claramente entre los creyentes y los no redimi-
dos. Los que han aceptado ·a Cristo, han sido "por él ensefíados, confor-
me a la verdad que está en Jesús", han abandonado su naturaleza vieja,
que consistía en avari<:ia, licencia, engaño, ira, maledicencia, mentira y
malicia.
El sello de Dios tiene que ver con propiedad y protección. En su con-
sejo a Timoteo con respecto a los falsos maestros en la iglesia, Pablo de-
claró que "el fundamento de Dios está firme, teniendo.este sello: Conoce
el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que in-
voca el nombre de Cristo" (2 Tim. 2: 19). Mientras la propiedad asegura
la protección, también tiene sus demandas.
El sellamiento de los siervos de Dios en Apocalipsis 7 se centra en la
SELLADOS, SEGUROS Y SALVADOS 85
protección que provee a su pueblo. La presuposición es que si ya han sido
probados, han soportado pacientemente el sufrimiento, ahora esperan su
liberación. El sellamiento los protege de la ira del juicio divino que está
a punto de caer sobre los impíos. La visión responde la pregunta levanta-
da al final de Apocalipsis 6: "¿Quién podrá sostenerse en pie?". Señala
a los que tienen el sello del Dios vivo.
Pero para determinar qué constituye el sello del Dios vivo o cómo pue-
de uno recibirlo, es necesario ir más allá del contexto inmediato. Lo que
Juan nos dice es: Los que están sellados no sufrirán de los acontecimien-
tos que siguen a la liberación de los cuatro vientos. Recién cuando llega-
mos a Apocalipsis 14 encontramos más información acerca de los siervos
que Dios ha sellado. El capítulo se inicia con una visión del Cordero y los
redimidos sobre el Monte Sion. Es una escena de triunfo y celebración que
se presenta entre dos llamados solemnes a tener paciencia perseverante en
medio de la tribulación (Apoc. 13: 10 y 14: 12).
Los santos de Dios son claramente el blanco de la serpiente antigua,
llamada diablo y Satanás, que engaña al mundo entero (Apoc. 12: 9). La
serpiente es el dragón que da su poder a la bestia que surge del mar para
hacer guerra contra los santos en un esfuerzo para vencerlos (Apoc. 13:
7). El contexto deja bien claro que aquí estamos tratando con un conflicto
espiritual, ya que el problema principal involucra la adoración. El destino
eterno de los habitantes del mundo se centra en una decisión entre adorar
a la bestia y a su imagen, o adorar a Dios, creador del cielo y de la tierra
(Apoc. 14: 6-11).
En Apocalipsis 15 notamos otra escena de victoria. Juan pinta a los
redimidos junto al mar de vidrio en el cielo. Tienen arpas de Dios y cantan
el cántico de Moisés y del Cordero. Los redimidos pueden entonar su can-
to porque han vencido a la bestia y a su imagen. Luego viene la visión de
las siete últimas plagas que manifiestan la ira de Dios. Los ángeles derra-
man cada plaga sobre los que "tenían la marca de la bestia, y que adora-
ban su imagen" (Apoc. 16: 2; véase cap. 14: 9, 10).
Los que adoran a la bestia y a su imagen reciben su marca en su mano
derecha o en su frente, indicando que pertencen a los poderes del mal (Apoc.
13: 16, 17). La marca de la bestia les concede privilegios económicos espe-
ciales, evitándoles ciertas dificultades o incomodidades. Por lealtad a Dios,
sin embargo, los santos resisten la presión de la bestia y afrontan la perse-
cución con paciencia perseverante, comprometiendo su lealtad a Dios y
ofreciéndole su adoración y alabanza.
El contexto para comprender el sello de Dios y para identificar a los
que lo llevan es el gran conflicto en el tiempo d~l fin. Juan ve al mundo
dividirse en dos clases de personas -los que tienen el sello del Dios vivo,
y los que tienen la marca de la bestia. En cuanto a qué decide quién recibe
86 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
el sello o quién obtiene la marca, es un asunto de elección personal. Se
centra en que uno elige adorar a Dios exclusivamente, o si, por medio de
componendas o desafío abierto, obedece a la bestia y a su imagen.
La expresión "sello del Dios vivo" merece un estudio más prolijo.
El Apocalipsis lo presenta en marcado contraste con la marca de la bestia.
A diferencia de la protección y los beneficios de la bestia que son limita-
dos, y en el mejor de los casos temporarios, la protección y la bendición
que provee Dios es eterna. El "Dios vivo" existe desde la eternidad hasta
la eternidad y, por lo tanto, tiene la palabra final. Los tres ángeles que
anuncian la hora del juicio procl~an el evangelio eterno (Apoc. 14: 6).
El juicio d,e Dios contra los que adoran a la bestia y a su imagen será defi-
nitivo y sus consecuencias serán eternas (Apoc. 14: 11). Las copas de oro,
que los ángeles se preparan para derramar sobre los impíos habitantes de
la tierra, están llenas de la ira de Dios "que vive por los siglos de los si-
glos" (Apoc. 15: 7). El mensaje que Juan quiere que sus lectores capten
claramente es: la Palabra de salvación y juicio de Dios es la única que de-
bemos escuchar, porque al fin, todos tendrán que reconocerla.
Los ciento cuarenta y cuatro mil (Apoc. 7: 4-8). Juan no ve el sella-
miento mismo, pero oye el número de ellos. Deberíamos notar dos cosas
interesantes aquí: 1) el número mismo, ciento cuarenta y cuatro mil. Tie-
ne mayor sentido si lo comprendemos como un número simbólico. Llega-
mos a él multiplicando doce por doce, y luego multiplicando el resultado
(144) por mil. El número doce tiene mucha significación tanto en el Anti-
guo Testamento como en el Nuevo Testamento. Jacob tuvo doce hijos,
cuya descendencia formó las doce tribus de Israel. Jesús organizó su igle-
sia con doce discípulos, que llegaron a ser los doce apóstoles después de
su muerte y quienes proclamaron al Señ.or resucitado. En su visión de la
nueva Jerusalén Juan vio los nombres de las doce tribus de los hijos de
Israel inscritos en las doce puertas de la gran muralla que rodea la ciudad.
También observó los nombres de los doce apóstoles escritos en los doce
fundamentos de la ciudad (Apoc. 21: 12-14).
Por lo tanto, el número 144.000 representa la comunidad total de los
creyentes, y no un grupo selecto separado del grupo mayor. (Uno de los
rollos del Mar Muerto, el Rollo del Templo, también usa un número para
indicar la comunidad total de los justos, aunque es menor: 12.000.) Así,
144.000 indica la plenitud o la perfección en el sentido de un cuerpo com-
pleto de testigos. El concepto de un número completo aparece por prime-
ra vez en Apocalipsis 6. La visión no responde al clamor de los mártires
acerca de cuánto tiempo pasaría antes que Dios vengue su sangre. En cam-
bio, la fuente celestial les dice que Dios traerá un juicio sobre la tierra cuan-
do se complete "el número de sus consiervos y sus hermanos, que también
SELLADOS, SEGUROS Y SALVADOS 87
habían de ser muertos como ellos" (Apoc. 6: 10, 11). Cuando el resto de
los hermanos muera, el testimonio de los mártires habrá terminado. Lo
mismo es cierto de los 144.000 que sobrevivirán los terrores de los últimos
días, quienes por medio de su paciente perseverancia llevarán un testimo-
nio fiel al mundo. Es el testimonio de los 144.000 al fin del tiempo lo que
constituye una parte importante del gran conflicto entre Cristo y Satanás.
Por medio de su testimonio Dios vindica ante el mundo y proclama su ve-
redicto contra los poderes del mal. Con ese propósito sella a los 144.000.
2) Los nombres de las doce tribus de Israel. No deberíamos conside-
rar extrafio que encontremos al remanente numerado entre las doce tribus
ya que estamos tratando con imágenes simbólicas. Los escritores del Nue-
vo Testamento estaban convencidos de que los seguidores de Cristo cons-
tituían el nuevo Israel. Pablo llama a la iglesia "el Israel de Dios" (Gál.
6: 16), razonatJ.do que los que están en Cristo son en realidad la simiente
de Abrahán, y por lo tanto, los herederos legítimos de las promesas de
Dios (Gál. 3: 29). Pedro emplea para la iglesia los mismos títulos que Moisés
atribuyó a los israelitas cuando se refiere a ellos como "linaje escogido,
real sacerdocio, nación santa" (1 Ped. 2: 9). Y Santiago aparentemente
se dirige a la iglesia esparcida por todo el mundo romano como "a las do-
ce tribus que están en la dispersión" (Sant. 1: 1). Al usar esa terminología
los apóstoles eran consecuentes con las palabras de Jesús cuando les pro-
metió que un día aparecerían con El en el mundo nuevo y se sentarían "so-
bre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mat. 19: 28).
Al enumerar a los siervos sellados en términos de las doce tribus de
Israel, entonces, Juan está sencillamente repitiendo una creencia cristiana
corriente. La iglesia de Jesucristo es el verdadero Israel de Dios, los recep-
tores de las bendiciones que Dios tiene preparadas para su pueblo.
Dos cosas se destacan en la lista de las doce tribus. Judá aparece an-
tes de Rubén, el hijo mayor de Jacob (véase Gén. 49: 3-27). Aunque el
orden de los nombres no es de importancia (véase Deut. 33: l-29), puede
haber una explicación sencilla para que Judá sea el primero de la lista. El
hecho de que el Mesías vino de la tribu de Judá, y que uno de los ancianos
se refiere al Cordero como el "León de la tribu de Judá" (Apoc. 5: 5),
puede haber llevado a Juan a poner ese nombre antes de los demás. De
mayor importancia es la omisión de Dan de la lista.
En su bendición final a sus hijos, Jacob habla de Dan como de una
"serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los talo-
nes del caballo, y hace caer hacia atrás al jinete" (Gén. 49: 17). De acuer-
do con la tradición judía, el anticristo aparecería en la tribu de Dan y guiaría
a sus fuerzas contra el pueblo de Dios. 4
El Antiguo Testamento a menudo relaciona a la tribu de Dan con la
idolatría. Durante el período de la confederación tribal, Dan emigró ha-
88 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
cía el norte y se estableció en Lais, donde se levantaron una imagen reli-
giosa (Juec. 18: 27-31). Más tarde, durante la monarquía dividida, Jero-
boam estableció un importante lugar de adoración en Dan, como rival del
templo de Jerusalén en un esfuerzo para fortalecer su influencia política
en el reino del norte (1 Rey. 12: 25-30). Como el gran conflicto entre el
bien y el mal se centra en el problema de la adoración, no nos sorprende
encontrar que el nombre de Dan -asociado con la idolatría más grosera-
fuera borrado de la lista de las doce tribus. En su lugar encontramos el
de Manasés (uno de los hijos de José).

1 The SDA Bible Commentary, Comentarios de Elena G. de White, t. 7A, pág. 296.
2 The SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 781.
3 Elena de White, El gran conflicto, pág. 672.
4 Barclay, Apocalipsis, pág. 248.
Capítulo 9

De la tribulación al triunfo

(Basado en Apocalipsis 7: 9-17)

uciertamente el bien y la misericordia me seguirán


todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová
moraré por largos días" (Sal. 23: 6).

