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24-6-2019

INTRODUCION

En tiempos de debate en América Latina, en que la mirada parece tan puesta


en la educación, vale la pena volver a la pregunta esencial, ya que corremos el
riesgo de gobiernos y movimientos sociales se conformen con aprobar o retirar
algún proyecto de ley, con mejorar un par de reglamentos, agregar un poco
más de plata por aquí, un poquito de supervisión por allá, y creer que ya
tenemos un nuevo sistema educativo.
Aprender en el siglo XXI es una necesidad evidentemente nueva. La sociedad
del conocimiento demanda nuevos conocimientos y competencias, y ofrece
nuevas herramientas y manera de acceder a ello. Esa es la novedad principal.
Este el siglo en que un conjunto de experiencias educativas existentes e
innovadoras, aunque acotadas y específicas, se irán transformando en la
nueva norma, en la forma natural y evidente de ordenar la oferta educativa.
A medida que aumentan la complejidad del mundo en el cual vivimos, la
flexibilidad que debemos demostrar para adaptarnos a él y las conexiones que
nos permiten localizar y procesar información, la capacidad de la escuela para
enseñar se ve desbordada por las posibilidades (y la necesidad) de aprender.
Hoy quien aprende sabe que el aprendizaje que se realiza fuera de la escuela
que dentro de la escuela puede ser más aprehensible, ameno y ajustable a los
tiempos y estilos personales.
Por ello, mientras que desde una perspectiva clásica la diferencia fundamental
entre aprendizaje formal e informal dependía principalmente del carácter
organizado y reglado del primero, en realidad hoy la secuencia aprendizaje
formal-informal es más una cuestión de lugar, de certificación y, sobre todo, de
foco: el aprendizaje formal pone el foco en un aprendizaje marcado por la
valoración social de unos contenidos determinados mientras que el aprendizaje
informal depende fundamentalmente de las necesidades y retos que asuma el
individuo; cuando estos aprendizajes, además, no son reconocidos ni
movilizados por la escuela, entonces estamos en el ámbito de los aprendizajes
invisibles.
La Escuela que aprende en el siglo XXI y la inteligencia emocional

Existen oportunidades para el aprendizaje en todo momento y lugar, mucho


más allá de la escuela como espacio educativo exclusivo. Los medios de
comunicación, los dispositivos móviles, la conectividad, las redes sociales y de
colaboración ofrecen oportunidades para el aprendizaje continuo.
Hace algunos años ya, acceder a la educación era una manera de garantizar la
transmisión de valores culturales y sociales representando una distinción
importante, e incluso muchas familias de escasos recursos, trabajaban extra
para poder mantener y acompañar la formación de sus hijos. En ese contexto,
profesores y directores eran personas respetadas y valoradas por sus
conocimientos y experiencias. Se esperaba de ellos un comportamiento ético y
equitativo, y la moral era la mayor distinción de una persona de bien, que se
enorgullecía por su profesión y por brindar algo a los demás.
La escuela que aprenden en el siglo XIX es bajo un proceso educativo,
continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como
complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los
elementos esenciales de desarrollo de la personalidad integral. Para ello, se
propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con
objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en
la vida cotidiana.
La educación en emociones o emocional es, quizá, una de las más importantes
tareas pendientes en nuestra sociedad, prácticamente hasta las década de los
noventa no se produce un avance significativo en su estudio. Goleman (1995)
se referirá a los elevados costes del analfabetismo emocional (crímenes,
violencia, arrestos, uso de armas de fuego, suicidios, inseguridad ciudadana,
depresión, ansiedad, estrés, desordenes de la alimentación, abuso de drogas y
alcohol). Todo ello implica estrategias de prevención y alfabetización emocional
necesarias a través del sistema educativo. Aquí vamos a referirnos a la
educación emocional como respuesta a un déficit en la formación básica del
alumno.
El fin de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad integral del
alumnado. En este desarrollo pueden distinguirse como mínimo dos grandes
aspectos: el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional. El primero ha
recibido un énfasis especial, en detrimento del segundo, que ha quedado casi
olvidado por la práctica educativa. La educación emocional propone un énfasis
especial en este aspecto con objeto de otorgarle la importancia que merece.
Toda relación interpersonal está impregnada por fenómenos emocionales. En
el proceso de aprendizaje individual y autónomo también está presente la
dimensión emocional, de modo que es necesario que se le preste una atención
especial por las múltiples influencias que las emociones tienen en el proceso
educativo.
Es mirar una nueva forma de educación trasformada, donde todos los
miembros son considerados personas valiosas, con sus diferencias y
semejanzas, con posibilidades de enriquecerse en el intercambio con el otro,
en grupos heterogéneos, donde todos se benefician en este aprendizaje
compartido. Implica un cambio radical respecto al enfoque de la integración,
donde se le exige al alumno que se adapte a una enseñanza colectiva y
masificada.

