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En el siguiente trabajo expondremos el contexto y significado teórico que tuvo en Marx, la

distinción entre esfera de circulación y producción para comprender las relaciones sociales
en el modo de producción capitalista. Para luego, desarrollar cómo es que se materializan
los principios de Libertad, Igualdad, Propiedad e Interés individual en ambas esferas.

Marx entendió que las relaciones sociales capitalistas no se presentaban de una manera
transparente. Influenciado fuertemente por la relectura que realiza de “La Lógica” de Hegel
en los momentos en que escribía los Grundrisse, Marx rescató y reformuló la distinción
conceptual hegeliana que concebía dos niveles de realidad, a saber, esencia y apariencia, y
la identificó con el nivel de la producción y circulación a la manera de una inversión. Ésta
última figura teórica, también rescatada de Hegel, le había permitido en etapas más
tempranas de su desarrollo teórico, identificar otros dos tipos de inversiones; la inversión a
nivel de la conciencia asociada con el concepto de ideología, y la inversión a nivel de la
realidad asociada con el concepto de alienación, todas ellas estrechamente relacionadas.

Para comprender como se relacionan estos tres tipos de inversiones, es necesario tener
presente que en Marx la conciencia se encuentra determinada por las condiciones
materiales, al mismo tiempo que las condiciones materiales se encuentran determinadas por
la actividad humana. El fundamento de este mutuo condicionamiento es la concepción de la
misma realidad social como práctica, una práctica que está continuamente siendo
producida, reproducida y transformada por la actividad de los seres humanos, una práctica
que produce, reproduce y transforma objetos pero también relaciones sociales, es decir, una
práctica que da cuenta en definitiva de lo que se es como seres humanos. Es ésta
conceptualización la que suele denominarse con el nombre de “praxis”.

Las ideas pueden dar cuenta de manera adecuada o inadecuada de la realidad social, y esto
dependerá en gran medida de si se trata de una praxis reproductiva o transformadora. Como
hemos indicado más arriba, cuando lo hacen de manera inadecuada, hablamos de una
inversión a nivel de la conciencia que asociamos a la ideología. Esta inversión no es el
resultado de un error, o una ilusión que pueda ser resuelta mediante un procedimiento
cognitivo, precisamente porque su fundamento no está ahí, sino que en una realidad social
que también se encuentra invertida. De lo que se sigue, que la inversión a nivel de la
conciencia sólo puede ser removida si acaso ocurre una transformación de la misma
realidad social que se encuentra invertida, que en términos generales puede ser entendida
por el hecho de que el trabajo se encuentra sometido al capital.

La relación entre la conciencia y la práctica social, o específicamente, entre una conciencia


invertida y una realidad invertida es una relación compleja y no directa. Es compleja
porque se encuentra mediada por una tercera inversión, que es el nivel de las apariencias,
que determina la “forma” específica en que se muestra la realidad, y tiene su forma
concreta en el nivel de la circulación de mercancías o mercado. Pero así como la inversión
a nivel de la conciencia no es arbitraria respecto a la realidad social, tampoco lo son las
formas aparentes en que se presenta la realidad, por cuanto estas muestran siempre lo
“contrario” de lo que ocurre a nivel de la producción, es decir, tienen una forma necesaria
de expresarse. De lo que se desprende que la inversión se encuentra íntimamente
relacionada a la idea de contradicción, que en Marx a diferencia de Hegel, se encuentra
históricamente situada.

Dice Marx que “La órbita de la circulación o del cambio de mercancías, dentro de cuyas
fronteras se desarrolla la compra y la venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad, el
verdadero paraíso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, sólo reinaban la
libertad, la igualdad, la propiedad, y Bentham.” Y a continuación sigue:

“La libertad, pues el comprador y el vendedor de una mercancía, v.gr. de la fuerza de


trabajo, no obedecen a más ley que la de su libre voluntad. Contratan como hombres libres
e iguales ante la ley. El contrato es el resultado final en que sus voluntades cobran una
expresión jurídica común.”