La visión de la gran multitud (Apoc. 7: 9-12). Después del sellamien-


to de los 144.000, Juan observó una gran multitud de redimidos. Debería-
mos notar varios contrastes entre esta visión y la anterior sobre el
sellamiento de los siervos de Dios. •
1) A diferencia de los 144.000, la gran multitud no puede ser conta-
da. Los siervos sellados vienen de hts doce tribus de Israel, mientras que
la gran multitud está constituida por redimidos de todas las naciones, tri-
bus, pueblos y lenguas.
2) Con la visión de la gran multitud la escena se traslada de la tierra
al cielo. Al mismo tiempo, detectamos un cambio en la atmósfera. El se-
llamiento de los siervos de Dios ocurrió contra el fondo oscuro y lúgubre
de los inminentes juicios de Dios. La furia de su ira pende sobre los mal-
vados como una violenta tempestad. Pero el terror y la lobreguez dan pa-
so a un gozo irrestricto al pasar de la tierra al cielo.
Dos cosas se destacan en la descripción que Juan hace de la gran mul-
titud: 1) visten ropas blancas. Las ropas simbolizan su triunfo sobre los
poderes del mal y sugieren varias cosas: a) fue un triunfo hecho posible
mediante la fe en el Sefior Jesús. En su discurso de despedida en el monte
de los Olivos, Jesús les advirtió de la persecución que sus seguidores afron-
tarían. Todas las naciones los odiarían por causa de su nombre. Tan in-
tenso seria su sufrimiento que muchos se rendirían ante el enemigo y
89
90 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
abandonarían la fe. Sus compaiieros los traicionarían, pero los que sopor-
taran la tribulación serian salvos (Mat. 24: 9-13).
b) El triunfo viene después de la tribulación. Sólo el sacrificio puede
producir la victoria sobre las fuerzas del mal. Los que busquen un camino
fácil fracasarán. Repetidamente Jesús enfatizó la necesidad de la abnega-
ción. El que pierde su vida por causa de Cristo la encontrará al fin (Mat.
16: 25). La puerta de la vida es angosta y difícil el camino (Mat. 7: 14).
Reconociendo la necesidad de una fe militante, Pablo amonesta a la igle-
sia a ser fuerte en el Seftor y a ponerse toda la armadura de Dios, porque
tiene que luchar contra poderes de maldad sobrehumanos (Efe. 6: 10-17).
El camino al reino sigue la senda del sufrimiento por causa de las fuerzas
del mal contra las que debemos luchar.
e) El sacrificio de Cristo hizo posible el triunfo. Las ropas blancas
simbolizan la pureza de la fe que surge de una relación salvadora con Je-
sús. Los redimidos lavaron sus ropas y las emblanquecieron en la sangre
del Cordero (Apoc. 7: 14). El sacrificio de Jesús quitó las manchas del pe-
cado, un proceso de purificación que capacita al creyente para la victoria
sobre el pecado. El cristiano tiene que luchar en dos frentes: la guerra contra
las fuerzas del mal exteriores, y la lucha contra las tendencias pecamino-
sas en su propia vida.
2) La gran multitud tiene palmas en las manos. Las palmas simboli-
zan el gozo festivo, generalmente en ocasión de una victoria militar. La
escena recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. En ese momen-
to una gran multitud tomó palmas y salió a recibirlo, y mientras mecían
las palmas, gritaban: "¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del
Seftor" (Juan 12: 13). "Hosanna" es una palabra que significa "Sálva-
nos". El gozo y un pedido de salvación están mezclados. En la visión de
Juan la celebración anticipa la victoria de Cristo sobre los malvados. Pue-
de ser que el profeta deseara asociar la victoria de la gran multitud con
la que Cristo obtuvo en el Calvario.
La escena en el cielo se centra en la adoración. La alabanza comienza
con una exclamación de gozo sin restricciones de los innumerables santos
que representan toda nación, tribu, pueblo y lengua. En alta voz excla-
man: "La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono,
y al Cordero" (Apoc. 7: 10). La salvación que mencionan tiene que ver
con su triunfo sobre los poderes del mal, su liberación en medio de la tri-
bulación y su victoria sobre el pecado. En todos los aspectos y en cada
punto, sólo la gracia puede llevarlos a la salvación. Podemos hablar de
la necesidad de fe, del correcto ejercicio de la voluntad, de la importancia
de la disciplina; podemos hablar de la necesidad de abnegación y del sa-
crificio propio; y podemos enfatizar el valor del estudio de la Biblia, de
la oración y de la meditación. Pero de ninguna manera podemos atribuir
DE LA TRIBULACION AL TRIUNFO 91
nuestra victoria sobre el pecado o sobre las fuerzas del mal en el fin del
tiempo a un logro humano. Desde el comienzo al fin, nuestra salvación
proviene de la gracia salvadora de Cristo Jesús. Nuestra parte es la de ele-
gir. Para ganar con Cristo, decidimos seguir sus instrucciones, poner nues-
tras vidas en sus manos, y ceder nuestra voluntad en absoluta sumisión
al Padre. La victoria es posible sólo en la medida en que Cristo guíe nues-
tros pasos, dirija nuestro pensamiento e influya sobre nuestro juicio. Di-
fícilmente podemos, entonces, llamarlo un logro humano.
Depués de la alabanza de la gran multitud, la hueste angélica entera
(cuyo "número era millones de millones", Apoc. 5: 11) se postró delante
del trono en adoración. La doxología angélica consiste de una atribución
séptuple de alabanza, iniciada y concluida con "amenes" litúrgicos.
1) Le ofrecen bendición. La palabra griega euloguía significa "hablar
bien". La bendición de los ángeles es más que una explosión de gozo y
gratitud. 2) Le atribuyen la gloria. La palabra original es dóxa, de la cual
nos llega doxología. Para atribuir gloria a Di.os debemos recordar su ma-
jestad y esplendor. Los ángeles nunca se cansan de alabar a Dios porque
están siempre conscientes del esplendor que emana de su presencia.
3) Le atribuyen sabiduría. La palabra sofía es la que origina palabras
como filosofía. En Efesios 3: 9, 10, Pablo habla de que Dios hace conocer
su múltiple sabiduría a los principados y potestades en los lugares celestia-
les por medio de la iglesia. El plan de redención revela la sabiduría de Dios
a los ángeles. 4) Le ofrecen acción de gracias. La palabra original eujaris-
tía es la base de eucaristía, el término litúrgico para la cena del Señor. La
acción de gracias es su respuesta a la salvación que Dios ha provisto en
Jesús.
5) Le dan honra mediante el reconocimiento público de su realización
en Cristo. 6) Le atribuyen poder. En griego es dúnamis de la cual procede
nuestra palabra dinamita. Tiene que ver con la capacidad de realizar algo.
Dios revela su poder mediante sus actos de salvación o sus hechos podero-
sos en la historia. A los ángeles les gusta cantar alabanzas a Dios por su
obra redentora. 7) Lo alaban por su fortaleza. La palabra griega sugiere
que la fortaleza es evidente en la presencia de Dios en la historia. La doxo-
logía de los ángeles forma así una respuesta apropiada a la exclamación
de alabanza de la gran multitud.
La gran tribulación de los santos (Apoc. 7: 13, 14). Nuestra atención
se traslada de la escena de adoración a una en la que uno de los ancianos
se dirige a Juan con la pregunta retórica: "Estos que están vestidos de ro-
pas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?"
Juan responde: "Señor, tú lo sabes;'. Y el anciano luego responde
su propia pregunta. "Estos son los que han salido de la gran tribulación,
92 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Corde-
ro" (Apoc. 7: 13, 14).
El formato de preguntas y respuestas recuerda el diálogo entre Zaca-
rias y el ángel (Zac. 4: 2, 4, 5, 11-14; 5: 2, 6, 1O; 6: 4-8) y sirve para presen-
tar la explicación de la visión. La respuesta de Juan al anciano recuerda
la respuesta de María al jardinero la mañana de la resurrección (Juan 20:
15). La palabra señor debe considerarse como una expresión de cortesía,
y no de referencia a Jesús.
Dos cosas en la respuesta del anciano merecen nuestra atención: 1)
describe a los santos como que salieron de "la gran tribulación". El uso
del artículo definido traduce con exactitud el texto griego, y sugiere que
Juan recuerda la tribulación que Jesús predijo en su discurso del monte
de los Olivos (Mat. 24: 21; Mar. 13: 19). Por eso no se trata de dificulta-
des en general, sino de los grandes terrores al fin de la historia humana,
sin precedentes por su horror y alcance. Tales problemas sin precedentes
constituyen la serie final de ayes anteriores al fin del mundo. Es el "tiem-
po de angustia" profetizado por Daniel (Dan. 12: 1), y la "hora de la prue-
ba que ha de venir sobre el mundo entero" de que Cristo habló en su
mensaje a la iglesia de Filadelfia (Apoc. 3: 10).
La intención de la visión, sin embargo, no es detenerse en la terrible
tribulación. Más bien enfoca la victoria que se logró. La iglesia pasará por
la tribulación en forma triunfante. A los creyentes no les espera la ver-
güenza de la derrota sino la gloria,de la conquista.
2) Los santos han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. El sím-
bolo de la ropa blanca y de las vestiduras manchadas es común en la Bi-
blia. lsaías compara nuestras obras justas como trapos inmundos (lsa. 64:
6), y en otra parte presenta la promesa divina de limpiar nuestros actos
pecaminosos y hacerlos blahcos como la nieve y como la lana limpia (Isa.
1: 18). En una oración penitencial, el salmista pide a Dios que lo lave com-
pletamente y lo purifique con hisopo (planta que se usaba en ceremonias
religiosas) para poder estar limpio (Sal. 51: 2, 7, 10). Dios instruyó a Moi-
sés que hiciera consagrarse al pueblo de Israel y se lavara sus ropas como
preparación para aparecer delante de El (Exo. 19: 10). Es una experiencia
majestuosa encontrarse con la santidad de Dios. Un cuadro semejante pre-
senta la visión de Zacarías de Josué, el sumo sacerdote, delante del ángel
del Señor con vestiduras viles. Satanás, el acusador, presenta acusaciones
contra él, pero el Señor reprende a Satanás y defiende a Josué como un
"tizón arrebatado del incendio". El ángel del Señor inmediatamente or-
dena que los que están delante de él le saquen las vestiduras viles, y diri-
giéndose a Josué declara: "Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he
hecho vestir de ropas de gala" (Zac. 3: 1-4).
Los santos han emblanquecido sus ropas lavándolas en la sangre del
DE LA TRIBULACION AL TRIUNFO 93
Cordero. Debemos interpretar este lenguaje metafórico dentro del contexto
del evangelio. Son los méritos del sacrificio de Cristo los importantes. La
sangre del Cordero tiene el poder purificador que blanquea la ropa. El ac-
to de los santos de lavar su ropa es un acto de fe en Jesucristo y no una
obra meritoria.
Este acto de fe involucra varias cosas: á) el creyente declara por pala-
bra y por hechos su dolor por los pecados y su deseo de cambios en su
vida. b) Acepta el hecho del sacrificio expiatorio de Cristo en su lugar,
creyendo que la sangre derramada de Cristo lo libera del castigo final del
pecado. e) Confiesa sus pecados al Señor y le pide perdón y limpieza a
Dios. d) Presenta sus planes de mejorar y vivir por Cristo delante del Se-
ñor, y pide conducción y fuerzas para llevar a la práctica sus intenciones.
e) Actúa de acuerdo coh sus planes con la plena convicción de que el Se-
ñor ha escuchado su oración, ha quitado el pecado de su vida, y lo guiará
y dirigirá sus pasos.
La fe que viene por el oír el Evangelio (Rom. 10: 17) consiste en pen-
samiento sólido, creencia firme y acción decidida. Sin embargo, el cristia-
no experimenta la victoria no porque piensa positivamente o cree con
optimismo, sino porque actúa con la confianza en Cristo. Y su confianza
surge de una fuerte convicción porque él no sólo piensa, o cree, que Cristo
le da la victoria, ¡sino que lo sabe con certeza!
Los santos pasan por la tribulación con éxito porque poseen el cono-
cimiento salvador del evangelio de Cristo Jesús. Y al actuar sobre esa ba-
se, se apropian de los méritos del sacrificio de Cristo y experimentan así,
por la gracia, el poder purificador de su sangre.

Le sirven dia y noche (Apoc. 7: 15). Vestidos de ropas blancas -la


justicia de Cristo- los santos pueden estar delante de la santa presencia
de Dios y ofrecerle sus servicios consagrados. Uno puede recordar dos imá-
genes del Antiguo Testamento:
1) La escena presentada por el salmista del cuidado providencial de
Dios en el salmo 23. Después de repetir las bendiciones de píos, habla de
morar en la casa de Dios para siempre (Sal. 23: 6). El salmista pensaba
en el templo y en los beneficios especiales que le ofrecía:
a) El templo era un lugar de refugio. Cuando Adonias temió por su
vida, huyó al santuario y se aferró de los cuernos del altar como un pedi-
do de misericordia (1 Rey. 1: 49-53). El santuario servía como un refugio
contra el vengador. David expresa en el salmo 27 su suprema confianza
en el Señor como la fortaleza de su vida. Los malvados pueden atacarlo
con toda suerte de mentiras calumniosas, sus adversarios pueden asentar
campamento alrededor de él en preparación para la guerra, pero él per-
94 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
manecerá confiado. Seguirá procurando morir en la casa de Dios para en-
contrar allí refugio en el día de la prueba (Sal. 27: 1-6).
b) El templo era un lugar de refrigerio. El salmista escribe: "Mi alma
tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas,
para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario" (Sal.
63: 1, 2). Privado del privilegio de asistir a las ceremonias del templo, el
salmista se lamenta. "Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mien-
tras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?" (Sal. 42: 3).
e) El templo era un lugar de celebración. A través de todo el salterio
encontramos exhortaciones a entrar en la presencia de Dios con acción de
gracias (Sal. 95: 2), a alabarle entre las naciones (Sal. 96: 3), a venir delan-
te de El con cánticos (Sal. 100: 2). Los salmos abundan con estas invita-
ciones a la adoración. Lo hacen porque Dios se goza en escuchar a su pueblo
mientras canta sus alabanzas, pues esa es la forma en que El comparte su
gloria con nosotros. Porque al exaltarlo, participamos de su grandeza y
renovamos nuestro espíritu. Por eso es importante que lo aclamemos con-
tinuamente.
2) La alusión al éxodo de Israel de Egipto. La promesa de que Dios
protegerá a su pueblo con su presencia recuerda la columna de nube y de
fuego que acompañó a Israel por el desierto, y la gloria de la shekina que
simbolizaba la presencia de Dios en medio de su pueblo (Exo. 13: 21, 22;
40: 34-38). Isaías contempló un tiempo en que Dios lavaría la inmundicia
de Sion y limpiaría la ciudad de todos sus pecados y restauraría su mora-
da. Luego una nube cubriría el monte de Sion de día y un fuego brillante
durante la noche. Servirían como pabellón para dar sombra y· protección
al pueblo de Dios (lsa. 4: 5, 6). Ezequiel habló de cuando Dios establece-
ría su morada en medio de su pueblo para siempre. Sería una señal a las
naciones de que Dios había separado a Israel para ser su pueblo y El ser
su Dios (Eze. 37: 27).
La escena de los santos ante el trono de Dios, sirviéndole de día y de
noche y gozando del abrigo de su presencia, describe así las elevadas espe-
ranzas y aspiraciones del pueblo de Dios. Un cuadro apropiado, que sigue
a la visión de la ira de Dios contra los impíos y la gran tribulación de los
santos, asegura al creyente que ni el pecado ni el mal se levantará otra vez
para aterrorizar y destruir la creación de Dios.
El Cordero los pastoreará (Apoc. 7: 16, 17). La escena de la eterna
felicidad continúa con lenguaje e imágenes obtenidos de las tradiciones del
Antiguo Testamento relacionadas con el Mesías y la edad mesiánica. Apo-
calipsis 7: 16, 17 refleja lsaías 49: 10: "No tendrán hambre ni sed, ni el.
calor ni el sollos afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará,
y los conducirá a manantiales de aguas". Aquí lsaías describe el regreso
DE LA TRIBULACION AL TRIUNFO 95

de los exiliados en el cautiverio babilónico, y al hacerlo recurre a las tradi-


ciones del Exodo y el cuidado de Dios por Israel durante su peregrinación
en el desierto (Exo. 15: 22-27; 16: 9-12).
Juan adapta el lenguaje y el significado del pasaje al insertar sus pro-
pias palabras, indicando que las esperanzas mesiánicas de Israel tienen su
cumplimiento último en Jesucristo, el Cordero. Pero le da un giro intere-
sante: el Cordero será su Pastor. La metáfora se basa en la figura del An-
tiguo Testamento que muestra a Dios como el pastor de Israel (véase Sal.
23; Isa. 40: 11; Eze. 34: 23; 37: 24). También refleja la forma en que Jesús
caracterizó su relación con su pueblo. Habló de si mismo como del buen
Pastor que pone su vida por sus ovejas (Juan 10: 11). De esta manera el
pastor llega a ser el cordero del sacrificio.
Para apreciar la figura que Juan nos pinta, nos ayudará recordar có-
mo era Judea en los tiempos bíblicos. Judea consistía mayormente en una
franja montafíosa angosta con ásperos barrancos y profundas gargantas
que conducían hacia abajo, al mar Muerto, por el este, y a las planicies
litorales de la Shefela por el otro lado. En esa región inhóspita los pasto-
res no tenían cercos ni muros que impidieran que las ovejas se descarria-
ran. Así que el pastor debía estar constantemente en guardia contra las
fieras que atacaban el rebafío y lo dispersaban. Era una tarea dificil, que
exigía mucho del pastor. Sólo los más consagrados soportaban las inco-
modidades y dificultades de pasar noches sin dormir y los días al calor ar-
diente. La abnegación y el sacrificio propio eran las características de un
buen pastor. Tal vez esto explica por qué Jesús se comparó con uno que
cuida ovejas como medio de vida.
La obra del Cordero como pastor consiste en dos cosas: 1) conduce
a su rebafío a manantiales de agua viva. Para un pastor en Palestina, las
fuentes de agua en el desierto significaban un oasis, un lugar donde las
ovejas podían pastar y beber. Pero la imagen de esa agua llegaba a signifi-
car mucho más que un refrigerio. La frase recuerda las palabras de Jesús
a la mujer samaritana que vino a buscar agua al pozo de Jacob. El agua
que El ofreció satisfaría su sed para siempre. No quería decir que nunca
necesitaría más agua física, sino que el agua que Elle proporcionaría lle-
garía a ser una "fuente de agua que salte para vida eterna" (Juan 4: 13, 14).
Juan provee un cuadro similar en la visión final del Apocalipsis. Des-
cribe el río de agua de vida que fluye del trono de Dios y del Cordero (Apoc.
22: 1). Aquí notamos la fuente última de esa agua viva -el Creador. El
Cordero en medio del trono guia a su rebafío a las fuentes del agua viva
que salen del trono y proveen vida eterna.
2) Enjuga las lágrimas de los ojos de todos. Aquí encontramos el cum- .
plimiento de las palabras de Cristo: "Bienaventurados los que· lloran, por-
que ellos recibirán consolación" (Mat. 5: 4). Asi como Cristo es el único
96 LA IGLESIA DE DIOS EN UN M:UNDO HOSTIL
que puede satisfacer la sed espiritual de la humanidad, sólo El puede ofre-
cer consuelo duradero. Juan puede haber recordado la profecía de lsaías
con respecto a los últimos días: "Destruirá a la muerte para siempre, y
enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros" (lsa. 25: 8).
En la visión de la nueva Jerusalén el revelador oyó que Dios anunciaba
que estaba estableciendo su morada con los redimidos, y que estaba abo-
liendo la muerte, la enfermedad y el sufrimiento. La humanidad ya no ten-
drá más razón para lamentarse y llorar, y Dios enjugará toda lágrima de
todos los ojos (Apoc. 21: 3, 4).
La visión de la gran multitud termina con esta escena de felicidad.
El gran Pastor provee refrigerio, alimento y consuelo duradero para los
redimidos.
Capítulo 10