Es fundamental iniciar un proceso de transformación de las prácticas actuales,


en donde:

La escuela comience a reconstruirse como Escuela Inclusiva, que


educa en y para la diversidad de alumnos, según un Proyecto
Educativo Institucional Inclusivo, elaborado participativamente,
desarrollado en una práctica comprometida y bajo un liderazgo
directivo consistente, y evaluado para su mejoramiento continuo.
Los Centros de Atención Múltiple se transformen en centro de apoyo
a la escolaridad común.
Las familias brinden oportunidades de inclusión en diversos ámbitos y
confíe en las posibilidades de sus hijos.
Se trabaje en colaboración entre familia- escuela–apoyos.
Se constituyan equipos de apoyo interdisciplinario a la inclusión,
diversificando miradas, para asesorar, orientar y colaborar en la
diversificación del currículum y en la búsqueda permanente de
estrategias pedagógico-didácticas, sobre la base de una evaluación
contextual del Aula Inclusiva.
Se facilite el aprendizaje significativo, comprensivo y especialmente,
cooperativo entre todos alumnos del Aula Inclusiva.
Se reajuste la organización de la Escuela Inclusiva, así como la
infraestructura edilicia y los recursos materiales, según necesidades.
Implementar una Educación Inclusiva de calidad, que sea un derecho
y un deber ejercido por todos, no es una tarea sencilla, pero es posible;
más aún, es indispensable para el crecimiento de toda una comunidad
educativa, de una sociedad.

Los cambios son parte del vivir contemporáneo; la sucesión inevitable de


hechos, acontecimientos, modas, condiciones climáticas y otras variables,
afectan ineludiblemente la vida de todas las sociedades. La escuela es de por
si una casa, una comunidad, una sociedad, y está constituida
fundamentalmente por seres individuales y personales, de ahí que la escuela
sea también susceptible a los cambios y viva un imparable proceso continuo,
de transformación y movimiento, se ve sujeta a traslaciones y rotaciones
impredecibles, pero a la vez la escuela es el ámbito humano más retentivo de
los valores, los relatos culturales y sociales más conservadores.
Incluir un quehacer de la Educación, orientado por sus finalidades, por los
valores sociales y culturales. Como finalidad y como valor constituye un ideal a
alcanzar, a conquistar. La Educación Inclusiva significa educar en y para la
diversidad, ya que responde a las necesidades de todos y cada uno de los
alumnos, según la diversidad de culturas, de raza, de religión, de género, nivel
socio-económico, etc., a la diversidad de capacidades entre los alumnos,
apuntando a la formación y el desarrollo armonioso e integral de todos, en un
ámbito diverso y heterogéneo.
Tiene por finalidad educar en y para los valores, en tanto apunta al desarrollo
de los valores de respeto, de solidaridad, de justicia y de equidad, desde la
vivencia y el ejercicio de estos valores en la escuela común y el aula común.
En este sentido, es la Educación que responde a un proyecto de Sociedad
Inclusiva, más justa y solidaria, que reconoce la ciudadanía plena para todos
sus miembros.
Por tanto, esto refleja la importancia de tener una salud emocional para que los
seres humanos se puedan desarrollar de manera integral en su vida y ser
felices.
El desarrollo de nuestra inteligencia emocional está en las manos de cada uno
de nosotros y sobre del medio que nos rodea a lo largo de nuestra vida. La
niñez es una época muy relevante para desarrollar la Inteligencia Emocional.
En esta etapa se debe intentar desarrollarla al máximo posible ya que es un
componente importante para saber interactuar con lo que nos rodea en la vida.
Tras la revolución que propició Goleman con su libro, han sido muchos
expertos los que se han interesado por el tema de la Inteligencia Emocional y
es un concepto que está cada vez más desarrollado y creando más interés en
todos los ámbitos de la sociedad, ya que, se podría decir, que la Inteligencia
Emocional es la clave para el éxito en la vida, puesto que, si una persona sabe
controlar sus emociones y gestionar cada una de las situaciones que se le
presenta en la vida sabrá reaccionar de modo adecuado en cualquiera de ellas.
En conclusión, se puede apreciar que hace una década la mente humana
carecía de importancia, únicamente importaba la capacidad innata del Cociente
Intelectual, medir las capacidades lógico matemáticas, lingüísticas y qué tipo de
individuos iban a tener éxito en la escuela. Esto a lo largo de los años
fortuitamente ha ido evolucionado y ha surgido en el ámbito de la psicología
una gran preocupación por descubrir más acerca de la mente humana. Gracias
a Gardner, se descubrió que existen varios tipos de inteligencia y que todas
son independientes entre sí, y que cada persona dependiendo del ambiente
que le rodee, desarrollará de menor a mayor medida una u otra.
Por esto, es en la escuela cuando se debe comenzar el desarrollo de la
Inteligencia Emocional desde las edades tempranas ya que es a partir de la
edad de 5 o 6 años cuando los niños empiezan a tomar conciencia de sus
propios sentimientos.