Pero ¿Qué es lo que oculta el nivel de las apariencias? y ¿Por qué esta tiene la forma
específica de presentarse como libertad? Una de las principales características del modo de
producción capitalista respecto a los modos de producción que le precedieron es haber roto
con toda relación de dependencia personal. La relación social capitalista consagra un
control sobre el ejercicio privado del trabajo individual, lo que supone un control sobre él
consciente y voluntario. El hecho de que las relaciones de subordinación entre los
individuos no tengan un carácter personal es uno de los fundamentos históricos que explica
que a nivel de las apariencias pueda presentarse la compra y venta de fuerza de trabajo bajo
un manto de libertad.

Otra característica que diferencia al modo de producción capitalista respecto a otros modos
de producción que le precedieron, es haber separado al conjunto de los individuos entre
quienes son poseedores de los medios de producción y quienes, desposeídos de éstos, no
tienen otra mercancía que su fuerza de trabajo. Mientras antes el trabajo lo realizaba cada
productor con sus propios medios de producción, en el modo de producción capitalista unos
son propietarios de los medios de producción y otros trabajan. El que un grupo social se
encuentre privado de los medios de producción es el fundamento histórico que da lugar a
un tipo específico de división social del trabajo que constituye a las clases sociales en
capitalistas y obreros. Los primeros, dueños de los medios de producción, y los segundos,
dueños de su fuerza de trabajo.

Ambas características explican lo que ocurre a nivel de la circulación. Habiendo separado


al conjunto de individuos entre poseedores de medios de producción y realizadores del
trabajo por un lado, y haber roto con todo tipo de dependencia personal, es que el obrero y
el capitalista concurren al mercado como poseedores de mercancías, uno para vender su
fuerza de trabajo y el otro para comprar ésta y otros medios de producción, y así
desprenderse cada uno por propia voluntad de ellas. Pero también, es precisamente por el
hecho histórico que privó de sus medios de producción a los obreros, que éstos se ven
obligados a concurrir al mercado a vender su fuerza de trabajo a condición de no querer
perder su propia existencia. El nivel de circulación entonces ocultaría el reverso de la
libertad, que es un hecho histórico anterior; el que los obreros hayan sido privados de sus
medios de producción.

Si bien la relación social capitalista otorga un control directo sobre el ejercicio privado del
trabajo individual, no hace lo mismo respecto a la manera en que se organiza socialmente la
producción. Otra de las principales características del modo de producción capitalista es
haber generalizado la forma de valor, y entre ellas haber consagrado la forma de valor que
toma el trabajo abstracto socialmente necesario, es decir, la fuerza de trabajo. Portado el
valor en las mercancías, será mediante el intercambio de éstas que se realizará socialmente
el contacto entre los distintos productores directos a la manera de un contacto entre cosas,
imposibilitando el control directo sobre el carácter social del trabajo. Es ésta situación
contradictoria, que Marx identifica con la alienación, la que pone al productor directo bajo
sujeción de su propio producto del trabajo. Pero los productores directos no sólo producen
valores de uso, sino también y antes valor, único lenguaje en que puede ser validado su
trabajo abstracto socialmente necesario. Es a través del intercambio de mercancías que
llevan consigo el valor, que el obrero reproduce una y otra vez las relaciones sociales de
producción sobre las que no tienen ningún control, al mismo tiempo que se produce una y
otra vez él mismo como sujeto, a la manera de un objeto en la forma de valor, es decir, en
el capital. Esta situación que sobrepasa y compromete existencialmente al sujeto,
objetivándolo en el capital es la que Marx denomina enajenación. De esta realidad o
práctica social contradictoria en que están envueltos los sujetos, en que es el trabajo el que
está subordinado al capital, en que se ha invertido la relación entre sujeto y objeto, es de la
que tampoco da cuenta el nivel de la circulación de mercancías, representando en la
libertad, como principio rector de los intercambios a nivel del mercado, lo que a nivel de la
producción no es otra cosa que alienación y enajenación.

Respecto a la igualdad Marx nos dice que “La igualdad, pues, compradores y vendedores
sólo contratan como poseedores de mercancías, cambiando equivalente por equivalente.”