La iglesia de Dios
en un mundo hostil
(Basado en Apocalipsis 8)

"Mas Jehová está en su santo templo; calle delante


de él toda la tierra" (Hab. 2: 20).

El séptimo sello: silencio en el cielo (Apoc. 8: 1). Apocalipsis 8 comienza


cuando el Cordero abre el séptimo sello del rollo. Sigue un dramático y
siniestro silencio en el cielo, que llega a ser más notable contra el fondo
de las fuertes y continuas alabanzas de los ángeles, los ancianos y los cua-
tro seres vivientes (Apoc. 4: 8-11; 5: 8-14; 7: 10-12). El silencio fue breve,
de aproximadamente media hora.
De las diferentes explicaciones que dan los comentadores, tres son im-
portantes para nosotros, por consideraciones del contexto.
1) El primer punto de vista asocia el silencio con las oraciones de los
santos que se elevan hacia Dios mezcladas con el incienso ofrecido por el
ángel que está junto al altar (Apoc. 8: 3, 4). 1 Los que sostienen esta posi-
ción enfatizan la atención de Dios a las necesidades de su pueblo: "Se si-
lencia la música celestial, hasta el trueno de la revelación deja de hacerse
oír, para que Dios pueda escuchar aun el susurro de la oración más humil-
de de su pueblo". 2 Las oraciones de los santos se ofrecen sobre el altar
como un sacrificio a Dios, y están envueltas en incienso perfumado, que
indica el dulce y placentero efecto que tienen sobre el Señor.
2) Otra interpretación comprende el silencio como una pausa dramá-
tica para añadir énfasis al juicio que está por· derramarse sobre la tierra
con el sonido de las trompetas. 3 Los representantes de esta escuela de pen-
samiento apelan al hecho de que el ángel que está ante el altar de oro no
sólo mezcla el incienso con las oraciones de los santos, sino que también
97
98 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
toma el incensario, lo llena con fuego de ese altar, y lo arroja a la tierra.
El silencio refuerza la intensidad de la escena, y crea una expectativa es-
pantosa de condenación inminente. Esta posición no excluye aquella que
ve el silencio como un momento cuanto Dios toma nota especial de las
oraciones de su pueblo. Como los juicios anunciados por las trompetas
manifiestan la ira de Dios, podemos entenderlos como resultado de los pe-
didos del pueblo de Dios por alivio cie la persistente persecución del
enemigo.
3) Una tercera explicación ve el silencio en relación con la segunda
venida de Cristo. El cielo está sin un sonido porque sus huestes han deja-
do las cortes celestiales para acompafiar a Cristo. 4 Esta posición tiene la
ventaja de abarcar los dos puntos de vista anteriores, aunque ampliando
la perspectiva al mismo tiempo. El hecho de que el silencio ocurre después
de romper el séptimo y último sello lo hace aun más plausible. En este mo-
mento, el rollo del destino con el misterio de la santa voluntad de Dios
puede ser revelado. Y tal revelación puede ocurrir sólo al final del tiempo.
La segunda venida es la ocasión en que Dios hará conocer el destino eter-
no de cada vida humana.
El regreso de Jesús llega así a ser el día de liberación para algunos,
pero también un momento de terror para otros. Trae salvación y juicio
a la tierra simultáneamente (véase Apoc. 6: 16, 17). Y en este sentido po-
demos ver la segunda venida como la respuesta de Dios a.las oraciones
de su pueblo. La oración final del Apocalipsis testifica de este hecho:
"Amén; si, ven, Sefior Jesús" (Apoc. 22: 20).
Tres pasajes del Antiguo Testamento arrojan luz con respecto al sig-
nificado de nuestro texto. a) El mensaje del profeta Habacuc. Contempo-
ráneo de Jeremías, profetizó precisamente antes que los caldeos invadieran
su patria, Judá. La catástrofe nacional inminente constituía un problema
serio para el profeta y se ocupó de él en su libro, que consiste mayormente
en un soliloquio entre él y Dios.
Profundamente perturbado por la injusticia y la violencia crecientes
entre sus compatriotas, se queja a Dios: "¿Hasta cuándo, oh Jehová, cla-
maré y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?"
(Hab. 1: 2). Dios informa al profeta que está enviando a los caldeos como
castigo contra su pueblo por sus abusos e ilegalidad. El pensamiento de
que Dios use una nación más perversa (los caldeos) para castigar a una
menos perversa perturba aún más a Habacuc, y él desafía la sabiduría di-
vina (Hab. 1: 13). Pero Dios responde y satisface al profeta. En humilde
sumisión Habacuc declara: "Jehová está en su santo templo; calle delante
de él toda la tierra" (Hab. 2: 20).
El silencio que amonesta a la tierra a observar se origina por una in-
tensa expectativa de juicios inminentes (Hab. 3: 3-15) -un juicio que trae
LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL 99
condenación a los malvados mientras ofrece salvación al pueblo de Dios.
Durante ese tiempo de terror, "el justo por su fe vivirá" (Hab. 2: 4). La
venida del Señor, además, será una manifestación gloriosa de su poder que
evoca de su pueblo una exclamación de alabanza (Hab. 3: 3, 18).
b) La amonestación de Zacarías. En un mensaje de esperanza al pue-
blo judío, el profeta señala al futuro, cuando Dios juzgará primero a las
naciones que han despojado a Judá y a Jerusalén, y luego establecerá su
morada en medio de su pueblo, ofreciéndoles consuelo y restauración de
su prosperidad. La profecía concluye con una orden serena: "Calle toda
carne delante de Jehová; porque él se ha levantado de su santa morada"
. (Zac. 2: 13). Otra vez encontramos el silencio claramente asociado con la
venida del Sefior. Una percepción del acontecimiento inminente deja ato-
dos en un estado de asombro respecto del significado y las consecuencias
de su aparición.
e) La profecía de Sofonías. Sofonías fue el último de los profetas me-
nores que predijo el juicio venidero contra Judá. En el centro de sumen-
saje está el interés del profeta en el "día del Señor". Mirando más allá
del horizonte inmediato de la condenación inminente, dirige nuestra aten-
ción a los terrores del tiempo del fin cuando la ira de Dios sea revelada
a todos los malvados habitantes de la tierra. El gran día del Señor será
una ocasión de angustia y de peligro, de ruina y de devastación, de oscuri-
dad y de lobreguez (Sof. 1: 14-16). En ese día el fuego de la ira celosa de
Dios consumirá la tierra entera, llevando a sus habitantes a un fin repenti-
no (Sof. 1: 18). Esta lúgubre visión conduce al profeta a hacer el solemne
llamamiento: "Calla en la presencia de Jehová el Señor, porque el día de
Jehová está cercano" (Sof. 1: 7).
En cada pasaje el respectivo profeta exhorta a los habitantes de la tie-
rra a guardar silencio en vista del juicio venidero. La expectativa de la ac-
ción inminente de Dios domina el escenario y forma la base de llamamiento
profético. El Señor se prepara para dejar su santa morada y visitar la tie-
rra, y su llegada empujará a los impíos a una terrible desesperación. Juan
toma los temas del silencio, el juicio y la venida del Sefior, y forma su pro-
pio cuadro basado sobre la visión en el cielo. En lugar de enfocar la tierra,
sin embargo, el revelador pinta cómo será el cielo cuando Dios abandone
su santa morada y se dirija hacia la tierra. Resulta un silencio absoluto,
pues la multitud celestial acompaña al Señor. Todo el cielo asiste al acon-
tecimiento de la segunda venida de Cristo.
Las oraciones de los santos (Apoc. 8: 3-5). Inmediatamente antes del re-
greso de Jesús, el pueblo de Dios soportará la gran tribulación de que Cristo
habló en su discurso de despedida a sus discípulos (Mat. 24: 15-31). Es
un tiempo cuando Dios parece guardar silencio: "Por lo que ven los hom-
100 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL

bres, parecería que los hijos de Dios tuviesen que sellar pronto su destino
con su sangre, como lo hicieron los mártires que los precedieron. Ellos mis-
mos empiezan a temer que el Señor los deje perecer en las manos homici-
das de sus enemigos. Es un tiempo de terrible agonía. De día y de noche
claman a Dios para que los libre" .5 Aquí encontramos las oraciones de
los santos que el ángel, junto al altar de oro delante del trono, mezcla con
el perfumado incienso.
Dios es el gran rescatador de su pueblo, y no ignorará sus clamores
por intervención. Su fe ha sido perfeccionada por su paciente perseveran-
cia en armonía con el plan de Dios. Ellos salvará ofreciendo no una esca-
patoria sino una conquista. El Señor promete librarlos en medio de la
tentación, no de la prueba. Por causa de la insidiosa naturaleza del peca-
do, Dios procura desarrollar su carácter en nosotros en medio de la aflic-
ción pues en ella nuestros corazones son más receptivos de su Espíritu.
Durante los tiempos de aflicción y de intenso dolor es cuando más a me-
nudo nos dirigimos al Señor pidiendo consuelo y renovación emocional.
Los momentos tristes tienen un modo de abrir nuestras almas hacia Dios,
permitiéndole sanar nuestras heridas y fortalecer nuestros espíritus. El Se-
ñor quiere que desarrollemos caracteres que nos permitirán soportar cual-
quier clase de dificultades y angustias, y que a pesar de todo permanezcamos
leales, llenos de confianza y de ánimo. Porque Dios se deleita en llevar
a su pueblo de la tragedia al triunfo y de la vergüenza a la gloria.
Las oraciones de los santos surgen así de su extrema necesidad de la
gracia redentora de Dios. Pero las oraciones también expresan confianza
en su fidelidad. Su confianza l~;:s permite perseverar en oración noche y
día porque comparten la convicción tan bien afirmada por el salmista:
"Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tem-
pestad poderosa le rodeará" (Sal. 50: 3).
Examinando la visión de Juan del ángel junto al altar de oro, pode-
mos notar dos cosas: 1) la obra de intercesión. El ángel que preside no
convierte las oraciones de los santos en aceptables a Dios, sino simplemente
las presenta ante Dios. Su ministerio sirve para destacar la significación
que Dios otorga a las oraciones de su pueblo y el interés que los ángeles
de Dios tienen en sus necesidades espirituales. Cuando el ángel añadió in-
cienso a las brasas del altar, una nube de humo fragante se elevó para sig-
nificar la aceptación divina. La escena nos recuerda la declaración de Pablo
en su carta a los efesios de que la muerte de Cristo en la cruz fue un acto
de amor en favor de ellos, y una ofrenda y sacrificio fragantes para Dios
(Efe. 5: 2). La visión que Juan tuvo del cielo sugiere que las fervientes ora-
ciones del pueblo de Dios tienen valor sacrificial. Por medio del altar, los
santos y sus oraciones entran en la presencia de Dios.
2) La obra de juicio. El profeta vio al ángel tomar el incensario de
LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL 101
oro usado para mezclar el incienso con las oraciones de los santos, y lle-
narlo con fuego del altar. Luego lo arrojó hacia la tierra. ''Y hubo true-
nos, y voces, y relámpagos, y un terremoto" (Apoc. 8: 5), indicando que
Dios estaba a punto de responder a sus oraciones. Podemos ver en esta
reacción una respuesta parcial al clamor de los mártires· por venganza
(Apoc. 6: 10). El acto simbólico del ángel nos recuerda la visión de Eze-
quiel del hombre vestido de lino, quien, al recibir la instrucción divina,
llenó sus manos con brasas ardientes de debajo del querubín y lás esparció
sobre la ciudad de Jerusalén. El ritual indicaba los juicios divinos que es-
taban a punto de caer sobre la ciudad por causa de las abominaciones co-
metidas en ella (Eze. 10: 1, 2).
El fuego del incensario produce nuevos terrores sobre la tierra, una
manifestación de ira divina que viene en respuesta a las oraciones de los
santos. Las oraciones no expresan un deseo de venganza sino un pedido
de liberación. La venganza es la respuesta de Dios al sufrimiento de su
pueblo. Su ira se enciende contra los impíos, y se derrama sobre ellos co-
mo un fuego devorador que quema hasta que consume todo.
Las primeras cuatro trompetas (Apoc. 8: 2, 6-12). El mundo del Antiguo
Testamento empleaba trompetas para diversos propósitos, uno de los cuales
era tocar alarma en tiempo de guerra. Podemos entender mejor las siete
trompetas en la visión de Juan en ese contexto. Juan observó que los siete
ángeles que estaban delante del trono de Dios recibieron siete trompetas.
Su misión era la de anunciár una nueva serie de males que Dios se prepa-
raba a enviar sobre la tierra y sus habitantes. El sonar de las trompetas
puede representar tres cosas:
1) Un mensaje de advertencia de Dios al mundo. Los acontecimien-
tos que ocurren cuando suenan las trompetas no son desastres naturales,
aun cuando pueden ser catastróficos por naturaleza. Los escritores bíbli-
cos atribuyen tales calamidades a Dios, y las ven como manifestaciones
de su desagrado e ira. Entendemos mal e interpretamos mal el mensaje
bíblico cuando tratamos de explicar los acontecimientos como resultado
de causas naturales. El hecho es que no encontraremos una base científica
para relacionar los acontecimientos naturales con los juicios divinos. Y no
necesitamos hacerlo. En cambio, sólo necesitamos ver la mano de Dios
en operación y discernir su intención última en tales eventos. En la visión
de Juan de las siete trompetas, los desastres revelan la ira de Dios contra
los enemigos de su iglesia y sus malignos ataques y rebelión blasfema. Cons-
tituyen una divina advertencia de que el tiempo para el arrepentimiento
se termina rápidamente.
2) Un llamamiento de Dios a su iglesia. Las trompetas no sólo advier-
ten a los impenitentes del peligro inminente sino también llaman al pueblo
102 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
de Dios a prepararse para la guerra en la fase final del gran conflicto entre
el bien y el mal. La mejor defensa contra el mal es la batalla ofensiva de
la fe. La iglesia militante llegará a ser la iglesia triunfante en el tiempo
del fin, porque los preparativos que hacemos para luchar contra el enemi-
go nos mantienen espiritualmente sensibles a nuestra necesidad de los re-
cursos de Dios.
3) El anuncio divino de su venida. En el tiempo de la segunda venida,
Cristo enviará a sus ángeles con el sonido de las trompetas, y ellos reuni-
rán a los redimidos de un extremo del cielo al otro (Mat. 24: 31). Pablo
dice a los tesalonicenses que el Señor descenderá del cielo "con voz de man-
do, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios" (1 Tes. 4: 16).
Las siete trompetas de la visión de Juan sirven a estas tres funciones
básicas. Con cada sonar de trompetas encontramos las fuerzas de la natu-
raleza arrojadas contra una parte del mundo. La destrucción es terrible
pero limitada, ya que el juicio de Dios no es todavía el final. El no quiere
que sea retributivo, sino que guíe a los seres humanos al arrepentimiento.
Las trompetas aparecen en tres grupos: las primeras cuatro se dirigen
contra el mundo natural y están separadas de la quinta y la sexta trompe-
tas (Apoc. 9: 1-21) por el anuncio del águila de los tres ayes (Apoc. 8: 13).
La séptima trompeta aparece en Apocalipsis 11, después de un interludio
(Apoc. 10; 11: 1-14). En cada grupo, los juicios divinos llegan a ser cada
más severos a medida que el conflicto entre el bien y el mal se intensifica.
1) La primera trompeta: granizo, fuego y sangre (Apoc. 8: 7). Cuan-
do el primer ángel toca su trompeta, granizo y fuego mezclado con sangre
cae sobre la tierra. Una vez más notamos el impacto del Antiguo Testa-
mento sobre el pensamiento y las imágenes de Juan. Las plagas de Egipto
durante el tiempo de Moisés proporcionan su principal fuente de referen-
cias. Específicamente, en la séptima plaga llovió granizo sobre la tierra
(Exo. 9: 13-35). La plaga devastó el país entero, destruyendo todo lo que
había en el campo abierto -hombres, bestias, árboles y plantas-, mien-
tras que la destrucción que siguió al tocar de la primera trompeta arruinó
una tercera parte de la tierra, los árboles y el pasto. El juicio señalado por
la trompeta no había de ser final, sino una advertencia a los habitantes
de la tierra para que se arrepientan.
2) La segunda trompeta: el mar se vuelve como sangre (Apoc. 8: 8,
9). El toque de la segunda trompeta afecta al mar, a las criaturas que hay
en él y a los barcos. Juan ve una gran montaña de fuego arrojada del cielo
al mar, volviéndolo en sangre, y matando a un tercio de las criaturas del
mar y destruyendo un tercio de los barcos. Algunos ven en la destrucción
una alusión a la actividad volcánica del mar Egeo, pero esa explicación
no toma en cuenta el propósito de la visión. Los fenómenos naturales que
describe el revelador sirven para mostrar los juicios de Dios contra un m un-
LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL 103