Así, el desarrollo de las competencias emocionales da lugar a la educación


emocional. Concebimos la educación emocional como un proceso educativo,
continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las
competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la
persona, con objeto de capacitarle para la vida. Todo ello tiene como finalidad
aumentar el bienestar personal y social (Bisquerra, 2003, p.27).
Por tanto, podemos observar que existe ya un interés en la sociedad actual por
la educación emocional y que está presente en las escuelas, como se dice en
el párrafo anterior debe ser un proceso continuo que se dé a lo largo de toda la
vida para que así el alumno consiga un desarrollo integral. En muchos casos, el
fracaso escolar, viene dado por falta de Inteligencia Emocional, ya que, por
ejemplo, si un niño es menos propicio o le cuesta más relacionarse con sus
iguales, probablemente caerá en depresión o en una rutina de no querer ir al
colegio, y, como consecuencia el niño dejará de tener entusiasmo por ir al
colegio, y acabará en fracaso escolar.
La escuela es un escenario idóneo para desarrollar esas habilidades
emocionales puesto que, es un lugar social por excelencia, ya que los niños
tienen la oportunidad de relacionarse con individuos semejantes a ellos. Es un
espacio propicio también ya que, es un sitio en el que pasan la mayoría de su
tiempo. Además tienen un profesional que les guie y les inculque los valores
necesarios para desarrollarse de manera emocionalmente correcta para
adaptarse a la sociedad sin problema de ningún tipo y afrontar aquellas
adversidades que se le presenten tanto fuera como dentro del contexto escolar.
Conclusión

Al finalizar este trabajo es notable que la escuela debería ser un lugar


privilegiado para proporcionar una formación que permita participar plenamente
en la vida ciudadana y democrática, pero podemos percibir hoy que existe una
contradicción entre el tipo de educación que se proporciona en las escuelas, y
el modelo de sociedad al que formalmente se aspira. Lo que tendríamos que
conseguir es constituir escuelas que sean democráticas y que preparen a los
individuos para actuar como auténticos ciudadanos, y no como súbditos.
El mundo ha cambiado, debido a fuerzas como la globalización y la tecnología.
La educación del futuro tiene que prepararse para un mundo diferente.
Aptitudes como la colaboración y la conciencia de distintas culturas (algo que
no se ha recalcado lo suficiente en los planes de estudio actuales) deberían
tenerse en cuenta. El aprendizaje personalizado tendrá que dejar de ser un
término de moda, y convertirse en algo que permita a cada uno de los
estudiantes descubrir y desarrollar su propio talento.
Es así como el aprendizaje personalizado significa que no se agrupará ni
enseñará a los estudiantes en clases conformadas únicamente por estricto
orden de edad, sino que se promoverán y desarrollarán los intereses
individuales. Un plan de estudios elemental, troncal, consistiría en ciertas cosas
que conocemos bien: lenguaje, matemáticas y ciencias, y también ciertos
aspectos olvidados en las aulas tradicionales, como la creatividad y las artes, y
otros aspectos nuevos (como el pensamiento emprendedor) que también
deberían ser parte del plan de estudios troncal.

Bibliografía
CARBONELL i PARÍS, F., Para una educación obligatoria de calidad, en
Cuadernos de Pedagogía, julio-agosto 2002, n. 315, Ciss Praxis, Barcelona
FREIRE, P., Pedagogía do oprimido, 17ª. ed., Río de Janeiro, Paz e Terra,
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VERDUGO, M.A. La integración, personal, social y vocacional de los
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1989.