Para develar el contenido y reverso de la equivalencia que reina a nivel de la circulación


debemos tener presente dos cuestiones centrales en Marx sobre el valor de una mercancía y
la ley que rige su intercambio. Todo valor de uso o mercancía contiene valor por ser gasto
de trabajo humano abstracto, cuya magnitud se mide por el tiempo de trabajo socialmente
necesario que se requiere para producirla. Y por otro lado, que todo intercambio de
mercancías tiende a realizarse por su valor, es decir, una mercancía es intercambiada por
otra si acaso representa la misma magnitud de valor. De esto se sigue que Marx supone
intercambios equivalentes.
El valor de la fuerza de trabajo al igual cualquier otra mercancía estará determinado por el
tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Esto puede ser reducido al tiempo
de trabajo socialmente necesario que se requiere para producir los medios de subsistencia
que aseguren su reproducción física, y la complejidad subjetiva necesaria para
desempeñarse como un trabajador normal según el desarrollo histórico de las fuerzas
productivas en ese momento. Este valor se encuentra representado en el salario, y
constituye la base material de que a nivel de la circulación reine campante el principio de la
igualdad.

Hemos indicado más arriba el encuentro de capitalistas y obreros como propietarios de


mercancías en el mercado. Entendiendo, el proceso de producción y circulación como parte
de un mismo proceso, seguimos al capitalista de cerca, y vemos que concurre al mercado
con su mercancía-dinero (D), compra mercancía fuerza de trabajo y medios de producción
(M) por su valor, y sin embargo, luego de realizarse el proceso de producción, regresa al
mercado con una magnitud mayor de su mercancía respecto al inicio del ciclo (D`). Sin
desatender los supuestos de Marx de que las mercancías son intercambiadas como
equivalentes, y todo valor de una mercancía proviene del ser materialización de gasto de
trabajo humano, no habría otra manera de explicar el aumento de la magnitud del valor de
la mercancía del capitalista sino sea a nivel de la producción. Lo que podemos ver tras el
velo de la circulación es, que el salario que representa el equivalente del tiempo
socialmente necesario para producir los medios subsistencia del obrero, no representa el
total del valor producido por el obrero en el proceso de producción, precisamente, porque la
mercancía fuerza de trabajo ostenta la capacidad de generar más valor que el que consume
para reproducirse como fuerza de trabajo. Sin embargo, a nivel de la circulación pareciera
que el salario representa el total del valor producido por una jornada de trabajo, cuando en
realidad sólo representa el equivalente del trabajo necesario para reproducir la fuerza de
trabajo, mientras que el trabajo excedente, representa el valor no retribuido por el
capitalista al obrero, que toma el nombre de plusvalía.

Así, a nivel de la circulación el salario representaría la retribución por la jornada total


realizada por el obrero, mientras a que a nivel de la producción vemos que tan sólo cubriría
una parte. Del igual modo, a nivel de la circulación el beneficio que el capitalista consigue
de la venta de su mercancía parecería e tener su origen en la diferencia entre el precio de
venta y el precio de costo, cuando en realidad tiene su origen en la apropiación de trabajo
ajeno. El nivel de la producción mostraría la inversión que implica que el proceso de
trabajo, donde el trabajo muerto explota al trabajo vivo, y todo su carácter contradictorio,
en donde el beneficio del capitalista es resultado del perjuicio del obrero. Es ésta inversión
contradictoria la que aparenta expresarse de manera reconciliada en la figura del salario y la
que permite al obrero regresar al mercado.
Respecto a la propiedad Marx comenta “…La propiedad, pues cada cual dispone y
solamente puede disponer de lo que es suyo…”

Del desarrollo anterior, hemos avanzado bastante para develar el reverso de la figura de la
propiedad que se expresa como principio reinante en el mercado. Es un fundamento
histórico, al igual que lo fue en la figura de la libertad, que la relación económica que pone
en contacto al obrero y al capitalista establezca como base la propiedad privada de los
capitalistas sobre los medios de producción. Enunciamos más arriba que capitalista y
obrero se reúnen en el mercado como propietarios de mercancías, cada uno para
desprenderse por propia voluntad de la suya. Que el obrero es dueño de su fuerza de trabajo
no pareciera ser un gran misterio, en cambio, no ocurre lo mismo con el capitalista. Aquel
concurre al mercado con su mercancía-dinero que ha sido el resultado del proceso de
producción dentro del cual ha tenido lugar la apropiación de trabajo ajeno, que es lo que le
permite realizar su mercancía en el mercado con un beneficio. Es entonces una
circunstancia de hecho, la que indica la necesidad descubrir de dónde proviene el aumento
en magnitud de su mercancía, no el que pueda sentirse él mismo dueño o no de ella.