do rebelde. Juan no parte de eventos naturales para darles luego una ex-
plicación religiosa. Más bien, comprende los fenómenos como interven-
ciones divinas para advertir a los habitantes de la tierra y llevarlos al
arrepentimiento. Los juicios son paralelos a la primera plaga de Egipto
que transformó los ríos en sangre, mató sus peces e hizo que sus aguas
no se pudiesen beber (Exo. 7: 20, 21). El castigo de la segunda trompeta
afectó los suministros de alimentos del mundo y al comercio.
3) La tercera trompeta: la caída de la estrella (Apoc. 8: JO, 11). Cuan-
do el tercer ángel tocó su trompeta, Juan observó que una gran estrella
caía del cielo, ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte
del agua dulce y la convirtió en ajenjo. El agua se volvió amarga y mortal
para los que la tomaban. Como la tormenta eléctrica y la montaña ardien-
te, el meteorito simbolizaba el castigo divino para advertir al mundo de
la ira que vendrá sobre los impenitentes. La contaminación del suministro
de agua dulce nos recuerda la primera plaga de Egipto que transformó el
agua en sangre.
El nombre de la estrella que cayó es Ajenjo, lo que sugiere dos cosas.
a) El juicio dejaría un efecto amargo en los habitantes de la tierra. Ajenjo
es el nombre de una planta con un gusto desagradable y, aunque no es
venenosa, puede hacer sentir mal a una persona. b) El ajenjo también sim-
boliza la amargura y el dolor, y en el Antiguo Testamento se asocia la pa-
labra con los caminos idolátricos de Israel (Deut. 29: 17, 18; Amós 6: 12;
Jer. 9: 14, 15).
4) La cuarta trompeta: el oscurecimiento del sol, la luna y las estre-
llas (Apoc. 8: 12). Cuando el cuarto ángel tocó su trompeta, un tercio de
los astros se oscureció. El profeta no declara el efecto real sobre los habi-
tantes de la tierra excepto que un tercio del día pasó en oscuridad total,
y también un tercio de la noche. El castigo corresponde a la novena plaga
contra Egipto, que duró tres días. Algunos ven en la alusión a las plagas
de Egipto un esfuerzo por asociar la liberación del pueblo de Dios en los
últimos días con el rescate de los esclavos hebreos de la esclavitud egipcia.
En este sentido, el éxodo de Egipto sería un símbolo del éxodo de un mun-
do hostil a la tierra prometida en el mundo del futuro.
A través de todo el Antiguo Testamento encontramos referencias a
la oscuridad como a una sefial de juicio divino. En su mensaje de conde-
nación contra el reino de Israel, Amós le dijo a la gente que el día del Se-
ñor sería de oscuridad y no de luz. En vez de traer liberación al pueblo
de Dios como era el caso generalmente, resultaría en destrucción (Amós
5: 18, 19). El profeta Joel habló en forma similar del día del Señor como
una ocasión de oscuridad y lobreguez, ya que sería el momento cuando
Dios visitaría a su pueblo con castigos. La densa oscuridad en la tierra por
un tercio de día y un tercio de la noche simboliza, sin embargo, el juicio
104 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
de Dios sobre el mundo incrédulo e impenitente y no sobre la iglesia o los
fieles. Como la visión de Juan tiene que ver con el fin de la historia huma-
na, las únicas clases de personas que existirán en ese tiempo serán los fie-
les y los infieles.
El Nuevo Testamento también usa los símbolos de la luz y la oscuri-
dad cuando describe el conflicto entre el bien y el mal. La oscuridad es
la esfera de los poderes del mal, que oprimen a los habitantes de la tierra
mediante el engaño y el error. Los demonios que viven en la oscuridad
no pueden soportar la luz. Cuando brilla la luz, la oscuridad no puede ven-
cerla, de modo que, de hecho, no hay conflicto entre ambos (Juan 1: 5,
9). El juicio de Dios contra el mundo se centra en su preferencia por el
pecado (Juan 3: 19-21). Las tinieblas que surgen con el toque de la cuarta
trompeta representan a Dios que se aparta de los impíos. Es un preludio
de su rechazo final, cuando los habitantes de la tierra se hayan puesto ba-
jo el control completo de Satanás, "el cual engaña al mundo entero" (Apoc .
. 12: 9; 20: 7, 8).
La advertencia del águila (Apoc. 8: 13). Después de la cuarta trompeta
y del castigo asociado con ella, Juan oyó a un águila6 clamando a gran
voz mientras volaba por en medio del cielo. Su grito anunciaba condena-
ción en la forma de tres ayes que seguirían al toque de las tres trompetas
restantes. El cuadro de un águila solitaria que vuela en medio del cielo in-
terrumpe la secuencia de las trompetas y sirve para dramatizar e intensifi-
car el mensaje de juicio inminente. Lo hace de dos maneras: 1) el águila
tiene la reputación de ser fuerte y veloz. Su uso simbólico sugiere aquí que
la condenación que ha de venir será rápida y devastadora. 2) Como ave
de presa, su presencia en medio del cielo indica el peligro inminente de
los habitantes de la tierra y añade énfasis a la advertencia divina implícita
en el sonar de las trompetas: También podemos verla como una predic-
ción siniestra de la "gran cena de Dios" cuando los cielos llamen a las
aves de rapiña a comer la carne de los impíos (Apoc. 19: 17, 18).

1 William Barclay, Apocalipsis, pág. 265.


2 R. H. Charles, en Barclay, ibíd.
3 Mounce, The Book of Revelation, pág. 179.
4 The SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 787.
S Elena G. de White, El gran conflicto, pág. 688.
6 "La evidencia textual favorece la lectura 'un águila' " (The SDA Bible Commentary, t. 7,
pág. 789). Es decir, donde la versión Reina Valera Revisada (1960) lee "un ángel", hay evidencias,
aunque no son concluyentes, de que se deberla leer "un águila". Compárese.con las versiones Dios
habla"hoy y la Biblia de Jerusalén, por ejemplo. (Nota del traductor.)
Capítulo 11

Condenación desde el abismo

(Basado en Apocalipsis 9)

«Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro


pronto auxilio en las tribulaciones" (Sal. 46: 1).

La quinta trompeta: el pozo del abismo (Apoc. 9: 1). Con la quinta trom-
peta el juicio del mundo pagano se intensifica. Ahora pasamos de mensa-
jes de advertencia a los de calamidades. Las primeras cuatro trompetas
anunciaban desastres en el mundo natural, pero la quinta y la sexta trom-
petas traen sobre el mundo los terrores del asalto demoníaco. El primero
de estos males demoníacos ocurre cuando el quinto ángel toca su trompe-
ta. Después de ello, Juan ve una estrella que cayó del cielo. La estrella
era una persona, y por lo tanto difería de la masa fundida que Juan obser-
vó que caía al sonar la tercera trompeta. Esta persona recibió la llave del
pozo del abismo, nuestra primera referencia al gran abismo en el Apoca-
lipsis (en otras partes del libro aparece el abismo: 9: 2, 11; 11: 7; 20: 1,
3). La imagen sugiere una prisión que encierra a los ángeles caídos, los
demonios, la bestia, el falso profeta y Satanás mismo hasta el día de su
castigo final en el lago de fuego (Apoc. 20: 10, 14, 15).
El abismo es la antítesis de las cortes celestiales, así como el infierno
es lo opuesto al cielo. Representa el cuartel central de las fuerzas del mal.
El hecho de que la Escritura también lo representa como una prisión indi-
ca claramente que los poderes del mal no gozan de independencia sino per-
manecen bajo el control de Dios. El conflicto entre el bien y el mal ocurre
únicamente porque El permite que las fuerzas rebeldes luchen para servir
a su propósito redentor. Es parte del carácter de Dios dar a cada uno la
105
106 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
oportunidad de presentar su caso, de demostrar su tesis, y de revelar sus
propias intenciones mediante sus actos.
El libro de Isaias contiene un cuadro del abismo similar al que encon-
tramos en el Apocalipsis. En una profecía referente al juicio y castigo fi-
nal de las fuerzas del mal, el autor cuenta que Dios reúne a las huestes
de los cielos y a los reyes de la tierra y los encierra en una prisión por un
tiempo, después del cual ejecutará su castigo. La cárcel representa el pe-
ríodo entre su condenación y su castigo final. Sirve para limitarlos por un
periodo definido de tiempo (Isa. 24: 21, 22).
El toque de la quinta trompeta señala así la liberación de los poderes
demoníacos. Los terrores que infligen sobre la tierra tienen, sin embargo,
restricciones (Apoc. 9: 4). En una forma extraña, Dios los usa como ins-
trumentos de su ira contra el mundo pagano recalcitrante (Apoc. 9: 20,
21). Testifica de su absoluta soberanía en el universo, porque durante to-
do el conflicto Dios permaneció en los controles. Cualquiera sea el tras-
torno que los poderes del mal produjeron en el mundo, sólo fue posible
porque El lo permite.
La apertura del abismo (Apoc. 9: 2-12). Juan vio que el ser con la llave
del abismo abrió el pozo, y al hacerlo, subió humo como el de un gran
horno y se posó sobre la tierra como para oscurecer el sol y la atmósfera.
El humo que subía del abismo nos recuerda la escena en el monte Sinai,
cuando Dios reveló su ley. La montaña aparecía envuelta en humo por
causa del descenso ardiente de Dios, ya que la santidad de Dios es un fue-
go consumidor. El humo en el Sinai es sencillamente la reacción de la tie-
rra ante su presencia (Exo. 19: 18, 19). El humo de la visión del Apocalipsis
sigue subiendo al sonar la trompeta cada vez más fuerte. Juan consideró
el humo que salía del pozo del abismo como una respuesta al toque de la
trompeta que anunciaba el juicio de Dios.
Después del humo surgieron langostas. La descripción detallada de
Juan de estas criaturas·cae en dos partes. Habiendo identificado su ori-
gen, procede a definir su misión. Esencialmente, consiste en torturar la
porción no redimida de la humanidad (Apoc. 9: 4). Notamos varias cosas
acerca de su poder y de su autoridad:
1) Eran limitados. El poder que tienen lo recibieron de Dios, indican-
do una vez más que las fuerzas del mal no funcionan ni pueden hacerlo
sin su permiso. Desde el mismo comienzo del conflicto han estado bajo
el soberano control de Dios.
2) Eran como escorpiones. Los escorpiones son seres nocturnos y len-
tos del desierto. De día se esconden bajo las piedras o en las grietas de
las paredes. Cuando cae la noche, se alejan de sus refugios en busca de
insectos u otros animalitos. Aunque sus presas son mayormente insectos,
CONDENACION DESDE EL ABISMO 107
la gente les teme por el aguijón venenoso en su cola. Rara vez es fatal para
los humanos, pero su picadura puede ser muy dolorosa. Como parte de
su instrucción a los setenta, Jesús les informó que les había dado "potes-
tad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo",
asegurándoles que nada los dañaría (Luc. 10: 19). Las langostas del abis-
mo tenían el poder pero no la apariencia de los escorpiones. Se las libera
para herir sólo a los impíos (Apoc. 9: 4).
3) Tenían un poder específicamente limitado. Tenían advertencias ex-
presas de no herir la vegetación sino de concentrar sus ataques en los qqe
no tenían el sello de Dios en sus frentes. Durante la plaga contra Egipto
los enjambres de langostas devastaron la tierra (Exo. 10: 15). El profeta
Joel describe el impacto de la plaga-castigo como similar al del fuego de-
vorador: "Como el huerto del Edén será la tierra delante de él, y detrás
de él como desierto asolado" (Joel 2: 3). Los santos escapan del terror
en forma milagrosa mientras el resto del mundo sufre el ataque demoníaco.
4) Eran un poder temporario. Dios les permitió torturar a los impíos
durante cinco meses, pero las langostas no podían matarlos. El ciclo de
vida de una langosta desde su nacimiento, pasando por su etapa larvaria,
hasta su muerte es de cinco meses, un hecho que puede ser el origen del
periodo limitado de tiempo. La tortura infligida a los habitantes de la tie-
rra duraría sólo por una generación de langostas. Sin embargo, la sequía
de Palestina es de aproximadamente cinco meses (desde la primavera has-
ta el fin del verano), 1 el momento más probable de una invasión de lan-
gostas. Aunque el permiso para atormentarlos era temporario, la tortura
sin embargo fue intensa. Tan agudo era el dolor que las víctimas busca-
ban la muerte en un esfuerzo por encontrar alivio, pero la muerte los eva-
día (Apoc. 9: 5, 6). Aquí notamos una alusión al sermón de Jeremías en
el templo cuando predijo una tiempo en que los habitantes idólatras e in-
morales de Judá preferirían la muerte a la vida (Jer. 8: 3).
Habiendo tratado el origen y la misión de las langostas demoníacas,
Juan luego describe su apariencia. Sus rasgos fantasmales y grotescos re-
tratan vívidamente su naturaleza diabólica: 1) parecen caballos prepara-
dos para la guerra (Apoc. 9: 7). Juan parece tomar su descripción de la
profecía de Joel. En el informe de Joellos enjambres de langostas suenan
como si fueran el ruido de carros en una batalla (Joel 2: 5). 2) Sobre sus
cabezas tenían como coronas de oro. Ya fuera realidad o apariencia, las
langostas salían triunfantes o tenían el poder para completar con éxito su
misión. 3) Tenían rostros humanos, lo que indica una inteligencia supe-
rior a la del insecto mismo, con lo que se los hace más capaces de infligir
torturas a sus víctimas. 4) Tenían cabellos como de mujer y dientes como
de leones (Apoc. 9: 8). La referencia al cabello de mujer no resulta clara.
En cuanto a los dientes como de leones, notamos una descripción similar
108 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
en la profecía de Joel de la plaga de langostas (Joel1: 6). Bien puede ser
que el cabello y los dientes fueran sólo por razones de efecto. Como las
langostas no consumieron la vegetación ni usaron sus colas como de es-
corpiones para hacer daños, los dientes enfatizarían su apariencia salvaje.
5) Las criaturas tenían corazas como corazas de hierro (Apoc. 9: 9). El
exterior cubierto de escamas de las langostas parecía como una cota de
malla que protegía sus cuerpos de las armas de sus enemigos. El ruido de
sus alas era como el estruendo de carros de caballos corriendo a la batalla.
Otra vez notamos las imágenes tomadas del libro de Joel (Joel 2: 4, 5).
6) Cada langosta tenía una cola como de escorpión. Las langostas demo-
niacas aterrorizaban a sus víctimas con su apariencia y los atormentaban
con su aguijón (Apoc. 9: 10). Su poder para castigar es tanto psicológico
como físico, y afecta tanto a la mente como al cuerpo de sus víctimas.
El profeta concluye su descripción del asalto de las langostas con una
referencia a su rey, que tiene tres títulos: 1) el ángel del abismo. Sin em-
bargo, no es el mismo ángel que abrió el pozo, sino más posiblemente el
responsable por organizar las fuerzas preparándolas para la batalla. 2 2)
Su nombre en hebreo es Abadón. El titulo denota destrucción, una des-
cripción apropiada del líder de las langostas demoníacas. 3) Y su nombre
en griego es Apolión, designación que traducida significa "destructor".
Juan concluye su análisis de los eventos asociados con la quinta trompeta
con un lúgubre recordativo: "El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos
ayes después de esto" (Apoc. 9: 12).
La sexta trompeta: se desatan los cuatro ángeles (Apoc. 9: 13-21). Cuan-
do el sexto án~el usó su trompeta, Juan oyó una voz del altar de oro que
estaba delante de Dios. La Escritura no identifica la voz, pero tenemos ra-
zones para creer que la orden que vino del altar es consecuente con el cla-
mor de venganza implícito en las oraciones de los santos, y expresada más
directamente en el clamor de'los mártires (Apoc. 8: 3-5; 6: 10). Otra vez se
nos recuerda la importancia que Dios asigna a las oraciones de su pueblo.
El cometido celestial ordena al sexto ángel que desate "a los cuatro
ángeles que están atados junto al gran río Eufrates" (Apoc. 9: 13, 14).
Es la primera y única vez cuando uno de los ángeles con las trompetas par-
ticipa en el evento que anuncia su toque de trompeta. La orden intensifica
el drama. En cuanto a la identidad de los cuatro ángeles junto al Eufrates,
sólo podemos especular. A diferencia de los cuatro ángeles en los cuatro
ángulos de la tierra, están atados junto al río. Mientras los cuatro ángeles
detienen los vientos de destrucción, los ángeles junto al Eufrates produ-
cen destrucción cuando son liberados (véase Apoc. 7: 1-3). Parecen tener
el control de la innumerable horda de tropas demoníacas (Apoc. 9: 15, 16).
El río Eufrates tiene significación por varias razones: 1) es uno de los
CONDENACION DESDE EL ABISMO 109
cuatro ríos nombrados en el Jardín del Edén. 2) En su pacto con Abra-
hán, Dios prometió dar a sus descendientes la tierra desde el río de Egipto
en la península de Sinaí hasta el río Eufrates. La promesa divina se cum-
plió durante el reinado de David en Jerusalén, pero después la nación se
dividió y el pueblo judío encontró difícil mantener esas fronteras. El río
Eufrates representaba así el límite que separaba al pueblo de Dios de sus
enemigos. 3) La liberación de los cuatro ángeles junto al río Eufrates su-
giere que representan fuerzas del mal organizadas contra el pueblo de Dios.
Pero su liberación no resulta en un ataque contra los santos.
Dios los desata para que cumplan su juicio sobre el mundo pagano.
Aunque el castigo no es el final, es muy severo. Deben matar un tercio
de la población de la tierra. El horror de los últimos días aumenta al pasar
de la quinta a la sexta trompeta. Aunque las langostas demoníacas tenían
permiso para herir pero no para destruir, los jinetes demoníacos tienen
libertad para producir una masacre muy grande (Apoc. 9: 15) ..
Juan continúa su descripción del ejército de jinetes con las corazas.
Sus armaduras tenían el color del fuego, del zafiro y del azufre, las sus-
tancias precisas que Juan vio salir de la boca de los caballos. Además, los
caballos tenían cabezas como de leones (Apoc. 9: 17). El horror crece con
esta descripción grotesca y repugnante. Los jinetes parecen ser sólo acom-
pañantes en la ejecución misma. Los monstruos que respiran fuego ocu-
pan el escenario central en este drama de destrucción. El poder de las bestias
demoníacas parece estar en sus colas además de estar en sus bocas. Emer-
ge un cuadro de tormento cruel con el último detalle: las víctimas aparen-
temente son heridas por la cola y luego quemadas por el aliento ardiente
que sale de la boca de los caballos (Apoc. 9: 18, 19).
El cuadro de la caballería demoníaca se parece a la descripción de la
crueldad y la destrucción que Habacuc señala cuando ve el avance de las
fuerzas caldeas en Judá. Juan también puede estar tomando imágenes de
la descripción del leviatán, el monstruo marino del libro de Job (véase Job
41: 19-21). La carnicería general que producen estas bestias demoníacas,
dice, resulta de tres plagas: el fuego, el humo y el azufre. Irónicamente,
son los mismos elementos que Dios usa para exterminar al diablo y sus
cohortes perversas. Al fin el lago de fuego y azufre (Apoc. 20: 10, 14, 15)
los consumirá.
Juan concluye su presentación de la sexta trompeta con una observa-
ción asombrosa: "Y los otros hombres que no fueron muertos con estas
plagas, ni aun así se arrepintieron" (Apoc. 9: 20). Enfatiza este punto al
repetirlo en el versículo siguiente: "Y no se arrepintieron de sus homici-
dios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos" (vers.
21). De este hecho asombroso sugerimos las siguientes conclusiones:
1) La intención divina existente detrás del juicio no era conducir a los
110 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
impíos al arrepentimiento sino vindicar el nombre de Dios. Los juicios an-
teriores que siguieron ·al toque de las primeras. cuatro trompetas ·procuran
advertir a los habitantes rebeldes de la tierra. Con la quinta y la sexta trom-
petas, sin embargo, pasamos de mensajes de advertencia a anuncio de ca-
lamidades. Sugerir que Dios llama a las fuerzas del demonio para
atormentar y aterrorizar a los impíos a fin de conseguir que se sometan
a El constituye un atentado contra su carácter. En cambio, deberíamos
comprender la acción de Dios contra ellos como resultado de haberlos aban-
donado, permitiéndoles así cosechar las consecuencias de su persistente ca-
mino de pecado.
2) La frase "los otros hombres" se refiere a los malvados que sobre-
viven al asalto de la caballería demoníaca. Como un tercio de los malva-
dos pereció, podemos suponer que los que quedaron constituyen dos tercios
de la población. La cifra no incluye al pueblo de Dios. Aunque Juan no
los menciona en la sexta trompeta, podemos concluir que Dios los ha pro-
tegido de las "tres plagas" porque tenían el sello de Dios sobre sus frentes
(Apoc. 9: 4).
3) La observación final de Juan nos dice algo acerca de lo horrible
que es el pecado. A pesar de que los impíos caen presa de las fuerzas de-
moníacas, y sufren tormentos y una muerte atroz, los que quedan siguen
rehusando cambiar sus caminos. Esto es un ejemplo de la posesión demo-
níaca. Las víctimas son impotentes y su situación es desesperada. La des-
cripción del profeta de sus pecados consiste en una séptuple acusación:
a) fabrican el pecado. La frase "las obras de sus manos" sugiere que se
ganaban la vida haciendo ídolos. Lucraban con el pecado de los demás,
y sin duda los estimulaban a pecar promoviendo sus productos. b) Ado-
ran a los demonios. La profundidad a la que se permitieron caer es asom-
brosa. No sólo pecaron, sino ofrecieron su adoración y alabanza a los
mismos demonios. A los paganos les gustaba pecar, se gozaron en su mal-
dad, encontraron gran placer en hacer el mal, se deleitaban con el pensa-
miento de animar a otros a pecar.
e) Adoran imágenes de oro, plata, bronce, piedra y madera, las cua-
les no pueden ver, ni oír ni andar. Aunque puede no haber ninguna razón
para el orden en que Juan enumera los materiales, notamos que aparecen
en orden de valor decreciente. Los fabricantes de imágenes hacen sus pro-
ductos a fm de satisfacer las necesidades y los gustos de sus clientes, creando
ídolos o imágenes para los ricos, y los pobres, y los de clase media. Pero
no importa cuál sea su precio o el valor del material y la manufactura,
los ídolos mismos no merecen adoración. No pueden ver las necesidades
de sus devotos, ni escuchar sus oraciones ni actuar en favor de ellos.
d) Cometen homicidios. Juan separa los últimos cuatro pecados de
los anteriores por su repetición del comentario de que los impíos no se arre-
CONDENACION DESDE EL ABISMO 111
pintieron. Debemos entender que la humanidad pervertida no siente re-
mordimiento por los homicidios que comete. No hay esperanza para ellos.
Si se les diera la oportunidad y el aliciente, asesinarán otra vez.
e) Practican la hechicería. La palabra griega es farmakéia, de la cual
se deriva nuestra palabra farmacia. Los que practicaban la hechichería usa-
ban pociones químicas que los capacitaban para impresionar a sus clien-
tes y ejercer poder sobre ellos. La Biblia clasifica la hechichería como uno
de los pecados más viles (Gál. 5: 20), y los que insisten en practicar ese
arte pagano tienen un lugar asegurado en el lago de fuego (Apoc. 21: 8).
Los hechiceros rehusaron arrepentirse a pesar de los horrores que Dios les
permitió presenciar.
f) Viven en forma inmoral. El pecado cubre una variedad de prácti"
cas licenciosas que degradan a los que participan en ellas. Por causa de
la naturaleza ofensiva de este ultraje, encontramos a este pecado en la lis-
ta de los pecados más severamente denunciados (Apoc. 22: 15).
g) Dominan el arte del robo. Los que siguen el pecado llegan a ser
cada vez más hábiles en diseñar e inventar maneras de defraudar, estafar
y desfalcar. Cuando se los sorprende, pueden expresar pesar por sus erro-
res, pero una vez que quedan libres, reinician sus deshonestidad con ma-
yor celo y satisfacción.
Homicidios, hechicherías, fornicación y hurtos están íntimamente uni-
dos con la idolatría, y constituyen el fruto de la adoración de los demo-
nios cuando llega a ser un estilo de vida. En esta séptuple lista de crímenes,
Juan no se refiere a un error ocasional, sino a una tendencia persistente,
un estilo de vida sin alteraciones por las desgracias de sus compañeros o
los juicios de Dios. En consecuencia, no hay manera de terminar con las
prácticas deshumanizantes y degradantes excepto arrojando a los ofenso-
res en el lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25: 41).

1 Barclay, Apocalipsis, pág. 278.


2 The SDA Bible Commentary; t. 7, pág. 792.
Capítulo 12

El tiempo de prueba

(Basado en Apocalipsis 10)

"Aunque tardare, espéralo, porque sin duda


vendrá, no tardará" (Hab. 2: 3).