El valor total de una mercancía puede conseguirse, haciendo abstracción de ciertas


circunstancias, sobre la base de la suma de tres unidades sociales. El capital constante (C)
que representa el valor de los medios de producción, el capital variable (V) que representa
el valor de la fuerza de trabajo y la plusvalía (P) que simboliza el valor apropiado por el
capitalista al obrero. Sin olvidar el supuesto de Marx en cuanto a que la única fuente de
valor es el trabajo humano, es necesario descartar que los medios de producción sean una
fuente creadora de valor, ellos tan sólo transfieren valor en el proceso productivo, de ahí su
nombre. En cambio, es la fuerza de trabajo, como fuente creadora de valor la que sufre
variaciones en el proceso de trabajo, aumentando su magnitud, y dando lugar a la plusvalía,
de ahí también su nombre.

La tasa de plusvalía o plus-producto que es apropiado por el capitalista puede simbolizarse


de la siguiente manera: P´=P/V. Esta simboliza de otra manera lo que no es más que la
relación entre el trabajo excedente sobre el trabajo necesario. Marx señala que la tasa de
plusvalía estaría determinada por el valor que contendría el salario, la productividad del
trabajo y la duración de la jornada de trabajo del obrero. Llamará producción de plusvalía
absoluta al aumento de la plusvalía que surge de una mayor extensión de la jornada laboral.
Y producción de plusvalía relativa al aumento de la plusvalía como resultado de un
aumento de la productividad o de una disminución del salario. Si bien pueden darse de
manera simultánea y combinada, las variaciones de la tasa de plusvalía siempre son el
resultado de una proporción entre trabajo excedente y trabajo necesario.

Así, lo que a nivel de la circulación no es más que el encuentro transparente de dos


propietarios privados de mercancías, a nivel de la producción, es apropiación de trabajo
ajeno. La propiedad privada muestra ser una figura jurídica, una cuestión de derecho, que
legitima una cuestión de hecho: la posesión privada sobre los medios de producción que
hace posible la apropiación de trabajo ajeno y que tiene como resultado, el que los
productos del ejercicio de la fuerza del trabajo de los obreros tengan que ser visto,
paradójicamente para ellos, del otro lado de la vitrina.

Por último, con respecto al interés privado Marx nos dice “…Y Bentham, pues a cuantos
intervienen en estos actos sólo los mueve su interés. La única fuerza que los une y los pone
en relación es la fuerza de su egoísmo, de su provecho personal, de su interés privado…”

Continuando con que “… Precisamente por eso, porque cada cual cuida solamente de sí y
ninguno vela por los demás, contribuyen todos ellos, gracias a una armonía preestablecida
de las cosas o bajo los auspicios de una providencia omniastuta, a realizar la obra de su
provecho mutuo, de su conveniencia colectiva, de su interés social.”

Como ya hemos visto, en el modo de producción capitalista la división del trabajo se


configura sobre la base de la separación del obrero de los medios de producción. Este hecho
histórico particular hace que obreros y capitalistas se encuentren en el mercado para
realizar la compra y venta de fuerza de trabajo, de uno y otro lado, enfrentados objetiva y
subjetivamente, envueltos en circunstancias que trascienden a sus voluntades.

El capitalista llega como propietario de algo que, como ya hemos visto, no es realmente
suyo, ya que a nivel de la producción el excedente producido y adueñado por este surge del
valor creado por la fuerza de trabajo. A diferencia de este, el obrero llega a dicha órbita con
la única herramienta que le es posible vender: su fuerza de trabajo. Dado que esta fuerza de
trabajo es la única fuente de valor, la ganancia del capitalista no puede ser explicada de otra
manera más que como la apropiación de trabajo ajeno. Es decir, que el capitalista tiene que
beneficiarse a costa del obrero para poder obtener su ganancia, ya que si pagara a éste todo
el valor que produce en la producción, no ganaría nada. Aquí podemos ver claramente el
resultado contradictorio que oculta la órbita general de la circulación, la contradicción entre
capital y trabajo, la valorización del capitalista a costa de la desvalorización del obrero.