El ángel fuerte con el librito (Apoc. 10: 1, 2). Nuestra atención se vuelve
una vez más a otra visión. En la visión de los siete sellos, Juan inserta un
interludio de otras dos visiones -el sellamiento de los siervos de Dios, y
la gran multitud delante del trono de Dios- entre el sexto y el séptimo
sellos. Notamos el mismo plan en la visión de las siete trompetas. Un in-
terludio de dos visiones -el ángel con el librito, y los dos testigos- apa-
rece entre la sexta y la séptima trompetas. Al estudiar esta sección haremos
bien en recordar que Juan no está siguiendo una secuencia cronológica,
sino introduciendo y arreglando su material en forma dramática como para
reforzar las verdades básicas acerca de la lucha entre el bien y el mal. Es-
cribe a la iglesia en un esfuerzo por despertar y alimentar la esperanza en
el triunfo final del pueblo de Dios en los últimos días. La fe en la Palabra
de Dios y el testimonio de Jesús los capacitará a soportar la tormenta de
controversia con paciente perseverancia.
En visión Juan ve otro ángel cuya apariencia es tan diferente como
para hacerla un rasgo notable de la visión. La descripción que hace el pro-
feta del ángel ha llevado a algunos comentadores a concluir que es el Se-
fior resucitado mismo. 1 Notemos los siguientes hechos:
1) Es un ángel fuerte. Juan en la visión del Cordero delante del trono
de Dios se refiere al ángel que presentó el desafío como a "un ángel fuer-
te" (Apoc. 5: 2). Apocalipsis 12: 7 dice que "Miguel y sus ángeles lucha-
ban contra el dragón ... y sus ángeles". Y otra vez el profeta distingue
112
EL TIEMPO DE PRUEBA 113
al ángel en Apocalipsis 18 de los demás ángeles llamando la atención a
su gran autoridad y al esplendor de su presencia (vers. 1). Aunque no es
frecuente, entonces, no es excepcional que Juan destaque a ciertos ánge-
les. Pero su propósito al hacerlo es destacar el mensaje que se asocia con
su aparición y no llamar la atención a sus cualidades personales. Sin em-
bargo, en la visión introductoria del Sefior resucitado el mensaje está uni-
do con la persona de Cristo.
2) Está envuelto en una nube. Juan ve al ángel que desciende del cielo
envuelto en una nube. La figura nos recuerda la visión de Daniel del Hijo
del hombre que vino con las nubes del cielo para presentarse delante del
Anciano de días (Dan. 7: 13). Los pasajes bíblicos que tratan de la segun-
da venida hablan de que Cristo viene "sobre las nubes del cielo" (Mat.
24: 30) o "en las nubes con gran poder y gloria" (Mar. 13: 26). Pablo des-
cribe a los santos que son arrebatados "en las nubes para recibir al Se-
fior" (1 Tes. 4: 17).
En la Biblia las nubes a menudo simbolizan la presencia divina (Exo.
13: 21, 22). La figura de un ángel envuelto en una nube, entonces, puede
indicar una manifestación divina, o que el mensajero viene a Juan direc-
tamente de la presencia de Dios y del Señor resucitado. 2 La Escritura tam-
bién describe a veces las nubes como los carros de Dios (véase Sal. 104: 3).
3) Un arco iris aparece sobre su cabeza. Aquí observamos una simili-
tud notable con la descripción de Ezequiel del Señor en su trono en el cie-
lo. De hecho, notamos que la visión del Señor que tuvo Ezequiel menciona
el arco iris como aparece en las nubes el día que llueve. En lugar de un
arco iris alrededor de la cabeza del Señor, lo encontramos alrededor del
trono. Un brillo emana de su presencia divina, y sus espaldas y piernas
parecen como fuego ardiente (Eze. 1: 26, 28). La visión de Dios en su tro-
no que tuvo Juan también consiste .en un arco iris (parecía de esmeralda)
alrededor del trono (Apoc. 4: 3). Específicamente, el arco iris es una señal
del pacto que Dios hizo con Noé de que nunca más destruiría la tierra con
un diluvio de aguas (Gén. 9: 13). Mientras la visión de Juan no parece con-
tener ninguna alusión a esa promesa divina, el hecho de que aparezca un
arco iris sobre la cabeza del ángel sugiere un mensaje implícito de seguri-
dad. Como sigue a la visión de la sexta trompeta y de los terrores asocia-
dos con ella, el arco iris recuerda al creyente que Dios liberará a los fieles
en el momento de destrucción aterrorizadora, y así le ofrece consuelo. Dios
protegerá a su pueblo en los últimos días de las tormentas y furia de su
ira, así como cuidó a su pueblo durante los tiempos terribles del diluvio.
4) Su rostro es como el sol. La visión introductoria del Señor resuci-
tado describe el rostro de Jesús de manera similar. Es "como el sol cuan-
do resplandece en su fuerza" (Apoc. 1: 16). La imagen nos recuerda la
experiencia de Moisés en el monte Sinaí, cuando estuvo con Dios. Le pi-
114 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
dió a Dios que le revelara su gloria, pero el Señor le dijo que ninguno po-
día ver su rostro y vivir; la experiencia lo consumiría. Así Dios protegió
a Moisés en la grieta de una roca, cubrió su rostro y le permitió ver sólo
sus espaldas (Exo. 33: 18-23). Después que Moisés descendió del monte
Sinaí, la piel de su 'rostro reflejaba tanto del brillo de la gloria de Dios
que tuvo que poner un velo delante de su rostro ante el pueblo (Exo. 34:
29-35). Cuando el Señor resucitado apareció a Saulo de Tarso en el cami-
no a Damasco, se manifestó como una luz magnífica que encegueció al
fariseo, forzándolo a arrodillarse en humilde sumisión y dejándolo ciego
y quebrantado de espíritu (Hech. 9: 1-9).
Juan bien pudo haber recordado otro pasaje cuando describía la ilus-
tre apariencia de este ángel fuerte. En el informe de la transfiguración de
Jesús, el evangelista declara que el rostro de Jesús "resplandeció ... co-
mo el sol" (Mat. 17: 2). Milagrosamente Pedro, Santiago y Juan vieron
la presencia divina en el hombre-Jesús; y su esplendor majestuoso los abru-
mó. El brillo que salía del rostro del ángel fuerte, entonces, puede ser un
reflejo de la gloria de Dios o la manifestación de la presencia misma de Dios.
5) Sus piernas parecen columnas de fuego (véase Eze. 1: 27). La ex-
presión "como columnas de fuego" es una evidente alusión a la presencia
divina en medio de Israel durante su peregrinación por el desierto (Exo.
13:21, 22; 14: 24). Como se mencionó antes, Juan puede haber recordado
también la visión de Ezequiel donde el profeta describe los lomos y las pier-
nas del Señor como "de bronce refulgente, como apariencia de fuego den-
tro de ella en derredor" (Eze. 1: 27). La columna de fuego que acompañaba
a Israel de noche le proveía conducción y protección. La nube que apare-
cía durante el día hacía lo mismo. Notamos que la descripción de Juan
del ángel fuerte incluye tanto una nube como las columnas de fuego. Bien
puede ser que la inclusión de esta visión en este momento procure enfati-
zar que Dios guiará y protegerá a su pueblo durante el tiempo de angustia.
Pueden tener la certeza de que sobrevivirán la gran tribulación y viajarán
con seguridad a la tierra prometida.
6) Tiene un librito en su mano. A diferencia del rollo con siete sellos,
este rollo está abierto en la mano del ángel, una evidente alusión a la vi-
sión del rollo de Ezequiel, en la que el ángel abrió el pergamino delante
de él y le ordenó comerlo. El documento contenía palabras de lamenta-
ción y endechas, pero al comerlo el profeta del Antiguo Testamento des-
cubrió que era "dulce como miel" en su boca (Eze. 2: 8-3: 3). El comer
el rollo simbolizaba la recepción de su comisión de proclamar el mensaje
divino a sus compatriotas (Eze. 3: 4-11). Encontramos una instrucción si-
milar en la visión de Juan. Como en el caso de Ezequiel, un ángel le dice
que mastique y trague el rollo, y al hacerlo descubre que es "como la miel"
EL TIEMPO DE PRUEBA 115
en su boca, pero amargo en su estómago. Y como en la experiencia de Eze-
quiel, Juan recibe la comisión de profetizar (Apoc. 10: 9-11).
7) Tiene su pie derecho sobre el mar y su izquierdo sobre la tierra.
La imagen sirve para dramatizar la apariencia majestuosa del ángel al dar
magnitud a su presencia. Por contraste, el librito en la mano del ángel añade
énfasis adicional a su colosal estatura. Su figura imponente, además, sim-
boliza su soberanía sobre el mar y la tierra, y denota su poder y autoridad
con la cual emite sus declaraciones y órdenes (vers. 4-11).
El mensaje del ángel (Apoc. 10: 3-7). Juan oye que el ángel fuerte clama
"a gran voz", en armonía con su enorme tamaño. El profeta nos dice cuatro
cosas acerca del mensaje del ángel.
1) Habla como un león rugiente. Amós describe la voz de Dios como
un rugido en su introducción a los oráculos de condenación contra las na-
ciones extranjeras (Amós 1: 2) y contra Israel (Amós 3: 8). En una profe-
cía con respecto a la restauración de Israel, Oseas compara la voz de Dios
con la de un león. Respondiendo a ese rugido, los exiliados judíos vuelven
a casa desde Egipto y Asiria, temblando como pájaros asustados ante el
rey de los animales (Ose. 11: 10, 11). Usando las mismas imágenes, Joel
profetiza el regreso y la restauración de los judíos, con un mensaje de jui-
cio contra los enemigos del pueblo de Dios (Joel 3: 16). El rugido del án-
gel fuerte, entonces, puede indicar la inminencia de la condenación de los
malvados, mientras sale la orden divina de liberar al pueblo de Dios al fin.
El hecho de que la visión del ángel fuerte aparece entre la sexta y la sépti-
ma trompeta puede indicar que el mensaje de condenación y de liberación
de los impíos y de los justos, respectivamente, ocurre cerca del fin del
tiempo.
2) Siete truenos retumban después del clamor del ángel fuerte. No es
inusual encontrar truenos en el libro del Apocalipsis en el contexto de un
episodio revelador. Durante la visión de la sala. del trono de Dios Juan
oye truenos que retumban desde el trono (Apoc. 4: 5). El trueno resuena
y los relámpagos centellean cuando el ángel arroja fuego del altar de oro
hacia la tierra (Apoc. 8: 5). Cuando el templo de Dios en el cielo se abre,
y revela el arca del pacto, el cielo otra vez se llena con el sonido de los
truenos (Apoc. 11 : 19). Y cuando el séptimo ángel derrama su copa de
ira divina al aire, Juan oye una voz fuerte del templo que anuncia el fin
de las siete plagas de los juicios de Dios. La acompañ.a el ruido de truenos
(Apoc. 16: 18). Así, en el simbolismo del Apocalipsis, los truenos denotan
advertencia y juicio.
Aparentemente, los siete truenos tienen un mensaje coherente, ya que
Juan se dispone a escribirlo. Pero una voz del cielo le da la instrucción
expresa de sellar el mensaje de los siete truenos, y le prohíbe escribirlo
116 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
(Apoc. 10: 4). Tal orden parece extraña en vista de la orden que Juan ha-
bía recibido al principio (Apoc. 1: 1, 19). Nos recuerda el mandato dado
a Daniel de cerrar las palabras y sellar el libro (Dan. 12: 4). En el caso
de Daniel, el sellamiento sería temporal y sencillamente significaba una
demora en el tiempo de su revelación, pero en el caso de Juan parece ser
permanente. 3
3) El ángel anuncia el fin de las demoras en el tiempo. 4 El profeta ve
al ángel fuerte levantar su mano derecha hacia el cielo y jurar en el nom-
bre del Creador eterno. El rito de levantar la mano para hacer un jura-
mento es antiguo, y podemos encontrarlo ya en el tiempo patriarcal (Gén.
14: 22, 23). Pero la imagen del pasaje que consideramos claramente deri-
va del libro de Daniel. Allí, en visión, el profeta observa a un hombre ves-
tido de lino, que está parado sobre las aguas de un río con ambas manos
levantadas hacia el cielo, y oye que el mensajero divino jura por el que
vive para siempre. La visión se refiere a las profecías de tiempo, y la de-
claración profética viene en respuesta al pedido de Daniel sobre el tiempo
del fin. Antes de que el fin pueda ocurrir, debe haber una "dispersión del
poder del pueblo santo" (Dan. 12: 7). Hasta que eso ocurra, el pueblo de
Dios debe esperar con paciencia.
Este período -declarado aquí como "tiempo, tiempos, y la mitad de
un tiempo"- puede considerarse una demora en el tiempo. La bendición
hacia el final del capítulo (cap. 12: 12), pronunciada sobre los que esperan
pacientemente el tiempo del fin, sugiere no sólo que el pueblo de Dios de-
be soportar la tribulación sino que debe tener la paciencia para permitirles
perseverar aun a pesar de una postergación o demora del fin. Contra este
fondo, entonces, debemos entender el anuncio del ángel fuerte en la vi-
sión de Juan. Al hacerlo, sugerimos las siguientes conclusiones: a) la de-
claración de que no habrá más demoras se refiere a las profecías de tiempo.
Dios ya no dará más mensajes a sus siervos, ya sean advertencias o catás-
trofes, que extiendan el tiempo del pecado. b) El tiempo del fin al que se
refiere el mensajero en el libro· de Daniel es el mismo período en el que
está pensando el ángel fuerte de Apocalipsis 10 (véase Apoc. 1: 3, "por-
que el tiempo está cerca"). e) El mensaje sellado por Daniel debe ser aho-
ra revelado a Juan, y, por medio de Juan, a la iglesia. Ese mensaje consiste
en un librito en la mano del ángel fuerte.
4) El ángel declara que ha llegado el tiempo para revelar el misterio
de Dios. Notamos varias cosas en relación con esta declaración. a) Las
palabras que se usan intrigan. Generalmente esperamos que las profecías
sean cumplidas y los misterios revelados. En este caso, la profecía y el mis-
terio están ligados, de modo que cuando se revele el misterio la profecía
se cumpla al mismo tiempo. El misterio de Dios no es una información
asbtracta acerca de los secretos del universo. Tiene que ver con un evento
EL TIEMPO DE PRUEBA 117
mediante el cual dará a conocer su propósito redentor. b) El misterio de
Dios es algo que anuncia a sus siervos los profetas. El texto recuerda la
declaración de Amós: "Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que re-
vele su secreto a sus siervos los profetas" (Amós 3: 7). El profeta pensaba
en el próximo castigo de Israel, un evento que era realmente extraño. Tra-
dicionalmente, Israel pensaba en el día del Señor como el momento en que
Dios libraría a su pueblo de la mano del enemigo, y por eso el pueblo ge-
neralmente lo llamaba un día de luz. Pero ahora sería un día de tinieblas,
porque en su persistente maldad la nación había llegado a ser enemiga del
propósito redentor de Dios. El Señor había dado a conocer a Amós el mis-
terio del juicio venidero, de modo que cuando llegara la destrucción el pue-
blo supiera y comprendiese por qué había ocurrido. En la visión de Juan,
el ángel se refiere a que Dios anuncia su misterio pero no lo revela a sus
siervos los profetas. Para Juan, la revelación del misterio de Dios ocurrirá
en el tiempo del fin.
e) El misterio de Dios será cumplido cuando el séptimo ángel toque
su trompeta. El libro de Daniel enfatiza con la repetición que Dios abre
sus misterios ante su siervo Daniel (Dan. 2: 17-19, 22, 29, 30, 47; 4: 9,
18; 5: 11, 12). Pero en cuanto al misterio del tiempo del fin, el Señor no
se lo reveló. En cambio, el ángel le dijo que cerrara las palabras y sellara
el libro para los que vivan en el tiempo del fin. Para quienes vivan en ese
tiempo el conocimiento aumentará y los sabios comprenderán (Dan. 12:
1, 3, 4, 10). Una vez más debemos recordar que el misterio de Dios tiene
que ver con la terminación de su obra redentora, o el cumplimiento de su
propósito redentor que lleva a su fin a la historia humana. En ese momen-
to se completará lo que Dios se propuso en la creación. y fue hecho posible
por la sangre del Cqrdero (Apoc. 5: 9, 10). En ese día, Dios quebrará el
poder del mal y derribará el gobierno de Satanás para siempre. Erradicará
permanentemente el pecado y la muerte del universo. Y la sabiduría y el
amor de Dios se manifestarán claramente en la forma en que manejó el
problema del mal.
La experiencia del profeta (Apoc. 10: 8-11). La voz del cielo que ordenó
a Juan a sellar el mensaje de los siete truenos le habló otra vez, diciéndole
que tomara el librito de la mano del ángel fuerte. Y Juan obedece la voz
celestial, pero cuando lo hace, el ángel fuerte le dice que coma el rollo.
Cuando Juan lo hace, descubre que es dulce como miel en su boca, pero
amargo en su estómago, como el ángel le dijo que sería (véase Eze. 3: 1-3).
Como vimos antes, la experiencia de Juan es bastante paralela con la del
profeta Ezequiel. Pero varios otros pasajes también arrojan luz sobre el
significado de este acto simbólico. El profeta Jeremías escribió: "Fueron
halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por
118 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
alegría de mi corazón" (Jer. 15: 16). Con respecto a la Palabra de Dios,
el salmista exclamó: "¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más
que la miel a mi boca" (Sal. 119: 103).
La experiencia de Juan comiendo el rollo en la visión significa su com-
pleta asimilación del mensaje que Dios le había indicado que debía predi-
car. Antes de que pueda comunicar la palabra de Dios a las naciones, debe
internalizar la revelación de modo que la palabra divina llegue a encarnar-
se. Entonces podrá proclamar el mensaje con comprensión y convicción.
Con Juan ocurrió como con Ezequiel: el comer el rollo está unido con su
comisión de predicar, un hecho que provee una pista sobre el contenido
del rollo. Tiene que ver con la experiencia de la iglesia.
El efecto dulce/amargo del rollo sobre el vidente sugiere las vicisitu-
des que soporta el pueblo de Dios en los últimos días. Ya hemos visto las
estrechas semejanzas entre Apocalipsis 10 y Daniel12. La declaración del
ángel fuerte de que no habrá más demoras debe entenderse, entonces, contra
el marco de la instrucción del ángel a Daniel de sellar las palabras de la
profecía hasta el tiempo del fin. El tiempo llegó para que el mensaje de
Daniel sea ahora revelado. Por lo tanto en su revelación y la difusión de
su contenido siente el vidente la sensación dulce/amarga.
Daniel 12 comienza con una referencia al "tiempo de angustia", un
período como "nunca fue desde que hubo gente hasta entonces" (vers.
1). El texto señala la gran tribulación que el pueblo de Dios debe soportar
antes de presenciar el establecimiento del reino de Cristo en gloria. El Cie-
lo asegura a Daniel que su pueblo, aquellos cuyos nombres están "escritos
en el libro", será librado. En ese tiempo habrá una resurrección de los muer-
tos, algunos para recibir vida eterna, mientras otros para ser sentenciados
a vergüenza y confusión eterna (Dan. 12: 1, 2).
Algunos han comprendido la experiencia dulce/amarga de los fieles
en el marco del tiempo de angustia. El gozo que viene a los santos mien-
tras esperan y se preparan para la segunda venida de Jesús corresponde
con el gusto dulce del rollo en la boca de Juan, mientras que la sensación
amarga en el estómago del vidente representa el dolor de la experiencia
del pueblo de Dios al soportar la persecución. Los adventistas del séptimo
día han explicado este evento dulce/amargo señalando el gran chasco de
los adventistas norteamericanos en 1844. Por causa de su comprensión de
las profecías de Daniel, los primeros adventistas bajo la conducción de Gui-
llermo Miller, un predicador laico bautista, concluyeron que el regreso de
Cristo ocurriría en el otoño (del hemisferio norte) de 1844. La expectativa
creció cuando los creyentes compartieron las buenas nuevas y se prepara-
ron para el tiempo del fin. Cuando llegó la fecha y el acontecimiento para
el cual habían trabajado y vivido no ocurrió, los adventistas sufrieron un
amargo chasco. Como resultado de ese chasco muchos abandonaron el mo-
EL TIEMPO DE PRUEBA 119
vimiento para nunca volver, pero otros vieron en la experiencia una prue-
ba de su fe y pacientemente aceptaron el ridículo y las burlas de los in-
crédulos.
Después que Juan soportó el efecto dulce/amargo del contenido del
rollo, el Cielo le ordenó que profetizara otra vez. Las palabras del texto
indican el aspecto impelente del cometido del vidente. El no tiene opción,
sencillamente debe profetizar otra vez "sobre muchos pueblos, naciones,
lenguas y reyes". Debe ser obediente a la tarea profética a pesar de la for-
ma en que se siente por comer el contenido del rollo. Su propia experien-
cia simboliza así la experiencia de la iglesia durante esos días finales. En
medio de la sensación dulce/amarga que perdura aún, la iglesia debe cum-
plir la comisión divina de llevar el evangelio al mundo, un mundo que es
hostil al propósito redentor de Dios. En este sentido podemos· hablar del
período como una ocasión de prueba para la iglesia. Es un tiempo en que
el pueblo de Dios afrontará dificultades y tendrá que sufrir mucho a fin
de hacer progresar el mensaje que le fue confiado. Y a los que soporten
esos tiempos difíciles Dios les asegura un lugar en su reino.

1 The SDA Bible Commentary, Comentarios de Elena de White, t. 7, págs. 797, 971.
2 Barclay, Apocalipsis, pág. 281; Mounce, en The Book of Revelation, pág. 207.
3 Los adventistas del séptimo dia creen que el mensaje de los siete truenos consiste en una des-
cripción de los eventos que ocurren en relación con la proclamación de los mensajes del primero
y el segundo ángeles de Apocalipsis 14: 6-8 (véase The SDA Bible Commentary, t. 7, págs. 797. 798).
4 Los adventistas entienden que esto significa el fin del tiempo profético (véase The SDA Bible
Commentary, Comentarios de Elena de White, t. 7, pág. 971).
Capítulo 13

Se establece el reino de Cristo

(Basado en Apocalipsis 11)

"¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos


piensan cosas vanas?. .. Pero yo he puesto mi rey
sobre Sion, mi santo monte, (Sal. 2: 1, 6).

Panorama general. Apocalipsis 11 concluye la primera mitad del libro. Mu-


chos comentadores consideran que el capítulo es el más difícil y el más
importante de todo el libro del Apocalipsis. 1 En algunos aspectos pode-
mos considerar el material del capítulo 11 como un resumen de los puntos
esenciales cubiertos en la segunda mitad del Apocalipsis. Porque aquí en-
contramos un bosquejo del testimonio del pueblo de Dios en medio de la
persecución más intensa. El profeta nos presenta la gran guerra entre la
bestia y los santos, y nos lleva a través de la tragedia de la tribulación al
triunfo del reino de Cristo. En cápsula, observamos al pueblo de Dios pa-
sar de la vergüenza a la gloria al soportar el ridículo y la humillación de
los malvados y presenciar la consumación de todas las cosas en el estable-
cimiento del eterno reino de Cristo.
La medición del templo de Dios (Apoc. 11: 1, 2). En el capítulo anterior
observamos que Juan pasaba de ser un espectador pasivo a un participan-
te activo en la visión que se le dio. Su participación continúa en el capítulo
11. El Cielo le da un instrumento de medir y le pide que mida tres cosas:
el templo de Dios, el altar y a los que adoran allí. El acto de medir es sim-
bólico, y el lenguaje y las imágenes derivan del libro de Zacarías.
Mientras está en visión, el profeta del Antiguo Testamento ve a un
hombre con un cordel de medir en su mano, y le pregunta: "¿A dónde
vas?" El hombre le explica que pretende medir la ciudad de Jerusalén. Pe-
120
SE ESTABLECE EL REINO DE CRISTO 121
ro un ángel se le aparece al hombre con el cordel de medir y le dice que
no es necesario medir la ciudad, porque será habitada sin muros por cau-
sa de la multitud de personas y de ganado. Además, el Señor mismo le
será por "muro de fuego", y su santa presencia en medio de ellos les dará
la protección que necesitan (Zac. 2: 1-5). La profecía de Zacarías asocia
el acto simbólico de medir la ciudad con la idea de reconstruir sus muros
como para asegurar la protección de sus residentes. Debemos recordar que
en los tiempos antiguos la única seguridad que tenía una ciudad, además
de sus fuerzas militares, era la muralla que la rodeaba. Un muro hacía di-
ficil que un enemigo penetrara en la ciudad y saqueara sus recursos.
Para Juan, entonces, la idea de medir tiene que ver con la necesidad
de reconstruir y proteger. Siendo esto así, no debemos entender esa nece-
sidad en un sentido literal. Así el profeta no piensa en la reconstrucción
real del templo de Jerusalén que, cuando escribe, está en ruinas. Y cierta-
mente no está pensando en reconstruir el templo de Dios en el cielo. En
cambio, deberíamos mirar en otra dirección para captar el significado del
simbolismo que se usa aquí. Una sugerencia es considerar el templo, el
altar y los adoradores como representantes de la iglesia en su vida y testi-
monio. Considerado de esta manera, podemos interpretar el acto de me-
dir la iglesia como la manera que Dios tiene de preparar a su pueblo para
las luchas que tiene que afrontar durante la fase final del conflicto con
los poderes del mal. Y sería como una reconstrucción y una protección.
Tal obra capacita a la iglesia a conducir su vida y su ministerio de manera
que cumpla la comisión divina. Sólo de esta manera podrá soportar la tor-
menta de conflicto con las fuerzas del mal y tener la certeza de su entrada
en el reino celestial. En otras palabras, para ser victoriosa la iglesia debe
tener una clara comprensión de su mensaje, su misión y su ministerio. Es
decir, debe tener un conocimiento salvador de la verdad, captar la misión
que surge de ese conocimiento, y un ministerio activo orientado por esa
misión.
El Cielo expresamente ordenó a Juan no medir el patio que está fuera
del templo porque ha sido entregado a los gentiles. Los gentiles son fuer-
zas hostiles al propósito redentor de Dios .y se dice que pisotean la santa
ciudad durante 42 meses o 1.260 días (Apoc. 11: 2, 3). Podemos entender
estos símbolos más claramente cuando los miramos contra el fondo de los
tiempos del Nuevo Testamento. El templo de Herodes tenía dos atrios,
uno interior y otro exterior. El patio interior contenía tres secciones: el
atrio de las mujeres, el atrio de Israel y el atrio de los sacerdotes. El atrio
exterior era llamado el Atrio de los Gentiles, y una barrera física lo sepa-
raba del atrio interior. Es al atrio exterior al que se refiere Juan en el len-
guaje figurado de la visión. Las naciones, o los gentiles, no pertenecen a
122 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
la comunidad de los creyentes. El acto simbólico áe entregar el atrio exte-
rior a los gentiles implica que pisoteen la ciudad santa.
Una vez más notamos el lenguaje y las imágenes tomadas del libro
de Daniel. En una visión el profeta del Antiguo Testamento vio una bestia
espantosa dispuesta a hacer guerra a los santos. La criatura hablaba blas-
femias contra_el Altísimo y quebrantaba a los santos pisoteándolos (Dan.
7: 7, 8, 25) por un período determinado de tiempo. 2 Su blasfemia y piso-
teo implican echar por tierra la verdad y cometer sacrilegios contra el tem-
plo (Dan. 8: 9-14).
La Santa Ciudad, entonces, es una referencia al pueblo de Dios que
ha sufrido persecución y ha presenciado los esfuerzos de las fuerzas del
mal por corromper y destruir la verdad de Dios; particularmente, en lo
que se relaciona con el santuario celestial o templo, y su culto. Es esta ver-
dad de Dios la que, mediante su pueblo, debe ser restaurada, y durante
el proceso prepara a su pueblo para el tiempo del fin.
Los dos testigos (Apoc. 11: 3-6). La voz que ordena a Juan a medir el tem-
plo, el altar y a los adoradores continúa hablando. La Escritura no la iden-
tifica, pero muchos creen que procede del cielo y habla con gran autoridad.
Juan la oye mencionar dos testigos que recibirán poder de profetizar du-
rante el período concedido a los gentiles para que pisoteen al pueblo de
Dios, que es de 42 meses o 1.260 días. Que involucra un periodo de inten-
sa persecución y amargo dolor está indicado por la vestimenta de los testi-
gos. Ellos profetizan vestidos de cilicio. Los comentadores ofrecen diversas
sugerencias acerca de su identidad. Juan proporciona las siguientes pis-
tas: 1) son "los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante
del Dios de la tierra" (Apoc. 11: 4). La descripción nos recuerda la visión
de Zacarias del candelabro y los olivos. En ella el profeta ve dos ramas
de dos olivos junto a dos tubos de oro que vierten aceite para las lámparas
en el santuario. Las ramas de olivo que suministran el aceite son "los dos
ungidos que están delante del Señ.or de toda la tierra" (Zac. 4: 12-14). Aun-
que el pasaje es la fuente evidente de Juan, notamos la libertad al usar
las Escrituras tan típica de él. La profecía de Zacarias tiene un candelero,
pero Juan tiene dos, y éste trata a los dos olivos y los dos candeleros como
que representan lo mismo, o sea, los dos testigos.
2) Poderes sobrenaturales protegen a los testigos durante el periodo
de su actividad profética. La misma fuerza que los capacita para profeti-
zar los provee con la habilidad para defenderse. Sale fuego de su boca y
consume a los que intentan dañ.arlos. Las imágenes nos recuerdan el tiem-
po en que Elias pidió fuego del cielo y destruyó a sus enemigos (2 Rey.
1: 10, 12). Juan usa las imágenes para describir el poder de la palabra pro-
fética.
SE ESTABLECE EL REINO DE CRISTO 123
3) Tienen poder de producir una sequía. Nuevamente tenemos otra
alusión al ministerio profético de Elías, específicamente a su anuncio de
una sequía que duró tres años y medio (1 Rey. 17: 1). El profeta comenzó
su ministerio en un momento de profunda crisis espiritual. Acab era el rey
de Israel y se había casado con Jezabel, una princesa fenicia que se las
arregló para sostener el culto de Baal por medio de la tesorería real. De
acuerdo con las creencias paganas, Baal, el dios cananeo de las tormen-
tas, aseguraba a los agricultores una cosecha segura enviando la lluvia en
el momento apropiado. El acto de Elías golpeó así en el corazón mismo
del culto a Baal.
4) Tien~n poder para cambiar el agua en sangre. Ahora Juan dirige
su atención de Elías a Moisés. Notamos una referencia a la primera plaga
de Egipto (Exo. 7: 14-24). Moisés la inició por indicación de Dios porque
Faraón rehusó dejar ir a Israel.
5) Pueden "herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran"
(Apoc. 11: 6). Otra vez Juan alude a la experiencia de Moisés en Egipto.
A pesar de la resistencia del faraón a la orden expresa de Dios, Moisés
pudo persistir y prevalecer. Eventualmente, Egipto quedó desolado, sus
jactanciosas fuerzas militares destruidas, y el pueblo de Dios estuvo libre.
Estos últimos salieron de Egipto bajo la conducción de Moisés y el seño-
río del Todopoderoso (Exo. 14: 30, 31).
La actividad de los dos testigos se parece al papel de Moisés y de Elías.
Pero sería un error concluir que Juan pensaba en ellos. De todas maneras,
no encontramos razones que nos obliguen a interpretar los símbolos en
una forma estrictamente literal. Tiene más sentido explicar las referencias
en forma figurada.
Durante el tiempo del Nuevo Testamento era común oír a los judíos
hablando acerca de Elías (Mat. 16: 14; 17: 10-12; 27: 47, 49), ya que la
tradición lo consideraba como precursor del Mesías (Mal. 4: 5, 6). Con
el tiempo, los judíos emplearon el nombre de Elías como una referencia
a los profetas como un todo. Algo semejante ocurrió con respecto a Moi-
sés. Llegó a ser sinónimo de la ley (Luc. 16: 31; 24: 27; Juan 7: 19, 22,
23; 9: 28, 29). Moisés y Elías serían, entonces, los representantes de la ley
y los profetas, o juntos constituirían las Escrituras. Sobre el monte de la
transfiguración aparecieron con Jesús en gloria, indicando que Jesús es
glorificado en la ley y los profetas porque ellos dan testimonio de la ver-
dad con respecto a El (Mat. 17: 3). Pero los dos representan el testimonio
del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento tenemos los testigos ocu-
lares de las palabras, los actos, la muerte y la resurrección salvadoras de