Movilizados cada uno por su interés individual concurren al mercado, cada uno intentando
conseguir el mayor beneficio de lo que le es posible hacer, el obrero conseguir el mayor
salario por su fuerza de trabajo, y el capitalista la total realización de sus mercancías. Y sin
embargo, el resultado no es precisamente la idealización de Bentham, es decir, la
realización del interés común por fuerza de las cosas, sino que la cristalización de la
desposesión de los productos que los mismos trabajadores producen, como ya indicamos
más arriba. El fundamento de esto hace parte de la base del modo de producción capitalista,
cual es, la de tener como fin central no la producción de valores de uso, sino que la
producción de plusvalía. La acumulación de capital incorpora la fuerza de trabajo como un
momento de la acumulación de capital, pero no para terminar el ciclo en su consumo, sino
que en el aumento de la magnitud del valor del capitalista. Recordamos que la formula
general de la producción capitalista es D-M-D`, es decir, es el dinero el principio y el final
del ciclo, y es también su fin conseguir su aumento. Marx desarrolla una lógica no sólo
contraria sino totalmente contraria a la de Bentham, para él, las conductas plenamente
racionales a nivel particular tienen efectos contradictorios a nivel general.

Misma dinámica sigue la conocida ley decreciente de la tasa de ganancia de Marx, que
enunciaremos de manera muy general. El proceso de acumulación tiende objetivamente a
desplazar trabajo humano por maquinaria. Así, el aumento de la inversión de capital
adicional en medios de producción, es decir en la parte constante, va siendo
progresivamente mayor que la parte de ese aumento invertida en fuerza de trabajo, es decir,
en capital variable, con el fin de disminuir el trabajo necesario que es el único pagado. Esta
progresiva mecanización hace que aumente la relación c/c+v que Marx llama composición
orgánica del capital. Esta constituye la relación del capital constante respecto al total del
capital desembolsado en la producción y refleja la proporción en que el trabajo se vale
medios de producción.

Ahora bien, esta tendencia del capital al continuo progreso de la fuerza productiva del
trabajo social y al incremento en la relación c/c+v hace que en cada periodo de
acumulación, disminuya también la relación entre la masa de plusvalor obtenido y el
conjunto del capital invertido P/C + V, es decir, la tasa de ganancia. Esta disminuirá al
ritmo en que el trabajo vivo es reemplazado por la maquinaria. De esta forma se observa
que para que la tasa de ganancia no baje, el aumento en la composición orgánica del
capital debe ser compensado por un aumento de la tasa de plusvalor o tasa de explotación
del trabajo. No es parte de nuestra respuesta tratar las causas que pueden contrarrestar
mediante un aumento de la plusvalía ésta ley tendencial, sin embargo, en este caso
particular nos sirve para dar cuenta que Marx concibe obstáculos inherentes al proceso de
acumulación de capital, siguiendo la misma dinámica que respecto al interés individual
como motor de la conducta; lo que se lleva a adelante con pleno sentido a nivel particular,
genera una serie de consecuencias contradictorias a nivel general.

Esta contradicción inherente a la relación capitalista, se impone a los empresarios


individuales a través de la competencia, por la mutua presión que ejercen unos sobre otros
mediante la reducción de sus costos salariales a medida que aumenta el grado de
tecnificación de sus empresas. Los capitalistas que introducen mejoras en los métodos y
medios de trabajo en sus industrias eliminan costes de mano de obra y reducen los tiempos
de producción, logran bajar los precios de sus productos y obtienen así ganancias
extraordinarias. Este comportamiento empuja a los demás a hacer lo mismo por lo que se
desata una dinámica que eleva la composición orgánica del capital y reduce la tasa de
ganancia.
Bibliografía

“El Capital, tomo 1” Carlos Marx. Vigésima cuarta reimpresión, Fondo de Cultura
Económica., 1995.

“El Capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia.” Juan Iñigo Carrea. 2da
edición, Imago Mundi, 2013.

“Teoría del desarrollo capitalista” Paul M. Sweezy. Séptima reimpresión, Fondo de Cultura
Económica, 1973.

“El concepto de Ideología. Vol 1. Carlos Marx” Jorge Larraín, 1era edición, LOM 2007.