Jesús. Aparte de su testimonio los testigos de la verdad de Dios en Cristo
serían realmente incompletos.
Parece mejor, por lo tanto, comprender a los dos testigos de Apoca-
124 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
lipsis 11 como la Palabra de Dios como la expresan las tareas de predica-
ción y de enseñanza del cuerpo de creyentes. Es decir, la iglesia, en lo que
concierne a su vida y su testimonio bajo el señorío de Cristo y la conduc-
ción del Espíritu Santo, puede proveer un fiel testimonio de la verdad. El
aceite de la rama del olivo permite que la lámpara brille, y representa el
ministerio del Espíritu Santo. Sin el Espíritu de Dios, la iglesia no puede
testificar, porque no tiene luz. ·
La bestia y los dos testigos (Apoc. 11: 7-10). Cuando los dos testigos cum-
plen su ministerio profético, el Cielo les quita su protección divina y se
vuelven vulnerables a los ataques malvados de sus enemigos. En ese mo-
mento Juan ve en visión que la bestia surge del abismo. Determina hacer
guerra contra los dos testigos. Juan ya nos ha presentado el abismo en re-
lación con el toque de la trompeta del quinto ángel (Apoc. 9: 1). Con la
apertura del pozo del abismo, surgió humo, y después del humo, langos-
tas demoníacas salieron para infligir sus terrores sobre los malvados habi-
tantes de la tierra. Ahora Juan nos cuenta que la bestia asciende del mismo
abismo para realizar su mal. Es nuestro primer encuentro con la bestia,
pero el artículo definido sugiere que Juan ya había establecido su identi-
dad. De la descripción que Juan hace de la actividad de la bestia notamos
los siguientes hechos:
1) La bestia obtiene su poder y sus directivas del mundo de los demo-
nios, un punto que está claro por el hecho de que sube del abismo, lamo-
rada de los demonios. 2) La bestia es hostil al propósito salvador de Dios.
Cuando sube del abismo, identifica a los dos testigos para atacarlos, y sa-
le victoriosa del conflicto. 3) La bestia deshonra públicamente los cuerpos
de los testigos asesinados permitiendo que permanezcan en las calles de
la gran ciudad varios días. Para la mente judía era un acto que bordeaba
en el sacrilegio dejar un cadáver sin atención y sin sepultarlo. El Antiguo
Testamento lo incluye en la lista de los mayores males cometidos por los
paganos contra el pueblo de Dios (Sal. 79: 14). Tan grosera falta de hu-
manidad es una característica de los demonios, y cuando los humanos rea-
lizan estos actos, eso señala cuán profunda es su degradación. 4) La bestia
dirige la guerra y realiza actos indignos en la gran ciudad, a la que Juan
se refiere alegóricamente como Sodoma y Egipto. El Antiguo Testamento
describe a Sodoma como una ciudad sumamente perversa. Su depravación
llegó a ser tan horrible a la vista de Dios que encontró necesario destruirla
completamente. Entre las fechorías más odiosas estaban los actos inmo-
rales que habían llegado a ser comunes (Gén. 19: 1-11). Egipto no es una
ciudad sino una nación. Mientras Sodoma representa las profundidades
de la inmoralidad, Egipto simboliza la opresión y la esclavitud.
Los seguidores de la bestia son un ejemplo del carácter vil de ella. Por
SE ESTABLECE EL REINO DE CRISTO 125
tres días y medio los testigos asesinados permanecieron en las calles de la
gran ciudad, y los hombres de los pueblos, tribus, lenguas y naciones vie-
nen a ver sus cadáveres. Es un tiempo en que los malvados celebran la vic-
toria de la bestia. Su festividad se parece a un día feriado. Se alegran, se
divierten y se intercambian regalos. Pero hay algo que está muy mal en
esa celebración. Es mórbida a pesar de su alegría demoníaca. Reh4san per-
mitir que nadie entierre los cuerpos de los testigos asesinados a fin de re-
gocijarse con alegría infernal sobre sus pálidos cadáveres (Apoc. 11: 9, 10).
La resurrección y ascensión de los testigos (Apoc. 11: 11-13). La diversión
del mundo pagano es breve. Un soplo de vida de Dios entra en el cuerpo
de los testigos, e inmediatamente se levantan sobre sus pies. Un gran te-
mor cae sobre los seguidores de la bestia que presencian la resurrección.
La figura recuerda, en una escala mucho menor, la visión de Ezequiel del
valle de los huesos secos. Allí Dios le dijo que profetizara a los huesos se-
cos y al espíritu que debía entrar en los huesos secos, y, al hacerlo, el espí-
ritu entró en los que habían sido asesinados y volvieron a la vida y se
pararon sobre sus pies (Eze. 37: 1-10). Después de la resurrección de los
dos testigos, Juan oye una voz fuerte del cielo que los llama. Luego, ante
la vista de sus enemigos ascienden al cielo en una nube. La escena alude
a la ascensión de Elías en un carro de fuego y un torbellino (2 Rey. 2: 11,
12). Y en ese tiempo ocurre un gran terremoto que devasta un décimo de
la ciudad, y mata a siete mil de sus habitantes. El impacto del terremoto
en los sobrevivientes es semejante al efecto producido por la resurrección
de los testigos: los aterroriza tanto que en un estado de terror dan gloria
a Dios.
No resulta claro si los impíos se arrepienten genuinamente ante el he-
cho de tales maravillas o sencillamente se encuentran impulsados a reco-
nocer el todopoderoso señorío de Dios. En vista de su repugnante
perversidad (Apoc. 11: 9, 10), parece poco probable que fueran capaces
de un arrepentimiento genuino. Cualquiera sea el caso, su reconocimien-
to de la preeminencia de Dios constituye una vindicación apropiada de
los dos testigos y un preludio adecuado al toque de trompeta del séptimo
ángel.
Los adventistas del séptimo día han creído que el material de Apoca-
lipsis 11 describe exactamente en forma simbólica las condiciones de Francia
durante el período de la primera república francesa (1792-1804). Fue un
período cuando el prejuicio antirreligioso barrió la nación, y resultó en
un decreto de París en el que se abolió la religión. Por eso los adventistas
han visto el ataque de la bestia contra los dos testigos como un retrato
simbólico del ataque de los poderes gobernantes franceses contra las Sa-
gradas Escrituras. La resurrección y exaltación de los dos testigos encon-
126 LA IGLESIA DE DIOS EN UN MUNDO HOSTIL
traría su cumplimiento en el establecimiento de las sociedades bíblicas na-
cionales, la más importante de las cuales fue la Sociedad Bíblica Británica
y Extranjera, fundada en 1804, y la Sociedad Bíblica Americana, organi-
zada en 1816. 3 La Palabra de Dios ha sobrevivido los ataques endemo-
niados de los pueblos, las naciones y los sistemas paganos a través de los
siglos. Los peones humanos de Satanás han venido y han pasado, pero
la Palabras de Dios permanece soberana en los corazones y las vidas de
la gente. Muy pronto llegará el tiempo en que las fuerzas del mal con todo
el poder demoníaco organizarán una ofensiva contra la Palabra de Dios
y su iglesia, pero fracasarán, y por último serán borrados del universo de
Dios.

La séptima trompeta: la consumación de la historia (Apoc. 11: 14-19). In-


mediatamente antes del toque de la séptima trompeta Juan anuncia que
el segundo ay ha pasado, y que el tercer ay pronto ha de venir. Los co-
mentadores difieren en qué constituye este tercer ay. Encontramos una pista
en el anuncio celestial que sigue a la derrota de Satanás y sus huestes mal-
vadas: "Alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores
de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran
ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (Apoc. 12: 12).
Después que suena la séptima trompeta, Juan oye grandes voces en
el cielo, que decían: "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro
Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Apoc. ll:
15). Aquí está el mensaje más emocionante de todo el libro del Apocalip-
sis, las buenas noticias que el pueblo de Dios de todo tiempo y de toda
nación ha anhelado oír. Cumple la expectación mesiánica de los profetas,
responde a las pacientes preguntas de los oprimidos y satisface los pedi-
dos de los mártires. Las huestes angélicas mismas anuncian esta declara-
ción de triunfo, que consta de dos partes: 1) proclama la transferencia del
dominio y del gobierno de nuestro mundo a Dios y a su Cristo. Las pala-
bras reflejan el lenguaje de Salmos 2: 2, un salmo mesiánico, que la co-
munidad cristiana primitiva aplicó a Jesús. El decreto indica que Dios
compartirá su gobierno con Cristo. 2) Su gobierno será eterno. El uso del
pronombre singular ("él reinará") añade énfasis a la unidad que existe entre
Dios y Cristo Jesús.
Sigue luego un himno de acción de gracias de los 24 ancianos. El him-
no centra su atención en las manifestaciones divinas de su gran poder en
el conflicto final al vencer a las fuerzas del mal y comenzar su reinado.
Una vez más notamos una referencia al Salmo 2, 'que habla de las nacio-
nes que conspiran y de los pueblos que se levantan contra Dios y su Ungi-
do. Pero la ira de Dios humilla a las naciones furiosas hasta ponerlas de
SE ESTABLECE EL REINO DE CRISTO 127
rodillas (Apoc. 11: 18). El triunfo de la ira de Dios es un tema que se repi-
te en la segunda mitad del libro (Apoc. 14: 10, 11; 16: 15-21; 20: 8, 9).
En su himno de acción de gracias, los ancianos identifican tres acon-
tecimientos que siguen a la derrota de los poderes del mal y al estableci-
miento del gobierno de Dios: 1) una obra de juicio. El tiempo ha llegado
para juzgar a los muertos. Lo que se quiere significar aquí es el juicio de
los malvados. Dios dará su decisión judicial y ejecutará la sentencia al fin
del período de mil años (Apoc. 20: 11-15).
2) La recompensa de los siervos de Dios, los profetas y los santos,
y a los pequeños y a los grandes que temen su nombre. Su recompensa
aparece en la visión de la nueva Jerusalén que desciende del cielo a la tie-
rra nueva, donde Dios mismo ha de morar (Apoc. 21: 1-4).
3) El acto final en el gran drama de la redención. Consiste en la com-
pleta erradicación del pecado y de la muerte, de Satanás y de sus huestes,
de todo el universo (Apoc. 20: 7-10).
La visión termina con una escena del templo de Dios y del arca del
pacto dentro del templo. Es una vista del lugar santísimo, del cual proce-
de la promesa de protección divina durante los días finales, y la amenaza
de la ira inminente. Del trono de Dios los santos reciben la seguridad de
su liberación y los impíos pueden esperar juicios. Lo que sigue a la apertu-
ra del templo es el fenómeno recurrente de relámpagos, voces y truenos.
Además, notamos la referencia a un terremoto y a un gran granizo. De
esta forma, la primera mitad del libro termina con una nota que se puede
interpretar ya sea como de alegría ode malos presagios. La decisión está
en nuestras manos.
"Y el Espíritu y la Espósa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el
que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuita-
mente" (Apoc. 22: 17).

1 Barclay, Apocalipsis, pág. 292.


2 The SDA Bible Commentary, t. 7, pág. 801.
3/bíd., págs. 802, 803.